Escuela Normal Experimental de El Fuerte
“Prof. Miguel Castillo Cruz”
Extensión Mazatlán
Psicología del desarrollo infantil (0-12 años).
Tema:
Guión sobre la historia de Fausto, el niño migrante
Alumno:
Venegas Camarena José Iván
Grado y grupo:
1er Semestre
Grupo “A”
Profr. Genaro Uribe Zatarain
Fausto, el niño migrante.
En una fría mañana de 1998, en una de las zonas más deprimidas de México, una pequeña comunidad llamada “El Platanar”, se encuentra la señora Margarita Sabino Rodríguez, realizando un pequeño desayuno para sus dos hijos, Fausto de ocho años de edad y Gisela de diez.
Margarita: Ándale muchacho apúrate, ya va a estar la comida, tu hermana ya está en la mesa.
Fausto: Ya voy mamá, sólo me pongo los zapatos.
(Fausto toma sus zapatos viejos y un poco desgastados y se dirige a la mesa, una vez ahí, prosigue a ponérselos).
Gisela: Los zapatos de Fausto están rotos, (lo dice en tono de burla).
Fausto: Mis zapatos están rotos pero por lo menos mis calzones no.
Gisela: ¡Mis calzones NO están rotos!
Fausto: El hoyo que tienen en la cola no piensa lo mismo.
Gisela: ¡Mamáaaa!
Margarita: ¡ay, ya niños! ¡Pónganse en paz!, siempre es lo mismo, ay están los frijoles y las tortillas, muevan la quijada porque se les hace tarde para ir a la escuela.
Fausto: ¿No hay queso?
Margarita: No, no hay, hoy no nos podemos darnos de ese lujo, así que no esté chingando y póngase a comer.
(Fausto y Gisela comienzan a comer, un silencio rodea la mesa esa mañana hasta que Gisela termina su comida antes que Fausto).
Gisela: Pues nada más me tomo mi agua de Jamaica y me voy pa´ la escuela.
Fausto: ¿No me vas a esperar?
Gisela: Si me alcanzas sí.
(Gisela bebe de su agua de Jamaica rápidamente, toma su mochila y sale corriendo de aquella pequeña casa).
Margarita: ¡Hay ya muchacho!, te vas atragantar, ¿Qué no ves que estás comiendo como cerdo?
Fausto: Perdón mamá.
Margarita: Anda, ya vete a la escuela, que se te va a hacer tarde.
Fausto: ¿Por qué tenemos que ir a la escuela mamá?
Margarita: Pos para que aprendas cosas, ¿Para qué más?
Fausto: Esque el otro día el profe Ignacio dijo que yendo a la escuela teníamos más oportunidades en la vida.
Margarita: ¿Más oportunidades? Aquí las únicas oportunidades que se tienen es ir pa´ los Estados Unidos, ya no ande diciendo babosadas y váyase a la escuela.
(Fausto toma su mochila y se despide de su mamá con un simple adiós).
De camino a la escuela, Gisela, que iba adelantada de Fausto, caminaba por aquellas calles sin pavimentar. Gisela siempre agarraba un trapo húmedo y limpiaba sus zapatos por las mañanas antes de partir a la escuela, pero en el trayecto la tierra del suelo hacía que sus zapatos se empolvaran todos, las casas estaban muy pegadas.
Durante el trayecto Gisela observaba señores que salían afuera de su casa simplemente a sentarse, en una de estas casas vivía Ximena, quien
acostumbraba a acompañar a Gisela y Fausto a la escuela, Ximena ya era de secundaria, pero quedaba cerca de la primaria.
Al pasar Gisela por la casa de Ximena, se percató que había dos hombres afuera de la casa, vestían con camisas caras, sombrero y botas. Dentro de la casa se escuchaban llantos y gritos. Gisela no se quiso acercar mucho para esperar a la joven que los acompañaba, entonces de repente se escuchó una voz diciendo: ¡Gisela! ¡Espérame!.
(Fausto se acerca corriendo hacia Gisela)
Fausto: ¿Y Ximena no está lista aún?
Gisela: No sé, están esos dos señores en su casa y se escuchan gritos adentro, quien sabe que estarán haciendo.
De repente, el más joven de los dos hombres que estaban en la entrada de casa de Ximena, voltea, llevaba en la mano 2 anillos y colgaba del cuello una cadena dorada con una metralleta “AK-47” pequeña, y menciona:
Hombre joven: Miré apá.
(El señor voltea y se les queda viendo a los niños).
Señor: ¡¿Qué están viendo?! ¡¿Eh?! ¡Ámonos a la chingada mocosos!.
(Fausto y Gisela empiezan a correr asustados y se dirigen a la escuela).
Llegando a la escuela, agitados, Fausto y Gisela se preparan para ir a clases.
Gisela: Nos vemos en la salida Fausto, no te vayas a ir.
Fausto: Siempre te espero babosa.
(Ambos se dirigen a sus salones respectivamente y empiezan las clases).
La escuela, no tenía una infraestructura económica alta, los salones
estaban despintados, había vidrios quebrados, los techos eran de lámina, y sólo contaba con dos profesores, el maestro Adrián y el profesor Ignacio, los cuales daban tres grados cada uno.
Ninguno de los dos era director de la escuela, pero podían tomar decisiones para favorecer a la escuela, pero sólo faltaba el apoyo.
El profesor Adrián impartía al grupo de Gisela, el cual era enojón en clase, tradicionalista al dar sus clases, e impartía castigos físicos.
En cambio, el maestro Ignacio, que impartía en el grado de Fausto,
empleaba métodos creativos de aprendizaje, era enojón, sí, pero garantizaba aprendizajes al igual que los facilitaba, no empleaba el uso de las nuevas tecnologías ya que no había recursos para ello.
Durante recreo, Ignacio y Adrián se dirigen a platicar los dos mientras almuerzan.
Ignacio: ¿Cómo te ha ido con tus muchachos?
Ignacio: Pues esque yo dejo que se diviertan, que vean el salón de clases como algo divertido, donde también se aprende.
Adrián: Conmigo también se divierten, las lecturas que les dejo para que lean en casa son entretenidas, 15 hojas de pura diversión, a mi parecer.
Ignacio: Pues cada quien tiene su modo de enseñar, pero lo que me preocupa son los niños, me enteré de que Felipe de tu salón se fue para el otro lado.
Adrián: Si, se fue, creo que por sus papás, que no tienen recursos económicos y bla bla bla. Yo no me iba a poner a discutir con ellos, si quieren que se vayan, al cabo que ni oportunidades hay aquí, no se puede hacer nada.
Ignacio: Retráctate, recuerda que yo nací, crecí y estudié aquí, mira donde estoy ahora, quizás no tengo una vida millonaria, pero aquí andamos, se tiene que poder hacer algo, acuérdate que yo me fui para la ciudad donde pude estudiar la
licenciatura y trabajar...
Adrián: Si, si, si, ya me sé tu historia de vida y éxito, lo mucho que luchaste y batallaste para salir adelante. La historia de un señor profesor luchón.
Ignacio: Si wey, el punto es que no es verdaderamente necesario irse a los
Estados Unidos para hacer algo bueno en la vida, ¿Cuántos de aquí no se han ido para allá?, tenemos que hacer algo, crear conciencia o algo.
Adrián: Pues yo no creo poder hacer nada, yo sólo espero a que me den mi cambio para mi ciudad y ya. Ojalá todos pensaran como tú, pero yo no.
(Después de esa frase un silencio abundante controla la situación y ambos profesores proceden a almorzar su lonche).
Del otro lado de la escuela, se encuentra Gisela jugando a las escondidas con sus amigas, su compañera Lupe empieza a contar hasta veinte, mientras Gisela va y se esconde por unos montes que tiene el patio de la escuela, se acuesta boca abajo en el monte, Lupe termina de contar y comienza la búsqueda.
Gisela estaba tan escondida que no la encontraban. Con lo que no contaba Gisela es que había alguien más escondido en esos montes, la cual se le empieza acercar a Gisela lentamente, cuando ésta siente la presencia de alguien más cerca, se intenta levantar para correr pero antes de poder hacerlo, la persona se le abalanza encima y le cubre la boca.
Persona de los arbustos: Shhhhh, shhhh, soy yo, soy yo (susurros). (Gisela voltea y observa que la persona era Ximena)
Ximena: No hagas ruido, tenemos que irnos del Platanar.
Gisela: ¿Por qué?
Ximena: No hagas preguntas, yo te quiero mucho a ti y a tu hermano, los quiero como si fueran mis hermanitos, no quiero que les pasen cosas malas, para eso, tenemos que irnos de aquí.
Gisela: ¿Qué cosas malas pueden pasar?
Ximena: ¡Gisela!, no hagas preguntas, escuché que el señor les gritó a ti y a Fausto, ese señor es malo Gisela, tarde o temprano van a venir más señores malos por ustedes, los voy a sacar de aquí, ve por Fausto, sin hablar con nadie, sólo ve por Fausto.
Gisela asustada y corriendo va a por Fausto pero no lo encuentra en su salón, lo sigue buscando aula por aula hasta que finalmente lo encuentra sentado en una mesa, platicando con sus demás compañeros.
Gisela: Fausto, vámonos, Ximena nos va a llevar a otra parte, dice que nos van a pasar cosas malas.
Fausto: ¿Por qué?
Gisela: No preguntes, si quieres venir ven, si no pues quédate.
Gisela comienza a correr hacia Ximena, entonces Fausto confundido se despide rápidamente de sus compañeros y sin tomar la mochila sigue a Gisela.
Tomando de las manos a Fausto y Gisela, Ximena se dirige hacia la entrada, donde el profesor Ignacio intercepta.
Ignacio: No te los puedes llevar, ¿Cómo entraste? ¿Quién eres?
Ximena: Soy su prima, me los necesito llevar porque su mamá tuvo un accidente.
(Ignacio voltea a ver a Fausto y le pregunta)
Ignacio: Fausto, ¿Conoces a esta muchacha?
Se dirigen hacia la entrada cuando el maestro Ignacio les pregunta
Ignacio: ¿Qué quieren?
Hombre joven: Qué te importa.
Ignacio: Disculpen, pero no pueden pasar, aún no es la hora de salida.
(El señor saca una pistola y apunta a Ignacio)
Señor: Ábreme la pinche puerta.
(Ignacio, obligado por el peligro que corría su vida, decidió abrirla y dejarlos pasar)
Hombre joven: Amor, Ximena, no corras cariño, ya pagamos por ti, eres mía ahora.
Ximena corriendo descubre que no hay otra salida y comienza a llorar abrazando a Fausto y Gisela.
Las cuatro personas que iban en la camioneta, junto con los profesores se acercan a Ximena y el padre de Ximena menciona.
Padre de Ximena: ¡Ándale ya muchacha, no ande lloriqueando!, ya nos pagaron por usted.
Señor: Si no vienes tú, iremos nosotros.
(Ximena sigue abrazando a Fausto y Gisela mientras llora).
(Los dos hombres caminan hacia Ximena y la empiezan a jalar)
Ximena no se suelta de Fausto ni Gisela, hasta que finalmente suelta a Fausto y se queda agarrado de Gisela, comienza a gritar, y Gisela no quiere soltarla.
Gisela: ¡Dejenla! ¡No quiere ir!, ¡¿Por qué se la llevan?!
(Gisela se agarra de la muñeca de Ximena donde Ximena tiene una pulsera de tela, la cual finalmente se desprende de la muñeca, haciendo que Gisela soltase a Ximena)
Señor: Bien, muchas gracias por su venta, mi hijo va a ser muy feliz con su nueva esposa.
(El joven mete a Ximena a la camioneta, la cual empieza a golpear el cristal pero sus esfuerzos son en vano)
Ignacio: No se la van a llevar.
Señor: ¿Quieres ver que no?
(El señor saca un arma y empieza a apuntarle en la cabeza al profesor).
Ignacio: ¿Me vas a matar en frente de todos estos niños?
El señor se percata que a su alrededor están todos los niños de la escuela, observando con pánico.
Señor: No te mataré, Ricardo, pégale al profe.
Ricardo, que es el hombre joven, empieza a agarrar a golpes al maestro, mientras todos los niños y el maestro Adrián observan como Ignacio recibe una paliza.
Finalmente los papás de Ximena se suben con ella en la parte de atrás de la camioneta, y los dos hombres proceden a subir de igual manera.
Una vez se fueron, el maestro Adrián suspendió las clases y salió a pedir ayuda.
Aquél día quedaría marcado en la vida de Fausto, su hermana y los demás niños por ese hecho.
Dos años más tarde las cosas en El Platanar habían cambiado un poco, por no decir que mayormente cambiaron en la escuela, pues el profesor Ignacio se convirtió en el director de la escuela, tomó las riendas, de igual forma él mismo impartía las clases a los seis grupos que tenía la escuela, en cambio, al maestro Adrián se le ofreció el cambio hacia su ciudad, por lo cual decidió abandonar la pequeña comunidad.
La escuela empezó a recibir pocas mejoras por las exigencias que
presentaba el director Ignacio al gobierno, decidió ir hacia la ciudad y hacer notar la existencia de la escuela, obtuvo respuesta, pero no la suficiente ya que los ciudadanos no ayudaban en la situación, seguían con la ideología de migrar a Estados Unidos, algunos hasta compraban esposas de igual forma.
Una noche en casa de Fausto, todos se preparaban para dormir, Margarita estaba poniéndose la bata para dormir y Fausto y Gisela estaban en el cuarto de ellos.
(Gisela observa la pulsera de tela que se le había caído a Ximena)
Fausto: ¿Sigues pensando en ella?
Gisela: Pienso en lo que me dijo, que algún día unos hombres malos vendrán por mí, como a mis amigas de la escuela.
Fausto: No, no va a pasar, te lo juro, ya tengo 10 años, un día voy a irme para los Estados Unidos, dicen que allá si hay dinero, no como aquí, y cuando me vaya voy a tener mucho dinero que no te van a poder comprar.
Gisela: ¿En serio tanto dinero hay allá?
Fausto: Sii, el papá de Ramiro vive allá y le manda mucho dinero, con decirte, que hasta tiene un reloj, su hermano también vive allá y él piensa irse en unos días, le diré que me iré con él.
Gisela: Ay Fausto, me salvarías de verdad.
(Gisela abraza a Fausto)
De repente se escucha que llaman en la puerta de la casa, la madre sale a ver quién es a esas horas y cuando abre la puerta se lleva una gran
sorpresa.
Antonio: Margarita…. Margarita: Antonio… Antonio: Ya volví prietita.
(Antonio abraza a Margarita, pero ésta no parece muy feliz de verlo)
Una vez entran a la casa, la madre de Fausto llama a los niños para presentarles a un nuevo, pero viejo miembro de la familia.
Gisela: ¡Es mi papá!
(Gisela corre a abrazarlo, mientras que Fausto se queda detrás de su madre)
Antonio: Fausto, ¿No te acuerdas de mí?, ven abrázame.
Antonio: Margara, muero de hambre, ¿Puedes hacerme algo de comer?
Una vez servidas unas quesadillas a Antonio, todos se encuentran sentados en la mesa, mientras él come.
Fausto: ¿Quién es él mamá?
Margarita: Es tu papá Fausto, él es.
Antonio: ¿Tu mamá nunca te contó de mí?, ¿Ni Gisela?
(Antonio voltea a ver a ambas)
Antonio: Pues yo, Fausto, me tuve que ir de esta casa cuando naciste tu, porque no teníamos el suficiente dinero para mantenerte, así que me fui a trabajar a Estados Unidos, para ganar dinero y enviárselo a tu mamá.
Fausto: ¿Fuiste a Estados Unidos?
Antonio: Ajá
Fausto: ¿Hay mucho dinero allá?
Antonio: Un montón, depende como se las maneje uno allá.
Después de una larga conversación con Fausto de lo favorable que es la vida en Estados Unidos, Fausto y su hermana se fueron a dormir, mientras que Margarita y Antonio se quedaron hablando.
Antonio: ¿Y bien? ¿Dónde voy a dormir?
Margarita: ¿Qué haces aquí Antonio?
Antonio: Pos volví de los Estados Unidos, a vivir con mi familia.
Margarita: No te hagas baboso, ¡esta ya no es tu familia!, no mandaste ni un peso en los diez años que te fuiste.
Antonio: Si, me equivoqué, pero ahora estoy con ustedes, es lo que importa.
Margarita: ¡Eres un sinvergüenza! ¡¿Cómo te atreves a aparecer después de tanto tiempo y sin un peso?!
Antonio: Quiero verlos, quedarme con ustedes, ya no me pienso ir.
Margarita: ¡Te me vas ahora mismo de la casa! No te quiero aquí.
(Margarita se dirige hacia la entrada y abre la puerta de la casa)
Margarita: ¡Vete!
(Antonio se levanta enojado y recoge sus cosas)
Antonio: ¡Está bien, ya no estés enfadando!, ya me voy, pero esto no se va a quedar así.
Margarita: ¡Vete ya!
(Antonio sale de la casa enojado y Margarita cierra la puerta)
(En la habitación, Fausto se percata del conflicto e intenta dormir).
Una semana después a lo sucedido aquella noche, Fausto se encontraba en su salón de clases, aquél salón donde se encontraban 6 grupos, teniendo como profesor al maestro Ignacio. El salón no tenía la capacidad para
albergar a 6 grupos enteros, pero en este caso se carecía de alumnado, pues muchos niños migraban a Estados Unidos y algunas niñas eran vendidas como esposas (mayormente las de sexto grado). El profesor no intentaba cambiar las cosas en la comunidad, sentía que había logrado grandes cosas pero no obtenía apoyo de las personas del pueblo para lograr más, esto hizo tener en cuenta las palabras de su excompañero Adrián, las cuales eran: “No se puede hacer nada”.
Ya en recreo, Fausto se encontraba platicando con su amigo Ramiro dentro del salón, mientras que el profesor salió a almorzar al patio.
Fausto: ¿Entonces qué wey? ¿Cuándo tienes planeado irte?
Ramiro: Mi tío se piensa pasar pa´ allá la próxima semana, me voy a ir con él a ganar dólares.
Fausto: Yo quiero ir contigo, ¿Es muy difícil?
Ramiro: Pues lo más difícil es caminar por el desierto, se hace como 2 días de camino, a nosotros no nos cobran para pasar porque somos pequeños, si te vas conmigo tienes que estar bien fuertote como yo.
Fausto: ¿Y sí se consiguen muchos dólares allá?
Fausto: Entonces me iré preparando todo para irnos a Nueva York, a ganarse la vida.
Después de la plática de los planes de Fausto y Ramiro, iniciaron las clases de nuevo.
Ya en la salida, Fausto y Gisela iban caminando juntos para volver a su casa, cuando de repente Antonio aparece de la nada.
Antonio: ¡Hijos!, vengan para acá, acérquense.
(Fausto y Gisela se detienen por un momento, pensando en si acercarse era una buena idea o no)
(Antonio se acerca y empieza a abrazar a ambos)
Antonio: Los extrañé muchachos, los extrañé mucho.
Fausto puede notar algo en el cuello de su papá, una cadena dorada con una metralleta “AK-47” rodeando el cuello de Antonio.
Voltea a su alrededor y observa una camioneta negra, parecida a la que tenían Ricardo y su padre. De la nada, Antonio le susurra a Gisela.
Antonio: Ya te tengo comprada, me acabas de dar mucha lana.
Gisela voltea a ver a Fausto y éste le grita:
Fausto: ¡Córrele!
(Fausto muerde en la oreja a su padre y Gisela sale corriendo).
(Antonio grita y avienta a su hijo).
Mientras Gisela corre, Ricardo aparece de la nada y la persigue, corren unas cuantas cuadras hasta que finalmente se encuentran con Margarita a mitad del camino. Gisela se pone detrás de su madre, la cual tiene un ojo morado en la cara.
Gisela: ¡Mamá! ¡Mamá!, ¡Me quieren vender!
Margarita: No pasa nada Gisela, vas a estar bien con el muchacho, yo sólo vine a despedirme.
Ricardo, Antonio y Fausto llegan corriendo al lugar, de repente Gisela comienza a llorar.
Gisela se acerca a Fausto y le da la pulsera que conservaba de Ximena.
Gisela: No me olvides Fausto, no me olvides (llorando). Margarita se acerca y abraza a Gisela.
Margarita: Pórtate bien niña, vas a estar bien, te quiero mucho.
Gisela: Yo también te quiero mucho.
Mientras se Gisela y su madre se abrazan, a Fausto se le llenan los ojos de lágrimas y empieza a apretar el puño en señal de enojo.
Ricardo llega y separa a Gisela de Margarita, la toma de la mano y se la lleva.
Ricardo: Gracias Antonio.
Antonio: De nada wey, negocios son negocios, cuídala como a tus demás esposas, ahora tengo dinero y un collar nuevo.
Todos se empiezan a retirar del lugar, Ricardo se lleva a Gisela, Antonio se va por su cuenta y Margarita toma de la mano a Fausto y se van a casa.
Esa misma noche, en la casa de Fausto, se encuentran él y su madre
platicando durante la cena, claramente se notaba la ausencia de un miembro de la familia.
Margarita: Ándale, cómele muchacho, no hice los frijoles en vano.
Fausto: No tengo hambre.
Margarita: Come, luego te vas a poner bien flaco.
Fausto: ¡Me voy para los Estados Unidos!
Margarita se sorprende de repente.
Margarita: ¿Qué traes muchacho?
Fausto: ¿Por qué le vendieron a Gisela? No es justo, ¡Ya me harté de esta vida!, mejor me voy al otro lado a ganar dólares.
Margarita: ¿En serio crees que te puedes ir para allá? ¿Qué vas a hacer? ¿Abandonarme como tu papá?
Fausto: ¡Debería abandonarte!, ¡Así no me vendes como a Gisela!
Margarita: ¡¿Crees que yo vendí a Gisela?! ¡Fue el estúpido de tu papá!, Se le acabó el dinero en Estados Unidos y consiguió un novio para Gisela, ¡¿Qué querías que hiciera si vino a pegarme?! ¡No hay nada que se pueda hacer! ¡Tu papá me compró cuando yo tenía 16 años!
(Fausto se queda sorprendido y comienza a abrazar a su mamá mientras ambos lloran).
Al día siguiente, en la escuela, el profesor Ignacio antes de impartir la clase pregunta:
Ignacio: Fausto, ¿Y tu hermana?
Fausto: Táchela de la lista, ya la compraron.
Ignacio: ¿En serio?, es una lástima, era de las más inteligentes de la escuela.
(Ignacio se acerca a su mesa, donde tiene una lista con la mayoría de nombres tachados, comienza a tachar el nombre de Gisela).
Fausto: Parece que nada más sabe tachar nombres en la lista, no sabe hacer otra cosa más que eso.
Los demás niños se empiezan a reír, mientras Ignacio contesta enojado:
Ignacio: ¡Fausto! ¡Te vas a quedar sin recreo hoy!
Fausto: ¿Qué me importa?, por lo menos no me van a vender si no salgo a recreo.
Ignacio: Síguele mocoso y te reporto.
Fausto: Mucho miedo le he de tener a sus reportes, todo iba bien con las cosas que estaba haciendo, hasta que decidió dejar de hacer cosas buenas, ahora nadie lo quiere, no se merece ser maestro.
Ignacio: ¡Fausto!, ¡estás suspendido, vete a tu casa!
Fausto toma su mochila y se va enojado. El profesor pide orden en el grupo para seguir con sus actividades, pero le llegan recuerdos de lo que
mencionó el maestro Adrián, y que toda su vida pensó estudiar para maestro para hacer algún cambio en El Platanar, lugar donde siempre vivió.
Ante los pocos logros que había alcanzado y la poca ayuda que recibió por parte de las personas, se le empiezan a rasgar los ojos y decide
furiosamente salir del aula, inesperadamente.
Ignacio: ¡Personas del pueblo! ¡¿No están hartas de vivir así?! ¡Vivir siempre en pobreza!, ¡No tener dinero ni para comprar zapatos!, que nuestros hijos se tengas que ir y nuestras hijas sean vendidas, ¡Tenemos que salir a la ciudad, a exigir lo que nos corresponde!
(La gente empieza a salir de sus casas)
Ignacio: ¡El gobierno no hace nada por nosotros! ¡Dejé de exigirles y ya no nos pelan!, ¡Pero necesito de su ayuda!, así que vengan conmigo, hay que hacerle frente al gobierno, hacerles notar que existimos, ¡¿Quién está conmigo?!
Las personas que escucharon esta revelación empezaron a aplaudir y algunos se le unieron para ir a la ciudad, otros simplemente lo tacharon de loco, pero la mayoría habían sido motivados por las palabras de aquél profesor que les consiguió agua potable y tenía en manos la educación de sus hijos.
Al día siguiente, se prepararon diez camionetas para ir al ayuntamiento en la ciudad, las cuales transportaban a más de cincuenta personas. Una vez partieron, comenzaron las exigencias al llegar a la ciudad.
Diez camionetas se encontraban estacionadas afuera del ayuntamiento, todos esperando a alguien que llegase para atenderlos, el primero en llegar fue el secretario en educación, el cual al llegar dejó sorprendidos a todos los pueblerinos al ver que el secretario bajaba de un automóvil de último
modelo. El secretario también quedó impresionado al ver a tanta gente reunida afuera del edificio.
(El secretario baja de su coche)
Secretario: ¿Qué está pasando aquí?
Ignacio: Estamos hasta la choya de tantas injusticias, queremos un trato igual que al de los demás pueblos, al igual que todos, tenemos más necesidades que el agua potable.
Secretario: ¿Usted es el que exigió mejoras para su escuelita verdad?
Ignacio: Así es secretario.
Secretario: ¿Y qué pasa? ¿Se les acabó la pintura para su escuela?
Ante este comentario, la multitud que rondaba el lugar se sintió ofendida y empezaron a gritar en revuelto.
con sus padres a Estados Unidos, las niñas son vendidas a personas que llegan de allá con mucho dinero, necesitamos los recursos adecuados.
Secretario: Los comprendo completamente, el gobierno cada día hace cosas impresionantes para ayudar a las personas, que están en su situación o peor que en ella. Últimamente se han ayudado a muchas comunidades con recursos tanto económicos como tecnológicos, para facilitar el aprendizaje de nuestros niños en México. Pero lamentablemente yo no me puedo encargar de los recursos
económicos en la sociedad, yo sólo me encargo del contexto escolar, y lo único que podría hacer en este momento, por todas las aportaciones que hemos realizado, es darles pintura o cambiarles los cristales rotos, nos hemos quedado sin los suficientes fondos para hacer algo más.
Ignacio: ¿Está usted jugando con nosotros?
Secretario: ¿Por qué o qué?
Ignacio: ¿Está hablando en serio?
Secretario: Con completa seriedad, como se deben manejar estos casos, ahora, si me permiten…
(El secretario entra al ayuntamiento).
Todos se quedan sorprendidos por las palabras del secretario y a lo lejos, entre las personas alguien menciona: “No tienen fondos pa´ nosotros pero si pa´ un carro nuevo”. Este comentario hace que todos comiencen a gritar y a tensar la situación.
Ignacio: ¡Calma! ¡Calma gente!, el gobierno es lo que no quiere, que causemos destrozos en su preciado ayuntamiento, tenemos que exigir lo nuestro de un manera pacífica pero que se haga notar.
Hombre del pueblo: ¡Hay que hacer bloqueos en las calles!
Las demás personas apoyan la idea del señor, entonces comienzan los bloqueos en distintas intersecciones de la ciudad. Las personas de El
Platanar toman sus camionetas y bloquean distintas avenidas, 2 camionetas para cada avenida.
Algunos se quedan fuera del ayuntamiento, otros van por cartulinas para hacer carteles. Ese día se hizo notar la gente de El Platanar en las calles y fuera del ayuntamiento. Nadie pensaba que todo ese revuelto iba a durar poco más de una semana.
la gente que se les unían a las personas del pueblo los corregían, de
cincuenta personas que empezaron la protesta, más de 300 le exigían ahora al gobierno.
Casi todo México estaba enterado de lo que pasaba con El Platanar y cómo el gobierno los ignoraba.
Mientras tanto, el maestro Adrián se encontraba en su casa, viendo
televisión, cuando repentinamente observa en las noticias a su excompañero Ignacio protestando junto con muchas otras personas más, para que la
situación en El Platanar mejorara. Adrián quedó sorprendido al ver cuanta gente apoyaba a Ignacio, así que decidió tomar el teléfono y llamar a un viejo amigo suyo.
La situación en El Platanar no mejoraba, la protesta sólo había conseguido que el pueblo se convirtiera en un asentamiento para periodistas, la
comunidad se había llenado de prensa.
Los periodistas entrevistaban a los niños, jóvenes y personas mayores de la comunidad. En una de esas entrevistas, se cuestionó a Margarita, la madre de Fausto, le hicieron preguntas acerca de la forma de vida de ahí, cómo estaba la situación, pero lo que más llamó la atención fue cuando se le preguntó a Margarita si tenía hijos.
Periodista: ¿Usted tiene hijos?
Margarita: Si, tengo 2.
Periodista: ¿Ya están grandes?
Margarita: No, están chamacos todavía, uno tiene diez y la otra tiene doce.
Periodista: Cuando entramos no los vimos, y claramente no están en la escuela ya que no ha habido clases por una semana, ¿Dónde están ellos?
(Margarita comienza a llorar).
Margarita: La niña, la vendió mi esposo, no tenía dinero y la vendió por diez mil pesos, el chamaco se fue pa´ los Estados Unidos, ahorita han de andar cruzando la frontera con su amiguito y unos señores.
Periodista: ¿Su hijo tiene diez años dijo?
Margarita: Si.
Periodista: ¿Y se fue para los Estados Unidos ya? ¿Desde cuándo se fue?
Esta entrevista alertó a los medios, primero hicieron una investigación para encontrar a quién había comprado a la hija de Margarita, pues es un delito federal el tratado de personas. Después se alertó a las autoridades
fronterizas para iniciar una búsqueda y así encontrar a las personas que estaban migrando en ese momento antes de tocar suelo extranjero.
La entrevista de la señora Margarita llegó a malos oídos, pues los oficiales fronterizos al escuchar la noticia, decidieron de igual manera iniciar una búsqueda, para encontrar a los migrantes con la orden de matarlos.
Mientras tanto después de un largo día y medio de camino, Fausto, Ramiro, el tío de Ramiro y otras cinco personas se encontraban caminando por el desierto, totalmente agotados y preocupados.
En el ayuntamiento, Ignacio se encontraba protestando con las demás personas, cuando de repente alguien se le acercó.
Adrián: Ignacio, ven aquí, quiero presentarte a un amigo mío de la secundaria.
Ignacio se acercó a Adrián y pudo observar a un hombre con traje y buen porte.
Ignacio: ¿Qué haces aquí Adrián?
Adrián: Admiro mucho tu valentía y esfuerzo, a pesar de todos los problemas con los que cuenta El Platanar, tú sigues aquí, luchando para que sea un lugar mejor, cosa que yo no tuve el valor de hacer. Él (apuntando al hombre de traje), es mi amigo Rodrigo, es un empresario, tiene muchos negocios por toda la república mexicana, estaba con un proyecto de apoyar a comunidades rurales,
sinceramente yo no sabía de este proyecto hasta hace poco, sino, hubiese hecho las cosas un poco diferentes para todos.
Rodrigo: Hola (acerca la mano al profesor) es un placer conocerlo maestro.
Ignacio: El placer es mío (sorprendido, estrecha la mano con el empresario). Rodrigo: Como ya lo mencionó mi amigo, soy empresario, su caso en particular me llamó mucho la atención, Adrián mencionó por lo que pasó, la situación por la que está el pueblo, las ideas que tenía hace dos años y el cómo las mantiene en la mente, es de admirar. Mi proyecto consiste en elevar por lo menos un poquito para empezar, la economía de las zonas con más problemas de dicho índole, así que me ofrezco de tal manera, poner un mercado en su comunidad, que ofrezca empleos y se obtengan ganancias sin pérdidas, tengo un convenio con el gobierno para que nos donen despensa por un año, después de ese año, ya que la
Ignacio: No tengo palabras para lo que usted está diciendo, ¿Apoco todo eso es posible?
Rodrigo: Moviendo unos cuantos hilos seguro que lo es.
Ignacio: ¿Por qué haría algo así?, ¿Va a querer algo a cambio?
Rodrigo: Sólo el 10% de las ganancias que obtengan los negocios después del año de apoyo, pero no lo hago por interés económico, lo hago porque personas como usted, personas que se hacen distinguir en la sociedad, merecen apoyo, porque juntos, somos uno, sin contar el hecho de que no puedo permitir que las cosas en su pueblo sigan así, cuando ya he ayudado a bastantes pueblos. Me gusta ayudar, es una de las principales razones por las que me encuentro aquí.
Ignacio: Me he dado cuenta de algo. Aún quedan buenas personas en el mundo.
Rodrigo: ¿Entonces?, ¿Trato? (Acerca su mano a Ignacio). Ignacio: ¡Trato! (Estrecha la mano de Rodrigo).
Mientras el maestro Ignacio hacía un gran trato con un empresario, Fausto junto con las demás personas se encontraba en el desierto, muriendo de sed, pues las botellas en las que llevaban agua se habían agotado, Fausto se arrepentía de tener que caminar más prácticamente faltaban ocho horas más de camino, no lo iban a lograr.
Fausto: Tengo mucha sed.
Tío de Ramiro: No se queje mijo, si se queja nos da más sed, mire a Ramirito, ya no puede ni con sus pies.
De repente uno de los hombres cae al suelo desvanecido.
Tío de Ramiro: ¡Chuy!, ¡Chuy despierta!, ¡Nos estás asustando!
Migrante: No responde.
Tío de Ramiro: ¡Chuy aguántate, ya vamos a llegar!
A lo lejos, Fausto observa una camioneta, que se dirige hacia ellos.
Migrante: ¡Es la migra!
Tío de Ramiro: ¡No me importa, váyanse ustedes, yo no quiero que Chuy se muera, si nos deportan que nos deporten, pero yo no dejaré morir a Chuy!, ¡Órale, váyanse!
Ramiro intentaba reanimar a Chuy, cuando de repente un estruendo enorme suena, sangre salpica el perfil derecho de Fausto, Ramiro cae al suelo, se escucha un grito de alegría que sale de la camioneta.
Tío de Ramiro: ¡Corre Fausto!
Un disparo perfora la frente del tío de Ramiro y Fausto empieza a correr. La patrulla fronteriza norteamericana estaba asesinando despiadadamente a los migrantes que acompañaban a Fausto, desde la camioneta apuntaban y disparaban sin fallar, Fausto corría y corría, se escuchaban los estruendos de los disparos y Fausto seguía corriendo, esperando a que el próximo estruendo que se escuchara fuera para él. Fausto corrió y bang bang bang, tres disparos seguidos y tres migrantes cayeron, sólo quedaba un migrante y Fausto, el migrante iba corriendo detrás de él, la camioneta se acercaba cada vez más rápidamente, hasta que finalmente- ¡Bang!-, otro estruendo se escuchó y el migrante cayó encima de Fausto, haciendo que ambos cayeran.
La camioneta se detuvo, de ella bajaron cuatro policías fronterizos
norteamericanos, llenos de satisfacción y felicidad que se les podía notar en el rostro. Repentinamente un convoy de camionetas llegó, en ellas venían periodistas y autoridades fronterizos mexicanas, pues los migrantes aún no pisaban suelo extranjero, una cámara alcanzó a filmar la última muerte, (que fue del migrante que cayó encima de Fausto) y arrestaron a los oficiales fronterizos.
Al momento de buscar sobrevivientes, el único encontrado fue Fausto, que estaba debajo del cadáver de un migrante.
Todo se convirtió en una noticia de talla mundial, los cuatro oficiales fueron procesados a cadena perpetua.
3 años más tarde, Fausto se prepara para ir a la escuela secundaria, Gisela fue encontrada con su marido Ricardo, el cual de igual manera fue
encarcelado de manera permanente, Gisela junto con Fausto visitan a un psicólogo una vez a la semana.
En cuanto al turismo, hubo un gran aumento enorme, pues se reconoció aquella situación por la que pasaba El Platanar y con ello también se
conoció la historia de la vida de Fausto gracias a los sucesos que ocurrieron en el desierto.