La comprensión del significado semántico de las acciones que nos rodean, de las personas y de los estímulos ambientales está ligada a la comprensión semántica del contexto. Metafóricamente, es el procesamiento de la gramática semántica que nos permite comprender el ambiente que nos envuelve.
Esto significa que la observación y la interpretación de las conductas de otras personas no sólo son intencionales e interaccionales sino contexto dependientes. Los objetos, las personas y las relaciones entre ellos no se perciben como separados del contexto, sino más bien como un acto total con significado en el cual la información que fluye, verbal y no verbal, y el conocimiento previo sobre situaciones similares, se integran en el cerebro de una manera fluida. Basado en esta integración, el contexto nos ayuda a interpretar los sucesos construyendo expectativas sobre lo que sea más probable que ocurra en una situación dada. Modelos teóricos sobre percepción de acciones, reconocimiento de objetos y cognición social sugieren que el cerebro constantemente genera predicciones sobre sucesos futuros al minimizar las discrepancias entre las expectativas basadas en el contexto y la experiencia.
Los recuerdos no se extraen del cerebro del mismo modo en que se memorizaron inicialmente.
No sólo se modifican por factores emocionales, sino que se evocan también dentro de un contexto que sea semánticamente significativo y guían nuestra vida cotidiana. Nuestra percepción del mundo nunca es ingenua y primitiva. Comprendemos lo que nos pasa porque lo que percibimos lo comparamos con nuestra experiencia y nuestros recuerdos. O sea, no sólo recordamos a largo plazo, sino que la memoria de nuestra vida nos permite comprender el mundo. Esta función de la memoria, entonces, no es pasiva por evocación, sino que da sentido a lo que nos rodea. Este contexto puede ser táctil, auditivo, olfatorio, visual y cinestésico. También puede tener modalidades especiales, como en el caso de las caras, los movimientos de objetos y los movimientos humanos. Esto es lo que hace que vivamos inmersos en un universo sensorial que cobra sentido cuando comparamos con nuestra memoria. El contexto semántico es distinto y más elaborado cognitivamente que el simple reconocimiento de que un estímulo es frecuente o infrecuente.
De manera similar, los ambientes contextuales compatibles nos facilitan las expectativas al reducirlas a las posibles, mientras que los incompatibles pueden
interferir en ellos al demandar esfuerzos cognitivos adicionales para desentrañar el significado de una situación particular.
La relación de la memoria con los procesos de comprensión semántica es evidente. Comprendemos algo cuando el análisis de sus propiedades es contrastado con un volumen de información, y ocurren dos alternativas:
a) Las propiedades percibidas son reconocidas y no existe conflicto cognitivo. b) Las propiedades son diferentes a lo que debía percibirse dados los antecedentes. En este segundo caso, el cerebro, ante la incongruencia semántica, trata de anticipar qué debió de haber ocurrido.
Esta diferencia entre lo que se predice que debía ocurrir y lo que realmente pasa es un flujo de conciencia continuo y que transcurre automáticamente. Es el cerebro en acción.
Estas contrastaciones van desde un rango catastrófico, como abrir un armario y, en vez de encontrar nuestros objetos personales, ver una serpiente, o simples, cotidianas e imperceptibles para nuestra conciencia, como estar leyendo una novela de un autor conocido en un libro de una editorial respetable y encontrar una falta de ortografía.
En ambos casos, ocurrió el mismo proceso: predecíamos que íbamos a encontrarnos con algo distinto de lo que realmente apareció. Nuestra conducta se ajustó a lo incongruente. Retiramos la mano rápidamente, probablemente antes de darnos cuenta de por qué, y nos sorprendemos de la falta de ortografía, pero comprendemos el párrafo y seguimos leyendo. En ambos casos, se ha puesto en acción la memoria. En el primero, una arcaica, y en el segundo, una cultural.
Este proceso está tan imbricado en la vida cotidiana que ofrece el tejido cognitivo que nos envuelve incluso en una actividad aparentemente muy pasiva como ver un partido de fútbol. Un espectador de un partido de fútbol admira una buena jugada o no, dependiendo de si tiene un referente previo. El ojo de la persona experta ve un mundo diferente del que ve la persona ignorante. Y esa diferencia la marca la memoria.
No es posible, en la actualidad, establecer una taxonomía neural simple de la comprensión del significado en contexto. Una extensa literatura sobre lesiones cerebrales y de neuroimagen sugiere que el significado es un proceso emergente que se produce en amplias redes neurales simultáneamente sensibles a estímulos verbales y no verbales, y que la comprensión es predictiva, flexible y dependiente del contexto.
Para la comprensión de los significados en contexto es frecuente usar la técnica de potenciales cognitivos endógenos que serán descritos con detalle en el Módulo 5. Específicamente el potencial denominado N400, que es un cambio en la negatividad del registro eléctrico que ocurre aproximadamente 400 milisegundos después de presentada una incongruencia semántica. En la comprensión del significado en un contexto lingüístico, inicialmente se identificó un componente psicofisiológico (N400) asociado a la respuesta a anomalías semánticas en las terminaciones de una oración en paradigmas lingüísticos. . Durante la realización de una tarea de lectura de oraciones presentadas visualmente palabra a palabra, Kutas y Hillyard (1984) constataron este potencial cuando la palabra que cierra la oración resulta incongruente semánticamente con el contexto anterior. Por ejemplo: En la oración YO TOMO CAFÉ CON PERRO la palabra final PERRO produce un cierre incongruente desde el punto de vista del significado (semántico) y genera un PRE N400 de mayor amplitud. Este componente tiene una distribución centroparietal con predominio derecho y fue el primer potencial cognitivo endógeno que se describe relacionado específicamente con una manipulación de tipo lingüística (frecuencia de la palabra en el idioma, improbabilidad contextual, etc.).
Estudios realizados mostrando vídeos de acciones cotidianas realizadas correctamente y de manera incongruente, por ejemplo, planchar ropa con una plancha o con un cepillo de dientes, cortar el pan con un cuchillo o con una plancha, han demostrado que provocan una respuesta N400 en la secuencia incongruente en la región frontocentral, seguida de una positividad tardía durante la ventana de 600 a 900 milisegundos.
Comprensión de acciones en contexto. Figura tomada de Sitnikova, T., Holcomb, P. J., Kiyonaga, K. A., and Kuperberg, G. R. (2008). Two neurocognitive mechanisms of semantic integration during the comprehension
Otros estudios que muestran videos incongruentes (peinarse con un cepillo de dientes) revelan modulaciones en áreas frontales, confirmando el solapamiento de dominios lingüísticos y no lingüísticos en la comprensión semántica.
Como puede observarse, existe un solapamiento de activaciones en las áreas frontales, temporales y parietales comunes a ambas fuentes, mientras que las regiones motoras y premotoras se activan sólo durante el procesamiento de material relacionado con acciones.
Áreas solapadas. Tomado de Amoruso L, Gelormini C, Aboitiz F, Alvarez González M, Manes F, Cardona JF, Ibanez A. N400 ERPs for actions: building meaning in context. Front Hum Neurosci. 2013 4;7:57.
Estudios más recientes que se categorizan como de cognición proactiva, demuestran que los expertos en tareas muy protocolizadas, por ejemplo el bailar un tango, a los cuales se les presentan videos en las que estas acciones tienen un error, revelan un patrón eléctrico cerebral específico comparado con los que no saben bailar o son principiantes.
Los datos mostraron que la actividad anticipatoria, con fuentes en la red fronto-parieto-occipital, discriminó tempranamente entre los grupos de acuerdo a su nivel de experticia. Es más, esta actividad predijo significativamente la posterior integración semántica mostrada en las respuestas de N400 y ondas lentas, con fuentes en las regiones temporales y motoras, las cuales también predijeron la experticidad motora.
Potenciales cognitivos en diferentes tipos de experticidad. Tomado de Amoruso L, Sedeño L, Huepe D, Tomio A, Kamienkowski J, Hurtado E, Cardona JF, Alvarez González MÁ, Rieznik A, Sigman M, Manes F, Ibáñez A. Time to Tango:
Expertise and contextual anticipation during action observation. Neuroimage. 2014;98:366-85.
Partiendo de estos supuestos, el efecto obtenido puede ser visto como un marcador neural que indexa la integración de pistas actuales y contextuales. Este último proceso engloba:
1. Actividad relacionada con la predicción (regiones frontales).
2. Integración con experiencias previas (regiones temporales y parietales).
Este modelo, en la medida en que integra en un solo módulo las experiencias previas (la memoria propiamente dicha) con la predicción en contexto, tiene una alta utilidad teórica y práctica.
Su aplicación en la clínica y en situaciones de la vida real es evidente porque obliga a que se explore no sólo el recuerdo en sí mismo, sino la capacidad de predecir lo que se recuerda en el contexto presente.
Nuestro cerebro proactivo aparentemente interpreta la información recibida, tanto sensoriomotriz como contextual; en términos de la experiencia previa para predecir el curso futuro de las acciones e intenciones de los otros.