La Vida en Serio Con Buen Humor - Paulo Costa

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La vida en serio con buen humor

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Introducción

uando miramos a nuestro alrededor, muchas cosas nos parecen grises, melancólicas y tristes. Tenemos razones para cierto pesimismo, pues la vida no siempre es como la soñamos y lo ideal, efectivamente, está muy lejos de la realidad.

En nuestra mentalidad colectiva subyace una especie de nube de depresión y pesimismo. Pero arrojar la toalla es ir muriendo lentamente aunque, como dice la gente, la esperanza es lo último que se pierde.

A pesar de tantos pesares, hay razones para la alegría, no faltan motivos para el optimismo; la historia de la Humanidad está cuajada de ejemplos elocuentes de gente sencilla y anónima que no ha claudicado ante las adversidades y que ha afrontado las dificultades cotidianas y las vicisitudes amargas de la vida con una sonrisa serena en los labios y con el humor sabio de quien quiere ser más fuerte que las tormentas.

Frente las innumerables y seductoras insinuaciones de una felicidad aparente y efímera, en medio de una cultura que parece venerar la muerte más que la vida, el aspecto exterior más que la realización interior y la crítica mordaz más que la verdadera alegría de vivir juntos aunque seamos diferentes, es importante sembrar sonrisas, unirse a la sana revolución del buen humor, tomarse la risa más en serio. Entonces todo cambiará. Sería muy importante que cada uno de nosotros y todos los que nos rodean, conocidos o no, trabajáramos la espontaneidad, nos esforzáramos por ser más transparentes, sonriéramos con más ternura, nos riéramos de nosotros mismos, de las apariencias de la vida y de las artimañas de los demás. Una sonrisa desarma a cualquiera y es una excelente medicina.

Incluso en términos religiosos, le vienen a uno ganas de reír de tanto ver y escuchar a los que piensan que Dios es tan absolutamente trascendente y omnipotente, tan omnisciente y omnipresente, que no ríe ni sonríe y quiere obligarnos a llevar una existencia amargada a causa de nuestra realidad de pecadores.

Dios es, con total seguridad, la alegría de vivir en plenitud, y su existencia no consiste sino en el empeño de vernos felices, satisfechos y contentos. El Dios en que creo sonríe con las bromas de los niños, se ríe con la terquedad y los enojos de los adolescentes, se divierte con las aventuras de los jóvenes, se alegra con los éxitos de los adultos y se regocija con las manías de los más mayores.

Mi intención, en estas páginas, es reflexionar sobre la virtud del Humor, que es una de las cosas más necesarias para vivir. Reír nos sienta bien y el bien nos hace sonreír. Es fundamental soltar unas sanas carcajadas para afrontar la existencia con más entusiasmo, más satisfacción y mayor alegría. El optimismo es una vitamina que nos hace bien, pues, sin él, la vida «no tendría ninguna gracia». Para tomarse la vida en serio, hay que cultivar el buen humor. ¡Este es el reto!

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I.

El buen humor

como actitud existencial

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El buen humor es cosa seria...

ada hay mejor que una buena sonrisa, celeste arco iris de simpatía,

preciosa acuarela muy colorida, para volver al Edén, ¡y deprisa!

Hay que tener ilusión y alegría, diversión, entretenimiento y risa.

Y siempre hay que enfrentarse con la vida con mucho optimismo y gran fantasía.

Menos payasos y más buen humor. No tanto circo; actitud positiva.

Mejor que chistes, gente con amor. Deseo ser feliz de corazón, reír a carcajadas con quien sea y vivir en serio... con emoción.

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El desafío de una sonrisa

uchas veces tengo la sensación de que vamos por la vida taciturnos, tensos, circunspectos, solemnes, como si la existencia nos hubiera provocado una indigestión y, nada más levantarnos por la mañana, nos ponemos la careta de aburridos, enfadados, tristes y reservados. Tantos rostros ceñudos y ensimismados, reflejo de una vida de estrés en la que la enfermedad de moda parece ser la depresión.

Tiene gracia que digamos que el hombre es un animal racional, mientras que la mayor parte de nuestras vivencias y experiencias suceden en otros ámbitos: el amor, la amistad, los afectos, los sentimientos, las sensaciones, etc. Pensamos, incluso, que hay animales más expertos en estas lides que muchos hombres; y también que hay hombres que parecen tener menos sentimientos que muchos animales.

Tal vez deberíamos concluir que el Hombre, a pesar de su inteligencia, no es un animal racional. Posiblemente, lo que mejor distingue al Hombre del resto de animales sea la capacidad de sonreír. La sonrisa ilumina y da vida a nuestro rostro y a nuestra alma.

Pero la risa y la sonrisa son realidades en grave peligro de extinción. Están aumentando la seriedad, la formalidad, la desconfianza ante la espontaneidad, y se multiplican el aburrimiento, la frustración y una mirada impersonal y distante.

No obstante, hay personas que, por suerte, desbordan una alegría serena y transparente y que realmente no necesitan de la estridencia de las carcajadas; aunque sí son capaces de sonreír e irradian una felicidad tranquila y madura. Los demás nos dan semillas de esperanza y optimismo que nos hacen mucho bien.

Morimos poco a poco si nada nos hace gracia, si nada nos hace reír, si nadie nos hace sonreír. Hay que recuperar urgentemente el carisma de la risa y la sonrisa. Necesitamos que alguien nos haga sonreír; necesitamos sonreírnos unos a otros porque, de lo contrario, la vida pierde todo su encanto.

Puede que los ojos sean las ventanas del alma, pero una sonrisa tiene la capacidad de abrir las puertas más inesperadas. De todas las expresiones que afloran al rostro humano, sacando a la superficie su interior, la sonrisa es, posiblemente, la que mejor refleja el deseo de comunicación universal, lo que se percibe al instante y se puede compartir. La sonrisa puede ser el camino más corto entre las personas.

Claro que también existen sonrisas irónicas, amargas, falsas o de desdén. Shakespeare, en una de sus obras, dice que «se puede matar con una sonrisa». En el fondo, hasta la sonrisa se puede corromper y desfigurar.

Muchos gestos pueden ser susceptibles de diversas interpretaciones o incluso llevar a malentendidos, pero una sonrisa es siempre una sonrisa, y no necesita del diccionario o de un manual de instrucciones para ser entendida en cualquier lugar del planeta. En todas partes, es señal de amistad, de fraternidad, de cercanía, de cariño, acogida, etc. Es un patrimonio específico del ser humano que simboliza la complicidad, que establece vínculos de cooperación, que representa la victoria sobre el miedo, que constituye un

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paso inefable en la manifestación de los sentimientos.

Hacer una crítica o dar un consejo a alguien puede ser tremendamente difícil. Todo puede decirse, si se dice con delicadeza. No hay verdades prohibidas. Lo que está prohibido es decirlas con arrogancia, con desprecio y acidez. A menudo una sonrisa puede ser de gran ayuda. No una sonrisa de esas que juzgan, censuran o condenan. Sino una sonrisa que se abre al otro en plena comunión de amistad. A veces, lo más complicado es encontrar la palabra justa, precisa y adecuada. Pero debemos intentar transmitir lo que sentimos y pensamos con una sonrisa y un semblante alegre, para no herir la susceptibilidad de los demás.

Un rostro agradable y optimista nos ayudará de forma decisiva. Los demás no tienen la culpa de nuestro malhumor y la vida será mucho más hermosa con una sonrisa. Una sonrisa alegra el corazón, nos mantiene de buen humor, ayuda a conservar la salud, embellece el rostro e inspira buenas acciones. La sonrisa tiene una impresionante fuerza de dulzura, de serenidad y de reconciliación.

Hacer sonreír a los demás con una sonrisa puede ser un verdadero milagro que todos podemos realizar. Sonreír a los que vemos tristes, enfermos, a los tímidos, a los desesperados, a los abandonados. Sonreír a los niños, a los jóvenes y a las personas mayores que ni siquiera conocemos. Sin saberlo, podemos incluso colmar de esperanza a alguien desanimado o convencer a alguien desesperado de que vale la pena vivir, porque no está solo.

Cada vez que nuestra sonrisa hace sonreír a los demás, suscitamos alegría, confianza, ánimo, entusiasmo. Sonreírse a uno mismo, sonreír a los demás, sonreírle a Dios. Así, nuestra sonrisa será cautivadora y fecunda.

La sonrisa, más que algo hereditario, es un arte que se construyeen lo más íntimo de cada ser, por medio del equilibrio interior, de la paz y de un amor sin límites. Una persona arisca u orgullosa no sabrá sonreír. Se trata de un arte que no es el resultado de pruebas y ensayos ante el espejo, sino fruto de una profunda actitud: el deseo de impregnar los acontecimientos de la vida cotidiana con en el optimismo sereno de los que no se rinden y quieren hacer un mundo mejor.

La sonrisa tiene un inmenso poder. Saint-Exupéry dice que «en el momento en que sonreímos a alguien, lo descubrimos como persona y la respuesta de su sonrisa significa que nosotros también somos una persona para él».

Bergson decíaque «la risa es algo que irrumpe con estruendo y va retumbando como un trueno en la montaña, con un eco que, sin embargo, no alcanza el infinito». De hecho, la risa implica la carcajada sonora, mientras que la sonrisa es silenciosa y revela mejor que la risa el interior del que sonríe. Y es que la sonrisa muestra el estado del alma y es una invitación a entrar en la intimidad de alguien. Por eso, el hombre es el único animal que sonríe.

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La fisiología de la persona

con buen humor

esde el punto de vista de la anatomía, los seres humanos tienen el rostro más expresivo de todo el reino animal. Nos hace gracia el delfín, que parece sonreír; nos llama la atención el mono que hace muecas como si se riera; o el sonido histérico de la hiena con esos gruñidos que asemejan risas. Parece que en el extremo opuesto de la escala animal – en términos de expresividad– está el cocodrilo.

El ser humano nace con la capacidad de sonreír, aunque solo lo manifiesta hacia la cuarta semana de vida. Que no se hagan ilusiones las mamás, convencidas como están de que sus bebés les sonríen como respuesta a su afecto, su cariño o sus monerías. Está demostrado que se trata de una reflejo innato.

La sonrisa es una señal que emite el bebé desde muy pronto y es fundamental en el refuerzo de las primeras interacciones. Al principio, aparece de una forma refleja, sin relación inmediata con lo que está sucediendo alrededor. Pero, enseguida, pasa a ser desencadenada por estímulos sociales agradables, como ver una cara familiar, o se emplea como mecanismo para mantener el contacto.

Tradicionalmente, se viene diciendo que esta sonrisa social aparece hacia los dos o tres meses. Pero, por ejemplo, Spitz y Wolff han estudiado este fenómeno y lo han observado incluso en bebés de aproximadamente un mes.

Alrededor de los cuatro meses, un estímulo más intenso, como la exageración de las expresiones faciales, las cosquillas y algunas vocalizaciones, logran provocar la risa. Poco a poco, alrededor de los cinco o seis meses, es más fácil provocar estas carcajadas y se convierten en una importante herramienta de interacción, como concluye Ziajka.

La sonrisa es algo sumamente bueno, útil y necesario aunque, a veces, las preocupaciones diarias, las penas que nos oprimen o incluso la simple pereza nos impiden sonreír. Es cierto que existe una enfermedad genética, el Síndrome de Morbius, que hace fisiológicamente imposible que la persona pueda sonreír. Pero no es frecuente y, seguramente, no tengamos esta dolencia. Hay quienes, ni siquiera con cosquillas, pueden reír.

Utilizamos muchos menos músculos faciales cuando sonreímos y cuando ponemos una cara agradable, que cuando adoptamos expresiones de enfado o aburrimiento. Muscularmente hablando, reír es más económico que llorar, ya que, al reír, ponemos en movimiento cerca de 20 músculos, mientras que, cuando fruncimos el ceño, utilizamos aproximadamente 100. Por tanto, no conviene que nos cansemos mucho, pues vamos a ser mucho más felices si provocamos una sonrisa en los demás.

Una buena carcajada solo puede ser algo saludable. Como ejercicio muscular equivale, en opinión de un terapeuta, a una sesión de baile. También es un buen masaje para la piel de la cara. Los expertos dicen que la risa mejora la respiración, pues hace trabajar al diafragma, el músculo que hace que los pulmones funcionen. Mientras que la ira, la depresión y la frustración alteran el funcionamiento de muchos sistemas

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fisiológicos, incluyendo el sistema inmunológico, la risa ayuda a que estos sistemas funcionen mejor.

Un minuto de risa equivale a cuarenta y cinco minutos de relajación. Diez minutos de risa incontenible reducen el dolor físico durante al menos dos horas. En cuanto al dolor psicológico, sabemos que la risa permite mirar los contratiempos y adversidades de manera diferente. Aunque no podamos cambiar los acontecimientos, al menos podemos mirarlos desde otro ángulo, más positivo y confiado.

La risa disminuye las hormonas del estrés y estimula el sistema inmunológico, lo que nos permite luchar contra las enfermedades y las infecciones y desencadena la liberación de endorfinas, que reducen la sensibilidad al dolor y favorecen la sensación de bienestar y placer: son los analgésicos naturales del cuerpo. Al reír, la frecuencia cardíaca se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan. El sistema vascular se estimula y esto se refleja en el abdomen, provocando contracciones favorables para la digestión.

La risa nos ayuda de manera decisiva en los tratamientos de enfermedades crónicas y dolorosas. Las carcajadas son un factor estimulante del sistema inmunológico y reemplazan a los analgésicos para el dolor, ya que desencadenan la liberación en la sangre de sustancias con poder sedante. Así que añadir un poco de risa a la vida es un excelente remedio.

La risa es un acto complejo desde el punto de vista físico y psicológico. Independientemente del modo en que riamos, lo hacemos con toda nuestra realidad espiritual y material. Al margen de las diferentes formas de reír, cuando lo hacemos expresamos lo que somos y sentimos. Incluso aunque nuestra risa sea algo forzada, siempre es una expresión natural de nuestra personalidad. Hay tantas formas de reír como personas que ríen. No hay dos personas que rían o sonrían igual.

Normalmente, la risa está vinculada a aquello que es agradable. A veces «estalla», escapando al control de la voluntad. Tiene valor terapéutico desde el punto de vista de la psicología, ya que puede ayudar a resolver un conflicto interno y desdramatizar acontecimientos que nos perturban.

Nos reímos con lo bueno, pero también con lo malo, ¡y cómo! Tendemos a reírnos de lo malo que les sucede a los demás. Reímos a carcajadas con los chistes y las bromas que dejan a otro en ridículo. La risa puede servir para ridiculizar a una persona que no nos gusta y para expresar desprecio por alguien que nos ha herido, e incluso puede ser una respuesta extrema cuando nos quedamos sin argumentos o nos vemos en situaciones embarazosas.

Hay maneras de reír que molestan e irritan y otras que atraen y cautivan. Algunas sonrisas proporcionan belleza mientras que otras vuelven a una persona menos atractiva. Algunas sonrisas transparentan humildad, educación y simpatía, y otras arrogancia, orgullo y desprecio. Hay que interpretar las sonrisas de los demás y, por nuestra parte, intentar ser lo más auténticos posible. Es un sencillo regalo que podemos ofrecer a

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Razones para la alegría

eguro que, a nuestro alrededor, sobran razones para estar tristes o de mal humor. Las cosas y la vida no siempre suceden como nos gustaría y, en ocasiones, parece que todo se vuelve en contra nuestra. Somos los enfermos convalecientes de una cultura de sufrimiento, malestar, tristeza y desánimo.

Necesitamos, por lo tanto, un tratamiento alternativo vinculado con esa actitud positiva que producen las vitaminas de la alegría y el optimismo. Lo peor que podemos hacer es darnos por vencidos y alimentar la tristeza, «disfrutar» estando en el agujero y no querer ver la luz del sol.

Es bueno estar solos, pensar en la vida y dejar que nos hable la conciencia. Pero esto no es lo mismo que el aislamiento de los que se encierran en sí mismos, excluyendo a los demás; estas personas se debilitan y se pudren sin esperanza. No podemos encerrarnos en nuestros problemas y sufrimientos de forma masoquista.

En invierno, buscamos instintivamente el calor y el sol y, en verano, apetecemos el frescor y la sombra. En la vida hay que hacer algo similar. En los momentos en que la vida va mal, ayuda pensar en las cosas que nos han hecho felices; y, cuando la vida va bien, también es de utilidad pensar que, si ya hemos sufrido antes, podemos volver a superar el sufrimiento y que también hay gente que lo está pasando mal. Esto nos ayudará a apreciar lo positivo de la existencia.

La tristeza no es un pecado. Pero vivir voluntariamente en la tristeza, sin tratar de luchar por vivir con alegría, sí que puede llegar a serlo. Dante situaba en lo más profundo de su infierno a aquellos que voluntariamente viven o desean vivir tristes.

El hombre es un ser eminentemente social. Llegamos a realizarnos unos con otros, en compañía, en familia, con los compañeros de trabajo y con los amigos. No somos ermitaños que huyen del mundo. Estamos aquí con los demás; y aquí, con los demás, es donde puedo y debo vivir y ser. No puedo limitarme a sobrevivir. Hay que vivir con los demás y para los demás. Y esto me proporcionará alegría y entusiasmo, porque el otro es siempre el mejor desafío existencial.

Tenemos que descubrir que no somos –ni tenemos– solamente este cuerpo exterior. Tenemos un alma y hay que tomar conciencia de las dimensiones del espíritu: son las realidades esenciales. Dice Saint-Exupéry que «lo esencial es invisible a los ojos». Eso puede proporcionarnos una felicidad, una alegría y un gozo auténticos; y es algo que pide de nuestra parte una sonrisa sincera.

Somos mucho más de lo que creemos, valemos mucho más de lo que pensamos, tenemos mucho más de lo que imaginan los demás. La vida es un tesoro por descubrir que tiene innumerables dones que hemos de compartir. La vida no es una pesadez. Nosotros somos los aburridos.

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alma.

Las diversiones no acaban con el aburrimiento. En el mejor de los casos, no son más que un paliativo que alivia el dolor, pero no cura la enfermedad. Contra el vacío, el hastío y la tristeza la solución no es precisamente hacer cosas divertidas, sino llenar los pulmones del alma con el oxígeno de la alegría de vivir con amor... con humor.

No nacemos felices o desgraciados. Tenemos que aprender a ser felices y esto es una tarea que depende principalmente de cada uno. A veces, tengo la impresión de que nos ha contagiado la enfermedad del «si...»: «Sería feliz si hubiera nacido en los Estados Unidos; si estuviera de vacaciones en el Caribe; si mi familia fuera como la de fulano; si mis jefes fueran como los de mengano; si tuviera la casa de zutano; si tuviera tanto dinero como...».

La felicidad y la alegría nunca serán totales en este planeta, en esta vida, en este mundo. Pero no faltan razones para hacer de nuestra vida la mejor vida posible, aferrándonos a las cosas y a las personas que nos realizan y nos hacen sentir bien; entonces podremos llevar una vida con sentido, llena de alegría y entusiasmo. No existen las recetas milagrosas. Cada uno tiene que descubrir cómo vivir feliz.

Hay que apreciar las pequeñas cosas de la vida cotidiana: respiramos, estamos sanos, hacemos deporte, cantamos, bailamos, convivimos, amamos, contemplamos una puesta de sol, visitamos a un amigo, ayudamos a un desconocido, damos un consejo, lavamos los platos, leemos un libro, paseamos al perro, rezamos, navegamos por Internet, limpiamos el polvo, cogemos una flor, sonreímos...

Hemos de vivir abiertos a los demás, tener grandes ideales, creer en el amor y la bondad, hacer cosas que nos realicen de verdad, discernir nuestra escala de valores y creer que, paso a paso y día a día, todo puede ser mejor. Depende principalmente de mi fuerza de voluntad, de mi entusiasmo y mi perseverancia, y de la capacidad de reírme de mí mismo y de sonreír a los demás.

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Por una cultura del optimismo

pesar de tantas conquistas, de tanto progreso y tanto desarrollo económico, tenemos la sensación de vivir una cultura de desastre apocalíptico. Vemos a gente seria, con el ceño fruncido, los hombros caídos y mirada perdida, vacía. Vivimos en una época donde parecen dominar el desánimo, el pesimismo, el derrotismo, la apatía generalizada, la negatividad, la resignación, el fatalismo, la depresión, la angustia, la desconfianza.

Oímos hablar de drogodependencia, de homicidios, de suicidios, abortos, eutanasia, accidentes de tráfico, enfermedades incurables, divorcios, corrupción, contaminación, guerras, crisis económica, catástrofes naturales, crímenes, crisis de valores, hedonismo, consumismo, falta de ideales, etc. La de nuestro mundo es una vida de estrés, de apariencias sin un sentido profundo, de rutinas grises y euforia superficial. La sonrisa tiende a ser falsa o forzada; y el humor, corrosivo o cínico.

La expresión del más puro pesimismo tal vez se encuentra en Sófocles, el dramaturgo griego, en su Edipo en Colono: «No haber nacido es la mayor fortuna. Pero una vez que se ha nacido, lo mejor es volver cuanto antes allí de donde se viene». El budismo es la religión oriental que más se identifica con el pesimismo. En su «Noble camino óctuple», presenta un proyecto de renuncia al deseo y de completo retiro del mundo. Esta actitud también se puede encontrar en Schopenhauer y se vuelve común en el siglo XX.

Entre las filosofías optimistas se encuentran el platonismo, con el papel regulador asignado a la idea del Bien; el aristotelismo, con su percepción de la armonía de la naturaleza y la búsqueda de fines; el epicureísmo, que niega el mal de la muerte, y el estoicismo, que niega el mal del dolor.

Hay muchas cosas que no podemos cambiar, pero no podemos estar lamentándonos siempre. Es mucho mejor cultivar una cultura del optimismo, como voluntad determinada y deseo positivo de afrontar la vida con confianza y con un entusiasmo activo y contagioso. Tenemos que creer en nuestra capacidad constructiva para superar obstáculos con determinación.

Vivir con optimismo implica creer en el lenguaje positivo de nuestros pensamientos, palabras y acciones, y hablar siempre con un tono de voz y una expresión en el rostro que inspiren esperanza y buena voluntad. Una sonrisa, una carcajada, el buen humor son importantes para esta actitud existencial. Viviendo con optimismo, afrontamos mejor las dificultades, las enfermedades, las depresiones y tenemos más ganas de vivir.

El optimismo es el arte de saber ver y aprovechar el lado bueno de la realidad, de las personas y las cosas. El pesimista se fija en las espinas de la rosa, mientras que el optimista mira lo esencial: su belleza y su fragancia. Ser pesimista es vivir con la sensación de que nada va a salir bien, que se va a perder en el juego de la existencia, como si se tratara de un combate inútil.

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pensar como punto de referencia ideal. Los demás tienen derecho a ser como son. La envidia y el egoísmo no nos dejan ver al otro con claridad.

Es útil albergar pensamientos positivos. Nos ayudan a estar más alegres y a vivir más felices. Incluso aunque estemos atravesando una tormenta en nuestra vida, es bueno creer que el sol existe y que está detrás de las nubes. Antes o después, volverá a alegrarnos con su luz y calor.

Hemos de sentir que solo seremos verdaderamente felices si luchamos por hacer felices a los demás. Tenemos que desechar, de una vez por todas, el sentimiento de incapacidad, de que no lo vamos a conseguir, de que no valemos nada. Sonreír mejora nuestra autoestima y nos da más confianza para salir al encuentro del prójimo. Hay más alegría cuando damos que cuando recibimos.

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Y

Pensamientos positivos

a sabemos que, al escalar una montaña, desde la cumbre se ve mucho mejor todo el horizonte. El aire es más puro, y parece que percibimos la realidad de forma más precisa porque no la vemos a su nivel, sino por encima. Por tanto, es útil y necesario contemplar los problemas y las vicisitudes de la vida cotidiana tomando convenientemente distancia y situándonos por encima de ellos. Aquí, el optimismo y el sentido del humor nos ayudan a ver las proporciones auténticas de la realidad.

Otra experiencia interesante es la de viajar en avión. A veces, salimos del aeropuerto con un tiempo gris y lluvioso, y, minutos más tarde, volamos por encima de las nubes y solo hay un cielo azul, alegre y luminoso. El sol siempre ha estado allí, aunque oculto por las nubes. Así que tenemos que volar por encima de las nubes de nuestros problemas y continuar sonriendo a la vida y al sol que quiere seguir iluminándonos y dándonos calor.

Para abordar con entusiasmo y con ánimo las vicisitudes de la existencia, el hombre puede y debe cultivar actitudes y pensamientos positivos ante los problemas y las complicaciones que surgen y se multiplican.

¡Cuántas veces los seres humanos se dan por vencidos ante las experiencias de decepción, frustración, decepción y fracaso, y sucumben bajo pensamientos sombríos de pesimismo, tristeza y muerte!

Es importante minimizar y relativizar los contratiempos, convertirlos en un reto apasionante y atractivo, para volvernos más fuertes y alcanzar metas más altas. Sobrevivir a las dificultades y encontrar soluciones a los problemas es un signo de fortaleza, valor e inteligencia. Sonreír ante la adversidad que de vez en cuando nos acecha es creer que somos los auténticos artífices de nuestra vida y que no estamos fatalmente condenados a la desgracia.

Tener pensamientos positivos revela fuerza de voluntad y ganas de vivir la vida con alegría y entusiasmo, y esto es típico de los espíritus nobles, ya que los débiles solo tienen deseos y buenas intenciones, pero no pasan de ahí. Afrontar las contrariedades con firmeza y determinación positiva es la clave del éxito, manteniendo el valor de vivir el día a día con optimismo, con una sonrisa y con la cabeza bien alta.

La solución a nuestros problemas está dentro de nosotros y depende sobre todo de cada uno. Por lo tanto, es fundamental no quedarse quietos, no permanecer indiferentes y pasivos. Paso a paso, avanzando poco a poco, llegaremos lejos, con la brújula de la esperanza. Dentro de cada persona existe la capacidad, el poder, la habilidad y el talento necesarios para ser feliz.

El entusiasmo es mágico pues transforma el pesimismo y la mediocridad y los convierte en optimismo y en feliz y plena realización de la persona. No hay logro sin esfuerzo, no hay gloria sin sacrificio. Conviene ejercitar el ánimo, el coraje, el optimismo,

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Las personas felices también tienen problemas, dificultades, y la vida no siempre discurre como se desea. No hay pociones mágicas. La suerte se construye y es importante no darse por vencido. Hay que luchar con confianza y con cierto sentido del humor. Se debe superar con entusiasmo el hastío de las situaciones de insatisfacción, frustración, derrota, depresión e incredulidad y, solo después, llegará la victoria. Hay que cambiar la interpretación de la realidad, transformando conscientemente nuestros pensamientos y, entonces, cambiará nuestra vivencia personal de esos acontecimientos. Y es que nuestra felicidad depende de la calidad de nuestros pensamientos.

Los que tienen éxito se enfrentan a los obstáculos con una cálida sonrisa y cierto brillo en la mirada, y así, con aplicación y una actitud llena de confianza, intentan llegar a donde quieren, ya que quien realmente quiere, puede. No obstante, cuando no se consigue aquello a lo que se aspira, la felicidad consiste en disfrutar, con realismo, de lo logrado.

Lo que distingue al pesimista del optimista tal vez sea la forma de interpretar las experiencias cotidianas. Las personas optimistas verán los acontecimientos negativos como algo puntual y ocasional, con origen externo a ellos mismos y con la esperanza de que no se repetirá. Las personas pesimistas sucumben a la tentación de interpretar los acontecimientos negativos como algo de su responsabilidad personal, generalizando lo sucedido y resignándose de forma permanente ante la fatalidad.

Vale la pena tratar de educarse para el optimismo. Como el hombre es un ser eminentemente social, los optimistas son más sociables y consiguen tener más amigos. Necesitamos estabilidad emocional, y esto implica amar y sentirse amado, valorar y ser valorado, escuchar y ser escuchado, desear y ser deseado, sonreír y darse cuenta de que los demás nos sonríen. Es imprescindible cautivar y dejarse cautivar, crear empatía, ir al encuentro del otro, tener una mente abierta y disponibilidad afectiva y efectiva con cuantos se nos acercan. Debemos mejorar nuestros patrones relacionales.

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Los orígenes del humor

o es fácil definir el humor. No encaja de manera adecuada en ninguna definición. Algunos lo definen desde el punto de vista de sus elementos constitutivos, mientras que otros se fijan en los efectos beneficiosos que produce.

Hay quien lo relaciona con la risa y, también, quien lo distingue de esta, manteniendo que la risa es una reacción biológica a un estímulo determinado, que pertenece al ámbito de la física. Desde esta perspectiva, el humor se asociaría más con el temperamento, sería el resultado químico de la combinación de los humores que nos constituyen. Mientras que el humor es un producto humano más elaborado, la risa sería algo más espontáneo.

Más que definir qué es el humor, muchos autores prefieren estudiar su historia, fijándose en la primera carcajada. El antropólogo austriaco Konrad Lorenz habla de ella como del momento inaugural de la buena relación entre los seres humanos y el humor. Según él, mientras caminaban por el bosque, algunos homínidos habrían escuchado un ruido extraño. Asustados y preparados para una sorpresa desagradable, se mantuvieron en silencio y sin moverse durante varios minutos.

Hasta que... descubrieron un mono que los miraba desde lo alto de un árbol. Cuando sus miradas se encontraron, el mono saltaría de la rama en la que estaba y huiría despavorido, desapareciendo entre el abundante follaje. En ese momento, habría sucedido algo nunca visto ni oído: los homínidos celebrarían con grandes carcajadas lo sucedido. El «animal reidor» se manifestó por primera vez y así habría comenzado la historia de la risa.

Desde entonces, el humor ha sido un fiel e inseparable compañero de los seres humanos en todo momento, especialmente en situaciones de dificultad. Algunos historiadores se refieren a la pareja formada por Adán y Eva, afirmando que el humor habría sido uno de los tesoros que habrían logrado sustraer disimuladamente del Edén, que representa la felicidad perdida del paraíso ofrecido por Dios en los orígenes de la humanidad.

José M. Cabodevilla, en su obra La jirafa tiene ideas muy elevadas[1]

, habla de la historia del humor y recuerda las investigaciones de Joseph Addison, político inglés del siglo XVIII, que investigó «pacientemente su genealogía»: «Parece ser que la verdad fue la fundadora del linaje cuando concibió al Buen Sentido. Este engendró después al Ingenio, que contrajo matrimonio con una mujer llamada Risa, la cual pertenecía a otra rama colateral de la familia. De ella tuvo un hijo, al que puso por nombre Humor. Humor es, pues, el miembro más joven de esta ilustre progenie y, por ser descendiente de padres con cualidades tan diversas, posee un carácter sumamente versátil. A veces se presenta con aire grave y solemne, igual que un magistrado; otras veces adopta un estilo

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E

Humor y carácter

l término «humor» viene del latín humore y designa una forma de entretenimiento y de comunicación humana, que hace que la gente se ría y que se sienta feliz. Los antiguos griegos tenían la llamada medicina humoral, que consistía en una mezcla de fluidos –o humores–, controlados por la salud y las emociones humanas.

El humor puede ser una de las claves de la comprensión de culturas, religiones y costumbres. El humor es universal e intemporal. Evoluciona a lo largo del tiempo y el espacio, en los que ha venido acompañando a la historia humana.

El humor tiene la ventaja de permitir la conceptualización de la realidad, afinando las ideas, percepciones y permitiendo la construcción de una reflexión crítica. Mediante el humor, la persona aprende a subvertir la lógica e ir más allá del terreno de lo obvio. Revela inconformismo, deseo de romper con la «normalidad institucionalizada» y promueve la creatividad.

En su Pequeño tratado de las grandes virtudes, André Compte-Sponville afirma: «Podrá sorprender que el humor sea una virtud. [...] El humor es una desilusión alegre. Por eso es doblemente virtuoso, o puede serlo: como desilusión, está relacionado con la virtud de la lucidez (por tanto, con la buena fe); como alegría, con la del amor y con todas las demás»[2]

.

Pero, ¿qué distingue el humor de otros aspectos de lo cómico, como la ironía o sátira? La ironía no es una virtud. Consiste en no dar a las palabras su valor real o completo, queriendo significar lo contrario de lo que se afirma. Es una forma sutil de decir una cosa por otra. Desde una perspectiva socrática, la ironía presupone malicia y una desconfianza simulada en las propias capacidades. André Compte-Sponville dice que la ironía «es la risa malvada, sarcástica y destructora, es la risa de la burla, la risa que hiere, la que puede matar».

La sátira surgió como la capacidad de indignarse ante los abusos, ante situaciones aberrantes e injustas, pero de una manera divertida. Puede ser corrosiva e implacable, brutal o más sutil; en la sátira se critica por medio de la risa.

Lo que hace diferente al humor es la simpatía que despierta en las personas, por la asociación de aspectos intelectuales y emocionales de su comprensión y por su profundidad y reflexión interior. Íntimamente arraigado en la personalidad, el humor se constituye como la categoría más subjetiva de lo cómico y la más individual por el valor y altura de miras que implica.

El humor es el resultado de una actitud mental que nos lleva a afrontar la realidad que nos rodea y a descubrir sus aspectos más pintorescos y cómicos. El humor puede desdramatizar las situaciones preocupantes que nos inquietan, reduciéndolas a sus justas proporciones. Y por medio de la inteligencia que presupone, puede ayudar a transformar la seriedad de la vida con sus problemas y dificultades. El humor no olvida ni ignora la seriedad, pero tiene la virtud de transformar una situación desesperada en un mal menor.

Como dice André Compte-Sponville[3]

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carecer de lucidez, es carecer de ligereza, es estar demasiado engreído, demasiado engañado con respecto a uno mismo, es ser demasiado severo o demasiado agresivo, es carecer casi siempre de generosidad, de dulzura, de misericordia. [...] ¿De qué valdría el amor sin la alegría? ¿De qué valdría la alegría sin el humor? [...] En el humor hay valentía, grandeza y generosidad».

El cuerpo es una realidad orgánica con una función comunicativa muy importante. Desde el interior al exterior, la postura, los gestos, el tono de voz, las expresiones del rostro, transmiten distinta información de lo que somos, sentimos, deseamos, queremos y creemos.

Las expresiones faciales que solemos poner y las posturas que solemos adoptar pueden ser consecuencia de algunas experiencias o circunstancias por las que hemos pasado y que nosotros hemos asumido como positivas o negativas. Si lo pensamos bien y observamos a lo largo del día algunas de las conductas que tenemos, podemos sacar algunas conclusiones interesantes acerca de si somos o no optimistas.

Si nos damos cuenta de que tenemos habitualmente la cabeza y la barbilla levantadas, los hombros rectos y relajados, los brazos y las piernas muy abiertas, el cuerpo derecho, si hablamos con un tono de voz vivo y enérgico, si reímos y sonreímos de manera espontánea y miramos a los ojos de los demás con confianza, es porque mostramos una actitud llena de optimismo y bienestar emocional, que se traduce en vitalidad, entusiasmo, confianza y convicción.

Si, por el contrario, nos damos cuenta de que carecemos de las actitudes antes mencionadas y tenemos los labios cerrados o las comisuras se curvan hacia abajo, si tenemos los brazos y las piernas normalmente cruzados, a la defensiva, si el tono de nuestra voz es tenso y frío, si nuestra mirada es distante y desconfiada, si llevamos la espalda arqueada, la barbilla caída sobre el pecho y la frente arrugada, entonces reflejamos pesimismo, expresamos infelicidad, miedo, preocupación y falta de confianza.

Es conveniente usar gestos suaves cuando hablamos con alguien, ya que esta actitud invita al acercamiento y envía un mensaje de confianza y tranquilidad. El tono de voz es también muy importante. Hablar demasiado alto puede indicar descontrol emocional y falta de confianza en nuestros argumentos. Gritar puede asustar e intimidar, pero no convence ni nos acerca unos a otros.

Es algo parecido a lo que sucede con un actor de teatro o cine, que tiene que transmitir emociones y solo es convincente si se propone encarnar y sentir en lo profundo de sí mismo lo que está diciendo y haciendo. Los actores tienen que poner expresiones faciales y posturas físicas ficticias, pero para que tengan credibilidad, tienen que ejecutarse a la perfección y con convencimiento.

Por eso, es importante –si queremos ser felices– tener la actitud, poner la expresión y adoptar la postura de alguien que se siente feliz. Se trata de una técnica que puede ayudar. La sonrisa tiende a desaparecer en poco tiempo, pero si insistimos –a sabiendas y

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Estar de buen humor permite vivir la vida de manera más saludable, mientras que permanecer en un estado de mal humor no es bueno para la salud. El humor es una buena medicina. Abordar la enfermedad y el sufrimiento con sentido del humor permite diferenciar al paciente, como persona, de esa otra realidad que es su dolor.

Yo no soy mi problema. El humor me distancia del problema, permitiendo que no me someta a su poder. Tiene el poder de relativizar y ayuda en el arte de vivir nuestras enfermedades de forma saludable. El humor es patrimonio de las personas que quieren ser fuertes.

Son peligrosos los que se toman demasiado en serio las gracias y bromas de los demás y no tienen ningún sentido del humor para consigo mismos, con los demás y con la vida. Se enfadan cuando los demás no los toman demasiado en serio y lo peor es que no suelen tener razón.

A las dictaduras no les gusta el humor y piensan que es la reacción de los más débiles. Los llamados poderosos y fuertes piensan que no deberían perder el tiempo con el humor, que es algo pueril. Y es que el humor tiene el alma de un niño travieso, para el que no existen los límites que imponen los patrones de los llamados «adultos».

El humor no tiene nada de conformismo ni de connivencia con lo establecido oficialmente. El humor tiene características similares a los niños, porque estos no tienen maldad y todo en ellos es espontáneo, creativo, vivo y refrescante.

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La revolución del humor

ay cosas que no tienen ninguna gracia o que son bromas de mal gusto. Hay cosas con las que no se debe bromear –y mucho menos ridiculizar– solo para distender el ambiente. No se deben herir susceptibilidades o faltar al respeto a las creencias de los demás solo porque pensamos que no hay malicia en lo que decimos o ignoramos que podemos ofender a alguien.

Reírse de los defectos físicos o psicológicos de los demás es mezquino y no es ni buen humor ni humor del bueno. En cambio, podríamos reírnos de nosotros mismos, que hacemos tantos disparates y a menudo resultamos patéticos en lo que hacemos o dejamos de hacer, en lo que decimos o dejamos de decir. Cuando señalamos con el dedo a alguien, para reírnos de él, tenemos que darnos cuenta de que, en la misma mano, hay otros tres dedos apuntando hacia nosotros mismos.

Hoy en día, el sector del entretenimiento se ha convertido en una enorme y potente industria de la risa. Ha crecido el número actores, animadores, cómicos profesionales que distraen y entretienen al público y tienen como objetivo conseguir que la gente se relaje y se olvide de los sinsabores de la vida cotidiana.

Igualmente, la risa parece haberse convertido en un producto comercial, algo industrial y artificial, que actúa como un narcótico que adormece la sensibilidad y la humanidad; hacer gracia se ha convertido en una fórmula mágica con la que se puede decir de todo; el listón de la vergüenza ha bajado enormemente y ya no se respetan los valores más profundos de la persona.

La Alemania fascista creó una industria política y funcional del entretenimiento. Adolf Hitler quería a toda costa que el pueblo alemán volviera a reír y encargó esta tarea al organismo nazi de ocio Kraft durch Freude –literalmente, «Fuerza a través de la alegría»–. Al querer aprovechar su potencial psicológico, la risa perdía toda su inocencia: se inventaban chistes sobre judíos, se representaban obras antisemitas, etc., al tiempo que se bombardeaban ciudades, se asesinaba a millares de civiles y, en los campos de concentración, se exterminaba a millones de judíos.

En estas circunstancias, reír debe darnos vergüenza, como forma de protesta contra el mal gusto y la falta de respeto por los débiles, los marginados y los despreciados de la sociedad; un sentimiento de vergüenza que se opone a reír a costa de las violaciones de la dignidad humana.

El humor tiende a cuestionar las verdades absolutas, la autoridad y los dogmas. Por eso los dictadores no ven con buenos ojos a los humoristas. En los chistes y bromas, la libertad de expresión no puede ser algo absoluto e incuestionable, ya que hay valores y sensibilidades que deben ser respetados; hay leyes y reglamentos que deben observarse, asumiendo siempre la responsabilidad de los propios actos. El humor ha de mover a la

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mejorado la calidad de vida de la gente. La técnica ha modernizado la industria y las máquinas han llegado a sustituir a las personas. La informática ha revolucionado la sociedad. Los cambios son muchos y muy rápidos; todo parece perder actualidad con una velocidad impresionante.

Pero a pesar del enorme desarrollo de la inteligencia, puesta al servicio del bienestar material de la humanidad, tenemos la sensación de que hay un gran vacío en el interior de la gente. Hay frialdad y rigidez en las relaciones humanas. En un mismo edificio, las personas no se saludan ni se conocen. En la calle y en el transporte público los individuos se cruzan, comparten el mismo espacio y se tocan accidentalmente, pero no se miran ni se saludan. La sensibilidad se ha ido perdiendo en esta jungla de asfalto y hormigón.

Curiosamente, las personas más formales, más aburridas y serias son las que nos dan más ganas de reír. ¡Y ellas piensan que la alegría, el humor, el optimismo, el entusiasmo y la risa son manifestación de superficialidad y de falta de seriedad! Por desgracia, las personas que ocupan cargos elevados suelen tener un semblante serio, aunque no siempre son íntegras, honestas y responsables.

Cuando se analizan los componentes fundamentales del humor, se ve cómo su esencia tiene elementos de verdad, bondad y belleza. Esta combinación convierte el humor en un producto sano y saludable, donde la falsedad se convierte en autenticidad, los ambientes tensos y conflictivos se oxigenan y, cuando todo se pone feo, el humor crea y estimula el brillo de la sonrisa.

Martin Grotjahn dice que «el humor y la sonrisa se perfeccionan e integran en los estadios finales del desarrollo humano», es decir, cuando se ha acumulado humanidad e indulgencia en relación con todo lo que somos y lo que nos rodea. El humor quiere el bien de la gente y evita al máximo los posibles efectos colaterales negativos. El escozor del humor es como el del alcohol en una herida: desinfecta y cura.

José Luis Martín Descalzo nos dice que cuando la persona consigue estar en paz consigo misma, también consigue el sentido del humor. El humor se perfecciona en las fases finales del desarrollo humano. «Humor» no es sinónimo de «gracioso» o «cómico». El humor no provoca carcajadas, pero sí sonrisas. El humor sabe burlarse un poco de quien ama; reírse de las propias limitaciones, pero sin amargura; reírse un poco de las limitaciones del prójimo, pero con indulgencia. El humor no hace daño. No pretende agredir, sino que ayuda a reflexionar.

Tenemos que apasionarnos por la vida, tenemos que vivirla con entusiasmo y alegría. Debemos superar la amargura y el aburrimiento y seducir y contagiar a los que se cruzan con nosotros, pues no basta con ser agradable, también hace falta ser simpático. Recuerdo ese cartel que anda por ahí, en el que un niño está de rodillas rezando junto a la cama y le pide a Dios que los malos sean buenos y los buenos sean simpáticos.

Hay personas que se lamentan de las dificultades, de los obstáculos, de la adversidad y se resignan fácilmente. El humor puede considerarse una vitamina esencial para afrontar con confianza, espontaneidad y alegría el trabajo y las vicisitudes de la vida cotidiana. Da un sentido más positivo y auténtico a la vida, nos brinda una perspectiva diferente de los problemas. El humor podría ser una especie de referente metodológico

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para vivir la vida en serio.

Es innegable que se aprende mucho más y mucho mejor en un ambiente familiar, jovial y alegre. Una broma o un chiste pueden captar la atención, crear un contexto más relajado, romper el hielo, despertar interés. Incluso lo que no atrae especialmente, adquiere un nuevo valor con el sentido del humor. El mundo y la vida sin la risa son más tristes e inhumanos. La falta de humor es un grave crimen que contribuye a la deshumanización de la sociedad.

El homo sapiens y el homo faber son importantes, pero no podemos olvidar el homo ludens y el homo ridens a la hora de vivir la vida con la seriedad necesaria y apropiada. Tal vez sería conveniente –y muy útil– que hubiera una asignatura de «humor» en el colegio, o que políticos y profesores tuvieran que hacer un máster titulado «La importancia del humor», o que se creara un «Sindicato del Humor».

El humor es revolucionario porque desarma a los adversarios y enemigos. Si el revolucionario tuviera buen gusto e inteligencia, en lugar de denigrar a sus oponentes con encendidos discursos llenos de veneno destructivo, obtendría mucho más proponiendo sus ideales con amabilidad, con una sonrisa en el rostro y con una pizquita de humor.

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La broma es una buena medicina

as bromas, los juegos, son esenciales para el aprendizaje y para establecer relaciones sociales. Tenemos que reír y jugar para interactuar como individuos con el grupo social. Las bromas y juegos son parte decisiva en la formación del carácter.

El científico Jaak Panksepp llegó a la conclusión de que los juegos son una necesidad básica compartida entre las distintas especies y constituye una manera de ejercitarse en los roles de dominación y sumisión, de manera no violenta, entre los miembros de un mismo grupo social. De modo que los chistes, las bromas y la risa representan una especie de competición entre individuos de la misma especie y del mismo grupo social.

Según el mismo científico de la facultad de Ohio, la risa, las bromas y el juego son elementos vitales en el repertorio conductual del ser humano, y afirma que «la risa y la alegría no solo estimulan el cerebro sino que también activan el espíritu humano. Se trata de sistemas que nos permiten ser bromistas, construir estructuras sociales estables y mantener unidas a criaturas que hacen lo que tienen que hacer en el mundo. Si otras personas interactúan como nosotros de manera positiva y respetamos sus sentimientos, entonces tendremos un mundo mejor».

Las investigaciones del psiquiatra William Fry llevan a la conclusión de que los pacientes necesitan menos medicamentos para el dolor después de que se han convertido en personas divertidas y con buen humor. Los estudios demuestran que la risa libera óxido nítrico, conocido por dilatar los vasos sanguíneos, lo que lo convierte en un excelente aliado del corazón.

Pensar en positivo y bromear puede ayudar a sentirse mejor. Hay estudios que muestran que el dolor de cabeza, las molestias de espalda, los problemas de corazón o problemas alérgicos pueden ser influidos por nuestras emociones y por los niveles de estrés. En 1988 Peterson, Seligman y Vaillant concluyeron, tras unas investigaciones realizadas con 268 hombres, que los más optimistas y divertidos estaban más sanos y que las personas optimistas viven más tiempo.

La psicóloga Leslie Kamen-Siegel también concluyó que existe una relación entre el optimismo y el funcionamiento del sistema inmunológico. Everson y algunos de sus colegas también encontraron que el optimismo es una herramienta que puede prevenir o curar la depresión.

En la actualidad, hay experiencias muy positivas con los llamados «médicos payasos» y «payasos de hospital» que, a través del humor, estimulan un estado de ánimo alegre entre los pacientes, ayudan de manera decisiva en la humanización del ambiente hospitalario y son una valiosa ayuda en la recuperación más rápida de los enfermos.

La alegría y el espíritu lúdico alivian la tensión porque la risa puede reducir el estrés y la ansiedad, y puede aliviar el dolor, creando sensaciones de bienestar. También disminuye la presión arterial mediante el aumento de la frecuencia cardíaca y la vasodilatación de las arterias, lo que provoca una bajada de tensión muy beneficiosa para los hipertensos. Al reír, también aumenta la cantidad de oxígeno que llega a los

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Tomarse la risa en serio

n la especie humana, reír es un fenómeno universal: es algo que hacemos con normalidad. Reímos con cierta regularidad, en circunstancias muy diferentes, pero no controlamos conscientemente la risa. La risa tiene la virtud de desarmar a la gente, de construir puentes y facilitar una relación agradable.

Es un elemento importante en la biología del comportamiento humano e incluso reviste aspectos interesantes para la supervivencia. Necesitamos la risa y las bromas como forma de interacción en el grupo social en el que estamos. Aunque la risa humana tiene características muy específicas, es un reflejo primitivo que compartimos con algunos animales.

La risa tiene una función comunicativa. Funciona como un mensaje que enviamos a otros, diciéndoles que estamos dispuestos para una relación amistosa, mostrándoles que somos pacíficos y queremos ser felices y hacer felices a los demás. Es como si el acto de reír produjera un efecto positivo en los contactos sociales.

En primer lugar, es importante saber reírse de uno mismo. El arte de reírse de sí mismo no se enseña ni se aprende de manera sistemática y reglada en ninguna escuela. Pero es esencial para evitar dos grandes tentaciones existenciales: el culto narcisista de nosotros mismos y el odio pesimista a nosotros mismos. Tal vez la inmensa mayoría de las personas cae en estas tentaciones.

Los famosos, los poderosos y los personajes públicos tienden a idolatrarse a sí mismos. Pero también están los seres humanos amargados, serios y de mal humor, que creen que todo está en su contra, que nada les sale bien; son gente decepcionada con los demás y con la vida.

Aceptarse y amarse a sí mismo es un reto tan difícil y, al mismo tiempo, tan emocionante como aceptar y amar a los demás. Los que odian a los demás tal vez también se odien a sí mismos y no se gusten. El arte de reírse de uno mismo es un arma inteligente que puede hacer maravillas por nosotros, por los demás y por la humanidad.

Es importante saber que nada es definitivo, que siempre estamos haciendo camino y que todo puede ir a mejor. Tal vez deberíamos pedir a Dios que nos dé la mente y el corazón de un soñador, un idealista, un optimista y un cómico. Aunque al final de cada día descubramos, una vez más, que hemos logrado poco y que seguimos siendo unos niños con la cabeza llena de utopías. Y reírnos de nosotros mismos.

Robert Provine, en sus estudios, concluye que el 80% de nuestras risas no tienen nada que ver con el humor. Reímos especialmente en situaciones sociales, en momentos de felicidad, placer y en el juego, pero también en otras situaciones para mitigar la hostilidad y la agresividad y para aliviar tensiones.

Dicen que el poeta Samuel Rogers, si quería que la gente riera cuando contaba sus historias en una tertulia, se servía de una estratagema de la que estaba muy orgulloso. Decía que, cada vez que contaba estas historias, se daba cuenta de que las personas inteligentes captaban su belleza y sutileza, mientras que las personas más obtusas y

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necias no les encontraban la gracia. Por supuesto, ante esta ocurrencia, todos los presentes se reían mucho, aunque pensaran que la cosa no tenía ninguna gracia.

Sonreír no es lo mismo que reír. Erasmo de Rotterdam pensaba que «reírse de todo es cosa de necios, pero no reírse de nada es propio de estúpidos». Reír por todo y por nada puede ser síntoma de un desequilibrio psíquico. Ya el saber popular afirma que «mucha risa, poco seso». A pesar de ello, en el siglo XVIII Chamfort afirma: «el día peor empleado es aquel en el que no se ha reído». Lina Wertmüller decía: «Desconfío que los que no se ríen, primero de sí mismos y luego de los demás. Desconfío de los que se toman muy en serio a sí mismos».

El actor Robin Williams en la película Patch Adams interpreta a un estudiante de medicina que descubre la importancia del humor para el éxito de las relaciones humanas y la curación de los enfermos. Para él, el humor es la mejor medicina y está dispuesto a llevar alegría a los pacientes del hospital de las formas más extravagantes, a pesar que esto le pueda traer serias dificultades.

Dice un proverbio latino Ridendo castigat mores, es decir, «enmienda las costumbres riendo». Incluso con bromas, se pueden dar lecciones de moral, transmitir mensajes o indirectas. El sentido del humor es una de las características de la personalidad adulta. La risa es beneficiosa tanto física como psíquicamente. Reduce la agresividad y proporciona paz al espíritu. Y como la «tristeza no paga deudas», sonreír ante la vida y ante sus dificultades puede convertirse en camino de felicidad.

La risa es tan importante para el estado de ánimo de la persona que alguien escribió aquello de «un santo triste es un triste santo». Una carcajada sana y sincera proporciona una buena ración de alimento para el alma. Un proverbio japonés dice que «el tiempo que se pasa riendo es tiempo que se pasa con los dioses».

El estudio de la risa puede ayudarnos a conocer lo más íntimo y profundo del ser humano. La gente escoge las actitudes y comportamientos que quiere tener delante de los demás en la sociedad. El ser humano tiene una tendencia innata a preocuparse por la imagen que quiere proyectar. La risa ante una broma o una situación cómica caracteriza muy bien la espontaneidad profunda de la persona, revelando cómo es interiormente.

Ya sabemos, por supuesto, que una cosa es la sonrisa y otra la risa. Pero reír no implica necesariamente hacerlo a carcajadas. Los locos se ríen mucho y sonríen poco. Pero hay gente a la que no gusta –ni quiere– esbozar una simple sonrisa y dosifica estrictamente su simpatía. Esto no parece saludable ni parece síntoma de serenidad, confianza y paz de espíritu. Cuando la persona está bien por dentro, también se manifiesta hacia fuera. Es algo inevitable.

Por otro lado, por temor a que nos suceda algo inesperado y porque somos un tanto pesimistas, en ocasiones olvidamos –o no queremos– reírnos de la vida. Parece que, si reímos demasiado, nos puede suceder alguna desgracia: «Me estoy riendo tanto, que seguro que va a pasar algo malo». ¡A veces somos ridículamente patéticos!

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La filosofía de la risa

lama la atención la diversidad de causas, circunstancias y objetos de la risa. Principalmente porque no encontramos una explicación evidente de su función. Aunque esto no ha desanimado a pensadores e investigadores.

Hobbes admitía que la pasión de la risa es «un súbito sentimiento de triunfo que nace de la concepción repentina de alguna superioridad en nosotros en comparación con la inferioridad»[4]

. Hutcheson critica el egoísmo de esta explicación, que identifica el humor con la percepción de una incongruencia, aunque no aclara si se trata de una condición necesaria ni suficiente de la comicidad[5]

. Schopenhauer también identifica la incongruencia como algo que subyace en la risa.

Bain sostiene que «lo lúdico ocurre cuando se degrada a alguien o algún interés personal que posee dignidad en circunstancias que no producen otra emoción fuerte»[6]

. Kant pone el acento en el factor inesperado, diciendo que la risa es «un afecto que se eleva de la transformación repentina de una expectativa reducida a la nada»[7]

.

H. Bergson dice: «Fuera de lo que es propiamente humano, no hay nada cómico. [...] Muchos han definido al hombre como “un animal que ríe”. Habrían podido definirle también como “un animal que hace reír”, porque si algún otro animal o cualquier cosa inanimada produce la risa, es siempre por su semejanza con el hombre, por la marca impresa por el hombre o por el uso hecho por el hombre». Habla de la comedia como una defensa contra las cualidades automáticas y desarticuladas que ofenden a la espontaneidad esencial de la vida[8]

.

Desde el punto de vista de Hobbes, Bain y Bergson, el insulto a la razón, e incluso a la gente, puede ser divertido. Véase el humor de cómicos como Jacques Tati o Charlie Chaplin.

Verena Alberti afirma que «el estudio de la risa en el pensamiento del siglo XX permite constatar algunas recurrencias interesantes. La principal es una especie de leitmotiv presente en textos de proveniencia distinta y con diferentes objetivos, que se puede resumir de la siguiente manera: la risa comparte, con realidades como el juego, el arte, el inconsciente, etc., el espacio de lo indecible, lo imprevisible, algo necesario para que el pensamiento serio se desprenda de dicho espacio; la risa se convierte en el buque insignia de un movimiento de rescate del pensamiento, como si la filosofía no pudiera establecerse fuera de ella»[9]

.

La capacidad de hacer un chiste en un momento dado puede tener una función social, pues detecta y disipa potenciales conflictos. En lugar de resolver un problema o conflicto en un momento de tensión, es mejor tener la habilidad de anticiparse a los acontecimientos con una frase divertida, oportuna y llena de buen humor. Por supuesto, el mal humor puede llevar también a marginar a alguien mediante la burla y la ridiculización o por la negativa a tomarles en serio.

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– La alegría es lo más serio del mundo (Almada Negreiros).

– Me dormí y soñé que la vida era solo alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Serví y vi que el servicio es alegría (R. Tagore).

– Vivimos en una sociedad sin alegría y sin amor. Creo que sin alegría y sin amor el hombre no puede vivir (E. Fromm).

– El hombre es el único animal que ríe (Aristóteles).

– El buen humor proporciona más felicidad que todas las riquezas del mundo (Montapert).

– Si queréis que la vida os sonría, dadle primero vuestro buen humor (Espinoza). – Aquellos que logran que sus compañeros rían, merecen el paraíso (Corán). – Ningún hombre puede vivir sin alegría (Quincey).

– Si no encuentras la alegría aquí en la tierra, búscala más allá de las estrellas (Schiller). – Dónde hay más alegría hay más verdad (Paul Claudel).

– Creería en su Salvador, si viera a los cristianos con caras más alegres (Nietzsche). – La alegría es un culto debido a Dios (P. Bernardot).

– La señal distintiva de aquellos que llegan al perfecto amor de Dios es una alegría habitual, ingenua, tan particular, tan constante y tan llena de sencillez y abandono que los mundanos no la entienden (santo Tomás de Aquino).

– No me gustan los que nunca se ríen, no son gente seria (Chopin).

– La prueba más evidente de sentido común es el optimismo permanente (F. Schiller). – En el hombre auténtico se esconde un niño que quiere jugar (Nietzsche).

– Si alguien está demasiado cansado para darte una sonrisa, dale tú la tuya (Proverbio chino).

– La risa y el humor alivian. Reducen las tensiones y las lágrimas. Liberan de la seriedad abrumadora y plomiza de los problemas, de la atmósfera sofocante de la vida diaria. La risa y el humor dan paso a una vida de alegrías imprevisibles (Philip Bosmans).

– Los niños, los pobres, todos los que sufren y están solos, regalan siempre una sonrisa feliz. No les proporcionéis solo vuestros cuidados, sino también vuestro corazón (Madre Teresa).

– En todo el mundo los hombres se sentirán despertados a una viva esperanza, que es don del Espíritu Santo, para que, por fin, llegada la hora, sean recibidos en la paz y en la suma bienaventuranza en la patria que brillará con la gloria del Seño (Gaudium et spes, 93).

– El mundo es de los optimistas. Los pesimistas son meros espectadores (F. Guizot). – Hace falta el optimismo de una bellota para vivir con la esperanza de llegar a producir

un roble (Baden-Powell).

– La alegría es el secreto gigantesco del cristiano (Chesterton). – La alegría es el verdadero secreto del cristiano (Pascal).

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destruye (Jean Guitton).

– Que las comunidades cristianas se vuelvan lugares de optimismo, donde todos se empeñen con decisión en discernir los aspectos positivos de las personas y los acontecimientos (Pablo VI).

– El humor pertenece a los estadios superiores del proceso de humanización (Martin Grostjahn).

– Amigos míos, no le pidáis a Dios dinero, éxito o poder. Pedidle lo único importante: la alegría (Dostoievski).

– Por lo general, los hombres risueños son limpios de corazón (Rubén Darío). – El día peor empleado es aquel en el que no se ha reído (Chamfort).

– Un santo triste es un triste santo (santa Teresa).

– ¿Qué es un día perdido? Un día en el que no te rías. Reírse libera. El humor relaja. Reírse de uno mismo es el mejor cosmético para el exterior y el mejor remedio para el interior. El humor da sensibilidad para poder apreciar los hechos según su importancia (Philip Bosmans).

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La risa en los dichos populares

Reír

– Ríe con el que ríe y llora con los que lloran. – Quien ríe el último ríe mejor.

– De marzo a abril no hay que reír.

– Lágrimas en los ojos, risas en el corazón. – Aprende llorando y reirás ganando. – Todo el mundo es serio, hasta que se ríe. – Hasta el diablo se ríe.

– Boca de mucha risa, cabeza de poco seso.

– Niño que no se ríe en un mes, o es tonto o lo quiere hacer ver. – Ande yo caliente y ríase la gente.

– Hacerlas reír para mejor hacerlas caer. – Quién ríe solo, de sus maldades se acuerda.

– Riendo, riendo, muchas verdades se van diciendo. – Muchas risas, poca sabiduría.

– Nadie ría del mal del vecino, que el suyo ya viene de camino. – La risa es la mejor medicina.

– Se ríe el andrajoso del harapiento y el sucio del mal lavado. – Solo se ríe de las cicatrices el que nunca se ha herido.

Sonrisa

– El hombre que no sabe sonreír no debe abrir una tienda. – Sonríe a la vida y la vida te sonreirá.

– En cualquier situación, la ventaja está del lado del que sonríe. – Más vale negar sonriendo que conceder gruñendo.

Alegría

– El que alegre se levanta, todo el día canta. – Bolsa llena, corazón alegre.

– Un rostro alegre conquista voluntades. – Más vale un feo alegre que un guapo tristón. – El buen vino alegra el corazón del hombre. – Noches alegres, mañanas tristes.

– El hombre pobre con poco se alegra. – Barriga llena, alegría en el rostro.

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Bromas, juegos, diversión

– Solo trabajar, sin nunca bromear, embrutecido vas a quedar. – En broma, se dicen muchas verdades.

– El amor y el niño empiezan jugando y terminan llorando. – Estar jugando con fuego.

– El que con fuego juega, a quemarse se arriesga. – El ganado nuevo siempre quiere jugar.

– Quien juega con amenazas, poco aprieta sus mordazas.

Llanto y dolor

– Tristezas no pagan las deudas.

– No sirve llorar después de derramar la leche. – Nada seca más rápido que las lágrimas.

– Tan difícil es que el tonto calle, como que el serio hable. – Desconfía de hombre que no habla y de perro que no ladra. – Es mejor llorar con los sabios que reír con los necios. – La mujer ríe cuando puede y llora cuando quiere. – Es como el burro de noria, que tanto ríe como llora. – Llorar con un ojo y reír con otro.

– Más vale alegría con medio pan, que tristeza con faisán.

Cantar

– Donde lloran, tú no cantes.

– Canta, canta, que pronto llorarás.

– El que canta sus males espanta; y el que llora los agranda. – El que canta antes de almorzar o es tonto o se quiere casar. – Quien canta antes del almuerzo, llora sin ver el sol puesto.

Gracias

– Mejor caer en gracia que ser gracioso.

– Es mejor perder una broma, que perder un amigo. – La gracia de las feas, las guapas la desean.

– Más vale negar con gracia que dar con grosería.

Actitudes

– Por la apariencia se sabe quién va en el carruaje. – Quien solo ve caras no ve corazones.

– Mañana será otro día...

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– Se cazan más moscas con miel que con hiel. – No se atrapan moscas con vinagre.

Fiesta

– Quien quiere ir de fiesta, le suda la testa.

– Hacer fiesta y echar los cohetes [*reírse uno de sus propias gracias y dichos]. – En la cara y en los ojos se ve la intención del corazón.

– En carnaval, nadie se lleva mal. – Corazón contento, fiesta permanente. – Nadie está contento con su suerte.

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II.

El buen humor

como actitud del cristiano

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D

Por «humor» de Dios

ecían que eras distante, terrible y serio señor;

siempre de muy mal humor, con un infierno gigante.

Ríes de nuestro temor, de nuestra angustia y del miedo con los que siempre te vemos, aunque eres gozo y amor.

Nos creaste con bondad y sellando tu alianza

nos regalaste amistad.

Con buen humor y esperanza, olvidas nuestra maldad

Figure

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