Devenir 24. Mayo-agosto, 2013. Año VI. Cuarta época
Revista de estudios culturales y regionales
Juan Carlos Cabrera Fuentes Director
Consejo editorial Marco Vinicio Herrera Castañeda
Presidente
Dulce María Cabrera Hernández, Rosario Guadalupe Chávez, Moguel, Alicia de Alba Ceballos, Elsa María Díaz Ordaz Castillejos, Nancy Leticia Hernández Reyes, Fernando Lara Piña, José Luis Madrigal Frías, Magda Concepción Morales Barrera, Bertha Orozco Fuentes, Michael Peters, Juan Manuel Piña Osorio, Leticia Pons Bonals, Claudia Pontón Ramos, Jesús Abidán Ramos Salas, Raúl Trejo Villalobos, Reyna Bellany Ibarra López,
Rigoberto Martínez.
Leticia Pons Bonals
Coordinadora de la comisión de arbitraje
Diseño editorial Marco Vinicio Herrera
Cuarta época. Año VI, número 24 Devenir, revista arbitrada cuatrimestral, indexada a LATINDEX, editada por el Cuerpo Académico Educación y Desarrollo Humano, Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de Chiapas, calle Canarios s/n. Fracc. Buenos Aires, Delegación
Terán. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Teléfono: 52 (961) 6151101.
ISSN: 1780-4980
© Copyright 2008 CA-EDH Edición a cargo de Juan Pablo Zebadúa Carbonell Volumen correspondiente al cuatrimestre
mayo-agosto de 2013 El contenido es responsabilidad
de los autores y puede ser utilizado citando la fuente Costo del ejemplar: $100.00 Se terminó de imprimir en Abril de 2013
Tiraje de 1000 ejemplares Impreso en
Centro Comercializador de Impresos del Sur S.A. de C.V.
Revista de estudios culturales y regionales
Índice
Iván Amancio Gómez Ramírez El consumo musical juvenil
en la actualidad: más preguntas que respuestas ... .13 Héctor Rolando Chaparro Hurtado
Claudia Maritza Guzmán Ariza Armando Acuña Pineda
Jóvenes y consumo cultural: la reinvención de la identidad en la sociedadred ... .27 Ana Laura Castillo Hernández
Reconstrucción de masculinidades de jóvenes en reclusión a partir del ejercicio del biopoder en el CIEA
“Villa Crisol” ... .55 Luis Adrián Miranda Pérez
El joven recluso. El dilema entre la modernidad y la posmodernidad ... .67 José Guadalupe Rivera González
Ciudadanías y culturas políticas entre las juventudes mexicanas ... .77 Karla Jeanette Chacón Reynosa
Leticia Pons Bonals
Fantasmas y arquetipos en la construcción de identidades de mujeres tsotsiles y tseltales en la universidad ... .95 Juan Pablo Zebadúa Carbonell
Jóvenes indígenas y construcción identitaria. Procesos de transculturación en estudiantes de la Universidad Veracruzana Intercultural, en el estado de Veracruz ... .115 Dra. Shantal Meseguer Galván
Perspectiva intercultural de los imaginarios instituidos e instituyentes de los universitarios rurales ... .141 Rully Brheler Mendoza Flores
Culturas rurales juveniles: reconstrucción de identidades de jóvenes estudiantes-migrantes de la colonia Miguel Hidalgo, Jiquipilas, Chiapas ... .161 Tania Cruz Salazar
Selváticos cowboys: la condición juvenil de Tzeltales en California ... .177
Índice
Daniela Gómez Chávez
Música, Homosexualidad y masculinidad. El soundtrack de la búsqueda de identidad en el movimiento Gay ... .197 Homero Ávila Landa
Una Xalapa rockera y contracultural. Visiones de
comuna ... .209 Jhonatthan Maldonado Ramírez
El baile del reggaetón como práctica corporal que da materialidad a sujetos generizados ... .231 Juris Tipa
Los gustos musicales y los procesos identitarios entre los jóvenes universitarios de la Universidad Intercultural de Chiapas ... .251 Condiciones y normas para publicación ... .273
Autores
Armando Acuña Pineda Licenciado en Educación Física y Deportes por la Universidad de los Llanos. Magister en Educación. Doctorando en Estudios Sociales de América Latina. Profesor Investigador.
Homero Ávila Landa Doctor en antropología social por el Cetro de Investigaciones y Es- tudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Profesor-inves- tigador del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana.
Ana Laura Castillo Hernández Es Sociólogo por la Universidad Autónoma de Coahuila. Actual- mente es maestrante en Estudios Culturales en la Universidad Au- tónoma de Chiapas.
Karla Jeanette Chacón Reynosa Doctora en Teoría Sociológica: cultura, conocimiento y comunica- ción por la Universidad Complutense, Madrid. Docente de tiempo completo y coordinadora de la Maestría en Estudios Culturales en la Universidad Autónoma de Chiapas.
Héctor Rolando Chaparro Hurtado Comunicador social y periodista. Especialista en Filosofía de la Ciencia. Magister en Sociedad de la Información y el Conocimien- to. Doctorando en Estudios Sociales de América Latina. Profesor Investigador. Licenciado en Educación Física y Deportes de la Uni- versidad de los Llanos.
Tania Cruz Salazar Doctora en Antropología. Investigadora del Colegio de la Frontera Sur.
Daniela Gómez Chávez Comunicóloga y maestrante en Estudios Culturales por la UNiver- sidad Autónoma de Chiapas. Investigación en estudios de género, periodismo.
Iván Amancio Gómez Ramírez Comunicólogo y maestrante en Estudios Culturales por la Universi- dad Autónoma de Chiapas. Tiene como área de especialidad el Pe- riodismo.
Autores
Claudia Maritza Guzmán Ariza Licenciada en Educación Física por la Universidad de los Llanos. Ma- gister en Educación. Doctoranda en Estudios Sociales de América Latina. Profesora Investigadora.
Jhonatthan Maldonado Ramírez Tesista en la licenciatura de Antropología Social y colaborador del Centro de Estudios de Género de la facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Contacto: jhona.
Rully Brheler Mendoza Flores Comunicólogo y maestrante en Estudios Culturales por la Universi- dad Autónoma de Chiapas.
Shantal Meseguer Galván Dra. En Antropología y Bienestar Social por la Universidad de Gra- nada. Secretaria Académica de la Universidad Veracruzana Intercul- tural.
Luis Adrián Miranda Pérez Comunicólogo y maestrante en Estudios Culturales por la Universi- dad Autónoma de Chiapas.
José Guadalupe Rivera González Doctor sn Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Profesor-investi- gador de la Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades de la Uni- versidad Autónoma de San Luis Potosí.
Leticia Pons Bonals Licenciada y Doctora en Sociología por la UNAM y maestra en Edu- cación por el ITEMS. Miembro de SNI, docente de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Chiapas.
Juris Tipa Proveniente de Letonia, estudiante de doctorado en antropología so- cial en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Sus intereses académicos están ligados al consumo cultural, etnicidad, los procesos identitarios y los jóvenes. Contacto: [email protected].
Juan Pablo Zebadúa Carbonell Doctor en Sociedades Multiculturales y Estudios Interculturales por la Universidad de Granada, España. Actualmente desarrolla una es- tancia posdoctoral en el Doctorado en Estudios Regionales de la Uni- versidad Autónoma de Chiapas.
Presentación
EN LA actualidad, las ciencias sociales están cen- trando puntos de atención en realidades que, dentro de los desarrollos globales que imperan en la actualidad, tocan ineludiblemente a las ju- ventudes. Son los/as jóvenes quienes más acu- san las distintas y variadas formas de cómo se presentan los entornos globalizados y cultural- mente diversificados. Por un lado, las juventudes son un blanco evidente de las distintas esferas de consumo y mediatización que caracterizan las realidades actuales, en donde las tecnologías de información y de la comunicación representan un telón de fondo de las nuevas dinámicas socio- culturales. Por el otro, representan la generación de las “crisis”, asociadas con los intersticios de lo que aparece como nuevo y lo que ha quedado atrás como parte de lo que se rebasa de los pa- radigmas convencionales con que se explicaba el mundo.
México, al igual que la mayoría de los paí- ses de América Latina, enfrenta a una profunda crisis económica, política, social y cultural con- secuencia de los evidentes rezagos en sus estruc- turas que, ahora más que nunca, son visibles en cuanto a que ya no responden a las expectativas sociales y políticas por las que fueron creadas.
En nuestro país las crisis juveniles no son nuevas, pero si se han exacerbado a partir de un contexto de violencia a nivel nacional, una gue- rra emprendida “contra el crimen organizado”
que ha convertido en grupos de riesgo a los jó- venes; una crisis económica, laboral y sistémica, que lleva a los jóvenes a replantearse el modelo de vida convencional, político, cultural, etc. No obstante, de frente a esta dramática coyuntura, las juventudes se posicionan como participes de
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su propio agenciamiento como actores en mo- vimiento, críticos y generadores de alternativas;
se convierten en actores sociales emergentes, primeramente por ser siempre un grupo social dinámico que, pese a todo, cuestiona el estado de cosas imperante y que realiza activas accio- nes para incluirse en las realidades actuales. En suma, dejándose ver como parte esencial de los escenarios socioculturales los cuales afronta.
Por lo anterior, presentamos en este núme- ro de Devenir un compilado de trabajos que de- sarrollan, discuten y analizan estas juventudes y sus dinámicas emergentes. De esta manera, podemos delimitar sus problemáticas contem- poráneas y observar sus propuestas e imagina- rios alternativos ante este panorama inmerso en distintas crisis.
En este número se articulan trabajos des- de distintos bloques temáticos que representan, justamente, espacios discursivos donde se acu- san las construcciones culturales juveniles desde distintos horizontes, a saber: consumos y redes, cuerpos e imaginarios, identidades y ciudada- nías, jóvenes y educación superior, migraciones y músicas. Ello representa un aporte a los estu- dios de las juventudes, además de dar cuenta de los alcances socioculturales por donde se desen- vuelven uno de los colectivos que protagonizan la contemporaneidad.
Ivan Amancio Gómez Ramírez, reflexiona sobre los efectos que han tenido las prácticas de consumo musical, a partir de la difusión comer- cial que se hace de estos objetos desde Internet.
Afirma el autor que el siglo XXI ha sido escena- rio de una serie de cambios y transformaciones de las industrias musicales que han generado un panorama difícil de comprender y más aún de predecir.
Héctor Rolando Chaparro Hurtado, Claudia Maritza Guzmán Ariza y Armando Acuña Pine- da presentan los resultados de su investigación
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Presentación. pp. 7-12 realizada en la ciudad de Villavicencio, depar- tamento del Meta, Colombia, en la que buscan analizar la reorganización identitaria de los jóve- nes locales y el uso intensivo de las tecnologías de información. Según los autores “la evidencia de los “nativos digitales” significa un reto muy interesante para la generación de políticas cul- turales de los jóvenes que satisfagan sus expec- tativas y... que generen elementos de reflexión sobre el uso adecuado del tiempo libre, así como sus efectos formativos”.
En relación a los jóvenes que viven dentro de institiuciones tutelares debido a su participa- ción en el mundo delictivo, Ana Laura Castillo Hernandez expone cómo desde un nuevo con- texto de reclusión y exclusión, donde el biopo- der o el poder centrado en el cuerpo vuelve a la subjetividad de ser hombre, es decir sus mascu- linidades, un campo de batalla día con día: la do- minación y el control es la constante, sin embar- go también da margen a una serie de agencias y contestaciones por medio de las cuales el sujeto se dota de cierta autonomía.
Para Luis Adrian Miranda Pérez, el sujeto social ha quedado atrapado entre los debatesde la modernidad y la posmodernidad por lo que reflexiona sobre el joven recluido como un su- jeto corporizado; una persona que encarna y se construye a partir de los procesos sociocultu- rales en que se sitúa, y aunque es considerado sujeto fallido ante las estructuras sociales con- vencionales, se autorepresenta como “sujeto moderno” y forma parte de las dinámicas con- ceptuales que divide, justamente, la modernidad y la posmodernidad.
José Guadalupe Rivera Gonzáles En Méxi- co encontramos dos juventudes, una de ellas, la mayoría, es la que viven cotidianamente una realidad caracterizada por la precariedad en sus condiciones de vida (precariedad en las condi- ciones en las que accede y desempeña su em-
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pleo/ocupación, falta de acceso a espacios edu- cativos, necesidad de migrar y en los últimos años un incremento notable de la violencia), y la segunda está representada por una minoría, que accede a la educación superior, posgrados, em- pleos asalariados y consumo de diversos bienes tecnológicos. La intención de este trabajo, es ver si estos escenarios diferenciados pueden estar contribuyendo a la construcción y transforma- ción de la cultura política y la ciudadanía de los jóvenes mexicanos.
Karla Jeannette Chacón Espinosa y Leticia Pons Bonal, exponen las condiciones de margi- nación, discriminación y exclusión que enfren- tan mujeres tsotsiles y tseltales, estudiantes de la Universidad Autónoma de Chiapas, a lo largo de su trayectoria, a partir de los resultados de la investigación “Expectativas de retorno a la co- munidad. Historias de vida de mujeres universi- tarias procedentes de municipios de bajo índice de desarrollo humano en Chiapas” desarrollada, entre agosto de 2011 y octubre de 2012. Las au- toras presentan fragmentos de las historias de vida de 11 mujeres y destacan los fantasmas y arquetipos presentes en la construcción de sus identidades/identificaciones con sus comunida- des de origen, grupos escolares y territorios por los que transitan.
Juan Pablo Zebadúa Carbonell, discute los cambios identitarios en jóvenes indígenas a par- tir de la presencia de una institución de educa- ción superior con enfoque intercultural. Para el autor, presenciamos una serie de procesos iden- titarios transculturales que están transformando la condición juvenil indígena, a partir del traspa- so de ser “indígenas” a ser “estudiantes”, lo que precisa observar conceptualmente las dinámicas étnicas desde horizontes explicativos distintos a los ya conocidos.
A partir de la investigación etnográfica
“Imaginarios de futuro de la juventud rural.
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Presentación. pp. 7-12 Educación Superior Intercultural en la Sierra de Zongolica”, Shantal Meseguer Galván aborda los cambios en la prácticas culturales e imaginarios de los jóvenes de las comunidades participantes a partir de su ingreso a Instituciones de Educa- ción Superior (IES).
Rully Brheler Mendoza Flores busca anali- zar cómo viven los jóvenes estudiantes de la co- munidad de Miguel Hidalgo, Jiquipilas, Chiapas, las rupturas, continuidades y transformaciones culturales, a partir de los movimientos migrato- rios forzados por continuar sus estudios fuera de su lugar de origen. La migración entendida como fenómeno transitorio, implica tanto movimien- tos geográficos, como también movimientos de espacios simbólicos. El autor afirma que estos procesos de consumo, prácticas culturales y há- bitos de vida, muestran las diferentes formas de constitución de las juventudes y ayudan a ubicar sus procesos de re-localización identitaria.
Desde un enfoque etnográfico Tania Cruz Salazar, interpreta la condición juvenil de un grupo de muchachos tzeltales migrantes en Ca- lifornia, Estados Unidos. Su reflexión enmarca lo juvenil previo y posterior a la experiencia migratoria, leyéndola como condición que va- ría de acuerdo al acceso a recursos materiales y no materiales. Los datos utilizados son resultado de una estancia postdoctoral en la Universidad de California en Santa Cruz auspiciada por UC- MEXUS y CONACYT (2011-2013).
Daniela Gómez Chávez reflexiona sobre la música que ha acompañado al movimiento por los derechos de la comunidad LGBT ya como
“himnos” o canciones que no tocan el tema abiertamente pero que resultan en cantos de li- beración, o a través de músicos que se recono- cen como gays y utilizan su fama como medio para abogar por la concientización y la equidad.
La historia cultural de Xalapa dice poco so- bre las expresiones contraculturales juveniles,
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como la del rock, que se vienen dando desde los años sesenta del siglo XX. Para Homero Ávila Landa el nexo contracultura, juventud y rock en el entorno xalapeño tiene relevancia pues debe a su interacción el haberse configurado un nuevo tipo de juventud local, más cercana a la estereo- típica estadunidense mediatizada por industrias culturales de mediados de siglo. A partir del en- foque de los estudios de las juventudes y con base en la presentación de testimonios, el autor expone ideas y formas del rock en el marco de la contracultura escenificada en comunas jipis afincadas alrededor de la capital veracruzana en los años sesenta y setenta.
Jhonatthan Maldonado Ramírez reflexiona sobre el baile del reggaetón como práctica cor- poral que da materialidad a sujetos delimitados en disciplinas corporales, genéricas y sexuales restrictivas, toda vez que este tipo de baile busca la normalización de los sujetos dentro del cam- po normativo de la heteronormatividad y la cul- tura de género.
Juris Tipa explora la ubicación de los jóve- nes universitarios de la Universidad Intercultu- ral de Chiapas (UNICH) en el campo cultural de la música: consumo, preferencias y opiniones acerca de las formas y estilos musicales que es- tán circulando alrededor de estos jóvenes. Según el autor es indispensable analizar las cohesiones y mecanismos identitarios que condicionan y configuran sus relaciones, por ello, los procesos identitarios revisados en el artículo revelan tanto la auto-ubicación cultural de los jóvenes (geogra- fías culturales) y la relación con el ámbito urba- no, como las vinculaciones entre distintos nive- les de gustos musicales.
Juan Pablo ZebadúaCarbonell
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Iván Amancio Gómez Ramírez
El consumo musical juvenil
en la actualidad: más preguntas que respuestas
RESUMEN: Desde la difusión comercial de Internet, se ha desarro- llado una serie de dispositivos tecnológicos que han difuminado las barreras de accesibilidad que los jóvenes podían enfrentar al consumir música grabada. El siglo XXI ha sido escenario de una serie de cambios y transformaciones de las industrias musicales que han generado un panorama difícil de comprender y más aún de predecir. Sin embargo, en la investigación del consumo musical juvenil parece que aún no se termina de comprender que estos cambios están significando una transformación radical del contex- to. Las condiciones son distintas; hay nuevas preguntas al respecto que aún no están siendo abordadas a suficiente profundidad.
PALABRAS clave: Consumo musical, nativos digitales, desmateriali- zación, desarrollo tecnológico, acceso.
RECIBIDO el 15 de marzo de 2013 APROBADO el 10 de Abril de 2013
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The youth music consumption today:
more questions than answers
ABSTRACT: Since the commercial dissemination of Internet, has developed a number of technological devices that have blurred the accessibility barriers that young people face when consuming recorded music. The twenty first century has seen a number of changes and transformations of the music industries have gener- ated a difficult scenario to understand and even predict. However, researches on youth musical consumption seems not yet quite un- derstand that these changes are signifying a radical transformation of the context. The conditions are different; there are new ques- tions about it not being addressed sufficiently deep.
KEYWORDS: musical consumption, digital natives, dematerializa- tion, technological development, access.
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Gómez R. El consumo musical juvenil en la actualidad. pp. 13-26 AL REFERIRSE a los jóvenes y los constantes intentos por compren- derlos a través de la investigación, el consumo de música grabada ha de tener una presencia notable. Desde mediados del siglo XX, la aparición del Rock and Roll en los Estados Unidos dio paso a una importante ruptura con las concepciones que se había elaborado sobre ese segmento poblacional de los no-infantes y aún-no-adul- tos.
Fue el inicio de la industria cultural más importante y exitosa (Reguillo, 2000), cuyo desarrollo acompañó a los jóvenes de dife- rentes contextos con de una oferta de productos que les permitie- ran, a través de su consumo y apropiación, un espacio simbólico de autonomía. Este espacio, además de permitir a los sujetos seguir desarrollándose y reconociéndose a sí mismos, resultaba un terre- no de escape a las rígidas expectativas que el mundo adulto plan- teaba sobre lo que ellos debían ser.
Parece haberse entendido, al paso de las décadas, que en la recepción y apropiación (visibles a partir de los gustos) de la músi- ca grabada que la gran industria ha dirigido a los jóvenes existe un componente importante que dará referencia de la configuración identitaria (Hormigos y Martín, 2004) o bien de los múltiples proce- sos de identificación (Maffesoli, 1988) de quienes han conformado este amplio, complejo y cambiante sector de la población.
El consumo musical se convirtió en un importante referente del desarrollo teórico de las juventudes y sus manifestaciones so- ciales en contextos de cambios y transformaciones constantes. Sin embargo, la última década transcurrida ha traído cambios especial- mente drásticos alrededor del consumo musical. Ahora, el fonogra- ma (LP, Casete, CD) ha dejado de ser el soporte de almacenamiento y reproducción más frecuentado por los consumidores de música juvenil (Fouce, 2010).
Y como una preocupación, cabe reflexionar que estos aún no han sido lo suficientemente asimilados en la investigación sobre este consumo cultural de importancia histórica y presente.
El contexto se ha transformado
FUE HACIA la segunda mitad del siglo XX, en el ambiente de la pos- guerra y un nuevo orden que afectó la dinámica cultural a grandes escalas, cuando se hizo visible la necesidad de estudiar el consumo musical que de pronto ya estaba muy ligado a los jóvenes —cuyas conceptualizaciones desde la investigación también pasaron por di- námicas de cambio a partir de ese periodo— gracias a los vínculos
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que propició una industria cultural que creció a pasos agigantados por la aceptación del segmento juvenil de consumidores.
Fue a partir de la generación que Carles Feixa caracteriza como
“Generación Rock” (Feixa, 2006) que la música juvenil entró a la lí- nea del tiempo del consumo musical, y surgió el interés por su aná- lisis desde diferentes enfoques. Fue en el ambiente de la posguerra de los Estados Unidos (a la postre, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial) desde donde empezó a analizarse a la juventud a partir de vínculos con los referentes de consumo en las industrias culturales, los cuales trascenderían fronteras y contextos.
Posteriormente, las generaciones caracterizadas por Feixa (2006) como Hippy (años 60), Punk (años 70), Tribu (años 80) y Red (años 90), reforzarían las evidencias de una trayectoria de los fe- nómenos y las manifestaciones juveniles que difirió notablemente de las perspectivas idealistas generadas en las nociones sobre los jóvenes planteadas antes de la segunda guerra mundial. La ruta de la teorización sobre las generaciones que Feixa caracteriza como Boy Scout (años 10), Kokmsomol (años 20) y Twist (años 30), se vio interrumpida en la segunda guerra mundial, pues la Unión Sovié- tica, Italia y Alemania ya no llevarían la batuta del estudio de los jóvenes.
La generación alemana caracterizada por Feixa como Escépti- ca (Segunda mitad de los años 40) y la generación Rock (años 50) en los Estados Unidos fueron índices de lo que había significado la posguerra en ambos contextos: el desencanto juvenil por un lado y la euforia por otro (apoyada por amplias ofertas de consumo). La batuta cambió de dueño, y fue a partir de ahí que empezó a escri- birse la historia de la que llegaría a ser una gran industria cultural a partir del desarrollo y la aceptación de las grandes disqueras.
Si bien, para todo estudio hay que empezar por situar el con- texto histórico, sin hacer excepción del consumo musical (Hormi- gos y Martín, 2004), vale la pena considerar que el contexto en que surge el estudio de las industria musical y su recepción es el que inició un proceso de transformación radical hace poco más de una década. Es posible ubicar el final de una etapa y el comienzo de otra que empezó a tomar forma a la llegada del siglo XXI y aún no termina de definirse.
Entonces, si son las condiciones de la industria musical las pri- meras condiciones del entorno que pueden visibilizarse en medio de un proceso de transformación cuyo rumbo aún es incierto, esto no debería pasarse por alto en la investigación de este consumo. El
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Gómez R. El consumo musical juvenil en la actualidad. pp. 13-26 fenómeno ha sido abordado por Mark Katz (2004) cuando el pro- ceso de transformación ya era notable como un punto de ruptura, y posteriormente por autores como Jaime Hormigos (2010), Héctor Fouce (2009, 2010a y 2010b), Israel Márquez (2012), Luis Aguilar y Bertin Martens (2013).
Pero parece ser que aún no se ha indagado lo suficiente en otras diferencias que podrían estar sucediendo desde la mirada de los nuevos consumidores, quienes hace poco entraron a la etapa de vida de la juventud y sólo conocieron al fonograma en su de- clive, como un objeto no-indispensable (¿innecesario?) para poder acercarse a un acervo musical que hoy presenta menos barreras de acceso. Puede verse que el consumo está pasando por un proceso de desmterialización (Márquez, 2012).
Los soportes y prácticas de escucha han cambiado
ISRAEL MÁRQUEZ (2012) hace síntesis de una interpretación de Umberto Eco (2001) sobre los desarrollos tecnológicos que permi- tieron la accesibilidad de la música a cada vez más consumidores durante el siglo XX. La accesibilidad, según se enuncia, ha conduci- do al público a la aceptación de la música como un “complemento sonoro” de las actividades cotidianas, lo cual reduciría las posibili- dades de realizar una escucha consciente y crítica de la música.
Márquez retoma el concepto de “la era del acceso” del econo- mista estadounidense Jeremy Rifkin (2000) para bautizar a nues- tra época. A partir de esta noción, se interpreta que la compra de bienes materiales y propiedades se está volviendo “algo obsoleto”, pues existe la posibilidad de acceso directo a servicios de toda clase a través de las amplias redes del ciberespacio (Márquez, 2012). El consumo musical juvenil, desde luego, también se ve influido por este proceso:
La música se desmaterializa en beneficio de un acceso que nos per- mite tener toda la música que queramos aquí y ahora, a golpe de click, una música que nos llega a la velocidad de la luz y que pro- mueve una escucha en gran medida rápida y veloz, ya que el acceso ilimitado y la posibilidad de una música constante y disponible por doquier, como la que encontramos actualmente en Internet, tienen importantes consecuencias para el consumo, la escucha y la apre- ciación propiamente musicales (Márquez, 2012: 9).
Entonces, Márquez se refiere a las prácticas de escucha de música grabada que contemplan la música en formatos digitales
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comprimidos y la reproducción vía streaming (on-line) como una muestra más de este proceso de accesibilidad y desmaterialización.
El fonograma está siendo desplazado.
Al retomar algunos aspectos de la interpretación de Márquez –quien a su vez recurrió a Katz (2004) y Eco (2001)-, Rossana Re- guillo (2000 y 2012), Castells (2006), Buquet (2002), y agregando algunos otros aspectos pertinentes, se presenta un esquema básico a partir de los desarrollos tecnológicos, formatos y soportes que han sido parte del consumo de música grabada:
-Antes del siglo XI:
La música no puede registrarse. Su transmisión y preservación es complicada. La música sólo suena en el momento en que es ejecutada.
-Mediados del siglo XI:
Se desarrolla la notación musical, y con ello la posibilidad de reproducir una obra en diferentes espacios y temporalidades. La música suena en el momento en que se ejecuta (en vivo).
-Años 30 (siglo XX):
Se comercializa la radiodifusión. La música suena en vivo, y a través de la radio (ejecutada en vivo).
-Años 40:
Se desarrolla la música grabada, y surge la industria del fono- grama con el disco como primer formato. La radio se transforma al contar con la posibilidad de reproducir discos en transmisiones al aire. La música suena en vivo, en la radio y en discos.
-Años 50:
Surge el Rock and Roll como la primera música juvenil en el mercado. Empieza un importante impulso a la industria discográfi- ca. La música suena en vivo, en la radio y en discos (sencillos y LP).
-Años 60:
Se desarrolla el concepto del álbum, a partir de un revesti- miento conceptual del disco de larga duración con una serie de elementos visuales y materiales extra que conforman un material de mayor significado. La música suena en vivo, en la radio, y en discos.
-Años 70:
El formato del Casete se lanza al mercado con buena acepta- ción; ofrece la posibilidad de realizar grabaciones caseras. El último año de la década se realiza el lanzamiento del Walkman (primer dispositivo portable de reproducción musical). La música suena en vivo, en la radio, en discos y en casetes (comerciales y caseros).
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Gómez R. El consumo musical juvenil en la actualidad. pp. 13-26 -Años 80:
La mancuerna que hace el casete con el Walkman adquiere una notable popularidad en el mercado, y las ventas de discos em- piezan su declive. Inicia la comercialización del videoclip a través de cadenas televisivas. El formato del disco compacto o “CD” (pri- mer formato que almacenó música digital) es presentado al merca- do, y posteriormente el CD-Walkman (un Walkman para reprodu- cir CD’s), pero tendrán una aceptación notable. La música suena en vivo, en la radio, en discos, en casetes (comerciales y caseros), en Walkmans, y por televisión a través del videoclip.
-Años 90:
El disco queda desplazado del mercado. El CD se convierte en el formato de fonograma más frecuentado, seguido del casete que inicia su declive en las ventas. Crece la popularidad de las compu- tadoras personales, y el software desarrollado facilita el almace- namiento y la reproducción digital de música grabada en el disco duro, así como las grabaciones caseras en CD’s. Las nuevas versio- nes del CD-Walkman empiezan a generar ventas al final de la déca- da. La música suena en vivo, en la radio, aún en casetes (comercia- les y caseros), en CD’s (comerciales y caseros), en CD-Walkman, en computadoras personales.
-Primera mitad de 2000:
El casete es desplazado del mercado. El acceso y dominio a Internet generan las posibilidades de compartir archivos musicales en línea (Redes P2P) o su reproducción por vía streaming. Los for- matos digitales de música comprimida empiezan a atraer la aten- ción de los consumidores. Ahora es posible realizar grabaciones y mezclas caseras en CD’s con más facilidad, y se producen versiones del CD-Walkman que reproducen archivos comprimidos. Salen al mercado los reproductores de música digital en formatos compri- midos. El CD llega a su apogeo e inicia el declive de sus ventas. Em- pieza una serie de enfrentamientos legales que cuestionan las con- secuencias de la liberación de la música sin el pago de derechos de autor, con pocos resultados alcanzados. La música suena en vivo, en la radio, en Televisión, en CD’s (comerciales y caseros), en CD- Walkmans (en formatos digitales convencionales y comprimidos), en computadoras personales, en reproductores digitales portátiles.
-Segunda mitad de 2000:
Se desarrollan redes sociales cibernéticas como Youtube, Mys- pace o Facebook, que adquieren notabilidad y ofrecen facilidades para compartir y reproducir archivos de audio y/o video con es-
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pecial fluidez (vía streaming). Crece la oferta y demanda de teléfo- nos móviles equipados para reproducir música en formatos com- primidos. El CD-Walkman es desplazado del mercado. Surge Vevo, a través de la plataforma de la red social Youtube, canal ciberné- tico de las grandes empresas dela música grabada especialmente creada para distribuir legalmente (aun gratis) los videoclips de sus artistas. Aparecen las primeras tiendas virtuales de música, cuya popularidad habrá de crecer unos años después. La música suena en vivo, en la radio, en televisión, en CD’s (comerciales y caseros –en formatos convencionales y comprimidos-), en computadoras personales (por streaming con las opciones de Internet o en algún formato de almacenamiento), en reproductores digitales portátiles, en teléfonos móviles.
-2010 en adelante:
El teléfono móvil se convierte en el dispositivo para reproducir música más utilizado por los jóvenes y el formato de música digital comprimido MP3 se vuelve de dominio por el público. Surge Spo- tify, la primera plataforma legal de las grandes empresas discográ- ficas del siglo XX, y ofrece el servicio de acceso y reproducción al acervo de música grabada legalmente por vía streaming a cambio de cuotas mensuales. Vevo se convierte en un importante referen- te comercial para medir el éxito de los nuevos intérpretes, y las cadenas televisivas que antes estaban dedicadas a la transmisión de videoclips, empiezan a mostrar prioridad a otro tipo de conte- nidos. Las ventas de CD’s están siendo prácticamente alcanzadas por las descargas digitales en tiendas legales. La música suena en vivo, en la radio, en televisión, aún en CD’s, en teléfonos móviles (en formatos comprimidos de almacenamiento o por streaming), en computadoras personales, y en las múltiples opciones que ofrecen las redes sociales del ciberespacio.
Es notable que, a inicios del siglo presente, los desarrollos tec- nológicos derivaron en una serie de opciones innovadoras para el consumo de música grabada. Por tratarse de desarrollos tecno- lógicos (en su momento, innovadores), puede comprenderse que hayan sido los jóvenes quienes han sabido hacer un uso de estas circunstancias con mayor provecho, hasta marcar una pauta para las grandes industrias de la tecnología (Castells, 2006).
Sin embargo, los cambios y posibilidades tecnológicos siguen apareciendo y no puede predecirse cuáles serán las opciones ofre- cidas por la industria y aceptadas por los jóvenes para el próximo lustro. Hay que considerar que los movimientos que ocurren desde
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Gómez R. El consumo musical juvenil en la actualidad. pp. 13-26 las industrias de la música grabada también han significado una serie de enfrentamientos legales donde las empresas que vivieron su apogeo en el siglo XX se han enfrentado e impuesto a quienes han desarrollado la tecnología que favorece la gratuidad musical (Buquet, 2002). Asimismo, han tenido que aliarse a algunas de las grandes empresas cibernéticas del Siglo XXI –Facebook, Youtube, Twitter, ITunes, por mencionar algunos-, en un intento de subsistir en medio pese a las condiciones de los últimos años.
Resulta curioso mencionar que Mark Katz (2004) planteó como poco probable que los jóvenes consumidores de música eligieran los formatos digitales sobre la compra de álbumes físicos. Márquez (2012) sintetiza las ventajas que Katz concibió como argumentos para tal afirmación: Carácter físico, la mayor estabilidad que ofrece, el atractivo del aspecto visual, el material extra que suele incluir con relación a la banda o intérprete, el hecho de que la compra ayuda a los músicos, y la posibilidad de adquirirlo sin depender de una conexión a Internet.
Estos argumentos podrían resultar convincentes para un con- sumidor que desarrolló un interés por la música grabada a partir de los fonogramas como soportes. Sin embargo, para un sujeto que acaba de finalizar la etapa de la infancia, probablemente ninguno de estos argumentos ha de ser convincente.
La oferta musical y el interés del consumidor
En este tiempo, los jóvenes pueden compartir referentes de consumo a pesar de pertenecer a contextos diferentes (Ortiz, 1994), pero la diversificación y clasificación de géneros e intérpretes, así como el carácter efímero del éxito comercial acelerado desde fi- nales del siglo XX (Lipovetsky, 1987), parece haber desarrollado gustos cada vez más personalizados en vez de una homogeneidad.
Las posibilidades de consumo musical que se generaron des- de la comercialización de Internet parecen haber aumentado las evidencias de que muchos consumidores no se estaban recono- ciendo dentro de las exhaustivas segmentaciones propuestas por las industrias disqueras cuando estuvieron su apogeo. Es posible, entonces, preguntarse si la oferta de la música grabada llena las expectativas del consumidor joven.
Al respecto, puede observarse al trabajo de Ignacio Megías Quirós y Elena Rodríguez San-Julián (2002), publicado hace más de una década. A partir de un amplio cuestionario cuantitativo a muestras representativas de jóvenes habitantes de todas las comu- nidades que comprenden la zona gobernada por el Estado español.
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En una escala del 1 al 10, un 73% de jóvenes situó su interés por la música entre el 7 y el 10. El 6% situó su interés por debajo del 5; incluido un porcentaje bajo (pero existente) del 0.4% de jóvenes que situó su interés en la música entre el 1 y el 2.
Hay que notar que a partir de esta investigación se encuentra una excepción a la regla que parece haberse trazado (hasta conver- tirse en obviedad y punto de partida) en la investigación sobre este consumo, la cual indica como un dogma que a todos los jóvenes les gusta la música.
Recientemente, Luis Aguilar y Bertin Martens (2013) publica- ron un estudio realizado con base en un acercamiento cuantitativo para analizar el comportamiento de 16 mil consumidores europeos a través de los datos de seguimiento de clicks. La finalidad fue com- parar los efectos del streaming y las descargas digitales gratuitas (consideradas como “ilegales”) sobre las compras legales de músi- ca en línea.
Según la interpretación del estudio, los usuarios no conside- ran la descarga ilegal como un sustituto de las compras legales de música digital. Se plantea que no toda la música que los usuarios descargan gratuitamente es música que estarían dispuestos a com- prar, ya que los usuarios sólo compran la música que atrapa su interés. El streaming tiene poca repercusión en las ventas legales, y más bien se percibe como un complemento del consumo musical que no representa afectaciones mayores a la industria legal. Por lo tanto, se interpreta que los usuarios sólo utilizan las opciones tec- nológicas para conocer la oferta musical y decidir posteriormente qué comprar y qué no comprar (Aguilar y Martens, 2013).
Desde luego, si se sitúan estos planteamientos en el contex- to latinoamericano, podremos encontrar que las opciones de con- sumo musical de los jóvenes están influidas por las posibilidades económicas y la existencia de infraestructura que permita acceso a las nuevas opciones de consumo —primero, hay que pensar que el acceso a Internet no es gratis para todos—. Sin embargo, teniendo en consideración estos trabajos, es posible plantear un cuestiona- miento sobre el significado que ha de tener el consumo musical en la actualidad en cada juventud.
Un parteaguas visible
HAY QUE destacar que los cambios alrededor de este consumo han ocurrido en un tiempo relativamente corto. Hace poco más de una década, el panorama actual habría sido difícil de predecir.
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Gómez R. El consumo musical juvenil en la actualidad. pp. 13-26 Y en estos momentos es posible encontrar jóvenes (utilícese el parámetro de delimitación que se utilice) que han conocido la música en diferentes soportes, cuyas diferencias habrán de notar- se en factores generacionales: los jóvenes menos jóvenes podrían estar encantados con las posibilidades que ofrecen los desarrollos tecnológicos de la abundancia que les permiten satisfacer sus gus- tos con muy poco dinero; los jóvenes más jóvenes tal vez aún están configurando sus gustos, pero a través de nuevas opciones. Héctor Fouce ofrece pistas al respecto y exhorta a profundizar en la inves- tigación al respecto (Fouce, 2010); lo que queda claro es que hay un parte-aguas aún visible.
Probablemente las facilidades de acceso a la música grabada sigue generando cambios notables en la escucha (Márquez, 2012), ahora que no es indispensable comprar un fonograma comercial para disponer de tan sólo alrededor de 15 canciones. Ahora que es posible descargar discografías completas y borrarlas sin remor- dimiento, puede ser probable que el título de cada track y cada intérprete esté perdiendo relevancia para los nuevos consumido- res. Después de todo, en estos tiempos un joven puede almacenar mucha más música de la que puede escuchar (Hormigos, 2010), y sería importante conocer los niveles de profundización con que la música se escucha en los oídos más jóvenes.
Sería pertinente indagar en cómo se relacionan los jóvenes más jóvenes, ubicados como nativos digitales (Fouce, 2010a), con los géneros musicales (si es que aún los consideran importantes) y qué sentido tiene para ellos llenar su paisaje sonoro con alguna selección personalizada de música grabada en momentos de su co- tidianidad. Sería pertinente averiguar qué significa el gusto musical para los jóvenes nativos digitales y qué aspectos toman en cuenta para configurarlo en estos días. Hay mucho por indagar de quie- nes se valen del teléfono móvil como principal dispositivo o gad- get para escuchar archivos musicales desmaterializados —donde aumentan las posibilidades de lecturas más individualizadas y no influidas por el revestimiento del álbum—, y que a la vez tienen la posibilidad de consumir videoclips en línea y compartirlos a través de redes sociales (Reguillo, 2011).
Ahora que los jóvenes se desenvuelven en entornos que pre- sentan condiciones que cambian constantemente, y existen otras expectativas e ideales de consumo como resultado de la interac- ción con las industrias –la expectación que generan los lanzamien- tos de nuevos gadgets son comparables a lo que antes se observaba
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con los lanzamientos del nuevo álbum de un artista comercial-, es probable que haya nuevas subjetividades socializadas alrededor del consumo musical. Además, es importante considerar que la músi- ca está al alcance, pero no es la única opción de entretenimiento en los nuevos dispositivos tecnológicos. Los nativos digitales no sólo pueden ser consumidores de música, sino también de juegos y aplicaciones de Chat (Castells, 2006).
Puede interpretarse como un simple cambio de prácticas, como la configuración de nuevos hábitus en la acción social (Bour- dieu, 1994), como una modificación en el contexto para compren- der a los jóvenes –que no son todos- que se desenvuelven en co- munidades que puedan identificarse como neotribales (Maffesoli, 1985), tal vez como una modificación en el consumo como lugar que se utiliza para pensar y actuar en la vida social (Canclini, 1991), por mencionar algunas ideas preliminares.
Aún no es posible explicar la realidad actual con certeza, pero es pertinente indagar en ello. Para poder hacerlo, habrá que seguir escuchando a los jóvenes para que permitan a los investigadores visibilizar las diferencias que pueden existir entre frecuencia de consumo musical y los niveles de interés (para decirlo de alguna manera) que la oferta de la música grabada genera en los distintos consumidores.
Los primeros conceptos que vengan a la mente cuando se haga referencia al consumo musical (aquellos que parecen haberse convertido en una amalgama) pueden empezar a ser cuestionados si se espera emprender nuevos acercamientos en busca de resulta- dos actuales. Desde luego, habrá que cuidar que los instrumentos metodológicos no induzcan las respuestas de los sujetos de estudio para hacer encajar sus percepciones de acuerdo a las percepciones del investigador.
Y habrá que preguntarse qué espacio ocupa la música en la identidad o procesos de identificación de la nueva oleada de jóve- nes, quienes suelen aspirar a la renovación periódica de dispositivos portables en los que la posibilidad de reproducir música —aquella cualidad que hubiera detonado la popularidad del Walkman en los años 80— es sólo una más entre tantas opciones de entretenimien- to que autónomo del que disponen los nativos digitales.
Así, tal vez será posible seguir rompiendo obviedades que nu- blan la mirada al investigar el tema, antes que se conviertan en un punto de partida poco consciente. Hay considerar que los jóvenes de la actualidad siguen siendo importantes consumidores de músi-
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Gómez R. El consumo musical juvenil en la actualidad. pp. 13-26 ca grabada, pero eso no garantiza que la música grabada signifique para ellos lo mismo que fue para los adultos cuando eran jóvenes hace algunos años.
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Héctor Rolando Chaparro Hurtado Claudia Maritza Guzmán Ariza Armando Acuña Pineda
Jóvenes y consumo cultural: la
reinvención de la identidad en la sociedad red
RESUMEN: Cada vez más, el mundo contemporáneo se rige bajo las reglas del mundo tecnologizado, donde las juventudes son un blan- co inmediato para ser acaparados en la cobertura de los consumos de las tecnologías de información. En ese sentido, el siguiente texto presenta resultados de investigación en la ciudad de Villavicencio, departamento del Meta, Colombia, donde se analiza la reorganiza- ción identitaria por parte de una muestra de jóvenes locales y el uso intensivo de dichas tecnologías de información. La evidencia de los “nativos digitales” significa un reto muy interesante para la generación de políticas culturales de los jóvenes que satisfagan sus expectativas y, por supuesto, que generen elementos de reflexión sobre el uso adecuado del tiempo libre, así como sus efectos for- mativos.
PALABRAS clave: Juventudes, tecnologías de información, sociedad red, identidades.
RECIBIDO el 1 de marzo de 2013 APROBADO el 11 de Abril de 2013
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Youth and cultural consumption: the reinvention of identity in the network society
ABSTRACT: Increasingly, the contemporary world is governed by the rules of the technological world, where youths are an imme- diate target to be fielded in the coverage of the consumption of in- formation technology. In this regard, the following presents results of research in the city of Villavicencio, Meta, Colombia, where the identity of reorganization by a sample of local youth and the in- tensive use of information technologies such analyzes. Evidence of the “digital natives” means a very interesting for the generation of cultural policies for young people to meet their expectations cha- llenge and, of course, that generate food for thought on the proper use of leisure time and their training effects.
KEYWORDS: Youths, information technology, network society, identities.
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Chaparro H. Guzmán A. y Acuña P. Jóvenes y consumo cultural. pp. 27-54
“Lo que hay de nuevo hoy en la juventud, y que se hace ya presente en la sen- sibilidad del adolescente, es la percepción aun oscura y desconcertada de una reorganización profunda en los modelos de socialización: ni los padres constitu-
yen el patrón-eje de las conductas, ni la escuela es el único lugar legitimado del saber, ni el libro es el centro que articula la cultura”
Jesús Martín Barbero LA INVESTIGADORA Rossana Reguillo sostiene que buena parte de la literatura juvenil se ha sustentado, en los estudios sociales, desde la perspectiva de su marginalidad o su actitud contestataria y rebel- de, que contrasta notablemente con los acontecimientos de una rea- lidad contextualizada históricamente: el lenguaje, el vestido, ciertas prácticas rituales simbólicas, los formatos del consumo cultural y mediático y las preferencias deportivas, entre otras situaciones, no se pueden observar simplemente como mecanismos de distinción del mundo reglamentado y legislador del adulto, pues es indispen- sable verlas en todo su espesor.
De allí que buena parte de esta literatura se haya centrado en una especie de discurso comprensivo, con sus interpelacio- nes hermenéuticas, fenomenológicas y constructivistas. Discurso que pone de relieve el carácter activo de los jóvenes y su poten- cial como sujetos estructuradores del mundo social, que excede las pretensiones esencialistas sobre la juventud y que evita agotarse en la estadística o en la anécdota: en tal virtud, el Informe Juventud en España de 2008 se cuestiona, al margen de dichas orientaciones biologicistas, respecto de la situación de los jóvenes en el marco de políticas públicas que eventualmente no acogen sus expectativas, las transiciones a la vida adulta, la situación de la economía, el empleo y el consumo en la cambiante realidad de las sociedades globalizadas; el estado de la salud, las relaciones entre cultura, po- lítica y sociedad; la equidad de género, los fenómenos migratorios.
En fin, alineaciones que responden más a procesos estructurales de comprensión del hecho de ser joven que a su mera descripción anatomofisiológica o su reducción como miembros inmaduros de un sistema, para el cual ellos significan una enorme sospecha. Para el caso colombiano, la apuesta académica es más bien reciente (Muñoz, 1994), y está constituida básicamente por las relaciones políticas de los jóvenes en la ciudad de Bogotá.
En tal variedad de matices, Carles Feixa Pampols, investigador de la Universidad de Lleida, propone delimitar y clarificar el campo hacia el concepto de culturas juveniles, como “conjunto de vida y
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valores, expresadas por colectivos generacionales en respuesta a sus condiciones de existencia social y material”, lo que marca no- tablemente una diferencia en cuanto a la autonomía de los sujetos juveniles respecto de las instituciones adultas, y evita connotacio- nes de carácter peyorativo como “banda”, “pandilla, “gallada”, “ba- rra” o incluso tribu, idea que se sustenta en la definición de reglas específicas de parte del grupo: mitologías particulares, uniformi- dad en el vestuario, actitud contestaría contra el mundo adulto, fuerte pertenencia al grupo y creación de marcas y señales propias.
Como se ve, el concepto “culturas juveniles” supera claramen- te varias de las inquietudes propuestas por los analistas sociales, en cuanto no se hace referencia únicamente a esa idea romántica y delirante, abiertamente heroica, de juventud, pero tampoco des- de el discurso anatematizante, marginal y desviado. Por ello, Feixa propone hablar de culturas más que de cultura, debido al énfasis que se ha de entregar a su heterogeneidad y diversidad tanto “en el espacio como en la estructura social”. De esa manera, también, las culturas juveniles se perciben como metáforas del cambio social, formas de subjetividad que reflejan el complejo de contradicciones de una sociedad en permanente renovación y cambio, que modifi- ca continuamente sus valores (siempre en perspectiva de los valo- res hegemónicos), ya sean estas formas de contrarrestar los valores emergentes de los procesos de globalización cultural (skin heads), el nacimiento de un mercado adolescente (hoppers) o el nihilismo neorromántico (emos).
Sumariamente, la idea de culturas juveniles engloba tanto las formas contrahegemónicas (contracultura) de ser joven como las perfectamente incluidas, evitando odiosas homogenizaciones para todas sus formas y estilos, atravesados por elementos culturales como la música, el lenguaje, la estética, las producciones cultura- les y las actividades focales. Como se ve, todo un entramado que requiere cuidadosa revisión por parte de las ciencias sociales y los estudios sociales de la educación, que propone una mayor riguro- sidad y juicio para evitar sesgos y simplificaciones.
Juventud y culturas juveniles
EN UNA perspectiva antropológica, la juventud es una construcción social y cultural relativa en el tiempo y en el espacio. Feixa (1993) demuestra cómo cada sociedad organiza ese momento del ciclo vi- tal ubicado entre la infancia y la vida adulta, modelando específica- mente las formas y contenidos de esta transición. Así, las formas de
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Chaparro H. Guzmán A. y Acuña P. Jóvenes y consumo cultural. pp. 27-54 juventud son cambiantes según sea su duración y su consideración social, y sus contenidos dependerán de los valores asociados a este grupo de edad y de los ritos que marcan sus límites.
En Europa occidental, la juventud como categoría social sur- ge hacia fines del siglo XVIII. Algunos autores observan que la ju- ventud existe desde el siglo XVI, pero su conceptualización tiene que esperar al siglo XVIII. La idea de juventud corresponde a la conciencia de la naturaleza particular de aquellos caracteres que distinguen al joven del niño y del adulto: la sociedad asume y reco- noce a la juventud como una fase específica de la vida durante la cual - a través de un conjunto de prácticas institucionalizadas - le son impuestas al individuo ciertas demandas y tareas que definen y canalizan sus comportamientos como “joven”, las cuales suponen una relación con la “idea de juventud” (Feixa, 1993b).
El siglo XX, y sobre todo la segunda mitad del mismo, irán construyendo y definiendo lo que hoy entendemos como juven- tud. Avelló y Muñoz (2002) observan que en la actualidad
una de las vías más fructíferas a la hora de tipificar al ‘joven’ es ha- cerlo a partir de lo asistido o desasistido que se encuentra por parte del sistema social y, lo que se deriva de ello, del proceso de depen- dencia que se genera en dicha relación (pp. 34-35)
Para algunos sociólogos, incluso es mucho más fácil definir al adolescente o joven como
todo aquel que no está inserto en el proceso productivo de forma estable y remunerada, que no tiene domicilio propio, que no ha es- tablecido relaciones intersexuales que posibiliten su reproducción y que no participa de forma activa en los proceso de comunicación de la sociedad en la que vive... (Avelló y Muñoz, 2002, pp. 34-35).
Lo anterior quiere decir que la percepción y la conceptuali- zación de la juventud moderna fueron construidas en función “de la superación de un repertorio de dependencias concreto” (Avelló y Muñoz, 2002). La “libertad” adulta a la que debería acceder (tra- bajo, lugar propio, familia distinta a la de origen, autonomía para tomar decisiones), según el modelo adultocéntrico de la moderni- dad, se hace hoy en día cada más difícil de satisfacer por parte de las instituciones sociales. Este es el origen de la prolongación con- temporánea del estatus “juvenil”, en el sentido dependiente, entre la mayoría de la población en cada país.
En otra orilla, Bourdieu observa que la juventud y la vejez no
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están dadas per se, que son construcciones sociales y culturales rela- tivas en el tiempo y en el espacio y sus fronteras son objeto de lucha.
Es decir, la organización social de los momentos del ciclo vital que modelan específicamente las formas, los contenidos y los tiempos de la transición entre una etapa y otra, está atravesada por la cues- tión del poder, por
la división (en el sentido de repartición) de los poderes”. Cualquier clasificación por edad es “siempre una forma de imponer límites, de producir un orden en el cual cada quien debe mantenerse, don- de cada quien debe ocupar su lugar (Feixa 1993b, 1998b; Bourdieu 1990).
Y ese “orden”, en el caso de la juventud, es su condición de de- pendencia y subordinación ante a los adultos.
Es necesario partir que la juventud no existe realmente: exis- ten sociedades de jóvenes histórica y culturalmente constituidos en la heterogeneidad: de clases sociales, de personas, de cuerpos y lenguajes totalmente distintos que tienen sus espacios y tiempos a su manera. Individuos, seres exclusivos, con sus formas particula- res de vivir solos, juntos, o no solos ni juntos. Esta es una compleja situación de comprensión frente a lo que realmente ha sido y ha revelado la juventud a través de la historia. Siempre se ha estipu- lado que los jóvenes son una unidad social y un grupo legalmente constituido que posee intereses comunes. Por tanto, juventud es no ser sujeto. Sin embargo el adulto empieza a ponerse en condi- ciones de disputar la verdad mediante el saber, lo cual lo hace au- toritario, tratando nuevamente de superarse a sí mismo, situación que requiere liberarse nuevamente del tutor en que él mismo se ha convertido o ser abolido por el otro, poniendo en claro el movi- miento de relevo generacional pues se convierte en un proceso de regresión y progreso, donde la juventud se asume como amenaza, revolución o reforma que debe generar un cambio social hacia la representación del futuro.
Para mitad del siglo XX se instaura una afirmación muy propia para hablar de juventud: en este contexto, los jóvenes se volvie- ron visibles como problema social. Eric Hobsbawm, por ejemplo, determinó que la cultura juvenil genera una revolución cultural.
En esta época confluyen cambios en la complejidad inestable de sus manifestaciones. Los nuevos movimientos culturales expresan y amortiguan este conflicto generacional que se despliega por on- das que pueden ser atravesadas por la continuidad del movimien-
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Chaparro H. Guzmán A. y Acuña P. Jóvenes y consumo cultural. pp. 27-54 to cultural. La juventud sigue siendo un concepto ambiguo, no en tanto una categoría biológica recubierta de consecuencias sociales, como “un complejo conjunto de cambiantes clasificaciones cultu- rales atravesadas por la diferencia y la diversidad” (Barker, 2000).
Un elemento de análisis alternativo, el de las culturas juveni- les, describe las maneras en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre o espacios de intersección de la vida institucional. Se refieren a la aparición de “microsociedades juveniles” con grados significativos de autonomía respecto de las instituciones adultas, que se dotan de espacios y tiempos específicos y que se configuran históricamente en los países occidentales, principalmente en Eu- ropa, Estados Unidos y Canadá, tras la Segunda Guerra Mundial, lo cual coincide con grandes procesos de cambio social en el terreno económico, educativo, laboral e ideológico (Feixa, 1995).
De esta manera las culturas juveniles se entienden como prác- ticas de libertad, capacidad para inventarse la vida (Marín y Muñoz, 2002), formas de manifestarse con nuevas subjetividades en un mundo en el que se ha priorizado la imposibilidad de ser y de ser con otros. Son una construcción sociocultural con historias propias que rompen con la idea universalizante de “juventud”, siendo rele- vantes las contingencias particulares de cada una de estas culturas, sus formas de expresión y su diversidad; lo que implica recono- cer las mutaciones que sufren estas formas de subjetivación, sus tránsitos y recorridos, así como la generación de nuevas formas de ser, puesto que están mutando y renovándose permanentemente.
La dimensión cultural busca visibilizar a las y los jóvenes como productores(as) de sentidos y sinsentidos, lo cual entraña
un cambio en las miradas tradicionales de pensar lo juvenil, tras- cender lo sectorial, pensar lo transdisciplinar. Implica también una forma de rechazo a la nueva cartografía de las visibilidades que pre- tende visibilizar las relaciones sociales y simbólicas, y la producción cultural para luego ser utilizada y domesticada en la mercantiliza- ción de la vida cotidiana y la industrialización de los bienes simbóli- cos (Hurtado, 2007, p. 13).
Es en la modernidad-mundo donde empiezan a forjarse las culturas juveniles, lo que obliga a entender que existen represen- taciones, prácticas sociales, constitución de identidades y “cultu- ras juveniles” como metáforas de cambio social (Reguillo, 2000,
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p. 64). Los jóvenes son rebeldes, revoltosos, subversivos, guerri- lleros, delincuentes, sicarios, drogadictos, violentos y terroristas.
Estas clasificaciones se empezaron a expandir rápidamente y se visibilizaron ante el espacio público, asumiendo que conquistaron su mayoría de edad. El concepto juventud por consiguientes debe comprenderse desde su perspectiva cultural, que puede existir o no existir: algunos prefieren hablar de juventudes, culturas, identi- dades o mundos juveniles. En Colombia, la juventud se convertiría en un fenómeno generado por las interrelaciones que se dan entre la familia, la educación y el trabajo previo y de preparación para el ejercicio de roles ocupacionales y familiares adultos. Pero al mismo tiempo, surgen otras formas diferentes de juventud que hacen más complejo el análisis.
Se abre otro elemento él cual es importante analizar y son las prácticas juveniles; la sociedad contemporánea ha construido la categoría joven, el cual se constituye en sujeto social, cambiante y discontinuo, cuyas características son asociadas y resultan de una negociación – tensión entre la categoría sociocultural determinada por la sociedad particular y la actualización subjetiva que los suje- tos llevan a cabo a partir de los esquemas de las cultura vigentes.
Como resultado de muchos procesos y cuestionamientos se define que ya no es la juventud la que se enuncia sino los jóvenes y las jóvenes, las juventudes, lo juvenil, las contraculturas, subcul- turas, transculturas, culturas juveniles, innidentidades, identida- des, búsquedas epistémicas sobre el sujeto, el objeto y el método.
Inclusive, se establece que los jóvenes están elaborando “culturas prefigurativas”, aquellas en los cuales los adultos aprenden de los niños. Es una manera de asumir una nueva autoridad mediante esas figuras de un futuro aún desconocido. Y al ser convertidos los jóvenes en objetos de estudio por los científicos sociales, empiezan a ser percibidos con mayor respeto: se buscan posibilidades de en- contrar en ellos otras perspectivas interpretativas y hermenéuticas, y también otra subjetividad que se reconozca en ellos. Los jóvenes, pues, se convertirán en sujetos pensados y convertirse en sujetos de discursos, con posibilidad de movilizar objetos sociales y simbó- licos, es decir, ser agentes sociales (Reguillo, 2000, p. 36).
Pensar a los jóvenes hoy en la cultura es una tarea fundamen- tal: Martin Barbero (1998) afirma que
pensar los procesos culturales se ha vuelto una tarea de envergadu- ra, ya que lo que está en juego son hondas transformaciones en la