Cuentos policiales es editado por EDICIONES LEA S.A. Av. Dorrego 330 C1414CJQ Ciudad de Buenos Aires, Argentina. E-mail: [email protected] Web: www.edicioneslea.com ISBN 978-987-718-244-6 Queda hecho el depósito que establece la Ley 11.723. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su almacenamiento electrónico o mecánico. Todos los derechos reservados. © 2015 Ediciones Lea S.A.
Edgar Allan Poe
Cuentos Policiales
Introducción
¿Cuánto le debe la literatura universal a la figura –y el genio– de Edgar Allan Poe? Nacido en Boston, Estados Unidos, el 19 de enero de 1809, Poe fue pionero del género fantástico, referente ineludible de la literatura de terror y dio el puntapié inicial para una de las tradiciones literarias más ricas y exitosas de la actualidad: el policial. Era hijo de una actriz irlandesa que falleció cuando él tenía sólo dos años de edad. Su padre, también actor, lo abandonó poco tiempo después. Desde entonces, Poe vivió en Richmond, Virginia, con la familia de Frances y John Allan, de quienes tomó su apellido. La relación con sus padres sustitutos no era fácil: aunque Frances lo consentía, no podía detener los maltratos por parte de John. Este vínculo, así como los años que Edgar permaneció pupilo en un colegio de Londres, a partir de 1815, sería el semillero de gran parte de su futura obra como escritor.
En 1822 regresa a Richmond, donde más tarde comienza sus estudios universitarios. Es aquí, sin dudas, donde se encuentra con el pensamiento racional que luego llevará a sus relatos policiales. Poe se destaca en física y matemática, aunque es un alumno algo desordenado que busca sosiego en el consumo de alcohol. Es la misma época en la cual
entabla una relación con su prima hermana, varios años menor que él, con quien termina casándose. Poe tenía veintiséis años; su prima, sólo trece. La relación le propiciaría algunos años de felicidad que luego se convertirían en un calvario. En 1842, Virginia contrajo la tuberculosis que la mataría casi cinco años más tarde. Poe queda sumido en una profunda depresión que se profundiza aun más con el abuso de la bebida.
Aunque su padre adoptivo era un hombre adinerado, Poe no heredó ni un centavo de esa fortuna, de modo que debía vivir de la escritura de artículos, cuentos y poemas para distintas publicaciones. Esto le valió un temprano reconocimiento en el mundillo intelectual, principalmente en Filadelfia, donde vivió unos años, llegando a convertirse en jefe de redacción de la prestigiosa Burton’s Gentleman’s
Magazine. Allí publicó también su primer libro de relatos: Cuentos de lo grotesco y lo arabesco, de 1840, que incluye sus
textos más célebres, como “La caída de la Casa Usher”, “Ligeia” y “Manuscrito hallado en una botella”.
Es en esos años cuando escribe los relatos policiales que incluye este volumen, “Los crímenes de la Rue Morgue” (1841), “El misterio de Marie Rogêt” (1842) y “La carta robada” (1844), los tres protagonizados por Monsieur Dupin, un razonador a ultranza que resuelve el misterio detrás de los crímenes mediante un análisis minucioso de sus detalles, el uso del método científico y la deducción. También pertenece a esta época “El escarabajo de oro”
(1843). Con estos cuatro cuentos Poe sienta las bases del género policial que luego retomarían tantos autores a lo largo de la historia: G.K. Chesterton, Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, entre muchos otros. Aunque su literatura crece cada vez más, sus problemas se multiplican y su alcoholismo empieza a perjudicar su imagen en Filadelfia.
En 1844, cada vez más cercado por el alcohol, sin trabajo y con su mujer enferma, Poe decide mudarse a Nueva York. Consigue que Evening Mirror y Brodway Journal le compren algunos de sus textos, entre ellos su famoso poema “El cuervo”, cuyo éxito lo convierte en un autor reconocido y prestigioso, aunque esto no logra traducirse en beneficios económicos. Sin embargo, el éxito no puede frenar la tuberculosis de Virginia, quien muere en 1846.
Ahora sí, esclavo absoluto del alcohol, Poe enferma, enloquece y pierde el rumbo. Aunque escribe algunos otros textos memorables, nada puede detener su caída a los abismos. A fines de 1849 alguien lo encuentra deambulando por la calle, confundido y en estado de absoluto abandono. Poe pasa sus últimos días en un hospital, donde finalmente muere. Sus últimas palabras fueron “Que Dios ayude a mi pobre alma”. Poe y el género policial
Existe unanimidad en la aceptación de que Poe inauguró el género policial a partir de la publicación de los cuatro cuentos que conforman este libro. Pero no sólo eso. Estos textos constituyen, además, parte de lo mejor y más leído de su obra. “El escarabajo de oro” es probablemente uno de sus cuentos más populares, y le valió, en vida, la cantidad de dinero más alta que ganó con su literatura: cien dólares de premio en un concurso.
Se considera que el género policial nació con “Los crímenes de la calle Morgue”. Publicado en 1841, Poe lo llamo “cuento de raciocinio” y todavía hoy se estudia como el primer cuento de detectives moderno. ¿En qué consiste este tipo de literatura? Hay un crimen que debe ser resuelto, la policía no logra dar con el culpable, acude a un hombre culto, amante del raciocinio, que se ocupa en analizar objetivamente hasta revelar el misterio. En tres de los cuatro cuentos policiales de Poe ese detective es encarnado por Auguste Dupin, el primero de una larga serie de detectives que protagonizan la historia del género policial, y entre los cuales cabe incluir a Sherlock Holmes, al Padre Brown, Hércules Poirot y Bustos Domecq, entre muchos otros. En los relatos de Poe, el lector, a menudo a través de la mirada de un testigo y compañero del protagonista, es invitado a seguir los razonamientos del detective, desentrañando el enigma que se plantea al comienzo del cuento. Este tipo de literatura policial luego sería continuada hasta formar una verdadera escuela inglesa del género, cuya característica
principal es un desarrollo lógico e incluso matemático de la trama, donde la resolución del enigma se da a través de pistas pero también de piezas de un rompecabezas que empieza a tomar forma, tanto a partir de la deducción como de la interpretación de la psicología de los criminales.
No es casual que el género policial haya surgido con Poe a mediados del siglo XIX. La revolución industrial comenzaba a poblar las grandes ciudades, los vecinos se convertían en desconocidos y fue necesario crear los primeros cuerpos de policía. El crimen aumenta, pero también la cantidad de personas alfabetizadas que pueden consumir –gracias a nuevos y más efectivos medios de impresión– diarios populares donde los casos policiales son los grandes protagonistas. Hay más gente en las ciudades y el caos empieza a convertirse en una amenaza, al tiempo que las ideas del positivismo se vuelven dominantes. Así, estas mismas sociedades heterogéneas que encierran barriadas oscuras donde impera el crimen, también abrazan los conceptos y avances de la ciencia. El policial genera, entonces, historias de crímenes que luego serán resueltos a través de la razón: la sociedad del siglo XIX da lugar a los fantasmas del delito, pero también conoce las herramientas para exorcizarlos. La literatura que Poe inaugura con “Los crímenes de la calle Morgue” nos devuelve la previsibilidad perdida en medio de la vorágine de los nuevos grandes centros urbanos.
se convertirá en rasgos característicos del policial: un detective aficionado que posee extraordinarias facultades deductivas, al tiempo que menosprecia el trabajo policial; un narrador coprotagonista que ayuda al detective en su investigación; la aparición de sospechosos y testigos que conducirán a develar al misterio pero también crearán confusión; la razón como vía para resolver el crimen; y, por último, el predominio de la razón sobre la acción. Muchas de estas características todavía hoy impregnan a la literatura del género, que desde Poe hasta la fecha ha mutado, crecido y abarcado diversos sub-géneros. El propio Poe varía ligeramente sus reglas en “El escarabajo de oro”. Es que el policial, aunque limitado a la resolución de un crimen, es al mismo tiempo un fértil terreno de libertad donde los más grandes artistas de la historia universal han sabido dejar su huella. Quizás su mayor interés resida en que los cuentos policiales encierran la gran contradicción de nuestra existencia: mediante un ejercicio de deducción, raciocinio e inteligencia, proponen un medio para develar los enigmas creados por el lado más salvaje de la naturaleza humana. Como decía Robert Louis Stevenson –otro grande que también coqueteó con el género–: “El mérito de Poe es que arrastra a la gente”. Un siglo y medio después de su muerte, parece que todavía lo sigue haciendo.
Los crímenes
de la calle Morgue
(1941)
La canción que entonaban las sirenas o el nombre que adoptó Aquiles cuando se ocultó entre las mujeres, son cuestiones enigmáticas, pero que no se hallan más allá de toda conjetura. SIR THOMAS BROWNELas características de la inteligencia que suelen ser calificadas como analíticas resultan, en sí mismas, poco propensas a ser objeto de análisis. Sólo las apreciamos si nos fijamos en sus resultados. Entre otras cosas conocemos que, para aquél que las posee en alto grado, resultan fuente del más encendido gozo. Así como el hombre fuerte se regodea en su destreza física y disfruta con ejercicios que requieren de la acción de sus músculos, de la misma forma el analista halla su goce en esa actividad del espíritu que consiste en “desenredar”. Incluso disfruta con las ocupaciones menos importantes, siempre que su talento sea puesto a prueba. Le encantan los enigmas, los acertijos, los jeroglíficos, y al resolverlos enseña un grado de perspicacia que, para la mente común, parece sobrenatural. Sus resultados, producto