MEDELLÍN: CIUDAD OCASIONAL Tres Despliegues Estéticos
PRESENTADO POR:
SEBASTIÁN MUÑOZ CASTRILLÓN CC 8031522
DIRECTOR:
JORGE ECHAVARRÍA CARVAJAL
TESIS DE MAESTRÍA
PRESENTADA COMO REQUISITO PARA OPTAR AL TÍTULO DE MAGÍSTER EN ESTÉTICA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA, SEDE MEDELLÍN FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS Y ECONÓMICAS
MEDELLÍN 2014
ÍNDICE
RESUMEN ... 5
PALABRAS CLAVES ... 5
INTRODUCCIÓN ... 7
1. CAPÍTULO. Perspectiva Teórica – Método de Investigación ... 11
1.1 PERSPECTIVA TEÓRICA ...11
1.1.1 Sociedad cuerpo-organismo ...11
1.1.2 Ciudad-espuma ...14
1.1.4 La urbs: codificación laxa ...22
1.1.5 La polis - hipercodificación ...25 1.1.6 El habitante social...27 1.1.7 El lugar ...28 1.1.8 El espacio público ...30 1.2 DISEÑO METODOLÓGICO ...33 1.2.1 Teoría de sistemas ...33
1.2.2 Ciudad – Sistema vivo ...36
1.2.3 Componentes sistémicos...38
1.2.4 Sistema ocasional...39
2. CAPÍTULO. La ciudad como dispositivo de exhibición de procesos de configuración espaciales y estéticos... 40
2.1 CONTEXTO ...40
2.1.1 La ciudad Global ...40
2.1.2 La ciudad comercial mercantil ...44
2.1.3 La configuración de la ciudad de Medellín, de la industria a los servicios...45
2.2 RECUENTO HISTÓRICO ...48
2.2.1 Despliegue 1. Barrio Triste ...48
2.2.2 Despliegue 2. Calle Tejelo...58
2.2.3 Despliegue 3. Barrio Moravia ...64
3. CAPÍTULO. Medellín, ciudad Ocasional. Tres Despliegues Estéticos: Barrio Triste, Barrio Moravia, Calle Tejelo ... 69
3.1.1 Cartografía ocasional - barrio triste ...70
3.1.2 Cartografía ocasional - barrio Moravia ...87
3.1.3 Cartografía ocasional – calle Tejelo ...109
4. CAPÍTULO Resultados y Conclusiones ... 119
4.1.1 La ciudad de Medellín ...119
4.1.2 Límites y contenidos ...120
4.1.3 El movimiento en el espacio y la confrontación de significados...122
4.1.4 La confrontación y constitución en movimiento. ...127
LISTA DE FIGURAS ... 129
LISTA DE MAPAS ... 133
RESUMEN
La ciudad es un conjunto de afectaciones tangibles e intangibles que se configuran desde los espacios que son habitados por unas estructuras sociales en constante movimiento. Los espacios se encuentran cargados de particularidades que se reconocen en la sociedad a modo de sistemas autoorganizados. La confrontación de las formas de habitar el espacio en las ciudades marca diferencias y genera identidad a los territorios. En este caso se mira la ciudad de Medellín como un espacio en el cual la constitución de la ciudad se da a partir de la confrontación de la hipercodificación (la planeación ideológica del espacio) y la codificación laxa (la ciudad practicada), en tres lugares que ejemplifican las pugnas entre ambos tipos de codificación del espacio.
PALABRAS CLAVES
Ciudad – Código – urbs – polis – hipercodificación – codificación laxa – habitante social – lugar - espacio público - sistemas autoorganizados - autopoiesis - sistema
ocasional – ciudad global -ciudad mercantil – estética expandida – estructura
AGRADECIMIENTOS
Agradezco mi mamá Marta Elena Castrillón la cual estuvo pendiente en todo el proceso del presente trabajo.
Agradezco a mi papá Jhon Muñoz Echavarría por su apoyo y dedicación en las discusiones de algunos temas presentes en la tesis y por los ánimos que me daba para continuar cuando más lo necesitaba.
Agradezco a mis hermanos Alejandro Muñoz Castrillón y Cristina Muñoz Castrillón por el apoyo incondicional que me dieron para desarrollar el trabajo.
Agradezco a mi esposa Luisa Fernanda Cano Moreno por el apoyo incondicional y el gran soporte emocional y sentimental, te amo.
Agradezco a mi Tutor el profesor Jorge Echavarría Carvajal, por la dedicación y paciencia para la corrección y discusión de los temas tratados en la tesis.
Muchas gracias a todos por su apoyo en este proceso de formación para mi carrera profesional.
INTRODUCCIÓN
Medellín ciudad – ocasional, tres despliegues estéticos, es una investigación que
tiene como objeto de estudio la configuración del espacio a través de la estética social desde la confrontación entre la planeación y la práctica espacial de los ciudadanos.
La ciudad de Medellín se encuentra en un momento de grandes cambios en su infraestructura física y en su sociedad; de una ciudad que se dispone para el funcionamiento de su industria, cambia a constituirse desde la parte comercial y servicios. Para este cambio dispone espacios en función de un imaginario estatal de turno modificando territorios que tienen una estructura interna estable. Sectores de la ciudad como el Parque de los Deseos, el de los Pies Descalzos, el Plan Parcial Naranjal, Ciudad del río… se confrontan con sectores como el barrio Corazón de Jesús, la calle Tejelo, el barrio Moravia y Barrio Triste. La inserción de proyectos puntuales como parques bibliotecas, centros comerciales, proyectos de vivienda, inserta a la ciudad en un discurso global el cual adapta el espacio a los fenómenos contemporáneos como centro-periferia, terrenos vagos, no lugares, gentrificación, los cuales son habitados por grupos colectivos de maneras particulares, creando una estética que se define en relación a la habitabilidad espacial y las múltiples maneras de modificar el espacio.
Los referentes de trabajo de la investigación están dados por la teoría de sistemas en los campos de la biología y la sociología. A partir de ella se da cuenta de una concepción de la ciudad como cuerpo biológico; el cual, desde la sociedad, constituye espacios físicos e intangibles que dan al conjunto el carácter de organismo autoorganizado.
Los componentes que autorregulan la ciudad como infraestructura, movilidad, relaciones sociales, economía, imaginarios sociales son el interés de esta investigación, los cuales se pretenden estudiar para la compresión de la configuración de ciudades en este caso la ciudad de Medellín. La ciudad es una
construcción generada por una estructura social, la cual se comporta de acuerdo a fenómenos biológicos como la entropía y la autopoiesis. Como sistema complejo autorregulado, la ciudad muestra que su funcionamiento depende de componentes que se complementan entre sí para poder funcionar como un sistema en equilibrio. El intercambio o recambio de componentes de la ciudad se da desde la planificación espacial o la práctica espacial, lo cual modifica el contenido tanto físico como simbólico de las partes o ambientes que la conforman.
La tensión entre la planificación espacial y la práctica del espacio imponen códigos que se van a ver reflejados en formas concretas de: enfrentar, burlar, negociar, aceptar o remplazar tales códigos, particularizando los territorios desde los imaginarios y necesidades inmediatas de la estructura social, creando de esta manera una codificación laxa desde la práctica espacial y una hipercodificación desde la planificación espacial. Esta tensión entre las dos estrategias de intervención espacial autorregulan la ciudad desde su agitación permanente. La confrontación entre hipercodificación y codificación laxa de la ciudad evidencia los desfases y conflictos generados en la configuración de espacios y territorios, objeto de estudio de esta investigación.
La tensión entre las ideologías teórico-académicas de ciudad contemporánea, espacializadas en proyectos de ciudad definidos por la planificación y la apropiación de la práctica espacial en lo cotidiano, se despliega en tres casos de estudio: Moravia, calle Tejelo y Barrio Triste. Esos casos permiten describir la transformación de la ciudad, desde la confrontación y el fenómeno autopoiético de los tres despliegues estéticos, lo cual soporta la mirada sobre Medellín como ciudad ocasional.
Las ciudades van generando locaciones abandonadas en sus procesos de evolución, para esta investigación debido a cambios económicos y a
problemáticas sociales, como pobreza, desplazamiento, violencia. Las
transformaciones de ciudad se asemejan a la relación centro-periferia, ya que algunos sectores se van excluyendo del centro, con lo cual se generan terrenos
“vagos”1
con características de periferias, espacios caracterizados por el anonimato, pero también por su memoria histórica, ya que albergan una tradición particular.
Esos terrenos “vagos” de la cotidianidad con configuraciones particulares se
relacionan con los cuerpos y los objetos, materiales e inmateriales, de resistencia a la inversión por parte de la planificación espacial derivada de procesos de globalización. Esos lugares aparecen en las grandes ciudades como elementos de tensión marcados por la informalidad, la diversidad y el abandono, aunque con una vida interna propia y una estética particular; en los casos que nos ocupan: Moravia (la estética de la diversidad humana y la piel del barrio), alrededor de la basura y el rebusque; Barrio Triste (la estética del aceite y la piel de la industria) y Tejelo (la estética de la naturaleza, las frutas, las verduras, la piel de la naturaleza en la calle), configuran una triada de casos en la ciudad de Medellín, que se pueden agrupar alrededor de una denominación que podría ser: espacios ocasionales de la cotidianidad y estéticas de lo urbano.
1
(*) Frente al análisis estructuralista, el arquitecto y catedrático Ignasi Solà-Morales Rubió acuñó la expresión “terrain vague”, que alude a una forma de ausencia de las metrópolis, áreas abandonadas, en los espacios y edificios obsoletos e improductivos, a los que la planificación urbana se empeña en rehabilitar y reincorporar a la sociedad productiva. De Solá reclama el permitir que estos existan, ya que en ellos ve espacios de libertad potencial y de formas alternativas de vida frente al imperativo economicista y productivo.
Ver: SOLÀ-MORALES RUBIÓ, Ignasi de. Presente y futuros. La arquitectura en las ciudades. En AA. VV., Presente y futuros. Arquitectura en las grandes ciudades, Barcelona: Col.legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya / Centre de Cultura Contemporània, 1996
Desde la hipercodificación de la ciudad, ejemplificada por los proyectos de Urbanismo Social, se destaca una mirada de lo estético: caracteriza valores desde la Ciudad Cosmética, inmersa en la noción de mercado de la globalización; releva la categoría estética los grades edificios como monumentos arquitectónicos e
invisibilizando: “la imagen que el grupo tiene del ambiente que lo rodea y de su
estable relación con ese ambiente”2
, el lugar, como lo denominaría Sola-Morales: “Terrain vage”, que puede convertirse en potencialidad, ya que alberga memoria, historia e identidad.
La transformación de la ciudad pone en juego otra percepción de la sensibilidad y de lo estético, una mirada a la no-ciudad, en la que se encuentran formas particulares de producción del espacio y del territorio, partiendo de codificaciones laxas que se manifiestan por medio de objetos y estéticas sociales. Así se localizan y des localizan espacios de la hipercodificación que evidencian problemáticas socioeconómicas, culturales, espaciales… y dan lugar a la crítica sobre la manera oficial de intervención en el territorio.
Para esta investigación, se propone reconocer las dinámicas estéticas a que da lugar la transformación de la ciudad de Medellín, desde la confrontación entre la hipercodificación y la codificación laxa a través de los mencionados: Calle Tejelo, Barrio Triste y Barrio Moravia. A través de los caso se estudia: la transformación de ciudad y sus relaciones con el colectivo social, la hipercodificación como una estrategia de planeación de la ciudad controlada, la codificación laxa como estrategia de configuración fáctica de ciudad, la identificación del surgimiento de las transformaciones de la ciudad de Medellín a través de las codificaciones laxas y la hipercodificación desde la estética expandida y cómo esto se ve identificado en las pieles que configuran lo urbano desde la cotidianidad.
2
Halbwach, Maurice. Espacio y Memoria Colectiva. Estudios sobre la cultura contemporánea. México: Universidad de Colima, p. 13.
1. CAPÍTULO.
Perspectiva Teórica – Método de Investigación
1.1 Perspectiva Teórica
1.1.1 Sociedad cuerpo-organismo
La sociedad puede entenderse como un cuerpo o un organismo, en tanto condición ineludible para las experiencias vitales posibles, en las cuales se reconocen formas afectivas, las que junto con la técnica y el lenguaje configuran la comprensión y apropiación del mundo.
La relación de los individuos en el grupo social conforma tanto culturas como etnias, a través del desarrollo de sistemas simbólicos, con los que se definen y marcan diferencias entre las demás.
Lo simbólico crea afecciones que tejen la relación individuo-grupo, cargando de significado las experiencias en el mundo, donde la estética es la base del pensamiento simbolizante; pero ésta no solo se reduce a la mirada de la percepción de los símbolos desde los registros auditivos y visuales, sino, como lo expresa Leroi-Gourhan: “no podría tratarse, en semejante perspectiva, de limitar a
la emotividad esencialmente auditiva y visual del homo sapiens la noción de lo
bello, sino de rebuscar, en toda la densidad de las percepciones, cómo se constituye, en el tiempo y en el espacio, un código de las emociones, asegurando
al sujeto étnico lo más claro de la inserción afectiva en su sociedad”3
.
De esa manera se muestran las diferencias entre culturas a la hora de entender y mirar la comprensión y la apropiación del espacio y el mundo, y cómo esas emociones han afectado al grupo a través del tiempo; características particulares para la compresión estética de diferentes culturas, para los análisis de la sociedad y de los comportamientos dentro del grupo.
No solo es la estética está limitada a los campos visual y auditivo, lo que se relaciona con el mundo, sino también la comprensión de los actos que el cuerpo biológico o grupo social realiza. Actividades como la danza, las relaciones entre los individuos del grupo y su expresividad corporal: “en el marco de las prácticas cotidianas, la impregnación estilística es profunda, quedando fuera la lucidez,
3
Leroi-Gourhan, Andrè. El gesto y la palabra. Caracas: Universidad central de Venezuela, 1977, p. 267.
como en el caso de las operaciones técnicas, marca de por vida las generaciones sucesivas. Ciertas actitudes, gestos de cortesía o de comunicación, el ritmo del andar, el saber-comer o los gestos de higiene, poseen tonalidades étnicas que se
transmiten a través de generaciones”4
.
La evolución del grupo a través del tiempo muestra las marcas y los signos con los cuales se reconocen las diferentes culturas, además de cómo se insertan en su espacio y su territorio, cómo se encuentre definido por los individuos y sus relaciones estéticas: los útiles, la etnicidad y el lenguaje, los dispositivos fundamentales para la relación entre tiempo y espacio.
El cuerpo biológico (como metáfora de la sociedad) modifica su comportamiento y sus símbolos, creando nuevas posibilidades de mundos desde sus imaginarios. Las apropiaciones del espacio también se transforman en el tiempo, encuentro que da lugar a una relación importante para comprender y definir el mundo partiendo de la expansión de la estética, no solo de los sentidos sino entendiendo las modificaciones desde el cuerpo social biológico.
Cada sociedad o cuerpo biológico va definiendo el código en las afecciones estéticas que reconoce en colectividad, el cual: “está basado en propiedades biológicas comunes al conjunto de los seres vivos, las de los sentidos que aseguren una percepción de los valores y de los ritmos o más ampliamente incluso desde los invertebrados más sencillos, una participación refleja los ritmos y
una reacción a las variaciones de valor”5
.
Los valores determinan características importantes en la definición del cuerpo biológico, ya que se instauran en los sistemas internos estables que crean ambientes en la sociedad y, además, validan y hacen evidentes significaciones para la cultura.
Las manifestaciones estéticas de la sociedad son variables, unas comunes en diferentes culturas y otras completamente significativas dentro de la propia cultura, como la música, la arquitectura, la culinaria, el vestuario. Es en estas prácticas donde se pueden encontrar las diferencias entre las culturas.
4
Leroi-Gourhan, Andrè. El gesto y la palabra. Caracas: Universidad central de Venezuela, 1977, p. 273.
5
El cuerpo biológico se transforma, muta según los cambios de la naturaleza técnicamente determinada, apropiándose de forma diferente (cada vez) del territorio. Las múltiples miradas a los ambientes que la sociedad como cuerpo biológico constituye, generan significados por medio de sus rituales, de sus configuraciones espaciales, de la forma de los cultivos, de los bailes característicos, de los materiales diferentes para la construcción de la arquitectura, de la distribución y jerarquización por parte de la sociedad en el territorio, de los recorridos, etcétera.
Partiendo del uso de la técnica, la estética y el lenguaje, el cuerpo social transforma el mundo. En la exteriorización de estos tres factores: la máquina (técnica), el espectáculo (grupo social) y la escritura (lenguaje), se mezclan y se forma el cuerpo social, haciendo de la estética un soporte para lo humano y una especie de modulación entre el espacio y el tiempo, que configuran la apropiación y la comprensión del mundo, al cual se le dan significados, pero que luego son re-significados para la evolución, para la conformación de otros ambientes posibles o adaptaciones posibles.
1.1.2 Ciudad-espuma
La vida humana se autoorganiza siempre creando espacios protegidos e inmunes, del protoplasma a la vida intrauterina, del afianzamiento del hombre en su identidad a la conformación de sus espacios íntimos, sus casa, sus ciudades y sus espacios metafísicos imaginarios.. Adolfo Vásquez Rocca6 “Estar–en–el–mundo” como individuos y como colectivo embarca en proyectos que permiten comprender la ontogénesis del ser humano; es así como Sloterdijk propone su teoría de esferas, globos y espumas para entender la vida humana, ya que ésta, conscientemente o no, crea espacios en los que pueda sentirse cómoda, protegida e inmune.
El hecho, eminentemente espacial, trata la relación del ser con el mundo que lo rodea. Esto constituye un tejido que puede ser inmaterial, afectivo, emotivo, energético, musical, mediático, atmosférico, material, físico… es decir: del orden de lo tangible y lo intangible, lo que abarca todos los ámbitos del vivir en el sentido pleno de la palabra, tanto en el terreno de las necesidades corpóreas como en la dimensión metafísica, intelectual, sensitiva, social del sujeto: “Vivir es crear
esferas”7
.
Cuando se nace, cuando se es expulsado a la “fuerza” de la comodidad del “útero materno”, estalla la primera esfera, así se conforma alrededor el primer contenedor intangible que busca poner a salvo de todo lo que afecta negativamente al nuevo sujeto, y provee lo necesario para su desarrollo: la familia. Todo hacer individual y colectivo tratará de recrear esa estancia primera, “la vida intrauterina” confortable, tranquila, segura, contenida, abastecida.
Partiendo de esta problemática humana, el desarrollo de la vida será un problema morfológico de creación de espacios y sistemas que permitan siempre construir
6
Vasquez Rocca, Adolfo. Peter Sloterdijk: Espumas, Mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos. Revista Nómadas, N. 18, enero-junio. España:
Universidad Complutense de Madrid, 2008. 7
pieles protectoras, que pueden ser permeables, ya que a través de ellas se permite el paso del exterior a la esfera íntima, e impermeables, ya que se vuelven protectoras en casos de agresión. Así, cada individuo en sí mismo constituye una esfera, la cual se relaciona con otras generando tensiones, estallidos, mutaciones, colisiones, fusiones… A través de esas alteraciones se da lugar a una ambivalencia de esferas, dado que, según la mirada, la esfera puede ser
contenedor y contenido, dando lugar a: “una convivencia cada vez más
resguardada en los dispositivos sociales e individuales que, curiosa y convenientemente, llamamos: leyes, morales, usos y costumbres, modos de vida,
cuidados de si o simplemente personalidad”8
.
Es la multiplicidad de esferas y relaciones lo que da lugar a las tramas urbanas, escenarios de un mundo poliesférico carente de centro, continuamente móvil, efímero y transitorio, que da cuenta de una espacialización que parte los hechos estéticos, de los cuales se puede hacer una lectura en las diferentes formas en que se intervienen y se construyen las ciudades: “allí donde hay vida humana, sea nómada o sedentaria, surgen globos habitados, ambulantes o estacionarios, que
en cierto sentido son más redondos que todo lo que puede dibujarse en círculos”9
. Se dan espacios de coexistencia que van desde la habitación como nicho de la intimidad del ser, hasta la ciudad, como lugar de despliegue de la colectividad, pasando por la casa como recinto de la familia, la calle, el barrio, la comuna; pero también teniendo presentes todas las redes mediáticas que circundan, como las telecomunicaciones, los grupos sociales que desde la virtualidad dan cuenta de la necesidad de colectivizar aun en la distancia. Y es en esos globos y en esas
espumas poliesféricas donde transcurre la vida de las metrópolis: “el hombre
busca nuevas formas de reaseguramiento, nuevas pólizas, su habitación se
constituye en la prolongación de su piel”10
.
Los procesos múltiples de intercambios y tensiones propios de la alteridad de las esferas, entre los individuos y los colectivos, albergan no solo beneficios emocionales, sino también enfrentamientos que pueden estar en la escala del
8
Ávalos Reyes, Erik. La modernidad puesta en entredicho. 9
Sloterdijk, Peter. Esferas I. Siruela, 2003.
10
individuo, como también en el rango inter-cultural, generando relaciones pacíficas y de resguardo, pero también de hostilidad, de violencia y de agresiones. Así se configuran escenarios en los que existe una continua necesidad de revestirse de protección e inmunidad; se construyen modelos arquitectónicos reflejo de la paranoia, de ese sentirse expuestos al peligro, o donde se pretende dar cuenta de una cierta totalidad o, si cabe llamarlo así, de la universalidad del ser humano. El Palacio de cristal en Inglaterra, que se construyó en el siglo XIX para albergar la primera Gran Exposición, concebida para mostrar el progreso de todo el mundo en cuanto a nuevas tecnologías, maquinaria y productos, con la pretensión de exhibir la cultura europea en toda su extensión, fue entendido como un lugar no solo con una función específica sino también como una metáfora de la cultura. En él se muestra tanto la esencia como las pretensiones del mundo occidental: “el Palacio de cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral en el que se produce nada menos que la total absorción del
mundo exterior en un interior planificado en su integridad”11
. Se trata de un invernadero, seguro, inmune y libre de tensiones.
El acontecimiento que veía Dostoievsky en el siglo XIX fue también motivo de investigación para Walter Benjamín. Para el primero: “la vida en el palacio simboliza la voluntad de los progresistas occidentales de que el proceso de reticulación del mundo y de propagación universal de la felicidad que ellos mismos
habían iniciado halle su culminación en la ausencia de tenciones”12
.
Para Benjamín el pasaje encarnaba la síntesis del consumismo, esos modelos arquitectónicos eran la fusión entre lo público y lo interior: “un «templo del capital
mercantil», «voluptuosa calle del comercio»”13
. Lo mismo que es posible también rastrear en el momento actual, en dispositivos de nuestras ciudades, en los cuales son insertados cada vez más esos modelos urbano-arquitectónicos llamados Centros Comerciales, Centros de Convenciones, hoteles, parques temáticos, jardines botánicos, estadios… espacios que configuran sistemas auto-regulados, característicos por atemporales, pues hacen perder la noción del tiempo,
11
Sloterdijk, Peter. El palacio de cristal. Barcelona: Editorial, 2004. 12
Idem. 13
aclimáticos por climatizados, revestidos de un blindaje tecnológico que permite tener el aparente control de todo; vigilados, pues buscan garantizar la seguridad de quien está en ellos. Es a través del comercio de bienes o servicios, desde donde se ofrecen y se pretende dar al sujeto la sensación de que, sin importar el lugar en el mundo en se encuentre, sentirá que lo conoce todo; el lenguaje es la imagen de las marcas multinacionales, de las grandes cadenas de restaurantes, de los grandes iconos de la moda; en resumidas cuentas: de los monopolios económicos. El objetivo es el confort y la moral es el consumo.
Las políticas de los estados del mundo occidental se han enfocado ahora en
proteger y promover un concepto que bien podría ser llamado: “seguridad
mundial”, tras atentados terrorista que han cobrado una potencia desmedida, no solo por las consecuencias devastadoras sino también por el despliegue de medios de comunicación; hemos sido transformados en ciudadanos: “adictos a la
seguridad pero siempre inseguros de ella”14
. Y es esta una experiencia estética que se ve reflejada en las formas y tipologías de construcciones insertas en la ciudad, cada vez más acondicionadas, hasta el punto que producen temor a respirar, como consecuencia de las amenazas continuas de guerras biológicas, de una atmósfera que se ha convertido en el lado débil, y es por eso que los espacios que representan cobijo son cada vez más vulnerables, pues el hecho no se limita al acto terrorista como tal, sino también a la idea de amenaza que ha sido sembrada.
El desarrollo de los medios de transporte como consecuencia de la globalización ha hecho del mundo un lugar cada vez más pequeño, de modo que se repiten en cualquier lugar y territorio esos grandes globos, úteros para masa que garantizan confort y seguridad, que creemos abandonar cuando nos alejamos de los lugares estables, conocidos (aunque, como hemos dicho antes, allí también nos sentimos bajo constante vulnerabilidad).
Las playas y los campos se domestican al crear centros vacacionales donde, aún en el lugar más alejado de aquello que llamamos civilización, se tiene todo lo que se considera necesario; no es posible ya dejar de recrear el interior de la madre. A
14
esos lugares abastecidos de lo básico, bebida y alimento, pero también de comodidades, lujos y actividades de ocio, se lleva la ciudad. Esos espacios arquitectónicos proveen también el acondicionamiento atmosférico y el blindaje tecnológico que reconocemos en los lugares urbanos para administrar la tan anhelada seguridad: “el capitalismo liberal encarna la voluntad de excluir el mundo exterior de retirarse en un interior absoluto, confortable, decorado, suficientemente
grande como para que no nos sintamos encerrados”15
.
Todos esos modelos arquitectónicos, urbanos o no, implican el hecho de que vivimos en comunidad: limitan nuestros comportamientos, inhiben el desarrollo del sujeto dentro de una colectividad; hemos dejado entrar al otro en nuestra esfera y esto, a su vez, condiciona nuestros comportamientos: “a causa de la densidad, la
inhibición se transforma en nuestra segunda naturaleza”16
. Sin embargo nos hemos equipado de dispositivos que permitan huir de ese carácter colectivo, aun inmersos en él; es posible estar en un lugar y a la vez aislarnos, sumergirnos en nosotros: los audífonos, las nuevas tecnologías de internet inalámbrico en el dispositivo celular, cada vez más indispensable para esta época, entre muchas otras formas; incluso las drogas como un antiguo medio de desconexión del mundo llevan de nuevo al inicio, a la esfera individual donde estamos solo
nosotros mismos: “una isla es tal porque está aislada, y el hecho humano es –
precisamente– el resultado de una gran operación de aislamiento”17
. Encerramos en nuestras burbujas íntimas, nuestros pequeños invernaderos, nuestro apartamento, habitación… elegimos qué oír, qué ver, qué hacer: “un ámbito acondicionado y cerrado a un exterior tóxico, formado cada vez más por toda
suerte de prótesis auditivas y visuales”18
.
Nos encontramos siempre en una esfera cíclica, en una espuma que anima calles, plazas, parques, ciudades…, en la que se expanden, se contraen, se disipan, se
15
Vásquez Rocca, Adolfo. Peter Sloterdijk y Walter Benjamin; Air aconditioning en el mundo interior del capital. Ekasia, Revista de filosofía N, mayo de 2009.
16
Sloterdijk, Peter. El palacio de cristal. Barcelona: editorial, 2004.
17
Vásquez Rocca, Adolfo. Peter Sloterdijk: Espumas, Mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos. Nómadas, N 18, España: Universidad Complutense de Madrid. Enero-junio de 2008.
18
agrupan las diferentes esferas que la componen. Es como un líquido que se va regando a través de los sólidos escenarios que conforman calles, edificios; en fin, la ciudad misma: “los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran;
mientras que los líquidos son informes y se trasforman constantemente: fluyen”19
.
1.1.3 Código-ciudad
El territorio se esculpe a través de códigos que el individuo o el colectivo social implantan en su lugar, de acuerdo con la mirada que se tiene del espacio; unas desde la idealización que se impone como forma de intervención general (política), y las otras, simbólicas y indexicales (cotidianas). Se presentan entonces dos tipos de configuración: una desde la hipercodificación: implantación de modelos según el ideal planificador, la configuración política del espacio; la otra desde la codificación laxa, apropiación estética precaria y temporal desde lo intangible, signos y símbolos culturales, huellas sensibles que se despliegan en el espacio, lo social produciéndose, la urbs, ambas, conformadas por las apropiaciones de las estructuras sociales y su relación con el entorno inmediato, son las que dan forma a la ciudad.
En la ciudad se despliega la existencia humana; se ven, se manifiestan las formas de aproximación al límite, sensibles:
en el espacio máximo de desconocidos límites que más o menos equivalen al Universo y en los espacios mínimos, inframicroscópicos o inframoleculares; y también, más próximos a la experiencia habitual, en esos «mesoespacios» que se sitúan entre las magnitudes macroscópicas y microscópicas, que van desde el habitáculo hasta el globo terrestre pasando por lugares, ciudades, regiones, naciones, continentes… Todos ellos son condiciones –inmanentes- de la sensibilidad; y aun pareciera que también del entendimiento de la razón. Todos ellos son condiciones de la existencia y de la co-existencia.20
19
Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida. México: Fondo de Cultura Económica, 2004.
20
Lanceros, Patxi. La huella del crimen. Imagen de la ciudad. Metapolitica 14(68).
La ciudad como soporte de lo social y dispositivo de despliegue de lo estético, está codificada por las comunidades; códigos sociales que se ven y se sienten en las superficies que van armando sus espacios. Esas superficies están cargadas de sensibilidad, de apropiaciones estéticas de su entorno. Superficies que delimitan la estructura social, a la vez que se modifican por ésta, conformando el adentro y el afuera del espacio, constituyendo por medio de la codificación los límites que conforman, de diferentes maneras, el espacio como entendimiento de las superficies, desde cálculos de planos hasta configuraciones de tejidos afectivos:
obrando mediante esta concepción, el globo terráqueo – nuestro mundo– puede ser traducido a simple superficie esférica, a plano curvo desplegado en el espacio: mundo insensible, solo inteligible, producto del cálculo providencial, superficie mesurable o técnicamente cuantificable, esfera de concavidad vacía y de convexidad etérea. Pero la superficie de la tierra también es posible comprenderla estéticamente y de manera expandida es decir no solo como manifestación sensible de lo inteligible, plano absoluto, puro y bello, conmensurable y calculable, sino además y ante todo, como variedad de configuraciones o tejidos afectivos.21
El código da pie al sistema, matriz de relaciones en el entorno: “como superficie geográfica de inserción, es decir como la inscripción mutua de dos que se encuentran (como superficies afectivas), de dos que se chocan, que se sienten, que se recuerdan solo ahí en la figura haciéndose, en el lleno del vacío, en la
configuración geográfica de la superficie”22
.
Códigos cargados de sensibilidad y razón que expande y contrae el territorio, ya que es una matriz configurada socialmente, y, al ser un sistema auto-organizado, se encuentra en autopoiesis.
Las configuraciones se dan a través de las relaciones individuo-tiempo-espacio, determinando la forma como se dispone la ciudad. Espacializar un código es inscribir un lugar en la superficie, es limitar el vacío por medio de los hábitos, es
21
Mesa, Carlos. Superficies de contacto. Adentro, en el espacio. Ciudad: Mesa
Editores, p. 21.
22
recrear una costumbre que en intervalos de tiempo y derivas ocasionales, configuran espacios, similares al arte de la separación, crean lugares y territorios: “el arte de la separación crea espacio y da lugar (y tiempo). Trazar una línea es circunscribir un habitad, prefigurar hábitos y habitantes, divisiones y decisiones
normativas que presuponen el gesto creador inicial e iniciático”23
.
La codificación constituye sistemas, los cuales son producto de los códigos; abarca las huellas dejadas por las relaciones sociales evidenciando diferentes espesores, unos más cargados de simbologías que otros; mostrando que en algunos hay una fuerza mayor por parte de la estructura social. Los hábitos son pre-figurados por la hipercodificación y la codificación laxa, las cuales se definen en la cultura y su evolución: “cultivo, culto y cultura, ámbitos de actividad y
contemplación, de acción y pensamiento, escenario en los que se gesta –y se
gestiona– la experiencia humana y que aparece inicialmente como dibujo, diseño y designio en el espacio: en un espacio que una vez cultivado y culturizado, se
expone como condición de existencia”24
.
El espacio abierto y cerrado de la ciudad se encuentra en estado de transformación de los códigos, haciéndose y re-haciéndose en las superficies, mostrando que desde: “la línea o el trazo, la separación en cualquier caso, dan lugar (topos) o espacio propiamente dicho, al que puede ser, con trabajo, violencia o astucia habilitado y habitado (jóra): recipientes y contenedores hospitalarios en
los que se cursa la experiencia y que cobija la existencia”25
.
Las líneas que esculpen la ciudad están cargadas con códigos, desde la racionalización del espacio (códigos calculados por el pensamiento abstracto numérico, medible) y por la irracionalidad del espacio (códigos sensibles, momentáneos y efímeros).
La mezcla de espacialidades configuradas a través de códigos sistémicos hace la ciudad; esta se mira como la conquista del espacio hipercodificado y codificado laxamente por medio de la estructura social. Es el escenario donde se mezclan y
23
Ibid., p. 2. 24
Lanceros, Patxi. op. cit., p. 2. 25
difuminan las dos formas de codificación. La ciudad es el espacio en el cual se despliegan las relaciones de la cultura con su entorno, evidenciando la manera cómo es modificada por medio de la simbología y la significación desde lo sensible, y su inserción en el vacío: “es la ciudad la que ordena y organiza ese (in)flujo moral, la que, al medir y distribuir el espacio y el tiempo, pro-pone las condiciones, a la vez trascendentes y empíricas de toda sensibilidad, de toda y
cada percepción”26
. Es un instrumento que permite ver las formas cómo se organizan los códigos sociales y cómo estos originan el espacio y su configuración; un producto que genera imágenes de lo sensible y órdenes de lo tangible.
1.1.4 La urbs: codificación laxa
Desplegada en la superficie, en contacto desde los bordes, trazas y rasgos dependientes de la afectividad, inmersa en el pensamiento inconsciente cotidiano, se encuentra la codificación laxa, presente en el sistema y en los fenómenos ocasionales, en terrenos vagos mostrando formas y configuraciones contrarias a la
ciudad planeada (la polis). Es un código intangible, des-configurado, que se
expresa en la ciudad practicada más que pensada; se origina desde la estética, afectaciones de lo social tanto en lo intangible como en lo tangible frente al espacio; donde las relaciones y los individuos despliegan su contenido en el espacio construido, cargándolo de signos y símbolos.
Por medio de la codificación laxa se genera la ciudad ocasional de superficies sensibles, limitada y limitante, expandida y contraída, donde se traza y se pre figura el lugar, construyendo el espacio–tiempo, a la vez como doble cara de una hoja; por un lado se encuentra el tiempo–-acontecimiento y, por el otro lado, se encuentra el espacio-evento, originado éste de la construcción estética del habitante y su territorio. El espacio no es un evento previo, sino que se con-figura. Los códigos laxos son eventuales, acontecer puro en un presente continuo, en el cual la habitabilidad desplegada por el colectivo se mueve por la ciudad axiomática, la restringida por sus edificios, puentes, aceras; espacializada en la
26
inconsciencia de la ciudad planeada. Los acontecimientos que definen el momento laxo se despliegan desde la estructura social y se ven reflejados, creando una
mirada particular frente al espacio, es el interés: “por esa dimensión
antropológicamente inestable de lo social y por la permanencia de lo precario; donde la inestabilidad y precariedad no son las condiciones defectuosas de una realización de acontecimientos, ni mucho menos el estado perverso de un
momento”27
.
Desde el entendimiento del momento laxo de un presente siempre caótico se conciben diferentes formas de transformación, tanto física como simbólica, reflejada en dispositivos espaciales y existenciales. La mirada del presente en movimiento constituye una forma particular de eventos que configura el lugar-territorio-espacio. Es un acontecer fluctuante, modificado por múltiples derivas configuradoras, reconocidas en la urbs, ciudad ocasional.
Los acontecimientos que definen las codificaciones laxas se despliegan creando fragmentos de espacio; afectaciones estéticas que recrean las formas de la exterioridad (naturaleza-cuerpo). En la ciudad, como caos y conflicto, esos acontecimientos permiten ver el presente contenido en un universo de abundancia; donde ideales de la ciudad planeada, como la máquina de habitar de Le Corbusier, no llegan a ser del todo verdaderas, sino que se encuentran más
bien que una ciudad: “mecanismo engendrador de monstruos y farsantes”28
.
Los espacios vistos como acontecer en la ciudad ocasional deambulan de un territorio a otro, conformando superficies generadas por derivas ocasionales-estética que se construyen y se de-construyen. Estos son espacios colonizados por derivas particulares, visibles unas por su contenido en la superficie, como las huellas que se dejan en las calles, el andén, las fachadas, el grafiti; mucho más intangibles otras en el imaginario urbano, reconocidas por las estructuras sociales, como las barreras invisibles de territorios en conflicto.
27
Gómez Montoya, José Jairo. Paroxismos de las identidades, amnesias de las memorias. Ciudad: Universidad Nacional de Colombia, 2010, p. 71.
28
La codificación laxa se expresa en un presente interpretado de maneras
diferentes, como realidades colonizadas, imposición de ideologías,
transformaciones futuras, en las que imaginarios de un futuro prometedor serían los caracteres que deberían ser espacializados y habitados. Esta forma de entender el presente pone la habitabilidad en un futuro y deja desprovisto el acontecer, la cotidianidad. Pero el presente está en constante movimiento, en el
que se evidencia una vitalidad transformadora, sea sustancial o
momentáneamente del espacio y la cultura, haciendo de la memoria un estado primario del espacio y el lugar, desde las trazas, huellas, líneas y símbolos de las estructuras sociales.
La urbs, espontánea, movediza, monstruosa, es eventualidad, acontecer,
precariedad, devenir puro, en el: “que ya mismo es un perecer”29
. En su interior se crea un código formal en el que se inscribe el instante laxo-ocasional; es inestable, fluctuante, líquida, que deviene caos en presente continuo.
La urbs es monstruo que significa: indicar, señalar, denunciar, mostrar. La urbs se muestra, se señala a sí misma, se anuncia y denuncia simultáneamente, para aparecer en un presente caótico, codificando, territorizalizando el espacio, generando tensión en los límites de la polis.
Desde la urbs se concibe el carácter heterotópico de la ciudad (los lugares heterogéneos desprovistos de imaginarios utópicos), en el que se evidencia una manera de configuración sustancial del espacio-tiempo de la estructura social que transforma y de-construye; explorando nuevas formas de producción espacial, partiendo de un escenario caótico que modifica y trasciende el lugar. Heterotopías presenciales configurándose por medio de lo cotidiano.
La codificación laxa toma valor en la urbs, dándole características como móvil, líquida. Los aceros impregnados en las calles de Barrio Triste con la mezcla de aceite, las fachadas de los talleres pintadas del color negro-gris del material de trabajo cotidiano, las chispas de la soldadora se mezclan con el humo de los carros; construcciones vernáculas, caminos a la deriva dispuestos por los
29
Moreno, Juan Gonzalo. Geosofía y otros ensayos. Medellín: Universidad
habitantes, botellas recicladas de gaseosas para la recolección de aguas de los techos, viviendas armadas de cartón en el Morro de Moravia; la calle manchada de verduras, las cajas donde se transportan los alimentos utilizadas como bancas… ejemplos de la expresión de esa codificación en Medellín.
1.1.5 La polis - hipercodificación
La racionalización del territorio desde factores político-económicos e influenciada
por planes reguladores urbanos, abarca la polis en la hipercodificación, afectada
por los procesos de globalización de las grandes ciudades post-industriales y por
modelos de ciudad comercial como la brandificación (propuestas mercantiles,
urbanísticas y arquitectónicas que generan un logo de ciudad; marca diferenciada por intervenciones urbanas detonantes o edificaciones imponentes), la ciudad servicios (consumo y el capital que tematizan y enfocan espacios comerciales generando descentralización y fragmentación, concibiendo una configuración espacial dispersa), la metápolis ciudad virtual creada desde las redes de telecomunicación y cableados, dispersa en las estructuras axiomáticas y a la vez delimitadora de territorios y la planeación territorial.
La polis, desde el ideal, concibe un proceso de ciudad global con espacialidades, como centros comerciales, modelos de bienes y servicios, planes parciales, planes de ordenamiento territorial… todos ellos insertos desde valores culturales racional-políticos que imperan en límites hipercodificados, reflejados en edificios verticales a gran escala; contenedores comerciales generados a partir de procesos de la modernidad en la era post-industrial, desde la noción de progreso hasta la globalización y sus propuestas de mercado, tematización y definición de espacios privados, urbanismos cargados de propuestas definidas desde formalismos acristalados, asépticos, que se alimentan constantemente del imaginario comercial.
Desde la polis se crea una ciudad ortogonal, la cual alcanza la perfección por
medio de la hipercodificación de ideologías progresistas en los territorios. Hipercodificación compuesta desde consensos políticos y económicos del espacio
físico, lo que da lugar solo a una posibilidad de habitabilidad, dispuesta por geometrías y formas asépticas, desprovistas de impureza.
Lo que se percibe en la polis es la solidificación del orden, tanto físico como social, lo cual estructura todas las maneras de apropiación en el territorio. Esas disposiciones concuerdan con los planes estratégicos o planes parciales que entran a regular la ciudad, herramientas para configurar el espacio físico y disponer el orden social, ambiental y natural. La hipercodificación crea una mirada racional en cuanto a la disposición espacial y su materialidad, re-construyendo sectores de ciudad que casi siempre son post-industriales, o terrenos vagos dejados por las nuevas construcciones de infraestructura.
La ciudad es blanca, de matices y colores claros que permiten visualizar todas sus partes para tener un control total, desde su ideología, su geometría, su territorialización. Se ofrecer un mundo translúcido como ideal de prosperidad y progreso permitiendo una supuesta mejor habitabilidad, debido a que no carece de ninguna necesidad o actividad (vivienda, comercio, servicios), además de estar dispuestos de la mejor manera posible desde su planificación reguladora.
Se estimulan los sentidos visuales a través de una configuración brillante, transparente; se inserta la mirada en el imaginario cotidiano como modelo de apariencia que se promueve en el tiempo y no permite otros imaginarios o símbolos, ya que intenta sustituir lo que no es visible, imponiendo límites. Estos fenómenos se reconocen por la influencia que tienen las normas dominantes frente al espacio, donde la tendencia es generar la expectativa de acceso a los mundos propuestos, generando con ello una manera de habitar, un modelo de vivir: “las galerías del Soho (y luego Chelsea), en New York, comenzarían, a partir de los años 70, a ofrecer a sus clientes menos el valor que se deriva de poseer un objeto único, el valor de participación y reconocimiento como miembro de una escena prestigiosa: los placeres del acceso más que los de la posesión que serían centrales en ese «arte de vivir Yuppie» (como lo llama Pierre Bourdieu) que por
entonces se expandía”30
.
30
La hipercodificación de la ciudad configura desde los detalles mínimos hasta las grandes propuestas de planes, como en Medellín, donde se ha construido según planes urbanísticos y de gestión, como el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) ; también desde la imagen de ciudad global que se constituye en configuraciones guiadas por la tecnologización de la ciudad; con estrategias económicas de apertura, las cuales sitúan la ciudad en una transformación mediática, que vende una imagen o una memoria re-inventada constantemente. Imágenes ilusorias al límite ortogonal de la planificación; limite racionalizado en las posturas frente al espacio y el cuerpo; modelos para habitar, para vivir, para vestir, para sentir, para creer que disponen una lógica de territorialización de las relaciones humanas, tanto en su interior como en su exteriorización, componiendo el tiempo y el espacio en un blanco absoluto sin historia, pero con una memoria tematizada que se reinventa constantemente.
1.1.6 El habitante social
El habitante social es un individuo de acontecer, el cual se estructura en una sociedad como eventualidad en constante flujo, en el que las relaciones son intermitentes y los intercambios son momentáneos en los espacios territorializados-desterritorializados de la ciudad.
El individuo como habitante social, a través de su estructura y del sistema colectivo, se espacializa en la ciudad, en fragmentos dispersos que constituyen límites tangibles y simbólicos. Se mueve por medios virtuales, por los cables de la metápolis y, al mismo tiempo, genera espacios ocasionales en las estructuras físicas de la ciudad política. Los espacios del individuo social son reconocidos y captados a través de códigos que va dejando, rastros ocasionales que se evidencian en la piel de la cotidianidad.
Las alteridades del individuo social generan un sistema estructurado, en autopoiesis, cargado de emociones, influenciadas a su vez por las decisiones económicas, políticas y sociales. El individuo camina por espacios intersticiales o terrenos vagos, en los que: “las figuras de referencia de la esfera de las relaciones humanas se han convertido desde entonces en «formas» artísticas plenas: así los
meeting, las citas, las manifestaciones, los diferentes tipos de colaboraciones entre dos personas, los juegos, las fiestas, los lugares, en fin el conjunto de los modelos de contraste y crear relaciones representan hoy objetos estéticos
susceptibles de ser estudiados como tal”31
.
El habitante social se inserta en fenómenos que vive dentro de la territorialidad como consecuencia de su presente, la cual se adhiere a la piel del individuo, se convierte en una extensión de sus deseos, de su razón. Cuando se intercambian componentes cotidianos entre los individuos, en el flujo constante por las aberturas de la deslocalización en la ciudad, se conforma un colectivo, activo y pensante, listo para proponer su espacio. La extensión de las relaciones individuo-espacio constituyen la ciudad viva, una yuxtaposición de eventos que articulan espacios tanto físicos como sociales, desde el ventero ambulante hasta los centros comerciales.
El individuo se encuentra transformándose en relaciones estéticas, constituyendo, desde el modo de restructuración social, un presente que se re-elabora en el espacio, así crea procesos flexibles de configuración de territorio. Lo social establecido estalla en fragmentos ocasionales desde su devenir momentáneo, está en un estado cambiante, con implicaciones técnicas y estéticas que derivan en el estado del mismo. La experiencia social del habitar refleja la cotidianidad intangible que construye lo urbano; colectivos productores de realidades e imaginarios que se explotan en fragmentos, cada uno dispuesto a relacionarse.
1.1.7 El lugar
El lugar es una acumulación de experiencias, de formas de espacializar, de modificaciones en el espacio a través de valores culturales; desde lenguajes, como construcciones físicas, modelos de intervención urbana, símbolos espaciales… se insertan en el espacio común, donde se puede generalizar e
identificar que: “todo lugar es efectivamente un compuesto”32
, una transformación 31 Ibid., pp. 31-32. 32 Ibid., p. 108.
codificada dependiente de lo vivido o impuesto, la cual se insertan en un espacio único. El lugar a través de las apropiaciones de los individuos, busca el bienestar siempre de un grupo social: “espacio-lugar-sitio: configuración de un ámbito digno de los seres humanos, y digno de que estos lo cuiden, fomenten, lo leguen a las
generaciones siguientes y se sacrifiquen por él”33
. Los espacios quedan justificados en el imaginario social, lo cual hace que el lugar se evidencia por medio de una apropiación espacial; con eso se puede decir que el lugar es una construcción de imaginarios relacionados que interactúan.
El lugar está constituido por imaginarios que esculpen desde su forma de espacializar, las cuales crean dinámicas e itinerarios cotidianos, que permiten ser reconocidos y modificados. Los tipos de configuración, abarcados en lo que se puede denominar como Sistema de Relaciones Ocasionales, codifican de manera temporal el lugar, unos con más presencia, dada su fuerte inserción: lugares colonizados a través de las normas que un colectivo se ha impuesto; otros con codificaciones momentáneas, inserciones laxas sensibles que constituyen otro tipo de lugar.
Los lugares ocasionales se dan a través de afectaciones sensibles e intangibles en los espacios; relación desde la urbs, más que desde el racionamiento del espacio, que genera otras formas de pensar los lugares: “espacios delimitados por valores comunes, mas no debidos a la ley (con lo que se volvería a la universalidad abstracta) si no a la interpretación de usos y costumbres que, por exclusión de cuanto se opone a su conservación y transmisión y por corroboración de cuanto les favorece, van creando una serie de surcos vividos y sentidos, más
que pensados”34
.
En los lugares ocasionales se altera la inserción de diferentes formas de configuración, desde las relaciones individuo-lugar, lo que genera el lugar como
transformación en el tiempo: “esculpir un lugar implica tala y roza, quema y
destrucción de antiguos lugares físicos y espirituales (y muchas veces destrucción
33
Duque, Félix. Esculpir el lugar. La interpretación del mundo cuestiones para el tercer milenio. Ciudad: Patxi Lanceros, p. 102.
34
o dominación de las gentes que allí vivían)”35
. El lugar se transforma, desaparece, y luego reaparece, en algunos casos imperando la codificación dominante y en otros las codificaciones laxas. “El lugar es la falta y, a la vez, lo que nos falta para ser de verdad”36
.
1.1.8 El espacio público
El espacio público es una construcción que se da desde la apropiación de una estructura social que se concreta como un público fluctuante y conforma relaciones que se escabullen por los nichos entre lo público y lo privado. De ello derivan nodos, bifurcaciones, sistemas, trayectorias de relaciones entre el lugar y lo social, conformando así el espacio que permite interrelación entre lo construido planificado y lo construido no planificado, partiendo de las adaptaciones sociales en un territorio desterritorializado.
El espacio público es constituido por relaciones que van desde la ciudad planeada hasta la ciudad practicada. Miradas estas dos formas de configuración de lugar
como urdimbre de relaciones, en la que lo urbano muta de: “forma radical de
espacio social, escenario y producto de lo colectivo haciéndose a sí mismo, en territorio desterritorializado en que no hay objetos sino relaciones diagramáticas
entre objetos, bucles, nexos sometidos a un estado de excitación permanente”37
, la ciudad practicada se mezcla con la ciudad planificada, la cual se piensa desde la idealización del territorio como polis.
La organización del espacio público está dada y es pre-establecida por la espacialización de lo social, donde se crean interacciones y nexos. Las configuraciones en lo público son variables, ya que están en constante
reestructuración, incluso se puede decir: “que el espacio público tiene una
consistencia frágil”38
, ya que está conformado por relaciones de densidades
35
Ibid., p. 111. 36Ibid.
37
Delgado, Manuel. De la ciudad concebida a la ciudad practicada. Revista Archipiélago, # 62, 2004:p. 2.
38
variables, de nodos y bifurcaciones, las cuales dan lugar a trayectorias que se mezclan constantemente.
La configuración del espacio público se encuentra suspendida en dos situaciones: la primera, inmersa en reglas y normas socio-políticas y socio-económicas que marcan el lugar y las formas como se debe habitar y relacionarse en él, como cuando se debe caminar en un sentido o cuando se demarca con un elemento físico o una estructura axiomática; la segunda está dada por las relaciones intangibles en el espacio construido, como encuentros no fortuitos, miradas momentáneas, sensaciones de inestabilidad, conexiones frágiles de los individuos, alteridades deslocalizadas que deambulan de un lugar a otro.
Las dos condiciones en las cuales el espacio público se encuentra suspendido dan, como expresa Isaac Joseph: “la experiencia de la fluidez de la copresencia y de la conversación, de las pequeñas oposiciones sociales que son nuestra vacilaciones, la experiencia del excedente de socialidad en su materialidad discursiva. Lo que se nos da es también la experiencia del abandono y desamparo
de este existir en beneficio de las ansias del ser existente”39
.
El espacio público es el escenario donde los habitantes materializan las huellas del lugar y, a la vez, se diluyen entre los espacios planificados; es una fluctuación intermitente caracterizada por el contacto de sus bordes, que van desde los imaginarios colectivos espacializados hasta lo natural-biológico. Sin restricciones de acceso, es un espacio neutral, desnaturalizado, ya que permite la interacción de diferentes apropiaciones formando turbulencias que se mezclan, relaciones generadas por la interacción del individuo en el espacio social configurado.
La relación del espacio público con la estructura social muestra que: “el espacio
público está irremediablemente truncado. No es una espacio pasional, es un
espacio de sonámbulos”40
, debido al devenir momentáneo, a las fugas de tiempos y a los movimientos. 39 Ibíd., pp. 14-15. 40 Ibíd., p. 15.
La estructura social se mueve sonámbula por lo público, generando desorganizaciones parciales y transitorias. Las relaciones de lo social se conciben partiendo de intervalos que, a su vez, se ven también afectados por las estéticas que se expanden y se contraen en el espacio público, donde la relación con los signos y las huellas que configuran el lugar recrean situaciones; pero éstas, al ser variables, se des-configuran; así se conforman nichos en lo público y se constituye ciudad, mostrando cómo entre la de-construcción del espacio dada por las estructuras sociales, se manifiesta el espacio público neutral, permeable como una esponja que, en palabras de Joseph: capta y rechaza modificando constantemente los límites de sus cavidades. Los acontecimientos de lo social son absorbidos, y se manifiestan en lo público constituyendo en algún momento el espacio para luego ser exprimidos, cambiando su configuración.
Dentro de las cavidades del espacio público se albergan diferentes formas de relaciones de las estructuras sociales, en las que lo que se vive determina momentos; apropiaciones cambiantes, derivas del espacio-tiempo concertadas. La ciudad en su reconstrucción de espacio público constante, genera áreas abandonadas en donde se pueden visualizar edificios obsoletos que la ciudad planeada intenta rehabilitar para insertarlos en el lenguaje hipercodificado e introducirlos en la red de espacios útiles. El espacio público evidencia esta actividad, ya que en él se genera el abandono de la ciudad y la apropiación de la misma, los colectivos y las estructuras sociales se esparcen en esta tensión, cargan de códigos que marginan ciertas zonas del espacio público por su constitución física que no corresponde con lo planeado, sin embargo estos terrenos “vagos” como los propone: Ignasi Solá-Morales muestran características propias de una cultura que se extiende a través de su estética por el mismo espacio, creando de esta manera una mirada en negativo de la ciudad planeada. El espacio público está constituido de las dos maneras de configuración desde espacios abandonados e improductivos y de espacios productivos.
1.2 DISEÑO METODOLÓGICO 1.2.1 Teoría de sistemas
La multiplicidad de hechos, circunstancias, configuraciones, códigos presentes en la realidad, crea un híbrido de relaciones que se constituyen como sistema. Las relaciones entre los sistemas y sus componentes se organizan en un despliegue de acontecimientos y eventos que dan forma social al tiempo. La conformación y disposición de los colectivos sociales están determinadas por una multiplicidad de afectaciones, tanto internas como externas, que transforman el entorno; son modificaciones políticas, económicas, simbólicas, espaciales y físicas, las que se despliegan como configurantes del sistema.
Los sistemas se componen de acciones en continuo movimiento, definiendo límites que se cruzan en un entorno particular; límites que se re-establecen en periodos largos o cortos de tiempo. El recambio de componentes internos y externos del sistema es lo que configura y des-configura los límites perceptibles (signos y símbolos culturales), además de límites físicos, como elementos arquitectónico-urbanísticos, geográficos y paisajísticos.
La continua reestructuración de los sistemas se denomina: procesos de autopoiesis, como lo explica Humberto Maturana refiriéndose a los sistemas biológicos:
los seres vivos son verdaderos remolinos de producción de componentes, por lo que las sustancias que se toman del medio, o se vierten en él, pasan participando transitoriamente en el interrumpido recambio de componentes que determinan su continuo revolver productivo. Es esta condición de continua producción de sí mismos, a través de la continua producción recambio de sus componentes, es lo que caracteriza a los seres vivos, y lo que se pierde en el fenómeno de la muerte. Es a esta condición a la que me refiero al decir que los seres vivos son sistemas autopoiéticos, y que están vivos solo mientras están en autopoiesis.41
41
Maturana. Humberto R. La realidad ¿objetiva o construida? I. fundamentos biológicos de la realidad. Antrhopos, p. 5.
El sistema se auto-organiza, se desprende del ambiente y se distingue de él; adquiere su individualidad diferenciándose por la particularidad de los colectivos sociales y su estética, la cual produce afectaciones tanto efímeras como duraderas, y genera emociones que se transmiten en el espacio; son expresiones sociales que debido a su autopoiesis constituyen experiencias en el tiempo, codificando a través de la relación tiempo-espacio los límites del territorio. Los cambios son determinados por los seres vivos, los cuales establecen las configuraciones particulares en el afuera, partiendo del continuo diálogo interior y con el exterior; así se crea una historia inserta en códigos, volcados en sustancias producidas en el entorno y asimilándolas por las afectaciones particulares con las que se relacionan.
Toda la producción del sistema genera experiencias desde lo social hasta lo construido; se trata de trazos de líneas de fuga que abren paso a la interpretación del afuera, siempre cambiante, que se re-construye en las alteridades del espacio y su estética. Allí: “la multiplicidad se definen por el afuera: por la línea abstracta, línea de fuga o de desterritorializacion según la cual cambia de naturaleza al
conectarse con otra”42
.
Los sistemas, en su constante devenir de alteridades productoras de componentes, dejan puntos abiertos para la conexión con su entorno, lo cual forma, a través de su relación interior-exterior, disposiciones territoriales; delimitaciones espaciales que crean: “líneas de segmentariedad, de estratificación, como dimensiones, pero también línea de fuga o de desterritorializacion como dimensión máxima según la cual, siguiéndola, la multiplicidad se metamorfosea al
cambiar de naturaleza”43
.
El sistema está en constante desequilibrio: haciéndose y re-haciéndose. El desequilibrio permite tener una cierta estabilidad, un continuo que toma dos características principales: “1. las leyes de lo viviente no son de equilibrio, sino de desequilibrio, retomando o recompensando el dinamismo estabilizado, 2. La inteligibilidad del sistema debe encontrarse no solamente en el sistema mismo
42
Deleuze, Gilles y Guattari, Feliz. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pretextos, 1994, p. 14.
43
sino también en su relación con el ambiente, y esa relación no es una simple
dependencia, sino que es constitutiva del sistema”44
.
La complejidad del sistema está dada en los enlaces de subsistemas como fenómenos de auto-organización, los mismos que, al juntarse y analizarse desde diferentes puntos de vista, conforman una red, la cual se constituye como un sistema abierto individual; fenómenos establecidos por una gran cantidad de
interacciones e interferencias: “los sistemas de auto-organización (viviente) hasta
el más simple combina un número muy grande de unidades, del orden del billón, ya sea moléculas en una célula, células en un organismo, más de diez billones de
células en el cerebro”45
.
El sistema constituye la realidad en forma de negativo: por un lado, configura los límites simbólico-espaciales componentes de un sinfín de posibilidades para la disposición de la realidad cotidiana, la cual está sujeta a las alteridades tiempo-espacio del sistema que la constituye y por el otro lado se encuentra el tiempo-espacio donde se evidencian los símbolos y su construcción
La construcción de la realidad puede darse desde un campo expandido entre la configuración del sistema, su alteridad y su definición espacial. La interrelación de diferentes formas de habitar permite una comprensión abierta de los problemas, ya que se mezclan entre lo construido y lo no-construido. El sistema desarrolla diferentes construcciones de realidades a partir de la relación con otros sistemas, conformando así lazos sociales. Esta forma de construcción permite obtener una lectura de la realidad en las relaciones de los individuos y los espacios, vistas desde las categorías de análisis: hipercodificación, codificación laxa, vida cotidiana, espacio-tiempo.
La realidad, asumida desde la reflexión sistémica, se hace compleja, debido a que se afecta desde diferentes perspectivas: espaciales, físicas construidas, físicas simbólicas, culturales; lo cual, al mezclarse, genera sucesos de la cotidianidad en los que se dispone el espacio para un despliegue social cargado de afectaciones estéticas, lo que crea diferentes eco-sistemas. La realidad se ve reflejada en la
44
Ibíd., p. 44. 45