UNIVERSIDAD VERACRUZANA
FACULTAD DE PSICOLOGÍA Y EDUCACIÓN
MAESTRÍA EN DESARROLLO HUMANO
PROMOCIÓN DEL DESARROLLO PERSONAL DE
ADOLESCENTES EMBARAZADAS
T E S I S
Q u e para o b te n e r el T ít u lo de:
M A E S T R A EN D E S A R R O L L O H U M A N O
P re sen ta:
S A N D R A V IR G IN IA S O T O C Ó R D O B A
UNIVERSIDAD VERACRUZANA
INSTITUTO DE PSICOLOGÍA Y EDUCACIÓN
MAESTRÍA EN DESARROLLO HUMANO
PROMOCION DEL DESARROLLO PERSONAL DE
ADOLESCENTES EMBARAZADAS
TESIS
Que para obtener el T ítulo de:
MAESTRA EN DESARROLLO HUMANO
Presenta:
SANDRA VIRGINIA SOTÓ CORDOBA
Directora de tesis:
DRA. MARÍA DEL PILAR GONZÁLEZ FLORES
RESUMEN
La problem ática d e l em barazo en México puede considerarse com o una
situación com plicada por m ú ltip les factores. Aunque la tasa d e fecundidad, según
e l Consejo N acional de P oblación (CONAPO, 2004), ha descendido en las edades
d e 15 a 19 años, siguen presentándose em barazos no deseados. Aunado a las
características propias de la adolescencia, las m ujeres jóvenes que se em barazan
se ven obligadas a abandonar esta transición niñez-adolescencia de m anera
abrupta y a cum plir fu n cio n e s de m adre, en algunos casos, volviéndose un
im pedim ento para construir un proyecto d e vida y p o r lo tanto d e su desarrollo. Se
presentan resultados de un trabajo grupal con adolescentes em barazadas que
pretende contribuir al d e sa rro llo personal de las mismas en una población del
E stado de V eracruz.
INDICE
Resumen i
Lista de T ablas y figuras v
CAPÍTULO UNO: INTRODUCCIÓN
1. Planteam iento del problem a 1
2. P regunta de Investigación 3
3. Justificación 3
4. A ntecedentes 5
5. O bjetivos 16
6. Im portancia del estudio 16
7. Lim itaciones del estudio 17
CAPÍTULO DOS: MARCO TEÓ RICO
1. M arco Teórico: Enfoque C entrado en la P ersona 18
2. C onstructos relevantes para la com prensión del desarrollo
P ersonal de adolescentes em barazadas 19
2.1. Tendencia A ctualizante 20
2.2. Valoración O rganísm ica 23
2.3. M arco de Referencia Interno 25
2.4. Concepto de sí mismo e n las adolescentes 26
2.5. Aceptación 26
2.5.1. Consideración positiva d e sí mismo 27
2.6. Congruencia 28
2.7. Em patia 29
3. E l desarrollo personal d e las Adolescentes
3.1. Adolescencia 32
3.2. El em barazo en la adolescencia 34
3.3. A utoestim a 36
3.3.1. Autoconcepto 38
3.4. A sertividad 39
3.5. Com unicación 4 2
3.6 . Toma de decisiones 4 6
CAPÍTULO TRES: METODOLOGÍA
1. M etodología Mixta 51
2. Participantes 54
3. Situación 54
4. M ateriales y equipo
4.1 . Instrum entos para re copilar inform ación 56
5. Procedim iento 57
CAPÍTULO CUATRO: ESTRATEGIA DE INTERVENCIÓN
1. Introducción 61
2. Im portancia 62
3. Fundam entación teó rica 62
4 . Destinatarios 62
5. Objetivos, constructos, habilidades y actitudes 62
6. M etodología 64
7. Evaluación 64
8. Programa desglosado 64
8.1 . Sesión 1: Presentación 65
8.3. S esión 3: Esto soy 74
8.4. S esión 4: Digo sí cuando e s sí y no cua ndo es no 78
8.5. S esión 5: Comunicándome 83
8.6. S esión 6: Mis decisiones (1 ) 87
8.7. S e sió n 7: Mis decisiones (2 ) 92
8.8. S e sió n 8: Despedida 97
CAPÍTULO CINCO: RESULTADOS
1. Procesam iento de la inform ación 101
CAPÍTULO SEIS: DISCUSIÓN O CO NCLUSIO NES
1. Interpretación de los resultados 112
2. C onclusiones 116
3. Recom endaciones 117
REFERENCIAS 119
APÉNDICES 125
Apéndice 1. T e st AF5 AUTOCONCEPTO FO RM A 5 126
Apéndice 2. Inventario d e A sertividad de Rathus 128
Apéndice 3. Evaluación de la H abilidad para Com unicarse 130
Apéndice 4 . Guión de entrevista para explorar “T om a de D ecisiones” 132
Apéndice 5. Diario de Cam po 133
LISTA DE TABLAS Y FIGURAS
Figura 1. Incidencia de em barazo en el año 2008 en adolescentes de 2
14 a 19 años. Fuente: Archivo d e l Centro d e salud de O tilpan.
Figura 2. Incidencia de em barazo en el año 2009, en lo s meses d e 2
enero-Junio, en adolescentes d e 14 a 19 años. Fuente: Archivo d e l
C entro de salud d e Otilpan.
Figura 3. Puntajes de la 1a. A plicación del T e s t AF5 101
Figura 4. Puntajes de la 2a. A plicación del T e st AF5 102
Figura 5. Puntajes de la 1a. Y 2a. Aplicación del Inventario de
A sertividad de R athus 102
Tabla 1. Respuestas de las participantes en las entrevistas 103
Tabla 2. Puntajes de la 1a y 2 a aplicación d e l Inventario de la
Capacidad para Com unicarse 104
Tabla 3. Evaluación por las participantes de la sesión 2 104
Tabla 4. Evaluación por las participantes d e la sesión 3 105
Tabla 5. Evaluación por las participantes d e la sesión 4 105
Tabla 6. Evaluación por las participantes d e la sesión 5 105
Tabla 7. Evaluación por las participantes d e la sesión 6 106
Tabla 8. Evaluación por las participantes d e la sesión 7 106
Tabla 9. Análisis p o r categorías de las observaciones d e cada sesió n 107-111
C APÍTU LO UNO
INTRODUCCIÓN
En este cap ítu lo se plantea el tem a a investigar, a partir d e las condiciones
que se presentan en México y de m anera específica del lugar do nde se lle vó a
cabo la intervención. Se m encionan algunas investigaciones que s e han realizado
de e ste tema, a s i com o los objetivos que pretende a lca nzar el estudio.
1. Planteamiento del problema
La problem ática del em barazo en México alcanza c ifra s dignas de
considerar com o una situación com plicada respecto al desarrollo de los
adolescentes y com o un indicador de salud publica. A unque la ta sa de fecundidad
por año, de 1974 a 2000 ha descendido e n las edades de 15 a 19 años, según el
C onsejo N acional de Población (CONAPO, 2004), siguen presentándose
em barazos no deseados a esa edad.
En las investigaciones realizadas sobre em barazos en adolescentes la
desinform ación so b re métodos anticonceptivos y un n ive l económ ico bajo, influyen
directam ente e n este suceso. Aunado a las características propias d e la
adolescencia, cam bios físicos, psicológicos, sodales, la s m ujeres jóvenes q u e se
em barazan a e s ta edad se ven obligadas a abandonar esta tra n sid ó n n iñ e z-
adolescencia d e manera abrupta y a cum plir funciones de m adre, en algunos
casos, volviéndose un im pedim ento para seguir construyendo un proyecto de vida
y p o r lo tanto su desarrollo.
v
En el M unicipio de San A ndrés Tlalnelhuayocan, en la población de O tilpan,
donde se llevó a cabo la intervención, en 2008 se registraron en el centro de Salud
82 em barazos, de los cuales 34 fueron en adolescentes de edades entre los 14 y
19 años (ver la figura 1).
Embarazos en adolescentes, 2008
. ... —
I
rl ii n
H
i I T
I - 7■ 14 años ■ 15 años ■ 16 años ■ 17 años ■ 18 años i 19 años
Figura 1. Incidencia de em barazo en el año 2008 en adolescentes de 14 a 19 años. Fuente: Archivo del Centro de Salud de Otilpan.
En 2009, de enero a junio, se han registrado 74 em barazos de los cuales 22
son en adolescentes (ver figura 2).
Embarazos en adolescentes, 2009
lo
IJ
M
b i i
Enero Marzo Mayo
■ 14 años ■ 15 años ■ 16 años ■ 17 años ■ 18 años ■ 19 años
El em barazo adolescente representa una problem ática real a la q u e no se
ha dado respuesta.
2. Pregunta de Investigación
A p a rtir de lo s planteam ientos anteriores surge el siguiente
cuestionam iento.
¿Q ué efectos tie n e en las adolescentes em barazadas un ta lle r de
Desarrollo Personal?
3. Justificación
C om o se revisa m ás adelante, la Organización Panam ericana de la Salud
(OPS) y la Organización M undial de la Salud (O M S), definen la adolescencia como
e l período e n tre los 10 y los 19 años d e edad y la juventud com o el período entre
los 15 y lo s 24 años; u tiliza n el térm ino "personas adolescentes" para re fe rirse a
ambos g rupo s (OMS, 2008).
En M éxico la población de 15 a 24 años sum a 20 m illones, lo que equivale
al 19 por cie n to del total de la población (CONAPO, 2007). A unque en e s ta edad
han superado muchos problem as d e salud qu e se dan en la infa ncia, los
adolescentes se ven inm ersos en o tro s tipos de situaciones, que son adem ás las
principales causas d e muerte en la actualidad, entre ellas, accidentes
autom ovilísticos, suicidios, em barazos no planeados, aborto y otros.
P arece relevante fija r la atención en e ste estrato d e la población por
1. En la adolescencia se conform a la manera en que los jó ve n e s vivirán su
vida com o adultos.
2. Es una población desatendida, ta n to a nivel institucional com o fam iliar.
Se cre e que por pa rece r físicam ente ya com o adultos o más grandes, se puede
dejar de estar pendientes de sus necesidades y de brindarles apoyo.
E specíficam ente el em barazo en la adolescencia e s un tem a que se aborda
en e ste trabajo, p o r la incidencia que se observa y por e l impacto q u e este hecho
tiene en la vida de los jóvenes.
La mayoría de las adolescentes em barazadas deben e n fren tar una g ra n
problem ática, que involucra variedad de aspectos como: aceptación de l em barazo;
riesgo de salud física (m adre-hijo); rechazo de la m aternidad; dependencia
creciente de la fam ilia ; angustia de la crianza (in clu ye m altrato del niñ o);
desaprobación so cia l; dificultad para lo g ra r hogar estable; y pérdida de la
oportunidad de desarrollo arm ónico e inte gra l, de m e jo ra r su n ive l educativo y
económ ico y de a lca n za r sus aspiraciones (Friedm an, 1983; W agner, 1990. C itado
en M oreno, León y Becerra, 2006).
Estos factores influyen de forma determ inante e n su progreso personal,
por ta l motivo, la intención es, a partir d e l trabajo e n grupo con adolescentes
em barazadas, co n trib u ir a su desarrollo. P ara ello se tom a com o e je teórico a l
Enfoque Centrado en la Persóna, por ser un modelo q u e ayuda a la com prensión
del desarrollo d e las adolescentes, de sde una perspectiva m ás positiva,
considerando la sabiduría de cada persona parte fundam ental de su desarrollo.
C ari Rogers (1989: 85), señaló, e l individuo tie n e dentro d e sí am plios
su conducta autodirigida; estos recursos pueden se r puestos a la mano s i sólo se
provee un clim a de actitudes psicológicas facilitantes.
Entonces, esta investigación p la ntea que puede prom overse el desarrollo
personal de adolescentes em barazadas si se crean las condiciones necesarias a
p a rtir del E nfoque Centrado en la P ersona.
Para e llo fue necesario retom ar algunos de los constructos que son parte
d e este enfoque y prom overlos e n e l trabajo en grupo con adolescentes
em barazadas, de tal m anera que se favoreciera un am biente propicio para que
esta s m ujeres jóvenes, que viven una experiencia de em barazo, lograran
aprendizajes significativos que hicieran de esta etapa y del tiem po que viene una
experiencia positiva.
4. Antecedentes
Se ha hecho investigación respecto de este tem a, se hace referencia de la
fo rm a en que la han llevado a cabo alg uno s autores.
G utiérrez en los años 2002 y 2003, realizó un estudio correlaciona!,
observacional, en donde e l universo d e estudio fueron m ujeres em barazadas entre
1 5 - 2 0 años d e edad de bajos recursos canalizadas a través d e l departam ento de
servicio social del program a D esarrollo Integral d e la Fam ilia (DIF), e n Ciudad
Guzm án, Jalisco.
De la inform ación archivada en el DIF recopiló datos acerca de la
la casa. Enseguida acudió al dom icilio de la persona en estudio y le realizó una
encuesta que incluye probables factores q u e podrían haber determ inado su
em barazo. Las variables q u e se estudiaron fueron: sexualidad, aspectos
socioeconóm icos, aspectos psicológicos, aspectos culturales.
Los resultados obtenidos en este tra b a jo de investigación concluyeron que
el em barazo en m ujeres adolescentes entre 15-20 años d e edad de b a jo s recursos
tiene una prevalencia elevada, p o r lo que es d e gran interés social el hecho de que
se in icie la educación sexual a edad tem prana, esto es, desde quinto de primaría
con e l fin de que lo s alumnos tom en conciencia del riesgo que im plica el inicio de
la vid a sexual a ctiva a edad tem prana.
Las conclusiones en la investigación dem uestran que, al m enos en e l
universo de estu dio tiene una gran relación e l hecho de que las m ujeres tengan
bajo nivel socioeconóm ico y una pobre o nula inform ación ace rca de la
planificación fam ilia r.
A sí pues o tro factor m uy im portante q u e se debe to m a r en cuenta, según la
investigadora, es la baja autoestim a que presentan la gran m ayoría d e las mujeres
encuestadas (G utiérrez, 2003).
Moreno, León Canelón y Becerra, en lo s meses d e octubre-diciem bre de
2006 realizaron un estudio co n 250 estudiantes, tom ados al azar d e los dos
principales institutos de educación básica y diversificada d e la localidad de Táríba,
estado Táchira, en Venezuela (un liceo pú blico y un cole gio privado). De estos
adolescentes 141 eran de se xo fem enino (56,4% ) y 109 de sexo m asculino
(43,6% ), con un prom edio de edad de 14 años. La m uestra incluyó adolescentes
de octavo grado (14,8% ) y d e noveno grado (30,8% ) d e educación básica y de
cuarto año (15,2% ) y quinto a ñ o (39,2%).
A plicaron cuestionarios con íte m s tip o Líkert y los datos fueron procesados
y analizados m ediante estadística de scriptiva y pruebas t para com parar grupos.
Los resultados m ás relevantes les perm itieron llegar a las siguientes conclusiones:
/■
a ) En relación con la conducta sexual.
Pudieron concluir que existe una cantidad poco significativa de
adolescentes escolarizados que probablem ente hayan iniciado el ejercicio de la
fun ción sexual.
Determ inaron que a l menos la m itad de los adolescentes no ha tenido
experiencia sexual, m ientras que los dem ás apenas han te n id o algún contacto
íntim o pero s in llegar al coito . Sólo el 11,2% de los adolescentes adm itieron haber
te n id o relaciones sexuales córtales, d e los cuales cuatro aium nas ya son m adres
adolescentes. De los alum nos que ya iniciaron actividades sexuales se tie n e que
la mayoría reportan u tiliza r siem pre e l preservativo y m uy pocos e l coito
interrum pido.
El hecho de que un 25% tengan caricias sexuales qu e incluyan caricias
genitales, sug iere a los investigadores que este grupo significativo de la m uestra
e s tá próximo a iniciar actividad sexual con coito, lo que les indica la necesidad de
p o n e r en m archa un program a de educación sexual. Esta necesidad s e hace
tam bién evidente considerando que e l 25% de los adolescentes que m antienen
relaciones sexuales con c o ito no utilizan un método de prevención del em barazo o
d e enferm edades de transm isión sexual seguro.
En ei estudio se reporta q u e el nivel de conocim iento de los adolescentes
escolarizados sobre definiciones de m étodos anticonceptivos tie n d e a ser
desfavorable, pues son pocos lo s que saben en qué consisten determ inados
m étodos como la abstinencia, la s pastillas, el dispositivo intrauterino, e n tre otros,
aunque la mayoría definieron correctam ente lo qu e es un preservativo.
Plantean la tendencia favorable hacia cóm o se debe usar el condón, dicen,
“son pocos los que realm ente sab en cómo re tirarlo , quizás porque la m ayoría no
se han iniciado e n e l ejercicio de la función sexual. P o r otra pa rte , tienen
conocim ientos acerca de los riesg os que corre la madre adolescente y su bebé
como consecuencia d e l em barazo” .
La mayoría d e los adolescentes no maneja la inform ación sobre la
posibilidad de que ocurra el em barazo cuando e l pene se introduce e n la vagina,
sin la protección co n algún m étodo anticonceptivo (riesgo d e l coito interrum pido).
c) R especto de la s necesidades m anifestadas por lo s adolescentes sobre
educación sexual.
E l estudio a d vie rte que la m ayoría de lo s adolescentes sienten la necesidad
de re cib ir educación sexual, m ás aún cuando consideran qu e sus conocim ientos
sobre sexualidad, fertilidad y métodos anticonceptivos son incom pletos.
Igualm ente, m anifiestan la necesidad de re c ib ir entrenam iento en habilidades
sociales, relacionadas con la conducta asertiva, com unicación interpersonal y
autoestim a.
Lo anterior ind ica a los investigadores que es necesaria la puesta en
marcha de un program a educativo que les explique no s ó lo todo lo relacionado
en destrezas y habilidades sociales que les permitan m anejar adecuadam ente las
relaciones de pareja.
Los resultados tam bién sugieren que es im portante considerar las
características, necesidades y preocupaciones de los adolescentes en m ateria de
sexualidad y desarrollo personal, a fin d e poder abordar estos aspectos e n el
d ise ñ o de la intervención educativa que s e intenta aplicar. Esto podría aum entar la
m otivación y la participación de los adolescentes en las actividades program adas,
su identificación con el contenido y los propósitos de los m ensajes y, por e n d e , el
é x ito de la intervención (M oreno, León y Becerra, 2006).
Díaz Franco, R odríguez Pérez, M ota González, E spíndola Hernández,
M eza Rodríguez y Zárate T apia, en lo s m eses de octubre a diciem bre de 2006,
realizaron un estudio con 213 adolescentes embarazadas prim igestas, c o n 17
a ñ o s de edad o menos, que acudían a control prenatal en la clín ica de
adolescentes d e l Instituto N acional de P erinatologia e n el distrito Federal, M éxico.
Los crite rios de inclusión fue ron : contar co n 17 años o m enos, ser
prim igesta, cursar con un em barazo s in com plicaciones m édicas, ser m exicana
p o r nacimiento y saber leer y escribir.
Los crite rios de exclusión: p resen tar cualquier tip o de enferm edad
psiquiátrica o debilidad mental; padecer enferm edades crónicas que
com prom etieran la evolución del em barazo (como cardiopatías, diabetes m ellitus,
e p ile psia, etcétera); tener com plicaciones médicas m ayores (am enaza de aborto,
to xe m ia gravidica, am enaza de parto prem aturo, defecto congènito, etcétera);
R ealizaron un estudio observacional, exploratorio, transversal,
retrospectivo, con una muestra no probabilistica por cu o ta . La m edición del
malestar psicológico se llevó a cabo m ediante la aplicación del C uestionario
General d e Salud -C G S - de G oldberg que e s un instrum ento de autoaplicación,
con 30 reactivos. D iseñado para de tecta r el e sta do em ocional a través d e l registro
de la presencia o ausencia de síntom as de depresión y ansiedad, alteraciones del
sueño, síntom as som áticos, disfunción social e ideación suicida .
P ara la evaluación de la percepción de las relaciones fam iliares diseñaron,
para este estudio, un cuestionario que exploró cuatro aspectos:
1. Dinám ica fam iliar, cuyas opciones de respuesta fueron: m ala, regular, buena,
excelente.
2. Relación entre lo s padres, co n dos opciones de respuesta: arm ónica o
disarm ònica.
3. Relación con la m adre, con opciones de respuesta: m u y mala, m ala, regular,
buena, m uy buena.
4. R elación con el padre, con cin co opciones de respuesta: muy m a la , mala,
regular, buena, muy buena.
Las diferencias se establecieron m ediante la utilizació n de la prueba
estadística no param étrica Ji cuadrada con a u xilio del Paquete Estadístico para
Ciencias Sociales (SPSS) (versión 10.0), que estableció relación y significancia
estadística entre las variables d e m alestar psicológico y la percepción de las
Los resultados que presentaron fueron: to d a s las m ujeres invita das
aceptaron participar en el estudio, por lo q u e no hubo fuentes de sesgo. Por lo que
se re fie re a las características generales d e las mujeres incluidas en el estudio, se
pu ede indicar que e l promedio de edad fu e de 15.7 ± 1 . 2 (intervalo de 10-17 años),
el d e sus parejas fu e de 19.4 ± 3.4 (intervalo de 14-36 años), el d e sus m adres fue
de 4 0 .3 ± 6.5 (intervalo de 30-68 años), y la edad prom edio de sus padres fu e de
4 3 .8 ± 7.6 (intervalo de 29-74 años). La s edades prom edio le s indica q u e las
p a re ja s de las adolescentes son m ayores que ellas p o r casi cuatro años de edad,
una diferencia d e edad sim ilar se observa entre ios padres de la s adolescentes,
d e b id o a que en promedio lo s padres so n mayores q u e las m adres por un poco
m ás de tres años.
Con respecto a la escolaridad, e l promedio de años de estudio que
ob tuvieron para la muestra to ta l de adolescentes em barazadas fu e de 8.4 ± 1 . 5
(in te rva lo de 6-13 años), para la pareja fu e de 8.9 ± 2 .2 (intervalo de 2-17 años),
para la madre fu e de 7.5 ± 3.2 (intervalo d e 0-17 años) y para el padre fue de 8 ,4 ±
3.9 (intervalo d e 0-19 años). Estos datos indican que en prom edio las
adolescentes cuando respondieron al cuestionario habían concluido el segundo
año d e la educación media básica (secundaría), m ientras que la situación de
escolaridad para sus parejas fu e prácticam ente la m ism a, dado que la diferencia
que se observa e s mínima. E l promedio d e años de escolaridad qu e obtuvieron los
p a d re s de las adolescentes, se observa una diferencia mayor d e un año, a fa v o r
de lo s hombres.
Reportan que la edad gestaciona! en el m om ento de la evaluación fu e de
26.1 ± 6.0 (intervalo de 12 a 39 sem anas), lo que indica que la s adolescentes
esta ba n cursando en prom edio, el segundo trim estre d e l em barazo cuando fu e ro n
Los resultados q u e obtuvieron del cuestionario que e v a lu ó la percepción de
las relaciones fam iliares de las adolescentes em barazadas les m ostraron que
73.2% de las adolescentes mencionó que la dinám ica fa m ilia r era de buena a
excelente, siendo m ayor e l porcentaje para la opción de din ám ica buena (56.3% ).
La dinámica de regular a m ala, se observó en 26.7% de la m uestra y de 0 .9 % para
la dinámica fam iliar m ala.
Los investigadores reportan qu e la percepción que tie n e n las adolescentes
em barazadas de la re la ció n entre su s padres e s la siguiente: seis de ca d a diez
refieren que la relación e ra armónica, tre s que la relación e ra disarm ònica y 11.3%
de la m uestra no contestó a esta pregunta.
Indican que la percepción que las adolescentes em barazadas tie n e n de la
relación con sus padres fu e la siguiente: con la madre, 80 .2% refirió q u e era de
buena a m uy buena; 15% regular; y solam ente 4.7% de las adolescentes refirieron
contar con una relación d e mala a m uy mala o dieron otra respuesta. Con respecto
a l padre, 51.2% piensa qu e la relación afectiva con el padre era de buena a muy
buena, 27.2% regular, 7.5% era de m ala a m uy m ala y 14.1% dio una respuesta
diferente a estas opciones. Estos resultados parecen indicar q u e la percepción con
respecto a la relación q u e tienen con el padre, es distinta a la percepción que
tienen de la relación con la madre.
La evaluación d e l m alestar psicológico de la muestra to ta l les indicó que de
las 213 adolescentes em barazadas, 71 (33.3% ) de ellas tuvie ron un p u n ta je de
ocho o m ás en el cuestionario general de salud, por lo q u e fueron consideradas
com o casos con m a le star psicológico; m ientras que 142 (66.7%) n o fueron
consideradas como casos. Esto es, una de cada tres adolescentes em barazadas
que participaron en el e stu d io presentó m alestar psicológico evaluado a tra v é s del
Las conclusiones que plantean son: la percepción de la dinám ica fam iliar, la
relación entre los padres, y las relaciones afectivas con la madre y el padre, se
asociaron directam ente con la presencia d e m alestar psicológico (D íaz, Rodríguez,
M ota, Espíndola, M eza, Zárate, 2006).
Núñez Urquiza, Hernández Prado y G arcía Barrios, en el 2003 reportaron
una investigación con una m uestra de 2 2 0 mujeres adolescentes entre 13 y 19
años d e edad, de dos m unicipios sem iurbanos del estado de M orelos, México. S e
trata d e un estudio transversal con una m uestra de 220 m ujeres adolescentes. Las
m ujeres fueron entrevistadas en su casa en tre seis y 12 sem anas después d e l
parto. S e les preguntó si an tes de em barazarse desearon el ú ltim o em barazo.
A dem ás, indagaron sobre conocim ientos y uso de m étodos anticonceptivos
posparto.
Los resultados que obtuvieron so n : Un 17% de todos lo s nacim ientos
registrados en la población to ta l en e se período fue ron producto de m adres
adolescentes. De éstas, 22.73% declararon que su em barazo no fu e deseado.
H allaron una asociación positiva entre no te n e r derecho de acceso a los servicios
de s a lu d de las instituciones d e l sistema d e seguridad social -In stituto M exicano
del S eguro Social (IMSS), Instituto de S eguridad y Servicios S ociales de lo s
Trabajadores del E stado (ISSSTE) y em barazo no deseado (RM ajustada=3.03, IC
95% 1.31, 7). Asim ism o, las adolescentes d e com unidades urbanas m anifestaron
no d e se o del em barazo con m ayor frecuencia que las m ujeres de com unidades
rurales (RM ajustada=2.16, IC 95% 1.08, 4.33). U n 91.3% d e las m adres
adolescentes enunció la píldora anticonceptiva entre los m étodos q u e conocía. Un
utilizando alg ún método anticonceptivo efectivo después d e las seis sem anas
posparto.
i
No encontraron dife ren cia en la frecuencia de uso de anticonceptivos según
deseo del últim o em barazo. Entre quienes se atendieron e l parto en ce n tro s de
salud u hospital sólo 43.39% estaba utilizando algún m étodo e fe ctivo de
planificación fam iliar.
CONCLUSIONES: Estos hallazgos les sugieren qu e los program as de
planificación fam iliar tie n e n un potencial de cobertura aún n o alcanzado e n tre el
grupo de adolescentes, especialm ente entre las qu e viven e n áreas suburbanas y
e n tre las no derechohabientes de la seguridad social. A sim ism o encuentran la
necesidad d e insistir en la promoción d e la utilización de m étodos anticonceptivos
posparto en este grupo considerado de alto riesgo reproductivo. A dem ás, se
evidencia la necesidad de investigar sobre m étodos de educación sexu al y
reproductiva que puedan introducirse en el sistem a escolar d e sd e el nivel prim ario
(Núñez, Hernández, G arcía, 2003).
G onzález Garza, R ojas M artínez, Hernández S errato y Olaiz, F ., en los
m eses entre mayo y ju n io , analizaron la base d e datos d e adolescentes de la
Encuesta N acional de S a lu d 2000, M éxico, realizada en septiem bre de 1999 a
m arzo de 2000. La m uestra incluyó adolescentes de entre 12 a 19 años d e edad.
Hicieron un análisis descriptivo, aplicaron la prueba ji cuadrada (W ald) para
evaluar diferencias de proporciones, y se construyeron dos m odelos de regresión
logística para obtener razones de momios.
Los resultados q u e presentan son: El 69.2% de los adolescentes refirió
l\
conocer al m enos un m étodo de control de la fecundidad. E l 16.4% m encionó
que la s mujeres; e s im portante para los investigadores m encionar, que tan só lo
37% d e los adolescentes usaron algún m étodo anticonceptivo e n la prim era
relación sexual. El análisis de regresión lo g ística les m ostró que los adolescentes
del se xo masculino, los de m ayor escolaridad, quienes poseían inform ación d e
algún m étodo anticonceptivo y aquellos q u e inician esta actividad a una edad
m ayor tuvieron m ás probabilidad de usar anticonceptivos en su prim era relación
sexual. E l 55.7% d e las m ujeres que m encionaron haber iniciado actividad sexual
han e sta d o embarazadas.
Indican que e l em barazo en las adolescentes se asoció significativam ente
con un nivel bajo d e escolaridad, con iniciar su vida sexual a edades tem pranas y
con e l hecho de haber estado alguna vez unidas. Las conclusiones a las q u e
llegan e s: En general, la población adolescente que ha ten ido relaciones sexuales
no u tiliz ó métodos anticonceptivos durante s u prim era relación, lo cu a l increm enta
la po sibilidad de em barazos (G onzález, R ojas y Hernández, 2005).
Baeza W., P óo F., V ásquez P., M uñoz N., y V allejos V ., en el 2007
realizaron un estudio con m ujeres entre 15 y 19 años, pertenecientes a d o s
establecim ientos educacionales, con altos índices de em barazo, en Santiago,
Chite.
H icieron la investigación con un e stu d io cualitativo de casos. Realizaron
cuatro grupos focales, constituidos por 14 adolescentes no em barazadas,
identificándose tactores en las dim ensiones individuales, fam iliares y sociales.
P ara el análisis utilizaron e l program a ATLAS-ti 4 ,1 . Los Resultados q u e
platean son: En la dim ensión individual aparecen como relevantes factores d e
riesgo qu e favorecen el em barazo (FFE): "a m o r romántico", no uso de m étodos
En la dimensión fa m ilia r destacan los factores: lím ite estrecho fa m ilia r y
negligencia paterna. S urg en factores percibidos por las adolescentes como
protectoras d e l em barazo no planificado (FPE), en la dim ensión individual
destacan: capacidad reflexiva y proyecto de vida; en la dim ensión fam iliar: "fam ilia
cuidadora" y lím ites claros; y en la dim ensión so cia l la categoría o fa c to r con
m ayor peso es "sanción social". Las conclusiones a las q u e llegan; E n tre los
hallazgos destacan como FFE relevantes el "am or rom ántico" y los límites polares
fam iliares. C om o FPE, la capacidad d e reflexión y "fam ilia cuidadora". Estos
elem entos debieran s e r considerados en la prevención d e l em barazo no
planificado e n población adolescente (Baeza, Póo, Vásquez, Muñoz, y V allejos,
2007).
5 . O b je tivo s
5 .1 . Prom over el desarrollo personal d e adolescentes em barazadas.
5.1 .2. A nalizar el im pacto del taller “ Mujeres e n esperanza: Un ta lle r para
aprender, com partir y c re ce r”, con base en el Enfoque Centrado en la Persona.
6. Importancia del Estudio
La im portancia d e este estudio radica en e l hecho d e m irar hacia una
problem ática social, m ujeres adolescentes que en tran de fo rm a repentina, en un
m undo desconocido en e l qu e se ven obligadas a dejar de m anera ab rup ta su
niñez-adolescencia. Estas m ujeres jóvenes, dependientes económ icam ente pero
ocasiones su pareja las abandona y todo e sto contribuye a obstaculizar su
desarrollo personal.
E s im portante tam bién, porque no se v e a estas chicas adolescentes como
núm eros estadísticos, sino com o personas dotadas de los medios necesarios
para lo g ra r su propio desarrollo.
La propuesta d e intervención y los resultados de e ste estudio, pueden ser
utilizados por facilitadores e investigadores d e l desarrollo humano e n el trabajo
con adolescentes em barazadas pa ra diseñar nuevas investigaciones y com probar
sus resultados y po sible generalización.
7. Limitaciones del Estudio
1. La situación d e l embarazo en adolescentes es un problema social, donde
intervienen diferentes circunstancias, económ icas, educativas, politicas,
sociológicas, psicológicas, otras; sin em bargo esta intervención no es
m ultidisciplinaría, está enfocada en aspectos psicológicos.
2. Los resultados no se pueden generalizar dado qu e se trata d e un caso
CAPÍTULO DOS
MARCO TEÓRICO
En este capitulo se desarrolla e l m arco teó rico para la com prensión del
desarrollo personal de las adolescentes em barazadas.
1. Marco teórico, Enfoque Centrado en la Persona
La elección del E nfoque C entrado en la Persona e s p o r la razón de
en contrar en é l una forma m á s positiva d e considerar a la persona. Es, d e sd e un
m odelo de personalidad m ás sano, qu e Rogers d a inicio a su teoría. P arece
im portante re sa lta r la idea prim ordial de e sta teoría.
Rogers plantea que una persona, hom bre o m ujer, tiene d e n tro de
sí am plios recursos para la autocom prensión, para alterar su autoconcepto,
sus actitudes y su conducta autodirígida y estos recursos pueden ser
puestos a la mano s i sólo se provee un clim a de actitu de s psicológicas
facilitantes (Rogers, 1989: 85).
En esta aseveración el prom otor de desarrollo hum ano es un factor,
im portante sí, e n cuanto a qu e deberá cre ar ciertas condiciones básicas p a ra el
desarrollo de la persona, pe ro no más que las personas que forman p a rte del
proceso de desarrollo, y a que es en ellas donde se encuentran to d a s las
posibilidades d e cambio, d e desarrollo y d e creatividad.
En esta investigación la persona es considerada com o una parte activa en
su propio proceso de desarrollo, responsable d e su avance y, sobre to d o , con el
poder de decisión y de cambio.
2. Constructos relevantes para la comprensión del desarrollo personal en
adolescentes embarazadas
S e han elegido algunos d e los constructos del E nfoque Centrado en la
Persona qu e son im portantes para la prom oción del desarrollo personal de las
adolescentes embarazadas; en cada uno de e llo s se hace m ención de la relación
que guarda con el tem a de la investigación, en algunos casos se integran los
puntos d e vista de otros autores. Los constructos que se abordaran son: tendencia
actualizante, valoración organísm ica, marco d e referencia Interno, concepto de sí
mismo e n las adolescentes, aceptación, consideración positiva de sí mismo,
congruencia, empatia y aprendizaje significativo.
S e enfatiza en dos constructos, Tendencia A ctualizante y Valoración
O rganísm ica, ya que son los conceptos claves d e esta investigación. P o r un lado
la tendencia actualizante como un e je a partir d e l cual se desprende la concepción
de que la persona tie n e de form a innata la capacidad d e desarrollar tod as sus
habilidades y potencialidades para mejorar; y, p o r otro lado, com o punto rector de
la propuesta de intervención la valoración organísmica, ya que e s factor
im portante para que la s adolescentes retom en esa forma natural de de cisió n que
todos ten em o s desde que nacem os y que va m o s perdiendo en el transcurso del
tiempo; s i e l centro de valoración son ellas m ism as estarán recuperando su propia
voluntad y dejarán d e considerar a los dem ás com o su principal referente para
2.1. Tendencia A ctualizante
La tendencia actualizante es definida por R ogers como la tendencia del
organism o a desarrollar todas sus potencialidades para conservarlo o m ejorarlo. Él
m ism o autor sostiene, que e s te concepto es fundam ental en el sistem a teó rico del
E nfoque Centrado en la P ersona y que es el organism o en su totalidad e l que
presenta esta tendencia (R ogers, 1985: 24-47).
Esta disposición, existe nte en to d o s los organism os vivos, es la idea
prim ordial de e ste estudio. E l creer que la s adolescentes em barazadas tie n e n la
capacidad innata de procurar su desarrollo y que sólo se requiere c re a r las
condiciones necesarias para que ello ocurra.
Rogers, a p a rtir de su p ropia experiencia señala: “el hom bre es
básicam ente digno d e confianza, su s características más profundas tien den
hacia el desarrollo, la diferenciación, las relaciones cooperativas; su vida
tiende fundam entalm ente a m overse de la dependencia a la independencia;
sus im pulsos tienden naturalm ente a arm onizarse en un com plejo y
cam biante patrón de autorregulación; su carácter total e s ta l que tie n d e a
preservarse y a m ejorarse y a preservar y m ejorar su esp ecie” (1990: 31).
Cualquier s e r vivo, e n e ste caso, persona, ya sea, niño, adolescente, adulto
o anciano; independientem ente de la situación en la que se encuentre, tie n d e a
desarrollarse. N o sólo a sa tisfa ce r sus necesidades com o plantea Maslow, s in o a
expandirse para mejorar.
Rogers narra un día e n que vacacionaba en la s playas de California; e n ese
lugar, observaba una palm era pequeña aferrada a las rocas; grandes olas
desprenderse, pudo percatarse qu e lejos de q u e se arrancara con el golpeteo del
agua, se aferraba y nutría; sobreviviendo. El a u to r, utiliza e ste ejem plo para llamar
la atención en una característica, que es, que la vida es un proceso a ctivo y no
pasivo. S e a que el estím ulo venga de adentro o de afuera, sea que el am biente
sea fa vo ra b le o desfavorable, se puede co n fia r en que la s conductas de un
organism o están dadas en la dirección de m antenerse, m ejorarse y reproducirse,
en la m ayoría de los casos.
E s im portante te n e r presente en el tra b a jo con personas, y en e ste caso
con las adolescentes, e l hecho de qu e no se pu e d e generar e n e l otro alg o que no
está ahí. S i la relación con las personas, n o tiene com o soporte, la firm e
convicción de que el hom bre tiene la capacidad, como cua lquie r organism o vivo,
de procurar sobrevivir, desarrollarse y m ejorar, y que sólo se deben cre a r las
condiciones necesarias para que e llo ocurra, entonces la posición de la persona
que funge com o orientador, será o m uy om nipotente o muy devaluadora.
M ancillas, (1997) conjunta las características básicas de la tendencia
actualizante señaladas p o r varios autores. Son la s siguientes:
• “La tendencia actualizante e s individual y universal”
• “E s hoiística; el organism o funciona com o un todo”
• “E s ubicua y constante. Es m otivo de to d a actividad hum ana en tod os los
co n te xto s y funciona durante toda la vida”
• “E s un proceso direccional. Es un proceso constructivo, apunta hacia el
d e sa rro llo de las capacidades inherentes, con acciones de asim ilación y
• “Es incrementadora de la tensión. Increm enta inherente y espontáneam ente
los niveles de tensión ha cia la expansión, el desarrollo y la actualización de
las capacidades”
• “Es una tendencia ha cia la autonom ía y en sentido opuesto a la
heteronom ía. Se dirige hacia la autorregulación y en se n tid o opuesto al
control”
• “ Es vulnerable a las circunstancias am bientales. Rogers (1972a:42) a firm a
que “en un am biente adecuado, esta tendencia pu ede expresarse
librem ente, y deja de s e r un potencialidad para convertirse e n algo real” . S in
embargo tam bién el m e d io puede m itigarla, distorsionarla o reprim irla”
• “ El constructo identificado como autoactualización es un constructo q u e se
refiere a la tendencia actualizante en el "m í-m ism o", un subsistem a que
deviene diferenciando a la persona to ta l. Es la expresión d e la actualización
de l organism o sim bolizada en el m í-m ism o. R ogers (1987:25) m enciona:
“"Cuando hay acuerdo e n tre ... la experiencia d e l m í-m ism o y la experiencia
del organism o en su totalidad, la tendencia actualizante opera de m odo
relativam ente unificado"” .
• “ El constructo de conciencia, en el sentido de capacidad d e autoconciencia,
es visto com o el canal humano distin tivo de la tendencia actualizante. La
conciencia es vista com o una característica distintiva de lo s seres hum anos
en la tendencia actualizante que perm ite potencialidades n o presentes en
otros organism os y un m a yor rango d e alternativas de e le cció n”
• “Los seres humanos tie n e n una naturaleza social y, consecuentem ente, una
direcdonal básica de la tendencia actualizante en los se re s humanos es
2.2. V aloración organism ica
La valoración organism ica hace referencia a un proceso en continua
evolución en el cual los valores nunca son fijo s o rígidos. Las experiencias se
sim bolizan adecuadam ente y se va lo ra n de m anera constante y renovada en
función d e las satisfacciones organísm icam ente experienciadas, el organism o
encuentra satisfacción en aquellos estím ulos o com portam ientos que m antienen y
enriquecen al yo tanto e n e l presente com o en el fu tu ro (Rogers, 19 85:24-47).
E ste constructo es im portante para esta investigación porque se ha
observado que la valoración organism ica es la base en el proceso de tom a de
decisiones. Se abordará en la propuesta d e intervención como un tema
significativo ya que la form a de d e cid ir de las m ujeres jóve nes puede volverse
más congruente con lo que son y requieren a p a rtir de m ira r hacia sí m ism as y
ponerse en contacto con sus propias necesidades.
P odem os observar que en e s te tipo de valoración ha y cambio, nuestros
valores no son escleróticos, podemos ir de uno a otro pero siem pre en fu n ció n de
nuestro enriquecim iento y desarrollo. La forma d e valorar e s tom ando e n cuenta
las necesidades del organism o, de jarse llevar p o r la intuición de aquello qu e nos
beneficia o perjudica y a pa rtir de e ste reconocim iento, tom ar decisiones.
R ogers, (1986: 299-300) exp lica ía valoración organism ica retom ando la
forma qu e tiene un n iñ o pequeño de elegir. Señala: el ser hum ano tiene desde el
principio, desde que nace, una clara concepción d e los valores, prefiere algunas
cosas y rechaza otras. Argum enta que el niño prefiere la s experiencias que
m antienen, enriquecen o realizan su organism o y rechaza las que no sirven a este
S in embargo, de forma ra dical haciendo caso om iso de nuestro organism o,
de no sotro s mismos, de nuestras necesidades, los ad ultos cam biam os nuestra
form a d e valorar, renunciado a l contacto con nuestro funcionam iento orgánico p o r
preferir aspectos externos y de ja m o s persuadir, quizá d e manera inconsciente p o r
el m edio y sus exigencias. R ogers, (1986: 301) señala que, se introyecta el ju ic io
de v a lo r de otro, tom ándolo com o propio y s e pierde contacto con nu estro proceso
de valoración organísm ica, tratam os de com portam os según los valores
establecidos por o tra persona pa ra conservar su cariño.
N os centram os ahora, e n la valoración organísm ica de la mujer. C a ri
Rogers al proponer los constructos que dan sustento a l Enfoque C entrado e n la
Persona, no hace diferencia e n tre hombres y m ujeres; sin em bargo podem os
dam os cuenta que en ocasiones existe un abism o que separa el a c tu a r de am bos
sexos, obedeciendo a roles histó ricos y estereotipos. T a l vez lo hizo con to d a
conciencia para no marcar e n su teoría diferencias q u e llevaran a mirar co n
ópticas distintas y ca e r así en contradicciones.
Am bos sexos somos personas, tenem os unicidad y un valor inherente; sin
em bargo, somos diferentes, psicológicam ente, fisiológicam ente y e n las culturas
estas diferencias han marcado form as distintas de concebir a la m u je r y al varón;
por consiguiente exigencias disím ile s han construido ro le s viejos e inam ovibles.
R econocer las diferencias, aceptarlas, respetarlas y con vivir con e lla s nos ha rá
más rico s y compleméntanos.
Parece que una de la s form as básicas de e ste cambio e s mirar hacía
nosotras y recuperar nuestra capacidad de elección para retom ar e l control d e
nuestras vidas. M ancillas (1999) nos señala que la valoración organísm ica e s el
paso fundam ental en la form ación de la autonom ía y d e la libertad. Cuando una
m ujer parte de si misma para valorar su s experiencias internas y extem as, rompe
e l molde d e la pasividad y de la sum isión.
Las m ujeres en la adolescencia experim entan las prim eras decisiones que
tienen un im pacto directo con su vida, su cuerpo. S in em bargo, en este período
esas deliberaciones, en la mayoría de los casos, no son a p a rtir del contacto con
e l organism o. El riesgo y e l desafio so n más atractivos en e sta etapa. A unado a
esto, los bom bardeos d e io s medios d e com unicación que invitan a una vida, en la
mayoría d e los casos q u e no va con io s valores de la s adolescentes, hacen que se
pierda con tacto con la sab iduría del organism o.
2.3. Marco de referencia interno
El m a rco de referencia interno abarca to d o el campo de experiencias -
percepciones, sensaciones, significaciones, recuerdos asequibles a la conciencia
del individuo en un m om ento dado. R ogers señala: “es el m undo subjetivo del
individuo. S ólo él conoce ese mundo plenam ente. Ningún o tro puede lle g a r a
conocerlo com o no sea p o r medio de una inferencia em pática, sin que nunca tal
conocim iento llegue a s e r com pleto” (1 985 :45 ).
Seguram ente cada participante estará viviendo situaciones muy particulares
que hagan que ese m undo subjetivo se a un factor facilitante pa ra su desarrollo o
lo contrarío, de ahí q u e es im portante rescatar y perm itir que flu ya n sus
pensam ientos, sensaciones y vivencias.
La intervención parte de la s experiencias, vivencias, sensaciones,
percepciones de las adolescentes, para enriquecer la experiencia y d e esta
Retoma la forma m uy p a rticu la r de cada una de las adolescentes de
experim entarse a sí m ism as en relación con su entorno.
2.4. Concepto de si mismo en las adolescentes
E s la gestatt conceptual coherente y organizada com puesta de
percepciones de las características del yo y d e las percepciones de la s relaciones
de yo co n los otros y con los d ive rso s aspectos de la vida, junto con los valores
asignados a estas percepciones. Es la imagen que la persona tiene d e sí misma
(Rogers, 1985:24-47).
E l autoconcepto, lo que la s mujeres piensen y crean de sí mismas, es
determ inante en la form a de relacionarse con su fam ilia, la sociedad y con el hijo
que vie n e en camino. Es un asp ecto im portante que se aborda en la intervención
realizada en este estudio, de ta l form a que la s adolescentes vayan construyendo
un concepto de sí m ism as real, q u e rompa co n el autoconcepto que ha n form ado
desde lo s prim eros años de su vida. S i se tiene un autoconcepto pobre,
devaluatorío o incom pleto no s e puede retom ar la propia vida co n libertad,
reconociendo necesidades, sentim ientos, histo ria y habilidades, entre otros.
2.5. Aceptación
R ogers plantea este constructo com o básico para iniciar e l cam bio
constructivo de personalidad; considera que lo s térm inos aceptación y valoración,
son sinónim os de consideración positiva incondicional. S eñala que e s im portante
en una relación, en este caso, la terapéutica, que se valore la to ta lid a d de la
persona. Esto es, valorar a la persona com o tal independientem ente de los
distintos valores que pueden ap lica rse a sus conductas específicas, ejem plifica
diciendo: “ un padre valora a su hyo, aunque no va lo re todas s u s conductas d e ia
m ism a m anera” (1985:42).
S ignifica una “apreciación de la persona”, un interés por el o tro pero
no en fo rm a posesiva o en form a ta l que sólo sea para sa tisfa ce r las propias
necesidades del terapeuta. No existen condiciones de aceptación, ningún
sentim iento de le qu iero solam ente si eres é sto y esto o tro ”. S ignifica un
interés por la persona “aparte” con perm iso de te n e r sus propios
sentim ientos, sus propias experiencias (1990: 82-83).
2.5.1. Consideración positiva de si mismo
Rogers describe a la consideración po sitiva de sí m ism o com o el
sentim iento d e consideración positiva que el ind ivid uo experim enta respecto de
una experiencia, o una señ e de experiencias, relativas al yo, independientem ente
d e la consideración positiva experim entada por o tras personas d e ellas.
Adem ás pla ntea que “aunque la experiencia d e consideración
positiva de parte de otros debe preceder a la experiencia de consideración
positiva de sí mismo, esa actitud conduce a una actitud po sitiva de sí m ism o
que n o depende directam ente d e las actitudes de los otro s. El individuo se
convierte en su propia persona - criterio” (1985: 43). E n otras palabras,
cuando la persona se acepta a si m ism a, se aprecia a sí m ism a;
independientem ente d e la valoración que los dem ás tengan de ella.
Lograr lo que se pla ntea en este constructo e s una de la s finalidades d e la
propuesta d e intervención con adolescentes em barazadas, y a que cuando la
asertiva, es más libre, se vuelve entonces en su propia persona, aceptándose y su
criterio se rá su referente más im portante.
2.6. Congruencia
R ogers (1985: 38) señala q u e congruencia es un concepto te ó rico esencial
en el Enfoque C entrado en la Persona. Expresa: “cuando las experiencias
relativas a l yo son adecuadam ente sim bolizadas e integradas al yo, se produce un
estado d e congruencia entre e l yo y la experiencia y e l funcionam iento del
individuo es integral y óptim o”. La congruencia es autenticidad es ir a l encuentro
de una relación sin máscaras.
E l terapeuta debe ser d e n tro de los confines de la relación, un a persona
congruente, genuina e integrada. Esto significa que, dentro de la re la ción, él es
libre y profundam ente él m ism o. Con su experiencia real exactam ente
representada por su conciencia d e sí mismo. E sto es lo opuesto a la presentación
de una fachada, ya sea dándose cuenta o sin d a rse cuenta (Rogers, 1990: 81). De
esta m anera las adolescentes podrán percibir al facilitador como' un a persona
sincera, e n la que se puede con fiar, perm itiendo así, que las condiciones se den
para qu e la experiencia de la intervención s e vuelva facilitadora d e l desarrollo
personal d e las participantes.
P o r otra parte es im portante considerar la congruencia de las adolescentes
en relación con la aceptación y la com prensión de lo que están viviendo, es decir
aprender a conocerse y vivir d e form a integrada con lo que son y con las
experiencias de vida que hayan te n id o .
2 .7 . Empatìa
“ E l estado de em patia o com prensión em pática, con siste en pe rcib ir
correctam ente el m arco de referencia interno d e otro con los significados y
com ponentes em ocionales que contiene, com o si uno fu e ra la otra persona,
pero sin perder esa condición de como si. La em patia im plica, por ejem plo
sentir e l d o lo r o el p la ce r de otro com o él lo siente y p e rcib ir sus causas
como é l la s percibe, pero sin perder nunca d e vista que s e trata del d o lo r o
el placer del otro. S i esta condición de como si e s tá ausente, nos
encontram os ante un caso de identificación” (R ogers, 1985: 45).
Será p a rte importante de las condiciones que se estarán procurando com o
fo rm a de com unicación y acercam iento para que la s m ujeres jóve nes, que form en
p a rte del g ru p o de intervención, puedan se n tirse cóm odas, escuchadas,
aceptadas, respetadas y queridas. A dem ás en otra perspectiva, las participantes
e sta rá n en la posibilidad d e em patizar con sus com pañeras d e tal form a que
puedan acercarse al mundo de las dem ás desde su propia experiencia.
2.8. Aprendizaje Significativo
Se sabe que un aprendizaje que se queda en un nivel m em orístico tie n e un
fin m uy corto porque no se vuelve p a rte de la persona, no lo integra a sus
sentim ientos y sensaciones. Rogers (1972: 247) propone u n a definición del
aprendizaje significativo:
“ E s más que una acum ulación de hechos. Es una m anera de
aprender que señala una diferencia - en la conducta de l individuo, e n sus
aprendizaje penetrante, que no consiste en un sim ple aumento d e i caudal
d e conocim ientos, sino que s e entreteje co n cada aspecto de su existencia”.
R ogers (1986: 31-33) se ñ a la que pueden presentarse dos tipo s de
aprendizajes. Por una parte el aprendizaje m em orístico, qu e en la m ayoría de los
casos no tie n e sentido para la persona, llega a su mente, p e ro no a sus afectos, ni
a los significados personales, por lo que no llega a ser total.
El aprendizaje significativo, presenta las siguientes características:
• “Parte de la iniciativa propia, lleva la fuerza de la búsqueda personal,
de descubrir, com prender o lograr algo”
• “Tiene una im plicación personal ya que se da por una pregunta
personal o un problem a a resolver con pleno significado p a ra el que
busca el aprendizaje”
• “Involucra a la persona com pletam ente, en sus aspectos afectivos y
cognitivos”
• “El aprendizaje no se presenta só lo en un aspecto de la vid a de la
persona sin o que se entreteje en su s actitudes, conducta y aú n en su
personalidad”
• “Es evaluado por la m ism a persona, si está satisfecha o n o con su
aprendizaje”
• “La significación es la esencia de e ste tipo de aprendizaje; e ste es el
motor que da lugar a la búsqueda y al cambio; e s un aprendizaje que
no es im puesto desde afuera sino qu e nace d e i propio ind ivid uo y se
inserta en su experiencia total”
M ancillas, (1997: 4 6 ) m enciona 6 m anifestaciones que es posible observar
en la persona cuando e s tá teniendo aprendizajes significativos:
1. La percepción, la aceptación y confianza en si m ism o.
2. La mayor cercanía e n tre su autoconstructo actu al y lo que quisiera
llegar a ser.
3. Una percepción más fle x ib le
4 . Objetivos m á s realistas
5. Sus características de personalidad cam bian constructivam ente.
6. Una m ayor aceptación d e los demás
El aprendizaje significativo es un proceso d e crecim iento que se d a rá en las
adolescentes em barazadas a medida que vayan reflexionando sobre su situación
actual e incorporando nuevos aprendizajes de ta l form a que lo s integren a su vida
3. E l d e s a rro llo p e rs o n a l de la s a d o le sce n te s
3.1. A d o le s c e n c ia
La adolescencia se ha definido com o un periodo de transición entre la
infancia y la adultez. Se considera que com ienza alrededor de los 10 años, con la
pubertad (proceso qu e conduce a la m adurez sexual o fertilidad) y que term ina
aproxim adam ente a finales de lo s 19 años (Papalia, W endkos & D uskin, 2001). La
Organización Panam ericana de la Salud y la O rganización M undial de la S alud,
definen la adolescencia como e l período e n tre los 10 y lo s 19 años de edad y la
juventud como el períod o entre los 15 y los 24 años; u tiliza n el té rm in o "personas
adolescentes” para referirse a am bos grupos (OMS, 2008).
En México la población d e 15 a 24 añ os suma 2 0 millones, lo que equivale
al 19 p o r ciento del to ta l de la población (CONAPO, 2007).
En la adolescencia se dan grandes y rápidos cam bios y se d e fin e la form a
en qu e los adolescentes vivirán su vida com o adultos. Durante e sta etapa, el
cuerpo se desarrolla m ás rápidam ente que en cualquier o tro período d e la vida, se
alcanza la m adurez sexual, se increm enta la autonom ía, se conform a la identidad,
aum ente la necesidad por la aceptación social y la tom a de riesgos es una
conducta frecuente (principalm ente conductas sexuales precoces y s in protección,
uso y abuso de sustancias tóxicas y violencia) (Papalia, W endkos & Duskin, 2001).
A unque hay características físicas, cognitivas y socioem ocionales q u e
definen esta etapa evolutiva, los adolescentes no pueden considerarse un grupo
hom ogéneo. Los adolescentes son influidos por el contexto so cia l donde se
culturales, su género y o tra s condiciones de su vida. Siendo así, se podría hablar
de subgrupos de adolescentes, con su s propias características y necesidades
(Moreno; León y Becerra, 2006).
La adolescencia e s una época d e grandes cam bios físico s y em ocionales
en que s e define la personalidad d e los seres humanos. Es una ép oca de
búsqueda y de aprendizaje en que lo s adolescentes todavía necesitan apoyo de
su fam ilia, d e la escuela y de la sociedad en su conjunto. “Los resultados del
índice para lo s jóvenes d e 12 a 17 a ñ o s son un llam ado a estos grupos y a las
instituciones gubernam entales en M é xico para da r más atención al cum plim iento
de los derechos básicos d e los adolescentes,” señaló la Representante d e l Fondo
de Naciones Unidas p a ra la Infancia (UNICEF) en México, Yoriko Yasukawa
(UNICEF, M éxico, 2006).
La salu d de los adolescentes tie n e tam bién efectos intergeneracionales.
Los bebés d e padres ádolescentes presentan un mayor riesgo de insuficiencia
ponderal y muerte. Tam bién es m á s probable que padezcan las mismas
dificultades sociales o económ icas q u e han debido afrontar sus padres. Hay
argum entos económ icos d e peso para ocuparse d e la salud de los adolescentes.
En los que están estudiando, un m ejor estado de salud increm enta los índ ices de
m atriculación y perm anencia en los ce n tro s de enseñanza, m ejora el rendim iento
cognitivo y s e traduce e n una mayor productividad. Además, conviene proteg er la
inversión realizada en la supervivencia y educación de los niños que han llegado a
Como se señ ala antes, la tom a de riesgos es com ún en esta etapa, la vida
sexual activa e indiscrim inada e s una conducta frecuente.
En México e l 13.8 por c ie n to de las m ujeres de 15 a 19 años tu vo al menos
un h ijo en 1970, 6 por ciento d e las m ujeres tuvo al m enos un hijo e n 2000, y 5
por cien to de las m ujeres tiene a l menos un h ijo en 2004, p o r lo que e l número de
m ujeres adolescentes que experim entan la m aternidad se redujo d e 316 mil en
2000 a 259 m il e n 2004 (CO NAPO , 2004), sin em bargo, el núm ero aún es
considerable.
El inicio d e las relaciones sexuales tie n d e a ser m ás tem prano. La edad
prom edio a la prim era relación sexual dism inuyó, pasando de 17.2 añ os en 1995 a
15.9 años para e l añ o 2000, 25 p o r ciento de la s mujeres en tre 15 y 19 años había
tenido relaciones sexuales y o ch o de cada d ie z mujeres jóvenes de 15 a 19 años
tuvieron su prim era relación se xu a l sin protección (CONAPO, 2004).
E l em barazo a edades ca d a vez más tem pranas s e está convirtiendo en un
problem a social y d e salud pú blica de alcance mundial. A fe cta a textos los estratos
sociales, pero predom ina en la s clases de ba jo nivel socioeconóm ico, en parte
debido a la falta d e educación sexual y al desconocim iento de los métodos de
control de la natalidad (Uzcátegui, 1998).
A pesar d e que la adolescente em barazada pueda construir
psicológicam ente su em barazo como un evento positivo, son evidentes las
consecuencias negativas que se arrojan so b re ella; d e b e enfrentar una gran
problem ática, qu e involucra variedad d e aspectos com o: “aceptación del
em barazo; nesgo de salud fís ic a (m adre-hijo); rechazo de la m aternidad;
dependencia creciente de la fam ilia; angustia de la crianza (incluye m altrato del
niñ o); desaprobación social; dificultad p a ra lograr hogar estable; y pérdida d e la
oportunidad d e desarrollo arm ónico e integral, de m ejorar su nivel educativo y
económ ico, y d e alcanzar su s aspiraciones” (Moreno; León y B ecerra, 2006).
No p a rece haber acuerdo entre los autores en relación a las causas del
em barazo en la adolescencia.
“S ingh y Yu, citados p o r Moreno, León y B ecerra, refieren que
factores de diferente naturaleza, como los que s e m encionan a
continuación, pueden aum entar su posibilidad de ocurrencia: personales
(edad d e la menarquia, deseo d e independencia, ignorancia de su anatom ía
y fisiolog ía, desconocim iento d e métodos preventivos, soledad y baja
autoestim a, em barazo anterior, uso y abuso de drogas); fa m ilia re s
(inestabilidad fam iliar, padre o m adre con enferm edad crónica; ejem plo
fam iliar d e embarazo, falta de com unicación entre padres e hijos); socia le s
(liberación de costum bres, estrato social de menos recursos económ icos;
presión grupal y de pareja, carencia de oportunidades reales, influencia de
los m e dios de com unicación so cia l, falta d e políticas coherentes para
abordado, abuso sexual, prostitución y pornografía en adolescentes)”