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(1)49/2011. n.o49/2011 6,50 €. PRESIONES EXTREMAS Cómo afectan al cerebro el buceo y el alpinismo. PERCEPCIÓN VISUAL. IMÁGENES EN 3D PSICOLOGÍA. AMIGOS IMAGINARIOS MEDICINA. BASE CIENTÍFICA DE LOS TRATAMIENTOS PSICOTERAPIA. JULIO/AGOSTO 2011. AVATARES EN LA CONSULTA CONDUCTA. CLAVES SOBRE EL AUTOCONTROL. 00049. 9 771695 088703.

(2) Disponible en su quiosco el número de julio.

(3) Suscríbase a INVESTIGACION Y CIENCIA y MENTE Y CEREBRO y reciba puntualmente los ejemplares en su domicilio Ahora también en versión DIGITAL* * Ejemplares de IyC disponibles desde 1996 a la actualidad y el archivo completo de MyC. www.investigacionyciencia.es.

(4) SUMARIO. 4 3 2. 10 9 8. 1 12 11 7 6 5. BASE CIENTÍFICA DE LA MEDICINA. REALIDAD VIRTUAL. 72 66 PESADILLAS. 32. FOBIA SOCIAL. 52 78 AUTOCONTROL. NEUROFISIOLOGÍA. PERCEPCIÓN VISUAL. PSICOPATOLOGÍA. 16 EL CEREBRO BAJO EL AGUA. 28 IMÁGENES EN TRES DIMENSIONES. 52 FOBIA SOCIAL EN LA ADOLESCENCIA. Jérôme Palazzolo. Alain Lieury. J. A. Piqueras Rodríguez y J. Olivares Rodríguez. La práctica del buceo permite descubrir un mundo de silencio y serenidad. Sin embargo, deben conocerse los efectos de la presión y de los gases que se respiran para evitar accidentes de inmersión y sus consecuencias en el sistema nervioso central.. La creciente producción de largometrajes en 3D saca provecho del procedimiento que utiliza el cerebro para construir una imagen en relieve de los objetos. La diferencia de puntos de vista que llegan de cada ojo al encéfalo permite tal ilusión.. Desde hace 30 años existe controversia acerca de si puede hablarse de un único trastorno de ansiedad social o de variantes del mismo. Comienza a haber consenso científico.. PSICOLOGÍA INFANTIL NEUROFISIOLOGÍA. REALIDAD VIRTUAL. 22 EL CEREBRO A GRANDES ALTITUDES. 32 MI AVATAR, MI MENTOR. Jean-Paul Richalet. Samantha Murphy. Los síntomas del «mal de montaña» o «mal de altura» aparecen en torno a los 3000 metros de altitud. Para evitarlos, el organismo necesita un tiempo de adaptación. Por encima de los 5500 metros, los riesgos aumentan.. La observación de un sosias digital puede cambiar nuestra mente... para bien o para mal. Los psicólogos han empezado a valerse de avatares para proporcionar terapia a personas con fobias y otros trastornos.. Julio / Agosto de 2011 Nº 49. 60 AMIGOS IMAGINARIOS Inge Seiffge-Krenke Alrededor de uno de cada tres niños cultiva una amistad inexistente para el resto de personas. El asunto no debe ser objeto de preocupación: los compañeros imaginarios estimulan la creatividad y ayudan a superar los tramos difíciles de la vida..

(5) EL CEREBRO EN CONDICIONES EXTREMAS 16 22. BAJO EL AGUA A GRANDES ALTITUDES. TRASTORNOS DEL SUEÑO. CONDUCTA. 66 AHUYENTAR LAS PESADILLAS. 78 UNA PERSONA, DOS DESEOS. Michael Schredl. Wilhelm Hofmann y Malte Friese. Los ensueños angustiosos no son solo cosa de niños: un cinco por ciento de las personas adultas también sufre miedos nocturnos. Existen formas sencillas y eficaces para deshacerse de ellos.. ¿Fruta o chocolate? ¿Pan integral o bizcocho con nata? Ante tales dilemas compiten en el ser humano dos sistemas que pretenden regular la conducta final. ¿Cómo pueden encarrilarse mejor nuestros impulsos?. SECCIONES 5. Encefaloscopio Somatizaciones... Desarrollo social... Salud mental... Trastornos neurodegenerativos... Medicina... Dolor... Padres e hijos.. 9. Retrospectiva Los cimientos de la violencia. 38 Entrevista José Gutiérrez Maldonado: La realidad virtual en psicoterapia. MEDICINA. 72 REVISIÓN CIENTÍFICA DE LOS TRATAMIENTOS Susanne Rytina La medicina basada en datos probatorios exige que los médicos prescriban solo aquellos tratamientos fundados en pruebas científicas. Sus críticos argumentan que los supuestos estudios objetivos aparecen, a menudo, sesgados. ¿Qué criterio debe seguirse?. 42 Mente, cerebro y sociedad     . Cuerpos de campeones Memoria acompasada El espacio a través del tacto Crononutrición y leche materna Diez mitos sobre la salud. 84 Syllabus Microglía: células con licencia para matar. 90 Ilusiones Llevados a los extremos. 94 Libros Historia de la neurociencia... Años cincuenta..

(6) COLABORADORES DE ESTE NÚMERO. Pilar Bronchal Garfella Laia Torres Casas EDICIONES Yvonne Buchholz Anna Ferran Cabeza Ernesto Lozano Tellechea PRODUCCIÓN M.ª Cruz Iglesias Capón Albert Marín Garau SECRETARÍA Purificación Mayoral Martínez ADMINISTRACIÓN Victoria Andrés Laiglesia SUSCRIPCIONES Concepción Orenes Delgado Olga Blanco Romero DIRECTORA GENERAL. ASESORAMIENTO Y TRADUCCIÓN:. DIRECTORA EDITORIAL. J. VILARDELL: El cerebro bajo el agua; M ARIÁN BELTRÁN: El cerebro a grandes altitudes; F. A SENSI: Imágenes en 3 dimensiones, Amigos imaginarios; LUIS BOU: Mi avatar, mi mentor, Memoria acompasada, Encefaloscopio, Ilusiones; IGNACIO NAVASCUÉS: Ahuyentar las pesadillas, Revisión científica de los medicamentos, Diez mitos de la salud; NOELIA DE LA TORRE: Una persona, dos deseos; Á NGEL GONZÁLEZ DE PABLO: Syllabus. EDITA. Prensa Científica, S. A. Muntaner, 339 pral. 1.ª 08021 Barcelona (España) Teléfono 934 143 344 Telefax 934 145 413 www.investigacionyciencia.es. Gehirn & Geist Dr. habil. Reinhard Breuer Dr. Carsten Könneker (verantwortlich) ARTDIRECTOR: Karsten Kramarczik REDACTIONSLEITER: Dipl.-Psych. Steve Ayan REDAKTION: Dr. Katja Gaschler, Dipl.-Phych. Christiane Gelitz, Dipl.-Biol. Anna von Hopffgarten, Dr. Andreas Jahn (Online-Koordinator), Dipl.-Theol. Rabea Rentschler FREIE MITARBEIT: Joachim Marschall SCHLUSSREDAKTION: Christina Meyberg, Sigrid Spies, Katharina Werle BILDREDAKTION: Alice Krüßmann, Anke Lingg, Gabriela Rabe REDAKTIONSASSISTENZ: Petra Mers VERLAGSLEITER: Richard Zinken GESCHÄFTSLEITUNG: Markus Bossle, Thomas Bleck HERAUSGEBER:. CHEFREDAKTEUR:. Portada: © iStockphoto / Jonathan Milnes. SUSCRIPCIONES Prensa Científica S. A. Muntaner, 339 pral. 1.a 08021 Barcelona (España) Teléfono 934 143 344 Fax 934 145 413 www.investigacionyciencia.es. DISTRIBUCIÓN para España: LOGISTA, S. A. Pol. Ind. Pinares Llanos - Electricistas, 3 28670 Villaviciosa de Odón (Madrid) - Teléfono 916 657 158. para los restantes países:. Precios de suscripción:. Prensa Científica, S. A. Muntaner, 339 pral. 1.ª - 08021 Barcelona - Tel. 934 143 344. PUBLICIDAD Aptitud Comercial y Comunicación S. L. Ortigosa, 14 - 08003 Barcelona Tel. 934 143 344 - Móvil 653 340 243 [email protected]. 6 ejemplares. 12 ejemplares. España. 30,00 euros. 55,00 euros. Resto del mundo. 45,00 euros. 85,00 euros. Ejemplares sueltos: El precio de los ejemplares atrasados es el mismo que el de los actuales.. Copyright © 2011 Spektrum der Wissenschaft Verlagsgesellschaft mbH, D-69126 Heidelberg Copyright © 2011 Prensa Científica S.A. Muntaner, 339 pral. 1.ª 08021 Barcelona (España) Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción en todo o en parte por ningún medio mecánico, fotográfico o electrónico, así como cualquier clase de copia, reproducción, registro o transmisión para uso público o privado, sin la previa autorización escrita del editor de la revista. ISSN 1695-0887. Dep. legal: B. 39.017 – 2002. Imprime Rotocayfo (Impresia Ibérica) Ctra. N-II, km 600 - 08620 Sant Vicenç dels Horts (Barcelona) Printed in Spain - Impreso en España.

(7) ENCEFALOSCOPIO SOMATIZACIONES. Una conjunción letal La depresión y la enfermedad cardíaca, unidas, aumentan la mortalidad e sospechaba desde hace largo tiempo que la depresión agrava la sintomatología cardíaca. Ahora, las investigaciones apuntan a que tal combinación resulta más peligrosa de lo que ya se temía. En un estudio publicado en la revista Heart en octubre de 2010 se señala que, en un día cualquiera, los participantes que acumulan depresión y enfermedad cardíaca presentan una probabilidad de fallecer casi cinco veces mayor que los individuos sanos. La depresión, por sí sola, duplica la mortalidad, mientras que la enfermedad cardíaca aumenta el riesgo de fallecimiento en dos terceras partes. Los autores del trabajo valoraron a unos 6000 pacientes; aplicaron modelos estadísticos para averiguar si factores como la. edad o los medicamentos alteraban los resultados obtenidos. Una vez descontados tales factores, las cardiopatías parecían entrañar un riesgo de mortalidad no muy significativo; sin embargo, la combinación de depresión y cardiopatía seguía siendo letal. Según Martica Hall, psicóloga de la Universidad de Pittsburgh y coautora del estudio, tal hecho revela el alcance y ubicuidad de la depresión. Se estima que alrededor del 20 por ciento de los estadounidenses con cardiopatías también sufren depresión. Aunque se desconocen las causas fisiológicas de la letalidad de la depresión, se presume que están vinculadas a factores inflamatorios asociados al estrés cerebral. —Erica Westly. © DREAMSTIME / SEBASTIAN KAULITZKI. S. DESARROLLO SOCIAL. Inmunes al bostezo contagioso Las contorsiones faciales de los soñolientos no afectan a los niños preescolares ni a los autistas ada resulta peor, cuando uno se esfuerza por mantenerse despierto durante la pesadez posprandial, que alzar la mirada y ver el bostezo de un compañero de trabajo. A muchos de nosotros, el bostezo nos resulta inevitablemente contagioso. Un estudio publicado en Child Development en octubre de 2010 parece indicar que la capacidad de «pillar» un bostezo exige en realidad ciertas destrezas sociales bastante elaboradas. Psicólogas de la Universidad de Connecticut han estudiado el fenómeno con 120 niños de entre uno y seis años de edad. Para ello, una investigadora, mientras leía un cuento a los jóvenes probandos, se detenía de cuando en cuando y bostezaba de forma llamativa repetidas veces. Menos del 10 por ciento de los niños menores de cuatro años bostezaron en sincronía con la experimentadora. Entre los de más edad, el porcentaje se elevó de manera significativa: del 35 al 40 por ciento de niños contagiados. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011. «Sabemos que el cerebro social se desarrolla ya en los primeros años de vida», explica Molly Helt, directora del estudio. Aunque los más pequeños son sensibles a los gestos y expresiones faciales de otras personas, su cerebro puede ser todavía incapaz de reflejar de modo inconsciente esas emociones. «Por así decirlo, en algún momento empezamos a hacernos con las emociones de los demás sin tener siquiera que pensarlo.» En la segunda parte del estudio, las investigadoras aplicaron el mismo proceder con niños autistas. Observaron que los niños con desórdenes encuadrados en el espectro autista se manifestaban menos propensos al contagio del bostezo: en el grupo de 5 a 12 años solo bostezaba un 11 por ciento, frente a un 43 por ciento de los participantes con desarrollo normal. Según Helt, los niños autistas no presentan dificultades en reconocer el bostezo de otras personas, sin embargo parece que en su cerebro existe una menor. tendencia a responder remedando tales expresiones faciales. «No están desarrollando un vínculo emotivo automático con quienes les rodean», afirma. «Si logramos saber más sobre las formas de conexión del cerebro social en los primeros años, tal vez ese conocimiento resulte aplicable a niños con autismo ya desde edades tempranas.» —Emily Anthes. © ISTOCKPHOTO / JANI BRYSON. N. 5.

(8) SALUD MENTAL. Psicosis y vitamina D La insuficiencia vitamínica en las mujeres embarazadas eleva el riesgo de que los bebés desarrollen esquizofrenia. ¿E. CORBIS. s posible que ciertos casos de esquizofrenia se deban a una deficiencia en vitamina D? La idea fue propuesta hace más de un decenio por John McGrath, de la Universidad de Queensland, en Australia. Las pruebas circunstanciales encajan: los nacidos en invierno o en primavera, o en latitudes elevadas sufren un riesgo levemente mayor de desarrollar esquizofrenia; la deficiencia de vitamina D es más frecuente en los meses de invierno y en. latitudes elevadas por la escasez de luz solar. Una carencia en vitamina D podría tornar a las gestantes más vulnerables a enfermedades (como la gripe) que a su vez sensibilizarían el cerebro fetal en maduración a lesiones asociadas al estrés en fases posteriores de la vida. McGrath y sus colaboradores pusieron a prueba su conjetura. Analizaron muestras de sangre de 424 neonatos daneses que posteriormente desarrollaron esquizofrenia, así como de un número igual de bebés que nunca adquirieron la enfermedad. Se midió en cada caso la concentración de un compuesto denominado 250HD, que el organismo transforma luego en vitamina D. Los investigadores observaron que los niños con bajas concentraciones sanguíneas de 250HD —y, por consiguiente, de madres con escasez de vitamina D durante la gestación— eran más proclives a sufrir esquizofrenia a lo largo de su vida. El resultado, publicado en septiembre de 2009 en Archives of General Psychiatry, podría resultar de especial interés para las comunidades de inmigrantes de piel oscura que residen en ciudades nórdicas. Se ha apreciado un impresionante incremento del riesgo de esquizofrenia. en la proporción de niños de piel negra nacidos en familias emigradas a latitudes nórdicas, un hallazgo que podría explicarse si la vitamina D tuviera que ver en ello, pues la melanina que oscurece la piel bloquea la radiación ultravioleta B, componente de la luz solar necesaria para que el organismo humano sintetice la vitamina D. No obstante, antes de recomendar a las gestantes del grupo de riesgo la administración de vitamina D se necesitan atar algunos cabos sueltos. El equipo de investigadores apreció que los niños con concentraciones elevadas de 250HD también corrían mayor riesgo de esquizofrenia. McGrath especula que estos niños podrían haber sido incapaces de generar vitamina D, lo que provocaría una elevada concentración sanguínea del precursor. No obstante, debe investigarse más para tener la certeza. En conjunto, el 44 por ciento de los casos de esquizofrenia del estudio eran atribuibles a concentraciones anómalas de vitamina D. «Aunque los suplementos de vitamina D lograsen reducir tan solo un poco los porcentajes de esquizofrenia, el resultado sería magnífico», asegura McGrath. —J. R. Minkel. TRASTORNOS NEURODEGENERATIVOS. Comenzar y parar. Neuronas que inician y concluyen una acción. A. menudo, a los enfermos de párkinson les resulta difícil caminar: o bien son incapaces de dar el primer paso o no pueden dejar de moverse cuando llegan a su destino. El problema no reside en los pasos en sí, sino en el inicio y la conclusión de la acción, una dificultad incesante que afecta a todos los aspectos. 6. de la vida cotidiana. Ya se han detectado las neuronas cerebrales que dan comienzo y fin a los movimientos. Rui Costa, del Programa Champalimaud de Neurociencia en Portugal, y Xin Jin, del estadounidense Instututo Nacional de la Salud, diseñaron una tarea para ratones cuya equivalencia humana con-. sistiría en dar ocho pasos. Si los múridos pulsaban una barra ocho veces, recibían una recompensa. Costa y Jin implantaron en el cerebro de cada ratón unos electrodos diminutos con el fin de registrar la actividad neuronal en el núcleo estriado (estructura ubicada en lo profundo del cerebro que interviene en las órdenes. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011.

(9) MEDICINA. Baja energía neuronal Los síntomas del alzhéimer pueden ser producto del deterioro de las «centrales energéticas» en las células cerebrales. Proteína amiloide beta. La existencia de vínculos entre las mitocondrias y el alzhéimer no es un hallazgo reciente. Estudios efectuados en el decenio pasado indicaban que en los cerebros afectados, fueran de humanos o de ratones, las mitocondrias no producen ni distribuyen energía de forma normal. En 1994 se demostró, en la Universidad de Kentucky, que fragmentos de proteína amiloide beta en la enfermedad de Alzheimer perturbaban la función mitocondrial. No obstante, se ignoraba la forma precisa en que las mitocondrias intervenían en los problemas sinápticos, si es que en realidad lo hacían.. motoras). Descubrieron que ciertas neuronas se activaban justo después de que el ratón empezase a pulsar la barra; otras, en cambio, lo hacían antes de que dejase de pulsarla. Con el objetivo de confirmar que tales neuronas eran responsables de las órdenes de marcha y paro, se modificó genéticamente a los ratones para que carecieran de dichas células cerebrales. Los animales fueron entonces incapaces de aprender la actividad: tardaban en pulsar la barra y tendían. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011. Para averiguarlo, Shirley ShiDu Yan y sus colaboradores del Hospital de la Universidad de Columbia modificaron genéticamente ratones con el fin de que produjeran en exceso un cierto compuesto que induce la formación de madejas de amiloides beta. Después aislaron mitocondrias tomadas de diversas sinapsis, así como de otras regiones cerebrales, en ratones de varias edades. Observaron que a la edad de cuatro meses, mucho antes de que los síntomas de la enfermedad fueran apreciables, sus mitocondrias sinápticas habían acumulado unas cinco veces más proteína amiloide. a detenerse de manera aleatoria a media tarea. Los múridos no presentaban dificultades en los movimientos propiamente dichos, explicó Costa, pero, al igual que en la enfermedad de Parkinson o en la de Huntington, sí para empezar o concluir la acción. El trabajo debería ayudar a entender con precisión los fallos que se dan en el cerebro de los enfermos, así como contribuir a diseñar terapias más afinadas. —Carrie Arnold. que las no sinápticas. Las mitocondrias afectadas no lograban suministrar suficiente energía a las sinapsis, lo que finalmente impedía su funcionamiento. Se trata aquí del primer vínculo directo entre las lesiones celulares provocadas por la proteína amiloide y la ruptura característica de la comunicación neuronal que se da en los pacientes de alzhéimer. Dichos hallazgos pudieran proporcionar nuevas vías terapéuticas. En investigaciones anteriores, Yan había advertido que la ciclosporina D, utilizada contra el rechazo en transplantes y en otras patologías autoinmunitarias, impedía que las proteínas amiloide beta lesionaran a las mitocondrias. Aunque tal fármaco posee considerables efectos secundarios, Yan alberga la esperanza de poder desarrollar un compuesto similar, más seguro, que prevenga los problemas sinápticos. En palabras de Yan, «se ha de atajar la enfermedad lo antes posible para evitar la muerte de las neuronas». —Melinda Wenner Moyer. © DREAMSTIME / VLADIMIR POGORELOV. illones de personas son víctimas del mal de Alzheimer. La ciencia, sin embargo, continúa sin encontrar respuestas a múltiples preguntas. Abundan los debates sobre si las madejas u ovillos de una determinada proteína característica de la enfermedad son su causa o uno de sus efectos. Por otro lado, los tratamientos actuales no se orientan hacia el problema principal responsable de la pérdida de memoria y la limitación del pensamiento, a saber, la ruptura de las sinapsis (vía por la que unas neuronas se comunican con otras). La investigación se enfoca ahora hacia un eslabón ausente y prometedor: las mitocondrias, orgánulos celulares encargados de la regulación energética. En octubre pasado, investigadores de la Universidad de Columbia expusieron que ratones jóvenes genéticamente proclives a sufrir alzhéimer acumulaban madejas proteínicas amiloides beta en las mitocondrias sinápticas (estas madejas dificultan o impiden la función de las sinapsis).. © WIKIMEDIA COMMONS / BOKU WA KAGE / CREATIVE COMMONS 3.0. M. 7.

(10) DOLOR. Un toque de alivio Asir una parte lacerada del cuerpo ayuda a aliviar la molestia. S. © DREAMSTIME / IRENA JANCAUSKIENE. i alguna vez se ha quemado la mano al tocar un objeto caliente, tal vez recuerde que de inmediato se cubrió la zona de la quemadura con la otra mano, acto instintivo que parece aliviar el dolor. En cambio, solemos apartarnos con recelo de aquel que trate de tocarnos la herida. Aunque desde antiguo se conocía tal distinción del comportamiento, se ignoraban los mecanismos cognitivos que propiciaban el reflejo de tocamiento propio (antes que el tocamiento ajeno) para aliviar el dolor. En un estudio publicado en línea en Current Biology el septiembre pasado, se sugiere que al tocarnos una región lesionada se reduce el dolor, ya que el contacto con uno mismo amplía el mapa cerebral del propio cuerpo, fenómeno que el contacto con otra persona no permite remedar. La neurocientífica Marjolein Kammers, del Colegio Universitario de Londres, y sus colaboradores pidieron a probandos, cuyos ojos habían vendado previamente, que introdujeran sus respectivos dedos índice y anular en tubos de agua caliente mientras mojaban sus dedos corazón en agua fría. Se trata de una técnica experimental muy común, la cual crea la ilusión de que los dedos en agua fría arden de calor. Cuando los probandos retiraron su mano del recipiente y se tocaron solo los dedos corazón de ambas manos juntando las palmas, o al unir solo los dedos más externos, apenas sintie-. ron alivio. Tampoco se redujo la sensación de dolor si tocaban con sus tres dedos (índice, corazón y anular) la mano de una experimentadora: el alivio se produjo solo cuando cada uno de los tres participantes entrecruzó sus tres dedos afectados con los tres propios de su mano contraria. De este modo, el dolor percibido menguó en un 64 por ciento. Al unir dos partes del mismo cuerpo, explica Kammers, se envían al cerebro señales diversas concernientes a la temperatura, la posición espacial y la identidad de las partes afectadas; unas señales que solo pueden proceder del contacto con uno mismo. En este caso, al entrecruzar los tres dedos centrales de ambas manos, es probable que se provea al cerebro de información comparativa suficiente para reajustar la interpretación de la temperatura corporal de cada dedo. «Cuando se reciben entradas procedentes de numerosas señales se incrementa la cohesión del mapa corporal en el cerebro, lo cual reduce el dolor agudo», explica Kammers. Tales hallazgos van parejos con trabajos anteriores que demuestran que la aportación de más ingresos sensoriales puede aliviar el dolor crónico del «miembro fantasma» que experimentan ciertas personas con amputación: cuando se engaña al cerebro haciéndole creer que el cuerpo vuelve a estar completo, el dolor se alivia. —Ferris Jabr. PADRES E HIJOS. Cuando mamá tiene favoritos... Los hijos que reciben un trato desigual son más proclives a sufrir depresión de adultos El favoritismo de una madre malcría. Un estudio de la Universidad Cornell indica que si la mamá trata a sus hijos durante la infancia de modo desigual, las consecuencias alcanzan hasta la edad adulta. El trabajo, publicado en Journal of Marriage and Family en abril de 2010, apreciaba que los niños criados en hogares con favoritismos maternos eran más proclives a sufrir una depresión de adultos. Por otra parte, sorprende la nula importancia de si estos fueron los preferidos o los postergados. «Los favorecidos pueden sentirse culpables por su estatus preferente o porque sus padres Karl Pillemer, autor principal del estudio.. 8. —Winnie Yu. CORBIS. eran más exigentes con ellos; incluso por el resentimiento de sus hermanos», explica. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011.

(11) RETROSPECTIVA. LOS CIMIENTOS DE LA VIOLENCIA ¿Por qué las acciones violentas forman parte de la historia de la humanidad? Para comprenderlo es necesario fijar la mirada en la persona que ejecuta la acción, en la víctima y, sobre todo, en el contexto AMALIO BLANCO. L. a primera experiencia a la que se enfrenta el común de los mortales cuando llega al mundo no está envuelta en el ropaje espinoso y desabrido del rechazo, el abandono, el insulto o la agresión, sino en el del cariño, el cuidado y el desvelo permanente de sus progenitores. Ese es, con las excepciones de rigor, el hecho omnipresente en la vida de las personas: «Lo que gobierna a un individuo al comienzo de su vida es una relación positiva de dependencia con la madre. Escasas o nulas son las pruebas de instintos destructivos», escribe Gordon Allport, uno de los maestros de la teoría y la investigación en el campo de la psicología, en La naturaleza del prejuicio. Al cabo del capítulo dedicado a la agresión, añade: «La génesis. del odio es algo secundario, contingente y relativamente tardío en el proceso de desarrollo». Shelley Taylor es una autoridad en el panorama actual de la investigación psicológica. En Lazos vitales, un entretenido y bien documentado libro de divulgación científica, ofrece infinidad de datos y argumentos sobre la atención, el cuidado, la ayuda, la amistad y el altruismo que responden a un supuesto que merece la máxima atención: «El cerebro y el cuerpo están construidos para cuidar, no de forma indiscriminada, sino a fin de atraer, mantener y alimentar relaciones con los demás a lo largo de la vida. Desde el vientre hasta la edad adulta, nuestro carácter, e incluso nuestra salud física dependen. de la gente que nos cuida y de lo bien que nos vaya con ella». Así pues, también somos, y quizá somos sobre todo, una especie afectuosa; el cuidado y la cooperación han sido esenciales en el largo camino hasta convertirnos en objetos que disponen de la más potente, refinada y precisa, a la vez que débil, sencilla y voluble herramienta jamás conocida: la mente. Los argumentos sobre los que se ha sustentado la existencia de un orden fatalista construido por un sujeto inevitablemente preso de una oscura pulsión agresiva, que tanta fortuna hicieran a raíz de la publicación de Sobre la agresión, el pretendido mal, del etólogo Konrad Lorenz, presentan múltiples falacias. Acabamos de aludir a la más insidiosa de ellas: no son la. © WIKIMEDIA COMMONS / MANUEL GONZÁLEZ OLAECHEA Y FRANCO / CREATIVE COMMONS 3.0. 11-M La violencia que ha sembrado de dolor y sufrimiento la historia de la humanidad ha sido ejecutada por personas normales, por ciudadanos honrados. Ese es nuestro drama: a veces las buenas personas se ven envueltas en malas acciones. Son los «crímenes de la buena gente» a los que aludía Rafael del Águila, de la Universidad Autónoma de Madrid, en un libro colectivo dedicado a los atentados islamistas de 2004, Madrid. 11-M. Un análisis del mal y sus consecuencias. «Estamos ante un mal sostenido y apoyado, no por malvados arquetípicos, sino por la gente corriente, por gente como nosotros», escribía.. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011. 9.

(12) La naturaleza de la violencia La violencia se ha tratado desde diferentes ámbitos y disciplinas. Algunas de las definiciones destacan el daño como una de las principales características de la conducta violenta. Veamos algunos ejemplos: David Farrington Criminólogo. Robert Hinde Etólogo. Leonard Berkowitz Psicólogo experimental. Charles Tilly Sociólgo. Ignació Martín Baró Psicólogo. Organización Mundial de la Salud (OMS). La definición más elemental de violencia es la de «una acción que pretende causar, y causa, daño físico o psicológico».. Comportamiento intencional dirigido a infligir lesiones físicas a otro individuo.. La agresión se refiere a algún tipo de conducta, tanto física como simbólica, que se ejecuta con la intención de herir a alguien. La violencia es una forma extrema de agresión, un intento premeditado de causar daño físico grave.. Violencia es toda interacción social como resultado de la cual hay personas u objetos que se sienten dañados físicamente de manera intencionada, o a los que se amenaza de manera creíble con padecer dicho quebranto.. La agresión es una forma de violencia: aquella que aplica la fuerza contra alguien de manera intencional, es decir, aquella acción mediante la cual se pretende causar daño a otra persona.. El uso deliberado de la fuerza o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.. violencia y la agresión las que se encuentran, de manera preferente, al servicio de la vida (la transmisión de la herencia genética). A medida que la evolución filogenética nos iba transformando en seres sociales (eso, dice Juan Luis Arsuaga, ocurrió a raíz de la expansión demográfica del Neolítico), la agresión contra los miembros de. RESUMEN. Verdugo, víctima y entorno. 1. Los acontecimientos que más dolor y destrucción han causa-. do a lo largo de la historia son las acciones violentas e intencionadas perpetradas por el ser humano en contra de sus semejantes y a favor de patrias, banderas, dioses, territorios e ideas.. 2. Como cualquier otra acción humana, la violencia es fruto de la. interacción entre particularidades personales y contingencias sociales y situacionales.. 3. A pesar de ello, cada vez hay más pruebas que avalan la. idea de que el ser humano es y ha llegado a ser lo que es gracias al apego, el cuidado, el apoyo y la cooperación.. 10. nuestro propio grupo comenzó a ser disfuncional (poco adaptativa) y dio paso al protagonismo preferente del apego, el cuidado, la cooperación y el apoyo. Cuando este entramado se quiebra, algo se echa a perder en la mente (estructura cognitiva) y en el corazón (experiencia emocional) de las personas. Veamos, a modo de introducción, tres ejemplos de muy distinta procedencia de los que podemos extraer algunas conclusiones preliminares. En 2003, el Observatorio de los Derechos Humanos da a conocer un aterrador informe sobre los niños combatientes en Colombia (unos 11.000, según la organización internacional) que analiza las razones de su vinculación a los grupos armados ilegales que asolan aquel país. Detrás de ese paso hay, sin duda, historias y razones personales; sin embargo, «existen denominadores comunes. En casi todos los casos, la decisión fue provocada por una combinación de factores como la pobreza, las privaciones, el subempleo, la escolarización truncada, la falta de afecto y de apoyo familiar, los malos tratos de los padres y la inseguridad». Varios años antes, en 1969, el Informe sobre causas y prevención de la violencia de la Comisión Nacional del Gobierno estadounidense apuntaba en una dirección parecida: «La vía para lograr el máximo progreso en la reducción de la violencia en Estados Unidos consiste en adoptar las medidas necesarias para mejorar las condiciones. de la vida familiar y comunitaria de las personas que residen en nuestras ciudades, en especial, de los pobres hacinados en guetos». Nelson Mandela no es una autoridad en el estudio de la violencia, empero fue una víctima que acabó erigiéndose en el principal artífice del fin de una de sus manifestaciones más vergonzantes, el apartheid. En el prólogo del Informe mundial sobre la violencia y la salud de la OMS, escribe: «La violencia medra cuando no existe democracia, respeto por los derechos humanos ni buena gobernanza. Hablamos a menudo de cómo puede una “cultura de la violencia” enraizarse. Es muy cierto. Como sudafricano que ha vivido en el apartheid y vive ahora el período posterior, lo he visto y lo he experimentado. Es también cierto que los comportamientos violentos están más difundidos y generalizados en las sociedades en las que las autoridades respaldan el uso de la violencia con sus propias actuaciones. En muchas sociedades, la violencia prevalece en tal medida que desbarata las esperanzas de desarrollo económico y social. No podemos permitir que esa situación se mantenga.». El daño, eje de la acción violenta A pesar de que somos una especie afectuosa, las relaciones marcadas por la violencia han formado y seguirán formando parte de la biografía de un número inMENTE Y CEREBRO 49 / 2011.

(13) determinado de personas y del paisaje cotidiano de países, ciudades y barrios. La dimensión que han alcanzado tales acontecimientos resulta estremecedora: tan solo en el siglo pasado, el número de víctimas que se cobraron guerras de todos los colores (mundiales, civiles, coloniales), genocidios y exterminios étnicos y políticos, atentados terroristas y desplazamientos forzados de poblaciones acosadas por la violencia, oscila entre los 187 millones que propugna el historiador británico Eric Hobsbawm y los 100 millones, según los cálculos de Charles Tilly, experto en el campo de la violencia colectiva. Pero la violencia también aparece día a día en acontecimientos no pocas veces sigilosos: en la clausura del domicilio familiar, en acciones al abrigo de un ominoso pacto de silencio o escondidas bajo la espesa sombra del temor, en los patios de las escuelas o en los lugares de trabajo, en las calles, los parques y esquinas de ciudades y barrios, así como en las gradas de nuestros estadios. Las dimensiones de tales episodios son de dominio público: tan solo hace falta acercarse al Centro Rei-. na Sofía para el Estudio de la Violencia, al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo o al Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz de Estocolmo, todos ellos referentes imprescindibles en este campo. Detrás de las cifras, más o menos alarmantes, se encuentran sobre todo personas que sufren en sus carnes la brutal y, no pocas veces, desconcertante embestida de las múltiples formas de violencia. En palabras de Nelson Mandela, esa es la clave: «el legado de sufrimiento individual y cotidiano», en el que quedan atrapadas las víctimas. La referencia al daño es la consideración que más acuerdo ha congregado entre los estudiosos, aunque no la única. En el recuadro «La naturaleza de la violencia» ofrecemos las definiciones de varios expertos y de la Organización Mundial de la Salud. A partir de todas esas aportaciones, el comportamiento violento dibuja un panorama en el que el daño, tanto físico cológico, acompañado de múlticomo psicológico, as y formas de destrucción (esples facetas. tímulos nocivos, lesiones físicas que pueden conducir a la muerte, humillaciones, amenazas, rechazo, etcétera), adquiere un especial protagonismo. Es importante también no perder de vista el daño que se produce en los cimientos de las relaciones interpersonales (desconfianza y miedo), que envenena las relaciones grupales (polarización, resentimiento, odio) y destruye las redes sociales y comunitarias (la destrucción del capital social), tan decisivas para la salud y el bienestar. Se trata, asimismo, de un daño intencional, buscado. Muchas veces se planifica minuciosamente para que cause la máxima destrucción y ocasione el máximo sufrimiento al mayor número de personas. Además, la violencia no es solo una acción consumada y confirmada; es también una amenaza sostenida y duradera que causa daño psicológico y abre heridas sociales. Con todo, la máxima perversión de la violencia consiste en la inocencia de las víctimas. Algunos autores han cifrado en este hecho la esencia del mal. Por otro lado, existe acuerdo en distinguir una violencia instrumental (como medio para conse-. CONTEXTO Las piezas básicas de la violencia. uEstructura macrosocial uEstructura organizacional. Al contrario de lo que cree ese psicólogo ingenuo que todos llevamos dentro, las causas de la conducta violenta no residen siempre ni de manera preferente en el interior de las personas. Si exceptuamos las acciones nes. «Nosotros». talleva la voz cantante. Pese a que la violencia la protagonizan personas concretas, esta acostumbra a hacer cer acto de presencia en el seno de una atmósfera y un clima macro y, sobre todo, microsocial que la facilita, ta, la premia y la legitima.. uVariables biopsicofisiológicas uVariables de personalidad uPertenencia categorial. «Ellos» Activación de divisorias intergrupales. uPertenencia categorial uExclusión, rechazo, discriminación. VÍCTIMA. personalidad, es el contexto, real o construido, el que. ACTOR. perpetradas al amparo del trastorno antisocial de la. En el espacio donde se representa la violencia, los protagonistas no permanecen quietos ni callados, no son espectadores pasivos de lo que sucede, no ocupan pan era lugares estancos ni poseen roles adscritos de manera. uEntorno familiar adverso uExposición a modelos agresivos uPresión grupal. inamovible. Envuelta y rodeada de determinadas circunstancias, la víctima puede convertirse en verdugo. o. La violencia se ha ejercido mucho más en nombre bre. CONTEXTO. del «nosotros» que del «yo»; con elevada frecuencia se inserta dentro de una lógica intergrupal en la que las. EL MARCO DE LA CONDUCTA VIOLENTA. múltiples pertenencias a determinadas categorías sociales l. El estudio de la violencia debería delimitar el peso de cada. (pertenencia categorial) ocupan un lugar preferente.. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011. una de sus piezas básicas: el sujeto, el contexto y la víctima.. 11.

(14) ¿Predisposición genética? ¿Cabe acaso pensar en una hipótesis predisposicional, genética o psicológica, para explicar lo que ocurrió bajo el régimen nazi, o para dar cuenta del brutal aniquilamiento de los tutsi a manos de los hutus, o del genocidio estalinista del Gulag? ¿Cabe hacerlo para dar cuenta de la violencia perpetrada por un latin king en Madrid, por un marero en San Salvador o por un malandro en Caracas? ¿Cabrían dentro de este esquema los terroristas suicidas? ¿Y los niños soldado? En El Salvador, la tasa de asesinatos por 100.000 habitantes pasó de 52 a 72 entre 2008 y 2009. ¿Significa eso que en el transcurso de un año se han disparado los trastornos antisociales de la personalidad o las deficiencias en el funcionamiento prefrontal de los salvadoreños? En España la tasa de asesinatos por 100.000 habitantes fue de 2,6 en 2008. ¿Cabría pensar en una menor vulnerabilidad biológica o psicológica de los españoles en comparación con los salvadoreños o los caraqueños, cuya tasa de homicidios en 2008 fue de 127? Ninguna de estas preguntas encuentra una respuesta satisfactoria desde la relación de datos biológicos y psicológicos asociados con la violencia.. guir un objetivo) y una final (la violencia en sí misma como objetivo).. Actor, víctima y contexto Como cualquier otra acción humana, la violencia es una manifestación del comportamiento protagonizada por una persona dentro de un determinado contexto. Persona y situación resultan imprescindibles para entender cualquiera de las manifestaciones del comportamiento humano. La primera no puede ser considerada como mera comparsa de un difuso destino o como una marioneta en manos de un determinado contexto social; al mismo tiempo, ese sujeto de la acción que somos todos no está suspendido en el vacío, sino rodeado de algunas contingencias muy evidentes (color de piel, sexo, edad, ingresos económicos, hábitat residencial, his-. 12. toria familiar, grupo de amigos) y otras algo más difusas (cultura, estructura y organización social, ideología, etcétera), aunque no por ello menos significativas. La interacción e interdependencia entre estas particularidades personales y contingencias sociales han desempeñado una función decisiva en nuestra historia de violencia. En este como en otros muchos campos, las cosas son y ocurren más por su relación que por su diferencia. Veamos brevemente un ejemplo. A lo largo de los últimos veinte años, Adrian Raine, catedrático de psicología en la Universidad del Sur de California y reconocido experto en el estudio de la conducta criminal, ha venido aportando razones y pruebas en la siguiente dirección: cuando la vulnerabilidad biológica definida en términos de baja tasa cardíaca, déficits en el funcionamiento prefrontal o complicaciones pre y perinatales (exposición a la nicotina, malnutrición y anoxia, entre otras) se combina e interactúa con ambientes familiares adversos (maltrato, abandono, ambiente violento, castigo físico reiterado, enfermedad mental de algún progenitor, abuso sexual, desintegración familiar) se garantiza la conducta violenta en unos términos más claros y con mayor probabilidad que cuando se toman por separado lo personal y lo social. Además de la persona que la ejecuta y del contexto en el que acontece, la acción violenta requiere la presencia de la víctima. Resulta imprescindible hablar de víctimas al referirnos a los verdugos. Primero, por un elemental sentimiento de empatía y conmiseración (la razón compasiva). Segundo, por motivos conceptuales: en muchos casos, la violencia es una acción intencional contra una persona cuya pertenencia categorial (racial, grupal, religiosa, ideológica, de género o de orientación sexual, entre otros) lo señala como culpable y lo convierte en enemigo. De hecho, la condición de enemigo ha sido el marco de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano en contra de sus semejantes. La razón es muy simple: la mente humana muestra una clara preferencia por el orden y la simplificación a la hora de percibir y representarse el mundo en el que vive. Es necesario simplificar para. poder vivir en medio de una realidad compuesta de gentes diversas que hablan distintas lenguas, rezan a múltiples dioses, luchan por ideas diferentes y cuya mente se encuentra poblada de significados (creencias y valores) muy variopintos. Los diferenciamos poniéndoles etiquetas, pero cuidando de reservar las más positivas para «nosotros» (favoritismo endogrupal) y endosar las negativas a «ellos» (discriminación exogrupal). Categorizamos, diferenciamos mediante etiquetas (estereotipos), comparamos casi siempre de manera interesada y algunas veces acabamos distanciando, separando, (polarización) excluyendo, hostigando y despreciando (prejuicio). En pocas palabras, la «activación de divisorias» es, de acuerdo con Tilly, el fenómeno más relevante de la violencia colectiva. En un determinado momento, situarse o que te sitúen a un lado u otro de una línea divisoria puede suponer una cuestión de vida o muerte. Ese fue el destino de cerca de seis millones de judíos en la Alemania nazi. La conducta violenta se dirime, pues, en un juego de relaciones de interdependencia entre un actor (victimario), una víctima (objeto de la acción) y un contexto. Definir el perfil de cada uno de los componentes se convierte en una tarea imprescindible. Vayamos a ello.. Las variables disposicionales Desde hace más de una década, un grupo de docentes de la facultad de psicología de la Universidad de Santiago de Compostela ha intentado descifrar algunas de las claves de la conducta antisocial con el propósito de recuperar el papel de la persona, es decir, sus características biológicas y psicológicas (factores bio-individuales), en el origen, el mantenimiento y la estabilidad de la conducta violenta a lo largo del ciclo vital, uno de los enigmas más inquietantes en este terreno. En una de sus investigaciones pusieron a prueba, mediante la aplicación de una amplia batería de escalas y tests a una muestra de 3186 adolescentes gallegos entre 14 y 19 años, la función que desempeñan en la conducta antisocial cuatro variables con una larga tradición teórica: el estatus socioeconómico, la personalidad, el contexto familiar y escolar, además del MENTE Y CEREBRO 49 / 2011.

(15) El marco social Recuperado el sujeto, cabe señalar que, si bien se halla siempre presente, nunca está solo en el contexto de la acción y muchas veces ni siquiera es su principal protagonista. Las investigaciones de Raine, tomadas con la debida precaución, vuelven a ofrecernos un excelente ejemplo: cuando existen condiciones sociales adversas, los riesgos biológicos pasan a un segundo plano. La verosimilitud de una presión social a la violencia y de un clima que la acoja y la facilite entra en escena incluso cuando. La máxima perversión de la violencia consiste en la inocencia de las víctimas MENTE Y CEREBRO 49 / 2011. ponemos en juego algunas de las variables biológicas ya mencionadas. Por decirlo con sus propias palabras: cuando un adolescente violento procede de un medio familiar no vulnerable «los factores biológicos son los que mejor dan razón de los comportamientos antisociales. En cambio, en el caso de las personas que experimentaron un ambiente adverso desde la infancia, las causas sociales de la criminalidad pueden ser las más importantes.» Reducir el problema de la violencia a una ecuación personal nos devuelve a un mundo de ficción, el de un sujeto ingrávido que pasa por la vida y por el mundo como un sonámbulo inmune a lo que hay y sucede a su alrededor, descripción que no refleja la imagen científica más precisa del sujeto de la acción. La violencia se desarrolla en un espacio, no siempre físico, que comparten víctima y victimario. A veces, ese espacio tiene componentes algo difusos (la cultura, la ideología, la identidad, etcétera), aunque con una enorme capacidad de penetración en la mente de las personas, donde a veces ocupan lugares muy privilegia-. presentan un nivel de riesgo para la conducta violenta más alto. El contexto y la situación actúan a modo de activadores, facilitadores y amplificadores de tendencias previas arraigadas en el interior de las personas. Para expresarlo de manera más categórica: con mayor o menor énfasis, estas aproximaciones vendrían a defender que las características individuales (biológicas y psicológicas) representan la clave para saber si un niño hiperactivo de 5 años llegará a convertirse en un consumado delincuente a la edad de 18 y acabará en la cárcel a los 33. Desde esa posición se divisa un panorama en el que, con los matices pertinentes y más allá del trastorno antisocial de la personalidad (psicoticismo), existen personas con una sólida y estable predisposición psicológica a reaccionar de manera violenta ante determinados estímulos y situaciones. La estabilidad en la conducta es la consecuencia más esperable de la estabilidad en los rasgos de personalidad. Los estímulos ambientales desempeñan, pues, una función secundaria: sirven para activar o desencadenar las disposiciones internas, para despertar propensiones antisociales insertas en determinadas personas desde su más tierna infancia (período en el que se forja el carácter y el temperamento). Ahí reside la clave de la violencia.. WIKIMEDIA COMMONS (restos de la torre sur en los atentados del 11-S de 2001). grupo de amigos. Los resultados obtenidos reflejan un perfil que goza de un amplio respaldo en algún sector de la teoría criminológica: la personalidad (sobre todo los rasgos de impulsividad y búsqueda de sensaciones) tiene una presencia decisiva en la conducta antisocial. También resulta significativo como predictor de dicha conducta la incidencia del grupo de iguales, el contacto con amigos delincuentes; en menor medida, la influencia del entorno familiar (en especial, las disfunciones de conductas de apego y del apoyo parental), y con una importancia más débil, el estatus socioeconómico. Más allá de los resultados concretos, dicha investigación, publicada en la revista Psicothema, define con bastante precisión una manera de entender y estudiar la violencia desde una perspectiva interactiva en la que el peso principal recae sobre aquello que nos hace diferentes: el temperamento. De esta manera, dos de sus rasgos, la búsqueda de sensaciones y la impulsividad, se erigen en moduladores de la influencia del resto de las variables, ante todo de las familiares. Cuando esas dos características personales coinciden (interactúan) con un ambiente familiar poco propicio (escaso nivel de apego y de apoyo emocional), la conducta antisocial de los adolescentes se dispara hacia cotas alarmantes. Tal es, por otra parte, el patrón clásico al que, con las variaciones de rigor, responde la tradición individualista más acendrada: la violencia es fruto de la confluencia interactiva de determinadas condiciones, pero a la postre son los rasgos personales más distintivos y diferenciales los que llevan la voz cantante. Las investigaciones de Kenneth Dogde, al frente del Centro de política familiar y de la niñez de la Universidad Duke, suscriben dicha conclusión: las influencias ambientales más decisivas (violencia doméstica, rechazo parental, maltrato) se dan en aquellos niños que. 13.

(16) dos; otras, en cambio, se encuentra muy bien delimitado en la familia, el grupo de amigos, el barrio, el hábitat residencial o los grupos de pertenencia (raza, etnia, género). Unas rápidas observaciones: dichos espacios, algunos de ellos de manera especial, poseen sus reglas, sus normas de funcionamiento, defienden sus valores y disponen de su estructura de poder. En teoría, se trata de espacios abiertos a los cuatro puntos cardinales por donde deberíamos entrar y salir sin pedir permiso a nadie. No es el caso. Una de las razones de nuestra historia de violencia es el inveterado empeño en diferenciarlos, compararlos, ponerles puertas, levantar muros que los separen, así como en arrogarnos un caprichoso derecho de admisión y, por tanto, de exclusión.. Se ha creído, sobre todo entre los antropólogos sociales, que ese espacio se define y caracteriza, a gran escala, por la rigidez del orden social, la desorganización social (hipótesis predilecta de Emile Durkheim para el suicidio), las condiciones materiales de vida (pobreza), la defensa de la autoestima personal y de la identidad colectiva, así como la estructura burocrática, la existencia de una cultura que sanciona la legitimidad de la acción violenta o el cada vez más alarmante déficit de capital social. Conviene señalar que todas estas propuestas miran de reojo al sujeto: la mayor o menor probabilidad de la acción violenta no es fruto de las características diferenciales de las personas (su nivel de impulsividad, por ejemplo), sino de la sin-. La importancia de la estructura social Los expertos en terrorismo no han dudado en sumarse a algunas de las observaciones críticas al papel de la estructura social: el recurso a lo macrosocial (desarrollo económico, clase social, represión política, choque de civilizaciones y religión, entre otros) «implica simplificaciones poco “aconsejables”, insatisfactorias e insuficientes para abordar esa modalidad tan letal de la violencia», afirma Luis de la Corte, de la Universidad Autónoma de Madrid, en su monografía, La lógica del terrorismo. Estas explicaciones no aclaran por qué, dentro de unas mismas condiciones, unas personas (las menos) se embarcan en actividades violentas, y otras (la mayoría), no. El análisis macroestructural no ofrece respuestas satisfactorias. A pesar de ello, quizá no convenga despachar el asunto desde una lógica meramente cuantitativa. No podemos darnos por satisfechos con el argumento de que los niños soldado en Colombia son una minoría o que los terroristas suicidas suponen una parte insignificante de la población, ya que de esta manera se exonera de responsabilidad teórica —vale decir, moral— al modelo de organización social en el que se gestan las manifestaciones de la violencia. No es posible cerrar los ojos ante la obviedad: los niños soldado colombianos, las brutales operaciones de limpieza étnica en la década de los noventa en el corazón de Europa, los terroristas suicidas, las maras en los países centroamericanos y, por descontado, el Holocausto, son producto de una determinada forma de entender, definir y mantener el orden y la estructura social que tendría, entre otros, los siguientes rasgos: rígida verticalidad entre grupos y estratos sociales (el poder es, sin duda, una de las claves de la violencia); creencia en la superioridad de unas personas gracias a y en virtud de sus pertenencias grupales o categoriales (etnocentrismo); presión hacia la conformidad y la uniformidad; escaso respeto por la independencia; activación de las divisorias con mano firme (apoyada en recios fundamentos ideológicos) y trazo grueso (exclusión), y desigualdad económica e injusticia social. Todo ello define un clima abonado para la comparación discriminatoria, la polarización extrema e interesada y la exclusión, en el que el uso de la violencia quedaría justificado.. 14. gularidad del paisaje que las rodea. Así mismo, todos ellas han aportado datos cuantitativos y pruebas cualitativas a su favor. Comparten, además, un cierto nivel de abstracción y generalidad teórica que ha dificultado el consenso en la definición operativa de las variables que manejan, las estrategias metodológicas y los instrumentos de medición. Ese ha sido su talón de Aquiles. Primero, la dificultad en definir con precisión los límites de la variable que se pretende estudiar debido a las estrechas conexiones que guardan entre sí esas dimensiones. La pobreza, por ejemplo, acostumbra ir acompañada de desigualdad, exclusión, déficit de capital social y desorganización familiar. La cultura de la violencia, por su parte, se encuentra estrechamente vinculada a la rigidez del orden social; en algunos contextos sociales es compañera asidua de la clase social y de la pobreza, y, en la medida correspondiente, de la desorganización social y de algunas de las más duras manifestaciones de la burocracia. A ello cabría añadir limitaciones metodológicas relacionadas con la gran diversidad en la composición y la procedencia de las muestras, en la definición de las variables y en los métodos de recogida de datos. No resulta extraño que, en el caso concreto de la pretendida relación entre pobreza y violencia, Charles Tittle, Wayne Villemez y Douglas Smith dictaran sentencia en la revista American Sociological Review: la relación entre condiciones económicas y violencia es un mito; las teorías que toman como punto de partida la pobreza o la clase social como sustrato de la acción violenta están basadas en premisas falsas, lo que debilita de manera considerable su poder predictivo. De ahí su línea argumental: no existe prueba directa; los datos no son concluyentes; la relación de las variables macrosociales con la violencia solo manifiestan un fundamento en la teoría, no en la realidad. «Que yo sepa, sentencia Leonard Berkowitz aludiendo a una de las más recias propuestas teóricas (la cultura del honor), no existen pruebas directas que demuestren que las creencias, actitudes y valores favorables a la violencia sean más prevalentes en el sur que en el norte MENTE Y CEREBRO 49 / 2011.

(17) MENTE Y CEREBRO 49 / 2011. APEGO, CUIDADO Y COOPERACIÓN No hay que olvidar que el ser humano es, sobre todo, una especie afectuosa. El cuidado, el apego y la cooperación han sido esenciales a lo largo de su evolución.. © FOTOLIA / MIROSLAV. u otras regiones del país». Es necesario que nos sigamos preguntando por qué la mayoría de las personas que viven bajo ominosas condiciones de pobreza, humillación, maltrato e injusticia, acaban adaptándose a esa situación sin rechistar. Claro que es necesario que nos preguntemos por qué unas mismas condiciones sociales afectan de manera tan diversa a las personas que la comparten, pero tampoco resulta ocioso que nos cuestionemos, recurriendo al viejo principio dialéctico de la negatividad, qué hubiera ocurrido si no se hubieran dado tales condiciones. El camino que recorren los contenidos que definen el orden y la estructura social hasta hacerse presentes en nuestras vidas es el marcado por los grupos primarios; la familia, la escuela, los amigos, etcétera, son los encargados de transmitir (reproducir) las particularidades normativas, valorativas y culturales de un determinado ordenamiento social actuando como agentes privilegiados de socialización y como escenarios de aprendizaje. Por otro lado, aunque inserta dentro de una determinada estructura social, nuestra vida cotidiana se mueve en espacios mucho más reducidos y cercanos a nuestra piel, los cuales cumplen dos funciones esenciales. La primera, afectiva: nos proporcionan cobijo y seguridad; en ellos encontramos cooperación y apoyo; han marcado nuestras primeras experiencias y han actuado como modelos privilegiados de aprendizaje; los sentimos como propios y consideramos como tales («nosotros») a quienes se encuentran dentro de ellos. La segunda es una función normativa: marca tareas, delimita funciones y señala el camino obligado de la acción. Ambas funciones desempeñan un papel trascendente en la historia de violencia. El psiquiatra y miembro del Centro sobre terrorismo, contraterrorismo y seguridad de la Universidad de Pennsylvania, Marc Sageman, se volcó a raíz del 11-S en el estudio del terrorismo. En una de sus investigaciones analizó la biografía de 172 terroristas; ello le permitió descubrir, no sin cierto asombro, que en el 68 por ciento de los casos se habían incorporado a las redes yihadistas debido a la presión de los amigos, mientras que en un 14 por cien-. to fue por la existencia de algún lazo de parentesco con otro miembro del grupo terrorista. Parece el titular de un periódico sensacionalista, pero para quienes llevamos tiempo ocupándonos de estudiar y enseñar la función que desempeñan los grupos en la vida de las personas, este resultado es una obviedad. Como lo son los procedentes del Instituto Universitario de la Opinión Pública de la Universidad Centroamericana de El Salvador (IUDOP), donde se ha estudiado el turbulento mundo de las pandillas juveniles. Los motivos que los adolescentes esgrimen para unirse a una mara son, además del atractivo de «la vida loca», problemas con los padres, influencia de los amigos, falta de comprensión en el seno de la familia y búsqueda de protección. Los estudios llevados a cabo por el IUDOP a lo largo de los últimos veinte años refuerzan la idea de que detrás de la incorporación a las maras se encuentra la necesidad de respeto, amistad, apoyo, pertenencia, poder, solidaridad y compañerismo. Por su parte, Tilly aboga con igual claridad y convicción por las «causas de pequeña escala» a la hora de abordar los grandes episodios de violencia política. En definitiva, y pese a la indudable influencia que pueden ejercer el temperamento o las condiciones sociales a gran escala, a la hora de la verdad, nuestra vida cotidiana se mueve en los espacios reducidos del entorno familiar, el grupo de amigos (la pandilla) y el contexto orga-. nizacional. Todos ellos, de distinta manera y por razones diversas, ocupan un lugar privilegiado en el origen y la manifestación de la conducta violenta. Amalio Blanco es catedrático de psicología social en la Universidad Autónoma de Madrid. En la actualidad coordina el Grupo de investigación en violencia y bienestar social (GIVBS).. BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA AGRESIÓN. CAUSAS, CONSECUENCIAS Y CONTROL. L. Berkowitz. Desclée. de Brower; Bilbao, 1996. PERSONALIDAD Y CONDUCTA ANTISOCIAL: AMPLIFICADORES INDIVIDUALES DE LOS EFECTOS CONTEXTUALES. J. Sobral, E.. Romero, M.a A. Luengo y J. Marzoa en Psicothema, vol. 12, págs. 661-670, 2000. INFORME MUNDIAL SOBRE LA VIOLENCIA Y LA SALUD EN EL MUNDO. Organización. Mundial de la Salud. OPS; Washington, 2002. LOS ESCENARIOS DE LA VIOLENCIA. Dirigi-. do por J. M. Sabucedo y J. Sanmartín. Ariel; Barcelona, 2007. VIOLENCIA COLECTIVA. C. Tilly. Hacer;. Barcelona, 2007.. 15.

(18) El cerebro bajo el agua La práctica del buceo nos permite descubrir un mundo de silencio y serenidad. Sin embargo, no es un medio natural para el ser humano. Deben conocerse los efectos de la presión y de los gases que se respiran para evitar accidentes de inmersión y sus consecuencias en el sistema nervioso central JÉRÔME PALAZZOLO. E. l grupo de submarinismo se prepara. Los seis buceadores han saltado del barco. Cada uno comprueba el buen funcionamiento del manómetro indicador de la presión del gas en la botella, que la máscara se halle bien asentada y que el chaleco de estabilización se encuentre debidamente ajustado. El más impaciente ya ha desaparecido de la superficie. Uno tras otro se hunden en el mundo submarino; solo las salvas de burbujas que liberan al respirar delatan su presencia a quienes permanecen a bordo. Descienden con lentitud. Un primer banco de peces payaso; algunas anémonas. El guía y monitor de los submarinistas señala con el dedo a un congrio. Los demás se acercan para observarlo, incluso lo fotografían. Luego, una tortuga de mar. Siguen bajando. Una morena. Una raya. Aguardan algunos minutos por la espera de rigor, mientras «aletean» con lentitud. La visibilidad es excelente. La inmersión se anuncia magnífica. Los buceadores se mantienen a 30 metros de profundidad. El monitor se asegura de que todo va bien dirigiéndose a cada uno de ellos. Estos responden formando una «o» con el pulgar y el índice de la mano a la vez que alzan los otros tres dedos para indicar: «Ok, todo bien». Continúan bajando. El objetivo es llegar a 40 metros de profundidad. De repente, el monitor observa que Pierre hace una, dos, hasta tres veces seguidas la señal de «Ok» sin que se la haya solicitado. Sus movimientos empiezan a resultar extraños. No hay lugar a dudas: Pierre es víctima del mal de las profundidades. Es necesario que ascienda lo antes posible, pero respetando los indispensables descansos de descompresión. ¿Qué le pasa a Pierre? ¿A qué se debe ese mal de las profundidades? ¿Por qué es importante que no suba demasiado rápido a la superficie? Para entenderlo, sigamos las modificaciones que sufre el organismo de Pierre a medida que desciende bajo el agua.. 16. Nitrógeno en la sangre Los buceadores respiran el aire comprimido que contienen las botellas. El regulador permite reducir la presión del aire embotellado acorde con la presión que soportan los pulmones. A medida que el submarinista desciende, la presión debida a la capa de agua aumenta a razón de una atmósfera cada diez metros. En la superficie, la presión es de una atmósfera, o un bar, o bien, según las unidades oficiales, 105 pascales (para simplificar, expresaremos las presiones en atmósferas). A 10 metros de profundidad, la presión que reina en el organismo es igual a 2 atmósferas (la presión atmosférica a la que se añade la presión de una columna de agua de 10 metros de altura). A 30 metros de profundidad, la presión vale 4 atmósferas. El aire se compone de un 79 por ciento de nitrógeno (N2) y de un 21 por ciento (O2). En otras palabras, el gas más útil, el oxígeno, es también el menos abundante en la mezcla que se inspira. Las presiones parciales de los dos gases son proporcionales a su abundancia: la presión parcial del nitrógeno es de 0,79 atmósferas, y la del oxígeno, de 0,21 atmósferas, para una mezcla cuya presión total sea de 1 atmósfera. Todos los buceadores conocen la ley de Henry, según la cual, a temperatura constante y en estado de saturación, la cantidad de gas disuelto en un líquido es proporcional a la presión que ese gas ejerce sobre el líquido. Ello supone que la cantidad de gas que se disuelve en la sangre de un buceador aumenta con la presión parcial de ese gas, es decir, con la profundidad. Conforme sigue descendiendo, aumenta la cantidad de oxígeno —y sobre todo de nitrógeno— disuelta en la sangre y en los tejidos hasta llegar a la presión de saturación, cuando el gas comienza a formar microburbujas. Volveremos sobre los efectos deletéreos de la presencia de esas burbujas en el organismo. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011.

(19) © FOTOLIA / FRANK WASSERFÜHRER. VIAJE A LO DESCONOCIDO El buceo resulta una afición fascinante que no entraña peligro, siempre y cuando se cumplan los requisitos de seguridad establecidos. Se estima que en España existen más de 100.000 submarinistas titulados.. MENTE Y CEREBRO 49 / 2011. 17.

(20) El mal de las profundidades RESUMEN. Riesgos bajo el agua. 1. El gas aspirado durante una inmersión. contiene oxígeno y nitrógeno. El primero se consume; el segundo, no.. 2. La presión aumenta con la profundidad,. como también lo hacen la cantidad de gas disuelto en la sangre y los tejidos. En el organismo se acumula nitrógeno disuelto.. 3. El nitrógeno es el responsable de la. narcosis o «mal de las profundidades» que padecen ciertos buceadores.. 4. La emersión debe ser lenta para evitar. accidentes de descompresión.. Hemos mencionado el caso de Pierre atacado por el mal de las profundidades. De hecho, sufre una narcosis por nitrógeno. Ya hemos señalado que, a medida que el buceador desciende, aumenta la presión parcial del nitrógeno. Ese gas que no es metabolizado (al contrario que el oxígeno) se fija a los cuerpos grasos, sobre todo a los lípidos, de las membranas de las neuronas y de la mielina, la vaina que asegura la conducción del impulso nervioso. Se perturba entonces la transmisión neuronal, por lo que se deterioran las facultades mentales. No todos los buceadores presentan la misma sensibilidad a la narcosis por nitrógeno: a algunos submarinistas les afecta a partir de los 30 metros, a muchos otros, más allá de los 40 metros bajo el agua. (Dependiendo de la legislación, el límite tolerado corresponde a una profundidad máxima de unos 60 metros.) Ciertos factores agravan el fenómeno: el estrés, la obesidad, el frío, la falta de entrenamiento, el alcohol e incluso algunas drogas. Existe otra hipótesis en torno a la narcosis por nitrógeno: la teoría proteica, propuesta en la década de los sesenta del siglo XX y precisada hace una decena de años por Jean-Claude Rostain y sus colaboradores, de la Universidad de Marsella. Según estos científicos, el nitrógeno se fijaría en las proteínas membranosas actuando como una droga y provocando la intervención de diversos neurotransmisores. El gas favorecería la acción inhibidora del neurotransmisor GABA, lo que comporta una disminución de la actividad motriz. El nitrógeno perturbaría asimismo otros neurotransmisores, entre los que destacan la dopamina (neurotransmisor excitador o inhibidor, según el lugar al que se fije) y el glutamato (excitador). Tales perturbaciones explicarían los trastornos motrices y cognitivos en la narcosis por nitrógeno.. La ley de Boyle-Mariotte Junto a la ley de Henry, los buceadores deberían conocer otra ley de la naturaleza descubierta por el físico y químico Robert Boyle (1627-1691) y el también físico Edme Mariotte (1620-1684). Según su hallazgo, el volumen en los gases disminuye de forma proporcional al aumento de la presión, y viceversa. A 10 metros bajo el agua, el pulmón de un buceador registra una presión de 2 bares. Si ascendiera de inmediato hacia la superficie, según la ley de Boyle-Mariotte, el volumen de los pulmones debería doblarse. Una razón más para alcanzar la superficie de forma pausada, incluso desde profundidades reducidas, sin olvidar en ningún momento espirar.. 18. Las señales de la alteración en el estado de conciencia de un sujeto durante el buceo son fáciles de detectar, empero hay que mantenerse atento, ya que pueden pasar desapercibidas bajo el agua. Los síntomas son variados: euforia, angustia, dificultades de visión (el buceador tiene la impresión de ver los objetos de su entorno en el fondo de un túnel), distorsión de la noción del tiempo... El afectado comprueba sin cesar sus instrumentos, en especial el ordenador de inmersión, mas no logra interpretar de forma correcta los datos que lee; sus reacciones son tardas; ve a su compañero pero no interactúa con él; no le interesa el entorno; repite señas inadecuadas, como la de «OK, todo bien», que mencionamos al principio. Además del nitrógeno, el oxígeno es un factor que limita la profundidad de las inmersiones en virtud de su toxicidad sobre el sistema nervioso. A medida que aumenta la presión, se disuelve en los tejidos, como ya hemos indicado. Si respiramos una mezcla demasiado rica en oxígeno (la presión parcial del oxígeno es demasiado alta), el organismo y el sistema nervioso se resienten. Se produce el efecto Paul Bert, que afecta sobre todo al sistema nervioso central, los pulmones y los ojos. Cuando la exposición es corta, se observa desorientación, dificultades respiratorias y trastornos de visión. Si la exposición a concentraciones excesivas de oxígeno se prolonga, pueden advertirse convulsiones, náuseas, vértigos, visión de desprendimiento de retina o crisis de epilepsia. El oxígeno en alta concentración, en especial en inmersiones profundas, forma radicales libres O2¡ , de naturaleza extremadamente reactiva, que atacan sobre todo a los lípidos de las membranas neuronales. Por añadidura, el oxígeno favorece la formación de otros radicales libres que dañan también el ADN. Con el fin de evitar dichas consecuencias deletéreas de un exceso de oxígeno, no debe descenderse a más de 65 metros. Asimismo, puede reducirse el tiempo de exposición. Hemos hablado de los riesgos que entraña la exposición al nitrógeno (también llamada narcosis de las profundidades, «mal de los buzos» o «borrachera de la profundidad») y al oxígeno después de la inmersión. Cuando un buceador presenta una narcosis por nitrógeno, debe ascender. Pero para ello conviene respetar un procedimiento preciso. Por intuición, se intentaría subir al sujeto afectado a la mayor celeridad posible. Mas, con toda seguridad, ello contribuiría a agravar su estado. Cuando un buMENTE Y CEREBRO 49 / 2011.

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