Un encuentro con Roberto Fernández
Retamar a casi cincuenta años
de su C
aliban
María Isabel Rodríguez Martínez
1Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
E
l poeta, ensayista y escritor cubano Roberto Fernández Retamar (La Habana, 1930) es considerado uno de los más importantes intelectuales de nuestra América en el siglo xx. La agudeza de sus letras le ha mere-cido importantes reconocimientos nacionales e internacionales. Inician-do el tránsito hacia su verdadera formación, en la Facultad de Filosofía y Letras de La Habana (1954), los “años de estudiante describen un lector incansable, primer expediente de curso, a quien nada de la vida resultaba indiferente. La capacidad de fraguar ideas, reuniendo a su coetáneos en la pequeña sala de su casa en la Víbora, y los días de 1953, cuando se pro-dujo el golpe militar contra Batista”2 ya habían forjado a un estudiantePara entonces contaba con dos cuadernos: Elegía como un himno3 y
Pa-trias.4 Ningún libro antes había hablado sobre La poesía contemporánea en
Cuba (1927-1953),5 tesis de grado que le mereció ganar una beca para La
Sorbona en París, donde fue alumno del gran lingüista André Martinet. Al término del curso, con apenas veinticuatro años de edad, volvió a su país (1955) para presentarse a concurso de oposición, ganando la cátedra de Filología Clásica y Lingüística impartida en la Universidad de La Habana.
Hacia 1957 el profesor José Juan Arrom lo invitó a dictar durante un año (1957-1958) un curso de posgrado sobre la poesía hispanoameri-cana contemporánea en la universidad de Yale en Estados Unidos. Aun antes, en 1951, ya había tenido la oportunidad de colaborar en la revista Orígenes, “donde tuve el privilegio de estar, de aprender, de alcanzar mi maduración inicial –escribe– junto a personalidades como: José Lezama Lima, Eliseo Diego Mariano, Cintio Vitier, Virgilio Piñera”.6 La
expe-riencia que lo forjó en Orígenes permitió que en 1960 tomara la dirección de la Nueva Revista Cubana.
Además de escritor, Fernández Retamar fungió como consejero cul-tural de la embajada cubana en Francia (1960), y se desempeñó entre 1961 y 1964 como secretario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, desde 1965 ejerció el papel de director de la revista Casa de las Américas, de donde aún en nuestros días se desempeña como presidente. Ha sido traducido a casi todos los idiomas, y su ensayo Caliban configura un importante aporte al campo de las ideas en torno al debate sobre la cultura latinoamericana y caribeña. Su figura es, pues, voz y lucha en de-fensa de nuestra América, sus textos son, en síntesis, formas de plantear al mundo los problemas centrales de nuestros países.
Vivió de cerca la Revolución Nicaragüense, presenció la Guerra de Vietnam del Norte (1970): desde Hanoi hasta el paralelo 17. La adhesión a estos hechos con el fin de realizar un film sobre la guerra de agresión de los Estados Unidos contra aquel país, lo une más a la defensa de América Latina, por la que ha pugnado a lo largo de su vida.
Entrevista personal, concedida en Casa de las Américas, La Habana-Cuba, 24 de septiembre de 2014
María Isabel Rodríguez Martínez (M.I.R.M.): Sabemos que reconoce entre sus maestros principales a José Martí, humanista por excelencia y gran figura de nuestra América, al igual que usted. Nos gustaría saber algunos de los rasgos que considera han contribuido también en su for-mación y la composición de su pensamiento.
Durante el periodo de la lucha contra Batista, yo pertenecí a un mo-vimiento de Resistencia Cívica y escribí algunos artículos en la prensa clandestina. Después del triunfo de la Revolución Cubana, escribí bas-tante en la prensa, en el periódico Revolución. Y después me fui aden-trando –como le decía– en este tipo de ensayo que tomaba en cuenta ya no el hecho literario solo, sino el hecho histórico, y por eso me interesa destacar este ensayo que se llamó: Martí en su Tercer Mundo. Ahí se ve el cambio que hay de los estudios literarios en que yo estaba entregado antes, a los estudios de la interpretación de la realidad histórica a que me llevó la Revolución Cubana. Si no hubiera sido por la Revolución Cu-bana yo hubiera posiblemente seguido escribiendo trabajo puramente literario, pero el impacto de la Revolución fue muy fuerte, entender lo que era la Revolución, entender los nuevos elementos que ponía a la luz.
impugnar esa dicotomía: civilización y barbarie, específicamente en este libro que se llama: Algunos usos de Civilización y barbarie en que impugno las tesis de Sarmiento. Sarmiento fue una figura muy complicada, por-que fue un gran escritor. Facundo, su gran libro, pero dese el punto de vista ideológico, desde el punto de vista político, me parece que fue muy negativo. Más o menos en ese estado nos encontramos.
M.I.R.M.: El pensamiento de Roberto Fernández Retamar sienta sus bases en la existencia de una cultura latinoamericana. Nos gustaría es-cuchar cómo define usted la existencia de esa cultura e identidad en América Latina.
R.F.R.: Hay una cultura en América Latina y el Caribe, hay países con los que tenemos los cubanos relaciones muy fuertes, como el caso de México. México y Cuba son países muy cercanos desde el punto de vista cultural. Yo fui a México por primera vez cuando usted no solo no había nacido, sino sus padres no se conocían todavía. Fue en el año 52, ima-gínese usted, tuve la oportunidad de entrevistarme con Alfonso Reyes, que tanto admiraba. Vi a Rufino Tamayo pintando los murales de Bellas Artes. Vi a Diego dando una conferencia y establecí una amistad muy fuerte con muchísimas personas de México. Y después he vuelto muchas veces a México. Hay otros países de América Latina con los que también nos une una amistad muy estrecha, como Argentina, por ejemplo. Hay un país en particular con el que tenemos, me atrevo a decir, cariño espe-cial, que es Puerto Rico. Porque Cuba y Puerto Rico estuvieron unidas como las últimas colonias españolas en América, y muchos otros países.
pero yo creo que existe esa cultura latinoamericana y caribeña que está en pleno desarrollo, ese es el criterio que guía mi trabajo, es el criterio que guía la Casa de las Américas.
“Identidad” es un término muy complicado. Cuando yo era muchacho y estudiaba la enseñanza secundaria, que entonces se llamaba bachillerato, había una disciplina que era Filosofía y otra que era Lógica. Y en Filoso-fía estudiábamos el punto de vista de Parménides y el punto de vista de Heráclito: “Toda cosa es igual a sí misma”. Pero Heráclito decía: “Todo fluye”. Entonces determinamos decir que toda cosa está siendo igual a sí misma y la identidad participa de esto. La identidad no está dada de una vez para siempre, sino que se va construyendo constantemente, se va mo-dificando, se va ampliando, se va reduciendo, va adquiriendo una figura que siempre es móvil, que no está dada de una vez para siempre. Por eso la identidad latinoamericana no es una cosa que exista de una vez y para siempre, está existiendo en una relación dialéctica con el resto de los países que la forman, antes a esto se le llamaban las series. Las series políticas, series económicas. Y no me gustaría quedar preso en una visión estrecha de la identidad, me parece que es bueno verla en su dimensión múltiple, en su variedad, en su crecimiento, en su reverdecimiento.
la cultura de la América Latina y el Caribe como una cultura distinta de las demás culturas, me parece que es un criterio compartible y me llama la atención y me alegra que una persona que políticamente era hostil a noso-tros, sin embargo pudiera ver ese perfil, esa figura de la cultura latinoame-ricana y caribeña como una entidad propia.
M.I.R.M.: Han transcurrido más de cuarenta años de la primera pu-blicación de su texto Caliban, ensayo que ha tenido una enorme repercu-sión en el campo de las ideas y la cultura de América Latina, no sólo al interior de la misma, sino fuera del continente también. Usted mismo ha modificado muchos de los primeros planteamientos que sentó en el original de Caliban, añadiendo, clarificando muchos puntos de vista. A la distancia, ¿cómo es que concibe Roberto Fernández Retamar a su Caliban?
En el año 86, en Buenos Aires, pude pasar una tarde con Borges, le pedí que nos autorizara publicar una selección de sus trabajos, él accedió y poco después salió publicada por la Casa de las Américas una selección de páginas escogidas de Borges, yo hice la selección y escribí el prólogo, y así en otros aspectos en ensayos sucesivos. Después de Caliban, fui poniendo las cosas en su lugar. Caliban es un ensayo muy irritado y me imagino que también muy irritante, he tratado de alguna manera de li-mar las partes más injustas del ensayo, y me gustaría por eso que se leye-ra el ensayo junto con los otros que forman parte del libro Todo Caliban. No trabajaba todavía en Casa de las Américas cuando escribí Martí en su tercer mundo, pero sí cuando escribí Caliban, ya después Caliban salió como libro en México primero que en ningún otro país. Había salido en la Revista Casa a finales del año 71 y salió en la Editorial Guiones y Segmentos. Después yo escribí otros trabajos sobre Caliban y los reuní en un librito que quizás usted tiene, que se llama Todo Caliban. Ahí está en primer lugar el punto de vista que usted ha hecho suyo de no llamarlo Ca-libán sino Caliban, pero además muchos otros trabajos que giran en torno a Caliban, al punto de que me he convertido, como le decía, en un celoso al lado de Caliban porque soy un desconocido al lado de él. También entre los libros que he publicado en una edición mexicana está Para una Teoría de la Literatura Hispanoamericana, tuvo unas ediciones en México, Colom-bia y Cuba, por supuesto. Se hizo una edición que yo le llamo la primera edición completa en el año 95 del siglo pasado, en el Instituto Caro y Cuervo, Colombia. Ahora, en Cuba, acaba de salir una nueva edición.
M.I.R.M.: Sabemos del papel fundamental que usted ha desempe-ñado como presidente de la Casa de las Américas. La Casa de las Amé-ricas, en sus inicios, fue creada como un espacio de confluencia cultural con base en una visión continental y fomentó el encuentro de muchos de nuestros mejores intelectuales. Actualmente, ¿cuál es el criterio que guía a la institución?
ma-ravillosa, había sido una figura política, una revolucionaria muy fuerte, estuvo en el asalto al Moncada, la Sierra Maestra, la lucha clandestina y con la Casa de las Américas. Llevó a la Casa de las Américas todo ese prestigio y el influjo del espíritu revolucionario, del que ella era excep-cional portadora. La revolución de la Casa de las Américas es muy curio-sa. Por ejemplo, al principio la Casa de las Américas trabajaba solo con áreas hispanoamericanas de lengua española, con el tiempo incorporó la cultura brasileña, de lengua portuguesa, la cultura caribeña del inglés y francés. La Casa ha ido creando también las distintas direcciones de las que consta: literaria, teatral, musical, plástica. Ha ido creando pro-gramas para el estudio de la mujer, que debe mucho al programa del Colegio de México de estudio de la mujer. Ha creado un programa de latinos en los Estados Unidos, ha creado un programa para el estudio de las culturas originarias de nuestro continente de América y estamos en trance de crear un programa de estudios sobre Afroamérica, así que tratamos en la medida de lo posible de ir englobando todas las múltiples realidades culturales de nuestra América.
ni siquiera en presente, hay que hablar de ella en presente, pero también en futuro.
En la década del 20 del siglo pasado, México desempeñó un papel muy importante, cuando Vasconcelos fue secretario de Educación Públi-ca, creó la Universidad, atrajo a muchas personas importantes a México, por ejemplo Gabriela Mistral, cuando era una maestra poco conocida. Entre esas personas estuvo un estudiante argentino llamado Arnaldo Or-fila, que pasado el tiempo sería el editor del Fondo de Cultura Económi-ca. Después del siglo xxi México ejerció un papel irradiante muy fuerte y yo creo que nosotros hemos querido en la medida de nuestras fuerzas anclar algo similar en lo que toca a Cuba en general y a la Casa de las Américas en particular: un centro para estimular los contactos intelec-tuales, escritores de nuestro continente, o sea, que no estoy hablando de un proyecto solo mío, sino de un proyecto más vasto, desde la Casa de las Américas de alguna forma.
M.I.R.M.: Llama la atención en nosotros sus inicios en el mundo de las letras a tan temprana edad en la revista Orígenes, lugar de mayor madurez intelectual, como ha señalado usted mismo, pero además su contacto con diversas figuras intelectuales como Hemingway, Alejo Car-pentier, Nicolás Guillén, entre otros. ¿Nos podría hablar un poco de ese itinerario intelectual que lo permeó?
literatura de Hemingway, bueno, con el tiempo me di cuenta de que el elemental era yo y no Hemingway, porque eso que parecía simpleza en Hemingway, en realidad era madurez. Hemingway había llegado a su estilo por un proceso de fortalecimiento de los elementos fundamenta-les. A Alejo Carpentier lo conocí una tarde cuando fue a visitar a una gran figura de nuestras letras que afortunadamente vive todavía: Fina García Murruz, quien había dado a luz a su segundo hijo, José María, que se convertiría con el tiempo en un gran músico cubano. Ahí conocí a Alejo, pero realmente mi estrecha relación con Alejo se produjo a partir del año 59, cuando él regresó a vivir a Cuba después del triunfo de la Revolución. Otra figura muy importante para mí fue Lezama Lima, yo tenía veinte años cuando leí poemas que él hizo publicar en la revista Orígenes. Había conocido poco antes a Fina García Murruz y a su esposo Cintio Vitier, grandes escritores los dos que ejercieron mucha influencia sobre mí. Conocí a Guillén antes de la Revolución, después trabajé con Guillén porque él fue presidente de la uneac, que se creó en 1961 y yo fui secretario coordinador de la Unión y, bueno, así podría mencionar a otras muchas personas. Estamos celebrando el centenario de algunos escritores cubanos como son Samuel Feijóo, como Onelio Jorge Cardo-so, pero es también el centenario de muchas figuras importantes en el continente todo, de Cortázar, de Bioy Casares, de Octavio Paz, de Efraín Huerta, José Revueltas, de Pedro Jorge Vera en Ecuador, bueno, con todos ellos tuve relaciones muy estrechas.
la ocasión de formar parte del jurado del Premio de Poesía de Aguasca-lientes en México, conjuntamente con Efraín y con Jaime Sabines, que son en verdad dos grandes poetas. En cuanto a México me sería muy difícil enumerar todas las relaciones que he tenido y que tengo, ahí vive ahora la princesa Elena Poniatowska a quien tanto quiero, conocí a Luis Villoro, el filósofo, el pensador, y después conocí a su hijo: Juan Villoro, quien participó también en la semana de autor de hace un par de años aquí en la Casa de las Américas y con quien hemos hecho fuerte relación, de manera que no puedo enumerar a todos y todas quienes han colabo-rado a que la Casa de las Américas sea lo que es.
Toda la información será utilizada con fines académicos con el acuerdo del entrevistado.
Notas
1 María Isabel Rodríguez Martínez es licenciada en Historia por la Universidad
Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, actualmente cursa el posgrado de maestría en el Instituto de Investigaciones Históricas (iih) de la misma institución. Su línea de investigación se desarrolla en torno a la historia intelectual y cultural de América Latina del siglo xx.
2 Pogolotti, Graziella, “Aquel estudiante de arquitectura” en Homenaje a Roberto
Fernández Retamar,
Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Núm. 1-2, Enero-Junio del 2000, p. 50.
3 Fernández Retamar, Roberto, “Elegía Como un Himno: (A Rubén Martínez
Vi-llena)”, 1999.
4 Fernández Retamar, Roberto, Patrias. 1949-1951. Libro que le mereció el
pre-mio nacional de poesía en su país, 1952.
5 Fernández Retamar, Roberto, “La poesía contemporánea en Cuba (1927-1953)”,
2009.