UNIVERSIDAD DE ALICANTE
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
TRABAJO FÍN DE MÁSTER
Máster en Arqueología Profesional y Gestión Integral del Patrimonio
Distribución e intercambio de elementos
singulares durante la Edad del Bronce
Cabezo Redondo (Villena, Alicante) como caso
de estudio
Esther Frances Galvañ
Tutores: Gabriel García Atiénzar
Virginia Barciela González
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DISTRIBUCIÓN E INTERCAMBIO DE ELEMENTOS
SINGULARES DURANTE LA EDAD DEL BRONCE: CABEZO
REDONDO (VILLENA, ALICANTE) COMO CASO DE ESTUDIO
ESTHER FRANCES GALVAÑ
RESUMEN
Las relaciones de intercambio a larga y media distancia fueron una constante en la Prehistoria, siendo más intensas a partir de la implantación del modo de vida campesino. Con el surgimiento de las primeras diferenciaciones sociales especialmente en la Edad del Bronce, estas redes de intercambio se hicieron cada vez más complejas y tendieron a focalizarse en objetos que, por su tecnología o materia prima, ofrecían un valor social a sus poseedores o portadores.
Centrándonos en el yacimiento de Cabezo Redondo (Villena, Alicante), se describirán y analizarán aquellos objetos arqueológicos cuya procedencia o naturaleza sea ajena al yacimiento, haciendo especial hincapié en los contextos de aparición. Tratando de mostrar cómo funcionaron y evolucionaron las redes de intercambio durante el II milenio cal BC, pero también cómo evolucionó el valor de estos objetos singulares a lo largo del tiempo.
Palabras clave: Edad del Bronce, Cabezo Redondo, intercambio, tecnología, materia
prima, valor social.
RESUM
Les relacions d'intercanvi a llarga i mitjana distància van ser una constant en la Prehistòria, sent més intenses a partir de la implantació de la manera de vida camperola. Amb el sorgiment de les primeres diferenciacions socials especialment en l'Edat del Bronze, aquestes xarxes d'intercanvi es van fer cada vegada més complexes i van tendir a focalitzar-se en objectes que, per la seua tecnologia o matèria primera, oferien un valor social als seus posseïdors o portadors.
Centrant-nos en el jaciment de Cabezo Redondo (Villena, Alacant), es descriuran i analitzaran aquells objectes arqueològics la procedència o la naturalesa dels quals siga aliena al jaciment, posant l'accent principalment en els contextos d'aparició. Tractant de mostrar com van funcionar i van evolucionar les xarxes d'intercanvi durant el II mil·lenni
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cal BC, però també com va evolucionar el valor d'aquests objectes singulars al llarg del temps.
Paraules clau: Edat del Bronze, Cabezo Redondo, intercanvi, tecnologia, matèria
primera, valor social.
ABSTRACT
Long and medium distance exchange relationships were a constant in prehistory, becoming more intense with the introduction of the peasant way of life. With the emergence of the first social differentiations, especially in the Bronze Age, these exchange networks became increasingly complex and tended to focus on objects which, because of their technology or raw materials, offered a social value to their owners or bearers.
Focusing on the Cabezo Redondo site (Villena, Alicante), we will describe and analyse those archaeological objects whose origin or nature is alien to the site, with special emphasis on the contexts of their appearance. The aim is to show how exchange networks worked and evolved during the second millennium BC, but also how the value of these unique objects evolved over time.
Key words: Bronze Age, Cabezo Redondo, exchange, technology, raw material, social
3 AGRADECIMIENTOS
Este trabajo no habría sido posible sin el apoyo y dedicación de muchas personas. En primer lugar, agradecer a mis dos tutores, Gabriel García Atiénzar y Virginia Barciela González por guiarme, corregirme y animarme en todo lo necesario, porque no hubiera llegado hasta aquí sin su gran sabiduría y dedicación. También agradecer a Mauro Hernández, que directa o indirectamente su esencia permanece en esta investigación. A los tres infinitas gracias por descubrirme el mundo de la arqueología.
También agradecer a Laura Alcaraz y Jesús García, directora y técnico del Museo Arqueológico José Mª Soler (Villena), por facilitarme todo tipo de información para esta modesta investigación.
A mis padres y hermano porque siempre me han apoyado para que siga mi propio rumbo, pero también los que me han guiado para no desviarme de él. A Borja por estar siempre ahí, y a Laura, Berta, Lirios, Fabiola, Vicente y Gema, porque he aprendido más de ellos que ellos de mí.
Este trabajo ha sido realizado bajo el marco de la Ayuda para estudios de Máster oficial e iniciación a la investigación dentro de la convocatoria del Programa Propio del Vicerrectorado de Investigación y Transferencia de Conocimiento para el fomento de la I+D+I de la Universidad de Alicante.
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ÍNDICE
1.INTRODUCCIÓN ____________________________________________________6 2. METODOLOGÍA ____________________________________________________7 3. CABEZO REDONDO: EL CASO DE ANÁLISIS __________________________ 9 3.1. Cabezo Redondo. Espacio y tiempo en un asentamiento de la Edad del Bronce _9 4. TEORÍA ECONÓMICA: EL INTERCAMBIO EN LA SOCIEDAD
PREHISTÓRICA _________________________________________________13 4.1. La socioeconomía en la Edad del Bronce ______________________________14 4.2. Las formas de propiedad: el excedente y su distribución __________________15 4.3. El intercambio y sus formas ________________________________________ 16 4.3.1. La reciprocidad ______________________________________________16 4.3.2. La redistribución _____________________________________________21 4.3.3. El intercambio _______________________________________________24 4.3.4. La moneda primitiva __________________________________________26 5. EL INTERCAMBIO EN SU CONTEXTO_________________________________27 5.1. Pasta vítrea ______________________________________________________28 5.1.1. La materia prima _____________________________________________28 5.1.2. Los materiales de Cabezo Redondo ______________________________ 30 5.1.3. Los adornos de vidrio en la Edad del Bronce peninsular y su contexto europeo ____________________________________________________ 33 5.1.4. Discusión: relaciones y vías de intercambio ________________________34 5.2. La cerámica _____________________________________________________ 37 5.2.1. La materia prima _____________________________________________37 5.2.2. Los materiales de Cabezo Redondo y su posible influencia de Cogotas I _ 40 5.2.3. La cerámica tipo Cogotas y su presencia en el contexto peninsular ______45 5.2.4. Discusión: relaciones y vías de intercambio ________________________49 5.3. Marfil ___________________________________________________________52 5.3.1. La materia prima y las posibles fuentes de aprovisionamiento peninsular_ 52 5.3.2. Los hallazgos de marfil encontrados en Cabezo Redondo _____________56 5.3.3. Valoraciones finales __________________________________________ 63 5.4. Hueso ___________________________________________________________65 5.4.1. La materia prima _____________________________________________65
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5.4.2. Los objetos de Cabezo Redondo: aprovisionamiento e intercambio ___67 5.5. El bronce / cobre _______________________________________________75 5.5.1. La materia prima __________________________________________ 75 5.5.2. Los objetos de Cabezo Redondo: aprovisionamiento e intercambio ___78 5.6. El oro ________________________________________________________84 5.6.1. La materia prima ___________________________________________84 5.6.2. Los materiales de Cabezo Redondo: aprovisionamiento e intercambio_ 85 5.7. La plata ______________________________________________________ 97 5.7.1. La materia prima ___________________________________________97 5.7.2. Los materiales de Cabezo Redondo y el aprovisionamiento _________ 99 6. TIEMPO, VALOR Y FORMA: LOS ELEMENTOS SINGULARES EN SU CONTEXTO ___________________________________________________100 6.1. Objetos de materia prima exógena con formas estandarizadas_________101 6.2. Objetos de materia prima exógena con formas singulares ____________101 6.3. Objetos locales con formas singulares ___________________________102 6.4. Objetos foráneos extrapeninsulares _____________________________102 6.5. Objetos de materia prima o tecnología foránea ____________________103 7. CONCLUSIONES _______________________________________________106 8. BIBLIOGRAFÍA ________________________________________________108
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1.INTRODUCCIÓN
Desde muy temprana edad, el mundo se rige por estrictos pilares políticos, sociales y económicos, los cuales definen la sociedad en la que hoy en día habitamos. Estos bloques fundamentales no son tres elementos fijos, sino que es necesario que se complementen para, de este modo, junto a un contexto determinado, puedan detallar un tipo de sociedad concreta. Por lo tanto,para un estudio exhaustivo de cualquier sociedad del presente y del pasado, se necesita que dichas piezas vayan casando, teniendo por último un resultado común.
En este caso, nos centraremos en ahondar dentro de una de las partes más características de la economía, como sonlas relaciones de intercambio y distribución en el contexto de la Edad del Bronce y, más concretamente, en el sitio de Cabezo Redondo (Villena, Alicante). El objetivo general que se propone es el análisis la distribución e intercambio de los elementos singulares, es decir, los componentes de la cultura material mueble cuya naturaleza de objeto extraordinario, raro o excelente radica en variables como, por ejemplo, el hecho de que sean objetos foráneos, elaborados sobre materias primas no autóctonas, con una tecnología especializada, o que puedan presentar una morfología o patrones decorativos poco comunes en el contexto en el que se documentan. Además, esta categoría también puede hacer alusión a objetos no productivos con una función simbólica, como es el caso de determinados adornos personales u otros objetos de prestigio como, por ejemplo, vajillas o armas. Es decir, focalizaremos este TFM sobre elementos que no forman parte de otras actividades productivas. Sin embargo, también pueden ser objetos productivos, como herramientas, en cuyo caso su singularidad radica en sumateria prima foránea, siendo un gran ejemplo de ello las herramientas realizadas con metal.
Todas estas variables que permiten definir su singularidad nos proporcionan información acerca de la existencia de contactos e intercambios con otras poblaciones, siendo, por lo tanto, lo que los diferencian de objetos autóctonos comunes que se documentan de forma abundante en la cultura material y que se fabrican en el yacimiento con materias primas autóctonas.
Esta investigación también puede articularse en torno a una serie de objetivos más particularesque permiten ahondar en un conocimiento más específico de las relaciones de intercambio. En este sentido, nos centraremos en poder identificar, describir y
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cuantificar los elementos que consideramos como singulares, atendiendo siempre a las variables que se han mencionado con anterioridad. Del mismo modo,es imprescindible la identificación desde un punto de vista contextual de los elementos singulares para concretar su distribución espacial, así como en qué cantidad y variedad aparecen. También es de especial relevancia identificar, desde un punto de vista cronoestratigráfico, la presencia de los elementos singulares, es decir, concretar en qué espacios del asentamiento se documentan, así como en qué fases cronológicas lo hacen, pudiendo observar así, por ejemplo, los posibles cambios a lo largo de la secuencia o concentraciones significativas. Por último, se intentará ahondar en la observación y el análisis de la materialidad que habremos identificado como singular en otros contextos regionales, peninsulares y extrapeninsulares como medio para identificar las posibles rutas de intercambio.
Fig. 1: Tabla con todas las piezas que se han estudiado para la realización del trabajo.
2. METODOLOGÍA
Para esta investigación se ha realizado el análisis de los materiales definidos anteriormente como medio para ahondar en las relaciones socioeconómicas de la Prehistoria, concretamente durante buena parte del II milenio cal BC o, lo que es lo mismo, la Edad del Bronce. Para inferir en estas relaciones se necesitará realizar un estudio que atienda a diversas escalas o unidades de observación. Cualquier proyecto de investigación arqueológica implica la necesidad de determinar y aplicar las unidades de
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observación como forma de asociar teoría y praxis en el proceso de investigación. Con ello se consigue dotar de contenido social e histórico a las categorías teóricas de lo observable. Consideramos enormemente relevante esta apreciación ya que, en nuestra opinión, no podremos avanzar en el reconocimiento de las características de una sociedad concreta si no empleamos categorías teóricas que permitan conectar lo empírico y observable en los registros arqueológicos con los aspectos esenciales que las configuran, fundamentalmente, con el modo de producción y el modo de reproducción (Bate, 1998). Siendo coherentes con este programa de investigación, creemos necesario mostrar una correcta concatenación entre la teoría sustantiva que estamos manejando y las categorías empíricas de la teoría de la observación. De este modo, son varias las unidades de observación y análisis propuestas desde la Arqueología social, desde Artefactos, Arteusos y Circundantos, hasta las Áreas de actividad, Unidad doméstica, Asentamiento y Territorio político/Espacio social, que, debidamente articuladas y concatenadas, constituyen nuestra forma de inferir e interpretar el registro arqueológico con el que contamos (Jover, 2013).
En este TFM nos centraremos, de manera especial, en los artefactos, concretamente en aquellos que, como se ha descrito en el epígrafe anterior, pueden definirse como singulares por su materia prima y/o tecnología de elaboración. La metodología seguida para su análisis ha sido, básicamente, bibliográfica, tanto de forma específica como general. En este sentido, debemos destacar que nos hemos apoyado en las tesis doctorales de José Luís Simón (1998) para los objetos metálicos, la de Juan Antonio López Padilla (2011) para los de hueso, asta y marfil y la de Virginia Barciela (2015) para los elementos de adorno, además de otros trabajos generados tanto por José Mª Soler como por el actual equipo de investigación de Cabezo Redondo. También cabe mencionar que, aparte de este tipo de investigaciones, también hemos optado por consultar otro tipo de fuentes como la base de datos del Museo Arqueológico Municipal de Villena y, en determinados casos, los diarios de excavación para concretar el contexto arqueológico. Todo ello ha permitido sistematizar en diferentes bases de datos la información relativa a la identificación y catalogación de los materiales estudiados. La unidad de análisis básica que ha permitido extraer toda la información posible articulando la organización de estas bases de datos ha sido la materia prima, elemento que nos permite ahondar en cuestiones tales como su procedencia autóctona o alóctona, la tecnología desarrollada para su elaboración, o concretar su origen en relación a los diferentes contextos productivos y artesanales
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reconocidos en Cabezo Redondo, siendo esta la segunda unidad de observación que valoraremos a lo largo del TFM.
Las bases de datos generadas han buscado organizar la información de cada pieza. En primer lugar, se registraba el número de pieza, localidad del yacimiento y su cronología, además del contexto en el que ha apareció –número de corte, Departamento, Unidad Estratigráfica, fecha de campaña, entre otros datos. Sin embargo, para determinadas piezas no se ha conseguido completar este riguroso registro al no tener disponible toda esta información, sobre todo en los materiales procedentes de las excavaciones antiguas. En segundo lugar, los objetos han sido clasificados dependiendo de su materia prima, técnica de fabricación, aspectos morfológico-funcionales –anillo, punta de flecha, botón, etc.–, la sección y el peso del objeto. Por último, se plasman las medidas –longitud, anchura y grosor–, y si tiene algún tipo de perforaciones o, si son objetos circulares, el diámetro medio y el diámetro interno.
El basarnos en una amalgama de bibliografía de estas características ha hecho que podamos analizar y comparar diferentes yacimientos que pudieran haber mantenido relaciones a través del intercambio con Cabezo Redondo. En este sentido, además de la bibliografía especializada en determinadas producciones, se ha intentado rastrear los centros de producción de determinados elementos singulares. Cartografiarla dispersión de dichos objetos nos ayudará a comprender las dinámicas territoriales y de intercambio, algo que nos permite adentrarnos en el territorio político y el espacio social como tercera unidad de observación. Somos conscientes que para varios objetos resultará complejo establecer un origen concreto, pero creemos que gracias a cartografiar un conjunto de hallazgos de idéntica morfología, materia prima y tecnología puede permitir adentrarnos en las relaciones de intercambio.
3. CABEZO REDONDO: EL CASO DE ANÁLISIS
3.1. Cabezo Redondo. Espacio y tiempo en un asentamiento de la Edad del Bronce
Antes que nada, y para conseguir desarrollar los objetivos expuestos, consideramos necesario exponer qué centraránuestra investigación. Cabezo Redondo está ubicado en la localidad de Villena, provincia de Alicante, concretamente en la partida de Los
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Cabezos, a unos 2 km de la población de Villena. Sus coordenadas UTM son 30S 683555/4279318 (ETRS89), correspondiente a la Hoja IGN 845 (27-33) (Fig. 1).
Se trata de un cerro de planta ligeramente elíptica, de unos 200 m en el eje mayor y unos 190 m en el menor (Hernández Pérez et al., 2016). Su cima se eleva a unos 40 m sobre las tierras circundantes, las cuales son excepcionales para el desarrollo de una economía agropecuaria, aunque las más inmediatas son prácticamente estériles, por lo que no son aptas para la agricultura. Sin embargo, a menos de 1 km se localizan tierras de gran calidad, además de localizarse antiguas lagunas salobres interiores, destacando la Laguna de Villena a unos 2 km al oeste del yacimiento (Hernández Pérez et al., 2016).
Fig.2: Ubicación del yacimiento de Cabezo Redondo.
En febrero de 1950, después de una intensa investigación bibliográfica, archivística y de continuas visitas al yacimiento, así como de recogida de materiales, José Mª Soler inició las excavaciones arqueológicas. Durante los años 1959 y 1960 excava en la ladera occidental, en los bordes de las canteras y en la cresta superior de cerro, poniendo al descubierto casas, enterramientos humanos y una variedad excepcional de material arqueológico. Todo ello provocó que en 1968 el yacimiento de Cabezo Redondo fuera
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declarado Conjunto Histórico Artístico, en lo que en la actualidad repercute en ser Bien de Interés Cultural, además de convertirse en propiedad del Estado dos años después. Hacia finales de la década de los 80 del pasado siglo XX se inicia una nueva etapa en las excavaciones, ahora bajo la dirección de José Mª Soler y de Mauro S. Hernández Pérez, Catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alicante. Esta codirección continuó hasta 1996 con el fallecimiento de José Mª Soler (Hernández Pérez, et al., 2016). En la actualidad, los trabajos continúan, habiéndose sumado a la dirección de los trabajos científicos los tutores de este Trabajo Final de Máster.
A lo largo de estas excavaciones, como se ha mencionado, José Mª Soler utilizó el término departamento para la designación de aquellos espacios determinados por cuatro muros, y que él mismo había podido identificar hasta 18 (Soler García, 1987; Hernández Pérez et al., 2016). En las posteriores campañas arqueológicas se ha continuado con esta terminología y numeración, llegando hasta 32de estos espacios, junto a diversos pasillos y calles que permiten el tránsito y el acceso a los departamentos excavados. Por lo tanto, este tipo de terminología será recurrente en el presente trabajo al utilizarse con bastante regularidaden la bibliografía que analiza las características del yacimiento.
Estos departamentos suelen ser rectangulares, aunque con frecuencia redondean sus ángulos. Algunos se enlazan por medio de escalones de piedra y otros se comunican mediante vanos (Hernández Pérez et al., 2016). Los muros estánconstruidos con hiladas superpuestas de piedra de distinto tamaño que, en muchas ocasiones, aparecen enlucidos, sobre todo en el interior de las paredes de las estancias. Los techos fueron construidos con cañas, barro y troncos y estaría sostenidos por postes de madera, ya que se conservan los agujeros de estos.
En la segunda etapa de estas excavaciones, los trabajos se han centrado en ampliar la zona ya excavada por Soler y conocer la extensión del yacimiento. Esto ha tenido como resultado el aumento de la superficie excavada hasta los 1.400 m², así como la realización de dos sondeos transversales donde se determinó que la última construcción del yacimiento debía situarse a la altura del actual camino, a unos 15 m sobre la superficie más llana (Hernández Pérez et al., 2016). En los últimos años se han llevado a cabo intervenciones en la cima del cerro, ampliándose uno de los sondeos mencionados anteriormente (Fig. 2).
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Fig. 3: Plano completo del yacimiento (cedido por Virginia Barciela, Gabriel García y Mauro Hernández,
directores del yacimiento de Cabezo Redondo).
Todos estos años de excavaciones continuadas y de investigación han dado como resultado un excelente yacimiento, con una amplia serie de contextos excavados, desde domésticos, donde se registra una amplia variabilidad, hasta artesanales, algunos con un importante grado de especialización. Además, se cuenta con una amplia serie de dataciones absolutas que nos permiten identificar las dos grandes fases de ocupación, aunque dentro de cada una pueden observarse diferentes eventos o transformaciones de gran calado.
Con los datos actuales, sabemos que su fundación se sitúa en torno al 2100 cal BC, identificando este primer asentamiento dentro del Bronce Antiguo situándose en la parte elevada del cerro. Desafortunadamente, poco se puede precisar sobre el urbanismo en este momento debido a que este espacio fue reutilizado durante el Bronce tardío, además de quedar afectado por una de las canteras que se abrió en el cerro durante la primera mitad del siglo XX.
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Posteriormente entre 1650 y el 1300 cal BC se producen importantes transformaciones arquitectónicas que suponen una reestructuración de gran importancia en la ladera occidental (Fig. 3). Todos estos cambios se concentran en la fase arqueológica conocida como Bronce Tardío o Postargar. El yacimiento es finalmente abandonado entre 1300 y 1250 cal BC, es decir, antes del inicio del Bronce Final I (Jover Maestre et al., 2016b; Hernández Pérez et al., 2016).
Fig. 4:Croquis de los departamentos excavados en Cabezo Redondo (Hernández Pérez et al., 2016).
4.TEORÍA ECONÓMICA: EL INTERCAMBIO EN LAS
SOCIEDADES PREHISTÓRICAS
El concepto de economía viene del latín medieval oeconomia, y este del griego οἰκονομία (oikonomía), de οἶκος (oîkos) “casa” y νέμειν (némein) “distribuir”, “administrar”. Así pues, según la RAE, hay dos acepciones de interés, en primer lugar, la economía como una administración eficaz y razonable de los bienes, y, en segundo lugar, el conjunto de actividades que integran la riqueza de una colectividad o un individuo.
Atendiendo a estas acepciones, y desde el marco de la antropología económica, algunos autores, como Polanyi (1957), basándose en planteamientos ya presentes en el economista M. Weber, han definido la economía atendiendo a dos conceptos: la economía material o “sustantiva” y la “formal”. En la primera de las acepciones se definiría como las actividades que tienen que ver con la creación, distribución o consumo de bienes y servicios, en el marco de la cultura, es decir, se centra en la vida material de un grupo y
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la forma en que éste se abastece; respondiendo no solo a comportamientos meramente económicos (eficiencia de medios y fines) sino a aspectos sociales, éticos o políticos, entre otros. La segunda acepción incluiría aquellas acciones racionales, individuales, que buscan maximizar el beneficio u optimizar los medios en relación a los fines, es decir “economizar”, y en la que el dinero constituye su aplicación más perfeccionada. Autores como Gudeman (2001) aluden a que todas las sociedades presentan esta doble racionalidad: la social o comunal y la individual.
Dentro de la teoría económica existen numerosos enfoques, aunque no vamos a describir cada uno de ellos porque excedería el objetivo de este trabajo. En esta ocasión, nos centraremos en la aproximación a las características socioeconómicas de estos grupos en base a los estudios realizados y diferentes propuestas sobre los intercambios en base a propuestas de la antropología económica que contrastaremos con los datos arqueológicos.
4.1. La socioeconomía en la Edad del Bronce
Las actividades económicas de la Edad del Bronce han sido objeto de diversas investigaciones, tanto de carácter parcial (Enguix, 1975) como total (Aparicio, 1976; Martí, 1983), en los que se han llegado a diferentes conclusiones, muchas de ellas con aspectos bastante contradictorios (Hernández Pérez, 1985).
En el estudio de J. Aparico (1976) sobre la sociedad y la economía de la Edad del Bronce se afirmaba que esta era una etapa de crisis en la historia del territorio valenciano, definiéndola incluso como la segunda gran crisis económica de la Comunidad Valenciana. Sin embargo, otros autores como B. Martí (1983) afirmaba todo lo contrario, definiéndola como una etapa de crecimiento demográfico muy importante que tuvo como consecuencia la ocupación de nuevas tierras para las labores agrícolas y ganaderas. No obstante, y como afirma Martí (1983), la actividad agrícola premiaba sobre la ganadería y la caza, actividades estas últimas que algunos yacimientos como, por ejemplo, en La Horna (Aspe), apenas aparecen representadas. Esto dato se podría explicar por el hecho de que hay una especialización de la actividad agrícola en los poblados ubicados en zonas más llanas, mientras que en los construidos en áreas montañosas tienden a tener una mayor dedicación a la ganadería y la caza, aunque hay que tener en cuenta que esto no siempre coincide (Hernández Pérez, 1985).
Así pues, la zona valenciana tampoco es un territorio encerrado dentro de sus fronteras en el II milenio ya que encontramos pruebas evidentes en las actividades metalúrgicas y
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cerámicas. Todos estos útiles son interpretados como resultado de relaciones e intercambios, importando los útiles ya manufacturados o las materias primas (Hernández Pérez, 1985). Todo ello evoca a que no solamente lleguen al asentamiento los elementos necesarios para realizar útiles para el día a día, sino que también llegan elementos con un valor más singular, ya sea por la materia prima o por la tecnología empleada, por lo que estarían destinados a una sociedad con un cierto grupo que tiene que diferenciarse de los demás, encaminándose hacia una organización cada vez más jerarquizada de grupos que empiezan a organizar las actividades del asentamiento, adentrándose así en las sociedades complejas.
4.2. Las formas de propiedad: el excedente y su distribución
Una sociedad que reconozcamos como compleja o con una cierta complejidad en su organización interna debe tener unas características que determinen cierto poder económico. Tanto es así que podemos decir que la clave en la economía política de las sociedades complejas radica en determinar la procedencia del excedente. Autores como Leslie White señalan que la evolución cultural siguió a los avances tecnológicos en la captación de energía. Esto significa que, con cada innovación, una cantidad mayor de energía sostendría a más gente, liberándolas de un espectro más amplio de actividad, por lo que el proceso tecnológico permite una producción de excedente cada vez más grande (Johnson y Earle, 2003), permitiendo que surjan y se sostengan actividades no enfocadas a la producción como son las artes, la religión, los artesanos e, incluso, el mantenimiento de un grupo de élite.
Sin embargo, otros autores, como Pearson (1957), mantienen la imposibilidad de definir un “nivel de subsistencia” fijo más allá del cual se dispone de excedente para el desarrollo. Este autor creía que todas las sociedades tienen el potencial de producir más allá de cualquier necesidad biológica, pero si lo hacen o no o si dedican tal exceso a un consumo familiar mayor o a gastos públicos, depende del contexto social en el que el sistema de producción está integrado (Johnson y Allen, 2003). Con lo cual, la sociedad tiene la capacidad para tener excedente y decide que va a hacer con él, por lo que más excedente no significa una mayor complejidad social, puesto que la sociedad en sí misma es la que crea el excedente.
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Por otro lado, autores como Harris (1959) defienden que el excedente nunca es superfluo, sino que es esencial para la supervivencia a largo plazo de la población, siendo igualmente válido afirmar que la sociedad crea el excedente y que el excedente sostiene a la sociedad. De este modo, entraríamos en los diferentes procesos de apropiación, así como los intercambios y sus formas (comerciales, sociales, etc.). Las formas de propiedad determinan una forma concreta de distribución del excedente o de determinados objetos. Este excedente provocará que pueda haber transformaciones de un grupo local hacia una entidad política regional, significando para las familias que sus objetivos productivos deben expandirse para cubrir las demandas de la economía política regional, principalmente en forma de pago a las élites. Estas demandas pueden verse de dos maneras, como un signo de que la economía campesina se halla trabada en la sociedad o, por otra parte, como un gasto innecesario en las relaciones sociales, siendo algo vital para el éxito a largo plazo de la familia respecto a la subsistencia y a la reproducción.
Estas apreciaciones nos condicen a las diferentes propuestas que, desde la arqueología antropológica, se han planteado sobre el intercambio y sus formas, como sería el caso de la reciprocidad, la redistribución, el intercambio y la moneda primitiva.
4.3. El intercambio y sus formas 4.3.1. La reciprocidad
La reciprocidad simple es aquella donde la familia nuclear depende de la voluntad del padre para compartir la comida con su pareja y sus descendientes, y esto es devuelto por la aceptación de la madre o mujer de las normas culturales que le exigen ser compañera y sexualmente fiel a su “marido” (Johnson y Earle, 2003). Esto es lo que ha venido a denominarse intercambio de comida por el derecho de reproducción, pero este tipo de convenios se basan en la confianza de que los descendientes que tengan sí sean sus descendientes directos. Esto nos muestra como la vida social humana se basa en las relaciones de confianza, extendiéndose mucho más allá que la familia nuclear, utilizándose, pues, el intercambio y los refuerzos simbólicos para la construcción de lazos duraderos de ayuda mutua (Johnson y Earle, 2003). Esto provoca, a su vez, que los individuos en las sociedades de nivel familiar también constituyen lazos perdurables a través de “prestaciones”, es decir, regalos que llevan obligaciones implícitas y, con ello, las tres obligaciones principales asociadas a las prestaciones: devolver, recibir y dar
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(Johnson y Earle, 2003). La obligación de devolver es la más obvia y familiar: un regalo crea la obligación de devolverlo. Se dará algo equivalente para devolver el regalo, siendo un golpe a la relación un fallo a la hora de ser recíprocos. El hecho de recibir es aceptar un regalo cuando este se ofrece, ya que el aceptar un regalo significa la aceptación de la obligación de devolverlo, estando, además, aceptando una relación con el donante. Si nos negamos a aceptar o devolver un regalo, inmediatamente es símbolo de querer cortar lo más rápido posible la relación, convirtiéndose para el donante en un insulto, un rechazo al gesto de confianza que el regalo encierra en sí mismo. Así pues, si decidimos devolverlo, es preciso esperar al momento oportuno. Por último, dar es la obligación de ser generoso cuando uno tiene recursos. El hecho de no dar cuando es apropiado es un rechazo y un golpe a la relación. Cada rechazo es un descontento que va malogrando la relación, así que si se quiere mantener dicha relación se intentará enmendar con cuidado. Esto implica que autores como Polanyi (1944) afirmen que la reciprocidad sea la forma de relación económica particularmente característica de las sociedades igualitarias. Este planteamiento se basa en el hecho de que, siendo iguales, se intercambian bienes y servicios con amigos y conocidos de confianza y, aunque estos intercambios pueden tener un contenido y funciones económicas, siguen siendo sociales, ya que son sociedades sin mercado por lo que la economía es fundamentalmente social (Johnson y Earle, 2003). Esta idea de una economía social implica que los individuos nacen con redes preexistentes de relaciones, pero también crean nuevas, determinando la naturaleza del intercambio por la organización social de la economía.
Dentro de una relación social considerada como continua, una transacción material es generalmente un episodio momentáneo. La relación social es la que gobierna, constriñéndose el flujo de bienes por una etiqueta de estatus y formando parte de ella (Sahlins, 1974). Así pues, la conexión entre la corriente material y las relaciones sociales es recíproca. Una relación social determinada puede dificultar en gran mesura cierto movimiento de bienes. En cambio, una transacción específica puede inducir una relación social particular. Esto lo vemos claramente en el hecho de que, si los amigos hacen regalos, son los regalos los que hacen amigos. La función instrumental que se presenta es la función decisiva de una gran parte del intercambio primitivo. En consecuencia, la corriente material garantiza o inicia las relaciones sociales, dejando patente que la condición indicativa de la sociedad primitiva es la ausencia de un poder público y soberano, siendo efectivo el enfrentamiento los unos con los otros de personas o grupos
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en especial para intereses distintivos, pero también con el objetivo de materializarlos (Sahlins, 1974). La fuerza está descentralizada y legítimamente ejercida en pluralidad, teniendo una capacidad social aún por lograrse.
En definitiva, la pacificación no es un hecho intersocial esporádico, sino un proceso continuo que se desenvuelve dentro de la propia sociedad. Los grupos deben llegar a un acuerdo, que se materializa con un intercambio material satisfactorio para ambas partes. Hemos definido la economía como el proceso de aprovisionamiento (material) de la sociedad, oponiéndola al acto humano de satisfacción de necesidades (Sahlins, 1974). De este modo, la importancia del intercambio instrumental en las sociedades primitivas subraya la utilidad de la definición. A veces, el aspecto pacificador es fundamental, ya que cambian de manos, tipos y cantidades exactamente iguales de mercadería, quedando simbolizada la renuncia a intereses opuestos (Sahlins, 1974). En consecuencia, el interés de estas transacciones reside precisamente en que no proporcionan un aprovisionamiento material y en el hecho de que no se basan en la satisfacción de las necesidades materiales de los seres humanos (Sahlins, 1974). Sin embargo, lo que hacen es proporcionar una sociedad, dicho con otras palabras, mantienen las relaciones sociales, la estructura de la sociedad, aunque no aumenten en lo más mínimo la reserva de objetos de consumo. Sin embargo, después de todo lo expuesto, vemos que hay una tendencia popular a considerar la reciprocidad como equilibrio, como intercambio incondicional de uno por otro. Considerada como una transferencia material, la reciprocidad a menudo nada tiene que ver con eso. En realidad, es mediante el escrutinio de los momentos en que se aparta de un intercambio equilibrado la forma en que podemos entrever la interacción entre la reciprocidad, las relaciones sociales y las circunstancias materiales (Sahlins, 1974). En consecuencia, la reciprocidad es toda una clase de intercambio, un continuo de formas. Esto lo vemos en el restringido contexto de las transacciones materiales por oposición a un principio social mucho más extendido o a la normal moral de dar y recibir. En un extremo nos encontramos con la ayuda dada libremente, que sería inconcebible e inasociable un acuerdo abierto de retribución. En el otro extremo, la apropiación egoísta, la obtención por medio de la fuerza o de argucias sólo correspondida por un esfuerzo igual y opuesto basado en el principio de la ley del Talión1, “reciprocidad negativa” según
1 Del latín lex talionis. Principio jurídico de justicia retributiva en el cual la norma impone un castigo que
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Gouldener (Sahlins, 1974). Los extremos son claramente negativos y positivos en un sentido moral. Los intervalos entre ellos no son tan solo otras tantas gradaciones de equilibrio material en el intercambio, sino que son también intervalos en la sociabilidad. En resumidas cuentas, vemos que, para el intercambio con tribus cercanas, este tiene que ser honesto y moral, ya que otorga una buena relación entre ellos y a los comerciantes prestigio y ganancias. Por otra parte, un trato con gente lejana, “extranjeros”, es considerado como peligrosa, por lo que no merecen ningún tipo de trato moral (esto lo vemos en los moralistas Siuai), por lo que podríamos plantearnos que el intercambio se realiza con los poblados vecinos, que a su vez estos hacen lo mismo, creándose de este modo redes extensas de intercambio pudiendo llegar materiales de lugares muy lejanos.
Fig. 5: Ejemplo de la teoría expuesta de red de intercambio.
Asimismo, Sahlins (1974) propone la posibilidad de hacer una tipología puramente formal de las reciprocidades que se base exclusivamente en la inmediatez de las retribuciones, en su equivalencia y en las dimensiones materiales y mecánicas semejantes del intercambio, pudiendo proceder a correlacionar subtipos de reciprocidad con “variables” diversas, tales como la distancia de parentesco de las partes que realizan la transacción. Estos movimientos, que podemos nombrarlos como “viceversa”2, pueden incluir el reparto y el contrarreparto de comida sin preparar, la hospitalidad informal, los intercambios ceremoniosos afines, la transferencia que sella un acuerdo de paz, los préstamos y devoluciones, la compensación por servicios ceremoniales o especializados, a disputa interpersonal, etc.
que designa un arcaico tipo de castigo o pena jurídica que significa idéntico, esto es, que la pena no se entiende equivalente sino idéntica.
2 Los movimientos viceversa son un tipo de transacciones económicas registradas etnográficamente que
se dan entre dos partes, es decir, la reciprocidad. CABEZO REDONDO
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Adentrándonos en la tipología formada para la reciprocidad, primeramente, analizaremos aquella que se encuentra en el extremo solidario, es decir, la reciprocidad generalizada. Este tipo de reciprocidad se refiere a las transacciones que pueden ser consideradas altruistas, transacciones que están en la línea de la ayuda prestada y, si es necesario, de la ayuda retribuida. Hay autores que lo denominan como “don puro”, o si lo relacionamos con denominaciones etnográficas como “compartimento”, “hospitalidad”, “don libre”, “ayuda” y “generosidad”. También nos encontramos con denominaciones que podemos considerar menos sociales, pero que tienen el mismo significado, es el caso de los “deberes de parentesco”, “los deberes del jefe” y el “nobleza obliga” (Sahlins, 1974). Así pues, el aspecto material de la transacción está reprimido por el social. Es decir, el reconocimiento de las deudas importantes no puede ser expresado abiertamente y, por lo general, se lo deja de lado. Esto no significa que entregar cosas de esta manera no genere una contraobligación, pero esta no se estipula por el tiempo, cantidad o calidad: la expectativa de reciprocidad es indefinida (Sahlins, 1974). Esto implicaría que el tiempo y el valor de la reciprocidad no solo depende de lo que el dador ha entregado, sino también de lo que éste pueda necesitar y del momento en que lo necesite, y del mismo modo de lo que el receptor puede pagar y cuándo puede hacerlo. En consecuencia, el hecho de recibir bienes establece una obligación difusa de reciprocidad cuando le sea necesario al dador y posible al receptor (Sahlins, 1974).
Otro de los tipos es la reciprocidad equilibrada que podríamos identificarla como el punto medio, por lo que esta expresión se refiere al intercambio directo. En un equilibrio preciso la reciprocidad consiste en la entrega habitual del equivalente de la cosa recibida sin demora. El intercambio simultaneo de las mismas clases de bienes en las mismas cantidades, no solo es concebible, sino que existen testimonios etnográficos de la misma en ciertas transacciones matrimoniales, pactos amistosos, tratados de paz, etc. (Sahlins, 1974). Por ello la reciprocidad equilibrada puede aplicarse con más aptitud a las transacciones que estipulan una retribución de valor o utilidad conmensurados dentro de un período finito y no muy largo. Además, este tipo de reciprocidad es menos “personal” que la generalizada, por lo que podemos considerarla como más “económica”. Es debido al hecho de que las partes se enfrentan como intereses económicos y sociales distintos. El aspecto de la transacción es por lo menos, tan importante como el social; habiendo un reconocimiento más o menos preciso, ya que las cosas dadas deben ser retribuidas dentro de un corto período (Sahlins, 1974). Además, la prueba pragmática de este tipo de
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reciprocidad es la incapacidad para tolerar la corriente en un solo sentido, con esto queremos decir que las relaciones entre las personas se ven alteradas por una falta de reciprocidad dentro de un tiempo limitado y con un sentido de la equivalencia. Así pues, la corriente material de esta se ve sustentada por las relaciones sociales prevalecientes, mientras que, en el caos del intercambio equilibrado, las relaciones sociales se apoyan sobre el flujo de objetos materiales (Sahlins, 1974).
Por último, nos encontramos ante la reciprocidad negativa, que puede considerarse como el extremo insociable. Este tercer tipo es el intento de obtener algo a cambio de nada, gozando de impunidad, entrando aquí las distintas formas de apropiación, las transacciones iniciadas y dirigidas en vistas a una ventaja utilitaria neta (Sahlins, 1974). Los términos etnográficos que podemos utilizar para este serían por ejemplo “regateo”, “trueque”, “juego”, “subterfugio”, “robo” y otras más variantes. Es, además, la forma más impersonal de intercambio, siendo en modalidades tales como el “trueque”, la más “económica”. Los participantes se enfrentan con intereses opuestos, tratando cada uno de obtener el máximo de utilidad a expensas del otro (Sahlins, 1974). Se considera desde un primer momento la transacción con vistas al provecho propio, la parte que inicia el trato o ambas partes, se proponen lograr un incremento no ganado. Por otro lado, una de las partes que más se acerca al equilibrio y que podemos considerar como más social es el “regateo”. En consecuencia, vemos que se trata de la defensa del propio interés.
4.3.2. La redistribución
Polanyi (1944) señala la redistribución como la donación de bienes y servicios, prescrita socialmente, a una figura central, que luego lo redistribuye, por lo que la redistribución fue parte de la economía política organizada que movilizó recursos para financiar los cacicazgos en expansión (Johnson y Earle, 2003).
La economía basada en los productos básicos es una forma de redistribución, un sistema en el que se requieren a las familias sus principales bienes, en especial los de carácter alimenticio, como pago al centro. Con este tipo de sistema, los líderes pueden movilizar estos excedentes alimentarios y los distribuye a los trabajadores del cacicazgo. Las élites dirigentes poseen la tierra, de la que reciben parte del alimento producido por los “plebeyos” a cambio de derechos de uso (Johnson y Earle, 2003). Este tipo de propiedad se materializa en un paisaje de poder construido, donde se incluyen monumentos, almacenes, caminos y barreras. La ventaja por tanto de esta economía es su simplicidad.
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El excedente es usado directamente para compensar el sector de las élites considerado como improductivo, así como los grupos familiares que trabajan en los proyectos de estas élites.
El lugar que ocupa la transacción dentro de la totalidad de la economía es diferente y, sobre todo si nos centramos en las condiciones primitivas, donde está más desligado de la producción, dependiendo de esta con mucha menos firmeza, reafirmando pues que está mucho menos comprometida que el intercambio moderno en la adquisición de medios de producción y más comprometida con la redistribución de los bienes elaborados, ocupando el alimento una posición predominante, el cual este mismo producto diario no depende para nada de un complejo tecnológico ni de una complicada división del trabajo (Sahlins, 1974). También es la tendencia de una modalidad doméstica de producción, es decir, de unidades de producción familiares, una división por sexos y edad del trabajo, con una producción que se orienta hacia las necesidades familiares y con acceso directo por parte de los grupos domésticos a los productos estratégicos. Por consiguiente, es la tendencia de un orden social en el cual el derecho a la utilización de los recursos de producción, y en el que los cargos son muy estables y no existen casi ingresos privilegiados. Este tipo de tendencias se dan sobre todo en sociedades organizadas principalmente por parentesco. Con ello observamos que los conjuntos de transacciones económicas registradas etnográficamente pueden dividirse en dos tipos: los movimientos “viceversa”, que como se ha mencionado anteriormente son aquellos movimientos que se realizan entre dos partes y que conocemos más comúnmente como reciprocidad, y los movimientos centralizados, que son los referentes a la recolección por parte de los miembros de un grupo, a menudo bajo un solo mando y redistribución dentro de este grupo (Sahlins, 1974). En consecuencia, es posible que para el intercambio con otros poblados se utilice la reciprocidad, mientras que dentro del mismo se realicen movimientos centralizados. Desde un punto de vista más generalizado, estos dos tipos de movimientos pueden fusionarse al ser la comunidad un sistema de reciprocidades, en pocas palabras, un hecho de orientación central establecido sobre la génesis de una redistribución en gran escala bajo la tutela del jefe.
Como ha establecido Sahlins (1974), pueden darse en los mismos contextos sociales la reciprocidad y la comunidad ya que, por ejemplo, los mismos parientes cercanos que depositan sus recursos en una comensalidad familiar comparten como individuos cosas los unos con los otros. Sin embargo, las relaciones sociales precisas de la comunidad y la
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reciprocidad no son las mismas. De este modo, desde el punto de vista social, la comunidad es una relación “dentro”, la acción colectiva de un grupo, mientras que la reciprocidad es una relación “entre” la acción y relación de dos partes, por lo que, según Polanyi (1957), la reciprocidad es una dualidad y una “simetría social”. Esto implicaría que la comunidad establece un centro social donde los bienes se reúnen y de donde fluyen hacia afuera, así como una frontera social dentro de la cual las personas o los considerados como subgrupos se relacionan cooperativamente. Dicho lo cual, la comunidad es el aspecto material de la “colectividad” y la “centralidad”. La producción de alimentos, las jerarquías y el cacicazgo son propios del cooperativismo, la acción colectiva política y ceremonial, algunos de los contextos usuales de la comunidad en las sociedades primitivas (Sahlins, 1974). En definitiva, la comunidad familiar de alimentos es la variedad más común de la redistribución, sugiriendo así un principio basado en el hecho de que la producción resultante del trabajo de aprovisionamiento colectivo es llevada a un pozo común, en especial cuando la cooperación implica división del trabajo. Ciertamente este principio puede seguir tanto en su mayor como en su menor exponente, en un nivel de unidad doméstica, distribuyendo los bienes conseguidos colectivamente entre esta misma colectividad.
Todo ello evoca a que los derechos de reclamo sobre el producto de la población común, así como las obligaciones de generosidad, se asocien con el cacicazgo. La redistribución es el ejercicio organizado de estos derechos y obligaciones, implicando que las relaciones entre la economía y la política son de la misma clase (Sahlins, 1974). Esto se ve reflejado por medio del jefe, que actúa como una especie de banquero tribal, reuniendo y almacenando alimentos, pero también protegiéndolos y utilizándolos posteriormente en beneficio de la comunidad, considerándose, según Malinowski (1922), contraproducente el privar al jefe de sus privilegios y beneficios, ya que los únicos perjudicados en este caso sería la propia tribu.
En resumidas cuentas, esta utilización que podemos considerar como en beneficio de la comunidad puede tomar distintas formas: el patrocinio del ceremonial religioso, la pompa social o la guerra; la protección de la producción artesanal, el comercio, la construcción de aparatos técnicos y de edificios públicos y religioso; la redistribución de productos locales; la hospitalidad y el socorro de la comunidad en épocas de escasez (Sahlins, 1974). Por ende, la redistribución sirve a dos propósitos, las denominadas función práctica y función instrumental. La función práctica mantiene a la comunidad, o al esfuerzo de la
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comunidad, en un sentido material; mientras que la función instrumental sírvase como ritual de comunión y de subordinación a la autoridad central, manteniendo la redistribución a la misma estructura corporativa, es decir, la mantiene en un sentido social (Sahlins, 1974). La comunidad bajo la tutela de un jefe hace surgir el espíritu de unidad y centricidad, codifica la estructura, estipula la organización centralizada del orden y de la acción social.
4.3.3. El intercambio
Para Polanyi (1957) el intercambio de bienes mediante diplomáticos que no obtenían beneficio material, clases especializadas, pueblos comerciantes, puertos de comercio, mercados dirigidos, etc. presentan formas de comercio a través de socios comerciales y los diferentes tipos de mercado, por lo que el intercambio podemos diferenciarlo entre el comercio, el mercado y las economías multicéntricas.
En primer lugar, cabe recalcar que el comercio a larga distancia dio lugar al nacimiento de una forma institucional, los puertos de comercio (Polanyi, 1957). Estos puertos comerciales son enclaves con estatutos propios en los que se realiza el comercio de larga distancia de objetos preciosos, por lo que su existencia hace posible unos intercambios que, de otra forma, estarían limitados al área de acción que pudiera proporcionar los socios comerciales (Molina, 2004: 148). Bajo la denominación de socios comerciales, se incluye una amplia diversidad de instituciones que tienen como punto en común el aseguramiento de una continuidad en los intercambios. Además, es importante señalar que los intercambios con los socios siguen un sistema de equivalencias tradicional. Todo ello implica que autores como Evers y Schrader (1994) planteen que para que exista un comercio es necesarios la solidaridad entre los comerciantes y, por otra parte, distancia cultural con los “clientes”, ya que si no es así sería imposible obtener un margen de beneficio. Además, cuando los cambios no están fijados de forma tradicional o estatuaria, esta contradicción se ha solucionado, por ejemplo, con la existencia de minorías especializadas en el comercio; con una especialización étnica, como es el caso de los judíos; con la realización de gastos ceremoniales o públicos por parte de comerciantes enriquecidos para compensar la desigualdad existente (Molina, 2004: 150).
Por otro lado, están los mercados, los cuales podemos distinguir entre varios tipos, como los mercados primitivos o campesinos, en los que se obtiene un complemento de la economía doméstica, mercados locales con la presencia de comerciantes especializados
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y mercados regionales, regulados o no, conectados mediante una amplia red geográfica (Molina, 2004: 10).
Autores como Bohannan y Dalton (1965) han distinguido tres tipos de sociedades en relación al mercado. El primer tipo es una sociedad sin mercados o que tienen un principio de mercado muy débil; después se encuentran las sociedades con mercados periféricos, los cuales son sociedades que no precisan de estos intercambios para su subsistencia; y, por último, las sociedades dominadas por el mercado, en las que se vende el trabajo y la tierra y los productos necesarios para la subsistencia y producción, adquiriéndose con un sistema de precios.
Esta diversidad institucional del comercio y los mercados nos dan cierta información de que la búsqueda de beneficio forma parte de estas sociedades, pero hay que tener en cuenta que no constituyen el principio fundamental de funcionamiento. En resumidas cuentas, los mercados cumplen funciones redistributivas y sociales al tiempo que cumplen sus funciones propiamente económicas (Molina, 2004: 153).
Por último, destacamos las economías multicéntricas, que son aquellas constituidas por varias esferas distintas de transacciones. Cada esfera se caracteriza por tener diferentes conjuntos de bienes y servicios, y frecuentemente por principios de intercambio y valores morales diferentes (Molina, 2004: 155). Incluso en ciertas circunstancias puede haber hasta conversiones de una esfera a otra. La existencia de un mínimo de dos esferas parece ser un hecho generalizado, una esfera de bienes de subsistencia (igualitaria) y una esfera de bienes de prestigio (desigual) (Molina, 2004: 155).
Por último, llegamos a la economía basada en la riqueza. Ésta se centra en la producción y distribución controladas de bienes o moneda. Los bienes de prestigio a menudo se mueven en una esfera separada de intercambio, dejando de ser fácilmente intercambiables por bienes básicos, provocando una limitación en el acceso de los “plebeyos” a los objetos y permite a las élites controlar la economía de prestigio. Así pues, en el caso de los cacicazgos, la forma institucional principal de la economía basada en los bienes de valor es la red en la que el prestigio y la posición individuales se ven determinados por las relaciones sociales, económicas y políticas (Johnson y Earle, 2003). Sin embargo, en el caso de los estados, el desarrollo de la moneda se correlaciona con el desarrollo de los mercados, asumiendo una nueva función integradora. Por lo tanto, la máxima ventaja de la economía basada en la riqueza es la posibilidad de ser centralizada, pero conlleva la
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desventaja principal de que los medios de pago, es decir, la riqueza, no se puede usar directamente para sostener a aquellos que trabajan para el cacicazgo o el estado. Se necesitan, por lo tanto, mercados en los que dicha riqueza se pueda convertir en bienes básicos (Johnson y Earle, 2003), planteando que si se dispone de intercambio o mercado de lujo tiene que haber redes de intercambio básicas (excedentes) en el asentamiento entre élite y plebeyos. Las redes de intercambio de lujo las realizan las élites y estos, por su labor a la comunidad, necesitan sostenerse con elementos básicos, por lo que necesitan no solo una repartición de los excedentes, sino que los productos de lujo se puedan convertir por dichos bienes básicos o de primera necesidad.
4.3.4. La moneda primitiva
En un primer momento, la moneda se había concebido como un instrumento de acumulación de riqueza (mercantilismo) o un facilitador de intercambio que permitía separar el momento de la compra del momento de la venta a diferencia de lo que ocurre en el trueque, en el que ambos momentos han de ser simultáneos (Molina, 2004: 159). Sin embargo, desde la perspectiva neoclásica la moneda se convierte en el actor del mercado, con una dinámica propia, dejando de ser de un vehículo.
En este caso vemos como fundamental la idea de la moneda creativa, donde autores como Paul Einzig (1949) recogieron una multitud de objetos utilizados con fines monetarios, utilizados al menos en intercambio de bienes y servicios. Pero, para entender este fenómeno, antes hay que hacer hincapié en algunos términos que nos aclararán qué objetos fueron usados históricamente como medio de cambio. Primeramente, están los objetos de uso monetario que conservaran todo su valor de uso como por ejemplo los productos manufacturaso, los bienes de consumo y las materias primas. Después llegamos a la identificación de las monedas primitivas, que son bienes con valor convencional, no siendo de utilidad directa ni indirecta excepto como adornos, además de divisibles homogéneos y duraderos (Molina, 2004: 161).
Además de estos dos tipos, se puede identificar la existencia de objetos manufacturados con valor simbólico, sin un valor de uso real, y que sirven de medio de intercambio, como es el caso de los objetos de hierro o de cobre, tratándose de objetos poco manejables y no divisibles (Molina, 2004: 161).
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5. EL INTERCAMBIO EN SU CONTEXTO
Puesto que este yacimiento es un magnífico ejemplo de asentamiento en la Edad del Bronce nos brinda la oportunidad de seleccionar un conjunto amplio de materiales arqueológicos para esta investigación. Estos objetos de estudio se han cuantificado por materias primas, y al ser un trabajo exhaustivo de búsqueda de elementos singulares, nos hemos centrado en distintos elementos realizados en metal, marfil, hueso, pasta vítrea y cerámica.
En el caso de metal abarcaremos los materiales de cobre y bronce que no sean de un uso cotidiano, ya que este metal en el contexto en el que nos situamos es muy común, además del oro y la plata como materias primas foráneas y objetos especializados. Con el marfil será imprescindible remarcar su origen foráneo, posiblemente uno de los que más lejos llega al yacimiento, así como su llegada como material ya fabricado y como materia prima. El hueso es una de las materias primas que se encuentran al abasto de los habitantes siendo el principal objetivo identificar de donde llega la idea o ya fabricadas las puntas de flecha de tres alteas. La pasta vítrea también es uno de los materiales más excepcionales en contextos prehistóricos, convirtiéndose en prioridad identificar de donde pueden llegar estas cuentas de collar. Por último, la cerámica, aunque muy común en el yacimiento, se diferencia por el tipo de decoración que encontramos en ella, al ser un tipo de ornamentación típica de la cultura de cogotas, ubicada en el centro- este peninsular.
Todos estos objetos nos podrán dar respuesta a muchos de los problemas que suscita el intercambio en contextos prehistóricos, por esa razón esperamos resultados que nos puedan ayudar a concretar qué materias primas y elementos singulares llegaron al asentamiento. También poder identificar qué elementos singulares pudieron haber sido creados en el asentamiento, así como la tecnología empleada. Concretar los lugares de procedencia de los objetos u materias primas y poder identificar las rutas de intercambio. Poder identificar qué tipo de bienes llegan al yacimiento y en consecuencia que es lo que intercambian por ellos. Y, por último, esperamos poder reconocer los diferentes tipos de relaciones sociales que se establecieron dentro de la sociedad que conformó Cabezo Redondo.
Por lo que a lo largo de este epígrafe realizaremos una valoración de carácter cuantitativo, descriptivo y analítico de aquellos materiales definidos como singulares. Para organizar
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y homogeneizar la exposición de los datos, en primer lugar, se realizará una primera aproximación a la materia prima, pasando a valorar y de escribir los diferentes objetos documentados en Cabezo Redondo y finalizando con una primera valoración sobre la posible procedencia de estos objetos dentro de la amplia red de intercambios que se genera durante la Edad del Bronce.
5.1. Pasta vítrea
5.1.1. La materia prima
El vidrio es un material sólido que tiene un orden de largo alcance en la disposición anatómica, a diferencia de los sólidos cristalinos que tienen configuraciones anatómicas ordenadas en una red (Doremus, 1994; Shelby, 2005). Según Zachariasen (1932), el vidrio tiene inevitablemente una mayor energía libre de Gibbs3 que un sólido con la
misma composición. Para poder disminuir su energía libre, el vidrio se transforma en la forma cristalina. No obstante, la cinética de transformación a temperatura ambiente es muy lenta, por lo que el vidrio aparece termodinámicamente estable durante la vida humana (Angelini et al., 2019: 87), aunque también se puede considerar el vidrio como un líquido que se ha solidificado por debajo de su temperatura de fusión, pero que no tuvo tiempo de cristalizar. Por todo ello, la denominación de pasta vítrea es, en cierta forma, confusa y engloba un amplio abanico de producciones vidriadas/vitrificadas que imitan y sustituyen al lapislázuli, componiéndose por regla general de sílice y cobre, este último en la mayoría de los casos en forma de óxido de cobre para obtener la coloración que se desee (Rovira i Port, 1994: 73). Por lo tanto, el término “pasta”, “pasta de vidrio” o “pasta vitrosa” es utilizado a menudo de manera coloquial y poco rigurosa, sin ser relacionado con la textura, la naturaleza o la composición de los materiales vítreos (Angelini et al., 2019: 91), recomendándose, pues, no utilizar estos términos para evitar así algún tipo de ambigüedad y malentendidos.
En su composición pueden encontrarse otros muchos elementos, como el estaño, el plomo, el aluminio, la plata, el antimonio o el óxido de manganeso. Debido a que es prácticamente imposible que en la antigüedad se llegara a alcanzar la fusión del punto de cuarzo (1610 ºC) o la temperatura de equilibrio del sílice, el punto de fusión debió de reducirse. Esto debió lograrse por medio de la adición de alcalinos, también llamados
3 La energía libre o entalpía libre de Gibbs se emplea en química para explicar si una reacción sucederá de
manera espontánea o no. Para calcularla se puede fundamentar en: el aumento o la disminución de la entropía asociada con la reacción, y la suma de calor requerida o liberada por la misma.
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fluxantes o modificadores de red, como serían la cal y alúmina4, ayudando a estabilizar
así la matriz de sílice y evitar así su corrosión. Gracias a estas propiedades se consigue moldear el material, dándole la forma que se desee. Cuando el material se enfría se obtiene como resultado un material duro, frágil y de fractura concoidea (Barciela González, 2015).
Los colorantes son añadidos intencionales a la formulación de los vidrios antiguos. Para ello se utilizaban óxidos de los elementos de transición (V, Cr, Mn, Fe, Co, Ni, Cu) y los decolorantes (Sb, Mn) (Angelini et al., 2019: 89). Cuando los colorantes se añaden en pequeñas cantidades se dispersan y diluyen en el mismo vidrio, teniendo como resultado un material coloreado, transparente y homogéneo. Pero, si se añaden grandes cantidades, se pueden formar compuestos cristalinos específicos, modificándose las propiedades ópticas del mismo vidrio.
El resultado de las diversas combinaciones es la producción de un amplísimo registro de pequeñas cuentas, colgantes y apliques de diferentes morfologías y coloraciones que pueden ir desde el marrón verdoso o ferruginoso hasta los azules marinos, verdoso, turquesas o incluso blanquecina y negra si han sufrido una fuerte deshidratación (Rovira i Port, 1994: 74). Así pues, el término general de “materiales vítreos” se refiere a una amplia gama de materiales que, además del vidrio verdadero, incluye líticos vidriados, pigmentos sintéticos específicos como el azul y el verde egipcio5, esmaltes6, fritas7, loza8 y loza vidriada9 (Angelini et al., 2019: 90).
4 La alúmina es el óxido de aluminio. Junto con la sílice, es el componente más importante en la constitución
de las arcillas y los esmaltes, confiriéndoles resistencia y aumentando su temperatura de maduración.
5 Se considera que están entre los primeros pigmentos hechos por el hombre y son en realidad mezclas de
fases minerales específicas (cuprorivaíta, wollastonita, cristobalita, etc.) y una pequeña cantidad de vidrio amorfo (Angelini et al. 2019).
6 Cuando el vidrio de color se produce específicamente para aplicación sobre un sustrato metálico que se
llama "esmalte" (Angelini et al. 2019).
7 La frita es un material procesado que se fabrica comúnmente como un intermediario durante la producción
de vidrio y loza: se obtiene por la fusión y/o sinterización parcial de las materias primas, y se debe someterse a una nueva molienda y al calentamiento del horno (o crisol) para obtener el resultado final (Tite y Shortland, 2008).
8 La loza se define como un material cerámico esmaltado no arcilloso (Nicholson, 1998; Nicholson y
Peltenburg, 2000) que tiene un cuerpo (o núcleo) compuesto de arena de cuarzo que puede contener pequeñas cantidades de vidrio. El cuerpo está cubierto por una capa que comprende una mezcla de vidrio y fases cristalinas, la interacción está presente entre el esmalte y el núcleo (Angelini et al. 2019).
9 La loza de vidrio es un material homogéneo que puede considerarse como un híbrido de loza y (Tite et
al., 2008), con proporciones aproximadamente iguales de vidrio amorfo y las fases cristalinas (Angelini et al. 2019).
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Basándonos en las evidencias arqueológicas e históricas, cabe recalcar que el momento de aparición, difusión y uso de los diferentes tipos de materiales es diferente según los contextos (Angelini et al., 2019: 92), siendo los objetos vítreos, con sus respectivas variantes tecnológicas, excelentes indicadores de la difusión cultural y tecnológica, así como de los intercambios y oficios.
5.1.2. Los materiales de Cabezo Redondo.
Centrándonos en Cabezo Redondo, sobre material vítreo fueron documentadas varias piezas durante las primeras intervenciones. José Mª Soler (1987) publicó tres cuentas, dos bitroncocónicas de coloración blanca y una de morfología globular de coloración verde azulada. Las dos primeras no presentan un contexto claro de aparición y la tercera se documentó en el enterramiento de la cantera suroeste. Sin embargo, todas ellas fueron clasificadas inicialmente como rocas, seguramente por estar muy patinadas en la superficie vidriada.
Posteriormente, en la campaña de 1988 se halló otra cuenta globular, esta vez de una coloración más azulada, en el Corte 4-D, Nivel II y Departamento XIX, siendo la primera en registrarse de forma clara en contexto habitacional que, además pudo ser datado por C-14 ca. 1501-1221 cal BC 2σ (Beta-327659) (Barciela González, 2015: 1336).
En las campañas recientes se han documentado hasta cuatro cuentas más, pudiendo tres de ellas fecharse crono-estratigráficamente gracias al contexto en que se hallaron. La primera se encontró el 1998, en el Corte XXI D, correspondiente al nivel de ocupación del Departamento XXI (UE 2255). Se trata de una cuenta globular de coloración azulada, pero muy patinada y con fracturas mecánicas recientes. Presenta una gran vacuola en la superficie, consecuencia del proceso de fabricación al no mantener correctamente la temperatura para la fundición del sílice. Como se ha mencionado, se tiene una datación del nivel de ocupación -–1531-1253 cal BC 2σ (Beta-195927)– (Barciela González, 2015: 1336).