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El Cántaro y La Muerte Los frutos de la vida

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Academic year: 2022

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El Cántaro y La Muerte Los frutos de la vida

Víctor Valdelomar

Nota: Tinta en Serie publicó dos obras El Cántaro y La Muerte y Los frutos de la vida. Por eso la portada se refiere a las dos. Para la Memoria digital de Carmen Lyra reproducimos únicamente la que se refiere a María Isabel Carvajal (Carmen Lyra).

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Actor

Antonio es una historia de una persona entre miles de miles que habitamos esta tierra. Los seres humanos hemos edi- ficado grandes cosas, pero también grandes errores que siguen viviendo con nosotros, en nuestra cultura y por lo tanto, tam- bién en nuestras ideas. Y esas ideas, cuando justifican la discri- minación, por cualquier motivo, deben cambiar.

Los mejores frutos del árbol de la vida, no están en las ramas bajas. Y si queremos subir hasta ellas, tendremos que aprender que una caída no es el fin de nuestro empeño, es sólo el aprendizaje para un nuevo ascenso.

Antonio

Ecueden os mejoe futo de a vida etán e las ramas altas.

FIN

862.44

V149c Valdelomar, Víctor

El Cántaro y La Muerte / Los frutos de la vida / Víctor Valdelomar – 1 ed. -- San José, C.R. : Gráfica Litho Offset, 2010.

88 p. ; 14 X 22 cm. (Tinta en Serie ; n.16) ISBN: 978-9968-735-24-7

1. Teatro Costarricense. I. Título.

Reservados todos los derechos.

Prohibida la reproducción total o parcial.

Diseño portada: Ana Muñoz.

Foto: Abelardo Vladich.

© Victor Valdelomar.

[email protected]

CONSEJO EDITORIAL María Bonilla Luis Armando Lázaro

Marianella Phillips Irene Solera Rodrigo Soto

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EL CÁNTARO Y LA MUERTE

Irene Solera

Dice la señora Henrietta Boggs, citada en esta obra de Víctor Valdelomar, que: “La Costa Rica a la que llegué a prin- cipios de los cuarenta, con el propósito de pasar las vacaciones de verano, era muy diferente a la de hoy. Si algún país lleva- ba un nombre equivocado era aquél, no sólo era pobre, sino que muchos de sus habitantes vivían en la indigencia. La mitad de la población iba descalza. Era frecuente encontrar jóvenes adolescentes con los dientes totalmente podridos y sustituidos por dentaduras postizas. Muy raramente un peón iba a la escuela más allá del sexto grado. Muy pocos hogares rurales tenían agua corriente, y mucho menos, electricidad.”

El autor de esta entrañable obra de teatro, permea todo su texto con el conocimiento que María Isabel Carvajal, nuestra querida Carmen Lyra, tuvo de la sociedad costarricense y de ahí su militancia en el Bloque de Obreros y Campesinos y su manera de vivir y de escribir.

Víctor nos presenta a María Isabel Carvajal escena tras escena, hilvanadas una tras otra con maestría, llevándonos al ático de la familia Figulls, donde Carmen Lyra se escondió durante el período previo a la Revolución del 48 en Costa Rica, pasando por escenas de los Cuentos de mi Tía Panchita.

Cada escena es hilada con agilidad y destreza por el autor, tanto así que nos permite recorrer gran parte de la vida de María Isabel Carvajal como militante comunista, como ayu- dante de las Hermanas de la Caridad, como escritora de sus inolvidables cuentos infantiles y a la vez, como colaboradora de

Antonio

¿Y po té epeá a tontegui una pitola? Podé tomate una boteia de detinfetante. Tonteguíme un embudo y yo mimo hago te la tagué. O podé tiate ton todo y tia dede un puente.

¡vamo! ¡yo te llevo al puete! Tambié podé titate en la batua y epeá a te entieen en e botaeo. Pote eto e lo e uté, ¿vedá? U depe- ditio.

Juancho

Llora.

¡Soy un idiota! Quiero vivir pero a veces se me acaban las fuerzas.

Antonio

Entoe lo e neeitá e enontá tu fotalea, no una pitola.

El infieno olo etá dento de uno, Uancho. Tené e aprendé eo.

Juancho

¿El infierno sólo está dentro de uno?

Antonio

I, i, Vamo a da un paeo. Tieo peentate a un amigo que no e negó a í mimo y vio su ditpaidad como u eto y no omo ua tampa.

Ee amigo in tene ojo entontó la lu.

Juancho

¿Sin tener ojos, encontró la luz? ¿Cómo es eso?

Antonio

Ya me va a entendé. Ya me va a entendé.

Antonio sale llevando la silla de Juancho.

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artículos de denuncia político-social de su momento histórico.

A través de la voz de una radio, Valdelomar va tejiendo la trama: nos entera de lo que está sucediendo alrededor de Carmen Lyra y así comprendemos el por qué actúa ella como lo hace.

El autor escribe escenas llenas de humor y de ternura, otras de denuncia política, todas llenas del alma de esta mujer única, como lo fue María Isabel Carvajal, a lo largo de EL CAN- TARO Y LA MUERTE.

Víctor nos presenta a Chavela con una amiga suya, María, a la vez que con La Muerte, con Uvieta, con la Virgen María, personajes todos del cuento Uvieta, con la Madre Superiora, Hermana de la Caridad, con el Inspector, servidor del gobierno de los Tinoco, con una maestra amiga suya, con la Cucarachita, personaje del cuento La Cucarachita Mandinga, con Luisa, compañera de militancia suya, con agilidad y con verdad.

Todo se nos hace creíble y entrañable.

Es un gusto para TINTA EN SERIE publicar esta obra del actor y dramaturgo Víctor Valdelomar, esperando que siga escribiendo trabajos como el que ahora nos alegra publicar.

Todavía queda el Tribunal de Casación para apelar, el Organismo Internacional de Trabajo y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Yo creía que mi oscuridad era un infierno, hasta que me di cuenta que el infierno sólo está dentro de uno.

Antonio

Í e ieto: el infieno ólo etá dento de uno… cuando uno no e aepta y e niega a reibi rehabilitaión o uando atua omo ua peona de egunda ategoía e ieto.

XIV ESCENA

Actor

Antonio no ganó el juicio, pero empezó a comprender.

Empezó a expulsar los demonios de su propio infierno. Esa es una tarea muy importante cuando se quiere vivir.

Juancho

Antonio, necesito que me hagás un gran favor: necesito que me consigás una pistola.

Antonio

¿Po té? ¿te va a volvé ticaio o ago aí?

Juancho

No. No me voy a hacer sicario. Yo creo que hasta aquí lle- gué: me voy a tronar. Si no voy a poder caminar nunca, mejor acabo con esta carajada de una buena vez.

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Amigo

Así es el mundo, amigo: o estás con los vencedores, o estás con los vencidos. No hay de otra.

XIII ESCENA

Actor

Somos niños cuando soñamos en hacer posible, lo imposi- ble; pero la realidad está hecha de muchos otros materiales además de los sueños.

Sólo cuando entendemos eso, somos capaces de encontrar en el fracaso, la enseñanza que nos abre nuevos caminos.

Antonio

De nada ivió el juitio. No hie má e pedé el tiepo. Etoy omo empeé: in nada.

Abogado

No. No estás como empezaste. Lo importante es que te hiciste escuchar. Que peleaste por lo que es justo. Si todos hiciéramos lo mismo, Antonio, la gente empezaría a darse cuenta que las personas con discapacidad merecemos más oportunidades. Que no somos ciudadanos de segunda clase.

La Ley 7600 de Igualdad de Oportunidades para personas con discapacidad, todavía es muy débil, pero sólo poniéndola a prueba se puede demostrar.

Claro sólo depende de si nos quedamos lamentándolo, o seguimos adelante.

El Cántaro y La Muerte

se estrenó el jueves 25 de setiembre del año 2009, con la siguiente ficha técnica:

Carmen Lyra Milagro Barrantes Ulate.

La Muerte

Mari Nieves Barahona Riera.*

Dirección

Víctor Valdelomar Mora.

Banda sonora Henry Mendoza Zúñiga.

*Las funciones posteriores fueron representadas por:

-Francinie Brenes González, en el papel de La Muerte.

La producción de la puesta en escena, así como el financia- miento de las primeras funciones, fueron posible gracias a la gestión del Centro Cultural Español y su director, Sr. Carlos Couto.

Apoyo logístico: Grupo Cuatro Vientos.

Un especial agradecimiento a todas las personas que apor- taron documentos o testimonios para la investigación previa:

Sr. Eduardo Mora Valverde.

Sr. Alvaro Montero Vega.

Sr. Alfonso Chase.

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Actor

Somos niños cuando soñamos en hacer posible, lo imposi- ble. Pero la realidad está hecha de muchos otros materiales además de los sueños.

XII ESCENA

Nuevo dueño

¡Salud, Mario! Yo sabía que ese juicio lo teníamos en el bolsillo.

Amigo

¡Por dicha! Imaginate que si ese retrasado hubiera gana- do: todos los mongolitos iban a querer tomar los trabajos de las personas normales.

Nuevo dueño

Sí. Fue una buena idea la de asustar al proveedor: si decla- raba en mi contra, le cancelaba los pedidos y hacía que otros negocios hicieran lo mismo.

Amigo

¡Claro! Ese es un carajo inteligente. ¡Cómo iba a arriesgar- se a perder toda su clientela.

Nuevo dueño

Bueno. Asunto resuelto. Aunque… me queda un mal sabor de todo esto. A veces me parece injusto que la vida sea una competencia tan desigual.

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PERSONAJES

Chavela

María Isabel Carvajal (Carmen Lyra).

María

Amiga de Carmen Lyra.

La Muerte

Personaje del cuento Uvieta.

Uvieta

Personaje del cuento Uvieta.

Virgen María

Personaje del cuento Uvieta.

Madre Superiora

Hermana de la Caridad.

Inspector

Servidor del gobierno de los Tinoco.

Maestra

Amiga de Carmen Lyra.

Cucarachita

Personaje del cuento La Cucarachita Mandinga.

Luisa

Compañera de militancia de Carmen Lyra.

Nota: Cuando se estrenó se hizo con dos actrices: una que hacía Carmen Lyra en todas las épocas y otra que doblaba el resto de los personajes.

Voces de la radio

Joaquín García Monge.

Escritos de Carmen Lyra.

Memo

Sí señor: yo escuché la conversación. Estaba desempacan- do la mercadería que yo le suministro al señor Cabalceta.

Abogado

¿Escuchó usted al señor Cabalceta decir: necesito personas con cierto estilo, con mejor apariencia con físico normal…

Memo

Mm. No, no señor. En ningún momento lo escuché decir eso.

Abogado

Le repito la pregunta: ¿escuchó usted al señor Cabalceta decir: necesito personas con cierto estilo, con mejor aparien- cia, con físico normal…

Memo

En ningún momento el señor Cabalceta dijo eso; él habló de “re organización de personal”.

Antonio

Alterado.

¡Memo! ¡Uté me dijo te lo había oído! ¿Te pató? ¿Te etán pagando paa decí mentia? ¡Deí la vedá, Memo! ¡Deí lo e oíte!

Juez

El Juzgado Superior de Trabajo dictamina que no hay sufi- cientes recursos probatorios sobre discriminación. Por lo tanto, desestima la demanda del señor Antonio Segura.

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Viejilla 1

¡Ay, estás loca, Chayo! De por sí que vos siempre fuiste media comunista: te gustan todas esas cosas revolucionarias.

Viejilla 2

El perro que no se sacude, se le pegan las pulgas. Es más, yo voy a ir al juicio a apoyarlo. Dios quiere gente humilde, no tonta.

Viejilla 1

¡Ay, sí, claro! Oigan a la bailarina de “table dance”. Con el primer baile quedarías tiesa como una lagartija disecada. ¡Ji, ji, ji, ji!

XI ESCENA

Actor

Llegó el día del juicio. Empezaron los papeleos y todos los tejes y manejes burocráticos y finalmente, la audiencia llegó a su punto determinante: la presentación del testigo.

Abogado

La defensa del querellante llama a su único testigo: el señor Guillermo Espinoza, proveedor de la soda “El Caminante”, quien estaba presente el día que Antonio fue des- pedido.

Señor Guillermo Espinoza: ¿escuchó usted el día mencio- nado, la conversación entre el señor Antonio Segura y su patrono, el señor Cabalceta?

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La acción transcurre en el ático de la familia Figulls, en el que se escondió Carmen Lyra antes de su exilio en México.

ESCENA 1

Un ático polvoriento que sirve de bodega. Telas cubren muebles antiguos entre los que se destaca una mecedora y una radio.

Se escucha en la radio un fragmento musical distorsiona- do por mala sintonía y algunas voces que se intercalan en la melodía, como si alguien moviera el dial, pero no hay nadie en escena.

Voz de la radio

“El supuesto fraude electoral de 1942, provocó un intento de derrocamiento del gobierno calderonista, para lo cual fue solicitada la colaboración a Manuel Mora Valverde, máximo líder comunista que con su inter…” “… Fósforos Victoria, desde 1927, un establecimiento que hace honor al país…”

“… Una vez instalada, la Junta comenzó un proceso de repre- sión y ataque a calderonistas y comunistas. Fueron interveni- dos los bienes de las personas relacionadas con el régimen…”

“… Los empleados públicos fueron despedidos sin responsabi- lidad patronal, Rafael Angel Calderón y Teodoro Picado fueron acusados de traición a la patria…” “… Fina, distinguida, atra- yente, … la verdadera fragancia típicamente inglesa elaborada con esencias importadas… lavanda inglesa Atkinsons…”

Voz en off de La Muerte

¡Uvieta! ¡Bajame de este palo! Última vez que te lo advier- to; si no me bajás, te voy a mandar una lluvia de truénganos y fusínganos que te voy a dejar todo chamusqueado desde las patas hasta el fondillo.

X ESCENA

Actor

Y mucho antes que el juicio empezara, ya el caso de Antonio despertaba pasiones y conjeturas en la gente. ¡Era la comidilla del momento que alimentaba a las fisgonas y a los curiosos.

Viejilla 1

¡Viste, Chayo! El tataretas ése, el hijo de Pina, puso una demanda legal para que le devuelvan el trabajo en la soda. ¡Es que cómo se ha vuelto la gente de igualada, hoy en día! ¡Idiay!

Si el patrón no lo quiere, tendrá sus razones para echarlo.

Viejilla 2

¡Pero Antonio está en su derecho de defenderse! Paquito, el mío, el que estudia para abogado, dice que hay una ley de

“Igualdad de oportunidades” y eso es lo que está pidiendo Antonio. ¡Está bueno que se defienda!

Viejilla 1

¡Ay, pero es que no, Chayo! Cada quien en su lugar. Antes las cosas no eran así; cada quien aceptaba resignado lo que Dios le había dado y punto. ¡Es que este mundo está patas arriba!

Ahora sólo falta que el tataretas ése, se quiera hacer declama- dor o cantante de salsa.

Viejilla 2

¡Idiay, sí! Si él cree que puede lograrlo, que lo haga.

Bromista. Yo, todavía no pierdo la esperanza de hacerme baila- rina de “table dance”, ¿qué te parece? ¡Ji, ji, ji, ji!

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Aparece Uvieta por el extremo derecho.

Uvieta

¡Uy, qué miedo! ¡Mirá cómo me tiemblan las canillas!

Voz en off de La Muerte

Lisonjera.

Uvietica, no seás malito: te prometo que ni a vos ni a tu parentela me voy a llevar nunca.

Uvieta

¿Y vos creés que soy tonto? En cuanto te bajés del palo empezás a arriar con cuanto mortal se te atraviese. ¡Nones! Ahí te quedás enjorquetada. Sale canturreando una canción. “Ya yo me voy de aquí pero tengo que volver, a pagarle una prome- sa que le debo a esta mujer. Ya yo me voy de aquí, pero tengo que volver…

Sale Uvieta.

Voz de la radio

TIA PANCHITA: Bueno… es que Tatica Dios premió a Uvieta con tres deseos por ser tan bueno y tan desprendido de sus cosas con tal de ayudar al prójimo; entonces uno de sus deseos fue tener un palo de uvas del que nadie se pudiera bajar sin su permiso,… y cuando la muerte llegó a buscarlo para lle- várselo, la engañó para que se subiera en el palo… ¡y después, la muerte, no se podía bajar! Risilla pícara. Nadie se enferma- ba y nadie se moría. Todos estaban felices,… Bueno, todos menos la muerte que estaba que se la llevaban los diantres.

Voz en off de Virgen María

Uvieta, ¿qué es este alboroto que me has armado aquí en la Tierra?

Aparece Uvieta.

Antonio

Gatia, mamá. Hoy e día de pago, atí te va etá buena la venta de loteía. Teguo vengo tade.

Mamá

Sí, pero no venga muy tarde; usted sabe que yo me preo- cupo de que le pase algo.

Antonio

Métate en la cabeta te yo toy un hombe gande, mamá. Me puedo tuidá tolo.

Mamá

Yo sé, Antonio, yo sé. Lo que pasa es que a las mamás no nos gusta que los hijos crezcan. Pero vos… te me has hecho todo un hombre. ¡Un hombrecito que sabe llevar la frente en alto!

No me había dado cuenta que ya sos dueño de tu propia vida. ¿Cómo va lo del juicio?

Antonio

Va muy bien, mamá, ya conteguí un tetigo.

Mamá

¡Tenés que seguir adelante con eso! ¡Tenés que dar el ejem- plo!

Antonio

¡Yo te te vamo a gana, mamá! ¡Todo etá a nueto favó!

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Uvieta

¡Ay, la Santísima Virgen!

Aparece la Virgen María.

Virgen María

La misma que viste y calza. ¿Cómo es eso que me voy unos diítas de vacaciones y cuando vuelvo, lo primero que oigo son quejas de vos?

Uvieta

Haciéndose el desentendido.

¿Quejas de mí? ¡Adió! Yo estoy aquí quietecito sacándome las niguas y dándole gracias a Tatica Dios por sus bendiciones,

… ¡nada más!

Virgen María

¡Hacete el chancho!, que a mí no hay confisgao que me la haga.

Uvieta

Inocentón.

Yo jamás haría eso con la Santísima Virgen, ¡qué va!… ¿Y qué quejas serán esas?

Virgen María

Tenés a la muerte encaramada en tu palo de uvas y nadie se muere.

Uvieta

¿Y eso es malo?… ¡Eso es bueno!

Virgen María

¿Cómo va a ser bueno, Uvieta? Las cosas tienen un orden, una razón de ser: si hay día, tiene que haber noche. Si hay vida, tiene que haber muerte.

Memo

Sí, sí. Yo sé que siempre fuiste un buen empleado. ¿Y esa fue la razón por la que te despidió?

Antonio

Eto fue lo te me dijo.

Memo

Bueno, bueno. Está bien, Antonio. Contá conmigo: yo te voy a servir de testigo.

Antonio

¡Gatia Memo! ¡te voy a etá agadetido toda la vida po eto!

IX ESCENA

Actor

Con Memo como testigo, Antonio y su abogado estaban seguros que podrían ganar el juicio.

Antonio creía justo su reclamo, y eso cambió su forma de verse a sí mismo y de ver al mundo. El mundo pasó a ser… de un lugar en el que tenía que pedir permiso para estar, a un lugar en el que tenía derecho a estar.

Mamá

Antonio, ya te alisté un gallito para que llevés de almuer- zo.

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Uvieta

Pues algo anda mal en ese orden, doña Mariquita, porque la huesuda sólo se lleva a los dejados de la mano de Dios.

Virgen María

No me vengás con vainas que la muerte es lo más demo- crático que hay: todos van pal mismo hueco… Corrige… a la misma sepultura…

Uvieta

¡Cómo se ve que usted hace rato no se echa un viajecito por aquí!

Virgen María

Uvieta, haceme el favor, no me faltés al respeto. Suficiente cacareo. Bajate a la muerte del palo y después arreglamos cuentas.

Uvieta

Pero es que uno de los deseos que Tatica me concedió fue que yo me muriera hasta que yo quisiera… y un día, ¡no me voy encontrando la muerte en la puerta lista para llevarme de las mechas. ¿Idiay? ¿Qué clase de pactos son esos?

Virgen María

Haciéndose.

¡Ay, Uvieta! Algún enredillo de papeles que hubo por ahí.

Voy a reunir a la Junta Celestial y vamos a conversar del asun- to.

Uvieta

¿Y usted me promete que no va a haber represalias?

Virgen María

No te preocupés, yo intercedo por vos.

Antonio

Vo te atodá te en un mometo él me tijo: neteito pesonal con ieto etilo, con fíico nomal… con mejo apaiencia y te hable tlalo.

Memo

“Necesito personal… con estilo, normal… con mejor apa- riencia”. ¡Caramba! Hace ya tiempillo de eso, no estoy seguro.

Antonio

Í í tatá de atodate, Memo e muy impotante.

Memo

A mí me llamó la atención la conversación que tenían ustedes y por eso paré la oreja… y cuando me di cuenta que te estaba despidiendo, me intrigó más.

Recuerdo que él te decía algo de que… “quería darle otro carácter a la soda y que… ¡Ah, sí! Él te dijo: necesito personas con cierto estilo, con mejor apariencia, con físico normal…”

¡Ya me acuerdo!

Antonio

Neteito te vayá tomo tetigo al juitio, Memo.

Memo

¿Juicio? ¿Yo, como testigo? ¡Ah, carajo! No sé, Antonio, ya un asunto de un juicio es algo muy delicado.

Antonio

Yó tabajé tiete año en ena toda y tiempe hite bien mi taba- jo.

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Uvieta

Dudoso.

¡Qué vaina! Es que viera qué duro es ver morir tantos cha- calines lombricientos y uno sin poder hacer nada.

Virgen María

¡Ya, ya, ya! Yo te entiendo. Pero así son las cosas.

Uvieta

¿Sin represalias?

Virgen María

Sin represalias.

Uvieta

Pues que se baje la muerte del palo.

Uvieta hace un ademán. La Virgen María desaparece. En el radio se escuchan ráfagas de ametralladora, gritos de gue- rra, explosiones y la VOZ EN LA RADIO que se superpone al ruido.

Voz en la radio

“Con esto se cierra el capítulo de la guerra, no sin antes reflexionar acerca de si valía la pena que corriera tanta sangre para poder cambiar el rumbo del Estado. Quizá si la cordura y el diálogo se hubieran impuesto sobre el deseo de poder y la vanidad, la familia costarricense se hubiera ahorrado muchos muertos, muchos destrozos en sus haciendas, dinero, y sobre todo el sufrimiento de…”

Aparece La Muerte que alza a Uvieta del cuello.

Uvieta

¡Ay, carajo! ¿Y ahora qué te traés conmigo?

La Muerte

Que te vas resbaladititico pal infierno, por sácalas.

VIII ESCENA

Actor

Desde que nacemos, los seres humanos buscamos seguri- dad. Por eso transitamos los mismos caminos, tenemos las mismas creencias y evitamos todo lo que amenace ese mundo de tranquilidad disecada en la costumbre.

Para Antonio, arriesgarse a transitar el camino de una demanda judicial, no era fácil. Más aun cuando los augurios no eran buenos. Pero el ansia de integridad del ser humano, a veces puede más que los caminos trillados y los viejos fantas- mas de la derrota que los habitan.

Memo

¡Hombre, Antonio! ¡Qué gusto verte! ¿Qué es de tu vida?

Desde que te fuiste de la soda no he sabido nada de vos. ¿En qué te puedo servir?

Antonio

Engo a pedite un gan favó, Memo.

Memo

¿Un favor?… si está en mis manos, con mucho gusto, Antonio. ¿De qué se trata?

Antonio

Vo etaba tesente en la toda tuando e nuevo dueño me dep- tidó.

Memo

Sí, sí. Yo estaba entregando mercadería en el mostrador.

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Uvieta

Un momentico: acordamos que no iban a haber represa- lias.

La Muerte

Burlona.

¿Y vos te tragaste ese cuento de güilas? ¡No seás sonajas, Uvieta!

Uvieta

¡Nos engañaron! ¡Nos engañaron!

Voz en la radio

“Ganada la guerra hay que ganar la paz, y eso sólo se puede conseguir a base de justicia, conciliación y sobre todo de cum- plimiento de la palabra empeñada…”

ESCENA II

Chavela (María Isabel Carvajal) sentada en la mecedora.

Balbucea como si mascullara sus pensamientos.

Chavela

¡Nos engañaron! ¡Nos engañaron! Nos dijeron que no habría Chavela!

Entra María.

María

¿Te sentís bien, Chavela?

Chavela

Sí, sí. Estoy bien, María. Es que tuve un sueño tan feo.

más deseaba era acabar con esa intranquilidad, con esa angus- tia que todo eso le provocaba.

Él, que siempre evitaba los enfrentamientos y las discusio- nes, se veía ahora en un proceso legal que le provocaba gran sufrimiento. Y eso no importaba, él podía enfrentar toda esa angustia, pero… valía la pena. ¿Realmente valía la pena?

Pensó entonces en la gente que lo rodeaba y lo que dirían.

Mamá

¡Toñito! No te metás en esos enredos legales. Lo único que vas a hacer es gastar tu dinero en abogados y papeles para nada.

Los viejos con dinero siempre ganan esas cosas, Aceptá el tra- bajo que te ofrece de lavaplatos, mejor.

Juancho

¡Quién te mete a vos, Toño, jugando de peleador en los tri- bunales! Mejor aceptá la realidad como yo y quedate tranquilo.

Aceptá ese trabajo y quedate tranquilo. Es lo mejor.

Actor

¡Ese instante! Ese instante de decidir cuál camino tomar.

Las manos le sudaban a Antonio. Miraba alrededor buscando una respuesta en las paredes frías de la oficina… y el acertijo volvía a enroscarse en su pensamiento.

Antonio

No. No aepto. Tendemo te i a un juitio.

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María

Tenés que estar tranquila, Chavela.

Chavela

¡Cómo voy a estar tranquila si sé que mis camaradas están en la Peni!

María

Eso se va a arreglar.

Chavela

Sarcástica.

¿Quién lo va a arreglar? ¿La Junta de Gobierno? No han dejado de perseguirnos.

¿Cuántos camaradas tienen en las celdas más oscuras de la Peni, con los forajidos más peligrosos? ¿Quiénes más están ahí aparte de mi hermano?… ¿Alvaro?, ¿Víctor?

María

Me preguntás como si yo supiera,…yo estoy en ascuas, igual que vos. Parece que el gobierno de Venezuela…

Chavela

Poseída por un gran temor súbito.

Yo sé que quieren sacarlos a escondidas para matarlos.

María

No, no, eso no es cierto. Se están haciendo gestiones.

Chavela

¡Gestiones! ¡A mí con gestiones! Reacciona. ¡Perdoname!

Es que tengo la cabeza revuelta…

María

Tenés que ocuparte en algo.

Inspector

¿Ese es el verdadero motivo del despido, entonces?

Nuevo dueño

No, le repito que no. Pero… si se trata de llegar a un arre- glo, yo tengo una propuesta que podría servirle al señor Segura.

Inspector

¿Cuál es esa propuesta?

Nuevo dueño

Yo necesito una persona en la soda que se encargue de lavarplatos.

Yo estaría dispuesto a ofrecerle ese trabajo al señor Segura con el único interés de ayudarlo.

Inspector

¿Y en ese trabajo ganaría el mismo salario?

Nuevo dueño

No. Sería un salario inferior, pero al menos podría jugár- sela mientras le aparece algo mejor.

Inspector

El salario que el señor Segura reciba, debe ser igual o mayor que el que tenía. Aunque, si el señor Segura estuviera de acuerdo…

Actor

Antonio se consumió un instante en sus pensamientos.

Descubrió más allá del rompecabezas de su acertijo que lo que

(17)

Chavela

¡Sí, sí, sí: tengo que ocuparme en algo! Cuando todo esto pase tengo muchas cosas que escribir. ¡Muchas! Poseída por un súbito frenesí. He estado pensando en otra versión de Uvieta…, ¿te acordás de la compañía de títeres que tanto he querido hacer? He estado pensando en algunas adaptaciones para el teatro. ¡Me encantaría adaptar Uvieta, ¿qué te parece?

María

Vamos a llevarte a la embajada de México, Chavela.

Chavela

¿Y qué voy a hacer yo ahí?

María

México les va a dar asilo político… a vos y a Manuel.

Chavela

¿Y los otros camaradas? ¿Qué va a pasar con los otros? ¿No vamos a dejarlos morir en la penitenciaría?

María

No, claro que no. El plan es sacarlos a Venezuela.

Chavela

¿Cuándo?

María

Todavía eso está en negociaciones.

Chavela

Pues que le den mi campo en México a otro, yo no me voy de Costa Rica.

Nuevo dueño

Debe quedar claro, aquí, señor inspector, que yo no tengo ni una escuela de enseñanza especial, ni una asociación de ayuda a discapacitados. Yo soy comerciante y manejo un nego- cio. Un negocio que tiene que ser productivo para que sea ren- table. Si en mis manos estuviera ayudar al señor Segura con su… problema, lo haría gustoso, pero ese no es mi trabajo.

Antonio

No. El cao es te yo tabajé tomo meseo iete año en ea oda y el antiguo dueño y mucho tliente on tetigo te nunta mi dita- paidad fue obtáculo paa hae bien mi tabajo.

Nuevo dueño

Le repito que su discapacidad nunca fue motivo de despi- do.

Antonio

Tengo un tetigo te puede declaa lo contaio.

Nuevo dueño

¿Un testigo? Yo también puedo traer testigos si de eso se trata.

Muchos clientes se quejaron de que el servicio no era bueno. De que costaba mucho entenderle. Y que su apariencia no les gustaba.

Antonio

Entone í fue mi ditapaidad el motivo.

Nuevo dueño

Eh… bueno, no. Es decir: eso también era parte de la nueva administración: una atención al cliente más agradable.

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María

¡Chavela, no estamos para berrinches! Vos sabés que mien- tras estés en Costa Rica tu vida corre peligro.

Chavela

Conteniendo el llanto.

No son berrinches. Se castiga a los que han hecho algo malo, ¿y qué es lo malo que he hecho yo, a ver, decime?... ¿Ser comunista?, ¿decirles las cuatro verdades a mezquinos sin alma ni corazón? ¿Denunciar a las sanguijuelas que viven chu- pando del gobierno?

María

No lo tomés como un castigo.

Chavela

Vos sabés que para mí es un castigo irme. Eleva su voz. ¡No pienso irme!

María

¡Ssssssh! Susurrado.

¡Chavela! Acordate que hay vecinos.

Chavela

Decile a Manuel que yo me quedo.

María

Molesta.

¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a seguir viviendo aquí, en nuestro ático, el resto de tu vida... comiendo entre polvo y chunches; o vas a salir para estar un día en una casa, otro día en otra…

debajo de los pisos o entre los techos como tiene que vivir ahora los calderonistas y los comunistas? ¿Quién te va a vender un pedazo de pan?... “¡No les compre! ¡No les venda! ¡No les

VII ESCENA

Inspector de trabajo

Los he convocado a esta primera audiencia en mi calidad de inspector de trabajo. Estamos reunidos con el único interés de propiciar un entendimiento, según la Ley Alterna de Resolución de Conflictos. Ambas partes conocen el fondo de la querella.

Nuevo dueño

Las razones que tuve para despedir al señor Segura, están muy claras en la carta de despido; al tomar la soda

“El Caminante” bajo mi administración, necesitaba ahorrar recursos y para ese fin reorganicé el personal. No hay ninguna actitud discriminatoria en mi proceder.

Antonio

En la cata die algo muy ditinto a lo te uted me dijo. Uted dijo te “neceitaba peonal… con ieto etilo, con fíico nomal…

con mejo apaiencia.

Nuevo dueño

Con intención.

Señor inspector, me cuesta mucho entenderle al señor Segura. ¿Podríamos traer un traductor?

Antonio

Exaltado.

Duante iete año te tabajé en ea oda atendí a ucho tliente y nunta neteité taductó… y no lo neeito ahoa.

Inspector

Yo le entiendo perfectamente. No creo que necesite un tra- ductor.

(19)

hable!”… Esa es la voz que han corrido en todos los barrios y en todos los pueblos… ¿qué vas a comer?… ¿de qué vas a vivir?

Tranquilizándose. Anda un rumor de que si te encuentran, te van a arrastrar del pelo por las calles de San José...

Chavela

Ellos dieron su palabra de que no habría represalias.

María

Perdiendo la paciencia.

¡Con todos los diantres! ¡Tantos años metida en política y no has entendido que los corruptos no tienen palabra!

Chavela

Hay que esperarse unos días. Es muy pronto para tomar una decisión tan importante.

María

Vas a estar protegida, eso es lo importante.

Chavela

Dejame pensar un ratito, ¿sí? Camina hacia el radio y toca algunas de sus perillas. Pienso mejor oyendo radio.

María

No, Chavela, ese chunche viejo ya no suena. A veces le da por medio sonar, pero muy rara vez. Camina hacia la salida.

Avisame si necesitás algo. Sale.

Chavela insiste en sintonizar el radio hasta que desiste y le da un golpe ligero.

Chavela

¡Estás peor que yo!

María Isabel se deja llevar por sus recuerdos en la mater- nal.

Actor

Y el acertijo en la cabeza de Antonio fue aclarándose, como se aclara el cielo después de la tormenta.

VI ESCENA

Nuevo Dueño lee carta.

Nuevo dueño

¡Una demanda! Ese mongolito quiere volver a su trabajo.

Pero… ¿qué tiene en la cabeza ese impedido?

Hombre globalizado

Tranquilo: ese pleito lo tenés ganado. Nadie puede decirte qué personal podés tener en tu soda.

Nuevo dueño

Pues claro que no. Que se vaya a limpiar zapatos o vender lotería.

Hombre globalizado

¿Vender lotería? ¡Ni siquiera eso! Hace un arremedo bur- lista de Antonio. ¡Lleve lotería! ¡Premio mayor de cien millo- nes! ¡Lleve la lotería! Se carcajea.

(20)

Marisabel

¿Cuáles son entonces, niños, los principales hábitos de higiene que debemos mantener en nuestras casas?

Voces de títeres Niño 1

Comer tres veces al día, Niña Isabel.

Niño 2

¿Y si la comida se acabó en la mañana, qué come uno Niña Isabel?

Niña 3

Mi mamá siempre nos da comida, aunque sea sopa de taca- cos que recoge del cerco.

Niño 1

También hay que dormir con la ventana abierta.

Niño 2

No, porque se meten los zancudos y lo pican.

Niña 3

De por sí, mi casa no tiene ventanas.

Niño 1

Mis cinco hermanos y yo dormimos todos en una cama y uno quiere que abra la ventana, pero a Sotero le da frío porque tenía calentura porque lo picó un bicho el día que se fue a bus- car leña en el monte para vendérsela a don Chinto para com- prar manteca porque mi mamá se torció un pie y no pudo…

Marisabel

Bueno, bueno. Después nos seguís contando lo que le pasó a Sotero. Ahora vamos a copiar la tarea.

En cuanto a tu caso, hay claros indicios de discriminación en ese despido de la soda ¿Tu patrón te dijo algo relacionado con tu discapacidad?

Antonio

Idiay no é. Dijo: yo neeito peonal… con ieto etilo, con fíico nomal… con mejo apaienia.

Abogado

Ajá, con mejor apariencia, qué interesante.

¿Había otra persona presente cuando él dijo eso? ¿Un tes- tigo?

Antonio

No me acuedo. Teo te..., ¡ah, í!, había un aente vendedó en la oda.

Abogado

Muy bien. Tenemos que localizar a ese agente y ponerlo como testigo. Por ahora, el primer paso es ir al departamento de Inspección del Ministerio de Trabajo. ¿Tu patrón te dio una carta de despido?

Antonio

Í, die que é po oeoganiaión e peonal.

Abogado

“Reorganización de personal” ¡Ja! La misma historia de siempre.

Estás dando el paso correcto, Antonio. Tenés que buscar tu autonomía. ¡Exigir igualdad!

(21)

Niña 3

¡Ah, no, niña! Cuéntenos un cuento.

Coro

¡Sí! ¡Cuéntenos un cuento! ¡Cuéntenos un cuento!

Niño 1

Cuéntenos el del hombre que subió la muerte al palo.

Coro

¡Sí, ése, ése!

Aparece La Muerte detrás del radio. Habla con un tono dulce, casi infantil, pero languideciente.

ESCENA III

La Muerte

¿Qué cuento me vas a contar, Carmen Lyra?

Chavela

Consternada.

¿Qué quiere?

La Muerte

Una historia.

Chavela

Consternada.

Usted no quiere una historia...

V ESCENA

Abogado

Yo nací con un problema en la vista que avanzó hasta pro- vocarme la ceguera total. Tenía quince años cuando bajaron el

“switch” y me cortaron la luz. Ríe su chiste. Pero eso no me detuvo para nada, Antonio. Entré en una escuela de enseñanza especial, me enseñaron a usar el bastón y agudizar mi oído.

Aprendí a usar el “Braille”, que es un método de escritura y lec- tura.

Antonio

Ah sí, es uno de puntitos, yo lo ví en la tele.

Abogado

Exacto, así es, bueno Antonio ya ves, si uno quiere puede, con ayuda me adaptaron la metodología y los materiales, des- pués entré a la universidad y saqué Derecho. ¡A duras penas, pero lo saqué!

Antonio

Yo también tielo i a la univeidá, os teapeuta que me atien- den dede hiquillo dien é yo puedo etudia. Dien, abe?? é yo oy muy inteigente. Ríe.

Abogado

Claro que sos muy inteligente y despierto. Ojalá que pudie- ras ir a la universidad. Hay que estudiar. Hay que prepararse. Si uno tiene una discapacidad, eso debe ser un reto, no una barre- ra.

Ya hay suficientes barreras en el mundo para que uno mismo sea su propia barrera.

(22)

La Muerte

Sí. Quiero la mejor historia de tu invención: tu propia his- toria. La última historia antes de salir para México...

Chavela

Yo no voy a ir a México.

La Muerte

Tenés que irte. Transición. Contaste muchas historias de mucha gente pero nunca has contado la tuya.

Chavela

¿Para qué?

La Muerte

Para espantar el polvo del olvido.

La Muerte sacude una tela cerca de ella que levanta una nube de polvo. Chavela tose.

La Muerte

¿Te acordás cuando querías ser monja? ¿Por qué desististe de tu deseo?

Chavela

Dubitativa.

No… no tenía vocación.

La Muerte

No es cierto. A mí no tenés que mentirme.

Antonio

Uancho, no digá eo. Hay te tene otivos paa vivi.

Juancho

¿Motivos para vivir? Hoy me dijeron que no voy a poder caminar… nunca, que los movimientos de los dedos son refle- jo. Que nunca caminaré… Odio esa palabra… ¡nunca!…

¡nunca!

¡Somos estorbos, Antonio! Así como te echaron de la soda, así seremos tratados siempre, como estorbos. No nos queda más que sobrevivir. Sobrevivir y hacerse a un lado porque no estamos invitados al desfile de los “normales”. No estamos invi- tados.

Actor

Hay palabras que resuenan mucho tiempo después en la cabeza… construyendo un acertijo que se enrosca y tritura las ideas.

Tal vez Juancho tenía razón: hay que hacerse a un lado porque fuimos sacados del desfile de los “normales.”

Antonio comprendió que podía conformarse como muchos; o escupir sus lamentaciones entre tragos de licor, como Juancho. Pero aun así, el acertijo enroscado en su pen- samiento, no lo dejaría en paz. Así que lo mejor sería enfren- tarlo… y fue a hablar con un abogado.

(23)

Esto es la jungla, Antonio. Y ahora por esta discapacidad somos parte de esta raza de malditos depredadores con los que debemos convivir.

Y peor cuando ven que uno anda en silla de ruedas de ver- dad, lo marcan, porque saben que es presa fácil porque uno no se puede defender.

Así hay que andar en la calle, Antonio, con ojos en la espal- da conviviendo con esta lacra.

Actor

Juancho no mentía ni exageraba: la calle es una jungla.

Pero Antonio veía más allá de las quejas de Juancho. Una mañana, Antonio confirmó que el dolor de no aceptarse era la otra jungla; la jungla que Juancho llevaba adentro.

Antonio

¡Uancho! Vamo, ya e tade.

Juancho

Hoy no quiero trabajar. ¡Que se vaya el trabajo a la mierda!

Antonio

Vamo, Uancho. Tomate un tafé y no vamo. Hay te apovecha el día.

Juancho

¡No! Estoy harto de esa silla de ruedas. Estoy harto de la lástima de la gente.

Yo era un hombre que caminaba erguido con mis dos pier- nas. Ahora sólo soy un estorbo, un tullido.

ESCENA IV

Mientras se oye el radio, La Muerte se transfigura en la Madre Superiora.

Voz en la radio

“A principios del siglo pasado, en 1906, el Hospital San Juan de Dios, era administrado por monjas,… las Hermanas de la Caridad. Camen Lyra trabaja como novicia”.

Chavela toma un cántaro entre las cosas del ático.

Camina sigilosa.

Madre Superiora

¿Adónde va con ese cántaro, Marisabel?

Marisabel

Nerviosa.

Subía las escaleras, Madre.

Madre Superiora

Sonríe condescendiente.

Ya sé que subía las escaleras. Lo que quiero saber es… con qué propósito cargaba esa agua.

Marisabel

¿El agua?,… ¿del cántaro?

Madre Superiora

Sí. El agua… del cántaro.

Marisabel

Las violetas,… iba a regar las matitas de violetas que están secas.

(24)

Madre Superiora

Suspicaz.

¿No las regaron en la mañana?

Marisabel

No,… bueno, no sé.

Madre Superiora

No recuerdo que hayamos incluido las violetas en sus deberes, Marisabel.

Marisabel

No… yo lo hago por cuenta propia.

Madre Superiora

Alguien está infringiendo las normas establecidas en el hospital Marisabel, y está dándole atención los domingos a mujeres del pecado.

Marisabel

Yo creo que el pecado es no darles agua, Madre.

Madre Superiora

¿Usted va a cuestionar mis disposiciones, Marisabel?

Marisabel

No, Madre. Es que me pareció que…

Madre Superiora

Sus pareceres no son los que administran el hospital.

Marisabel

¿Por qué esa disposición, Madre?, si me permite preguntar.

Comprador burlista

Fingiendo no entender.

¿Qué? ¿Que le meta un huevazo? ¡Cómo voy a hacer eso con un mudito!

¿Me extraña, radio chocho? Cómo te admiro yo cuando te veo vendiendo lotería. Yo con esa forma de hablar, no saldría ni a la esquina de mi choza.

Antonio

E te no tengo nada de te avegonzame. Vegüena me daía hablá bien y deci ólo etupidece.

Comprador burlista

Contrariado.

Ah, sí, ¿verdad? Hay cada idiota que mejor no hablara. ¡Je!

Dame esos pedacillos a ver si me hago millonario.

Actor

También contra “esas barreras” tenía que luchar Antonio.

En compañía de Juancho, Antonio aprendió la ley de la selva que realmente domina la ciudad.

Juancho

No podés descuidarte ni un momento, Antonio. Si un ladrón lo ve a uno descuidado, son momentos para dejarlo sin dinero.

¡Son unas pirañas! Te pueden robar los calzoncillos sin quitarte los pantalones.

Aquí uno ve de todo: tachadores, vendedores de drogas, estafadores que se disfrazan con alguna discapacidad para pedir limosna y a uno lo confunden con esos.

(25)

Madre Superiora

¿Y así pretende usted profesar en nuestra orden, Marisabel?, ¿con cuestionamientos a su superiora?

Marisabel

Sólo quiero saber, Madre.

Madre Superiora

Condescendiente.

¡Sólo quiero saber! Probablemente eso fue lo que dijo Eva antes de morder el fruto del árbol prohibido: “¡Sólo quiero saber!” También el conocimiento es una tentación mundana.

Marisabel

¿Ha visto usted sus llagas, Madre?

Madre Superiora

Armando un juego de palabras.

¿Las llagas de Cristo?

Marisabel

Las llagas de esas mujeres que vienen de los bananales, a las que usted llama mujeres del pecado. Nada tienen que envi- diarle a las llagas de Cristo.

Madre Superiora

¡Las llagas de Cristo son un acto de sacrificio! ¡De purifica- ción! ¡De amor a la humanidad! Las prostitutas de los banana- les tienen llagas porque venden su cuerpo a cualquier precio con cualquier hombre en cualquier lugar. Por eso no reciben atención los días de guardar… ni alimento, ni agua,… para que ofrezcan su dolor como penitencia y purifiquen su alma.

Juancho

Puña ya me pegó Toñito, ¿pero qué?, vamos a vender lote- ría.

Antonio

Í amo, entoneé. ¡A vende loteía!

IV ESCENA

Actor

… y qué razón tenía Antonio, pues las personas con disca- pacidad son primero y ante todo Personas;… pero… la vida en las calles es muy diferente al trajín de una soda. Antonio tenía que llevar a Juancho en su silla de ruedas luchando contra los cordones de los caños sin rampa. Esquivando huecos y a los conductores impacientes cuando la silla de ruedas se atravesa- ba en su camino o a esos autobuseros y taxistas que no quieren nunca subir a una persona en silla de ruedas.

A pesar de las barreras de una ciudad indiferente, Antonio se animó a vender lotería por su cuenta.

Antonio

¡Loteía loteía tetenta y cuato pata hoy!

Comprador burlista

Oiga, radio chocho, véndame dos del cero uno.

Antonio

Olo me teda un pedato.

(26)

Una tarde, volviendo a la casa, me topé de frente con ese carajo que se había metido contravía.

No tenía reflejos para controlar el carro, pero sí los tuvo para darse a la fuga.

Pasé un año en cama y después… esta silla de ruedas y este ahogo, este apretón de pecho que no me deja respirar. ¡Je!

Esta silla de ruedas es lo único que he intentado manejar desde hace un año, que se me ha hecho un siglo. Tose.

Antonio

¿Y va a pode tamina ota ve?

Juancho

Mirá, yo creía que no, pero en la última sesión de terapia…

¡pude mover los dedos de los pies! ¡No te imaginás la alegría que sentí, Antonio! Idiay, así, poco a poco, voy a poder recupe- rar el movimiento y volver a caminar,… y a lo mejor hasta vuelvo a andar en bicicleta.

Antonio

¿Andá e iquiqueta?, ¿Ota ve?

Juancho

¡Claro! Pero bueno, hay que darle tiempo al tiempo.

¿Entonces, qué?, ¿me ayudás a vender lotería? Ahí nos arreglamos con las ganancias… entre dos discapacitados.

Antonio

U mometo Uancho ni ó ni uté omo ditapaitado, pimeo omo peonas y depué teemo una ditapaidad, no me guta que me digan ditapaitado… omo peona con ditapaidá entendé.

Marisabel

¿Penitencia?, pero ¿qué más penitencia que su vida llena de privaciones? Quienes las llevan a los bananales saben eso:

saben que no tienen adónde ir ni qué comer y por eso las mal- tratan. ¿No es injusto que nosotras también echemos sal en sus llagas?

La Madre Superiora guarda silencio.

Yo no conozco los bananales, Madre. Pero deben ser tan miserables como el infierno si eso es lo que hacen de una mujer. Transición. ¿Me va a dar permiso de llevarles agua, Madre?

Madre Superiora

¿Por qué tantas atenciones especialmente con esas mujeres?, ¿será que su condición de hija… sin padre la hace identificarse con tristes destinos como el suyo?

Marisabel

Tal vez.

Marisabel toma el cántaro y avanza.

Madre Superiora

¡María Isabel Carvajal! ¡El Hospital San Juan de Dios tiene normas! ¡Reglas! ¡Nunca podrá usted pertenecer a nuestra orden!

ESCENA V

En la radio suena música de fox trot.

La Muerte

Fue por no tener padre que te rechazaron las hermanas de la Caridad.

(27)

Chavela

Esa era su costumbre: cobrar a inocentes las faltas de otros; o tal vez fue por golosear el fruto prohibido de la verdad.

La Muerte

Y se los reclamaste cada vez que podías en tus escritos.

Chavela

¿Reclamos? Sonríe. Es una bonita forma de llamarlos.

Voz en la radio

“¡Pobre muchacha! Mientras caminaba la pensé muerta, descansando en su ataúd en el medio de la iglesia con el rostro de momia iluminado por la luz de los cirios. Entretanto el órgano llenaría la iglesia de música grave, y en su nicho el Corazón de Jesús seguiría sonriendo con su inútil sonrisa y mostrando el corazón sangriento que no puede dar amor a los que tanto lo necesitan en la vida”.

La Muerte

Ese es uno de tus textos que más me gustan: “el corazón sangriento que no puede dar amor a los que tanto lo necesitan en la vida”. Eso debió dolerles a los señores de la iglesia.

Chavela

Reflexiva.

¿Dolerles?... ¡qué va! Para que algo duela tiene que haber sensibilidad y eso es muuuy raro en los señores de la iglesia.

La Muerte

Sarcástica.

Les doliera o no les doliera, esa fue tu forma de empezar esa brillante carrera de redentora… y como toda redentora, ahora quieren crucificarte. Pero a quién quieren crucificar…

de hace algo po mí mimo y te voy a vivi a cotillas demi pade toda mi vida.

¡Yo puedo tabaja, mamá!, ¿entendé? ¡Yo neeito tabaja!

¡Tengo mano, pie, ojo paa ve pefetamente!

¡Puedo tabaja! ¡Tieo tabaja! ¡Neeito tabaja! ¡No soy un invá- lido, mamá!

Mamá

Está bien, Antonio. Pero no te pongás así. Yo sólo quiero que no te hagan daño.

Antonio

Nadie me hae daño, mamá. Lo únito te me hae daño e te me tengan látima y te digan te no pueo. Eo í me hae daño mamá.

Actor

Sin embargo, Antonio encontró a alguien que podía enten- derlo. Alguien en quien podía mirarse como en un espejo.

III ESCENA

Juancho sentado en una silla de ruedas.

Juancho

Fue un conductor borracho el que me sentó en esta silla de ruedas, Antonio. ¡Yo era un ciclista buenísimo! ¡Nada me hacía más feliz que agarrar mi bicicleta y meterme en caminos de tierra a darle a los pedales! ¡Hasta en competencias de

“mountain bike” estuve…!

(28)

Actor

Antonio se preguntaba cuántos caminos más faltaban antes de encontrar a una persona sensata. Cuántas veces más debería escuchar que lo llamaran “enfermo”, “disminuido”,

“retrasado” y todas esas categorías que alguien inventó para diferenciarlo de las personas normales.

Cuántas veces más debería escuchar el mismo discurso de su mamá.

Mamá

Ya sé que me vas a decir que siempre te digo lo mismo, Antonio. Pero vos sabés que tengo razón: estarías mejor aquí en la casa que en uno de esos trabajos donde te van a tratar mal y hasta te puede pasar un accidente.

Antonio

Peo mamá acuédeé e yo no hablaba… y el teapeuta de leguae me eeñó y ampoco aminaba y lo teapeuta del hopital me ayudaon a er idepediete.

Tengo e alir adelante mamá y debo uar mi tapaidade paa valeme po mí mimo, o qué ¿voy a vivi a cotilla de utede toda a vida?

Mamá

¡Ay, Antonio!, tu papá gana lo suficiente para nosotros y vos podés pedir ayuda económica a alguna fundación.

Antonio

Colérico.

¡Clao, mamá! Llego y le digo te oy un diminuido, intapaz

¿a Chavela?, ¿a la niña Isabel?, ¿a Carmen Lyra, la escritora que levantó tanta roncha?

Chavela

Molesta.

Carmen Lyra no es ninguna redentora.

La Muerte

¿Ah, no?, ¿no fue Carmen Lyra, la escritora?, ¿entonces fue María Isabel Carvajal la distinguida pedagoga que fue a estudiar a Europa la que provocó tanto odio?… Los distingui- dos caballeros de los principios del siglo veinte, no podían soportar que una mujer los emulara en capacidad intelectual…

¿o es la niña Chavela, la maestra, la que quiere inmolarse por la niñez costarricense? Se carcajea. Eso es lo que has buscado toda tu vida… Chavela, niña Isabel, Carmen Lyra o como que- rrás llamarte. Y ese es el fruto de tus desvelos: metete a reden- tora y terminarás crucificada.

Chavela

Dicen que me quieren arrastrar del pelo por las calles.

La Muerte

Dicen, no. Categórica. Lo van a hacer. Si les das la oportu- nidad, lo van a hacer. Frente a la chusma, que aplaudirá de pie, como quien ve arrancarle el pescuezo a una gallina. Como quien ve a un pobre diablo despedazarse en la cornamenta de un cebú en la corrida de toros. Hace unos pases. ¡Y olé, Chavela! ¡Ole, toro!...

Chavela

Mucha agua ha pasado por el molino desde que los seño- res poderosos pagaban a sus jornaleros con una palmada en la espalda. Será duro para ellos pero ahora este pueblo piensa.

(29)

La Muerte

El pueblo no piensa, Chavela. El pueblo es un niño tarado que se engaña con una melcocha barata para que haga lo que ellos quieren que haga. ¿No lo estás viendo?

Chavela

Agitada.

¡Mentira! ¡No es cierto! ¡Sos una tramposa! ¡Revolcás sólo los recuerdos que te interesa revolcar. Cuando el pueblo tiene que sacudirse, se sacude… ¡así quemamos el periódico La Información cuando quisimos sacudirnos a los Tinoco, así obligamos a la Compañía Bananera a negociar en la huelga del 34. ¡Esos son recuerdos que vale la pena recordar!

ESCENA VI

Voz en la radio

“Federico Tinoco era un agricultor y comerciante que ayudó con una participación muy activa a la elección de Alfredo González Flores en 1914. Ya en la presidencia, González Flores lo nombró su Secretario de Guerra. Era su hombre de confian- za y, al parecer, uno de sus más íntimos amigos. Pero como luego lo demostró, no era hombre que calzara en el gobierno al que servía. Su espíritu era aristocratizante y oligárquico. Y cuando se desató una oposición feroz contra el gobierno (enca- bezada por las clases adineradas a las que don Alfredo González les quería poner impuestos tras haberles arrebatado el control absoluto que ejercían sobre la banca), Tinoco se convirtió en el instrumento de esa oposición, y en el único golpe exitoso de cuartel que ha conocido la Costa Rica del siglo veinte, derrocó el 27 de enero de 1917 al gobierno y se proclamó Presidente”.

¡Ve! Ese es el problemita.

Giro del actor a encargado de limpieza.

Encargado de limpieza

¡Ah!, usted es el que llamó para el puesto del que limpia...

¡pura vida! Usted está bien recomendado, así que si quiere se queda de una vez.

Antonio

Po mí no hay pobema, yo puedo tedame ahoa mimo.

Encargado de limpieza

¡Ah!…, eh…, es que…, bueno, no me habían dicho que vos eras…

Antonio

¿Minuválido?

Encargado de limpieza

¿Ah?… eh sí: enfermito. Eh, digo: discopacit… bueno sí, eso.

Entonces voy a tener que consultar, primero.

Antonio

Vego a limpia, no a cantá Ópea.

Encargado de limpieza

¿Ah, qué?… ¿cantar ópera?… ¡ah, sí, qué buen chiste! Pero no, no es eso… es que… en caso de personas disminuidas como usted, tengo que consultar con el jefe.

Cualquier cosa, nosotros le avisamos.

(30)

Actor

Hay malestares y decepciones. Penas y quebrantos. Pero lo que Antonio sintió al salir en su último día de trabajo es el dolor en el alma de quien ve su vida partida en dos.

No es sólo un asunto de trabajo… es que los seres huma- nos con nuestro trabajo cotidiano, apilamos pequeñas piedras con las que construimos la torre donde habita nuestra digni- dad… nuestro orgullo, nuestro empeño. Y desde esa torre podemos mirar el mundo con firmeza. Pero cuando la torre de piedra cae, el coraje también se resquebraja.

II ESCENA

Actor

Empezó entonces para Antonio, un largo calvario llaman- do a las puertas de un mundo que fue hecho sólo para las per- sonas... normales.

Secretaria

No, no. Por el momento no tenemos puestos disponibles.

Antonio

Peo un amigo me dijo te etaban neeitando tagadoes en la bodega.

Secretaria

Bueno, sí..., pero es que..., cómo le dijera. De súbito.

¿Usted habla inglés?

Antonio niega con la cabeza.

Inspector

Señorita Carvajal, no encuentro su nombre en la lista de firmantes del impuesto de guerra a los maestros.

Chavela

Si no lo encuentra, señor inspector, es porque no estoy entre las firmantes.

Inspector

El Presidente Tinoco advirtió…

Chavela

Primero que todo, no hay ningún presidente que se llame Tinoco… si se refiere al dictador Federico Tinoco, sí sé quién es...

Inspector

Amenazante.

Estamos levantando una lista de todos los maestros y maestras que se nieguen a pagar el impuesto de guerra.

Chavela

Retadora.

¿Ajá? ¿Y qué nos van a hacer? ¿Cerrar el magisterio y man- darnos a todos los maestros a coger café?… ¿o torturarnos hasta morir como hicieron con el padre Ricardo de Atenas?

Inspector

Eso no me corresponde a mí decidirlo. Yo me limito a levantar el listado.

Chavela

¿Y tiene suficiente tinta y papel? Porque esa lista será enorme. Ninguno de nosotros está dispuesto a dar un céntimo para apilar cadáveres de jóvenes voluntarios camino del mata- dero.

(31)

Inspector

Usted tendrá noticias del Presidente Tinoco, señorita Carvajal.

Chavela

No. El dictador Tinoco tendrá noticias nuestras, señor ins- pector.

Sale el inspector.

Voz en la radio

PREGONERO: ¡Lleve La Información! ¡Ùltimas noticias!

El presidente Federico Tinoco dice que va a despedir a todos los maestros revoltosos y mandó a cerrar las escuelas y los cole- gios. ¡Lleve La Información!

Bullicio de multitud. Chavela eleva su voz por encima de la muchedumbre.

Chavela

¡Vamos a demostrarle a estos pelagatos que los educadores no somos ningunos pendejos, ni estamos dispuestos a aguan- tar que nos pisoteen nuestra dignidad. Si el periódico La Información está con los dictadores, entonces hay que desapa- recer ese periódico.

Voz en la radio

VOCES PROTESTANTES: ¡A La Información!

Chavela frente al edificio de La Información.

Chavela

A Maestra.

¿Trajiste el kerosen?

Maestra

¡Ay, sí, Chavela! Pero mejor no hagás eso, si te agarran, te meten en la cárcel, Santísima Virgen!

Actor

Una semana después, el nuevo dueño habló con Antonio.

Nuevo dueño

Antonio: voy a prescindir de sus servicios. Quiero darle otro carácter a la soda… algo más dinámico, algo con más

“look”… usted me entiende. Necesito personal con buena ima- gen.

Antonio

Tengo iete año de tabaja atí, seño. Lo cliente nunta me han vito mal.

Nuevo dueño

Yo sé, yo sé, Antonio. Los clientes viejos ya están acostum- brados a... su forma de ser; pero como usted se ha dado cuen- ta, ahora viene nueva clientela y yo necesito personal... con cierto estilo, con físico normal… con mejor apariencia, ¡ah usted me entiende! ¿verdad?

Antonio

No é , bueno, i uted tiee no atiendo a lo cliente, peo puedo tedame lavando plato o limpiando a entana… o haciendo algu- na ota tosa. Ete ha ido mi tabajo dede jovenillo y me guta mucho. A una peona on ditapaitá le cueta mucho encontra tabajo.

Nuevo dueño

Yo sé, Antonio, pero como usted comprenderá, es asunto de negocios.

(32)

Chavela

¡Qué Virgen ni qué ocho cuartos! Para eso me disfracé de hombre, para que no me agarren. ¡Vamos a quemar ese perio- dicucho!

Marisabel realiza acción de quema.

Voz en la radio

“¡Ah, cómo ha de haberse reído el traidor en presencia de vosotros. Desde aquí oigo las carcajadas de este audaz detenta- dor de los dineros y las libertades del país, viéndoos con las manos afanadas en escribir memoriales al Congreso, cuando deberíais tenerlas empañadas ya en el combate por la reivindi- cación del nombre y la dignidad de Costa Rica.”

VOZ ANÓNIMA: ¡Se está quemando el periódico! ¡Llamen a los bomberos!

Ruido de campanas de bomberos mezclados con gritería.

Todo el ruido se diluye en música suave.

La Muerte

Eran otros tiempos, Chavela. Casi veinte años.

Chavela

¿Qué significa eso?, …¿querés que te cante un tango?…

Canturrea. “Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en la sombra te busca y te nombra…

La Muerte le sigue el juego.

La Muerte

…vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que lloro, otra vez.”

Chavela

¿Qué me decís ahora, vieja zorra? ¿A mí me vas a hablar de la memoria de los pueblos?

Hombre globalizado

No le entiendo ni un pepino, señor. ¿No hay aquí una per- sona normal que me pueda atender?

Actor

“Persona normal”. Hacía mucho tiempo que Antonio no escuchaba esas palabras.

Ante las protestas del cliente, el mismo dueño llega a aten- der a su amigo.

Nuevo dueño

Tranquilo, Mario. Yo voy a servirte, ¿qué es lo que pediste?

Hombre globalizado

Sólo le pedí un café y un emparedado.

Perdoná que me meta en lo que no me importa, pero si vos querés que tu negocio prospere, no podés tener a un mesero retrasado atendiendo. ¡Imaginate! No me entendía ni yo le entendía.

Eso da mal aspecto ¡a quién se le ocurre!

Nuevo dueño

¡No sé, Mario! Yo he estado pensando lo mismo desde que tomé la soda.

Pero pienso que hay que tenerle un poco de paciencia.

Hombre globalizado

¡Paciencia! Si querés hacer caridad, trabajá en un hospital, o con las damas vicentinas, en una iglesia o algo así… pero los negocios son los negocios.

(33)

La Muerte

Apenas tres días después de que salgás para México todos los que te elogiaban, te olvidarán, Chavela.

Chavela

¡Y dale con eso, carajo! Yo no me voy a México. Si de algo ha servido toda esta parafernalia es para comprender que no me puedo ir.

La Muerte

Se carcajea y la mira condescendiente.

¡Sos una niña malcriada, eso es todo! Creés que el destino se evade simplemente con un velo de indiferencia. ¡Hasta la muerte es nuestra propia responsabilidad en esta tierra. Vos misma trazaste tu camino hace muchos años.

Chavela

Sarcástica.

¡Ja! Eso sí está bueno. Ahora querés convencerme de que soy una especie de personaje de tragedia griega. Se carcajea.

Burlona. ¡Oh, dioses del Olimpo! Heme aquí, discutiendo con esta pelona mi cruel sino. ¿Cuál ha sido mi afrenta a vuestras divinidades? ¿Acaso sea robar el fuego de los dioses y entregar- lo a los mortales, como lo hizo el afamado Prometeo…eo, eo, eo...

Chavela se dobla sintiendo un fuerte dolor en su abdo- men.

La Muerte

Prometeo terminó encadenado eternamente a una piedra para que un águila, todas las mañanas, le comiera su hígado. Y a la mañana siguiente, todo volvía a empezar en su rutina inmortal: las cadenas, el águila y el hígado. La inmortalidad también tiene su precio.

Hombre globalizado

No, no, no, papá: esa mercadería hay que sacarla rápido de la aduana. ¡No ves que ahora es cuando se puede vender a mejor precio! Después el mercado se satura y los precios se vie- nen abajo. Deja el celular por un momento. Mesero, tráigame un café negro y un emparedado de queso.

Antonio

¿Tómo tiee el tafé, gande o peteño? ¿Tiee pan integal o coiente?

Hombre globalizado

¿Qué? ¿Qué dice?

Antonio repite las preguntas.

Antonio

¿Tómo tiee el tafé, gande o peteño? ¿Tiee pan integal o coiente?

Hombre Globalizado sigue hablando por celular.

Hombre globalizado

Pues entonces, cambiá de agente aduanero, Carlos.

Buscate un agente que tenga patas dentro de la aduana; si hay que sobornar a alguien para que la mercadería salga más rápi- do, no importa. Se percata de la presencia de Antonio. Oiga, mesero, ¿usted está aquí todavía? Le pedí que me trajera un café y un emparedado.

Antonio repite las preguntas nuevamente.

Antonio

¿Tómo tiee el tafé, gande o peteño? ¿Tiee pan integal o coiente?

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