Señor presidente de la Confederación de Organizaciones Empresariales de Cartagena y Comarca, señor presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Cartagena, señoras y señores:
Volvernos a vernos en una reunión de empresarios
convocada en tiempos difíciles. Las últimas jornadas para dirigentes empresariales se celebraron en diciembre de 2010 y podríamos preguntarnos si este es un momento mejor o peor que aquel.
Si nos fijamos sólo en la destrucción de empresas y en el desempleo que se ha acumulado en la comarca desde entonces, no podemos decir que estos sean tiempos mejores.
En este año y medio, en Cartagena se han alcanzado niveles de desempleo preocupantes y hay que empezar cualquier análisis económico recordando este dato porque ése es el primero de nuestros problemas y ése debe ser el primero de nuestros objetivos.
Pero el análisis sería incompleto y estéril si se quedara sólo ahí, porque lo cierto es que formamos parte del país que más empleo ha destruido en Europa. Nuestra
economía, con los matices que sean necesarios, ha sido víctima de los mismos grandes problemas que el conjunto de la economía española, es decir: la crisis en el consumo, los problemas de financiación para la empresa y un
Y creo que es mucho más importante subrayar y
reconocer el esfuerzo de los empresarios que en estas circunstancias han sabido y han podido resistir con la persiana de sus negocios abierta, exponiendo su
patrimonio personal para mantener vivo su proyecto empresarial y para salvar a sus empleos.
Creo más justo para ellos y más eficaz para todos que destacar que hay razones que justifican su esfuerzo y que forman parte de un municipio y una comarca que tiene futuro si se aprovechan con inteligencia las
transformaciones que hemos logrado realizar entre todos. Voy a destacar sólo dos hitos económicos que se ha
producido desde esa última jornada de dirigentes empresariales y que demuestran que la resistencia de nuestro tejido empresarial tiene sentido y tiene futuro.
En este tiempo se ha abierto en Cartagena el mayor parque arqueológico urbano que existe en España y también en este tiempo se ha puesto en marcha en Cartagena la mayor inversión industrial en la historia de España.
La nueva refinería de Repsol es una de las mejores
noticias empresariales de la década. En una situación en muchas familias y las mayoría empresas están más
ocupadas en resolver sus problemas inmediatos es fácil que esa inversión parezca una noticia más en el periódico, pero no debemos dejar de subrayar varias cosas. En primer
lugar, Repsol ha blindado Escombreras como polo energético.
Además, su decisión ha consolidado la actividad de esa gran empresa regional que es el puerto de Cartagena y, por último, Repsol llega para crear empleo y para atraer
nuevas inversiones. Ya conocemos la primera, la de la planta de lubricantes, pero en el futuro habrá más. Pero, además, como reveló Antonio Brufao en la
inauguración de la planta, si Repsol no hubiera ampliado Escombreras, habría cerrado Escombreras. De no haber sido capaces de acompañar a Repsol en la toma de esa decisión, si Cartagena no hubiera sido lo bastante atractiva para esa inversión, en Escombreras no habría refinería: ni para sus trabajadores, ni para el puerto, ni para las
empresas contratistas.
Hablaba también de la apertura del Parque Arqueológico de El Molinete. No es la más importante, pero es la última gran inversión que se ha hecho en materia turística. La adquisición de terrenos, las excavaciones y la creación del parque han necesitado una inversión cercana a los 9
millones de euros.
Es el paso más reciente en ese camino de transformación de Cartagena en un destino turístico patrimonial.
Cartagena tiene ahora quince museos y centros de
interpretación que antes no existían. Cartagena cuenta, por fin, con un Auditorio y Palacio de Congresos que se ha abierto el año pasado para reforzar nuestra
capacidad para atraer más visitantes durante más tiempo.
Ha sido un proceso planificado que, a demanda de nuestros empresarios y con el respaldo del gobierno
Regional, pusimos en marcha para lograr eso que ahora se llama cambio de modelo y que nosotros hemos llamado diversificación económica.
Desde que se inició ese cambio de modelo se han invertido más de 132 millones en infraestructuras turísticas,
contando sólo los centros gestionados por Puerto de Culturas, el Auditorio y el Teatro Romano.
Pero si sumamos programas como la peatonalización y el plan de fachadas y añadimos los museos sin financiación municipal -como el Arqua y el Muram- o inversiones como la de la Autoridad Portuaria en el Muelle de
Cruceros, las grandes inversiones en infraestructuras turísticas en el casco urbano de Cartagena rondan los 180 millones de euros.
Les puedo asegurar que cuando comenzamos a planificar el desarrollo turístico urbano y contábamos en pesetas, nos habría parecido difícilmente alcanzable llegar a los 30 mil millones de pesetas de inversión, que es lo que
representan estas cifras.
Por eso resulta asombroso que alguno pase el día diciendo que no sabe dónde ha metido el dinero el ayuntamiento.
Hemos construido un sector turístico urbano prácticamente desde la nada. Los centros de Puerto de Culturas han recibido dos millones de visitas y el puerto ha recibido medio millón de turistas. Pero estamos muy al
principio del camino que podemos recorrer y, desde luego, estamos lejos del volumen de visitantes que es capaz de convocar toda esta estructura turística que hemos logrado levantar.
Estas son bases sólidas sobre las que podemos
proyectar nuestro futuro. El entorno económico no es el mejor, pero transformar esas inversiones en empleo y prosperidad depende de nosotros, de nuestra
capacidad para aplicar imaginación y esfuerzo, y de que seamos los primeros en creer en las posibilidades de Cartagena.
Nuestro trabajo, nuestra obligación, la de las
administraciones y la de los empresarios, es saber
aprovechar y rentabilizar todo este potencial y creo que la mejor forma de lograrlo es hacerlo juntos.
Llevamos meses experimentando nuevas fórmulas de
colaboración con nuestras empresas turísticas para reforzar la promoción en los mercados nacionales y vamos a
fortalecer estas alianzas para mejorar el trabajo de promoción.
Debemos anticiparnos a las nuevas oportunidades, como la que representa el aeropuerto regional, como la que debe suponer el puerto de El Gorguel y como la que tiene que representar la nueva zona logística, que es vital para nuestro desarrollo y merece la unión de empresas y administraciones.
Y también, entre todos, debemos mantener activas algunas luchas que hay que seguir librando. Seguramente, la más importante a medio plazo es la del tren de alta velocidad. Ha sido una auténtica decepción comprobar que el AVE a Cartagena no sufría un retraso, sino que era víctima de una paralización. El Ministerio no ha hecho ni el estudio
informativo, a pesar del compromiso contraído hace tres años por el gobierno de la Nación.
Ese estancamiento ha malogrado las ventajas que buscábamos ajustando el proyecto del tren al del
aeropuerto regional y, además ha retrasado la obra hasta este momento en el que la inversión pública es mucho más complicada.
Por eso creo que ha sido un acierto que
administraciones y empresarios nos hayamos puesto de acuerdo, una vez más, para plantear al Gobierno la fórmula más viable que nos permita tener cuanto antes el tren de alta velocidad en Cartagena.
Aunque haya cambiado el Gobierno, la situación económica y la propuesta de trazado, lo que no ha
eso no debe cambiar tampoco nuestra postura exigente ante la administración central.
Todos estos son proyectos y realidades que debemos tomar en serio. Sé muy bien que es difícil levantar la mirada para estudiarlos porque en muchas empresas el problema está en el día a día. Lo sabemos y nos lo dicen sus representantes en las organizaciones empresariales. La capacidad de acción directa de los ayuntamientos sobre la empresa y el empleo es limitada. Lo es mucho más en un momento en el que sufrimos una importante reducción de ingresos y que tenemos la obligación de preservar los servicios a los ciudadanos.
El Ayuntamiento de Cartagena ha reducido el tamaño de su presupuesto de una manera muy significativa. Hemos recortado nuestros gastos en una cuarta parte desde 2009. Este año gastaremos lo mismo que hace seis años.
La administración hace sus ajustes pero sé muy bien que el sector privado los ha realizado más profundos y muchos antes, y que lo que espera de nosotros es menos fiscalidad y más agilidad administrativa.
Por esa razón, hemos querido incluir en nuestros presupuestos medidas de apoyo a la empresa.
El Ayuntamiento de Cartagena bonifica hasta el 50% del IAE para las empresas que aumenten su plantilla y las empresas de nueva creación también contribuyen con la mitad del IAE durante sus primeros 5 años.
Este año hemos decidido liberar del impuesto de
construcciones a todas las empresas que se instalen en nuestros polígonos industriales.
Mantenemos nuestras líneas de asesoramiento y respaldo financiero al autoempleo y los emprendedores y estamos trabajando para mejorar y fortalecer nuestra coordinación con las organizaciones empresariales y el Instituto de Fomento.
Pero sabemos que en estos tiempos, cualquier nivel fiscal es demasiado y que toda ayuda es poca.
El Ayuntamiento sigue trabajando en nuevas medidas fiscales para el apoyo a la empresa y a la creación de empleo.
Estos son tiempos de reformas y hay que hacerlas en todos los niveles.
El Gobierno de la Nación ha puesto en marcha en tiempo récord una ambiciosa campaña de reformas de profundo calado en la economía. No voy a entrar en ellas, porque el Secretario de Estado lo hará mucho mejor.
Pero algunas de esas medidas son definitivas en la relación de los Ayuntamientos con sus empresas. Es el caso del
demanda de liquidez que todos los ayuntamientos venimos pidiendo desde hace cuatro años. Ha supuesto un alivio importante para nuestros proveedores y nos permitirá atender mejor nuestras obligaciones con ellos en lo sucesivo.
Los ayuntamientos esperamos la próxima reforma que delimite competencias entre administraciones para eliminar gastos inútiles y para simplificar la relación de ciudadanos y empresas con la administración.
Cartagena tomó la iniciativa en este campo y en febrero pasado pusimos en marcha la ordenanza de simplificación administrativa, que permite conceder licencias exprés a las actividades no molestas o peligrosas.
Esta decisión nos deja atender en un plazo mínimo el 70% de las licencias que los empresarios de Cartagena tramitan ante Urbanismo. Creo que es un avance
interesante, pero es mejorable y por eso mantenemos una línea de trabajo abierta con las organizaciones
empresariales para seguir reduciendo burocracia y plazos a los emprendedores.
En los próximos días analizaremos estos y otros asuntos en una comisión paritaria porque creemos que no ha nada peor que no saber escuchar a quienes mejor conocen los problemas que limitan ese desarrollo económico que perseguimos.
Las administraciones no nacieron para crear empleo. El empleo lo generan los empresarios. Por eso es absurdo cuestionar las reformas que mejoran la capacidad del emprendedor para poner en marcha un negocio. Espero que, si estos tiempos difíciles nos enseñan algo, que sea a desterrar viejos clichés y a reconocer el papel social del empresario, como generados de empleo y riqueza.
En reuniones como ésta y en la relación diaria con las organizaciones empresariales, las administraciones hemos aprendido más de lo que hemos sido capaces de enseñar. Y queremos seguir aprendiendo.
ACTUACIONES INFRAESTRUCTURAS/ EQUIPAMIENTOS INVERSION
Esta propuesta no supone, sin embargo una presión excesiva sobre las
familias y ofrece ventajas a los emprendedores que quieran crear empleo en Cartagena.
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Aunque se pide a los ciudadanos un esfuerzo razonable, el Ayuntamiento
seguirá haciendo esfuerzos mayores para no cargar sobre las familias el peso
de la crisis.
El ayuntamiento debe concentrar esos recursos que nos prestan los cartageneros en dos objetivos principales: el primero, ayudar a los
cartageneros con más necesidades; el segundo, mantener los proyectos que
generen actividad, riqueza y empleo.
Nosotros empezamos a realizar planes de austeridad en 2008, cuando todavía
había políticos que negaban la existencia de la crisis. Desde entonces, los
presupuestos municipales se han reducido casi en un 20%.