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Serie Ficciones POESÍA

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flama y respiración

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Serie Ficciones POESÍA

(4)

CARLOS LóPEZ DEGREGORI

flama

. y . ,

resp1rac1on

Pontificia Universidad Católica del Perú -fondo Editorial 2005

(5)

flama y respiración

Primera edición: mayo de 2005 500 ejemplares

Responsable de la Serie Ficciones: Estrella Guerra Diseño de cubierta e interiores: Edgard Thays

© Carlos López Degregori, 2005 Derechos exclusivos en Perú

© 2005 de esta edición:

Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú Plaza Francia 1164

Lima 1 -·Perú

Teléfonos: 330-7405, 330-7410, 330-7411 Correo electrónico: <[email protected]>

Derechos reservados. Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso

de los editores.

ISBN: 9972-42-699-8

Hecho el Depósito Legal: 15011362005-2519 Impreso en Perú - Printed in Peru

(6)

Cora

desolare desiderare

delirare

a

ti

(7)

flania

(8)

VOCES

ALGUIEN VIENE a tu habitación esta noche y te dice al oído:

levántate, he venido para llevarte.

Entra la voz en tu sueño como una aguja o un golpe de mar.

La escuchas llamarte con insistencia.

Despiertas.

Te incorporas y recorres la casa por última vez. Te sientas en cada uno de los muebles para que siempre guarden la forma de tu cuerpo, cortas tu ropa porque ya no la vas a necesitar, matas una a una las flores que llenan los jarrones, trizas los platos, te bebes el aceite de las lámparas, desvistes los espejos.

Y le dices al aire encendido tus mejores recuerdos y poemas:

ya no los volverás a ver: nunca podrás besarlos ni respirarlos ni dormidos: ya no los escucharás amorosos o tristes ni seguirás con tus dedos su forma terrible.

Pero hay una sola palabra que no quieres dejar y no sabes cuál es.

Pero hay un solo gesto definitivo que deberías llevarte para que siempre incendie tu rostro.

(9)

Pero hay un solo amor que necesitarás mañana cuando llegue la hora de las justificaciones.

Entonces regresas a tu habitación y algo ha cambiado. Alguien respira en la oscuridad. Tú te acercas para decirle al oído: le- vántate, he venido para llevarte.

(10)

TODA LA NOCHE HABLASTE CON LOS ÁRBOLES

PASÉ TODA la noche hablando con los árboles.

Les decía una palabra y ellos se alejaban sacudiendo sus ramas, aterrados en el viento nocturno.

Les decía otra palabra y corrían todavía más, como una luna huyendo de otra luna o la sombra que se levanta en el bosque para saltar a otra sombra más vasta.

¿Pero qué les decías a los árboles?

¿Les contabas historias de ciego terciopelo?

¿Encendías de carbón sus corazones en un anuncio mortal?

¿Les hablabas dormido?

¿Los seguía volando tu lengua desprendida desde el sueño?

No lo sé.

Yo solo hablaba con los árboles y ellos temían mis palabras:

como si guardaran algo que no cabe en ellas: el revés de lo que podemos decir:

(11)

y es un grito imposible de ira

de castigo de amor.

(12)

PASÓ SILBANDO EL VIENTO ROJO

ELLA VIVE en una piedra en un país de piedra.

Abre y cierra cada tarde su ventana de piedra y golpea con piedras la puerta de piedra de su casa.

Afuera pasa silbando el viento rojo.

¿Eres de piedra? le pregunta.

Pero es una pregunta inútil. Aquí el viento es de piedra, igual que las 1 unas y pájaros que vuelan por el aire sólido y se elevan hasta estrellarse contra el cielo, o el mar que camina entre las duras olas detenidas.

Ella escucha su pulso golpeando. Levanta de piedra sus cabe- llos. Abre sus brazos y en una felicidad difícil recibe al viento rojo.

No importa, le dice, quédate conmigo.

Te llevaré en mi boca.

Te cubriré con mis pechos.

Te guardaré en mi corazón nupcial.

(13)

SANTA O NIEBLA

CADA NOCHE voy al Café Hopper. Pido un licor azul y me sien- to en la misma mesa a beberlo lentamente y a acompañar como un destino a la mujer que lo atiende.

Nunca encuentro a nadie. Seguramente no hay cerca calles, ni caminos desbordados de amantes, ni ecos, ni plazas con árbo- les cantores. O tal vez este lugar es una trampa, un error en la noche, una interferencia entre el corazón y la lluvia que afuera golpea incansable. No me importa. Yo solo regreso para en- contrar este perdido pedazo de cielo.

Nunca le he hablado a la mujer. Me basta contemplarla con su vaso en las manos, ofreciéndome un entendimiento de alfi- leres o de párpados que no necesita palabras. Me contento con adorarla como a una santa o a una niebla, con verla res- plandecer entre las mesas mudas y las lámparas parecidas a ojos de quirófano. Es una ardua forma de amor, idéntica a este licor azul que arde como el mar. Nado en él. Lucho en un torbellino de corrientes y de asfixia. Me hundo en sus olas que

(14)

crecen por todas partes y luego se deshacen en un derrumbe helado y santo de piernas, de senos, de cabellos.

Es hora de cerrar, dice la mujer. Siempre es así. Yo me levanto desnudo o me duermo. La lluvia y el corazón siguen golpean- do. Ayer regresaré. No. Ya regresé mañana.

(15)

LA

RETRIBUCIÓN

ALLí ESTÁN: hoscos, temblorosos: acercando sus labios entrea- biertos al cristal, sus ojos enrojecidos que no han podido ce- rrar en tantas noches.

Solo han venido para mirarte dormir, de espaldas, con las pier- nas recogidas hacia el pecho, para dejar un plato de agua lim- pia a los pies de tu cama.

Graznan. Revolotean como enormes pájaros de sueño. Te lla- man en voz baja ensayando mil nombres para despertarte. Sil- ban como agujeros o ruiseñores de hueso. Y te dicen que ya no tienen ningún lugar al que puedan regresar, que han recorri- do todas las ventanas y noches y habitaciones para buscarte, porque un poema tuyo fue su destino y ahora te deben una retribución.

Pero solo se retribuye lo que se robó o regaló, lo que floreció alguna vez como una muerte en una lejana estrella de carne, lo que se entregó como una ofrenda de agua. Sí, solo de agua.

Mañana cuando despiertes te extrañará encontrarla en este

(16)

plato blanquísimo abierta como un remolino, como un llama- do, como una anticipación:

a qué sabrá cuando la bebas.

(17)

BAIA

TENGO ESTA bala de helada plata para ti.

Anoche la preparé con sucia, infalible, dulce sangre. Recé horas con ella. La acompañé con velas y las más secretas jaculatorias.

Primero la cegué porque una bala nunca debe ver el aire omi- noso ni el cuerpo que encontrará. Después la ensordecí para que no escuche los gritos ni las amenazas ni la música de la carne y los huesos partiéndose.

Solo le dejé los labios para que pudiera silbar.

Entiéndeme:

los silbidos son las palabras de las balas: son sus besos últimos y desaforados adentrándose en la lisura de la noche: su extrañe- za, su ruego, su respiración.

(18)

HERIDA DE TU HERIDA

(Diciembre 14)

HE ALUMBRADO una diosa o un dios. No sé si salió de mis ojos o de mi boca, pero cuando desperté estaba allí como una herida enorme de amor viva o una flama.

Empezó a extender sus manos, a probar su pulso en una extra- ña música, a intentar sus primeros pasos y palabras. Y un ins- tante me miraba fijamente y era un dios, y otro instante se desvanecía en una sonrisa de humo y era una diosa.

(Diciembre 15)

AHORA TENDRÉ que decidir:

¿dejaré que crezcas?

¿te llevaré a pacer como un cordero por las más altas montañas?

(19)

(Marzo 15)

¿te abandonaré en una cesta

o en un bosque entre lobos y cuervos?

¿te despeñaré?

¿moldearé tus labios en un idioma extraño?

¿coseré tu amor a mis pies como una sombra?

¿y qué nombre te pondré para reconocerte

cuando pasen muchos años y vuelvas

como una falta

o un destino cumplido a buscarme?

SE VOLVIÓ un cordero con flamas en lugar de vellones y venía a lamer mis piernas, a pacer en mis manos y mis ojos.

Balaba mortal y yo le contestaba. Reía con sus dientes de tizo- nes. Se enroscaba a mi lado como un bulto de amor.

\V\V\V

(Abril 27)

EN ABRIL compré lápices y cuadernos para enseñarle el alfabe- to. Una diosa o dios tiene que conocer el misterio de las letras y escribir sus milagros y parábolas para la posteridad.

(20)

Trazábamos la A cien veces amordazando la voz.

La E eléctrica y rabiosa, caída en éxtasis con los brazos abiertos en cruz sobre el suelo.

Torva la l.

La O respirando en una cámara de oxígeno o en un pulmón de acero.

La U insomne, dura.

Y las repetíamos con la perfecta inflexión, presintiendo que para cada letra hay otra oculta como una sombra o una espal- da, y que solo con ellas podemos decir nuestros nombres.

Junio 2)

UN DÍA estás. Otro día ya no estás.

Una noche duermo contigo en mi habitación y despierto en una calle empedrada, llena de gatos, en Praga. Pero yo nunca he estado en Praga. Pero yo nunca te he visto dormir ni cami- nar por los hilos del sueño.

Un día crees o descrees. Un día me temes o te temo en un solo miedo al unísono. Un día sabes. Otro día no sabes.

De mañana eres un cordero. De tarde una paloma. De noche un ciego animal de amianto que no se deja ver y escarba gale- rías en las paredes. Abro mi oído para escucharte y no te escu- cho. O sí. Te escucho como un diente: como una estrella: como un pozo: como un latido.

(21)

(Junio 19)

BOSTEZAS y sale una luna de tu boca.

Caminas y brotan rosas de tus pasos.

Te sientas a la mesa y pides hostias de comer. Yo te anudo una servilleta al cuello y te las sirvo en un blanco plato con tenedor y cuchillo.

(Junio 20, por la noche)

CADA DÍA te pareces más a una lengua encendida. Te veo saltar de un lado para otro, buscarte en los espejos o en la santa ima- gen de la pared. Te escucho hablarte con dulces e inadmisibles palabras.

Enciendo un fósforo y caminas siguiéndolo como si se tratara de un faro. Voy a ser tu Amor, le dices o me dices. Voy a ser tu Virtud.

Enciendo otro fósforo. Clausuro con trapos húmedos las ven- tanas,

el

filo de la puerta y abro la llave de gas. Me tiendo en un rincón mientras tú sigues caminando. Tomas mi lapicero y escribes este poema.

(22)

Uunio 21)

AL DÍA siguiente ya no estaba. Tal vez enfermó de luz y se mar- chó o fue perdiendo su cuerpo y su aire hasta desaparecer.

SERÉ HERIDA DE TU HERIDA

había escrito en la pared.

(23)

historias del Pájaro Relámpago

(24)

Yo

HACEDOR

DESPACIO

con infinito riesgo

con las manos temblorosas y los ojos desbordados de ansiedad

Yo Hacedor

estoy mezclando garras

cristales

chispas

viento.

Es muy difícil hacerte

Pájaro Relámpago engastar tu exacto e incomprensible mecanismo tensar los huesos hasta el dolor

las alas fornidas el negrísimo lustre y el sueño sin orillas del vuelo y los dientes y cabellos del vuelo

que no cesarán de crecer

(25)

y el miedo del vuelo y su afán

y su torbellino y su tiniebla.

Ahora tendré que darle un nombre a tu corazón contar sus innúmeros latidos

todas las noches que me queden abrir tus ojos brillantes

de rapiña al aire oscuro

y dejar que te marches.

(26)

EL

RÍO OSCURO

ESTE RÍO oscuro es para ti:

ámalo

porque nació de tu costado bébelo

con tu más ansiosa sed quiébrale

los brazos las rodillas

para que no pueda correr y se quede contigo como un animal imposible.

Nada habrá como tener un río oscuro creciendo

en tu respiración hasta volverse aire de tu aire huesos amorosos de tus huesos.

(27)

Haz que se rinda.

Haz que te abrace y te rodee

y se conmueva en cien deseos.

No importa cuántas sangres o cuántas piedras o cuántos gritos

levante para ahuyentarte:

tú solo insiste lleno de impiedad hasta hundir tus manos

en sus aguas postreras.

(28)

EL

PÁJARO RELÁMPAGO ME ENSEÑA A HABLAR

VoY A ENSENARTE a hablar.

La primera palabra que debes aprender es Creo dila como si se la dijeras a un pequeño trueno

o a un río recién nacido de tu sangre

y sobre todo pronúnciala con asombro con recogimiento

con aceptación.

La otra palabra es Recuerdo.

No necesitas más.

Con las dos tienes el lenguaje suficiente porque las palabras son fisuras

risas

grandes bocanadas de niebla.

Creo y Recuerdo:

pero Creo en qué:

(29)

Recuerdo qué:

Creo en lo que Recuerdo

o Creo en lo que Creo que Recuerdo y solo Recuerdo un relámpago en la niebla

no puedo verlo pero sé que está allí:

él es mi sola carta de Creencia mi solo

y sobrecogido amor.

(30)

EN ESTA NUEZ

EN EL SUEÑO había un hombre trabajando encorvado. Era car- pintero.

Con palos, restos de cajas y maderos que abandona el mar en la playa, había construido un enorme pájaro de ojos fijos y oscuros como pozos. Se movía torpemente sacudiendo sus as- tillas y sus gruesas plumas pintadas.

No puede cantar, me dijo.

Y sin añadir nada más me cortó la garganta para arrancar un puñado de voz roja, palpitante. Entonces se lo colocó al pájaro como un inexplicable mecanismo y empezó a sonar. Era un canto de guijarros y burbujas. Duro. Hermoso. Inocente.

Después se marchó volando por el sueño y yo lo perseguía porque necesitaba recuperar mi voz. Atravesamos mares de olas parlantes, playas y calles atestadas de aves y gritos, habita- ciones idénticas con paredes de sonidos que nos repetían, y caímos al fin entre las sábanas rabiosamente abrazados.

(31)

Cuando el sueño acabó me encerraste en esta jaula de lumbre en esta cama de lumbre

en este huevo de lumbre en esta nuez.

(32)

LUMBRE

Soy TU asentimiento tu yesca tu tímpano tu impiedad tu pájaro mar y tu pájaro revólver buscándote

en la noche vertiginosa.

(33)

LA.GIGANTA

Vr UNA GIGANTA. Venía por el camino con dos vidas en sus manos. Una parecía una cicatriz y la otra una estrella. Tembla- ban asustadas y en sus ojos brillaba un reclamo de salvación.

-Dámelas, grité. Si no me las entregas, te mataré.

Respiré fuerte. Nunca he matado a una Giganta y tampoco necesito vidas adicionales. Cuesta un inmenso esfuerzo cui- darlas. Pero creo que soy un salvador y algo tenía que hacer.

Empezamos a forcejear. Mis plumas y mi pico saltaban enar- decidos. Las vidas chillaban y no sé si sus chillidos eran de apro- bación o de miedo porque sabían que nada cambiaría para ellas si terminaban en mis manos.

Rió la Giganta.

Reí. Y para ser justos nos las jugamos a los dados.

Yo gané.

Y a la que era estrella la ahogué en el mar.

(34)

Y a la que era cicatriz me la puse en la mejilla como una nueva boca para besar con ella, para morder con ella, para hablar.

(35)

FLAMA

Y RESPIRACIÓN

EscucHA: es el Pájaro Relámpago.

Y no suena como un reloj ni como un diente ni como una rueca hilando la oscuridad del río ni como el canto duro de las olas.

Solo suena muy adentro de la almohada: sencillamente suena como una flama crudelísima:

como si alguien respirara.

(36)

Dos

CUADROS

Sombra Sombra Sombra

1 /

El

rostro

Sombra Sombra Sombra

Cielo Cielo Cielo

Sombra Sombra Sombra

(37)

2 I El nido

Entra por este cuadro al mar.

Entra por el mar a esta luna tiznada y por esta luna a mi boca y a mis pechos

y a mis cabellos y a mis dientes.

Acércate.

Desnúdate como si te envolvieran las olas por primera vez.

Regálame flores carnívoras.

Ilumíname santo con una santa lámpara y ofréceme tu lengua

para que siempre hables mis palabras incandescentes.

Entrégame tus ojos y guárdalos en este cuadro

que yo los cuidaré.

Y ahora alcánzame tus manos

¿sientes?

Es agua cubriéndote:

agua de luna.

(38)

ALGARABÍA

SE PUDREN las peras: las veo deformarse tristes y cubrirse de grandes ojos cárdenos. Y no les hago caso cuando me suplican que me las coma y tampoco escucho a las manzanas ni a las naranjas.

Se pudren las naranjas en un jugoso gemido

Se pudren y se arrugan como madrastras las manzanas.

Le salen bultos a mi voz y mis plumas se desprenden como una extraña nieve. Me llaman desesperados los corazones desde sus jaulas pero no sé qué hacer. Me tapo los oídos para no escu- charlos y solo

canto canto canto esta amarilla

algarabía mortal.

(39)

UNA BLANCA SÁBANA DE FIEBRE

TE HE ENFERMADO.

He respirado en ti toda mi oscura respiración.

Te he envuelto en esta blanca sábana de fiebre como si se tratara de un santo sudario

o un velo nupcial como si fuera una crecida

una ciega telaraña.

Te he llagado siguiéndote por túneles y sanatorios interminables

guiado por el solo hilo de una venda:

estaba oscuro y no podía ver se repetían las puertas los gemidos atrapados

en las camas metálicas se daban vueltas las manos

y los pies

en ~il torsiones

(40)

crujían los dientes en un extraño recogimiento hablaban las paredes

y el dolor

era una estrella en la frente.

Te he enjoyado

y ensangrentado.

Les he cosido gemas a mis labios como si fueran botones

o dientes

brillaban rojos en la noche hervían llenos de burbujas de venenos

de carbunclos y se acercaban temblando

Pájaro Nublo para besarte por última vez.

(41)

EL p

ÁJARO RELÁMPAGO y EL MIEDO

CANTÁNDOTE, Miedo.

Escribiéndote esta noche que vuelves en la música de Schumann.

Te escucho vagar en la sombra envolver el aire con tus alas enormes

la claridad alucinada de este piano

el destino que le ofrezco esta vez a mis palabras:

cada nota una letra cada compás una frase o una zancada tuya

o un pájaro relámpago escapado de tu oscuro corazón.

De pronto me parece que alguien a mis espaldas espiara lo que escribo:

entonces me doy vuelta levanto los ojos

y por un instante te veo solo a ti.

Has llegado, Miedo

(42)

y casi puedo tocar tu boca insaciable hundirme en tu respiración .

. Besándote, Miedo.

Acercando mis labios a tus labios helados de cristal

a tu lengua de vitriolo

de humo

Ahogándome en tus ojos díscolos en tu terciopelo.

Dibujando tu rostro.

de mercurio.

Reconociendo tu mano que resplandece como una garra enjoyada

tus dedos ciegos que no se cansan de acariciar las yemas de mis dedos.

Cayendo por el vértigo de tu cintura.

Rogándote.

Mintiéndote.

Llenándote de esdrújulas.

Ahora entiendo a Schumann antes de arrojarse al Rin.

Sus dos años finales en un asilo de Endenich.

Puedo sentir el aire cargado

las cuerdas sujetando las manos y los pies las sábanas como hormigueros

los martillos.

Y entre los gritos de los internos lo descubro tendido

escuchando quién sabe qué música en su cabeza:

tal vez sonaba igual a estas palabras

(43)

igual a cien zancadas tuyas a cien relámpagos o cien pájaros salidos

de tu oscuro corazón.

(44)

ARDICIA

Tu VIDA será pequeña y durará poco o mucho.

Tu miedo será pequeño.

Tu resistencia será solo resistir.

Tu amor será tu amor mayor ecos

escombros agujas.

Tu memoria será pequeña y durará lo que yo dure en ti.

Será poco.

Será mucho.

Será sombra.

Será inseparable.

Será pluma.

(45)

LEYENDA

CUENTAN QUE hallaron un Pájaro Relámpago.

Dicen que apareció inexplicable caído tal vez de un cielo de piedras encendidas

o de un tiempo antiquísimo en el que todo es blancura.

Me han dicho también que tú lo recogiste y que al levantarlo se revolvía como un plomo vivo en tus manos.

¿A qué has venido, Pájaro Relámpago?

le preguntaste

¿Eres acaso un anuncio

una plaga

un destino?

¿Te llamas Eco

Clavo y Tambor

Astro Amoroso

Espejo?

Pero él no respondió

solo agitaba sus grandes alas

(46)

siguiendo los movimientos de una danza secreta

y laceraba tus oídos con sus chillidos.

Lo llevaste a tu casa sin que nadie te viera y con unos cuantos trapos y palos

construiste un nido

una jaula de ardientes barrotes para guardarlo.

Cada noche le ofrecías carne y miel.

Besabas amoroso sus plumas metálicas y azules.

Cantabas sus heridas.

Lo cubrías de palabras:

esas que solo nos decimos en la sombra

cuando nadie puede escucharnos y suenan como un soplo

o en el sueño

rayando un espejo como una espina sola

y febril que se adentra en la carne y va avanzando por ella hasta alcanzar el corazón.

Y el amor creció con el amor.

El día fue cortando la luz con su tijera.

Los truenos cayeron

con los truenos como hoyos enloquecidos.

Sangraron las flores con las flores y el miedo con el miedo.

(47)

Dicen que empezaste a cambiar.

Clausuraste las puertas y ventanas de tu casa y te comiste la llave

para que nadie pudiera ya entrar ni salir.

Vestías andrajos.

Crecieron en una erizada niebla tus cabellos

y tu barba.

Apenas lograbas moverte en el aire sólido.

No podías dormir y bullían tus ojos llenos de espinas

en una luminosa fiebre.

Y el pájaro volaba inmenso por la casa

estrellando sus chillidos contra las paredes en una blanca risa

que te envolvía sin misericordia.

No recuerdas qué pasó

o no has querido decirlo.

Pero fue una inútil ferocidad

y te dolió

como me duele a mí ahora que debo repetirla con estas sucias palabras.

Yo lo sé.

Nada puede ya hender

o purificar.

(48)

Nada desventura más que un cielo ominoso.

Nada restituye.

Y antes de marcharte

me entregaste al pájaro para que lo volviera esta sangre

esta risa

también blanca que ahora dejo en la página.

(49)

. . '

resp1rac1on

(50)

COMO DECIR MI ESPALDA

MI RECELO

mi inquietud

es por lo que está detrás que es como decir mi espalda aunque nada hay claro en ella porque la única certeza es tu respiración

golpeando en mi nuca como un mar

o un tambor

y el vértigo de tus ojos.

Borro, entonces:

miento y desmiento:

desdigo:

vuelvo a comenzar:

mi inquietud mi temblor

(51)

es por lo que está detrás que es como decir mi espalda y es el solo

y puro movimiento de esta mano dándose vuelta

en un doloroso esguince para escribir en ella con letras de aire y sangre

lo único que ocurrirá inevitable:

tú pasas a mi lado y espías estas líneas tratas de leerlas, quizá y de pronto te detienes porque sientes que hay algo o alguien detrás

duro como un hueso como una consumación y no sabes si es una sombra o una luz

si una joroba si una mueca si un tirano túnel:

y es inútil

que te des vuelta

porque cuando lo hagas se habrá desvanecido

(52)

pero volverá en una noche en trece en cien:

allí ha estado siempre como una capa prendida a tu espalda como un amor fidelísimo

más cerca cada vez esperando

abrazarte.

(53)

NIÑA y MINOTAURO

AHORA TIENES un Minotauro y una Niña en esta noche definitiva:

y puede ser la Niña llevando al Minotauro o el Minotauro

estrechando a la Niña

en un abrazo mortal.

Tú solo esperas:

Tú siempre has esperado:

Tú solo presientes sus carreras

por los corredores interminables los escondites que inventarán

entre las cortinas y las sábanas las palabras extraviadas

o aturdidas

que se dirán en la sombra el vértigo resplandeciendo en los ojos la boscosa respiración

(54)

los besos

los ruegos

los murmullos:

sin atreverte a elegir

sin pensar en la culpa que al fin en un doble sueño repetido

tendrá un rostro de Niña o Minotauro.

Ahora estás escribiéndolos en este instante paralizado de inminencia

de anhelante sangre de temblor

que durará para siempre.

(55)

ASIMETRÍAS

l.

EN LA CALLE empezó a seguirme un eco.

Era oscuro y

repetía

carios carios carios

como si se tratara de un disparo.

¿tú me dijiste? preguntó.

Yo nunca había visto un eco.

Era hermoso con sus ojos desmesurados de pozo

o espejo y su garganta

descendiendo

por un desfiladero.

(56)

Crecía y disminuía

y saltaba de una pared a otra como una cabeza de mercurio:

porque si es así así así tendré que

amarte amarte amarte y regresar siempre a ti.

No quiero que me ames, contesté.

Nunca me busques.

Nada le preguntes a la voz de mis pensamientos.

Bástate tú.

2.

Salta.

Ahógate.

Repítete.

UN ECO es un erizo que solo dice

erizo erizo erizo

como si fuera la única palabra de amor.

(57)

Un eco escarba túneles buscándote en un jardín nupcial

no

en un jardín de miedo no

en un jardín de sueño.

3.

UNA NOCHE vino un eco a acostarse en mi cama.

Era helado

y hacía crujir sus dientes.

reclamó.

ámame ámame ámame

Entonces lo acaricié y comprendí que para un eco el amor es el lugar

en el que desearía quedarse.

Daría todo por besarlo

con sus labios transparentes y hambrientos por arañar su pared

con sus uñas metálicas

como si fuera una espalda.

Pero siempre hay una desproporción entre un eco y su destino

(58)

y cuando llega tiene ya que regresar.

Por eso un eco solo puede ser promesa

inminencia desborde in quietud es la pura anticipación

del silencio

que florecerá cuando se haya perdido.

4.

COMÍ un eco de carne.

Yo lo

masticaba masticaba masticaba como si fuera de vidrio

o de aire

o de ciegos ruiseñores.

Gritaba y manchaba el mantel torcía los cubiertos y los llenaba de ruido pero yo no lo escuchaba.

Después bebí vino y dormí por tres días.

(59)

s.

CORTÉ un eco en dos.

Era hueco y contenía siete

ecos.

hirientes níveos turbios dulces milagrosos erizos solos

Brillaban sus cabezas encendidas y una a una las fui soplando hasta apagarlas.

(60)

FIGURACIONES

SE PIERDE tres veces:

tres tiranas oscuras injustas veces:

la primera dormido en la noche lunar

donde acaba el camino y se levanta la niebla la segunda ahogado en las olas rabiosas

en una casa imposible la tercera

golpeando alguna puerta que no nos abrirán acariciando un vestido vacío

y buscando a una luna entre sus pliegues para besarla

con labios secretos desaforados dos veces.

Se besa dos veces:

dos rendidas tristes veces:

la primera a un tímpano

(61)

a un pulso a un cristal

la segunda a una sombra hasta alcanzarla hasta doblegarla

hasta volverla hirsuta luz cabellos larguísimos de 1 una y se sube por ellos.

Se sube una sola vez:

una honda vez:

aunque las manos duelan insoportables se sube hasta caer

sin abrir nunca los ojos.

(62)

DESEO DE UNA MAÑANA DE VERANO

ME ESCRIBISTE.

Tú me trajiste al mar esta mañana de verano solo para decirme:

cuenta todas las olas de este mar de deseo sin que falte ninguna

y las tres deseosas palabras que guardas y los pasos de deseo

que siempre caminaste.

Fuiste tú, Carlos.

Yo me rendí a tu voluntad

que es también mi voluntad a tu santa voz

que se oye como la mía.

Y conté todas las olas ansiosas

incomprensibles sin que se me perdiera ninguna

(63)

los innúmeros pasos que me trajeron hasta aquí las luces desorbitadas

que son grandes ojos de amor los ríos y árboles en el cielo

colgando sobre mi cabeza los grados como flores de la fiebre

como ceros

y unos como latidos.

Y conté y volví a contar todos mis deseos hasta que se me acabaron los números pensando que podían reducirse a uno solo

que es el deseo de desear.

Vuelan vientos que son sombras

y brotan las primeras llamas azules de mi cuerpo.

Concédeme, Carlos,

que este verano de amor ya se desvanezca

y duerma al fin con todos los veranos que se fueron en un solo corazón amarillo

en una sola flama que ya no sea flama.

Dile que se acerque

a mis labios por última vez para repetir tres veces

DESOLARE DESIDERARE DELIRARE

y luego se marche conmigo caminando por el mar.

(64)

ÍNDICE

flama

9

Voces

11

Toda la noche hablaste con los árboles

13

Pasó silbando el viento rojo

15

Santa o Niebla

17

La retribución

19

Bala

21

Herida de tu herida

23

historias del Pájaro Relámpago

29

Yo Hacedor

3 1

El río oscuro

33

El Pájaro Relámpago me enseña a hablar

35

En esta nuez

37

Lumbre

39

La Giganta

41

· Flama y respiración

43

Dos cuadros

45

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Algarabía

Una blanca sábana de fiebre El Pájaro Relámpago y el Miedo Ardicia

Leyenda

respiración

Como decir mi espalda Niña y Minotauro Asimetrías

Figuraciones

Deseo de una mañana de verano

47 49 51 55 57

61 63

67

69 75 77

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flama

2003, en marzo / en marzo, 2005 respiración

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SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EN LOS TALLERES GRÁFICOS DE TAREA ASOCIACIÓN GRÁFICA EDUCATIVA

PASAJE MARÍA AUXILIADORA 156 - BREÑA

Correo e.: [email protected]

TELÉF. 424-8104 / 332-3229 FAX: 424-1582 ABRIL 2005 LIMA - PERÚ

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La primera página de Flama y respiración contiene tres ardientes signos: desolare, desiderare y delirare. «Deseo» (de-siderare) significa en su raíz original echar en falta un astro: esta nostalgia de la luz (desolación) es el imán que pone en marcha los textos de este hermoso libro. Su aventura es la del hálito (delirio) que conjura esa ausencia, y para hacerlo crea, con un impulso narrativo y alucinatorio, seres, presencias, fuegos, ecos, espejos. Y en todos ellos el yo poético se desdobla, ama, reconoce, inmola y contempla.

Flama y respiración se sitúa en el ojo del huracán y confirma la intensidad, originalidad y hondura del universo poético de Carlos López Degregori, una voz que ocupa, sin ninguna duda, un lugar central en nuestra poesía.

Referencias

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