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Entrevista al General Mexicano IGNACIO ZARAGOZA. Héroe de la Batalla del Cinco de Mayo de 1862 en Puebla

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Entrevista al General Mexicano IGNACIO ZARAGOZA

Héroe de la Batalla del Cinco de Mayo de 1862 en Puebla

¿Por qué inventó su famosa

frase cuando gano la batalla de Puebla?, preguntó Hiram Yael Campos Gomez Cristina Graciela Riverón Meléndez, Alejandra Razo y Luis (15, 13, 13 y 9 años)

Más que inventar la frase, te diría que

me nació, que fue mi sentir de ese

momento. Te cuento cómo sucedió para

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explicarme mejor.

Al caer la tarde del 5 de mayo de 1862, cesó el combate. Fue entonces cuando solo, pude escribirle al presidente Juárez para decirle que había cumplido sus órdenes, que habíamos repelido el ataque francés y que en la batalla ¡las armas nacionales se habían cubierto de gloria! Ahí nació la famosa frase que pasó a la historia y que describe perfectamente la satisfacción que sentíamos de haber servido a la Patria.

Presidente Benito Juárez

¿Cuando derrotó a los

franceses se sintió orgulloso?,

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preguntó Dulce Gabriela Riverón y Josué Naim Fernández Matamoros (14 y 15 años)

¿Y cómo no sentirnos? ¡Habíamos combatido contra el mejor ejército del mundo! Después de la batalla me sentía orgulloso de nuestro trabajo y feliz por nuestra victoria. Todos mis generales, mis soldados, se comportaron con valentía y con arrojo. Una, dos, tres y hasta cuatro veces rechazamos los ataques de los franceses. Nos dimos el lujo de perseguirlos y alejarlos de Puebla.

¿Qué otras batallas ganó y por qué la del 5 de mayo es tan importante?, preguntó María Cecilia Gigdem Riverón (8 años)

Días antes de la batalla, el comandante

del Cuerpo de Ejército de Oriente era el

general López Uraga, pero quedó

desmoralizado al ver las tropas y el

armamento de los invasores, por lo que

pidió su relevo. Fue entonces que

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obtuve mi gran oportunidad porque me eligieron para sustituirlo.

La batalla del 5 de mayo de 1862 es tan importante porque el Ejército mexicano derrotó al que en esa época era el mejor del mundo, y así logró retrasar por más de un año el avance de la invasión francesa, que tuvo que recurrir a una fuerza mayor a la empleada en Puebla para lograr su objetivo.

¿Tiene alguna anécdota para recordar, graciosa o triste?,

preguntó Cristina Graciela Riverón Meléndez (13 años)

Déjame te cuento una muy triste. La noche de la victoria del 5 de mayo, todos los soldados estaban muy contentos y dispuestos a celebrar el gran triunfo de México. Permití la celebración, pero yo me retiré pronto a mis habitaciones.

Y no es que no tuviera nada que

celebrar; al contrario, la libertad y la

independencia de México bien valen la

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pena conmemorarse siempre. Lo que sucedía, lo que en realidad me pasaba a mí era que no tenía con quién celebrar. Porque estaba solo a pesar de la victoria, a pesar de ser el general Ignacio Zaragoza, el comandante en jefe del Ejército de Oriente, el vencedor del invasor francés. Yo estaba solo y no tenía a quien platicarle las emociones y angustias de ese día. Ésa era mi desgracia personal, la que hizo que el día más importante de mi vida, el de mi más grande hazaña, fuera como cualquier otro. Así habían sido mis días desde que unos meses antes había muerto mi amada esposa Rafaela, desde que no veía a mi pequeña hija.

¿Con quién compartir la victoria?

¿De qué moriste?, preguntó Oscar Oswaldo Guerrero Rodríguez, María Cecilia Gigdem Riverón y Efigenia Gómez Sabino (10, 8 y 13 años)

Cuatro meses después de la batalla del

5 de mayo, morí el 8 de septiembre de

1862 de tifoidea. La tifoidea es una

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infección en el intestino ocasionada por una bacteria, y aunque hoy en día se puede curar, en mi época prácticamente no tenía cura por lo que era muy difícil curarse de la enfermedad.

¿Cómo te sentiste al

comandar al Ejército mexicano?,

preguntó Ilse Reyes Espinosa (12 años)

Aquella madrugada del 5 de mayo me levanté muy temprano, pues deseaba pasar revista a mis tropas, a mis soldados, con los que enfrentaría a los franceses que habían invadido México.

Ordené que se reunieran todos frente al fuerte de Guadalupe, en las afueras de la ciudad de Puebla de los Ángeles.

El sol apenas aparecía sobre el

horizonte cuando los soldados del

Ejército de Oriente, el que el presidente

Juárez confió a mi mando, estaban ya

formados, listos para ser

inspeccionados por mí. A pesar de que

la tropa no llevaba uniforme, que el

armamento era viejo y apenas

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funcionaba, noté que a estos hombres decididos las malas condiciones no les importaban. Vi sus rostros, serenos los de muchos de ellos, alegres los de la mayoría, que se atrevían a sonreír a pesar de que a muchos los aguardaría la muerte ese día. Luego fijé mi vista en mis generales, en los hombres que bajo mis órdenes librarían la batalla más importante de toda la historia de México. Allí estaban, firmes, serios, dispuestos a seguir mis instrucciones.

Cómo no voy a recordarlos con emoción: Felipe Berriozábal, Porfirio Díaz, Miguel Negrete y otros más.

Confiaban plenamente en mí, en el general en jefe del Ejército de Oriente.

¿Por qué decidiste luchar?,

preguntó Patricio Pena Duclaud (7 años)

Porque debía defender a la Patria de

los ejércitos invasores que buscaban

apoderarse de nuestra nación. Creía en

la libertad de nuestro país y en que, a

pesar de las diferentes formas de

pensar entre mexicanos, en ese

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momento no había otro objetivo que expulsar al enemigo.

¿Cuando estabas luchando alguna vez pensaste que ibas a perder?, preguntó Diana Ortiz Muñiz (14 años)

Te confesaré que sí tuve miedo de perder, pues no era lo mismo combatir contra el grupo de los conservadores mexicanos, es decir, entre nosotros mismos, que contra los mejores soldados del mundo: los franceses.

Tenían fama de ser los más valientes, los más atrevidos y los más audaces, porque habían ganado en combates famosos en Europa. Visto así, lo más probable era que perdiéramos, pero ¡los vencimos!

¿En tu época ya había cámaras fotrográficas, había pintores

especiales para héroes?, preguntó María Cecilia Gigdem Riverón (8 años)

No había cámaras fotográficas como las

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conoces tú, ni tampoco las impresiones fotográficas; sin embargo, existía otro tipo de fotografías como los daguerrotipos y calotipos. Éstos se tomaban con cámaras muy grandes que eran difíciles de transportar por lo que en general las fotos se realizaban en estudios. Para hacer un retrato en un daguerrotipo, el proceso implicaba que la persona debía permanecer sin moverse por lo menos 15 o 20 minutos.

Aunque también se tomaron daguerrotipos de paisaje.

Pintores especiales para los héroes no había exactamente; existían pintores que se dedicaban a retratar a las personas importantes de la época y las batallas. Por ejemplo, el pintor poblano Patricio Ramos nos acompañó en el combate de Puebla para hacer los bocetos, de lo que después sería una serie de siete pinturas que narran la lucha de la que salimos victoriosos.

Están llenos de detalles; sobre todo

pueden verse los tres momentos más

importantes de la guerra: la marcha de

los franceses, el combate y el triunfo del

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Ejército de Oriente.

.

¿Cuántos eran los franceses y cuántos los mexicanos?

¿Cuántos murieron?, preguntó Pancho (8 años)

El Ejército de Oriente estaba dividido en una división y cuatro brigadas. La División con 1,200 hombres y las brigadas con casi mil hombres cada una. Entonces, en total éramos alrededor de 5,200 hombres. Mientras que los franceses, ¡eran más de 5,000!

El enfrentamiento duró dos horas y

media; costó a los mexicanos 83

muertos y 215 heridos. Por su parte, los

franceses perdieron 117 muertos y 305

fueron heridos.

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