1 Introducción
Si fueras a morir mañana o si te fueras por mucho tiempo, ¿qué le dirías a tu familia y amigos? ¿Qué cosas son tan importantes que no podrías irte sin decirlas?
La noche previa a Su crucifixión, estas cosas estaban en la mente de Jesús. Tenía algo tan importante que decirles a Sus amigos que no podía irse sin hacerlo. Jesús quería fortalecer a Sus discípulos y afirmar su fe y esperanza en Él. Jesús quería darles razones para que continuaran en Su ausencia. Jesús no quiso que solo Sus discípulos supieran las cosas que Él les iba a decir. Jesús quiso que todos los que llegaran a creer en Él supieran estas cosas:
Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. (Juan 17:20-21 RVR1960)
La enseñanza de Jesús para los apóstoles la noche antes de Su crucifixión fue para asegurar que entendieran quiénes eran ellos en Cristo, para hacerles saber que estaban siguiendo la verdad, para hacerles saber que Dios cuidaría de ellos, y llenarlos de esperanza en lo que Cristo y Dios harían. Su enseñanza fue para preparar a cada creyente para las batallas que pelearían como Sus testigos, las batallas que cada discípulo de Cristo tendrá que luchar para vivir para Él.
2 Me Iré - Parte 1
3 Tendrán Gozo – Parte 2
4 Nada Los Lará Tropezar – Parte 3 5 Les Hablaré Claramente – Parte 4 6 En Mí Tendrán Paz – Parte 5
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33 RVR1960)
La paz de Cristo se nos manifiesta cuando perseveramos continuamente en quién es Dios y lo que ha hecho por nosotros en Cristo:
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. (Isaías 26:3-4 RVR1960)
La paz de Cristo viene a través del conocimiento de la verdad, de haber sido salvados de la ira de Dios que sobre el mundo viene. Cristo es nuestra paz:
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27 RVR1960)
¿Qué paz existe en el mundo? Solamente un cese temporal de hostilidades. Dios dice que nunca habrá paz para los impíos, para los que han rechazado a Cristo:
No hay paz para los malos, dijo Jehová. (Isaías 48:22 RVR1960)
Sabemos que Dios considera impíos a todos aquellos que han rechazado a Cristo, porque en el juicio del Gran Trono Blanco, todos aquellos cuyos nombres no estén escritos en el libro de la vida del Cordero serán arrojados al Lago de Fuego para siempre:
Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus
obras … Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20:12,15 RVR1960)
Nadie cuyo nombre no esté escrito en el libro de la vida del Cordero tendrá parte en el cielo.
No tienen paz en este mundo, porque el juicio los espera:
No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. (Apocalipsis 21:27 RVR1960)
Solo en Cristo hay paz. Cualquier paz temporal para la gente de este mundo proviene de la ignorancia de su condición, del juicio venidero que enfrentarán:
Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. (1 Tesalonicenses 5:2-3 RVR1960)
¿Por qué no hay paz en este mundo? Santiago nos dice que el conflicto proviene de nuestro interior:
¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (Santiago 4:1-4 RVR1960)
Las celebridades de Hollywood, las reinas de belleza y las figuras de los medios hablan de buscar la paz mundial. Buscan la paz, pero ellos rechazan al Príncipe de la Paz:
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. (Isaías 9:6-7 RVR1960)
¡No puede haber paz mundial sin antes recurrir al Príncipe de Paz, Jesucristo, el Mesías!
Cuando tenemos amistad con este mundo, con las cosas que Dios odia, estamos en guerra con Dios. ¿Cuál es el resultado de este conflicto que está en el interior de cada persona? El resultado es el miedo. Sin Cristo, estamos llenos de miedos, miedo a la enfermedad, miedo al hambre, miedo al mal y miedo a la muerte. Miedo de que nuestras vidas no tengan sentido ni razón de ser. Tenemos miedo de lo que depara el futuro para nuestras familias, para la economía, para nosotros mismos. Constantemente buscamos la realización en nuestras vidas y no la encontramos.
La Biblia dice que aquellos sin Cristo están sin Dios y sin esperanza:
En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. (Efesios 2:12 RVR1960)
Antes de conocer a Cristo éramos ciudadanos de este mundo. Estábamos bajo el dominio de los gobernadores de las tinieblas de este siglo, de huestes espirituales de maldad. Estábamos bajo el dominio de Satanás, el maligno. Y fuimos presa de todos los temores y conflictos que hay en el mundo debido a su rebelión contra Dios:
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12
Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. (1 Juan 5:19 RVR1960)
¿Qué paz podría haber para nosotros antes de conocer a Cristo? Éramos como todos los demás, robando al mundo la paz, actuando en obediencia a la sabiduría de este mundo, engañando y siendo engañados:
Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. (Tito 3:3 RVR1960)
Una vez que venimos a Cristo, que dejamos nuestra rebelión y pedimos Su perdón y salvación, la paz de Cristo se nos manifiesta por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Nos da entendimiento de las promesas que tenemos en Cristo. Nuestra paz está basada en tres
características de nuestra salvación, hemos sido perdonados, hemos sido hechos hijos de Dios y tenemos el Espíritu Santo de Dios habitando en nosotros.
6.1 Hemos Sido Perdonados - Parte 5
Teníamos una deuda con Dios. Él nos creó, y nos ordenó cómo debemos vivir. Cuando nos rebelamos contra Sus mandamientos para que pudiéramos vivir de la manera que escogimos, fue pecado. El pecado es desorden o rebelión contra Dios:
Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. (1 Juan 3:4 RVR1960)
Dios, en Su justicia, dijo que el castigo por el pecado es la muerte:
He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. (Ezequiel 18:4 RVR1960)
Cada alma es de Dios para hacer Su voluntad, y Su voluntad es que hombres y mujeres caminen con justicia delante de Él. Cuando fracasamos en hacerlo, Dios envió a Su Hijo, Jesucristo, para tomar el castigo que Su justicia requería, nuestra muerte. Dios sabía que nunca podríamos estar a la altura de Su justicia infinita en nuestras propias fuerzas. Entonces Cristo vino para quitar nuestros pecados y abrir un camino para poder vivir en Su justicia. Él vino a destruir las obras de Satanás, la rebelión de Satanás y la rebelión que instigó en la humanidad:
Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. (1 Juan 3:5-9 RVR1960)
El propósito de Cristo en la cruz fue quitar nuestros pecados. Cristo cumplió ese propósito y declaró que la obra de salvación había sido consumada:
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. (Juan 19:30 RVR1960)
El cumplimiento de la obra de Cristo es lo que permite que nuestro Dios justo nos perdone.
Dios puso nuestro pecado sobre Cristo, y Su justicia sobre nosotros:
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2 Corintios 5:21 RVR1960)
La sangre de Cristo nos ha justificado delante Dios, de una manera que nuestras propias obras nunca podrían. Somos hechos justos por la fe en Cristo. Dios mismo nos declara justos por el sacrificio de Cristo:
Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
(Romanos 3:20-26 RVR1960)
Nuestra justificación es el fundamento de nuestra paz con Dios y Cristo:
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:1 RVR1960)
Dios nos ha perdonado todas las cosas que antes tenía contra nosotros. Nuestro pecado, nuestra rebelión y nuestro odio hacia Él y los demás. Estamos perdonados:
En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. (Efesios 1:7 RVR1960)
El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. (Colosenses 1:13-14 RVR1960)
Dios nos ha sacado del reino de Satanás y nos llevó a Su reino del Señor Jesucristo. Dios nos ha dado vida en Cristo y nos ha perdonado todas nuestras transgresiones:
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz. (Colosenses 2:13-14 RVR1960)
Dios clavó el acta de decreto contra nosotros en la cruz de Cristo. Dios no nos condena más. No hay nada en nuestro pasado que no haya sido perdonado. Somos libres de la preocupación de la culpa de aquellas cosas que hicimos anteriormente. Dios las ha olvidado:
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. (Romanos 8:1-2 RVR1960)
Somos libres, como un prisionero condenado, esperando su ejecución, a quien el gobernador perdona. Dios nos ha perdonado en Cristo. ¡Tenemos paz!
No solo nuestros pecados pasados han sido perdonados, sino que Dios promete derramar Su gracia sobre nosotros y perdonarnos por nuestros pecados y transgresiones futuras:
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (1 Juan 1:8-10 RVR1960)
Un día Dios completará Su obra en nosotros. El propósito de Dios en nuestra salvación se realizará:
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Filipenses 1:6 RVR1960)
Nos mantendremos perfectos ante la presencia de la gloria de Dios, abrumados por lo que ha hecho en nosotros y por nosotros.1 ¡Tenemos paz porque somos perdonados en Cristo para siempre!
6.2 Somos Hijos de Dios - Parte 6
6.3 Tenemos El Espíritu Santo Habitando en Nosotros - Parte 7 6.4 Nuestra Paz se Manifiesta a Los Demás - Parte 8
7 Conclusión - Parte 8
Derechos de autor © 2020, Stephen W. Lange. Todos los derechos reservados.
DOC=2020-03-09. Traducido por Manuel Can.