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XIV [DE LA LEY DEL EVANGELIO] [MI, cuestión ]

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[MI, cuestión 106-108]

// [CUESTIÓN 106J

Sigúese que hablemos acerca de la ley del Evangelio, a la que se llama ley Nueva.

[ARTÍCULO PRIMERO]. Se duda en primer lugar: Si la ley del Evangelio es una ley escrita.

La PRIMERA CONCLUSIÓN de santo Tomás reza: La ley Nueva es propia y principalmente una ley inspirada, esto es, infusa, en los corazones de los creyentes mediante la fe y la caridad por la gracia misma del Espíritu Santo.

La SEGUNDA [CONCLUSIÓN] es: La ley del Evangelio secundaria- mente y con menos propiedad es una ley escrita. Pues posee el Evan- gelio también su propio tenor escrito y una doctrina propia que se en- cierra en los cuatro Evangelios y en los escritos de los Apóstoles.

En esta cuestión se inquiere: ¿en qué consiste propiamente la

ley Evangélica? Esto es muy útil para entender la Escritura en mu-

chos pasajes dificilísimos, y para dilucidar cuál es la auténtica lí-

nea divisoria en donde se diferencian de verdad la ley del Evan-

gelio y la de Moisés. Y tanto como es útil esta pregunta, en tan gran

medida es difícil de ser explicada, por lo que casi nadie de entre

los doctores de la Universidad toca este tema. Y así las cosas, la

verdad de esta cuestión quizá se conocía en tiempos de Agustín,

pero luego, arrumbada por negligencia de los maestros y de los

escritores, quedó depositada en la sombra.

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544 DE LEGIBUS

Dubitatur ergo circa primam conclusionem quomodo verum sit quod gratia Spiritus Sancti diffusa in cordibus nostris per Christum est proprie et principaliter lex Evangelica. Ratio dubitandi est quia omnis lex est actus practicae rationis, ut supra diximus

804

; at vero gratia Spiritus Sancti est intus existens in essentia animae vel in /. 214v volúntate. // Ergo lex Evangelica proprie et secundum substantiam

non potest esse gratia et caritas.

Secundo Evangelium, ut nomen sonat, est bonum nuntium illud, scilicet quod credentibus in Christum praemittitur et annuntiatur spes veniae seu venia et recontiliatio cum Deo. Ergo lex Evangelica proprie et principaliter constat hoc bono nuntio et hac promissione veniae et reconciliationis cum Deo. Sed hoc nuntium et haec pro- missio non est secundum suam substantiam caritas [revera gratia]

aut caritas, ut patet. Ergo...

Tertio et ultimo, in lege Evangelica sunt multa praecepta atque etiam plura Consilia a Christo tradita, quae essentialiter nihil aliud sunt quam regulae quaedam rationis aptae et convenientes ad vitam recte instituendam. Haec autem non sunt gratia aut caritas, ut patet manifeste. Ergo lex Evangelica non est proprie et principaliter gratia et caritas difusa in cordibus.

Ad huius rei expositionem notandum primo

805

quod lex appe- llato edictum ipsum practicae rationis, quo cum imperio praecipitur atque definitur aliquid vel faciendum vel fugiendum. Atque etiam alio modo lex appellatur inclinatio et propensio appetitus vel volun- tatis ad aliquid prosequendum vel fugiendum. Quomodo inclinatio appetitus atque concupiscentiae appellatur a Paulo lex membrorum f. 215 II et lex fomitis et lex peccati™

6

. Atque etiam isto modo omnes

804

Vid. supra p. 86.

805

Cfr.

FRAY

Luis

DE LEÓN,

De los nombres de Cristo lib. II, Rey de Dios y Principe de la paz, BAC 3 Madrid 1967, 594-597 y 629.

806

Rom 7, 21-25: «Inverno igitur legem, volenti mihi faceré bonum,

quoniam mihi malum adiacet: condelector enim legi Dei secundum interiorem

hominem: video autem aliam legem in membris meis, repugnantem legi mentis

meae, et captivantem me in lege peccati, quae est in membris meis. Infelix

ego homo, quis me liberabit de corpore mortis huius? Gratia Dei per Iesum

Christum Dominum nostrum. Igitur ego ipse mente servio legi Dei: carne

autem, peccati legi».

(3)

Se duda, pues, acerca de la primera conclusión en qué manera es verdad que la ley del Evangelio, propia y principalmente, se ha derramado por la gracia del Espíritu Santo en nuestros corazones a través de Cristo. La causa de la duda es que toda ley es un acto de la razón práctica, como hemos dicho más arriba; ahora bien, la gracia del espíritu Santo está, con existencia interior, en la esen- cia del alma o en la voluntad. // Luego la ley Evangélica, propia- mente y según la esencia, no puede consistir en gracia y caridad.

En segundo lugar, el Evangelio, como da a entender su nom- bre, consiste en esa buena noticia, esto es, la que pone por delan- te y anuncia a los creyentes en Cristo la esperanza de su perdón, o el perdón y reconciliación con Dios. Luego la ley Evangélica, propia y principalmente, está constituida de esta buena nueva y de esta promesa de perdón y reconciliación con Dios. Pero este anuncio y esta promisión no es, según su esencia, caridad [a decir verdad gracia] o caridad, como es evidente. Luego...

En tercer y último lugar, hay en la ley del Evangelio muchos preceptos y también muchos consejos entregados por Cristo que esencialmente no son otra cosa que normas de la razón y van ade- cuados a instaurar rectamente la vida. Y éstas no son gracia o cari- dad, como es claro de total evidencia. Luego la ley Evangélica no consiste, propia y principalmente, en gracia y caridad derramadas en los corazones.

Para la explicación de esto se ha de advertir en primer lugar que

la ley se denomina edicto propio de la razón práctica, mediante el

cual se ordena y determina con poder supremo algo que o bien hay

que hacer o bien evitar. Y también de otra forma se denomina ley

a la inclinación y propensión del apetito o de la voluntad a alcan-

zar algo o a evitarlo, del modo en que a la inclinación del apetito

y de la concupiscencia la llama Pablo ley de los miembros II y ley

(4)

546

DE LEGIBUS

creaturae, etiam irrationales, participant legem aeternam. Nam a lege aeterna, quae est ratio eorum quae cuique naturae conventi vel agere vel fugere, ab illa, inquam, lege exsistente in mente divina, habent singulae creaturae in natura sua inditas et impresas propensiones et inclinationes ad ea prosequenda. Quae lex aeterna in divina mente existens dictatur esse prosequenda unicuique rei vel fugienda.

Est autem differentia inter has duas legum rationes. Primo quod lex, quae est dictamen rationis practicae, illustrai intellectum. At vero illa lex, quae est propensio aut fuga, firmat appetitum ac robur addit, et cum omnis bonitas aut malitia moralis consistat in appe- tendo vel fugiendo in volúntate vel in nolentia, hinc sequitur secun- da differentia: quod lex illa, quae est propensio, est multo efficatior ad continendos nomines in officio et ad efficiendum, ut fugiant turpia et prosequantur honesta, quam illa lex quae est dictamen rationis. Nam illa lex tantum illustrai intellectum. Intellectus autem,

quamvis sit illustratus, si tamen voluntas infirma et egena est et in f. 215v malum prona, parum proficit. Immo interdum affert // occasionem maioris ruinae et peccati. Quia qui peccat sciens, peccat minori excusatione et maiori culpa.

Tertio differunt in eo: quod qui ducitur ex lege solum, quae est

dictamen, ducitur magis ex metu poenae quam amore, et ob eam

causam huiusmodi sunt sub iuga legis tamquam servi oppressi timo-

re et terrore. Qui autem habent legem, quae est propensio, et illa

ducuntur sponte sua et ex inclinatione et more, bene ducuntur. Et

qui huiusmodi sunt fere non indigent ea lege quae est dictamen et

doctrina, ñeque ductos esse sub illa, non quia non tenetur faceré ea

quae per legem doctrinae praecipiuntur, sed quia faciunt illa tam-

quam liberi non territi metu, sed sua sponte incitati, ita ut, etiam

si lex doctrinae non esset, illa essent facturi.

(5)

del fornes y ley del pecado. Y además en esa manera todas las criaturas, incluidas las irracionales, participan de la ley eterna. Pues por la ley eterna, que es la razón de lo que a cada cosa de la na- turaleza conviene hacer o evitar, por esa ley, digo, que hay —exsis- tente— en la mente divina posee cada una de las criaturas queren- cias e inclinaciones insertas e impresas en su naturaleza a fin de alcanzar aquello. Esa ley eterna que existe —exsistens— en la men- te divina dicta a cada cosa lo que hay que buscar o evitar.

No obstante, hay diferencia entre estas dos razones de la ley.

En primer lugar, que la ley, la cual es dictamen de la razón prác- tica, ilumina el entendimiento. Ahora bien, una ley, que consiste en querencia o huida, robustece el apetito y añade vigor, y siendo así que toda bondad o malicia consiste en apetecer o en evitar con la voluntad o con el no querer, de ello se sigue la diferencia segun- da, que una ley que consiste en propensión es mucho más eficaz, para que se sujeten las personas a sus obligaciones y para lograr que huyan de lo soez y traten de alcanzar lo noble, que otra ley que consista en dictamen de la razón. Pues aquella ley solamente ilu- mina el entendimiento. Pero el entendimiento, por más que esté ilu- minado, si, así y todo, se da una voluntad débil y pobre y procli- ve a lo malo, de poco sirve. Es más, muchas veces ofrece // ocasión de mayor estrago y pecado. Porque quien comete pecado a sabien- das peca con menor excusa y con culpa mayor.

En tercer lugar, se diferencian en que quien se conduce contando sólo con la ley, que consiste en dictamen, se conduce más por mie- do, del castigo que por amor, y por tal motivo quienes así obran quedan bajo el yugo de la ley igual que los esclavos oprimidos por el temor y el temblor. Pero quienes poseen la ley que consiste en querencia y son conducidos por ella como de su propio natural y por inclinación y costumbre, van bien dirigidos. Y quienes son de esa condición casi no tienen necesidad de la ley que es dictamen y adoctrinamiento, ni de ser orientados por ella, no porque no es- tén obligados a realizar lo que se ordena por la ley como sistema, sino porque lo hacen como personas libres, no aterrorizados por el miedo, sino estimulados espontáneamente, de tal manera que, in- cluso si no hubiera ley con su sistemática, lo harían.

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