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^¿^-^^1^^
-EL EIOJANO
Ensayo
dramático enun
acto y en prosaORIGINAL DE
FLOBEP BELLO SMH
Estrenado con gran éxito en el Teatro Principal de Logroño
la noche del25 de enero de 1898.
LOG-RonsrO:
Imprenta y Libreríade losHijosd« Mtrino
TG-PORTALES-TS
PERSONAJES. ACTORES.
Juana
Sra.CIRERA
(D."Julia)Julia « Echevarría.
Esteban (El Riojano) Sr.
GONZÁLEZ
(D. José)Arturo. » Mercó.
D. Andrés » Aguado.
La
acción enLogroño.—
Escenacontemporánea.—
Derecha é izquierda las del actor.
-^ ADVERTENCIA t^
El personaje Esteban no es el baturro, el jornalero in- culto; es el hijode
una
familia /a6radora, de alguna ins- trucción, tipoque abunda mucho
en Logroño, lugar dondelas escenas se desarrollan.
Esta obra es propiedad de suautor, ynadie podrá, sinsu permiso, reimprimirlanirepresentarla en España y suspose- siones de Ultramar, ni en lospaísesconlos cualesse hayan celebrado ó secelebren en adelante tratados internacionales de propiedadliteraria.
Elautor sereserva elderecho de traducción.
Los comisionadosrepresentantesdelaGalería Lírico-Dra- máticay Teatro Cómico delos
SRES. ARREGUI Y ARUEJ,
son los exclusivamente encargados de conceder ónegar el
permiso derepresentaciónydelcobro delosderechos depro- piedad.
Queda hechoeldepósitoque marca laley.
ACTO ÚNICO
Representa laescena la plazoleta del jardín de la
quintade D. Andrés, en Logroño.
A
la derecha,un
hotelestilo francés conuna
escalinata detres ó cuatro gradas que da acceso á ia puerta principal.
Adornando
laescalera dos hilerasde macetas.A
la izquierda, grupo de árboles conun
claro en el centro suficiente para semejarun
sendero.En
segundo término,una
verjaco- rrida cercando la quinta. Por detrás de la verjase
supone
que hayuna
carretera, ó calle de las afueras de la población.En
la plazoleta, algu- nas macetas, algunos arbustos, colocadosad
hoc,
A
la derecha y cerca de la escalera,un
veladorcito y tres ó cuatro sillas.
En
la partemedia
delaverjauna
puerta.Empieza
laacción alanochecer y continúa en las primeras horas de la noche.ESCENA PRIMERA.
JULIA, D.
ANDRÉS Y ARTURO.
D.ANDRÉS. No comprendo
vuestra manía. ¡Siempre encasa!
Que
fuera yo quien tal hiciera ten- dría suexplicación. Viejo, sin incentivos quepuedan
arrastrarme al bullicio de la vida, sinmás
aspiraciones queá conservar el ca- lorque me
prodiga esta (Julia) consus mi-mos
y arrullos de niñaenamorada
pero607SG8
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6-
vosotros, y este, (Arturo) sobre todo... va- mos,
que
no lo entiendo.En
lo queámi
se refiere tumismo
acabas de darte laexplicación.¿Cómo
habíande rea- lizarse tus aspiraciones si yome marchara
de casay te dejara sola? Mi papel, nomuy
halagüeñoporcierto, se reduce á estar con-
tigo para tenerte contento. Creo
que
si te quejas esporque
quieres, no porque tengas motivos.Pero si no
me
quejo, mujer, demi
suerte:me
conduelo de la vuestra.
Veo que
os aburrís, y eso es todo.Lo
mejor,tíodel alma, esque
no se preocupe de tonterías.Yo
puedo asegurarleque
no pierdoel tiempo,y en casa, entiéndalo bien, en casa es donde tengo mis distracciones. Si fuera pudiera divertirme creoque
nome
ha- bían de ser necesarias sus amonestaciones.Digo, dejando á
un
lado ciertas aventurillasque hemos
corrido juntos,me
pareceque
algo voy gozando de esta vida y no ha sido usted quien ha debido de inducirme á procu-rarme
esos placeres.Muy
conformes, señores,muy
conformes.Sois librescompletamente.
No
creoque
ten- gáis niuno
ni otroque
arrojarme á la cara inculpación alguna de coacciónY
bien creo que pudiera alguna vez permitirme el lujo deimponer
alguna exigencia.¿Va usted, tío, á recordarme lo
mucho que
ledebo?
Bueno
esen ocasiones refrescar las ideas.Mireusted,tío: no recordemoshistorias, por- que haygenteajena álafamilia,ynoestá bien descubrir asuntos que deben ser
un
secreto.Julia.
Arturo.
Julia.
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7-
«La gente ajena» seré yo.
Así lo creo ínterin
mi
tío nose resuelva á darte el castonombre
de esposa (con ironía).Me
parece poco caballerosoofenderáuna mu
-jerporel
mero
hechode serlo(Arturoseencoge de hombros). No, si no es queme
impresionen esosarranquesde desconsideración ymenos-
precio.
No
estás tú tan limpio que puedas creerte invulnerable á los insultos.En
esta vida, hijo, hasta los traposmás
limpios vanal fin á la colada.
Y
tú, ten esto presente, túhace ya unos días que vas
camino
del río.¡Ten cuidado no te ahogues!
(Váse riendo porlapuerta del hotel).
ESCENA SEGUNDA.
D.
ANDRÉS
yARTURO.
D.
Andrés,
(celebrandola frase deJulia) ¡Jajaja! ¡Qué ocu- rrencias tieneesa chica!Arturo.
(con despecho) Sí, esmuy
graciosa. Sobre todo ámí me
hacemuy
feliz.Andrés.
¿Sí?Arturo.
Sí, Esmuy
bonito queuna
mujerzuela im- púdica, sinmás
adornos personales, aparte de su belleza física, que el lodo infamante de donde usted la sacó, ó de donde la sacó otro;porque
aún
siendo estoun
descargo para laconciencia, ni de eso puede usted jactarse;
que una mujer
de esa clase, digo, venga áimponer
en esta casa sus caprichos por leyc^y pretenda, erijirse en dueña absoluta y so^
berana del domicilio. Bien entendido, que yo
me
excluyo de ese dominio vergonzoso. La casa es de usted y en ellapuedemandar
ásuAndrés.
Arturo.
Andrés.
Arturo.
Andrés.
Arturo.
Andrés.
Arturo.
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8-
antojo; pero lo
que
es en mí, pretender des- viarmi
voluntad delcamino que
yo la im- primo, ó seimprime
ella,que
no estoy fuerte en cuestiones metafísicas, esto, tío, esto nolo consigue esa
mujer
niaun
delegándola usted todossus derechos.Que
afán el tuyo, sobrino, en quererhacer de esa chica elemblema
deldespotismo. ¡Perosi esuna malva
inofensiva, ycomo un
perrode obedientel¡No sea usted candido, tíolEstoy casiconven- cido de
que
á cierta edad la razón esun
es- torbo, y no puedomenos
deadmirarme
al vercomo
esaque
llamanmadre
delaciencia desaparece tan pronto habiendo costado tantosañosadquirirla.Escúcheme
concalma,tío, y procure desposeerse[de la pasión
que
leciega! Esridiculo,¿verdad?que yotenga
que
hacerle á usted reflexiones!.... Contésteme.¿Ustedcree
que
esamujer
leama?
¡Como! ¿Acaso tu dudas....!
Yo, nó.
¿Entonces?
Yo
no dudo: si dudara no intentaría hablar deesta cuestión.Tengo
la evidencia deque
esamujer
no le quiere.¡Arturo!
¡Calma, tío, calma! Para
que
esamujer
le quisiera, sería necesarioque
saliese hoy almercado
á vender su corazón;que
encon- trara quien se lo comprase, yque
luego la Providencia le colocara otro nuevo en el pe- cho.Y aun
así, tío, lá Providencia había de darlecorazón joven y de mujer; y estos co- razones buscan por instinto el calor de lacarnesi la pasiónles anima,óelfuego de los
-
9-
suspiros, si han nacido para el amor; pero
no
buscan supropia congelación juntoal fríode las canas ó el hielo de la vejez.
Andrés.
¡Tu quieres volverme loco!Arturo.
No, yo quiero desengañarle.Andrés.
(Exaltado) ¿Querráshacerme
creerque
están desprovistos de cariño loshalagos incesantesque me
propina! ¿que no hayamor
en sus caricias,niternuraen suscuidados?.... Calla, calla, joven descreído y calavera. Pensáis losqne no habéis encontrado
aún
constanciay seguridad femenilesque
todas las mujeres son lomismo,
y os dejais arrastrar por vuestro excepticismocomo
el barquichuelo de papel por lacorriente. Bien claro te lo ha dichoJulia:«Tú caminas
hacia el río: ¡Ten cuidado no teahogues!»Arturo.
¿Sabe ustedque
nome
hace maldita lagra- cia la frasecita esa?Y
no porque usted la repita;sinoporquela dicesinsaberelenconoque
Juliahapuesto enellaalproferirla. Julia,para
que
acabe usted de convencerse,me
ha requeridomuchas
veces y otrastantas la he despreciado por respetos á usted y porquehay
en Logroño, en estamisma
casa, otramujer que
vale cien vecesmás que
ella.Andrés.
¡A ti! ¡Requerirte á ti Julia! ¡Despreciarla tu! ¡Embustero!Arturo.
Tiene usted confianza para más, tío; pero á pesar de su apostrofe, loque
he dicho es cierto.Y
estay no otra es la causadeque Ju-lia
me
odie con toda su alma, y ese yno otro es el fundarhento de esa frasecita que suele decircon tono profótico. «¡Ten cuidado no teahogues!» Bien se yo que la frasecita esa encierra
una
amenaza; pero hoy por hoy-lo-
me
río yo de sus amenazas. Todavíano
tiene donde morder.Andrés. Yo
sabré hasta qué punto es verdad todo eso (intentando marcharse).Arturo. No
lo sabrá usted, tío. Ejerceen ustedmu-
cha influencia esa mujer, y
además
es de lasque
lavan sus pecados conelagua
del llanto.(Váse
Don
Andrés al hotel.)ESCENA TERCERA.
ARTURO,
(solo).Arturo.
(Se sienta) iJulia! Sabemás
gramática parda de la que le parece ámi
tío.Y
es claro, desarrolladasuinteligenciaal calor del vicio, aprendiómucho más
de lo necesario para engañarámi
tíocon lasmismas
seducciones deque
sinduda
se valieron otrosparaenga-ñar
á ella. Si por algo latemo
es por eso.Julia no ha visto
más que maldad
yno
serábuena
nunca.ESCENA CUARTA,
ARTURO Y JUANA
(que sale conun cestillo de ropa apoyado enJacinturaal escuchar la jota de una rondalla que tocará frenteá la verja. El cantador delarondalla dirálasiguiente copla):Tienen las riojanitas dos tesoros
muy
preciados:mucha
nobleza en el alma, y el corazón en lamano.
(Vásela rondallatocandohasta que desaparece)
¡Bonitajota, Juanita!
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
— 11-
(Dejándose caerel cestillo delas manos)¡El seño-
Vamos
mujer, no hay por qué sonrojarseConmigo
yasabesque puedestenerconfianza(Lri cojedeuna
mano
ylaconduce á un lado del proscenio,cercade un arbusto)Oye
¿quéme
contestasá lo que tedije anoche?
(Contimidez) Nada.
¿Has reflexionado bien?
Sí.
Pues esoesloquequiero, que
me
digas el re- sultado de tus reflexiones.Yo
creo que habrás pesado bien las palabras que te dije y estarás decididaá seguirme.¿Y
mi
novio?¿Tu novio?.... Ese se queda aquí.
¿Y si lo sabe?
iCómo
ha desaberlo, mujer!No me
atrevo. ¡Estebanme
quieremucho'
¿Y tú?
Yo
también le quiero y por eso nome
atrevo ádejarle.Pero escúchame, mujer. ¿Que Esteban ytú os
queréis?.... Conforme: no he de ser yo quien quiera
romper
esoslazosdecariño,porqueel
cariño no se hace desaparecer tan fácilmente;
pero dime: ¿Vacilarías tú entre lanzarte á
una vidayaquenode
miseria, de escasezytrabajos por lo menos, óvivirporel contrario rodeada de lujoy comodidades, sin tener que pensar en elmañana,
ni acordarte de que tienesuna
familiaque
necesita detus cuidados siempre molestos,ni deque
tienes hijos que,allá, enel invierno
cuando
las calles están llenas de nieve, y por faltarel jornal en casa, carecen-12-
Juana.
Arturo.
de zapatos y van
quebrando
el hielo del pavi-mento
consuspiececitosdesnudosY aun- que
esto no teconvenciera ¿Puedes tú du- dar en la elección tratándose demí
y deun hombre
rudo y hasta groseroque
lasmismas
peripecias del
matrimonio
habían de hacerle insensible,como
á lamayor
parte de esa gente, yque
no había de detenerse en lasti-mar
tu cuerpo delicado con golpes bruta-les?... Piensaahoraen mí;elegante, bienedu- cado,
mimoso
conlamujer
querida, dispues-toásatisfacer el último de sus caprichos
El, larudeza, el trabajo, la escasez Yo, la dulzura, la molicie, la abundancia El te
brindaen copa de cristal el veneno de la vi-
da
Yo
en copade oro el néctar sabroso de laexistenciaCon
él, sierva esclava Conmigo, reina señora ¡Juanita!¿qué
me
dices? (Juanasecubreelrostro con lasmanos
ysolloza sin contestar).Vamos,
noquie- ro verte llorar. (La abraza eltalley con la otramano
retira delrostro deJuana lassuyas). Jua-nita, contéstamealgo. ¿No ves
como
sufrode impaciencia?¿Y la honra?
(Julia de puntillas atraviesala escena yseinterna entreelgrupo deárboles).
¿Pero tú crees
que hemos
de vivir aquí? No, mujer: dejaremos áLogroño
estamisma
no- che,si tedecides. Iremosá Madrid,allí donde nadie te conoce, y donde no se da importan- cianinguna
á loqpe
estos pueblostanto mi- ran.Allí, loque
tepropongo
esmuy
corrien-te, y lo
mismo
pasea en carretela la esposafielal ladodel marido,
que
elhombre enamo-
rado al lado de su amante.
En
Madrid no se-13 —
preocupa nadie de la vida de otro.
Yo
le ase- guroque
al nidoque
fabriquemos no han de llegar voces que nos molesten.Juana. ¿Y
mi
novio? ¿sospecharáalguna cosa?Arturo. No
tiene motivos. Esta nochecuando
vengale dices que te vas á tu pueblo unos días y asunto concluido.
Juana. ¿Y está lejosMadrid? ¿No podría irallá Este- ban?
Arturo.
Si, Madrid está lejos, y lo natural es que no vaya allí Esteban.Y aunque
fuera... ¿tú creesque
habíadeatreverse á hablarconuna
prin- cesa?Juana. (Comosi empezara á convencerse.) ¡Qué cosas tiene usted, Arturo!
Arturo. No hablemos
más. Vete á tus quehaceres.Cuando
Estebanvuelva lediceslo convenido.Juana. Hasta luego.
Arturo.
Adiós, ¡divina!(Váse Juana).Mañana
á lascin- co, fuga.Y
ahora á preparar los bártulos del viaje.Una
calaveradamas
¿qué importa almundo?
(Váse alhotel tarareando una canción cualquiera).ESCENA QUINTA
Esteban. (viene por la carretera y separa en la puerta de la verja.
No
viendo á nadie en escena, silbade ciertomodo
paraadvertir áJuanaque la está es- perando.No
saliendo nadie seadelanta hasta la escalinata delhotel yrepite el silbido. Espera otro instante y no saliendo aun Juana, se sienta en la primera grada, y saca la petaca dela faja).¡Estará ocupada!
Julia. (Saliendodelgrupo de árboles)
Buenas
noches, Esteban.—
14—
Esteban. (Levantándose precipitadamente) ¡La señorita!
(Se quitala boina)
Muy
buenas, señorita.Julia. Cúbrase usted, Esteban.
Esteban. INo señora, gracias.
Julia. Vannos, honnbre: póngase la boina.
Esteban. (Cubriéndose)
Muchas
gracias.Julia. Viene usted á hablarconJuanita, ¿eh?
Esteban.
La
costunibre, si SQñorSí: custión de pasar nnedia hora.Julia. Sedeben dequerer ustedes
mucho.
Esteban. Anda, ¡ya lo creo! ¡la mar! Quisiera yo saber
si habría algún
hombre
que conociese á la Juanita y no seamelonase
por ella. ¡Esmuy
buena muchacha!
Julia.
Según
eso, usted debe de estarmuy enamo-
rado.
Esteban. (Demostrandorubor)
Un
poco, si señora.Julia. (cambiando deentonación) ¿Es usted celoso?
Esteban
¿Celoso?Julia. Quiero decir
que
si sentiría ustedEsteban. (interrumpiéndola) Si ya sé lo que quiere decir celoso; pero,
vamos,
quemepaice
queesmuy buena
laJuanitajoaque
llegara ese caso.Julia. (Preparandola situación)¿Qué caso?
Esteban.
Toma;
el dedarme
celos.Julia. (Aparentando distracción.)
Pues
yo creíaque
sospechaba usted algo (cambiando de re- pente) ¡Ay! ¡Dios mío, que tonterías se dicen sin querer en esta vida/Esteban. (Picado decuriosidad)Oiga,oiga ustedseñorita,
¿De
qué
sospechasJulia.
De
ninguna, por Dios, ¡qué tonterías! Nada, nada, Esteban, ¡P'orbuena
cosa iba yo ahora á meterleá usted en aprensión!Esteban. Mire usté, señorita, haga el favor de expli- carse, que siendo
una
tontería,como
ustédice, vale
mas
conocerla que no estar du-dando
desi será ó no será.Yó
yame
figuro también que seráuna
tontería; pero si se cori^ en unprencipio se evitan luego otrascosas.
Si no tiene importancia, señor.
Si le digo á usté
que
la creo; pero que losque
andamos
toda la vida por elcampo aprendemos
ciertas cosas que ignoranlos
que
noponen
los piesen él. Laspersonasy las plantasson lomismo. La
yerbamala
de- saparece pronto teniendo cuidao de arran- carlacuando asoma
el tallo; pero, déjela ustéviendo quees pocacantidáy á losquince días se ha chupao la sabia de las plantas buenas. Estasson lasque mueren
si se aban- donan; pero las malas, las malas crecencomo
si las cuidase el diablo. Por eso le digo á ustéqueme
diga lodelaJuana, para arran- car de raíz sus tonterías.¡Si se
empeña
usted !Yo
no quisiera quelo
tomase
en serio: realmente lacosa nome-
rece la pena. ... Al fin es
una
niñería El señorito Arturo que esun
chiquillo¡El señorito Arturo
un
chiquillo!.... Bueno, siga usté.Si, el señorito Arturo, juguetón y
amigo
de chirigotascomo
todos los jóvenes, puesnada
¡si le digo á ustedque
esuna
niñe-ría! (comoquitando importanciaáloque dice, pe- rorecalcando bien lo que pueda herirel corazón de Esteban)Aveces,
cuando
estáde humor,sue-le perseguir á Juanita por los pasillos
como
si jugaran al escondite; la corre hasta que la alcanza; y retozando
como
corderinos, unas vecesluchany forcejeanabrazados hasta caer- le-
alsuelo;otrassalendisparados por esa puer- ta (la del hotel) y se internan por este bosque-
cilio, siempre jugando; y ya rendidos,
mu-
chasvecesse pasanpor ahí lashoras muertas hablando insulseces desde luego, y
demos-
trando siempre loque
yo ledigo á usted,que
son unos niños.Esteban
(Secándose unalágrimacon el dorsode la mano)¿Podría bajar ahora
mi
novia?Julia. ¡Por Dios! Esteban!
Ya
siento haber habladotal cosa.
Nunca
creí queun hombre
pudiera llorar por eso.Esteban. (Avergonzado)¿Lloraryo?
No
señora.Ha
sidoun
poco polvoque me
ha caído en el ojo.Julia. Algo así
me
figurabayo. (con intención) ¿Y leescuece?
Esteban. (Como si comprendierala indirecta) Algo, si se- ñora.
Julia. (aparte) Estees
mi hombre
(á Esteban)Conque
¿aviso á Juanita
que
usted la espera?Esteban. Si,
hágame
usté ese favor.Julia. ¡Ah! Si hablan ustedes de esto, procurará no descubrirme.
Esteban. Descuide usté.
Julia. Vaya, hasta
mañana,
Esteban.Esteban. Adiós, señorita.
Julia. (aparte y mientrasse vá al hotel) ¡Pobre
mu-
chacho! y ¡pobre Arturo! ja jaja! (vase)
ESCENA SEXTA.
ESTEBAN,^
(solo)Esteban. ¡Elseñorito!.... ¡niñerías! ¡tonterías!....¡Siem• pre he oído decir lo
mismo
de los señoritos!No
patee sinoque
Dios ha querido que hasta-17-
los actosde unos y otros se miren de distinta manera.
Como
si lo quehacemos
nosotros fuera intenciónelo siempre y lo de ellosnun-
ca ¡Niñerías!.... ¡Sil, niñería es el abrazarun hombre
de treinta años á lacriadaque va ásu casa á servirlo por diez pesetas misera-bles,
como
si esamujer
tuviese obligación por cantidad tan mezquina, de poner, no sólo los brazos al servicio delacasa,sino elcuer- po entero á disposición del «niño» para que se diviertacon ellacomo
si fueraun
juguete de real ymedio
¡Jugar!.... ¡Qué inocente es la palabra!... Pero señor: ¿nocomprende
esehombre
óese señorito, que esa mujer tieneconmigo un compromiso
sagrao,como
es sa- grada la Virgen de la iglesia que todos la mi- ran y nadie la toca;como
es sagrao para elmundo
entero lo queuno
ha adquirido con honradez y á la luz del día? ¿O esque
se ha ftguraoesta gente que losque noposeemos
niaun
la tierra donde enterramos el sudor, nopodemos mandar tampoco
en el corazón deuna
mujer?... (transición) ¡Se terminó eldiscu- rrir!¡Loshombresdelcampo
nohemos
nacido parapensar.Nuestramisiónsereduceá hundirel azadónen la tierra, á abrircontinuamente surcos y hoyos donde sepultarlas semillas, para
que
«ellos» secoman
luego los frutos.«¡Ellos!» ¡También ellos cavan; pero es en el
cieno paraabrir fosasdondeenterrar
muchas
honras!.... Ea, cada cual con su conciencia (con energía).
Hoy mismo
haré yoque
la Jua-nita se vaya lejos deesta casa, y luego, si el señorito la busca y quiere llevársela, será preciso que trate antes conmigo, y á
mí me
convence enseguida, y sela lleva si, ¡se la
-18-
lleva (la mano)
marcada
enla cara,como
lle- van los borregos lamarca
de fuego! (aparece Juana porla puerta del hotel.)ESCENA SÉPTIMA.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban,
Juana.
Esteban,
Juana.
Esteban
Juana.
Esteban.
ESTEBAN Y JUANA.
Te he hecho esperar, Esteban: ya
me
perdo- narás.Noto
que
desdeque
estás en esta casa has aprendidomucha
educación.¡Qué seriovienes hoy!
Te
equivocas demedio
á medio.Hoy
vengomás
alegreque
otros días. ¿Quieres saber por qué?Tus
alegrías son siempre mías.Lo mismo me
pasa á mi, y por eso estoycomo
ves.¿Sí?
Como
lo oyes.He
sabidoque
tú pasas el díamuy
divertida,gozando mucho,
¡mucho!¿me
entiendes?
Yo
Y como
te quiero tanto, ¡tanto!, óyelo bien,que me
importaría poco perder la vida sihabía de perderte á ti, pues, ¡quequieres!
gozo porque tu gozas, y
me
río porquetueres feliz. ¿No ves?me
río de buena gana;no finjo la risa, no, y esque
tengo necesidad de reír- me,¡mucha
necesidad!Ya
ves tu: si no sol- tara la carcajada,me
ahogaríacomo
si tu- vieseuna
pelotaatravesada enla garganta....¡ya vessi es grande!., ¡ja ja ja ja! (nerviosa- mente.)
Esteban ¡por Dios! ¡Que
me
das miedo!(contenióndose)¿Eh?¿quete doy miedo? ¡Qué
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban,
Juana.
Esteban.
Juana
Esteban.-
19-
cosa
más
rara! ¿Nome
has dicho hace pocoque mis
alegrías son tuyas?Sí, pero
cuando
son naturales;cuando
te ríescomo
todo elmundo;
nocomo
ahora;¡pareces
un
loco!¡Y puede que esté!
Y
si estoy itutienes la culpa!¿Yo?
Sí, tu.
Pues
¿qué hehecho yo?¿Qué,
qué
has hecho? Nada. Tenéis razón todos: son niñerías sin importancia que nomerecen que
las recordemos (Pausa)¿Me
quieres de verdad, Juanita?
¿Que si te quiero?
(Con arrebato) ¿Por
qué
no has contestao yaque
sí?(asustada) jJesús!
Esta noche, ahora
mismo,
te vas á venircon-migo
á casa demi
madre;me
parece queserá detu confianza; la pobre te ha llamao
«hija»
muchas
veces y allí te estás hasta que busques otra colocaciónmás
decente(Reconviniéndole) ¡Esteban!
¡Más decente he dicho!
Ó
hasta que nos casemos.A
la que ha de sermi mujer
no le escatimo youn mes
niun año
demanuten-
ción anticipada
Y
en esto soy yo dis- tinto de los señoritos Ellos no empiezan á dar algo hasta que nohan
lograo todo; y yo doy todo loque
tengocuando
nome
se ha pasaoaún
por la cabeza la idea de lograralgo. ¡Miratu si hay diferencia!
¿Pero de queestás hablando,? Esteban.
De
nada deque
te vengas ahoramismo
ácasa de
mi
madre.-20-
JuANA. ¡Que
me
vaya!Esteban. Digo, si quieres
Y
dispensa sime
había figuraoque
podíamandar
en ti.Juana. Pero
Esteban.
Ya
se loque
vas á decirme:que
porqué
digolo
que
digo, Juana. Claro.Esteban. Claro sí. ¡Pues por nada! Si te he de ser franco no puedo no sé explicarme.
Juana.
Dispénsame
Esteban; pero esome
pareceun
poco raro.Esteban. Juana, para fingir la timidez se nesecita
mu-
cha tranquilidad;ya lo estoy viendo: porque
si nó fingieras
como
lo haces, en vez de re- sistirconcalma mis
palabrasy esperar áque
yó diga loque
nome
atrevo,me
hubierasabierto tuel
camino
hace yarato.Juana. Si tienes tanta razón ¿porqué
note
atreves?Esteban.
No
encuentro hoymás que una
contestación.¡Porque te quiero
mucho!
Juana.
Razón mayor
para atreverte. ¡Siconmigo
no habías de tener confianza!....Esteban.
Y
la tengo, peronunca
para ofenderte.Juana. ¡Ofenderme!
Esteban. (con energía)Sí, Juana, si. Para hablarte con claridad, necesitaría
empezar
por dudarde tu buenafé,seguirechándoteen caraverdadesque
te la pondrían del color del fuego y acabar, sime
hacías frente y no te sonro- jabas, por escupirte al rostroalgunade esas palabrasque manchan
los labios al salirde laboca ¡Ycómo
quieres túque
yome
atreva á tanto, si sóloen pensar
que
podría decírtelome dan
ganas demorderme
la len-gua
y arrojarteá los pies el pedazo paraque
lo pises!
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
Juana.
Esteban.
-21-
Acabemos
deuna
vez. Dicesque no te atreves á hablar yme
aconsejasque
lo digayo. Co- rriente. Sea quien quiera el que te haente- rado, no ha mentido,(con arranque deloco) ¡¡Ehü
(arrepentida) Pero habrá exagerado,
(atenazando lamuñecaá Juana)Luego¿es cierto
que
das cara al señorito?¡A
qué
negarlo si ya lo sabes!(sin soltary másnervioso) ¡Juana!
¡Fué
una
broma! (asustada)¿Sabes
que
estás hablando conmigo?¡Suelta,
me
hieres el brazo!¡Tú
me
has herido ámi
en el alma!(Desasiéndose violentamente) ¡Animal!
¿Aun me
insultas? [conacento de amargura) Tiene razón Arturo: loshombres
delcampo
sois
unos
groseros.¿Y eso lo ha dicho el señorito?
Sí, Arturo lo ha dicho.
¡Arturo! ¡ya lo tuteas! (conacentoame- nazador) ¿Sabestúlo
que
voyá hacer yo con- tigo y con Arturo? (llevándose las manosá la faja)(Viendo la acción de Esteban) ¡Esteban! ¿qué haces?
(Enseñandolafaltriquera) No, no te asustes no llevo nada. Los
hombres
honraosaun
siendo delcampo
dejan lasarmas
en casa.¿Lo ves?
No
llevo nada.¡Gracias, Dios mió!
¡Ah! no, no te alegres tan pronto.
A
Arturodileque salga prevenido esta noche si tiene intenciones de salir.
No
saldrá.Ja, ja ja! ¿Vas á retenerlo tu? ¡Di que si,
Juana.
-22-
mujer! ¡Dilo! ¿Vestusiquiero á
mi madre?
¿vessi te quieroá ti? Pues por tu salud y
lade
mi madre
¡rompo yo esta noche los lazos que osunen
alseñorito y á tíaunque
haya de pasar por el infierno para llegar dondeestéis! (Seva porla puerta dela verja ha- ciendo antesun mutis.)(Yendo hacia la verja) ¡Esteban! (llamando)
¡¡Esteban!! (Vuelve á escena) ¡Dios mío,
¿qué he hecho yo? ¡Jesús! si tiemblo
como una
azogada tengomiedo
(corriendo haciala puerta delhotely llamando) ¡A.rturo!....¡Arturo! Hice mal.
muy mal
enincomo-
darle. ¡Dios mío, que no vuelva!
ESCENA OCTAVA.
JUANA
yARTURO.
Arturo.
(Saliendo) ¿Qué te pasami
vida?Juana.
No
lo sé, tengo miedo.Arturo.
¿Miedo, de qué?Juana. De Esteban.
Arturo.
¿No lo has convencido?Juana. No, lo sabía todo.
Arturo.
(aparte)¡Demonio!—
¿Yqué
ha dicho?Juana. Nó, aqui nó: puede venir.
Há
dichoque
iba á volver.Arturo.
Pero mujer, cálmate, estás nerviosa (fijándose en la muñecade Juana) ¿Quées esto?¿qué señales esta?
Juana.
Me
la ha hecho Esteban.Arturo.
¡Pobrecilla!¿Y era á ese hombre, á ese bruto al que querías unirte?.... ¿Lovés Juana? Siahora te maltrata'¿qué no haría luego?
Juana. Sí; pero ahora,nosé estoy
muyazorada
ahora creoque
debía de tener razón.Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
-23-
Juana! ¡tú desvarías! ¿Razón
un hombre
que ningún derecho tiene sobretí. Calla, calla yno delires.
Sino deliro, Arturo. Al contrario nosé si
es el miedo ó la conciencia ¿Nó llaman ustedes conciencia á esa especiede peso que se pone aquí, donde
me
dan estos latidos,cuando
haceuno una mala
acción?¿Y á
qué
vieneahora eso?Si no lo sé; pero creo que
me
tranquiliza óme
alegra el reconocer que tenía razón Es- teban.Juana, créeme; no es ya tiempo de discutir locuras. Esteban en Logroño nosotros á Madrid Si nosotros
somos
felices, los de-más
¿que nos importan?(Abstraída) ¡Ay!
¿En
qué
piensas aun?¿Pensar?.... en nada.
¿Entonces?
Es decir, sí, debo de pensar en algo....
Ve
usted que rareza Arturo?....Hace
unos ins- tantes y estando los dos aquí,me
imaginaba ámedida
que ustedme
hablaba, que Madridcomo
si fuerauna nube
de esas grandes y doradasque
suelen verse enelcielocuando
el sol se oculta, venía poco á poco acercán- dose á donde nosotros hablábamos,y tanto
más
seaproximaba
cuanto mejor describía usted Madrid y suvida dichosa.Ha
llegadoun
instante en que he visto períectamenteque
lanube
nos envolvía; y nó se porque, efecto raro, deslumbrada sin duda por tan vivos reflejos,me
he sentido sin fuerzas para desenvolverme, y he dicho: sí, Madrid con nosotros, á la Corte, al ruido Devaneos, Arturo,quimeras
delmomento.
—
24—
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Juana.
Arturo.
Sigue...
¡Dios mío! Será debido á
que me
abrasa la fiebre pero es lo ciertoque
ahora ¿vé ustedque
cierro los ojos?pues así y todo veo deshacerse lanube
de oroy apenas siqueda
allí, á lo lejos,
un
girónpequeño
semejanteáuna
cabezaque
se ríe,como
sí pretendiera burlarse demi
credulidad.Juana, no seas loca. Estás bajo la impresión
dei disgusto
que
te ha causado Esteban,y eso es loque
tienes.Entremos
al hotel y asíque
estés tranquila saldremos de
Logroño que
es loque
teconviene para recobrarla calma.Si, entremos, no venga Esteban,
(conincredulidad) Pero ¿tu crees
que
ha de atreverse á llegar hasta aquí.?Lo
creo capaz de cualquier cosa.¡Tontuela! Esteban es
un hombre
al fin y tie- ne reflexión.En
esta vida, hermosa, apren- derásque
loshombres
llegan hasta donde empieza el sacrificio, y son pocos losque
entran en esa esfera porque se eleva á la puerta, la valla del egoísmo. Esteban antesque
perderse, optará por conformarse. Des- pués de todo, vida mía, Esteban debedeestar por suclaseacostumbrado
álos contratiem*pos, y el
que
tu leabandones
implica en élmenos que
la pérdidadeun
jornal.Podrá sercierto; pero no se le irá tan pronto
la cólera.
Mejor para él: eso le hará
ahondar más
enla tierra con el azadón.
De
seguro, quema- ñana
cava doble. (Riéndose)Calle usted ¡por DíIds! y no bromee.
Entra, hermosa, entra. (Al irá entrar al hotel, sale del
mismo
Julia que detiene á Arturo. Váse Juana)-25-
ESCENA NOVENA.
ARTURO
y JULIA.Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo,
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Dispénsame
si he interrumpido el idilio;peroun
asunto de lamayor
gravedadme
ha im- pulsado á hacerlo.Te
suplico la brevedad.(Entono de broma)
Y
yo el coche.¡Julia....!
¿Amas
la vida? (Arturo se limitaá haceruna muecaque lo mismo puede significar asombro, desprecio ó afirmación.) ¿A qué precio lacom-
praríassi hubieras de perderla irremisible- mente.¡Irremisiblemente!
Suponte que á Dios se le antojara esta noche privarte de ella, ¡Dios todo lo puede!
¿Dios? ¡Bueno!
Y aunque
asífuera;¿comercia Dios con la vida de loshombres
para poder ofrecerles nada ácambio
de la mía?Sea, pues, otro
hombre
el que haya de qui- tártela ¿Quédarías tu por impedirlo?Y
¿á dónde conducen esas indagaciones?Ea,
terminemos ¿Me
has pedido brevedad?Vov
áser breve. De mí, óyelo bien, demi
vo- luntad Pero no, no. Antesnecesito porúl-tima vez,
convencerme
deque es verdad queme
odias tanto, que soy para tí tan poca cosaque
prefieres anteponer las burdas y forzadas caricias deuna
criada seducida, á la pasiónque me
inspiras y quecienveces tehe declarado venciendo
mi
natural orgullo y arrostrando la vergüenza de lahumi-
llación.
¡Julia!
-
26-
Julia. (conexaltación) Sí, Arturo, si. Cien veces, á pesar de
mi
condición denigrante, he pen- sado con halagadora constancia, con esa constancia que suelen las vírgenes acariciar la idea delamor
puro, he pensado enque
había dellegar un día,un
instanteenmi
vida, elen que tume
dirigierasuna
palabra de ca- riño,aunque
íuera falsa, paraquemar
yo entonces en el fuegoinmenso
demi alma
lasmezquindades y gusanos de
mi
corazón po- drido. Soñaba, con el anhelo que sueña lamadre
en la vuelta del hijo, con las ansias delque
lucha por la vidaque
se le escapa, con el deseo del mártirque busca la gloria,soñaba
yo que había de llegarun
día ri-sueño y alegre
que me
brindara con lavida honrada,consumiendo
en mi,como
en elpecho de la Magdalena, toda idea de ludibrio y escarnio.
Y
no es, Arturo,que
yo quieracompararme
con aquella pecadora, porque yo nome
siento afectada de santidadcomo
ella.
La Magdalena
sintióamor
á Dios y de Él esperaba todo.Yo
serémás pequeña que
la Magdalena; pero de tíespero
mi
salvación,¡porque es á tí á quien
amo!
Arturo. En
verdad, Julia, queá no pedir imposibles,como
pides, hubiera sido necesario rendirse á tu elocuente oración.De modo
que, ¿tú crees, ó mejor dicho,sueñas con ser hon-rada?.... Pues has dicho
muy
bien; porque eso, Julia, solo esun
sueño.Julia. ¡Arturo! (Suplicante)
Afítüro. Es la honra
una
mercancíaque
no seaviene con tratados de fiducia. Podrás recuperarla á los ojos deDios,como
laMagdalena que
antes citabas; pero á los ojos de loshombres
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
Julia.
Arturo.
.
-27-
aparecerás siempre, por arrepentida que te
muestres,
como
el milano de la fábula. Será raro y antidivino si quieres; pero hija: sonlos
hombres
de tal condición,que aun
sa- biendo que Dios perdona, ellos ni siquiera olvidan.Yámi
¿quéme
importa de los hombres?¿Tu, lo olvidarías tu?
Según
y conforme.Si vierasen
mi una
abnegación sin límites, sime
vieras sometida á ti, subyugada, dis- puesta á cualquier sacrificio queme
pidie- ses, pensando sólo en sertefiel¿loolvidarías?Pero ¿y en
qué
condiciones?En
lasque
tú quisieras. Para conciliario todo, bastaríatu voluntad,una
palabra,un
signo de asentimiento: y desde este instante, desde ahora mismo...., sime
das palabra deabandonar
á la criada.(Conrisa despreciativa) ¡Jajaja! Vive, Julia, vive con
mi
tío que te adoracomo
el niño alpecho y no teacuerdes de mi para nada. Si
con él teniendo esas ideas honradas ¡puedes ser
muy
dichosa!De
modo
que ¿desechasmis
pretensiones?En
absoluto.¡Qué puede pesarte!
Te
habré dicho mil veces queme
río de tusamenazas.
Mira que no sabes donde puede llegar la
mujer
burlada y herida en su orgullo.Ni
me
importa.¡Esteban puede matarte!
(Lanzándosesobre Julia) ¿Eh! (apareceD.Andrés eneste instante.)
-28-
ESCENA DÉCIMA.
DICHOS
y D.ANDRÉS.
¡Julia, Julia, ¿qué es esto?
Nada. Este
que
está siempre enmi
contra y seacalora en cuanto le hablo (hipócritamente)Vamos,
déjale. Conociéndole no sé porqué
has de hacerle caso.Dame
el brazo y pasea-remos un
poco en la carretera.La
nocheestá deliciosa. (Julia se agarraal brazo de D. Andrésyvan juntos haciala puerta dela verja.)
(Al pasar frenteáArturo y en vozbaja) ¡Has de sentirenel
alma
el peso de tus desprecios!(Vánse por lapuerta de la verja Andrésy Julia.
Arturo sequeda viéndolos desaparecer).
ESCENA UNDÉCIMA.
ARTURO
yJUANA
(que sale delhotel precipita- damente.)¡Arturo! (Yendohacia él.)
¿Has oído?(Recibiéndola.)
¡Todo!
¿Y qué?
Te
estoy agradecida, escierto, por la prefe- renciaque me
das sobre esa mujer; pero yo no estoy tranquila.Puede
volverEstebany....¡Siempre Esteban!... Juana, si
hemos
de ser feliceses preciso que olvides á ese hombre.Después de todo, de
mi
has de esperar la dicha. Estebanósu recuerdono podría hacermás que
perturbarla ¿No te he dado buen ejemplo despreciando á Julia?Es cierto Arturo.
(con dulzura y fogosidad.) Ea, no quiero verte
Juana.
Arturo.
-so-
afligida ni pesarosa. Disipa esa tristeza que
empaña
el brillo de tus ojos y empieza á soñar con el porvenirque
te sonríe con laconfianzadel que está seguro de otorgar ven- turay felicidad. El tiempo nos brinda con días alegres. Alejados de Logroño donde dejaremos olvidados los
recuerdos, la vida no puede ser para nosotros
más
que unparaíso fecundo en placeres y unedén inaca- bable de encantos ¡Juana!
Acojamos
lavida
que
se nos depara,como
acojen lasave-cillas la aurora del nuevo día.
Seamos
el ideal delamor
poético; y si en el paroxismodel delirio
contemplamos
almundo
envi- diando nuestra suerte¡respondámosle con trinosde ruiseñores y arrullos de
palomos
enamorados!Ya
empiezo á quererte, Arturo!¡Bendita seas,divina!(júntanseenestrecho abrazo arrobándosecon amor.)
Esteban.
Juana.
Esteban.
Arturo.
Esteban.
ESCENA DUODÉCIMA.
DICHOS Y ESTEBAN
(que durante el deliquio finalhaestadocontemplandoáArturo yJuanades- dela puerta de laverja. Se encarga al talento del actor que interprete estepersonaje laestanciaen escena mientras hablan Arturo yJuana.)(Soltando unacarcajada nerviosa ybrutal)¡Ja,ja ja, ja!(Arturo yJuanasevuelven repentinamente)
¡Mi novio!
(Sin dejarde reir) ¡Sí!
¡Esteban!
(Riendo aún, pero preparando la transición) ¡El
mismo!
Sigan ustedes ¿por qué se asus-tan?.... ¡Mi novio!.... ¡Esteban!.... Nadie, se-
-30 —
ñores, nadie;
un
pito, sí, porque no existe escrituraque
pruebeque
laJuana
es cosamía
(A^vanzando hacialaJuana)¿Nóescierto prenda?.... Luego, si eres libre, ynada me
debes ¿porquéte asustas? (Lacojeporunbrazo y la zarandea con violencia.)
Juana. (Asustada) ¡Arturo!
Esteban.
Muy
bien, asíme
gusta:que
haya quien te defienda.Juana. ¡¡Arturo!!
Arturo.
¡Esteban!Cuando
no se tiene derecho sobreuna mujer
debe respetarse.Esteban. (Quitándoselaboinacon burlesco respeto) Dis- pense usté señorito; pero
me
pareceque
siyo no tengo derecho, usté al
menos
tieneuna
obligación.
Arturo.
¿Yo?Esteban. (Buscandoquerella) ¡Tú, sí!
La
obligación de arreglarconmigo una
cuentaque
no porser reciente esmenos
sagrada.Arturo.
Debierasempezar
por tratarme conmás
con- sideración.ESTEBAN. Gasto la
misma
que tú.Arturo.
¡Yo estoy enmi
casa!Esteban.
Y
yovengo aquí por lo mío.Y
lomío puedo
cogerlo donde loencuentre.Lo
encuentro en tu casa no he de cogerlo de la del vecino.Arturo. En mi
casa no tolerodesvergüenzas de nadie.¡Esa es la puerta!
Esteban. ¿Quieres
que
salga?.,..¡Échame
si puedes!!Arturo. ¿Me
desafías.?Esteban.
Como
quieras. (Seechamano
ala fajay saca un cuchillo.)Juana. (interponiéndose) ¡Arturo!.... ¡Esteban!
Esteban. ¡Quita de en
medio mala
hembra,que
yo no ataco si no se defiende! (Laempujaá unlado)Juana. ¡Dios mío! (Saleprecipitadamenteála carrretera dandovoces) ¡Auxilio! ¡Socorro! (Váse.)
—
31Arturo.
Esteban.
Arturo.
Esteban.
Arturo.
Esteban.
Arturo.
Esteban.
Juana.
ESCENA DÉCIMATERCIA.
ARTURO
yESTEBAN.
En
resumidas cuentas ¿quéquieres?Lo
mío.Si lo tuyo es la Juana, llegaste tarde.
Tarde ó temprano, la
Juana
esmi
vida; ymi
vidanome
ladejo quitar sin defenderme. Con que,mi Juana
ó tu sangre.Nos
la disputare-mos
sinembargo como hombres
decentes:caraá cara. Podrás llevártela; pero
cuando
yo no puedaverlo. ¡Mientras pueda, no te la llevas!De modo que
¿quieres la lucha?¡Hasta la muerte!
Conformes. Espera
un
instante.No
tengo ar-ma. Voy
porella.Menos
mal, que eres valiente.ESCENA DÉCIMACUARTA.
ESTEBAN
(solo).¡La lucha! ¡La muerte! Santas palabras que
acaban
enun momento
con el veneno de los celos. ¿Sufrir?....Luchar
para ahogar el su- frimiento.¿Morir?-... ¡Bah! elque
tiene razón no puede morir.Y aunque
así fuera...Lo
que pesa se arroja lo que estorba se tira. Des- pués de todo para el desgraciaocomo
yo,morir
matando
esuna
dichaque no latienen todos.ESCENA pÉCIMAQUINTA.
ESTEBAN
yJUANA
(que entra corriendo por la puertadela verja).¡Esteban!