Aviso Importante
Recuperándola… Para Siempre
Por Michael WebbCopyright 2008 por Michael Webb, TheRomantic.com
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INTRODUCCIÓN
Bueno, ahora sí lo has estropeado. Te has metido en un buen lío, de verdad. Ella se ha ido, y por razones que exploraremos con ojo crítico, has decidido que quieres recuperarla. Quizás sepas precisamente por qué quieres recuperarla, y has concluido que reconectarse tiene sentido, que es mejor para ambos. O quizás es una decisión enteramente emocional, completamente desligada de cualquier lógica conocida para la humanidad. Por ejemplo: no puedes lidiar con el dolor del
rechazo. O peor: simplemente no puedes soportar la idea de estar solo, sin
importar la agonía que implique estar juntos, lo cual en una retrospectiva honesta, puede haber sido tan mala como la de haber sido botado.
Por otra parte, puede que ella sea perfecta en todos los sentidos, y que realmente valga lo que sea que se necesite para recuperarla.
Como sea. Bienvenido a la jungla de las relaciones, la cual está a punto de volverse un lugar aún más oscuro para ti, porque estás a punto de entrar al total y completo infierno de intentar ganar a la mujer que perdiste y hacer que vuelva a entrar en tu vida. Y si quieres tener éxito en ello – algo que no deberías dar por sentado, por cierto – tendrás que verla a ella, al mundo, y sobretodo a ti mismo, a través de un cristal completamente nuevo y diferente. Tienes que enfrentar la verdad acerca del hecho de que las acciones, actitudes y perspectiva del mundo que te han traído aquí, a este lugar terrible y solitario, no funcionaron del todo bien, y conoces esa vieja definición de la locura: intentar alcanzar resultados diferentes haciendo lo mismo que siempre. Si esa es tu estrategia – pensar que puedes recuperarla sin cambiar mucho de nada, simplemente emparchando las cosas con flores y disculpas – bueno, empaca ahora mismo y ahórrate el dolor de cabeza y de corazón de una sola vez, porque a no ser que tú estés dispuesto a cambiar, incluso si estás seguro de que todo fue culpa de ella (y si efectivamente piensas eso, sigue leyendo, porque tu globo está a punto de explotar) simplemente no sucederá. No
sin que ella esté tan desesperada y asustada como tú. Y ésa no es la base para una reconciliación sana, en ninguna definición.
Incluso así, las probabilidades están en tu contra, porque a diferencia de los hombres, las mujeres no son propensas a no mirar atrás sin importar lo sucedido en el pasado. No es que no debas intentarlo, pero estás debidamente advertido: cuando una mujer te deja, necesitarás algo parecido a un milagro y un ticket ganador del Powerball para recuperarla.
Pero oye, sucede, y si haces las cosas bien, y por las razones correctas, podría pasarte a ti también. Así que ocupémonos de ese milagro (el cual, por cierto, tiene prácticamente las mismas probabilidades de éxito que el ticket de Powerball, pero no prestes atención a los números) y veamos qué pasa.
Primero, sin embargo, unas pocas palabras acerca del horrendo viaje al que te enfrentas. O, mejor dicho, el ascenso, porque esto es ciertamente una montaña de proporciones monumentales, y debes escalarla con el mismo nivel de destreza que usarías para escalar el Everest, o morirás intentándolo.
Comencemos con una analogía, quizás una que hayas experimentado. La mayoría de nosotros, en algún punto de nuestras vidas adultas, decidimos que nos
gustaría bajar algunos kilos. Así que nos ponemos a dieta, y talvez bajemos algunos kilos, talvez no. Como sea, una cosa se vuelve evidente, y sin importar su validez, la gente no quiere oírla: las dietas en realidad no funcionan. Para perder peso de manera permanente, necesitas cambiar tu estilo de vida, y en más formas que sólo tus hábitos alimenticios. Incluso si pierdes un poco de peso en una “dieta” – la cual en este caso significa que sucede que logras recuperarla - volverás a ganar esos kilos a no ser que algo en ti cambie, porque las dietas no funcionan. Sólo los cambios de estilo de vida funcionan. Así que, para
sumergirnos en esta metáfora… la mayoría de los hombres simplemente están a dieta, podríamos decir, y al intentar recuperar a una mujer se las han arreglado para escapar. Hacen lo que sea necesario a corto plazo para “arreglar la
situación”, sin importarles lo que se necesita para arreglarse a sí mismos en su lugar. Incluso puede que dediquen cierta atención a arreglarla a ella, si es lo que se necesita, pero todo esto es una dieta de moda, una curita para ocultar sus
verdaderos problemas, y el problema casi siempre regresa. A no ser, por supuesto, que te cambies a ti mismo en el proceso.
Existen muchas dietas basura allá afuera, en lo que refiere a recuperar a tu mujer. Hay una verdadera industria de literatura sobre el tema, y la mayoría no son nada más que manipulación barata y artimañas evidentes. Hablan mucho de las cosas superficiales que pueden llegar a captar su atención – disculparse, vestirse mejor, jugar a juegos de no-te-llamaré-primero, tretas de celos
transparentes – todas pueden llegar a estar vinculadas con captar su atención, algo que definitivamente debes lograr en algún momento, pero ninguna arregla los problemas de raíz detrás de la ruptura.
Este libro trata de esos problemas de raíz, con muy poco tiempo dedicado a las manipulaciones específicas que puedes necesitar para hacer que ella hable contigo. Y, con el riesgo de ofender las más profundas sensibilidades masculinas que muy probablemente te trajeron a este maldito agujero en primer lugar, es probablemente tu culpa. Y si hasta cierto punto no es tu culpa, la proposición se complica entonces, por una simple pregunta: ¿por qué quieres recuperarla si no fue tu culpa?
Analiza bien tu respuesta antes de proseguir.
Así que, aquí lo tienes: aféitate, consíguete amigos mejores, vístete mejor, juega a ser tímido y no seas tan necesitado, bla bla bla. Listo, hemos cubierto la basura superficial, las 101 ideas simplistas masculinas para cuando te botan. Algo de eso es válido – si el cómo te vestías fue un síntoma de tu gran problema de falta de autoestima, entonces es válido, pero no es el punto… y si eso es por lo que ella realmente te dejó, mejor déjasela a otro – pero a la larga es completamente insignificante, a no ser que te cambies a ti mismo en el proceso. El resto del libro trata de eso.
Si puedes llegar a comprender la razón real por la cual la perdiste, sin importar quién dejó a quién, entonces tienes una oportunidad de recuperarla. E incluso así, entender y tomar acciones efectivas para alterar la situación son dos cosas muy diferentes, como entender cómo entrenar para una maratón es muy diferente a completar una con éxito. Y esa es otra metáfora bastante apta aquí: si no estás listo para el trayecto largo, sigue corriendo la carrera corta con otra mujer
que nunca llegue a conocerte del todo. Igual terminarás sudoroso y sin aliento, pero no habrás invertido mucho tiempo en el proceso.
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Existe un riesgo, una advertencia terriblemente crítica acerca de este material: lo que estás a punto de leer, puede llegar a funcionar. Esto significa que debes estar absolutamente seguro de que realmente quieres recuperarla. De que debes estar con ella, y no simplemente detener el dolor volviendo a una relación tóxica y co-dependiente que te permita continuar evitando el verdadero trabajo de curarte a ti mismo. Algunas mujeres se ven atraídas por los hombres dañados como las moscas a un cadáver, y si es ése el caso, todo acerca de tu reingreso será triste, incluso si funciona, porque si ella está contigo por la oscuridad que hay en ti – esto también sucede – el pasado se repetirá.
Aquí aplica otro viejo refrán: ten cuidado con lo que deseas. Si ella no es la mujer con la que estás destinado a estar, o con la que deberías estar, o si no sabes por qué estás con ella… Si ella realmente no te merece, si realmente no es lo suficientemente buena para ti… si es cómoda, fácil y libre e riesgos, y si esas son las principales razones por las que quieres recuperarla… si tu autoestima es el problema y te lleva a “conformarte” con menos… si ella es adicta a la total y completa enfermedad de estar contigo… entonces quédate donde estás. Ese tema amerita un libro entero nuevo, pero es un análisis que deberías considerar a esta altura. Si ella te fue infiel, si tiene hábitos y adicciones que son tóxicos para tu relación, si te vuelve loco en una forma negativa más que en una positiva, si ella te gusta pero no sientes ese cosquilleo de locos que aparece cuando has
encontrado a “la indicada”… entonces considera la sabiduría real (o falta de la misma) de intentar recuperarla o no. Piensa que para ti, esto se trata nada más que de detener el dolor de la pérdida – sí, duele perder una mujer, incluso si ella no era la indicada – y/o evitar la total desolación de existir sin una mujer en tu vida, ninguna mujer, durante un tiempo. Lo cual, si es tu caso, nos lleva de vuelta al otro libro acerca del autoestima, dondequiera de esté.
Reitero, si ése es tu caso, entonces buena suerte. Puede que la recuperes, y Dios los ayude – a ti y a ella – si lo logras.
Pero si has transitado el camino y tu conclusión es que ella lo vale – o quizás más importante, que tú lo vales – y todo por las razones correctas,
entonces, como se dice: preparémonos para luchar. Porque la persona con la que realmente estás a punto de reconciliarte… eres tú.
Advertencia: prometemos no ser amables. La ventana de la oportunidad de recuperarla es estrecha, y se está cerrando mientras que lees esto. Con eso dicho, tienes mucho trabajo que hacer, así que no hay tiempo para animar y mimar. Lo has estropeado, ahora averigüemos cómo arreglarlo… arreglándote a ti.
Capítulo 1: La Razón Real por la que las Mujeres Dejan a sus Hombres
Este es un hecho de la vida que pocos hombres comprenden: los hombres dejan a las mujeres por otra mujer. Casi siempre. Pero las mujeres dejan a los hombres por otra vida.
Siempre.
Sin excepción, toda ruptura puede ser explicada en dos niveles. Raramente es, sin embargo, porque la mayor parte del tiempo ninguna de las partes puede entender la razón real, subyacente detrás de la ruptura. Así que todo eso recibe titulares cuando surge el tópico de la ruptura, que es el primero de esos dos niveles, la explicación superficial: fuiste infiel, ella fue infiel, las cosas se volvieron rutinarias, no eres quien ella creía que eras, eres abusivo de varias maneras, no tienes ambiciones, eres un caso perdido en la cama, sus padres se horrorizaron cuando te conocieron, eres aburrido cuando no estás borracho, bebes demasiado, ella no puede perdonarte, ella ha encontrado a otro, ustedes son dos personas diferentes después de todo, están tomando direcciones diferentes a un ritmo diferentes, directamente no están tomando direcciones, discuten demasiado y de forma demasiado destructiva (esta puede estar perfectamente de su lado, pero eso no quita que es una razón superficial para dejarte), uno de ustedes tiene un lado oscuro inaceptable… y así continúa la lista de razones perfectamente razonables de por qué se ha ido.
No importa si todo esto es verdad, o no. (De acuerdo, sí importa, pero no en términos de entender por qué se ha ido, sino sólo con respecto a lo que debes tratar en el transcurso de recuperarla, e incluso entonces, sólo en el contexto de las razones reales implícitas de por qué te dejó, el nivel más profundo, que está a punto de ser revelado). Muchas de estas son la proverbial “gota que derramó el
vaso”, pero puedes estar seguro de que no es por eso que te ha dejado. Rara es la gota que logra derramar el vaso. No, es el caudal de basura con la que has
llenado el pobre vaso de tu relación lo que ha hecho fatal a esta gota en particular, la que finalmente ha derramado el vaso de tu relación.
No te engañes. Sin importar lo que ella diga, incluso si piensa que está siendo terriblemente honesta, ninguna de estas es la razón real por la que te ha dejado. Incluso si aún no se ha dado cuenta. De hecho, hay posibilidades de que nunca lo haga.
Esta es la razón real de por qué se ha ido: en algún punto del camino, ella perdió la esperanza.
Todo lo que aparece en esta oscura lista de razones superficiales para dejarte, es simplemente lo que le otorga acceso a la comprensión de que ha perdido la esperanza. Esperanza de que tú seas el hombre con el que ella quiere quedarse. Esperanza de que tú seas “el indicado” para ella. Esperanza de que valgas el tiempo, de que la merezcas, de que seas su futuro. Esperanzas de que sus sueños se hagan realidad junto a ti. Esperanza de un final feliz.
Si ella dice que no puede perdonarte, lo que en verdad está diciendo es que ya no puede asirse de esa esperanza que una vez tuvo. La esperanza se ha ido. Si dice que no eres el hombre que ella creía que eras, lo que está diciendo es que su esperanza por ese hombre ya no está, porque tú no eres él.
Sin importar lo que hayas hecho, sin importar cuál haya sido la razón publicada de su ruptura, puedes estar seguro de que ella perdió la esperanza. Es causa y efecto: su lista de motivos son la causa, su pérdida de esperanza es el efecto como resultado directo de esas causas. Y el resultado es que tú te quedas solo.
Esta es la parte que realmente asusta: las enormes probabilidades de que tú le hayas dado todas las razones en este mundo para hacerlo.
Si quieres recuperarla, si deseas soportar hasta la más remota chance de recuperarla, aunque sea sólo por un tiempo (con la excepción de que ella esté tan asustada o sola como tú, así que puede que ella vuelva a tu vida sólo por un tiempo, al menos hasta que le des algún otro recordatorio de que su esperanza se
ha ido), debes devolverle su esperanza. Y esa esperanza deberá ser la suficiente como para darte otra oportunidad.
Reitero… debes volver a encender su esperanza de que tú eres “el indicado” para ella. De que eres el futuro de lo que ella siempre ha soñado. De que estás a la altura, de que lo vales, de que vales el tiempo y el trabajo, de que eres absolutamente la fuente e inspiración de su esperanza y el centro de sus sueños.
Una disculpa no resucitará su esperanza. Un nuevo corte de pelo, una ducha, un auto mejor, un trabajo mejor… lo más que pueden lograr es ayudar a recuperar su esperanza, pero siempre se requiere más que arreglos superficiales.
Es difícil de realizar, cierto. Puedes ver rápidamente que recuperarla tiene mucho más que ver con tu carácter, con la estructura de quien tú eres, de lo que tiene que ver con lo que hiciste o cómo te vistes o con quién sales (todas las cuales, por cierto, pueden ser un síntoma de quien tú eres; sólo para estar claros en la diferencia entre síntomas y carácter verdadero), o con cualquier de las otras variables sujetas a tu manipulación que están cubiertas en su vasta mayoría por los libros para “recuperarla”. No te equivoques, recuperarla – para siempre – es mucho más complicado e implicará un cambio de vida mayor que cualquiera de esas cosas.
En algún punto del proceso, llegará el momento de hacer tu primera jugada, tu reingreso, tu disculpa, la inauguración de tu “nuevo tú”, y cuando llegue ese momento, todo depende de una cosa: el alcance de tu completa compresión de todas las maneras y medios que contribuyeron a su pérdida de esperanza. Y cuando seas completamente vulnerable a estas verdades y llegues a conocerlas, es probable que te des cuenta de que esta ruptura es algo parecido a tu propia creación.
Lo cual es otra forma de decir que probablemente haya sido tu culpa. Ahora, antes de que llames a la policía testosterona, debe decirse que se necesitan dos para bailar tango, que nadie es perfecto, y que probablemente no todo sea tu culpa. De hecho, tal como tu comportamiento de baja categoría la ha
llevado a la salida, es probable que algo de su lista de culpas sea la razón detrás de algunas de las cosas poco atractivas que haces o dices. Ojo por ojo, como quien dice.
Eso podría ser muy cierto. Pero, ¿y qué? Si algo de esto – incluso un algo significativo – fue su culpa, debes aplicar el mismo análisis: ¿fueron las cosas que asignaste a su lista de problemas superficiales, o son problemas más profundos y correlacionados? ¿Fue ella la malvada porque no puede soportar tus quejas, o es la malvada porque ha perdido la esperanza en la relación, debido en parte a tus quejas permanentes? La diferencia es sutil pero crítica. ¿Fue infiel porque perdió la esperanza, o porque necesitaba un poco de variedad en la cama? ¿Cedió a sus acciones por su pérdida de esperanza, o porque la aburriste hasta las lágrimas? Si sus propias fallas en su carácter son, luego de un análisis honesto, el centro de la ruptura, entonces una vez más debes enfrentar la verdad acerca de por qué has declarado que quieres recuperarla, y deberías rever las razones. Porque ese es un paradigma enteramente diferente, un nuevo juego de resurrección, y las reglas son diferentes.
¿Por qué? Porque no puedes cambiarla. No tienes control sobre ninguna de esas cosas. Tu única esperanza es cambiar partes de su carácter que han contribuido a esta ruptura – no confundir con los problemas superficiales – es darle a ella una razón para cambiar cosas de sí misma por sí misma. La idea, lo mejor a lo que puedes aspirar, es a convertirte en algo lo suficientemente valioso para su deseo de cambiar.
Lo cual nos trae nuevamente a donde estábamos. Necesitas encontrar una manera de revivir su esperanza. Y, sin importar la razón por la cual la perdió, deberás cambiar cosas de ti mismo para hacer que esas razones sean accesibles y obvias.
No puedes arreglarla a ella. Sólo puedes arreglarte a ti mismo.
Hay una gran pregunta que puede que válidamente te estés haciendo en este momento. ¿Esperanza de qué, exactamente? Si es así, de hecho, preguntarte esto es muy bueno o muy malo. Es muy bueno si estás viendo más profundo en la
estructura de lo que hace tu relación, y has reconocido que no toda esperanza se crea igual. Es muy malo si simplemente no tienes idea de qué es lo que tu mujer quiere realmente de la vida. Si estás en el segundo grupo, simplemente quédate ahí, has el trabajo de conocerse a uno mismo (lo cual está a punto de golpearte entre los ojos) y volver a esto luego. Si ya estás avanzando en esto, el camino elevado, entonces veamos un poco más de cerca lo que esperanza significa para una mujer.
Esperanza es sinónimo de sueños. En una temporada reciente del
programa televisivo The Bachelorette, la encantadora Deanna Pappas pasó por alto al “buen partido” – un sujeto que era guapo como una estrella de cine, con un gran trabajo corporativo y valores y metas muy tradicionales – en favor de un chico más bien alternativo, pero aún así agradable, que era un snowboarder profesional, y de quien se podía notar fácilmente que nunca antes había salido con la reina de la preparatoria. La mayor parte del país estaba en contra de esta decisión, y las esposas de los country clubs de todas partes quedaron rascándose intrigadas sus exquisitamente peinadas cabezas. El hecho es que no hay ningún libro de reglas para los sueños, ni barómetros para el deseo. Deanna quería algo que considerara riesgoso y no tradicional. Fue químico, y a la vez acorde a la esperanza de su vida – no necesariamente casarse con un snowboarder, sino casarse con un hombre que hiciera sonar sus campanas como ningún aprendiz de banquero pudo antes. ¿Por qué algunas mujeres escogen al chico malo, mientras que otras siguen el olor del dinero? ¿Por qué algunas mujeres se casan con
músicos, mientras que otras insisten en encontrar al próximo chico del póster de gran joven Republicano? Respuesta: nadie lo sabe. Es químico. Está tan
arraigado en lo inexplicable como la versión de sus madres de “apropiado” y fortuito.
Todo esto significa que tienes poco o ningún control sobre lo que ella espera. Todo lo que puedes hacer es ser tú mismo, ser el mejor hombre que puedas, y si funciona – o como dicen, “está destinado” – puede suceder. Pero es un gran error el intentar aventurarse a adivinar lo que ella de verdad quiere, cuáles son sus esperanzas, y luego intentar convertirte en ese hombre,
algo en ti al principio, hay probabilidades de que ese hombre haya sido alguien que encendió sus esperanzas, que encajó en “el sueño” hasta cierto punto. Si fuiste ese hombre alguna vez, puedes volver a serlo. Reza para que sus esperanzas no hayan cambiado. Y a veces lo hacen.
Así que otra forma de mirar el proceso – o mejor dicho, de poner en perspectiva – de recuperarla para siempre, es entender quién fue ése de quien ella se enamoró en primer lugar, y por qué, y luego ver qué pasó desde entonces: cómo y por qué ella percibe que ya no eres ese hombre. Hay grandes
probabilidades de que sus esperanzas hayan cambiado de alguna manera, pero más aún de que tú no hayas vivido de acuerdo al programa original como lo anunciabas, o mejor dicho, como ella lo percibía.
Vuelve a encontrar a ese hombre, y luego preséntaselo, y puede que lo logres.
Capítulo 2: La Cuestión Acerca de la “Estrategia”
La estrategia en las relaciones es como un plan de juego, lo cual es verdaderamente mezclar manzanas con naranjas sin semillas. Necesitas una, pero sin jugadores, no tiene sentido. Aquí hay otra metáfora para lo que te enfrentas: debes meterte en el juego, volver al campo de juego, antes de poner cualquier tipo de estrategia en funcionamiento. Ahora, podría discutirse que puedes trazar una estrategia sólo para eso: hacer que ella vuelva al juego, pero ése es el gran error en todo esto. La mejor estrategia de todas, cuando se trata simplemente de captar su atención otra vez, es no tener una estrategia de ningún tipo, no jugar ningún juego, exhibir una total y completa falta de artimañas en tus acciones, y ser tan real, abierto y vulnerable como sea posible en todas las cosas, previo a cualquier impresión de que ella esté evaluando otro intento contigo. Sólo entonces, cuando hayas captado su atención, cualquier tipo de estrategia es apropiada, e incluso entonces, se trata más bien de evitar movimientos suicidas que de manipulación estratégica.
La mayoría de los intentos en las estrategias “para recuperarla” son, en el campo de la literatura sobre este tópico, meramente jugadas de “cueste lo que cueste” para ocultar o enmascarar lo que salió mal en primer lugar, o crear la ilusión de cambiar, en lugar de la realidad del caso. Con eso dicho, hay algunas cosas que querrás evitar mientras consideras cualquier esfuerzo para recuperarla, y si bien no son exactamente estratégicas, sí existen en el mundo del sentido común.
Primero, necesitarás evaluar la situación en términos de su estado de enfado o resentimiento hacia ti. Quizás ella diga que quiere ser tu amiga (pero no te fíes mucho de esto, puede tratarse de su forma de escapar a la culpa de seguir
adelante sin ti). La regla es esta: no ingreses en el campo de energía de su enfado. Mientras que esté enfadada, tendrás pocas o ninguna posibilidad de ser evaluado – o mejor dicho, reevaluado – objetivamente, y con el resultado que deseas. Cómo y cuándo determinar el estado de disipación de su enfado depende de tu situación, así que no hay una regla empírica para esto. Pero ciertamente, debes permitir un tiempo y espacio para que las cosas se asienten luego del momento de la ruptura, así podrás aumentar tus posibilidades de que no te corte el teléfono o te salude con sarcasmo cuando vuelvas a aparecer en su campo visual. Algunos “expertos” dicen que hay que esperar tres meses, y hay una creencia ampliamente expendida de que mantener cero contacto es la mejor estrategia para manejar este período de enfriamiento. Pero sólo tú conoces la verdad de este asunto para tu situación en particular, y muchos hombres la desafían por impaciencia o por la urgencia de su necesidad de “hacer algo”. Cuando vuelves al juego demasiado pronto porque te urge, desde un sentido de pánico, no funcionará. Ella olerá tu miedo y lanzará aún más defensas que antes. Necesitas esperar el momento correcto, y el momento no es correcto hasta que hayas meditado seriamente y sin dolor inducido, y hayas hecho algunos cambios a raíz de ello. Tú sabrás cuándo es ese momento, y ella también lo sabrá.
La otra “regla empírica” válida para el período post-ruptura –
efectivamente, aquí comienza el momento en el que el martillo golpea todo el trayecto hasta la reconexión en sí misma, se podría decir – es evitar dispararte a ti mismo en un pie. O en este caso, poner otra bala en tu corazón al hacer lo incorrecto.
¿Qué es lo incorrecto? Es fácil. Cae en cuatro categorías:
- mostrarle tu enojo; - mostrarle tu dolor;
- recurrir a estrategias basura (como intentar ponerla celosa); - mostrarte herido y patético;
Todo lo que sucede en contraste con estos asesinos de tratos puede parecer estratégico en su naturaleza, pero lo único que funciona aquí es ser la persona genuina, no estratégica, por la que ella no sentirá lástima o rechazo. Las mujeres aman a los hombres fuertes, y los aman más aún cuando otros hombres serían o deberían ser débiles. No quiere decir que te esté poniendo a prueba al romper contigo, pero puedes pensarlo de esa manera: si te quiebras, si le muestras tu dolor, si conviertes en tu objetivo el demostrarle tu rabia y resentimiento, sólo reafirmarás su decisión de haberte dejado. Puede que ella sienta lástima por ti (y puede que eso te haga sentir bien, porque cualquier forma de debilidad o
atención de su parte a esta altura es como heroína), pero no hará que la recuperes.
El objetivo es reconocer inmediatamente, lo más rápido posible, qué es eso de ti que ha contribuido a que ella perdiera la esperanza, como se demuestra a través de la dinámica de las relaciones e interacciones sintomáticas, y luego convertirte en alguien mejor y por encima de todo eso. Lo que significa, alguien que es honesto y abierto, lo cual puede incluir, por cierto, una confesión honesta de tu dolor, pero nunca al punto de la desesperación o necesidad patética. En el momento en que te vuelves patético, estás acabado. En el momento en que inventas tu fortaleza, te vuelves patético, y estás acabado nuevamente. La única esperanza es ser auténtico, pararse al otro lado del dolor y del pánico, ser fuerte frente a lo que estás sintiendo, y no demostrar una montaña de artimañas en ningún momento del proceso de la reconciliación.
Es imposible convertirse en ese hombre si vuelves a aparecer demasiado pronto.
Si quieres llamar a eso estrategia, pues que así sea. Dale espacio. Dale tiempo. Dale el mejor tú que haya en el momento, como sea y cuando sea que ese momento transcurra, y por sobre todas las cosas, hazlo auténtico. No te salgas del camino para “demostrarle” nada, simplemente sé tú mismo, y ese nuevo “tú mismo” es alguien que ella o no reconocerá, o le recordará su primera atracción hacia ti. Y sobretodo, hazlo teniendo en cuenta qué es lo que contribuyó a la ruptura de tu parte en primer lugar – lo cual, nuevamente, es su pérdida de esperanza – y no vuelvas a ello.
Por definición, entonces, si no estás en posesión de esa conciencia, es un error el tener cualquier tipo de contacto significativo con ella. Sólo cuando estés listo para reconocer la verdad sobre ti mismo, de entender por completo tu contribución a su pérdida de esperanza, de tu rol en cualquier interacción sintomática que se volvió el “problema” o la gota que derramó el vaso de tu relación, y tu comprensión de sus necesidades y sus esperanzas, deberías recién empezar a considerar cualquier tipo de campaña para recuperarla.
Cómo planear y ejecutar tu enfoque dentro de este contexto es tu decisión. Depende de lo que sucedió entre ustedes y el estado de carnicería que permanece. Como sus esperanzas desvanecidas, el método preciso e irracional detrás de tu decapitación podría venir de una larga lista de posibilidades, así que no hay una estrategia fácil para esto. Las cartas son a veces una buen vía de reingresar a su atmósfera (puede que te diga que no las leerá, pero puedes estar seguro de que lo hará), pero recuerda que es fácil sangrar sobre la página en una carta, así que ten cuidado en ese aspecto. La sangre es mala, y te hace parecer débil, y cualquier necesidad de sangrar por ella es simplemente un intento de apelar a su sentido de culpa. El tiempo es un aliado, pero no dejes pasar el tiempo suficiente para que ella se aleje emocionalmente. No hay ningún libro de mano para esto tampoco, sólo el requisito absoluto de controlarte antes de intentar.
El cómo haces eso se vuelve el verdadero desafío y el verdadero trabajo de eventualmente recuperarla para siempre.
Capítulo 3: “E.H.T.” – La Enfermedad que Debes Superar para Recuperarla
Esto no te va a gustar, pero que no te guste no lo hace menos cierto. Hay un dicho muy cínico entre las personas con el corazón partido de ambos sexos: los hombres son estúpidos, las mujeres son malvadas. Ambas partes de esa proposición pueden ser atribuidas a que estás en el medio del derretimiento de una relación. Y sin importar la obviedad socialmente inaceptable de por qué esto no puede o no debe tomarse demasiado en serio, o al menos demasiado
literalmente, hay una interpretación basada en la verdad: como regla, los hombres naturalmente no entienden – o Dios sabe, observan – la física de una relación exitosa, mientras que las mujeres a veces recurren a lo que debe ser reconocido como tácticas manipuladoras para mantener las cosas a flote, y – aquí viene la parte cínica – obtener lo que desean. Si eso es “maldad”, que así sea, porque el 50 por ciento de los matrimonios que de hecho perduran, y de la mitad de aquellos que realmente funcionan, la gran mayoría del crédito va para las mujeres, quienes tienen la capacidad de mostrarles a sus hombres cómo funciona.
Hazte esta pregunta: de todas las relaciones en el campo visual de tu vida que se han estrellado contra las rocas de una forma o de otra, ¿cuántos de esos problemas pueden, al final del día, ser atribuidos a las mujeres? ¿Qué cónyuge, en el meollo de todo, fue realmente el eslabón débil, el factor de disminución causante en esa relación?
Ahí lo tienes. Es un 10 a 1 a favor de los hombres en el rol de idiotas. Esto se debe a que el comportamiento y falta de carácter de los hombres es lo que mata la esperanza de sus mujeres. “Un buen hombre es difícil de encontrar” es
una frase que desafortunadamente está basada en la verdad. Y cuando eso sucede, las mujeres se van. Se dan cuenta de que han perdido la esperanza. Se esfuman. Y cuando lo hacen, estás acabado. Y si no lo hacen, hay un infierno por recorrer en el ínterin.
Existe esta cuestión acerca de los hombres. Incluso el mejor de nosotros la tiene y necesita conquistarla, sino curarla. Se llama E.H.T. – Enfermedad del Hombre Tonto. Es exclusiva de los hombres – cuando ocurre en las mujeres, tiene otro nombre, mucho menos cínico y quizás más clínico – y es un cáncer para la relación del peor grado. Antes de seguir definiendo la E.H.T. – como si necesitara mayor explicación – consideremos primero la paradoja que reside en su centro.
Las mujeres adoran a los chicos malos. Les atrae el peligro, las asperezas, desde James Dean a Colin Ferrell. También les atraen el poder y la fuerza, lo cual tiene su propia marca de peligro alrededor. Las mujeres se enamoran con las perspectivas de cambiarnos, y de salvarnos. Y no pueden hacerlo. La
Enfermedad del Hombre Tonto es mucho más compleja y está arraigada en la profundidad de nuestro ADN masculino. Y sin embargo, cuando se manifiesta como testosterona, lo cual siempre hace al principio, se ven atraídas por ella como las abejas por la miel. E incluso cuando buscan cambiarnos y salvarnos, quieren una cierta medida de ese jugo, de ese peligro y poder, para permanecer en la mezcla, sólo para ellas.
Todo esto es otra forma de decir que demasiadas mujeres se casan con el hombre equivocado. Esto se debe a que valoran las cosas equivocadas, al menos al principio. Quieren las dos cosas: el chico malo que en realidad no lo es, el chico bueno y arriesgado. Esto puede ser perfectamente la explicación de su ruptura: simplemente eres el hombre equivocado. Comenzaste como un chico malo y nunca cambiaste, o nunca tuviste la pasta en primer lugar, ella cayó por la versión de “buen partido” de su madre y se aburrió a morir.
No te equivoques, los hombres hacen lo mismo con las mujeres. Adoramos a las chicas malas. Sólo que rara vez nos casamos o comprometemos con ellas, y Dios sabrá por qué no queremos arreglarlas, mientras que las mujeres se apegan al paradójico prototipo de chico malo a largo plazo. Quizás tú.
Las mujeres adoran a los hombres. Los hombres de verdad. Aman el olor de la testosterona en la mañana, o en cualquier otro momento del día. Como regla general, quieren a un hombre masculino, aunque esa definición varía mucho, como debería. Quieren a un hombre fuerte, pero en un sentido más superficial del que tú piensas – y en muchos sentidos, de la misma manera que los hombres quieren a una mujer “sexy” – quieren a un hombre con todo lo atrapante de la masculinidad. Literalmente, puede que llegue a excitarles un hombre que puede arreglar sus cañerías (quizás tanto metafórica como literalmente), el hombre con asperezas. Son fácilmente seducibles por el chico que se encarga de la piscina, por un hombre que puede arreglar su coche y cortar leña, cuanto más sudoroso, mejor. Aquel que caza y pesca y fuma cigarros apestosos y sale a tomar una cerveza con sus amigos. Si ése mismo hombre puede escribirle un poema en la noche, eso también
funciona. Más que nada, sin embargo, en la raíz de todo esto, quieren a un hombre que pueda protegerlas, que sea su héroe, un proveedor, el hombre de sus fantasías, el hombre de la cubierta de su libro de romance. John Wayne, el Hombre
Marlboro. Quieren salir con Matthew McCoughnahey, pero quieren casarse con George Clooney (con el que no pueden; presta atención, él es el inalcanzable de los hombres, quien emana testosterona y valores). No hace ninguna diferencia que la realidad de su vida – puede que se enorgullezca de ganar más que a su hombre, puede que se enloquezca con su esposo peluquero metro sexual – sobrepasa la fantasía, ésa es la esencia de la masculinidad, y la fantasía que ellas quieren (como sea que la definan). Es lo que hace sonar su campana, lo que hace hervir sus
hormonas. Los hombres hacen lo mismo en relación con sus gustos sobre mujeres, pero con una complejidad conflictiva mucho menor.
Aquí está la trampa en todo esto. Lo que le atrae a las mujeres de un hombre al principio, en un sentido químico, visual y fantástico, el cual puede por cierto activar alguna forma de “esperanza” en ella, es rara vez la cuestión que resulta en una relación exitosa. Es una química sexual, y por regla, una droga a corto plazo que debe ser reemplazada por algo más sustancial, e igual de
esperanzadora. La atracción química de una mujer por un hombre normalmente no es más sustancial que la de un hombre por una mujer debido a sus tacos altos o a la manera en que peina su cabello. No hay forma de definir el campo de juego
de la química sexual, y por eso son trampas de arena de la relación consiguiente nacida de la semilla de la química sexual con los cuerpos de aquellos que
sucumben a esta, sin consideración más profunda. Ellas piensan que pueden salvar o cambiar su versión de fantasía del hombre de sus sueños, pero sin perder ese toque peligroso en el proceso.
Y cuando no pueden, pierden la esperanza. Y se van.
Así que, cuando el hombre Marlboro comienza a abrirse paso en la mitad de la noche, la fantasía es tentada y la realidad triunfa repentinamente sobre la esperanza. El sueño ha muerto. Si tú eres ese hombre, presta atención, porque quien fuiste, la oscura esperanza inherente a él, no tuvo éxito. Comenzaste a abrirte paso, y ella se percató súbitamente de que el olor a humo en tu ropa no es suficiente para sustentar su esperanza, ni tan intoxicante como lo fue una vez.
De cualquier manera, ella no quería establecerse con ese perdedor. Resulta que tiene la enfermedad Terminal del Hombre Tonto, y ella no puede curarlo. Resulta que ella sólo quería tener sexo con él algunas veces y seguir adelante. Lo cual finalmente está entendiendo ahora.
Entonces, ¿qué es la Enfermedad del Hombre Tonto? ¿Cuáles son los síntomas? ¿Cómo se manifiesta en una relación y sabotea su esperanza? Oh, enumeremos las vías.
La Enfermedad del Hombre Tonto es todo lo que un hombre hace con total y completa falta de conciencia – al contrario de total y completa maldad – que ofende la sensibilidad de una mujer y su forma de ver el mundo. La maldad es un pecado perdonable y corregible. La inconciencia es, sin embargo, un caso
perdido, y eso, como hemos establecido, es fatal. Es un hombre que no tiene idea de lo que excita a su mujer en la cama, para él todo se trata de sacarse las ganas. Para este hombre, el sexo se trata de frecuencia más que de intimidad. Para él, “hacer el amor” es cosa de mujeres, y dado que el calor sexual se disipa
demasiado seguido y el sexo se vuelve un hecho obligatorio en la vida, sucede cada vez menos con el correr del tiempo, así que ahora hasta la frecuencia es inadecuada para ambos.
Pero va más allá del sexo. E.H.T. está haciendo lo menos posible para recordar cumpleaños y aniversarios, todo el tiempo con una sensación de
obligación más que de amor o romance. Es una adherencia a los modelos basados en los sexos, que dicen que ella cocina, él come, ella limpia, él se relaja, ella cuida a los chicos, él juega al golf y al fútbol. Es un sentido de intelecto superior
inapropiado, el síndrome de “ella nunca podría manejar eso”, incluso si te ganara por lejos en un test de coeficiente intelectual. Es subestimar y esperar demasiado, todo con total falta de respeto y honor.
E.H.T. es que no te guste su familia, o ninguna familia. Es aferrarse a la basura psicológica que se manifiesta como celos e inseguridad, la última siendo la cosa más destructiva que un hombre puede mostrarle a su mujer, seguido de cerca por la anterior. Es la parte oculta de él que una mujer nunca puede revelar a sus amigas porque es demasiado vergonzoso (y cuando finalmente comienza a contarle a sus amigas, puedes estar seguro de que es el principio del fin). Es el niño asustado que asoma sólo detrás de la fachada de seguridad que percibe en su relación, y quien comienza a tomar control sobre él. Si esta es su versión de
intimidad, entonces ese hombre está arruinado. Es el momento cruel, el
momento de no pensar en el fragor de la ira, el que deja una marca. O peor, es la total y completa falta de conciencia en ese momento. Es la oportunidad perdida de conectarse. Es una falta de intimidad, y de cualquier otra habilidad para siquiera comprender lo que significa.
Hasta la mujer más fría y distante comienza a tener ansias de intimidad en su relación con su hombre. Luego de unos cuantos años jugando al billar y
bebiendo cerveza durante las citas, seguidas por sexo con las luces apagadas donde no se intercambia una sola palabra, súbitamente la mujer tendrá un fuerte deseo de tener una conversación real. La intimidad es, en esencia, el destino de una relación. La evolución es inevitable, no podrás detenerla, así que mejor que te dejes llevar por ella. Y si la intimidad no es hacia donde se dirigen como pareja, sin importar de quién sea la culpa, ella abandonará el barco, ya sea literal o
espiritualmente, en algún momento.
En esencia, E.H.T. es el agua que golpea las rocas durante años, y va suavizando la superficie, borrando el riesgo y la pasión que ella apreciaba al
principio. Es la pérdida del romance, del esfuerzo, de la pasión. Es la pereza y el egoísmo personificados.
Es, al final del día, su pérdida de esperanza.
Si te ves reflejado en esto, al menos un poco, entonces estás transitando el camino para entender por qué te has quedado solo.
Entonces, ¿cómo se vincula la E.H.T. a su pérdida de esperanza?
¿Recuerdas la esperanza, la cosa que hace que te hace o deshace como pareja? Es fácil. Ella se enamoró de un hombre duro, macho, divertido y controlado – reitero, como sea que ella defina esas cosas – que se ve igualmente bien en un traje de tres piezas como en una sudadera encerando su coche. Él era un “hombre verdadero”, y eso era sexy. Él era el “hombre de sus sueños”, con énfasis en
“hombre”. Hasta que, por supuesto, E.H.T. emergió. Y entonces, todo el lado malo de la incapacidad del hombre de entender las necesidades de ella, leer su mente, tolerar sus inconsistencias, mantener el status quo romántico, recordar lo que debe ser recordado, y no mostrar un solo indicio de debilidad masculina en el trayecto, pero manteniéndose sensible, maravilloso, heroico e icónico debajo de ese exterior escabroso… bueno, eso es pedir demasiado, ¿verdad? Y tienes razón, es una receta destinada a fracasar… a no ser que la mujer cambie sus prioridades, y a no ser que el hombre de alguna forma evite que los daños colaterales de la realidad arruinen totalmente la esperanza de ella.
A no ser que ellos hablaran de vez en cuando.
Al principio todo funcionaba. Eras el chico divertido de la fiesta. El exitoso triunfador con el lado bueno. El hombre con un plan. El que siempre llegaba primero. Pero las grietas comenzaron a verse. El problema de la ira. La cuestión de la bebida. Siempre poniéndole el ojo a otras mujeres. El egocéntrico
insensible. El sexualmente exigente. Las barriga. El juicio, la impaciencia, la intolerancia, el ego inapropiado, la inseguridad emergente que estaba tan bien escondida en otro tiempo, el miedo, la cobardía, los empobrecidos límites de la moral… resumiendo, la emergente debilidad humana de aquel que fue un héroe.
De aquel que representaba la esperanza, pero ahora es… bueno… algo menos que eso.
Aquí es donde se complica, y donde una legión de terapeutas, abogados y cantineros encuentran su Mercado. Porque nadie es perfecto, y todas las relaciones – de ambas partes – son desafiadas por alguna combinación de todas estas
repentinas realidades que revolotean en la cara de la química sexual inicial, de los sueños, de la esperanza. Es un tema de grado, de crecimiento, de tolerancia, de madurez del egoísmo y de la aceptación – la mismísima naturaleza del amor y del compromiso, como se manifiesta por la voluntad de ver el vaso medio lleno, mientras se sigue rellenando lo que falta – eso define el futuro de la relación.
Obviamente, su vaso está perdiendo por alguna parte. Y a esta altura, depende de ti – no de ella – descifrar por dónde, y aplicar esa comprensión para lo que sucederá a continuación. Quizás puedas rellenar ese vaso, quizás no. Pero al menos sabiendo que existe un vaso medio lleno en la mesa entre ustedes dos, puede que sea suficiente para fomentar una magnífica conversación y la
consiguiente luz de esperanza.
Hay grandes probabilidades de que, si te evalúas honestamente, encuentres alguna variante de E.H.T. en la raíz de lo que causó que tu mujer perdiera su esperanza. En lo que hizo que el vaso comenzara a derramarse. ¿Eres remotamente el hombre que fuiste una vez? ¿Qué ha emergido en ti con el
tiempo? ¿Has madurado? ¿Cómo has cultivado tu amor por esta mujer, y cómo has aceptado y cuidado lo que sea que haya surgido en ella con el tiempo? ¿Eres un bulto en un sofá con una prioridad irremediable de ver fútbol en lugar de compartir tu vida y tus pasiones con ella? ¿O de aceptar las suyas como propias? ¿Es tu barriga del tamaño de una piscina? Y cuando se trata de darse cuenta de algo de esto, ¿eres defensivo y resentido, o reconoces tímidamente que de alguna forma, con los años, te has convertido en alguien que la aburre hasta el
cansancio? ¿Representas la realización de un sueño, o la encarnación de una pesadilla?
No importa para nada que ella haya contribuido a la deterioración de su relación con el tiempo. Probablemente lo haya hecho, pero en un contexto reactivo fácilmente confundido con defectos de carácter. Y cuando se trata de la
perspectiva de recuperarla, no importa mucho al fin y al cabo. Ciertamente deberás ser exitoso tanto al recuperarla como en hacer que funcione de aquí en más. Entonces necesitas, por todos los medios, trabajar en la doble vía de la contribución a la tensión y el aburrimiento. Pero por ahora, se trata de ti. Si requieres una disculpa de su parte para volver a la relación, si necesitas que ella cambie, entonces no estás listo o no eres siquiera capaz de recuperarla.
No puedo enfatizar esto lo suficiente: desde donde estás sentado ahora, solo y desolado, el rol de ella en todo esto no interesa. Seguro, querrás explorar su rol más adelante, pero por ahora, sólo quieres que vuelva al estadio, con la
esperanza de recuperarla en el campo de juego. La idea a esta altura no es ganar, es simplemente volver a ponerse el uniforme. Y, justo o no, ella tiene las llaves del vestuario. Cuando más te enojes y/o quieras lidiar con la equidad de eso,
menores son tus chances de recuperarla.
Si las palabras “sí, pero…” se encuentran en el horizonte de tu respuesta, es demasiado pronto para intentar recuperarla. Y, talvez, no deberías siquiera pensarlo, mucho menos decirlo en voz alta. Es así de simple.
¿Estás pensando “sí, pero…” en este momento? Tenlo presente si lo estás haciendo.
Si sientes que algo de esto es verdad, apenas un poco, pero no tienes idea de qué, específicamente, entonces al menos tienes un punto para comenzar a avanzar. El truco consiste en comunicarle a tu media naranja que se aleja que estás abierto para recibir este “feedback”. Y si lo estás, sincera y verdaderamente, la “estrategia”, si lo quieres, es pedirle que te ayude a entender qué es lo que pasa contigo, cómo has cambiado, cómo ambos como unidad han cambiado, qué ha contribuido al enfriamiento de sus sentimientos hacia ti. Ella notará que tú lo pediste, incluso sabrá apreciarlo (si no se queda sin palabras en ese momento), y probablemente, a no ser que esté demasiado enojada y herida o que ya no le importe, ella estará dispuesta a ayudarte, quizás con su propia agenda secreta para ver si queda alguna esperanza. No estás en control de nada de esto, todo lo que puedes hacer es dar un paso al frente y sincerarte, y desde ahí eres tanto el pasajero como el piloto. Sólo asegúrate de no estrellarte y arder en el proceso al permitir que el antiguo tú intente pilotear el avión.
No se trata de quién tiene la razón. No si realmente quieres recuperarla. Si ella vale el tiempo y el esfuerzo que se necesita, retomará su rol tarde o temprano. Por ahora puedes estar tranquilo; definitivamente será más adelante. Por ahora, ella sólo necesita asegurarse de que tu Enfermedad del Hombre Tonto no sea Terminal.
Existe una increíble oportunidad para los hombres que comprenden esta dinámica sutil y con frecuencia aparentemente contradictoria de las mujeres, la que quiere a su pastel de fantasía, a su chico malo, a su química sexual, todo junto cenando en la mesa de la realidad. Algunas mujeres todavía quieren a su héroe, aquel que alimenta todo ese néctar sexual y esperanza en primer lugar, pero luego no quieren saber nada de todas las patrañas que vienen con él (la materialización de la Enfermedad del Hombre Tonto). Quieren a ese chico malo, al chico rudo, pero sólo en la superficie, sin los problemas de ira que
generalmente emergen en poco tiempo. Quieren al hombre lanzado, enfocado, pero no quieren que él las acomode en el asiento trasero en el proceso. Puede que sea injusta, irracional, y puede que ni siquiera sea conciente de por qué te ha dejado. O cómo, si es ése el caso, afectó su comportamiento al extremo de que tú la has dejado a ella. No importa. Es lo que es, y está allí. Así que lidia con eso.
Ahora, después de que haya pasado un tiempo tras la ruptura, lo que tu mujer quiere es un compañero, héroe y protector evolucionado, generoso,
sensible y vulnerable debajo de todo ese pavoneo, un hombre que se mantenga en contacto con aquella imagen de la fantasía original (o cualquier tipo de química sexual que estuviera en juego al principio) mientras que avanza con ella dentro de una nueva era, con los pies bien plantados en la realidad. Si tu mujer tiene un fetiche por, digamos, los bomberos, entonces eso lo dice todo – el hombre fuerte, heroico, macho, para quien todo se trata de la familia y los valores, quien sabe cómo tratar a una dama, quien tiene una visión y un sueño propios y está
dispuesto a compartirlos, quien camina sobre la línea que está entre un hombre masculino y el hombre de su amada, y lo hace con gracia y sin esfuerzo. Un hombre que esté totalmente perdido por ella, que dé todo por ella, sin perderse a
sí mismo en el proceso. Un hombre que no deteste las funciones de la familia porque eso es “lo que hace un verdadero hombre”, porque eso es lo que hizo su padre, que no tenga miedo de bailar. Lo que ellas no quieren es un hombre que exija que su comida esté pronta a las seis cada noche, para quien el golf y la pesca sean religión sobre la cual nada tiene prioridad, un hombre que no se haya
olvidado de cómo hacer el amor o perder la urgencia de hacerlo, que no se haya transformado en su padre (tú sabes, el imbécil que culpas por toda la basura que trajiste a tu relación), que todavía tiene una relación con la verdad y no ha perdido el toque de su moral, que no ha fomentado sus propios defectos en sus niños, que no define su masculinidad por sus hábitos y pasatiempos (el síndrome de “los hombres de verdad no hacen esa basura”), que de alguna forma se las arregla para hacer que su mujer se sienta femenina, sexy y apreciada, que tiene al menos algún sentido de romance… una especie rara por cierto, en esta era de la E.H.T. galopante. Galopante como lo es, coincidentemente, la tasa de divorcios. (Y si piensas que es malo ahora, pregúntale a tu madre acerca de tu padre, y agradece que esos tiempos hayan pasado.)
La verdad es que las mujeres no quieren realmente al bombero, quieren el traje que viste. La persona. Sin ninguna de las cosas humanas y decepcionantes de los hombres que se acumulan dentro de la descripción del trabajo. Para recuperarla, deberás volver a ponerte el traje, pero hazlo al mismo tiempo que lidias con la verdad, viabilidad y sustancia del hombre dentro de él, quien en este caso, eres tú.
No es cosa sencilla. Es casi imposible. Por lo cual fuiste advertido al comienzo acerca de tus posibilidades y la montaña que representa este esfuerzo. Pero ésas son las cartas, y ahora depende de ti jugar esta mano.
Desafortunadamente, la mayoría de nosotros no somos bomberos, ni tenemos el traje metafórico de un bombero, y por suerte, pocas mujeres admiten esa fantasía. Pero el modelo y la paradoja permanecen en su lugar, a pesar de las presiones y la equidad de la realidad. Las mujeres quieren las dos cosas, lo quieren todo, y si no pueden tenerlo todo, el precio inevitable será la erosión de su esperanza. Es la aceptación del compromiso, personificado en ti. En algún punto hay una línea, y una vez que ha sido cruzada, una vez que la has empujado
al otro lado, se acabó. Y de alguna manera, la has empujado al otro lado de esa línea.
Debes encontrar una manera de que ella lo tenga todo, para darle todo lo que ella siempre quiso en un hombre. Si eso significa ser otra persona y no tú mismo, lo cual casi siempre es así, es una advertencia para que comiences a dedicarte a madurar.
Por otra parte… claro, nosotros los hombres también tenemos fantasías y esperanzas propias, pero el fracaso de tu mujer de vivir a la altura de ellas no es la causa de tu ruptura, ¿verdad? No la pusiste a empacar porque ya no usaba esa lencería en la cama, o siquiera mostraba un rastro de su lado sensual en el diario vivir. No, tú la has aceptado, has archivado la fantasía de la chica mala, entonces, ¿por qué ella no puede aceptarte? Respuesta: porque los hombres se
acostumbran, las mujeres no. Porque los hombres están tan hundidos en su E.H.T. que ni siquiera se dan cuenta.
Sin importar qué tan extenso es tu entendimiento de cómo te has quedado corto en cualquiera de los dos lados de la paradoja del hombre fantasía, lo cual depende en gran parte del grado en el que te haya afectado la E.H.T., esto define tu oportunidad de una conversación profunda con tu mujer, una vez que tengas la posibilidad, porque puede que te sorprenda. Tu voluntad de llegar a eso, de verlo y poseerlo, incluso si (aún) no lo tienes, es tu clave para hacer que ella vuelva al estadio. Si te deja volver al juego o no, es una cuestión mucho más compleja, una que desafía la lógica, porque reside en el medio de lo que debe ser definido adecuadamente como tierra de nadie: sus emociones.
Y no te equivoques, la esperanza no es otra cosa que una emoción. Puede que en el alguna parte de este análisis encuentres la verdadera razón por la cual ella perdió la esperanza en ti, lo cual es el contrapuesto a su caída en conciencia de por qué se enamoró de ti en primer lugar, o al menos creyó haberlo hecho. Y si ese hombre sigue allí, en alguna parte, puede que logres convencerla de que sus sueños aún están vivos. Y de que tú eres el hombre que se lo dará.
Ahora sólo debes mirar en un espejo e intentar encontrar a ese hombre de vuelta.
Capítulo 4: El Mortífero Fenómeno de “Quiebre”
Dios sabe que las mujeres son flexibles en sus relaciones. Ellas toleran, soportan en silencio. De acuerdo, quizás no en silencio, pero es raro ver a una mujer que tira la toalla a la primera señal de decepción. Mucho ruido y
temperamento preceden al lanzamiento de la bomba. Y aún entonces, la morgue de las relaciones está llena de cadáveres de hombres que dicen que nunca se la vieron venir, pero al mirar hacia atrás, de repente se dan cuenta de que ella estaba lanzando advertencias constantes mientras que ellos, en la nebulosa de la E.H.T., siguieron tropezándose por la vida con los ojos vendados (el hecho de que exista un logo de Packers al costado de esa venda es parte del problema aquí). Una incapacidad de ver las señales de su pérdida de esperanza e inminente partida es, de hecho, el mayor síntoma de la Enfermedad del Hombre Tonto… el estado fatal.
Un día llega el punto en que esa gota final cae en el vaso, ese rebasado vaso que representa tu relación. A veces no es siquiera una gota, sino simplemente el tiempo, que erosiona toda la voluntad que a ella le quedaba, desgastándola, como el susurro incitador de sus amigas la incita a enfrentarse a su miedo, y dejarte. Y luego el sonido de tu corazón, ese “quiebre”, es el ruido de la columna de su futuro juntos que se rompe.
Ahí es cuando las mujeres parecen más malvadas que nunca. Jim
Morrison de The Doors lo dijo mejor que nadie: “Las mujeres parecen malvadas, cuando no te desean…” Amen por eso.
Los hombres rara vez se quiebran. Más bien se van derritiendo, o
desgastando. Podemos quejarnos mucho. O simplemente soportarlo y aceptar las cosas como son, permitiendo que nuestros resentimientos y preocupaciones, sin
importar si son legítimas, se conviertan en un factor ácido en nuestra vida diaria. Cuando finalmente se van – lo cual es raro – usualmente es debido a algo mejor, es decir, otra mujer. Cuando una mujer deja a un hombre por otro hombre, lo cual también es raro, no es por causa del otro hombre en sí, sino que es porque ha perdido la esperanza en su relación primaria y se ha quebrado en silencio sin que el pobre tipo lo sepa. El nuevo hombre se convierte en su roca y su destino, el que enciende su coraje y voluntad de terminar la relación, más que ser la fuente del quiebre en sí mismo. Esto no quiere decir que una mujer sea incapaz de cometer una infidelidad como tal, pero cuando sucede, es usualmente un síntoma de un quiebre inminente, pero no necesariamente el quiebre en sí mismo. La frecuencia con que las mujeres simplemente están excitadas y no tienen códigos morales es minúscula en comparación con las legiones de hombres que se ajustan a esa descripción.
Si ése eres tú, y ésa es la razón por la que ella se ha ido – en otras palabras, fuiste infiel y te atrapó – olvídate de recuperarla por un buen tiempo, y dedica más tiempo, mucho tiempo, en trabajar en ti mismo primero. Es tu única oportunidad de recuperarla algún día, pero más probablemente (porque no sucederá si ella tiene un gramo de autoestima) pagará dividendos en tu próxima relación, si eres lo suficientemente afortunado de encontrar una.
Cuando la mujer se quiebra, es prácticamente un caso cerrado. El quiebre es la puerta bruscamente cerrada en una negociación, una disculpa o cualquier posibilidad de dar vuelta el espejo en su dirección, garantizado. Simplemente se cansó. Nada importa ya. Puedes tener toda la razón acerca de tus quejas y de las formas en que ella ha contribuido a la desaparición del sueño, pero ahora no vale nada. Es como si estuvieras muerto para ella. Porque en su mente, la relación ha muerto. Se acabó, pasen los créditos, enciendan las luces, arrojen tierra en la tumba y váyanse a casa.
Suena imposible, ¿verdad? Lo cual es una forma irónica de verlo, porque cuando lo haces, te das cuenta del vacío que se siente perder la esperanza. Lo cual es precisamente lo que acaba de pasarle a ella.
La naturaleza y la física del “quiebre” merecen un estudio más profundo. Con frecuencia existe una serie de “pre-quiebres” que ella muy probablemente
confundirá con el verdadero asunto. Un quiebre verdadero es la confluencia de una decisión emocional con una racional. Cualquiera de ellas por sí sola puede verse, oler y sentirse como un quiebre real, cuando en realidad es un pre-quiebre con un gran eco.
Un pre-quiebre es frecuentemente una reacción emocional al suceso de la “última gota”. Ella dirá y creerá que ya no da para más, que se ha acabado, y lo creerá absolutamente cuando lo diga. Pero si la equidad de la relación tiene alguna profundidad, y si ella es una persona razonable que te quiere y, si bien no quiera admitirlo en el momento, aún se aferra a la esperanza en su relación, entonces la emoción del pre-quiebre va a menguar, y ahí es cuando tienes la oportunidad de volver a entrar en su vida, apelando a la mejor parte de ella. Puedes estar seguro de que, si no cambias algo, si no te arreglas a ti mismo, ella volverá a quebrarse, esta vez de verdad, y pronto. Las mujeres tienen unos pocos y preciosos pre-quiebres en sus circuitos, así que nunca des uno por sentado. Si se quiebra y resulta que tienes una segunda oportunidad, mejor que la
aproveches, porque normalmente la segunda va en serio. Y si lo es, eres historia. Puedes discutir que el quiebre es un fundamento artificial para una decisión de cambio de vida. Esa mujer no puede estar enamorada de ti un día y luego pasar a un extremo en el que ya no te ama al día siguiente. Pero como sugirió Tina, el amor no tiene nada que ver con eso. Puedes amar a alguien que dejas atrás, y la razón por la que lo haces es que te has rendido, que has perdido la esperanza. Aún amamos a gente en nuestras vidas que ha muerto. Y como no hay esperanza, comenzamos inmediatamente, desde el momento en que nos enteramos de su muerte, el doloroso proceso de seguir adelante. El “quiebre” de una mujer es, en esencia, la muerte de su relación. Ella la mató, allí mismo. Desconectó una relación con muerte cerebral porque ya no había vida en ella. No creas que porque aún te ama el quiebre es falso, o ni siquiera que porque aún te ama éste es un pre-quiebre que la está engañando. El amor no tiene nada que ver con ello. Esto se trata de perder la esperanza.
Darte cuenta de esto es tu pasaporte para conseguir lo que deseas, que es recuperarla. Todo lo que hagas desde ese punto en adelante debería tratarse de recuperar su esperanza en ti, y en el futuro de la relación, en lo que refiere a sus
sueños. No puedes revivir a los muertos. Pero a veces puedes despertar a una relación que está comatosa – fácilmente confundible con la muerte, porque el miembro de la pareja que quedó atrás, sigue adelante – y en cualquier caso, tienes que hacer un inventario de ti mismo y de tu rol en todo eso, y luego arreglar lo que fue roto, para tener siquiera una oportunidad.
El fenómeno del quiebre tiene mucho que ver con tu Enfermedad del Hombre Tonto. Cada vez que tienes un brote de E.H.T., es como lanzarte a un pozo. Cuando eso sucede, tu mujer se ve forzada a arrojarte una soga emocional dentro de ese pozo, la cual utiliza para sacarte, para traerte de nuevo junto a ella. Es un acto generoso de amor y voluntad de su parte, pero tanto el amor como la voluntad tienen límites. A veces sigues agitando los brazos frenéticamente como una criatura demente desde el otro extremo de la misma soga que ella te ha arrojado, y de todas formas ella sigue tirando. Porque si te quedas en ese pozo, la habrás perdido. Y por ahora, no es lo que ella quiere.
Pero ésta es la cuestión con la soga metafórica: no es infinita. De hecho, cada vez que la usa, se acorta un poco. Al principio hay mucha soga, mucho perdón y tolerancia y segundas oportunidades. Su mantra de “Oh, él es así” se vuelve tu pasaporte gratuito para salir de la cárcel. Pero nunca es gratuito, porque la soga se acorta cada vez. Y los pozos a los cuales te lanzas tienen distintas
profundidades, algunas mayores que otras, las cuales requieren una longitud de soga extra para esas caídas profundas y oscuras en particular.
Y entonces, un día, cuando tu E.H.T. lance esa fatal “gota final”, te
encontrarás en un pozo que no parece ser tan profundo en comparación con otros de tu creación, y aún así te quedas sentado esperando que ella te lance esa soga inevitable que te hará volver. Pero esta vez la soga no te alcanza. Puede que ella la lance y no se dé cuenta de que no tiene soga suficiente, o puede que se pare al borde del pozo, mire hacia abajo y escoja directamente no lanzarte la soga. Éste es el quiebre en sí mismo, metafóricamente hablando. El lanzamiento de la cuerda que no llega a alcanzarte del todo es el pre-quiebre, el falso quiebre, y si brincas lo suficientemente alto, con ferviente amor y voluntad suficiente, puede que logres alcanzarla y sacarte del pozo a ti mismo. Pero si ella solamente se para allí mirando hacia abajo, esa sonrisita malvada que parece engreída pero en
realidad es una mezcla de tristeza y libertad por haber terminado el dolor, estás viendo la cara del Quiebre en sí mismo, y ya no puedes ser salvado.
Piensa en lo que sucedió, que resultó en el momento preciso del final de tu relación. ¿Cuál es la naturaleza y la profundidad del pozo en que te encuentras? Piensa en cuántas veces ella te lanzó esa soga emocional y, con fuerzas que aún no comprendes, se obligó a sí misma a traerte de vuelta hacia ella. Y ahora, mientras que estás allí parado en el fondo del pozo, mirando hacia arriba, al precipicio donde ella una vez se paró, percatándote de que se ha ido, y de que no hay soga a la vista, pregúntate cómo terminaste metido allí, y luego reconócelo.
Puede que tengas o no tengas una oportunidad de brincar hasta otra soga y escapar de tu destino en el fondo del pozo en el cual ahora resides. Pero si lo haces, debes saber que la única manera en que ella te hará salir es si realmente lo reconoces, si realmente has cambiado, y en el proceso y producto de haber
cambiado, te las has arreglado para resucitar su esperanza.
No tienes tres strikes esta vez. Normalmente no tienes ni siquiera dos. Agradece si se te da una segunda oportunidad.
Unas breves palabras acerca de la cuestión del perdón. Por más que sea difícil aceptarlo, el perdón puede o no puede ser una parte del proceso de
recuperarla. Eso depende de lo que hayas hecho, o de lo que ella haya hecho, o en la misma naturaleza de la última gota. Así que no apuestes al perdón, incluso si lo pides, incluso si te lo dan libremente. Cuando un perro muerde a su dueño, el dueño puede perdonar al animal y aceptarlo de vuelta, pero a no ser que ése comportamiento que resultó en un ataque sea tratado, el perro está destinado a ser sacrificado, perdonado o no.
La cuestión acerca del perdón es que en realidad es un regalo del que perdona, más que del perdonado. Así que si le has dado ese regalo a tu mujer, pidiéndole perdón, debes comprender que nada acerca de que te lo conceda implica que te has salvado. Aún necesitas arreglarte a ti mismo antes de tener la oportunidad de recuperarla…para siempre.
No es justo dispararle a un hombre que mira desde el fondo de un pozo y asegura que no se lo vio venir, o simplemente se da cuenta ahora de que ciertos comportamiento y señales fueron, de hecho, indicadores de una implosión
inminente, y luego no iluminar la verdad acerca de lo que se perdón en el camino de las advertencias. Hay señales preventivas específicas que deberías preocuparte de notar en una relación, y más importante, tenerlas en cuenta. Un síntoma común de la E.H.T. es, de hecho, notar una advertencia (aunque el síntoma más común es no notarlas), y luego no tenerla en cuenta para nada, asumiendo que pasará, o no darle el significado adecuado.
Ahora que estás en el pozo y buscando una salida, puede que digas que es demasiado tarde, pero el proceso de volver sobre lo que te perdiste durante el camino de las advertencias y luego reconocérselo a ella cuando tengas la oportunidad – si la tienes – podría ser un elemento muy valioso en tu plan de reingreso. Si nada indica que lo has comprendido, es demasiado tarde. Pero para algunas mujeres, es mejor tarde que nunca, y si ésa es tu dama, ésta puede ser tu única oportunidad.
Aquí hay algunas advertencias que puedes llegar a ver:
•
Te dijo sin vueltas lo que le molestaba.Ha admitido que está aburrida, que está preocupada, que siente que está cambiando, que tú estás cambiando. Quizás ella sea específica acerca de lo que es – como ser, que piensa que ya no la amas tanto – quizás
solamente describa síntomas y diga que no les está asignando un significado, simplemente “le molestan”. Pero si es ése el caso, te está mintiendo. Las mujeres le asignan un significado a absolutamente todo. Y si lo malinterpretan, es tu trabajo corregirlas. Y si aciertan, usualmente es peor. La mayoría de las mujeres intentan esta aproximación en algún momento (usualmente como un último intento de comunicarse contigo), y a la mayoría de los hombres afectados por la E.H.T. les entra por un oído y les sale por el otro, sin llegar a “entenderlo” del todo.
•
Alguien cercano a ella o a ti te lo ha dicho sin vueltas. Ésta será más directa, sin tapujos. Puede que el lenguaje incluya un intento de gentileza, pero escucha con atención, porque estás siendo increpado. Si llega a este punto, el quiebre está a la vuelta de la esquina.•
Te ha insinuado cosas que le gustaría que cambies.Ésta, por otro lado, es la que se va por las ramas, por excelencia. Si te dice que cree que necesitas un pasatiempo, significa que: o quiere salir de la casa – malo – o cree que te has vuelto rutinario. De cualquier manera, es para que reacciones.
•
Ella ha cambiado, y no para bien.De pronto, está diferente. Se está inscribiendo a actividades, saliendo más seguido, se está volviendo más espiritual o intelectual contigo. Mientras tanto, se muestra un poco fría, ni remotamente sexual (si antes lo era). Esto no es simplemente mal humor, y no es una crisis de la mediana edad; esos sí juegan un papel en el desvanecimiento de las relaciones rutinarias a mediana edad. Lo que sí es, es una flamante bandera de advertencia para ti. La respuesta deseada es que te sientes a hablar con ella y ver qué le sucede. Nuevamente, si eres tú el que provoca los cambios, probablemente ni se te ocurra, incluso puede gustarte el nuevo espacio que estás consiguiendo. Mantén esa actitud y tendrás todo el espacio que puedas manejar.
•
No admite que algo anda mal, pero es obvio.Bienvenido a este pequeño juego de atrápame si puedes. Ella quiere que te des cuenta, porque es la manera segura de decirte que no todo está bien, en lugar de simplemente decirlo sin vueltas. Es una forma de exteriorizar, de mostrar su dolor y aburrimiento y hacerte responsable por ellos al hacerte sufrir sus consecuencias.
•
La atrapas mirándote, y cuando sus miradas se encuentran… …ella mira para otro lado. Y quizás antes de hacerlo, ves una pequeña sonrisita, una leve sacudida de cabeza, ojos en blanco, como si no pudiera creer lo que está viendo. Talvez como si te estuviera viendo claramente por primera vez, y no en una forma agradable. Se siente como ser juzgado, como una desaprobación o completa ofuscación por las cosas que dices, las cosas que haces, la forma en que te vistes, la manera en que comes… y lo es.Cualquiera de estas señales es un síntoma de que ella desea algo diferente de ti y de la relación. Obviamente, dado que se ha ido, no lo notaste, no te
importó, o no respondiste adecuadamente. Así que ahora estás en una habitación comiendo chatarra en soledad, preguntándote qué estará haciendo. ¿Por qué, entonces, algo de esto puede ser importante para ti?
Es como ver la filmación de un juego. Los atletas estudian su desempeño luego del suceso, con el simple propósito de hacerlo mejor la próxima vez. En tu caso, estás esperando que el siguiente juego sea con ella, y necesitas prepararte para jugar bien si es que obtienes la oportunidad. Es así de simple. No subestimes el poder persuasivo de darte cuenta de la profundidad de tu propia Enfermedad del Hombre Tonto, y admitirla ante ella. No tienes la cura, pero admitir tu culpa y el no tener idea llamará su atención. De hecho, el admitir eso es un grito de ayuda implícito, y si hay algo que las mujeres adoran hacer, es convertirse en las
rescatadoras de los hombres que las necesitan. Especialmente si hay un gran “Te lo dije” de por medio. Así que otórgale eso. Ríndete ante tu inhabilidad de
interpretar las señales. Puede que sacuda su cabeza y te diga que es un poco tarde, pero por otra parte, puede que no. Todo el mundo disfruta un regreso, y tú puedes ser ese hombre si te das cuenta de dónde te saliste del camino en primer lugar.