flama y respiración
Serie Ficciones POESÍA
CARLOS LóPEZ DEGREGORI
flama
. y . ,
resp1rac1on
Pontificia Universidad Católica del Perú -fondo Editorial 2005
flama y respiración
Primera edición: mayo de 2005 500 ejemplares
Responsable de la Serie Ficciones: Estrella Guerra Diseño de cubierta e interiores: Edgard Thays
© Carlos López Degregori, 2005 Derechos exclusivos en Perú
© 2005 de esta edición:
Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú Plaza Francia 1164
Lima 1 -·Perú
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de los editores.
ISBN: 9972-42-699-8
Hecho el Depósito Legal: 15011362005-2519 Impreso en Perú - Printed in Peru
Cora
desolare desiderare
delirare
a
ti
flania
VOCES
ALGUIEN VIENE a tu habitación esta noche y te dice al oído:
levántate, he venido para llevarte.
Entra la voz en tu sueño como una aguja o un golpe de mar.
La escuchas llamarte con insistencia.
Despiertas.
Te incorporas y recorres la casa por última vez. Te sientas en cada uno de los muebles para que siempre guarden la forma de tu cuerpo, cortas tu ropa porque ya no la vas a necesitar, matas una a una las flores que llenan los jarrones, trizas los platos, te bebes el aceite de las lámparas, desvistes los espejos.
Y le dices al aire encendido tus mejores recuerdos y poemas:
ya no los volverás a ver: nunca podrás besarlos ni respirarlos ni dormidos: ya no los escucharás amorosos o tristes ni seguirás con tus dedos su forma terrible.
Pero hay una sola palabra que no quieres dejar y no sabes cuál es.
Pero hay un solo gesto definitivo que deberías llevarte para que siempre incendie tu rostro.
Pero hay un solo amor que necesitarás mañana cuando llegue la hora de las justificaciones.
Entonces regresas a tu habitación y algo ha cambiado. Alguien respira en la oscuridad. Tú te acercas para decirle al oído: le- vántate, he venido para llevarte.
TODA LA NOCHE HABLASTE CON LOS ÁRBOLES
PASÉ TODA la noche hablando con los árboles.
Les decía una palabra y ellos se alejaban sacudiendo sus ramas, aterrados en el viento nocturno.
Les decía otra palabra y corrían todavía más, como una luna huyendo de otra luna o la sombra que se levanta en el bosque para saltar a otra sombra más vasta.
¿Pero qué les decías a los árboles?
¿Les contabas historias de ciego terciopelo?
¿Encendías de carbón sus corazones en un anuncio mortal?
¿Les hablabas dormido?
¿Los seguía volando tu lengua desprendida desde el sueño?
No lo sé.
Yo solo hablaba con los árboles y ellos temían mis palabras:
como si guardaran algo que no cabe en ellas: el revés de lo que podemos decir:
y es un grito imposible de ira
de castigo de amor.
PASÓ SILBANDO EL VIENTO ROJO
ELLA VIVE en una piedra en un país de piedra.
Abre y cierra cada tarde su ventana de piedra y golpea con piedras la puerta de piedra de su casa.
Afuera pasa silbando el viento rojo.
¿Eres de piedra? le pregunta.
Pero es una pregunta inútil. Aquí el viento es de piedra, igual que las 1 unas y pájaros que vuelan por el aire sólido y se elevan hasta estrellarse contra el cielo, o el mar que camina entre las duras olas detenidas.
Ella escucha su pulso golpeando. Levanta de piedra sus cabe- llos. Abre sus brazos y en una felicidad difícil recibe al viento rojo.
No importa, le dice, quédate conmigo.
Te llevaré en mi boca.
Te cubriré con mis pechos.
Te guardaré en mi corazón nupcial.
SANTA O NIEBLA
CADA NOCHE voy al Café Hopper. Pido un licor azul y me sien- to en la misma mesa a beberlo lentamente y a acompañar como un destino a la mujer que lo atiende.
Nunca encuentro a nadie. Seguramente no hay cerca calles, ni caminos desbordados de amantes, ni ecos, ni plazas con árbo- les cantores. O tal vez este lugar es una trampa, un error en la noche, una interferencia entre el corazón y la lluvia que afuera golpea incansable. No me importa. Yo solo regreso para en- contrar este perdido pedazo de cielo.
Nunca le he hablado a la mujer. Me basta contemplarla con su vaso en las manos, ofreciéndome un entendimiento de alfi- leres o de párpados que no necesita palabras. Me contento con adorarla como a una santa o a una niebla, con verla res- plandecer entre las mesas mudas y las lámparas parecidas a ojos de quirófano. Es una ardua forma de amor, idéntica a este licor azul que arde como el mar. Nado en él. Lucho en un torbellino de corrientes y de asfixia. Me hundo en sus olas que
crecen por todas partes y luego se deshacen en un derrumbe helado y santo de piernas, de senos, de cabellos.
Es hora de cerrar, dice la mujer. Siempre es así. Yo me levanto desnudo o me duermo. La lluvia y el corazón siguen golpean- do. Ayer regresaré. No. Ya regresé mañana.
LA
RETRIBUCIÓNALLí ESTÁN: hoscos, temblorosos: acercando sus labios entrea- biertos al cristal, sus ojos enrojecidos que no han podido ce- rrar en tantas noches.
Solo han venido para mirarte dormir, de espaldas, con las pier- nas recogidas hacia el pecho, para dejar un plato de agua lim- pia a los pies de tu cama.
Graznan. Revolotean como enormes pájaros de sueño. Te lla- man en voz baja ensayando mil nombres para despertarte. Sil- ban como agujeros o ruiseñores de hueso. Y te dicen que ya no tienen ningún lugar al que puedan regresar, que han recorri- do todas las ventanas y noches y habitaciones para buscarte, porque un poema tuyo fue su destino y ahora te deben una retribución.
Pero solo se retribuye lo que se robó o regaló, lo que floreció alguna vez como una muerte en una lejana estrella de carne, lo que se entregó como una ofrenda de agua. Sí, solo de agua.
Mañana cuando despiertes te extrañará encontrarla en este
plato blanquísimo abierta como un remolino, como un llama- do, como una anticipación:
a qué sabrá cuando la bebas.
BAIA
TENGO ESTA bala de helada plata para ti.
Anoche la preparé con sucia, infalible, dulce sangre. Recé horas con ella. La acompañé con velas y las más secretas jaculatorias.
Primero la cegué porque una bala nunca debe ver el aire omi- noso ni el cuerpo que encontrará. Después la ensordecí para que no escuche los gritos ni las amenazas ni la música de la carne y los huesos partiéndose.
Solo le dejé los labios para que pudiera silbar.
Entiéndeme:
los silbidos son las palabras de las balas: son sus besos últimos y desaforados adentrándose en la lisura de la noche: su extrañe- za, su ruego, su respiración.
HERIDA DE TU HERIDA
(Diciembre 14)
HE ALUMBRADO una diosa o un dios. No sé si salió de mis ojos o de mi boca, pero cuando desperté estaba allí como una herida enorme de amor viva o una flama.
Empezó a extender sus manos, a probar su pulso en una extra- ña música, a intentar sus primeros pasos y palabras. Y un ins- tante me miraba fijamente y era un dios, y otro instante se desvanecía en una sonrisa de humo y era una diosa.
(Diciembre 15)
AHORA TENDRÉ que decidir:
¿dejaré que crezcas?
¿te llevaré a pacer como un cordero por las más altas montañas?
(Marzo 15)
¿te abandonaré en una cesta
o en un bosque entre lobos y cuervos?
¿te despeñaré?
¿moldearé tus labios en un idioma extraño?
¿coseré tu amor a mis pies como una sombra?
¿y qué nombre te pondré para reconocerte
cuando pasen muchos años y vuelvas
como una falta
o un destino cumplido a buscarme?
SE VOLVIÓ un cordero con flamas en lugar de vellones y venía a lamer mis piernas, a pacer en mis manos y mis ojos.
Balaba mortal y yo le contestaba. Reía con sus dientes de tizo- nes. Se enroscaba a mi lado como un bulto de amor.
\V\V\V
(Abril 27)
EN ABRIL compré lápices y cuadernos para enseñarle el alfabe- to. Una diosa o dios tiene que conocer el misterio de las letras y escribir sus milagros y parábolas para la posteridad.
Trazábamos la A cien veces amordazando la voz.
La E eléctrica y rabiosa, caída en éxtasis con los brazos abiertos en cruz sobre el suelo.
Torva la l.
La O respirando en una cámara de oxígeno o en un pulmón de acero.
La U insomne, dura.
Y las repetíamos con la perfecta inflexión, presintiendo que para cada letra hay otra oculta como una sombra o una espal- da, y que solo con ellas podemos decir nuestros nombres.
Junio 2)
UN DÍA estás. Otro día ya no estás.
Una noche duermo contigo en mi habitación y despierto en una calle empedrada, llena de gatos, en Praga. Pero yo nunca he estado en Praga. Pero yo nunca te he visto dormir ni cami- nar por los hilos del sueño.
Un día crees o descrees. Un día me temes o te temo en un solo miedo al unísono. Un día sabes. Otro día no sabes.
De mañana eres un cordero. De tarde una paloma. De noche un ciego animal de amianto que no se deja ver y escarba gale- rías en las paredes. Abro mi oído para escucharte y no te escu- cho. O sí. Te escucho como un diente: como una estrella: como un pozo: como un latido.
(Junio 19)
BOSTEZAS y sale una luna de tu boca.
Caminas y brotan rosas de tus pasos.
Te sientas a la mesa y pides hostias de comer. Yo te anudo una servilleta al cuello y te las sirvo en un blanco plato con tenedor y cuchillo.
(Junio 20, por la noche)
CADA DÍA te pareces más a una lengua encendida. Te veo saltar de un lado para otro, buscarte en los espejos o en la santa ima- gen de la pared. Te escucho hablarte con dulces e inadmisibles palabras.
Enciendo un fósforo y caminas siguiéndolo como si se tratara de un faro. Voy a ser tu Amor, le dices o me dices. Voy a ser tu Virtud.
Enciendo otro fósforo. Clausuro con trapos húmedos las ven- tanas,
el
filo de la puerta y abro la llave de gas. Me tiendo en un rincón mientras tú sigues caminando. Tomas mi lapicero y escribes este poema.Uunio 21)
AL DÍA siguiente ya no estaba. Tal vez enfermó de luz y se mar- chó o fue perdiendo su cuerpo y su aire hasta desaparecer.
SERÉ HERIDA DE TU HERIDA
había escrito en la pared.
historias del Pájaro Relámpago
Yo
HACEDORDESPACIO
con infinito riesgo
con las manos temblorosas y los ojos desbordados de ansiedad
Yo Hacedor
estoy mezclando garras
cristales
chispas
viento.
Es muy difícil hacerte
Pájaro Relámpago engastar tu exacto e incomprensible mecanismo tensar los huesos hasta el dolor
las alas fornidas el negrísimo lustre y el sueño sin orillas del vuelo y los dientes y cabellos del vuelo
que no cesarán de crecer
y el miedo del vuelo y su afán
y su torbellino y su tiniebla.
Ahora tendré que darle un nombre a tu corazón contar sus innúmeros latidos
todas las noches que me queden abrir tus ojos brillantes
de rapiña al aire oscuro
y dejar que te marches.
EL
RÍO OSCUROESTE RÍO oscuro es para ti:
ámalo
porque nació de tu costado bébelo
con tu más ansiosa sed quiébrale
los brazos las rodillas
para que no pueda correr y se quede contigo como un animal imposible.
Nada habrá como tener un río oscuro creciendo
en tu respiración hasta volverse aire de tu aire huesos amorosos de tus huesos.
Haz que se rinda.
Haz que te abrace y te rodee
y se conmueva en cien deseos.
No importa cuántas sangres o cuántas piedras o cuántos gritos
levante para ahuyentarte:
tú solo insiste lleno de impiedad hasta hundir tus manos
en sus aguas postreras.
EL
PÁJARO RELÁMPAGO ME ENSEÑA A HABLARVoY A ENSENARTE a hablar.
La primera palabra que debes aprender es Creo dila como si se la dijeras a un pequeño trueno
o a un río recién nacido de tu sangre
y sobre todo pronúnciala con asombro con recogimiento
con aceptación.
La otra palabra es Recuerdo.
No necesitas más.
Con las dos tienes el lenguaje suficiente porque las palabras son fisuras
risas
grandes bocanadas de niebla.
Creo y Recuerdo:
pero Creo en qué:
Recuerdo qué:
Creo en lo que Recuerdo
o Creo en lo que Creo que Recuerdo y solo Recuerdo un relámpago en la niebla
no puedo verlo pero sé que está allí:
él es mi sola carta de Creencia mi solo
y sobrecogido amor.
EN ESTA NUEZ
EN EL SUEÑO había un hombre trabajando encorvado. Era car- pintero.
Con palos, restos de cajas y maderos que abandona el mar en la playa, había construido un enorme pájaro de ojos fijos y oscuros como pozos. Se movía torpemente sacudiendo sus as- tillas y sus gruesas plumas pintadas.
No puede cantar, me dijo.
Y sin añadir nada más me cortó la garganta para arrancar un puñado de voz roja, palpitante. Entonces se lo colocó al pájaro como un inexplicable mecanismo y empezó a sonar. Era un canto de guijarros y burbujas. Duro. Hermoso. Inocente.
Después se marchó volando por el sueño y yo lo perseguía porque necesitaba recuperar mi voz. Atravesamos mares de olas parlantes, playas y calles atestadas de aves y gritos, habita- ciones idénticas con paredes de sonidos que nos repetían, y caímos al fin entre las sábanas rabiosamente abrazados.
Cuando el sueño acabó me encerraste en esta jaula de lumbre en esta cama de lumbre
en este huevo de lumbre en esta nuez.
LUMBRE
Soy TU asentimiento tu yesca tu tímpano tu impiedad tu pájaro mar y tu pájaro revólver buscándote
en la noche vertiginosa.
LA.GIGANTA
Vr UNA GIGANTA. Venía por el camino con dos vidas en sus manos. Una parecía una cicatriz y la otra una estrella. Tembla- ban asustadas y en sus ojos brillaba un reclamo de salvación.
-Dámelas, grité. Si no me las entregas, te mataré.
Respiré fuerte. Nunca he matado a una Giganta y tampoco necesito vidas adicionales. Cuesta un inmenso esfuerzo cui- darlas. Pero creo que soy un salvador y algo tenía que hacer.
Empezamos a forcejear. Mis plumas y mi pico saltaban enar- decidos. Las vidas chillaban y no sé si sus chillidos eran de apro- bación o de miedo porque sabían que nada cambiaría para ellas si terminaban en mis manos.
Rió la Giganta.
Reí. Y para ser justos nos las jugamos a los dados.
Yo gané.
Y a la que era estrella la ahogué en el mar.
Y a la que era cicatriz me la puse en la mejilla como una nueva boca para besar con ella, para morder con ella, para hablar.
FLAMA
Y RESPIRACIÓNEscucHA: es el Pájaro Relámpago.
Y no suena como un reloj ni como un diente ni como una rueca hilando la oscuridad del río ni como el canto duro de las olas.
Solo suena muy adentro de la almohada: sencillamente suena como una flama crudelísima:
como si alguien respirara.
Dos
CUADROSSombra Sombra Sombra
1 /
El
rostroSombra Sombra Sombra
Cielo Cielo Cielo
Sombra Sombra Sombra
2 I El nido
Entra por este cuadro al mar.
Entra por el mar a esta luna tiznada y por esta luna a mi boca y a mis pechos
y a mis cabellos y a mis dientes.
Acércate.
Desnúdate como si te envolvieran las olas por primera vez.
Regálame flores carnívoras.
Ilumíname santo con una santa lámpara y ofréceme tu lengua
para que siempre hables mis palabras incandescentes.
Entrégame tus ojos y guárdalos en este cuadro
que yo los cuidaré.
Y ahora alcánzame tus manos
¿sientes?
Es agua cubriéndote:
agua de luna.
ALGARABÍA
SE PUDREN las peras: las veo deformarse tristes y cubrirse de grandes ojos cárdenos. Y no les hago caso cuando me suplican que me las coma y tampoco escucho a las manzanas ni a las naranjas.
Se pudren las naranjas en un jugoso gemido
Se pudren y se arrugan como madrastras las manzanas.
Le salen bultos a mi voz y mis plumas se desprenden como una extraña nieve. Me llaman desesperados los corazones desde sus jaulas pero no sé qué hacer. Me tapo los oídos para no escu- charlos y solo
canto canto canto esta amarilla
algarabía mortal.
UNA BLANCA SÁBANA DE FIEBRE
TE HE ENFERMADO.
He respirado en ti toda mi oscura respiración.
Te he envuelto en esta blanca sábana de fiebre como si se tratara de un santo sudario
o un velo nupcial como si fuera una crecida
una ciega telaraña.
Te he llagado siguiéndote por túneles y sanatorios interminables
guiado por el solo hilo de una venda:
estaba oscuro y no podía ver se repetían las puertas los gemidos atrapados
en las camas metálicas se daban vueltas las manos
y los pies
en ~il torsiones
crujían los dientes en un extraño recogimiento hablaban las paredes
y el dolor
era una estrella en la frente.
Te he enjoyado
y ensangrentado.
Les he cosido gemas a mis labios como si fueran botones
o dientes
brillaban rojos en la noche hervían llenos de burbujas de venenos
de carbunclos y se acercaban temblando
Pájaro Nublo para besarte por última vez.
EL p
ÁJARO RELÁMPAGO y EL MIEDOCANTÁNDOTE, Miedo.
Escribiéndote esta noche que vuelves en la música de Schumann.
Te escucho vagar en la sombra envolver el aire con tus alas enormes
la claridad alucinada de este piano
el destino que le ofrezco esta vez a mis palabras:
cada nota una letra cada compás una frase o una zancada tuya
o un pájaro relámpago escapado de tu oscuro corazón.
De pronto me parece que alguien a mis espaldas espiara lo que escribo:
entonces me doy vuelta levanto los ojos
y por un instante te veo solo a ti.
Has llegado, Miedo
y casi puedo tocar tu boca insaciable hundirme en tu respiración .
. Besándote, Miedo.
Acercando mis labios a tus labios helados de cristal
a tu lengua de vitriolo
de humo
Ahogándome en tus ojos díscolos en tu terciopelo.
Dibujando tu rostro.
de mercurio.
Reconociendo tu mano que resplandece como una garra enjoyada
tus dedos ciegos que no se cansan de acariciar las yemas de mis dedos.
Cayendo por el vértigo de tu cintura.
Rogándote.
Mintiéndote.
Llenándote de esdrújulas.
Ahora entiendo a Schumann antes de arrojarse al Rin.
Sus dos años finales en un asilo de Endenich.
Puedo sentir el aire cargado
las cuerdas sujetando las manos y los pies las sábanas como hormigueros
los martillos.
Y entre los gritos de los internos lo descubro tendido
escuchando quién sabe qué música en su cabeza:
tal vez sonaba igual a estas palabras
igual a cien zancadas tuyas a cien relámpagos o cien pájaros salidos
de tu oscuro corazón.
ARDICIA
Tu VIDA será pequeña y durará poco o mucho.
Tu miedo será pequeño.
Tu resistencia será solo resistir.
Tu amor será tu amor mayor ecos
escombros agujas.
Tu memoria será pequeña y durará lo que yo dure en ti.
Será poco.
Será mucho.
Será sombra.
Será inseparable.
Será pluma.
LEYENDA
CUENTAN QUE hallaron un Pájaro Relámpago.
Dicen que apareció inexplicable caído tal vez de un cielo de piedras encendidas
o de un tiempo antiquísimo en el que todo es blancura.
Me han dicho también que tú lo recogiste y que al levantarlo se revolvía como un plomo vivo en tus manos.
¿A qué has venido, Pájaro Relámpago?
le preguntaste
¿Eres acaso un anuncio
una plaga
un destino?
¿Te llamas Eco
Clavo y Tambor
Astro Amoroso
Espejo?
Pero él no respondió
solo agitaba sus grandes alas
siguiendo los movimientos de una danza secreta
y laceraba tus oídos con sus chillidos.
Lo llevaste a tu casa sin que nadie te viera y con unos cuantos trapos y palos
construiste un nido
una jaula de ardientes barrotes para guardarlo.
Cada noche le ofrecías carne y miel.
Besabas amoroso sus plumas metálicas y azules.
Cantabas sus heridas.
Lo cubrías de palabras:
esas que solo nos decimos en la sombra
cuando nadie puede escucharnos y suenan como un soplo
o en el sueño
rayando un espejo como una espina sola
y febril que se adentra en la carne y va avanzando por ella hasta alcanzar el corazón.
Y el amor creció con el amor.
El día fue cortando la luz con su tijera.
Los truenos cayeron
con los truenos como hoyos enloquecidos.
Sangraron las flores con las flores y el miedo con el miedo.
Dicen que empezaste a cambiar.
Clausuraste las puertas y ventanas de tu casa y te comiste la llave
para que nadie pudiera ya entrar ni salir.
Vestías andrajos.
Crecieron en una erizada niebla tus cabellos
y tu barba.
Apenas lograbas moverte en el aire sólido.
No podías dormir y bullían tus ojos llenos de espinas
en una luminosa fiebre.
Y el pájaro volaba inmenso por la casa
estrellando sus chillidos contra las paredes en una blanca risa
que te envolvía sin misericordia.
No recuerdas qué pasó
o no has querido decirlo.
Pero fue una inútil ferocidad
y te dolió
como me duele a mí ahora que debo repetirla con estas sucias palabras.
Yo lo sé.
Nada puede ya hender
o purificar.
Nada desventura más que un cielo ominoso.
Nada restituye.
Y antes de marcharte
me entregaste al pájaro para que lo volviera esta sangre
esta risa
también blanca que ahora dejo en la página.
. . '
resp1rac1on
COMO DECIR MI ESPALDA
MI RECELO
mi inquietud
es por lo que está detrás que es como decir mi espalda aunque nada hay claro en ella porque la única certeza es tu respiración
golpeando en mi nuca como un mar
o un tambor
y el vértigo de tus ojos.
Borro, entonces:
miento y desmiento:
desdigo:
vuelvo a comenzar:
mi inquietud mi temblor
es por lo que está detrás que es como decir mi espalda y es el solo
y puro movimiento de esta mano dándose vuelta
en un doloroso esguince para escribir en ella con letras de aire y sangre
lo único que ocurrirá inevitable:
tú pasas a mi lado y espías estas líneas tratas de leerlas, quizá y de pronto te detienes porque sientes que hay algo o alguien detrás
duro como un hueso como una consumación y no sabes si es una sombra o una luz
si una joroba si una mueca si un tirano túnel:
y es inútil
que te des vuelta
porque cuando lo hagas se habrá desvanecido
pero volverá en una noche en trece en cien:
allí ha estado siempre como una capa prendida a tu espalda como un amor fidelísimo
más cerca cada vez esperando
abrazarte.
NIÑA y MINOTAURO
AHORA TIENES un Minotauro y una Niña en esta noche definitiva:
y puede ser la Niña llevando al Minotauro o el Minotauro
estrechando a la Niña
en un abrazo mortal.
Tú solo esperas:
Tú siempre has esperado:
Tú solo presientes sus carreras
por los corredores interminables los escondites que inventarán
entre las cortinas y las sábanas las palabras extraviadas
o aturdidas
que se dirán en la sombra el vértigo resplandeciendo en los ojos la boscosa respiración
los besos
los ruegos
los murmullos:
sin atreverte a elegir
sin pensar en la culpa que al fin en un doble sueño repetido
tendrá un rostro de Niña o Minotauro.
Ahora estás escribiéndolos en este instante paralizado de inminencia
de anhelante sangre de temblor
que durará para siempre.
ASIMETRÍAS
l.
EN LA CALLE empezó a seguirme un eco.
Era oscuro y
repetía
carios carios carios
como si se tratara de un disparo.
¿tú me dijiste? preguntó.
Yo nunca había visto un eco.
Era hermoso con sus ojos desmesurados de pozo
o espejo y su garganta
descendiendo
por un desfiladero.
Crecía y disminuía
y saltaba de una pared a otra como una cabeza de mercurio:
porque si es así así así tendré que
amarte amarte amarte y regresar siempre a ti.
No quiero que me ames, contesté.
Nunca me busques.
Nada le preguntes a la voz de mis pensamientos.
Bástate tú.
2.
Salta.
Ahógate.
Repítete.
UN ECO es un erizo que solo dice
erizo erizo erizo
como si fuera la única palabra de amor.
Un eco escarba túneles buscándote en un jardín nupcial
no
en un jardín de miedo no
en un jardín de sueño.
3.
UNA NOCHE vino un eco a acostarse en mi cama.
Era helado
y hacía crujir sus dientes.
reclamó.
ámame ámame ámame
Entonces lo acaricié y comprendí que para un eco el amor es el lugar
en el que desearía quedarse.
Daría todo por besarlo
con sus labios transparentes y hambrientos por arañar su pared
con sus uñas metálicas
como si fuera una espalda.
Pero siempre hay una desproporción entre un eco y su destino
y cuando llega tiene ya que regresar.
Por eso un eco solo puede ser promesa
inminencia desborde in quietud es la pura anticipación
del silencio
que florecerá cuando se haya perdido.
4.
COMÍ un eco de carne.
Yo lo
masticaba masticaba masticaba como si fuera de vidrio
o de aire
o de ciegos ruiseñores.
Gritaba y manchaba el mantel torcía los cubiertos y los llenaba de ruido pero yo no lo escuchaba.
Después bebí vino y dormí por tres días.
s.
CORTÉ un eco en dos.
Era hueco y contenía siete
ecos.
hirientes níveos turbios dulces milagrosos erizos solos
Brillaban sus cabezas encendidas y una a una las fui soplando hasta apagarlas.
FIGURACIONES
SE PIERDE tres veces:
tres tiranas oscuras injustas veces:
la primera dormido en la noche lunar
donde acaba el camino y se levanta la niebla la segunda ahogado en las olas rabiosas
en una casa imposible la tercera
golpeando alguna puerta que no nos abrirán acariciando un vestido vacío
y buscando a una luna entre sus pliegues para besarla
con labios secretos desaforados dos veces.
Se besa dos veces:
dos rendidas tristes veces:
la primera a un tímpano
a un pulso a un cristal
la segunda a una sombra hasta alcanzarla hasta doblegarla
hasta volverla hirsuta luz cabellos larguísimos de 1 una y se sube por ellos.
Se sube una sola vez:
una honda vez:
aunque las manos duelan insoportables se sube hasta caer
sin abrir nunca los ojos.
DESEO DE UNA MAÑANA DE VERANO
Tú ME ESCRIBISTE.
Tú me trajiste al mar esta mañana de verano solo para decirme:
cuenta todas las olas de este mar de deseo sin que falte ninguna
y las tres deseosas palabras que guardas y los pasos de deseo
que siempre caminaste.
Fuiste tú, Carlos.
Yo me rendí a tu voluntad
que es también mi voluntad a tu santa voz
que se oye como la mía.
Y conté todas las olas ansiosas
incomprensibles sin que se me perdiera ninguna
los innúmeros pasos que me trajeron hasta aquí las luces desorbitadas
que son grandes ojos de amor los ríos y árboles en el cielo
colgando sobre mi cabeza los grados como flores de la fiebre
como ceros
y unos como latidos.
Y conté y volví a contar todos mis deseos hasta que se me acabaron los números pensando que podían reducirse a uno solo
que es el deseo de desear.
Vuelan vientos que son sombras
y brotan las primeras llamas azules de mi cuerpo.
Concédeme, Carlos,
que este verano de amor ya se desvanezca
y duerma al fin con todos los veranos que se fueron en un solo corazón amarillo
en una sola flama que ya no sea flama.
Dile que se acerque
a mis labios por última vez para repetir tres veces
DESOLARE DESIDERARE DELIRARE
y luego se marche conmigo caminando por el mar.
ÍNDICE
flama
9
Voces
11
Toda la noche hablaste con los árboles
13
Pasó silbando el viento rojo
15
Santa o Niebla
17
La retribución
19
Bala
21
Herida de tu herida
23
historias del Pájaro Relámpago
29
Yo Hacedor
3 1
El río oscuro
33
El Pájaro Relámpago me enseña a hablar
35
En esta nuez
37
Lumbre
39
La Giganta
41
· Flama y respiración
43
Dos cuadros
45
Algarabía
Una blanca sábana de fiebre El Pájaro Relámpago y el Miedo Ardicia
Leyenda
respiración
Como decir mi espalda Niña y Minotauro Asimetrías
Figuraciones
Deseo de una mañana de verano
47 49 51 55 57
61 63
67
69 75 77flama
2003, en marzo / en marzo, 2005 respiración
SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EN LOS TALLERES GRÁFICOS DE TAREA ASOCIACIÓN GRÁFICA EDUCATIVA
PASAJE MARÍA AUXILIADORA 156 - BREÑA
Correo e.: [email protected]
TELÉF. 424-8104 / 332-3229 FAX: 424-1582 ABRIL 2005 LIMA - PERÚ
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La primera página de Flama y respiración contiene tres ardientes signos: desolare, desiderare y delirare. «Deseo» (de-siderare) significa en su raíz original echar en falta un astro: esta nostalgia de la luz (desolación) es el imán que pone en marcha los textos de este hermoso libro. Su aventura es la del hálito (delirio) que conjura esa ausencia, y para hacerlo crea, con un impulso narrativo y alucinatorio, seres, presencias, fuegos, ecos, espejos. Y en todos ellos el yo poético se desdobla, ama, reconoce, inmola y contempla.
Flama y respiración se sitúa en el ojo del huracán y confirma la intensidad, originalidad y hondura del universo poético de Carlos López Degregori, una voz que ocupa, sin ninguna duda, un lugar central en nuestra poesía.