¿Novedad o ruptura? - la influencia del discurso del desarrollo sobre el Indice de Pobreza Multidimensional de OPHI
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(2) Dentro de este discurso, eliminar las carencias de aquello que se consideraba necesario, era uno de los requisitos de desarrollo. Los pobres debían ser auxiliados. Y los países con condiciones económicas, de salud y de alimentación que se consideraban apropiadas, eran los facultados para brindar esta ayuda. Curiosamente, eran los mismos que estaban definiendo qué era apropiado y qué era insuficiente. Esto, de acuerdo con Escobar, Illich y Sachs, aún estaría presente en las concepciones de pobreza más comunes hoy en día. Por lo tanto, también estaría en las metodologías de medición de pobreza. Sin embargo, en este campo ha habido muchos cambios en los últimos años. Mientras la línea de ingresos sigue siendo utilizada, otras metodologías de medición multidimensional han ganado terreno en los últimos años2. Una de ellas es el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), desarrollado por la Iniciativa Oxford para la Pobreza y el Desarrollo Humano (OPHI, por sus siglas en inglés). Este índice tiene en cuenta diferentes privaciones que pueden sufrir la personas y las agrega dándole igual peso a cada una de ellas. El IPM mundial, lanzado en 2011 es comparable entre diferentes países y toma en cuenta salud, educación y condiciones del hogar. Sin embargo, la metodología propone cinco dimensiones más, que no se incluyen actualmente en el IPM por restricciones de disponibilidad de datos comparables a nivel internacional. Aquí estudiaré la propuesta completa, incluyendo las ocho dimensiones propuestas por OPHI. A esto me referiré de aquí en adelante al hablar de IPM. La propuesta del IPM ha sido mostrada por sus creadores y promotores como especialmente innovadora y alternativa con respecto a las formas tradicionales de estudiar la pobreza, como “una nueva aproximación a la pobreza” (OPHI, s.f.a). A partir de esto, cabe preguntar en qué sentido puede considerarse ‘nueva’ o ‘alternativa’; o frente a qué podría considerarse ‘alternativa’. Específicamente, resulta relevante estudiar si las diferencias del IPM con respecto al discurso del desarrollo son cambios que consideran únicamente la inclusión de unos cuantos términos, pero siguen manteniendo las condiciones bajo las cuales se clasifica a 2. La medición de pobreza por línea de ingresos consiste en clasificar como pobres a todas las personas que tienen ingresos menores a un monto monetario específico, usualmente relacionado con el mínimo ingreso necesario para cubrir ciertas necesidades que se consideran básicas. La medición multidimensional, por su parte, hace referencia a una metodología que tiene en cuenta las condiciones de una persona en diferentes aspectos de la vida que se consideran relevantes. Así determina sus carencias y –en función de ellas-‐ qué tan pobre es cada persona. . . 2 .
(3) las personas; o, si por el contrario, se puede considerar como un cambio en las condiciones para definir y clasificar las diferencias entre las personas, en cuyo caso se podría hablar de una ruptura. En este contexto la presente investigación pretende indagar ¿en qué sentido la metodología del IPM podría constituir una ruptura con respecto al discurso del desarrollo? Esta pregunta se debe abordar en dos etapas. La primera, consiste en estudiar la construcción de índice. Allí se buscaría identificar posibles coincidencias entre el discurso del desarrollo y el IPM, así como posibles mecanismos de influencia entre el primero y el segundo. En caso de encontrar evidencias de estas coincidencias y mecanismos a partir del estudio del índice en cuestión, podría abordarse la segunda etapa de la investigación. Ésta consistiría en buscar los elementos de la trayectoria de los investigadores y de las instituciones relacionados con la construcción del índice a través de los cuales pudo haber ocurrido esta influencia. No profundizaré en esta última etapa, ya que se encuentra por fuera de las pretensiones del presente escrito. Aquí solo busco adelantar la primera parte de la investigación para exponer evidencias y preguntas que permitan determinar la pertinencia de la segunda etapa. Para abordar esta primera etapa, en la primera sección –después de esta introducción-‐ haré una revisión de literatura que permita exponer de qué se trata el discurso del desarrollo, para después –en la segunda sección-‐ mostrar cómo pudo haber influido el IPM, de acuerdo con lo expuesto por los autores consultados. A partir de allí, en la tercera sección, presentaré la metodología que voy a seguir en esta investigación. En la cuarta sección, expondré el IPM, específicamente su metodología y contenidos. Una vez hecho esto, en la quinta sección, buscaré indagar sobre la relación entre la forma y criterios de clasificación propuestos por el IPM y los encontrados en el discurso del desarrollo. Finalmente concluiré discutiendo las implicaciones de la relación encontrada y las preguntas que se desprenden de ella. De esta forma, el presente trabajo buscará las posibles coincidencias y mecanismos de influencia entre el discurso del desarrollo y el IPM, que se puedan evidenciar a partir de la forma en que está construido este índice. Dada la manera en que el contexto político de la segunda posguerra afectó la forma que tomó el discurso . . 3 .
(4) del desarrollo (tal como lo identifican autores como Escobar y Misas3), buscar estas líneas de influencia permitiría ver si algunas de las maneras de abordar actualmente la problemática de la pobreza, están determinadas por el contexto de la segunda posguerra4. Aunque lo anterior hace parte de la motivación de este trabajo no será tratado de forma explícita. Aquí me concentraré únicamente en encontrar coincidencias entre el IPM y el discurso del desarrollo y sugerir un posible mecanismo de influencia, a partir de lo expuesto por los autores consultados en este trabajo. Esta primera aproximación al problema, permitirá, en caso de encontrar las coincidencias buscadas, proponer una serie de análisis sobre el IPM a la luz de la literatura crítica sobre el discurso del desarrollo. En caso contrario, se podrá sugerir que el IPM supone la superación o cambio de las relaciones de imposición de significados propias del discurso del desarrollo. Todo esto, permitirá una mayor comprensión sobre los determinantes de la forma en que uno de los índices más populares hoy en día aborda la pobreza. Los criterios bajo los cuales un índice de medición de pobreza clasifica a una persona como pobre o no pobre, dependen de aquellos ámbitos de la vida que este índice considera relevantes y de la forma en que agrega dicha información. Así, mientras algunos de estos índices sólo consideran los ingresos de las personas para clasificarlas como pobres o no pobres, otros –como el IPM-‐ toman en cuenta determinadas dimensiones como salud y educación. Estas clasificaciones –y por ende las dimensiones que las componen-‐ tienen importantes efectos sobre quienes pretenden ser aplicadas. Esto, teniendo en cuenta que ser considerado pobre afecta aspectos como la autopercepción, debido a que tiene una connotación negativa5. La forma en que se clasifica un grupo de personas entre pobres y no pobres también tiene un impacto sobre . 3. Si bien Misas no se refiere específicamente al discurso del desarrollo, sí estudia la teoría económica que se consolidó en la época y sus planteamientos en términos de desarrollo. Esta teoría, de la mano con una forma específica de ver los problemas del denominado tercer mundo, llevó a algunas de las premisas soportadas por el discurso del desarrollo. 4 Por segunda posguerra, me referiré aquí al periodo posterior a lo que se conoce como ‘La segunda Guerra Mundial’. Por contexto me refiero específicamente a las relaciones de poder que Misas describe como existentes en la época, bajo las cuales Estados Unidos tenía la autoridad para influir sobre las políticas de los países del tercer mundo. 5 De acuerdo con Narayan (2000), las personas consideradas pobres pueden ser reconocidas como perezosas e incompetentes por lo demás miembros de su comunidad. . . 4 .
(5) la forma en que se aplican algunas políticas públicas6. Por lo tanto, estudiar uno de los elementos que pudieron afectar la construcción de un índice de pobreza tan difundido hoy en día como el IPM, tiene gran relevancia, dado que permite una mayor comprensión sobre los determinantes de la clasificación que genera este índice y que tiene tan importantes consecuencias. 1. ¿Qué es el discurso del desarrollo? Para responder a la pregunta que guía esta investigación, recurriré a autores que pretenden estudiar el desarrollo propuesto por gobiernos como el del presidente Truman e instituciones como la Organización de las Naciones Unidas –ONU-‐, como un hecho que responde a particularidades del contexto en el que surgió. Son autores que buscan ver el desarrollo no como algo dado, sino como un fenómeno que tiene una génesis y puede describirse en virtud de su historia. Esto permite obtener un retrato del cual es posible extraer la visión que contiene en términos de modos permitidos de ser. Para empezar, Arturo Escobar expone que el desarrollo es un régimen de representación en el cual se establece que los países que comparten los ideales de vida más comunes en Estados Unidos son más avanzados que los demás. Así, se crean formas de subjetividad bajo las cuales los habitantes de los países considerados ‘subdesarrollados’ aparecen como necesitados de ayuda: “El desarrollo era, y sigue siendo en gran parte, un enfoque de arriba abajo, etnocéntrico y tecnocrático que trataba a la gente y a las culturas como conceptos abstractos, como cifras estadísticas que se podían mover de un lado a otro en las gráficas de ‘progreso’” (Escobar, 1998, p. 94). Se trata, entonces, de una idea según la cual hay un ideal al que todas las personas y países deben y pueden llegar, cuyo estándar son las formas de vida más comunes en aquellos países donde se define el desarrollo. Qué tan lejos está una persona o grupo de este estándar es, además, algo que se puede medir. Por lo tanto, este discurso del desarrollo propone una visión lineal y cuantificable del progreso social. Así lo muestran también otros autores como Wolfgang Sachs y Serge Latouche. Según el primero de ellos, cuando se habló de desarrollo en la segunda posguerra, 6 Un ejemplo de esto es el Sistema General de Participación de Colombia de acuerdo a la Constitución Política de 1991. Según el artículo 357 de esta carta, uno de los criterios para determinar la distribución de las transferencias de este sistema es la pobreza relativa de cada municipio. . . 5 .
(6) todas las personas fueron agrupadas bajo una sola distinción: desarrollo-‐subdesarrollo, porque bajo esta perspectiva, “todas las personas del mundo se estaban moviendo a lo largo del mismo camino, algunos más rápido, otros más lento, pero todos en la misma dirección” (Sachs, 1994, p. 3). Las diferencias, como explica Latouche, se entienden en términos de qué tan lejos está cada persona o grupo de este ideal de vida: “las diferencias en los modos de vida pueden ser, cada vez más, expresadas en términos de niveles de vida” (Latouche, 2010, p. 280). Latouche llama al modelo de vida contenido en esta visión, estándar de vida. Y ubica, en un reporte de la Organización de las Naciones Unidas de 1954, una lista de lo que podía ser entendido como sus componentes en esa época. Estos son: salud, educación, nutrición, condiciones de trabajo y empleo, consumo y ahorro agregados, transporte, condiciones del hogar, ropa, recreación y entretenimiento, seguridad social y libertad humana. Estos elementos (o lo que se consideraba necesario para conseguirlos, que durante mucho tiempo fue el dinero) debían ser susceptibles de ser medidos para poder determinar el nivel en que se encontraba una persona o grupo. Todo esto, según marcos de referencia sobre lo que se considera adecuado en lo que Latouche llama primer mundo. De acuerdo con este autor francés, “si persiguiéramos un verdadero y genuino internacionalismo o universalismo, sería necesario invitar ‘expertos’ de las regiones ‘primitivas’ restantes en el mundo para preparar una lista de deficiencias de las cuales nosotros, las personas de los países desarrollados, sufrimos” (Latouche, 2010, p. 289). Dentro de ellas ubica temas como estrés, neurosis y soledad. Así, parece sugerir que, por definición, el desarrollo y la pobreza se entienden de forma tal que se consideran carentes, en este sentido, principalmente las personas de los países que no son considerados desarrollados. No sería entonces, una clasificación creada a priori, bajo la cual los modos de vida más comunes por fuera de Europa y Norteamérica resultaron en los niveles más bajos, sino una categorización pensada para que así sucediera. Se trata, pues, de un mecanismo que –de forma consciente o inconsciente-‐ deslegitima los modos de vida que no comparten la idea de acumulación sin límites. Así lo explica Sachs: “el ‘desarrollo’ tuvo muchos efectos, pero uno de los más insidiosos fue la disolución de culturas que no estaban construidas alrededor de la acumulación frenética” (Sachs, 1994, p. 4). La definición del estándar de vida propio de este discurso, . 6 .
(7) tuvo como consecuencia la clasificación de los modos de vida que no comparten la importancia de la acumulación, como defectuosos y necesitados de ayuda. A partir de todo lo dicho por los autores consultados, en esta investigación, entenderé este discurso como un representación según la cual se considera que diferentes grupos de la población mundial pertenecen a distintos niveles, de acuerdo con sus condiciones en términos de aspectos como salud, educación, nutrición, condiciones de trabajo y empleo, consumo y ahorro agregados, transporte, condiciones del hogar, ropa, recreación y entretenimiento, seguridad social y libertad humana. Aquellos que logran, en estos aspectos, las condiciones para tener una mayor acumulación y, así, poder acceder a un mayor consumo, se consideran como pertenecientes a los niveles más altos de la escala del desarrollo. 2. ¿Por qué se podría decir que este discurso ha influido hoy en día? Durante la segunda posguerra, el discurso del desarrollo fue acogido por organismos multilaterales, gobiernos y académicos como la ONU, el gobierno de Estados Unidos y algunos profesores de economía de ese país. Las políticas y teorías de estos actores tuvieron gran impacto en la época y –como veremos a continuación-‐ continúan vigentes en distintos escenarios. Empecemos por la influencia que el discurso del desarrollo ha tenido a través de la academia. Gustavo Esteva afirma que, dentro de este discurso, el desarrollo se entiende como un problema principalmente económico. Por lo tanto, lo dicho por Misas sobre la influencia de la academia norteamericana de la segunda posguerra sobre la formación de los economistas en diferentes partes del mundo (entre ellas, Europa, India y América Latina), tiene gran relevancia. Lo anterior es cierto, si se tiene en cuenta que este mismo autor ubica el problema del desarrollo como una de las principales preocupaciones de los académicos de la época dedicados al estudio de la economía. En su artículo titulado El campo de la economía y la formación de los economistas, Misas expone que el contexto de la segunda posguerra y, específicamente el poder de Estados Unidos como potencia ganadora de la guerra, determinaron los problemas y condiciones bajo los cuales se estudiaría la economía de ahí en adelante en la mayor parte del mundo. Uno de los problemas a los que los economistas norteamericanos se . 7 .
(8) enfrentaban era –según Misas-‐ proponer mecanismos económicos para llevar el desarrollo a los países del tercer mundo. Este autor también propone que los planteamientos de la academia norteamericana en este sentido no se popularizaron por virtudes de las teorías propuestas, sino por las redes que se construyeron con este propósito. Así, las becas otorgadas a estudiantes extranjeros para estudiar en Estados Unidos y la estrategia de enviar profesores estadounidenses “para reformar o crear departamentos de economía a la imagen y semejanza de los existentes en Estados Unidos” (Misas, 2004, p. 209), fueron algunos de los mecanismos a través de los cuales el contexto de ese país influyó el campo de la economía y la formación de los economistas a partir de la segunda posguerra. Gustavo Esteva, por otro lado, llama la atención sobre la importancia que ha tenido la ONU en la reproducción del discurso del desarrollo. Según él, desde 1945 hasta hoy, esta organización ha propuesto cambios sobre el enfoque del desarrollo, pero siempre dentro del mismo discurso. En la década de los 50s, por ejemplo, el enfoque dominante era el crecimiento económico. A través de este crecimiento se alcanzaría el desarrollo, de acuerdo con los documentos de la ONU. A lo largo de las décadas el enfoque fue cambiando hasta llegar a la idea de desarrollo humano, tal como aparece en el reporte lanzado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD-‐ en 1990, titulado Informe sobre Desarrollo Humano 1990. Este concepto también hace parte del nombre del grupo de investigadores que diseñó el IPM: Iniciativa Oxford para la Pobreza y el Desarrollo Humano. Según Esteva, las diferentes aproximaciones al concepto de pobreza que ha tenido lo que él llama el Norte (dentro de lo que están incluidos Europa y Norteamérica, entre otros), han estado fuertemente influenciadas por las propuestas de la ONU en este sentido. Por su parte, Andrea Cornwall y Karen Brock, han encontrado que el discurso del desarrollo está presente en uno de los instrumentos de política más difundidos en los últimos años por la ONU, a saber, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y las Estrategias para la Reducción de la Pobreza. Las autoras señalan que si bien estos instrumentos presentan cambios en el lenguaje con respecto al discurso del desarrollo, estos cambios responden principalmente al uso de palabras de moda (buzzwords) con propósitos de legitimación, y no a cambios en el contenido de los instrumentos de política. Teniendo en cuenta lo anterior, y dado el impacto que han tenido estos . 8 .
(9) instrumentos de política –especialmente los ODM-‐ se puede afirmar que el discurso del desarrollo ha influido sobre algunas de las aproximaciones a la pobreza más difundidas hoy en día. Por lo tanto, de acuerdo con los autores estudiados en esta sección, el hecho se ser acogido por la academia norteamericana y la ONU, ha permitido que el discurso del desarrollo influya sobre los instrumentos destinados a reducir la pobreza más populares hoy en día. La pobreza es vista comúnmente como un tema principalmente económico. También es visto como un fenómeno global, que concierne a diferentes países del mundo. En este contexto, se puede pensar que un discurso que está presente en las teorías económicas más aceptadas dentro de la academia y en una organización que agrupa a la mayoría de países del mundo, tendría alguna influencia sobre un instrumento de medición de pobreza como el IPM. 3. ¿Qué voy a buscar y cómo lo voy a hacer? A partir del anterior planteamiento, la presente investigación se enfocará en evaluar la siguiente hipótesis: el IPM no constituye una ruptura con respecto al discurso del desarrollo en términos de los criterios que utiliza para clasificar a las personas, sus insumos teóricos y las variables que tiene en cuenta. Dado que el presente escrito pretende ser una aproximación preliminar al tema, me enfocaré en buscar las posibles coincidencias entre el IPM y el discurso del desarrollo. Estas coincidencias, serán evaluadas a la luz de los posibles mecanismos de influencia expuestos en la sección anterior. Así, será posible proponer las siguientes partes de la investigación, con el fin de llegar a una conclusión definitiva sobre la hipótesis planteada. Para evaluar esta hipótesis es importante, primero, definir los conceptos a los que hace referencia, específicamente la noción de ruptura. Es claro que hay diferencias entre el IPM y el discurso del desarrollo. Sin embargo, no se puede considerar que hay una ruptura si estas diferencias se refieren únicamente a nuevos conceptos que mantienen las condiciones bajo la cuales se clasifican las personas. Por lo tanto, aquí me concentraré en estudiar cuáles son estas condiciones en el IPM. Específicamente haré una descripción del índice en cuestión que permita identificar los criterios de escogencia de sus variables, sus variables y la metodología de agregación de . 9 .
(10) información que utiliza. Esto último se refiere a la forma en que el índice toma los datos que considera importantes sobre las condiciones de vida de diferentes personas, y genera una categorización de personas pobres y no pobres a partir de ellos. Con esto será posible ver cómo se clasifican las diferencias entre individuos u hogares. Estas inquietudes serán resueltas a partir de la información expuesta en la página web oficial de OPHI y la revisión de varios working papers de esta organización, específicamente aquellos que explican los criterios de escogencia de dimensiones, las variables escogidas para medirlas y la forma de agregación utilizada en el IPM. Al comparar esta información con la información de las dos secciones anteriores, será posible examinar sus coincidencias y los mecanismos de influencia que puede haber entre el discurso del desarrollo y el IPM. Buscaré coincidencias específicamente en tres aspectos: 1. Si el IPM se basa en enfoques reconocidos como influenciados por el discurso del desarrollo. 2. Si el IPM categoriza –como el discurso del desarrollo-‐ o no las diferencias entre personas o grupos en niveles. 3. Si las dimensiones consideradas por este índice consisten en formas específicas de uno o varios de los elementos que Latouche identifica dentro del concepto de estándar de vida del discurso del desarrollo: salud, educación, nutrición, condiciones de trabajo y empleo, consumo y ahorro agregados, condiciones del hogar, ropa, recreación y entretenimiento, seguridad social y libertad humana. Las diferencias y similitudes encontradas permitirán discutir en qué medida es posible defender o rechazar la hipótesis planteada en este trabajo. 4. ¿Qué es el IPM? En las últimas dos décadas ha habido un creciente reconocimiento por parte de políticos y académicos sobre la importancia de medir la pobreza con un enfoque multidimensional (Sarmiento, 2007). Con esto, las medidas que capturan diferentes carencias, más allá del ingreso o los activos físicos, han ganado importancia. Sin embargo, no hay consenso sobre las carencias que se consideran relevantes para incluir en una medición de pobreza (Kanbur, 2002). Frente a esta situación, OPHI propuso una medida multidimensional que cumple una serie de condiciones es consideradas deseables por OPHI por diferentes razones. Una de ellas es que hace una escogencia de dimensiones basada en una amplia revisión de literatura y un debate público, además . 10 .
(11) de -‐según ellos-‐ hacer explícitos los juicios de valor a partir de los cuales se hace esta escogencia. Otra, consiste en que la metodología de agregación es intuitiva y satisface diferentes axiomas que se consideran deseables7. A continuación, una revisión de la escogencia de dimensiones y de la forma de agregación del IPM. Dimensiones Las dimensiones que componen el IPM son educación, salud y condiciones del hogar. Si bien, según los investigadores de OPHI, “las potenciales dimensiones que una medida de pobreza podría reflejar son bastante amplias” (Alkire & Santos, 2010, p. 12), la inexistencia de algunos datos comparables a través de diferentes países impone una restricción sobre las dimensiones que se pueden tener en cuenta. Así, aparte de las dimensiones incluidas actualmente (salud, educación y condiciones del hogar), se identifican otras llamadas dimensiones desaparecidas (missing dimensions), que según OPHI deberían ser incluidas, pero no lo son por limitaciones de datos. Éstas son: calidad de empleo, empoderamiento, bienestar psicológico y subjetivo, habilidad de ir por la vida sin sentir vergüenza y seguridad física. Por lo tanto, a pesar de que el índice actualmente sólo incluye tres dimensiones, la propuesta metodológica tiene en cuenta ocho dimensiones. Es esta propuesta la que estudia la presente investigación. Todas las dimensiones fueron escogidas de acuerdo a los siguientes mecanismos: •. Revisión de literatura de ejercicios participativos con grupos representativos de diferentes comunidades, que buscan identificar capacidades importantes. . •. Uso de propuestas que han gozado de un consenso duradero, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y los Derechos Humanos. . •. Consideración de teorías psicológicas y filosóficas sobre necesidades básicas, valores universales, derechos humanos, etc. . A partir de estos ejercicios, OPHI decidió incluir, en el IPM, las dimensiones de salud, educación, condiciones del hogar, empleo, capacidad de salir a la calle sin sentir 7. Algunos de ellos son simetría y monotonicidad. Para más información sobre éstas y las demás características que cumple el IPM y se consideran deseables en una medición, ver: (Alkire S. &., 2009) . . 11 .
(12) vergüenza, seguridad física, y bienestar psicológico y subjetivo. Sin embargo, sólo existen datos comparable a nivel internacional para salud, educación y condiciones del hogar. Con respecto a estas tres dimensiones, los working papers de OPHI no hacen mayor mención sobre las justificaciones de su inclusión, por considerar que son reconocidas ampliamente como intrínsecamente importantes8. A cada una de las llamadas dimensiones desaparecidas, en contraste, le dedican un artículo completo. A partir de estos artículos, es posible identificar los juicios explícitos con base en los que se justifica la inclusión de estas dimensiones dentro de la propuesta del IPM. En este punto –entre muchos otros-‐ queda clara la fuerte influencia de Amartya Sen sobre la construcción del IPM. Lo anterior, dado que, como se verá a continuación, la inclusión de muchas de las dimensiones esta basada en su teoría sobre lo que constituye la pobreza. A continuación presento una breve descripción de cada una de las dimensiones desaparecidas, los índices a través de los cuales serían capturadas y de las razones que OPHI expone para justificar su inclusión. En la tabla 2 del Anexo 1 se encuentra una lista de todas dimensiones y los índices, con las referencias específicas de estos últimos. Para empezar, la inclusión del empleo como una de las dimensiones que se debe considerar, se basa en la idea de Sen de que el empleo puede dar un sentimiento de respeto propio y realización personal. Los indicadores incluidos para medir esta dimensión se basan principalmente en las propuestas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre lo que se considera un buen empleo en términos de cantidad y calidad. El empoderamiento también se justifica a partir de la teoría de Sen, específicamente del concepto de agencia, que se trata de la capacidad de elegir la vida que se va a llevar (Sen, 1995). Adicionalmente, esta dimensión ha sido mencionada como importante en diferentes procesos de definición participativa de la pobreza como voices of the poor. Sin embargo, su definición no parece ser del todo clara. A pesar de esto, los autores de OPHI lo describen como “control o habilidad real de efectuar cambios” (Alkire S. & Solava I., 2007, p. 10) tanto personales como sociales. Los indicadores utilizados para medir este concepto son justificados a partir de los 8. . Esto se puede constatar en: (Alkire S. & Santos M., 2010) . 12 .
(13) resultados de estudios participativos conducidos por el Banco Mundial y OPHI, entre otros. La capacidad de ir por la vida sin sentir vergüenza, por su parte, se incluye en la medida en que la humillación y la vergüenza generan aislamiento y se consideran dolorosas. Adicionalmente, esta dimensión afecta otras como el bienestar psicológico. Su inclusión se justifica con base en un ejemplo que da Adam Smith y que es frecuentemente utilizado por Sen para exponer la idea de que lo que constituye la pobreza es relativo al tiempo y el lugar9 (Zavaleta, 2007). En esta medida, lo necesario no es sólo aquello indispensables para mantener la vida, sino también aquello que permite aparecer en público sin sentir vergüenza (Sen, 2000). La mayoría de los indicadores escogidos para medir esta dimensión fueron tomados de literatura relacionada con estigmatización y discriminación por condiciones de salud. Por otra parte, el bienestar psicológico y subjetivo es considerado como intrínsecamente importante. De esta forma, los investigadores no se basan explícitamente en una teoría o fuente externa para justificarlo. En cambio, afirman que su inclusión es importante para “proveer un entendimiento enriquecido de los valores y comportamientos de las personas” (Samman, 2007, p. 2). La discusión sobre esta dimensión normalmente se teje en torno a cómo medirla y si debe guiar o no las políticas. Sobre esto último, el OPHI afirma que el debate debe ir más allá y propone una serie de indicadores para capturar esta dimensión basados en literatura de psicología sobre temas como satisfacción y sentimientos de realización personal. Finalmente, la seguridad física es incluida principalmente por su importancia dada en estudios participativos. Así, a partir de investigaciones conducidas por el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo Asiático, en las que se les pregunta a las personas consideradas pobres por su comunidad qué es para ellos pobreza, la violencia surge uno de los elementos más mencionados. Los indicadores incluidos en esta dimensión fueron tomados de literatura sobre conflicto, crimen y violencia intrafamiliar. Agregación 9. El ejemplo habla de cómo en la época de Smith, en Inglaterra era imprescindible llevar camisa de lino para salir a la calle sin sentir pena, mientras en otros lugares no ocurría esto. . . 13 .
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