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El ambiente de la embajada: Sus compañeros y el desempeño de su trabajo.

In document Juan Valera, diplomático (página 183-186)

CAPÍTULO CUARTO: NÁPOLES, LISBOA, RÍO DE JANEIRO Y SAN PETERSBURGO SUS PRIMEROS DESTINOS.

1.2. Juan Valera: Su vida cotidiana en la embajada del duque de Rivas.

1.2.1. El ambiente de la embajada: Sus compañeros y el desempeño de su trabajo.

Desde el 16 de marzo de 1847, fecha en que llega a Nápoles, Valera vive, con el duque y el resto del personal, en la propia embajada, en el palacio de España,34 lugar con un emplazamiento privilegiado, desde el que se divisaba toda la bahía de Nápoles:

“El límite de la plazuela, enfrente de los balcones, era el jardín de Criaia o Villa Reale; pero más allá se veía el poético golfo, cuyas orillas eran: a derecha, el Pansilipo, con la gruta que va a Cumas, las tumbas de Virgilio y de Sannazaro, y sus flores y su verdura, y a la izquierda, el Vesubio, y Pompeya, y Castelamare y Sorrento, patria del Tasso, y más allá el cabo Miseno, famoso trompetero de Eneas, si no me es infiel la memoria. Enfrente, y como cerrando el golfo, se aparecía la isla de Capri”.35

Si se considera que han pasado más de cuarenta años entre su estancia en Nápoles y la redacción de estas líneas, destaca, sobre todo, la frescura del recuerdo. Valera percibe, desde su llegada, la belleza del lugar, así como sus connotaciones históricas, y da noticias de todo ello en una correspondencia cuyo análisis permite, entre otras cosas,

32

J. BÉCKER, Historia de las relaciones exteriores de España..., tomo II, op. cit., p.203.

33

J.R. URQUIJO GOITIA, Gobiernos y ministros españoles (1808-2000), CSIC, Madrid, 2001, p. 48-49.

34

M. AZAÑA, Ensayos sobre Valera, ed. Alianza, Madrid, 1971, p.65.

35

J. VALERA, “Don Ángel de Saavedra, duque de Rivas”, en Obras

comprender la “atmósfera” en la que se desenvuelve su trabajo. El estudio del ambiente de la embajada, sus ocupaciones, sus diversiones, el trato con su jefe, permite acceder, por un sencillo ejercicio de generalización, al conocimiento del modo de vida de un joven agregado en la primera mitad del siglo XIX. Se supera, así, lo puramente anecdótico y la curiosidad es mayor si se considera la escasez de manifestaciones en este sentido.

En otro orden de cosas, hay que señalar que las vivencias napolitanas dejaron un recuerdo imborrable en el joven Valera que, a la altura de 1864, se manifestaba de la siguiente forma:

“Aquella manera de vivir de entonces; aquellas sabrosas y regocijadas conversaciones que teníamos; los paseos que dábamos juntos por Capo-di-monte [sic] por la Villa-Reale; las tertulias de casa de Scláfani y de Bivona; mi romántica adoración por la muerta [sic]; y otros infinitos casos é incidentes, están aun vivos en mi memoria; son mis recuerdos mas saudosos. Algo de aquello ha influido, y quizás influye todavía en la dirección que ha tomado mi espíritu; en mi manera de pensar sobre arte, poesía, política y otros asuntos mas trascendentales”.36

Era costumbre37 que el jefe de misión alojara y mantuviera al secretario y a los agregados de la embajada. Esta situación se produjo en Nápoles, donde se junta una serie de individuos jóvenes y dicharacheros, con los que Valera convive. En julio llegan dos nuevos agregados, “el sobrino del duque, mi jefe, e hijo de Arana, introductor de embajadores, y el sobrino de Martínez de la Rosa, que es

36

J. VALERA, Estudios Críticos sobre literatura, política y costumbres

de nuestros días, t.I, Librería de A. Duran, Madrid, 1864, p. VIII.

37

El Reglamento de 16 de febrero de 1852 recoge, en su art. 15, esta obligación. Pero, hasta esa fecha, está vigente el Reglamento de Viáticos y Habilitaciones de 9 de abril de 1847, que no ha podido ser consultado, por ser su paradero desconocido.

horriblemente feo, y, aunque Aranita tampoco es ninguna preciosidad, parece, a su lado, un Adonis”.38 La bondad del duque y la ausencia de un duro trabajo contribuyen a crear un ambiente relajado en el que pronto se manifiestan las ganas de diversión del personal de la Embajada, lo que, en alguna ocasión hará enfadar a su jefe. Años más tarde su memoria resaltará, precisamente, esta atmósfera distendida en la que se desarrollaba su vida, conviviendo estrechamente jefe y subordinados. Así evocará, refiriéndose al duque de Rivas:

“Recuerdo que, siendo embajador en Nápoles, tenía siempre a su mesa, aunque él fuese convidado a otra, a todo el personal de la Embajada, que era numeroso, joven y alborotado. De sobremesa se jugaba, se chillaba, se retozaba por demás, y los muebles del saloncito en que se tomaba el café se rompían o se estropeaban no poco. Una vez, quejándose el duque de aquello, y reprendiendo a sus descomedidos subordinados, les dijo, moviéndolos más que a arrepentimiento y contrición a risa: <<Esto no es Embajada, esto es un cuartel de milicianos nacionales. Lo único que falta es que escriban ustedes con carbón o con almagre en mesas y sillas: ¡Viva Espartero!>>. Para el duque no podía imaginarse mayor extremo de mal tono”39.

La realidad es que es poco su trabajo y mucho su tiempo libre.40 Nada más llegar, en la primavera, como acompañante de la reina Mª Cristina,41 viuda de Fernando VII, en su

38

Don Juan Valera a su madre, desde Nápoles a 7 de julio de 1847, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, vol. III, ed. Aguilar, Madrid, 1947, p.23.

39

J. VALERA, “Don Ángel de Saavedra, el duque de Rivas”, op. cit., p.745-746. M. AZAÑA recoge la misma cita en Ensayos sobre Valera, op.

cit., p. 67-68.

40

En relación con esto, el 17 de junio de 1847, escribe a Alonso Mesía Coello: “Pero aquí, donde nada hay que hacer y casi nada que disfrutar, se siente uno acosado con el recuerdo de la patria y de la familia, y más cuando, por estar lejos de ellas, ni nada importante se hace, ni se gana dinero”, en J. VALERA, “Correspondencia”, Obras Completas, op.

cit., p.19.

41

La reina Mª Cristina, hermana de Fernando II “llegó a Nápoles el 18 de mayo de 1847 a bordo de la fragata francesa Panamá, puesta a su

viaje a Nápoles, mezcla el placer con el deber, siendo ésta una constante en su estancia napolitana. Sube, acompañando a la reina viuda, al cráter del Vesubio; recorren el golfo de Nápoles, la gruta azul de Capri, visitan Sorrento y “los bosques y jardines de Castellamare, en cuyo palacio nos dió el rey una gran comida”;42 también asiste a “un concierto que dieron los alumnos del Conservatorio a la reina Cristina”.43 En invierno será presentado a la sociedad diplomática.44 Por lo demás, copiar despachos y poco más serán sus ocupaciones laborales.

In document Juan Valera, diplomático (página 183-186)

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