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Identidad
y Valores
Identidad y
Valores
(1a. edición)colección: formaciónestratégicaparadocentesensedesregionales. serie: módulossobrelosejesdelproyectodesedesregionales
Compilador Universidad Rafael Landívar/Dirección de Campus y Sedes Regionales/PROFASR Editores © 2007 URL-KFW
“Proyecto de desarrollo del Gobierno de la República de Guatemala a través de la Universidad Rafael Landívar, cofinanciado por la República Federal de Alemania a través de KFW”.
Dirección de Campus y Sedes Regionales Juan Carlos Núñez Saravia, S. J. Dirección de Profasr Armando Najarro Arriola Coordinación de Edición Mariana Aragón Castro de Viau
Coordinación de Producción Leslie Lucrecia Quiñónez Rodas de Clayton Edición y mediación pedagógica Armando Najarro Arriola
Amparo Valenzuela Pineda Mariana Aragón Castro de Viau Diseño y Diagramación Karla Aragón
I.S.B.N 978-99922-939-9-7
Derechos Reservados, 2007 © por la Universidad Rafael Landívar y el Programa de Fortalecimiento Académico de las Sedes Regionales -PROFASR-. Este módulo no puede ser reproducido total o parcialmente, por ningún medio mecánico, sin expreso consentimiento de los editores. Esta colección de módulos es una producción cofinanciada por KFW y la Universidad Rafael Landívar y editada por la Universidad Rafael Landívar a través del Programa de Fortalecimiento Académico de las Sedes Regionales (PROFASR).
autoridadesdelauniversidadrafaellandívar Guillermina Herrera Peña Rectora
Ariel Rivera Irías Vicerrector Administrativo Rolando Enrique Alvarado López, S.J. Vicerrector Académico
Presentación
El presente material es producido dentro del Proyecto URL-KFW, un proyecto de cooperación financiera cuyo soporte máximo es la actividad de la construcción de Campus Regionales en el interior del país y ocupa un lugar especial dentro del subcomponente de formación y actualización docente con un énfasis en la actualización y desarrollo del pensamiento estratégico de los profesores de las Sedes Regionales de la Universidad Rafael Landívar. Es parte fundamental de un proceso integral de adecuación curricular para el fortalecimientodel Proyecto General de Sedes Regionales.
Esta colección de módulos busca la formaciónde la identidad del docente y la ampliación de su visión en sentido estratégico. En cuanto a la identidad, mediante la apropiación de aprendizajes y del sentido de pertenencia al interior del cuerpo docente de la URL, de la sociedad regional y de su localidad, con compromisos concretos ante cada uno de ellos. En el sentido de visión estratégica, por medio de la generación de un pensamientonovedoso, donde la manera de concebir el desarrollo del paíssuperando las actuales asimetrías, pasa por el fortalecimiento de sulocalidad, inmersa en un mundo globalizado.
Los temas planteados son temas básicos para el trabajo docente, pero también para la vida cotidiana regional. Estos temas representan puntos álgidos en los procesos de desarrollo y de educación pero, en la manera que los cultivemos y los podamos pulir, los convertiremos en piedras preciosas que iluminen el devenir de la región y del país. Para ello, se ha tratado de que estos materiales sinteticen puntos de vista actualizados de otros autores o institu-ciones especializadas en cada uno de los temas tratados. La idea fundamental es poner al alcance del cuerpo de docentes el mejor material disponible y conjugarlo creativamente en una edición no comercial.
Los diversos autores han tratado de establecer nexos entre la teoría y la “praxis” y pasar de los planos mundial y global, hacia lo regional y local, y viceversa; con la finalidad de que los sujetos de formación mediante este material, converjan y generen pensamientos y destrezas fundamentadas en el reconocimiento de la importancia de estos ejes para el desarrollo social de su región y con vistas a un proceso educativo de calidad para el siglo XXI.
Para apoyar, en este sentido, también se ha producido un CD anexo a esta colección para am-pliar la investigación documental y bibliográfica de sus procesos personales de aprendizaje
en la temática. Abarca temas para abordar los Derechos Humanos, la Interculturalidad, el Desarrollo Local y Regional así como la Descentralización, ejes del Proyecto de Sedes Re-gionales. También se han incluido ejercicios al final de cada sección para reflexionar y buscar respuestas con sus colegas docentes para encontrar propuestas que generen una identidad pertinente de nuestro quehacer educativo en la Universidad Rafael Landívar.
A este respecto, hacemos acopio de las palabras de Morin1 (1999) que, ante los retos del futuro,
nos urge a que mediante la educación asumamos el reto de “estar-vivir-ahí-en el planeta” con lo que implica: los aprendizajes básicos (vivir, ser, hacer, compartir, comunicarse, comprender, etc.), para ser dignos habitantes del planeta o aldea global. Para hacerlo llegar a los estudiantes, sujetos de la formación, debemos primero sentirlo, aprenderlo y manejarlo con creatividad los que nos apropiamos del proceso educativo y formativo en las SR de la URL.
Esperamos que este sea un aporte valioso a la reflexión, la discusión, al trabajo y, ante todo, a la apuesta y propuesta por una docencia comprometida desde su puesto para una misión en pro del desarrollo integral de su región y, por ende, del país.
Armando Najarro Arriola
Director, PROFASR
Introducción
La temática tratada en este módulo de la colección Formación Estratégica para docentes de los Campus Regionales y Sedes de la Universidad Rafael Landívar, es vital para los equipos docentes y directivos. La razón es sencilla. La Compañía de Jesús -SJ- tiene una experiencia acumulada y documentada de casi 460 años de dirigir instituciones educativas. Ese cúmulo ha desarrollado una espiritualidad educativa -permítaseme el uso del término-, que se genera en sus instituciones y es probable que no estemos conscientes de ello. De hecho, muchas veces estamos inmersos en el qué hacer, en el día a día, y pasamos por alto las líneas educativas que nos dan la identidad o la impronta como educadores de la SJ. Todos los que colaboramos en obras de la Compañía de Jesús2 hemos de sentirnos
compro-metidos con el modo de proceder, de la misma. Una de las formas de hacerlo es conocer y apropiarnos de la identidad (y de los valores), que maneja dicha obra o institución. En nuestro caso, la Universidad Rafael Landívar -expresada a través de sus Campus y Sedes Regionales-, es una institución de nivel universitario, pero al igual que el resto de obras de la SJ -colegios que cubren desde el nivel inicial, la educación primaria, media, la educación de tipo técnico, permanente y la educación de adultos-, está inmersa en un proyecto educativo común, con una identidad y visión clara sobre lo que espera de quienes colaboran con ella tanto como docentes, así como estudiantes.
¿Es realmente importante hablar de la identidad para los que, como es el caso de docentes, colaboran en la Universidad Rafael Landívar? Definitivamente pensamos que sí. Hoy día en que muchas instituciones y personas prefieren esconder su identidad por temor a ser rechazados, las obras de la SJ -como el caso de la URL-, muestran claramente su identidad católica del y en el servicio educativo que ofrecen. Es importante y necesario que todos los docentes que colaboramos en la obra sepamos qué se espera de nosotros para que, mediante nuestra labor, dicha respuesta -o rechazo al darnos cuenta que no estamos para eso-, pueda ser expresada en trabajo y de esa forma llegue a todos los estudiantes y a la sociedad o región donde trabajamos.
Con el temor de extenderme más de lo debido, quisiera pintar un panorama básico para que usted como docente -sujeto de nuestra pequeña colección-, entre en materia y pueda 2 Por asuntos prácticos, en adelante para referirme a la Compañía de Jesús lo haré únicamente como SJ
sentirse cómodo al leer nuestro presente módulo. Es especialmente urgente que captemos cuál es la identidad de las obras de la SJ, qué es el apostolado educativo y qué es la Ratio
Studiorum, pues ello nos permitirá captar la esencia del presente material.
Vásquez (1999:13) cita a Highet (1953)3, quien expresaba: Los jesuitas tienen muchos enemigos, pero nadie se ha atrevido a afirmar que no sepan educar. Y esto a su vez, venía
directamente de una observación de Francis Bacon-filósofo inglés, nacido en Londres en 1561 y muerto en la misma ciudad, en 1626, quien en el siglo XVII, había dicho: En cuanto
a educación, consúltese a los jesuitas, nadie lo hace mejor. Esto nos da una idea la fuerza
del apostolado educativo que se maneja desde los inicios y que a lo largo de la historia de la SJ han definido la educación como misión eclesial.
Al inicio, la SJ no pretendía centrase en obra educativa alguna. Es claro que su fundador y compañeros discernieron largamente hasta que comprendieron que era la mejor forma de enfrentar el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Así, pues, lo fueron asumiendo poco a poco y, en vista de los primeros éxitos4, se tuvo la certeza de que era una forma de proyectar
universalmente los fines e identidad de la SJ, para que tanto futuros jesuitas como laicos pudiesen beneficiarse de estas obras.
Igualmente, San Ignacio por sí mismo empezó a escribir sobre la forma de los estudios de los jesuitas y consignó los principios claves -orientaciones, actitudes psicológicas, ascéticas y humanas, pormenores específicos de eficiencia y metodología práctica para una mejor relación docente-estudiante- de la educación que debía dar la Compañía de Jesús. La brillante tradición jesuita en el campo educativo tuvo su base y origen en el desarrollo y espíritu de la Ratio Studiorum5, documento donde se encuentra resumido todo el sistema
educativo propio de la original Compañía de Jesús. El fundador de la SJ, San Ignacio de Loyola, aprendió de la Universidad de París el estilo de enseñanza que marcaría a su vez, el estilo de los jesuitas posteriormente, aunque con algunas adaptaciones necesarias para la realidad inmediata de la SJ. Por algo dice Vásquez (1999:16)6 que ...no fue en vano el paso de Ignacio por la Universidad de París. Ella fue, sin duda, la fuente inspiradora de la
Pedagogía jesuítica.
3 Highet, G. (1953) The art of teaching. London: Metuhen.
4 El primer colegio jesuita fue San Pablo de Goa (1542), luego el Colegio de Gandía en España (1546) y el Colegio de Messina (1548). En este último San Ignacio intervino directamente y luego se inició una ver-dadera lluvia de obras educativas confirmándose la educación como un ministerio y apostolado oficial de la Compañía. En una década (1546-1556) se fundaron 46 colegios.
5 Una de las mejores traducciones para este término es Método y programa de estudios de la Compañía de Jesús. 6 Vásquez, C. (1999) La Ratio, sus inicios, desarrollo y proyección. En: Orozco, Hosy (compilador). Historia
y teoría de la propuesta pedagógica de la Compañía de Jesús. Guatemala: Universidad Rafael Landívar,
La Ratio, pues, es un proyecto educativo -profundamente revolucionario para la época-, humanista e inspirado en la concepción del mundo como obra de Dios -y por lo tanto buena-, y del ser humano, como continuación de la obra de Dios capaz de humanizar y mejorar ese mundo. Esta visión de la Ratio viene fundamentalmente de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Así, pues, podemos señalar concretamente tres fuentes inspiradoras de la
Ratio: la persona misma de San Ignacio de Loyola -sus vivencias y profundidad espiritual-,
la parte cuarta de las Constituciones de la Compañía de Jesús y la experiencia de decenas de jesuitas en los primeros colegios, la cual al ser debidamente recopilada hizo más rica y democrática la norma general.
Debemos indicar que, estando vivo San Ignacio, se produjeron dos documentos que vislum-braban el perfil de los colegios: Las constituciones del colegio de Messina y Las reglas y avisos para las escuelas de Italia. Él mismo estuvo al tanto de estos escritos y en sus cartas a los Rectores les pedía dos grandes criterios para los colegios: que hubiese una experien-cia educativa previa y posteriormente un discernimiento, antes de escribir las Constituciones o metodologías de los mismos. Y luego, que todo se desarrollara según tiempos, lugares y personas. Esto significaba que la rica variedad de educar en distintos lugares no había que reducirla a una forma única, sino desarrollar suficientes experiencias, registrarlas debida-mente y luego analizarlas, a la luz del contexto en el que se desarrollaban.
Así empezó a surgir un rudimento de lo que posteriormente sería la Ratio. Esta empezó a gestarse a fondo gracias a la visión de dos sacerdotes: Jerónimo Nadal y Diego de Ledesma. Nadal reguló y unificó en un plan orgánico y científico las experiencias educa-tivas de todos los colegios de España, Portugal, Italia, Francia y Alemania. En 1556 fue colocado como Rector del Colegio Romano y allí enriqueció su obra hasta 1560. Esta es prácticamente una primera versión de la Ratio. Por otra parte, Ledesma experimentó en el mismo Colegio Romano una serie de experiencias y metodologías educativas en beneficio del mejor aprendizaje del estudiante, lo cual resumió en su De studiis Colegii Romani -que es un verdadero plan magistralmente trazado para educar tal como lo pretendía la Ratio. El Padre Ledesma murió en 1575 y no terminó su obra. Sin embargo, el P. Rodolfo Acqua-viva -quinto sucesor de San Ignacio-, formó una comisión internacional de seis jesuitas para recapitular todo el material pedagógico de la Compañía y con ello conformaron la versión oficial de la Ratio Studiorum, el 8 de enero de 1599.
Este proceso de redacción y publicación de la Ratio produjo un sistema de colegios, cuya base era la espiritualidad ignaciana que le daba fuerza e identidad en un espíritu de prin-cipios pedagógicos comunes. Otra de las características era la creatividad, producto de
atender experiencias diversas en sitios igualmente diversos, pero que había sido sometido a diversas correcciones y adaptaciones por medio del constante intercambio. Fue, la Ratio, el primer sistema educacional global que el mundo conocía.
El sistema siguió enriqueciéndose y desarrollándose durante más de dos siglos hasta que fue bruscamente frenado con la supresión de la Compañía por medio de la Bula Pontificia en 1773. Fue así destruida una red de 845 instituciones educativas extendidas por Europa, América, Asia y África. De esta situación solamente se salvaron unos pocos colegios que se ubicaban en territorio ruso, donde la supresión no llegó a tener efecto7.
Cuando se volvió a restaurar la Compañía, en 1814, una de las principales razones fue para que la Iglesia Católica volviera a gozar de nuevo del beneficio de su experiencia educativa. En 1832 se publicó una edición experimental revisada de la Ratio, pero nunca fue definitiva-mente aprobada. Fueron éstos unos años turbulentos para Europa marcada por diversas revoluciones y también para la renovada Compañía, que sufrió diversas expulsiones de los países, que no les permitieron darle el seguimiento adecuados a sus colegios y que impidie-ron una adecuada renovación de la filosofía y pedagogía de la educación jesuíticas. En medio de todas estas turbulencias, los colegios de la SJ comenzaron nuevamente a florecer, especialmente en los países de América, en Asia oriental y en la India. Y ya, en el siglo pasado, posterior a la II Guerra Mundial, se dio un aumento en tamaño y número de las instituciones SJ en todo el mundo. Al final de dicho siglo, el apostolado educativo se extiende a más de 2,000 instituciones de una gran variedad de tipos y niveles. Diez mil jesuitas trabajan en estrecha colaboración con casi cien mil laicos para atender a un millón y medio de jóvenes y adultos en 56 países de todo el mundo.
En la actualidad no podemos hablar de un “sistema unificado” del siglo XVII; sin embargo, muchos principios de la Ratio, conservan actualmente su validez. El currículo y la estructura uniformes han sido renovados en todos los centros educativos del mundo con base en las distintas necesidades de las diferentes culturas y confesiones religiosas y por el perfeccio-namiento de los métodos pedagógicos que varían de una cultura a otra. Esto constituye una aplicación de uno de los aspectos básicos en el modo de proceder de la Compañía de Jesús, el adaptarse a los lugares, a los tiempos y a las personas; sin dejar de lado la búsqueda de la excelencia y la fidelidad creativa.
Todo lo anterior es justo y necesario que lo conozcan los docentes y directivos, para poder entender su mismo quehacer, para tener otros puntos de vista y para que mediante estas 7 En Rusia, la Zarina Catalina II tenía claro levantar a su país mediante la educación y protegió a los jesuitas pidiendo autorización al Papa para regularizar la Compañía en su territorio. De manera que en Rusia nunca desapareció la SJ y se mantuvo en forma de Viceprovincia con 178 miembros y un noviciado de 4 candidatos.
directrices puedan ejecutar su tarea en la misma sintonía con otras instituciones educativas de la SJ de la región, del continente y del mundo.
Al igual que en otros textos de esta colección, al final de cada sección se han incluido ejer-cicios breves de reflexión y de búsqueda de respuestas para trabajarlas entre sus colegas docentes mediante círculos de estudio o en ejercicio individual de aprendizaje y profun-dización. Este trabajo conjunto generará una identidad pertinente en el quehacer educativo de la URL en cada una de las regiones del país.
A este respecto, hacemos acopio de las palabras de Ocampo Flórez (2002: 109)8, cuando señala que al conocer y tener acceso a todo esto... el objetivo final es que pueda colaborar en la transformación de una sociedad más justa, equitativa, sana y avanzada, donde los más desprotegidos tengan el apoyo necesario para lograr una mejor calidad de vida...y los estudiantes sean críticos de una cultura dominante y diferenciar entre lo que está a favor o en contra de la persona, de su dignidad y su desarrollo, que le impide desenvolverse dentro de una sociedad fraternal y justa.
Esperamos que este sea un aporte valioso a la reflexión, la discusión, el trabajo y ante todo, a la apuesta y propuesta por una docencia con identidad y con valores definidos a la luz del Paradigma Ignaciano, que les comprometa a un mejor trabajo por una misión y, por ende, una docencia comprometida por el desarrollo integral de su región y del país.
Armando Najarro Arriola
Director, PROFASR
8 Ocampo Flórez, E. (2002) Fundamentos de la propuesta pedagógica de la Compañía de Jesús. En: Oro-zco, Hosy (compilador). Historia y teoría de la propuesta pedagógica de la Compañía de Jesús. Guatemala: Universidad Rafael Landívar, CAP-PROFASR.
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Identidad
y Valores
Parte uno
í
ndice
La Pedagogía Ignaciana: hoy... 5 Fundamentos de la Propuesta pedagógica de
la Compañía de Jesús... 13
La Pedagogía Ignaciana: hoy
Introducción histórica y pedagógica
1. La crisis de la Ratio Studiorum
La Ratio Studiorum estuvo plenamente vigente hasta la supresión de la Compañía de Jesús en 1773, aunque los colegios de la Rusia Blanca siguieron aplicándola, al continuar abiertos por un acuerdo de Catalina II con el Papa. Después del restablecimiento de la Compañía en 1814, los jesuitas decidieron publicar una nueva edición (1832) sin modificar su estructura, sus principios y metodología. No llegaron a realizar una verdadera adaptación como habían pretendido. Y la Ratio Studiorum fue poco a poco quedando en segundo plano.
Durante los siglos XIX y XX han aparecido sucesivamente nuevas leyes educativas de los Estados, con estructuras y contenidos propios de cada país y un desarrollo cada vez más importante de las ciencias experimentales y positivas. Han surgido nuevos intentos ped-agógicos desde la escuela nueva hasta la enseñanza personalizada y las teorías cognitivas del aprendizaje. Al mismo tiempo, la Compañía afronta nuevos retos apostólicos. No se trata ya de la relación entre fe y humanismo renacentista. El desafío en el siglo XIX ha sido la fe y la razón. En el siglo XX es el diálogo fe-justicia y fe-cultura.
La Ratio Studiorum no podía ser un sistema educativo único para todos los países donde los jesuitas tenían escuelas. Pero éstos, que constituían prácticamente los claustros de los profesores, realizaban por sí mismos la identidad cristiana e ignaciana de los centros. Su objetivo fundamental seguía siendo la formación integral, el enseñar a pensar y el educar a los alumnos para participar constructivamente en la sociedad. Sin embargo, la aceleración de los cambios sociales, las nuevas necesidades educativas y la presencia progresiva de numerosos colaboradores laicos en nuestros centros, exigían nuevos planteamientos en el sistema educativo de la Compañía.
Fernando de la Puente, S.J.
1 Actual Presidente del Consejo Nacional de Educación Jesuita CONEDSI.
2. Recuperación de la tradición educativa jesuita
La Compañía de Jesús, a través del largo y a veces traumático proceso de renovación, em-prendido después del Concilio Vaticano II y de varias Congregaciones Generales propias, se propone afrontar decisivamente la nueva situación, afirmando repetidamente su fidelidad a la herencia ignaciana; hemos recibido una herencia rigurosa que en sus líneas maestras conserva su vigor en la actualidad (Carácter Propio 1.1). En las últimas décadas de este siglo, al acercarse precisamente el IV Centenario de la Ratio, la Compañía decide culminar este proceso produciendo dos documentos de rango universal: Características de la edu-cación de la Compañía de Jesús (1986) y Pedagogía Ignaciana, un planteamiento práctico (1993). ¿Cómo ha sido en líneas generales este itinerario renovador? Se había formulado con insistencia una pregunta clave: ¿tiene la Compañía una identidad educativa específica, un modelo educativo propio ante los métodos pedagógicos modernos y los proyectos edu-cativos dictados por las leyes de los Estados? Su única identidad ¿es solamente la de ser centros confesionales? El Padre Arrupe fue quien impulsó la respuesta y el desarrollo a estas preguntas.
Después de la convulsión del Decreto 4 sobre la Fe y la Justicia de la Congregación General XXXII, que cuestionó duramente la dimensión social y la razón de ser de los colegios, Arrupe lanzó un desafío positivo a los centros en su discurso “Nuestros colegios hoy y mañana”. Los centros educativos merecen la pena; son obras propias y significativas de la Compañía, pero a condición de una identidad clara, una actualización ignaciana de nuestro modo de proceder, una participación de la comunidad educativa que contemple la corresponsabilidad de los laicos y una clara opción social. En septiembre de 1980, con ocasión del Simposio del Sector de Educación, se constituyó la Comisión Internacional para el Apostolado de la Educación de la Compañía (ICAJE) que recogió estos retos y decidió elaborar en profun-didad la respuesta educativa de la Compañía para los tiempos actuales. Este es el origen del documento Características de la Educación de la Compañía de Jesús, fruto de cuatro años de encuentros y consultas realizadas en todo el mundo, coordinados por el entonces Secretario General para la Educación, P. James Sauvè, S. J. No era posible ya dictar un proyecto curricular único para todos los colegios de la Compañía pero había que clarificar, a través de un documento inspirador, nuestras señas de identidad educativa.
3. Principales características
de la educación de la Compañía de Jesús
Características realiza una magnífica conexión entre espiritualidad ignaciana y el modo de proceder en educación. La idea de Dios y de Cristo, como modelo, se relacionan con el crecimiento global de la persona. Los conceptos de magis, discernimiento, excelencia,
comunidad educativa, dimensión social (educar desde la perspectiva de los pobres), son líneas claves de este documento. Sus páginas revelan los rasgos esenciales de la cultura ignaciana.
• La imagen de Dios. Afirma la realidad del mundo y ayuda a la formación total de la
persona dentro de la comunidad humana. Para Ignacio es una imagen transformadora de la sociedad y trascendente de la persona y de la historia (el Reino). La plenitud de la persona viene de algo que se le ha dado gratuitamente: la condición de hijo. La dimensión religiosa impregna toda la educación promoviendo el diálogo entre la fe y la cultura.
• Libertad humana. Ignacio habla de una libertad radical, pues la persona está llamada
a ser libre para trabajar en pro de la felicidad verdadera. De ahí el cuidado e interés individual por cada persona, la importancia de la actividad por parte del alumno y su apertura al crecimiento, a lo largo de la vida.
• Cristo modelo de persona. La visión de Ignacio está centrada en la persona histórica
de Jesucristo, modelo de toda vida humana por su respuesta total al amor del Padre en el servicio a los demás. La educación propone a Cristo como modelo y proporciona una atención pastoral adecuada, que promueve en libertad el conocimiento de su mensaje y la relación personal con el Cristo de la fe, que lleva a realizar gradualmente el com-promiso cristiano.
• La acción. Ignacio pide un compromiso total y activo de los hombres y mujeres, para
imitar más plenamente a Cristo, poniendo en práctica sus ideales en el mundo real de la familia, la profesión, las estructuras sociales y políticas, etc. La educación es una preparación para un compromiso en la vida activa. Sirve a la fe que realiza la justicia y manifiesta una preocupación especial por los pobres.
• En la Iglesia. La respuesta a la llamada de Cristo se realiza para Ignacio en y por
medio de la Iglesia. La educación de la Compañía es un instrumento apostólico, que prepara a los alumnos para una participación activa en la Iglesia y en la comunidad local.
• El magis. La preocupación constante de Ignacio fue el mayor servicio de Dios que en
educación, se traduce por excelencia en la formación; una excelencia que trata de edu-car líderes en el servicio, agentes multiplicadores. Excelencia académica a condición de excelencia humana y cristiana. Y excelencia personal, según las posibilidades y cualidades de cada alumno. Excelencia, diríamos hoy, en la atención a la diversidad. • La comunidad. Desde el principio, Ignacio compartió con otros compañeros su
expe-riencia espiritual y humana. La educación es una misión común basada en la comu-nicación mutua entre los profesores, los directivos, el personal auxiliar, los jesuitas y los laicos. Se comparten los ideales, el proyecto educativo y las responsabilidades de gobierno. Se fomenta el diálogo familia colegio, la participación de los alumnos y una relación creativa y constructiva con los antiguos alumnos. La estructura de la escuela debe facilitar la misión educativa.
• El discernimiento. Ignacio y sus seguidores tomaban decisiones a través de un
pro-ceso de discernimiento personal y comunitario, realizado siempre en un contexto de oración. Los centros de la Compañía deben promover la reflexión y evaluación perma-nentes, en orden a lograr sus finalidades con mayor eficacia, adaptándose a lugares y personas. Para ello se requiere la ayuda en la preparación profesional y la formación permanente, especialmente de los profesores.
Como vemos, Características recoge viva y actualizadamente la herencia ignaciana: la atención personal, la planificación minuciosa, la adaptación flexible, el enseñar a pensar, el cuidado del profesorado, el objetivo de una formación integral de la persona, abierta a la dimensión espiritual de la misma... Esta herencia educativa había permitido afirmar que Ignacio de Loyola y sus seguidores merecían ocupar un puesto entre los grandes autores de la educación universal. No sólo pensaban en la cultura de un hombre idealmente educado, sino en formar al hombre completo, para participar o influir en el ambiente de su época. Características recoge esta herencia y la formula con fuerza y profundidad, atendiendo a las nuevas circunstancias socioculturales y eclesiales. En 1986 se da por terminada la última redacción. El documento se traduce a numerosos idiomas y es magníficamente recibido en todas partes, reforzando el proceso de renovación del Sector.
Pero junto a las alabanzas hubo también reacciones que constituían un nuevo reto. ¿No es esto demasiado idealista y teórico? ¿Cómo traducir en estrategias operativas esta cultura educativa ignaciana? El ICAJE asumió este reto y después de numerosas consultas y deli-beraciones, coordinadas por el Secretario General para la Educación, P. Vincent Duminuco, el actual Superior General, P. Peter Hans Kolvenbach, S.J., pudo aprobar en junio de 1993 el nuevo documento, Pedagogía Ignaciana, un planteamiento práctico.
4. El surgimiento-recuperación del
Paradigma Pedagógico Ignaciano
La Compañía de Jesús, abierta a las modernas pedagogías, siempre había adoptado con sano eclecticismo los métodos y procedimientos más oportunos según las edades, las ma-terias y las etapas educativas, en orden a desarrollar un proyecto educativo cuyo objetivo era enseñar a pensar, no sólo cultural y científicamente, sino humanizadoramente. Pero esta sabia estrategia no constituía, por sí misma, una identidad pedagógica significativa. Era necesario formular un modelo práctico ignaciano, un modo propio de proceder en los procesos de aprendizaje. Se buscaba un paradigma ignaciano que clarifique el proceso de enseñanza-aprendizaje que aborde la relación profesor alumno y que tenga un carácter práctico y aplicable a la clase (Pedagogía Ignaciana, n. 21). La Congregación General 33 (1983) había recomendado que todas las actividades apostólicas y educativas, inspiradas en la tradición ignaciana fueran capaces de transformar el modo habitual de pensar por medio de una constante interrelación de experiencia, reflexión y acción (C.G. 33 Dcr.1 n.
42). A este esquema inicial se añadieron otros dos elementos importantes: el contexto y la evaluación. Son cinco elementos o pasos claves del proceso del aprendizaje y del creci-miento personal:
• El contexto o los diversos entornos de la enseñanza y el aprendizaje: el contexto
socioeconómico y cultural; el clima del Centro; la situación personal, familiar, socio-económica de los miembros de la Comunidad educativa; los conceptos previos, ac-titudes y valores que alumnos y profesores traen consigo al aula y a las actividades formativas; la planificación de los objetivos, metodologías, estrategias, etc., con las que el profesorado prepara dichos procesos. No es posible realizar una verdadera experiencia de aprendizaje sin tener en cuenta estos contextos.
• La experiencia y la reflexión. Es preciso hacer de la enseñanza y la formación una
verdadera experiencia de aprendizaje, donde los alumnos realizan no sólo el acerca-miento cognoscitivo o psicomotriz a la realidad, sino también un acercaacerca-miento afectivo, implicando a la imaginación y el sentimiento. De este modo, el alumno no solamente alcanza el nivel cultural y científico, integrando significativamente lo aprendido en su estructura cognitiva, sino que es capaz de alcanzar una reflexión más profunda, al considerar el significado e importancia humana de lo que está estudiando.
• Acción. Dicha reflexión personal y humanizadora, moverá la voluntad del alumno,
llevándole a realizar acciones interiores, es decir, opciones personales internas hacia valores y actitudes; y a desarrollar también acciones exteriores, compromisos huma-nos, culturales, sociales, etc., coherentes con esas opciones.
• Evaluación. Se trata de una evaluación integral del alumno, que valora no sólo el
dominio cognitivo, sino también el nivel de maduración, la capacidad de reflexión y las actitudes. Asimismo, promueve en los alumnos la capacidad de evaluar sus propios procesos y resultados del aprendizaje, adquiriendo esquemas personales que les pue-den servir en futuras situaciones y circunstancias. Una observación importante. Se considera que este documento, Pedagogía Ignaciana, un modelo práctico, es sola-mente una introducción, un documento abierto que se ha de completar con aplicacio-nes concretas y específicas que faciliten al profesorado el modo de llevar a cabo los diversos pasos de este paradigma. La falta de formulaciones concretas suele ser el mayor obstáculo de toda innovación. Se abre la puerta, por tanto, a la creación de programas de formación del profesorado que proporcionen un conjunto de métodos inspirados en esta pedagogía y que sean los más adecuados a las necesidades de sus alumnos. En consecuencia, se estimula la creación de una red ignaciana de comuni-cación de experiencias e iniciativas tanto en la formación del profesorado como en la creación de materiales prácticos. La red educativa de la Compañía es muy amplia en cantidad y en variedad de centros y contextos. Uno de sus mayores retos es el saber beneficiarse de las intuiciones y sugerencias de esta red.
Por ello comenzó en Villa Cavaletti, en abril de 1993, un taller que reunió a 90 personas de todo el mundo para empezar a diseñar un sistema formativo capaz de desarrollar la teoría y la práctica de este paradigma. El programa IJELP, programa internacional para la formación de líderes educativos de la Compañía, se ha difundido de un modo flexible en las diversas partes del mundo, promoviendo sistemas formativos y elaboración de materiales. Al mismo tiempo, se reanudaban los esfuerzos por conocer profundamente los elementos inspira-dores del documento Características y se promovían en todas partes multitud de iniciativas, talleres, coloquios, jornadas, simposios... en torno a sus líneas iluminadoras.
La Congregación General 34 (1997), en su Decreto sobre la Educación Secundaria, Pri-maria y Popular, afirma que la calidad de la educación ha mejorado de acuerdo con los principios enunciados en los documentos educativos de la Compañía (Características de la Educación y Pedagogía Ignaciana). La cooperación entre jesuitas y laicos ha aumentado considerablemente con la aportación de las características de ambas partes a la formación integral de los alumnos. Y añade que las ideas y prácticas derivadas de estos documentos han de inspirar las declaraciones de principios, orientaciones, programas pedagógicos y todo el medio ambiente escolar.
5. Conclusiones
Ayer fue la Ratio Studiorum. Hoy, las señas de identidad de los centros de la Compañía es-tán formuladas en Características y Pedagogía Ignaciana. La Ratio Studiorum sigue siendo un referente válido porque es un modelo de aplicación genial, a una época determinada, de la gran intuición educativa que había nacido de la IV Parte de las Constituciones. Cuando se le preguntó al P. Kolvenbach cuál era la palabra educativa de la Compañía de Jesús, para el momento presente, respondió: Características y Pedagogía Ignaciana, esa es la nueva
Ratio Studiorum y el proyecto educativo de la Compañía para los tiempos modernos.
El autor G. Higuet, en su obra “The art of teaching” (1984), había dicho: La Compañía de
Jesús ha tenido muchos enemigos, pero ninguno dijo nunca que no sabían enseñar. Quizá
se ha debido esto al genio inspirador que supo plasmarse, adaptado a su época, en la famo-sa Ratio Studiorum. Deseamos también que Características y Pedagogía Ignaciana sean capaces de seguir inspirando, con apertura a los signos de los tiempos, las directrices de la red educativa ignaciana extendida por todo el mundo a través de 1.661 instituciones. Unas instituciones cuyo objetivo último es hoy más que nunca el crecimiento global de la persona según el modelo cristiano de la vida.
No.
1
¿
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Instrucciones: Con base a los conceptos vertidos aquí y la lectura acuciosa que usted realizó, por favor responda las siguientes preguntas.
1. Si cada siglo que inicia presenta desafíos, ¿cuáles son los que en el siglo XXI tenemos frente a nosotros? Le sugerimos consultar los Objetivos del Milenio en línea: http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/
2. ¿Qué supone la enseñanza integral? ¿Qué exige de cada actor involucrado en el sistema educativo universitario?
3. ¿Qué supone el ser constructores de una sociedad más justa, más digna, más humana y más cristiana?
4. ¿Cómo sintetizarían ustedes las Características de la Educación Jesuita con relación a su quehacer docente universitario?
5. ¿Cómo hacer realidad el Paradigma Pedagógico Ignaciano en el quehacer educativo universitario dentro de las aulas?
Fundamentos de la propuesta
pedagógica de la Compañía de Jesús
Esteban Ocampo Flórez
Decano Académico de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Javeriana, Cali, Colombia. Parte de la ponencia del Seminario Taller Internacional sobre la Ratio Studiorum, Universidad Javeriana, Cali, del 7 al 9 de julio 1999.
1. Introducción
Parecería un atrevimiento, pero valdría la pena preguntarnos: ¿existe una Pedagogía Jesuí-tica?; es decir, ¿para alguien que no está comprometido teórica, histórica y afectivamente, es claro que existe en la tradición de la Compañía de Jesús una formulación pedagógica? Digo que esta es una pregunta atrevida pues históricamente ha sido reconocida la influencia que los Jesuitas han tenido en el desarrollo del pensamiento pedagógico durante cuatro siglos1. Lo que quisiéramos asegurar, es que no solamente han hecho un aporte, sino que
han configurado una propuesta que, aparte de su solidez, ha sabido adaptarse desde un comienzo a circunstancias personas y lugares y ha sabido incorporar a su estructura los desarrollos alcanzados por otros pensadores y otras corrientes, tanto de órdenes religio-sas, como de laicos comprometidos con la educación. Porque una de las enseñanzas que podemos derivar de aquellos Jesuitas y Laicos que se han atrevido a formular tal propuesta, es su inmensa capacidad para reconocer que la verdad, o mejor las verdades pedagógicas, no son posesiones exclusivas de una u otra persona o de determinada época y la magia de sus búsquedas no se encuentra solamente en la novedad de sus hallazgos y en la creatividad de sus proposiciones, sino en haber sido (y seguir siendo) capaces de dar un orden, una organización especial a múltiples teorías, ensayos exitosos, recomendaciones y reflexiones surgidas en diversas partes del mundo. Cuando se estudia, por ejemplo, el surgimiento de la Ratio Studiorum, podremos reconocer que en ella se han recogido experiencias de dife-rentes centros de educación, universidades fundamentalmente, y que han sido organizadas siguiendo los criterios de una experiencia espiritual que permite hacer una mirada renovada a las acciones cotidianas de las personas, los grupos y las instituciones.
A pesar de ello y para salir de dudas, usemos los parámetros que han sido definidos por autores distintos a los Jesuitas e intentemos responder a tales formulaciones, para
encon-trar la correspondencia que nos permita hablar de la existencia de una Pedagogía Jesuítica particular, diferenciada de otras tantas que podemos conocer en el amplio espectro que nos ofrece la disciplina pedagógica.
2. Criterios para sustentar una pedagogía
En primer lugar, en toda Propuesta Pedagógica debemos distinguir una clara visión del mundo. En la propuesta jesuítica podemos reconocer que se propone:
• El mundo es una creación de Dios puesta al servicio de todas las personas.
• Considerar el mundo desde una perspectiva positiva. Todo lo creado es bueno y está puesto al servicio de las personas para que alcancen el fin para el cual fueron creadas. • Lo anterior no impide que las personas, por la amorosa libertad que le ha sido
otor-gada, pueda desviarse del plan de Dios y generar tristeza, inequidad, injusticia, para sí mismo, para los demás y para la misma creación; por eso, tener una visión positiva no elimina la posibilidad del pecado personal y social, por el cual tanto las personas, como el mismo mundo pueden ser destruidos.
• En ese mundo todo ha sido pensado para que las personas seamos llamadas a la felicidad. A pesar de las incoherencias que se dan por la realidad antes enunciada, todo está dispuesto para que exista una armonía tal que pueda ayudar a reconocer la posibilidad de acceder a la felicidad para todos en sus encuentros cotidianos con lo creado, los semejantes y el mismo Dios.
• En ese mundo se puede reconocer el Plan de Dios y su presencia Amorosa.
En segundo lugar hay una concepción del ser humano, que en la Pedagogía Jesuítica se considera como:
• Alguien conocido y amado personalmente por Dios.
• Un ser libre, llamado a la libertad y a contribuir a la generación de condiciones para la libertad de todas las personas.
• Alguien inacabado es alguien llamado a construirse permanentemente en compañía de otros.
• Un ser llamado a la perfección, a la búsqueda del magis.
• Poseedor de dignidad, misma que le viene dada por su condición de creatura y, por ello ante los demás, es sujeto de todos los derechos, razón por la cual no puede ser discriminado por ninguna razón.
• Alguien que aspira a ser algo más que una repetición de lo establecido, pues siempre reclama para sí la posibilidad de ser creador de nuevas formas e interacciones. • Una persona que continuamente se pregunta por sí mismo, por los demás y por los
fenómenos que le rodean; es un caminante en búsqueda de la verdad.
• Una persona única, irrepetible, con condiciones particulares que lo hacen singular, razón por la cual debe ser conocido y atendido de acuerdo con estas características.
La tercera condición es la existencia de un conjunto de valores desde los cuales se
orien-tan las intenciones formativas de la propuesta pedagógica. En la Educación Jesuítica se pu-eden reconocer valores como:
• La búsqueda de la dignidad humana y el ordenamiento de las acciones y operaciones que dan cuenta de la propia existencia.
• El amor a Dios a través de la entrega al servicio de los semejantes.
• El desarrollo de las capacidades intelectuales para alcanzar una mejor comprensión del mundo y de los demás.
• La búsqueda de lo bello, de las formas más refinadas de expresión en todos los ámbi-tos comunicativos del ser humano, el cultivo de las artes.
• La creencia profunda en el ser humano, en tanto imagen y semejanza de Dios. • Cuidado especial por la salud, la atención del cuerpo a través de los ejercicios y el
deporte.
• El uso de los bienes materiales tanto en cuanto contribuyan a la obtención de los fines para los cuales han sido creados.
• Defensa de la verdad, la justicia y los derechos humanos.
También debe poseer la propuesta pedagógica una teoría acerca del conocimiento, la
cual puede entenderse en la Educación Jesuítica tal como es expresada en el Paradigma Pedagógico Ignaciano,2 la interacción entre la EXPERIENCIA, REFLEXIÓN y ACCIÓN;
in-teracción que tiene a su vez como condición la Contextualización y como acompañante la Evaluación. El conocimiento para esta propuesta pedagógica no es entonces unicausal par-te de los desarrollos previos y actuales del estudianpar-te, los cuales deben ser dimensionados a través de los procesos mentales superiores y deben ser traducidos en acciones concretas que dan cuenta de los anteriores pasos. Es este un conocimiento profundo, un gustar in-ternamente, un afincamiento de las realidades pasadas, presentes y posibles en la historia misma de quien lo construye, en sus afecciones, sus orientaciones y comprensiones. Es un conocimiento que no se recibe pasivamente, sino mediante la construcción permanente a través de la actividad y dentro de ésta las referidas a la expresión oral y escrita. Es común en las reglas encontrar una permanente alusión no sólo a que los ejercicios y aprendizajes sean graduados a la edad, sino que se hagan múltiples y variados ejercicios para su adquisición y que no sean llevados a la memoria, antes de haber sido comprendidos suficientemente y de haberlos acomodado a las circunstancias y tiempos vividos por los aprendices.3 En
la Propuesta Educativa de los Jesuitas encontramos, entonces, un acercamiento al cono-cimiento que trasciende la erudición, pues es una resignificación del mundo a través de la acción directa de la persona sobre él involucrando su experiencia, su capacidad intelectiva y disponiéndose para dar a tales conocimientos una función social, por medio de la cual se buscaría no sólo la verdad, sino la felicidad de las personas y el hallazgo de formas más dignas de vida para todos.
La otra condición que debe cumplir toda propuesta pedagógica, a la luz de los expertos, es que ésta posea una teoría de la educación, o como dice Moore4 un cuerpo organizado de
conocimientos y recomendaciones dirigido a la práctica educativa. En la teoría Educativa de los Jesuitas encontramos los componentes que se estudiarán a continuación.
3. Componentes de la Teoría Educativa Jesuita
3.1 Su objetivo
Expresado por la Ratio Studiorum, lo encontramos por ejemplo en las Reglas Comunes a todos los Profesores de las Facultades Superiores en su Número 1, así: Diríjase la intención
particular del profesor, tanto en las lecciones cuando se ofrezca ocasión, como fuera de ellas, a mover a sus oyentes al servicio y amor de Dios y de las virtudes, con las que es preciso agradarle; y a que todos sus estudios los enderecen a este fin. De igual manera, en
las Reglas Comunes para los Profesores de las Clases Inferiores, en su Número 1 dice: A
los adolescentes que han sido confiados a la educación de la Compañía, fórmelos el profe-sor de modo que, juntamente con las letras, vayan aprendiendo también las costumbres dignas de un cristiano. Dirija, pues, su especial intención, tanto en las clases cuando se ofreciere ocasión como fuera de ellas, a preparar las tiernas mentes de los adolescentes para el servicio y amor de Dios y de las virtudes, con que se le debe agradar. Y finalmente,
en las Reglas de los Alumnos Externos de la Compañía, también en su Número 1, exhortan:
Entiendan los que frecuentan los centros docentes de la Compañía de Jesús en busca del saber, que, con la ayuda de Dios y en la medida de nuestras fuerzas, nos ocuparemos de su formación en piedad y demás virtudes, no menos que en las artes liberales. En síntesis,
virtud y letras era la consigna presentada hace cuatrocientos años para formar a los jóvenes que accedían a cualquier centro educativo de la Compañía de Jesús. Para ser entendido este objetivo en el contexto en el cual emerge la propuesta, es necesario contextualizarla en el mismo momento en el que se consolidaba un humanismo renacentista que proclamaba el progreso y renovación de la cultura, la búsqueda de nuevas experiencias de vida, conquistas científicas y nuevos proyectos. Frente a este movimiento surge la necesidad de consolidar una Pedagogía propia de la Reforma Católica, a través de la cual se esperaba injertar en la vida cotidiana una visión cristiana, de lo cual surge la búsqueda de una educación personal con intereses profundamente religiosos.5 Está bien que puede nominarse como una Pedagogía
Humanista Cristiana; deja en claro que Dios conduce a las personas a través de los hechos y de las personas que pone en su camino, de tal manera, que no se limita solamente a la apropiación de los conocimientos desarrollados por la cultura, sino que se une a la visión reli-giosa de éstos, en una clara síntesis entre fe y vida y fe y cultura, para lo cual la cercanía entre el educador y sus educandos se convierte en una condición imprescindible.
En momentos más actuales, este Humanismo Cristiano toma un cariz más social, de aper-tura y compromiso con los demás, en especial, con los más necesitados y excluidos de la sociedad, por lo que es renovado este ideal de formación, tal como lo presentó el P. Kolvenbach; Prepósito General de la Compañía de Jesús, así:6 La promoción del desarrollo
con razón el objetivo destacado de la educación de la Compañía. Su finalidad, sin embargo, no ha sido nunca acumular simplemente cantidades de información o incluso preparación para una profesión, aunque éstas sean importantes en sí mismas y útiles para que surjan líderes cristianos. El objetivo último de la educación de la Compañía es, más bien, el crecimiento global de la persona que lleva a la acción, acción inspirada por el Espíritu y la presencia de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Hombre para los demás. Este objetivo orientado a la acción está basado en una comprensión reflexiva y vivificada por la contemplación, e insta a los alumnos al dominio de sí y a la iniciativa, integridad y exactitud. Es éste el espíritu que debe reflejarse en una propuesta Educativa Jesuítica hoy y bien puede verse en ella el legado de sus iniciadores hace ya cuatrocientos años.
3.2 Su ideal de persona
Derivado de lo anterior, se encuentra la explicitación del Ideal de persona que se quiere formar, expresada en lo que aparece en los Planes de las Instituciones como Perfil y que para los tiempos actuales sería mejor llamarlos Competencias, por las implicaciones de uno y otro.7 Para el caso de la Propuesta Educativa son varias las formulaciones que han sido
pro-puestas, atendiendo al principio de personas, tiempos y lugares, pero, en general, podemos decir que estas competencias incluyen:
• Personas que han tomado conciencia de su condición de Hijos de Dios y por ello cons-tructores de vida desde los valores del Evangelio.
• Personas que han descubierto que la consecuencia lógica del Amor que Dios tiene personalmente a cada una de ellas es la Libertad y, por ello, la viven plenamente y la potencian en los demás.
• Personas para los demás: se trata de un compromiso total y activo de la persona por imitar y parecer más actualmente a Cristo Nuestro Señor.
• Personas que están en una permanente búsqueda de la excelencia, tanto en su reali-zación como persona, como en el conocimiento, la acción y el servicio.
• Personas que privilegian el encuentro con los otros, para la construcción de comunidad y convivencia.
• Personas que están abiertas al diálogo, con un profundo respeto por las opiniones ajenas, que buscan la verdad, sin adjudicar a todo el mismo valor de verdad (relativismo), pero sin ser fanáticos en su manera de pensar y obrar.
• Personas que ven en la creación un regalo de Dios y, por ello mismo, se comprometen a amarla y a cuidarla.
• Personas que aprenden a pensar, desarrollando un pensamiento crítico y reflexivo, el cual, unido a la experiencia afectiva y a la acción permanente del Espíritu, le permita no sólo comprender las realidades, sino discernir sobre ellas.
• Lo anterior exige, además, tener un pensamiento propio, fundamentarse en múltiples pers-pectivas, para luego poder presentar un punto de vista personal, fundado en valores cristianos y en el conocimiento de las realidades dentro de las cuales tal pensamiento cobra sentido.
• Personas humanistas que ven en la ciencia una posibilidad para la generación de mejores condiciones de vida para todos.
• Personas que aprenden a aprender y hacen de esta competencia una posibilidad para seguir creciendo a lo largo de toda la vida.
• Personas para las cuales el aprender a ser, no es una frase vacía, sino una condición de su ser personal, con una inmensa potencialidad desde la perspectiva humanística que se ha propuesto.
• Personas que aprenden a hacer; en un hacer con sentido, claramente anclado en el servicio a los demás.
• Personas exquisitas en sus maneras de expresarse. Sencillas pero con gusto, con estética, con armonía.
• Personas comprometidas con los procesos sociales en los cuales está inmerso y de los cuales es producto y productor.
3.3 Su metodología
Una buena teoría educativa no se queda sólo en la enunciación de sus ideales, sino que provee las estrategias y las herramientas de carácter metodológico a partir de las cuales tales sueños pueden hacerse realidad. En este aspecto es en el que podemos encontrar una de las mayores riquezas en los esfuerzos desarrollados por los pioneros de la Pedagogía fundamentada en la Experiencia Espiritual de Ignacio de Loyola, en su propia vida, en la vida comunitaria de aquellos Amigos en el Señor que lograron no sólo hacer de sus ideas una forma de vida, sino un legado para la humanidad, expresado en sus Constituciones y, para nuestro caso, en su Parte Cuarta. La Ratio Studiorum da cuenta precisamente de una meto-dología que combina sabiamente los niveles Religioso, Humano e Intelectual.8 El primero de
ellos proporciona el clima, la motivación y la orientación para el aprendizaje; el segundo las disposiciones y actitudes de mente, voluntad y sentimiento y el tercero se constituye en la disponibilidad para resignificar las realidades y los fenómenos para comprenderlos. En esta perspectiva emerge una propuesta didáctica ampliamente comentada a lo largo de estos días. En ella se reconocen tres momentos especiales: uno centrado más en el profesor, llamado la Prelección; otro centrado en el estudiante llamado la repetición múltiple y luego una aplicación en la que se da un encuentro para el apoyo, la orientación y el intercambio estudiante profesor y estudiante-estudiante. Unidad, integración orden, ciclicidad, gradación, actividad, interac-ción y expresión,9 son principios que podemos distinguir en la Pedagogía Jesuítica. Algunos
podrán preguntar: ¿dónde se encuentra la originalidad de esta propuesta desarrollada hace cuatrocientos años y de sus nuevas versiones incluso cuando en la presentación del Para-digma Pedagógico Ignaciano, sus mentores hacen alusión a que es ésta una metodología ecléctica?10 Pues bien, seguramente que hacer alusión a que en la metodología propuesta
por los Jesuitas antes y ahora no hay nada original, es una falta de justicia con la capacidad de estas personas para combinar los conocimientos de cada época, con los fines que desean alcanzar a través de la educación, los cuales se han visto reflejados tanto en sus previsiones a manera de reglas en torno a la forma de enfrentar el conocimiento, como en los sistemas pedagógicos más elaborados con que contamos en la actualidad, como es el caso de la Educación Personalizada. Sin embargo, también podemos afirmar con Carmen Labrador11
el éxito de un método no reside en su mera formulación, sino en saber hacerlo propio, en-carnarlo en un espíritu y aplicarlo con sabia prudencia. Allí está el aporte; lo novedoso no se encuentra tanto en los elementos como en el sistema que logran construir. Esto quizás es lo que ha llevado a Charmot12 a decir que efectivamente hay una novedad en la propuesta
jesuítica, pues han sabido aprovechar la prelección, para los estudiantes:
• bajo las palabras que busquen el pensamiento; así reacciona contra el memorismo; • bajo la idea, la realidad que significa; así reacciona contra la abstracción;
• bajo la realidad, las esencias; así reacciona contra el empirismo y comienza a captar la importancia y el esplendor de los valores ideales;
• bajo las esencias, las múltiples relaciones entre los objetos y las ideas; así reacciona con-tra los abusos de la especialización y se inicia a la cultura general;
• bajo estas mismas relaciones, adivina todo un mundo de maravillas que parece unifi-carse y armonizarse partiendo de un centro único y absoluto que es Dios mismo; así reacciona contra el superficialismo literario.
3.4 Sus contenidos y experiencias educativas
Además de contar con un método, dicen los autores,13 la propuesta debe indicar cuáles son
los contenidos y las experiencias educativas que deben ser puestas a disposición de los maestros y los discípulos para que, mediante el empleo del método descrito, puedan alcan-zar los objetivos que se han propuesto. En la Ratio Studiorum de 1599 se deja en claro que las instituciones deben organizar por lo menos tres ciclos: uno de formación lingüística, otro filosófico y uno más de carácter teológico. En la actualidad estos contenidos se encuentran determinados más por las legislaciones que los países hacen en busca de las llamadas identidades nacionales, pero esto no ha impedido que en la propuesta Jesuítica se conser-ven algunos rasgos de aquella primera formulación de 1599:
• Un privilegio especial por las humanidades. A pesar de la fuerte presión que exige la modernización, la tecnología y los requerimientos de competitividad que jalonan la educación en nuestro tiempo, se conserva una preocupación por mantener en los conteni-dos de escuelas, colegios y universidades una franja importante de reflexiones académicas orientadas al cultivo de las humanidades, se organizan programas y actividades ten-dientes a la formación humana de niños, jóvenes y adultos y se atiende, de manera es-pecial, a la comprensión de que en últimas no existen materias de estudio humanísticas o no humanísticas, sino miradas y tratamientos más inclinados a lo uno o a lo otro y que por esto mismo se pueda humanizar a partir de cualquiera de ellas.
• Un acercamiento a los conocimientos científicos a través de la inclusión en sus planes y programas de contenidos propios de estos desarrollos y de la constante prepara-ción de los profesores de quienes se exige, desde los mismos comienzos, que sean expertos, no sólo en las áreas que enseñan, sino en las formas de hacerlo. Para eso, desde antes de 1599 se habían instituido las Academias de profesores14 pues además
se pedía que los profesores sean doctos, diligentes y asiduos y tomen con empeño el adelanto de los estudiantes, así en las lecciones como en otros ejercicios literarios.15
• Una permanente evangelización haciendo una clara síntesis entre fe y vida, fe y cultura y fe y ciencia. Es esta una permanente formación en los principios y valores cristianos, unas veces a la manera de clases (tal como se presenta en la Ratio o en los programas de las primarias, las secundarias y algunas universidades), otras de forma explícita a través de las acciones pastorales y otras encaminadas a la formación integral de los estudiantes.
En cuanto a las experiencias educativas, insiste la pedagogía jesuítica en elementos como: • La participación del estudiante en todo su proceso. En las reglas 4 a la 10 del Profesor
de Casos de Conciencia, aparecen los pasos que se debían seguir para el desarrollo de las temáticas.
• El contacto directo con las fuentes, con los autores más reconocidos (ver por ejemplo las recomendaciones en torno a los clásicos que debían ser abordados a lo largo de la formación) y con aquello que marca el punto más alto (tanto en las ciencias, como en el arte, la poesía, el drama, la historia, la matemática, etc.).
• Una interacción constante con la realidad, de tal manera que nada de lo que suceda alrededor, en la vida misma de los estudiantes, quede excluido de las constantes re-flexiones en el aula de clase y que los conocimientos adquiridos o construidos de alguna manera hagan referencia a aquella y den cuenta de sus contradicciones y posi-bilidades con el fin de aportar a sus urgencias.
• La facilitación de experiencias que permitan afectar no sólo los sentidos, sino los sen-timientos y la razón. Se trata de incidir en el ser humano total: alma, mente y corazón.
3.5 Sus ritmos o niveles de enseñanza
Debe ser definido también a qué ritmos o niveles se llevará el proceso formativo. Acá podemos indicar que esta exigencia abarca dos aspectos:
• Por un lado, lo que se refiere a la persona misma del estudiante, del cual se ha dicho se quiere abarcar la totalidad de sus dimensiones y posibilidades. El proceso formativo de las Instituciones de la Compañía de Jesús no dejan de lado ninguna de las esferas del desarrollo humano: desde la biológica, hasta la trascendente, pasando por las di-versas manifestaciones de éstas de acuerdo a los contextos de la vida cotidiana en los cuales se desempeña.
• Por el otro, se puede referir a los grados a los cuales se atenderá a lo largo del pro-ceso de formación. En los primeros años de la puesta en marcha de esta propuesta educativa, se recibía a los estudiantes (como era acostumbrado en la época), desde los 14 años y no mayores de 23; por suerte, hoy esta propuesta puede ser disfrutada por los estudiantes desde el nivel pre-escolar hasta el doctorado e incluso más allá con la puesta en marcha de procesos de formación continuada sobre todo en las Universi-dades. En sus comienzos, la Ratio proponía tres ciclos: el primero llamado de estudios inferiores abarcaba cinco años para tres cursos: Gramática, Humanidades y Retórica.
El segundo y tercer ciclos, llamados estudios superiores. En el segundo se orientaba a la filosofía (tres años entre lógica y matemática, física y ética y psicología, metafísica y matemática superior). El tercer ciclo, dedicado a la teología, se desarrollaba a lo largo de cuatro años. Se encontraban además definidos los tiempos de estudio, atendiendo a las festividades religiosas y a las estaciones. Algo digno de resaltarse en esta or-ganización es la constante alusión a la posibilidad que tienen los estudiantes de ser promovidos antes de la culminación de los cursos (fundamentalmente al terminar un semestre) de acuerdo a sus capacidades,16 con relativa facilidad en los ciclos uno y dos
y, con menos frecuencia, para el tercero de ellos. Para hoy, han variado por supuesto las materias de estudio para cada uno de los ciclos, no sólo por el desarrollo de las distintas ciencias, sino por las intencionalidades de la educación Jesuítica actual y por los objetivos que tienen los estudiantes que asisten a nuestras aulas en las escuelas, colegios y universidades. En el momento en que se formula la Ratio, un buen número de los estudiantes seguían su formación para la vida religiosa y debían cursar todas las materias (y algunas adicionales según sus capacidades e inclinaciones), otros tantos continuaban su vida laical y, por ello, no concluían los cuatro años de teología propios del tercer ciclo. Lo que permanece de todo ello es la consideración de:
- Como ya se enunció, un privilegio por las asignaturas de carácter humanístico. - El ofrecimiento de mínimo tres ciclos en la formación: primaria, secundaria y
universi-taria.
- Cuando sólo se atiende a la universitaria, casi todos los planes procuran guardar una organización en las que se puedan referir tres ciclos en cada una de las carreras: uno básico, otro de profesionalización y uno tercero de especialización.
En cuanto a la promoción flexible empleada por los Jesuitas en 1599 y antes, sólo hasta la última década ha sido retomada de una manera más seria, con respaldo especial otorgado por las legislaciones, en particular en nuestro país, diferenciándose claramente esta opción entre la primaria, la secundaria y la universidad. En la primera de ellas es más frecuente que se presente este tipo de práctica, en tanto que en el bachillerato y en la universidad no es tan usual que se dé, excepto para estudiantes realmente excepcionales que toman la iniciativa de hacer tal solicitud, pues sus maestros rara vez los proponen para tales estímulos. Uno de los más usuales reconocimientos que recibe hoy un estudiante aventajado, especialmente en la universidad, es nombrarlo como monitor, cargo equivalente al que en la Ratio encontramos con el nombre de bedel o decurión; por supuesto, guardadas las proporciones.
3.6 Los directores del proceso
Por último, debe indicarse en tal Propuesta Pedagógica quién dirige el proceso y quién es el centro del mismo. Pienso que en esto hay una verdadera enseñanza de los Jesuitas desde el comienzo mismo de su acción como formadores. Al revisar la Ratio y al ponernos en tiempo presente, se diferencia que para los Jesuitas de antes y de ahora, quien dirige el proceso de formación, de enseñar y de aprender son todos aquellos que fungen como educadores, pero no de manera aislada, sino considerando:
• Que las decisiones en torno a los procesos formativos, organización y gestión de los mismos, se hace en forma cooperada. Si todos los maestros son jesuitas, en sus co-munidades bajo el liderazgo de los superiores y con la orientación del Evangelio. Si son Laicos a través de los Comités y Consejos. Y si se trata, como hoy, Jesuitas y Laicos llamados a un mismo apostolado, se decide a través del encuentro de todos, mediados por el discernimiento. Para quienes escribieron la Ratio Studiorum es muy claro que las intencionalidades de formación no se pueden delegar, se pueden consultar, discutir analizar, ponderar, pero no delegar. Esta afirmación que hoy pudiera causar un cierto escozor en quienes estamos convencidos de que cada vez más, para la construcción de un nuevo país, necesitamos que los estudiantes, sus familias y la sociedad en gene-ral incidan efectivamente en la formulación de las metas y en las maneras de facilitar los procesos de formación de niños y jóvenes. En verdad éstos deben convertirse en los referentes acerca de cuáles son los niveles y espacios de participación, con el fin de hacer posibles los acuerdos y de no desvirtuar la esencia de la propuesta educa-tiva, que como la Jesuita, va más allá de responder a las demandas de una sociedad a veces cegada por la indolencia o por el atropello, a veces con más deseos de saber y poseer y que de sentir y compartir. No podemos olvidar que ahora, como antes, la Educación de la Compañía de Jesús es un instrumento apostólico puesto al servicio de la Iglesia, la promoción del Evangelio y la formación de profesionales cristianos comprometidos con las demandas que nos hace diariamente la situación de injusticia vivida en nuestros países.
• Lo segundo es el reconocimiento de que el Centro de todo este proceso es definitiva-mente el estudiante. Desde los mismos Ejercicios, pasando por la Parte Cuarta, la Ratio en todas sus versiones, las Características de la Educación de la Compañía de Jesús, hasta el Paradigma Pedagógico Ignaciano y todas las formas metodológicas y didácti-cas que se han adoptado (desde el Método Unitario de la Universidad de París, hasta la Educación Personalizada del P. Faure), han tenido claro que no tiene ningún sentido un proceso educativo cuyo centro no sea el estudiante; esto es, que tanto los cursos, como sus niveles y reglas, los recursos empleados, sus desarrollos, los ambientes, todo se piense en función del estudiante. Por eso sus métodos siempre han estado orientados al aprender a aprender y aprender a pensar. En los ejercicios se busca dotar al ejercitante de los instrumentos para que pueda adentrarse en la oración, a su manera, desde su propia historia; en la Ratio se busca mostrar al estudiante caminos para que pueda hacer su construcción de una manera fundamentada y seria, en las prácticas más actuales todas nuestras instituciones han puesto en primerísimo lugar de exigencia para los docentes en su enseñanza y para los estudiantes en su apren-dizaje, estas dos competencias: aprender a pensar y aprender a aprender, pues sin ellas el estudiante no podrá ser actor principal de su proceso y encargo de ser cada vez más persona.
Hasta el momento he intentado demostrar, con las categorías empleadas por los estudiosos de la pedagogía17 que efectivamente podemos afirmar la existencia de una PROPUESTA
No.
2
¿
PEDAGÓGICA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS que puede ser sometida a la criba episte-mológica, pedagógica y teórica, a pesar de que la intención de los redactores, al formular su sistema educativo en 1599, no hubiese sido esa.
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Instrucciones: Con base a los conceptos vertidos aquí y la lectura acuciosa que usted realizó, por favor responda las siguientes preguntas.
1. ¿Cuáles podrían ser las acciones docentes más plausibles para promover la construcción y visión de un mundo con sello ignaciano?
2. ¿Qué acciones educativas ejerce usted para concebir al ser humano desde la Pedagogía Jesuita?
3. ¿Qué valores se proponen desde la Pedagogía Jesuita? ¿Deberían de tener un orden de enseñanza y de aprendizaje? ¿Cuál? ¿Cómo los enseñaría desde su asignatura?
4. Con base a los componentes de la Teoría Educativa Jesuita, por favor explique cómo hace usted para transmitir la filosofía que la sustenta.
5. ¿Qué es un director de proceso? ¿Puede usted serlo? ¿Cómo?
6. ¿Qué estrategias podríamos diseñar para evaluar los logros de todos los actores con relación al ideal de persona que se muestra en este tema?
1 Véase por ejemplo Charmot, F. (1952). La pedagogía de los Jesuitas. Madrid: Sapientia y Luzuriaga, L. (1981).
Historia de la Educación y de la Pedagogía. Buenos Aires: Losada
2 ACODESI. (1995) Pedagogía Ignaciana: un planteamiento práctico. Santafe de Bogotá.
3 En la Ratio Studiorum, ver por ejemplo las Reglas para el Profesor de Humanidades, en particular el número 1; en la
Reglas para el Profesor de Retórica, los números 5 y 7.
4 Moore T. W. Educational Theory. An introduction. En: Meneses, E. (1988). El Código Educativo de la Compañía de
Jesús. Universidad Iberoamericana, México. p. 58.
5 Labrador, C. Estudio Histórico-Pedagógico. En: Gil, E. y otros. (1992). El Sistema Educativo de la Compañía de
Jesús: La Ratio Studiorum. Madrid: Universidad Pontificia de Comillas.
6 Kolvenbach, S.J. P. Discurso en la Universidad de Georgetown, 7 de julio de 1989.
7 En general, se consideran los perfiles como formulaciones más estáticas y algorítmicas, en tanto que las
competen-cias se presentan más dinámicas y comprensivas.
8 Labrador, C. op.cit. p. 28. 9 Idem. p. 50.
10 Ver Pedagogía Ignaciana: un planteamiento práctico. Notas introductorias, N° 7. 11 Labrador, C. op. cit., p. 27.
12 Charmot, F. La pedagogía de los Jesuitas. En: Bertrán-Quera, S. J. M. (1984). La pedagogía de los Jesuitas en la
Ratio Studiorum. San Cristóbal - Caracas: Universidad Católica del Táchira - Universidad Católica Andrés Bello.
13 Por ejemplo Flórez, R. (1994). Hacia una Pedagogía del Conocimiento. Santafe de Bogotá: Mc.Graw Hill. 14 Ratio Studiorum, Reglas del Rector, N° 9.
15 Reglas del Prepósito Provincial N° 4.
16 Véanse por ejemplo Reglas del Prefecto de los Estudios Inferiores, N° 13.
17 Ver por ejemplo las propuestas por Flórez, R. en su libro Hacia una Pedagogía del Conocimiento. Mc Graw Hill,