JU STICIA
CON SENTIDO
COMUN
SOLUCIONES RAPIDAS
A CASOS DIFICILES
BELEM TORRES
Y SUS
ANECDOTAS
EDICION 2013
5E.LE.M TORRELS Y 5 Ü 5 ANECDOTAS
U c. Diego Valades, cuando fungía como secretario general de
Gobierno del Estado de Sinaloa, el destacado periodista
JUSTICIA CON SE.NTIDO COMÚN
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5LLE.M TORRES Y SUS ANÉCDOTAS
JUSTICIA CON 5HNTIDO COMÚN
Don Belem Torres con Julio César C háve^j amigos
.5E.LLM TORRÍ1S Y SUS ANÉCDOTAS
“Mi abuelo B«lém, hasta muerto sigue siendo humilde, pues su nombre lo lleva la colonia más pobre de Navolato"
Ing. Gustavo Alonso Ibarra Torres
“México fuera otro si hubiera muchos Belém Torres”
Lic. Francisco Rodolfo Álvarez Farber
Héctor: Sé lo que querías y admirabas a tu padre, y por eso sé lo que estas sufriendo por su muerte. Animo y pronta recuperación, amigo.
Jorge Medina León Columna de frente y de perfil, Diario de Sinaloa
14 de mayo de 1993
Sección Reflejos SOL DE SINALOA
Por Jesús Humberto Díaz Sarabia
Por el trabajo radiofónico “Navolato Belem Torres”, Radio Sinaloa recibió mención honorífica en la categoría de programa dramatizado en la V Asamblea General Ordinaria de la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México A.C., celebrada en Monterrey, Nuevo León.
Edición 2013
Primera impresión: Mayo de 1994
DERECHOS RESERVADOS: PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL
INDICE
PAG.
LAS SENTENCIAS DE DON BELEM .,... 10
PRESENTACION... . ... ... 11
LOS PUJIDOS DEL DIABLO... . ... ... 12
EL DEDO... ... ... . 14 LA DE LOS BURROS... ... - ... . 18 EL PALO... „ ... ... . 20 EL TINTERO... 22 LA HERENCIA... ... ... ... 24 EL DE LA VACA... . 26 EL MARIDO DELICADO...27
ADULTERIO SIN MALICIA----... 29
EL PRESTAMISTA...32
LA LIM OSNA-..--... ... 34
EL MALA PAGA... 36
LOS ROBA PUERCOS...-... -- - - ...37
EL MARIDO GOLPEADOR---... 39
EL SECRETO QUE ME CONFIO-... 41
LA ANECDOTA P U R A ... ... ... 44
DE 7 PULGADAS... ...45
LA DE LA PISTOLA... - ...- - - ...48
PAG.
CHICAS ALEGRES... - ... - ... 51
MUCHACHO QUE CAMBIÓ... 52
VÍRGENES CON SURTE... 53
EL “GOLLETERO”...55
DISCUSIÓN DE PAREJA... 57
NIÑO LLORÓN... 58
CON LA LENGUA GANÓ... 59
EN ESTADOS UNIDOS... 61
TERNA DE UNO...67
EL ENCUENTRO CON EL PUEBLO...70
DON BELEM TORRES CON CALLES, AVILA CAMACHO Y MIGUEL ALEMAN...73
LA JUSTICIA DE DON BELEM... 77
SUS JUICIOS SALOMONICOS... 87
DIALOGO Y CULTURA DE CANAL 3 DE TV...88
UNA LEYENDA LLAMADA BELEM TORRES... 89
LA PICARDIA NAVOLATENSE... 90
HOMENAJE DE LOS ABOGADOS... 91
MUERE BELEM TORRES...93
LUTO EN NAVOLATO... ... 98
HOMBRE LEYENDA...99
LAS SENTENCIAS DE DON BELEM
Navolato ha sido pródigo con Sinaloa y con México. Aquí nacieron, sólo por mencionar dos casos, el general Ángel Flores, tres veces Gobernador del Estado y el Ingeniero Juan de Dios Bátiz Paredes, fundador del Instituto Politécnico Nacional.
Que decir, por otra parte, de uno de los hijos más queridos de esta tierra: don Belem Torres.
Cómo no recordar sus salomónicas decisiones que apartadas de los formulismos jurídicos, siempre se basaron en la equidad, la justicia y el sentido humano, y en otro difícil de encontrar: el sentido común.
Además de todo ello, sus sentencias valían y eran cumplidas por el mero hecho de que las dictaba don Belem Torres.
PRESENTACION
Con el propósito de dejar testimonio sobre la actuación de mí señor padre en sus cargos de Síndico, Juez Menor y Oficial del Registro Civil, recopilé todo lo que se escribió de él y con entrevistas de amigos reporteros, se dio forma a este libro.
Para ello se contó con la autorización del popular personaje de Navolato, quien lamentablemente no pudo ver su Obra, al retrasarse el proyecto por muchos años.
La edición va en su recuerdo.
Esperamos cumplir con este trabajo a la sugerencia que constantemente nos hicieron grupos de amigos.
Agradecemos la participación de compañeros colegas para lograr nuestro propósito.
A todos muchas gracias.
“LOS PUJIDOS DEL DIABLO” ...
El primer libro que toca el tema de Belem Torres lo escribió Alejandro Lomelí Cota, con el título “Los pujidos del diablo”, donde el autor se refiere a otros personajes que alcanzaron fama por su manera de ser.
Al escribir sobre el Síndico de Navolato, señala que en la década de los 40’s gobernaba Navolato como autoridad responsable de la Sindicatura el ejidatario Belem Torres.
Era Belem, como todo mundo lo llamaba con afecto, mas bien alto que bajo.
La amplia y permanente sonrisa de Belem era parte congénita de su fuerte manera de ser y es que, Belem, fincaba su personalidad en sus acciones que siendo nobles y bien intencionadas beneficiaban a todos.
Era normal que, cuando de Culiacán llegaban las órdenes para detener y remitir algún ciudadano emérito de Navolato por algún delito, Belem con la más cumplida autoridad ordenaba de inmediato al policía que utilizaba como comandante: “arráncate echo la mocha y le dices al compadre Luciano que se pinte porque hay órdenes de meterlo al tambo”.
Después de una pausa que utilizaba para tomar aliento, con tono feroz le ordenaba al comandante: "Con dos chotas, a la caída de la tarde, te presentas por la puerta delantera'del tal Luciano, y lo conminas a que se entregue sin hacer resistencia del supremo Gobierno”.
Hasta en esa orden iba implícita su voluntad de servir al amigo.
Le dejaba la puerta trasera como escape emergente.En seguida, giraba el siguiente telegrama al Supremo Gobierno de Culiacán: “Hoypresentemea detener acusado (punto) según instrucciones giradas por la superioridad
JUSTICIA CON SLNTIDO COMÚN
(punto) el tal Luciano volviose ojo de hormiga (punto) por lo cual dícenme candidato penitenciaría (punto) encuéntrase fuera entidad (punto) Síndico Municipal, Belem Torres, rúbrica.
El telegrama al instante era llevado al Gobernador quien sin hacer comentario alguno, guardaba el amarillo documento al tiempo que pensaba para sí: "campesino, el muy bribón. Apuesto que lo tiene escondido en su casa”...
Por lo demás no era extraño que a la mañana siguiente, el prófugo, el tal Luciano y la máxima autoridad, coincidieran en la orilla del río.
Entonces Belem Torres exclamaba con cierto dejo de fingida indignación: -¡Compadre no joda!. Siquiera pélese hasta Altata unos cuantos días mientras que a esos de Cuiiacán se les olvida la orden.
Con Belem Torres, señala Lomelí Cota, los ciudadanos de Navolato conocieron por primera vez lo que era la justicia pronta, franca y expedita.
EL DEDO
Por Antonio PinedaEn recuerdo del hombre bueno, cuyo talento-de haberse cultivado- le hubiera convertido en notabilidadjurídica.
Fue siempre, un hombre común.
Don Belem Torres fue un hombre de excepcional seguridad. Cuando se le llevaba un problema para que él diera la decisión final, escuchaba pacientemente a las partes en discordia, después entrelazaba las manos y se las llevaba a la barbilla y meditaba lo suficiente --a veces mucho, a veces solo unos minutos --y luego dejaba caer la decisión.
Creo yo que jamás asumió una actitud arrogante, porque la humildad y la sencillez fueron virtudes consubstanciales, como también lo fue en concepto de justicia.
Así como para los amantes de la música es inevitable la revisión de la obra de Beethoven, para quienes tienen vocación por el Derecho considero que debe ser un p’acer analizar detenidamente los fallos de Belem Torres.
Es mucho lo que se ha recogido de este don Quijote de la Mancha navolatense; pero, de entre todo eso, yo me inclino por la anécdota de la sandía como la más graciosa y a la vez la más relevante por los recursos que Belem puso en juego para encontrar el camino de la verdad.
¿La recuerda, lector?
Se relaciona con unas sandías que se comió un fulano argumentando que se habían desarrollado en su parcela y que por lo tanto, eran de su propiedad.
JUSTICIA CON 5E.NTIDO COMÚN
Sólo que había de por medio otro campesino, que era quien sí había sembrado las sandias en su terreno y airadamente las reclamaba como suyas.
Cuando acudieron ante Belem en busca de justicia, éste pidió al que había sembrado el “verano” que expusiera la queja “pues debes saber Belem -dijo el campesino-- que yo sembré las sandias en mi parcela, solo que algunas guías se fueron arrastrando hasta meterse al terreno de éste”:
Ahí crecieron las “bolas” y el muy cabrón se las comió. ¿Es verdad eso?, Pregunta el juez al que se había comido las sandias.
- Es verdad, aceptó el fulano aclarando de inmediato: “pero quiero que sepas, Belem, que yo no se las robé, crecieron en mi parcela”.
Ahí se desarrollaron y me las comí porque eran mías. ¿Oh no?.
Belem Torres meditó unos segundos, luego se echó hacia atrás en la silla que ocupaba, se acercó en el pequeño escritorio y le ordenó al que se había comido las sandias. Siéntate aquí enfrente de mi, vamos a platicar un rato.
En cuanto el otro se sentó, el juez extendió el dedo anular de la mano derecha y ¡o agitó frente a los ojos del fulano acusado.
De quién es este dedo que te estoy enseñando?. Pues tuyo, Belem ¿de quién cabrones podría ser?.
Bien, comentó Belem si yo te lo meto por el fundillo, ¿de quién sigue siendo el dedo? 4
- Pues tuyo, Belem.
Ante esta respuesta el juez dictó su salomónica resolución:
“Pues por eso vas a tener que pagarle a éste las sandias que te tragaste, cabrón”. Si las guías se arrastraron y se metieron en tu parcela, eso no quiere decir que eran tuyas,
BLLE.M TORRELS Y SUS ANÉCDOTAS
como no era tuyo el dedo que yo quería meterte en el fundillo, ¿verdad?, Pues a pagar.se ha dicho.
Y, aunque a regañadientes, el fulano no tuvo más que obedecer a la autoridad y pagó las sandias que se había comido.
Aparentemente, la decisión de Belem Torres no representaba un problema jurídico realmente serio; pero si la sentencia es sometida a un análisis, surgirá un problema de fondo: ¿cómo demostrar que las sandías que habían crecido en una parcela ajena, eran propiedad del dueño de otra parcela? El recurso del dedo es inobjetable. No deja dudas y, menos, con la malicia que Belem puso en sus preguntas.
Para mí, insisto, esa anécdota puede llevarse al foro que se desee, con la seguridad que la decisión de nuestro hombre merecerá apoyo total.
Al margen de sus funciones como juez y sus decisiones, me es muy grato mostrar la otra cara de Belem. Fué un hombre íntegro, ajeno a todo tipo de sinvergúenzadas.
Una vez le hice una pregunta directa: - Belem: ¿eres un hombre rico?
Si me hablas de dinero, mi respuesta es no.
No han faltado cabrones que me vengan con proposiciones de tal o cual negocio, pero ni caso les hago.
Los mando a la chingada y ya no vuelven; ahora que si me preguntas por otro tipo de riqueza, te diré que sí tengo una buena pachocha de amigos. Tengo también, el cariño y el respeto de la gente de Navolato y el orgullo de una familia que no ha sabido de lujos pero tampoco ha tenido que soportar la vergüenza de que alguien me grite “viejo ladrón".
Así era Belem Torres.
Haber recogido sus anécdotas y darlas a conocer en un libro, debe haber sido un trabajo agobiante, aunque dicho
JUSTICIA CON 5E.NTIDO COMÚN
aquí entre nos: nuestro don Quijote azucarero se merecía eso y más.
Imitando a! maestro Ortega y Gasset, bien podría el lector repetir las palabras que aquel le adjudicó a don Quijote.
--Yo soy yo y mi circunstancia.
Y ya que de refranes y aforismo estoy hablando ¿porqué no echar mano en obsequio a Belem de frases que saturan el libro de don Quijote de la Mancha?.
“Nació para vivir muriendo” “Ruin sea quien por ruin se tiene” “Nunca lo bueno fue mucho”
“Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”. Es interminable la cadena de refranes que hoy son parte del habla popular; pero no es ahora la oportunidad para hablar de ese otro ángulo de la personalidad. Lo dejaré ahí, de pie en algunas de las calles de Navolato, con una ligera sonrisa de picardía iluminando su rostro moreno y devolviendo saludos que le llegaban de todas partes.
El libro que ha recogido la inteligencia de nuestro juez, será también -afortunadamente- un bastión contra el olvido que injustamente cubriría a este hombre, símbolo del alma superior que ennoblece a los sinaloenses.
LA DE LOS BURROS
Un día llegó a Navolato un señor de Guadalajara, e instaló a un costado del mercado su puesto ambulante de ollas, cazuelas y platos, entre otros artículos de barro, sobre una pequeña área de la calle, previo permiso obtenido de La Sindicatura.
Y como se acostumbraba en aquella época soltar a los burros, después de que éstos habían sido utilizados durante el día para el acarreo de agua, uno de ellos encontró una burra alrededor del mercado por lo que empezó a”hacerle el amor” sin tomar en cuenta que en sus correrías destruían la mercancía del tapatío, que se “desgañifaba” gritando a los burros para que se fueran a otro lado, sin ser atendido.
JUSTICIA CON SLNTIDO COMÚN
Pasado el coloquio amoroso de los borricos, el hombre de Guadalajara, encolerizado se dirigió a la Sindicatura donde Belem Torres, después de escuchar su queja ordenó a los policías que "aprendieran a los burros" como lo hicieron, llevándolos al patio del edificio que ocupaba la primera autoridad de Navolato.
Acto seguido, Belem hizo comparecer a los dueños de los animales, ordenándoles pagar los daños, que ascendían a 60 pesos, distribuidos de la siguiente manera:
El dueño del burro debe pagar 20 pesos y el de la burra 40.
Apenas escuchó la sentencia el dueño de la burra, elevó su más enérgica protesta, pues consideraba que debían pagar los daños en partes iguales, por lo que Belem le tuvo que justificar su decisión, explicándole, que cuando los burros ocasionaron daños a la mercancía, la burra “andaba" en cuatro patas y el burro en dos, por lo que sostuvo la cantidad fijada para cada uno.
“EL PALO”
Un juez como Belem Torres no habrá más, o será muy difícil que lo haya porque no solo se caracterizaba por sus sabias decisiones, sino también por su humorismo.
Así pues, se cuenta que un día, acudió a sus oficinas una “mariposilla nocturna”, o sea "vendedora de amor”, como quiera llamársele, y le expuso lo siguiente:
Belem, anoche un señor me violó ... ¡Y no me pagó! - Exclamó muy indignada-.
El ilustre juez estaba muy ocupado y no podía atenderle de momento, por lo que suplicó:
- En un momento le atiendo.
La mujer posiblemente llevaba mucha prisa, o tal vez son de las que no les gusta esperar, o que se siente con influencias ... Ei caso es que volvió a insistir:
- Belem ... Un tipo pasó la noche conmigo, ¡Y no me pagó el desgraciado!.
Se habría dado cuenta el juez que aquello era gajes del oficio, o estaba muy entusiasmado dictando a su secretaria, pero siempre manteniendo la cordura, recomendó que le esperara un momento ... Pero la mujer no estaba dispuesta a irse sin obtener lo que quería.
- Mira Belem, anoche un individuo de tantos y yo, convenimos en pasar la noche juntos, ¡pero no me pagó!.
Después de dictar el último renglón de un oficio, Belem Torres procedió aprestar oídos al asunto que llevaba aquella mujer, y con su sonrisa amable le inquirió:
-A ver ¿Qué se le ofrecía a usted? ¿De qué estaba hablando?.
JUSTICIA CON SE.NTIDO COMÚN
Ya la mujer, iracunda exclamó: - ¡Del “palo"!
Sin dejar su sonrisa, don Belem contestó: - ¡Ah! De eso se encarga la Forestal.
Con ésta respuesta, demostrando a una mujer que más vale prevenir que lamentar, y que en todo negocio se paga adelantado: gajes del oficio, después de todo, arrieros somos y por el camino andamos.
EL TINTERO
Los problemas sexo-sentimental son quizá de los más difíciles para un juez emitir resolución, pues generalmente se involucra un vendaval de intereses y afectaciones; sin embargo, para el gran sentido común que en don Belem Torres fue una gran virtud no había gran problema.
Así se puede notar por ejemplo, en el caso de una señora que muy afligida, con el llanto escurriéndole por sus mejillas y limpiándoselo con su reboso, llevó a su hija de 15 años, que también expresaba algo de congoja, vergüenza y tristeza combinada por el coraje, de impotencia.
~ ”Don Belem; un hombre se ha burlado de mi hija y ¡quiero justicia!”, le dijo la señora con mucha enjundia
El salomónico juez tomó las cosas con calma, acostumbrado a esos problemas que son cotidianos en los pueblos chicos y, como no se trataba de una violación, sino de una seducción y un trato carnal en la que las dos partes e s t u v i e r o n de a c u e r d o , al m e n o s en e s o s comprometedores momentos, trató de convencer a la afligida señora de que hablara con los padres del muchacho para que todo se arreglara en familia, evitando llecar al escándalo.
La señora no se convencía, se mantuvo más firme en su demanda de que le reparara el daño a su hija, de acuerdo a los lineamientos penales y con todo el rigor de la Ley.
Ante tal insistencia don Belem ordenó al secretario que levantara el acta de la queja y, al término de la redacción del documento jurídico, el sabio juez le ofreció a la mamá de la muchacha un canutero para que firmara las hojas de la queja que se llevaría a La Sindicatura ... Pero cuando la señora trataba de mojar el canutero del liquido que estaba en el tintero, don Belem tomó el frasco y aún sobre la mesa
JÜ 5TIC IA CON SUNTIDO COMÚN
lo cambiaba de lugar, sin permitir a la señora meter el canutero al tintero.
La mujer pensó inmediatamente que don Belem quería bromear con ella, pero no le gustó ese actuar y se lo hizo saber:
“Sé que usted es muy bromista, don Belem; pero sépase usted que esto es una broma de mal gusto; ¡déjeme tomar la tinta para firmarle al acta, que mi hija quiere justicia!”.
Sin perder el aplomo y aún más, con su característica sonrisa picaresca que esbozaba frecuentemente, el juez Belem Torres contestó:
“Mire señora, si su hija se hubiera movido como yo le muevo el tintero para que no meta el canutero, no le hubiera pasado nada”.
¡Cuanta razón habría en ese comentario” La señora y la muchacha captaron inmediatamente la picardía de la frase, pero también entendieron que si la muchacha hubiese resistido y comportado con mayor dignidad, se mantuviera casta; nunca las mejores promesas sentimentales se cumplen mejor si no se concreta primero en la formalidad de un matrimonio y de la mujer depende mucho que se lleve al hombre a ese feliz término. No había que protestar ante el Juez, sino procurar llegar a un acuerdo con la familia del m uchacho; solam ente que dicho acuerdo no se estableciera, nuevamente estaba ahí el salomónico juez para que los ayudara.
LA HERENCIA
Los casos de herencia son los más conflictivos, tanto por las ambiciones que despiertan, como por ciertas confusiones testamentarias, ya que en numerosos casos el testamento no es muy claro en cuanto a la repartición de bienes.
Asi también le sucedió un caso a don Belem Torres. Resulta que una señora de Culiacán murió víctima de un infarto y dejó como herencia a su esposo y al único hijo que había procreado, una casa de dos pisos.
Todo iba muy bien, hasta que padre e hijo comenzaron a disputarse el segundo piso. Ambos querían vivir en la planta alta y ante la imposibilidad de un arreglo, recurrieron a los tribunales culichis. Tampoco en éstos se logró el arreglo, y entonces padre e hijo decidieron ir a Navolato y poner el asunto en manos de Belem Torres.
- Voy a resolver el caso pero de una buena vez quiero que sepan que si no aceptan mi decisión, los meto al bote a los dos.
- No, don Beiem. Su fallo será inapelable -le dijeron los dos fulanos-. La que sea la decisión será para nosotros la palabra final.
Belem meditó unos minutos y, repentinamente, les preguntó a los dos:
-¿Ustedes son católicos?. -Si señor.
-¿Saben persignarse?-- Si señor.
- Entonces dirigiéndose al hijo le ordenó: -Aver muchacho, persígnate:
El muchacho hizo con los dedos la señal de la cruz, se tocó primero la frente, después el pecho y dijo enseguida:
JÜ 5TIC IA CON SLNTIDO COMÚN
- La voz de Belem lo interrumpió para ordenarle:
- A ver repite lo que ibas diciendo. Como que no oí muy bien.
- En el nombre del padre... Del hijo.. D el...
Ya no puso seguir, porque hubo una nueva interrupción pero ahora fue para escuchar la decisión del juez genial:
- Ya escuché lo que ibas diciendo y, según tu, el padre va arriba y el hijo abajo ¿o no?.
Pues precisamente por eso tu padre va a vivir arriba y tú en el piso de abajo ¿de acuerdo?.
De acuerdo, si señor.
Y padre e hijo salieron de Navolato fumando la pipa de ia paz.
EL DE LA VACA
Un día, en ia carretera que va de Navolato a las playas, un automóvil que conducía una señorita arrolló a una vaca y la dejó en condiciones ideales para ser cocinada en filetes.
El dueño de la vaca demanda el pago del animal, en tanto que la señorita exigía la reparación de los daños que en el encontronazo había sufrido su coche. Como pasaba el tiempo y no llegaban a un arreglo, optaron por ir a Navolato y poner su caso en manos de Belem Torres, el salomónico Juez que ya pertenece a la leyenda por sus sentencias.
Esta vez tampoco se equivocó Belem.
Tras escuchara la parte, le preguntó inesperadamente al dueño de la vaca:
- Oye ¿dónde estaba la vaca cuando fue atropellada?. - En mitad de la carretera, Belem.
Imposible que no la hubiera visto.
- Si deben haberla visto, pero tu vas a tener que pagar los daños del automóvil, porque hasta donde yo sé, todavía no hay carreteras para las vacas.
EL MARIDO DELICADO
Ciertamente los mexicanos tenemos la fama de ser terriblemente celosos. Quizá también muy enamorados, pero más lo uno que lo otro, de tal manera que hay sobradas anécdotas sobre el tema.
Para aclararlo de una vez, habrá que decir que el título de este caso verídico, como todos donde intervino la mano de Belem Torres, no tiene nada que ver con la fama que pesa sobre quienes nacimos en esta tierra tan mexicana y tan bravia.
Bien, la historia es ésta:
El Castillo es un campo pesquero ubicado al sur de lo que es el ingenio de Navolato, ese emporio que una vez fue propiedad de la familia Almada Calles.
Pues resulta que en ese lugar estaba incubándose una tragedia debido a un triángulo amoroso, de esos que nunca han de faltar sobre todo cuando en medio de esa pasión está una mujer de cascos muy livianos, como el que nos ocupa.
Un buen día, uno de esos rudos pescadores, hombres del mar acostumbrados a las inclemencias del mismo, llegó a las oficinas del síndico con una amarga queja:
-"Mi amigo del alma, alguien por quien yo hubiera dado la camisa, me quitó lo más preciado para mí en esta vida, me quitó a mi mujer y se la llevó a vivir a su lado”.
Enterado de los pormenores de esta singular tragedia amorosa mandó llamar en calidad de declarante al ofensor, al -amigo-quita mujeres" quien ya en presencia de la autoridad negó rotundamente que le hubiera quitado la mujera su ex-amigo:
BELLELM TORRES Y 5 Ü 5 ANÉCDOTAS
Dió pormenores de su versión y luego de una discusión que se prolongó por casi media hora, el acusado aceptó a regañadientes regresar a la dama casquivana en cuestión; sin embargo puso un concebido pero...
“Es que ya he gastado mucho dinero en ella. Se vino sin un cambio de ropa y con huaraches y tuve que traerla a Navolato para comprarle trapos y zapatos.
Luego de esa perorata accedió a devolver a la dama en cuestión, pero con una condición:
“Que la dejen vivir conmigo 15 días más para compensar lo que he invertido en ella”
Belem Torres, que tenía un colmillo más que retorcido, no quiso que el triángulo se volviera cuadrángulo y decidió que el ofendido opinara en torno a tan extraña condición.
Y a la pregunta sobre “¿qué opina usted?", Y viendo que el caso podría resolverse a su favor, el pescador ofendido, al fin enamorado de la mujer, puso cara de indignación, se puso verde de coraje pero... “Aceptó la propuesta", y lanzó al aíre una advertencia que se escuchó en el recinto en donde ya dos o tres personas escuchaban con atención el desenlace:
“Bueno, ladrón de mujeres. Esta bien acepto, y la voy a dejar por 15 días más", le dijo. Y endureciendo la mirada le espetó: “pero óyelo bien, hijo de la chingada, ya sabes lo delicado que soy para estas cosas; si tú no me la regresas en ese plazo, si la conservas un día más, te mato cabrón".
Dicho y hecho, el ofendido y el ofensor salieron de la oficina del Síndico. Con todo y la seriedad de ese hombrón de porte distinguido que era Belem Torres, no pudo disimular una sonrisa en los labios.
ADULTERIO SIN MALICIA
Por Evaristo Pérez V.Corría el año de 1970 y don Belem Torres fungía como Juez Menor y Oficial del Registro Civil de lo que fue La Sindicatura de Navolato.
Desde esa responsabilidad, apoyaba en forma incondicional a La Agenda del Ministerio Público en las d ilig e n c ia s que para in te g ra r correcta m en te las averiguaciones previas, se tenían que practicar en esa sindicatura.
Don Belem, sin poses de “perdonavidas" como estilan aquellos que se suben aun ladrillo del poder y se marean de inmediato, recibía a quienes se disputaban bienes, honor, libertad o dinero en las oficinas del gobierno y decía que “los pleitos ni ganados son buenos".
En una everiguación previa que se integraba en la Agencia Tercera del Ministerio Público por adulterio, que en esos días aún estaba contemplada dicha acción como delito, fue necesario citar a una joven señora acusada por su esposo de engañarlo reiteradamente y sin compasión alguna con varios vecinos de Navolato. Como tuve la fortuna de ser amigo del Juez, personalmente le llevé la orden de comparecencia para tal persona a efecto de tomarle la declaración.
Sin tardanza alguna, la mandó citar sin el apercibimiento de la ley, pues viejo conocedor de ios vecinos de ese lugar, creyó más prudente citarla sin mayores aspavientos. No se equivocó; en breves minutos la señora estaba con nosotros; de unos 33 años cuando mucho, rostro moreno y agraciado, cuerpo de formas más que aceptable, se mostraba extrañada por cita a comparecer ante una autoridad.
5HLE-M TORRE.5 Y 5 ü 5 ANÉ.CPOTA5
En esos año, don Belem ya era un hombre muy popular y apreciado y sentimos curiosidad por ver cómo enfrentaba el caso. No nos hizo esperar...
- ¿Qué pasa don Belem, por qué me manda citar con la policía?, Mis niños se quedaron llorando de miedo; si mi marido hubiera estado presente otra cosa hubiera sido.
Un poco apesadumbrado por la respuesta de la dama, nuestro personaje ie dice:
-Señora:
- Pues es tu marido precisamente quien te “manda” citar, -¿yesoporqué?
- Pregunta la señora francamente sorprendida por la cita, como si no debiera nada.
- Yo no he hecho nada malo.
El Juez Menor ya sabía que se le demandaba por adulterio y queriendo ahorrarse y ahorrarle penas a la pobre señora, le informa:
- Es que tu marido quiere divorciarse de ti; ya no quiere vivir contigo y te quiere separada de él.
JUSTICIA CON SENTIDO COMÚN
La señora apenas daba crédito a io que oía -o fingía muy bien- y vuelve a preguntar:
- Pero... ¿por qué?, Tengo derecho a saber la causa; yo lo atiendo muy bien, le lavo, le hago sus tres comidas, le plancho, limpio la casa, atiendo a los niños y además ayudo para el sostenimiento de nuestra casa. ¿Por qué? ¿Por qué?.
Ante la insiste ncia de la señora que Inquiría directamente a don Belem, éste ya no pudo callar....
Es que.... -Titubeaba el Juez.... - ¡Dígame porqué!
- Le apremiaba la dama, El Juez en contra de su estilo amable, y buscando hacer el menor daño posible, le dice,
- Es que tu marido sabe que te haz acostado con el “Wume”, “el Víboras”, “El Monchi” y otros. Dice que eres muy puta.
La buena señora se quedó callada y al parecer confundida, y casi en susurro, como hablando para sí misma dijo.
- Apenas que sea por eso...
EL PRESTAMISTA
A don Belem Torres no le gustaba dar trámite a las demandas que por diversos delitos se presentaban en su oficina, y menos si se trataba de casos que vela perdidos, en los que sabía que lo único que iba a lograr era meter a la 'cárcel a alguien, sin que se reparara el daño.
Siempre invitaba a las partes que se involucraban en algún problema a que buscaran solución, sin necesidad de llegar a los juzgados. Agencias del Ministerio Público, o a la misma Sindicatura, de la que era titular.
Pero cuando no lograba su propósito, no le quedaba otra que entrarle al asunto, por más complicado que estuviera.
En una ocasión atendió a una persona que estaba muy molesta porque su amigo, que trabajaba en El Ingenio, al que le apodaban el Güacho, se negaba pagar 100 pesos que le había prestado y que se com prom etió a regresárselos en una semana, hacía ya casi un año.
“Debes admitir que te Chingó”, que resultó más vivo que tú y que no van a poder demostrar que te prestó esa cantidad”, le expresó El Síndico, recomendándole que no presentara la demanda, porque solo iba a perder el su tiempo.
Esto molestó más al afectado y casi a gritos pidió que se metiera a la cárcel, ai que llamó “ratero abusón".
Ante la terquedad del denunciante, no le quedó otra a don Belem Torres que citar al señalado, quien ya en la Sindicatura aceptó que efectivamente había recibido cien pesos pero que no sabía cuando los iba a pagar, porque estaba sin trabajo.
“Debo no niego, pago no puedo", sostuvo y nadie lo sacó de ahí.
JUSTICIA CON 5E.NTIDO COMÚN
Enfadado por no lograr nada, el afectado salió casi corriendo de la Sindicatura, echando “pestes” contra el tal Güacho y contra la autoridad.
El Síndico sólo alcanzó a decirle que se escondiera por que si lo agarraba el ofendido, la "chinga” nadie se la iba a quitar.
Don Belem Torres actuó así, porque sabía que nada iba a ganar con meter a la cárcel a una persona que no tenía ni en que “caerse muerto”.
Son tantos los casos como estos que van a dar a los tribunales, donde difícilmente se pueden todos atender.
Así es que mucho cuidado cuando presten dinero. El mundo está lleno de picaros como el tal Güacho”.
LA LIMOSNA
Por José Ángel InzunzaUno de los hijos del célebre y enigmático juez navolatense, Don Belem Torres (q.e.p.d.), anunció a su famoso padre que se quería casar y, le pidió que le ayudara con lo de la iglesia; o sea, que el costo y los arreglos del matrimonio eclesiástico corrieran por cuenta de quien entonces fungía como Síndico de Navolato.
Al acudir al templo don Belem hizo algunos pucheros, pero mas pucheros hizo el padre Alejandro Ortiz cuando vió que se le acercaba el Síndico ... Ave María Purísima; el diablo en la casa de Dios; “Que Dios nos agarre confesados”, fue algo de lo que pudo interpretarse en los gestos y expresiones del sacerdote, también famoso en Navolato, fundador de la iglesia de San Francisco de Asís, la que se encuentra frente a la plazuela “Vicente Guerrero”.
Después de los saludos de rigor, que no por ello dejaban de ser muy afectuosos, pues se estimaban muchísimo y eso de diablos en contra de santos solo se los decían entre ellos. En tono socarrón, el sacerdote preguntó al r*1 oteo navolatense: -"Que te trae por estos sitios Belem, ¿vienes a aportar para la construcción de la parroquia?”.
Antes de contestar, el salomónico personaje esbozó una sonrisa picaresca que un por leve y breve, casi hacía que se cayeran los santos de la iglesia.
“Vengo por un encargo muy distinto, padre Alejandro; mi hijo Juan anda muy ca|:°nte y quiere matrimoniarse ... Y ... Pues quisiera que me apoye con lo de la iglesia ... O sea, que me haga una oferta razonable, si no hubiera de otra que pagar”.
JUSTICIA CON SUNTIDO COMÚN
El sacerdote se rascó la cabeza e hizo como que sacaba cuentas y concretó su oferta: por tratarse de ti -así dicen todos, aún que le cobren a uno igual que a los demás- “te lo dejaré en 500 pesos”.
Don Belem dió un salto hacia atrás como si hubiera recibido un golpe sorpresivo y solo por que estaba en la “casa de Dios” no puso el grito en el cielo, pero no pudo al menos contenerse de expresar su inconformidad: “¡Nombre! Eso no lo gano ni en un año”.
“Si puedes Belem, tienes dinero, no te hagas -expresó el clérigo- “Te pongo todo bien alumbrado, bien decorado, con tapete desde la entrada, música y coros y, si das 600 pesos para la construcción de la iglesia, hasta le doy a los novios un sermón que los deje deslumbrados. El jaloneo se dio naturalmente: “No puedo, tu sabes que siempre te he ayudado con tablas o materiales de construcción, pero ... 600 o 500 pesos...".
"También cuesta mucho hacer una iglesia: los materiales, los trabajadores, en fin ...”.
“Está bien, está bien ... Déjame la misa en 500 pesos, aun que no les des un buen sermón a los novios -expresó vencido el Salomónico Juez.
El padre Alejandro casi se frotaba la manos de triunfo, cuando un aclaración de Belem le hizo contener su euforia:
“Pero con una condición” -dijo el Síndico navolatense, dejando al sacerdote con la boca abierta en señal de interrogación, y dejó caer su condicionamiento:"... Que me dejes la limosna”.
“Ah, no ... ¡Eso si que no! ¡Me quedo con las limosnas aun que no me pagues la misa!”.
La limosna ni al papa se la doy.
La boda se realizó con bombo y platillo -el padre Alejandro no le cobró en efectivo al bonachón y astuto Juez y Síndico de Navolato, pero don Belem Torres le surtió muy bien de materiales de construcción.
EL MALA PAGA
Un día llegó un hombre ante la oficina de Belem a quejarse de que le había prestado 500 pesos a un amigo y éste no quería pagarle. Inclusive negaba deberle medio centavo, tan sólo.
-¿ Y no tienes algún papelito firmado o algo que me permita obligarlo a que te pague?, Le preguntó Belem.
La respuesta fue negativa.
- No firmó nada, todo lo hicimos de palabra, como los hombres; pero ya ve, ahora se está rajando.
Sin explicar porqué, Belem le hizo al quejoso una pregunta que no parecía tener relación con el adeudo.
¿Te acuerdas dónde le prestaste el dinero?
- Como no, fue debajo de un mezquite grandote que está por allá por cierto rumbo, repuso el denunciante.
Tras eso, Belem mandó llamar al picaro y le sugirió que le pagara los 500 pesos.
Nuevamente, como si no viniera al caso, Belem se dirigió al quejoso y le dijo:
Vete a donde está el mezquite y me traes una ramita. Aquí te esperamos.
Tres horas después seguía la espera repentinamente, Belem se puso de pie, muy molesto y exclamó:
-¡Cómo se tarda este con la ramita que le pedí!
Y se va a tardar más, porque el mezquite está en la quinta chingada de lejos.
Belem sonrió, le clavó la mirada en los ojos y le dijo: Conque si sabes dónde está el mezquite ¿no?. ¿No crees que esa es la prueba de que sí te prestó los 500 pesos?.
¡Págale o te meto al bote!. Y pagó.
LOS ROBA PUERCOS
Hubo un tiempo que en Navolato abundaban los puercos, cerdos, cochinos, marranos o como quieran llam árseles, pues muchas fam ilias los tenía, los engordaban y los mataban para alimentarse por un buen tiempo o para organizar una fiesta o simplemente un gran convivió con otros familiares y amigos.
Tantas molestias causaban los puercos por las calles de Navolato; inclusive en el primer cuadro de la ciudad y por la plazuela “Vicente Guerrero", causando además mala imagen para el turismo, que el Síndico Belem Torres decidió poner un letrero en la plazuela, cuyo mensaje decía textualmente así:
“Quien tenga puercos, que los amarre, quien no, no”. O sea que quien fuera dueño o poseedor de un marrano, marranito o marrana, debía tenerlo bien amarrado en su casa, en los chiqueros que para ello se creaban en los patios de cada hogar.
Obvio era que a quien no tuviera puercos no aplicaba esa advertencia, con la debida sanción que iba a aplicar la autoridad.
Un día llegó a la ciudad un amigo de don Belem Torres y vio el letrero colocado en la plazuela e inmediatamente fue a saludar al famoso Juez y Síndico municipal.
Después de abrazo, saludo y la conversación de rigor en dos personas que dejan de verse por un tiempo, el amigo de don Belem le increpó:
- Oyé Belem, ¿por qué pusiste ese letrero en la plazuela; ese acera de los puercos? ... Te he conocido muchas famas, pero la verdad, en eso creo que la regaste”.
Con una sonrisa picarona que no se borraba de sus faz, el representante de la autoridad en Navolato inquirió:
BELUM TORREIS Y SUS ANÉCDOTAS
“¿Qué es lo que no te gusta del letrero?".
- Que dice que quien tenga puercos, que los amarre, quien no, no. Eso último se me hace que estuvo por demás obvio”.
“Si, pero lo que advierto es que quien no tenga puercos, que no los amarre, o sea que no se los roben”.
Definitivamente el salomónico Juez y entonces Síndico de Navolato había pensado en todo: imponía el orden para los dueños de los puercos, pero también les protegía del abigeato, si así se puede calificar el robo de puercos.
“Quien tenga puercos,
que los amarre,
MARIDO GOLPEADOR
En tiempos en los que le tocó a don Belem Torres fungir como autoridad de Navolato, eran contados los casos de divorcios que se presentaban en los juzgados. La mujerera todo obediencia; desde que tenía edad para el matrimonio, en su misma casa le aconsejaban que debería de atender en todo a su esposo sin protestar para nada.
Así es que sabía muy bien a donde iba, cuando decidía dejar su casa para formar su propio hogar. Jamás se hubiera presentado en esos años un escándalo como el que ocurrió en el puerto de Mazatlán donde una señora, decidió dejar a su marido, aún cuando él era presidente municipal, por el hecho de que la golpeó. Él tuvo que dejar el importante cargo para hacerle frente a la acusación.
El estricto control que ejercían los hombres sobre sus esposas, también era motivo para que algunos casos se llevaran hasta el entonces Síndico.
Así, un día vecinos que observaban como un individuo medio mataba a su esposa, porque se había atrevido a desobedecerlo, decidieron pedir la intervención de la policía para que calmara al señor.
No le gustó mucho la petición a la autoridad de Navolato, pero ante tanta insistencia, tuvo que acceder, recomendándole a los gendarmes que mandó, que actuaran con mucho cuidado porque el asunto era delicado. En minutos llegaron al domicilio que se les señaló, donde efectivamente, la señora estaba a punto de morir ahorcada. A como pudieron le quitaron al furioso esposo, pero ya libe rada de él, la victima les reclamó que porqué intervenían en algo que no les importaba, ya que ella era propiedad de su marido y por lo tanto le podía pegar cuantas veces quisiera.
BELUM TORKE.5 Y SUS ANÉCDOTAS
“Vente viejo, sígueme pegando, no le hagas caso a estos pinches “c u íc o s", gritó la señora ante el asombro de vecinos
y de ios propios “guardianes del orden", quienes regresaron a la Sindicatura, donde rindieron el parte correspondiente en el que informaron lo sucedido.
“Les dije que el caso era delicado" fue todo lo que les expuso don Belem Torres, quien después de ello, la pensaba antes de actuar con los maridos golpeadores.
Ahora esas cosas ya no se dan, pues pobre del que se atreva a tanto. Si no lo creen, pregúntele al ex alcalde Mazatleco.
EL SECRETO QUE ME CONFIÓ
Por Guzmán Taboada
Evoco con frecuencia la figura de Belem Torres y sin querer sonrío con cierta malicia, porque él y yo guardamos un secreto que me confió, pensando seguramente que me olvidaría de aquel rostro que vi salir de su oficina aquella mañana...
Allí estaba el flamante Oficial del Registro Civil del pueblo de Navolato; hombre que supo aplicar la justicia s a l o m ó n i c a h a c i e n d o g a l a de s e n c i l l e z , sin rebuscamientos, utilizando la lógica pueblerina. Corpulento, de nariz abultada, sonrisa bonachona que invitaba a la conversación. No sé aún a ciencia cierta si Navolato se conoce más por su ingenio azucarero o por las mil y una anécdotas de Belem Torres.
Mi visita, como la de todos los que nos acercábamos a Belem, fue para solicitarle algún servicio, en mi caso, pedirle que mi matrimonio civil contraído en La Paz, Baja California, quedara inscrito en los libros de mi pueblo natal, en el que registré a cada uno de mis hijos, y más atrás, en el mismo en donde consta el nacimiento y matrimonio de mis padres.
Cuando iba trasponiendo la puerta de acceso de las oficinas del Registro Civil, me encontré saliendo de su interior a una amiga mía, quien por cierto iba embarazada; simplemente la saludé como ocurre en los pueblos chicos, intercambiamos las palabras de rigor, ¿cómo están en tu casa?, Todos bien, gracias, me dio mucho gusto saludarte, y por ese estilo.
Todo esto ocurrió en un minuto mientras caminábamos ella y yo en sentido contrario.
BE.LLM TORRE.S Y 5Ü S ANÉCDOTAS
i
Me dirigí sin mas ni más hacia Belem, quien como siempre, sobresalía del mostrador por su elevada estatura y como digo, por su amplia sonrisa y gestos invitando a pasar.
- Que tal Belem, cómo ha ido, le dije parándome frente a él.
- Pásale muchacho ¿qué novedades tienes? ¿qué te trae por acá?, Me respondió para corresponderá mi saludo.
- No, no tengo ninguna, en cambio tú debes de tener alguna. Me fui sentando dispuesto a escuchar, a sabiendas de que Belem siempre tenia algo que contar. Y así fue:
- Te tengo una, dijo cruzando las manos sobre su abultado estómago y esbozando una plácida sonrisa ¿viste a la muchachita que va saliendo ahorita? -Me preguntó- si, si la vi, asentí con palabras e inclinando afirmativamente mi cabeza, sin informarle que la conocía, es más que era amiga mía.
-¿Viste que va embarazada?, Me volvió a preguntar. -Sí, me di cuenta.
- Pues como te cuento, hace un año que vino y me dijo que se quería divorciar de su esposo, yo le pregunté entonces que si su esposo la golpeaba, me dijo que no la golpeaba; le pregunté que si era borracho me dijo que no era borracho; y le pregunté que si era huevón -en esos términos- y ella me respondió que no, que era muy trabajador.
Rascándome la barbilla, intrigado le inquirí ¿entonces, qué te pasa muchacha?, ¿no te quiere? Si -me contesto presta. -Si, me quiere mucho; ¿será que tu no lo quieres a él?, Sí, yo también lo quiero mucho.
Me quedé sin argumentos y decidi preguntarle para que me sacara de dudas ¿entonces qué tienes muchacha?. No, señor Belem Torres, me quiero divorciar porque mi esposo no puede tener hijos y yo si quiero tener hijos. Ay muchacha por Dios, le dije ¿es por eso?. Mira te voy a dar un consejo. ¿Tu esposo sabe que te quieres divorciar?. No, no sabe. Mira vete un fin de semana a Mazatlán, búscate un
JUSTICIA CON SE.NTIDO COMÚN
muchacho que te guste ... Me interrumpí para preguntarle ¿tú de donde eres?. Yo soy de Mazatlán, me informó. Ah, pues con mayor razón; dile a tu esposo que vas de vacaciones con tu mamá, pero no te vayas con tu mamá, búscate un muchachito y dile que te quieres embarazar, y ya que te sientas que estás embarazada te vienes a tu casa; si tu marido se da cuenta que estás embarazada y se enoja, vienes y los divorcio, pero ... Si no se enoja, sigue viviendo con él.
Al terminar su relato, Belem, volvió a la carga: - ¿ La viste?, Va embarazada.
- Si, si la vi embarazada, le volví a responder.
- ¿Sabes a lo que venía?, a agradecerme el consejo porque su esposo, está muy contento por que ella esta embarazada y está llevando todo el proceso del embarazo; en una semana o dos ella va a parir y el más contento de los dos, es el esposo ... Y como no hay demanda de divorcio, van a vivir muy felices.
Volvió Belem a cruzar sus manos al frente, sonrió y me clavó la mirada como solía hacerlo para constatar el impacto de sus palabras; yo me hice el disimulado; ni por asomo Belem podía imaginarse todo lo que bullía en mi mente, por que no le platiqué que el esposo de la señora era en ese entonces un compañero mío de trabajo.
Me quedé con el secreto de quién es ella, y quién es él, sonriendo como Belem para mis adentros.
Al cabo de algún tiempo los vi a ella y a él con el niño. Eran y son una familia muy bien avenida ¡muy felices los tres!.
Esta historia cuya identidad de los protagonistas sigue siendo un secreto, no termina aquí. Al poco tiempo los tres se fueron a los Estados Unidos de dond ella regresó de nuevo embarazada, lo que hizo volar mi imaginación ¿llegaron a algún acuerdo? Lo cierto es que ella va por su segundo hijo.
Solamente una persona como Belem Torres , podía dar ese tipo de consejos salomónicos.
Navolato VS Ciudad de México
LA ANÉCDOTA PURA
Por Herberto Sinagawa- ¿La consigna el Toñico en su libro El vago del Malecón?.
-Que yo sepa, no
¿Y cómo está la cosa?, Seré curioso.
- Está en que don Belem Torres fue a México a arreglar peliagudos asuntos de los cañeros de Navolato. Iba a ir al sindicato y tenía que ponerse guapo. Dejó el hotel y se metió a una peluquería. El peluquero luego lo identificó por su acento notablemente costeño, y entre tijerazos, tijerazos y jalón de los dientes de la maquina le preguntó con una alta dosis de mala leche y sorna: Perdone señor ¿de donde es usted?. De Navolato ¿por? -Por nada y siguió la tarea del trasquile. El peluquero volvió a la carga, confiado en su obra de destrucción: -Oiga, ¿y ese Navolato es tan grande como la ciudad de México?.
Don Belem se volvió encorajinado en el sillón del fígaro y le contesto con sus ojos empequeñecidos por los dulces efectos de la venganza:
Viera que sí es más grande Navolato que la ciudad de México, mucho más grande, si señor, nada mas que todavía no está fincado. ¿Acabó la jiribilla del peluquero?
¿Qué cree usted ilustre?: Silencio en la noche una pelea más ganada por nocaut del ilustre y querido viejo de Navolato.
¿Dijo usted, algo del Quijote? -Si ¿y?
DE 7 PULGADAS
Por Evaristo Pérez VillarrealAquellos que se crean puritanos, deben saltarse este capítulo de la vida de don Belem Torres porque está muy picoso, quizá tanto como el de la sandía pero si deciden leerlo, pues ya están advertidos... Adelante pues...
Concluido el desayuno sabatino de los abogados de un colegio, platicaban ya fuera de agenda, de la última de este inolvidable juez de Navolato.
- Sólo que las decisiones de don Belem se hayan fundado en los principios generales del derecho, explicaban que todas ellas haya sido puntualmente obedecidas por los protagonistas de los casos que se le plantearon -dice el abogado que llevaba la voz cantante en la reunión- recuerdo una de esas intervenciones en la cual este principio jurídico no fue aceptado por la quejosa, quien se negó a obedecer el consejo que le dio el sabio juez.
- ¡Cuenta, cuenta!- Lo apremiaron sus colegas una vez que concluyó la reunión y el abogado sin hacerse mucho del rogar, inició su narración.
- Pues bien, a mí me tocó estar en ese preciso instante en que una señora se negó hacerle caso a Belem.
Resulta que una joven señora, algo esmirriada se presentó ante él acompañada de un pasante de derecho, cohibido como todos ellos y le dijo:
- Don Belem, vengo a que me divorcie de mi marido, ya que no puedo vivir con él, es un bruto en la cama y simplemente ya no lo aguanto, y prefiero que digan “aqui corrió que aquí murió”.
-Aver ¿cómo está eso?
- Preguntó el juez menor algo intrigado pero con alta dosis de picardía.
BULLM TOKRE.5 Y SUS ANÉCDOTAS
-Tú tienes ia obligación de compartir la cama con tu Marido... Es la ley y la iglesia quienes lo mandan.
- Pues a mí me gustaría ver a la ley y a la iglesia con todos sus sacerdotes en los apuros en que me mete el salvaje de mi marido cada que se le pone, para que pudieran opinar con justa razón; así de lejos cualquiera lo hace.
- Al ver que la platica iba a estar larga y sin solución del caso, el juez de Navolato pidió a la quejosa que al día siguiente volviera pero en compañía de su marido, pues quería comprobar con sus ojos los atributos físicos que según la señora poseía aquel afortunado, pero que para la señora, más que atributos, eran defectos.
Puntuales llegaron al día siguiente marido y mujer y la reunión inició contándose con la presencia de un médico, en quien se confió el dictamen de decir si aquel individuo tenía sus medidas dentro de los rangos normales o si por el contrario, era como su esposa decía, un fenómeno..
- ¿ Para que soy bueno?
- Preguntó aquel hombre cuya presencia física no era como para asustar a nadie.
- Mi mujer dice que usted me quiere ver, estoy a sus órdenes.
- Don Belem le informó rápidamente que su esposa lo quería dejar por no aguantarlo durante el acto sex;n», al que era tan aficionado.
- Para saber a ciencia cierta si tu señora dice la verdad o sólo es un pretexto para dejarte, debes permitir que el médico te vea lo que tu ya sabes y tome una decisión final.
- Pues si dudan de mí -intervino la señora- yo quiero estar presente no vaya a ser la de malas.
- Para no hacérselas muy cansada -continúo el abogado- les diré que el médico procedió muy profesional, - examinando escrupulosamente a aquel amigo que se dejó hacer, quitándose por completo la ropa modesta que llevaba, sentándose en un pequeño taburete. Con sus
JUSTICIA CON SENTIDO COMÚN
manos correctamente enguantadas procedió a medir aquel órgano sexual masculino ante la irritada mirada de la señora quien a duras penas se contuvo pero no pudo más, cuando el médico le dijo a don Belem, ignorándola por completo.
- No hay nada anormal don Belem.
- Dijo el doctor, quitándose ceremoniosamente los guantes.
- Son sólo siete pulgadas que en una erección puede llegar a ocho, pero nada anormal.
-Ya ve señora.
-Trata de medirla en el problema que ya vislumbraba. - Es más el escándalo que usted hace...
- ¡Que escándalo ni que nada!.
- Explota aquella pobre dama navolatense, así cualquiera se lo mide a éste C. Mídanselo como yo, noche tras noche y verán si es normal el C...
- Los dejó hablando solos. Ni se despidió al día siguiente que se largó a su pueblo natal Escuinapa de donde se la trajo el bárbaro éste...
LA DE LA PISTOLA
Entre las anécdotas debemos consignar “la de la pistola”, que escuchamos así de uno de los historiadores del Juez Menos y Síndico de Navolato:
Resulta que un amigo querido de don Belem, compadre por añadidura, era de esos típicos personajes campiranos que gustan de las armas y traerlas fajadas a la cintura y, como tenía con urgencia que viajar a la capital del país, insistió ante el Síndico para que lo otorgara un permiso para portar armas de fuego.
El apuro subió de volumen en las vísperas de su salida a la ciudad de México, pues en la capital, llena de peligros, cómo iba andar desarmado. Además pues que caray, había que echar estilo y hacerle honor a la fama de “machos empistolados” que por aquel entonces gozaban los de Sinaloa.
El compadre, que por cierto se llamaba Pedro, enfadó tanto que con sus insistencia en el permiso para portar armas en la capital, que Belem terminó por complacerlo, dictando a su secretario, un señor llamado Roberto Rubio, en papel membretado de la Sindicatura, un memorándum que a la letra decía así:
“Yo J. Belem Torres, Síndico de Navolato, autorizo a mi compadre para que porte arma en toda la República y fuera de ella”.
Al recibir el documento, Pedro salió muy contento de La Sindicatura y días después partió rumbo a México llevando en su cartera lo que consideraba un valioso documento: el permiso extendido por su compadre.
Ya en la capital Pedro asombrado recorría las amplias avenidas, sus calles llenas de transeúntes y admiraba con verdadero entusiasmo los grandes edificios. Precisamente cuando veía con encanto el famoso edificio de la
JUSTICIA CON SENTIDO COMÚN
Latinoamericana, por aquel entonces el más grande de la gigantesca metrópoli, ubicado en San Juan de Letrán y avenida Juárez, el provinciano sintió una pesada mano que lo tomó por los hombros.
Eran dos tipos malencachados, cara de malos y tejana de lado, quienes al momento que le esculcaban la cintura, por encima de la chamarra de Pedro, con voz que denotaba su estado etílico le preguntaron:
¿Trai permiso pa’ portar arma?.
Pedro, visiblemente nervioso por el temor que imponían los dos tipos, típicos policías de la secreta capitalina, de inmediato echo la mano al bolsillo de su chamarra y sacó el memorándum expedido por el Síndico de Navolato y lo entregó a los “polis”.
“El guardián del orden público” dio rápida ojeada al documento y luego de repasarla espetó a Pedro:
“Aquí este permiso vale madre, amigo, acompáñeme a la delegación":
Ya más dueño de la situación, el provinciano pidió una tregua a los policías: ¡Espérenme un momento, y a la vez que se alisaba la chamarra y dejaba ver que sólo llevaba la funda, sin el arma, porque nomás vengo a tantear, ya conozco lo mentiroso que es mi compadre Belem!.
SU NOMBRE: ANIV. DE LA REV.
En su carácter de oficial del Registro Civil, a don Belém Torres le correspondía anotar en libros de oficina a su cargo a niños y niñas que nacían en el municipio de Navolato.
Vaya situación a la que se enfrentaba para convencer a padres de familia que intentaban poner nombres raros a sus hijos.
Epigmenio, Escolástica, Episponio, Hermógenes, Hermelando, Iluminada, y Circuncisión, son algunos de los nombres que fueron rechazados por don Belém.
Pero el que más nos llamo la atención fué el de aquella pareja que querían que su bebé se llamara Aniv. De La Rev.
“No señores, no desgracien a su hijo, que de seguro va a ser la burla de todos cuando crezca”, les aconsejaba el también juez menor de Navolato.
Los esposos insistían:”Queremos que se llame Aniv. De La Rev.”
Bueno, les pregunto don Belém: ¿y porque tanta insistencia en este nombre?
“Aque señor tan terco” le contestaron.
“No ve que nuestro hijo nació el 20 de Noviembre, y así trae en el calendario. Cheque y verá que decimos la verdad”.
Y don Belém registro el almanaque, y en efecto, así decía, en referencia al aniversario de La Revolución.
No le quedó de otra que acceder a la petición de la pareja.
El registrado debe ser ya adulto, y de seguro se cambió el nombre.
Ya se promueve una iniciativa, para que oficiales del Registro Civil recha n caprichos de matrimonios que deseen registrar a sub hijos con lo primero que se les ocurra.
CHICAS “ALEGRES”
Grupos de muchachas de la vida alegre, prostitutas pues, se reunían todas las noches en un lugar que se le conocía como La Feria, donde vendían su cuerpo.
Como en todo ese tipo de negocios, eran frecuentes los escándalos entre clientes y damas.
En cierta ocasión las cosas llegaron a mayores, por lo que tuvo que intervenir la policía, la que al no lograr poner orden, remitió a la Sindicatura a todas la que participaron en el “zafarrancho".
A h íja autoridad que era Belém Torres, platicó con todas, a las que invitó a trabajar en orden, y a que se concretaran a atender a sus clientes.
De buena gana las muchachas aceptaron la recomen dación, y al no ser detenidas ni multadas, le hicieron la siguiente oferta al síndico: “Señor, le dijeron, es usted muy bueno, como agradecimiento a su gesto, hemos determi nado entregar a usted la mitad de lo que nos entre esta noche”
“Madre” exclamo don Belém “no me den nada, váyanse luego y pórtense bien, porque a la otra si las meto al “bote”.
MUCHACHO QUE CAMBIÓ
Con la sospecha de que se trataba de un narcotraficante, el padre Alejandro Ortiz se negaba a casar a un joven enamorado.
Varias veces había ¡do el muchacho a la iglesia con su novia con la intención de que les uniera en matrimonio.
La respuesta siempre era “no”.
Cansado de no lograr su propósito, el joven, pidió a Belém Torres que lo acompañara al templo, pues estaba enterado de las buenas relaciones que había entre el párroco y la autoridad de Navolato. Aceptó de buena gana don Belém y fueron al templo de San Francisco de Asís, a tratar de convencerá don Alejandro que casara a la pareja.
Don Belém fue al grano con el asunto que lo llevaba, “padre, le dijo, este muchacho y su novia andan muy calientes, y pues quieren unirse en matrimonio”. Por el gesto que puso el sacerdote, El Juez se dio cuenta de que la situación no estaba nada fácil.
Continuó con su misión: “padre, insistió, el joven es de buenas familias, y está dispuesto a dar una considerable cantidad de dinero para mejoras en la iglesia".
Ante este argumento, el sacerdote, cambió su rostro de molesto a alegre, y de inmediato aceptó la petición, diciéndole al joven: “como has cambiado muchacho".
“Fija la fecha de tu boda, y déjame el dinero, que espero y sean muchos miles de pesos”
La boda se realizo y la pareja vive muy feliz.
Casos como este, se presentaron con frecuencia en el templo de San Francisco de Asís, que se construyó gracias al padre Alejandro Ortiz, y que ahora es orgullo de todos los navolatenses.
VÍRGENES CON SUERTE
Belém Torres sabía que acababa de comprar boleto para el infierno, y que era candidato a ser excomulgado por su atrevimiento a llamar a La sindicatura al padre Alejandro Ortiz, para que explicara el porqué las vírgenes de su iglesia siempre se sacaban las rifas que organizaba.
Y es que las presiones eran muchas de los que compraban número para las promociones del encargado de la parroquia de San Francisco de Asís.
Ya habían sido ganadoras La Virgen de Guadalupe, La Purísima Concepción, Fátima, y muchas más, por lo que todo el dinero quedaba en manos del sacerdote, que hay que reconocer; lo empleaba para la construcción del templo.
Pero la gente ya estaba molesta, por lo tanto se inconformó con la autoridad de Navolato.
Ante esto, no le quedó de otra a don Belém que citar a su amigo Alejandro Ortiz.
Ya en La Sindicatura, el padre expuso que no era culpable de que el premio siempre quedara en la iglesia.
"Eres tú, el que me quiere molestar”, acusó.
Ante la insistencia de que no estaba bien lo que hacia, el padre aceptó tener más cuidado para que no siempre ganaran las vírgenes.
“Pero no siempre, recalcó, porque si no lo hago así, quien chingados me va a dar dinero para terminar la obra”.
“Ahora dime, quien te vino con el chisme”, exigió. Eso si que no le voy a decir, recibió como respuesta. “Bueno, deja que llegue el domingo, para que veas cómo te voy a poner a ti y a todos los que asistan a misa, amenazó.
Y lo cumplió, agarró parejo en su sermón.
El incidente no suspendió sus rifas, que dieron como resultado lo que hoy es el Templo de San Francisco de Asís.
BHLHM TORRES Y SUS ANÉCDOTAS
I
Tuvo cuidado de que de vez en siempre sus vírgenes continuaran ganando.
Ah, no abandonó La Sindicatura, sin antes venderle un boleto a don Belém Torres para una próxima rifa.
EL “GOLLETERO”
A ver, a ver, a usted, ¿porque lo trajeron aquí? Preguntó el Síndico Belém Torres al detenido.
“Por no ser adivino”, contesto.
Explique ¿Cómo está eso? Pidió la autoridad.
Pués verá, respondió, participé en un concurso, y el dueño de la cantina me negó los cien pesos que me había ofrecido, nada mas por no contestar bien una pregunta.
No le entiendo, deme más detalles.
“Pues mire, me prometieron la cantidad que le dije si acertaba cuatro preguntas”
Y ¿Cuáles fueron?
La primera, que si cuantas cantinas había en Navolato, y les dije que tres.
Que cuales, y respondí: “María Elena”, “La Gaviota” y el “Pipi”
Luego, que cuales eran las marcas de las cervezas que se vendían, a lo que contesté que cuatro: Pacifico, Carta Blanca, Modelo y Corona.
Me anime a más no poder cuando se me informó que prácticamente los cien pesos eran míos, si acertaba la última pregunta.
¿Cuánto vale un “cuartito”? se me pregunto, y sólo alcancé a decir: pos... p>os... pos...
Se me insistió, agregó, díganos el precio de la Media y pos, pos, posfué todo lo que pude decir.
¿Y qué chingados les iba a responder, si en mi méndiga vida he pagado por emborracharme?
Al ver que todos se reían de mí, no me quedó de otra que agarrar a chingasos al dueño de la cantina, y por eso me detuvo la policía.
Déjenlo ordenó el Sindico, y tráiganme al dueño del negocio, para que pague lo que prometió, por no contar con permiso para sus promociones.
BLLUM TORKH5 Y SÜS ANÉCDOTAS
Así, siempre salió ganando el “golletero” pues recibió la multa aplicada por el sindico Belém Torres.
Antes de que saliera de La Sindicatura, la autoridad le pregunto cual era su nombre.
Pedro respondió, y salió corriendo, ya que ya era hora de la “botana” y del “gollete"
“Dígale a ese cantinero que no soy adivino” gritó desde la calle.
DISCUSIÓN DE PAREJA
Aquella pareja discutía por todo. En una ocasión, al ver que estaban a punto de llegar a los golpes, porque no estaban de acuerdo en algo, sus vecinos pidieron la intervención de la policía.
De inmediato llegaron dos gendarmes a casa del matrimonio, y al no poder calmarlos, los llevaron con El Síndico Belem Torres.
“A ver muchachos, ¿cuál es el problema, les preguntó la autoridad?
“Es que, mire, explicó la señora, este cabrón aparte de que no da dinero para el gasto, anoche me llegó con unas flores, como un detalle para acostarse conmigo”.
“Eso, en lugar de alegrarme, me encabrono más, y lo único que le dije fue que con eso no comía, y ahí empezó la discusión”.
¿Es cierto lo que dice tu esposa?, preguntó don Belem, al enojado señor.
“Pues sí, contestó”
“Estaba caliente, y pensé que con unas flores de 50 pesos, la iba a animar a que se fuera a la cama conmigo”, agregó.
“Tu esposa, tiene razón, con flores no se come, reprocho la autoridad".
“Vas a pagar 50 pesos de multa, y ese dinero es para tu vieja, para que cuando menos coma bien un día”, sentenció don Belem Torres.
Por tal de no quedarse en el “bote” y hacer más grande el problema, no tuvo de otra el “galán”, que pagar.
Y así, la pareja regreso a casa, a buscar otro pretexto para pelear.
Sirva esto de ejemplo, para los que acostumbran aún regalar flores a su pareja.
NIÑO LLORÓN
Por Bruno Tamayo RomeroUn niño de unos cinco años lloraba a más no poder porqué su papá se había muerto. Nadie lo calmaba.
Desesperada, su mama, aprovechando que su casa estaba cerca de la iglesia, mandó llamar al padre Alejandro Ortiz, para que hablara con su hijo.
“Mira niño, le dijo el sacerdote, tu papá ya está en el cielo con Dios. Algún día, todos nos vamos a morir".
Eso no calmó al pequeño, que continuaba derramando lágrimas.
Ante esto, la señora optó por pedir el consejo de la profesora Lucila Achoy, cuya vivienda también estaba cerca de la primaria Benito Juárez.
“Pequeño, le manifestó la maestra, tu eres muy inteligente, y debes entender que lo que pides es imposible. Tu padre no puede revivir”. Ya está descansando.
No, para nada, el menor lloraba más.
“Don Belem, recordó la madre, que estaba a punto de volverse loca”.
Y va por él a La Sindicatura.
Ya frente ai niño, la autoridad de Navolato, le reprocha: “Cómo eres tonto, por más que sigas llorando, tu papá no va a salir del panteón."
“El ya se fue, entiende.”
“Además, le preguntó, ¿Cómo sabes que era tu papá? A lo mejor era un señor con el que se metió tu mamá.”
Reflexionó el menor, y poco a poco se fue calmando, hasta que dejó de llorar.
Ahora la que estaba a punto de derramar lágrimas, era la mamá, quién con una sonrisa nerviosa, le expresó al Síndico. “Como eres Belem”.
Que puntadas se te ocurren.
“Mira, que dudar de mi”. Ahora te voy a confesar algo. “SI engañe a mi marido. El llorón no es de él”.