PENETRABLES LINGÜÍSTICOS DE LA PERIFERIA: Esas palabras rotas de la calle vieja
PENETRABLE LINGÜÍSTICO NRO. 3
Oye y mira en el discurso del charlero
La calle es el paisaje más abrasador del habla cotidiana. Espacio, senderos, caminos, atajos, lenguaje, palabras y sentencias comunicacionales en plena efervescencia. Basta con recorrer un tramo de cualquier ciudad para encontrarse con novedosas realidades en el contexto social y lingüístico. Las unidades de transporte público representan uno de esos lugares donde confluyen discurso y realidad. Vale decir, oralidad y personajes cotidianos.
En una buseta o autobús anda la gente; es cierto, pero también acude el idioma para reconstruirse a cada instante en sus diferentes áreas: Morfología, Sintaxis, Pragmática y Semántica, entre otras. Diversas son las circunstancia discursivas de la lengua que acontecen en estos medios de transporte. Uno de estos escenarios sobrevenidos, lo representan los charleros.
de transporte público para tratar de vender golosísimas u otro tipo de mercancía. Solo nos concentramos en los vendedores, pues existen los que exponen casos de familiares con enfermedades penosas y otros, más dramáticos aún, se desplazan por los asientos con heridas sangrantes en brazos, piernas y hasta en el rostro. No haremos tampoco alusión a los que simplemente se paran muy cerca del llamado “puesto de la reina” y espetan, con ese zumbao malandrososo: atención señores pasajeros, yo vengo saliendo de Tocorón, no los vengo a atracar, solo necesito que colaboren conmigo. Hay otros que apuntan directamente a la fibra más sensible del padre o de la madre: no llegues a la casa con las manos vacías. No exageraríamos si dijésemos que a veces una buseta es casi un mercado ambulante. La base fundamental del charlero se encuentra en el dominio y uso de la palabra, del discurso, de la charla. Si tienes “buena labia” puedes llevar dinero a casa.
de cierta estructura tautológica (mira, ve) como estrategia de venta. Sostiene Pons Bordería (1998, p.61) que oye y mira constituyen dos de los “imperativos (…) más frecuentes en el lenguaje hablado”. Para Martín Zorraquino y Portolés (1999) estas unidades de la enunciación se inscriben en el campo semántico de la percepción física y se les designa como marcadores de alteridad. Su función principal consiste en hacer que el pasajero (interlocutor potencial) se enfoque plenamente en el discurso para así convencerlo de que compre.
podríamos denominar, a mi entender, marcadores secuenciales de una interacción dialógica fallida. Ésta resulta incompleta, pues el pasajero poco interviene en el acto comunicacional de venta-compra. No son pocas las ocasiones en que el viajero regresa el producto al charlero calladamente. Quiere decir que estos marcadores de interacción abren, le dan continuidad y cierran este tipo de secuencias comunicativas. Oye y mira, como marcadores conversacionales, tienen en el contexto interaccional una acción de apertura y atención en el acto comunicativo estudiado. Contribuyen a fijar y mantener la atención del viajero sobre el discurso.
saludo no se le niega a nadie. Seamos ciudadanos educados. Además, no les voy a cobrar nada por el saludo. Así me gusta… Buenos días. Y siguen con el “Mira que sí hay”. O el: se vale llevar.
Fuentes principales
Domínguez, C. (2005). Sintaxis de la lengua oral. Mérida-Venezuela: Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico/Universidad de los Andes.
Martín Zorraquino, M. y Portolés, J. (1999). Los marcadores del discurso. En: I. Bosque y V. Demonte. (coords.). Gramática descriptiva de la lengua española. Vol, 3 (4051-4214). Madrid: Espasa Calpe.
Pons Bordería, S. (1998): Conexión y conectores: estudio de su relación en el registro informal de la lengua. Valencia: Universidad de Valencia.
PENETRABLES LINGÜÍSTICOS DE LA PERIFERIA: Esas palabras rotas de la calle vieja
PENETRABLE LINGÜÍSTICO NRO. 2
“En la cama el perro”
A veces nos apropiamos de ciertas características zoomórficas
(aspectos físicos, tamaño, manos, garras, ojos, pelambre) o actitudes
de algunos animales para construir proposiciones comunicacionales
con cierto sentido metafórico; pero de una efectividad pragmática
incuestionable. El hecho de que lo fraseológico o el enunciado
tengan una pretensión figurada no dejan ser mensajes explícitos o al
menos inteligibles. Si oímos que fulano de tal “anda engorilao” o
que perencejo es el propio burro. No necesitamos decir que el
primero se encuentra molesto, huraño y que al otro le cuesta un
mundo entender la explicación más sencilla.
La condición o comportamiento conductual de algunos animales
contribuye a conformar expresiones idiomáticas que el común de las
personas entiende perfectamente. Cuando un amigo nuestro habla
demasiado, lo pudiéramos etiquetar de “loro” o “pico e plata”. Si es un cobarde, de “gallina”. Si constantemente realiza travesuras o “mete la pata”, expresaríamos que “está más rayao que un tigre”. A
traicionándote, se le llama escorpión. Si tienes un pariente tuyo que
no le gusta bañarse o que al comer deja evidencias en su boca de lo
degustado, fácilmente se puede ganar el mote de cochino. A esos
amigos que constantemente se le va la lengua con cualquier secreto
no son más que sapos.
Ante esos individuos de sobrada habilidad, múltiples
atenciones y a los que no se les escapa el mínimo detalle, la gente comenta: ese tipo siempre anda “mosca”. Recordemos que la mosca
es peligrosa hasta sin vida. En ciertas ocasiones, cuando alguien
aparenta ser motolito, y se presume que solo espera el momento justo para dar el zarpazo, se oyen expresiones como: “ese se la da de mosca muerta”; pero es un avión, un vivaracho. Ahora por las calles
de pueblos y ciudades no andan seres humanos, sino bachacos, es
decir, personas que llevan y traen cargamentos pequeños de comida.
Un bachaquero ya no es tanto una madriguera, sino alguien que
compra barato y vende bien caro. Hicimos hasta un verbo con ese
tipo de acciones: bachaquear. Es frecuente oír: ahí traje una harina;
pero bachaqueá. Por otra parte, hay hombres que son unos perros
(peeeerros: sí… así, afincándose duro en la e), es decir, de acuerdo
al criterio de las féminas, unos bichos, verdaderos irresponsables,
malos pues. Ojo: existen las mujeres cuaimas, tema que
Últimamente, ya que hablamos de perros, la situación
económica del país ha afectado tanto a la mayoría de las personas,
que para ilustrar sin vacilaciones la calamidad o pobreza de algún
conocido, señalamos que está “en la cama el perro”, es decir,
pelando, con una situación tan crítica que duerme hasta en el suelo o
en pedazos de cartón. Lógicamente, no nos referimos a los perros
ricos (mascotas) que viven en mansiones, sino a los callejeros, esos
que comen de la basura y que recorren las calles de la ciudad
peleándose un “güeso” viejo. Todo esto indica que podemos hablar
y entendernos claramente usando la cualidad de algunos animales.
Al reconstruir morfológicamente este enunciado tenemos: en la cama del perro. Podemos señalar que se ha omitido la forma verbal: está. Quizás este desacierto obedezca a la tradicional premisa
de la economía del lenguaje que supone decir algo inteligible con el
menor número de palabras posibles. Además, la forma contracta
(el) es producto de la fusionalidad de la preposición (de) y del
artículo (el). Este amalgamiento lo posibilita el final e inicio
vocálico de ambos términos sintácticos. Ahora, en la emisión de esta
unidad contracta se nota un alargamiento de la vocal (e) debido al
PENETRABLES LINGÜÍSTICOS DE LA PERIFERIA: ESAS PALABRAS ROTAS DE LA CALLE
PENETRABLE LINGÜÍSTICO NRO. 1
Una vez me encontré, en un periódico de circulación nacional, un extraño titular que llamó mi atención. Decía: Al “Lucifer” lo mandaron pa’l otro mundo.
La verdad de esta noticia se encuentra enmascarada por una especie de penetrables lingüísticos. Llamo penetrables del lenguaje a esas palabras que cuelgan como hilos pragmáticos en el imaginario social del venezolano y que permiten hacer inferencias significativas de cualquier estructura gramatical o enunciado. Tomo la noción semántica de los penetrables del gran maestro Jesús Soto y su arte cinético. En sus esculturas la gente se mezcla con la obra, en los penetrables lingüísticos que propongo, nos encontramos con pedazos de palabras que nos permiten andar por su interioridad en búsqueda de significados.
voces nominativas del Diablo. Quizás la persona que enviaron al otro mundo era negra; aunque lo más probables es que fuese un azote de barrio. Un bicho malo. Una figura indeseable de los bajos fondos. De allí esa denominación de Lucifer para el hombre asesinado.
El penetrable: pa’l es una forma diastrática derivada de un proceso metaplásmico de reducción silábica (y a su vez vocálico). Se puede identificar claramente una deficiencia en la emisión grafemática de estas dos categorías gramaticales (preposición seguida de artículo), muy propia del habla espontánea coloquial. No hay un dominio apropiado de la pronunciación de la preposición (para) y del artículo (el). La preposición (para) se deforma por vía de un apócope y termina perdiendo su sílaba final; mientras que la vocal (e) del artículo, por un específico procedimiento aferético, se elide. La fijación de esta expresión fonética se hace por intermedio de una acción apostrófica en la estructura del artículo. La supresión silábica en la unidad preposicional y la pérdida vocálica (esta aféresis se representa con el signo ’ o apóstrofo) en el artículo, posibilitan la fusión en una sola emisión de voz de los elementos de este penetrable, al momento, lógicamente, de pronunciarlos.