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MICROFUNDAMENTOS Y MARXISMO i

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MICROFUNDAMENTOS Y MARXISMO

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Por J. E. King

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RESUMEN

La metáfora de los “microfundamentos” había sido usada por macroeconomistas mainstream con la intención de explicar la macroeconomía en términos de la microeconomía, o más precisamente en términos de enunciaciones sobre individuos, vistos como agentes representativos con expectativas racionales que maximizan la utilidad de toda la vida, sujetos a shocks dentro de un marco de equilibrio general. De las tres razones para rechazar esta estrategia explicativa, la atención aquí se centra en la causalidad descendente. Aunque los individuos están fuertemente influenciados por la sociedad, sus decisiones y comportamientos no son suficientes como fundamentos explicativos de una teoría macroeconómica.

1 John E King es Profesor Emérito de Economía en La Trobe University en Melbourne. Es además Profesor

Honorario en la Federation University, Victoria, y miembro de la Academy of Social Sciences en Australia. Sus principales intereses de investigación son la la historia del pensamiento económico heterodoxo, con especial referencia en la economía política marxista y en la economía Post keynesiana.

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La metáfora de los "microfundamentos", usada como estrategia explicativa en la macroeconomía mainstream, busca reducir la macroeconomía a enunciaciones sobre el comportamiento agregado de los individuos. Vistos como agentes representativos con expectativas racionales, su búsqueda de maximizar la utilidad de toda la vida sujeta a shocks en un marco de Equilibrio General Dinámico y Estocástico (EGDE)2, es vista como la base de los fenómenos macroeconómicos.

En King (2012), expongo las razones por las que este enfoque explicativo está condenado al fracaso y argumento que los economistas heterodoxos de todas las tendencias, al menos ninguno de los cuales apoyan la estrategia, deberían desistir de utilizar la metáfora. Varias páginas del libro están dedicadas a una disección del uso de la metáfora de los microfundamentos por parte de los marxistas, siendo los más destacados John Roemer y Jon Elster (King, 2012: 141-145). Parece que Roemer (1979) fue el primero en usar la palabra “microfundamentos” en el título de un artículo, y en su influyente libro, Analytical Foundations of Marxian Economic Theory, defendió “derivar el comportamiento agregado de la economía como una consecuencia de las acciones de los individuos” (Roemer, 1981: 7). Elster fue aún más lejos en su defensa de un enfoque micro-reduccionista de la teoría social marxista. Por individualismo metodológico, escribió,

Me refiero a la doctrina de que todos los fenómenos sociales —su estructura y su cambio— son en principio explicables en maneras que solo involucran a los individuos: sus propiedades, sus objetivos, sus creencias y sus acciones. El individualismo metodológico así concebido es una forma de reduccionismo. Pasar de instituciones sociales y patrones de comportamiento agregados a individuos es el mismo tipo de operación que pasar de células a moléculas. (Elster, 1985: 5)

¡Este fue el mismo Elster que en un trabajo anterior había señalado la importancia de evitar las falacias de composición en la teoría social! El "Marxismo de Elección Racional", que fue defendido por Roemer y Elster, no ganó muchos adeptos, y en gran parte ha sido abandonado incluso por quienes continúan describiéndose a sí mismos como "marxistas analíticos" (Veneziani, 2012). Pero el término "microfundamentos" es todavía usado por algunos marxistas y la micro-reducción sigue atrayendo cierto apoyo de los economistas políticos radicales: véanse, por ejemplo, los capítulos de Jonathan Goldstein y Bill Gibson en Goldstein y Hillard (2009).

Hay varias razones por las que el proyecto de micro-reducción en economía no puede funcionar. Cada uno de ellos parece por sí mismo suficiente para descartar la micro-reducción. Uno, la existencia de propiedades emergentes, se basa en la complejidad de las economías del mundo real, como explica Bernd-Olaf Küppers,

. . . si un sistema material alcanza un cierto nivel de complejidad, manifestado en una alta relación de sus componentes, entonces propiedades y procesos genuinamente nuevos pueden surgir que no pueden ser explicados por las propiedades materiales de

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los mismos componentes . . . uno puede expresar la quintaesencia de los conceptos de emergencia y causalidad descendente mediante dos tesis:

1. El todo es más que la suma de las partes.

2. El todo determina el comportamiento de sus partes (Küppers, 1992: 242–243). (El uso de Küppers de la palabra "determina" es probablemente demasiado fuerte aquí, "afecta significativamente" sería suficiente). Existe un creciente reconocimiento del papel de las propiedades emergentes en la economía, por ejemplo, en la relación entre inversión y productividad (Harper y Endres, 2012).

Ahora, las "dos tesis" de Küppers también se aplican a sistemas mucho más simples, en los que la complejidad no es un problema. La primera, la falacia de la composición, no es analizada aquí. En cambio, me enfoco en la segunda tesis, que proporciona otra razón por la que la micro-reducción está condenada al fracaso: la causalidad descendente. Es muy simple de resumir y muy difícil de negar. Nosotros, como individuos, estamos fuertemente influenciados por la sociedad. Nuestros gustos y preferencias, nuestros valores y creencias, nuestro conocimiento y habilidades productivas dependen de la sociedad en la que vivimos y de la economía que está arraigada en ella. Pero los fundamentos no son como esto. Primero son puestos en su lugar, y luego el edificio es construido sobre de ellos. En el proceso de construcción, los fundamentos no cambian. Una vez finalizada la construcción, el edificio puede modificarse de diversas formas (redecorado, rehabilitado, renovado, reconstruido en mayor o menor medida) sin ocasionar alteraciones en los fundamentos. Eso es lo que los fundamentos son. Pero los humanos no somos así y, por lo tanto, la metáfora de los microfundamentos está mal concebida.

En las otras ciencias sociales, la causalidad descendente es un hecho aceptado, casi un lugar común. Me limitaré a un solo ejemplo, que encontré por casualidad, a fines de 2014 cuando estaba escribiendo este artículo. El psicólogo belga Paul Verhaeghe ha documentado las consecuencias para la personalidad humana del auge del neoliberalismo en su libro (en coautoría con Jane Hedley Prole), What about Me? The Struggle for Identity in a Market-Based Society, y ha resumido los argumentos en un breve pero incisivo artículo en el Guardian Weekly (Verhaeghe, 2014; Verhaeghe y Hedley-Prole, 2014;). Él muestra cómo un sistema económico competitivo que recompensa los rasgos de personalidad psicopática ha cambiado nuestras éticas y nuestras personalidades. En una meritocracia neoliberal, la solidaridad se convierte en un lujo caro y ha dado paso a alianzas temporales usadas para extraer ganancias. Los lazos sociales con los colegas se debilitan, el acoso laboral se generaliza y el respeto propio de las personas se ve seriamente dañado. Las normas y valores sociales están cambiando, concluye Verhaeghe, y no para mejor. Al contrario, el nuevo sistema económico está sacando lo peor de nosotros.

La causalidad descendente significa que la micro-reducción es muy poco probable que tenga éxito en las ciencias sociales (y menos en la economía). Proyectos explicativos similares en las ciencias naturales no han tenido mucho éxito (King, 2012, capítulos

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3-4). El filósofo Steven Horst enumera algunos de los "casos de fallida o incompleta reducción interteorética" que se discuten frecuentemente en la literatura científica. Ellos incluyen la reducción de la termodinámica a la mecánica estadística, la reducción de la termodinámica / mecánica estadística a la mecánica cuántica, la reducción de la química a la mecánica cuántica, la reducción de la mecánica clásica a la mecánica cuántica, la reducción de la biología evolutiva a la genética y la reducción de la genética a la genética molecular (Horst, 2007: 59).

El caso de la reducción genética es especialmente interesante, ya que ha sido fatalmente socavado por la causalidad descendente. Los críticos del "reduccionismo jerárquico" de Richard Dawkins argumentan que lo que hacen los genes depende de los organismos en los que están ubicados y del entorno natural y social en el que viven estos organismos. Por tanto, Stephen Jay Gould (2007) rechaza el argumento de Dawkins de que

. . . los genes son los únicos agentes causales verdaderos y los organismos simplemente sus receptáculos temporales. Estoy fuertemente en desacuerdo con Dawkins, ya que creo que él ha confundido la contabilidad (que puede hacerse de manera eficiente en términos de genes) con la causalidad. (pág.226)

El fisiólogo Denis Noble utiliza otra metáfora sorprendente. En una discusión con el periodista John Crace (2008), “revierte la imagen del “gen egoísta” de Dawkins (“Ellos

están en ti y en mí; ellos nos crearon, cuerpo y mente; y su preservación es la razón fundamental de nuestra existencia”). Noble escribe en lugar del "gen prisionero": Ellos están en ti y en mí; nosotros somos el sistema que permite leer su código; y su conservación depende totalmente de la alegría que nosotros experimentamos al reproducirnos (¡nuestra alegría, no la de ellos!). Somos la razón fundamental de su existencia. (Crace, 2008)

Existen menos defensores del reduccionismo genético en la actualidad que antes, debido al creciente reconocimiento de la importancia de la causalidad descendente: la influencia de los organismos y el medio ambiente en el comportamiento de los genes. Volviendo a la economía, Peter Kriesler argumenta convincentemente que Michaeł

Kalecki tenía razón en la cuestión de los microfundamentos, así como en varios otros temas importantes de la teoría y la metodología económicas. Kalecki sostuvo que la macroeconomía y la microeconomía deberían pensarse como estando, más que en una relación vertical, en una relación horizontal, estrechamente conectadas e influyéndose mutuamente, pero también como relativamente autónomas, sin que ninguna de las dos constituya la base de la otra. Para Kalecki,

. . . el micro y el macro análisis . . . están uno al lado del otro, existiendo interdependientemente, esto es, en pie de igualdad. Algunas cosas son determinadas a nivel micro, independientes en gran parte de lo que está sucediendo a nivel macro. Esto se reflejó en el intento de Kalecki de desarrollar modelos de precios y distribución que fueran independientes del nivel de producción. De manera similar, algunas cosas son determinadas a nivel macro, independientes en gran parte de los precios y la

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distribución. Ambos se influyen mutuamente, y de su interrelación se determina algo diferente de ambos: el nivel de producción agregada. (Kriesler, 1996: 66)

En este sentido, concluye Kriesler, el método de Kalecki es muy similar al de Ricardo y Marx (Kriesler, 1996: 67).

Algunos economistas, generalmente aunque no siempre de inclinación heterodoxa, han respondido a estos problemas sugiriendo que, en cambio, deberíamos proporcionar macrofundamentos para la microeconomía (King, 2012: 42-45). Incluyen autores tan diversos como Sergio Rossi, Jan Kregel, David Colander, Geoff Hodgson, Giuseppe Fontana y Julie Nelson (citado en King, 2012: 160-170). Si bien simpatizo con esta reacción sobre la importancia de la causalidad descendente en la vida económica, no puedo estar de acuerdo con la metáfora de los "macrofundamentos", que evoca la extraña imagen de una casa con los fundamentos encaramados sobre el techo. Sería mejor, pienso, evitar las metáforas fundamentales de cualquier tipo. Si las metáforas constructivas son inevitables, sería sensato seguir a Kalecki y usarlas en el plano horizontal, no en el vertical.

Pilkington (2013) está de acuerdo, pero sostiene que el análisis necesita ser llevado más lejos. Sostiene que, en las primeras partes de mi libro del 2012, yo sugiero que deberíamos colocar la microeconomía y la macroeconomía en pie de igualdad. Pero esto está mal, porque "el grupo tiene más poder sobre el individuo que el individuo sobre el grupo". Esto puede ser visto en la "paradoja del ahorro", donde

. . .los deseos de ahorro agregados restriguen la capacidad del individuo para ahorrar mientras que los deseos de ahorro del individuo tienen solo un efecto mínimo en el grupo agregado (a través de un multiplicador ligeramente disminuido). Eso es, de hecho, todo un un simple juego de números y esto pone de manifiesto claramente por qué la microeconomía debe estar, por construcción, subordinada a la macroeconomía. (Pilkington, 2013: 372)

De nuevo, siento cierta simpatía con esta posición. Pero me preocupa que el camino que conduce del individualismo al holismo pueda en algún punto volverse en una pendiente resbaladiza, impulsando al viajero desprevenido a una forma extrema de holismo que es muy difícil de justificar.

Aquí, por ejemplo, está Ludwig Von Mises (1949 [1996]), denunciando la noción de que

“la sociedad es una entidad que vive su propia vida, independiente y separada de las vidas de los diversos individuos, que actúa en su propio nombre y tiene como objetivo sus propios fines que son diferentes de los fines buscados por los individuos” (p. 145).

Dudo que muchos marxistas del siglo XXI se adhieran a esta versión del holismo. Esto proviene, ciertamente, de la pluma de un hombre que no era por sí mismo dado a la excesiva moderación y que se supone que salió de una reunión de la Sociedad Mont Pélerin murmurando: "¡Todos ustedes son socialistas!". Pero no es difícil imaginar, en Moscú, en la primavera de 1949, ideólogos estalinistas denunciando el individualismo burgués en términos bastante similares a los invocados por Mises. La tentación ciertamente debería evitarse hoy.

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Todo esto nos trae de vuelta a otra gran cuestión: la relación entre libertad y determinismo histórico / social en el pensamiento de Karl Marx. Esto trae a la mente la tipología de la historia humana en tres etapas que Marx estableció en los Grundrisse: Las relaciones de dependencia personal (totalmente espontáneas al principio) son las primeras formas sociales, en las que la capacidad productiva humana se desarrolla sólo en pequeña medida y en puntos aislados. La independencia personal fundada sobre la dependencia objetiva [sächlicher] es la segunda gran forma, en la que se forma por primera vez un sistema de metabolismo social general, de relaciones universales, de necesidades integrales y capacidades universales. La individualidad libre, basada en el desarrollo universal de los individuos y en la subordinación de su productividad social comunitaria a su riqueza social, es la tercera etapa. La segunda etapa crea las condiciones para la tercera. (Marx, 1857-1858 [1973]: 158; énfasis original)

Es obvio que hay muy poca libertad en la primera etapa, que se refiere a los modos de producción esclavista y feudal: el 98% de todos los individuos son propiedad de esclavistas, o están atados a la tierra de sus señores, y son obligados a realizar trabajo excedente no remunerado para ellos. Sus vidas están determinadas de manera muy amplia por las relaciones sociales de producción.

Las cosas parecen diferentes en la segunda etapa, de "dependencia objetiva", en la que la producción de mercancías (en particular, la producción capitalista de mercancías) ha eliminado la flagrante falta de libertad de la esclavitud y el feudalismo. Pero las apariencias engañan. Como Marx dijo, sarcásticamente, el trabajador en una sociedad capitalista es libre en un doble sentido: no es propiedad de nadie, pero tampoco posee nada más que su capacidad para trabajar. "Libres" de las cargas de la propiedad, los trabajadores dependen enteramente de los capitalistas para sus medios de subsistencia. Incluso los capitalistas, sin embargo, solo parecen ser libres. De hecho, el fenómeno generalizado de alienación y fetichismo significa que el capitalista, al igual que el trabajador, no es libre. Se podría argumentar que los capitalistas son realmente menos libres que los trabajadores, quienes al menos se dan cuenta (o solían darse cuenta) de que algo anda muy mal. El capitalista también está dominado por sus propios productos, sean estos objetos físicos, relaciones sociales o ideas falsas sobre estas relaciones sociales. Solo en el futuro comunista, cuando la producción de mercancías ha sido reemplazada por la cooperación, la alienación y el fetichismo han sido abolidos y la dependencia objetiva o material ha sido trascendida, solo entonces, en la tercera y última etapa de la historia humana, la etapa de la individualidad libre, podrá la gente realmente sea libre.

Todo esto es bien conocido y con frecuencia se cuenta en estudios críticos del pensamiento de Marx (ver, por ejemplo, Howard y King, 1985). Pero sus implicaciones no siempre fueron totalmente apreciadas, especialmente durante los oscuros días de la tiranía estalinista. Un filósofo marxista que tenía algunas cosas muy interesantes que decir sobre el capitalismo y la libertad fue Herbert Marcuse. Su argumento en el texto clásico de 1964 One-Dimensional Man está lúcidamente resumido por Douglas Kellner (1991 [2002]):

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En el análisis de Marcuse, el "hombre unidimensional" ha perdido, o está perdiendo, la individualidad, la libertad y la capacidad de disentir y controlar su propio destino. El espacio privado, la dimensión de la negación y la individualidad, en el que uno puede volverse y seguir siendo un yo, está siendo recortado por una sociedad que modela aspiraciones, esperanzas, miedos y valores, e incluso manipula las necesidades vitales. En la visión de Marcuse, el precio que el hombre unidimensional paga por la satisfacción es entregar la libertad y la individualidad. El hombre unidimensional no conoce sus verdaderas necesidades porque sus necesidades no son sus propias necesidades: ellas son administradas, superpuestas y heterónomas; no es capaz de resistir la dominación, ni de actuar autónomamente, pues se identifica con el comportamiento público e imita y se somete a los poderes establecidos. Al carecer del poder de la auténtica actividad propia, el hombre unidimensional se somete a una dominación cada vez más total. (págs. xxvii – xxviii)

Esta es una causalidad descendente con una venganza. No me imagino que Marcuse alguna vez comentara sobre la metáfora de los microfundamentos, que recién empezaba a ser ampliamente utilizada cuando murió, en 1979. Sospecho que le habría dado muy poca importancia, junto con el proyecto de micro-reducción que estaba detrás eso.

Tampoco sé si Marcuse conoció a Mises, pero puedo imaginar lo que habría tenido que decir si alguna vez se hubiera encontrado en la misma habitación que el filósofo liberal austriaco. Después de todo, Marcuse era "un individualista radical" que estaba "profundamente perturbado por el declive de los rasgos de la individualidad auténtica que tanto valoraba" (Kellner, 1991 [2002]: xxviii). Nosotros compartimos la misma creencia profunda en las virtudes de la libertad humana, le habría insistido a Mises. Es solo que usted parece creer que se puede lograr bajo el capitalismo. Le estoy diciendo claramente que no se puede, ni siquiera para los capitalistas, y mucho menos para los trabajadores. La verdadera libertad requiere la abolición de la producción de mercancías. Nosotros no lo veremos, este lado de la revolución.

Y entonces, para concluir, estoy de acuerdo con Marcuse en que la micro reducción es imposible bajo el capitalismo, y estoy seguro de que él habría estado de acuerdo conmigo de que los marxistas deberían por lo tanto evitar en la actualidad la metáfora de los microfundamentos. Nótese que esta conclusión ha sido alcanzada sobre la base de la causalidad descendente únicamente, sin un análisis más completo de las falacias de composición o de propiedades emergentes latentes en las complejidades de la vida social. La micro-reducción puede resultar imposible en las ciencias sociales, cualquiera que sea el modo de producción, de modo que la metáfora de los micro-fundamentos puede resultar inutilizable en todas las etapas de la historia humana. Esto no sería una gran pérdida.

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REFERENCIAS

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i Artículo disponible en inglés en:

https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1035304615599870?icid=int.sj-abstract.similar-articles.3

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