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El ABC de La Pragmatica

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Academic year: 2021

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Graciela Reyes

El abecé de la pragmática

CUADERNOS DE LENGUA ESPAÑOLA

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Graciela Reyes

El abecé de la pragmática

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Lengua Española

Dirección: L. Gómez Torrego

1.a edición, 1995. 2.a edición, 1996. 3.a edición, 1998. 4.a edición, 2000. 5.a edición, 2002. 6.a edición, 2003. 7.a edición, 2007. © by Arco Libros, S.L., 2007

Juan Bautista de Toledo, 28. 28002 Madrid ISBN: 978-84-7635-169-7

Depósito legal: M. 156-2007

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Í N D I C E

I N T R O D U C C I Ó N

Pág-1. Pragmática eres tú 7 2. El significado del hablante 8

C A P Í T U L O I . E L S I G N I F I C A D O C O N T E X T U A L 1 3

1. Oración y enunciado 13 2. La codificación del contexto 15 3. Qué hacer con el exceso 17 4. El contexto, los contextos 19 C A P Í T U L O I I . ¿ Q U É E S L A PRAGMÁTICA? 2 3

1. Definiciones 23 2. La sinfonía, los músicos y sus ejecuciones defectuosas 26

3. El lenguaje no es siempre gramatical ni siempre lógico ... 27

4. La teoría de los actos de habla 30 5. El significado intencional 34 6. La pragmática actual 35 C A P Í T U L O I I I . L o D I C H O Y L O I M P L I C A D O : E L M O D E L O D E G R I C E ... 3 8 1. El p r i n c i p i o de cooperación 38 2. Ejemplos de implicaturas 41 3. Tipos de implicaturas 43 4. Lógica y conversación 48 C A P Í T U L O IV. L o D I C H O Y L O I M P L I C A D O : L A T E O R Í A D E L A RELE-V A N C I A 53 1. El concepto de relevancia 53 2. Interferencias y contexto 56 3. La explicatura 58 4. La relevancia de las metáforas 61

EJERCICIOS 65

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I N T R O D U C C I Ó N

1. PRAGMÁTICA ERES TÚ

Usamos el lenguaje todos los días, lo usamos descuidada-mente, dificultosadescuidada-mente, placenteradescuidada-mente, artísticamente. Tene-mos conciencia de usarlo con mayor o m e n o r corrección o efec-tividad, pero rara vez nos paramos a pensar en el mecanismo o c u l t o que hace f u n c i o n a r la c o m u n i c a c i ó n , es decir, en los principios que guían el empleo del lenguaje en nuestros diálo-gos con los demás.

Las palabras significan p o r sí mismas, y, sin embargo, la co-m u n i c a c i ó n exige co-m u c h o co-más que intercaco-mbiar significados pre-establecidos. Piénsese en la diferencia entre p r e g u n t a r "¿Qué quiere decir esa palabra?" y "¿Qué quieres decir c o n esa pala-bra?" En el p r i m e r caso estamos p i d i e n d o u n a i n f o r m a c i ó n so-bre el lenguaje, que se encuentra, p o r ejemplo, en el dicciona-r i o . En el segundo caso, estamos planteando un p dicciona-r o b l e m a de interpretación que tiene que ver con la i n t e n c i ó n del hablante al usar la palabra: estamos preguntando p o r el significado que debemos interpretar en ese contexto.

La pragmática lingüística estudia esa segunda d i m e n s i ó n del significado, analizando el lenguaje en uso, o, más específica-mente, los procesos p o r m e d i o de los cuales los seres humanos p r o d u c i m o s e interpretamos significados cuando usamos el len-guaje.

En estos últimos años, la pragmática se ha afianzado y ex-t e n d i d o de manera noex-table, c o m o aex-tesex-tiguan varios congresos internacionales m u l t i t u d i n a r i o s , nuevas revistas especializadas, y un n ú m e r o creciente de libros, manuales, artículos y tesis doc-torales.

El estudio d e l uso d e l lenguaje no es nada nuevo (lleva, probablemente, más de dos milenios), pero la pragmática es el p r i -m e r i n t e n t o de hacer, d e n t r o de la lingüística, u n a teoría del

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significado de las palabras en su relación con hablantes y con-textos. El programa de la pragmática es m u y provocativo: se tra-ta de explicar, entre otras cosas, en qué consiste la interpretra-ta- interpreta-c i ó n de un enuninterpreta-ciado, interpreta-cuál es la f u n interpreta-c i ó n del interpreta-contexto, qué relación hay entre el significado literal y el significado c o m u n i -cado, p o r qué hablamos c o n figuras, c ó m o afecta la f u n c i ó n co-municativa a la gramática de las lenguas.

Para estudiar estos fenómenos es preciso volverse hacia el usuario y observar sistemáticamente qué hace con el lenguaje. Somos nosotros los que nos comunicamos, no nuestros mensa-jes, y p o r eso puede decirse que la pragmática trata de nosotros,

los hablantes. La pregunta ¿qué es la pragmática?, que es u n a de las que debemos contestar en estas páginas, tiene algo en co-m ú n con aquella del poeco-ma de Bécquer:

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres t ú .

(Rima X X I )

A "¿Qué es la pragmática?" p o d r í a contestarse t a m b i é n "Prag-mática eres t ú " . Lo bello, fascinante y complejo de la mujer que pregunta, en el poema de Bécquer, cualidades que la asimilan, para el poeta, a la poesía misma, se transforma, en nuestra ver-sión prosaica, en lo bello, fascinante y complejo de nuestra ca-pacidad para comunicarnos p o r m e d i o del lenguaje.

2. EL SIGNIFICADO DEL HABLANTE

La pragmática se ocupa de estudiar el significado lingüístico, pero no el significado de las palabras aisladas de contexto, ni de las oraciones aisladas de contexto, sino el significado de las palabras (u oraciones, o fragmentos de oraciones) usadas en ac-tos de comunicación. El significado d e l lenguaje usado se suele llamar "significado del hablante", y se caracteriza p o r ser i n t e n -cional y depender de las circunstancias en que se produce el ac-to de la palabra.

Las palabras que usamos constituyen casi siempre un esbozo, un dibujo a p r o x i m a d o , una guía imprecisa y cambiante según la ocasión, guía que tiene la v i r t u d , sin embargo, de suscitar cier-tas imágenes mentales en nuestros interlocutores. Si esas imáge-nes c o i n c i d e n aproximadamente con las que queríamos

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provo-INTRODUCCIÓN 9 car, consideramos que nos hemos c o m u n i c a d o . El proceso es m u y complicado y cuanto más se lo analiza más se a d m i r a u n o de que la c o m u n i c a c i ó n se realice c o n tanta frecuencia y for-tuna.

Si al volver a casa después de unos días de vacaciones en-contramos un mensaje en el contestador que dice algo c o m o

Soy Juana, y quería decirte que el martes salgo para Roma

entendemos, entre otras cosas no dichas, que Juana no hablaba desde Roma, que el día que l l a m ó era cualquiera menos el l u -nes anterior a su salida (porque en ese caso hubiera d i c h o "ma-ñana" o "mañana martes"), y t a m b i é n entendemos, o debería-mos entender, entre otras cosas posibles, q u i é n es Juana y para qué nos da esa i n f o r m a c i ó n . La pragmática estudia los p r i n c i -pios regulares que guían los procesos de i n t e r p r e t a c i ó n lingüís-tica. Al estudiar esos p r i n c i p i o s , la pragmática estudia también la naturaleza del lenguaje c o m o i n s t r u m e n t o de comunicación. La n o c i ó n de significado del hablante se opone a la de sig-nificado convencional, a veces llamado literal, que es el que las expresiones poseen p o r convención, el que comparte toda la co-m u n i d a d de hablantes y suele estar registrado en graco-máticas y diccionarios. Este n i v e l de significado es estudiado p o r la se-mántica. Problemas c o m o la a m b i g ü e d a d y la polisemia de ciertas expresiones corresponden al campo de estudio de la se-mántica. En un sentido más estricto, la semántica estudia la co-rrespondencia entre las oraciones y el m u n d o , es decir, las con-diciones veritativas que deben cumplirse para que u n a oración sea verdadera o falsa. Al usarse el lenguaje se p r o d u c e n signifi-cados que desbordan el valor veritativo de las oraciones; estos significados residuales, no preestablecidos, deben ser teorizados p o r la pragmática, que muchos lingüistas ven c o m o un complem e n t o de la secomplemántica y p o r lo tanto c o complem o u n a parte de la l i n -güística.

El proceso de entender literalmente una expresión lingüísti-ca es ya bastante c o m p l i c a d o , sobre t o d o cuando el mensaje, aunque explícito, es d i f í c i l de descifrar p o r su tema, p o r su vo-cabulario, y a veces p o r q u e no conocemos suficientemente al emisor o a las circunstancias en que fue e m i t i d o . En otros ca-sos, el significado convencional de las palabras no es suficiente.

Algunas expresiones como, p o r ejemplo, yo, este, allá,

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golpea la puerta y dice Abre, soy yo debo reconocer la voz para decidir a q u i é n le abriré o no la puerta, ya que la palabra yo no remite a n i n g u n a persona específica, sino que meramente seña-la al que habseña-la. Yo y otras expresiones simiseña-lares dejan de refe-rirse al m u n d o cuando se las saca de contexto: sin un p u n t o de origen ( u n hablante en su lugar y tiempo, dotado de i n t e n c i ó n comunicativa) resultan vacías.

Otras expresiones tienen p l e n o significado, pero este varía según q u i é n las use, cuándo, y con qué i n t e n c i ó n . Cuando de-cimos no, a veces queremos decir quizá, e incluso sí, y decirle que sí a un n i ñ o no es lo m i s m o que decirle que sí al juez. La referencia al m u n d o de ciertas palabras puede también cambiar.

Tibio no significa lo mismo en El biberón está tibio y en La cerveza está tibia: en cada caso la palabra tibio se refiere a u n a

tempera-tura diferente e i m p l i c a u n a serie de cosas diferentes (entre es-tas, p o r ejemplo, que el bebé ya puede tomar el b i b e r ó n , y que es imposible beber la cerveza).

La expresión el libro de Rosa no es fácil de descodificar, ya que la relación entre "el l i b r o " y "Rosa" (si Rosa es la autora o es la dueña del l i b r o ) depende de principios pragmáticos. C o m o veremos en los capítulos m y rv, para seleccionar la interpreta-ción correcta de u n a expresión como esta el oyente debe partir del supuesto de que el hablante está diciendo algo pertinente y comprensible, es decir, debe p a r t i r de p r i n c i p i o s pragmáticos para establecer el significado de la expresión.

Pero u n a vez que se llega a entender lo que alguien ha d i -cho (lo explícito) falta todavía un gran paso para completar la interpretación de un enunciado. El significado que el hablante quiere comunicar tiene u n a parte explícita y u n a parte i m p l í c i -ta, lo que no se dice pero también se comunica. Por "significa-do del hablante" debemos entender el significa"significa-do completo de un enunciado, constituido p o r lo que el hablante quiere comu-nicar explícita e implícitamente. La interpretación de este signi-ficado es el resultado de u n a operación de descodificación (des-codificamos los signos lingüísticos usados) y de la derivación de inferencias: inferimos lo que se nos quiere decir, que no suele estar totalmente explícito.

En las páginas que siguen intentaré explicar cómo estudia la pragmática actual el f u n c i o n a m i e n t o del lenguaje. Me he pro-puesto hacerlo de la manera más sencilla y menos técnica posi-ble, para que la exposición resulte de algún provecho a quienes se i n i c i a n en la pragmática, y también a los lectores sin

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prepa-I N T R O D U C C prepa-I Ó N 11 ración en lingüística, que solo tengan interés p o r ver cómo se estudia hoy en día el uso del lenguaje.

D e b i d o a la falta de espacio, quedarán sin tratarse unos cuantos temas. En la Bibliografía final se encontrará u n a lista de introducciones generales a la pragmática, seguida de otra lis-ta que incluye dos tipos de estudios: los cilis-tados en el texto y otros que son recomendables.

La finalidad de los Ejercicios no es tanto comprobar los conocimientos adquiridos cuanto estimular la práctica de cierto t i po de reflexiones sobre el lenguaje. Estos ejercicios a d m i t e n d i -ferentes respuestas correctas o adecuadas, p o r lo cual no se encontrarán aquí las soluciones.

Quisiera que el lector tomara este l i b r i t o no solamente co-mo u n a guía, sino sobre todo coco-mo u n a invitación a seguir es-t u d i a n d o pragmáes-tica.

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C A P Í T U L O I

E L S I G N I F I C A D O C O N T E X T U A L

1. O R A C I Ó N Y ENUNCIADO

Hemos distinguido, en la I n t r o d u c c i ó n , dos tipos de signifi-cado, el significado de la oración y el significado del hablante, y hemos d i c h o que la semántica estudia el p r i m e r t i p o de signi-ficado, y la pragmática, en cambio, el segundo.

El significado del hablante es el que expresan sus enuncia-dos. El enunciado es u n a u n i d a d comunicativa que equivale a la i n t e r v e n c i ó n o c o n t r i b u c i ó n de un hablante en u n a conversa-c i ó n , y que puede conversa-consistir en u n a o r a conversa-c i ó n conversa-completa o en un f r a g m e n t o de o r a c i ó n . Los enunciados se p u e d e n d e f i n i r así: unidades lingüísticas (habladas o escritas) que están inherente-mente contextualizadas (cf. Schiffrin, Approaches to discourse, pág. 41). A u n q u e no siempre tengan f o r m a de oración, suele decir-se, para simplificar, que los enunciados son oraciones puestas en uso, es decir, puestas en contexto.

Los ejemplos que suelen analizarse en pragmática son casi siempre representaciones de enunciados, no verdaderos enun-ciados, ya que carecen de contexto; para interpretarlos debemos imaginar algún contexto, aunque sea m í n i m o . En los ejemplos de este l i b r i t o (que proceden, en su mayor parte, de diálogos reales) p o n d r é entre paréntesis, cuando me parezca necesario, algunos datos del contexto.

Las oraciones tienen significados convencionales (o gramati-cales). Véase la siguiente oración:

(1) El n i ñ o está enfermo.

Esta oración está compuesta p o r u n a serie de elementos léxicos

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reglas de la gramática. Las reglas de concordancia exigen que el sujeto y el verbo concuerden en n ú m e r o y persona, las reglas sobre o r d e n de palabras estipulan que el a r t í c u l o preceda al n o m b r e , etc. (1) reproduce u n a oración bien formada p o r q u e respeta las reglas gramaticales del español. Si no las respetara, diríamos que la oración es agramatical. La versión siguiente de (1), p o r ejemplo, tiene u n a anomalía sintáctica, y así lo indica-mos p o n i e n d o un asterisco:

(1') *Niño el está enfermo.

Tanto los significados de los elementos léxicos como el con-j u n t o de reglas para combinarlos son convencionales, es decir, no

naturales, lo que significa que no obedecen a leyes físicas ni a principios de lógica, sino que son arbitrarios y se han i d o consolidando a lo largo de la práctica del lenguaje en u n a c o m u n i -dad. "Convencional" significa 'acordado', 'preestablecido'. Por supuesto muchas de esas convenciones están motivadas precisa-mente p o r las necesidades comunicativas de los hablantes, y esa m o t i v a c i ó n se percibe mejor en los procesos de cambios l i n -güísticos. Pero u n a vez que el cambio se ha impuesto, la nueva f o r m a o construcción pasa a f o r m a r parte de un sistema de re-gularidades, y estas son convencionales.

Las lenguas humanas son convencionales, no "naturales". En efecto: aunque la facultad del lenguaje es natural a la especie h u m a n a y parte de su herencia biológica, las lenguas que ha-blamos son productos culturales y p o r lo tanto convencionales en sus estructuras fónicas, sintácticas y semánticas. No hay que dejarse c o n f u n d i r p o r la expresión "lenguas naturales", que se aplica a las lenguas humanas para distinguirlas de las lenguas artificiales. N i n g u n a ley física nos obliga a p r o n u n c i a r de cierta manera y no de otra una palabra, o nos obliga a mantener la concordancia entre sustantivo y adjetivo, o nos obliga a decir la

sartén en lugar de el sartén (cuando lo decimos).

La gramática (en la que i n c l u y o fonología, morfosintaxis y semántica) es la disciplina lingüística que estudia las estructuras convencionales de sonidos, combinaciones de morfemas y signi-ficados. La pragmática, a su vez, estudia la p o r c i ó n de significa-do que no es convencional o gramatical, es decir, que no está codificado p o r reglas. Esta distinción es válida, pero, c o m o ve-remos enseguida, no es tan n í t i d a c o m o u n o quisiera.

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EL SIGNIFICADO CONTEXTUAL 15 Volvamos a la oración (1). Para la semántica, que estudia el significado lingüístico, este consiste en la relación entre las ex-presiones y el m u n d o , o, más exactamente, en las condiciones veritativas de la oración: las que deben cumplirse para que u n a expresión describa u n a situación de manera verdadera. Así, para explicar el significado de (1), hay que verificar la relación entre la situación descrita y el m u n d o : el c o n t e n i d o de la o r a c i ó n , l l a m a d o proposición, es verdadero si el n i ñ o está en-fermo.

Un hecho curioso y sin d u d a d i g n o de estudio (por eso lo estamos estudiando) es que los hablantes no usan la oración (1) exclusivamente para decir que el n i ñ o está enfermo, que es lo que la oración significa semánticamente. (1), c o m o parte de un diálogo, es decir, convertida en enunciado, puede tener otros significados. Si u n a madre, p o r ejemplo, usa esa frase cuando la invita u n a amiga suya a salir de compras, su enunciado puede implicar, entre otras cosas, que no puede salir esa tarde. Las ora-ciones, u n a vez puestas en uso, se llenan de significados nuevos, incluso algunos que contradicen los significados semánticos (co-mo vere(co-mos en el ejemplo (7), abajo). La semántica relaciona unas formas lingüísticas con los objetos del m u n d o que esas for-mas representan, y no se p r e g u n t a para qué le sirve a un ha-blante e m i t i r esas formas en un contexto comunicativo: esa es tarea de la pragmática.

2. LA CODIFICACIÓN DEL CONTEXTO

No siempre son nítidas, c o m o hemos d i c h o , las diferencias entre el significado semántico y el pragmático. Obsérvese, p o r ejemplo, la siguiente oración:

(2) Un librito así va a interesarles.

Tenemos aquí u n a o r a c i ó n b i e n formada, de acuerdo con las reglas de la gramática española. No es fácil, sin embargo, esta-blecer el significado o representación semántica de (2), p o r q u e algunas de las palabras de la oración no significan nada, o no significan fuera de contexto. Esas palabras son así y les. ¿Qué quiere decir así? ¿Qué quiere decir les? Por supuesto, todos los hablantes de español reconocemos esas formas; las podemos en-contrar, incluso, en el diccionario, pero el diccionario no nos va

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a ayudar a entender la oración (2), p o r q u e tenemos que saber algo más: necesitamos datos del contexto.

Las lenguas humanas poseen elementos gramaticales que co-difican algunos aspectos del contexto. Entre estos elementos se encuentran los deícticos. El f u n c i o n a m i e n t o de los deícticos no se puede estudiar sin acudir a la n o c i ó n de contexto, p o r q u e los deícticos hacen conexiones entre lo que se dice y entidades del contexto. Les, en el ejemplo (2), se refiere a ciertas perso-nas presentes en el contexto. Para asignar referencia a les debe-mos saber quiénes son esas personas. Lo mismo pasa con el ad-verbio así: no tiene significado si no se lo asocia a un contexto. Son deícticos los p r o n o m b r e s personales, que identifican a los participantes del acto comunicativo; también lo son expresiones c o m o aquí, allí, ahora, ayer y los tiempos verbales, que relacio-n a relacio-n la acciórelacio-n del verbo corelacio-n urelacio-n t i e m p o m e d i d o desde el pre-sente del hablante. El f u t u r o va a interesarles solo puede enten-derse a p a r t i r d e l presente d e l hablante que p r o d u j o el enunciado: el presente del hablante (y p o r lo tanto el hablante) f o r m a n parte del significado t e m p o r a l de los verbos.

De m o d o que para interpretar semánticamente (2), que con-tiene deícticos, debemos insertar la oración en un contexto. Lo mismo pasa con (3) y (4):

(3) Yo peso 60 kilos.

(4) No, este no, prefiero aquel.

Si no sabemos a q u i é n r e m i t e yo, en ( 3 ) , m a l podemos com-prender la oración y p o r lo tanto hacer n i n g ú n j u i c i o sobre su valor de verdad. Igualmente vacíos de significado, fuera de con-texto, resultan las formas este, aquel, y el m o r f e m a de p r i m e r a persona en (4).

Los deícticos están en el l í m i t e entre la semántica y la prag-mática. ¿Hasta d ó n d e llega la semántica, y d ó n d e empieza la pragmática? Para muchos lingüistas, la pragmática empieza con los deícticos y otros elementos similares, que f o r m a n parte de la gramática de u n a lengua, pero no son independientes del con-texto. A p a r t i r del m o m e n t o en que, para asignar significado a expresiones lingüísticas, debemos r e c u r r i r al contexto, estamos haciendo pragmática.

El ejemplo (2) de arriba reproduce algo verdaderamente d i -cho (en este caso, escrito), cuando el director de esta serie y yo

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EL SIGNIFICADO CONTEXTUAL 17 empezamos a discutir la idea de un c u a d e r n o dedicado a la pragmática. Así quería decir, en ese diálogo, un l i b r i t o con ciertas características ya comentadas antes p o r nosotros, y el p r o -n o m b r e perso-nal les se refería a los profesores de le-ngua y a otras personas interesadas en u n l i b r i t o de esas características; toda esa i n f o r m a c i ó n f o r m a b a parte de nuestro contexto. Lo que parece u n a oración oscura e incomprensible es, c o m o enun-ciado, perfectamente interpretable.

A l l á lejos y hace t i e m p o , cuando las líneas telefónicas se unían, no era raro levantar el tubo del teléfono y escuchar u n a conversación entre desconocidos. Q u i e n haya t e n i d o tal expe-riencia sabe que es m u y difícil entender la conversación ajena. ¿Quién es " m i cuñado", qué pasó el lunes, a q u i é n vio ella, p o r qué J u a n d i j o eso, qué significa "eso", y, en t o d o caso, q u i é n se-rá Juan? Tampoco sabemos b i e n de qué se ríen cuando se ríen. A d i v i n a m o s algunas cosas, p e r o no sabemos "de qué va", real-mente, p o r q u e nos faltan los contextos. Toda la semántica del m u n d o no nos sirve para curiosear la vida verbal ajena.

En otros intercambios lingüísticos el contexto se hace explí-cito para evitar malentendidos. En la "conversación" con el ca-j e r o automático, p o r eca-jemplo, nos queda poco que inferir, casi

t o d o lo pertinente a la transacción está previsto de antemano y enunciado. Pero esas conversaciones son las menos interesantes, son las menos humanas, precisamente.

El p r o b l e m a entre semántica y pragmática es un p r o b l e m a de límites, que p o d r í a plantearse así: ¿dónde empiezan los significados contextúales? Las expresiones referenciales c o m o

el niño, p o r ejemplo, en nuestra oración (1), ¿no r e m i t e n

tam-b i é n a un contexto que hay que conocer para asignar a la ora-c i ó n valor de verdad? ¿Dónde t e r m i n a la semántiora-ca? ¿Hasta dón-de llega el contexto?

3. Q U É HACER C O N EL EXCESO

Dije arriba que muchos lingüistas creen que la pragmática comienza en los deícticos y otras expresiones similares cuyo sig-nificado depende del contexto. Debo agregar ahora que muchos de esos lingüistas creen que la pragmática empieza y termina en esas expresiones. Su argumento es más o menos así: si se quiere considerar a la pragmática u n a de las subdisciplinas de la l i n -güística, debe asignársele un objeto lingüístico. Digamos que ese

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objeto es la p o r c i ó n sobrante de significado, lo que no puede ser analizado p o r el c r i t e r i o d e l valor de verdad. Esa sobra, ese exceso, está parcialmente i n c o r p o r a d o a la gramática en los d i -ferentes subsistemas deícticos (pronombres, adverbios, tiempos verbales) y en fenómenos convencionales, o parcialmente con-vencionales, c o m o ciertas implicaciones (que veremos en el ca-p í t u l o I I I ) . Lo que no está en la gramática no es lingüístico, y p o r lo tanto no puede ser objeto de u n a ciencia lingüística.

Esta postura es válida, pero deja fuera de la lingüística m u -chos fenómenos que, sin embargo, t i e n e n que ver c o n el len-guaje, con su estructura y su significado. El siguiente enuncia-do, p r o d u c i d o durante u n a c o m i d a , tiene u n significado pragmático que no está relacionado directamente c o n su signi-ficado semántico:

(5) Estas sopas de verdura quedan siempre un poco sosas, ¿no?

Q u i e n hace tal observación mientras toma la sopa no pretende, quizá, i n f o r m a r a sus oyentes de las cualidades generales de cier-tas sopas, sino i n d i c a r que su sopa está sosa y que le gustaría ponerle sal. La finalidad del enunciado (5) p o d r í a ser p e d i r sal (sin ofender al que hizo la sopa, p o r ejemplo), algo que cum-ple de manera bastante indirecta, pero efectiva si obtiene como consecuencia que alguno de los comensales lo tome c o m o u n a petición. Ni siquiera (6) significa lo mismo literal que pragmá-ticamente:

(6) ¿Podrías pasarme la sal?

Semánticamente, la pregunta indaga sobre lo que el interlocutor puede o no puede hacer. Pero, pragmáticamente, (6) f u n -ciona c o m o un p e d i d o o u n a o r d e n de pasar la sal.

En (7) el desnivel es todavía más n o t o r i o . Supóngase, para seguir c o n la sopa, que Mafalda, que odia ese a l i m e n t o ( p u n -tualmente presente, p o r lo menos u n a vez al día, en las mesas de todos los niños del país de Mafalda), lo prueba y dice, con claras manifestaciones de náusea:

(7) ¡Qué rica sopa!

El significado de Mafalda no tiene m u c h o que ver con el valor de verdad de la o r a c i ó n que usa. Si Mafalda dijera la verdad,

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EL SIGNIFICADO CONTEXTUAL 19 e m i t i r í a algo c o m o "¡Qué asquerosa sopa!". Pero no se trata aquí de decir la verdad, sino de usar el lenguaje de cierta ma-nera, de m o d o que signifique otra cosa que lo que convencio-nalmente significan las palabras empleadas.

Ejemplos del tipo de (5), (6) y (7) muestran desniveles en-tre el significado l i t e r a l y el significado que podríamos llamar "real", el que el hablante realmente quiere transmitir. No se tra-ta de un m e r o exceso de significado, sino de un verdadero des-plazamiento. El hablante quiere decir algo que está más allá de sus palabras. Y esto sucede todos los días, es parte de nuestra r u t i n a de hablantes. No hay, sin embargo, señales gramaticales que nos o r i e n t e n . N o hay u n m o r f e m a especial, p o r ejemplo, que i n d i q u e a la madre de Mafalda que Mafalda está hablando con ironía, ni tampoco esa señora necesita la ayuda d e l morfe-ma: le basta con conocer a su hija. (La i r o n í a puede marcarse con ciertos elementos lingüísticos como la entonación o el vo-cabulario, p e r o estas marcas no son indispensables. Ni siquiera los gestos lo son.)

La pragmática de los ú l t i m o s años tiende a presentarse co-mo u n a teoría sobre la p r o d u c c i ó n e i n t e r p r e t a c i ó n de los sig-nificados lingüísticos gramaticalizados y t a m b i é n y sobre t o d o los no gramaticalizados. La pragmática se p r o p o n e estudiar to-do el exceso posible, pero, c o m o no es fácil d e l i m i t a r el exceso, tenemos en estos momentos (mediados de 1994), tendencias d i -ferentes d e n t r o de la pragmática.

Antes de pasar a u n a caracterización de esos modelos, lo que haremos en el capítulo siguiente, debemos ver, aunque sea su-mariamente, qué problemas presenta la n o c i ó n de contexto.

4. EL CONTEXTO, LOS CONTEXTOS

H e m o s hablado hasta ahora de contexto, sin d e l i m i t a r esa n o c i ó n , tan comprensible intuitivamente, y sin embargo tan d i -f í c i l de de-finir, p o r q u e cada teoría lingüística le da un signi-fica- significa-do diferente, y los significasignifica-dos técnicos se superponen a los d e l lenguaje corriente, que también varían. En general, se entiende p o r contexto, en lingüística, el c o n j u n t o de conocimientos y creencias compartidos p o r los interlocutores de un i n t e r c a m b i o verbal y que son pertinentes para p r o d u c i r e i n t e r p r e t a r sus enunciados.

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Los intentos de teorizar el exceso de significado h a n llevado a varias teorías sobre el contexto. Se suelen deslindar tres üpos de contexto: el lingüístico, el situacional y el sociocultural. El p r i m e r o está f o r m a d o p o r el material lingüístico que precede y sigue a un enunciado, y se lo llama a veces cotexto. El segundo t i p o , o contexto situacional, es el conjunto de datos accesibles a los participantes de una conversación, que se encuentran en el c o n t o r n o físico inmediato. Por ejemplo: para que el enunciado

Cierre la puerta, por favor tenga sentido, es necesario que haya

ciertos requisitos contextúales que son parte de la situación de habla: que haya u n a puerta en el lugar donde ocurre el diálo-go, y que esté abierta, entre otras cosas. Finalmente, el contex-to sociocultural es la configuración de dacontex-tos que proceden de condicionamientos sociales y culturales sobre el comportamien-to verbal y su adecuación a diferentes circunstancias. Hay regu-laciones sociales sobre cómo saludar, p o r ejemplo, o sobre qué tratamiento o registro lingüístico usar en cada t i p o de situación.

No todos los pragmatistas están dispuestos a i n c l u i r en sus teorías los contextos socioculturales (como se verá revisando los manuales de pragmática, d o n d e a veces ni se los m e n c i o n a ) . Pero estos contextos contribuyen activamente a la interpretación de enunciados. Hasta las instituciones mismas f u n c i o n a n c o m o contextos: el lenguaje legal, el religioso, el burocrático, h a n es-tandarizado formas lingüísticas que p e r m i t e n el f u n c i o n a m i e n t o de esas mismas instituciones.

U n o de los aspectos más interesantes del contexto sociocul-tural está constituido p o r los marcos de referencia {frames): los enunciados se interpretan siempre dentro de un marco metaco-municativo que clasifica la situación de habla y el papel de los participantes. Así, p o r ejemplo, el marco puede indicar "habla-mos en serio" o "habla"habla-mos en broma". Los marcos generan ex-pectativas y presuposiciones sin las cuales sería imposible el tra-bajo de p r o d u c i r e interpretar lenguaje. Otras veces, los frames nos proveen de u n a serie de datos necesarios para la comunica-c i ó n : son, comunica-cognoscomunica-citivamente, estrucomunica-cturas estereotípicomunica-cas sobre situaciones o conceptos, que nos p e r m i t e n asociar unos signifi-cados con otros, de m o d o que si decimos, p o r ejemplo, "biblio-teca", se cristalizará automáticamente un c o n t e x t o c o n s t i t u i d o p o r entidades como "libros", "estantes", "bibliotecarios", etc.

En situaciones de habla ritualizadas, el valor de verdad de las oraciones que usamos pasa a segundo plano. La institución del regalo, p o r ejemplo, exige en algunas sociedades que el que

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EL SIGNIFICADO CONTEXTUAL 21 regala debe restar valor a lo que ofrece, y el que lo recibe debe exagerar el valor de lo recibido. En esas sociedades, cualquier transgresión a esta n o r m a se penaliza, al m a r g e n de la verdad sobre el valor del obsequio. Del mismo m o d o , en nuestra socie-d a socie-d no se puesocie-de socie-decir a la flamante masocie-dre, con t o socie-d o cariño y verdad, "¡Qué bebé tan feo, p o r Dios!", salvo en b r o m a (jamás escuché tal b r o m a , sin e m b a r g o ) . En cada ocasión decimos lo que queremos decir p e r o t a m b i é n lo que se espera que diga-mos, porque nuestra vida lingüística está fuertemente codificada p o r normas sociales. Y estas codificaciones son parte del con-texto, ya que d e t e r m i n a n el significado de los enunciados.

A veces puede pasar que las condiciones sociales que rigen el uso del lenguaje sean más fuertes que las reglas de la gramá-tica, m a l que les pese a los gramáticos. Un b u e n ejemplo son expresiones c o m o la catedrático, la médico, la ingeniero, de uso nor-m a l en España.

Tales expresiones son monstruos sintácticos, ya que violan la sacrosanta concordancia de género entre el sustantivo y la per-sona a q u i e n designan, que es u n a mujer, como muestra el ar-tículo la. Los hablantes que dicen la catedrático jamás d i r í a n la

secretario o la enfermero. En el Diccionario de uso del español de

María M o l i n e r se lee lo siguiente:

catedrático, -a (Admitida por la R. A. la forma femenina, se con-sidera incorrecto el empleo de la masculina con el artículo fe-menino) .

El hecho de que la Real A c a d e m i a de la L e n g u a haya t e n i d o que a d m i t i r la f o r m a femenina i n d i c a que tal f o r m a es u n a re-lativa novedad en los usos lingüísticos. C o m o sabemos, ciertas profesiones son tradicionalmente masculinas y los hablantes si-guen usando el masculino p o r inercia. T a m b i é n hay que recor-dar que las formas femeninas arrastran u n a c o n n o t a c i ó n peyo-rativa, c o m o si lo f e m e n i n o fuera intrínsecamente inferior. De ahí que algunas poetisas, contribuyendo a mantener los estereo-tipos misóginos, no quieran ser llamadas poetisas, sino poetas, ya que aceptan el hecho ratificado p o r la sociedad (y reflejado en el lenguaje) de que lo f e m e n i n o es i n f e r i o r o cursi. El p o b r e m o r f e m a -isa significa pues, en ciertos casos, no sólo 'género f e m e n i n o ' , sino, pongamos, 'cursi'. Quizá a ciertas mujeres ser

ingenieras les suene t a m b i é n peyorativo, o, en todo caso, raro,

demasiado marcado, excepto cuando se aplica (pero es desusa-do) a la cónyuge del que tiene el t í t u l o en cuestión.

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Por estas razones, que no son lingüísticas, poca gente ha he-cho caso a la Real Academia en lo de la catedrático. Personas cul-tas dicen, en Castilla, Carmen es médico, o Su mujer es arquitecto, oraciones que deberían llevar el asterisco que las excluye de la gramática española. ¿Deben o no llevarlo? Ambas oraciones son agramaticales, pero así se usan n o r m a l m e n t e , es decir, son enun-ciados que los castellanohablantes consideran correctos y ade-cuados. Es d i f í c i l resolver el p r o b l e m a de cómo u n a expresión puede estar fuera de la gramática y a la vez servir para los usos normales y aceptados del lenguaje. C o m o es fácil imaginar, este t i p o de d i l e m a da lugar a discusiones no siempre cordiales en-tre los lingüistas. A l g u n o s o p i n a n que el concepto de oración b i e n formada no sirve, teóricamente, para m u c h o . Otros o p i n a n que si vamos a prestar atención a c ó m o habla la gente, jamás podremos describir las estructuras básicas de la lengua, descrip-c i ó n que, didescrip-cen, es lo que debe interesar al lingüista. Sin descrip-contar a los puristas, que piensan que todos hablamos mal, y cada vez peor, además, de C i c e r ó n acá (¿qué es esto de estudiar c ó m o usa la gente el lenguaje, si la gente usa mal el lenguaje?).

C o m o muestran la catedrático y la poeta, la influencia de los condicionamientos sociales es tan fuerte c o m o para mover los pilares de la gramática. ¿Debemos dejar estos condicionamien-tos fuera de la lingüística? O, para volver a lo que decíamos al p r i n c i p i o de este apartado, ¿hasta d ó n d e llega el contexto, y, p o r lo tanto, cuál es el alcance de la pragmática?

Desgraciadamente, no podemos contestar a esta p r e g u n t a d e n t r o de los límites de este l i b r i t o . Pero quiero dejarla plantea-da desde el p r i n c i p i o , p o r q u e así el lector ponderará mejor los méritos y limitaciones de las soluciones que da la pragmática a los problemas que vamos a tratar en los capítulos siguientes.

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C A P Í T U L O I I

¿QUÉ ES LA P R A G M Á T I C A ?

1. DEFINICIONES

C u a n d o se empezó a hablar de pragmática se la asociaba, m e d i o en b r o m a y m e d i o en serio, con un cubo de basura d o n -de la lingüística tiraba los problemas -de semántica e incluso -de sintaxis que no podía resolver satisfactoriamente (algunos de los contenidos del cubo de basura se verán en este capítulo). Hasta cierto p u n t o , el p r o b l e m a de que la pragmática carece de u n i -dad teórica y metodológica y de que es d i f í c i l definirla (aunque haberla, la hay) sigue sin resolver.

E n u n l i b r o panorámico sobre l a lingüística m o d e r n a , p u b l i -cado en 1988, el autor del capítulo dedi-cado a la pragmática, Laurence H o r n , c o m e n t a l a d i f i c u l t a d d e dar u n a d e f i n i c i ó n , c o n t r a p o n i e n d o esta d i f i c u l t a d al hecho de que la pragmática ya es, p o r derecho p r o p i o , u n a disciplina académica, con un i m -presionante caudal de estudios realizados y ciertas líneas o ten-dencias b i e n claras de investigación en curso.

Pero el campo de la pragmática sigue siendo m u y amplio, y todavía se discute si debe ser considerada u n a subdisciplina den-t r o de la lingüísden-tica, si es oden-tra lingüísden-tica (¿la lingüísden-tica alden-terna- alterna-tiva del fin d e l siglo?), o si es u n a ciencia social distinta de la lingüística, c o m o q u i e r e n algunos investigadores europeos.

La posición tomada en este l i b r i t o es que la pragmática es u n a subdisciplina lingüística, y su objeto el significado del len-guaje en uso. Hasta aquí me he valido, para caracterizar la prag-mática así entendida, de metáforas que sugieren un cambio de enfoque en el estudio del significado: he d i c h o , p o r ejemplo, p a r o d i a n d o a Bécquer, que la pragmática "eres t ú " , el hablante, y también que la pragmática estudia el exceso de significado, el que desborda a la semántica. Estas metáforas sugieren apertura, incluso apertura ilimitada, y es h o r a de acotar esa apertura. Para

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eso nos resultarán útiles algunas definiciones o caracterizacio-nes recientes de la pragmática. El lector puede quedarse con la que más le guste (decisión que puede postergar hasta t e r m i n a r de leer este cuaderno).

Stephen Levinson, autor del más celebrado de los manuales de pragmática, dice lo siguiente (cito p o r la versión española):

a partir de sucesiones de enunciados, j u n t o con asunciones de fondo acerca del uso del lenguaje, podemos calcular inferencias muy detalladas acerca de la índole de las asunciones que hacen los participantes y de los propósitos para los que se utilizan los enunciados. Para participar en el uso ordinario del lenguaje, u n o tiene que ser capaz de hacer tales cálculos tanto en la produc-ción como en la interpretaproduc-ción. Esta capacidad es independiente de creencias, sentimientos y usos idiosincráticos [ . . . ] y se basa en su mayor parte en principios bastante regulares y relativamente abstractos. La pragmática puede entenderse como la descripción de esta habilidad (Pragmática, pág. 46).

Nótese que si no tuviéramos esa capacidad a la que se refiere Levinson, de nada nos valdría saber perfectamente la gramática de nuestra l e n g u a o de cualquier lengua: el c o n o c i m i e n t o de las reglas gramaticales no es suficiente para usar el lenguaje efectivamente, ni siquiera en diálogos sencillos. Nuestra capaci-dad pragmática nos p e r m i t e construir enunciados, es decir, tex-tos que son parte de redes de textex-tos, y nos p e r m i t e interpretar los enunciados ajenos. La caracterización de Levinson sugiere que u n a lingüística concentrada en nuestra competencia l i n -güística, o c o n o c i m i e n t o de las reglas de la gramática, sería u n a lingüística incompleta.

Para Georgia Green, hablar y escribir, y aún más comunicar-se (palabra, dice ella, que muchos usan c o m o equivalente a ha-blar o escribir, c o m o si todo uso del lenguaje alcanzara a cum-p l i r la meta de la comunicación) son actos de fe, y la cum-pragmática es "el estudio de los mecanismos que sostienen esa fe"

(Prag-matics and Natural Language Understanding, pág. 1). Para Green,

la pragmática "está en la intersección de u n a cantidad de cam-pos, d e n t r o y fuera de la ciencia de la cognición: contribuyen a su d o m i n i o no solo la lingüística, la psicología cognitiva, la an-tropología cultural y la filosofía (lógica, semántica, teoría de la acción), sino t a m b i é n la sociología ( d i n á m i c a interpersonal y convención social) y la retórica" (pág. 2; trad. m í a ) .

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¿QUE ES LA PRAGMÁTICA? 25 que la pragmática es todavía un conjunto de investigaciones d i -fíciles de unificar, y afirma: "la pragmática se ha convertido en depósito de todo tipo de consideraciones extragramaticales y de los efectos de esos factores en la f o r m a gramatical y léxica" ("Teoría pragmática", pág. 147). Unos años después escribe, ci-tando a Stalnaker, que la pragmática contemporánea "es el es-t u d i o de los aces-tos lingüíses-ticos y de los cones-texes-tos en que se rea-lizan", y c o n t i n ú a : "abarca los aspectos del significado que dependen d e l contexto; estos aspectos son abstraídos sistemáti-camente p o r la semántica p u r a que trata de la f o r m a lógica" ("Pragmatics, I m p l i c a t u r e , and Presupposition", pág. 260, trad. mía.)

Para D a n Sperber y D e i r d r e Wilson, autores de la teoría de la relevancia, que veremos en el capítulo rv, la pragmática es "el estudio de la interpretación de los enunciados" (Relevance, pág. 10). "La tarea de la pragmática", escribe Diane Blakemore, pro-ponente de la misma teoría, "es mostrar c ó m o el oyente es ca-paz de convertir el blueprint [esbozo de significado ofrecido p o r la oración] en una proposición completa, basándose en conoci-m i e n t o contextual" (Understanding Utterances, pág. 43; trad. conoci-mía).

Jacob Mey nos da la siguiente definición:

El lenguaje es el medio principal por el que la gente se comuni-ca. El uso del lenguaje para diferentes propósitos está gobernado por las condiciones de la sociedad, en la medida en que esas con-diciones determinan el acceso del usuario a ese medio de comu-nicación, y el dominio que tiene de él.

Por lo tanto la pragmática es el estudio de las condiciones del uso

hu-mano del lenguaje en cuanto determinados por el contexto de la sociedad

[subrayado en el original].

(Pragmatics, pág. 42; trad. mía)

Mey se distancia de los estudios centrados exclusivamente en los mecanismos psicológicos de interpretación (véanse las defi-niciones de Sperber y W i l s o n y de Blakemore, especialmente) para insistir en las condiciones sociales, políticas, culturales, históricas, que d e t e r m i n a n nuestro uso del lenguaje, o, c o m o él d i -ce, d e t e r m i n a n "de q u i é n es" el lenguaje.

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2. IA SINFONÍA, LOS MÚSICOS Y SUS EJECUCIONES DEFECTUOSAS

Hay algo en c o m ú n en las definiciones anteriores y en otras que no he citado: en todas se reconoce, explícita o i m p l í c i t a -mente, la existencia de un significado lingüístico contextual, que p o r eso parece estar a caballo entre l o p r o p i a m e n t e l i n -güístico (lo gramaticalizado) y lo extralin-güístico. A la lingüís-tica del siglo xx le ha costado m u c h o a d m i t i r que lo extralin-güístico deba forma r parte del objeto de la lingüística: es como abrir la puerta al desorden y al r u i d o de la calle y desbaratar la preciosa h o m o g e n e i d a d de lo solamente lingüístico.

F e r d i n a n d de Saussure, padre de la lingüística moderna, dis-t i n g u i ó dis-tajandis-temendis-te la lengua, o sisdis-tema gramadis-tical virdis-tualmen- virtualmen-te exisvirtualmen-tenvirtualmen-te en los cerebros de todos los individuos de una co-m u n i d a d , del habla, actualización v o l u n t a r i a de ese sisteco-ma en actos lingüísticos individuales. Para Saussure el ú n i c o objeto po-sible de la lingüística es la lengua, que, dice, "puede comparar-se con u n a sinfonía cuya realidad es independiente de la mane-ra en que se ejecute; las faltas que puedan cometer los músicos no c o m p r o m e t e n lo más m í n i m o esa realidad" (Curso de

lingüís-tica general, pág. 63). Saussure reconoce que no hay lengua sin

habla y que esta es la fuerza motriz del lenguaje, pero elige la lengua, sistema a u t ó n o m o de signos, independientes de su uso, como objeto b i e n deslindado y homogéneo de la lingüística. Al eliminar todo lo que le parecía teóricamente intratable, expulsa de la lingüística al hablante: para estudiar la sinfonía, Saussure tiene que poner a los músicos de patitas en la calle, ahorrándo-se así sus ejecuciones quizá defectuosas.

La lingüística generativa y transformacional fundada p o r Chomsky, sin duda la más i m p o r t a n t e e influyente de las teorías lingüísticas modernas, se p r o p o n e hacer u n a caracterización for-m a l de las propiedades sintácticas del lenguaje, abstrayendo el lenguaje, para ello, de las ejecuciones (más o menos defectuo-sas) de los hablantes, y concentrándose en la descripción del sis-tema ideal o conjunto de conocimientos que posee un hablan-te sobre su p r o p i a lengua. El corpus de enunciados de u n a lengua sirve, en esta teoría, para confirmar (o no) la gramática internalizada o c o n o c i m i e n t o i n n a t o de esa lengua.

Saussure, Chomsky y todos los lingüistas que h a n observado el lenguaje seriamente saben que este es un fenómeno

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extraor-¿QUE ES LA PRAGMÁTICA? 27 dinariamente complejo que no se puede explicar solamente co-mo un conjunto de propiedades inscritas en el cerebro, aisladas de toda situación real de empleo. La decisión de amputar el lenguaje de estas situaciones no significa que nieguen la i m p o r t a n -cia (obvia) d e l uso de la lengua, sino que no le dan cabida en su teoría, que pretende explicar rasgos sistemáticos, generales y universales del lenguaje.

Es esta v o l u n t a d teórica la que ha i d o cambiando en los ú l -timos treinta años, a m e d i d a que crece el desengaño p o r las for-malizaciones que p r e t e n d e n explicar propiedades sintácticas fundadas, en ú l t i m a instancia, en las intuiciones de los mismos lingüistas acerca de la aceptabilidad de esta o aquella frase, sin r e c u r r i r nunca a lo que la gente dice realmente todos los días. Actualmente n i n g ú n lingüista puede p o n e r en d u d a que hay re-gularidades lingüísticas que no d e p e n d e n solamente de reglas gramaticales, sino de la manera en que usamos el lenguaje. De ahí que, mientras en los principios de la lingüística "científica" el hablante salía p o r una puerta, tres o cuatro décadas después, a fines de los sesenta, entraba p o r otra: casa c o n dos puertas mala es de guardar, y el indeseable hablante fue invitado a en-trar p o r la puerta de atrás del edificio teórico de la lingüística, cuando esta se vio en dificultades para explicar ciertos fenóme-nos que solo pueden explicarse acudiendo a la n o c i ó n de con-texto.

El valor explicativo d e l c o n t e x t o para describir regularida-des y generalidaregularida-des del lenguaje se verá mejor con algunos ejemplos.

3. EL LENGUAJE NO ES SIEMPRE GRAMATICAL NT SIEMPRE L Ó G I C O

El caso de la catedrático, visto en el capítulo anterior, p o n e en cuestión u n a n o c i ó n básica de la lingüística generativa, la no-c i ó n de orano-ción b i e n formada. Según Chomsky y sus seguidores, u n a lengua consiste en u n a serie de oraciones b i e n formadas; de acuerdo c o n este criterio, las oraciones m a l formadas no per-tenecen a la lengua o el dialecto estudiado. Para explicar que

la catedrático es un caso diferente que la enfermero hay que

recu-r recu-r i recu-r , forecu-rzosamente, a nociones no lingüísticas, ya que esta abe-r abe-r a c i ó n gabe-ramatical no se puede explicaabe-r d e n t abe-r o de los confines

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teóricos d e u n sistema g r a m a t i c a l a u t ó n o m o , i n d e p e n d i e n t e del uso.

Un ejemplo clásico de f e n ó m e n o gramatical que no puede explicarse satisfactoriamente sin acudir a i n f o r m a c i ó n pragmáti-ca es el del o r d e n de palabras o distribución de la i n f o r m a c i ó n en la oración. Obsérvense los dos ejemplos siguientes:

(1) No hay tomates. (2) Tomates no hay.

Las condiciones de verdad de (1) y (2) son idénticas, de m o d o que si es cierto que no hay tomates, tanto (1) c o m o (2) son verdaderos. Pero (1) y (2) no se p u e d e n usar indistintamente; el o r d e n de palabras del español es m u y flexible, pero elegi-mos un o r d e n en lugar de los otros posibles p o r razones con-textúales, no al azar. Para explicar la estructura comunicativa de

(1) y de (2) tenemos que r e c u r r i r al contexto en que ambos textos p u e d e n producirse. L i m i t é m o n o s a ( 2 ) , que tiene u n a c o n s t r u c c i ó n más llamativa que (1). Para e m i t i r ( 2 ) , necesita-mos un enunciado anterior, cercano, en el que se hayan men-cionado los tomates, por ejemplo Voy a preparar salsa de tomates, a lo cual puede contestarse con (2). O b i e n se precisa un frame o marco de referencia ( u n conjunto de ideas estereotípicas so-bre algo; cfr. capítulo I, § 4) como, p o r ejemplo, el marco de referencia "ensalada". Si se está hablando de u n a ensalada, si se están e n u m e r a n d o , pongamos, los ingredientes que hay en la nevera para hacerla, resulta n o r m a l e m i t i r ( 2 ) , aunque los tomates n o . se hayan m e n c i o n a d o antes, p o r q u e estos suelen asociarse automáticamente c o n la ensalada, lo que los hace presentes, disponibles, en el contexto. En términos de pragmá-tica, la relevancia de n o m b r a r los tomates al p r i n c i p i o de la ora-ción, donde suele estar el tema del que se habla, lo ya conoci-do, se debe a que el concepto ' t o m a t e ' se recupera más o menos automáticamente a partir del de 'ensalada'. Y esto expli-ca que la oración esté construida c o m o está: la pragmátiexpli-ca ex-plica la gramática.

Tampoco puede considerarse exclusivamente c o m o un pro-blema gramatical independiente la fluctuación del p u n t o de vis-ta d e l hablante, que lo lleva a p r o f e r i r enunciados como el si-guiente:

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¿QUE ES LA PRAGMÁTICA? 29

(3) [ A l encontrar las llaves, después de haberlas buscado un buen rato] ¡Aquí estaban las malditas!

El hablante ha elegido el pasado en lugar del presente, que tam-bién podía haber usado. El uso de un pasado como reacción a u n a situación presente (la aparición de las llaves) es consecuen-cia de un desplazamiento del p u n t o de vista: el hablante se re-fiere al presente indirectamente, enfocando el pasado en el cual estuvo buscando las llaves. Lo desconcertante es que el pasado

estaban equivale, lógicamente, a un presente, es decir, parecen

anularse distinciones m u y básicas d e l sistema gramatical de la lengua, en beneficio de lo que podemos llamar apropiadamen-te el significado del hablanapropiadamen-te.

Los tratamientos nos d a n un b u e n ejemplo de elementos gramaticales que no aportan nada al valor estrictamente semán-tico de la oración, p e r o que sin embargo codifican i n f o r m a c i ó n i m p o r t a n t e sobre los interlocutores y su c o m u n i c a c i ó n . El em-pleo de tú y usted no altera las condiciones de verdad de un enunciado, de m o d o que (4) y (5) tienen el mismo valor lógico:

(4) Tú eres el nuevo jefe, ¿verdad? (5) Usted es el nuevo jefe, ¿verdad?

A m b o s enunciados son lógicamente equivalentes, pero todo ha-blante de español sabe que no tienen el m i s m o significado. Tú transmite, entre otras cosas posibles, simpatía, familiaridad, per-tenencia al m i s m o g r u p o , o b i e n muestra falta de respeto. La elección de tú en lugar de usted (o viceversa) modela de cierta manera la situación de habla y la relación entre los parti-cipantes, y depende de una serie de presuposiciones sociocultu-rales.

El traductor a n ó n i m o de la novela Jane Eyre, que leí c o n fas-cinación en la adolescencia, decidió en el m o m e n t o apropiado cambiar el tratamiento con que Mr. Rochester se dirigía a Jane Eyre: de usted pasó a t ú . C o m o el inglés no tiene esa distinción, y el traductor quería ser f i e l a ambas lenguas, reprodujo la ver-sión o r i g i n a l n e u t r a siguiendo las normas de uso del español: cuando Mr. Rochester ya no es el p a t r ó n , sino el amante, pue-de tutear a la institutriz Jane Eyre. Pues bien, el m o m e n t o pue-del paso de usted a tú es m e m o r a b l e , y cambia drásticamente el

frame de los protagonistas y el curso de la novela, y le corta la

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usado vale más que m i l discursos, en ciertas circunstancias. Y en el uso del lenguaje, todo es cuestión de circunstancias.

El lenguaje no es ni üene p o r qué ser "lógico". La conjun-c i ó n y, p o r ejemplo, no es equivalente a la conjun-c o n j u n conjun-c i ó n lógiconjun-ca &. De acuerdo con la lógica, dos proposiciones p y q p u e d e n coor-dinarse en cualquier o r d e n , sin que se altere su equivalencia:

p & q es lo mismo que q & p. Según esto, Las rosas son rojas y los claveles son blancos tiene el mismo valor de verdad que Los clave-les son blancos y las rosas son rojas. Pero la c o n j u n c i ó n y puede

ad-q u i r i r otros valores, c o m o 'y después', 'y en consecuencia', etc. Los siguientes ejemplos de enunciados no son equivalentes:

(6) Decidí descansar un rato y terminar el trabajo. (7) Decidí terminar el trabajo y descansar un rato.

En ambos casos la c o n j u n c i ó n y significa 'y después', y p o r eso (6) y (7) t i e n e n condiciones veritativas distintas; esto es así no p o r q u e el í t e m léxico y quiera decir a veces u n a cosa y a veces otra, sino p o r q u e hay un p r i n c i p i o pragmático según el cual contamos las acciones o sucesos en o r d e n cronológico, salvo que indiquemos lo contrario. C o m o este p r i n c i p i o guía la i n t e r p r e t a c i ó n de (6) y (7), resulta que no podemos asignar valor veritativo a estas oraciones sin i n t r o d u c i r un p r i n c i p i o pragmático.

La consecuencia de lo que venimos diciendo es que las ex-plicaciones pragmáticas son necesarias para describir u n a serie de regularidades lingüísticas, y que es m u y d i f í c i l (y quizá teóri-camente errado) estudiar el lenguaje c o m o un sistema de reglas a u t ó n o m o , es decir, independiente d e l uso.

4. LA TEORÍA DE LOS ACTOS DE HABLA

Las explicaciones pragmáticas de algunos fenómenos grama-ticales (del t i p o de las que acabamos de esbozar en los ejemplos

( l ) - ( 7 ) ) empezaron a interesar a los lingüistas a finales de los años sesenta, cuando se i n t e n t ó a m p l i a r el m o d e l o de la l i n -güística generativa, centrada en la sintaxis. Surgieron p o r esos años varias subespecializaciones o doctrinas (la semántica gene-rativa, el análisis del discurso, la lingüística textual, entre ellas) que intentaban dar cabida al hablante en la teoría de la lengua.

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¿QUE ES LA PRAGMÁTICA? 31 A l g u n o s proyectos s u c u m b i e r o n (la semántica generativa, p o r e j e m p l o ) , pero el i n t e n t o tuvo éxito, c o m o muestra la lozanía presente de la pragmática.

Los lingüistas innovadores de los años sesenta e n c o n t r a r o n el campo ya cultivado p o r los filósofos d e l lenguaje que estu-diaban, desde hacía t i e m p o , los actos de habla. El p i o n e r o , en-tre los filósofos, fue J o h n A u s t i n , a q u i e n suele considerarse el i n i c i a d o r de la pragmática moderna. Su teoría fue perfecciona-da y consoliperfecciona-daperfecciona-da p o r un discípulo suyo, J o h n Searle.

La idea central de la teoría de los actos de habla es que el lenguaje no solamente sirve para describir el m u n d o , sino tam-b i é n para hacer cosas. En u n a serie de conferencias dadas en H a r v a r d en 1955 y publicadas postumamente en 1962, A u s t i n analizó p o r p r i m e r a vez los usos del lenguaje corriente, y echó las bases de la teoría de los actos de habla.

A u s t i n d i s t i n g u i ó dos tipos de enunciados: los asertivos o constatativos, estudiados durante dos m i l años p o r la filosofía, que se caracterizan p o r a d m i t i r asignaciones de verdad o false-dad, y los performativos, a los que solo pueden asignárseles con-diciones de "felicidad". (8) es un constatativo, y (9) un perfor-mativo:

(8) Está nevando. (9) Sí, j u r o .

En los enunciados performativos se hace exactamente lo que se dice, en el caso de (9) j u r a r . En este t i p o de emisión hablar es, l i t e r a l m e n t e , hacer. Las lenguas poseen cientos de verbos que c u m p l e n la f u n c i ó n de performativos explícitos, es decir, que n o m b r a n la acción que se hace precisamente cuando se la n o m -bra y solamente mediante la pala-bra: Juro, prometo, declaro, niego,

pido, ordeno, bautizo, etc.

Al concepto de verdad (correspondencia entre la afirmación de un estado de cosas y ese estado de cosas) se o p o n e , en la teoría de los actos de habla, el de felicidad, o sea, el de acción llevada a buen t é r m i n o . La verdad de las oraciones con perfor-mativos, c o m o (9), es inverificable, p o r q u e los performativos no p u e d e n ser ciertos ni falsos, sino solo ser afortunados o desa-fortunados, según salgan b i e n o m a l .

El i n f o r t u n i o procede no de la mala correspondencia entre el lenguaje y la verdad, sino de u n a insatisfacción (infelicidad):

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la falta de coincidencia entre lo que el enunciado dice que ha-ce y lo que en realidad haha-ce. Para que haya m a t r i m o n i o , debe decir Sí, quiero el contrayente y no el testigo, y no un actor que hace el papel de contrayente en el escenario, etc., ni un con-trayente a q u i e n todavía no se lo han preguntado, etc. El per-formativo hace lo que dice siempre y cuando lo use q u i e n de-be, c o m o se dede-be, d o n d e se dede-be, cuando se dede-be, y con q u i e n se debe.

Después de diseñar su teoría de los infortunios, A u s t i n des-construyó su oposición i n i c i a l entre actos performativos y actos constatativos, a d m i t i e n d o que todas las oraciones, t a m b i é n las que a f i r m a n verdades o falsedades, sirven para c u m p l i r actos, aunque no tengan performativos explícitos. Así, Está nevando es una afirmación, aunque no contenga el verbo afirmar.

Esto nos p e r m i t e distinguir significado de fuerza: significado del enunciado - l o que las palabras dicen- y fuerza de la enun-ciación - l o que las palabras hacen, p o r ejemplo afirmar, j u r a r , pedir, o r d e n a r - . El acto p o r el que se p r o d u c e significado es

locucionario (locutionary act); la fuerza, en cambio, es el poder de

hacer, y proviene del acto ilocucionario {illocutionary act). A esto se agrega un tercer acto posible pero no siempre identificable, el perlocucionario (perlocutionary act), p o r el cual se p r o d u c e n efectos en el i n t e r l o c u t o r (convencerlo, sorprenderlo, asustarlo).

Para Searle, los actos de habla son las unidades de la comu-nicación lingüística, y se realizan de acuerdo con reglas: "hablar consiste en realizar actos conforme a reglas" (Actos de habla, pág. 31). A g r u p a n d o los actos de habla p o r géneros ( p o r ejemplo prometer, ordenar, saludar, agradecer, etc.), Searle se p r o p o n e enunciar las condiciones que hacen posible realizar esos actos de habla, y de las condiciones extraer reglas. Estas reglas son re-glas semánticas constitutivas, que d e t e r m i n a n qué tipo de emi-sión lingüística, en qué circunstancias, cuenta como tal acto de habla.

Entre las condiciones que p e r m i t e n la realización afortuna-da de un acto lingüístico como, p o r ejemplo, el de pedir, tenemos algunas de t i p o general: las que hacen posible la comunicación (por ejemplo, hablar i n t e l i g i b l e m e n t e ) , y las diciones de contenido proposicional (en este caso, que el con-t e n i d o de la emisión se refiera a un accon-to f u con-t u r o d e l oyencon-te). Otras son preparatorias (en la petición, que el oyente sea capaz de hacer lo que se le pide, y que no parezca estar dispuesto a

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¿QUE ES LA PRAGMÁTICA? 33

hacerlo espontáneamente). La c o n d i c i ó n de sinceridad estipula que el hablante desea sinceramente que su i n t e r l o c u t o r haga lo que le pide, y la c o n d i c i ó n esencial es la que hace que u n a pe-t i c i ó n sea u n a p e pe-t i c i ó n y no o pe-t r o acpe-to: dadas las condiciones an-teriores, el acto de habla cuenta como un i n t e n t o de que el oyen-te haga lo que se le pide.

Las reglas correlativas de estas condiciones sirven para defi-n i r los actos de habla. Estas reglas defi-no sodefi-n meramedefi-nte regulati-vas, son constitutiregulati-vas, p o r q u e crean o definen u n a f o r m a de com-p o r t a m i e n t o . Las reglas constitutivas del f ú t b o l , com-p o r ejemcom-plo, no solamente regulan la manera de j u g a r al f ú t b o l , sino que crean la posibilidad misma de j u g a r al f ú t b o l ; esas reglas d e t e r m i n a n que, dadas ciertas condiciones, algunos m o v i m i e n t o s cuenten c o m o goles, como faltas, etc. Hablar u n a lengua es también ac-tuar según reglas constitutivas, de m o d o que la emisión de cier-tas formas lingüísticas, dadas las condiciones necesarias, cuente c o m o d e t e r m i n a d o acto de habla en el marco institucional en que se desarrolla nuestra actividad lingüística.

La regla constitutiva del acto de pedir, p o r ejemplo, extraída de la c o n d i c i ó n esencial, es que la emisión de u n a determinada f o r m a lingüística (nunca la f o r m a misma, sin ser usada, claro) cuenta c o m o el i n t e n t o de que el oyente haga algo.

Searle afirma que hay u n a c o r r e l a c i ó n entre la f o r m a l i n -güística y el acto de habla, de m o d o que las afirmaciones se hacen usando formas declarativas, y las preguntas usando i n t e r r o -gativos, etc., cuando el lenguaje se usa l i t e r a l m e n t e . Pero son tantos los casos en que los hablantes usan el lenguaje de mane-ra indirecta, no litemane-ral, que la teoría debe p r o p o r c i o n a r u n a ex-plicación adecuada.

Recuérdese nuestro ejemplo del comensal que pedía sal, en el capítulo anterior. Su p e t i c i ó n era, l i t e r a l m e n t e , en un caso u n a afirmación sobre las sopas, y en el o t r o u n a pregunta (esta ú l t i m a típica: ¿Me quieres pasar la sal?). Searle explica los actos de habla indirectos c o m o la superposición de dos actos, u n o l i -teral y el o t r o no. El oyente interpreta el "verdadero" acto de habla (el no literal) gracias a su c o n o c i m i e n t o del contexto institucional y particular en que se realiza el acto, y a su capa-cidad para interpretar (según principios que veremos en el ca-p í t u l o siguiente) la i n t e n c i ó n del hablante al hacer la ca- pregunta-petición.

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corrientes de lingüística que veían el lenguaje no solamente c o m o la asociación de unos sonidos y unos significados, según quería la t r a d i c i ó n saussureana, sino c o m o acción. A u n q u e Searle no desarrolla u n a teoría de los contextos (problema que, dijimos al final d e l capítulo anterior, sigue siendo nebuloso), es evidente que las condiciones y reglas de los actos de habla solo se c u m p l e n en ciertos contextos, tanto institucionales c o m o particulares. El hecho de que un porcentaje tan alto de actos de habla no lleve i n t e n c i ó n de l i t e r a l i d a d nos advierte que el papel del contexto sobrepasa al de las reglas mismas. Piénsese, sin ir más lejos, en las ironías y metáforas de la conversación, o en las "amenazas" e "insultos" tan frecuentes en los diálogos de la i n t i m i d a d (Te voy a comer a besos, Tú lo que eres es un

sinver-güenza); en estos y tantos casos semejantes, es el contexto el que

da su justo significado a las formas usadas. En el contexto ope-r a n , c o m o veope-remos en el capítulo siguiente, u n a seope-rie de ex-pectativas sobre la conducta lingüística de nuestro interlocutor, que contribuyen a diseñar el significado de lo que nos quiere decir.

5. EL SIGNIFICADO INTENCIONAL

Hemos dicho, a propósito de los actos de habla indirectos, que la posibilidad de interpretarlos depende del reconocimien-to de la i n t e n c i ó n del hablante. Esreconocimien-to es válido para reconocimien-todos los ac-tos de habla, sean indirecac-tos o direcac-tos. U n o de los pilares teó-ricos de la pragmática es la n o c i ó n de significado intencional.

En otra parte he tratado la diferencia entre decir, querer de-cir y dede-cir sin querer (véase La pragmática lingüística, cap. 2), que aquí me l i m i t o a esquematizar. Lo que decimos tiene un significado que depende de las expresiones usadas y está sujeto a un análisis de sus condiciones veritativas; lo que queremos de-cir tiene fuerza pragmática y es la pragmática la que conjetura cuáles son los principios que nos p e r m i t e n interpretar esa fuer-za. Lo que decimos sin querer queda fuera de la lingüística, en p r i n c i p i o , aunque no es un tema ajeno a nuestra disciplina, pues f o r m a parte del significado.

Si alguien nos dice Qué frío hace aquí interpretaremos naturalmente no solo el significado de sus palabras, sino la i n t e n -c i ó n -con que las di-ce, lo que nos llevará, p o r ejemplo, a -cerrar la ventana o encender la calefacción. Comunicarse es lograr que

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¿QUE ES LA PRAGMÁTICA? 35 el i n t e r l o c u t o r reconozca nuestra i n t e n c i ó n , y no solamente el significado literal de lo que decimos. Lo que la persona en cues-t i ó n comunica sin querer, en el ejemplo, p o d r í a ser que escues-tá en-f e r m a o cansada, o que se siente i n c ó m o d a p o r estar d o n d e está, etc. Lo que decimos sin querer, los lapsus linguae y otras gracias y desdichas de la comunicación interesan, sobre todo, a los psicólogos.

La pragmática estudia el significado intencional, lo que u n o quiere decir. El filósofo Paul Grice, que elaboró dos teorías cla-ves para la pragmática, la del significado "no natural" y la de las implicaturas, describe el significado intencional, que él llama no natural (meaning-nn), c o n la siguiente f ó r m u l a , donde H signifi-ca 'hablante', O 'oyente', E 'enunciado' y z 'creencia o acto de v o l u n t a d de O' (traduzco la versión, ligeramente modificada, de Levinson, Pragmatics, pág. 16):

H quiere decir no naturalmente z cuando profiere E si y solo si: (i) H intenta que E cause un efecto z en O.

(ii) H intenta que (i) se cumpla simplemente porque O reco-noce la intención ( i ) .

Según esta f ó r m u l a , el significado no natural es un t i p o especial de i n t e n c i ó n destinada a ser reconocida c o m o tal p o r q u i e n la recibe. La significación "natural" se produce, en cambio, sin i n -t e r v e n c i ó n alguna de i n -t e n c i o n a l i d a d , c o m o cuando decimos

Esta fiebre significa que hay infección; Está su abrigo en el perchero, lo que significa que ha llegado.

Interpretar lo que o t r o dice es reconocerle u n a i n t e n c i ó n co-municativa, y esto es m u c h o más que reconocer el significado de sus palabras. La c o m u n i c a c i ó n parte de un acuerdo previo de los hablantes, de u n a lógica de la conversación que p e r m i t e pasar d e l significado de las palabras al significado de los hablantes. De esa lógica hablaremos en los dos capítulos si-guientes.

6 . L A PRAGMÁTICA ACTUAL

Recapitulando lo anterior, vemos que la pragmática surgió de un descontento d e n t r o de la lingüística, que llevó a la bús-queda de mejores explicaciones para ciertos fenómenos. Esa

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búsqueda c o i n c i d i ó c o n las nuevas teorías de los filósofos sobre la relación entre la f o r m a lingüística, el significado y el contex-to. En los sesenta y los setenta los nuevos gramáticos reivindica-r o n todo lo que quedaba "más allá" de la oreivindica-ración, y escreivindica-ribiereivindica-ron manifiestos sobre la centralidad teórica del discurso frente a la centralidad tradicional de la oración. Florecieron la lingüística textual y las diversas corrientes de análisis del discurso, surgie-r o n teosurgie-rías funcionalistas en gsurgie-ramática, y se psurgie-ropuso el tsurgie-rabajo interdisciplinar en c o n j u n c i ó n c o n la psicología, la filosofía, la sociología. La retórica (que muchos consideran la más antigua de las lingüísticas del texto) y la teoría literaria fueron graciosa-mente invitadas a f o r m a r parte de la lingüística. C o m o es de su-poner, algunos lingüistas o p i n a b a n que de esa mezcolanza no podía salir nada bueno.

La pragmática adquiere status de subdisciplina lingüística (o, para algunos, disciplina i n d e p e n d i e n t e ) cuando Grice pre-senta u n a teoría m u y influyente sobre c ó m o i n f e r i m o s los ha-blantes el significado i m p l í c i t o . De esa teoría, que veremos en el capítulo siguiente, h a n derivado las reflexiones más intere-santes y más fecundas sobre los procesos mediante los cuales los hablantes p r o d u c i m o s e interpretamos significado l i n -güístico.

H o y en día, la pragmática sigue confundida con otras cien-cias que estudian el discurso, y está en la intersección de u n a serie de enfoques sobre la c o m u n i c a c i ó n y la c o g n i c i ó n , c o m o nota Green en la d e f i n i c i ó n citada arriba. La pragmática com-parte el interés p o r la relación entre lenguaje, sociedad y cultu-ra con otcultu-ras disciplinas del discurso, sobre todo con dos de ellas: con la sociolingüística (especialmente la que estudia los proce-sos de interacción lingüística), y con el análisis de la conversa-c i ó n . Tanto la pragmáticonversa-ca conversa-c o m o la soconversa-ciolingüísticonversa-ca y el análisis de la conversación estudian la c o m u n i c a c i ó n lingüística en la c o m p l e j i d a d de sus contextos. Sin embargo, la pragmática tra-baja c o n enunciados construidos, como ya hemos notado, y tien-de a concentrarse en el estudio tien-de los procesos inferenciales p o r los cuales comprendemos lo i m p l í c i t o . No todos los pragmatistas, sin embargo, están dispuestos a descartar el tratamiento d i recto de las condiciones sociales del uso del lenguaje, y sigue v i -gente la p r e g u n t a sobre el alcance teórico de la n o c i ó n "significado c o n t e x t u a r , la pregunta que planteamos al final del capítulo anterior.

Referencias

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