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Psiquismo e Historias de vida a través de vinculaciones afectivas con mascotas

Sebastián Pinzón Mendoza, Manuela Restrepo Jaspers, Valentina Torres Clavijo Facultad de Psicología, Pontificia Universidad Javeriana

Trabajo de Grado

Directora: Andrea Paola Escobar-Altare

Noviembre de 2021

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Contenidos

pág

Introducción y planteamiento del problema ... 3

Justificación... 5

Marco teórico... 13

Objetivos... 34

Métodología... 34

Resultados y análisis ... 38

Discusión y conclusiones... 77

Referencias ... 81

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Resumen

El presente trabajo se plantea bajo el marco de referencia de la disciplina psicoanalítica para indagar mediante narrativas el significado que surge a partir de los vínculos que ciertas personas crean con sus mascotas en diferentes momentos de su historia de vida. Para esto, se tuvieron en cuenta 4 participantes a los cuales se les realizó una entrevista semiestructurada que incluía la elaboración de un producto creativo. Se encontró una relación entre sus relaciones vinculares primarias y el significado objetal que cobran sus mascotas dentro de la creación de sus fenómenos transicionales.

Palabras clave: Vínculos, relaciones objetales, mascotas, significado, fenómenos transicionales.

Abstract

The present study is done under the parameters of the psychoanalytic discipline, to inquire the significance that emerges from the affective ties that certain people create with their pets in different moments of their life through their narratives. There were 4

participants involved, who responded a semi structured interview that included the construction of a creative product. There was a relation found between their primary relationships and the object significance that their pets have in the creation of their transitional phenomenon.

Key words: Affective ties, object relationships, pets, significance, transitional phenomenon.

Introducción y planteamiento del problema

La psicología ha evolucionado a partir de estudiar la manera en que la psique de los seres humanos se configura a partir del desarrollo de los mismos, de tal manera que el progreso de dicha disciplina a través del tiempo ha hecho que se divida en diferentes

enfoques y corrientes que permiten observar desde distintas perspectivas la forma en la que el psiquismo se desarrolla y se instaura en las personas; construyendo así, una serie de conocimientos y técnicas específicas para obtener una comprensión del funcionamiento de la mente, que permite evidenciar una tradición al respecto.

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No obstante, aquí se tendrá en cuenta especialmente el desarrollo de un enfoque que ha nutrido la práctica de la psicología, el psicoanálisis, el cual en pocas palabras y de una manera muy escueta se ha desenvuelto en torno al estudio del desarrollo del individuo desde estadios primarios, los cuales son determinantes en la configuración de la mente del

individuo. De tal forma que, en este escrito tendrá relevancia el trabajo desarrollado por Sigmund Freud y Melanie Klein, de los cuales se derivarán conceptos importantes para hablar de los postulados desarrollados por Donald Winnicott. Por consiguiente, partiendo de dichos autores, entre los términos que serán incluidos se pueden encontrar: Desarrollo psicosexual, destinos de las pulsiones, narcisismo (las relaciones objetales), duelo y melancolía, identificación proyectiva (que incluyen la explicación del objeto y el no-yo), y objetos y fenómenos transicionales, entre otros.

A lo largo de la historia del psicoanálisis se ha visto que los animales han tomado un papel muy relevante en el desarrollo y el análisis de ciertos casos clínicos que la misma disciplina ha estudiado, pues estos seres vivos, han sido fundamentales dentro del desarrollo del psiquismo de los sujetos de dichos historiales; por ejemplo, los más grandes clásicos del mismo Freud siempre los han tenido presentes, como lo pueden ser: el hombre de los lobos, el hombre de las ratas y el caso del pequeño Hans. A partir de esto, se puede ver la

importancia que Freud le dio a los animales a lo largo de su carrera y de su vida personal, siendo uno de los pioneros en darse cuenta de los beneficios que sus mascotas podrían traer dentro de la terapia, pues la presencia de su perro ayudaba a que los pacientes contaran situaciones dolorosas con mayor facilidad. Por ejemplo, se dio cuenta que su perro se mantenía alejado de pacientes que estaban mostrando estrés o ansiedad, mientras que se acercaba a aquellos que mostraban una actitud deprimida; a su vez, en el caso de un niño que había tenido miedo mortal a los perros, Freud pudo darse cuenta de que entraba a la sesión con ansiedad de castración porque su perro se ponía al nivel de sus genitales al entrar al consultorio. Adicionalmente, al morir uno de sus nietos, Freud buscó consuelo en la compañía de la mascota de su hija Anna, quien lo acompañó también al lado de su cama durante sus últimos días (González, 2012). Todo esto, cobra sentido porque según Freud

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(como se citó en Schenke y Farkas, 2012) el vínculo de los seres humanos con sus mascotas carece de ambivalencia, representando así, un símbolo de amor y lealtad incondicional.

De acuerdo con lo planteado, es posible entrar en materia con el tema que nos concierne en este trabajo, el cual se encuentra relacionado con los animales de compañía o mascotas, dado que como se verá más adelante, estos han estado presentes en la historia de la especie humana durante mucho tiempo y tienen una gran relevancia en la manera en la que estamos formados como sujetos; incluso, en cómo se ha conformado la sociedad. Por esta razón, se hace necesario cuestionarse acerca de la aparición de los animales durante los distintos momentos tanto del desarrollo de la persona (teniendo en cuenta que los seres humanos aprendemos a diferenciar entre los objetos yo, y los objetos no-yo desde etapas muy primitivas como la oral, -al aprender a diferenciarnos de nuestra madre-), como de las etapas de vida y la función que cumplen estos animales en cada una de estas.

Adicionalmente, es importante indagar la manera en la que incide el vínculo humano-animal dentro de la configuración del psiquismo de manera subjetiva, donde se puede explorar la forma en la que nos vinculamos, proyectamos y la creatividad que tenemos al expresarnos.

Finalmente, también se puede ver la forma en la que nos relacionamos con el otro a partir de tener o no, un vínculo cercano con un animal y el momento de la vida en el que este fue forjado.

Justificación

Con el último gran suceso ocurrido en el mundo, nada más que una pandemia, pareciera que la inclusión de nuevas especies en los sistemas familiares ha vuelto a ser una constante todavía más manifiesta en distintos hogares en el mundo. No obstante, esta constitución de familias multiespecie no es un suceso que no existiera o se diera de manera poco frecuente en años anteriores; pues Díaz & Rodríguez (2019), indican que en Estados Unidos, en el año 2016, aproximadamente un 57% de los hogares contaban con una mascota, ya sea un perro o un gato, siendo estos los más comunes. Incluso, European Pet Food

Industry Federation [FEDIAF] (como se citó en Díaz & Rodríguez, 2019, p.46) menciona que

“En la Unión Europea en el 2017 se encontró que poco más del 26 % de hogares tenía al

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menos un gato, y alrededor del 18% tenía al menos un perro”. Adicionalmente, estudios como el realizado por GfK1 (como se citó en Díaz & Rodríguez,2019, p.46) -para conocer las estadísticas de dueños de mascotas-, revelan que en el año 2016 “en 22 países y de la que participaron 27,000 personas, Argentina, México y Brasil tienen los mayores porcentajes de dueños de mascotas, seguidos por Rusia y Estados Unidos.” Es más, dentro del mismo estudio se informó que se podía estimar que nada más en Argentina, un 80% de los hogares contaban con por lo menos una mascota.

Ahora bien, frente al desarrollo del mismo tema en nuestro país, Colombia, la Revista Semana (2018) indicó que en el 2018, las familias colombianas eran más propensas a tener mascotas que hijos, por lo que se podría pretender pensar que había mayor posibilidad de la formación de familias multiespecie en el país; es más, Rafael España (director de FENALCO) lo afirma al indicar que, el incremento en la tenencia de mascotas es más evidente en hogares donde el crecimiento de la población disminuye, es decir, donde las personas deciden tener menor cantidad de hijos (Ballestas 2018). Es así como la consultoría Raddar pone de relieve que “existe una población de al menos cinco millones de mascotas en el país y al menos 30%

de los hogares tiene una.” (Semana, 2018, párr.2); además, de que Kantar World Panel -otra consultoría- señaló que, en el país, hay 3.5 millones de hogares con mascotas y donde aproximadamente un 67% eran perros, un 18% eran gatos y un 16% decían tener ambos (Semana, 2018).

Con esto dicho, resulta obvio encontrar lo que menciona Forero (2019, párr.1) donde

"El comercio y la industria son algunos de los sectores que más se han impulsado en los últimos años por el boom de las mascotas en los hogares, las cuales se han convertido en un miembro más de la familia, por lo que muchas veces los planes del fin de semana giran en torno a ellos”. Concretamente en Colombia se puede observar que la tendencia que tiene una persona para invertir en su mascota abarca un aproximado de 170,000 pesos al mes en su cuidado; y donde esta cifra va aumentando cada vez más de la mano con el incremento de

1 Gfk: Gesellschaft für Konsumforschung (en español: Asociación para la investigación del consumidor), compañía más grande de investigación de mercados en Alemania, y la quinta en el mundo.

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servicios que se ofrecen para los animales de compañía, como lo pueden ser juguetes, ropa, un spa, veterinaria, etc. (Ballestas, 2018). En resumen, se puede decir que el incremento del capital monetario invertido en animales de compañía o mascotas es mayor en los últimos años, y no únicamente en su adquisición, sino también en su cuidado cotidiano,

alimentación, salud, etc (González, 2012).

Por otra parte, es importante hablar un poco del recorrido histórico de la presencia de los animales domésticos en la vida de los seres humanos, todo esto, con el fin de ver aquello que ha llevado a los humanos a formar lo que hoy se conoce como familias

multiespecies. Según Roth (como se citó en González, 2012), desde hace muchos años hay evidencia de la presencia de los animales en la vida de los seres humanos, en un principio al ser utilizados para la caza o como guardianes; incluso “la evidencia antropológica, fósil y de estudios de ADN, muestran que la práctica de tener animales por su compañía era común en culturas prehistóricas de cazadores-recolectores” (Díaz & Rodríguez, 2019).

Así mismo, según Gómez, Atehortúa y Orozco, (2007) se puede hacer una distinción de la relación que los humanos han tenido a lo largo de la historia por una parte con los felinos y, por otra parte, con los canes. Con respecto a la relación de los gatos con los

humanos, esta ha sido una relación turbulenta, pues en algunas civilizaciones antiguas como la egipcia, los gatos eran adorados, alcanzando incluso un estatus de divinidad y siendo inmortalizados en el arte, la música y la literatura; sin embargo, en otras culturas, los felinos eran símbolos de maldad, brujería y cercanía con entidades demoniacas. Aun así, hoy en día, se ha visto un incremento de estos animales como mascotas, puesto que son fáciles de tener, son vistos como buenos acompañantes, animales hermosos, con grandes personalidades, interesantes y divertidos de observar. Por otro lado, la relación que han tenido los humanos con los canes a lo largo de la historia ha sido de carácter más utilitarista dado que eran usados como cazadores, pastores, guardianes, animales de tracción, fuente de calor,

camilleros en las guerras o de rescate, en el espectáculo, para el deporte y como actualmente se evidencia, como animales de compañía.

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Por último, al remitirnos a la actualidad se encuentra que la tenencia de animales en las casas representa una nueva percepción donde estos son vistos como miembros de la familia; “alrededor del 90% de las personas considera a sus mascotas como miembros de sus familias” (Díaz y Rodriguez, 2019, p. 47). De modo que, se puede concluir que estos

representan una satisfacción hacia los dueños, tanto así que generan manifestaciones de aprecio de los últimos hacia las mascotas a través de disponer de tiempo, espacio y recursos monetarios para jugar con sus animales, tomar fotografías de ellos, hacerles regalos, viajar en su compañía y festejar fiestas de cumpleaños. Bovisio (como se citó en Díaz & Rodríguez, p.47) lo dice a continuación:

Las características de la convivencia con los animales también dan cuenta de la intensidad del fenómeno. Por ejemplo, en CABA2, se ha informado que el 98% de las personas jugaba con sus animales; 89.9% los fotografiaba; 60.4% les hacía regalos; el 32.9 viajaba con ellos; y el 30.5%

festejaba sus cumpleaños.

Con todo esto dicho, es claro que cuantitativamente se puede ver el vínculo que se ha creado entre los seres humanos y las mascotas; sin embargo, al tratar de indagar por la formación de este vínculo y la creación de la subjetividad de las personas a partir de este, las anteriores investigaciones se quedan cortas. Empero, se ha encontrado que la teoría

psicoanalítica permite indagar por la construcción de este vínculo a partir del desarrollo de los seres humanos y cómo esta interacción permite a las personas construirse como sujetos, expresarse de manera más creativa y brindar una capacidad de elaborar todo esto que se está tratando de expresar, pero no es fácilmente tramitado de manera totalmente consciente y verbal.

Pertinencia Psicológica

Desde el quehacer psicológico, se puede ver la forma en la que los animales pueden ser significativos dentro de la vida de los seres humanos, pues pueden ser una fuente de cambio en cada uno de ellos; por ejemplo, en la construcción de su subjetividad en un primer momento, se puede ver que las personas dependiendo de su contexto, van a percibir a los

2CABA: Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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animales (especialmente a las mascotas) de una forma o de otra. Según Blouin (como se citó en Jardim, Disconzi y Silveira, 2017), existen 3 tipos de dueños de mascotas: los humanistas, los cuales presentan un intenso apego emocional hacia sus mascotas, de tal forma que los consideran como sus propios hijos; están los dominionistas, donde se puede ver que también prevalece el amor hacia sus mascotas, sin embargo, estas figuras no son

consideradas sujetos, más bien son pensados como objetos que cumplen con una función dentro de su hogar, para satisfacerlos de alguna forma (ej. para guardar la casa); y

finalmente, se encuentran los proteccionistas, los cuales centran su atención en el

pensamiento de que los animales (no solo las mascotas) son seres de derechos e intereses, los cuales deben ser protegidos, pues hacen parte de la naturaleza.

En este orden de ideas, al observar la percepción tan variada que presentan los seres humanos hacia las mascotas, se pueden reconocer algunos indicios de la manera en la que la construcción de la subjetividad cambia alrededor de la integración de los animales dentro del psiquismo de las personas a lo largo de su ciclo vital. Por ejemplo, la manera en la que los seres humanos vivimos hoy en día está fuertemente ligada a la domesticación de los animales, pues en un primer momento nuestra especie era nómada, pero las mascotas fueron de gran ayuda para brindar una seguridad y confianza de poderse mantener en el mismo sitio y empezar a formar poblados; además, de que a partir de ahí, se desarrolló una sociedad más estructurada (Díaz & Rodríguez, 2019). Por esto, tiene sentido que las

mascotas fomenten la interacción social puesto que permiten tener experiencias íntimas y de riqueza sensorial, además de hacer que sea socialmente aceptado jugar, regalonear, hacer el ridículo y acercarse a completos extraños para entablar conversaciones; esto anterior incluyendo a niños introvertidos e incluso en algunos casos, mutistas (Schenke y Farkas, 2012).

Por otro lado, en diversos estudios se ha evidenciado que la tenencia de una mascota es beneficiosa para el desarrollo de los niños, siendo en los momentos de tensión emocional cuando estos acuden más a ellas. Adicionalmente, Barker (como se citó en Schencke y Farkas, 2012) menciona que las mascotas pueden ayudar a favorecer el desarrollo de la

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paciencia, el autocontrol y la identidad. Así mismo, se ha demostrado que los niños que tienen vínculos con mascotas tienden a tener puntajes más altos en empatía, autoestima, y autoconcepto. Incluso Becker (como se citó en Schenke y Farkas, 2012) menciona que aquellos niños que ayudan a criar animales logran una mejor comprensión del lenguaje corporal, los motivos y sentimientos de los demás.

Por consiguiente, no resulta descabellado pensar que aquellos niños que conviven con una mascota a lo largo de su desarrollo vital pueden presentar menos dificultades en su desenvolvimiento dentro de contextos sociales; pues, como expone Weiss (como se citó en Schenke y Farkas, 2012), la oportunidad de criar y cuidar a otro es vista como una forma de apoyo, dado que incrementa la sensación de competencia, estima y de ser necesitado por otro en comparación con aquellos niños que no tienen vínculos con alguna mascota.

De esta manera, toma relevancia el apoyo social que las mascotas otorgan, lo cual se vuelve un factor protector ya que son vistas como un apoyo no humano ofreciendo un sistema de apoyo incondicional, además de tener demandas simples y de bajo nivel de conflicto, siendo así, como se mencionó anteriormente confidentes y una forma de soporte;

puesto que, aunque no retribuyan con una respuesta verbal, son capaces de mostrar amor hacia su compañero humano (Schenke y Farkas, 2012).

Por ejemplo, al indagar la capacidad de afrontamiento en situaciones de estrés de las personas, Nagengast, Baun, Megel y Leibowits (como se citó en Schenke y Farkas, 2012) realizaron un estudio con niños entre los 3 y los 6 años en el cual investigaron el nivel de umbral fisiológico y estrés conductual durante un examen físico, en este encontraron que la presencia de un perro durante el examen ayudaba a disminuir la presión arterial, la presión sanguínea y la frecuencia cardiaca, las conductas de búsqueda de información, de apoyo emocional y las verbalizaciones de dolor, y que, por el otro lado ayudó a aumentar la sensación de seguridad. Por esto, estudios realizados como el de Mc Nicholas y Collins (como se citó en Schenke y Farkas, 2012) indican que las relaciones con las mascotas puntúan más alto que ciertos tipos de relaciones humanas, pues las mascotas se han

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caracterizado por ser consideradas proveedoras de calma frente a situaciones de miedo o enfermedad, además de proveer estima y ser buenas confidentes de un secreto.

Pertinencia profesional (disciplinar e interdisciplinar)

El indagar sobre la relación de vínculos humano - animal permite reconocer

posibilidades en el desarrollo de nuestro ejercer como profesionales del área de la psicología, pues el identificar el significado, la relevancia y la incidencia que tiene la construcción de estas relaciones dentro del psiquismo y el desarrollo de las personas en un momento de su vida, nos permite potenciar las formas de acercamiento y afrontamiento de procesos

terapéuticos de los cuales queremos hacer parte en nuestro ejercer a futuro. Así mismo, esta investigación sobre la relación humano-animal, nos permite tener mayores posibilidades para comprender sobre las formas de subjetividad y las posibilidades de creatividad que hay en cada uno de los individuos.

Como psicólogos en formación, uno de nuestros grandes intereses es ser parte de los profesionales que se encargan del análisis de contextos socioculturales, todo con el fin de identificar cómo estos últimos inciden en el desarrollo de los sujetos que hacen parte de él; y los cuales, muchas veces requieren un acompañamiento en su vivir. Es así, como el indagar sobre esta forma de vinculación familiar que parece ser tan evidente en los últimos años, nos abre las posibilidades para poder pensar cómo la construcción de ese significado derivado de la relación humano-animal habla del psiquismo y el funcionamiento de cada persona que llegue a un espacio de acompañamiento psicológico (como la psicoterapia); porque sin duda, es claro que “El rol estabilizador que los animales de compañía desempeñan no es

despreciable. Este puede ser un excelente recurso cuando los individuos enfrentan malestar emocional y requieren apoyo emocional” (Díaz & Rodríguez, 2019, p. 59)

En concreto, según Díaz & Rodríguez (2019) hay estudios que indican que el análisis de relatos de vida que contienen animales incluidos dentro de las mismas, suelen estar caracterizadas por ser ricas en información sobre las relaciones significativas de las personas que acuden a un espacio terapéutico; incluso, estas tienen detalles de patrones de

comunicación y dinámicas relacionales. Además de como ya se mencionó, puede resultar útil

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y conveniente explorar el significado que tiene el vínculo humano-animal, y los sentimientos que cada integrante de una familia puede poseer hacia el animal, pues estas pueden hablar mucho del clima emocional que está inmerso en el hogar y el cual incide en la formación de las personas que podemos encontrar en nuestra práctica.

Pertinencia personal

Finalmente, se quiere destacar la importancia e interés personal sobre estudiar el tema al que se hará referencia durante este trabajo de investigación. De tal forma que se puede afirmar que los autores de este escrito presentan dentro de sus relatos de historias de vida la presencia de fuertes relaciones vinculares y de apego con animales, las cuales fueron y son importantes en la construcción de su ser y el desarrollo de su psiquismo; cada uno de ellos evidenciando la convivencia con mascotas como gatos y perros durante la formación de su identidad en los primeros años de vida (desde la infancia hasta la actualidad). Siendo claro, que para cada autor, la inclusión de sus mascotas en sus relatos de vida es parte fundamental para hablar del sujeto que se desenvuelve en el presente contexto social y cultural en el que se encuentran inmersos.

Además, de que la experiencia de duelo por la pérdida de dichas mascotas que hicieron parte de la vida de algunos de estos autores, pusieron en manifiesto el lugar tan importante que ocupaban dentro de sus relatos. De tal forma que hoy en día, siguen siendo un elemento de sensibilidad y desequilibrio emocional a la hora de enfrentar la ausencia de este compañero de vida; tanto así, que inciden en su desenvolvimiento actual dentro de contextos sociales, especialmente donde se encuentra la presencia de animales o mascotas ajenas que reproducen comportamientos y respuestas similares a las de la propia mascota perdida. Con esto, una de las preguntas a nivel personal que pretendemos comenzar a resolver es: ¿Cómo nuestras mascotas pasaron a tomar la relevancia que tienen dentro de nuestro desarrollo del ser? ¿Qué forma, lugar, función, o parte de nosotros mismos pasaron a ocupar cada uno de ellos?

Por consiguiente, se tiene un interés personal en abordar el tema desde la perspectiva psicoanalítica, puesto que permite indagar por la construcción psíquica de los seres humanos

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a partir de las relaciones objetales que estos tienen con los animales, donde se genera un fuerte vínculo que es reforzado por la capacidad de expresión y proyección que las mascotas brindan; y con esto, habría un mayor acercamiento a responder las preguntas a nivel

personal que fueron planteados en el párrafo anterior; además, hay un interés profesional por la práctica psicoanalítica como carrera en el futuro y genera un gran interés indagar por la función que los animales pueden brindar en esta.

En definitiva, se puede evidenciar que existe un alto grado de interés por indagar acerca de la relación humano-animal desde una perspectiva más subjetiva, todo esto con el fin de conocer el significado de estas en el psiquismo de las personas. Por consiguiente, surge la pregunta de ¿cuál es el significado que cobran los vínculos con las mascotas en diferentes historias de vida desde una aproximación psicoanalítica?

Marco teórico

Para empezar, se hace necesario hablar acerca del desarrollo de los seres humanos desde la mirada psicosexual que plantea el psicoanálisis, donde se presentan ciertas etapas que tienen una finalidad específica que se debe cumplir antes de poder pasar a la siguiente;

mostrando que desde la infancia existe una sexualidad (aunque no sea genital) (Freud, 1940 [1938]). Por ejemplo, se encuentra la primera, la etapa oral, que presenta como zona erógena la boca, la cual cumple la función de la autoconservación mediante la adquisición del

alimento; así mismo, también obedece a funciones sexuales, teniendo en cuenta el placer que genera alimentarse, y más adelante, aparecen ciertos impulsos sádicos con los dientes, que también se satisfacen de manera oral (Freud, 1940 [1938]). En la segunda, la etapa anal, estas pulsiones sádicas se expresan de una manera más notoria, en la cual la satisfacción se consigue mediante la agresión y el control de los esfínteres, donde se combinan las

aspiraciones libidinosas del bebé, con otras destructivas, que causan el placer en el sadismo (Freud, 1940 [1938]). Luego, en la etapa fálico-edípica, hay una confusión tanto femenina como masculina que gira alrededor del falo, donde surge una angustia masculina por ser castrado y un complejo femenino de haber sido castrada, a raíz de conocer los genitales del sexo opuesto; no obstante, al llegar el edipo, el falo pasa a un segundo plano, ya que se

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generan pulsiones sexuales genitales que no pueden ser satisfechas, lo cual, en el varón, genera una fantasía de incesto con la madre, hasta que la amenaza de castración y la no existencia del pene en ella, generan el mayor trauma, haciendo que pase a la siguiente etapa;

mientras que en la mujer, el hecho de no poder emparejarse con el padre, da cuenta de su falta de pene, generando un primer extrañamiento de la vida sexual (Freud, 1940 [1938]).

Después de estas tres etapas, aparece el periodo de latencia, donde los niños reprimen sus pulsiones sexuales mediante actividades varias como el juego, el dibujo y la interacción con sus pares, quienes tienen un gran papel dentro de las relaciones objetales, dado que permiten un espacio de creatividad, sublimación y otros tipos de descargas mediante las actividades mencionadas anteriormente; por lo que en esta represión, se olvidan los deseos frente a la sexualidad infantil que tuvieron en las etapas pasadas (Reyes, Tamez, Guerra, et al., 2006). No obstante, al llegar a la siguiente etapa, la cual es la

sexualidad genital adulta, vuelven a aparecer estas pulsiones y se organizan para satisfacer la reproducción, donde se busca tener una relación objetal que llegue a una descarga mediante la sexualidad genital, la cual, a diferencia de la etapa fálico-edípica, ya puede ser satisfecha (Freud, 1940 [1938]).

De este modo, para poder comprender las relaciones objetales, hay que tener en cuenta que es una pulsión y, por consiguiente, un objeto. Al hablar de una pulsión, se hace referencia a un estímulo interno de las personas que genera displacer y necesita una satisfacción para poder suprimirlo (Freud, 1915). Hay que tener en cuenta dos tipos de pulsiones, las de conservación del yo (o pulsiones yoicas), que tienen como meta la supervivencia del sujeto, y por otro lado, las pulsiones sexuales que tienen como fin

biológico la reproducción de los propios genes, es decir, la producción de nuevos individuos que puedan portar estos mismos; cabe aclarar, que la explicación genética se queda corta al hablar de dichas pulsiones, ya que tienen fines más psíquicos como la consecución del placer del individuo, sin embargo, estas provienen de diferentes y numerosas fuentes, en otras palabras, se encargan de todo tipo de placeres, tanto orgánicos, como afectivos y en un principio son las encargadas de acompañar a los instintos de conservación para ayudar con

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la supervivencia de la propia persona, aunque luego, se pueden separar de estos, siendo así reflejados en el objeto.

Para comprender el funcionamiento de dichas pulsiones, se tiene que hablar de 4 términos generales, los cuales son: fuente, perentoriedad o esfuerzo, fin o meta y objeto. En primer lugar, la fuente se refiere al órgano que produce dicha sensación displacentera, es decir, el lugar físico donde se origina la pulsión; por lo tanto, para que desaparezca la tensión displacentera, tiene que haber un cambio en dicha fuente. En segundo lugar, la

perentoriedad o esfuerzo, que es la fuerza que se debe utilizar para satisfacer dicha pulsión y el riesgo que implica gastar esta energía (entre más urgencia de satisfacer la pulsión, más rápido se debe hacer uso de la perentoriedad). En tercer lugar, el fin o meta, la cual consiste básicamente en la satisfacción de la pulsión mediante la modificación de la fuente.

Finalmente, está el objeto, que es aquello en o por lo cual se llega a alcanzar la meta y se le escoge por su aptitud para posibilitar la satisfacción, debido a esto, tiene un carácter variable (Freud, 1915). Empero, aquí surge una primera duda frente a dicha definición de los objetos,

¿Acaso estos son realmente tan variables como menciona Freud en este momento? Es algo que se tratará de resolver más adelante en el documento y con la ayuda de otros autores.

Teniendo en cuenta lo anterior, es importante resaltar que existen cuatro destinos de la pulsión diferentes a la satisfacción que sería el fin o meta ideal. En un primer lugar se encuentra la transformación en lo contrario, la cual se divide en dos: la transformación de la pulsión desde la actividad a la pasividad y la transformación de la pulsión en términos de contenido. La primera se refiere a pares antitéticos como lo puede ser pasar de sentir placer en el sadismo3 (actividad) y sentirla en el masoquismo (pasividad), o del voyeurismo

(actividad) al exhibicionismo (pasividad) (Freud, 1915); aquí, se puede ver la manera en la que se consigue el placer mediante un objeto externo o no-yo y también de un objeto propio u objeto yo. Ahora bien, la segunda (transformación en términos de contenido), consiste en

3 Dicho placer en la agresión también puede ser visto en la relación humano-animal, mediante los planteamientos de Pozzoli (2003, p. 4-5) frente al maltrato de los últimos, “A nivel de personas adultas el sadismo habla de una estructura psíquica que es irreversible, que no tiene cura, frente a la cual los animales -inermes, silenciosos- son los seres más vulnerables a su perversión al ser naturalmente convertidos en objetos depositarios de su fuerza destructiva.”

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el cambio generado dentro de una emoción, convirtiéndose así en lo contrario, como lo puede ser en el caso del cambio del amor al odio (Freud, 1915). En segundo lugar, se puede ver la vuelta hacia sí mismo, -el segundo destino de las pulsiones-, donde el placer adquirido en un objeto externo se está obteniendo a su vez en la propia persona (en el yo); como lo puede ser el masoquismo, visto como el disfrute de un sadismo dirigido hacia el cuerpo propio, o el exhibicionismo como placer adquirido a partir de observar este mismo. Tanto la transformación en lo contrario, como la vuelta hacia la propia persona van de la mano, ya que -poniendo como ejemplo el sadismo-masoquismo-, se consigue el disfrute a partir del involucramiento de un objeto externo; sin embargo, al transformarse en lo contrario, se busca el disfrute en la pasividad, es decir, el objeto involucrado está en la misma persona;

pero a la vez, acá actúa la vuelta hacia la propia persona, ya que al abandonar al objeto mediante el cual se conseguía el placer y al pasar de la actividad a la pasividad, se llega a reemplazar dicho objeto con uno propio, orientándose así, contra la propia persona.

Para Freud (1915), los destinos de la pulsión continúan con la sublimación. Esta consiste en retirar el interés objetal de los genitales y ubicarlo en otra parte del cuerpo, lo cual demora la satisfacción y ayuda a conseguir metas más artísticas; en otras palabras, es un proceso en donde se busca que la pulsión sexual se desvíe de su meta original y se dirija hacia una completamente nueva (Amorín, 2012). De este modo, Freud empieza a hablar de ciertas vías de mutua influencia que se dan entre funciones sexuales y otro tipo de funciones del cuerpo, las cuales van a servir posteriormente para que las pulsiones sexuales se sublimen, llegando a metas no sexuales; dicha sublimación puede generar un aumento del rendimiento psíquico ya que de no haber sido sublimadas las pulsiones, podrían llegar a generar

perversiones o neurosis. No obstante, se vuelve un destino de las pulsiones socialmente aceptadas, que puede aparecer mediante diferentes actividades creativas y reduce o impide los síntomas neuróticos y las perversiones (Amorín, 2012).

Finalmente, se encuentra la represión donde la satisfacción de una pulsión resulta ambivalente, pues el placer que esta satisfacción puede llegar a generar es inconcebible por otros valores o propios aspectos del sujeto; y esta sensación placentera que generaría dicha

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satisfacción, a su vez, puede producir un displacer aún mayor para el psiquismo de la persona. En términos de un estímulo, lo que haría el sujeto sería huir, sin embargo, en las pulsiones sexuales esto es imposible ya que la persona no puede huir de su propio yo ni de su ello. Durante la represión se da una primera fase, que consiste en una defensa del psiquismo, donde se le niega a la representación del instinto la entrada a la consciencia, fijando así dicha representación en el inconsciente y quedando el instinto fijado con ella; y en segundo lugar, está la represión propiamente dicha, donde se le niega el acceso a la consciencia a todo aquello que se pueda conectar o interrelacionar con la representación que fue fijada en lo inconsciente en un primer momento, y así mismo, estas conexiones tendrán el mismo destino que la primaria. En este momento entran en juego dos fuerzas contrarias, que

consisten en una que trata de mantener fijo en el inconsciente todo aquello que es reprimido, y la de lo que fue reprimido de manera primitiva que genera una atracción a todo lo que pueda entrar en contacto con esto; sin lo cual, no se podría dar la represión. No obstante, dicha representación del instinto puede seguir operando desde el inconsciente, donde aún puede crear relaciones, las cuales encuentran distintas maneras de expresarse en la consciencia, que consisten en los actos fallidos, los sueños y finalmente -de manera patológica- los síntomas neuróticos (Freud, 1915).

Ahora bien, retomando los planteamientos de Freud mencionados anteriormente frente al objeto como medio para llegar a un fin o meta, se hace preciso profundizar un poco más en la manera mediante la cual se escoge el objeto; lo cual, puede ser entendido desde el desarrollo del narcisismo que tiene un individuo. Así, para empezar, se entiende que el narcisismo consiste en un complemento de la libido que es permeado por el egoísmo inherente que tiene una persona a la pulsión de autoconservación (pulsiones yoicas) -las cuales están justificadas a partir de la razón de todo ser vivo- (Freud, 1914).

De tal forma que en un primer momento, el desarrollo del narcisismo de una persona se presenta cuando se inviste el yo con las pulsiones sexuales y de manera prematura, todo con el fin de auto-conservarse con diferentes acciones como lo es el respirar o el comer -las cuales traerán satisfacción-; a esto se le denominará narcisismo primario. No obstante, llega

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el momento en el cual dicha investidura de las pulsiones de autoconservación pareciera que sobrepasa los límites de la misma, y se hace necesario dirigir la libido sobre objetos externos;

lo cual se denomina apuntalamiento. Sin embargo, es aquí donde viene la pregunta, si la auto-investidura es suficiente para auto-conservarse ¿Por qué es necesario proyectar esta libido en objetos externos? Freud (1914, p. 82) lo explica de la siguiente manera:

... esa necesidad sobreviene cuando la investidura [Besetzung] del yo con libido ha

sobrepasado cierta medida. Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar.

Es así, como un niño toma su libido y la inviste sobre el objeto más cercano, cumpliendo con su satisfacción -que en la mayoría de los casos es la madre-, pues sería la persona encargada de la nutrición, el cuidado y la protección del niño; de tal forma que, se permite el placer, pero al mismo tiempo, se está cuidando de no enfermar por no amar (Freud, 1914). Cabe aclarar que este primer momento y la primera elección de objeto sobre el cual es investida la libido, es fundamental para las posteriores elecciones de objetos (objetos no-yo) que presentará una persona en su vida. “... presuponemos entonces en todo ser humano el narcisismo primario que, eventualmente, puede expresarse de manera dominante en su elección de objeto.” (Freud, 1914, p. 85).

Por consiguiente, comprendiendo parte de las razones por las cuales se dan las elecciones de objeto sobre los cuales se inviste la libido, surge la pregunta sobre la libido que es investida en las mascotas; pues pareciera que se decide proyectarla sobre el objeto animal porque esta elección de objeto también manifiesta bastante de la primera elección de objeto que se tuvo en la infancia -incluso cuando ya se tienen otros objetos en los cuales también se ha investido la libido-.4

Así mismo, Freud (1914) en su escrito de introducción al narcisismo, permite ver cómo es que el individuo (según el desarrollo de su narcisismo y luego la elección del objeto),

4 Según Jung (como se citó en Pozzoli, 2003, p. 8) “... haciéndonos comprender de qué manera nuestros instintos primarios pueden ser proyectados en el fenómeno animal”.

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se desenvuelve en la elección de pareja amorosa. Encontrando que la aparición del

enamoramiento y elección de objeto presentan diferencias entre el hombre y la mujer; por ejemplo, el generar un apuntalamiento para el pleno amor de objeto es característico del hombre; mientras que el acrecimiento de un narcisismo primario es característico de una mujer, por lo que su necesidad no se sacia amando, sino siendo amadas. En consecuencia, en las situaciones de enamoramiento, pareciera que el narcisismo que despliega una persona genera atracción hacia otras que han renunciado a la dimensión plena de su propio narcisismo, y por lo tanto, están buscando amor de objeto (Freud, 1914).

Empero, entender sobre cómo se da el enamoramiento para la elección de pareja, que al fin y al cabo es una elección de objeto, permite plantear la hipótesis de cómo esta forma de elección de pareja podría reflejarse en la elección de objeto que es dirigido a la mascota. Por ejemplo, sería posible que los hombres se proyecten como un perro que naturalmente busca amar (el perro es leal, fiel, etc); y, por otro lado, las mujeres tengan dicha proyección en los gatos, que parecen ser sujetos que quieren ser amados (más independientes y a los que se suele adorar, desde momentos distintos en la historia de la vida humana). Lo que lleva a cuestionar si, ¿ciertas personas pueden generar una afinidad distinta con diferentes tipos de animales a la hora de elegir un objeto (mascota) basado en sus proyecciones primarias? O, por el contrario, ¿la elección de dicho objeto (mascota), nace de una introyección generada por una complementariedad que este le brinda? 5

No obstante, ¿qué sucede cuando se presenta la pérdida del objeto? En el texto Duelo y Melancolía (1917 [1915]), Freud expone las consecuencias que acarrea la pérdida del objeto, estas pueden ser, el duelo o la melancolía; de esta manera, es importante entender cada una de ellas para poder resaltar la diferencia que existe entre ambos conceptos. Por un lado, aparece el duelo, este se define como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.”

(Freud, 1917 [1915], p. 241). Por otro lado, la melancolía es, en cierto sentido como el duelo,

5 Se hace necesario enfatizar que las preguntas que aparecen en esta sección del trabajo investigativo han surgido a medida que se ha ido elaborando el proyecto.

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es decir, una reacción frente a la pérdida real del objeto de amor -cabe resaltar que no siempre se trata de la muerte del objeto, también puede darse el duelo por una sensación de pérdida-; pero además, depende de una condición que falta al duelo normal o lo convierte toda vez que se presenta en duelo patológico. Sin embargo, esta también puede ser una reacción frente a la pérdida de un objeto amado de una forma más ideal, es decir, el objeto puede no estar realmente muerto, pero se ha perdido como objeto de amor. En el caso de la melancolía, se menciona que para el melancólico puede ser notoria la pérdida que ocasiona su sufrimiento cuando este sabe a quién perdió, pero no lo que perdió en él; lo cual lleva a resaltar otra diferencia entre ambas reacciones, pues de algún modo, la melancolía puede ser referida a una pérdida de objeto sustraída de la conciencia, mientras que en el duelo, no hay nada inconsciente. Esto anterior, puesto que parte de la melancolía toma prestadas algunas de las características del duelo, pero, su otra parte toma la regresión desde la elección narcisista de objeto hasta el narcisismo primario (Freud, 1917 [1915]).

Adicionalmente, Freud plantea la más grande diferenciación entre ambos estados, lo primero que se debe entender teniendo en cuenta lo anterior, es que el duelo es el proceso previsto frente a la pérdida del objeto y se espera que después de cierto tiempo sea superado y una vez cumplido su trabajo, el yo se vuelve otra vez libre y desinhibido. Por otro lado, el melancólico, lo que muestra es algo faltante en el duelo y es una extraordinaria rebaja en su sentimiento yoico, un enorme empobrecimiento del yo; es así, como en el duelo el mundo se vuelve pobre y vacío, mientras que en la melancolía es el yo quien se vuelve pobre y vacío, lo que deriva en una pena profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, una pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad e incluso una rebaja en el sentimiento de sí que es exteriorizada mediante autorreproches y auto- denigraciones (Freud, 1917 [1915]).

Finalmente, retomando lo mencionado en los anteriores párrafos, es importante entender el proceso por el cual un individuo llega a la melancolía; así, Freud (1917 [1915]) nos explica que lo primero que ocurre es la elección del objeto y así mismo la ligadura de la libido en este, por lo que, por causa de una ofensa real o una decepción, sobreviene el

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sacudimiento de ese vínculo con el objeto. Lo anterior deriva en un resultado que no es el normal, esto, puesto que el resultado normal hubiese sido el que se retirara la libido de ese objeto y se desplazara a un objeto nuevo. Así, lo que es anormal de la melancolía es que la investidura que el sujeto le puso al objeto fue poco resistente, fue cancelada y la libido libre no se desplazó hacia otro objeto, sino que se retiró sobre el yo, sirviendo para establecer una identificación del yo con el objeto resignado, lo que deriva en una pérdida del objeto que se traslada a una pérdida del yo; y aquel conflicto entre el yo y el objeto amado, en una

bipartición entre el yo crítico y el yo que se alteró por la identificación.

A partir de lo anterior, surge la incógnita frente a una situación en donde haya melancolía por la pérdida de objeto como mascota ¿Esto pasaría porque el animal fue investido con libido narcisista y no objetal? y, ¿Por qué esa pérdida genera las mismas consecuencias que cualquier otra, teniendo en cuenta que es posible que las características del vínculo con la mascota son dadas por las interpretaciones que el individuo hace de la introyección derivada de la libido investida en él?6

Retomando el planteamiento freudiano frente a la creación de la relación objetal, Klein (1955) complementa mencionando que dicho vínculo ocurre desde la introyección en las primeras etapas de la niñez, donde se internaliza a los objetos primarios; el primero de todos es la madre, la cual está operando en muchos aspectos emocionales de la persona. Al nacer, se da la primera experiencia de ansiedad, donde el simple hecho de salir del vientre genera una ansiedad persecutoria; sin embargo, no mucho después, llega la ansiedad

depresiva. Al experimentar la primera ansiedad, la relación entre los objetos internalizados y el yo, se va a sentir hostil y peligrosa, hasta que surge una gratificación por parte de ellos, lo cual genera una noción de buenas experiencias en estas relaciones. El niño desarrolla una introyección y proyección en primer momento con el pecho de la madre, donde se le proyecta desde el principio de la relación, sentimientos fuertes como amor y odio; posterior a esto, se internaliza la madre (incluyendo el amor y odio que fue proyectado sobre su pecho),

6 Maria Teresa Pozzoli (2003, p. 2) en El sujeto frente al fenómeno animal, reafirma el pensamiento de que nosotros interpretamos la investidura que nos devuelve el animal, cuando indica que: “nos hace a nosotros -los animales-humanos- depositarios de la única posibilidad de voz del bestiario.

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experimentando la sensación de la existencia de una buena y una mala madre con relación a su pecho (primera fuente de gratificación infantil en la etapa oral). La relación con el pecho, depende de ciertos factores internos y externos que van a determinar si se le da mayor relevancia a la capacidad de amar (establecimiento del pecho bueno en el psiquismo); o por el contrario, se proyectan los impulsos destructivos sobre el pecho, generando fantasías agresivas de succionarlo y dejarlo seco y vacío -llevando a fantasías de entrar en la madre y robarle el contenido del cuerpo y posteriormente impulsos de agredir a la madre, poniéndole excremento- (Klein, 1955).

No obstante, esta proyección de partes negativas del yo no es la única que se da sobre la madre, el padre y otras personas con las que se genera un vínculo, sino que las partes buenas, también se disocian y se proyectan; el hecho de que la madre se invista de libido, implica que hay una proyección de sentimientos positivos y partes del yo que son vistas como valiosas (Klein, 1955). Ahora bien, al identificarse con un objeto, no sólo entra en juego la proyección de partes disociadas del yo sobre este, sino también la introyección de partes del objeto hacia el yo -Identificación Proyectiva-, que surge a partir de las fantasías agresivas de manera oral, uretral y anal-sádica (que fueron mencionadas previamente), donde se desea atacar el cuerpo de la madre de maneras distintas, tratando de poner ciertas partes del yo (o consideradas como tal en el caso del excremento), sobre la madre; esto aparece en los primeros cuatro meses de vida del bebé, donde su disociación es prominente y la ansiedad persecutoria del nacimiento, sigue rigiendo sus relaciones objetales. En este punto, no hay un yo íntegro como tal y tiene una probabilidad de disociarse por completo -incluyendo emociones y objetos internos y externos-; donde esta última, es una defensa contra la ansiedad persecutoria. Por lo tanto, la identificación proyectiva, funciona como una combinación entre la disociación de ciertas partes del yo, y la proyección de estas mismas sobre un objeto vincular, influyendo de total manera en la relación con este (Klein, 1955).

Acto seguido, se genera una ansiedad depresiva dado que hay una mayor capacidad de integración del yo y por lo tanto, se sintetizan los objetos internalizados en este; lo cual genera culpa porque de manera narcisista primaria, se ve como un daño a un objeto que se

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ama y se odia a la vez; generando ciertas ansiedades y defensas que conforman la posición depresiva del yo; solo que para huir de esta posición depresiva, se puede tender a generar regresiones sobre la posición esquizo-paranoide (en donde el yo no está integrado y hay una ansiedad o temor por fragmentarse) (Klein, 1955). No obstante, para generar una proyección es de gran importancia la introyección, donde por ejemplo el internalizar el pecho bueno, genera un punto central del yo que va a permitir que haya proyección de sentimientos buenos a otros objetos externos; y así, se da un fortalecimiento de dicho yo integrado,

mediante el crecimiento de la capacidad de síntesis y la disminución de fortaleza en procesos de disociación, lo cual es de gran importancia para generar futuras relaciones objetales positivas (Klein, 1955). A partir de lo anterior, es posible mencionar que la integración del yo se relaciona con la sensación de estar vivo, amar y ser amado -fortaleciendo las relaciones objetales externas-; mientras que la disociación, con el sentimiento de caos y la falta de emociones que esta implica, está relacionada con el temor a la muerte. Es así, como una identificación proyectiva con un objeto bueno, va a permitir una sensación de riqueza y abundancia, permitiendo una investidura de la libido a objetos externos, proyectando aspectos positivos del yo; por lo cual, este siente la capacidad de reintroyectar este amor repartido anteriormente, incorporando aspectos positivos de otros objetos, enriqueciéndose más, ya que se genera un balance entre dar y recibir en esta proyección e introyección (se introyecta lo mismo que se proyectó previamente) (Klein, 1955).

Retomando el desarrollo psicosexual planteado por Freud en el cual se forma el vínculo objetal estudiado por Klein, Winnicott agrega que los recién nacidos, tienden a utilizar parte de sus extremidades superiores para estimular su zona erógena oral con el fin de satisfacer los instintos de esta, y pasados unos meses, los bebés encuentran el placer jugando con juguetes, siendo la mayoría de las madres las que ofrecen algún objeto, esperando que de cierta manera se aficionen a ellos. Sin embargo, debe resaltarse que aunque puede que la base de todo sean la excitación y satisfacción, hay otros elementos que son importantes como la naturaleza del objeto, la capacidad del niño para reconocer un objeto como “no-yo”, la ubicación del objeto: afuera, adentro, en el límite; la capacidad del

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niño para crear, idear, imaginar, producir y originar un objeto, y finalmente, la iniciación de un tipo afectuoso de relación objetal (Winnicott, 1971). Como complemento, Bollas (como se citó en Scalise, 2013), también menciona la distinción entre los objetos yo y no-yo que hace el bebé; no obstante, sus planteamientos giran en torno a la configuración del inconsciente que se va estructurando en la interacción que estos dos tipos de objeto tienen con el infante abriendo las capacidades yoicas que este tiene en el desarrollo de sus fantasías y

percepciones.

Ahora bien, es necesario resaltar lo innovador del planteamiento de este autor, quien afirma que existe un estado intermedio entre la capacidad de un bebé para reconocer y aceptar la realidad, y su creciente capacidad para ello. De esta manera, decidió estudiar la sustancia de la ilusión, lo cual es algo que se le permite al niño, pero que en la vida adulta se encuentra enlazada al arte y la religión, y es esta ilusión la que se vuelve locura en el

momento en el cual un adulto exige demasiado de la ingenuidad de los otros cuando los obliga a aceptar una ilusión que no les pertenece; sin embargo, es posible que se pueda compartir un respeto por una experiencia ilusoria y si se quiere, puede ser reunida con otras formando un grupo sobre la base de la semejanza de las propias experiencias ilusorias (Winnicott, 1971). Es así como “de cada individuo que ha llegado a ser una unidad, con una membrana limitante, y un exterior y un interior, puede decirse que posee una realidad interna, un mundo interior que puede ser rico o pobre, encontrarse en paz o en estado de guerra” (Winnicott, 1971, p. 19). No obstante, a esta doble exposición se puede agregar una triple, esta vendría a ser una parte de la vida del ser humano de la cual no puede hacerse caso omiso, es una zona intermedia de experiencia en la cual influyen la realidad interior y la vida exterior; esta es una zona que no es objeto de desafío, esto debido a que no hay presencia de exigencias, a excepción de aquella que exista como un lugar de descanso dedicado a la eterna tarea humana de mantener separadas y a la vez interrelacionadas las realidad interna y la realidad externa.

Winnicott (1971) nos sugiere que alrededor de los cuatro a los seis meses hasta los ocho a doce meses empieza la pauta de lo que denomina objetos transicionales o fenómenos

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transicionales, los cuales se refieren a aquella zona intermedia de experiencia; entre la parte de la extremidad superior utilizada y el juguete; entre aquel erotismo oral y la verdadera relación con el objeto; entre aquella actividad creadora primaria y la proyección de lo que ya fue introyectado; entre el desconocimiento primario de la deuda y el reconocimiento de la misma; es decir, experiencias funcionales que van acompañadas por la formación de pensamientos o fantasías. Estos objetos o fenómenos transicionales tienen como función principal, iniciar al ser humano en aquello que siempre será importante para él, -una zona neutral de experiencia que no será atacada-, es posible decir que este objeto es un acuerdo entre el adulto y el bebé. Por lo tanto, en la infancia la zona intermedia es necesaria para que el niño inicie una relación con el mundo, posibilitando una crianza lo suficientemente buena en la primera fase crítica; es por esto que, la continuidad del ambiente emocional exterior y de determinados elementos del medio físico, tales como el o los objetos transicionales, son esenciales para esta formación de relación. De acuerdo con esto, es importante aclarar que lo transicional no es el objeto, este solo es la representación de la transición del bebé de un estado en que se encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como algo exterior y separado.

Un ejemplo que representa lo mencionado por el autor, es el parloteo de un bebé y la manera en la que un niño mayor repite un repertorio de canciones o melodías en el proceso de quedarse dormido; se ubican en aquella zona intermedia como objetos transicionales, junto con el uso que hacen de objetos que no forman parte de su cuerpo aunque en ese momento aún no se reconozca a cabalidad que son pertenecientes a la realidad exterior, aun así, es frecuente poder obtener información del objeto transicional por parte del infante.7

Aquí, se hace necesario introducir el concepto de “juego” que desarrolla el mismo autor; “el juego debe ser estudiado como un tema por sí mismo, complementario del concepto de sublimación del instinto” (Winnicott, 1971, p. 62). En primera instancia, toca

7 Este ejemplo es importante, porque así como el niño no es consciente de que puede manifestar por medio de estas acciones, la zona intermedia donde se presenta el objeto transicional; en la entrevista que se busca realizar en el presente trabajo, los participantes pueden reflejar este mismo proceder como el expuesto en el ejemplo de Winnicott.

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hacer la distinción que Winnicott realiza entre el sustantivo juego (game) y el verbo jugar (play), puesto que, el primero es aquel que se encuentra definido estrictamente por reglas que ordenan su curso, mientras que el segundo se desarrolla libremente. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el jugar tiene un lugar y un tiempo y no se encuentra adentro (según alguna significación de esta palabra); empero, tampoco se encuentra afuera -objetos no-yo- puesto que al final, jugar es hacer (Winnicott, 1971). En concordancia con lo anterior, el autor plantea que,

En otras palabras, lo universal es el juego, y corresponde a la salud: facilita el crecimiento y por lo tanto esta última; conduce a relaciones de grupo; puede ser una forma de comunicación en psicoterapia y, por último, el psicoanálisis se ha convertido en una forma muy especializada de juego al servicio de la comunicación consigo mismo y con los demás (Winnicott, 1971, p.

65).8

Así, teniendo en cuenta el desarrollo de los individuos, en el niño pequeño aparece una tendencia a entretejer en la trama personal objetos distintos que yo, este puede ser un objeto blando o de otra clase que el niño encontró, al que incluso cuando el bebé comienza a usar sonidos más organizado pueden llegar a utilizar una palabra para nombrar a ese objeto - comúnmente el nombre que se le da a esos objetos es de importancia y generalmente es en parte una palabra que es utilizada por los adultos-. Este objeto se vuelve importante, tanto, que incluso los padres llegan a conocer su valor, llevándolo consigo cuando viajan; es más, llegan a permitir que este objeto se ensucie y tenga mal olor, pues entienden que si lo lavan provocarán una ruptura en la continuidad de la experiencia del bebé, lo cual puede derivar en la destrucción de la significación y el valor del objeto para el infante. Estas pautas que se establecen en la infancia pueden llegar a persistir en la niñez, siendo ese objeto una

necesidad en momentos relevantes como lo son la hora de irse a dormir, momentos de soledad o cuando existe la posibilidad de un estado de ánimo deprimido. Sin embargo, cuando se presenta un estado de plena salud, la gama de intereses se amplía gradualmente -

8 La producción creativa busca dar una noción frente a esa forma de elección de objeto, el desarrollo del juego con este y las implicaciones en el psiquismo que acarrea este espacio (el juego). En otras palabras, la producción creativa será un intento de juego para indagar la creación de la relación objetal.

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la cual al cabo de un tiempo se mantiene, incluso cuando se encuentra cercana la ansiedad depresiva-; no obstante, esa necesidad de un objeto de una pauta de conducta específica que comenzó a edad temprana puede reaparecer en edades más avanzadas cuando la amenaza de una privación se encuentra presente (Winnicott, 1971).

En ese orden de ideas, el autor plantea que existen siete cualidades especiales de la relación entre el bebé y el objeto. De esta manera, lo primero que menciona es que el bebé adquiere derechos sobre ese objeto y los demás los aceptan, sin embargo, desde el comienzo existe como característica cierta anulación de la omnipotencia. La segunda cualidad, se refiere a que el objeto es acunado con afecto y al mismo tiempo amado y mutilado con excitación. La tercera, menciona que el objeto nunca debe cambiar, a menos de que lo cambie el propio bebé. La cuarta advierte que el objeto tiene que sobrevivir tanto al amor instintivo, como al odio y si se trata de una característica, a la agresión pura. La quinta, explica la percepción de vitalidad que tiene el bebé del objeto, es decir, debe parecerle que irradia calor, que se mueve, o que posee cierta textura. La sexta, expone la diferencia de percepción del objeto que tiene el bebé y que tienen los adultos de este, puesto que desde el punto de vista de los adultos el objeto proviene de afuera, mientras que para el bebé no es así, sin embargo, este tampoco viene de adentro puesto que no es una alucinación. Por último, la séptima alude que se permite que el destino del objeto sufra una descarga gradual de modo que a lo largo de los años no se olvida, sino que queda relegado al limbo, es decir, en un buen estado de salud, no es forzoso que el sentimiento relacionado con el objeto sea reprimido; no es que este se olvide ni se llore, únicamente pierde significación y es debido a esto que se vuelven difusos, se extienden por todo el territorio intermedio entre la “realidad psíquica interna” y “el mundo exterior tal como lo perciben dos personas en común”, en otras palabras, a todo el campo cultural (Winnicott, 1971).

Por consiguiente, Winnicott (1971) menciona que es relevante comprender que lo que importa del objeto no es tanto el valor simbólico como su realidad; así, el término ya

mencionado de objeto transicional abre la posibilidad al proceso de adquisición de la capacidad para la aceptación de semejanzas y diferencias. De esta manera, el objeto

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transicional es la representación del viaje que hace el niño desde lo subjetivo hasta la objetividad, lo cual es el viaje de progreso hacia la experiencia; no obstante, es de

importancia comprender que es posible entender el objeto transicional, pero no entender del todo la naturaleza de su simbolismo. Es así, que el autor nos menciona que a primera vista este solo puede ser estudiado de manera adecuada en el proceso de crecimiento del

individuo, y en el mejor de los casos tiene un significado variable.

En último término, este autor también introduce otro postulado de suma

importancia, este se refiere al concepto de “la “madre” suficientemente buena (que no tiene por qué ser la del niño) es la que lleva a cabo la adaptación activa a las necesidades de este y que la disminuye poco a poco, según la creciente capacidad del niño para hacer frente al fracaso en materia de adaptación y para tolerar los resultados de la frustración” (Winnicott, 1971, p. 27), esta comienza adaptándose casi totalmente a las necesidades del infante, y a medida que pasa el tiempo, poco a poco se adapta de manera menos completa en

concordancia con la capacidad del niño para hacer frente a ese retroceso. El término anterior es de importancia para entender por qué un niño tiene o no la menor posibilidad de pasar del principio del placer al de realidad9, o a la identificación primaria y más allá de esta, puesto que para esto debe existir una madre suficientemente buena.

De hecho, Cristopher Bollas10 (como se citó en Sagredo, 1996), enfatiza la importancia del objeto transicional en la vida de las personas, el cual estará circunscrito de acuerdo con la vinculación con la madre en momentos iniciales de la vida de las personas. Menciona, que la madre es un proceso que incide y altera la experiencia de un niño, debido a que es la que se encarga de transformar sus estados de necesidad en satisfacción; esto último, siendo un elemento clave y en el cual está ceñido el objeto transicional -ya mencionado por Winnicott-, pues esta primera experiencia de cuidado que normalmente se presenta por medio de la madre, es fundamental en la forma en la que el sujeto se va a tratar a sí mismo en el futuro.

Así mismo, indica que el motivo principal de la existencia humana será la búsqueda del

9 Esto en concordancia con lo planteado por Sigmund Freud en su texto Más allá del principio del placer (1920)

10 Autor contemporáneo del psicoanálisis que complementa los planteamientos de Winnicott.

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objeto transformacional, aquel que es capaz de metamorfosear el self; por lo que su forma y logros para conseguir este fin, serán variados de acuerdo con la (pre) historia con que cuenta el sujeto (elección de objetos transicionales en momentos anteriores de su vida).

Es así como Winnicott (1971) resalta que el bebé cuenta con medios para enfrentar ese retiro materno, los cuales son, en primer lugar su experiencia, en el sentido del tiempo límite que tiene la frustración -al inicio este tiempo debe ser breve-; en segundo lugar, tiene una creciente percepción del proceso; en tercer lugar cuenta con el comienzo de la actividad mental; en cuarto lugar, se encuentra la utilización de satisfacciones autoeróticas; y

finalmente el recuerdo, el poder revivir las experiencias, las fantasías, los sueños; así mismo, la integración de pasado, presente y futuro. De esta manera, la madre debe desilusionar de forma gradual al bebé, no obstante, si no le ofreció con anterioridad suficientes

oportunidades de ilusión, no le será posible lograrlo.

Si todo va bien, el bebé puede incluso llegar a sacar provecho de la experiencia de frustración, puesto que la adaptación incompleta a la necesidad hace que los objetos sean reales, es decir, odiados tanto como amados (…) si la ilusión-desilusión toman un camino equivocado, el bebé no puede recibir algo tan normal como el destete, ni una reacción a este, y entonces resulta absurdo mencionarlo siquiera. La simple terminación de la alimentación a pecho no es un destete (Winnicott, 1971, pp. 28-31).

De modo que, las primeras etapas del uso de la ilusión son representadas por los fenómenos transicionales; sin estas etapas, la idea de una relación con un objeto que otros perciben como exterior a ese ser no tiene sentido para el sujeto. Además, si es un adulto quien exige aceptación de la objetividad de sus propios fenómenos subjetivos, es muy probable que se le diagnostique locura; sin embargo, si disfruta de su zona intermedia sin exigir a otros la aceptación, es posible reconocer las propias zonas intermedias

correspondientes y así mismo, complacerse al encontrar cierta medida de superposición, es decir, que sea una experiencia común entre los miembros de un grupo, estas experiencias pueden ser por ejemplo, el arte, la religión o la filosofía (Winnicott, 1971).

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Ahora bien, y para sintetizar los planteamientos de Winnicott con el interés de este trabajo, Caplan (1951) retoma el sostenimiento teórico de Freud en el cual el vínculo de las mascotas -en especial los perros- hacia los humanos carece de ambivalencia, representando un símbolo de amor y lealtad incondicional. De tal forma, que se encuentra que a nivel familiar es probable que los niños tomen tan fácil y gustosamente a las mascotas como compañeros cercanos, debido a una necesidad que tiene el mismo de una cercanía a un sustituto de los padres que él puede controlar y dirigir como quiere. Por lo tanto, derivado de la búsqueda por parte de los niños a sus mascotas, es posible entrelazar a esta relación el concepto propuesto por Winnicott de objeto transicional, el cual se convierte en una defensa contra la ansiedad (Schenke y Farkas, 2012).11

Por todo lo expresado en párrafos anteriores, se hace pertinente revisar qué dice el psicoanálisis en la contemporaneidad frente a este vínculo humano-animal y como este puede ser reflejado en el psiquismo. Así, Bennett Roth (2005) en su escrito “Pets and

Psychoanalysis” (en español, mascotas y psicoanálisis), habla del vínculo entre las personas y los animales -especialmente frente a las mascotas-, y a través del estudio de cinco casos, evidencia que la presencia de animales de compañía en la vida de los individuos, podrían denominarse cómo vínculos “salvavidas”. Para esto, tuvo en cuenta los niveles de diálogo y la relación con el objeto que a través de la transferencia no verbal -que es recapturada en un espacio psicoterapéutico-, son útiles para el análisis de defensas narcisistas adultas (Roth, 2005).

Incluso, Bollas (1991) (como se citó en Sagredo, 1996), autor que también resalta el papel de la transferencia y la contratransferencia en su ejercicio práctico de la psicología clínica12, permite inferir sobre ciertas formas en que se dan las elecciones de objeto de las personas que hacen parte del acompañamiento psicoterapéutico. Dentro de este marco, es

11 Nos queda el interés de revisar si en las narrativas de los participantes de la entrevista, se refleja la idea de que las mascotas son objetos transicionales.

12 La transferencia y contratransferencia planteada por Bollas, puede ser importante en medida de que tal vez, resulta ambicioso e interesante que nosotros como investigadores, pretendemos transformar en imágenes (o de manera creativa), y a través de narrativas, la experiencia de objeto (la mascota) que tiene el sujeto al que se le va a indagar.

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posible plantear la idea -desde el objeto de estudio del presente trabajo-, que para la construcción de un significado acerca de lo que implica la elección de la mascota en la vida de cada individuo que se da “internamente” en la psique del mismo; donde, cuando es encontrado, este se manipula hasta darle una identidad como objeto dentro de su funcionamiento psíquico (entendiendo su funcionalidad).

La comprensión del vínculo con la mascota supone entender que este último es un objeto intermediario o fusionado, esto quiere decir que, el animal es un objeto que se encuentra en disposición del individuo para que este pueda investir su libido; libido que contiene propiedades que dependen del estado de ánimo y la necesidad del perceptor. Por ende, en muchas ocasiones se percibe que la mascota a través de la relación con la persona, tiene la funcionalidad de reparar los conflictos pre edípicos de la última; lo anterior,

manifestándose de manera diversa y con muchas variaciones que pueden ir desde el apoyo narcisista durante los conflictos, el apuntalamiento del sentimiento de identidad, hasta el objeto de identificación exclusiva; pues estas dependen de las representaciones psíquicas inestables y fusionadas que contenga la persona (Roth, 2005). De hecho, Pozzoli (2003, p.4)13 indica que,

… el animal siempre ha sido un habitante amenazante para nuestro inconsciente, papel ... que es usado como una especie de depositario emocional al que asociamos lo más inmanejado de nuestras pobrezas personales (...) el animal en el mundo externo se convierte en un

privilegiado espacio de proyección de las más ingobernables fuerzas psicológicas primarias.

Cabe resaltar, que la construcción de este vínculo objetal el cual es duradero entre estos dos seres vivos, se genera únicamente a partir de la interacción de los mismos. Roth (2005) señala que la mascota interactúa con su dueño a través de una comunicación no cognitiva y no discursiva, donde a pesar de la diferencia en su agudeza sensorial y la no maduración (como es entendida en el sentido humano, pues “sólo” envejecen y mueren), estas encuentran las condiciones justas para poder compartir el mundo sensorial, motor y

13 Aspecto que está relacionado con la proyección planteada por Melanie Klein y mencionada en párrafos anteriores de este trabajo.

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