TEMA 5. FILOSOFÍA Y RELIGIÓN. SAN AGUSTÍN.
5-1.Marco histórico (incluye la biografía y obras de San Agustín) 5-2.Marco filosófico (incluye el cristianismo)
5-3.El pensamiento de San Agustín a-El conocimiento
b-El hombre y su alma c-Dios y la creación d-La ética
e-Política
5-1-Marco histórico.
Agustín nació en Tagaste, en la provincia romana de Numidia (en África), en el año 354 d.C. Su padre se llamaba Patricio, y su madre Mónica. Posteriormente su madre será canonizada como Santa Mónica. Estudiará Agustín en Tagaste, en Madaura y en Cartago (370). Aquí leerá el “Hortensius” de Cicerón, por el cual adquiere interés por la filosofía. Por la filosofía llega al conocimiento del maniqueísmo, a cuyas tesis sobre el mal y la materialidad del mundo se adherirá hasta la lectura de la filosofía neoplatónica. Tras trabajar como profesor de retórica en Tagaste y en Cartago, viaja a Roma a enseñar esta misma materia. Pronto marcha de Roma a Milán, donde ejercerá también como profesor de retórica. Es en esta ciudad donde, a través de los sermones y la palabra de San Ambrosio (obispo de Milán) entra el mensaje bíblico con un significado nuevo en la mente de San Agustín. Del obispo Ambrosio aprendió a interpretar la Biblia como alegoría, y no literalmente. Las lecturas de los neoplatónicos (Plotino y
Porfirio) le separan radicalmente del maniqueísmo, y gracias a ellas cabe en su cabeza ahora la
posibilidad de pensar una realidad no material (el espíritu), así como la de entender el mal como privación y no como una sustancia. Retirado a Casiciaco, cercana a Milán, vive en comunidad con amigos, su hijo Adeodato y su madre Mónica. A los 33 años (387) recibe el bautismo de manos de San Ambrosio en Milán. Decide regresar a África, pero tardará un año en poder hacerlo. En este viaje de vuelta hubo de detenerse unos meses en Ostia, y allí morirá su madre. De vuelta en Tagaste funda una comunidad religiosa con el dinero obtenido de vender las propiedades heredadas de su padre. Es ordenado sacerdote por el obispo Valerio, posteriormente obispo, y después obispo titular de la ciudad de Hipona (395-6). Tiene Agustín unos 41 años. A partir de este momento se suceden los libros más importantes del santo, entre los que se hallan escritos doctrinales, autobiográficos y polémicos (contra maniqueos, donatistas, pelagianos, etc). Morirá en Hipona (430) mientras está teniendo lugar el asalto y saqueo de la ciudad por los vándalos de Genserico. Cuarenta y siete años después, tendrá lugar el fin del Imperio Romano de Occidente con la deposición de Rómulo Augústulo (último emperador) por Odoacro, en 476, rey de los hérulos y posteriormente llamado rey de Italia. Esta fecha es la que la Historia señala como inicio de la Edad media.
Obras. De la época de Casiciaco datan sus libros de género más filosófico, por ejemplo “Contra
Académicos”. De su posterior época en Hipona datan sus grandes obras, como hemos dicho, que serán de naturaleza más teológica que filosófica: La ciudad de Dios, la Trinidad, El libre arbitrio, Las confesiones (inaugura Agustín el género autobiográfico con esta obra), entre otras.
San Agustín va a vivir en los tiempos en que se producen algunos hechos fundamentales:-la promulgación del Edicto de Tesalónica por el emperador Teodosio (380), en virtud del cual el cristianismo se convierte en religión oficial del Imperio Romano; - la división del Imperio romano en occidental (Honorio) y oriental (Arcadio) en 395 ; - el saqueo de Roma por los visigodos de Alarico en 410, hecho que motivará, entre otras razones, la redacción de La ciudad de Dios; - la condena de las tesis pelagianas en el Concilio nacional de Cartago (417) por el Papa Zósimo, defendiendo así las tesis del santo, hecho que se considera ni más ni menos que el acta de defunción del mundo ético pagano y el nacimiento de una nueva edad para el pensamiento y la filosofía (Edad media). La autosuficiencia, valor permanente en la filosofía griega, es sustituida por la religación y dependencia del hombre a su creador.
Es evidente que el marco histórico en que vive san Agustín está marcado notoriamente por la presencia del cristianismo. Éste nace en Judea, provincia romana, en el siglo I, siendo su aporte más sustancial la figura y palabra de Cristo, y se irá extendiendo por el Imperio gracias a la predicación de los Apóstoles (San Pablo es la gran figura) y la actividad de los Padres apostólicos, así como irá cobrando justificación y creciendo en doctrina por la actividad de los Apologetas y Padres de la Iglesia. Va pasando, de este modo, de ser una religión perseguida (por ejemplo, con la Gran persecución de Diocleciano en 303), a permitida (Edicto de Galerio en 311 y Edicto de Milán por Constantino en 313), luego a perseguidora (Imperio de Constancio en 341) y finalmente a convertida en religión oficial (Teodosio). Por otra parte, los siglos IV y V serán los de los primeros Concilios (Nicea en 325, Constantinopla en 381, Cartago en 417, Éfeso en 431, Calcedonia en 451), y en ellos se produce la fijación de dogmas por parte de la Iglesia (Trinidad, naturaleza de Cristo, necesidad de la gracia para la salvación, etc.). Para la fijación de algunos de esos dogmas será importantísima la obra de San Agustín.
5-2. Marco filosófico.
El marco filosófico de San Agustín está constituído, en primer lugar, por la presencia del cristianismo y de la filosofía cristiana. El cristianismo, que en sí mismo no es una filosofía, aportó, sin embargo, importantes ideas novedosas respecto a la filosofía griega y romana, que pasarán a formar parte del pensamiento occidental a partir de entonces. Estas ideas son, entre otras, las siguientes:
-Monoteísmo. La idea, presente en la tradición occidental, de que hay un único Dios, proviene del Antiguo Testamento.
-Creación del universo a partir de la nada. Se trata de una idea del todo extraña al pensamiento griego, donde el mundo es considerado, de un modo u otro, eterno o increado. Dios dará el ser a las criaturas, y esto lo hará Dios, como dice el texto de San Juan, con la palabra o logos.
-Concepción del tiempo y la historia con carácter lineal y dando cabida a la idea de progreso. El tiempo comienza con la creación. y terminará con el juicio final que dará consumación a los tiempos. Los griegos habían pensado un tiempo, en general, circular o una historia sin progreso.
-Idea del pecado. Los griegos pensaron el vicio y el mal moral, pero será el pensamiento cristiano el que introduzca la idea de pecado como desobediencia a Dios. Por el pecado original entrará el mal y la muerte en el mundo, y sin la gracia de Dios el hombre será ya incapaz de salvarse.
-Valoración de la fe como un asentimiento superior al mismo conocimiento racional. Con el cristianismo la fe aparece como el camino más seguro para conocer las verdades más importantes y para salvarse. Por otra parte, el problema de las relaciones entre fe y razón será uno de los más importantes que tratará toda la filosofía cristiana durante toda la Edad media.
-Providencia de Dios. Que Dios conduce la marcha del mundo a su fin glorioso, y que cuida y se preocupa del hombre en particular es, de nuevo, algo del todo ausente en la mentalidad griega.
-Frente al amor ascensional griego presente en la idea de Eros, el cristianismo introduce la idea del amor como agápe o caridad, y lo hace constituirse en la esencia misma de Dios.
-Frente al cosmocentrismo griego, el cristianismo aporta una visión antropocéntrica respecto del ser creado. Lo más valioso de la creación es el hombre.
-A partir del pecado original, la gracia de Dios es necesaria para la salvación. Tal idea entra en contraste pleno con la idea de autosuficiencia como valor de la personalidad, propia de la ética griega (estoicos, Aristóteles, etc.). El hombre aparece ahora como esencialmente religado a Dios y dependiente de Él. -Valor dado a la humildad y pureza. Justamente a los humildes y pobres de corazón es a los que se ofrece el reino de Dios en las Bienaventuranzas. No es pues ni el aristócrata ni el sabio, el elegido como receptor principal del mensaje cristiano.
-Complementando la inmortalidad del alma como doctrina presente en los griegos, aparece la novedad del mensaje cristiano que anuncia la resurrección de los muertos (de sus cuerpos), y por tanto la inmortalidad del alma y la del cuerpo renacido.
*El hecho fundamental del cristianismo es la presencia de Cristo entre los hombres, su vida y su mensaje. Las fuentes literarias del cristianismo son el Antiguo testamento y el Nuevo testamento (Evangelios, Hechos de los apóstoles, Cartas, Apocalipsis). De los autores neotestamentarios son fundamentales San Juan (por el prólogo al Cuarto evangelio) y San Pablo (iniciador de la teología cristiana y configurador de la moral cristiana).
El cristianismo, que no es una filosofía, va a engendrar, a partir de su encuentro con la filosofía grecorromana, la filosofía cristiana. Esta se inicia en el siglo I, será hegemónica en la Edad media, y continúa existiendo hoy. Es importante notar que esta filosofía cristiana se hace usando la razón griega como instrumento de sus objetivos.
La división de la filosofía cristiana hasta el fin de la Edad media es: -Período de la Patrística (del I al V en el mundo latino, y del I al VIII en el mundo de habla griega); -Período de la Escolástica (del V en adelante).
La Patrística. Supone el primer encuentro del cristianismo con la filosofía. Defenderá al cristianismo de los ataques de la filosofía pagana, de las persecuciones de los emperadores romanos, y de las herejías. Irá configurando los dogmas de la Iglesia. La Patrística comprende: Padres apostólicos (siglos I y II); -Padres apologistas (siglos II y III); --Padres de la Iglesia. Los -Padres de la Iglesia se dividen en -Padres de la iglesia Griega (ubicados en las zonas orientales del Imperio o en el Imperio de Oriente. Escriben en griego. Se suceden durante los siglos III-VIII. Destacan : Clemente de Alejandría, Orígenes, Pseudo-Dionisio Areopagita, y San Juan Damasceno.) y Padres de la Iglesia Latina ( ubicados en el occidente o el Imperio occidental . Escriben en latín. Se suceden durante los siglos III-V. Destacan: San Hilario, San Ambrosio y San Agustín ).
*Además del cristianismo y la filosofía cristiana, el marco filosófico de Agustín hace referencia a Cicerón, al estoicismo romano, al escepticismo, al neoplatonismo, y a las herejías maniquea, donatista y pelagiana.
Cicerón, en su Hortensio, consiguió despertar la vocación filosófica de Agustín.
El estoicismo es una de las llamadas filosofías helenísticas. Nace en el siglo IV a.C fundado por Zenón de Citio, y se desarrolla hasta el siglo II después de Cristo. Será en su versión tardía, en Roma, donde la escuela estoica presente los nombres más relevantes: Séneca, Epícteto y Marco Aurelio. De modo general, el estoicismo defendió la presencia de la razón en la fatalidad cósmica, y la necesidad de someterse al destino para no quedar arrastrado por él. Predicó además el ideal del sabio impasible y
autosuficiente, que se abstiene de todo placer superficial y resiste las adversidades del destino con serena filosofía, además de bastarse a sí mismo, aunque alabará la amistad y la participación en la vida política. El escepticismo, una constante en la filosofía occidental, siempre presente de una u otra forma, fue considerado por San Agustín, que a punto estuvo de adherirse a la Academia escéptica. Citamos la frase del santo “Si fallor, sum”, como superación personal de la duda escéptica, pues efectivamente, si me engaño existo, y esto es una verdad contra la que el escepticismo no puede tener respuesta.
El neoplatonismo de Plotino (s. III). Se trata de la última de las grandes filosofías de mentalidad griega, elaborada fundamentalmente por su fundador Plotino, y que sintetizó a Platón con un pensamiento místico y religioso. El neoplatonismo servirá a san Agustín para liberarse del materialismo y de la idea del mal como sustancia.
Desde los 19 hasta los 30 años abrazó San Agustín el maniqueísmo. Esta religión herética fue fundada por el persa Manes en el siglo III, y afirmaba el materialismo, y el dualismo ontológico del bien y el mal, a los que consideraba dos substancias en pugna incesante en nuestro mundo. El libro “Sobre el libre albedrío” está escrito contra los maniqueos.// Los donatistas no querían readmitir en sus sagrados oficios a los eclesiásticos que abjuraron durante las persecuciones. San Agustín combatirá a esta herejía y defenderá su readmisión y la validez de su práctica sacramental.// Finalmente, consideramos al pelagianismo dentro de este marco, como pensamiento contra el que combatirá San Agustín (es muy importante, y lo veremos en el tema).
5-3. El pensamiento de San Agustín.
a- El conocimiento. En este punto vamos a tratar de dos problemas. El primero es el de la postura de San Agustín sobre la relación entre razón y fe, y el segundo es sobre la explicación de San Agustín acerca del conocimiento.
Sobre el primer asunto decimos lo que sigue. San Agustín considera que no hay más que una verdad, y esta no es otra que la verdad cristiana. Por eso, la sabiduría verdadera no es sino el conocimiento de esa verdad. Para acceder a este conocimiento valen tanto la fe como la razón, que son complementarias y pueden ayudarse mutuamente. Esta postura la sintetiza la célebre frase enunciada por el santo “credo ut intelligam , et intelligo ut credam”, es decir, “creo para entender, y entiendo para creer”, en la cual se da preeminencia a la fe, pero se defiende que cabe un filosofar en la fe, y que este razonar o filosofar en la fe es esclarecedor y fortalecedor de esa fe. Además, con esta postura San Agustín se desmarca del fideísmo (sólo vale la fe) y del racionalismo (sólo vale la razón), por igual. Por otra parte, la concepción misma del santo acerca de la fe como un “pensar con asentimiento”, hacen de la fe algo que no puede ser irracional. En cuanto al conocimiento natural, San Agustín empieza por tratar de la sensación. Esta es algo del alma, pero hemos de explicar lo que el santo quiere decir. La sensación parte de la afección que sobre el cuerpo producen los objetos externos. Tras este suceso en el cuerpo, el alma, atenta y vigilante, produce de su propia sustancia una copia de ese suceso en su interior. A esto es a lo que propiamente se llama sensación. Por otra parte, la sensación siempre nos da un conocimiento particular y contingente.
Nuestro conocimiento no es sólo el que proporciona la sensación, sino que también existe un
conocimiento intelectual, pues, razona el santo, hacemos juicios acerca de los objetos sensibles usando ideas que no encontramos en esos objetos sensibles, ideas que sin embargo nos permiten decir cosas como “el objeto x es un triángulo”, “el objeto x es igual al objeto y”, “el objeto x es bello o es bueno”, etc. Las ideas matemáticas, los valores éticos y estéticos, y en general las ideas de las que había hablado Platón, son modelos perfectos que no se ven realizados en lo sensible con esa perfección, de modo que más bien los encuentra el alma en ella. En Platón estos modelos encontrados por el alma en su interior eran realmente recuerdos, y su conocimiento no era sino reminiscencia. San Agustín sustituye esta reminiscencia por la ILUMINACIÓN DE Dios. El alma encuentra en ella esos modelos, y los puede
conocer gracias a la luz que Dios difunde en su interior. El conocimiento de esos modelos es lo que San Agustín llama razón superior (filosofía). La aplicación de esos modelos, de esas ideas, a las realidades sensibles lo llama San Agustín razón inferior. Esta razón inferior se desarrolla, en definitiva, como ciencia.
Algunos autores dicen que esas ideas que el alma encuentra en su interior son ideas innatas, pero no parece que sea esta la postura de San Agustín. Otros han defendido que San Agustín defiende el ontologismo, es decir, que la mente o el alma contempla a Dios mismo, pues según el santo estas ideas aunque las encuentre el alma en su contemplación, existen en Dios como Verbo de Dios o ideas ejemplares, de modo que al contemplarlas, el alma contemplaría a Dios mismo. Sin embargo, no parece tampoco que el santo quiera decir que el alma al contemplar las ideas contemple también a Dios, de modo que no defendería el ontologismo.
b-. El hombre y su alma. El ser humano es, para san Agustín, el mayor de los misterios de la creación. Este misterio tiene además, una dimensión personal, y por tanto única e irrepetible. El esclarecimiento de este misterio personal es desarrollado por el santo en su obra autobiográfica “Las confesiones”, obra que inaugura un género.
Desde un punto de vista general, el hombre es comprendido por Agustín según el dualismo alma y cuerpo, repitiendo así la concepción platónica según la cual “el hombre es un alma que utiliza un cuerpo”. Bien es verdad que a esta concepción general hemos de añadir los matices advertidos antes, del mismo modo que hemos de añadir que la concepción de Agustín comprende el alma como una imagen de la Trinidad (ser, en cuanto es mente o alma, conocimiento, en cuanto se conoce, y amor, en cuanto se ama a sí misma también). El alma (hombre interior) es inmortal, pues tiene autoconciencia, es simple e incorruptible por ello, pero además y sobre todo, es inmortal porque dado que puede conocer las verdades inmortales, ella misma ha de ser de tal naturaleza que conlleve una inmortalidad proporcional. Con el juicio final hay también resurrección del cuerpo (que será transfigurado, pero será carne) y esto sí que no es nada platónico.
Acerca del origen del alma parece que San Agustín defendió el traducianismo, doctrina según la cual el alma es generada por los progenitores igual que lo es el cuerpo. Esta doctrina casa bien con la transmisión del pecado original de Adán a las sucesivas generaciones. No obstante, también parece que San Agustín se acercó posteriormente a posturas creacionistas, según las cuales el alma es creada directamente por Dios, sin que intermedien los padres.
El alma es uno de los pilares de la filosofía de San Agustín, el otro es Dios.
c- Dios y la creación. A Él se llega sobre todo por la interioridad, en el encuentro del alma consigo misma. En el alma encuentra el alma la autotrascendencia a Dios. Ésta se produce por dos vías, la del entendimiento, en cuanto que el alma reconoce que siendo ella mutable no puede ser ella misma el fundamento de las verdades inmutables, y por tanto debe haber una realidad inmutable que las funde, la cual no puede ser sino Dios mismo, y la de la voluntad, pues el deseo de felicidad plena que el alma encuentra en ella, no puede verse colmado sino por la contemplación y gozo de un Bien igualmente pleno, es decir, Dios mismo.
Dios es uno pero en tres personas distintas, por tanto es trinitario. En cuanto Dios Padre es ser, y como tal crea, en cuanto Dios Hijo es conocimiento o logos, y en cuanto tal ilumina, y en cuanto Espíritu Santo es amor, y por ello beneficia.
El atributo fundamental de Dios es la inmutabilidad.
En Dios se encuentran como verbo o logos, las ideas ejemplares (el mundo inteligible de Platón), de acuerdo con la cuales crea el universo. Estas ideas son consustanciales con Dios mismo, de modo que no suponen ruptura de su unicidad.
Dios crea en un mismo instante la creación entera, pero no totalmente actualizada. Además de lo creado en acto, Dios siembra en ello las razones seminales de aquellas realidades que irán apareciendo en el transcurso de la creación, según el paso del tiempo, cuando esas razones sean actualizadas.
Con la creación crea también el tiempo, el cual propiamente no es sino en el alma y para el alma. Sobre las dimensiones del tiempo en el alma san Agustín dice que son tres: el presente del pasado (la memoria), el presente del presente (la atención), y el presente del futuro (la espera).
Dios crea de la nada, “ex nihilo sui et subiecti”, según la expresión latina, es decir, ni de su substancia ni de alguna substancia preexistente. Dios crea libremente.
La creación, en cuanto realidad limitada, conlleva necesariamente una falta de plenitud de ser, y por tanto una mal metafísico, que no es nada sustancial ni positivo, sino una mera privación.
d- La ética, La ética de San Agustín es eudemonista o eudaimonista, pues propone como fin para la conducta humana la felicidad. Esta se encuentra sólo en Dios, es decir, en la unión y posesión amorosa de Dios ofrecida a los cristianos como término de su esfuerzo ayudado por la gracia.
Es también, por tanto, una ética del amor primordialmente. Si Dios es el supremo bien del hombre se sigue que el vivir bien no es otra cosa que amar a Dios con todo el corazón, toda el alma y toda la mente, pues buscar el bien supremo es vivir bien. No obstante, no es posible para el hombre el logro de ese bien si no es ayudado por la gracia.
La voluntad del hombre es libre, y por ello es libre de apartarse de Dios y adherirse a bienes mutables: bienes del alma sin referencia a Dios, o bienes del cuerpo. Ese apartamiento no es forzado sino voluntario.
Además, la mente del hombre puede, si piensa con verdad y a la luz de Dios (la iluminación vale también para la verdad moral), reconocer que su voluntad no sólo ama a Dios como bien supremo, sino que esa tendencia está en él porque Dios mismo lo ha querido. Por tanto, amar a Dios es un deber impreso en el corazón del hombre por Dios mismo.
Por el pecado original, sin la gracia es imposible si quiera, empezar a querer amar a Dios. Pero, el hombre tiene, en su libre voluntad, el creer en Dios y recibir la gracia. “La ley se dio para que la gracia pudiera ser buscada ; la gracia se dio para que la ley pudiera ser cumplida”.
Esta defensa de la gracia como necesaria para la vida buena y la salvación se oponía al pensamiento de Pelagio, para quien el hombre, con sus solas fuerzas naturales y sin la gracia era capaz de ser moralmente bueno y de merecer la salvación.
¿Qué es entonces el mal moral? Pues nada positivo, nada semejante a una “cosa”, pues en este caso sería algo creado, y Dios sería su causa. El mal moral no es sino el libre alejamiento de Dios que la voluntad elige y consiente, un preferir el amor a sí mismo o a las criaturas en vez del amor a Dios. Más que una causa eficiente, el mal moral tiene una causa deficiente para su realidad, a saber, la privación del recto orden en la voluntad creada. Esta doctrina sirvió a Agustín para separarse del maniqueísmo, y será, más o menos mantenida por la escolástica y por filósofos posteriores como Leibniz. La doctrina del mal como privación sabemos que la habría aprendido en Plotino.
e-Sociedad y política. Según lo dicho, la especie humana puede ser dividida en dos grandes conjuntos, el de los que aman a Dios y lo ponen por encima de sí mismos, y el de los que se prefieren a Dios. La historia de la especie humana no es sino la dialéctica de esos dos conjuntos, el que forma la Ciudad De Jerusalén (descendientes de Abel, ciudad celeste), y el que forma la Ciudad de Babilonia (descendientes de Caín, ciudad terrenal)
Estas dos ciudades no se identifican perfectamente con el Estado pagano y la Iglesia, aún cuando haya una tendencia a esta identificación en san Agustín. Se puede ser gobernante pagano y pertenecer a la
Ciudad de Dios, y ser eclesiástico y pertenecer a Babilonia. Todo depende del tipo de amor que constituya a uno.
Es verdad, sin embargo, que San Agustín defendió que ningún estado puede ser moral y justo si no es cristiano, y de aquí se siguen dos consecuencias: -la Iglesia debe impregnar al Estado con sus principios; - la Iglesia es la única sociedad realmente perfecta y es superior al Estado, y tiene derecho a valerse de los poderes de este mundo (del Estado).