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JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ

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Academic year: 2022

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Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes

UN MANANTIAL SEGOVIANO DE AGUAS MINERO-MEDICINALES POCO CONOCIDO:

LINARES DEL ARROYO (SIGLOS XVIII Y XIX)

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UN MANANTIAL SEGOVIANO DE AGUAS MINERO- MEDICINALES POCO CONOCIDO: LINARES DEL ARROYO

(SIGLOS XVIII Y XIX)

Resumen: En el término municipal de Linares del Arroyo, localidad del partido de Riaza, oculta desde mediados del pasado siglo por las aguas del pantano del mismo nombre, se descubrió en 1781 un abundante manantial de aguas minero-medicinales, cuyas virtudes terapéuticas fueron estudiadas, analizadas y difundidas en las décadas siguientes por varios profesionales sanitarios de la comarca poco conocidos, cuyas investigaciones han quedado prácticamente en el olvido; este trabajo trata de evocarlas, encuadrándolas en el contexto científico de su tiempo.

Palabras clave: Linares del Arroyo, Segovia, aguas minero-medicinales, manantial, investigadores, siglos XVIII y XIX.

A LESSER KNOWN MEDICINAL WATER SPRING FROM SEGOVIA: LINARES DEL ARROYO (XVIII and XIX centuries Abstract: In the municipality of Linares del Arroyo, pertaining to the district of Riaza and previously concealed by the waters of the homonymous reservoir since the middle of the earlier century, a plentiful natural and medicinal spring was discovered in 1781. Its therapeutical properties were studied, analysed and spread in the following decades by numerous lesser-known medical professionals from the region, whose research has been almost casted to oblivion. This essay aims to remember them, placing them in the scientific context of their times.

Key words: Linares del Arroyo, Segovia, medicinal waters, water spring, researchers, XVIII and XIX centuries.

Fecha de recepción: 23/05/2019.

Fecha de aceptación: 6/07/2019

Sumario: 1.Introducción. 2.Juan Francisco de la Monja, un boticario ilustrado en la Ribera del Duero (1744-1820). 3.Manuel Arranz García, médico titular de Aranda de Duero y director de las aguas de Linares (ca.1780-1829). 4.El Dr. Sandalio Palomino Esteban y su Memoria sobre las aguas minero-medicinales de Linares (1805-1872). 5.El Dr. Saturio Moreno Asenjo y sus “Observaciones” (1851).6. Bibliografía.

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No es Segovia una provincia especialmente afortunada en la existencia de fuentes de aguas minero-medicinales declaradas de interés público. En el libro redactado en 1903, por dos médicos del cuerpo de directores de baños,bajo el título Reseña de los principa- les balnearios de España, para ser entregado a los asistentes al XIV Congreso Inter- nacional de Medicina que se celebró en Madrid ese año, Segovia es uno de los escasos territorios españoles en los que no se recoge ningún establecimiento termal en uso por aquellas fechas1. De ahí que resulte de un interés añadido el conocimiento del manantial de aguas minero-medicinales que hubo en el término municipal de Linares del Arroyo, pues como veremos a continuación, aun sin haber obtenido en ningún momento certi- ficación oficial, nunca dejó de ser frecuentado por los vecinos de la comarca, hasta que a mediados del pasado siglo desapareció bajo las aguas del pantano del mismo nombre.

Cuatro, un farmacéutico y tres médicos, fueron los profesionales sanitarios que en un arco cronológico de setenta años, de 1781 a 1851, descubrieron inicialmente, analizaron y dieron a conocer más tarde, las virtudes de estas aguas que nunca llega- ron a ser declaradas de utilidad pública, ni contaron con un establecimiento balnea- rio anejo que permitiese con mayor facilidad un uso reglado, y un aprovechamiento sistemático de su potencialidad terapéutica.

Otro aspecto a tener en cuenta desde el principio, es que de su hallazgo por el boticario Juan Francisco de la Monja Castillo (1744-1820) y de los primeros análisis y estudios que sobre ellas hizo, no se conserva ninguna documentación impresa o manuscrita; al igual que del segundo investigador que se ocupó de ellas, Manuel Arranz García (ca.1780-1829), médico titular de Aranda de Duero, que llegó algu- nos años a dirigirlas oficialmente.

1 Aleixandre − Pérez1903.

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Todas las noticias que de los trabajos realizados por ambos disponemos en la actualidad proceden de dos memorias, que en el mismo año, 1851, dirigieron al ministerio de la Gobernación otros dos médicos, Sandalio Palomino Esteban (1805- 1872), titular del pueblo burgalés de San Martín de Rubiales,y Saturio Moreno Asenjo que lo era de la villa de Riaza, cabeza del partido judicial en que estaba enclavado Linares del Arroyo que se conservan actualmente en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense2. Ambos tuvieron acceso al material manuscrito dejado por los dos primeros, con noticias de primera mano sobre estas aguas, algunos de cuyos párrafos trascribieron textualmente, y cuyo con- tenido aprovecharon en parte, y citan en diversas ocasiones. Es decir lo que sabemos sobre el hallazgo y los estudios que sobre el manantial de Linares hicieron los dos primeros investigadores, nos viene dado por lo recogido por los dos segundos, con la probable finalidad de que el gobierno declarase la utilidad pública de esas aguas, y pudiera alguno de ellos alcanzar su dirección facultativa.

Las dos memorias conservadas son esencialmente semejantes en sus contenidos, aunque la del Dr. Palomino es más extensa, está mejor sistematizada y tiene mayor claridad de exposición, por lo que vamos a seguirla en buena medida.

Da comienzo con una advertencia que es una declaración de intenciones sobre los motivos que le han llevado a escribirla, en la que hace hincapié sobre la necesidad de nuevos locales para acoger a los enfermos cada vez más numerosos, y de médico que regule la toma de las aguas:

“Como medio de conseguir uno y otro hemos pensado llamar la aten- ción del público y del Gobierno sobre ello, y nada nos ha parecido más apropiado que escribir la memoria que presentamos. En ella verán todos la excelencia del manantial medicinal de Linares, y el Gobierno notará la necesidad de poner a su frente a un Director facultativo, para evitar al menos los perjuicios a que su falta puede dar lugar.

Al obrar así creemos hacer un servicio importante a la salud pública, ya que el Gobierno manifestó desearlo en la Rl. Orden de 4 de junio de 1850 sobre aguas minerales, y esto nos sirve de satisfacción cumplida”3.

2 BFMC, sig. Ca 2800 (10) y (11) respectivamente.

3 BFMC, sig. Ca 2800 (10). Se trata de un manuscrito de 61 páginas sin numerar más dos portadas, firmado al final por el autor; remitido originariamente al Gobernador Civil de Segovia, quien lo reenvió a la Dirección General de Beneficencia y Sanidad, encuadrada en el ministerio de Gobernación.

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Siguen a continuación cinco capítulos, el primero, de carácter introductorio, contiene reflexiones generales sobre la excelencia médica de las aguas minerales,el segundo comprende una topografía del lugar de Linares, que da paso en el tercero a la descripción del manantial y de su descubrimiento, para centrarse en el cuarto en el análisis de las propiedades físico-químicas de las aguas, dando fin a la memoria con el quinto centrado en sus indicaciones terapéuticas, modo de administración y posibles inconvenientes de su uso.

El Dr. Palomino recoge con precisión y fidelidad el modo en que fueron halladas estas aguas por Juan Francisco de la Monja en 1781, por lo que vamos a evocar sus palabras:

“No llega a un siglo el tiempo que se conocen estas aguas por sus vir- tudes medicinales, aunque es de presumir que la fuente exista de tiempo inmemorial, como se infiere de su abundancia, y de que nada se sabe, ni se dice en contrario. Una casualidad hizo que se descubrieran aquellas por D. Juan Francisco de la Monja en el año 1781, boticario a la sazón de Campillo; tal fue la de pasar por allí a Maderuelo a reconocer una botica, y verlas tan cristalinas y abundantes que llamando su atención se paró a gustarlas.

La circunstancia de haber sentido a poco tiempo amagos de vómito y de habérsele movido el vientre tres o cuatro veces antes de haber pasado una hora, dio motivo a que a la vuelta a su casa las probase otra vez, y llevase para tomar allí alguna cantidad. Observando estos efectos así en su persona como en otros a quienes se las recomendó, fue como el Sr.

Monja llegó a convencerse de la bondad de estas aguas, y de que había en ellas un principio sutil que no acertaba a explicar. Las buenas y extensas relaciones sociales del Sr. Monja le proporcionaron hacer ex- tensivas también las virtudes de estas aguas, y bien convencido de ellas en el trascurso de los ocho primeros años, en que procuró hacer ensayos analíticos para convencerse también de su composición, escribió en 1790 cuantas observaciones y pruebas había hecho, cuyo manuscrito circuló entre sus amigos y otras personas del país, y concurrentes a Linares.

(…) este escrito es muy lacónico (…) para que nos sirvamos de él en la investigación de los componentes de esta agua; su parte principal es la que se refiere a las curaciones obtenidas, compuesta de casos y observa- ciones prácticas que tuvo cuidado de recoger”.

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2. Juan Francisco de la Monja, un boticario ilustrado en la Ribera del Duero (1744-1820)

Rafael Roldán en su conocido Diccionario biográfico y bibliográfico de au- tores farmacéuticos españoles nos dice refiriéndose a Juan Francisco de la Monja, recabando su información de una memoria sobre farmacéuticos escritores burgaleses redactada por Pascual-Domingo Jimeno Jimeno, premiada por la Real Academia Nacional de Farmacia en 1942, “que bien merecía un estudio más profundo de su persona, pues son muy pocos los datos biográficos que de él se conocen”4.

Comparto plenamente esta apreciación, por lo que he procurado investigar sobre su trayectoria personal y profesional, encontrándome hoy en condiciones de propor- cionar alguna información al respecto. Juan Francisco de la Monja nació el 16 de noviembre 1744 en la hoy villa burgalesa de Peñaranda de Duero5, señorío de los condes de Miranda, perteneciente entonces a la provincia de Segovia,a donde su padre Ignacio de la Monja, natural de Calatañazor (Soria), también boticario, había arribado en 1720 para casarse con María Vinuesa6, viuda de otro boticario, evitando así el cierre de la botica. Muerta su primera esposa el 4 de julio de 17377, Ignacio volvió a contraer matrimonio, sin cumplir doce meses de viudez, en Aranda de Due- ro, con María del Castillo8, fruto de este segundo matrimonio fue Juan Francisco, junto a otros nuevehermanos, varios de ellos fallecidos en la primera infancia, como era frecuente en la época.

Muerto su padre el 28 de marzo de 17619, cuando Juan Francisco contaba tan solo dieciséis años, casaron a una de sus hermanas, Rosa, que acababa de cumplir dieciocho,con otro boticario, Nicolás de Capa, natural de la villa de Olmedo(Valla- dolid)10, para que el establecimiento siguiera abierto; mientras tanto Juan Francisco pudo obtener su título de boticario, y hacerse cargo de la botica familiar al morir su

4 Roldán 1975, 396-397.

5 ADBu, Libro 3º de Bautizados de la colegiata de Santa Ana de Peñaranda de Duero (1740-1783), fol. 34r.

6 ADBu, Libro 1º de Casados y Velados de la colegiata de Santa Ana de Peñaranda de Duero (1625- 1752), fol. 160r.

7 ADBu, Libro 4º de Finados de la colegiata de Santa Ana de Peñaranda de Duero (1703-1738), fol. 515r.

8 ADBu, Libro 2º de Casados de la parroquia de Santa María de Aranda de Duero (1671-1746), fol. 267v. La boda se celebró el 11 de mayo de 1738.

9 ADBu, Libro 5º de Finados de la colegiata de Santa Ana de Peñaranda de Duero (1739-1763), fol. 346v.

10 ADBu, Libro 2º de Casados y Velados de la colegiata de Santa Ana de Peñaranda de Duero (1753-1817), fol. 19r.

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cuñado el 6 de octubre de 177511, aunque por poco tiempo, pues su matrimonio con Teresa Miguel, una de las hijas del médico titular de Peñaranda, el 25 de febrero de 177812, y la inmediata muerte de su madre, verdadera poseedora de la botica, le obligó a buscar nuevos horizontes.

Es probable que marchase a regentar una botica en Pedraza de la Sierra por breve tiempo13, pues el 4 febrero de 1781 le encontramos ya documentado como boticario titular del partido de Campillo de Aranda14, localidad muy próxima a Aranda de Duero, en la que ya residía una de sus hermanas, Josefa, casada con Vi- cente Esteban, cirujano titular de la villa15. Fue en ese mismo año cuando camino de Maderuelo, a escasos 30 kmal sureste de Campillo, a tasar una botica, encontró el manantial de Linares, probó sus aguas, experimentó sus efectos, y tuvo la suficiente sensibilidad científica para estudiarlos y darse cuenta de sus posibilidades curativas.

Campillo, según las Respuestas Generales al Catastro del marqués de la Ense- nada, formuladas el 15 de julio de 1752, contaba con 116,5 vecinos, incluidas las viudas, que dos hacían uno, algo menos de 500 habitantes, y era señorío del conde de Siruela, que percibía las tercias de la villa; contaba con un escribano, un maestro de primeras letras y un cirujano, que lo era también del cercano pueblo de Torrega- lindo, al que regulaban 1.600 reales anuales; la mayor parte del pueblo estaba cons- tituido por labradores y jornaleros, que ganaban dos reales los días que trabajaban;

pero no consta que en esas fechas existiese boticario alguno16.

De lo que se deduce que dicha plaza era de nueva creación, y aunque incluiría algunos lugares limítrofes, cabe suponer que no produjese excesivos beneficios. La oportunidad de mejorar de posición no tardó en presentarse, al tener conocimiento que Manuel Sancho, boticario titular de la localidad de Fuentelcesped, población hoy también burgalesa, pero en aquellas fechas segoviana, de mayor vecindario y

11 ADBu, Libro 6º de Finados de la colegiata de Santa Ana de Peñaranda de Duero (1763-1797), fol. 96v.

12 ADBu, Libro 2º de Casados y Velados de la colegiata de Santa Ana de Peñaranda de Duero (1753-1817), fol. 52v.

13 Cabe esta posibilidad porque Leopoldo Martínez Reguera en su Bibliografía Hidrológico-Méd- ica Española nos dice que uno de los hijos mayores de Juan Francisco de la Monja, llamado Juan como su padre, que con el tiempo fue uno de los que ganó las primeras oposiciones, en 1817, al recién creado cuerpo de médicos directores de baños, nació en Pedraza de la Sierra; aunque las averiguaciones realiza- das al respecto por Rafael Cantalejo, actual director de la Real Academia de San Quirce de Segovia, no han permitido confirmar con seguridad esta suposición (Martínez Reguera 1897, 477-478).

14 ADBu, Libro 2º de Casados de la parroquia de la Asunción de Nra. Sra. de Campillo de Aranda (1681-1824), fol. 132r.

15 ADBu, Libro 2º de Casados de la parroquia de la Asunción de Nra. Sra. de Campillo de Aranda (1681-1824), fol. 128v. La boda tuvo efecto el 10 de noviembre de 1778.

16 AGS, Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, Libro 012, fol. 245r-257v.

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riqueza, a apenas 10 km en línea recta al sureste de Campillo, había dejado su plaza por traslado a Navares de Enmedio, por lo que sin demora se mostró candidato a ella. Los regidores acordaron aceptarle, firmando el 16 de septiembre de 1784 es- critura de obligacióncomo boticario titular por tiempo de cuatro años, que se iría renovando hasta su fallecimiento; con el salario de tres cántaras y medio de mosto por vecino y año, y las viudas por mitad siendo solas, y el deber de despachar todas las medicinas prescritas por los facultativos de la villa, a excepción de las que se precisasen para tratar el morbo gálico, y las heridas “por mano airada”, tal y como era costumbre en la época17.

Comenzó así una larga relación profesional y personal con los habitantes de Fuentelcesped, que se extendió durante más de treinta y cinco años, hasta su muerte el 23 de enero de 182018. Sucesivamente se fueron renovando sus contratos asisten- ciales, conservándose también el último que firmó, fechado el 17 de diciembre de 1816, con las habituales condiciones e igual salario:

“(…) tener abierta su botica y bien provista de medicinas selectas y de la mejor calidad que le sea posible, igualmente que todos los simples que exige un buen surtido, de lo cual ha de despachar todas las recetas que se le presenten de los facultativos con el mayor cuidado y escrupulosidad, según se requiere en punto tan delicado cual es la salud pública, sin ne- cesidad de ningún dispendio por parte de los vecinos para hacer dichas medicinas, procurando que surtan el debido efecto a los enfermos, como también estar pronto a contribuir con aquellas para toda clase de dolen- cias, y por lo mismo se le contribuye con el salario referido, dejándole libre de toda contribución ordinaria y extraordinaria, e igualmente del cuarto del fiel medidor, y cuarto con destino a caminos(..)”19.

Su amplia actividad sanitaria no le impidió seguir estudiando, defendiendo y propagando las aguas de Linares, como se demuestra en alguna de las Observacio- nes, pequeñas historias clínicas de enfermos curados o mejorados al tomar las aguas de Linares, que el Sr. de la Monja fue recopilando a lo largo del tiempo, dos de las cuales reproduce el Dr. Moreno Asenjo en su Memoria:

17 AHPBu, Protocolos Notariales 5137/4, fol. 208r-208v.

18 ADBu, Libro 5º de Difuntos de la parroquia de San Miguel de Fuentelcesped (1783-1851), fol. 209v.

19 AHPBu, PN 5141/2, fol. 200r-200v.

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“OBSERVACIÓN 1º

Por Don Juan Francisco de la Monja farmacéutico que fue de Fuentelcesped Baltasara de Diego, natural de la villa de Campillo, de edad de 50 años, temperamento sanguíneo flemático, padecía una hidropesía anasarca20 en su in- ferior grado, con obstrucción de las vísceras del vientre inferior, acompañándola una supresión parcial de orina y de excremento; pasó a tomar estas aguas de Linares a últimos de septiembre de 1788, y en 15 días que las usó produciéndola una abundante excreción de sudor, cursó y orinó, se restituyó buena y sana a su casa, sin haber vuelto a tener novedad según declaración de D. Francisco Esteban, cirujano de dicha villa”21.

También en Fuentelcesped redactó y fechó el 20 de enero de 1798 una Diser- tación sobre la leche de tierra, es decir la magnesia, que remitió al Real Colegio de Boticarios de Madrid, antecedente de la Real Academia Nacional de Farmacia, con el objetivo conseguido de ser correspondiente del mismo22. Trabajo que denota amplio y actualizado conocimiento de los avances científicos del momento, e interés por su aplicación en la mejora de las condiciones de vida del pueblo; lo que sitúa al Sr. de la Monja con claridad dentro de los postulados del reformismo ilustrado desde un ámbito de vida rural.

Uno de los hijos de Juan Francisco de la Monja, Mauricio, nacido el 20 de septiembre de 179023, le sucedió como boticario titular de Fuentelcesped, de 1820 hasta su muerte el 27 de diciembre de 186724. A lo largo de todos estos años, y ayudado por los bienes dotales de sus dos esposas, supo desempeñar la hipotecada hacienda de su padre, e ir realizando poco a poco una amplia política de compra de tierras y viñas, que le acabaron por convertir en un importante propietario agrícola de la comarca,dejando a sus herederos un notable caudal, tanto en dinero metálico, como en bienes muebles e inmuebles25. A esta política empresarial unió una hábil y compleja red de enlaces matrimoniales de sus hijos e hijas, que incrementaron su po- der e influencia; Gumersindo de la Monja Ortiz, fruto de su primer matrimonio, fue

20 Podría equivaler en la terminología médica actual a una insuficiencia cardiaca congestiva.

21 BFMC, sig. Ca 2800 (11), s.f.

22 RANF, sig. B-19-29.

23 ADBu, Libro 4º de Bautizados de la parroquia de San Miguel de Fuentelcesped (1758-1810), fol.141v.

24 ADBu, Libro 6º de Difuntos de la parroquia de San Miguel de Fuentelcesped (1852-1876), fol.

127r-128r.

25 AHPBu, Protocolos Notariales 5156/1, fol. 256r-329r.

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también boticario de Navares de Enmedio26, y Bernardino de la Monja Vián ejerció la profesión paterna en Sevilla27. A sus hijas Manuela28 y Nicolasa de la MonjaVián29 las casó con dos hermanos médicos, originarios de Fuentelcesped, Natalio y Anto- nio Sanz Guijarro, que ocuparon la titular de su villa natal a finales del siglo XIX.

Desde el punto de vista profesional Mauricio de la Monja fue uno de los funda- dores de la Sociedad Farmacéutica de Socorros Mutuos, creada en Madrid en 1845 con la finalidad de no dejar desamparadas a sus familias en los casos de muerte o enfermedad que les imposibilitase para la práctica asistencial30.

Otro de los hijos, Juan, como su padre, que en ocasiones firma como Juan de la Monja Pajares, utilizando el segundo apellido de su madre, fue médico, desem- peñando con heroísmo su labor facultativa durante la guerra de la Independencia.

En 1811 combatió la epidemia de fiebre amarilla en el lazareto de Alicante, donde enfermó y acabó por ser hecho prisionero. Ejerciendo en Pedraza de la Sierra firmó las primeras oposiciones al recién creado cuerpo de Médicos-Directores de baños, siéndole conferida por R.O de 29 de abril de 1817 la de Carratraca (Málaga), de la que fue desposeído en 1825 por impurificación política; al ser repuesto en su cargo en 1830 se le dio el balneario de Panticosa, y después el de Alhama de Granada, hasta que en 1841 consiguió su reintegración al de Carratraca, del que fue jubilado en 1855, muriendo poco después31.

3. Manuel Arranz García, médico titular de Aranda de Duero y director de las aguas de Linares (ca.1780-1829)

Por la Memoria del Dr. Palomino sabemos que Linares del Arroyo era en 1790 un lugar realengo que contaba con 17 vecinos, no tenía municipalidad, ni parroquia, que era aneja a la de Maderuelo, de quien dependía jurisdiccionalmente. Cuando don Sandalio escribe su trabajo en 1851 tenía ya 50 vecinos y ayuntamiento, pertenecía a la provincia y a la diócesis de Segovia; estaba situado entre varias cuestas, a la mar- gen izquierda del río Riaza; tenía por entonces casa de Ayuntamiento, cárcel, escue- la, parroquia, un molino harinero a 200 pasos y una importante cantera de piedra,

26 AHPBu, Protocolos Notariales 5145/2, fol. 124r-128v.

27 ADBu, Libro 8º de Bautizados de la parroquia de San Miguel de Fuentelcesped (1877-1897), fol. 300v-301r.

28 AHPBu, Protocolos Notariales 5156/1, fol. 340r-342v.

29 ADBu, Libro 4º de Casados de la parroquia de San Miguel de Fuentelcesped (1852-1876), fol.

78r-78v.

30 RANF, Leg. 69, exp. 1, doc. 1.

31 Martínez Reguera 1897, 477-478.

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muy utilizada en la comarca. Su terreno era de mediana calidad, con considerable cantidad de monte bajo poblado de chaparral y enebro, y algún viñedo. La parte que miraba al oriente era la mejor del pueblo, con un agradable paseo con huertos cultivados, que llevaba a la fuente objeto de este estudio.

Así lo refiere Don Sandalio:

“Al oriente de Linares, camino de Riaza, y a distancia de unas 300 varas del mismo, entre el molino y la fábrica de yeso, se encuentra la fuente que nos ocupa, llamada de los aguachines, porque así han querido bautizarla los naturales del pueblo, en consecuencia legítima de llamar aguachines a los enfermos que concurren a beber sus aguas. El caudal de la que arroja es bastante considerable, y detenido en una grande balsa, donde también brota, se le hace marchar en dirección al pueblo, para uti- lizarla en el molino (…). Sale de un peñasco, por una ancha abertura, haciendo bastante ruido; no es fácil saber la dirección que trae, porque la vista solo alcanza una vara dentro de la abertura; sin embargo es presumible que pase por la cantera de yeso (…)”.

El Dr. Manuel Arranz García fue el segundo estudioso relevante del manantial de Linares, su vida fue relativamente corta y azarosa, pero plena de actividad e ini- ciativas. Nació en Roa en torno a 1780. Desconocemos la fecha exacta porque todos los archivos parroquiales de la villa fueron quemados en 1840, durante las guerras carlistas. El afortunado y casual encuentro en el archivo municipal de Santander de una instancia firmada el 22 de marzo de 1816 por él, mostrándose candidato a una de las dos plazas de médico titular de la ciudad, que había quedado vacante32, nos ha permitido conocer algunos datos de su actividad profesional hasta esa fecha.

Afirma que estudió en Madrid con don José Severo López, catedrático de medicina práctica33, “mi siempre venerado maestro”, y que en 1802 fue llamado por las auto- ridades de Nava de Roa, pueblo a escasa distancia del de su nacimiento, afligido por una epidemia, que supo combatir con eficacia, quedando el vecindario tan satisfecho

32 AMSa, Leg. 62, nº 91.

33 Nacido en Madrid en 1754, tras estudiar medicina en Alcalá y Toledo, y licenciarse también en cirugía, se instaló en su ciudad natal donde pronto adquirió gran crédito profesional. Médico y amigo de Manuel Godoy, con su ayuda y la de Antonio de Gimbernat, fundador del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, consiguió que el 13 de noviembre de 1785 se crease el Real Estudio de Medicina Práctica, del que en 1802 era ya primer catedrático. Con anterioridad, en 1794, había sido nombrado médico de la Real Cámara, y al año siguiente catedrático de Medicina Práctica. Falleció en la Villa y Corte el año 1807, antes de la invasión de las tropas francesas de Napoleón.

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de su actuación, que cuando vacó la titular médica de la localidad se la ofrecieron, aumentando en 200 ducados su salario.

En Nava de Roa permaneció dos años, hasta que se publicaron edictos para cubrir la plaza de médico de Roa, refiere en su escrito que se presentaron 46 preten- dientes, ante tal número, las autoridades municipales se mostraron confusas, y “que- riendo acertar en la elección (enviaron) una lista de todos con expresión de los méritos a los médicos de Cámara de S.M., para que eligieran tres, en uno de los que había de recaer la elección; efectivamente fui uno de ellos, y particularmente recomendado por D. José Severo López, y a su consecuencia electo médico de aquella villa”; en cuya función asistencial continuó hasta que en 1814 fue reclamado por los regidores de Aranda de Duero.

Esta versión de los acontecimientos referida por el propio Dr. Arranz contrasta con la recogida en sus Memorias por Gregorio González Arranz, pariente suyo, y Alcalde de Roa en algunos periodos, que sin duda vivió los hechos en primera persona. Refiere don Gregorio que en 1806 quedó libre la titular médica de la villa, resultando seleccionados dos entre los diversos candidatos que acudieron a la convo- catoria, uno era Manuel Arranz, el otro el Dr. Cartagena; el vecindario se dividió en dos bandos irreconciliables, fueron precisas varias votaciones, la situación se enconó por rencillas y disputas particulares; finalmente “venció en la lucha el médico Car- tagena, obteniendo la disputada plaza; pero desde las trifulcas a que dio lugar su adjudicación, los vecinos de Roa quedaron tan maliciados que después, siempre que se presentaba algún asunto y era objeto de elección o discusión, al punto resucitaban, enfrentándose, los dos bandos”34.

La completa ausencia de documentación parroquial, municipal y notarial anterior a 1840, a causa del voraz incendió que provocó el general carlista Juan Manuel de Balmaseda, nos impide contrastar ambas versiones; es posible que la verdad no radique por completo en ninguna de ellas; sino que cada una recoja los aspectos que más inte- resó exponer a sus respectivos autores.

Lo que es cierto, y no dice el Dr. Arranz, es que durante algún tiempo encontró acomodo profesional en el pueblo vallisoletano deCastronuño, en el que nació su hijo Valeriano, pues a si consta al ser confirmado, el 10 de diciembre de 1818, en la parroquia de San Juan de Aranda de Duero, por el obispo de Osma, don Juan de Cabia35; y que,deseoso, sin duda, de acercarse a su origen familiar, el 1 de marzo de 1810 firmó escritura de obligación como médico titular de los pueblos de Fuente-

34 Lazo 1935, 76-77.

35 ADBu, Libro 7º de Bautizados de la parroquia de San Juan de Aranda de Duero (1807-1851), fol. 60v-61r.

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cén, Hoyales y Fuentelisendo, a escasos km. de su Roa natal36; en los que permane- ció hasta principios de 181337.

Pudo entonces regresar durante cierto tiempo a Roa, donde mantenía familia y propiedades, hasta ser reclamado por las autoridades de Aranda de Duero, tal y como refiere en su instancia:

“(…) en el año de 1814 esta villa de Aranda viéndose con solo un facultativo médico, debiendo de tener dos, me llamó dándome la interi- nidad y esperanza de la propiedad, como efectivamente se cumplió en competencia de bastantes pretendientes, y de mérito conocido (…)”38.

En efecto en Aranda de Duero, le encontramos ya documentado ese año de 1814, al ser bautizado su hijo Gregorio, en la parroquia de San Juan, el 9 de sep- tiembre39. No se ha hallado, es posible que no existiese, su contrato inicial, pero sí el firmado con la Justicia y Regimiento de Aranda el 27 de julio de 181640,una vez que su pretensión a la plaza de médico titular de la ciudad de Santander había sido desestimada, en un probable intento de las autoridades locales de evitar nuevos posibilidades de traslado, de un médico al que consideraban de suma competencia;

pues en enero de ese mismo año 1816, el Ayuntamiento de Pedraza de la Sierra había diputado a uno de sus capitulares para que se dirigiese a Aranda de Duero y ofreciese al Dr. Arranz cien ducados más de salario, sobre los 8.000 reales anuales que ya disfrutaba, si accedía a marcharse.

La contestación a la carta que el comisionado para la elección de médico de la ciudad de Santander remitió al concejo arandino para informarse de los méritos del Dr. Arranz, indica por una parte que la pretensión de éste no fue desestimada desde el principio por los regidores cántabros, y por otra el gran aprecio profesional y per- sonal de que gozaba en la villa ribereña. Fechada el 3 de mayo de 1816, fue firmada por José María Bonifaz y Bustamante, regidor por el estado noble, y redactada en términos absolutamente laudatorios:

“Don Manuel Arranz es el facultativo único y de más crédito que

36 AHPBu, PN 2163/3, fol. 49r-50v.

37 ADBu, Libro 4º de Bautizados de la parroquia de San Mamés de Fuentecén, fol. 256r. El 17 de marzo de 1813, don Francisco Amatriayn, “médico de la villa”, actuó de padrino de una niña.

38 AMSa, Leg. 62, nº 91.

39 ADBu, Libro 7º de Bautizados de la parroquia de San Juan de Aranda de Duero (1807-1851), fol. 29r

40 AHPBu, PN 4911/2, fol. 237-238r.

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se conoce en el país; que por su concepto lo buscan todos los días para apelaciones, en todos los pueblos a distancia de siete y ocho leguas, que continuamente se le están proporcionando partidos, que hace dos meses le ofrecieron el de la villa de Pedraza, que vale nueve mil rs., llevándole de cuenta del pueblo la familia y los ajuares, motivo por el que para que no nos dejara le aumentamos hasta los nueve mil rs., que antes solo tenía ocho. Que su conducta es irreprensible y ejemplar, que es sumamente estudioso y caritativo, unido a una asistencia sin igual, y a un carácter tan desprendido y sumamente amable, que si llega el caso que U. lo ex- perimente, estoy seguro de que el pueblo quedará satisfecho de la elección, y U. agradecido de mi imparcialidad”41.

Es muy probable que ya por entonces se hubiese despertado en él el interés por los beneficios curativos de las aguas minero-medicinales, por lo que vio una adecua- da salida a su situación profesional en las primeras oposiciones convocadas en 1816 al recién creado cuerpo de Médicos-Directores de baños; para ello redactó un trabajo que tituló Disertación compuesta por Don Manuel Arranz médico de la villa de Aranda de Duero con motivo de hacer oposición a las plazas médico-políticas de aguas minerales de Castilla la Vieja42, fechado el 18 de marzo de 1817, día en que Martínez Reguera nos dice que realizó su ejercicio de oposición; fue aprobado y obtuvo por R.O. de 29 de abril de 1817 la dirección de los baños de Quinto43, acerca de cuya temporada balnearia de 1818 redactó una memoria44.

No puede sorprendernos que estando el manantial de Linares tan solo a 22 km al sur de Aranda de Duero, despertase el interés de una persona como el Dr. Arranz versada en aguas minero-medicinales, y que aprovechase la cercanía de su destino profesional para conocerlo y estudiarlo con detalle,llegando incluso el Gobierno, según nos dice el Dr. Palomino en su Memoria, a nombrarle formalmente médico director de ellas en 1820, siendo cesado en 1823 al finalizar la etapa constitucional, con la que simpatizaba:

“(…) desde que el Sr. de la Monja llamó la atención del público sobre estas aguas, fue extendiéndose su nombradía más y más, en términos que el Gobierno no pudo menos de tomarla en cuenta, y nombrar un médico

41 AMSa, Leg. 62, nº 91.

42 BFMC, sig. 2861 G.

43 Martínez Reguera 1897, 463-469 y 473-474.

44 BFMC, sig. 2861 E.

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Director de las mismas hacia el año 1820. Este fue el Doctor D. Ma- nuel Arranz, médico Director que era en aquel tiempo de las de Quinto, provincia de Zaragoza. La circunstancia de haberse variado en el año 1823 la forma de Gobierno que rigiera desde el 20, y la de haberse pro- nunciado por ella el Sr. Arranz, fue bastante a que se le quitara de esa Dirección, privando a la humanidad doliente de los buenos servicios que prestara, y del buen resultado que hubiera dado el estudio de las mismas, a que sabemos se había dedicado, estimulado por sus buenos efectos, la concurrencia que advertía (…). Una hoja suelta corre sobre la composi- ción de estas aguas y modo de usarlas, atribuida al mismo (…)”45.

Cuesta un poco comprender como el Dr. Arranz pudo compaginar sus obliga- ciones como director de los baños de Quinto, con su presencia en el manantial de Linares, y además con su cargo de médico titular de Aranda de Duero, por lo que es explicable que renunciara a éste en torno a 1818. Su plaza fue ocupada por Cándido Díaz de Valdivielso, que en los inicios de su carrera profesional había desempeñado la titular de los pueblos de Zazuar y Quemada, muy próximos a Aranda, por lo que conocía bien la comarca, marchando más tarde a Villadiego, exiliándose en Cas- tro-Urdiales durante la invasión francesa, pasando después a Nava del Rey, desde donde llegó a Aranda46.

El que renunciase a la titular arandina no supuso que dejase de residir en la villa, donde le encontramos documentado al menos hasta mediados de 182447; atendería a enfermos particulares, muy numerosos, a juzgar por los testimonios que han llegado hasta nosotros, y tendría más tiempo y tranquilidad para sus estudios e investiga- ciones en general, y sobre las aguas de Linares en particular; sin que por ello sus ingresos económicos sufrieran detrimento alguno.

A pesar de sus esfuerzos, según nos refiere el Dr. Palomino, Manuel Arranz no era apreciado por los vecinos de Linares, que no entendían los beneficios que podría reportarles, ya que el manantial era de propiedad municipal, la mayor concurrencia de enfermos, y creían que la declaración de utilidad pública del mismo, solo supon-

45 BFMC, sig. Ca 2800 (10), s.f.

46 ADBu, Libro 7º de Bautizados de la parroquia de San Juan de Aranda de Duero (1807-1851), fol. 70v (El 26 de diciembre de 1819 bue bautizada una niña, a la que pusieron Estefanía, hija de don Cándido Díaz de Valdivileso y de su esposa Ricarda Medel de Prada).

47 ADBu, Libro 7º de Difuntos de la parroquia de San Juan de Aranda de Duero (1809-1851), fol. 35v (El 16 de abril de 1824 nacieron dos gemelos, niño y niña, hijos de don Manuel Arranz y de su esposa María de la Fuente, fueron bautizados con agua de socorro, y fallecieron y fueron enterrados el mismo día).

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dría para ellos un aumento de impuestos y de dificultades, por lo que soterradamente procuraron alejarlede la dirección, tratando por ende de disminuir el uso y frecuen- tación de sus aguas:

“El Sr. Arranz, hombre instruido y apreciable, como médico no logró atraer los ánimos y voluntad de los pocos vecinos de Linares, inte- rín se halló al frente de sus aguas. Le creían una carga pesada, porque les privaba de alguna habitación, y no les cuadraba por sus principios rígidos y liberales. No fue el más a propósito para hacerles entender los beneficios que reportaría (a) un pueblo naciente de verse convertido en un centro de reunión, en donde los concurrentes, al mismo tiempo de beneficiar su salud, habrían por precisión de dejar parte de su bolsillo.

Esto no lo conocían, creían otra cosa, y la creen todavía. Cundía entre ellos la idea de que una vez declaradas incontestables y de uso pú- blico las virtudes de su fuente, el Gobierno les cargaría una contribución exorbitante, o cuando menos supuestas más utilidades, era indispensable el pago de una cuota mayor. Con este motivo se propusieron (porque se les figuró más ventajoso) utilizarse a la sordina de la nombradía de la fuente; persiguieron por lo tanto al Sr. Arranz, y lograron su separa- ción. Esta circunstancia, los disturbios y persecución de aquella época, la falta de seguridad durante la guerra de siete años fueron causas podero- sas para que disminuyera la concurrencia. Un lugar aislado y favorable topográficamente a las correrías facciosas, no era el más a propósito para ser frecuentado. Pasados estos tiempos aciagos, cuando el hombre al salir de su casa vio garantías de paz y de orden, se pensó de nuevo en estas aguas. Así se ha visto en los últimos años publicarse más y más sus virtudes, concurriendo los enfermos a pesar de hallar abandonado este manantial precioso”48.

No es de extrañar que disgustado por el trato recibido y fatigado por los impe- dimentos encontrados decidiese dar un giro a su actividad profesional, firmando el 2 de diciembre de 1825 escritura de obligación como médico titular de Alcazarén49, próspera localidad de la provincia de Valladolid, en el partido judicial de Olmedo, de unos 800 habitantes; que le permitió ausentarse de ella durante la temporada de baños. Por R.O de 29 de junio de 1828 quedó suprimida la dirección de Quinto,

48 BFMC, sig. Ca 2800 (10), s.f.

49 AHPVa, PN 10235/1, fol. 102r-103v.

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pasando el Dr. Arranz a la del balneario de Segura de Aragón50; por poco tiempo, pues falleció en Alcazarén el 16 de mayo de 182951.

Como acabamos de ver, a juicio del Dr. Palomino, la marcha de don Manuel Arranz, y la inseguridad ocasionada por la primera guerra carlista produjo una dis- minución de la afluencia de enfermos; pero su prestigio y nombradía nunca decayó, acudiendo pacientes todos los años, “no solo en la temporada favorable a su uso, sino que también en otros meses, sin distinción de estaciones”.

4. El Dr. Sandalio Palomino Esteban y su Memoria sobre las aguas mine- ro-medicinales de Linares (1805-1872)

El tercer estudioso de las aguas de Linares fue Sandalio Palomino Esteban, au- tor junto con el cuarto,Saturio Moreno Asenjo, de las dos Memoriasesenciales para su conocimiento, a las que hemos hecho referencia al principio.

En una familia de agricultores acomodados de San Martín de Rubiales, locali- dad del partido de Roa, en la Ribera burgalesa del Duero, nació Sandalio Palomino el 3 de septiembre de 180552. Su padre debió ser de tendencia liberal, ya que en 1823 fue encarcelado por pertenecer a la“confederación de Comuneros de la octava torre de la Merindad de Valladolid”53. La buena posición económica de la familia y el ser el único hijo varón permitieron que fuera a estudiar medicina a Valladolid, donde obtuvo el grado de Bachiller el 11 de junio de 182754.

Hacia 1830 inició su labor asistencial en Nava de Roa, población distante tan solo 5 km de la que le vio nacer, tarea que se vio interrumpida por su participa- ción como médico militar en la primera guerra carlista en el bando isabelino, a su fin regresó a Nava; pero al ser destruida ésta por completo en un incendio el 2 de junio 184055, consiguió trasladarse como médico titular a su pueblo de origen, en el que desarrolló la mayor parte de su vida profesional; supo compatibilizar su actividad clínica con la agraria, rentabilizando las no escasas propiedades, tanto suyas, como de su esposa, obteniendo sustanciosos beneficios que reinvirtió en comprar nuevas tierras y viñas,alcanzando un considerable patrimonio al final de su vida.

50 Martínez Reguera 1897, 473-474.

51 ADVa, Libro de Difuntos de la parroquia de San Pedro de Alcazarén (17 de mayo de 1829).

52 ADBu, Libro 8º de Bautizados de la parroquia de San Martín de San Martín de Rubiales (1782- 1822), fol. 201r.

53 AHPBu, PN 2401/4, fol. 32r-33v.

54 Prieto 1974, 145 (nº 1646).

55 Lazo 1935, 272 y 294.

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Compaginó su labor asistencial con la redacción de algunos trabajos, una Me- moria sobre los tumores blancos de las articulaciones, que le llevó en 1846 a ser nombrado correspondiente de la Real Academia de Medicina de Barcelona56; y un Proyecto de Reglamento para el ejercicio de la Medicina bajo la dependencia de las autoridades municipales, redactado en 184957. Veinte años más tarde, en 1869, se retiró como titular de San Martín de Rubiales, trasladándose a la cercana villa de Peñafiel, donde murió el 16 de septiembre de 187258, recién cumplidos los 67 años.

En el marco de esta inquietud científica y profesional hay que situar su Memoria acerca de las aguas minero-medicinales de Linares, provincia de Segovia, redac- tada en 1851, en la que aparece como “Doctor en Medicina y Cirugía, condecorado con la Cruz de epidemias, Socio de las Academias de Medicina y Cirugía de Va- lladolid y Barcelona, médico electo de las villas de Nava de Roa, Fuentes de Nava y almacén; médico cirujano propietario de San Martín de Rubiales”.

Su capítulo 4º está dedicado al análisis de sus propiedades físico-químicas. Nos dice que las aguas de Linares no tienen olor, ni color, son claras, trasparentes y cris- talinas, su sabor es agradable, en su marcha por el cauce del molino desprenden gran cantidad de pequeñas burbujas, en su punto de salida parecen tibias en cualquier tiempo del año, el termómetro marca 15,5 grados Reamur, y su densidad es algo menor a la del agua destilada:

“Su sabor no es desagradable, y los enfermos se habitúan a beberlas con gusto, sin embargo cuando se las prueba por primera vez causan una impresión ligeramente nauseabunda. No apagan la sed de una manera manifiesta, y parecen suaves así al beberlas como al manosearlas. Después de hervidas adquieren un gusto desagradable, como el de la lejía.

Presentan una cualidad herbosa en los puntos donde nacen, y en su marcha por el cauce del molino desprenden gran cantidad de burbujas que miradas en ciertas direcciones figuran un pequeño chisporroteo.

Recogida en un vaso de agua y vista al través presentan una multitud de pequeñísimos glóbulos que se ven agitarse formando corrientes excén- tricas, que o se adhieren a las paredes o desaparecen en la superficie. A su salida, y en cualquier tiempo del año parecen tibias al que las bebe o sumerge la mano en ellas”59.

56 Corbella 1993, 10, nº 19.

57 IbId., 12, nº 31.

58 ADVa, Libro de Difuntos de la parroquia de San Miguel de Reoyo de Peñafiel, nº 4324, fol.

229v.

59 BFMC, sig. Ca 2800 (10), s.f.

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Desde el punto de vista químico las sometió a la acción de diversos reactivos:

tinturas azules y de agallas, agua de cal y de jabón, protosulfato de hierro, nitrato de plata, ácido sulfúrico, plata y mercurio, hidrocloruro de barita y carbonata de pota- sa; a continuación las desecó por la acción del calor, y volvió a aplicar las sustancias antedichas; para finalmente evaporarlas hasta alcanzar a un residuo sólido.

De todas estas pruebas dedujo que las aguas de Linares estaban compuestas de los gases oxígeno y ácido carbónico, y de las sales: carbonato de sosa, cálcico y mag- nésico, sulfato sódico, y clorhidrato sódico fundamentalmente, por lo que las sitúa en el grupo de “aguas salinas, frías, alcalino-gaseosas”.

A continuación afirma que a su juicio “de tres modos se pueden deducir las virtudes medicinales de unas aguas, ya sea por el resultado o curaciones ob- tenidas, ya por el número de enfermos que concurren a ellas, ya también por los principios que las mineralizan”. El Dr. Palomino no disponía de estadísticas precisas acerca de la frecuentación exacta de las aguas de Linares, a pesar de ello expone algunas reflexiones al respecto:

“No es la concurrencia a un manantial mineral la mayor prueba de la excelencia de sus virtudes. Sin desestimar nosotros esta circunstancia notaremos desde luego que ella depende en ocasiones de circunstancias tan independientes como favorables. Por una parte la proximidad a él, o la grande distancia a otros de igual clase, la bondad de los caminos, la comodidad del hospedaje, el surtido de víveres y utensilios, todo esto y algo más influye sobre manera para acreditarle.

Pues bien si tenemos en cuenta que el manantial de Linares está aban- donado por parte del Gobierno y del pueblo, que hay fundamento para pen- sar que se ha tratado de desacreditarlo con solo hacer extensivo el análisis que hemos rebatido en el capítulo precedente, que los enfermos no hallan aún toda la comodidad y desahogo que era de desear, porque hasta ahora no ha habido quien se dedique a proporcionarlo, aparte de las casas de los vecinos; que la dirección en el uso de las aguas está confiada a los mismos enfermos, quienes en caso de duda no encuentran un médico, ni siquiera un cirujano a quien consultar; si tenemos en cuenta, repetimos, todas estas circunstancias desfa- vorables, no podemos menos de admirarnos, y en efecto nos hemos admirado de encontrar una concurrencia como la que se presenta hace unos años.

No se sabe a punto fijo a cuánto asciende ésta, para nosotros era im- pertinente y nos robaba mucho tiempo precioso el entretenerse en averi- guarlo tomando razón en los pueblos inmediatos, donde hospedándose los enfermos van y vienen diariamente a la fuente, usan del medicamento

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llevándole en botijas, se vuelven a su morada, para tomarle en el interín llega otro día. A nuestro propósito era bastante estar al corriente de este particular y haberle visto, como también el saber que los hospedados en el pueblo la última temporada han pasado de 200. Así mismo sabemos que en la 1º época de dicha temporada, o sea en primeros de Julio, se encon- traban a la vez 80 enfermos esperando la salud del uso de estas aguas.

No se crea que es solo el verano cuando se encuentran allí aguachines, sabemos, pues, que en el último Noviembre los ha habido también; tal es la confianza que se tiene en sus virtudes. Ni se crea tampoco que son solo personas del país, allí se ven enfermos de Burgos y su sierra, de Palencia, tierra de Campos, de Valladolid y sus alrededores; allí concurre el propie- tario, el menestral, el abogado, el médico, el Diputado, el empleado etc.” En lo que respecta a sus efectos terapéuticos don Sandalio nos dice que:

“(…) tanto por lo que dejamos referido, cuanto por los informes que nos hemos procurado de muchas personas concienzudas, que han estado en Linares algunas temporadas hace muchos años, y principalmente por lo que hemos observado allí mismo, y el cuidado que hemos tenido de estar al corriente del resultado de esta medicación en varios enfermos que hemos tenido a la vista, y otros con los que hemos conservado correspon- dencia al efecto, podemos asegurar que las aguas minerales de Linares son un manantial de salud y de vida, y que sus virtudes medicinales son incuestionables y están fuera de toda duda.

Número considerable es el de los enfermos que desahuciados por los médicos, y después de observar la ineficacia de cuantos medios se habían procurado para alivio de sus dolencias, han recobrado la salud y la vida en esta fuente medicinal. Sólo con su auxilio se ha podido nivelar el ejer- cicio de las funciones orgánicas en muchos padecimientos que sin llegar a caracterizar una enfermedad manifiesta, constituían a los enfermos en un estado el más deplorable.

Los efectos inmediatos no tardan en hacerse sentir, apenas se ha be- bido el agua el apetito se apaga y a veces se excitan nauseas, muy rara vez el vómito, una o dos horas después aparece que el vientre está lleno de aire, y se siente movimiento en él, sin sensación desagradable. Este estado pasa ligeramente a beneficio de algunos eructos, y enseguida se orina con abundancia y se suda, muy pocas veces se hacen deposiciones ventrales, todo con la mayor facilidad y sin acritud (…)

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Por todo lo cual las indica en cuantos padezcan desarreglos del estómago e intestinos, ya sean subagudos o crónicos, en los hipocondriacos y melancólicos, en las enfermedades de las vías urinarias que cursen con retención de orina; en las in- flamaciones de la piel y manchas erisipelosas, en algunas hidropesías, en los dolores reumáticos, y los procesos catarrales.

De todo lo expuesto hasta ahora se desprende que las aguas de Linares se to- maban esencialmente en bebida, aunque el Dr. Palomino no desaconseja, ni mucho menos, su utilización en forma de baños, sobre todo en patologías dermatológicas y nerviosas. Recomienda beber un vaso de seis onzas el primer día por la mañana y otro por la tarde, e ir aumentando el número de vasos de día en día “hasta que se sature el cuerpo, lo que se conocerá en que el estómago (…) la repugna”.

Considera variable el tiempo en que deben usarse, dependiendo del arraigo y gravedad de la patología que se intente corregir, e insiste en que después de quince días del primer ciclo se repita otro más para afianzar la curación. El tiempo más a propósito para aplicarlas con beneficio es a su entender de mediados de junio a mediados de septiembre, los enfermos deben acompañar la toma de las aguas con comidas sencillas y paseos regulares, evitando el frío; es conveniente beberlas al pie del manantial, pues su trasporte disminuye la eficacia de sus principios activos, y hacerlo siempre con el estómago vacío:

“De cualquier modo que sea los enfermos no deben aventurar las consecuencias del uso de estas aguas, sin haber consultado sobre su con- veniencia a un profesor ilustrado, caso que le haya encargado de su dirección, y así a uno como a otro deberá hacer una relación circuns- tanciada de sus padecimientos, para proceder con método y esperanza.

Además de beber el agua con las precauciones que el profesor prescri- ba se ha de cuidar de obrar con la circunspección y prudencia que deben tener todos los concurrentes al manantial. Una comida sencilla, arre- glada, y en proporción a las fuerzas y delicadeza del estómago, paseos regulares sin producir cansancio, no salir de casa o hacerlo muy poco a los días fríos o lluviosos, usar vestidos de abrigo especialmente los que adolezcan del pecho, son cosas que no deben descuidarse.

No se debe almorzar, comer, ni cenar hasta que el estómago haya hecho la digestión de las aguas, en lo que tarda generalmente dos horas;

por la misma razón no se deben beber sino cuando está hecha la digestión de las comidas. Las mejores horas, como ya queda insinuado, son por las mañanas en ayunas y por la tarde a la hora del refresco, y las de bañarse al salir y ponerse el sol. Deben beberse siempre en el manantial y

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hacer un ejercicio moderado en seguida a pie o a caballo. No se entienda que todo lo que ha de beberse debe hacerse de una vez, entre vaso y vaso conviene algún intermedio de entretenimiento o movimiento.

Si algún enfermo por su gravedad, imposibilidad o por el mal as- pecto del día no conviene que salga de casa, puede tomar el agua en ella, cuidando en traerla en botella bien tapada con corcho y envuelta entre ropa, a fin de que conserve lo posible su temperatura y no pierda los gases. De este modo debe conducirse para tomarla durante las comidas, pues debe tener presente que desde el tercer día de su uso se ha de beber a pasto, sin dejarse llevar por la idea de que cuanto más se beba tanto mejor. Ese es un extremo que conviene evitar.

Por último no deben desanimarse los enfermos porque no tengan resultados favorables tan pronto como habían imaginado. En tales casos la prudencia está en la constancia, sin alterar el método propuesto, y sin mezclar con el agua purgas más o menos suaves al 4º día ni 5º, porque no hayan movido el vientre como ellos se prometían o esperaban (…)”

Las contraindica formalmente en las hidropesías avanzadas, en las caquexias, en los cánceres y en la tisis:

“Cuando las enfermedades han hecho ya la mayor parte de su carrera y se han empleado muchos medicamentos para combatirlas, el que se usa de nuevo mejora algún tanto el estado del enfermo; mas el nuevo recurso terapéutico viene a ser a su vez tan ineficaz como los demás. Es como la luz del relámpago que en noche lóbrega y tempestuosa alumbra escasamente al viajero, solo para hacerle más sensible la oscuridad en que queda.

Tales enfermos no deben exponerse al cansancio y fatigas del camino.

El agua de Linares está contraindica en todas las enfermedades en don- de el organismo se halla con debilidad positiva y los tejidos han perdido la facultad de rehacerse. Por esa razón daña en las hidropesías pasivas anti- guas, y no podemos dejar de apuntar esta contraindicación en primer lugar, porque como prueba de ella recordamos la muerte acaecida de una enferma de Nava de Roa, casi al pie del manantial, en la temporada del año 49.

Por la misma razón daña en la leucorrea por debilidad de los órganos genitales, como también en las caquexias mercuriales60. Los que padezcan

60 Debilitamientos severos secundarios a la toma de derivados del mercurio, con los que se trataba la sífilis y algunas enfermedades venéreas.

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estas dolencias deben trasladarse a beber el agua de la fuente Cenizosa”61. Insiste el Dr. Palomino en la importancia de beber o aplicar las aguas en el pro- pio manantial, siempre que sea posible:

“Está reconocido y confesado que no puede esperarse el mismo re- sultado del uso de las aguas minerales cuando el enfermo las toma ha- ciéndoselas llevar a su casa, aun cuando esto se haga con el esmero y cuidado que tenemos indicado; pero en los casos de absoluta imposibili- dad no se puede menos que hacer este trasporte, y para él indicaremos algunas prevenciones. Las botellas de vidrio color pardo oscuro son las vasijas más a propósito, toda vez que estén perfectamente limpias y se las tape herméticamente, o con tapones de corcho nuevo y embetunado.

Se tendrá cuidado de llenarlas bien y conducirlas cubiertas boca abajo o puestas horizontalmente, y del mismo modo se han de tener en las casas, procurando sea en sitio fresco y oscuro.

Las vasijas de barro bien cocido y sin vidriar siguen a las botellas, pero dejan escapar mucha porción de ácido carbónico; así es que se merman al instante por bien que se las llene y tape. Por inmediato que sea el punto don- de se las conduzca, no se puede lograr que lleguen llenas; antes de un cuarto de hora se oye el batuqueo o batiente del agua; por eso no pueden conducirse de este modo más que las que se quieran aprovechar en baños.

De cualquier modo que sea hay que asegurarse antes de taponar unas y otras que no ha caído cuerpo extraño dentro de ellas, pues de suceder así podría muy bien verificarse la descomposición del agua. Por último, como ésta se enfría tanto luego que se aparta del manantial, será conve- niente levantar su temperatura metiendo la botella en un caldero de agua puesto sobre lumbre”62.

Para facilitar la mejor aplicación y aprovechamiento de las aguas de Linares el Dr. Palomino insiste en la conveniencia de cubrir la balsa que recoge el agua del manantial, para que así se puedan bañar los enfermos con comodidad y decencia, evitando que se pierdan sus principios activos; ve también muy favorable la cons- trucción de un edificio de baños anejo, con habitaciones para el descanso de los enfermos; y el encañamiento del agua con un grifo que permitiese recogerla con más facilidad; junto con el establecimiento de una buena casa de huéspedes donde

61 Radicaba también en el término municipal de Linares del Arroyo, y sus aguas eran ricas en hierro.

62 BFMC, sig. Ca 2800 (10).

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pudieran alojarse con desahogo los que así lo quisieran; en definitiva la trasformación del manantial en un verdadero balneario.

Pero se muestra escéptico porque el Ayuntamiento de Linares, propietario como hemos dicho de los terrenos en donde surgían las aguas, que desde 1847 cobraba un real a cada uno de los usuarios que allí acudían, no dedicaba estos ingresos a mejorar su utilización:

“El pueblo sin embargo, en medio de haberse convencido de la uti- lidad económica que esto le reporta; porque sus vecinos han advertido que se hallan más desahogados para atender a sus gastos diarios, cuanto mayor es el número de enfermos, nada pone de su parte para favore- cer la concurrencia. Sea por apatía o por indolencia, o como ya hemos insinuado, por aprovecharse de estos beneficios a la sordina, es lo cierto que los diferentes ayuntamientos nada han proyectado, ni pedido a las autoridades para dar impulso a este asunto. Únicamente han pensado en utilizarse de aquella manera, y distraer e invertir los productos en otras atenciones más o menos laudables. Para prueba de ello bastará decir que desde el año 1847 cobran un real por razón de consumos a cada uno de los que llegan a tomar las aguas, y el producto de esta contribución lejos de invertirse en mejoras de la fuente, sirve para otras cosas; con él se ha construido recientemente una fragua para trabajar hierro.

No es negocio de dificultades y grandes dispendios la primera y más urgente mejora que necesita el manantial, el cubrir la balsa es útil bajo todos los conceptos. Tiempo hace que algunos enfermos no se contentan con beber el agua, si que también se sumergen y bañan en ella. Todos los años se observa que muchos se retraen por no poder hacerlo con decencia, a la par que con sosiego y tranquilidad. La circunstancia de tocar la balsa con el camino que conduce a Maderuelo, Valdevarnés, Ayllón y Riaza, contribuye a que este sitio sea de los más públicos, y que la vista del bañista se halle sorprendida cuando menos lo piensa, por personas nuevas que pasan y vuelven. Al propio tiempo de estar cubierta se pue- den hacer separaciones a propósito para recibir el baño. Todo esto es fácil y no debiera por su coste arredrar al Ayuntamiento.

Pensando en algo más sería muy ventajoso hacer allí mismo un edificio de baños, es decir que sobre la misma cubierta de la balsa pueden hacerse habitaciones pequeñas, pero suficientes, para el descanso en cama de los que así lo quieran, o de los que así convenga.

Puede también mejorarse la salida del agua recogiendo la abertura

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de manera que parte de ella salga por un grifo, colocado a mayor altura.

Con esto se lograría evitar lo mal que se llena el vaso en días y horas que llueve y el piso está blando. Por este medio se recogería también cierta cantidad de gases que indispensablemente habrá marchado ya cuando llega el agua donde ahora se coge. Tal vez también se lograría con esta mejora beber el agua a más alta temperatura; pues es lo cierto que ella se enfría con demasiada prontitud. Muy útil sería el establecimiento de una casa de huéspedes donde el enfermo tuviera la seguridad de pedir y hallar lo que necesita. Es cierto que la mayor parte de los vecinos admiten en las suyas a los que llegan, y que lo hacen con afabilidad, confianza y aun desprendimiento, pero eso no es bastante, porque el enfermo necesita que a más que del local se le faciliten ciertos comestibles y pormenores de que no se cuidan los dueños”63.

No hay constancia de que ninguna de estas mejoras, tendentes a trasformar el manantial en un verdadero establecimiento termal, llegase a realizarse por el ayunta- miento de Linares del Arroyo, en su calidad de propietario de las aguas minero-me- dicinales.

5. El Dr. Saturio Moreno Asenjo y sus “Observaciones” (1851)

La referencia que hace Pascual Madoz en su Diccionario sobre la villa de Ria- za está datada en 1849, es decir, solo dos años antes de que el Dr. Moreno Asenjo redactase su Memoria. En esa fecha tenía 2.626 habitantes, era señorío del duque de Arcos; existía un hospital titulado de la Concepción, cuyas rentas apenas lle- gaban a los 2.000 reales anuales; abundaban las fuentes de aguas de calidad, se cultivaban cereales, patatas y hortalizas; y la principal industria de la villa seguía siendo la fabricación de paños bastos y el beneficio de lanas finas, que se consumían en parte por los propios vecinos y los de localidades cercanas, mientras que otros eran llevados por los arrieros maragatos para su venta en León y Galicia; al efecto nos cuenta Madoz que “en las inmediaciones de la villa se encontraba un gran lavadero de lanas, con una capilla dedicada a San Andrés, lonjas o almacenes, patios, viviendas, corrales, tendederos, canales cubiertos y demás necesario a un establecimiento de su clase, formando un todo variado y grande a manera de un pueblo”64.

63 Radicaba también en el término municipal de Linares del Arroyo, y sus aguas eran ricas en hierro.

64 Madoz 1849, Tomo XIII 447-450.

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Riaza en su calidad de capital comarcana y posterior cabeza de partido judicial contó al menos desde el siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, con una completa dotación sanitaria, compuesta de médico, cirujano y boticario. Los cambios en las respectivas titulares eran bastante frecuentes, por ascenso, mejora de las condiciones salariales en otra población, fallecimiento, o despido. La botica y el edificio que la albergaba eran de propiedad municipal; en ocasiones el propio duque de Arcos inter- venía directamente, o a través de sus representantes en la elección de los respectivos fa- cultativos. La situación a mediados del siglo XIX no sería muy diferente a la descrita65. La Memoria de Saturio Moreno Asenjo,“Subdelegado de Medicina y Cirugía del partido de la Villa de Riaza, Socio agregado de las Academias de Medicina y Cirugía, Individuo de la Junta de Sanidad del mismo y de la de Beneficencia de dicha Villa, de la que es su médico titular y Director de su Hospital”, mantiene una estructura paralela a la que acabamos de analizar; a la que añade al final doce casos clínicos de enfermos mejorados con el uso de las aguas de Linares, recogidos tanto por él como por Juan Francisco de la Monja y Manuel Arranz en los diferentes periodos en que estuvieron más intensamente vinculados con el manantial; es esta la aportación más original que contiene su obra. Hemos ya trascrito una de las realiza- das por Juan Francisco de la Monja;vamos ahora a reproducir, a título de ejemplo, otras dos debidas respectivamente a Manuel Arranz y al propio Dr. Moreno Asenjo:

“OBSERVACIÓN 3ª

Por D. Manuel Arranz, médico Director que fue de estas aguas

Antonia López, de edad de 23 años, soltera, temperamento linfático, a con- secuencia de un susto se le suprimió la menstruación se la disminuyó el apetito, hasta la anorexia completa, sintiendo comúnmente náuseas y vómitos, y un dolor fijo en la cabeza, principió a usar estas aguas en el mes de agosto, y a los ocho días de su uso se la presentó la menstruación que hacía cinco meses no tenía, y desaparecieron cuantos dolores e incomodidades le aquejaban”66.

OBSERVACIÓN 7ª Por el mismo [Saturio Moreno Asenjo]

D. Fausto Rodríguez Sanmartín, escribano de esta villa (Riaza), casado, de edad de 62 años, de temperamento sanguíneo, idiosincrasia biliosa, padeció a prin- cipios de Julio del pasado año (1850) un cólico nervioso de poca intensidad, que cedió a los dos días, al poco tiempo principió a sentir un malestar general, fui llamado y le

65 Cerezo 1990, 105-122.

66 BFMC, Ca 2800 (11).

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observé con los síntomas siguientes: inapetencia, sabor amargo, lengua blanquecina, tensión y sensibilidad a la presión en el epigastrio, borborigmos67, flatos, obstrucción de vientre, sensación y laxitud en los miembros, particularmente en las rodillas, y alguna que otra vez fiebre; viendo que con ningún medio se conseguía la curación, y observando se iba demacrando, no dudé aconsejarle fuese a Linares, a tomar las aguas, prometiéndole que con ellas hallaría un alivio notable, o tal vez la curación;

lo que se verificó al 8º de su uso, produciéndole evacuaciones de vientre y orina; no habiendo vuelto a tener novedad hasta el día”68.

El Dr. Pedro Mª Rubio en su conocido Tratado completo de las fuentes mine- rales de España, publicado en 185369, hace mención a las de Linares, apoyándose en las Memorias expuestas; pero al no estar reconocidas oficialmente, y no llegar a contar nunca con establecimiento balneario anejo, no aparecen reseñadas en los libros que en años sucesivos fueron editándose al respecto; aunque consta por tes- timonios orales que nunca dejaron de utilizarse por los vecinos comarcanos; hasta que junto a todo el pueblo de Linares, el manantial fue sepultado por las aguas del pantano, que para regular el curso del río Riaza, fue inaugurado en 1952.

Las respuestas generales al interrogatorio para realizar el Catastro del marqués de la Ensenada, contestadas en el lugar de Linares, jurisdicción de Maderuelo, el 11 de septiembre de 1752, no hacen mención, en ningún punto, a la existencia de un manantial de aguas minero-medicinales70. Sin embargo, el abate Miñano en su Diccionario, redactado en el primer tercio del siglo XIX, cuando ya Juan Francisco de la Monja y Manuel Arranz habían dado a conocer la fuente, analizado las aguas, y descrito sus utilidades terapéuticas, si que las menciona; al hablar de Linares refiere que tiene “abundantes canteras de buen yeso, y tiene excelentes aguas medicina- les”71.

De igual manera Madoz, dos décadas más tarde, se hace eco de la existencia del manantial: “(…) se surten de aguas potables de varias fuentes que hay esparcidas por el término, encontrándose inmediata a la población una de agua abundante y mineral”72. Esto parece confirmar que sus informantes ya concedían a las aguas minero-medicinales de Linares una significación propia y relevante.

67 Ruidos intestinales.

68 BFMC, Ca 2800 (11), s.f.

69 Rubio 1853.

70 AGS, CE, RG, Libro 554, fol. 280r-299r.

71 Miñano y Bedoya 1826-1829, Tomo V, 225.

72 Madoz 1848, Tomo X 289.

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