DIALOGOI
Direttore
Giuseppe Grilli
Università degli Studi di Roma Tre
Comitato scientifico Giuseppe Savoca
Università degli Studi di Catania
Virgilio Tortosa
Universidad de Alicante
Carlos Miralles Sola
Universitat de Barcelona
DIALOGOI
La Collana propone testi e studi che affrontano le letterature compa-
rate in una prospettiva specifica: quella che vede le interferenze tra i
generi e le tematiche non come contraddizioni o diversità incomuni-
cabili, ma come interrelazioni della complessità. Il modello teorico di
riferimento è quello elaborato da Claudio Guillén, già nei sui primi
saggi del periodo americano, legato all’ispirazione dei suoi maestri di
Princeton, Levin e Poggioli, poi modificato, arricchito e completato
nelle riflessioni e nei libri del periodo del suo ritorno in Europa e,
in particolare, in Spagna, prima a Barcellona, poi a Madrid. Questo
sguardo della maturità dell’ultimo periodo di ricerche e riflessioni di-
venta ricostruzione del passato rimosso, quello della primavera iberica
spezzata dalle vicende della barbarie del Novecento. Ne è bella sintesi
il volume pubblicato nella nostra Collana, Sapere e conoscere. Coerente-
mente con queste premesse generali, la ricerca sulle letterature che la
Collana persegue si svolge in una costante approssimazione alle sue
frontiere tematiche e formali: la storia, le arti, il pensiero, anche nelle
sue manifestazioni innovative e non canonizzate. Non ci sono dunque
centri e periferie, come spesso in certa manualistica, ma dialoghi av-
viati, interrotti; dialoghi riannodati, tra passati e proiezioni presenti, e
nella fiducia dei futuri ancora possibili.
Il volume è stato pubblicato grazie al finanziamento del Liceo Statale
Linguistico e delle Scienze Umane “Danilo Dolci” di Palermo.
En la otra orilla de la noche
En torno a la obra de Alejandra Pizarnik
Edición de
Arturo Donati, Emanuele Leonardi, Giovanna Minardi, Assunta Polizzi
Contribuciones de
Martha Canfield, Carlota Caulfield, Arturo Donati
Florinda Fusco, Stefanie Golish, Emanuele Leonardi
Giovanna Minardi, Ana María Moix, Delfina Muschietti
Cristina Piña, Assunta Polizzi, Antonio Requeni
Federica Rocco, Osías Stutman, Dores Tembrás
Copyright © MMXII ARACNE editrice S.r.l.
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via Raffaele Garofalo, /A–B
Roma ()
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Non sono assolutamente consentite le fotocopie senza il permesso scritto dell’Editore.
I edizione: ottobre
Índice general
A modo de presentación
Los Editores
Prólogo. Alejandra y la verdad última negada
Martha Canfield (Università di Firenze)
Las cartas excepcionales de Alejandra Pizarnik
Carlota Caulfield (Mills College)
Entre Csejthe y el jardín de las lilas. En torno a La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik
Arturo Donati (Liceo “Danilo Dolci”)
Pizarnik: el lugar del exceso
Florinda Fusco (Università di Bari)
Intentada cercanía. Alejandra Pizarnik y Cristina Campo
Stefanie Golisch
Alejandra Pizarnik: en el fondo del espejo
Emanuele Leonardi (Università di Palermo)
Alejandra Pizarnik: texto y contexto
Giovanna Minardi (Università di Palermo)
Índice general
Fuera del poema
Ana María Moix
Alejandra Pizarnik: la vía del género, la voz de los jóvenes
Delfina Muschietti
(Universidad de Buenos Aires)
El descentramiento del sujeto en la poesía de Alejandra Pi- zarnik
Cristina Piña
(Universidad Nacional de Mar del Plata)
Convergencias poéticas en Alejandra Pizarnik y José Ángel Valente
Assunta Polizzi (Università di Palermo)
Recuerdo
Antonio Requeni
Los Diarios de Alejandra Pizarnik. Del desdoblamiento a la multiplicación del sujeto
Federica Rocco (Università di Udine)
Alejandra Pizarnik recordada
Osías Stutman
Aproximación al deseo en la obra poética de Alejandra Pizar- nik
Dores Tembrás
(Universidade da Coruña)
Relación de autores
Cronología
En la otra orilla de la noche ISBN 978-88-548-5243-3 DOI 10.4399/97888548524331 pag. 9–10 (ottobre 2012)
A modo de presentación
La presente colección de ensayos es el resultado de varias pulsiones culturales felizmente convergentes; la primera es la sensibilidad de la Directora del Liceo Statale Linguistico e delle Scienze Umane “Danilo Dolci” de Palermo, Maria Orsolina Mendola, quien ha apoyado el proyecto de formación del profesorado “Grandi figure femminili del Novecento”, ideado por Arturo Donati. El curso, estructurado en forma de seminarios pluritemáticos e interdisciplinarios, ha registrado como momento central el estudio de la escritora argentina Alejandra Pizarnik. De ahí, la organización de un congreso dedicado a ella, que ha tenido lugar en el Liceo palermitano, el de febrero de . En un segundo momento, Arturo Donati consideró oportuno solicitar la colaboración de Emanuele Leonardi, Giovanna Minardi y Assunta Polizzi, profesores de Literatura española e hispanoamericana de la Facoltà di Lettere e Filosofia de la Università di Palermo, para editar un libro sobre la obra de Alejandra Pizarnik. El volumen, fruto de la cooperación con estudiosos internacionales, no tiende a satisfacer ilu- sorias pretensiones de exhaustividad, sino más bien a ofrecer motivos de análisis y senderos de investigación que puedan ser útiles tanto al estudioso como al « desocupado lector ». En el panorama internacio- nal, la escritora argentina ocupa un lugar de creciente prestigio; no en vano sus obras han obtenido notables reconocimientos ya en vida, acompañados de la estima de muchos intelectuales y escritores que constituyeron su círculo de amistades. En Italia, en cambio, el proceso de difusión de la obra de Pizarnik, fuera del ámbito académico, está viviendo sus primeros pasos.
Los trabajos que constituyen el volumen exploran la obra de Ale- jandra Pizarnik: su poesía, su prosa, sus diarios. Minardi, Muschietti, Piña, Polizzi y Tembrás abordan la obra poética de la autora, insertán- dola dentro del contexto literario de la Argentina de la postvanguardia
A modo de presentación
(Minardi), relacionándola con la poesía de Alfonsina Storni y otra es- critoras contemporáneas y así como con la cultura musical y visual de los Sesenta (Muschietti), analizando el desfondamiento del sujeto y lenguaje a lo largo de su trayectoria literaria (Piña), individualizando algunas convergencias entre su poesía y la generación poética española de los Cincuenta, y concretamente la obra de José Ángel Valente (Poliz- zi), o aproximándose a las formas del deseo (Tembrás). La prosa es el ámbito tratado por Caufield, Donati, Golisch, Fusco, Rocco y, en parte, Leonardi. Caufield se ha ocupado del rico y revelador epistolario de Alejandra Pizarnik. Donati, en su ensayo sobre La condesa sangrienta, nos hace penetrar en los subterráneos de Csejthe, que evocan la idea de la escritura laberíntica de Pizarnik. De la compleja relación entre Pizarnik y Cristina Campo escribe Golisch. Fusco nos ayuda a leer los textos de Pizarnik como una constante descomposición lingüística de imágenes mentales. El desdoblamiento entre sujeto y objeto y la multiplicación del yo destacan en el texto de Rocco que estudia la escritura diarística de la autora. Leonardi alumbra críticamente la dualidad que existe entre los dos tiempos del alma y del mundo. Los poetas Ana María Moix, Antonio Requeni y Osías Stutman ofrecen, respectivamente, una reflexión, y dos recuerdos personales de la autora.
Un desafío extremo al destino aquel de Alejandra Pizarnik, que ha ofrecido una provocativa así como radical y fascinante llave de lectura del desasosiego más profundo y de la fragilidad humana. Pizarnik con- sigue expresar un lenguaje de impactante y despiadada originalidad, capaz de sorprender y encantar al lector. La poeta, además de innovar, recoge y amplifica muchas de las instancias intelectuales que connotan la cultura del siglo XX y el polifacético universo de la literatura his- panoamericana. Prodigioso enlace de lenguajes e historias, vehículo sin par de sensibilidad, valores, espiritualidad, ideas y pulsiones artísti- cas, la obra de Alejandra Pizarnik rompe con toda barrera y une los seres humanos que quieren reflexionar sobre el sentido de nuestros tiempos. El volumen se publica a los años del fallecimiento de Alejandra Pizarnik, contribuyendo a los homenajes que, a partir de la ciudad de Buenos Aires, se están celebrando.
Los Editores
En la otra orilla de la noche ISBN 978-88-548-5243-3 DOI 10.4399/97888548524332 pag. 11–15 (ottobre 2012)
Prólogo:
Alejandra y la verdad última negada
M C
(U F)
Eran los últimos días del mes de septiembre de . Yo vivía en Bogotá y me había graduado no mucho antes. Esa tarde, inolvidable, mi amigo Juan Gustavo Cobo Borda, brazo derecho de Ernesto Volkening tanto en la librería Buchholz como en la histórica revista Eco, llegó a mi casa para mostrarme el último número de la revista, donde aparecían mis primeros poemas publicados. Era, en efecto, el número de septiembre del .
Pero Juan Gustavo, el más informado y el mejor conectado con el mundo literario de toda nuestra generación, no llegó alegre y bromista como siempre y como yo lo esperaba, sino totalmente desolado, diciéndome con incontenible emoción que Alejandra Pizarnik se había suicidado.
Yo la conocía poco como escritora y nada como persona, pero su angustia me conmovió. Y le pedí que me contara todo. Le había llegado la noticia directamente de Buenos Aires. En ese entonces él estaba en contacto epistolar y también telefónico con Enrique Molina y con Olga Orozco. Olga había sido una de las varias personas que habían hablado con ella poco antes del gesto fatal, y ni ella ni los otros habían notado nada extraño, ninguna señal de anunciación de la tragedia. Nunca se sabrá si la dosis excesiva de seconal que la llevó a la muerte fue voluntaria o la reiteró por confusión, con la consecuencia fatal que sabemos. Pero es evidente que la muerte ronda en su obra y que ella misma la anuncia y la prevé y — como dice su biógrafa Cristina Piña — entre la publicación de El infierno musical, en diciembre de , y su muerte, en septiembre de , no hubo más que el lapso necesario para que ella misma dispusiera el escenario en el cual morir mejor (Piña : ). El último poema — o texto en prosa — de ese libro es claramente inquietante y revelador: « Sí, lo malo de la vida es que no es lo que creemos pero tampoco lo contrario », dice en Los poseídos entre lilas. Y termina así:
Martha Canfield
Las palabras hubieran podido salvarme, pero estoy demasiado viviente.
No, no quiero cantar muerte. Mi muerte... el lobo gris... la matadora que viene de la lejanía... ¿No hay un alma viva en esta ciudad? Porque ustedes están muertos. ¿Y qué espera puede convertirse en esperanza si están todos muertos? ¿Y cuándo vendrá lo que esperamos? ¿Cuándo dejaremos de huir?
¿Cuándo ocurrirá todo esto? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Por qué?
¿Para quién? (Pizarnik : –)
Mi encuentro de esa tarde con Juan Gustavo Cobo Borda, progra- mado para festejar mi incursión en el mundo literario, se transformó en un luto en el que mi amigo no hizo más que lamentar la pérdida de la que él ya consideraba una de las voces más puras de la poesía latinoamericana de esos años y una personalidad amorosa, trágica y desvalida, que inducía a la ternura y a la compasión. Y estoy conven- cida de que todo lo que dijo en aquel momento fue el principio de esa reflexión articulada y lúcida, sobre el valor y la significación de la poesía de Alejandra Pizarnik, que poco más tarde iba a publicar en la misma revista Eco (Cobo Borda : –).
Como no podía ser de otra manera, quedé muy impresionada con este evento y empecé a leer a Alejandra, a entrar en su mundo desesperanzado, ambiguo, solitario, donde la poesía es una vocación sublime y despiadada, que exige la verdad aunque no pueda darla y castiga con el silencio que es su muerte. En un poema no recogido en libro, “En esta noche, en este mundo”, fechado el de octubre de , declara explícitamente que la lengua es sin duda un órgano de creación y de conocimiento (o, literalmente, de “re–creación”
y de “re–conocimiento”), pero que la propia lengua “castra” y por tanto todo poema está destinado al fracaso. Decir es igual a mentir, afirma inconsolable Alejandra.
Y para un poeta, para un escritor, que busca la verdad en las palabras, como revelación y como vía de la comunicación, cuando llega a la contundente respuesta negativa a la que llegó Alejandra, ¿qué camino le puede quedar?
Alejandra, que vivió asimismo muy dolorosamente una múltiple escisión de su personalidad — manifestada en los cinco nombres que la identificaban, Buma, Flora, Blímele, Alejandra, Sasha —, en deter-
. « [. . . ] lo decible/que equivale a mentir/(todo lo que se puede decir es mentira)/el resto es silencio/sólo que el silencio no existe ». (Cobo Borda : )
Prólogo. Alejandra y la verdad última negada
minado momento encuentra en su identidad judía una certeza y otro motivo de tormento. « Creo que ser judía es un hecho perfectamente grave », dice en su diario. Y lo que hubiera podido ser el refugio de un territorio en el que su yo se reconociera, se vuelve otro exilio, otra laceración. Leemos en su diario el de febrero de :
Muchas lágrimas derramadas al pensar en Israel. Creo que ser judía es un hecho perfectamente grave. Pero ¿qué hacer una vez que se ha reconocido ese hecho y esa gravedad? Observo, al menos en mi caso, que mis rasgos judíos son ambiguos. Por una parte, una especial inteligencia de las cosas.
Por la otra un espíritu de gueto. Y, antes que nada y sobre todo, un profundo desorden, como si no hubiera hecho más que viajar. (Pizarnik : )
Una vida entera dedicada a la búsqueda de la verdad a través de la palabra escrita, una vida entera tratando de dar voz a un yo aplastado —
¿por el mundo, por la historia, por la vida tout court? — y una decisión final radical, como respuesta trágica al fracaso inaceptable. La joven, la pequeña, la conmovedora Alejandra — cuya voz grave y fuerte, sin embargo, parecía contradecir la fragilidad de su figura física — se pre- senta de pronto semejante en su drama y en su opción por el suicidio a un escritor que en el mismo año de , por tanto tres antes que ella, decide poner fin a su vida. Y junto con su vida —- hablamos de José María Arguedas, naturalmente —, a su imposible empresa de dar voz al mundo indio del Perú y a la lengua quechua, que él custodiaba adentro de sí como otro yo finalmente imposible de revelar. Arguedas y Pizarnik: dos seres, dos mundos y dos literaturas muy diferentes y, sin embargo, con algo en común, desgarrador y significativo. Esto es, la escisión interior, la búsqueda de la verdad mediante la palabra creada y el inaceptable fracaso de la propia vocación y de la propia vida, vocación y vida que fueron una única entidad para uno y para la otra.
Si Arguedas marca un momento fundamental en la evolución de la narrativa hispanoamericana y de la toma de conciencia de lo que significa
“ser indio” en Hispanoamérica, Alejandra Pizarnik marca un momento
fundamental en la evolución de la poesía hispanoamericana, encarnando
como ninguna la conciencia escindida de la postvanguardia, entre sueño
y realidad — su vinculación con el surrealismo ha sido estudiada, en
efecto —, entre lógica de la conciencia y lógica del inconsciente, entre
raíces ancestrales y desarraigo contemporáneo. Alejandra encarna como
nadie, de manera semejante a Kafka — su escritor preferido tal vez, y
Martha Canfield
judío como ella (no es casual, hubiera dicho Alejandra) — y de manera semejante a Cortázar (amigo entrañable, y tal vez modelo o afín, y valga como único ejemplo el de La condesa sangrienta), ese lenguaje capaz de representar con extraordinaria vivacidad el absurdo laberinto sin salida de la existencia, ese “proyecto arrojado” que es el hombre según Sartre (), volcado hacia un futuro que no existe y por lo cual es “nada”. Por eso la palabra está vencida de antemano y por eso mismo es culpable.
Arguedas y Pizarnik: dos figuras trágicas y dos obras que abren ca- mino a los que siguen. « Insomnio pasional y lucidez meridiana »: así definía Octavio Paz la poesía de Alejandra (Pizarnik : ). “Concien- cia pasional y lucidez doliente” podríamos definir la obra de Arguedas.
Podría pensarse que más allá de la grandeza de sus respectivas obras y de la búsqueda extrema de una “palabra” imposible, lo que más los acerca es el suicidio. Y no son pocos los estudios que focalizan la relación entre los procesos creativos y la muerte voluntaria de tantos artistas, que sólo en Hispanoamérica son tantos: de José Asunción Silva a Horacio Quiroga, a José Antonio Ramos Sucre, Alfonsina Storni, María Mercedes Carranza... Pero tal vez lo que distingue a Pizarnik, así como a Arguedas, es que, paradójicamente, la razón que los llevó al suicidio, o sea lo que ellos consideraron el “fracaso” de su obra literaria, ha resultado para sus lectores de ayer y de hoy exactamente lo contrario, o sea un camino abierto a la indagación, más íntima en Alejandra, más social en Arguedas, pero en ambos vinculada al poder revelador de la palabra y a la capacidad liberatoria de la lengua.
El año próximo se cumplirán cuarenta años de la muerte de Alejandra.
Y en estos ocho lustros la crítica se ha ocupado cada vez con más fervor de su obra. Sin embargo, el camino por recorrer es todavía largo. Por lo mismo, el presente libro, con catorce estudios puntuales, originales e íntimamente involucrados en la “pasión” de la obra pizarnikiana, resulta oportuno y necesario.
Puedan los lectores disfrutar leyéndolo como ha disfrutado quien firma estas páginas, habiendo tenido el privilegio de leerlo antes.
Florencia (Italia), febrero de
Prólogo. Alejandra y la verdad última negada
Referencias bibliográficas
C B, Juan Gustavo, , Alejandra Pizarnik la pequeña sonámbula, Eco, t.
/, n. , nov., –.
P, Octavio, , Prólogo a Alejandra Pizarnik, Árbol de Diana, Buenos Aires, Sur.
Recopilado en A. Pizarnik, , Poesía completa, Barcelona, Lumen, –.
P, Cristina, , Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, Planeta.
P, Alejandra, , “Los pequeños cantos”, en Árbol de fuego, n. .
———, , Diarios, Barcelona, Lumen.
———, (), Poesía completa, Barcelona, Lumen.
S, Jean Paul, (), El ser y la nada, Buenos Aires, Losada.
En la otra orilla de la noche ISBN 978-88-548-5243-3 DOI 10.4399/97888548524333 pag. 17–23 (ottobre 2012)
Las cartas excepcionales de Alejandra Pizarnik
C C
(M C)
Mi primer encuentro con Alejandra Pizarnik (–) tuvo lugar en una librería de segunda mano del Greenwich Village neoyorquino en la primavera de . Por puro azar, un ejemplar de El deseo de la palabra apareció frente a mí mientras estaba enfrascada en la tarea de encontrar un epistolario de la poeta norteamericana Anne Sexton (–). Años más tarde, en , en Barcelona, también por azar, pude leer, gracias a los originales de las cartas de Pizarnik, el proceso de gestación de aquel libro que se convirtió en mi llave hacia la obra pizarniana.
Este breve ensayo tiene como tema el fascinante epistolario de Alejandra Pizarnik, y en particular su correspondencia con el escritor–
editor–pintor español Antonio Beneyto.
La correspondencia de Pizarnik publicada hasta la fecha se encuen- tra recogida en las ediciones Correspondencia Pizarnik (), así como en Alejandra Pizarnik, Dos letras (), cuya edición fue posterior a la editada por mí bajo el título de From the Forbidden Garden. Letters from Alejandra Pizarnik to Antonio Beneyto ().
Correspondencia Pizarnik, editada por Yvonne Bordelois, incluye cartas a escritores, editores, amigos, profesores, y la familia de la poeta. La mayoría de las cartas están fechadas a fines de los Cincuenta, los Sesenta y los Setenta. Las cartas de la edición de Bordelois ofrecen un amplio escenario en el que podemos seguir de cerca el desarrollo de Pizarnik como poeta, su introducción al mundo literario argentino, su época parisina, y su auge creativo.
Entre los destinatarios de Pizarnik se encuentran Elizabeth Azcona Cranwell, Juan Jacobo Bajarlía, Adolfo Bioy Casares, Rita Geada, Sylvia
. La edición en inglés contiene treinta y dos cartas, traducidas por mí en colaboración con Angela McEwan, mientras que la edición en español incluye treinta y cinco cartas.
Carlota Caulfield
Molloy, Marcelo Pichon Rivière, Antonio Porchia, Antonio Beneyto, Silvina Ocampo, León Ostrov, Antonio Requeni, y Osías Stutman.
Dos Letras (y From the Forbidden Garden) incluyen sólo las cartas de Pizarnik a Beneyto, y corresponden al período que va de septiembre de a septiembre de . Muchas de las cartas están conectadas por temas que tienen que ver con la creación literaria y con planes de publicación.
Leer las cartas de Alejandra Pizarnik es experimentar la fuerza de su lenguaje, su ingenio, su humor y su gran cultura. En ellas encon- tramos un retrato más íntimo de la poeta del que podría esbozar un biógrafo. La vemos enfrascada en un proceso de autodescubrimien- to y de exploración artística, a la vez que nos regala con un estilo epistolar de un complejo entramado expresivo.
Un rasgo distintivo de todo el epistolario de Pizarnik son los diferentes tonos (pasión, inquietud, reflexión filosófica, humor y sarcasmo) que aparecen una y otra vez en las cartas. Sin lugar a dudas, las inflexiones de voz de Pizarnik, y su modo particular de decir/escribir, logran cartas marcadas por el habla oral. También es necesario destacar que en muchas cartas la poeta estaba « inmersa permanentemente en la matriz de la lengua y su libertad de percepción le permitía un juego constante de alusiones y entrecruces reveladores » (Bordelois : ).
Pizarnik escribía tanto a máquina como a mano. La extensión de las cartas varía. Algunas son breves mensajes tipo telegrama, mientras que otras se extienden cuartilla tras cuartilla. A veces la misma carta queda interrumpida y retomada durante las largas horas de insomnio que sufría la poeta. Aunque las cartas fueron escritas en español, es frecuente encontrar en ellas varios idiomas, sobre todo el francés.
También aparecen palabras y frases en alemán, inglés y yiddish, así como neologismos de la propia creación de la poeta.
A la poeta le gustaba escribir sus cartas en diferentes tipos de papel, algunos de ellos ya impresos con dibujos, logotipos de hoteles, marcas o productos y conmemoraciones.
Por lo general tachaba palabras,
. Uno de esos curiosos papeles es el que usó Pizarnik para su carta del de noviembre de
a Antonio Beneyto. El papel tiene impreso un escudo y bajo éste se lee Her Majesty’s Prison, Dartmoor. England, en letras mayúsculas. Un cuño en rojo y negro que dice CENSORED by Governor Rockpile aparece en medio de la carta, por lo demás escrita tanto a máquina como a mano en dos tintas azules diferentes. El papel también tiene al final flechas negras para indicar que la carta continúa. Una hoja de la carta se reproduce a color en From the Forbidden Garden.