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XIX Domingo del Tiempo Ordinario
11 de agosto de 2013
Monición
Recibid nuestra más cordial bienvenida a nuestra Eucaristía. Somos una asamblea de hermanos que se aman tal como nos pidió Jesús de Nazaret. Pero hemos de reconocer que no todo el mundo ama, ni busca la paz. Los tiempos no son buenos. La violencia no desaparece, ni tampoco los ejemplos de opresión o corrupción, o de falsa libertad. La crisis económica está cambiando mucho nuestras vidas. Ante ello, Jesús nos pide hoy que estemos vigilantes, muy atentos, porque no sabemos exactamente cuando nuestros hermanos nos pedirán ayuda. Todos los problemas, por muy complicados que parezcan, pueden resolverse con nuestro esfuerzo y la Palabra de Jesús.
Primera Lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (18, 6-9)
La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables.
Pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y de común acuerdo se imponían esta ley sagrada, que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.
Palabra de Dios.
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Salmo responsorial (Salmo 32.)
R/. “Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad”
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos;
dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.-
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.-
Nosotros aguardamos al Señor:
Él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti. R.-
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Segunda Lectura
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos. (11,1-2.8-19)
Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber a dónde iba. Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas --y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-- mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque se fió de la promesa. Y así de una persona, y ésa estéril, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida; pero viéndola y saludándola de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan, están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: "Isaac continuará tu descendencia". Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Y así recobró a Isaac como figura del futuro.
Palabra de Dios.
Aleluya
“Estad en vela y estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre”
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Evangelio:
+Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (12, 32-48)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entre la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre. Pedro le preguntó: Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos? El Señor respondió: ¿Quién es el administrador fiel y solicito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dicho el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: 'Mi amo tarda en llegar', y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándole a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá: al que mucho se le confió, más se le exigirá.
Palabra del Señor
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Reflexión
Lo necesitamos más que nunca Las primeras generaciones cristianas se vieron muy pronto obligadas a plantearse una cuestión decisiva. La venida de Cristo resucitado se retrasaba más de lo que habían pensado en un comienzo. La espera se les hacía larga.¿Cómo mantener viva la esperanza? ¿Cómo no caer en la frustración, el cansancio o el desaliento?
En los evangelios encontramos diversas exhortaciones, parábolas y llamadas que sólo tienen un objetivo: mantener viva la responsabilidad de las comunidades cristianas. Una de las llamadas más conocidas dice así: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas». ¿Qué sentido pueden tener estas palabras para nosotros, después de veinte siglos de cristianismo?
Las dos imágenes son muy expresivas. Indican la actitud que han de tener los criados que están esperando de noche a que regrese su señor, para abrirle el portón de la casa en cuanto llame. Han de estar con «la cintura ceñida», es decir, con la túnica arremangada para poder moverse y actuar con agilidad. Han de estar con «las lámparas encendidas» para tener la casa iluminada y mantenerse despiertos.
Estas palabras de Jesús son también hoy una llamada a vivir con lucidez y responsabilidad, sin caer en la pasividad o el letargo. En la historia de la Iglesia hay momentos en que se hace de noche. Sin embargo, no es la hora de apagar las luces y echarnos a dormir. Es la hora de reaccionar, despertar nuestra fe y seguir caminando hacia el futuro, incluso en una Iglesia vieja y cansada.
Uno de los obstáculos más importantes para impulsar la transformación que necesita hoy la Iglesia es la pasividad generalizada de los cristianos.
Desgraciadamente, durante muchos siglos los hemos educado, sobre todo, para la sumisión y la pasividad. Todavía hoy, a veces parece que no los necesitamos para pensar, proyectar y promover caminos nuevos de fidelidad hacia Jesucristo.
Por eso, hemos de valorar, cuidar y agradecer el despertar de una nueva conciencia en muchos laicos y laicas que viven hoy su adhesión a Cristo y su pertenencia a la Iglesia de un modo lúcido y responsable. Es, sin duda, uno de los frutos más valiosos del Vaticano II, primer concilio que se ha ocupado directa y explícitamente de ellos.
Estos creyentes pueden ser hoy el fermento de unas parroquias y comunidades renovadas en torno al seguimiento fiel a Jesús. Son el mayor potencial del cristianismo. Los necesitamos más que nunca para construir una Iglesia abierta a los problemas del mundo actual, y cercana a los hombres y mujeres de hoy.
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Oración de los fieles
A estar alerta, nos invita el Evangelio. Una tarea dura, pues siempre nos dejamos llevar por la corriente del mundo. Hoy pedimos al Padre que nos ayude a discernir su voluntad y nos de fuerza para llevarla a cabo. Repetimos: SEÑOR, DESPIÉRTANOS HACIA TI.
- Por la Iglesia, el Papa, los Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas;
para que nunca dejen de anunciar y servir a Cristo con sus palabras y sus obras.
(OREMOS)
- Por todos los pueblos del mundo para que vuelvan sus ojos hacia el Padre y abandonen las sendas que llevan a su perdición. (OREMOS)
- Por los enfermos, los pobres, los que están sin trabajo o viven lejos de su casa, para que descubran en estos acontecimientos la cercanía del Señor y Él los saque de esta difícil situación. (OREMOS)
- Por los que disfrutan de las vacaciones, para que sea este un momento de pasar más tiempo junto al Señor, en la oración y la Eucaristía, poniendo en vela su espíritu ante la llamada de Dios. (OREMOS)
- Por los jóvenes para que vivan siempre en esa tensión que necesita quien sigue a Cristo y vive el Evangelio. (OREMOS)
- Por todos los que participamos de la mesa del Señor, para que constantemente estemos en actitud de escucha a la voluntad del Padre.
(OREMOS)
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Oración
Padre, atiende con generosidad estas plegarias que tu pueblo humildemente te presenta y mantén siempre encendida la llama de nuestra Fe. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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Ofrendas
La confianza en el Señor la queremos simbolizar en esta eucaristía, con la Biblia.
Que nunca nos falte el susurro de Dios.
La solidaridad y la fraternidad la queremos representar a través de estas manos unidas. Que la unión sea nuestra fuerza y, nuestra fuerza, sea la unión con Dios.
Como siempre, el pan y el vino, son las ofrendas excelentes, las únicas ofrendas, las ofrendas que más agradan a Dios. Que sean, en este domingo, nuestro deseo de fortalecer nuestra existencia con la presencia de Jesús muerto y resucitado
Oración para después de la comunión
Gracias, Señor, por quedarte en mí y junto a cada uno de nosotros hecho alimento, para ayudarnos a recorrer el camino. Gracias por las llamadas que continuamente nos haces a seguirte, a testimoniar con nuestra vida el Evangelio, a ser cepas que den buenos y abundantes frutos. Gracias por insistir en las llamadas, pese a que nuestras respuestas casi siempre son negativas, tibias, faltas de coraje y decisión. No te canses Señor. Ayúdanos con la fuerza de esta comunión a dejarnos transformar, a dejarnos podar y entrecavar, para que seamos cepas renovadas, que cada cosecha dan mejores frutos.
Despedida
Necesitamos que el amor fraterno inunde nuestras vidas y eso lo hemos aprendido hoy aquí en la Eucaristía. Ojalá fuéramos capaces de llevar ese sentimiento al mundo que nos rodea tan falto de amor. Podéis ir en paz.
V- Demos gracias a Dios
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Oración Año de la Fe
¡Oh alto y glorioso Dios!,
ilumina las tinieblas de mi corazón,
dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento,
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.
Amén.
Oración de S. Francisco de Asís ante el Cristo de San Damián.
Fraternidad Franciscana de la Cruz
San Miguel de Serrezuela y Cabezas del Villar en Ávila Torrelodones en Madrid