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Arteterapia (Marinovic y Reyes)

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arteterapia

REFLEXIONES Y EXPERIENCIAS PARA UN CAMPO PROFESIONAL

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Este libro contó con el patrocinio y auspicio del Departamento de Teoría de las Artes y del programa de Magíster en Teoría e Historia del Arte

(Escuela de Posgrado)

arteterapia

REFLEXIONES Y EXPERIENCIAS

PARA UN CAMPO PROFESIONAL

Editoras

Mimí Marinovic

Pamela Reyes

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arteterapia

Reflexiones y experiencias para un campo profesional © SMimí Marinovic, Pamela Reyes

© Facultad de Artes, Universidad de Chile. © Escuela de Postgrado

FACULTAD DE ARTES, UNIvERSIDAD DE CHILE Decana: Clara Luz Cárdenas

Director del Departamento: Jaime Cordero G. Director: Francisco Brugnoli

Subdirector: Pablo Oyarzún Secretario de Redacción y Editor: Jaime Cordero Agradecimientos: Transcripción de textos: Clara Huapaya Olivia Bloomfield Inscripción N.º: 208846 ISBN: 978-956-19-0751-5 Santiago de Chile, 2011

Diseño de portada e interiores : virginia Mundo

Esta edición se terminó de imprimir en … de 2011, en Maval, Santiago de Chile. Derechos exclusivos reservados para todos los países. Prohibida su reproducción total o parcial, para uso privado o colectivo, en cualquier medio impreso o electrónico, de acuerdo a las leyes Nº17.336 y 18.443 de 1985 (Propiedad intelectual). Impreso en Chile/Printed in Chile

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ÍNDICE

Presentación

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Editoras

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Autores que participan en esta edición

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A propósito del II Congreso Latinoamericano de Arteterapia

Mimí Marinovic 15

La dimensión humana del Congreso 15

Fundamentos del primer programa universitario

en Arteterapia en Chile 16

El valor de los estudios visuales: el aporte de las

neurociencias y el mundo del arte. 18

Importancia de la investigación para el reconocimiento

de las terapias de artes 20

De los problemas de una investigación

basada en la evidencia al trabajo comunitario 22

Referencias 25

Retórica, Realidad y Pluralismo.

El rol de la investigación en el reconocimiento

y desarrollo actual del Arteterapia

andrea Gilroy 27

Introducción 27

Establecimiento del Arteterapia 27

Espacio, Lugar y Diferencias 29

Práctica Basada en la Evidencia (PBE). 30

Poder, Política y voz 31

(6)

Arteterapia y cáncer 34 Arteterapia con personas diagnosticadas como esquizofrénicas 35

Pluralismo y normas 39

Referencias 42

Arteterapia. Integraciones con una clinica

psicoanalitica transdisciplinaria

Hector Fiorini 47

Una mirada desde la Salud Pública

Reflexiones en torno al trabajo de

Andrea Gilroy y Héctor Fiorini

rubén alvarado 55

Testimonio creativo de nuestro tiempo:

Arteterapia y acción social comunitaria

Lynn Kapitan 61

Introducción 62

Historia del Arteterapia en la Comunidad 63

La acción social generada por las intervenciones

en crisis a nivel mundial 65

Un modelo nicaragüense de arteterapia en la comunidad 66 Evaluación de las Intervenciones de Arteterapia Comunitaria 68

Referencias 71

Diálogos entre Norte y Sur.

Compartiendo experiencias sobre arteterapia comunitaria

Selma Ciornai 73

Arteterapia un enfoque psicosocial

Margaret Hills de Zárate 79

El Profesional Reflexivo 80 Orientación Terapéutica 81 Respuesta Negativa 83 Respuesta Positiva 83 Respuesta Neutra 85 Referencias 91

El Asombro como puente entre la salud y la poesía.

Una propuesta de promoción de la salud integral

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PRESENTACIóN

El propósito de este libro es entregar a la comunidad interesada una visión

amplia de lo que es y puede llegar a ser el campo profesional del Arteterapia. No

podemos desconocer que el desarrollo de lo que llamamos internacionalmente

Arteterapia se inicia principalmente en países de Europa y Estados Unidos,

teniendo estos países distintos avances en su profesionalización, enfoques y

énfasis. Sin embargo, tampoco podemos desconocer los aportes que

múlti-ples educadores de arte, profesionales de la salud y las ciencias sociales hacen

y han hecho al campo de la aplicación de los recursos artísticos en diversos

sectores vulnerables en nuestro país. Desde nuestra visión como Programa de

Especialización en Terapias de Arte: mención Arteterapia, lo que caracteriza a

un especialista en esta área es su perspectiva para contextualizar, y reflexionar

acerca de estos recursos plástico-visuales así como el desarrollo de habilidades

relacionales de carácter terapéutico que permiten sostener y favorecer a través de

estos medios el proceso creador de grupos humanos diversos. En este sentido,

compartimos con la educación artística los objetivos de transversalidad,

compar-timos con los profesionales de la salud los objetivos de promoción, prevención,

tratamiento y rehabilitación. Nos inspiran y fundamentan los cambios en el

arte, sus diversas tendencias y visión estética. Es sabido, que el origen de este

campo profesional en los años cincuenta se encuentra fuertemente influido por

el pensamiento moderno, en donde la mirada expresionista del arte fundamenta

la comprensión hacia el proceso creador y las imágenes internas que emergen.

Sabemos también que al menos 30 años separan el reconocimiento del arte

como un medio terapéutico de su declaración como profesión tanto en Europa

como en Estados Unidos. En este sentido, este libro lo consideramos como un

primer paso en la delimitación de este campo de especialización profesional.

Lo hacemos desde la producción de conocimiento y debate teórico y científico

que caracteriza al mundo académico. Como primera versión de una serie de

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8 ARTETERAPIA

ediciones que estamos esperanzados en desarrollar, este libro recoge algunas

de las reflexiones y diálogos que diversos invitados nacionales e internacionales

hicieran al Segundo Congreso Latinoamericano de Arteterapia realizado en

agosto del 2009 en Santiago de Chile. Desde distintas experiencias, enfoques

teóricos y prácticas, cada uno de estos conferencistas da cuenta del modo en

que desde su visión y contexto particular se fundamentan y entienden prácticas

y desarrollos en terapia artística. Esperamos que su circulación contribuya al

desarrollo de un pensamiento crítico e integrado en las aplicaciones terapéuticas

de la práctica artística y el rol social del arte de modo de mejorar la calidad y

especificidad de estas intervenciones enriqueciendo el desarrollo de diversos

grupos humanos y comunidades en nuestro país.

Pamela Reyes H.

Coordinadora Programa de Especialización en Terapias de Artes: mención Artete-rapia. Escuela de Postgrado. Facultad de Artes, Universidad de Chile.

Coordinadora Comité Científico, II Congreso Latinoamericano de Arteterapia, Santiago de Chile 2009.

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EDITORAS

Pamela Reyes H.

Psicóloga y Máster en Arteterapia por la Universidad de Barcelona. Estudios de Postgrado en Creatividad y Psicodrama. Egresada del Magíster de Teoría e historia del arte de la Universidad de Chile. Investigadora y docente en diversas Universidades. Destacan sus investigaciones en el campo de la aplicación de la terapia artística con Trastornos Mentales Severos, así como su interés por las relaciones entre arte, salud y comunidad. Actualmente Coordina el Programa de Especialización en Terapias de Arte: mención Arteterapia de la Universidad de Chile.

Mimí Marinovic

Profesora Titular de Psicología de las Artes, Universidad de Chile y

Pon-tificia Universidad Católica de Chile. Pionera en la implementación de

progra-mas en terapias de arte en salud pública en nuestro país. Su investigación ha

aportado al estudio de la personalidad nacional a través del arte y los artistas;

las características de los intérpretes de arte en la música y las artes escénicas; la

ansiedad escénica; el papel de los sueños en la creatividad y producción pictórica

de artistas visuales. Fundadora del Programa de Especialización en Terapias

de Arte de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

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AUTORES qUE PARTICIPAN EN ESTA EDICIóN

Rubén Alvarado

Medico - psiquiatra, Magister en Salud Pública por la Universidad de Chile, PhD en Psiquiatría Comunitaria, Universidad de Granada, España. Profesor de la Escuela de Salud Pública, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Coordinador de Postgrado y Jefe de la Dirección UTIE de esta misma Universidad. Concentra su actividad académica, como docente e investigador en las áreas de Salud Mental y en Epidemiología Social. Destacan su interés por el estudio en los factores psicosociales en los ambientes laborales y riesgos para el desarrollo de trastornos mentales, primer episodio de psicosis y elaboración y validación de instrumentos de uso en salud pública. Ha publicado diversos artículos en múltiples revistas de circulación científica.

Selma Ciornai

PhD en Psicología Clínica, Saybrook Institute, EEUU. Master en Arte Terapia,

Universidad de California. Arteterapeuta acreditada por la American Art Therapy

Association y terapeuta gestáltica por más de 20 años. Fundadora y coordinadora

académica del Curso de Especialización en Arteterapia del Instituto Sedes Sapientiae,

São Paulo. Co-fundadora del Instituto Gestalt de São Paulo. Editora y coordinadora

de la serie Percursos en Arte Terapia de la Editorial Summus. Pionera en Brasil en la introducción del abordaje gestáltico en Arteterapia. Miembro del Consejo Director de la Asociación de Arteterapia del Estado de São Paulo y de la Unión Brasileña de Asociaciones de Arteterapia.

Héctor Fiorini

Médico psiquiatra y psicoanalista. Profesor regular asociado de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, a cargo de la cátedra de „Clínica

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Psi-12 ARTETERAPIA

cológica y Psicoterapias“. Director General del Centro de Estudios en Psicoterapias, institución de asistencia y formación de posgrado. Profesor adjunto de la Universidad de Belgrano en la cátedra de Métodos y Técnicas Psicoterapéuticas. Profesor invitado en la Universidad Complutense, la Universidad Católica de Porto Alegre, el Instituto de Psicoanálisis de New York, la Universidad de Salamanca, y la Universidad de Cambridge, entre otras. Entre sus libros destaca “El Psiquismo Creador” publicado en español e inglés.

Andrea Gilroy

Arteterapeuta. PhD en Art Psychotherapy, Universidad de Londres. Coordina-dora, educadora e investigadora del Programa de Doctorado del Goldsmiths College de la misma universidad, donde ha trabajado por más de treinta años. Ha contribuido al desarrollo del arteterapia en Australia como profesora invitada en la Universidad de Western Sidney. Sus publicaciones incluyen múltiples participaciones como edito-ra y co-editoedito-ra. Destacan sus tedito-rabajos de investigación sobre la teoría y práctica del arteterapia, la evaluación y el impacto del arteterapia en diversos grupos y contextos terapéuticos y su interés en la interfase entre las teorías y las prácticas de la cultura visual y las artes visuales.

Margaret Hills De Zárate

Arteterapeuta. PhD en Art Psychotherapy , Goldsmith College, Universidad de Londres. Coordinadora del Master en Arteterapia, Queen Margaret School, Univer-sidad de Edimburgo. Examinadora externa del Master en Arte Terapia, UniverUniver-sidad de Londres, la Universidad de Hertfordshire y la Leeds Metropolitan University. Pro-fesora Invitada en la Universidad de Barcelona, Universidad Javeriana de Colombia y la Universidad de Chile. Se especializa en temáticas vinculadas al arteterapia en contextos de vulnerabilidad política y social.

Lynn Kapitan

Arteterapeuta. PhD en Arteterapia y Liderazgo en The Union Institute and

University, EEUU. Master en Terapias Creativas en el Pratt Institute. Profesora,

fun-dadora y ex directora del Programa de Master en Arteterapia en Mount Mary College,

Milwake, Wisconsin, EEUU. Presidenta de la división de Arte y Diseño en la misma

Universidad. Profesora del Postgrado en Arteterapia en el Mount Mary College. Ex presidenta electa de la Asociación Americana de Arteterapia (AATA) y editora de Art

Therapy, Journal of the American Art Therapy Association. Consultora de Arteterapia

para la Organización Cantera (Centro para la Educación Comunitaria en Nicaragua) y Perú. Es autora de diversos artículos y de los libros “Re-Enchanting Art Therapy:

Transformational Practices for Restoring Creative Vitality” y “An Introduction to Art Therapy Research”.

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AUTORES

13 Mimí Marinovic

Profesora Titular de Psicología de las Artes, Universidad de Chile y Pontificia Universidad Católica de Chile. Considerada pionera en arteterapia y otras terapias de artes por su labor en el primer Servicio de Medicina Psicosomática y de Psiquiatría Social del Hospital Salvador (1955-80). Profesora de Psicología General, Facultad de Medicina, Universidad de Chile. Su investigación ha aportado al estudio de la personalidad nacional a través del arte y los artistas; las características de los intér-pretes de arte en la música y las artes escénicas; la ansiedad escénica; el papel de los sueños en la creatividad y producción pictórica de artistas visuales. Creó en 1999 el Programa de Postítulo en Terapias de Artes en la Universidad de Chile, menciones en Musicoterapia y Arte Terapia y fue su coordinadora hasta 2004. Autora de libros y artículos sobre su especialidad. Miembro de la American Art Therapy Association desde 1983 y de la Association Internationale des Critiques d‘Art. vicepresidenta de la

Société Internationale de Psychopathologie de l’Expression et d’Art Thérapie.

Luis Weinstein

Médico psiquiatra, especialista en salud pública y antropología médica.

Fue profesor en la Universidad de Chile y coordinador del Centro de

Antropo-logía Médico-Social hasta 1973. Ha participado como educador comunitario

en Chile y el extranjero. Es además, ensayista y poeta. Sus ideas giran en torno

a la integración entre lo espiritual y lo social en base a una noción amplia de

salud, que incluye el asombro existencial y la dimensión poética de la vida. En

la actualidad coopera con diversas Universidades, Redes y Organizaciones no

Gubernamentales. Coordina el Centro Las Coincidencias de Isla Negra (Chile)

y el programa de formación del Centro de Estudios de la Calidad de vida del

antiguo Hospital San José. Entre sus últimos libros destacan “Hacia el Homo

Sapiens” y “Palabras Amigas”. En 2005 fue distinguido por la Federación

Mundial de Médicos como uno de los cinco médicos latinoamericanos que

mejor reflejan la convergencia ética, el cuidado y la ciencia.

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A PROPóSITO DEL II CONGRESO LATINOAMERICANO DE ARTETERAPIA

Mimí Marinovic

La dimensión humana del Congreso

Las palabras son insuficientes para describir el entusiasmo de quienes asistieron al II Congreso Latinoamericano de Arteterapia y III del Mercosur, organizado por el Programa de Especialización de Postgrado en Arteterapia de la Universidad de Chile y la Asociación Chilena de Arteterapia. La activa participación de numerosos arteterapeutas y otros profesionales —como igualmente estudiantes—, en las muy interesantes conferencias, mesas redondas, presentaciones, talleres y debates, concluyó en una manifestación espontánea de alegría al cierre de una jornada positiva y esperanzadora para el futuro del arteterapia en nuestros países.

Tal como se expuso en la convocatoria, la motivación básica del Congreso fue la necesidad de dar desarrollo y profundizar en el conocimiento de los fundamentos, las experiencias y la investigación en arteterapia en diversos contextos y distintas poblaciones con la perspectiva interdisciplinaria que caracteriza su abordaje teórico y práctico. De acuerdo a los ejes temáticos propuestos, las numerosas ponencias trataron de las conexiones entre el arteterapia y la salud mental, la medicina, la educación y la comunidad.

Como fundadora del primer programa de formación de terapeutas de artes en Chile y sus menciones en Musicoterapia y Arteterapia, su realización significó algo muy especial para mí. Estoy segura que éste fue un sentimiento compartido con quienes durante años nos comunicamos, primero, por correo postal y después por el electrónico con el fin de impulsar el arteterapia en los países de habla hispana.

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16 ARTETERAPIA

Para no retroceder en mis recuerdos más allá de la última década, deseo men-cionar el Congreso realizado el año 2000 en la Universidad Federal de Goiás en Brasil, en el cual participé por Chile, junto con representantes de ese país, como Selma Ciornai, Ana Cláudia valladares y Angela Philippini; asimismo, de Marcelo González Magnasco y Adriana Farías de Argentina. En esa oportunidad se adoptó el acuerdo de organizar el Primer Congreso Latinoamericano, cuya realización tomó algún tiempo, pero finalmente prosperó. De allí que nuestros agradecimientos estén dirigidos a numerosas personas, colegas e instituciones que hicieron posible la con-creción de lo que aspirábamos desde hace varios años.

Esto no habría sido posible sin la cooperación internacional y los vínculos con representantes de otros continentes. Por eso creo necesario, además, manifestar nues-tros agradecimientos a quienes colaboraron desde el extranjero a hacer realidad el Postítulo en Terapias de Artes con diferentes menciones en la Escuela de Postgrado de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1999, programa que asumió junto a otras instituciones, la responsabilidad del Congreso. Creo representar también a profesionales de otros países latinoamericanos al agra-decer a Bobbi Stoll, fundadora del International Networking Group of Art Therapists y varios colegas de universidades estadounidenses y miembros de la American Art

Therapy Association. También a profesores del Goldsmith College de la

Univer-sidad de Londres y directivos de la Société Internationale de Psychopathologie

de l’Expression et d’Art Thérapie.

Fundamentos del primer programa universitario en arteterapia en Chile

El punto de partida para la creación del programa de especialización de postgrado en arteterapia en nuestro país, fue la convicción de que ella forma parte de un conjunto terapéutico más amplio que envuelve a las distintas modalidades de las artes con toda la diversidad que las caracteriza en nuestro tiempo. Este convencimiento se sustenta en el ejercicio del arteterapia desde 1955 (Fig. 1), complementado con la incorporación del psicodrama y otras modalidades de las artes, como en la práctica, el estudio y la investigación en el campo de las artes. Mirado con la distancia de los años, ese trabajo pasó a ser una de las experiencias pioneras no sólo en Chile, sino también en la región y otros países.

Aunque la historia de estas terapias le debe mucho a otras profesiones y discipli-nas, su concepción no es un subproducto del psicoanálisis u otras teorías o prácticas terapéuticas y educativas, por más que compartan ciertos conceptos y criterios Ella se sustenta en los procesos humanos que el arte implica en sus diversas manifestaciones. Éstos comprenden los comportamientos y experiencias creativo-receptivas en respecto a obras o acciones artísticas, producidos en el marco de una relación terapéutica y un

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ambiente seguro y facilitador. Por un lado está la importancia de la creatividad, que en la música y artes escénicas incluye la interpretación e improvisación. En las artes visuales la imaginería visual puede seguir distintos caminos, como también recurrir a diversos materiales y procedimientos. Por otro, está el proceso de recepción de las artes, ya sea de lo producido por uno mismo, un grupo u otras personas, entre las cuales incluyo también a los artistas reconocidos como tales, por el efecto que sus obras pueden producir en los usuarios, lo que el terapeuta de artes debe conocer muy bien y utilizar cuando lo estime necesario.

En suma, estas terapias comparten características comunes y muestran dife-rencias relacionadas con los aspectos más específicos de cada arte, independiente de los diversos enfoques psicoterapéuticos tradicionales. Con esta visión, más las nume-rosas funciones psicológicas, tanto cognitivas como afectivas y motivacionales que cumplen las artes, se facilita la percepción de su especificidad terapéutica y se evitan posibles problemas que pudieran surgir en relación a los diferentes puntos de vista en psicoterapia y otras profesiones relacionadas, especialmente, en el campo de la salud

Fig. 1 Taller de Arteterapia, Servicio de Medicina Psicosomática y Psiquiatría Social Hospital Salvador. Santiago, Chile, 1956.

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mental. A partir del arte, medio fundamental de comunicación en la relación tera-péutica, es posible abrirse a diversos enfoques teóricos y de ejercicio profesional con un pluralismo cuya exigencia fundamental es responder a las necesidades de quienes consultan.

Parte importante de las terapias que se basan en los procesos del arte reside —en comparación con las psicoterapias verbales más conocidas— en una concepción de salud que no se remite única o principalmente a la ausencia de síntomas sino aquila-ta, fundamentalmente, las capacidades y los recursos internos, los cuales permiten a las personas vivir con una mayor riqueza de posibilidades y realizarse personal y socialmente con un sentido de libertad.

quienes participan en ellas se comprometen activamente a través de los procesos y contextos mencionados. De este modo, las terapias de artes cumplen con creces una condición esencial de la efectividad de las psicoterapias, señalada hace ya muchos años por el psiquiatra Jerome Frank, para quien los logros terapéuticos dependen funda-mentalmente de los “poderes simbólicos” de los rituales, relaciones y objetos, como de la participación activa de las personas que recurren a ellas, independiente de los factores específicos o diferenciales que las caracterizan.

Sin embargo, alcanzar su reconocimiento es una ardua tarea, tal como lo ha sido y todavía lo es, incluir los saberes y procedimientos de las artes, las humanidades y las ciencias sociales en las acciones de salud. No solo para actuar en la patología y en los traumas que forman parte de la vida de las personas, sino igualmente en la recuperación, prevención y promoción de la salud y el bienestar en la comunidad. Ese fue justamente uno de los objetivos que animaron el encuentro de Santiago.

el valor de los estudios visuales:

el aporte de las neurociencias y el mundo del arte

En el caso del arteterapia, es conveniente resaltar la cuantía de su modalidad específica, la visualidad. ¿Cómo no hacerlo, si la significación de los estímulos y configuraciones visuales es tal, que antropólogos contemporáneos, como Steve Mithen (2007) señalan que hay indicios “convincentes” que permiten pensar que una de las primeras manifestaciones de la creación y empleo de símbolos del Homo Sapiens fue el uso de pigmentos rojos en cierto tipo de arcilla descubierta en yacimientos arqueológicos de Sudáfrica? No sorprende esta aseveración cuando recordamos que el rojo es el color con mayores connotaciones de significado y efectos, además de ser el color que más tardamos en perder y el que antes recuperamos cuando se daña la visión del color a causa de lesiones cerebrales.

Si sostenemos una visión pluralista del arteterapia, abierta al dinamismo de la cultura contemporánea, habría que dirigir la mirada, igualmente, al interés por los aspectos universales y transculturales del arte despertado por los importantes

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rrollos de la estética evolucionaria y la neuroestética. Tal como la tecnología ha ido modificando prácticas y conceptos en las artes, las neuroimágenes están contribuyendo a la exploración de la conducta artística y la creatividad. Comprender, por un lado, la obra como producto de la evolución genética de una especie; por otro, la relación entre el arte y las leyes del cerebro visual y de qué modo el arte revela esas leyes y sorprende, a menudo, con lo visualmente impensado.

El último libro del neurólogo Oliver Sacks, “El ojo de la mente” (2010), no solo aporta a los neurobiólogos y quienes recurren a los dispositivos de la tecnología médica, sino a todos quienes nos preocupamos de lo visual perceptible e imaginable. La acuciosa y brillante narrativa clínica de Sacks nos muestra como las personas no utilizan todo su potencial visual. ¿Cómo no va a ser de interés que una paciente con pérdida de la visión afirme que con frecuencia la gente que posee el don de la vista, no vea nada? Sabemos que nuestra experiencia como arteterapeutas nos enseña a ver lo que no veíamos en un comienzo, pero Sacks nos enseña mucho más. Constata que

no usamos todas nuestras capacidades visuales y que existen personas que han perdido

la vista, pero cuya imaginación visual permanece intacta e incluso mejora. Igualmente nos da a conocer cómo las imágenes visuales pasadas crean nuevos mundos visuales mediante el poder de la imaginación; y sobre todo, confirma sus aseveraciones con su propia experiencia. Así, esta vez, él pasa a ser uno de los protagonistas de su libro. Pese a que en 2005 un cáncer le ocasionó la perdida de la visión del ojo derecho y desde entonces su visión monocular le impide percibir en profundidad, ha logrado compensar su discapacidad visual y continuar desarrollando su interés por el estudio de los mecanismos visuales en la ciencia y el arte, como miembro de la New York

Stereoscopic Society.

Asimismo, es interesante reconocer cómo algunos aportes de la neuro-biología contemporánea, de gran trascendencia psicológica, guardan relación con teorías estéticas en boga en el siglo XIX y a comienzos del XX. Se trata del descubrimiento de las denominadas neuronas espejo, consideradas neu-ronas de la empatía, las que se activan no solo cuando se realiza una acción sino, también, a partir de estímulos visuales que permiten la comprensión implícita de las acciones y emociones de otros y sus intenciones subyacentes. Sus implicaciones psicoterapéuticas encuentran antecedentes en las teorías de la Einfühlung, o endopatía, (sentir dentro, según la traducción de Aldous Huxley del alemán al inglés), por su analogía con simpatía (sentir con). Una teoría que muchos hemos valorado, tanto en el estudio de aspectos de la experiencia estética como de la empatía en la psicoterapia.

Otro aspecto a considerar es la relación entre los arteterapeutas y el mundo del arte. Por experiencia sabemos que el cultivo constante de las artes visuales no solo permite realizar el potencial artístico, sino que es un factor importante de autoco-nocimiento permanente y afinamiento de nuestras capacidades visuales. Aunque en varios países el perfil profesional del arteterapeuta incluye el ser artista, tanto en su formación como en la práctica profesional no ha existido suficiente interacción entre

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estos dos ámbitos, especialmente en lo que se refiere al arte contemporáneo, no obstante las exhibiciones de arte que organizan asociaciones profesionales de arteterapeutas u otras destinadas a su estudio. Incluso algunas de ellas, destacan en las portadas de sus revistas, obras realizadas por sus asociados. Desde el arte conviene recordar a aquellos artistas que extendieron sus límites profesionales hacia propósitos terapéuticos, como fue el caso de la brasileña Lygia Clark (1920-1988).

Estos vínculos llevan a considerar la apertura a las nuevas tecnologías en las artes visuales. Recuerdo un número de la Revista de la American Art Therapy

Asso-ciation dedicado a este tema. Uno de sus artículos estuvo destinado al estudio de las

reacciones emocionales más frecuentes de una pequeña muestra de arteterapeutas ante las demandas de la tecnología digital; estas fueron temor, enojo, frustración (Asawa, 2009). No podemos dejar de lado algo que forma parte de nuestra cultura y que avanza vertiginosamente, como señala Lynn Kapitan (2009), su editora, cuando alude a estos medios que no sólo aportan información sino también “modelan nuestros procesos de pensamiento, sentimiento, percepción y comportamiento”(p. 50). No podemos quedarnos al margen de técnicas que involucran especialmente a los adolescentes y a quienes están entrando al expandido mundo de las artes visuales.

Es mucho lo que se puede aprender y aportar al reforzar los vínculos con el mundo del arte. Estamos inmersos en un mundo de imágenes cuyo significado parece escapársenos entre la diversidad y el rechazo de las grandes narrativas. No obstante, la cultura posmoderna nos mostró que a diferencia de la ciencia, una obra artística queda siempre abierta a la interpretación, atrayendo al público, pero sin poder controlar los sentimientos y las ideas que induce.

Lograr el reconocimiento y el desarrollo del arteterapia implica afianzar la importancia del arte, valorar sus aportes y el de las disciplinas que lo estu-dian, provenientes tanto de las ciencias como de las humanidades.

importancia de la investigación para el reconocimiento de las terapias de artes

Respecto al creciente interés por las terapias de artes en Chile y Latino-américa, existe conciencia de la necesidad de promover su reconocimiento y desarrollo en los sistemas de salud, educación y servicios sociales de nuestros países. Esta es la gran tarea a realizar, el desafío que debemos enfrentar al inicio de la segunda década de este joven siglo. Algunos de los requisitos que dichos sistemas exigen, incluyen el establecimiento de estándares de ejercicio de la profesión, como de los principios éticos que la guían, incluyendo una permanente puesta al día en los conocimientos sobre la materia. Habrá que preocuparse de la cali-dad de la formación profesional, su acreditación académica, como de las instituciones que la imparten. Estas y otras medidas implican el establecimiento de estrechos lazos entre las asociaciones profesionales de terapeutas de artes para un objetivo común, tal como lo demuestra la experiencia en el Reino Unido.

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Por ser actividades de servicio humano, será necesario entablar los nexos adecuados con las profesiones directoras de los ámbitos de la salud y la educación que, según nos enseña la sociología, suponen la posesión de una visión global de los conocimientos relativos a su área de actividades. En el campo de la salud la “profe-sión directora” es la medicina, tal como en la educación, es la pedagogía. En Chile al menos, esos vínculos son importantes para favorecer el reconocimiento profesional y extender su campo de acción tradicional en la psiquiatría y salud mental a otras especialidades. Un aspecto adicional tiene que ver con los asuntos de género. De mis tiempos en Naciones Unidas recuerdo que la experiencia indicaba que la profesión que se feminizaba, pasaba a ser profesión poco reconocida. Es otro de los temas a profundizar en el proceso de empoderamiento del arteterapia.

Un primer gran paso para institucionalizar el arteterapia en Chile fue su inserción en el sistema universitario. Ya han egresado varias generaciones; algunos se dedican a la profesión y otros a la vida académica. En esta etapa de su desarrollo es necesario diseñar una estrategia para avanzar que comprenda, entre otras medidas, la investigación, la difusión y otras acciones destinadas a la consideración de estas terapias dentro de las políticas públicas. Rubén Alvarado (Chile), nos muestra en su aporte, un ejemplo de la importancia estratégica de la investigación para estos fines: usar sus resultados y transformarlos en argumentos racionales para influir en quienes reside la toma de decisiones en las políticas de salud. El autor, médico salubrista, señala la necesidad de generar una movilización en este sentido, coincidiendo con otras opiniones, como la de Andrea Gilroy (Reino Unido), quien asumió la tarea de explayarse sobre este crucial punto de discusión, en el cual vincula la investigación con la acción política, previa identificación de las políticas gubernamentales en salud, educación, justicia y asistencia social, como de otras instituciones que detentan poder.

¿qué tipo de investigación? Una cuestión básica para la investigación en ar-teterapia es tener en cuenta que el arte es diferente a la ciencia y la filosofía, pero al igual que ellas, exige estudio e investigación metódica regida por un ideal de objetividad y de rigor. Por la complejidad del fenómeno artístico y la necesidad de responder a sus principales interrogantes, no basta con reducir la investigación en arte a una sola perspectiva de procedimiento. Se requiere interdisciplinariedad; eso es más que una cooperación, yuxtaposición o subordinación entre disciplinas. Implica reconocer el arte como su objeto, aceptar su especificidad (Marinovic, 1997).

La investigación en arte integra métodos de otras tradiciones disciplinarias con los que emergen de su singularidad. Ya se ha dicho que para hablar de nuevas enti-dades y experiencias es necesario recurrir a nuevos modos de hablar, a nuevas reglas. Esto no significa desprenderse de las tradiciones o del diálogo y la cooperación que estimula el saber, sino darse cuenta de que los métodos emergen a través del proceso y del compromiso activo con el contexto investigado.

Una de las ciencias del arte o de las artes es la psicología de las artes, disciplina a cuyo estudio me he dedicado, intentando dar respuesta a las preguntas básicas acerca de su creación y sus efectos en los seres humanos. La concibo como el estudio

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cien-22 ARTETERAPIA

tífico del comportamiento y los procesos subyacentes de quienes participan como creadores, intérpretes y receptores en sus diferentes manifestaciones, tanto en lo que tienen en común como en lo específico de cada una de sus modalidades. Cuando atendemos a la obra, siempre lo hacemos en relación a quienes participan en su creación o conforman su audiencia. A la psicología de las artes se la conoce también como una rama de la psicología y una especialidad de la estética. En todos los casos se requiere entrenamiento en ambos campos. A partir de mi experiencia en ella y de la práctica terapéutica, pienso que llegará el momento en que sea posible ofrecer una teoría general de las terapias de artes, basada en los elementos comunes que comparten, independiente de las características y singularidades de cada una de ellas.

De acuerdo a lo antes señalado, cuando se investiga en arteterapia, no es conve-niente aferrarse rígidamente a postulados y métodos proveconve-nientes de otras disciplinas sin atender a lo que le es peculiar. Más aún, si lo que nos interesa es determinar el cambio producido por el proceso del arte en el contexto de una relación terapéutica, asunto complejo que desafía a las metodologías de investigación tradicionales. Estoy de acuerdo con lo plantea Gilroy (2006), al referirse a las exigencias que implica una medicina basada en la evidencia, que “el arteterapia debería desarrollar una base de evidencia pluralística apropiada a la disciplina” (p. 2).

volviendo a la experiencia en Chile, puedo dar testimonio de los déficits de investigación tanto cualitativa como cuantitativa en el área de las artes en nuestro país y, por consiguiente, también en terapias de arte, por mi experiencia durante 12 años en los grupos de estudio del Fondo de Investigación Científica y Tecnológica de Chile. La situación ha ido cambiando con la puesta en marcha del programa en arteterapia, la cual ha estimulado la investigación y la consiguiente creación de nuevo conocimiento en estas áreas.

De los problemas de una investigación basada en la evidencia al trabajo comunitario

Algunos de los trabajos que se presentan en este volumen tienen como punto de partida el expuesto por Andrea Gilroy (Reino Unido), quien abordó el rol de la investigación en el reconocimiento y el desarrollo del arteterapia. Expone cómo en su país la evidencia científica y la investigación tuvieron poco que ver con su reconoci-miento. Subraya las dificultades que plantea para el arteterapia, la creciente influencia de la llamada práctica basada en la evidencia y el método que privilegia en el campo de la investigación. Despues de un exhaustivo análisis demuestra que, si bien sus métodos, por ejemplo el llamado Estudio Controlado Randomizado, pueden ser muy efectivos para probar la efectividad de nuevos tratamientos médicos o drogas, no son aplicables a la riqueza y diversidad que envuelven las teorías y prácticas del arteterapia. Los argumentos de Gilroy son convincentes en cuanto a la existencia de suficiente

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evidencia científica internacional para reconocer la efectividad del arteterapia y la necesidad de promover diferentes métodos para investigar los procesos y los logros de prácticas con distintas poblaciones en los más variados lugares. El comentario de Alvarado (Chile) sitúa la medicina basada en la evidencia en los valores que la inspi-raron originalmente y su preocupación por el sufrimiento humano. Esta dimensión excede lo biológico, incorporando lo psicosocial, donde un método como el descrito más arriba, resulta insuficiente.

Héctor Fiorini (Argentina) y Luis Weinstein (Chile) son médicos que entregan una mirada que pretende dar cuenta de la pluridimensionalidad humana y que res-ponde a epistemologías más próximas a las artes y la filosofía. El primero argumenta a partir de la ponencia de Gilroy y reconoce la importancia del factor cultural en los métodos arteterapéuticos para evaluar con posterioridad cuánto tienen de universal y de regional. Aunque Fiorini proviene del campo de las psicoterapias por la palabra, valora la imagen como material clínico de gran importancia y contribuye a la fun-damentación del arteterapia en el discurso de las ciencias humanas, apelando a los aportes de destacados pensadores y representantes de las diversas artes y la filosofía.

Weinstein hace una propuesta de salud integral donde la poesía es más que un arte, es una vivencia que integra misterio, afecto y belleza. Recurre al valor sanador del asombro por su capacidad de abrir espacio al amor y la creatividad. Encarna su propuesta en torno a viñetas en las cuales se complementan el asombro, la poesía y la salud y profundiza en la naturaleza del ser humano con una visión de salud integral que promueve en su trabajo cultural comunitario en un Centro de Desarrollo Hu-mano en el litoral chileno.

El Congreso dio a conocer varias experiencias muy positivas en lo que se refiere al trabajo comunitario, especialmente en América Latina. Lynn Kapitan (EEUU) en Nicaragua y Perú, Selma Ciornai (Brasil) en Auckland, EEUU con inmigrantes latinos; y Margaret Hills (Reino Unido) en Cuba, Colombia y un campo de refu-giados chechenos en Georgia.

Kapitan lo hace revelando una vocación de servicio plena de poesía. Inserta el arteterapia como acción social basada en la comunidad en una concepción más amplia de sus límites tradicionales y valora el despertar de la conciencia crítica y “la pedagogía del oprimido” en la cual los pobres pasan a ser los protagonistas de su li-beración, propuesta por el educador brasileño Paulo Freire (1921-1997), autor al que aluden igualmente Ciornai y Hills. Esa teoría la desarrolló Freire en su libro Pedagogía del Oprimido (1999) —considerado su obra maestra— y escrito durante su exilio en Chile en 1968, mientras colaboraba en programas de educación de adultos para el gobierno de la época y posteriormente, como consultor de la UNESCO.

Ciornai expone su trabajo con inmigrantes chicanos y su concepción de ar-teterapia comunitaria, después de un breve recuento de actividades musicales con adolescentes en Salvador, Bahía, destinadas a reforzar la identidad étnica y de danza en favelas de la periferia de Sao Paulo, como con adultos mayores, a quienes conecta

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con el mundo de hoy a través de experiencias en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Sao Paulo. Su concepción arteterapéutica se enraiza con la tra-dición cultural indígena brasilera y afrobrasilera, que privilegia procesos y rituales comunitarios.

La visión psicosocial de Hills agrega nuevos referentes en este ámbito, como Renos Papadopoulos, consultor de la Clínica Tavistock y asesor de Naciones Unidas y otras organizaciones en el trabajo con refugiados y sobrevivientes de violencia po-lítica en muchos países. Incluye en su perspectiva la doble tarea de realizar terapia e investigación naturalista antes y durante la intervención. En su trabajo con los refu-giados chechenos atendió tanto a las respuestas negativas y positivas ante el trauma, como a las descritas por diversos autores respecto a situaciones extremas producidas por diversos conflictos bélicos. Tal como lo hace Kapitann, Hills adopta el criterio de atender a los valores, las creencias y las artes locales, sin imponer conocimientos y técnicas, sino privilegiando el trabajo conjunto con la comunidad.

Las tres autoras destacan el poder del arteterapia para intervenir en los traumas colectivos, como catástrofes naturales y otras provocadas por los seres humanos. ¡Cómo no valorar estos aportes, cuando nosotros aquí en Chile hemos podido comprobar, con motivo del terremoto y maremoto que nos afectara el 2010, lo que ella y muchos otros arteterapeutas han vivido y escrito respecto al papel del arte en la comunidad ante situaciones como las señaladas!

***

Esperamos que la contribución de cada uno de los autores presentes en este libro, como la de todos quienes participaron en el Congreso Latinoamericano, sirva para avanzar y dar el gran paso que todos nos hemos propuesto: hacer del arteterapia una disciplina y una profesión afín al tiempo que vivimos, con una base de conocimientos y una práctica basada en una sólida teoría. En suma, un saber hacer que constituya un importante aporte para la promoción de la salud, la educación y la calidad de vida, respetuoso de la dignidad de las personas y consistente con nuestras aspiraciones éticas fundamentales. Soy optimista, porque sé lo que diría un gran poeta chileno, vicente Huidobro, que el arte “es como una llave que abre mil puertas”.

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MIMÍ MARINOvIC

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referencias

Asawa, P. (2009) Art Therapists’ Emotional Reactions to the Demands of Technology. Art Therapy: Journal

of the American Art Therapy Association, 26 (2), 58-65.

Freire, P. (1999) Pedagogía del Oprimido. México: Siglo veintiuno.

Gilroy, A. (2006) Art Therapy, Research and Evidence-based Practice. London: Sage.

Kapitan, L. (2009) Introduction to the Special Issue on Art Therapy’s response to Techno Digital Culture.

Art Therapy: Journal of the American Art Therapy Association, 26 (2), 50-51.

Marinovic, M. (1997) Historiografía y Psicología del Arte: Una Colaboración Fecunda. Letras de Deusto, España, 27 (77), 177-192)

Mithen, S. (2005) Los neandertales cantaban rap. Barcelona: Crítica Sacks, O. (2010) The mind’s eye. New York: Alfred A. Knopf

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RETóRICA, REALIDAD Y PLURALISMO

El rol de la investigación en el reconocimiento

y desarrollo actual del Arteterapia

andrea Gilroy

introducción

Cuando me invitaron a presentar una ponencia sobre la investigación en ar-teterapia y la práctica basada en la evidencia (Evidence-Based Practice -EBP) al Congreso Latinoamericano de Arteterapia 2009, pregunté si había algún aspecto particular que los organizadores del congreso quisieran que abordara. La respuesta fue que sería bueno si pudiera presentar un resumen de la actual ‘evidencia científica global’ sobre la eficacia del arteterapia. Esta tarea no ha sido sencilla. Primero, mi falta de conocimiento de otros idiomas me impidió identificar y revisar la totalidad de la literatura internacional sobre la investigación en arteterapia. En segundo lugar, la literatura en arteterapia es sorprendentemente amplia y era imposible leer y revisar todo en el tiempo y espacio que tenía. Tercero, no creo que podamos asumir una comprensión global de lo que se entiende por arteterapia. Cuarto, es discutible si la investigación en un país es aplicable a la práctica en otro. quinto, tenemos que pensar sobre qué se entiende por ‘evidencia científica’. Y sexto, (podría seguir y seguir), la tarea era específicamente en relación al reconocimiento del arteterapia en Chile y quizás, también, en otras partes de Sudamérica. Esto hizo que mi tarea fuese más sutil y con más matices de lo que, en un principio, parecía.

establecimiento del arteterapia

Desde mi punto de vista, el reconocimiento del arteterapia no tiene que ver plenamente con su efectividad. Digo esto, ya que su reconocimiento en Gran Bretaña

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tuvo poco o nada que ver con la investigación. Primero fuimos reconocidos por el Departamento de Salud del gobierno en 1982. Esto sucedió porque aunamos fuerzas con los musicoterapeutas y juntos trabajamos en estrecha colaboración mediante un sindicato que fue capaz de negociar con el gobierno en nuestro nombre (ver Waller, 1991). Este fue nuestro primer paso en el reconocimiento, lo que permitió crear una carrera y una estructura salarial y reconoció que la formación en arteterapia fuera a nivel de postgrado. Luego, en 1997, arte, musicoterapia y dramaterapia fueron profe-siones reguladas por el estado, por el que era entonces el ‘Consejo Complementario a la Medicina’ (CPSM), ahora ‘Consejo de Profesiones de la Salud’ (HPC). Esto sucedió porque fuimos capaces de mostrar que el arteterapia era una profesión madura que tenía una ‘base de conocimiento’ demostrable. Teníamos órganos directivos estable-cidos y reconoestable-cidos, la Asociación Británica de Arteterapia (BAAT), que para ese entonces había funcionado por más de treinta años. Pudimos mostrar que la BAAT aconsejaba a departamentos gubernamentales; que los arteterapeutas se relacionaban con, y tenían el apoyo de, colegas de la medicina y otras profesiones; que teníamos programas de formación de postgrado bien establecidos, universitarios, y acreditados profesionalmente; una base teórica de nuestra práctica; y una literatura importante, la cual incluía publicaciones académicas y una creciente participación en investiga-ción. Así fue como el arteterapia fue reconocida en Gran Bretaña, no a través de la evidencia de su efectividad.

Sin embargo, estoy muy contenta que el arteterapia en Gran Bretaña obtuviera su reconocimiento cuando lo hizo. El arteterapia comenzó en Gran Bretaña, y en Estados Unidos también, durante los años 40. Por los años sesenta y setenta, grupos de profesionales en ambos lados del Atlántico, estaban fundando asociaciones profe-sionales y desarrollando programas de formación universitaria en arteterapia. Fue en momentos en que nuestras economías estaban en auge, eran bienvenidas las formas alternativas de vida y de pensamiento sobre la enfermedad mental y el tradicional modelo médico de la psiquiatría estaba siendo desafiado por el movimiento de la anti-psiquiatría. Todo esto fue un suelo fértil para una práctica diferente, por no decir radicalmente diferente, como el arteterapia, aunque ya no es así. Todos nos enfren-tamos a tiempos difíciles, no sólo con la crisis económica y la reducción inevitable en los recursos sanitarios, sino también con el predominio del modelo médico y la terapia cognitivo-conductual en la atención de salud mental y la amplia influencia de la práctica basada en la evidencia (PBE). Es más, conseguir que una nueva disciplina fuera reconocida en este clima es muy difícil. La pregunta es: la ‘evidencia científica’ en particular y la investigación en general ¿ayudan al reconocimiento, y quizás a la sobrevivencia del arteterapia hoy en día?

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espacio, Lugar y Diferencias

Se reconoce cada vez más (Waller, 1998; Stoll, 2005) que no hay una defini-ción de arteterapia y que hay diferencias reales en cómo se está desarrollando a nivel mundial. Es más, cuando comencé este artículo, pensé en la relevancia de lo que yo, como una académica del arteterapia londinense, podría comunicar a colegas en otro continente, un mundo completamente diferente. Me encontré a mi misma pensando sobre esto en términos de espacio y lugar.

Los espacios para el arteterapia en el Reino Unido pueden encarnar algo de la quintaesencia británica sobre nuestra práctica. Igualmente, quizás hay algo de la quintaesencia chilena encarnada en vuestros espacios de arteterapia. Lo que quiero decir es que hay similitudes, pero también diferencias entre nosotros. Hay algo fa-miliar sobre los espacios de arteterapia, ya sea estando en Gran Bretaña, Alemania, Australia, Estados Unidos o Chile. Generalmente hay una sensación de un espacio reservado para el arte. Sin embargo, las salas de arteterapia en el mismo país y en diferentes países, pueden percibirse de manera muy distinta: pueden ser más como oficinas, salas de clínicas, consultorios o salas de clase. Estas diferentes salas acogen prácticas diferentes y distintos tipos de profesionales.

quienes habitan estas diferentes salas, ya sea en el mismo país o en lados opues-tos del mundo, quizás describen igualmente su práctica como ‘arteterapia’. quizás la describen como psicoterapia artística, arteterapia médica, terapia de artes expresivas, arte proyectivo, consejería artística, taller de arte, terapia cultural o centrada en la solución. Me parece que el arteterapia se ha convertido en una fórmula global utili-zada para describir una amplia gama de teorías y prácticas que se han desarrollado y se están desarrollando en todo el mundo, de acuerdo a lo que la investigación está empezando a mostrar.

Hills (2007), por ejemplo, ha mostrado cómo el arteterapia per se no existe en Cuba; sino que más bien artistas y psicólogos usan el arte en su trabajo con familias en la comunidad y en servicios de psicología. Una de mis alumnas de doctorado, Olga Handford, está investigando la historia y el desarrollo del arteterapia en Polo-nia. Aquí hay algunos paralelos con el desarrollo del arteterapia en Gran Bretaña y EEUU, pero también hay marcadas diferencias, las cuales se relacionan con el clima político de Polonia antes y después de 1989 y la caída del bloque soviético y el uso terapéutico del arte en contextos educacionales, psiquiátricos y comunitarios por artistas, psicólogos y pedagogos. Otra estudiante, Meiti Chang (2005), mostró cómo en Taiwán, profesionales locales, sean artistas, psicólogos o arteterapeutas formados en el extranjero, se basan en prácticas curativas indígenas chinas y en creencias budistas y taoístas, mientras trabajan en un modelo médico de psiquiatría que inicialmente llegó a Taiwán en la década de 1920 desde Japón. vivir y trabajar en Australia me ha enseñado que junto a las muchas similitudes, hay también muchas diferencias reales ente el arteterapia en Londres y Sidney. Estas dependen de la geografía de Australia, así como de su historia social y cultural y de la ausencia (comparando con el Reino

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Unido) del pensamiento psicodinámico en psiquiatría (Gilroy 2000; Gilroy & Han-na 1998). Estas diferencias son uHan-na consecuencia de los contextos sociales, políticos, económicos y culturales en los que el arteterapia surge y se desarrolla. Así que, si no podemos decir que el arteterapia es ‘global’, ¿cómo proceder con una visión global de la ‘evidencia científica global’ acerca de su eficacia?

La cuestión de la eficacia del arteterapia se relaciona no sólo con el reconoci-miento por parte de los gobiernos, sino que también con la creciente influencia de la Práctica Basada en la Evidencia (PBE). Este paradigma de práctica basado en la medicina, se ha convertido en un movimiento social que, de hecho parece ser mun-dial. ¿Pero es así? Son sus principios, estructuras y prácticas las mismas en el Reino Unido y Chile y en otros países? Confieso que no lo sé, y antes de seguir adelante, quiero exponer brevemente cómo la PBE funciona en el Servicio Nacional de Salud Británico (British National Health Service-NHS).

práctica Basada en la evidencia (pBe)

La PBE es un proceso cíclico que requiere que todos los profesionales demuestren que su práctica se basa en las más recientes investigaciones. Esto es para asegurar a quie-nes consultan, la entrega de la “mejor práctica” y garantizarles los mejores resultados posibles para su tratamiento. Los profesionales también están obligados a demostrar que han puesto en práctica lo que las investigaciones recomiendan. Esto se logra a través de dos procedimientos de control de calidad: pautas clínicas y auditorías.

Las pautas clínicas tratan de “lo correcto en el hacer”, es decir, de acuerdo a las últimas investigaciones. Hacen recomendaciones basadas en la literatura y consultorías con expertos y clientes, lo cual va guiando la práctica clínica tanto a nivel nacional y local. En el Reino Unido, las pautas nacionales son desarrolladas por una autoridad especial de salud llamada Instituto Nacional para la Excelencia Clínica (NICE). Esta es una organización muy influyente, cuya tarea es revisar toda la evidencia internacional –por ejemplo, todos los “Estudios Clínicos Randomizados” (ECR) o “Randomized Controlled Trial” (RCT)- sobre todos los tratamientos posibles de cada problema de salud y luego hacer recomendaciones que se implementan en el Servicio Nacional de Salud Británico (NHS).Igualmente diferentes grupos de profesionales desarrollan pautas clínicas. Por ejemplo, “Elección de Tratamiento de Terapias Psicológicas y de Counselling” de Parry (2001) y la pauta que yo desarrollé con otros arteterapeutas en “Oxleas NHS Foundation Trust”, sobre “El Uso del Arte en la Psicoterapia Artística con Personas vunerables a Estados Psicóticos” (Brooker y cols., 2007; véase también Gilroy, 2006).

Una vez que las pautas se han elaborado, las prácticas clínicas y la prestación de servicios son revisadas mediante una auditoría que controla la corrección del proce-so. Esto, junto con el continuo desarrollo de prácticas y servicios, informa la investiga-ción futura, y así el ciclo de las PBE continúa, como muestra el siguiente esquema:

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Entonces, si la investigación demuestra efectividad, ésta influye en el desa-rrollo del arteterapia. Procede de este modo: la investigación demuestra que un tipo específico de arteterapia es eficaz con una población específica; a continuación se de-sarrolla una guía o pauta que sugiere cómo los arteterapeutas deben trabajar con estos clientes; luego, una auditoría o control monitorea el trabajo clínico; una auditoría de los servicios verificaría, entre otras cosas, la presencia o ausencia de esa práctica para los pacientes. Por lo que, si se demuestra que una práctica es a) eficaz y b) no está disponible, se puede lograr un buen argumento para hacer que ese tipo de práctica esté disponible. Tal vez los sistemas son diferentes en Chile, pero quizás los principios de la PBE sean los mismos.

Poder, Política y Voz

Hasta aquí, todo está bien, pero, como sabemos, no todo está bien en el mundo de la PBE en lo que concierne al arteterapia y muchas otras terapias. Esto es porque la única forma aceptable de investigación, el «estándar de oro» de la «evidencia científica», es un “Estudio Clínico Randomizado” (ECR) (Randomized Controlled Trial- RCT). Este método se utiliza para probar nuevos tratamientos, por lo general drogas y otras intervenciones médicas. Se requiere un gran número de personas asignadas de forma

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aleatoria tanto a tratamiento como al “grupo control” (sin tratamiento). Los resultados de ambos grupos son medidos y comparados con pruebas estándares y estadísticas para ver si los que recibieron el tratamiento están mejor que los que no se les administró.

Este enfoque de investigación, derivado de la medicina, se ha transferido a la atención en salud mental, asistencia social y educación, en sistemas en los que los ‘Estudios Clínicos Randomizados’ (ECR) no calzan ni con las prácticas ni con las filosofías de práctica de los profesionales. Su predominio es fuertemente cuestionado por muchos counsellors y psicoterapeutas. McLeod (1999), sostiene, por ejemplo, que los ECR son privilegiados, ya que su estructura se adapta a sistemas de diagnóstico de bio-comportamiento y porque representan “los valores fundamentales de las formas burocráticas modernas de gestión” (McLeod, 1999, p. 158). Asimismo escribe sobre el interesante concepto de ‘voz’ y la forma en que el poder está determinado por las personas a quienes se escucha y por quienes son silenciados (McLeod, 2001). Él se basa en el trabajo de Gergen (1997) para argumentar que un sistema que permite que el conocimiento se construya sólo a través de ECR, refuerza el poder de los grupos de elite en psicoterapia y en investigación, y a la vez, debilita el poder de otros. Dice que la forma en que escribimos sobre terapia es “un acto político… el género de es-critura de los ECR opera para excluir muchos aspectos importantes e interesantes del proceso de investigación en terapia, callando eficazmente las voces de casi todos los interesados” (ibid., p. 172). Asimismo, como señalan Westen y cols. (2004), los ECR exigen condiciones particulares: por ejemplo, clientes con un solo diagnóstico, el uso de un manual de cómo hacer la terapia y un ‘paquete de tratamiento’, generalmente por períodos relativamente cortos de tiempo, determinados por el financiamiento del proyecto y así sucesivamente. Esto significa que los ECR raramente reflejan las normas diarias de la labor clínica. Sin embargo, el ciclo de la Práctica Basada en la Evidencia (PBE) requiere que las pautas clínicas se desarrollen sobre la base de los resultados de los ECR, que, como Westen y cols. sugieren, conlleva a “…un estado de cosas en que la cola metodológica menea al perro clínico” (p. 642).

Como sabemos, hay muchas otras formas de investigación que pueden ser utilizadas para estudiar los resultados y los procesos del arteterapia (no tengo ni el tiempo ni el espacio para describirlas en este momento, pero pueden revisar Gilroy, 2006). No estoy diciendo que los arteterapeutas no deban hacer ECR. Mi punto es que los ECR no son la única forma válida de investigación, pero si dominan la jerar-quía de investigación de las PBE, y es la única voz que los gobiernos escuchan. Otros tipos de investigación cuantitativa también se consideran en el marco de las PBE, pero son de menor valor y la investigación cualitativa es generalmente excluida. De hecho, esto me hace pensar que tenemos que ser muy cuidadosos en cuanto a la forma de enfocar un estudio: como investigadores, como clínicos, y como ‘animales políticos’ también. Tenemos que asegurarnos que los ECR que realicemos, reflejen el tipo de práctica de arteterapia que se ajusta a nuestro contexto particular y a nuestra cultura. Tenemos que asegurarnos de que las pautas que elaboremos se basen no solo en ECR, sino también en otros tipos de investigación acerca de los procesos en

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arteterapia, así como también de sus resultados. Y necesitamos asegurarnos que los diferentes tipos de investigación abarquen toda la gama de prácticas que están dentro del marco general del arteterapia.

Ahora, permítanme referirme a las recientes investigaciones sobre la eficacia del arteterapia: ¿qué se ha hecho, dónde y qué tipo de arteterapia? No espero revisar todo en este documento, por eso me voy a centrar en tres poblaciones donde hay un creciente cuerpo de investigación orientado a la eficacia: arteterapia con personas que presentan demencia, cáncer, y los que han sido diagnosticados como esquizo-frénicos. La investigación se basa en gran medida en lo que se ha hecho en Estados Unidos y Gran Bretaña; sin embargo, incluye también artículos de otros países que han sido publicados en inglés. En el espíritu de mis comentarios anteriores, voy a incluir investigación cualitativa e investigación basada en las artes.

arteterapia y Demencia

Hay dos estudios sobre el uso del arteterapia con adultos mayores con demen-cia que ya han comenzado a demostrar su eficademen-cia. Ambos tuvieron lugar en centros diurnos en el sur de Inglaterra. El primer estudio (Waller 2001, 2002, véase también Sheppard y cols., 1998) fue de escala pequeña; fue un estudio clínico randomizado (ECR) piloto de dos grupos de arteterapia de diez semanas de duración. Este demostró una reducción en la depresión de los pacientes y una mejoría en su atención. El segun-do estudio, más grande, involucró cuatro grupos de arteterapia por más de cuarenta semanas. Los resultados mostraron una pequeña mejoría en la capacidad física de los pacientes, tranquilidad, agudeza mental y sociabilidad (Waller, 2009). Estos dos estudios ofrecen algunas pruebas de que los grupos de arteterapia son útiles para las personas mayores con demencia moderada a severa.

Los dos proyectos de Waller y cols., usaron una metodología particular de artete-rapia grupal que es popular en el Reino Unido, la cual está basada en la teoría analítica de grupo. Los pacientes no son dirigidos ni se les indican tareas artísticas, ni tampoco están simplemente en un taller haciendo arte; a ellos se les anima más bien a interactuar con otros miembros del grupo y con el arteterapeuta, a usar materiales artísticos del modo que deseen y a discutir acerca de lo que se ha hecho. Este enfoque puede o no convenir a los profesionales en Chile. De la misma forma como hay prácticas que han generado resultados positivos en investigación, con semejante o distinta población en otras partes del mundo, puede que la metodología de grupo interactivo tan popular en Gran Bretaña no sea la más adecuada en otros lugares. Sin embargo, puede que tenga resonancias interesantes. Por ejemplo, el reciente ECR de Waller demostró que las competencias físicas de los clientes mejoraron; los datos cualitativos en el mismo estudio mostraron que la arcilla fue más popular que la pintura o el dibujo (ibid). Estos resultados podrían relacionarse con la investigación realizada en Israel por Yaretzky

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y cols. (1996), la cual mostró que un grupo arteterapéutico de corto plazo, basado en temas específicos usando arcilla, mejoró las habilidades sensorio-motrices de los pacientes que han sufrido un accidente cerebro vascular. Podría relacionarse también con los resultados encontrados por Elkis-Abuhoff y cols. (2008) en Estados Unidos. Ellos demostraron que una sola sesión experimental, manipulando una bola de arci-lla, redujo síntomas somáticos y emocionales de personas con Parkinson. Se pueden relacionar con otros dos estudios en los Estados Unidos: con el ECR de Doric-Henry (1997), el cual mostró que ocho ‘clases individuales de cerámica’ –nótese, clases, no terapia,- mejoraron la depresión de los clientes adultos mayores en hogares de cuidado de ancianos. La otra investigación es la de Weiss y cols., (1989), en la cual se observó que clases de arte textil- nuevamente, nótese, clases, no terapia- mejoró la interacción social de los ancianos residentes en hogares para su cuidado.

Todos estos estudios, a pesar de ser muy diferentes en términos de duración, metodología y métodos de investigación, sugieren que los materiales de arte tridimen-sionales pueden ser más útiles que materiales bidimentridimen-sionales con adultos mayores que tienen demencia y otros problemas. Podemos comenzar a ver lo que una guía o pauta clínica puede recomendar. Sin embargo, una pauta británica quizás no se base en investigaciones donde la práctica no involucre el uso de un grupo interactivo: por ejemplo, la investigación que ha demostrado que la concentración de estos clientes puede mejorar a través de la realización de copias (Gregoire, 1998). Aquí es donde nos encontramos con la pregunta obvia pero crítica: ¿Cuál de estos proyectos y prácticas tiene sentido para los profesionales en Chile?

Arteterapia y Cáncer

La investigación sobre la efectividad del arteterapia en cáncer y cuidados pa-liativos cubre también diversas prácticas, con un rango mayor, desde intervenciones de corto plazo orientadas a actividades específicas hasta los beneficios inherentes de hacer arte a lo largo del tiempo.

Estudios anteriores en los Estados Unidos fueron promisorios. Se detectó que grupos activos de arteterapia , estructurados y de corto plazo, orientados a la reflexión e insight, facilitaban la expresión personal e incrementaban sentimientos de paz, liber-tad y autoconciencia de los pacientes con cáncer (Luzzatto, 2000; 2005; Luzzatto & Gabriel 1998; 2000). Cuatro ‘estudios clínicos randomizados’ (ECR) lo prosiguieron. El primer ECR en Estados Unidos (Monti y cols., 2006) usó ‘arteterapia basada en la autoconciencia’ (mindfulness-based art therapy) en un grupo psicosocial de 8 semanas, el cual era un entrenamiento combinado de meditación y yoga con trabajos de arte focalizados en la relación mente-cuerpo. El segundo ECR, también de Estados Unidos, incluía mente y cuerpo en cuatro sesiones individuales de meditación guiada, creación artística y poesía, descrita en el documento también como ‘consejería artística’ (art

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counseling) (Puig y cols., 2006, p.220). El tercer ECR, también de EEUU (Nainis y

cols., 2006; 2008), usó una combinación de ‘estructura y flexibilidad en el proceso creativo’ (2008, p.117) e incluía elementos de educación artística en una sola sesión de arteterapia individual. El cuarto ECR es sueco (Oster y cols., 2006; 2007; 2009) y describe 5 sesiones individuales de arteterapia, las cuales oscilan desde un enfoque de creación artística estructurado a uno no estructurado. Todos estos estudios reportaron mejorías, por ejemplo en la calidad de vida de los pacientes y bienestar psicológico, así como también la disminución de niveles de ansiedad, estrés, dolor y cansancio.

Tres de estos estudios ECR usaron un enfoque multifacético de arteterapia. Esto incluía pintar con el ritmo de la música, poesía y educación artística, los cuales fueron combinados con la toma de conciencia mente-cuerpo, lo cual hace difícil discernir qué fue exactamente lo efectivo. Sin embargo, la relación entre psique y soma en ar-teterapia también se ha estudiado a través de investigación cualitativa. Estos estudios demostraron resultados positivos, eso sí con otro enfoque, el cual se focalizaba en los beneficios terapéuticos de hacer arte. Reynolds y Lim (2007) por ejemplo, mostraron cómo, haciendo arte de forma regular, como un pasatiempo, mantenía el bienestar subjetivo de mujeres diagnosticadas con cáncer. Esto era en parte por la expresión de sentimientos pero también por mantener la identidad y el foco en lo externo. Este es un estudio interesante ya que, como Reynolds y Lim dicen, “no todo el potencial terapéutico del arte reside en la función simbólica” (p.9). Además, podemos encon-trar la extraordinaria narrativa textual y visual en el estudio de caso colaborativo de Zammit, conducido en Australia, sobre una psiquiatra y psicoterapeuta que superó el cáncer (2001), y el estudio auto-etnográfico, basado en las artes, de Sibbett (2005a, 2005b, 2005c). Este mostró cómo el arteterapia ofrece experiencias liminales y flui-das, de estar absortos en un estado de ensoñación, lo que permite a los pacientes con cáncer experimentar una sensación de empoderamiento y control. Estos importantes estudios cualitativos sobre resultados y procesos terapéuticos sirven, creo yo, como recordatorio para arteterapeutas sobre cuán flexible y amplia puede ser la práctica e investigación en arteterapia.

Esta descripción de la eficacia del arteterapia en el tratamiento del cáncer en diferentes partes de Europa y Estados Unidos se está desarrollando bien, pero varía en diferentes poblaciones, contextos y prácticas. Una vez más, surge la pregunta: ¿qué tiene sentido para los profesionales en Chile?

arteterapia con personas diagnosticadas como esquizofrénicas

La práctica de arteterapia en Gran Bretaña con personas diagnosticadas como esquizofrénicas ha alcanzado recientemente un momento definitorio que claramente guarda relación con el tema de este documento. En marzo de 2009, el Instituto Na-cional para la Excelencia Clínica (NICE) en Gran Bretaña realizó una actualización

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en la pauta nacional para el tratamiento de la esquizofrenia. Este fue un verdadero evento para las terapias artísticas en Gran Bretaña, ya que entre sus muchas recomen-daciones, hubo una que decía lo siguiente:

“Considerar el ofrecimiento de terapias artísticas a todas las personas con esquizofre-nia, particularmente para el alivio de los síntomas negativos. Esto se puede comenzar ya sea durante la fase aguda o más tarde, incluyendo el contexto de pacientes internos.” (NICE, 2009, p. 205)

Esto fue motivo de mucho regocijo – el arteterapia realmente estaba en el mapa si el NICE la recomendaba como una de las tres nombradas terapias de arte.

quiero detenerme un momento en este punto, ya que demuestra cómo la investigación basada en la Práctica Basada en la Evidencia (PBE) y en la efectividad puede estar a favor, como a la vez, en contra de nuestros propósitos. El resumen de la evidencia clínica del NICE dice lo siguiente:

La revisión encontró evidencia consistente que las terapias de arte son efectivas en la reducción de los síntomas negativos en comparación con otros controles. Hubo alguna evidencia indicadora de que los efectos de mediano a largo plazo detectados al final del tratamiento se mantuvieron durante los seis meses de seguimiento. Además, hay evidencia consistente para indicar un efecto mediano, independientemente de la modalidad usada durante la intervención (música, movimiento o artes visuales), y que las terapias de artes fueron igualmente efectivas en la reducción de síntomas negativos tanto en pacientes internos como en pacientes ambulatorios. (p.203)

Esto se basó en los resultados obtenidos en seis ‘estudios clínicos randomizados’ (ECR): dos fueron de arteterapia, uno en terapia orientada en el uso del cuerpo y tres fueron de musicoterapia. Esto es importante por dos razones:

1. Demuestra el impacto de una masa crítica de investigación acerca de las terapias de artes.

2. Muestra la importancia de los terapeutas de arte trabajando políticamente juntos. Las asociaciones profesionales trabajaron juntas para lograr que un musicoterapeuta llegara al panel consultor de las pautas del NICE.

La pauta continúa:

La revisión clínica indicó que las terapias de arte son efectivas en reducir los síntomas negativos a través de una rango de modalidades de tratamiento, tanto para pacientes internos como de un hospital diurno. En la mayoría de las pruebas incluidas en la revi-sión, se trabajó en modalidad grupal. (p.204)

Luego, dice:

La intervención debiese ser en grupos… Las terapias de arte debiesen combinar técnicas psicoterapéuticas con actividades que promuevan la expresión creativa, la cual es gene-ralmente no estructurada y liderada por el usuario. (p. 205)

Referencias

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