Martha L. Sámano Ríos
Vania A. Monterrubio Lozano
Condicione
s de
vida
,
trabajo
y
salud
en
Zoquiapan
50
sus bases en las diferentes etapas de la historia de México,durante las que la población ha permanecido inmersa en sistemas de producción desfavorables para su desarrollo personal, económico y social, lo que ha desencadenado una pobreza lacerante y una extrema marginación, y el paso de los años, lejos de mitigar las condiciones desfavo-rables, las potencializan y se reflejan en la cruda realidad que actualmente se vive. En esta realidad, los niños, niñas y adolescentes trabajadores de Zoquiapan luchan por salir de la pobreza, colaborando con su trabajo en la economía familiar.
Esta obra, editada por Fundación Telefónica, fusiona el conocimiento social e histórico de la pobreza y el trabajo infantil, con el aún naciente campo de la Salud Ocupacional en México, analizando desde una perspectiva global las con-secuencias del trabajo infantil en la salud de los menores. Esperamos que los datos aportados sirvan para despertar conciencias y sumar esfuerzos, de manera que estos niños puedan tener las oportunidades que, como sociedad, aún no hemos logrado proporcionarles.
Condiciones de
vida
,
trabajo
TRABAJO Y SALUD
EN ZOQUIAPAN
Nos cuentan en qué no trabajan, en qué no comen,
cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen,
qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres
¿Será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?».
Eduardo Galeano, Espejos, «El diablo es pobre»
«El estudio ayuda pero a veces
la inteligencia de las personas ayuda más.»
enseñanza diaria. Son mi luz, amor y cariño infinito; con sus ocurrencias siempre sacan lo mejor de mí. Los amo.
• Para Víctor, Isabel, Alejandra y Viviana por Ser y Estar.
• A mi padre, por sus enseñanzas y su risa; a Isa por ser mi fuerza y por su lealtad; a Vivis, por su ejemplo y perseverancia, a Ale, que aunque lejos estás en mi corazón. Gracias, su existencia me hace mejor.
Agradecimientos
• A Martha por involucrarse con tanta convicción en este proyecto lleno de responsabilidad y cariño.
• A Fundación Telefónica México, en especial a Mónica Torres y a Nidia Chávez.
• A todas las personas de la comunidad de Hornos de Zoquiapan que me abrieron las puertas de su casa y de su corazón, gracias por darme la oportunidad de hacer esta investigación. A la gente tan trabajadora de las «ladrilleras» a todos les doy mi más sincero agradecimiento por ser gente maravillosa.
• A las personas que siguen viviendo en el asilo Dr. Pedro López y a las que ya se fueron, por platicar conmigo.
• A los niños, niñas y jóvenes de la comunidad por participar y sonreír siempre.
• A Virginia Pérez, por compartir conmigo esta aventura y también a Ana María Peralta y a don Roberto y don Benjamín, por la ayuda en la reco-lección de testimonios e información. A Socorro Rojo, Virginia Pérez, Guadalupe Castrejón, Virginia Arazo, Ana María y Luz María Peralta, Ce-cilia Castañeda, Leticia Pérez, Adriana Pérez, Salomé Castañeda, Cruz y Silvia Vázquez por ser un ejemplo de vida, no dejen de luchar y nunca se den por vencidas. A Michelle García Serrano y a Lucina Dávila por su tiempo y esfuerzo en la recolección de datos. A «Un mañana», a todos, gracias.
• Especial agradecimiento a Carlos Masés García, por las desveladas… para resolver dudas y por su apoyo en la corrección de estilo.
• Alfredo Ruiz Montes (y familia) por su apoyo y amistad. • Rosy querida, compañera de la vida gracias por ser tú. • A todos los que creyeron en mí.
• A mis maestros.
en sus hijas se repitiera la historia. Por su ejemplo de amor, conciencia y respeto por los otros y honradez absoluta. Simplemente, ellos son el principio del todo.
• A mi hermana, que cada día me ayudó a sostener mi sueño y realizarlo… Que sin darse cuenta, me ha protegido desde los primeros años, con una gran fortaleza que aún está por descubrir…
• A mis padres y a mi hermana, que siempre van en mi corazón y están en mis oraciones.
• A Carlos, que llegó inesperadamente y con amor y paciencia ha perma-necido a mi lado impulsándome cada día.
• A Jos y a Jani, que sin conocerme y sin recibir remuneración alguna, me abrieron la puerta hacia la mejor oportunidad de mi vida.
• A Jos, que se sentó conmigo las veces que fueron necesarias para ense-ñarme lo mucho que no sabía, que me trató de tú a tú, que me enseñó a patinar y por convertirse en el maestro que recordaré toda mi vida… • A Jos y a Eila, que me permitieron sentarme a su mesa y me hicieron
sentir en casa…
• A Jani, que me acompañó en medio de la oscuridad a mi primer día de trabajo en el Polo Norte.
• A Sharea, que compartió nuestras soledades lejos de casa, que estuvo pendiente de mí cuando enfermé, que escucha y comparte a la distan-cia nuestra melancolía por los días pasados y que comparte la utopía de transformar a nuestros países.
• A Maija, por su gran generosidad y su sincera amistad.
• A Vania, por convertirse en cómplice y artífice de este proyecto. • A mis queridos amigos de siempre: Ale, Blanquita, Analí y Omar. • A los maestros que han dejado huella y gratitud en mi corazón: Jos
Ver-beek, Rodolfo Nava, Jani Ruotsalainen, Armando Pérez, Rodolfo Arias. • A Gerardo, por solidarizarse y ayudarme cuando estuve muy lejos de
casa.
• A las personas que sólo son unas estadísticas más, aquellas que con-mueven mi corazón y sacuden mi conciencia…
© Fundación Telefónica, 2016
Gran Vía, 28
28013 Madrid (España)
© Editorial Ariel, S.A., 2016
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© de los textos: Fundación Telefónica.
© de las ilustraciones de cubierta: © Detelina Petkova / Shutterstock © Bloomua/ Shutterstock © Den Rise - Shutterstock © Maksim Kabakou - Shutterstock.
Coordinación editorial de Fundación Telefónica: Rosa María Sáinz Peña
Primera edición: diciembre de 2016
El presente monográfico se publica bajo una licencia Creative Commos del tipo: Reconocimiento - NoComercial - CompartirIgual
Prólogo
. . . XIIIIntroducción
. . . XIX1. Iztapayucan
. . . 12. La conquista
. . . 53. La Nueva España y el México Independiente
. . . .134. La hacienda de Zoquiapan
. . . .175. ¿Quién fue Íñigo Noriega?
. . . .236. El Porfiriato
. . . .277. La hacienda, cimiento de capitalismo en México
. . . .358. Hornos de Zoquiapan, Ixtapaluca, principios del siglo
xx . . . .399. Y llegó Cárdenas
. . . .4510. Hospital Dr. Pedro López, Zoquiapan General Estado de México
. . . . 5111. Los gobiernos posrevolucionarios
. . . .6712. Ixtapaluca, municipio conurbado
. . . .7513. Así como decía mi abuela, así fue la baraja, en la casa del
pobre hasta el feto trabaja
. . . .7914. El proceso de elaboración del tabique
. . . .8314.1 La labranza. . . .86
14.2 Montar el horno . . . .86
14.3 La quema . . . .88
15. Viviendo entre cachería y la labranza
. . . .9116. Población de Hornos de Zoquiapan actualizada a 2014
. . . .10117. Intercambio y redes de reciprocidad
. . . .11918. Cuestiones de género
. . . .12319. Desesperanza adquirida o aprendida
. . . .12920. Propuestas de acción. ¿Qué hacemos?
. . . .13521. Trabajo infantil
. . . .14321.1 «Tipos» de trabajo infantil. . . .144
21.2 Números y realidades. . . .146
22. Trabajo infantil en México: cifras, legislación y programas
. . . .15322.1 Cifras . . . .156
22.2 «Causas» del trabajo infantil . . . .158
22.3 Legislación Nacional y su alineación con los Tratados Internacionales . . . .163
22.4 Programas nacionales de atención y combate al trabajo infatil. . . .166
22.5 Iniciativas y acciones gubernamentales recientes. . . .186
23. Trabajo infantil en Hornos de Zoquiapan
. . . .18923.1 De la fabricación artesanal de ladrillos a la recolección y separación de basura. . . .191
24. Exposiciones laborales en Hornos de Zoquiapan
. . . .19525. Problemáticas de salud en la comunidad
. . . .21726. Asociaciones: exposición laboral-daños a la salud
. . . .22926.1 Exposición laboral – daños a la salud en NNyA. . . .248
27. El dilema ético de la salud ocupacional y el trabajo infantil
. . . .25728. Retos para la investigación en salud y diseño de intervenciones
. . .26329. Limitaciones de este estudio
. . . .26930. Propuestas de investigación e intervención
. . . .27131. Conclusiones
. . . .27532. Glosario
. . . .28133. Siglas y acrónimos
. . . .283Estimaciones mundiales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)1 sobre los
secto-res en los que se concentran los niños en situación de trabajo infantil dan cuenta de que la agricultura es con mucho el sector más importante, ya que representa el 59% de todos los niños en situación de trabajo infantil, más de 98 millones de niños en términos absolutos. No obstante, el número de niños en situación de trabajo infantil en los sectores de servicios y la industria no es insignificante: 54 millones se encuentran en el sector de servicios y 12 millo-nes en la industria, donde el trabajo infantil se relaciona principalmente con labores en la construcción y en la manufactura.
En África, Asia y América Latina, la mano de obra infantil es habitual en la construcción, par-ticularmente, en la fabricación de ladrillos. Este sector fabril, en nuestro continente se carac-teriza por la ausencia de tecnología, escasa inversión en los procesos de producción y se concentra principalmente en la periferia de las grandes ciudades. Los trabajadores son en su mayoría migrantes de las zonas rurales que tienen pocos estudios u otros conocimientos prácticos. Viven en condiciones de marginación y pobreza, carecen en algunos casos de los servicios básicos como agua potable y electricidad. En la cadena de producción intervienen múltiples intermediarios: el propietario de la tierra, el arrendador del terreno, el propietario del horno, el transportista y, en la parte inferior de la cadena, el trabajador. La carga principal recae sobre los trabajadores y sus familias, que trabajan durante largas horas por un salario diario que apenas les permite acceder a un mínimo nivel de subsistencia.2
El análisis y estudio del trabajo infantil ha sido abordado desde diferentes ángulos y discipli-nas, ello obedece a su complejidad y origen multicausal; y en el caso específico del trabajo infantil en ladrilleras, a la preocupación de organismos internacionales como la OIT y UNICEF, los gobiernos, organizaciones sociales, instituciones privadas que apoyan estos loables es-fuerzos como Fundación Telefónica, personificada en la incansable labor de Mónica Torres, responsable de Vinculación Institucional y Educación de la Fundación; así como el interés de estudiosos e investigadores por profundizar en el conocimiento de este fenómeno en parti-cular, que se manifiesta como una actividad familiar en la que frecuentemente participan niñas, niños y adolescentes, con consecuencias y daños para su salud, debido a que las con-diciones laborales son generalmente insalubres e inseguras. Además, la carga de trabajo ex-cesiva retrasa o deforma su crecimiento y desarrollo físico; a menudo esta situación se ve agravada por la desnutrición, que sumada a la falta de agua potable y el contacto con la arci-lla contribuyen a la propagación de infecciones.
1. OIT-IPEC. Medir los progresos en la lucha contra el trabajo infantil, estimaciones y tendencias mundiales entre 2000 y 2012, p. 23. 2. Véase «El trabajo infantil en la construcción y en la fabricación de ladrillos», publicación de la OIT, disponible en: http://www.ilo.org/public/
Es un tema relevante, por eso me congratulo del esfuerzo y el trabajo intelectual que se ha vertido en la publicación titulada Condiciones de vida, trabajo y salud en Zoquiapan; es una investigación que introduce al lector a un panorama de las realidades que pertur-ban cotidianamente el futuro y las oportunidades de esa comunidad. Un importante res-cate no solo histórico sino social, económico y político de una población de 467 habitan-tes que vive en condiciones de pobreza y marginación; a pesar de haber desempeñado durante largo tiempo un papel trascendental en el desarrollo de su región y sus alrede-dores.
El documento centra su atención en la falta de oportunidades de desarrollo social y humano de la población, que dan como consecuencia, la práctica del trabajo infantil; la pobreza obliga a las niñas, niños y adolescentes de la zona a trabajar para contribuir con el gasto familiar. El libro, en respuesta a esta situación propone la implementación de la Salud Ocupacional en la población; con el fin de que diversos especialistas en el campo de la salud, la educación y actores sociales contribuyan en constituir condiciones seguras y decentes para las niñas, niños y adolescentes trabajadores.
Una de las autoras de este libro, la Mtra. Vania Angélica Monterrubio Lozano, exdirectora del Centro de Desarrollo Comunitario en la colonia Hornos Zoquiapan, ha estado compro-metida con las causas de comunidades marginadas por más de diez años, promoviendo la educación y el desarrollo comunitario; actualmente realiza un trabajo loable en esa locali-dad, ubicada en el Municipio de lxtapaluca, en el Estado de México, resaltando mediante la investigación su interés por el desarrollo humano y el bienestar de las personas en situa-ción de vulnerabilidad. Su activismo y contribusitua-ción a la academia con estudios de este tipo hacen posible que la ayuda llegue a la población, para favorecer la satisfacción de sus ne-cesidades sociales básicas.
Por su parte, Martha Leticia Sámano Ríos, especialista en el tema de salud en el trabajo y con experiencia como lntern Researcher en el Instituto Finlandés de Salud Ocupacional, ha desa-rrollado investigaciones sobre trabajo infantil, salud y protección en el trabajo adolescente y contra el trabajo infantil peligroso. Su empeño y entrega con el proyecto permitió examinar de manera específica los temas de la salud y el trabajo infantil en la comunidad, lo que le otorga al documento elementos valiosos que aportan propuestas originales y adecuadas a la circunstancia objeto de estudio.
La estructura del documento responde a un orden cronológico. Un primer bloque que contie-ne los primeros capítulos detalla, a través de una revisión histórica, los hechos más impor-tantes para la comunidad. El recorrido abarca desde la época de la Colonia, donde la comuni-dad objeto de estudio se convirtió en una importante productora de pulque, hasta su ascenso en el siglo xix, basado en la producción de ladrillos, lo cual marcaría su desarrollo y despegue económico.
En un segundo bloque de capítulos se puede rescatar el detallado análisis de la población y una encuesta elaborada por las autoras, con el propósito de observar el objeto de estudio de manera cercana, razón por la cual este apartado está apoyado por estadísticas, gráficas y entrevistas construidas y recolectadas por ellas mismas. Esta proximidad no sólo nos da un panorama general de la población, sino que nos acerca, de manera singular, a la problemática del lugar.
También se puede encontrar un apartado dedicado a la revisión de las condiciones sociales y legales del trabajo infantil y los programas impulsados por el gobierno para tratar de abatir esta práctica. Apartado que contiene de forma teórica los lineamientos básicos de la OIT y los condicionamientos internacionales para que la práctica pueda ser llevada a cabo. Se ana-lizan también las principales acciones realizadas por diversas administraciones del Gobierno de la República, resaltando sus logros, además de sus metas y limitaciones respecto del tema.
Por último, las investigadoras nos otorgan una revisión médica de los habitantes y las conse-cuencias en su salud derivadas del desarrollo de esta actividad histórica (la construcción de ladrillos) y las complicaciones que también trajo su incorporación a las acciones de recolec-ción de basura, para obtener otra fuente de ingreso. En el último apartado, sus propuestas se centran en el tema del trabajo infantil; su política pública para la erradicación y legislación en la materia por parte del Estado; además de la implementación de programas basados en la Salud Ocupacional en el caso de las niñas, niños y adolescentes que no pueden dejar sus actividades laborales, sin descuidar su desarrollo humano y social por su contribución a la economía familiar.
La lectura de la obra dejará en el lector un interés no sólo por saber más acerca de la situación de la comunidad, sino porque la visibilidad que otorga el texto permitirá sensibilizarnos sobre la problemática del trabajo infantil en la que viven comunidades como la de Zoquiapan, excluidas de la dinámica del desarrollo nacional. Esto promoverá dentro de los ámbitos académicos, es-tudiantiles y gubernamentales la inquietud por profundizar sobre estos temas.
ni-ños y adolescentes que trabajan. Hoy, el trabajo infantil constituye un problema fehaciente a escala mundial. Existen esfuerzos que se realizan a nivel internacional para combatirlo con herramientas y acciones de diversa índole.
En América Latina, en países como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Honduras, Nicaragua y Perú, se han llevado a cabo en los últimos años estudios y políticas públicas encaminadas a superar esa condición de trabajo inaceptable. El tema en el que centran su atención los congresos realizados por los gobiernos, instituciones, organismos internacio-nales y los productores de ladrillo de la región es la salud de los trabajadores en general, la generación de mejores condiciones laborales para la seguridad social y la erradicación del trabajo infantil. Este hecho se ha traducido en la inclusión de las niñas, niños y adolescen-tes trabajadores a la educación básica y la oportunidad de acceder a mejores condiciones de vida.
Casos específicos han atraído la atención de organismos internacionales como el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT): es el caso de las ladrilleras en Argentina, donde las condiciones de ocupación infantil son preocupantes. Sus diversas publicaciones e investigaciones hacen énfasis en una serie de recomendaciones para encaminarse a una solución sensata, entre las que destaca la realiza-ción de políticas públicas que consideren a los niños como sujetos de derechos.
Para evitar el trabajo infantil en estos espacios fabriles artesanales, se necesita, además de terminar con la práctica clásica o costumbrista de ocupar a los infantes en estas actividades del proceso de producción, que los hornos tradicionales para la creación de ladrillos sean reemplazados por nueva tecnología para su elaboración. La eficiencia y tecnificación del pro-ceso evitará el trabajo infantil y se traducirá en la reducción del impacto nocivo que generan en la salud la quema y producción de humo, no sólo de niñas, niños y adolescentes emplea-dos en estas actividades sino también del medio ambiente y de la comunidad. Un ejemplo de la utilización de nueva tecnología se puede encontrar en el estado mexicano de Tlaxcala: donde se encuentra la primera industria que produce el ladrillo de forma tecnificada.
La visión del Gobierno de la República coincide con la percepción de las autoras, en el sentido de que durante mucho tiempo el tema del trabajo infantil se mantuvo fuera de la agenda la-boral-social de las administraciones federales de México. Por ello, al comenzar la administra-ción del licenciado Enrique Peña Nieto, se estableció por primera vez una política nacional para dar cumplimiento a la normatividad internacional y a lo estipulado en los artículos 1º y 4.° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 1.º y 7.° de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, aprobada el 4 de diciembre de 2014, donde se precisa que en las decisiones y actuaciones del Estado debe prevalecer en todo momento la garantía de los derechos humanos, el interés superior de la niñez y el reconocimiento de los infantes y adolescentes como titulares de derechos.
El Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, dentro de la Meta Nacional «México Próspero» contiene el objetivo «Promover el empleo de calidad»; el cual tiene como una de sus estrate-gias, promover el trabajo digno o decente, a través de diversas líneas de acción, entre ellas la encaminada a «contribuir a la erradicación del trabajo infantil».
Para contribuir con el cumplimiento de estos cometidos, el Gobierno de la República y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social han emprendido la ejecución de diversas acciones, entre las que destaca la iniciativa para reformar el artículo constitucional 123, apartado A, fracción III, a fin de elevar la edad mínima de admisión al empleo de 14 a 15 años aprobada en 2014. Con la aprobación de esta reforma y su armonización con la Ley Federal del Trabajo aprobada por la Cámara de Senadores, se ratificó el Convenio 138 de la OIT sobre la edad mínima de admisión al empleo; hecho que la investigación resalta como un importante avance en materia de erradicación del trabajo infantil.
Como parte de estas acciones, merece especial mención, la publicación El Trabajo Infantil en México: avances y desafíos, a cargo de la Subsecretaría de Previsión Social, en cuyo conteni-do se ofrece un análisis de la problemática, tendencias, avances y resultaconteni-dos en el plano na-cional, así como los retos y desafíos que deberá enfrentar el país en los próximos años.3
La exclusión es otro de los temas en los que el libro centra su análisis aportando una revisión de los diferentes programas que brindan apoyo a las niñas, niños y adolescentes de México. La Administración federal actual proporciona un nuevo enfoque que ha permitido sentar las bases para transitar de una política asistencialista a una política de derechos humanos, que facilite la incorporación efectiva de los grupos vulnerables en la vida social y económica del país.
En términos generales la inclusión de los individuos a los medios financieros, pero primor-dialmente el acceso de estos a las redes institucionales y sociales, promoverá la inclusión de
un modo más integrador a los beneficios y servicios que otorga el gobierno. Es una estrate-gia orientada a la reducción sostenida de la pobreza, la segmentación social y las desigualda-des, para obtener los niveles de bienestar que se deben garantizar a la sociedad para promo-ver la cohesión social; especialmente en lo que se refiere al trabajo infantil.
Si bien es importante mencionar algunas de estas acciones emprendidas por el gobierno, y especialmente la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, es obligado reconocer que aún falta mucho por hacer. Los retos que enfrenta el Estado mexicano no son fáciles, pero con la colaboración de todos y principalmente de la participación de los investigadores y sus pro-yectos podemos nutrir las bases para hacer de estos desafíos y sus soluciones una realidad.
Lograr erradicar este problema mediante diversos mecanismos que exigen esfuerzo y mu-cho trabajo, ubica en armonía los retos emprendidos por el gobierno federal y la investiga-ción realizada por las maestras Vania Angélica Monterrubio y Martha Leticia Sámano. Sacar a los niños de trabajar, que jueguen y permanezcan dentro del sistema educativo nacional hasta terminar su educación básica; asimismo, que puedan desarrollar y fortalecer sus capa-cidades esenciales, con el propósito de romper el ciclo intergeneracional de la pobreza, es el reto del Estado mexicano.
José Adán Ignacio Rubí Salazar Subsecretario de Previsión Social Secretaría del Trabajo y Previsión Social del Gobierno de México
La localidad de Zoquiapan, ubicada en el Municipio de Ixtapaluca en el estado de México, ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo regional, a pesar de ser una comunidad en condiciones de pobreza extrema. A través de su historia ha vivido diferentes etapas: pri-mero como una hacienda pulquera durante el Porfiriato; posteriormente, en una etapa en que México le apostaba a la modernidad, fue un lugar donde proliferaron los hornos para la producción de tabiques (conocidas comúnmente como «ladrilleras»), y actualmente por la creación de un hospital de especialidades médicas, único en la zona.
Sin embargo, su reconocimiento a nivel nacional se debió al establecimiento de un hospital dermatológico en 1939, que atendía a enfermos de lepra que en su mayoría provenían de la zona centro, la costa, este y norte de la República Mexicana (aún hoy en día existe una dece-na de ellos viviendo en este lugar). Durante casi cincuenta años estos enfermos convivieron cotidianamente con la comunidad encargada del trabajo en las tabiqueras.
A lo largo del tiempo, la población de Zoquiapan se ha caracterizado por altos niveles de ex-plotación, marginación y pobreza que tienen sus bases en las diferentes etapas de la historia de México. Por ello, es fundamental hacer un recorrido por las facetas más importantes que van desde lo general: La conquista, la Nueva España, el Porfiriato —de aquí se destaca la hacienda como sistema de producción— y particular: historia y desarrollo de la hacienda de Zoquiapan, Los gobiernos caudillistas, durante los cuales se establece el Hospital Dermato-lógico doctor Pedro López, la constitución de la zona tabiquera en la década de los setenta y testimonios de pobladores, de las mujeres y niños trabajadores. Todo lo anterior para enfati-zar las múltiples razones históricas que han mantenido a la población inmersa en sistemas de producción desfavorables para su desarrollo personal, económico y social y que ha desen-cadenado una pobreza lacerante y una extrema marginación.
Zoquiapan, a pesar de estar en una zona medianamente centralizada, forma parte de los llamados «cinturones de pobreza». Es un reflejo de lo que sucede en la mayor parte del país: zonas marginadas, pocas oportunidades de desarrollo, actividades laborales que atentan contra la salud humana, trabajo infantil, rezago económico, violencia intrafamiliar, desem-pleo extremo, drogadicción, escasos servicios de salud, carencia de servicios educativos y una larga lista de factores que no permiten fomentar el desarrollo humano y social de la po-blación.
inicia-tivas exitosas que han aportado a la construcción de un desarrollo humano más digno en esta comunidad no son aquellas de asistencialismo emprendidas por el gobierno, sino inicia-tivas particulares, de organizaciones no gubernamentales que en conjunto con la comunidad emprenden proyectos y estrategias de impacto.
En México, el trabajo infantil es una realidad que no encuentra fin. Todos trabajan para salir de la pobreza, anhelan lo que muchos anhelamos: un trabajo que les permita vivir con digni-dad. Un trabajo que otorgue un ingreso digno, condiciones de seguridad e higiene en el lugar de trabajo, acceso a sistemas de protección social y reconocimiento de los derechos labora-les; trabajo que aún es una esperanza para más de la mitad de los mexicanos, en especial para niños, niñas y adolescentes.
Esta obra fusiona el conocimiento social e histórico de la pobreza y el trabajo infantil en Mé-xico con el aún árido y naciente campo de la salud ocupacional. En este caso, la salud ocupa-cional invita a padres, maestros, sociólogos, ingenieros, psicólogos, médicos, enfermeras, nutriólogos, fisioterapeutas y a todo el que tenga algo que aportar, a construir condiciones de trabajo seguras y decentes para los niños, niñas y adolescentes que están obligados a trabajar para sobrevivir, o bien, para conseguir las oportunidades que como sociedad, no he-mos logrado proporcionarles.
Se trata de un recorrido histórico en una comunidad marginada que desde tiempos antiguos se dedica a la fabricación artesanal de ladrillos. Una comunidad cuyas condiciones de vida son preocupantes y que paradójicamente, le preocupa a muy pocos.
Capítulo
1
Los señoríos que se establecieron en el área geográfica de lo que hoy conocemos como el estado de México no alcanzaron a integrar una entidad política homogénea, debido a que cada población con cierto grado de importancia socioeconómica y política tuvo un territorio y gobierno propio. Asimismo, la mayoría de ellos estaban en conflicto con los demás seño-ríos y dependían de su poder bélico y su capacidad para formar alianzas para extender su influencia y territorio; por este motivo, actualmente existen centros urbanos de mayor im-portancia que otros. Hoy en día casi todos ellos conservan sus nombres originales.
Se podría considerar como cabeceras políticas de mayor importancia a Chalco y a Texcoco, las demás poblaciones eran pequeños gobiernos, propios de sus respectivas etnias; por esta razón se presentan (...) como entidades autónomas.1 La región de Chalco Amaquemecan se
consideró una zona de las más pobladas en el México antiguo y es también un pueblo origi-nario. Chalco era una enorme extensión de tierra que incluía Tenayuca, Tlamacoya, Tlalma-nalco e Iztapayucan, en su territorio convivían varios grupos con enormes diferencias étni-cas y lingüístiétni-cas, se distinguían entre sí por las deidades en las que creían, «fueron aceptados en la región chalca gracias a que llevaron productos novedosos como pieles de gato montés, redes de canastas, muñequeras, objetos de caracol, papel de pachtli, arcos y vestidos de pieles».2
Chalco se convirtió en una potencia agrícola a partir del siglo xiv, el maíz producido en esa
zona era muy apreciado en el comercio por su sabor y textura. Los mexicas al llegar a Tenoch- titlán no tuvieron posibilidades de cultivar porque no poseían tierras y por ello tuvieron que establecer comercio con Chalco, el principal producto de compraventa fue justamente el maíz. Posteriormente, los mexicas idearon una forma de cultivar en los sistemas de produc-ción conocidos como «chinampas» a la orilla de los lagos; no obstante, para iniciar este pro-ceso tuvieron que adquirirle insumos agrícolas a Chalco.
En 1465 Chalco se convirtió en una provincia tributaria, los mexicas lograron generar a través de la guerra y el sometimiento de los pueblos un poderío que se establecía desde el valle de México hasta las costas del Golfo. Dentro de Chalco se encontraban los señoríos de Iztapa-yucan.
En 1820, Iztapayucan fue elevado al rango de municipio y oficialmente, el 31 de enero de 1824 con la constitución de los Estados, pasó a formar parte del Estado de México cuando su Congreso3 cumplió la formalidad y se erigió como tal. Los historiadores difieren en las fechas,
debido a que la XXIX Legislatura Constitucional del Estado de México conmemora el Primer Centenario de su Erección el 2 de marzo de ese mismo año.
1. Jarquín Ortega M. Manuel Miño Grijalva, Cecilia Cadena Inostroza. (2010). Estado de México, Historia Breve. México DF: Fideicomiso Historia de las Américas, Fondo de Cultura Económica, Colegio de México. p. 35.
2. Romero Quiroz J. (1977). División territorial y heráldica del Estado de México. Toluca: Gobierno del Estado de México, p. 20.
El nombre náhuatl de Ixtapaluca es Iztapayucan, que se compone de iztatl: «sal, pallutl o pallotl, mojadura», y de can: «lugar», lo cual en conjunto significa: «lugar donde se moja la sal». Existe otra definición para su nombre: «lugar en donde se forma la sal». A este munici-pio se le adhirieron los pueblos de Tlapacoya, Ayotla, Tlalpizahua, Acuautla, Coatepec, Aco-sac y las dos Haciendas de Zoquiapan.4 En 1861, se dividió el territorio del estado donde
Chalco se estableció como el tercer distrito5 y entre ellos también a Texcoco.6 En 1894, la
municipalidad de Ixtapaluca perteneció al distrito de Chalco y estaba conformado como pueblo.
Zoquiapan se mantuvo incólume durante finales del siglo xix y hasta la primera mitad de si-glo xx como una zona fértil y fructífera para la siembra, un lugar silvestre, con acceso a
arro-yos, cerros y grandes extensiones de árboles frutales y bosques; era conocida por sus atrac-tivos paisajes a principios del siglo xx. Hoy en día es una de las reservas naturales más
antiguas del país, se creó en 1935 con el carácter de Parque Nacional Zoquiapan7. En su
te-rritorio se encuentra «El volcán Tláloc que está cubierto de vegetación y desde lejos, su cima es una especie de casquete rocoso, en donde sus fuertes vientos impiden la existencia de grandes coníferas y así los chaparros secos extienden sus ramas que parecen reptar y cuan-do se secan y son calcinadas por la cima del sol se asemeja un enorme osario de huesos blanquecinos […]. Este volcán inactivo está conectado con el Parque Nacional de Zoquiapan, que comprende parte del Río Frío y Tlalmanalco, integrado por 10,000 hectáreas. Los bos-ques son hermosos, cruzados por numerosas sendas y pequeños caminos para la explota-ción forestal».8
4. Que será, en el resto de este texto, nuestro punto de referencia histórico, económico y social. Zoquiapan, pertenece al pueblo de Ixtapaluca. 5. Congreso del Estado por Decreto N.º 25 del 8 de julio de 1861, División del territorio del Estado en Distritos Artículo 1° «Por ahora y mientras
no disponga otra cosa la Constitución, se divide el territorio del Estado para su gobierno político».
6. Decreto N.º 45 fecha 14 de noviembre de 1861 en el que también se establece que todas las Cabeceras de los Distritos, tendrán título de Villas, se exceptúa a los que tengan título de Ciudad.
7. El decreto que le da sustento legal fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el 29 de octubre de 1935, en él se estableció el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatepetl. Posteriormente, ese mismo año se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 8 de noviembre, el decreto que dio origen al Parque Nacional Zoquiapan y Anexas, Durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas.
Capítulo
2
Hernán Cortés, líder de la conquista española de México, poseía una enorme ambición, gran capacidad para las armas, relaciones públicas, evidente liderazgo y una comprobada destre-za para la conquista, tal como como lo menciona Raúl Bringas en su libro Anti historia de México (2013):
Su capacidad para abrirse paso en una tierra de aventureros, con numerosos competi-dores, quedó demostrada cuando, ya conquistada a isla, se convirtió en el hombre más importante, después del gobernador Diego Velázquez, en la recién fundada Santiago de Cuba, primera capital de la isla. Su poder se vio ratificado tras su designación como al-calde de la ciudad, no por mera imposición, sino por deseo expreso de los vecinos, quie-nes advertían en él al hombre decidido y enérgico que requerían en la empresa de la colonización […] en un esfuerzo por deshacerse de él sin tener que asesinarlo o arrestar-lo, en 1518 optó por nombrarlo (Velázquez) capitán general de una expedición al actual territorio mexicano […] Su enorme destreza para alentar a los hombres a lanzarse a fas-cinantes aventuras se manifestó en la rapidez con la que reunió a más de trescientos aventureros(pp. 45-46).
Era difícil que los aventureros se resistieran ante el carisma de un líder poderoso que además les prometió no sólo aventuras sino también oro, indios, nuevas y ricas tierras. Esas trescien-tas personas vieron principalmente la posibilidad de enriquecerse. Entre éstos, estaban Juan de Grijalva, Francisco Hernández de Cuéllar, Juan de Cuéllar y Pánfilo de Narváez, con los que partió a tierras continentales, tan sólo a un mes después del nombramiento como capitán que el gobernador le había brindado. Después el gobernador se arrepintió de brindarle mayor poder, y le quitó el nombramiento, Cortés se rehusó a perderlo y continúo con la empresa, ante tal respuesta, se le acusó de amotinamiento. Aun así partió a lo que sería la Nueva Es-paña, lo que le generó, con el tiempo, un enorme dominio. (Bringas, 2013)
Al llegar a tierras mayas, logró hacer las alianzas correctas, y demostrar rápidamente, su supremacía a través de caballos y armas de fuego. Creó el ayuntamiento de la Villa Rica de La Vera Cruz, para romper con Cuba y establecer el vacío de autoridad en las nuevas tierras, con la ideal obligación de rendir cuentas únicamente al rey. Descubrió fácilmente la evidente esclavitud a la que estaban sometidos la mayoría de los pueblos encontrados en su recorri-do, lo cual le dio una oportunidad estratégica para sus planes de conquista. Los pueblos indí-genas vieron en el hombre barbado una oportunidad para acabar con el sometimiento rapaz del gobierno imperante de los aztecas. La alianza que hace con los pueblos sometidos (toto-nacas, tlaxcaltecas, entre otros ) contra el Imperio mexica logró ponerlos muy pronto en el Valle de México. Después de varios años, de encuentros entre españoles y mexicas, conjun-tamente con sus respectivos aliados, el uso de la violencia por ambas partes y tras defender cada quien su identidad e ideología, Tenochtitlán fue derrotada.
com-pleja que fue la conquista de México, que incluyó una amplia extensión territorial y una en-marañada división política y geográfica. Sin embargo, es oportuno destacar que cuando cayó Tenochtitlán, fue cuando comenzó una enorme empresa de negociación, organización y estructura de las nuevas tierras continentales en las que Hernán Cortés fue el nuevo diri-gente.
La actividad económica (de los pueblos nativos) se desarrolla en el sector primario, sus rela-ciones de poder y de mando son cara a cara por el contacto directo. Sus familias son exten-sas y sus cosmogonías, mitos y sagas tienen un papel preponderante. El ejercicio de poder se norma por la tradición o el precedente. Los miembros de esta civilización aceptan las re-glas del poder oficial distante, pero el mando se ejerce dentro de formas ancestrales. Los lí-mites que impone el poder distante (municipal, estatal o nacional) son aceptados y respeta-dos […] Existe la aceptación tácita de que el poder local tiene como propósito mantener el orden y evitar el conflicto, en tanto el poder distante es aceptado como regulador de las ac-tividades, lo que les obliga a acatar sus disposiciones, aun sin comprenderlas.1
Juan de Cuéllar, hombre cercano a Hernán Cortés, logró una gran alianza con el señor de Tex-coco, desposándose con su hija, cuatro años después de que cayó el Imperio mexica. En 1543, el virrey le encomendó las tierras de Ixtapaluca y Chimalhuacán, sin embargo, murió poco tiempo después y la viuda solicitó a las autoridades que por la participación de su espo-so en la Conquista se le dieran más tierras, debido a que consideraba que Ixtapaluca no era un lugar próspero ni digno de su linaje. En 1546, El primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, determinó que Zoquiapan pasaba a formar propiedad de la Nueva Es-paña poniéndolo en resguardo de don Alonso López. Posteriormente se estableció el rancho llamado Zoquiapan, el cual fue administrado por los frailes dominicos de la jurisdicción de Texcoco que lo rentaban para pagar tributo a su majestad.2
Por otro lado, después de la conquista el 13 de febrero de 1548 , por Célula Real, la Audien-cia de México fraccionó el territorio virreinal dos grandes porciones, subdivididas en gober-naciones, corregimientos y alcaldías mayores: una sería la Audiencia de México y la otra de Guadalaxara, sin demarcaciones precisas. Las desconocidas tierras fueron divididas entre los conquistadores y se les brindó algunos privilegios a los pueblos indígenas que partici-paron en la conquista. El sistema de tributación tan elaborado que mantenían los mexicas sobre los demás pueblos se mantuvo, es decir, «el régimen español no sólo conservó el sistema de tributación indígena, sino que lo llevó adelante con rara meticulosidad, valién-dose de tasaciones escritas fundadas en cuentas efectivas del número de varones, adultos o familias».3
1. Castrejón Diez, Jaime (1995) La política según los mexicanos, Ed. Océano, pp. 89-90. 2. Almoací, J (2014) Zoquiapan, paraje ribereño en sal en todo un poco Estado de México, p. 8.
El «problema de la tierra» en México es, por lo menos tan viejo como el inicio de nuestra sociedad. Durante los tres siglos de dominación colonial, la lucha entre los grandes pro-pietarios españoles y sus descendientes, por un lado, y la Corona Española y las comu-nidades indígenas por el otro, fue constante. A partir del propio Hernán Cortés, el impul-so de los Conquistadores fue el de acumular el máximo posible de propiedad raíz así como vasallos indígenas, sin importar los daños que esa línea de acción pudiera causar al sistema social y económico en su conjunto, puesto que la disminución de las tierras de cultivo de los naturalez más allá del mínimo necesario, ponía en peligro en manteni-miento y reproducción de la mano de obra […] La catástrofe demográfica del siglo xvii fue, en parte, en resultado de la expansión desmedida de estos latifundios.4
Al mismo tiempo, la población indígena comenzó a disminuir drásticamente entre 1540 a 1570: «Particularmente para el Valle de México, Gibson ha establecido las tendencias que siguió la población indígena a partir de la Conquista, tiempo para el cual estima la existencia de 1,500,000 habitantes hasta 1570, cuando cayó aproximadamente a 325,000, para luego acelerar su caída a 70 000 personas que se registran a mediados del siglo xvii».5 Asimismo el
Archivo General de la Nación refiere que «las mercedes de tierras otorgadas entre 1536 y 1620, Simpson pudo demostrar que durante esos años hubo en México una sustitución ma-siva de seres humanos por ganadería (…) bajo el efecto de la guerra, los trastornos económi-cos y sociales y las nuevas enfermedades, la población notablemente densa de antes de la conquista disminuyó en más de un 90% entre 1519 y 1607. La catástrofe demográfica sub-siguiente a la conquista de México puede calificarse como una de las peores en la historia de la humanidad».6
Por otro lado, el historiador Raúl Bringas (2013) menciona que «la aventura de conquista de Cortés sigue siendo una de las páginas más vibrantes. México hace muy mal en renegar del hombre que inició su moderno proceso histórico. Cortés junto con la Malinche sentaron las bases de la ansiada identidad mexicana. Afortunada o desafortunadamente, incorporó a Me-soamérica al mundo y abrió la puerta al sincretismo cultural que caracteriza a México. […] Negar a Cortés como uno de los grandes hombres de la historia mexicana es inconcebible» (pp. 53-54).
Algunos historiadores coinciden en mencionar a Hernán Cortés como una persona que tuvo la capacidad y el arrojo para fundar, conjuntamente con protomédicos, varias obras en bene-ficio de los pobladores de la Nueva España, acciones realizadas para reparar los daños gene-rados. En cuanto a la construcción de hospitales, la tradición de la España medieval estaba basada en el pensamiento cristiano de ayuda al despojado, pero sobre todo, fue una
res-4. Granados Roldán, Otto (1983) Las organizaciones campesinas en México, Ed. Océano, p.9.
5. Jarquín María Teresa, Carlos Herrejón Peredo. (1995). Breve historia del Estado de México. México DF: Fideicomiso Historia de las Américas, Fondo de Cultura Económica, Colegio de México. p. 3.
puesta a las apremiantes necesidades que sufrían en la época, tales como epidemias, gue-rras o pestes, las cuales requerían instalaciones para sus tratamientos y atención médica especializada. «La devastación que ocasionaron las epidemias fue una de las razones que impulsaron el establecimiento de hospitales dedicados a la atención del enfermo. En la Edad Media se creó una mística en cuanto a la atención de la lepra, su exclusión social por motivos de salud pública se vio compensada por el espíritu de respeto y amor que debía ser otorgado al leproso y que la Iglesia canalizó muy acertadamente a través de una ceremonia especial denominada Separatio leprosorum. “Muere al mundo y renace en Dios”. La cual justificaba plenamente la segregación social del leproso». 7
Hernán Cortés, por un «sentimiento individualizado de agravio a la población»,8 creó El
Hospital de Jesús y el Hospital de San Lázaro, los cuales cual fueron establecidos para los enfermos mentales, de sífilis y, sobre todo, del mal de San Lázaro». Tal como lo estableció María Luisa Rodríguez–Sala: «Los hospitales se construían fuera de la ciudad lejos de la sociedad, porque la exclusión social y la marginación estaban totalmente aceptadas. El hospital de San Lázaro, también conocido como el Hospital de la Concepción o de Jesús Nazareno, fue construido entre 1521 y 1524 cerca de Tlaxpana y se destinó para la aten-ción de los leprosos».9
Lo peculiar de la historia es que Cortés tenía entre su séquito a un médico con el nombre de Pedro López que lo acompañó en esta empresa en 1524, este personaje murió en 1554 y fue homónimo de un personaje que será trascendente para nuestra investigación y del cual ahon-daremos más adelante. Cortés había intentado establecer un primer hospital lazareto, pero con mala fortuna, pues su enemigo acérrimo, Nuño de Guzmán, destruyó esta obra. Los inter-nos estuvieron sin atención por muchos años, viviendo en las calles y en las peores condiciones que un ser humano pudiera tener. De acuerdo con el obispo Moya de Contreras, fue hasta que Pedro López, a quien llamaban «padre de los pobres», fundó el Hospital de San Lázaro en 1572 con sus propios recursos, y así los leprosos volvieron a ser atendidos.10 Actualmente, en lugar
del antiguo Hospital de San Lázaro, se encuentra el Congreso de la Unión.
Profundizaremos en la figura del doctor Pedro López, por su importancia en la medicina en México, su trascendencia en la atención a los leprosos y porque fue fundamental para el es-tablecimiento del Hospital Dermatológico que se constituyó siglos después en Ixtapaluca. Pedro López es conocido no sólo por ser el «padre de los pobres», como ya se estableció en varias ocasiones, sino también porque en septiembre de 1543 fue el primer médico
gradua-7. Rodríguez Sala, María Luisa (2005). El Hospital Real de los Naturales, sus administradores y sus cirujanos: 1531-1764. ¿miembros de un
estamento ocupacional o de una comunidad científica? UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales p.33.
8. Ibidem p. 29.
9. Muriel, Josefina. (1960). Hospitales de la Nueva España. Tomo II. Fundaciones de los siglos xvii y xviii, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, pp. 51-52.
10. Rodríguez-Sala M, Luis Martínez Ferrer (2013). Los médicos en la Nueva España, Socialización y religiosidad del médico Pedro López
do de la Real Universidad de México.11 Este hecho fue tan notable que incluso el virrey y el
arzobispo estuvieron presentes en la catedral de la Ciudad de México, lugar en donde se llevó a cabo el pomposo evento. Rápidamente se dio a conocer en las altas esferas de la Nueva España por su inteligencia, su interés por el desarrollo de la medicina en estas tierras nuevas para él, sus actividades en la universidad, entre otras cosas. Esto lo llevó a relacionarse fácil-mente con las personas correctas de la sociedad novohispana para lograr en poco tiempo sus proyectos, que se dirigían en su mayoría a actos en favor de la comunidad y de los me-nesterosos. Con el tiempo fundó dos hospitales, el de San Lázaro, como ya se mencionó, para la atención de los leprosos y el segundo el Hospital de los Desamparados, el cual «fue producto de una profunda responsabilidad social y de compromiso cristiano frente al proble-ma de los enfermos, proble-marginados y abandonados de la entonces ya gran ciudad de México».12
Actualmente, en este lugar se encuentra el Museo Franz Meyer, a un lado del edificio del SAT (Servicio de Administración Tributaria).
Entre las singularidades de su vida destacan que no sólo trabajó en obras para la comunidad con sus propios recursos, sino que muchos historiadores coinciden que fue acusado falsa-mente de herejía por uno de sus enemigos, ante la Santa Inquisición. No obstante, el gran círculo de conocidos que frecuentaba, y la falta de evidencia, lo salvó de ser juzgado por el Santo Oficio. La Inquisición y el Santo Oficio fueron una gran herramienta, florecida y mejo-rada en la sociedad conservadora, impenetrable y católica de la Corona española, que para-lelamente fue fortificada en Inglaterra, Francia, Italia y Suecia entre otros países occidenta-les. Cualquiera podía generar acusaciones en contra de otra, fuese que tuviese verdaderas sospechas o que tales fuesen infundadas. Existía el caso de personas que ya habían fallecido y post mortem podían ser enjuiciados y su familia podía ser despojada de lo que les pertene-cía quedándose sin ningún sustento.
Josefina Muriel (1956) menciona que «el doctor Pedro López se ausentó del claustro univer-sitario, pero también fue entonces cuando concibió la creación del hospital San Lázaro para la atención de los leprosos en la ciudad» (pp. 249-258). Lo llamó igual que el hospital que había construido Hernán Cortés el cual había sido destruido quince años antes. Sobre la ins-tauración este nuevo hospital, en su obra Testamento del Fundador Dr. Pedro López mencio-nan: «En diciembre de 1572, inició funciones el leprosario previa cédula del virrey don Martín Enríquez y el cabildo de la ciudad, donde además del permiso de instalación, hacían la conce-sión de los terrenos necesarios para la fundación, en la parte oriente de la ciudad, ya en las afueras, en el lugar donde estaban las atarazanas. La nueva fundación contó con la bendi-ción del arzobispo Pedro Moya de Contreras» (p. 154).
El hospital se sostuvo de limosnas y de herencias que los propios enfermos legaban al sana-torio, tal como lo mencionan Natalia Ferreiro y Nelly Sigaut:
«La lepra era una enfermedad frecuente, mortal y considerada sumamente contagiosa, de ahí que se procurara el aislamiento de los enfermos. Sin embargo, la mayor mortandad al-canzada durante el siglo xvi fue consecuencia de las terribles epidemias sufridas desde los primeros años de la conquista […] La enfermedad atacaba a los grupos más vulnerables que fueron, con excepción de los indios, los menos protegidos por las instituciones de salud. Las castas, mulatos y negros libres o esclavos de españoles pobres que no podían pagar su atención médica, quedaban fuera del circuito de atención de los hospitales de la ciudad; ellos constituían la masa de desamparados, para quienes Pedro López destinó su segunda funda-ción hospitalaria» (p. 155).
Nos adelantamos un poco con este personaje debido a que fue uno de los pioneros en brin-dar ayuda a enfermos de lepra y que en honor a él y a su destacable labor, el hospital derma-tológico construido a inicios del siglo xx en Zoquiapan, llevó su nombre. El Hospital Dr. Pedro
Capítulo
3
Durante La colonia se cimbraron las bases para la posteridad y el desarrollo de México, fue un periodo en el que destacaron las siguientes características:
«De los 6.1 millones de habitantes de Nueva España en 1810, apenas poco más de un millón eran de «raza blanca». Nueva España tenía entre once y catorce mil peninsulares y quizá un millón de criollos, la mayoría de los cuales vivían en la ciudad de México, Guadalajara, Valla-dolid y Puebla. Los ricos y esnob gustaban de dividir al pueblo en dos categorías: la «gente de razón», los españoles y los suyos, y los indios, los pobres y oprimidos, […] cuando eran de piel obscura sentían vergüenza. […] Este inequitativo e injusto sistema social tenía repercu-siones variadas. Dada la desigualdad, la virtual imposibilidad de los oprimidos de ascender en la escala social y la corrupción galopante, no es de sorprender que haya florecido un espíritu de incredulidad y cinismo. Privaba la sensación de que el gobierno no era de confiar, y de que debía evitarse el contacto con los burócratas. Personas de cualquier nivel terminaron por aceptar que todos, en particular los funcionarios públicos, mentían, robaban y sobornaban para progresar. Los habitantes de la colonia eran desconfiados, recelosos de los motivos de los demás y siempre pesimistas».1
El colonialismo en México es un proceso histórico que construye de algún modo el imagina-rio colectivo posteimagina-rior, es decir, la visión del mexicano sobre sí mismo. De un pueblo esclavo, a uno conquistado por extranjeros, a una aculturación de dos siglos en los que se construyen las bases económicas y sociales del país. Los procesos históricos posteriores fortalecen la dependencia económica ante el capital extranjero y se mantiene la constante del subdesa-rrollo. En la colonia había únicamente la exportación de metales y de otros bienes sin enaje-nar; las ganancias no se invierten en la Nueva España sino que son enviadas lejos de quien las extrae. México, en la actualidad, mantiene el subdesarrollo y una economía semicolonial, puesto que sigue exportando en su mayoría bienes primarios y el principal mercado es el vecino del Norte, lo cual genera sumisión y subordinación al comprador. La ganancia actual más relevante que se obtiene en México con la inversión extranjera son los sueldos, que es-tán muy por debajo de los eses-tándares nacionales, que en los capítulos consiguientes ahon-daremos ampliamente. «La economía más industrializada extrae materias primas de su hin-terland agrario-minero y simultáneamente lo utiliza como mercado para sus productos manufacturados. Esta situación crea una dependencia cada vez más acentuada puesto que el progreso económico del sistema no elimina las desigualdades entre la metrópoli y sus mercados; por el contrario, las va acentuando. El subdesarrollo sería precisamente un proce-so de marginalización relacionado con el desarrollo acelerado de los centros primarios, frente al desarrollo mucho más lento de las economías dependientes».2
La revolución independentista no fomentó en gran medida ni impulsó cambios trascenden-tales en la vida del México independiente. La vida económica se quedó muy similar al de la
Nueva España, la explotación y exportación minera se mantuvieron, de algún modo los bie-nes y las decisiobie-nes cambiaron de dueño. Los criollos decidieron el rumbo del país; sin em-bargo, dejaron la estructura política, económica y social igual que en la Colonia. Esto lo define Pablo González Casanova3 a través de un «colonialismo interno»:
«La definición del colonialismo interno está originalmente ligada a fenómenos de conquista, en que las poblaciones de nativos no son exterminadas y forman parte, primero, del Estado colonizador y, después, del Estado que adquiere una independencia formal, o que inicia un proceso de liberación, de transición al socialismo o de recolonización y regreso al capitalismo neoliberal. Los pueblos, minorías o naciones colonizados por el Estado-nación sufren condi-ciones semejantes a las que los caracterizan en el colonialismo y el neocolonialismo a nivel internacional: habitan en un territorio sin gobierno propio; se encuentran en situación de desigualdad frente a las elites de las etnias dominantes y de las clases que las integran; su administración y responsabilidad jurídico-política conciernen a las etnias dominantes, a las burguesías y oligarquías del gobierno central o a los aliados y subordinados del mismo; sus habitantes no participan en los más altos cargos políticos y militares del gobierno central, salvo en condición de “asimilados”; los derechos de sus habitantes y su situación económica, política, social y cultural son regulados e impuestos por el gobierno central; en general, los colonizados en el interior de un Estanación pertenecen a una «raza» distinta a la que do-mina en el gobierno nacional, que es considerada «inferior» o, a lo sumo, es convertida en un símbolo “liberador” que forma parte de la demagogia estatal; la mayoría de los colonizados pertenece a una cultura distinta y habla una lengua distinta de la «nacional». Si, como afir-mara Marx, “un país se enriquece a expensas de otro país” al igual que “una clase se enrique-ce a expensas de otra clase”, en muchos Estados-nación que provienen de la conquista de territorios, llámense Imperios o repúblicas, a esas dos formas de enriquecimiento se añaden las del colonialismo interno».4
3. Sociólogo y politólogo. Director del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, e Investigador Emérito de la misma unidad académica. Para adentrarse en el tema véase en Colonialismo interno [una redefinición].
Capítulo
4
Zoquiapan, primero como propiedad del Gobierno de la Nueva España, luego como rancho y después como hacienda, se arrendaba a través de sus administradores. En la etapa de ran-cho fue alquilada por don Francisco Pedro, cacique del pueblo de Santiago Coutlalpan y fray Esteban Gasco, religioso dominico; ya como hacienda, por don Alonso García Cortés, don Jacobo de Villarcita, don Juna de Cortaza, don Victoria Vory y, por último, y «el que le brindó un gran esplendor»1 Íñigo Noriega Laso.2
A partir de 1886, Zoquiapan fue una hacienda agrícola, ganadera y pulquera que contaba con 460 hectáreas, en las que se desarrolló la vida productiva de la zona. El esplendor de la producción del pulque del siglo xix le permitió crear espacios arquitectónicos a la creciente aristocracia pulquera, llenos de color y arte. El tinacal, lugar en el cual se fermentaba el pul-que, estaba construido con una ostentosa fachada en la que artesanos indígenas habían dedicado su resplandeciente creatividad. Los cronistas de Ixtapaluca relatan la descripción de la hacienda, como un lugar lleno de riqueza y amplia belleza.
«La distribución arquitectónica de las haciendas así como los sistemas constructivos que se emplearon en la edificación de dichos inmuebles y por la estrecha relación que hay entre estos edificios y los modos de vida de quienes trabajaron tanto en su cons-trucción, como en la producción. Ya que el modo de vida es de carácter central dentro de los conceptos de la Arqueología Social y dado que es una categoría mediadora entre la formación económica, social y cultural que integran el sistema productivo, con las rela-ciones que existen entre los seres sociales y las relarela-ciones que puedan tener con el me-dio ambiente. Sobre todo en la obtención de materia prima».3
Varias fuentes históricas señalan los baluartes de la hacienda de Zoquiapan como una de las más prósperas del siglo xix, el edificio se construyó con cimientos de piedra, paredes altas de adobe y techos planos de hechura catalán con grandes extensiones de impresionantes y hermosos jardines, resaltando un espacioso edificio, donde se celebraban majestuosas fes-tividades y elegantes banquetes.4 Aquí su propietario Íñigo Noriega recibió a los más
renom-brados personajes de la época, entre jueces, gobernadores y personas de abolengo que con-sideraban a la hacienda como un lugar de paseo. Incluso los archiduques Maximiliano y Carlota gozaron de su amplia belleza, cuando esto sucedió, la noticia se imprimió en todos los periódicos y el El Diario del Imperio exaltó el paseo, en el que a través de un reconocimien-to del país, donde los nobles pudieron observar la belleza de las ciudades y la emoción que las personas mostraban ante su majestuoso paso:
1. Esta nota es del investigador. 2. Almoací, J. op. cit., p. 9.
3. Rodríguez, M. (2008) Haciendas: La importancia de su arquitectura. Mayo 14, 2014, de N/A Sitio web: http://www.haciendas-la-importancia-de-su-arquitectura.com/
El mismo día visitaron Cholula, que por su adhesión a la monarquía, lleva el título «Cho-lula del Imperio […] oyeron misa en la iglesia edificada en la cumbre y a las doce de la mañana salieron de viaje y llegaron a San Martín a las cinco de la tarde. […] El 10 a las siete de la mañana continuaron su caminata; el monte lo pasaron a caballo; a las doce llegaron a Río Frío y a las oraciones a la hacienda de Zoquiapan, donde sus propietarios correspondieron con gran afecto a la honra que recibían de tan ilustres huéspedes 5
La ciudad se llenó de júbilo para recibirles, y previo a su llegada Íñigo Noriega, les obsequió un banquete digno de la envergadura de sus huéspedes.
«Maximiliano y Carlota se enamoraron de México y lo quisieron más que muchos libera-les y conservadores que se mataban por el poder. Carlota fue la primera esposa de un gobernante que se preocupó por la pobreza que laceraba a las masas. Intentó, muy a su estilo aristocrático, realizar obras de beneficencia en apoyo de quienes vivían en la mi-seria. Tanto ella como su esposo valoraron la cultura nativa como nunca se había hecho […] dentro de la reconstrucción del mundo europeo en México, le abrieron un espacio a lo autóctono. Vistieron ropa típica, algo que sonrojaba a la gente de sociedad, elogiaron la complejidad de la comida, amaron la vegetación y se sobrecogieron con los impresio-nantes volcanes que dominaban el Valle de México y que, en palabras de ellos mismos, superaban todo paisaje europeo»6.
El paisaje exquisito que se puede observar todavía estando dentro de la exhacienda recuerda El Idilio de los volcanes, del poeta peruano José Santos Chocano (fragmento):
El Ixtlaccíhuatl traza la figura yacente de una mujer dormida bajo el Sol. El Popocatépetl flamea en los siglos como una apocalíptica visión; Y estos dos volcanes solemnes tienen una historia de amor,
digna de ser cantada en las compilaciones de una extraordinaria canción.7
Los volcanes Popocatépetl e Ixtlaccíhuatl se abren paso entre los paisajes de desérticos y deforestados que reinan actualmente en Zoquiapan. En el siglo xix, la belleza impresionante
de ambos cráteres enalteció el esplendor de la hacienda que ahí existió y le brindó un toque pintoresco y agradable. La hacienda también contaba con un enorme almacén, con las he-rramientas necesarias para la extracción del aguamiel, trojes en el que se almacenaban los
5. S/A El Diario del Imperio. México 22 de junio de 1865, p. 58. 6. Ruiz, E. Op. cit., p. 275.
alimentos. La tienda de raya contaba con variedad de productos, los peones cobraban de manera semanal e intercambiaban sus vales por productos de primera necesidad, acumu-lando deudas impagables.
Debido a la fertilidad de la tierra, existían parcelas que producían enormes cantidades de alimentos tales como maíz, frijol, alfalfa, calabaza y maguey, haba y flores de cempasúchil en octubre y noviembre. Los corrales para el ganado se establecieron lejos de la casa. La ha-cienda también contaba con peones acasillados, que se alojaban en la haha-cienda, recibían alimento y el pago de jornal. Los árboles de pirul adornaban todo el valle (actualmente los pirules están desapareciendo en la zona) y la fauna silvestre permitía la caza de pavo salvaje, cacomixtle, venado, cerdo salvaje, pato, entre otras . Hoy en día, la mayoría de estas espe-cies están extintas en la zona, excepto la víbora de cascabel que sigue siendo abundante en las pequeñas zonas arboladas. Zoquiapan, lugar próspero lleno de vida, en aquellos tiempos, todo lo contrario en estos días.
La hacienda de Zoquiapan fue productora de pulque que se convirtió el de mayor distribu-ción dentro de la ciudad de México, debido a que el ferrocarril iba desde Buenavista hasta Zoquiapan. Asimismo en su extensión permaneció en la producción agrícola el maíz, frijol, haba y alfalfa, además hubo gran proliferación de árboles frutales como capulines y tejoco-tes que se utilizaban para hacer dulces y enaltecer los banquetejoco-tes que se brindaban casi cada fin de semana. Zoquiapan era tan importante que logró convertirse en la principal proveedo-ra de maíz y otros cereales de la capital y de las ciudades próximas: «Zoquiapan fue un paproveedo-ra- para-je ribereño muy estratégico por estar al pie de la Sierra Nevada y a la orilla del gran lago pre-histórico que se formó de manera natural en la cuenca que fue llamada Valle de México con una superficie de 9,822 hectáreas […] El astillero de este lago se llamó Zoquiapan, que en náhuatl significa: aguas cenagosas o aguas lodosas».8
Íñigo Noriega, hombre importante del siglo xix, español por nacimiento, logró forjar una am-plia fortuna por su capacidad para relacionarse con las esferas del poder y por obtener ex-traordinarios favores de los gobernantes. Obtuvo concesiones del ferrocarril para el traslado de sus mercancías entre sus haciendas (las más fructíferas la de Xico y Zoquiapan) y poste-riormente movilizarlas a la capital para su venta. Obtuvo enormes extensiones de tierra tan-to en Morelos (en el cual adquieren uno de los mejores ingenios de azúcar), Chihuahua y Tlaxcala, como en el Estado de México. No sólo explotaron, él y su hermano, enormes exten-siones de tierra para la agricultura, sino que también tuvieron gran número de cabezas de ganado, acceso a la explotación minera y fábricas textiles:
«En 1897, otra compañía industrial, la de San Antonio Abad, tomó el control de las fábricas textiles. Los principales accionistas de la firma de San Antonio Abad eran la familia Noriega,
que tuvo entre sus antecedentes ser dueños de una casa comercial que se dedicó a la impor-tación de productos europeos, así como a la venta de mayoreo y menudeo de toda clase de productos textiles en el mercado de la capital y su periferia. Se dedicó también al suministro de materia prima a través de un conglomerado de empresas, entre ellas la de Río Bravo y La Sultana en la Laguna, Coahuila, dedicada al cultivo de algodón y fabricación de máquinas desfibradoras de plantas textiles. En el terreno industrial, se constituyó el emporio Compa-ñía Industrial de Hilados, Tejidos y Estampados San Antonio Abad y sus anexas. […] Así ente 1880 y 1910, la firma Noriega logró acaparar una parte considerable de la producción y co-mercialización de hilados y tejidos»9.
En 1898, la sociedad tan fructífera que tenía conjuntamente con su hermano Remigio, con duración de diecisiete años, se disolvió. Hasta ahora no se sabe por qué su hermano Remigio dejó los negocios, pero eso benefició enormemente a Íñigo para controlar el enorme capital que poseían entre ambos. Se le conoció posteriormente como «el mayor hacendado de Mé-xico» un paso importante fue comprarle a don Eduardo Zozoya la hacienda La Compañía y la concesión para continuar las obras del ferrocarril de Chalco. Para efectuar estas y otras em-presas contó no sólo con el apoyo más o menos explícito del presidente de la República, sino de personal subalterno más o menos cualificado que va desde el ingeniero Roberto Gayol, muy bien relacionado en el ámbito oficial y a quien casó con una de sus hijas, hasta jueces y alcaldes rurales a los que corrompió sin miramientos». 10
9. Camarena Ocampo, M, (2002). Jornaleros, tejedores y obreros: historia social de los trabajadores textiles de San Ángel (1850-1930). Plaza y Valdés Editores, P. 41-42.