Determinantes de la cobertura del sistema de pensiones argentino: un enfoque desde los microdatos
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(2) Determinantes de la Cobertura del Sistema de Pensiones Argentino. Un Enfoque desde los Microdatos†. Ignacio Apella Centro de Estudios de Estado y Sociedad Sánchez de Bustamante 27 (1177), Buenos Aires, Argentina. (e-mail: [email protected]). Resumen: El objetivo del presente trabajo es establecer un perfil de la cobertura del sistema previsional argentino y sus determinantes. Utilizando los microdatos provenientes de la Encuesta Permanente de Hogares se estima la probabilidad de cotizar a la seguridad social a través de un modelo probit. Los resultados hallados sugieren una moderada cobertura sobre la población pasiva y una baja tasa de contribución de la población activa. Asimismo, el dinamismo del mercado de trabajo sobre el alcance del sistema de pensiones resulta relevante. Desde el lado de la demanda de trabajo, la actividad en unidades productivas de pequeña envergadura y en sectores productivos tales como la construcción y el comercio, reduce la probabilidad de cotización. Respecto a la oferta de trabajo, se identifican características propias de los trabajadores, como aproximación a las capacidades de los trabajadores que afectan la probabilidad de alcanzar un empleo formal, tales como edad y educación.. †. El autor agradece los valiosos comentarios aportados por Carlos Grushka y Facundo Crosta. Tanto las opiniones vertidas en este documento como cualquier error u omisión son de absoluta responsabilidad del autor y en nada comprometen a la Institución que representa. 0.
(3) 1. Introducción El riesgo de caer bajo la línea de pobreza y su incidencia se incrementa, ceteris paribus, a medida que aumenta la edad del individuo y se retira del mercado de trabajo. Ello como consecuencia de la reducción de los ingresos laborales. Por tal motivo, los sistemas de pensiones son considerados como un componente importante de los sistemas de seguridad social. El principal objetivo de éstos es suavizar el consumo (o ingreso) durante el ciclo de vida de los individuos y reducir la incidencia de la pobreza entre aquellos de mayor edad. Para el logro de este objetivo, los sistemas previsionales pueden ser clasificado como contributivos y no contributivos. El primero, establece mecanismos de contribución por parte de la población en edad de actividad destinado al financiamiento del beneficio en los períodos posteriores al retiro. Si bien el funcionamiento de este modelo, depende exclusivamente de su sistema de autofinanciamiento, se encuentra sujeto a las condiciones del mercado laboral que limita expandir la cobertura más allá del sector formal de la economía. Asimismo, la disparidad en los mecanismos de recaudación y monitoreo desalientan la participación de los trabajadores activos en algunos sectores. Alternativamente, un sistema no contributivo toma la forma de programas de reemplazo de ingreso o alivio de la pobreza en la población adulta mayor. Contrariamente al sistema contributivo, este modelo es financiado a través de impuestos generales, y no se encuentra relacionado con las condiciones del mercado laboral. Los beneficios son financiados con rentas generales o impuestos fijos sobre el empleo, y la elegibilidad del beneficiario se basa en el concepto de ciudadanía. Si bien este sistema cuenta con la ventaja de alcanzar una cobertura universal independientemente de los ciclos del mercado de trabajo, se encuentra sujeto, en el mediano plazo, a la sustentabilidad fiscal e incentivos generados sobre las decisiones de ahorro privado. Sobre la base de un esquema contributivo, a partir de julio de 1994 se instituye el Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJP) destinado a cubrir las contingencias de vejez, invalidez y fallecimiento de los trabajadores. Dicho sistema se encuentra conformado por dos regímenes financiero, uno público financiado a partir de un sistema de reparto y administrado por la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSeS), y un régimen basado en la capitalización individual, administrado por las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP). Complementariamente, se introdujeron un conjunto de cambios en los parámetros del sistema entre los que se destaca el incremento en cinco años de la edad de retiro, estableciéndose en 65 años para los hombres y 60 para las mujeres y el aumento de la cantidad de años de aportes de 20 a 30 años. Dado este contexto, el objetivo del presente trabajo es estudiar el alcance del sistema previsional argentino durante el período comprendido entre 1995 y 2006, el perfil de la población cubierta y los factores que la determinan. Para ello, en la siguiente sección se presenta el marco teórico de análisis. La tercera sección establece algunos indicadores tradicionales de cobertura y su caracterización, en tanto la cuarta sección se estiman los determinantes de la misma y sus efectos marginales a través de un modelo multivariado probit. Finalmente, la quinta sección discute algunas reflexiones finales con énfasis y sugerencias de política. 2. Marco Teórico El principal objetivo de los sistemas de seguridad social es suavizar el nivel de ingreso durante el ciclo de vida de los individuos, a partir del reemplazo de sus ingresos laborales, y reducir la incidencia de la pobreza entre aquellos de edad avanzada. La capacidad de una persona de disponer de bienes en general constituye un elemento central de la calidad de vida en la vejez. De acuerdo con Guzmán (2002) la seguridad económica de las personas adultas mayores se define como la capacidad de disponer de una 1.
(4) suficiente cantidad de recursos económicos regulares que permitan asegurar una buena calidad de vida. Diversos estudios señalan que la edad es un factor claro de caracterización de la pobreza (Sánchez, 2000). La condición de pobreza de las personas mayores se encuentra asociada con fases particulares de vulnerabilidad en el ciclo de vida. En otras palabras, la edad pasa a constituirse en una condición de fragilidad en que los individuos descienden bruscamente del nivel de subsistencia al de pobreza con más facilidad que en otras etapas de la vida (Woolf, 1989). Siguiendo a Huenchuan y Guzmán (2006), las transiciones hacia el retiro y la viudez reducen los ingresos ajustados por necesidades y aumentan la probabilidad de pobreza en los hogares con personas mayores. Complementariamente, la situación económica de los individuos durante la vejez se determina parcialmente en el período precedente al retiro del mercado laboral, ya que es durante la actividad económica el momento donde las personas generan ahorros (compulsivos y/o voluntarios) para reducir los efectos negativos de la caída de ingresos propia del retiro laboral. En este contexto, el ahorro previsional cuenta con claras características de bien meritorio, en tanto es posible la existencia de cierta “miopía” entre los agentes económicos, quienes mantienen una tasa de descuento del futuro baja y por tanto su libre accionar no incentivaría la generación de ahorro para suplir la caída de ingresos durante la vejez. En otras palabras, dado que el ahorro para la vejez es considerado como un consumo pospuesto en el tiempo, frente a diversas alternativas de consumo presente, existe un menor interés en los individuos para evaluar periódicamente las elecciones intertemporales. La condición de bien preferente impulsó al Estado desde el siglo pasado a definir a la previsión social como obligatoria, organizada a través de múltiples regímenes: de contribuciones definidas o de beneficios definidos, de reparto o capitalización, públicos o privados, etc. El alcance de los sistemas de pensiones, en términos del número de beneficiarios, constituye una herramienta importante para reducir la incidencia de la pobreza sobre las personas adultas mayores 1. Los sistemas previsionales suelen organizarse a partir de regímenes financieros contributivos. Ello cuenta con mecanismos de recaudación entre los trabajadores activos, destinado al financiamiento de los ingresos en el retiro, administrados mediante mecanismos de reparto o capitalización. Si bien el funcionamiento de este modelo, depende exclusivamente de su sistema de autofinanciamiento, se encuentra sujeto a las condiciones prevalecientes en el mercado laboral, en términos de nivel de empleo y formalidad del mismo, que condiciona la expansión de la cobertura más allá del sector formal de la economía. A diferencia de los sistemas financiados con rentas generales mediante el otorgamiento de pensiones asistenciales, los sistemas contributivos mantienen ciertas dificultades en el logro del alcance universal de la cobertura. En este sentido, la elegibilidad de un beneficiario al contar con la edad legalmente establecida para el retiro, depende del cumplimiento de determinada cantidad de años de aportes al sistema. Ello tradicionalmente es medido a partir de la frecuencia de aportes equivalente al cociente entre la cantidad de años de contribución y el total de años de actividad. Tal frecuencia se encuentra en función de la historia laboral de los trabajadores, particularmente de la continuidad en el mercado formal de trabajo. Excluyendo aquellos trabajadores autónomos o cuentapropistas, el desempeño del mercado de trabajo tiene efectos directos sobre el resultado alcanzado por el sistema de pensiones. La presencia de un exceso de oferta en el mercado laboral genera una presión negativa no sólo sobre el salario nominal sino también sobre la calidad del empleo, a favor de un mayor grado de informalidad.. 1. Asimismo, la intensidad de la cobertura y la sustentabilidad financiera de los sistemas conforman los componentes a considerar a la hora de medir el grado de alcance de los objetivos de los sistemas de pensiones. 2.
(5) En el corto plazo ello no tiene efectos sobre la función de utilidad del trabajador, ya sea por la ausencia de alternativas para reingresar al mercado formal de trabajo o por la baja tasa de descuento del futuro considerando agentes económicos miopes. Sin embargo, ello sí lo tiene al momento del retiro, al no poder contar con un mecanismo de financiamiento alternativo que permita suplir la caída de ingresos laborales. En este contexto, el desempeño del sistema previsional, en términos de cobertura, se encuentra asociado con el nivel del empleo formal definido en el mercado de trabajo. Por tal motivo, el nivel de cobertura contributiva de una persona ocupada está determinado en gran medida por la modalidad de inserción en el mercado laboral, la cual se encuentra parcialmente asociada con características de la oferta y de la demanda de trabajo. Las primeras contemplan todos aquellos atributos de la persona y de su hogar, tales como sexo, edad, estado conyugal, posición en el hogar, cantidad de niños a cargo, nivel de educación, que condicionan el alcance de un empleo formal. El segundo, contempla aquellas características de la oferta de trabajo, rama de actividad, tamaño de la unidad productiva, que favorece la contratación formal de mano de obra. 3. Cobertura del Sistema Previsional La definición tradicional de cobertura en los programas de protección social se refiere a la proporción de personas que reciben el beneficio entre un grupo de referencia considerado elegible. Sin embargo, surgen algunos interrogantes respecto de quienes están efectivamente protegidos en el sistema de pensiones. La protección de la vejez resulta más compleja debido a que no depende de la situación del momento del “siniestro” sino de la historia laboral del individuo. En un sistema contributivo, la sustitución de ingresos sólo tiene lugar si se alcanza la edad requerida para tal efecto y simultáneamente se acumulan suficientes años de contribución. Por tal motivo dicha definición debe ser corregida en los sistemas de pensiones dada la necesidad de contemplar el tipo de beneficio y las condiciones de elegibilidad de la población. De acuerdo con Grushka (2001), frecuentemente las referencias sobre cobertura de los sistemas previsionales se basan en aquellos individuos que reciben el beneficio (jubilación o pensión). Sin embargo, tal cobertura abarca dos etapas. La primera asociada con el período en el cual el trabajador contribuye al sistema y obtiene el derecho al beneficio. Esta etapa se refiere a la cobertura de la población económicamente activa. La segunda fase está relacionada con la recepción del beneficio monetario cuando el individuo se retira del mercado de trabajo. Esta fase se refiere a la cobertura sobre la población pasiva. En términos de la cobertura sobre la población pasiva, su medida no posee demasiadas dificultades siendo la relación entre población beneficiaria y población mayor a la edad de retiro. Una de las limitaciones que cuenta este indicador, aunque no resulta un problema propio de su diseño, es que no logra alcanzar a aquellas personas que en edad de retiro aún permanecen en el mercado laboral. Respecto a la cobertura sobre la población activa, la literatura no ha arribado a un consenso sobre el mecanismo de su medición. Un indicador frecuentemente utilizado es el cociente entre el número de participantes en el sistema de pensiones y la población económicamente activa. Una gran ventaja de este indicador reside en su simplicidad para su cálculo. No obstante, un problema presentado se encuentra asociado con la sobreestimación de la cobertura como consecuencia de la diferencia entre la población afiliada al sistema y la efectivamente cotizante. Alternativamente, es posible establecer la relación entre el número de aportantes efectivos y el número de afiliados al sistema previsional. Sin embargo, dicho indicador tiende a decrecer a medida que se incrementa el número de trabajadores afiliados. Con el objeto de corregir estos problemas, algunos autores suelen comparar el número de aportantes y la población económicamente activa empleada (Rofman, 2005). En la presente sección se utiliza información individual de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) diseñada y relevada por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC) para el período comprendido entre 1995 y 2006. Dicha encuesta resulta importante debido a que 3.
(6) provee gran información sobre características de las personas y sus hogares con representatividad nacional. Durante los años 1995 y Mayo de 2003, la encuesta fue relevada de manera puntual durante los meses de Mayo y Octubre, en tanto a partir de 2003 la encuesta comenzó a ser relevada de manera continua trimestralmente. Sin embargo, la EPH no permite identificar a los beneficiarios según tipo de beneficios tales como pensionado por viudez, pensionado por invalidez, jubilado, etc. Asimismo, tampoco es posible establecer si el beneficiario corresponde al sistema privado de capitalización o al régimen público de reparto. 3.1 Cobertura sobre la población pasiva Un indicador tradicionalmente utilizado para medir el alcance de los programas sociales es la proporción de la población objetivo que recibe un beneficio. En este sentido, la población pasiva objetivo es dentro de las mujeres todas aquellas personas mayores de 60 años y entre los hombres el grupo mayor de 65 años. Generalmente, y por simplicidad es posible considerar como único indicador de cobertura al grupo de personas mayores de 65 años que recibe un beneficio previsional. La Figura 1 presenta el porcentaje de la población mayor de 65 años que recibe ingresos por jubilación o pensión, el porcentaje de hombres mayores de 65 años y de mujeres mayores de 60 años que cuentan con ingresos por jubilación o pensión, y el porcentaje combinado de estos últimos durante el período comprendido entre 1995 y 2006.. Figura 1 Cobertura previsional sobre la población pasiva. Años 1995 – 2006. - en % 100.00 90.00. 80.00 70.00 60.00. 50.00. % de personas mayores de 65 años cubierto % de hombres mayores de 65 años cubierto. 40.00. % de mujeres mayores de 60 años cubierto. 2° Sem 06 - C. 1° Sem 06 - C. 2° Sem 05 - C. 1° Sem 05 - C. 2° Sem 04 - C. 1° Sem 04 - C. 2° Sem 03 - C. Oct-02. May-03. May-02. Oct-01. May-01. Oct-00. May-00. Oct-99. Oct-98. Oct-97. May-98. Oct-96. May-97. May-96. Oct-95. May-95. May-99. % de personas según edad y género cubierto. 30.00. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para el período Mayor 1995 – Mayo 2003 corresponde a la EPH puntual. A partir del segundo semestre de 2003 corresponde a la EPH continua.. Considerando al porcentaje de la población mayor de 65 años receptores de ingresos previsionales, en el segundo semestre de 2006 el 70.5 por ciento de los adultos mayores recibe algún beneficio en concepto de jubilación o pensión. De acuerdo con Rofman (2006) Argentina se encuentra dentro del conjunto de países de la región junto con Brasil, Uruguay y Chile con 4.
(7) tasas de cobertura superiores al 60 por ciento2. Sin embargo, en términos temporales se destaca el menor desempeño relativo de Argentina, en relación al resto de los países de la región, cuya cobertura experimentó una caída significativa. En este sentido, entre 1995 y 2003, la cobertura descendió un 9 por ciento (7 puntos básicos). A partir del segundo semestre de 2003 se observa una caída de nivel con respecto a mayo 3 aunque con una tendencia creciente, experimentando una variación positiva del 3.2 por ciento entre 2003 y 2006. Si se considera el indicador que discrimina según edad y sexo, la tendencia es similar aunque con una caída en el nivel hacía abajo. Entre los motivos que explican la caída en la cobertura se encuentran los cambios paramétricos que se introdujeron en el sistema previsional a partir de la reforma estructural implementada en julio 1994. El incremento de la edad de retiro en cinco años y el aumento de diez años en la cantidad mínima de aportes impuso un grado mayor de rigidez al cumplimiento de los requisitos de elegibilidad de los trabajadores, limitando el acceso. Desde una perspectiva de genero la cobertura sobre los hombres es 1.3 veces mayor a la de las mujeres. Al segundo semestre de 2006, la cobertura sobre los hombres es del 75.3 por ciento, en tanto para las mujeres dicho indicador es del 57.1 por ciento. Esta disparidad entre género hallada se encuentra asociada a la historia laboral de las personas. Tradicionalmente, las mujeres no integraban la población económicamente activa, por su rol de amas de casas. Ello restringió la contribución al sistema de seguridad social durante la edad contributiva y por tanto el acceso presente al beneficio otorgado por el sistema. La Figura 2 presenta para una serie de años seleccionados entre 1998 y 2006 la frecuencia de la población beneficiaria según edad.. Figura 2 Distribución de beneficiarios previsionales según edad. Años 1998, 2001, 2004 y 2006.. Density. .01. .02. .03. .04 .03 .02 0. 0. .01. Density. Año 2001. .04. Año 1998. 0. 20. 40. 60. 80. 0. 100. 20. 40. 60. 80. 100. edad. edad. 2. En Argentina la cobertura se encuentra directamente relacionada con el pilar contributivo, en tanto Brasil y Bolivia mantienen programas asistenciales de gran alcance, lo cual mejora todos los indicadores de cobertura. 3 Dicho cambio de nivel podría estar asociado con diferencias en el diseño muestral entre la EPH puntual y la EPH continua. 5.
(8) Density. .01. .02. .03. .04 .03 .02. 0. 0. .01. Density. Año 2006. .04. Año 2004. 0. 20. 40. 60. 80. 100. 0. 20. 40. edad. 60. 80. 100. edad. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para los años 1998 y 2001 corresponde a la EPH puntual, en tanto para los años 2004 y 2006 corresponde a la EPH continua.. En promedio el 65 por ciento del total de beneficiarios se concentra en el grupo de personas de entre 60 y 80 años de edad. La percepción de beneficios por parte de grupos etáreos menores a los 65 años se asocia a la recepción de pensiones por invalidez y fallecimiento. Resulta relevante observar el grado de cobertura al interior de cada grupo de edades, es decir, el porcentaje de la población perteneciente a un mismo grupo etáreo con cobertura previsonal. Para ello, la Figura 3 expone para estos mismos años la cobertura intragrupo. Figura 3 Cobertura sobre la población pasiva al interior de cada grupo etáreo. Años 1998, 2001, 2004 y 2006. 1.00 0.90 0.80 0.70 0.60 1998. 0.50. 2001. 2004. 2006. 0.40 0.30 0.20 0.10. más de 80 años. 75-79 años. 70-74 años. 65-69 años. 60-64 años. 55-59 años. 50-54 años. 45-49 años. 40-44 años. 35-39 años. 30-34 años. 25-29 años. 20-24 años. 15-19 años. 10-14 años. 5-9 años. 1-4 años. -. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para los años 1998 y 2001 corresponde a la EPH puntual, en tanto para los años 2004 y 2006 corresponde a la EPH continua.. La cobertura intragrupo resulta creciente en la edad. Ello se encuentra asociado a la mayor probabilidad de recibir un beneficio previsional en edades avanzadas junto al natural menor tamaño del grupo. En términos generales, el 88 por ciento de las personas mayores de 80 6.
(9) años cuenta con cobertura, seguido por los adultos de entre 75 y 79 años (82 por ciento) y de entre 70 y 74 años (70 por ciento). Un salto importante en este indicador surge entre éste último grupo y el compuesto por aquellas personas de entre 65 y 69 años de quienes el 52 por ciento esta cubierto. Este fenómeno permite realizar dos hipótesis de explicación. La primera asocia esta caída significativa de la cobertura con un menor alcance del beneficio en este grupo poblacional producto de no contar con la cantidad necesaria de aportes. La segunda, se refiere a una menor tasa de mortalidad en este grupo etáreo 4 que incrementa la población objetivo sobre la cual se mide. Asimismo, la mayor cobertura en los grupos etáreos más avanzados se encuentra asociado a la existencia de programas de beneficios por edad avanzada. Desde otra perspectiva, la Figura muestra un desplazamiento hacía la derecha de las curvas representativas de los años 1998, 2001 y 2004 en el tiempo, especialmente a partir de los individuos de entre 55 y 59 años. En otras palabras, la caída de la cobertura entre estos años resulta homogénea entre grupos de edades. Sin embargo, en 2006 se observa un incremento de la cobertura que vuelve a revertir parcialmente el desplazamiento previo, particularmente sobre la población de 60 y 69 años de edad. La Tabla 1 presenta el porcentaje de los adultos mayores de 65 años receptores de algún beneficio previsional según su nivel máximo de educación alcanzado. Tabla 1 Cobertura previsional sobre la población pasiva, según máximo nivel educativo alcanzado. Años 1995 – 2006. - en % Nivel Educativo. 1995. 1998. 2001. 2004. 2006. Primaria Incompleta. 74.78. 71.64. 68.88. 64.82. 65.95. Primaria Completa. 76.71. 73.66. 72.54. 66.99. 68.28. Secundaria Incompleta. 79.21. 74.92. 68.76. 67.40. 71.15. Secundaria Completa. 81.51. 80.55. 78.13. 69.55. 74.16. Universitaria Incompleta. 93.40. 74.90. 77.11. 70.74. 72.49. Universitaria Completa. 83.00. 74.61. 77.84. 80.81. 78.27. Total Cociente de valores extremos. 78.11 1.25. 73.95 1.12. 71.84 1.14. 67.86 1.25. 69.65 1.19. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para el período Mayor 1995 – Mayo 2003 corresponde a la EPH puntual. A partir del segundo semestre de 2003 corresponde a la EPH continua.. Para todos los niveles educativos la cobertura del sistema de pensiones muestra una caída significativa en el tiempo, con una leve recuperación en 2006 respecto de 2004. Paralelamente, no se identifica una dispersión entre niveles de educación. Para el promedio del período, del total de personas mayores de 65 años con educación universitaria (incompleta o completa) el 78.3 por ciento recibe un ingreso previsional, en tanto para aquellos con educación media dicho porcentaje asciende al 74.5 por ciento. Ello sugiere la estructura pasada del mercado laboral, caracterizada por mínimos niveles de informalidad de la mano de obra, donde la mayor parte de la población empleada se encontraba empleada formalmente, sin discriminar por niveles de calificación. La Figura 4 presenta el porcentaje de los adultos mayores cubiertos por quintil de ingreso per cápita familiar5.. 4. Resulta válido tener en cuenta que la esperanza de vida al nacer es de 73 años. El ingreso per cápita familiar contempla la suma de todos los ingresos del hogar al cual pertenece el individuo tales como ingresos laborales, en concepto de rentas, por jubilación o pensión, transferencias familiares, etc. 5. 7.
(10) Figura 4 Cobertura previsional sobre la población pasiva, según quintil de ingreso per cápita familiar. Años 1995 – 2006. - en % 90 80 70 60 50 40 30 20 I. 10. II. III. IV. V. 1° Sem 06 - C. 2° Sem 06 - C. 2° Sem 05 - C. 1° Sem 05 - C. 2° Sem 04 - C. 1° Sem 04 - C. 2° Sem 03 - C. Oct-02. May-03. Oct-01. May-02. Oct-00. May-01. May-00. Oct-99. May-99. Oct-98. May-98. Oct-97. May-97. Oct-96. May-96. Oct-95. May-95. 0. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para el período Mayor 1995 – Mayo 2003 corresponde a la EPH puntual. A partir del segundo semestre de 2003 corresponde a la EPH continua.. A diferencia de lo hallado por niveles educativos, se observa una relación positiva entre quintiles de ingreso y cobertura, estableciéndose un sesgo a favor de las personas integrantes de los quintiles más altos. Si bien para todo el período considerado, la cobertura muestra una caída constante dicha tendencia es más pronunciada sobre los tres primeros quintiles de ingreso. En 2006 el 82.5 por ciento de los adultos pertenecientes al cuarto y quinto quintil reciben un beneficio previsonal, en tanto del total de individuos integrantes del primero y segundo quintil el 30.3 y 54.4 por ciento, respectivamente, se encuentra cubierto. Los resultados hasta aquí hallados presentan una moderada cobertura sobre la población pasiva. Ello genera incentivos sobre los adultos mayores a posponer su retiro y permanecer en el mercado de trabajado con el fin de financiar el consumo durante su vejez. En este sentido, la participación laboral de las personas mayores se encuentra relacionada directamente con la deficiente cobertura del sistema de seguridad social, que obliga a continuar trabajando para subsistir (CEPAL, 2003) Tales resultados representan un desafío para la política pública, pues no sólo se identifica un gran porcentaje de adultos mayores sin cobertura sino que tal resultado resulta más destacado sobre aquellos quintiles de menores ingresos.. 3.2 Cobertura sobre la población activa El desempeño actual del sistema de pensiones argentino, se encuentra asociado directamente a la historia laboral de la población, en términos de frecuencia de contribuciones realizadas a la seguridad social que determina su elegibilidad al momento del retiro. Por tal motivo, resulta relevante analizar la cobertura futura del sistema, es decir el porcentaje de la población económicamente activa que contribuye a la seguridad social. 8.
(11) Para ello, es posible establecer como indicador de cobertura futura sobre la población activa al porcentaje de la población económicamente activa6 que contribuye al sistema previsional. Sin embargo, tal indicador puede resultar subestimado debido a la consideración de la PEA que no contribuye al sistema como consecuencia de no mantener la condición de empleado. Por tal motivo, un indicador alternativo resulta de contemplar a todos los individuos ocupados que hacen efectiva su contribución previvisional. Sin embargo, existe un grupo de trabajadores autónomos o cuetapropistas que no son capturados por la EPH, dado que a éstos no se les realiza la pregunta referida a efectivización de la contribución a la seguridad social. La participación de los trabajadores independientes en el sistema de pensiones no debería encontrarse asociada directamente con el desempeño del mercado laboral sino con características individuales y su percepción (impuesto versus ahorro) del motivo de la contribución 7. La Figura 5 presenta la evolución de la tasa de cobertura sobre la población en edad de actividad, para el período comprendido entre mayo de 1995 y segundo semestre de 2006. La relación aportantes/PEA y aportantes/ocupados presentan una tendencia volátil durante el período bajo estudio, mostrando una caída entre 1995 y 2003, del 15.3 y 17.6 por ciento, respectivamente. Dicha tendencia se revierte a partir del segundo semestre de 2003, llegando en 2006 el porcentaje de la PEA que contribuye al 41.1 por ciento, en tanto el ratio aportantes/ocupados alcanza el 46.9 por ciento. Ello implica un incremento del 24.8 y 16.8 por ciento, respectivamente, respecto al segundo semestre de 2003. Figura 5 Cobertura del sistema de pensiones sobre la PEA y Ocupados. Años 1995 – 2006. -en % 50.0 45.0 40.0 35.0 30.0 25.0 20.0 15.0 10.0 5.0. Desocupación. Aportantes/Ocupados. Aportantes/PEA. 2 Semestre 2006. 1 Semestre 2006. 2 Semestre 2005. 1 Semestre 2005. 2 Semestre 2004. 1 Semestre 2004. 2 Semestre 2003. Oct-02. May-03. Oct-01. May-02. Oct-00. May-01. May-00. Oct-99. May-99. Oct-98. May-98. Oct-97. May-97. Oct-96. Oct-95. May-96. May-95. -. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para el período Mayor 1995 – Mayo 2003 corresponde a la EPH puntual. A partir del segundo semestre de 2003 corresponde a la EPH continua. 6. La población económicamente activa (PEA) es definida como el conjunto de personas que trabajan o sin estar ocupados desean trabajar. 7 Trabajos futuros deberían contemplar los factores que determinan la cobertura de este grupo de trabajadores. 9.
(12) El bajo nivel de contribución a la seguridad social en los países en desarrollo es atribuido a la existencia de problemas en el mercado de trabajo, caracterizados por altas tasas de desempleo e informalidad. Desde mediados del decenio de los 90, Argentina comenzó a experimentar una crisis de empleo, siendo la tasa de desempleo en 1995 equivalente al 18.4 por ciento. La apertura comercial y la apreciación cambiaria que tuvo lugar en los ‘90 tuvieron una significativa influencia sobre el comportamiento del empleo. Ambos fenómenos, a través de la variación de los precios relativos, provocaron cambios en la tecnología de producción y en la organización de la actividad productiva, incentivando la utilización de los factores productivos físicos (capital) en detrimento del factor trabajo. Consecuentemente, la baja elasticidad producto del empleo expresa la débil demanda de mano de obra y el escaso dinamismo del mercado laboral durante el régimen de convertibilidad. Con el abandono de dicho régimen cambiario y la devaluación del tipo de cambio en 2002, el desempleo mostró su valor máximo (21.5 por ciento) en un contexto de crisis económica, política y social. Posteriormente, los cambios operados en la política económica generaron las condiciones internas necesarias que sostuvieron el crecimiento de la economía. El nuevo modelo permitió modificar las tendencias de las variables laborales que operaron durante la década del ’90. Por un lado, las elevadas tasas de crecimiento han implicado un fuerte impulso a la demanda de mano de obra. Complementariamente, y como consecuencia del cambio de precios relativos internacionales, se observa una modificación en la combinación de los factores productivos utilizada por los sectores productivos, teniendo mayor participación aquellos caracterizados por ser mano de obra intensivos. En este contexto, la tasa de desempleo comenzó a mostrar un cambio de tendencia llegando a 9.5 por ciento en 2006. Esta dinámica del desempleo resulta inversa al comportamiento de los indicadores de cobertura previsional seleccionados durante el período bajo estudio (Figura 5). En este sentido, el índice de correlación entre aportantes/ocupados y la tasa de desempleo es significativo e igual a -0.60, en tanto el índice de correlación entre aportantes/PEA y la tasa de desempleo es significativo e igual a -0.35. Tales resultados sugieren la importancia del desempeño del mercado de trabajo sobre la dinámica del sistema previsional como consecuencia del carácter contributivo de este último, que obliga a cotizar durante el período de actividad de los trabajadores para resultar elegible al momento del retiro. No obstante, es posible identificar dos grandes grupos de factores que inciden sobre la participación de los trabajadores en el sistema de pensiones. Por un lado, aquellas características individuales o de oferta que determinan el tipo de empleo potencialmente alcanzable. En otras palabras, características individuales y del hogar tales como edad, nivel educativo, sexo, etc., que ejercen influencia en la probabilidad de alcanzar un empleo formal. Por otra parte, desde el lado de la demanda es posible identificar sectores productivos con diferentes niveles de formalidad de su mano de obra contratada. En este contexto, y al igual que lo realizado para la población pasiva, a continuación se presenta una caracterización de la población activa cubierta con el fin de establecer un perfil aproximado del grupo objetivo. Las Figuras 6 y 7 presentan el porcentaje de los ocupados y de la PEA, respectivamente, que hicieron efectiva su contribución al sistema de seguridad social, durante mayo de 1995 y primer semestre de 2006.. 10.
(13) Figura 6 Cotizantes/ocupados según sexo. Año 1995-2006. - en % 60. 1.15. 50. 1.1. 40. 1.05. 30. 1. 20. 0.95. 10. 0.9. 0 2° Sem 06 - C. 1° Sem 06 - C. 1° Sem 05 - C. 2° Sem 05 - C. 2° Sem 04 - C. Desvío. 2° Sem 03 - C. May-03. Oct-02. May-02. Oct-01. May-01. Mujer. 1° Sem 04 - C. Hombre. Oct-00. May-00. Oct-99. May-99. Oct-98. Oct-97. May-98. Oct-96. May-97. Oct-95. May-96. May-95. 0.85. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para el período Mayor 1995 – Mayo 2003 corresponde a la EPH puntual. A partir del segundo semestre de 2003 corresponde a la EPH continua.. Figura 7 Cotizantes/PEA según sexo. Año 1995-2006. - en % 45. 1.2. 40 1.15. 35 1.1. 30. 1.05. 25. 20. 1. 15 0.95. 10 0.9. 5. 0 2° Sem 06 - C. 2° Sem 05 - C. 1° Sem 06 - C. 1° Sem 05 - C. 2° Sem 04 - C. May-03. Oct-02. May-02. 1° Sem 04 - C. Desvío. Oct-01. May-01. Oct-00. May-00. Mujer. 2° Sem 03 - C. Hombre. Oct-99. May-99. Oct-98. May-98. Oct-97. May-97. Oct-96. May-96. Oct-95. May-95. 0.85. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para el período Mayor 1995 – Mayo 2003 corresponde a la EPH puntual. A partir del segundo semestre de 2003 corresponde a la EPH continua.. Durante 1995 y mayo de 2003, la cobertura sobre los ocupados descendió un 18 por ciento, siendo mayor dicha caída entre los hombres (20 por ciento) que entre las mujeres (14 por ciento). Considerando la cobertura sobre la población económicamente activa, la diferencia en 11.
(14) la caída resultó mayor, siendo para los hombres del 21 por ciento y para las mujeres del 6 por ciento. Entre el segundo semestre de 2003 y el segundo de 2006, el aumento de la cobertura sobre los ocupados y la PEA resultó homogéneo entre género, siendo en promedio para los hombre del 20 por ciento y para las mujeres del 22 por ciento. La información presentada no muestra diferencias significativas de cobertura según sexo de las personas activas. En promedio para el período comprendido entre mayo de 1995 y mayo de 2003 la relación cobertura hombre y mujeres considerando a los ocupados y la PEA es de 1.03 y 1.05 respectivamente. Estos mismos valores se repiten para el período comprendido entre el segundo semestre de 2003 y el segundo semestre de 2006. Las Figuras 8 y 9 exponen para una serie de años seleccionados entre 1998 y 2006, la participación de los ocupados y de la PEA, respectivamente, que hacen efectivo su aporte según tramos de edad. Figura 8 Cotizantes/Ocupados al interior de cada grupo etáreo. Años 1998, 2001, 2004 y 2006. 0.60. 0.50. 0.40. 0.30. 0.20 1998. 2001. 2004. 2006. 0.10. 60-64 años. 55-59 años. 50-54 años. 45-49 años. 40-44 años. 35-39 años. 30-34 años. 25-29 años. 20-24 años. 15-19 años. -. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para los años 1998 y 2001 corresponde a la EPH puntual, en tanto para los años 2004 y 2006 corresponde a la EPH continua.. 12.
(15) Figura 9 Cotizantes/PEA al interior de cada grupo etáreo. Años 1998, 2001, 2004 y 2006. 0.60. 0.50. 0.40. 0.30. 0.20 1998. 2001. 2004. 2006. 0.10. 60-64 años. 55-59 años. 50-54 años. 45-49 años. 40-44 años. 35-39 años. 30-34 años. 25-29 años. 20-24 años. 15-19 años. -. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para los años 1998 y 2001 corresponde a la EPH puntual, en tanto para los años 2004 y 2006 corresponde a la EPH continua.. En 2006, los individuos entre 30 y 34 años de edad mantienen la mayor tasa de cobertura tanto en términos de los ocupados (53 por ciento) como de la PEA (49 por ciento). Paralelamente, el 50 por ciento de los ocupados y el 47 por ciento de la PEA de entre 35 y 44 años contribuye al sistema de seguridad social. Estos porcentajes descienden entre los individuos de 15 a 24 años y de 50 a 64 años. Este patrón de contribuciones según grupo de edades, se repite para todos los años seleccionados. La forma cuadrática que toma la curva de contribuciones según grupo de edad se encuentra asociado con el ciclo de ingresos de los individuos, donde el período de mayor acumulación se extiende desde los 30 a 50 años de edad aproximadamente. Por tal motivo, es este grupo quien mantiene una mayor capacidad de contribución al sistema. Un indicador de particular interés es la cobertura según quintil de ingresos. El principal objetivo del sistema de seguridad social es proteger a los trabajadores retirados de la pobreza. En línea con este objetivo, el pilar contributivo del sistema requiere que los sectores más pobres participen en el sistema durante su actividad económica a fin de obtener luego los beneficios durante el retiro. La Tabla 2 presenta la cobertura previsional sobre la población ocupada y la PEA, respectivamente, según quintiles de ingresos per cápita familiar.. 13.
(16) Tabla 2 Cobertura sobre la población activa según quintil de ingresos per cápita familiar. 1995 1998 2001 2004 2006 Quintil de Ingreso Cotizantes/O Cotizantes/P Cotizantes/O Cotizantes/P Cotizantes/O Cotizantes/P Cotizantes/O Cotizantes/P Cotizantes/O Cotizantes/P cupados EA cupados EA cupados EA cupados EA cupados EA I II III IV V Total Cociente de valores extremos. 26.08 32.08 -. 18.45 22.71 -. 25.74 24.55 -. 19.82 18.41 -. 29.77 15.85 -. 21.86 10.68 -. 40.07 46.96 -. 30.84 38.84 -. 34.22 43.39 -. 28.04 37.55 -. 32.06 40.83 -. 24.89 33.79 -. 50.65 42.19. 46.15 34.03. 49.62 39.62. 45.81 33.59. 50.13 38.26. 45.12 30.82. 1.94. 2.50. 2.02. 2.49. 3.16. 4.23. 6.07 11.40 36.08 -. 4.43 16.73 29.89 -. 8.94 25.76 39.41 -. 6.82 21.51 34.10 -. 49.26 63.12 -. 42.07 58.29 -. 54.58 68.13 -. 48.70 63.66 -. 41.42. 34.68. 46.40. 40.37. 10.40. 13.17. 7.62. 9.33. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para los años 1995 a 2001 corresponde a la EPH puntual, y para los años 2004 y 2006 corresponde a la EPH continua.. Se observa una relación positiva entre quintiles de ingresos y cobertura. En tanto en 2006 el primer quintil cuenta con el 8.9 por ciento de sus ocupados y 6.8 por ciento de su PEA cubiertos, el quinto quintil mantiene una cobertura del 68.1 y 63.6 por ciento, respectivamente. Ello determina un cociente de valores extremos equivalente a 7.6 y 9.3, sugiriendo la heterogeneidad entre quintiles. En este sentido, la dispersión entre quintiles de ingreso resulta mayor a partir de 2004, principalmente por la caída de la cobertura sobre los dos quintiles más bajos. Alternativamente, y dado el grado de correlación positiva entre el ingreso y nivel de educación, la Tabla 3 presenta la tasa de cobertura sobre la población activa, según nivel máximo de educación alcanzado por el trabajador:. Tabla 3 Cobertura sobre la población activa según nivel máximo de educación alcanzado. Nivel Educativo. 1995 1998 2001 2004 2006 Cotizantes/O Cotizantes/ Cotizantes/O Cotizantes/ Cotizantes/O Cotizantes/ Cotizantes/O Cotizantes/ Cotizantes/O Cotizantes/ cupados PEA cupados PEA cupados PEA cupados PEA cupados PEA. Primaria Incompleta. 27.05. 20.19. 21.79. 16.78. 20.82. 14.87. 19.28. 14.98. 23.97. 19.32. Primaria Completa. 38.28. 30.20. 32.63. 27.05. 27.72. 21.55. 29.11. 24.14. 32.75. 28.18. Secundaria Incompleta. 37.16. 28.60. 34.83. 28.78. 30.58. 23.70. 29.71. 24.25. 33.63. 28.46. Secundaria Completa. 49.50. 40.69. 46.00. 39.76. 44.57. 36.21. 46.41. 38.59. 51.43. 44.62. Universitaria Incompleta. 49.69. 41.18. 49.92. 43.78. 48.42. 40.14. 49.97. 40.99. 55.24. 47.71. Universitaria Completa. 52.08. 46.98. 51.79. 47.61. 53.01. 47.73. 66.10. 61.05. 69.24. 65.18. Total Cociente de valores extremos. 42.19. 34.03. 39.62. 33.59. 38.26. 30.82. 41.42. 34.68. 46.40. 40.37. 1.93. 2.33. 2.38. 2.84. 2.55. 3.21. 3.43. 4.08. 2.89. 3.37. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para los años 1995 a 2001 corresponde a la EPH puntual, y para los años 2004 y 2006 corresponde a la EPH continua.. La información presentada sugiere una asociación positiva entre nivel de educación y cobertura. En 2006, la cobertura sobre la población ocupada y la PEA del conjunto de individuos con mayor nivel de calificación resulta 2.9 y 3.4 veces mayor, respectivamente, a la alcanzada por aquellas personas que no culminaron sus estudios primarios. El ratio de cotizantes/ocupados y cotizantes/PEA entre los individuos con estudios universitarios es del 62.2 y 56.4 por ciento, respectivamente, en tanto dicho ratio entre los trabajadores con estudios primarios es de 28.3 y 23.7 por ciento. Tal diferencia se ha incrementado desde 1995, momento en el cual la relación de valores extremos era de tan sólo 1.9 considerando a los ocupados y de 2.3 la referida a la PEA. La Tabla 14.
(17) 4 muestra la relación cotizantes/ocupados según cinco grandes ramas de actividad (actividades primarias, industria, construcción, comercio y servicios). Tabla 4 Cobertura sobre la población activa según rama de actividad. Rama de Actividad \ Año. 1995. 1998. 2001. 2004. 2006. Actividades Primarias Industria. 28.57 52.98. 28.08 48.69. 34.78 43.81. 38.92 45.56. 46.93 51.82. Construcción. 17.78. 16.38. 13.26. 13.15. 18.83. Comercio. 26.23. 26.91. 27.83. 26.76. 32.19. Servicios. 58.15. 55.04. 53.22. 48.39. 54.07. Total. 42.19. 39.62. 38.26. 41.42. 46.40. Cociente de valores extremos. 3.27. 3.36. 4.94. 4.46. 3.13. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Nota: Para los años 1995 a 2001 corresponde a la EPH puntual, y para los años 2004 y 2006 corresponde a la EPH continua.. En 2006, las mayores tasas de cobertura sobre los ocupados se encuentran en los sectores industria (51.8 por ciento) y servicios (54.1 por ciento), en tanto el sector de la construcción es el que registra las menores tasas de contribución sobre los ocupados (18.8 por ciento). Desde una perspectiva dinámica, el sector primario y comercial muestran signos de recuperación de la cobertura de sus trabajadores, particularmente a partir de 2004. Estos resultados sugieren diferencias significativas entre ramas de actividad que tienen impacto directo sobre la heterogeneidad en la calidad de empleo contratado. En resumen se identifica un limitado alcance del sistema de pensiones sobre la población activa. Sin embargo, existen diferencias según características individuales. En este sentido, aquellas personas pertenecientes a los quintiles de ingreso más altos, con mayor nivel educativo y pertenecientes a los grupos de edad más jóvenes, presentan niveles de cobertura entre tres y cuatro veces mayores a su pares más pobres y con menor nivel educativo. 4. Determinantes de la cobertura: un análisis multivariado A efectos de evaluar conjuntamente las asociaciones identificadas precedentemente, en la presente sección se estiman los determinantes de la probabilidad de contribuir a la seguridad social mediante un modelo de selección discreta Probit. Para ello se utilizan los microdatos de corte transversal provenientes del último relevamiento de la EPH durante el segundo semestre de 2006. Se asume que la probabilidad de cotizar al sistema de pensiones del individuo i, de entre 15 y 64 años de edad, viene dada por la siguiente función: (1). Pi (c = 1) = F (# + "1 X i + " 2 H i + " 3 Li + ! i ). Donde X i es un vector de características individuales constituido por el sexo, tomando valor uno si el individuo es mujer, cinco variables dummies por grupo de edad, (alternativamente se contempla la edad como variable continua y la edad elevada al cuadrado), el estado civil tomando valor uno si la persona se encuentra casada o en pareja, seis variables dummies según máximo nivel educativo alcanzado. Este conjunto de variables tiene por objeto capturar el efecto de las características de la oferta de trabajo sobre la probabilidad de alcanzar un empleo formal. Es posible esperar que un hombre de entre 30 y 50 años de edad, período del ciclo de vida de mayor productividad, con un alto nivel educativo, tenga mayores chances de ingresar al mercado formal de trabajo. H i es un vector de variables características del hogar. En él se incorpora la posición del individuo en el hogar, tomando valor uno si éste es jefe, la cantidad de niños a cargo y la 15.
(18) existencia de algún miembro adicional de la familia que contribuye al sistema de pensiones. Tales variables representan la influencia del contexto familiar en las decisiones de trabajo de las personas. En este sentido, es posible esperar que la condición de jefe de hogar y la convivencia con miembros que cotizan en el sistema previsional, tenga un efecto positivo sobre la probabilidad de alcanzar un empleo formar y por tanto de contribuir. Ello se encuentra asociado a los beneficios otorgado por el sistema de seguridad social, que se extienden al resto de los integrantes del hogar. Asimismo, la convivencia con otra persona cotizante podría generar un efecto derrame e incentive la participación. El efecto esperado de la cantidad de hijos no resulta tan claro ex-ante, en tanto ello podría generar una presión sobre el trabajador por conseguir los beneficios del sistema de seguridad social extensible a sus hijos, o relegarse de tal búsqueda por no resignar parte del salario real. Finalmente, Li es un vector de variables características de la demanda de trabajo. Se contemplan tres variables dummies intentando capturar el efecto del tamaño de la unidad productiva, y cinco variables dummies según rama de actividad (actividades primarias, industria, comercio, servicios, y construcción). La Tabla 5 presenta la descripción estadística de las variables utilizadas en la estimación del modelo presentado: Tabla 5 Descripción estadísticas de las variables Variable Cotizantes/Ocupados Mujer Edad Entre 15 y 24 años Entre 25 y 34 años Entre 35 y 44 años Entre 45 y 54 años Entre 55 y 64 años Casado Sin instrucción Primaria incompleta Primaria completa Secundaria incompleta Secundaria completa Universitario incompleto Universitario completo Jefe de hogar Familiar adicional contribuyente Cantidad de niños Planta de hasta 5 empleados Planta de entre 6 y 40 empleados Planta con más de 40 empleados Ingreso Actividad primaria Industria Comercio Servicios Construcción. Obs. Media. 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 50292 48893 50292 40564 40564 40564 45410 50292 50292 50292 50292 50292. 0.47 0.42 38.04 0.15 0.29 0.24 0.20 0.12 0.60 0.01 0.06 0.20 0.19 0.23 0.14 0.18 0.49 0.37 0.73 0.45 0.29 0.26 903.13 0.02 0.11 0.20 0.57 0.10. Desvío Estándar 0.50 0.49 12.31 0.36 0.45 0.43 0.40 0.33 0.49 0.08 0.24 0.40 0.39 0.42 0.35 0.38 0.50 0.48 1.03 0.50 0.45 0.44 868.22 0.15 0.32 0.40 0.50 0.30. Min 0 0 15 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0. Max 1 1 64 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 9 1 1 1 9803 1 1 1 1 1. Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPH).. La columna (i) de la Tabla 6 presenta los resultados hallados tomando la variable dependiente el valor uno si la persona estando ocupado contribuye al sistema de seguridad social, en tanto la columna (iii) presenta los efectos marginales tomando como base a un hombre de entre 15 y 24 años de edad, sin instrucción y ocupado en el sector de la construcción. Los resultados hallados son los esperados. Entre las características individuales, el sexo no resulta significativo en la explicación de la probabilidad de alcanzar un empleo formal y por tanto de contribuir al sistema de pensiones. Los cuatro tramos de edades seleccionados resultan significativos al uno por ciento de confiabilidad y con signo positivo, sugiriendo su mayor 16.
(19) probabilidad de contribuir en relación a los grupos de personas más jóvenes. Este resultado avala la hipótesis de mayor productividad relativa de la fuerza de trabajo de entre 25 y 44 años, permitiendo incrementar las chances de ingresar al mercado formal de trabajo. El nivel de calificación del individuo incrementa la probabilidad de efectivizar los aportes al sistema de pensiones, siendo los efectos marginales crecientes con el nivel educativo. Ello se encuentra asociado a dos factores complementarios. Por un lado, a mayor nivel educativo es mayor la productividad de los trabajadores y por tanto más alta la probabilidad de ingresar al mercado formal de trabajo dado su atractivo para la demanda laboral. Por otra parte, el mayor nivel educativo otorga a los individuos mayor información y consecuentemente permite una mayor previsión del futuro generando incentivos al ahorro previsional para el retiro, pudiendo el trabajador exigir al empleador el pago de las contribuciones. En términos de las características del hogar, todas las variables incorporadas resultan significativas al uno por ciento de confiabilidad. En este sentido, mantener la condición de jefe de hogar cuenta una mayor probabilidad de contribuir al sistema de pensiones. Paralelamente, aquellos trabajadores pertenecientes a hogares con mayor cantidad de niños a cargo cuenta con menor probabilidad de cotizar. Finalmente, la participación de otros miembros del hogar en el sistema de pensiones, incrementa la probabilidad de cotizar. Este último resultado sugiere la existencia de un efecto “contagio” entre los integrantes del hogar, en contraposición a la hipótesis de existencia de “free rider” entre los miembros del hogar. Las características del empleo resultan determinantes de la probabilidad de las contribuciones. Los resultados hallados sugieren que los trabajadores empleados en empresas más grandes cuentan con mayor probabilidad de ser contratados en términos formales, y por tanto contar con aportes a la seguridad social. En este sentido, la probabilidad de contribuir resulta un 16 y 39 por ciento mayor, al pertenecer a firmas de entre 6 y 40 y más de 40 trabajadores, respectivamente. La diferencia en el compromiso entre firmas pequeñas y grandes, en el entrenamiento y desarrollo de habilidades específicas, o en la capacidad de generación de rentas explican este efecto, cuya magnitud resulta importante. Del mismo modo, se identifica un efecto sobre la probabilidad de contribución proveniente de las ramas de actividad en la que se desenvuelve el trabajador. En este sentido, el sector primario, la industria y servicios, tienen un efecto positivo sobre la chance de contribuir al sistema de pensiones, en relación al sector de la construcción considerado como base. Tales sectores aumentan la probabilidad de cotización en un 4 por ciento, en tanto la pertenencia al sector del comercio la disminuye en un 5 por ciento. Los resultados discutidos precedentemente considera como cubiertos a aquellos individuos que efectivizaron su contribución al sistema de pensiones en el momento de responder la encuesta. Sin embargo, la condición de elegibilidad de beneficiario exige realizar contribuciones durante treinta años, y establece como edad de retiro 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres. Considerando estos dos requisitos, para que una mujer resulte elegible al momento de su retiro, es necesario que ingrese al mercado formal de trabajo como máximo a los 30 años de edad, en tanto los hombres podrían hacerlo como máximo a los 35 años de edad. De este modo, los trabajadores contribuirían exactamente los treinta años de aportes exigidos por la legislación. A partir de esta consideración, teóricamente es posible esperar un ingreso masivo de los trabajadores al mercado formal, sujeto a las condiciones de la demanda laboral, a partir de dichas edades.. 17.
(20) Tabla 6 Modelo Probit: Determinantes de la probabilidad de cotizar al sistema previsional. Variables. Prob(cotizante/ocupado) (i). (ii). Efecto Marginal (iv). Características Individuales Mujer entre 25 y 34 entre 35 y 44 entre 45 y 54 entre 55 y 64. -0.0184487 (0.0186862) 0.3953716* (0.027146) 0.4469477* (0.0299652) 0.3653697* (0.031881) 0.3063081* (0.0360003). Edad. 0.1248999* (0.0185151) 0.043269 (0.1263811) 0.3023193** (0.1226008) 0.3858426* (0.1228278) 0.7072837* (0.1225534) 0.5733678* (0.1234118) 0.7730253* (0.1229754). 0.0024608 (0.00086) 0.0007684 (0.00215) 0.0074805 (0.0223) 0.0106305 (0.00236) 0.0292777 (0.00337) 0.0200704 (0.00293) 0.0346937 (0.00396). 0.2329119* (0.0191829) 0.4137717* (0.0170062) -0.0709843* (0.0087872). 0.2414178 (0.0195288) 0.4196655 (0.0170474) -0.0667771 (0.0087564). 0.0029406 (0.00101) 0.0118164 (0.00349) -0.0011936 (0.00015). 1.561829* (0.0184835) 2.261948* (0.0220063) 0.28617* (0.0559223) 0.4373985* (0.0358149) 0.4565884* (0.0331385) 0.4840635* (0.030911) -2.678504* (0.1267643) 39485 22349.61 0.000 0.4084 -16186.065. 1.560021 (0.0184929) 2.257918 (0.0220175) 0.2796281 (0.0560016) 0.4345666 (0.0358066) 0.4616841 (0.0331084) 0.480445 (0.0308955) -3.698048 (0.1538677) 39485 22393.71 0.000 0.4092 -16164.019. 0.1639278 (0.02991) 0.3935802 (0.04705) 0.0069352 (0.0026) 0.0128755 (0.00383) 0.0137748 (0.00398) 0.0151258 (0.00431). Mujer*Edad. Primaria Incompleta Primaria Completa Secundaria Incompleta Secundaria Completa Universitario Incompleto Universitario Completo. -0.0003031 (0.00031) 0.0110272 (0.00323) 0.0133185 (0.00386) 0.0098049 (0.00294) 0.0076182 (0.00239). 0.0731828 (0.0049264) -0.0009015 (0.0000594) 0.0088626 (0.0013892) 0.1258255 (0.0187663) 0.0540122 (0.1261433) 0.3001918 (0.1223749) 0.3799895 (0.1226251) 0.7033291 (0.1223519) 0.5835975 (0.1232334) 0.7752938 (0.1227634). Edad2. Casado. -0.356304 (0.0549615). Características del Hogar Jefe Familiar adicional aportante Niños Características de la Demanda de Trabajo Entre 6 y 40 Más de 40 Agricultura Industria Comercio Servicios Constante N° de observaciones LR chi2(22) Prob > chi2 Pseudo R2 Log likelihood Probabilidad. 0.00592507. Nota: (*) significativa al 1% de confiabilidad, (**) al 5% y (***) al 10%. 18.
(21) Para representar esta hipótesis se estimó la probabilidad de contribuir por parte de una persona ocupada, considerando la edad como variable continua e incorporando su cuadrado, y una variable multiplicativa entre la edad y sexo (columna (ii)). El objetivo perseguido detrás de la incorporación de ésta última variable es capturar el efecto diferencial por género que la edad tienen sobre la probabilidad de contribuir. A partir de los resultados de este segundo ejercicio, se estimó la probabilidad de contribuir y la probabilidad marginal 8 según genero y edad. Los resultados se presentan en la Figura 10. Las dos curvas exponenciales representa las probabilidades de contribuir al sistema de pensiones en función de la edad, para hombres y mujeres. Por otra parte, las curvas con pendiente negativa son las funciones de probabilidad marginal. La máxima probabilidad de cotizar a la seguridad social – punto máximo de la función de probabilidad o punto donde la probabilidad marginal es cero –, se logra a los 41 años para los hombres (54 por ciento) y a los 47 años para las mujeres (55 por ciento). Ello puede interpretarse como la edad a la que se realiza el mayor ingreso de trabajadores al mercado formal de trabajo. Por tal motivo, es posible sugerir que los hombres tendrán limitaciones para acceder al beneficio al momento del retiro, pues de permanecer en el mercado formal de trabajo, la cantidad total de años de aportes no alcanzaría el mínimo requerido. Por su parte, el ingreso tardío de las mujeres al mercado formal, también genera una restricción de acceso futura, aunque este fenómeno se encuentra suavizado por la posibilidad de percepción del beneficio de pensiones de sus maridos y la posibilidad de acceder a un beneficio menor contando una menor cantidad de años de contribuciones. Asimismo, el rol de la mujer como madre y ama de casa explica parcialmente dicho rezago en la participación en el mercado de trabajo. Figura 10 Probabilidad y probabilidad marginal de cotizar en el sistema de pensiones según edad. Año 2006 0.03. 0.60 0.54. 0.55. 0.02 0.50 0.02 0.40. 0.01 0.30 0.00 15 17 19 21 23 25 27 29 31 33 35 37 39 41 43 45 47 49 51 53 55 57 59 61 63 65 Edad. -0.01. 0.20. Probabilidad Cotizante. Probabilidad Marginal. 0.01. -0.01 Efec. Marg. Hombre. Efec. Marg. Mujer. Probabilidad Hombre. Probabilidad Mujer. 0.10. -0.02 -0.02. 0.00. Fuente: Elaboración propia sobre la base la información de la Tabla 6. De todos modos, la información con la que se construyó este ejercicio es de corte transversal para un momento del tiempo determinado, y por tal motivo, los resultados podrían 8. Probabilidad marginal es definida como la variación de la probabilidad de contribuir al sistema previsonal a partir de una variación de la edad.. 19.
(22) estar siendo afectados por características particulares de las cohortes, dado que en los últimos treinta años tanto el rol de la mujer en la economía como las decisiones de planificación familiar han cambiado significativamente9. 5. Reflexiones finales La cobertura sobre la población pasiva mantuvo una tendencia decreciente desde 1995 hasta 2003. A partir del segundo semestre de 2003 comienza observarse una leve recuperación llegando a 2006 a alcanzar al 70.5 por ciento de los adultos mayores de 65 años . No obstante, el alcance del sistema de pensiones no resulta homogéneo entre grupos de personas, identificándose diferencias a favor de los hombres y de aquellos pertenecientes a los quintiles de ingreso más altos. Complementariamente, la brecha de cobertura entre quintiles se ha ampliado durante el período bajo estudio. En términos de cobertura futura, es decir sobre la población activa, se utilizaron dos indicadores tradicionales: el porcentaje de los ocupados y de la población económicamente activa que hace efectivo su aporte a la seguridad social. Durante 1995 y 2006 la cobertura activa mantiene una tendencia decreciente con signos de recuperación a partir de 2003, alcanzando en 2006 el 46.9 por ciento de los ocupados y 41.1 por ciento de la PEA. La organización de un sistema de pensiones a partir de un régimen contributivo condiciona el alcance de una cobertura universal, dependiendo su alcance del dinamismo del mercado laboral. Estos sistemas exigen que el financiamiento provenga de las contribuciones sobre el salario de los trabajadores, siendo diseñados para otorgar protección en la vejez a aquellas personas ocupadas durante su período de actividad. Por tanto las restricción de empleo y formalidad de la mano de obra tienen repercusión directa sobre los beneficios otorgados. Mediante la utilización de un modelo de selección discreta probit, y sobre la base de la información de corte transversal provista por la EPH del segundo semestre de 2006, se estimó la probabilidad de cotizar al sistema de seguridad social estando ocupado en función de dos grandes grupos de variables: de oferta y demanda de trabajo. El primero considera aquellas características individuales que definen la capacidad del trabajador para alcanzar un empelo formal, en tanto el segundo contempla características relacionadas con el tamaño de la unidad productiva y rama de actividad que definen la contratación formal de la mano de obra. Los resultados hallados sugieren que la probabilidad de contribuir al sistema de pensiones es creciente en los primeros tramos de edad y con la cantidad de años de estudios. Del mismo modo, el ser jefe de hogar y contar con algún miembro adicional en el hogar contribuyente incrementa la probabilidad de cotizar. Desde la perspectiva de la demandad de trabajo, los sectores productivos y el tamaño de la unidad productiva resultan significativos. En este sentido, el sector servicios e industria aparecen como los mayores demandante de mano de obra formal, en contraposición con el sector de la construcción. Paralelamente, la probabilidad de contribuir al sistema de seguridad social aumenta con el tamaño de la unidad productiva donde se encuentra empleado. Los resultados hallados en el presente trabajo permiten dar luz sobre uno de los problemas fundamentales que enfrentan los sistemas de pensiones: el nivel de cobertura se define exógenamente al sistema previsional, siendo la dinámica y desempeño del mercado laboral el motor de incorporación o exclusión. La cobertura contributiva reproduce los patrones del mercado laboral, dado que los trabajadores en los tramos de edades medios – de mayor productividad física – con mayor nivel educativo e insertos en relación de dependencia laboral en empresas de mayor tamaño o en sectores que se caracterizan por una mayor estabilidad laboral tienen mayores probabilidades de cotizar.. 9. Un estudio más preciso requiere la construcción de un panel de datos en base a las características de las cohortes, centralizado en el estudio de las frecuencias de los aportes y decisiones laborales. Una serie de estudios en este tópico puede verse en Ministerio de Trabajo y OIT (2003). 20.
(23) Tales resultados, se encuentran alineados con los hallazgos presentados por la literatura económica para la mayoría de los países de América Latina (Auerbach et. al., 2005; Arenas de Mesa et. al, 2004; Grushka, 2001; Rofman, 2005 y 2006; entre otros). La baja cobertura, con inequidad entre quintiles, sectores de la economía y área de residencia (urbano/rural) sugieren la existencia de problemas estructurales en el mercado laboral y en el diseño de los sistemas de seguridad social. Ello complementado por las características individuales y del hogar del trabajador como componentes de la oferta de trabajo. Frente a este contexto, toda política de expansión de la cobertura debe contemplar las cargas fiscales asociadas con la capacidad de largo plazo para generar recursos públicos que sean destinados a este fin. Los programas de ampliación de la cobertura insuficientemente financiados o basados en ciclos económicos ascendentes no resultan sustentables. La influencia de factores estructurales sobre aquellos grupos excluidos generan la necesidad de una acción pública focalizada basada en el reconocimiento de tales factores. Tal accionar implica una adecuada combinación de regímenes contributivos y no contributivos debiendo éstos últimos estar dirigidos principalmente a los sectores pobres sin capacidad de ahorro. Con el objeto de reducir las brecha de cobertura sobre la población pasiva, en Argentina se implementaron dos iniciativas de inclusión previsional: la Jubilación Anticipada y la Moratoria Previsional. La primera permite el acceso al cincuenta por ciento del beneficio jubilatorio futuro, a quienes habiendo registrado treinta o más años de aportes se encuentran desempleados teniendo menos de cinco años de la edad mínima legal requerida para el retiro. El beneficiario comienza a recibir el cien por ciento del beneficio al momento de cumplir los 60 años para las mujeres y 65 para los hombres. A partir de ello, se reconoce las limitaciones de los adultos próximos a la edad de jubilación para reincorporarse al mercado formal, permitiendo a los trabajadores desempleados obtener un ingreso compensatorio. La Moratoria Previsional cuenta con dos versiones. La prevista en la Ley 25.994, que otorga un beneficio a todos los adultos mayores que, cumplida la edad de retiro al 31 de diciembre de 2004, no cumplan el requisito de treinta años de aportes. La población beneficiaria percibe un haber jubilatorio, del cual se descuenta un monto determinado destinado a cancelar en hasta 60 cuotas la cantidad de aportes faltantes. Por otro lado, los autónomos tienen la posibilidad de adherir a un plan de pagos con iguales características de financiación, pero sólo por períodos anteriores a septiembre de 1993. Desde una perspectiva financiera, este programa es equivalente a la entrega transitoria (hasta saldar la deuda) de un subsidio monetario. Ello como consecuencia de que las erogaciones realizadas por la ANSeS en concepto de beneficios resultan mayores a los recursos ingresados como descuentos para el pago de la moratoria. Ello genera inquietudes referidas a la sustentabilidad financiera futura del sistema, al incorporar un grupo de beneficiarios sin los recursos necesarios como contrapartida. No obstante, este esfuerzo resulta viable en el ciclo económico ascendente por el que transita la economía argentina, caracterizado por una mayor recaudación a través de dos vías: aumento de los ingresos por contribuciones patronales como consecuencia del incremento del empleo formal; y el crecimiento de la recaudación tributaria. Asimismo, al haber sido implementado por un período de tiempo determinado, esto no implica un incremento constante de las erogaciones prestacionales, restando relevancia a su impacto fiscal. En este mismo orden, desde la perspectiva de la cobertura, la Moratoria Previsional genera un incremento potencial del alcance previsional, aunque ello no implica en si mismo la universalización del sistema. Esto se encuentra asociado al carácter transitorio del programa. De todos modos, es posible la aparición de restricciones informacionales que limiten la equidad del alcance. Si bien la moratoria previsional esta diseñada para incluir a los sectores más desprotegidos es posible identificar asimetrías de información entre quintiles de ingresos, que generen niveles de acceso desiguales. 21.
(24) 6. Referencias Bibliográficas. Arenas de Mesa, A., Behrman, J. y Bravo, D., 2004, “Characteristics of and Determinants of the Density of Contributions in a Private Social Security System”, University of Michigan, Retirement Research Center, Working Paper 2004-007. Auerbach, P., Genoni, M. y Pages, C., 2005, “Social Security Coverage and the Labor Market in Developing Countries”, Banco Interamericano de Desarrollo, Documento de Trabajo N° 47. CEPAL, 2006, La Protección Social de Cara al Futuro: Acceso, Financiamiento y Solidaridad, Naciones Unidas, Santiago, Chile. CEPAL/CELADE, 2003, “La Situación de las Personas Mayores”, Documento Base para la Conferencia Regional Intergubernamental sobre Envejecimiento, Santiago, Chile, Noviembre 2003. Grushka, C., 2001, “La Cobertura Previsional en Argentina a Fines del Siglo XX”, en Sociales N° 4. Rosario Argentina. Guzmán, J., 2002, “Envejecimiento y desarrollo en América Latina y el Caribe”, Serie Población y Desarrollo N° 28, CELADE. Huenchuan, S., y Guzmán, J., 2006, “Seguridad Económica y Pobreza en la Vejez: Tensiones, Expresiones y Desafíos para Políticas”, Reunión de Expertos sobre Población y Pobreza en América Latina y el Caribe, Noviembre 2006, Santiago, Chile. Jiménez, L. y Cuadros, J., 2003, “Ampliación de la Cobertura de los Sistemas de Pensiones en América Latina”, Revista de la CEPAL N° 79, pp. 117-132, Abril 2003. Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y Organización Internacional del Trabajo, 2003, Historias Laborales en la Seguridad Social, Ministerio de Trabajo. Rofman, R., y Lucchetti, L., 2006, “Pension Systems in Latin America: Concepts and Measurements of Coverage ”, Social Protection Discussion Paper N°0616, Banco Mundial. Rofman, R., 2005, “Social Security Coverage in Latin America”, Social Protection Discusion Paper Series N° 0523, Banco Mundial. Sánchez, P., 2000, “Sociología de la Vejez versus Economía de la Vejez”, Papers N° 61, España. Wolf, S., 1989, Los Pobres en la Europa Moderna, Ed. Crítica, Barcelona, España. 22.
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