14. ECOSISTEMAS ACUÁTICOS.
1. E
COSISTEMAS MARINOS:
LOS MARES Y OCÉANOS.
Los ecosistemas marinos ocupan la mayor superficie del planeta: más del 70%.
Aunque la profundidad media de los océanos es de 5000 metros, hay zonas mucho más profundas (más de 11000 metros) y otras, cerca de los continentes, con una profundidad media de 200 metros. Los factores abióticos y los recursos no son uniformes en toda la masa de agua y se establecen una serie de gradientes (salini- dad, temperatura, luz, gases disueltos, etc.), que condicionan las adaptaciones y distribución de los organismos. Así, la existencia de una zona fótica y otra afótica, como vimos en la unidad 8 determina la distribución de los organismos fotosinteti- zadores que constituyen el fitoplancton y, por añadidura, la de los que lo consu- men.
Figura 1.
Recordemos que según la zona donde habitan y su modo de vida, los organis- mos se pueden dividir en tres grupos:
• Plancton. Son los organismos que flotan libremente en el agua, su movi- miento se debe a las corrientes y olas. Son capaces de efectuar migracio- nes en sentido vertical. Dentro del plancton distinguimos el fitoplancton, (fotosintetizadores) y el zooplancton (heterótrofos). El fitoplancton está compuesto por algas, sobre todo unicelulares y bacterias; el zooplancton lo está por larvas de numerosos grupos de invertebrados (anélidos, molus- cos, cnidarios, etc.), alevines de peces, protozoos, rotíferos, moluscos, crustáceos (algunos grupos de crustáceos, como los copépodos, forman enormes masas conocidas como krill, que sirve de alimento a las balle- nas). La densidad del plancton aumenta con la latitud, es decir, cuando se pasa de aguas cálidas a aguas frías (Figura 1)
• Necton. Forman parte de él los organismos que pueden desplazarse por sí mismos, con independencia de las corrientes o de las olas. Plancton y nec- ton constituyen los llamados organismos pelágicos. Forman parte de él la mayoría de los peces, los cefalópodos, los mamíferos marinos, etc.
• Bentos. Los organismos que viven en el fondo, bien sean fijos, excavando o deslizándose por él, constituyen el bentos. Está representando por anéli-
Más del 70% de la su- perficie del planeta está ocupada por mares y océanos.
dos, peces, moluscos, crustáceos, etc.
Pero es más interesante estudiar la comunidad de los océanos y mares aten- diendo a un factor, la topografía del fondo, ya que la mayor parte de los factores abióticos mencionados varían no sólo en sentido vertical (profundidad) sino tam- bién en sentido horizontal. Así, tenemos dos zonas distintas:
• Zona nerítica. Son las aguas situadas en la plataforma continental. Son aguas generalmente agitadas (por corrientes y olas), poco transparentes por lo general, con numerosos nutrientes minerales y materia orgánica procedentes de los continentes. Es una zona de productividad alta y con amplias interacciones entre los organismos pelágicos y bentónicos. El fi- toplancton presenta una elevada densidad y sirve de alimento a un muy diverso zooplancton y a los organismos pelágicos, entre los que destacan los peces. Los organismos bentónicos son abundantes y diversos; sobre- salen los detritívoros (equinodermos, anélidos, crustáceos) que comen los detritus que proceden de zonas menos profundas. Los descompone- dores están representados por las bacterias, que son especialmente nume- rosas cerca del fondo (Figura 2), ya que allí van a parar los restos de los organismos pelágicos muertos.
• Zona oceánica. Comprende lo que se denomina mar abierto; se trata de aguas profundas, menos agitadas y más transparentes que las de la región
anterior, pobres en nutrientes y, por tanto, con una productividad baja;
las relaciones entre las comunidades pelágicas y bentónicas son conside- rablemente menores que en la zona nerítica, pues el fondo está a mucha profundidad. La zona eufótica, dada la transparencia de las aguas, puede alcanzar mayor profundidad que en las aguas próximas a la costa y es en ella donde se concentra el fitoplancton y sus consumidores; no obstante la densidad de organismos es menor que en la zona nerítica. En las aguas más profundas la comunidad es muy pobre; los organismos que viven en los fondos profundos (peces abisales, cefalópodos, crustáceos, anélidos, etc.) presentan adaptaciones para soportar las grandes presiones, muchos son ciegos y algunos presentan órganos bioluminiscentes.
Aprendo más.
En los océanos, desde la orilla hacia el interior de él podemos distinguir varias zonas:
• Plataforma continen- tal. Con una suave pendiente y una pro- fundidad media de unos 200-250 metros.
• Talud continental. La pendiente cambia brus- camente y se extiende hasta una profundidad de unos 4000-5000 metros.
• Llanura abisal. Es una zona de escasa pendiente, fundamen- talmente llana, aunque en ciertas zonas se pre- sentan diversos tipos de accidentes.
• Zona hadal. Represen- tada por las fosas abi- sales, que pueden su- perar los 11000 metros de profundidad.
Figura 2
1. 1. D
INÁMICA DE LOS OCÉANOS.
Cuando en un océano, al igual que ocurre en los lagos grandes, el sol calienta la superficie del agua, ésta adquiere una temperatura tal que, por hacerse menos densa le resulta imposible mezclarse con el agua más profunda y fría. Solamente el oleaje u otros movimientos superficiales permiten una temperatura relativamente homogénea en una delgada capa superficial. Con la profundidad la temperatura va bajando lentamente, hasta llegar a un punto donde en muy pocos metros el descen- so se produce muy rápidamente. A partir de esta zona el descenso es muy lento de tal forma que el agua más profunda de los océanos y grandes lagos permanece a una temperatura casi constante en todo el planeta, independientemente de su lati- tud, y que ronda los 2 ºC. Se forma así la termoclina, que ya vimos anteriormente, y la diferenciación de tres capas.
La termoclina impide la mezcla del agua que hay por encima de ella con la que hay por debajo. Esto tiene implicaciones muy importantes, pues como es lógico, los seres fotosintéticos se concentran en las capas superficiales, que es donde llega la luz y así consumen los nutrientes minerales que el agua tiene en disolución, con lo que, al no poder ascender el agua más profunda para renovar dichos nutrientes, se produce un empobrecimiento biológico de la zona. En las capas más profundas puede disminuir o incluso desaparecer el oxígeno, ya que lo consume la oxidación de la materia orgánica. Por esto cualquier circunstancia que haga desaparecer la termoclina será muy favorable desde el punto de vista ecológico.
La termoclina, como cabe pensar, no existe siempre, ni en todos los mares de la Tierra. Sí es permanente, a no ser que intervengan circunstancias especiales co- mo después veremos, en los mares cálidos; existe en verano pero desaparece en invierno en los mares y lagos de zonas templadas y no existe nunca en los mares y lagos de latitudes altas. Todo esto es lógico si pensamos que el agua se calienta y se enfría siempre por arriba con lo que, si el frío ambiente es suficiente, el agua superficial será fría y densa, hundiéndose y siendo reemplazada por otra menos densa y profunda, con lo que hay movimientos de mezcla y, por tanto, no existirá la termoclina.
En los océanos se producen corrientes o desplazamientos de masas de agua, di- ferenciada del resto, dentro del propio océano. Un tipo de corrientes son las super- ficiales, producidas por los vientos que soplan de manera constante sobre la super- ficie del mar. Estas corrientes reflejan, en gran medida, la dirección de los vientos dominantes: los alisios, que soplan de este a oeste y los ponientes de latitudes me- dias, que lo hacen de oeste a este. Pero el desplazamiento del agua también se ve afectado por la fuerza de Coriolis y por la presencia de las masas continentales.
En la costa occidental de los continentes el agua tiende a separarse de la costa por acción de los alisios creando así un “vacío” de agua en estos lugares. Este hue- co es rellenado por agua procedente de las profundidades, originándose así las de- nominadas zonas de afloramiento, de gran interés porque en ellas, que están si- tuadas en océanos tropicales, se rompe la termoclina, que en estos lugares tiende a ser estable. Este ascenso de agua profunda, cargada de nutrientes, hace posible una
verdadera explosión de vida que se veía limitada por la escasez de los mismos. Son zonas de afloramiento, y por tanto, ricas en pesca, las de California, Sahara, Kala- hari y, la más importante y conocida, la de Perú, donde la riqueza en peces es tal que las colonias de aves marinas que nidifican en la costa próxima han dado lugar a los conocidos yacimientos de guano (Figura 3)
Los ecosistemas marinos se caracterizan por un gradiente vertical del ciclo de biosíntesis-biodegradación (al igual que los terrestres). La biosíntesis se lleva a cabo en la zona fótica, mientras que los restos de materia orgánica (necromasa) se acumula en el fondo, donde es degradada. Pero a diferencia de los ecosistema te- rrestres, en los que el reciclado de los nutrientes desde el suelo a los fotosintetiza- dores es posible por el sistema radicular de los vegetales, en los ecosistemas mari- nos tal reciclado sólo es posible por los movimientos verticales del agua, que llevan los nutrientes desde el fondo hacia la zona de fotosíntesis.
2. E
L LITORAL.
La zona de transición entre la tierra firme y el mar u océano constituye el lito- ral. Esta zona de transición está comprendida entre el nivel de la bajamar y el de la pleamar; puesto que dichos niveles presentan oscilaciones anuales, se ha subdivido la zona litoral en tres zonas (Figura 4):
• Zona supralitoral: Entre el nivel de pleamar y el límite de las olas en tem- porales.
• Zona mesolitoral: Entre la pleamar y la bajamar.
• Zona infralitoral: Entre el nivel de la bajamar y el de acción de las olas en calma.
Al ser zonas de transición, en los ecosistemas litorales la comunidad presenta una gran diversidad. Las corrientes, las mareas, los vientos, los gradientes de tem- peratura, la salinidad, la luminosidad y la presión, crean una condiciones, que obli- gan a las especies a ser más tolerantes con las condiciones externas existentes de lo que suelen serlo en otras circunstancias y a distribuirse según determinados patro- nes que provoca la existencia de zonación (ver unidad 8) Hay una productividad muy alta, debido a la riqueza en nutrientes, buena iluminación y agitación de sus aguas.
Figura 3
El litoral representa la zona de transición entre la tierra firme y el mar u océano. Se caracterizan por una comunidad con una gran diversidad.
Los ecosistemas litorales más importantes son:
• Estuarios y deltas. La mezcla de mareas y corrientes y los aportes con- tinentales hacen que los estuarios y deltas sean ricos en nutrientes, por lo que constituyen uno de los hábitat más productivos de la Tierra. En los estuarios se juntan las aguas dulces y las saladas, por lo que coexisten biocenosis correspondientes a sistemas terrestres, de aguas continentales, y marinos. Aunque debido a las duras condiciones ambientales no hay una gran diversidad, sí hay una gran abundancia. Destacan los moluscos, cangrejos y una importante avifauna que se alimenta de ellos.
• Manglares. Son selvas tropicales que crecen en las desembocaduras de los ríos sobre un fondo de limos o arenas. El nombre de manglar viene por el mangle, una serie de plantas leñosas que pueden vivir en terrenos salinos y suelos anaerobios y que presentan unas raíces o fulcros que na- cen de las ramas aéreas y van al suelo, sirviendo de sostén en un suelo.
La fauna es muy abundante y variada, sobre todo en aves, mamíferos y reptiles.
• Las marismas, junto con las albuferas, son zonas húmedas costeras muy importantes para la vida de numerosos organismos. Las marismas tienen aguas poco profundas que, al menos al principio de su evolución, siguen un ciclo de inundación acorde con las mareas. El agua de las ma- rismas puede tener varios orígenes: exclusivamente marina, con aportes de ríos y arroyos y con aportes subterráneos. Esta mezcla de aguas mari- nas y dulces da lugar a gradientes de salinidad, que condiciona la distri-
Figura 4
Figura 5
bución de los organismos.
Normalmente las marismas se forman cuando un estuario sufre la colmatación por sedimentos (Figura 5) Las albuferas suelen tener su ori- gen en hundimientos de la costa que dieron lugar a ensenadas, que fueron colmatándose, cuando las corrientes marinas paralelas a la costa iban formando una barrera natural, que termina por separar la ensenada del mar (en muchas ocasiones se conserva una o varias comunicaciones con el mar)
En la época de sequía el agua no llega a desaparecer completamente, quedando pequeñas lagunas en las zonas más profundas; estas lagunas en Doñana se denominan “lucios”.
3. L
AS AGUAS CONTINENTALES.
Las aguas continentales, que constituyen las llamadas zonas húmedas, poseen una gran importancia tanto desde el punto de vista ecológico como cultural. En general, las aguas continentales tienen escasa profundidad (excepto algunos lagos) y pueden tener agua bien de forma temporal o permanente. Dentro de estos ecosis- temas tienen gran importancia las zonas de transición entre el agua y la tierra, que en numerosos casos están marcadas por las oscilaciones en el nivel del agua; en ellas la productividad y la diversidad son muy grandes y las relaciones ecológicas complejas. En algunas de estos ecosistemas se produce la mezcla de aguas dulces con saladas, lo que da lugar a la presencia de numerosas especies con interesantes adaptaciones. A pesar de todo ello, las zonas húmedas tradicionalmente han sido consideradas como lugares improductivos, inhabitables e insalubres, por lo que, en España, sobre todo a mediados del siglo XX se emprendió una campaña de deseca- ción para su trasformación en cultivos, que terminó con buena parte de nuestros humedales. En la actualidad, constituyen uno de los ecosistemas más amenazados porque, aparte de las desecaciones, que parecen haberse atajado, sufren la contami- nación de las aguas, al concentrarse allí los contaminantes vertidos en la cuenca.
Existe una gran variedad de zonas húmedas, que se diferencian entre sí por pa- rámetros diversos: tipo de agua, profundidad, temporalidad, tamaño, régimen de circulación del agua, comunidad, etc. Una primera clasificación es dividir las aguas continentales en aguas lénticas (quietas) y en aguas lóticas (ríos y arroyos) Las aguas lénticas son los lagos y lagunas, las charcas, las turberas y las formaciones costeras.
3. 1. E
COSISTEMAS LÉNTICOS.
Como no hay diferencias profundas entre lagos, lagunas y charcas, salvo el tamaño, nos referiremos a los primeros (los embalses, con algunas características diferenciales, se comportan como lagos) Su origen es variado: de origen tectónico, debido al impacto de meteoritos, producto de la erosión (como los lagos que ocu- pan el antiguo circo glaciar) o de la sedimentación (los lagos que se forman en la morrena terminal) Los hay que ocupan una cuenca exorreica (con salida al mar) y
Las aguas continentales se caracterizan por su gran variedad, que se diferencian por paráme- tros muy diversos: pro- fundidad, tipo de agua, comunidad, etc.
otros que son la desembocadura de una cuenca endorreica (sin salida al mar) Pue- den ser alimentados por ríos, por aguas salvajes, por el deshielo, por acuíferos sub- terráneos. En España, muchas de las lagunas y, sobre todo, las charcas, son de ca- rácter temporal, pudiendo llegar a secarse totalmente en la época de estiaje; el ca- rácter estacional confiere una interesante dinámica a estos ecosistemas y en ellos se observan interesantes adaptaciones de los organismos al ambiente fluctuante.
En los ecosistemas lénticos hay numerosos factores abióticos que varían con la profundidad y que sirven para explicar la variación en la diversidad y abundancia de los organismos en relación con ella: temperatura, luminosidad, concentración de gases, pH, cantidad de materia orgánica. Pero, además, en ellos se puede observar una zonación de la comunidad en función de la profundidad, fluctuaciones estacio- nales, tipo de sustrato, etc. (Figura 6)
Desde el punto de vista biológico la dinámica en la circulación vertical de los lagos (persistencia o desaparición de la termoclina) de acuerdo con la variación térmica anual, es muy importante; de hecho se puede establecer una clasificación de los lagos en función de la persistencia o no de la estratificación:
• Lagos fríos monomícticos. En muchos veranos la termoclina no desapa- rece y no se produce la mezcla.
• Lagos templados dimícticos. En primavera y otoño desaparece la termo- clina y se produce la mezcla.
• Lagos templados y subtropicales monomícticos. Sólo se produce la mezcla en invierno.
• Lagos tropicales u oligomícticos. Se produce una mezcla irregular y oca- sional, que raramente afecta a las aguas profundas.
• Lagos tropicales de montaña o meromícticos. La capa más profunda (monimolimnion) no se mezcla.
Una clasificación muy interesante está relacionada con la transformación que se lleva a cabo en los lagos; así tenemos:
• Lagos oligotróficos. Las orillas suelen ser pendientes, con vegetación es- casa o nula, las aguas poseen poco nutrientes y son, por tanto, muy claras. En el plancton dominan las crisofíceas y diatomeas; en el zooplancton las especies
Figura 6
son de vida larga y fundamentalmente carnívoras; hay escasez de macrofitas y de fauna de vertebrados.
• Lagos eutróficos. Las orillas son más suaves, en el fondo hay abundantes sedimentos (colmatación), las aguas se enriquecen en nutrientes y se vuelven más turbias. En el plancton dominan las clorofíceas y cianofíceas, en el zoo- plancton proliferan los rotíferos y copépodos, la cobertura de las orillas au- menta, con especies como la espadaña, los juncos, adelfas, etc.; la fauna tanto de invertebrados como de vertebrados aumenta su diversidad y abundancia.
Aunque la eutrofización es un proceso natural, en la actualidad, debido al abu- so de abonos (nitratos y fosfatos principalmente) casi todos los lagos están aumentando su nivel de eutrofia.
• Lagos distróficos. Las aguas poseen gran cantidad de materia orgánica, ácidos húmicos, escasos nutrientes, gran cantidad de sedimentos, escasa canti- dad de oxígeno; la comunidad muestra escasa diversidad.
Aunque en muchos casos estos tres tipos de lagos se han asimilado a tres fases en el proceso de sucesión, se trata en realidad de un proceso de regresión. Distintas características ecológicas así nos lo indican: en los oligotróficos el coeficiente pro- ducción/biomasa es más bajo que en los eutróficos, y su diversidad mayor, por ejemplo; éstas son características que indican mayor madurez.
El funcionamiento de los lagos, en cuanto a los procesos de biosíntesis y bio- degradación se refiere es igual que en los ecosistemas marinos.
La vegetación de los lagos y lagunas es muy variada; hay especies que tienen una gran dependencia del agua y viven exclusivamente en las orillas como los tara- jes, fresnos, alisos, sauces, que forman un cinturón perilagunar, o incluso dentro del agua como los ranúnculos, nenúfares, Naja, Chara, etc. La fauna es muy diver- sa; el zooplancton está compuesto por rotíferos, copépodos, cladoceros, protozoos, etc.; los invertebrados incluyen moluscos, insectos, crustáceos, cnidarios, etc; en cuanto a a vertebrados, la avifauna es especialmente diversa.
3. 2. E
COSISTEMAS LÓTICOS:
LOS RÍOS.
Los procesos que se llevan a cabo en la cuenca, la vegetación y el tipo de sus- trato de la misma, el régimen de caudal (Figura 7), que depende de la climatología y de los factores antes mencionados, la velocidad de la corriente, la oxigenación, composición química, determinan las características ecológicas de los ríos.
Figura 7.
0 0,5 1 1,5 2 2,5
E F M A M J J A S O N D
Coeficiente de caudal
Las precipitaciones (que aportan el agua) y las temperaturas (que determinan la que se evapora) son los principales factores que regulan la cantidad de agua que discurre por los ríos. La vegetación tiene también un papel muy importante en la regulación del caudal, ya que disminuye la cantidad de escorrentía superficial y, por tanto, previene las avenidas, que se producen cuando en la cuenca entra una cantidad de agua tal que no puede ser retenida por la misma. Los ríos de régimen mediterráneo, están sometidos a una fuerte estacionalidad, con largos períodos de sequía, en que el agua puede llegar a faltar, alternando con grandes avenidas o ria- das.
Los ríos no están aislados de su cuenca, sino que forman todo un sistema y, además, a lo largo de todo su recorrido las características de la cuenca y del propio río cambian. Esta variación de los factores bióticos condiciona la distribución de los organismos a lo largo de las cuencas fluviales (Figura 8) Los elementos nutriti- vos para el desarrollo de la vida tiene su origen en los materiales aportados desde la cuenca.; su degradación da lugar a la materia inorgánica necesaria para la fotosín- tesis.
El funcionamiento de los ríos se desarrolla según un gradiente horizontal (ver- Figura 8
tical en ecosistemas terrestres, marinos y lacustres) del flujo de energía y materia.
Los organismos bentónicos utilizan dicho flujo a su paso; los planctónicos, derivan con él y lo utilizan según la duración de su vida. Los ecosistemas lóticos están ba- sados fundamentalmente en el heterotrofismo: el funcionamiento horizontal está basado en la utilización de la materia orgánica por los detritívoros que se alimentan de ella, y por los descomponedores que la oxidan; los materiales oxidados permiti- rán la fotosíntesis por parte de algas. Las redes tróficas animales están basadas en el aprovechamiento de la necromasa; sólo cuando el agua se estanca algo aparecen redes tróficas basadas en los herbívoros.
Se ha dividido el curso de un río (y la cuenca) en tres tramos, basándose en la comunidad (sobre todo de invertebrados), morfología del cauce, características físico-químicas de las aguas. Desde el nacimiento hasta la desembocadura estos tramos se denominan: alto o crenal (a la comunidad de este tramo se le llama cre- non), medio o rithral (rithron) y bajo o potamal (potamon).
• Tramo alto o crenal. Corresponde al tramo de cabecera, con fuertes pen- dientes, valles estrechos y cauce pequeño. Sus aguas son claras, frías, ricas en oxígeno disuelto (superior a 9 mg/l). Son aguas con escasez de nutrientes (la mayor parte de la materia orgánica procede de fuera del río); la producción primaria es baja (Figura 9) La comunidad está formada por algas que tapizan las rocas y cantos (perifiton), gran cantidad de macroinvertebrados que viven en el fondo y los peces están representados por los salmónidos, en especial la trucha, y por algunas especies de barbos.
• Tramo medio o rithral. El cauce es más ancho y el valle más abierto.
Como la pendiente disminuye en este tramo, en el lecho y orillas aparecen se- dimentos. La cantidad de oxígeno disuelto suele ser superior a 7 mg/l y pueden aparecer los primeros indicios de contaminación. Las aguas llevan mayor can- tidad de nutrientes y la producción primaria ha aumentado. Es abundante el pe- rifiton, las macrofitas, los macroinvertebrados y los vertebrados omnívoros, sobre todo peces (barbos, bogas, cachos, colmillejas, etc.) Las orillas presentan
Aprendo más.
En los ríos se produce cons- tantemente un flujo de nu- trientes aguas abajo; en cada tramo se intenta aprovechar al máximo la energía que le llega de las partes más altas de tal forma que la energía y materia que salga de él hacia partes más bajas sea mínima;
la forma de conseguirlo es almacenar esa energía en forma de biomasa. Por eso, en un río, un átomo cualquie- ra no describe un ciclo cerra- do, como ya hemos visto, sino que a lo largo de su curso va pasando por tramos en que es arrastrado y por otros en que es incorporado a la comunidad, que finalmen- te lo expulsa de nuevo al agua y queda en disposición de incorporarse a otra comu- nidad de tramos inferiores.
Se efectúa un recorrido en espiral, en el que hay un transporte aguas bajo y una incorporación al ciclo bioló- gico, que se repite de forma sucesiva a lo largo de todo el río.
Figura 9
una importante vegetación de ribera con especies como los alisos, fresnos, ta- rajes, adelfas, tamujos, sauces, etc.
• Tramo bajo o potamal. La pendiente es escasa y, por tanto, la velocidad muy baja, lo que da lugar a la acumulación de importantes cantidades de sedi-
mentos. El cauce es ancho y el valle muy amplio. La temperatura del agua, al- ta, y la cantidad de oxígeno disuelto muy baja. La vegetación de ribera es muy importante y en río abunda el plancton, los filtradores y especies ictícolas que pueden vivir en aguas templadas y escaso oxígeno como la carpa, calandino, lucio, anguila, gobio, etc. (Figura 10)
Cada tramo del río funciona, además de con la energía solar, con la energía que procede de la materia orgánica que llega de otros tramos y de la que viene de la cuenca. La energía que no es aprovechada por los organismos que viven en ese tramo, es llevada aguas abajo y se pierde en forma de calor. Por otra parte, los de- tritos, cadáveres, excrementos que se producen en el tramo también salen de él aguas abajo. Por todo ello, es fácil entender que en los tamos finales la cantidad de materia orgánica sea mayor que en los iniciales y que la comunidad fluvial vaya variando a lo largo del perfil del río.
Frente a esta idea de dividir el río en tramos, supuestamente aislados, surge el concepto del continuo fluvial, en el que se considera el río y su cuenca como un ecosistema único en el que la materia orgánica, que es la principal fuente de ener- gía en él va evolucionando y variando a lo largo de su trayecto y es aprovechada por los organismos, que se van sucediendo a lo largo del río según la disposición del alimento y de las características físico-químicas de la corriente. El concepto de continuo fluvial supone que las características biológicas, físico-químicas y geoló- gicas varían de una forma predecible desde el nacimiento hasta la desembocadura.
Asociados a los cauces están los bosques galería, que en muchos ríos cubren las orillas de éstos. La vegetación de las riberas está claramente diferenciada de la
Figura 10
del resto del valle y una de sus características principales es que está constituida en general por especies que necesitan de un mayor grado de humedad que las del eco- sistema anejo; además, suelen ser de crecimiento rápido y fácil propagación. Las especies que forman los bosques galería, así como su disposición y estructura de- pende fundamentalmente con el régimen del río, del nivel freático, del suelo, etc.
Al igual que ocurre con el río, los bosques galería van variando desde el tramo de cabecera al de desembocadura, por lo que hay especies características de los tramos altos, otras de los medios y, finalmente, otras de los bajos. También se aprecia una zonación en sentido transversal al eje longitudinal del río: dentro del agua o en la misma orilla encontramos juncos, carrizos, cañas, espadañas, eneas, etc.; a conti- nuación, también en la orilla o en sus proximidades, los sauces y algo más alejados, fresnos, chopos, alisos, adelfas, tamujos, etc.
Esta vegetación de las riberas cumple un importante papel, pues disminuye la acción erosiva de las avenidas, consolida las orillas y facilita la sedimentación, proporciona materia orgánica al propio río, disminuye la radiación directa e impide la excesiva elevación de la temperatura del agua y la proliferación de algas. Tam- bién es un importante refugio y lugar de cría y alimentación de numerosas espe- cies: culebra viperina, rata de agua, nutria, martín pescador, numerosísimos paseri- formes, galápagos, etc.