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San Agustín de Hipona Cristianismo y Filosofía

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San Agustín de Hipona

Cristianismo y Filosofía

¡Cuánto camino hemos recorrido! Si en la Ficha 1 nos ocupábamos del nacimiento de la Filosofía como forma de pensamiento en el siglo VI a.C., ahora, con esta Ficha 8, llegaremos al siglo IV d.C. ¡Son más de 11 siglos! Y, aun así, todavía nos quedan muchos más por recorrer. Como recordarás, en la ficha anterior repasábamos las nuevas escuelas filosóficas surgidas tras la pérdida de influencia del Liceo y de la Academia ―epicúreos, estoicos, escépticos―. El panorama no va a cambiar mucho hasta la caída de Grecia como potencia económica, política y cultural, y el surgimiento del Imperio romano. Sin embargo, hay un factor que hará que esta época, y las que vendrán después, sean diferentes a las anteriores: el cristianismo. Veámoslo en esta ficha con algo más de detenimiento.

I.

El cristianismo: de secta perseguida a

religión oficial del Imperio

El cristianismo surgió como una «escisión» del judaísmo a partir del siglo I d.c. Su irrupción en el mundo religioso y cultural de su época fue bastante marginal, e incluso algunos autores consideran que el cristianismo se comportaba, en sus orígenes, como una secta perseguida por las autoridades romanas. ¿Te suena de algo el término «catacumbas»? Eran los lugares en los que los cristianos practicaban sus ritos para no ser descubiertos. A los romanos, habituados a coexistir con religiones politeístas que admitían numerosos dioses, no les gustaba en absoluto que una religión se atribuyera el hecho de ser la «única verdadera». Además, la figura de Jesús tenía un halo político que lo hacía sumamente peligroso a los intereses del Imperio. Por esas razones, y por otras muchas que no podemos detallar aquí, el cristianismo fue perseguido desde su fundación hasta el siglo IV d.C.

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solo pasaba a ser tolerado por las autoridades romanas, sino que además se convertía en la religión oficial del Imperio, culminando así la legalización que llevó a cabo el emperador Constantino I unas décadas antes. Con el Edicto de Tesalónica la religión cristiana y la política romana quedaron íntimamente ligadas, ya que a partir de ese momento el emperador del Imperio romano pasaba a ser un gobernante católico, lo que influiría enormemente en la cultura y, por extensión, en el pensamiento posterior.

En ese contexto de difusión del cristianismo y de cambios sociales profundos ―el Imperio romano se estaba disgregando y atravesaba momentos sumamente delicados― debemos ubicar a la figura histórica del pensador que te proponemos estudiar en esta ficha: Agustín de Hipona. Repasemos ahora brevemente su vida para adentrarnos después en los elementos más importantes de su obra.

Importante: El cristianismo pasó de ser una secta perseguida a convertirse en religión oficial del Imperio romano en apenas 4 siglos. Los cambios sociales y culturales que eso supuso se vieron reflejados en la Filosofía de la época, que trató de conciliar las escuelas de pensamiento procedentes de Grecia con la doctrina cristiana. En ese momento de conciliación se ubica Agustín de Hipona.

II.

Agustín de Hipona (354–430)

Agustín de Hipona nació en el año 354 en Tagaste, situada en lo que actualmente es Argelia. Como ocurría en los casos de los pensadores que hemos estudiado antes, en los que los filósofos pertenecían a familias acomodadas cuyos recursos les permitieron dedicar su vida al estudio, Agustín era hijo de un potentado agrícola que disponía de los suficientes medios económicos como para enviar a su hijo a estudiar al extranjero, en concreto al lugar donde se impartían las mejores clases de filosofía y retórica de la época: Cartago. El padre de Agustín era pagano, pero su madre, Mónica, era una

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cristiana muy creyente, y desde pequeño trató de transmitir a su hijo sus convicciones religiosas, sin éxito.

Durante su época de estudiante, Agustín llevó una vida plagada de placeres. Bebió, jugó, e incluso llegó a tener un hijo al margen del matrimonio llamado Adeodato, nacido en el año 372. Durante aquellos años Agustín seguía buscando una doctrina de pensamiento que le permitiera dar respuesta a las muchas preguntas que le asediaban: ¿cuál es la naturaleza del tiempo? ¿Por qué existe el mal? ¿A qué se debe nuestra presencia en la Tierra? Movido por dicha búsqueda, se adscribió al maniqueísmo y al escepticismo, aunque ambas escuelas le decepcionaron rápidamente por considerarlas superficiales y carentes de honestidad intelectual. En realidad, Agustín llegó a pensar que tanto escépticos como maniqueos no eran más que charlatanes que buscaban su propio bienestar material por medio de sus enseñanzas, tal y como hicieron los sofistas en la época de Sócrates y Platón.

En una de sus estancias en Milán asistió a los sermones del Obispo de la ciudad, San Ambrosio. Quedó gratamente impresionado por la forma en que el obispo se dirigía a sus fieles, y poco tiempo después, tras descubrir la obra del neoplatonismo y decidirse por una vida ascética, se convirtió al cristianismo. A partir de ese momento decidió defender la que a partir de ese momento fue su religión por medio de la Filosofía, planteándose todos los interrogantes antes mencionados desde una nueva perspectiva conciliadora con la Filosofía neoplatónica.

En el año 391 fue consagrado sacerdote, y poco después se convirtió en Obispo. Agustín murió en el año 430 en Hipona, ciudad que le dio su nombre y en la que ejerció su sacerdocio, en el momento álgido de la descomposición del Imperio romano. Su vida y su obra perduraron muchos siglos, hasta bien entrada la Edad Media, e influenciaron a muchos autores posteriores.

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III.

Obra de San Agustín

La obra de San Agustín de Hipona trata de hacer una síntesis entre la Filosofía platónica y la nueva religión oficial del Imperio romano: el cristianismo. Para ello utiliza algunos de los conceptos que ya planteó Platón en algunos de sus Diálogos y los adapta al dogma cristiano: el mundo de las ideas, el Demiurgo, el cuerpo como «caparazón» en el mundo de las cosas tangibles, el alma… Las dos obras más importantes de San Agustín son La ciudad de Dios y las Confesiones. Veamos ahora brevemente los puntos más relevantes de ambas.

Debes tener en cuenta que el cristianismo aportó importantes cambios a la forma de pensar de la época griega que heredó el Imperio romano. Por ejemplo, para los cristianos existe un comienzo y un final del tiempo, algo que chocaba con la idea de algunos filósofos griegos según los cuales el tiempo era circular y no se terminaba nunca. Otra idea novedosa era la de la creación: para los cristianos fue Dios quien lo creó todo desde la nada, y lo hizo por su propia voluntad, mientras que para los griegos los dioses ―en el caso de que los hubiese― tan solo «ordenaban» una materia ya existente, por lo que la idea de la creación no tenía cabida en sus doctrinas filosóficas. También el hecho de que para los cristianos Dios fije el destino de los seres humanos resultaba chocante para los filósofos herederos de las escuelas griegas. En definitiva, se hacía necesario ordenar todas esas nuevas ideas surgidas del cristianismo en un cuerpo filosófico que fuera capaz de explicar el porqué de las cosas. Y ésa fue la principal tarea de San Agustín.

1.

Fe y razón para llegar a la verdad

Por ejemplo, los pensadores cristianos encontraron problemas en conciliar la fe y la razón. Si la primera es incuestionable ―o se siente, o no se siente―, la razón precisa un ejercicio reflexivo sin el cual no puede explicarse el origen y la causa de todo lo que nos rodea. Para San Agustín, tanto la fe como la razón sirven para llegar a la «verdad»,

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medio también de la razón, puesto que es la fe la que conduce a la razón en su búsqueda de respuestas.

2.

El demiurgo es Dios

Lo mismo ocurre con el Demiurgo que Platón usó para explicar el origen de la vida. En este caso San Agustín afirma que ese Demiurgo no puede ser otro que Dios, ya que es él quien creó el Universo que conocemos, así como el mundo de las ideas del que todo surge. Para los cristianos Dios creó a los seres humanos a su imagen y semejanza, del mismo modo que el Demiurgo era el encargado de crear todas las cosas conocidas en el platonismo. ¿Comienzas a ver las similitudes entre San Agustín y las ideas de Platón?

3.

Verdadero conocimiento a través de las ideas

Tal y como hizo Platón en su momento, San Agustín hace una distinción entre el conocimiento sensible ―el que tiene su origen en los sentidos―, y que hace referencia a los objetos tangibles, y el conocimiento racional, que se ocupa del mundo de las ideas. Al igual que su antecesor griego, San Agustín está convencido de que no podemos conocer verdaderamente las cosas tangibles, ya que permanecen en constante cambio. Sin embargo, el verdadero conocimiento procede de las ideas, que son eternas, necesarias e inmutables y, por lo tanto, la viva expresión de lo verdadero.

4.

Dios nos acerca a la verdad de las cosas

Como recordarás, Platón utilizó la «teoría de la reminiscencia» para explicar por qué podemos llegar a conocer las ideas a pesar de no estar en contacto con el mundo inteligible. Según él, debido a nuestra preexistencia en el mundo de las ideas, siempre conservamos el recuerdo de lo que allí vivimos, por lo que incluso «encerrados» en

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Dios nos diera la vida, afirma que es el propio Dios quien se encarga de acercarnos a la verdad de las cosas, ya que nos ilumina el alma, y en el alma reside, en última instancia, la verdad. De ese modo, alcanzar la verdad depende de nosotros mismos, de hacer un trabajo de introspección e ir más allá de lo que nos proponen los sentidos. Además, trascendiéndonos a nosotros mismos ―es decir, a nuestro cuerpo tangible― alcanzaremos la plenitud y la felicidad, ya que ambas son regalos de Dios para quien sepa cultivar correctamente su razón.

IV.

La ciudad de Dios: la felicidad como fin

último

De todas las preguntas que San Agustín se hizo a lo largo de su vida ―fueron muchas, y bastante complicadas―, había una que incluso llegó a obsesionarle, sobre todo después de su conversión al cristianismo. Si Dios existe, y Dios es bueno, ¿por qué permite que exista el Mal? En la respuesta a esta pregunta reside la dimensión moral del pensamiento de San Agustín.

Según el cristianismo, el Mal está representado por el pecado original, que hizo que Dios expulsara del paraíso a Adán y Eva, condenando así a los seres humanos a seguir una vida de esfuerzo y sufrimientos. En este sentido, San Agustín defiende que la felicidad se alcanza siguiendo el camino de Dios y, por lo tanto, es el fin último de la voluntad humana. Sin embargo, nuestro filósofo también es consciente de que existe el Mal, y que éste solo podría existir lógicamente si Dios lo permitiera. ¿Es eso posible?

San Agustín solucionó el problema adoptando las tesis del neoplatonismo, según el cual el Mal no existe por sí mismo, sino como negación del Bien. En otras palabras, no es que Dios permita la existencia del Mal, sino que es el alejamiento de Dios por parte de los seres humanos lo que provoca la emergencia del Mal y, en consecuencia, los malos actos de las personas. De este modo, San Agustín logró solventar una de sus mayores preocupaciones desde su conversión al cristianismo: Dios siempre es bueno, y solo al alejarnos de Él nos hacemos malos.

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Para San Agustín lo más importante es el amor a Dios. Según sus propias palabras, «ama a Dios y haz lo que quieras», lo que nos indica que para él no hay nada por encima de ese amor. En el momento en que comenzamos a amar a Dios, alcanzamos la felicidad, el bien absoluto, y vivimos acordes a nuestra naturaleza divina. A alcanzar dicho amor debe encomendarse nuestra vida entera.

En La ciudad de Dios San Agustín trata de explicar el sentido de la Historia mediante los principios de su Filosofía. Según él, existen en el mundo dos tipos de ciudades, que representan también dos formas de comportamiento: la Ciudad Terrena, encarnada en el Estado y en los asuntos políticos mundanos, y la Ciudad de Dios, cuya naturaleza es celestial y sus integrantes buscan el amor de Dios por encima de sus intereses personales. Según San Agustín, ambas ciudades coexisten y se relacionan a lo lago de la Historia. Sin embargo, llega a afirmar que ningún Estado puede llegar a ser realmente justo si no tiene en cuenta el dogma cristiano, de modo que, de forma explícita, reclama que sea la Iglesia quien se ocupe también de los asuntos terrenales.

Y a ti, ¿qué te parecen estas ideas? ¿Consideras que la religión debe tomar decisiones políticas? ¿Crees que es beneficioso para los ciudadanos que sus líderes políticos estén influidos por la religión? Piensa un poco en estas preguntas y trata de encontrarles una respuesta utilizando la razón. ¡Practica la Filosofía!

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TEST

1. ¿Qué hizo que se produjera un cambio sustancial en la Filosofía a partir del siglo IV d.C.?

a) La invención del fútbol b) La invención de la radio c) El cristianismo

d) El nacimiento de Jesús

2. ¿Qué emperador convirtió al cristianismo en religión oficial del Imperio romano?

a) Teodosio

b) Constantino c) Agripa d) César

3. ¿En qué año se promulgó el Edicto de Tesalónica? a) 430

b) 320 c) 1989 d) 380

4. ¿En qué año nació Agustín de Hipona? a) 989

b) 354

c) 1 d) 1900

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c) San Benito d) San Ambrosio

6. Según el cristianismo, el tiempo tiene: a) Un principio y un final

b) Un comienzo, pero no un final c) Solo un final

d) No tiene ni comienzo ni final

7. Para San Agustín, razón y fe son:

a) Conciliables b) Irreconciliables

c) No existen la razón ni la fe

d) Solo existe la fe

8. ¿Cuál es el fin último del ser humano según San Agustín? a) Amar a Dios

b) Amarse a sí mismo c) Amar al prójimo d) No amar en absoluto

9. Si Dios es bueno y, sin embargo, existe el Mal, se debe a que: a) Los seres humanos se alejan de Dios

b) Dios es bueno, pero a veces también es malo c) En realidad Dios no existe

d) No se puede afirmar que existan ni el Bien ni el Mal

10.Según San Agustín, ¿cómo debe ser el gobernante ideal? a) Ateo

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