P á g i n a 1

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Índice

Portada Ilustraciones

Prólogo: El Rey Demonio consternado

Capítulo Uno: La Frenética Búsqueda de Regalos del Rey Demonio Capítulo Dos: Manos pequeñas, regalos grandes

Capítulo Tres: La noche es corta, quédate conmigo chica

Capítulo Cuatro: El Rey Demonio se mete en el espíritu festivo Capítulo Cinco: Un peligro inesperado

Epílogo: Calidez Palabras del Autor

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Prólogo: El Rey Demonio consternado

Lindas risitas escaparon del solitario dormitorio de la gran casa de dos pisos en las afueras de Garaat. Llenaban la tranquila y estrellada noche cuando el bosque cercano se fue a dormir, cuando sólo se debería haber oído el crujido de las hojas y la orquesta de grillos y cigarras. Las niñas Scarlett deberían haberse dormido hace mucho tiempo, pero esta noche era diferente a la mayoría.

—¡Ota vez! ¡Haz vuelta ota vez!

—Realmente te encanta este baile, ¿eh? ¡Muy bien, ya voy! ¿Lista, Bram? —¡Hagámoslo! Sostén mi mano fuerte, ¿sí?

Las chicas se estaban divirtiendo bajo la suave luz de la lámpara del dormitorio. Mirándolas con una mirada suave estaba un joven de pelo blanco y ojos rojos, Anima.

—¡Aquí va!

—Hora de la vuelta, ¿sí? —¡Kyajaja! ¡Qué divertido!

Su hija mayor, Myuke; su hija del medio, Bram; y su hija menor, Marie. El simple hecho de cuidarlas era suficiente para poner una sonrisa en su cara. Su único deseo era seguir cuidándolas, siempre y para siempre. Desafortunadamente, sin embargo, la vida no era tan amable.

Luina le había pedido que acostara a las niñas mientras ella se cepillaba el pelo. Ella era su esposa, y él había jurado hacer todo lo que esta le pidiera. Lo había jurado, pero se encontró enamorado de las sonrisas inocentes y las risas alegres de las chicas. Todas las cosas buenas deben llegar a su fin. Anima comprendió que las chicas estaban emocionadas porque el día siguiente era importante, pero, sin embargo, era hora de que descansaran. Si no lo hacían, la falta de sueño podía suponer una amenaza para sus cuerpos en crecimiento. Por el bien de ellas, tenía que soportar el dolor y llevarlas a la cama.

—Bien, chicas. Es hora de ir a la ca… —¡Papi, ven a jugar!

—¡Por supuesto! ¿A qué vamos a jugar?

Se rompió. Su resolución fue borrada por una sola petición. No podía decir que no a la adorable Marie que le pedía que jugara con ella. Tomó su pequeña mano, Myuke tomó la otra, y justo cuando empezaron a bailar, la puerta del dormitorio se abrió.

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Una hermosa mujer con cabello azul liso y suaves ojos azules entró en la habitación. La esposa de Anima, Luina, había entrado para descubrir a su marido jugando con sus hijas en lugar de llevarlas a la cama como había prometido. Al verlo, ella simplemente sonrió.

—Lo siento, —dijo Anima con una mirada de disculpa—. No pude cumplir mi promesa. Quería acostarlas, de verdad, pero…

—Está bien. No estoy enojada.

—¿No lo estás? ¿Por qué? Tienes todo el derecho a estarlo; no cumplí mi promesa.

—Aprecio lo mucho que amas a las chicas, —contestó, todavía sonriendo—. Me hace muy feliz saber que siempre estás tan dispuesto a jugar con ellas. No quiero que eso cambie nunca.

—No lo hará. Siempre estaré aquí.

El tiempo que pasaba con su familia era más valioso para Anima que cualquier otra cosa, así que era una promesa que definitivamente cumpliría.

—¡Mami, juega también!

—¡Me encantaría! Pero esta es la última vez, ¿de acuerdo? —Luina se adelantó y tomó las manos de las chicas. Empezaron a bailar, y después de algunos círculos completos, se detuvieron lentamente—. Eso fue muy divertido.

—¡Uh-huh! ¡Sabes, di muuuuuchas vueltas con Myukey y Brum! —Me alegro de que hayas podido jugar tanto con ellas.

—Eres una chica afortunada por tener hermanas tan amables.

En respuesta a la declaración de Anima, Bram orgullosamente hinchó el pecho, su cabello grueso y plateado revoloteando mientras lo hacía.

—Vamos, déjame oír esos cumplidos, ¿sí?

—¿Qué tal si muestras algo de humildad en su lugar? —Myuke comentó cansada, a lo que Bram respondió con una sonrisa descarada.

—¿Quién, yo? Tú eres la que está ahí de pie toda roja e inquieta, ¿sí? —¡No-No lo estoy!

—Sí que lo estás, ¿sí?

—¡Nuh-uh! ¡¿Qué parte de “no lo estoy” no entiendes?! —¡Uh-oh, está enfadada! ¡Me voy a la cama ahora, ¿sí?!

—¡No te alejarás de mí! ¡Te haré pagar por incordiar a tu hermana mayor! Myuke saltó a la cama tras Bram y empezó a hacerle cosquillas. Ambas parecían estar disfrutando de su pequeña pelea.

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—¡Yo también! ¡Yo también!

Marie se arrastró hasta la cama para jugar con sus hermanas. —Ven aquí primero, —le dijo Luina—. Deja que te peine. —¡De acuerdo!

Su cabello se había despeinado de tanto jugar justo después de salir de la bañera. Por suerte, a ella le gustaba que Luina la peinara tanto como le gustaba jugar con sus hermanas, así que felizmente se dio la vuelta y se le acercó.

—¡Se siente bien! —le arrulló con una sonrisa de satisfacción. El suave cepillo que se deslizaba suavemente por su pelo parecía acariciar su cabeza.

—¡Ya está, todo listo! —¿Estoy linda ahora?

—Muy bonita, como una niña grande. Marie se puso a sonreír.

—¡Soy una chica grande!

Se apresuró a reportar la noticia de última hora a Anima, quien gentilmente le acarició la cabeza y confirmó que era una chica grande. La razón de su emoción era también lo que hacía que el día siguiente fuera tan importante: era el cumpleaños de Marie. Cuando se despertara a la mañana siguiente, tendría cuatro años.

Ella había crecido mucho desde la primera vez que Anima la conoció. Además, su forma de hablar se había vuelto mucho más clara, aunque todavía había palabras que no podía pronunciar correctamente. De hecho, le asustaba un poco ver lo rápido que estaba creciendo. Si no se detenía pronto, iba a crecer, casarse y el fatídico día en que se apartara del lado de Anima llegaría antes de que tuviera tiempo de parpadear.

Era un futuro triste por venir, pero su sombra no eclipsaba la felicidad de verla crecer. La espera de que llegara el día siguiente le llenaba de emoción. Después de todo, él y su familia iban a celebrar la ocasión dándole a Marie una fiesta de cumpleaños.

Una fiesta de cumpleaños, ¿eh? Qué idea tan maravillosa.

No había ninguna tradición de celebrar cumpleaños en el mundo de Anima, y aunque la hubiera habido, ni un alma habría celebrado el cumpleaños del tiránico Rey Demonio. En todo caso, el día en que él muriera habría sido nombrado un día festivo mundial. De hecho, había vivido la mitad de su vida sin nadie que se considerara feliz por su cumpleaños.

Pero las cosas habían cambiado. Había encontrado una familia que lo amaba, y no iba a dejar pasar la oportunidad de celebrar el cumpleaños de su amada hija. Iba

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a hacer que el cuarto cumpleaños de Marie fuera memorable, sin importar lo que costara.

—¡Quieo juga más! —Marie cantó justo cuando él hizo ese voto silencioso. Al oír eso, Bram se levantó en la cama.

—Yo también quiero jugar, pero ahora tenemos que dormir, —le dijo Bram— . No queremos que te quedes dormida en medio de tu fiesta mañana, ¿sí?

—Así es, —añadió Myuke—. ¿Qué pasa si decides echarte una siesta y accidentalmente te duermes? ¡Te perderás todos tus regalos! Y quieres regalos, ¿no?

—¡Si quieeo!

—¿Entonces serás una buena chica y te irás a dormir? —¡Uh-huh! ¡Me voy a momir! ¡Mira!

Luina y las chicas observaron cómo se acurrucaba rápidamente bajo las sábanas y ponía su cabeza en la almohada, y luego la elogiaron con un gran aplauso. —¡Mírate, ya eres capaz de arroparte sola! —Luina elogió—. Sabes, Marie, te tengo un regalo por ser una chica tan buena e inteligente.

—¡No te preocupes, yo tengo algo para ti también! —Está bien estar emocionada por el mío, ¿sí? —¡Yaaaay! ¡Estoy emocionada!

Escuchándolas, Anima rápidamente se puso pálido.

—¿Estás bien, Anima? —Luina preguntó—. Pareces enfermo. —Estoy bien.

—¿Estás seguro?

—Completamente. No puedo enfermarme.

Le sonrió suavemente, pero en el fondo, le entraba el pánico como nunca antes lo había hecho.

¿Regalos? ¡¿Qué regalos?! ¡Yo no tengo ningún regalo! Él nunca se había

enterado de que se suponía que ella iba a recibir sus regalos, y la fiesta era peligrosamente pronto. Su mente se aceleró; no podía irse a la cama por la noche sin antes asegurar un regalo para Marie. Tengo que conseguir algo para ella, ¡y pronto!

¡¿Pero qué debo conseguir?!

Tenía que evitar decepcionar a Marie a toda costa. Herirla era algo que simplemente no podía permitirse hacer. Quería desesperadamente averiguar lo que todas habían conseguido para ella, pero preguntarles directamente no era posible. Si lo hiciera, o peor aún, si apareciera con las manos vacías, su fracaso como padre sería revelado al mundo.

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“¿Papi me odia?”

No quiero eso…

Él había ido hasta la capital y se encontró con el rey para obtener el perdón por su encuentro con Malshan. Le había costado una cantidad increíble de trabajo, pero al final, no había nada que se interpusiera en el camino de una vida pacífica con su amada familia, y no iba a perderla. Tenía que darle a Marie un regalo, algo que la hiciera feliz. ¿Pero qué podría encontrar en tan poco tiempo?

No hay nada que pueda hacer al respecto ahora; tengo que ir a la cama.

Por muy doloroso que fuera, tenía que dormirse enseguida, para que no ocurriera lo peor. Si se quedaba dormido, perdería la oportunidad de actuar antes de la fiesta.

—Buenas noches a todas. —¡Nos vemos!

—Duerman bien, ¿sí? —¡Buenas noches! —Sí-Sí. Buenas noches.

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Capítulo Uno: La Frenética Búsqueda de

Regalos del Rey Demonio

Anima se encontró envuelto en un velo de oscuridad. En él, no había fuentes de luz, ni sonidos, nada. ¿Qué estaba haciendo en tal lugar? Ni siquiera él podía recordar.

—Ah, por supuesto. ¿Cómo podría haberlo olvidado?

Abriendo la puerta que lo llevaría a su objetivo, se dirigió a Garaat en busca de un regalo de cumpleaños para Marie. Lo que se suponía que era un recado rápido, sin embargo, llevó más tiempo del esperado. Aun así, no dejó que le molestara. Había encontrado el regalo perfecto, y cuando finalmente llegó a casa con él, fue recibido por el golpeteo de pequeñas pisadas que trotaban en su camino.

—¡Papi en casa!

Anima sonrió cuando la pequeña Marie se acercó a darle la bienvenida. Era su cumpleaños, así que, para celebrarlo, llevaba un hermoso vestido y una corona de dientes de león. Parecía una princesa.

—Estoy en casa, Marie.

Le acarició la cabeza, con cuidado de no desmenuzar su corona, y le respondió con una adorable risa. Siguiéndola, Luina y las chicas salieron también a la entrada.

—Bienvenido, Anima.

—¿Por qué tardaste tanto? Nos estábamos preocupando mucho, ¿sí? —¿A dónde fuiste?

—A dar un paseo.

No quiso arriesgarse a que descubrieran que había tomado hasta el último minuto para conseguir un regalo para Marie. Es cierto que había olvidado lo que había comprado, pero el bulto en su bolsillo era suficiente para recordarle que seguro que ella estaría extasiada cuando lo viera. No podía esperar a ver la enorme sonrisa que pondría en su cara.

—¡Papi, mia! ¡Decibí este ‘egalo!

Marie le presentó con orgullo una caja. Estaba decorada con varias piedras brillantes, dándole el aspecto de un joyero.

—Deberías haber visto a Marie sonreír cuando recibió eso. —Ella estaba súper emocionada por mostrártelo, ¿sí?

—Eres una chica muy afortunada de tener hermanas tan cariñosas. —¡Uh-huh! ¡Amo mucho a mis hemanas!

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La radiante sonrisa de Marie hizo que su casa fuera más brillante, pero también dio lugar a un nuevo tipo de preocupación en el corazón de Anima. Se las arregló para asegurarle un regalo, pero ¿y si no le gustaba? El pensamiento de que podría arruinar el alegre cumpleaños de su angelito le daba escalofríos.

—Ahora bien, Anima, estoy tan feliz de que hayas vuelto. Marie ha estado tratando de adivinar qué le regalarías toda la mañana. Está muy emocionada.

—¡Estoy emocionada!

—Es de Papi; ¡estoy segura de que será increíble! —Te va a volar la cabeza, ¿sí?

En todo caso, las expectativas que tenían por su regalo estaban volando su cabeza. Él sólo podía esperar que el regalo, y él, fueran capaces de cumplir esas expectativas.

—Ah, ¿pero por qué nos quedamos parados? ¡Vamos a comer!

Las chicas tomaron las manos de Anima y lo arrastraron al comedor. La mesa ya estaba puesta, pero los platos estaban vacíos. Tampoco había ningún olor delicioso que llegara de la cocina.

—¿No has empezado a hacer el desayuno?

—Todavía no, no. Es más sabroso cuando está recién salido de la sartén, así que quise esperar hasta que llegaras a casa.

—Bueno, ahora que estoy en casa, déjame ayudar.

—Aprecio el gesto, pero creo que deberías empezar por darle a Marie su regalo.

—¡Definitivamente! Eres el único que no le ha dado un regalo todavía. —Desayunaremos después de eso, ¿sí?

—Apuesto a que estás emocionada por ver lo que Papi te consiguió, ¿eh, Marie?

—¡Estoy emocionada!

Mientras Marie lo miraba con estrellas en los ojos, la presión sobre Anima para cumplir con las expectativas de todas se hizo más y más inmensa. Los ojos de las chicas comenzaron a fijarse en él, enviando su nivel de ansiedad a través del techo. Para no preocupar a las chicas, se agachó, haciendo lo posible por mantener la cara seria.

—Quiero saber qué le has comprado, ¿sí? —¡Vamos, muéstranos!

En medio de toda la presión, metió la mano en su bolsillo y sacó… nada. —De ninguna manera…

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Anima se congeló. Su bolsillo estaba vacío. El regalo que había ido a comprar a Garaat había desaparecido. La única explicación que se le ocurrió fue que se le había caído en algún lugar después de llegar a casa.

¡No pasa nada! Todo está bien, ¡está en algún lugar de la casa!

Salió corriendo del comedor y recorrió el pasillo con los ojos inyectados en sangre. Pero no estaba en ningún sitio.

—¿Está todo bien, Anima? —Anima se dio la vuelta, girando hacia la voz. Había venido de Luina, que tenía una mirada pesada en su rostro—. No me digas que no tienes nada que darle a Marie. Eso es simplemente cruel.

—Espero que no hayas mentido acerca de comprarle un regalo, ¿sí? —¿No hay ‘egalo?”

Marie lo miró, angustiada. Al ver que ella perdía la esperanza, él entró en pánico.

—¡N-No, sí que tengo tu regalo! ¡Tenía tu regalo! Pe-pero desapareció de mi bolsillo de alguna manera, lo juro…

Vio como las lágrimas comenzaron a acumularse en los pequeños ojos de Marie. Un momento después, comenzaron a correr por sus adorables y redondas mejillas.

—¿No ‘egalo de Papi? ¿Papi me odia?

—No, yo te quiero. Te quiero mucho, y tengo un regalo para ti. ¡Te conseguí el mejor regalo que el dinero puede comprar, créeme! Por favor… ¡Tienes que creerme!

Anima hizo todo lo posible para animarla, pero no sirvió de nada. Sus lágrimas no se secaban.

—¡Papi no me dará ‘egalo! ¡Él me odia!

—Por favor, no llores, mi pequeño ángel. Por favor…

—¡Yo amo a Papi! —Marie, llorando, corrió hacia Luina, quien se agachó, la abrazó fuertemente y luego le frotó suavemente la cabeza—. ¡Yo amo a Papi y Papi me odia!

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Luina le disparó una mirada a Anima.

—¿Qué clase de hombre no le da a su pequeña niña un regalo de cumpleaños? Nunca te daré otro beso.

—¡No voy a bañarme contigo nunca más!

—Ni siquiera intentes meterte en la misma cama que yo, ¿sí? —Por favor…

Las decepcionantes miradas de su amada familia atravesaron su corazón. Se estaba mareando por el dolor. La oscuridad empezó a quitarle la visión, y los sollozos de Marie se volvieron más silenciosos…

◆◆◆ —¡Gh!

Los ojos de Anima se abrieron de golpe. Se levantó de la cama en la que estaba y miró alrededor, estaba en su dormitorio. Estaba tranquilo. Podía escuchar su corazón acelerado. La luz brillaba a través de la ventana, lo que inmediatamente le hizo darse cuenta de que se había quedado dormido. Levantó la mano para limpiarse el sudor de la frente, justo cuando un escalofrío le subió a la columna.

—Una pesadilla…

La idea de hacer llorar a su niña y decepcionar a su familia le aterrorizaba más que nada. Se alegró de que sólo hubiera sido un sueño, pero no podía sofocar su terror, porque ese sueño aún tenía el potencial de convertirse en una siniestra realidad. Tenía que actuar rápidamente si quería evitar ese oscuro futuro.

Tendré que pensar en qué regalarle después de ayudar a Luina con las tareas.

Con ese plan en mente, se levantó, se puso la bata y salió de la habitación. En el momento en que salió, escuchó a alguien trotando hacia él.

—¡Ah! ¡Papi esta despieto!

Los pasos pertenecían a Marie, que corrió hacia Anima y saltó a sus brazos. Él atrapó a la niña y la abrazó suavemente.

—Te has levantado temprano, Marie.

—¡Porque soy una chica grande! Papi, ¿sabes lo grande que soy? —No, ¿qué tan grande eres?

Como si hubiera estado esperando que él hiciera esa pregunta, Marie miró orgullosamente a Anima.

—¡Tengo cuato años!

—Guauuu, ¿ya tienes cuatro años? ¡Realmente eres una niña grande!

Anima apretó las mejillas de Marie mientras una enorme sonrisa crecía en su rostro.

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—¡Ejeje! Sabes, sabes, ¡Mami me dijo que viniera aquí! ¡Me dijo que despertara a Papi!

—Vaya, ¿Mami te confió un trabajo tan importante? Supongo que sólo es apropiado para una chica grande como tú.

—¡Sí! Pero, sabes, yo no te desperté, porque lo hiciste por tu cuenta. ¡Porque eres un chico grande!

Anima sonrió cálidamente mientras Marie le acariciaba la cabeza. —Gracias, Marie, pero tú eres mucho más impresionante que yo. —¿Yo?

—Sí que lo eres. Me despertaste enseguida. —¿Yo? ¿Yo te desperté?

—Seguro que sí. Todavía estaba medio dormido antes de que llegaras, pero ahora estoy bien despierto. Gracias, Marie.

—¡De nada! ¡Ah, desayuno! ¡Vamos a come’ desayuno!

Ella ya era una niña grande, pero a Marie le pareció que los abrazos eran demasiado infantiles, ya que se bajó de los brazos de Anima y lo llevó al comedor. Cuando llegaron, inmediatamente notó que el desayuno estaba listo y esperando para ser comido. Un profundo tazón de madera lleno hasta el borde con una deliciosa sopa de verduras estaba en el centro de la mesa, con un plato de sándwiches de jamón y queso a un lado. Luina presumiblemente seguía trabajando en la cocina, mientras Myuke y Bram, ya en sus asientos, celebraban la llegada de Anima y Marie con aplausos.

—¡Vaya, realmente te las arreglaste para sacar a Papi de la cama! —Sólo las chicas grandes pueden despertarlo, ¿sí?

—¡De nada! —Marie se jactó con suficiencia. Estaba tan orgullosa de sí misma que prácticamente le salió un soplo de vapor por la nariz.

—¿Por qué todavía estabas durmiendo, Anima? —Bram preguntó en un tono preocupado—. Espero que no sea por todas las cosas que haces por aquí, ¿sí?

Bram se había convertido en parte de su familia dos meses antes, pero aún no había llamado a Anima “Papi”. A él no le disgustaba en absoluto, ella estaba claramente preocupada por él, se bañaban juntos y confiaba en él como su padre, ella simplemente no estaba preparada para dar ese paso. No importaba cuánto lo quisiera, Anima sabía que tenía que pensar en sus sentimientos; no iba a forzarla a llamarlo así si no quería. El día en que la magia sucediera vendría de forma natural, así que, hasta entonces, él simplemente la trataría como a su hija y la colmaría de amor, tal y como hacía con Myuke y Marie.

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—Estoy tan saludable como siempre. Tengo toda la energía del mundo. No tienes que preocuparte por nada; podemos seguir jugando juntos tanto como antes.

—¡Woo-hoo! Me encanta jugar afuera contigo, así que es increíble oírlo, ¿sí? Bram no pudo contener su emoción. Sus padres no habían podido jugar fuera con ella debido a su mala salud, así que pasar tiempo en el jardín con su nueva familia era su cosa favorita.

—Buenos días, Anima, —dijo Luina mientras entraba en el comedor. —Buenos días. Siento no haberte ayudado con el desayuno.

—No te preocupes por eso. Siempre ayudas con todo, así que eres más que bienvenido a tomártelo con calma de vez en cuando.

—¡Mami, Mami! ¡Desperté a Papi! —Marie decía alegre, buscando cumplidos. Después de poner la jarra de agua sobre la mesa, Luina acarició su cabeza.

—¡Bien hecho, mi niña grande!

—Marie, dime cuántos años tienes, ¿sí? —¡Um, um, tengo cuato!

Bram sabía exactamente cuántos años tenía Marie, pero también sabía que preguntarle directamente la haría muy feliz. Como prueba, Marie extendió orgullosamente una mano con cuatro dedos extendidos, una amplia sonrisa en su rostro.

Es una hermana maravillosa. Estoy tan orgulloso de ella.

Elogiando en silencio a su hija, Anima se sentó. Él y el resto de su familia hicieron su ritual de antes de comer, y comenzó su desayuno con un bocado de uno de los sándwiches de Luina.

—¿Cómo está? —preguntó ella.

—Increíble. Comer tu comida celestial me hace el hombre más feliz de todo el mundo.

—Oh cielos, ahí vas de nuevo, —dijo, sonrojada, pero sonriendo.

—Ugh, supongo que deberíamos haberlo visto venir ahora que los dos tortolitos están levantados.

—Estamos alcanzando niveles peligrosos de vergüenza ajena aquí. Tómenlo con calma, ¿sí?

Myuke y Bram se burlaban de la pareja con sonrisas juguetonas, lo que sólo hizo que Luina se pusiera aún más roja.

—No hablen con la boca llena. Se morderán la lengua. —Mira cómo se ruboriza.

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—Ella es realmente linda sin importar lo que pase.

—Por favor, dejen de molestarme… —se quejó, pero su sonrisa no se desvanecía.

Enamorado de su bella esposa, deseando poder mirarla hasta el fin de los tiempos, Anima llenó su cuchara con sopa y se la llevó a la boca. Había todo tipo de vegetales en ella, finamente cortados para que no se engancharan en la garganta de Marie. Los suaves sabores de las verduras fueron realzados con un suave condimento, y Luina había añadido un toque de jengibre para unirlo todo. El resultado fue un plato nada menos que extraordinario; una sola cucharada era suficiente para mantener a una persona caliente en las noches más frías.

—¿Cómo está la sopa?

—Está fantástica. Tu sopa siempre es deliciosa, pero este es otro nivel. El jengibre le añade un nuevo nivel de sabor. Está realmente asombrosa.

—Uf, me alegro mucho de oír eso. Parecía que no dormías bien, así que temía que te hubieras enfermado. El jengibre es muy bueno cuando estás enfermo, por eso le puse un poco a la sopa de hoy.

La consideración casi hizo llorar a Anima. Sus palabras lo calentaron hasta la médula.

—Gracias, pero estoy bien. No estoy enfermo en absoluto. —Anima es fuerte como una roca, ¿sí?

—Pero entonces, ¿por qué has dormido tan mal? —Estaba teniendo una pesadilla.

—Cuéntanos todo sobre eso, ¿sí? —Ya olvidé lo que pasó, lo siento.

En realidad, no lo había olvidado, pero contándoselo habría revelado que aún necesitaba darle un regalo de cumpleaños a Marie.

—Hmm… Tal vez dijo algo en su sueño, ¿sí? ¿Escuchaste algo, Mami?

Bram se dirigió a Luina para ayudarla a aprender más sobre la pesadilla de Anima, pero ella sólo sacudió la cabeza.

—Lo observé un poco mientras dormía, pero no dijo nada. —Lo viste dormir, ¿hmm? Estás locamente enamorada, ¿sí?

—Oh, ciertamente lo estoy. Amo mucho a Anima. Además, es tierno cuando está dormido.

—¡Papi tieno!

—Tú también eres tierna, Marie. —¡Soy tiena! ¡Papi dijo que soy tiena!

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Luina miraba con una sonrisa mientras Marie informaba alegremente de los resultados de su breve conversación. Ella era realmente una adorable bola de felicidad que podía curar cualquier enfermedad con su alegre risa, que era exactamente por lo que Anima no podía permitirse defraudarla como lo había hecho en su sueño. Tenía que encontrarle el mejor regalo que Garaat tenía para ofrecer. Pero primero tenía que terminar su desayuno, así que comió hasta que despejó el plato y luego algo más.

—¡Gacias por la comiiiiida! —Marie arrulló.

—¡Wow, gran trabajo, Marie, ¿sí?! ¡Te comiste todo el desayuno! —Bram aplaudió—. Muy bien, como recompensa, jugaré contigo todo el día. Y tú puedes elegir los juegos, ¿sí?

—¡Yaaaay! Sabes, sabes, ¡me gusta diujar! ¡Me gusta diujar con Myukey y Brum!

—De acuerdo, vamos a hacer un poco de dibujo, —dijo Myuke—. Pero primero tenemos que limpiar.

—Está bien, yo limpiaré. Ustedes vayan a jugar. —¿Estás segura? ¿No estás cansada?

—¡Para nada! —Luina hizo una pose de presumida, flexionando sus bíceps— . ¡Podría hacer esto todo el día!

—Hazme saber si necesitas ayuda, ¿sí? —Myuke le pidió. —Lo haré. Gracias.

—Yo también ayudaré, ¿sí?

—¡Yo también, yo también! ¡Ya soy una chica gande!

—Muchas gracias, chicas. Siempre están cuidando de mí. ¡Ahora vayan! ¡Diviértanse!

—¡De acuedo! ¡Vamos!

Marie tomó las manos de las chicas y las llevó fuera de la habitación. —Yo te ayudaré a limpiar, —ofreció Anima.

—Gracias. ¿Te gustaría que nos tomáramos de la mano también?

—¿Cómo puedo decir que no a eso? —La entrañable oferta le hizo sonreír mientras extendía la mano y la unía a ella. La suavidad de su piel y la forma en que sus delgados dedos se entrelazaban con los suyos lo llenaron de calidez—. Aunque ahora que lo pienso, probablemente hagamos la limpieza cien veces más difícil.

—Sí que lo haría. Qué lástima… —dijo ella, con las mejillas rojas. Quería tanto tomarse de la mano con Anima que las consecuencias se le habían escapado por completo—. ¿Deberíamos tomarnos de la mano más tarde, entonces?

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—¿Me lo prometes? —Lo prometo.

Se soltaron a regañadientes las manos, y luego pasaron la siguiente media hora más o menos limpiando la mesa y lavando los platos.

—¡Terminamos muy rápido! Gracias por ayudar. —De nada. Estoy feliz de poder ser de ayuda.

—Voy a hacer algo de costura ahora, para que puedas pasar tu tiempo con las chicas o relajarte.

—Ya veo… —Anima no era muy bueno para hacer un trabajo intrincado y orientado a los detalles. Se había acostumbrado a lavar los platos, pero si intentaba ayudar a Luina con la costura sólo la retrasaría—. ¿Qué vas a coser?

—Uno de los vestidos favoritos de Marie se rompió, así que voy a arreglarlo. No era la primera vez que había que remendar las prendas favoritas de Marie. Jugar con sus hermanas, rodar por el suelo y correr por ahí seguro que desgastaría hasta la ropa más fuerte. Podrían haber liberado fácilmente el tiempo de Luina usando parte de la fortuna que Anima había hecho para reemplazar el vestido rasgado, pero como era uno de sus favoritos, repararlo era el camino a seguir.

—También arreglaré tu ropa cuando se rasgue, —añadió Luina—. Sólo avísame.

—Gracias. Eres muy buena con las agujas, así que estoy seguro de que quedará como nuevo.

—Y tú eres muy bueno con los cumplidos. Te haré una bufanda para cuando haga frío, ¡así que ten cuidado con eso!

—¡¿De verdad?! ¡¿Lo harás?! ¡Gracias!

Su encantadora esposa iba a tejerle una bufanda. Sólo pensar en envolverla alrededor de su cuello calentó su corazón. Mientras pensaba en los fríos días que le esperaban, una pregunta surgió en su cabeza.

—Espera, ¿le vas a regalar a Marie una bufanda para su cumpleaños?

—No. Le hice una el otoño pasado, y aunque le hiciera una nueva, no podría usarla ya que todavía hace calor afuera. Intenté hacerle un peluche de conejo para su cumpleaños.

—Vaya, es increíble. Estoy seguro de que le encantará tener un peluche casero. Se lo había imaginado, pero finalmente había conseguido la confirmación de que Luina tenía un regalo para Marie. No cualquier regalo, sino un peluche de conejo que ella misma había hecho. Seguro que pondría una sonrisa en la adorable carita de Marie. Como su padre, era su deber comprarle algo que le gustara tanto como a ella.

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Si no lo hacía, ella podría tomarlo como una señal de que él no la amaba. Eso era lo único que tenía que asegurarse de evitar.

—Oh, y también voy a hornear un pastel. Te gustan los pasteles de manzana, ¿verdad?

—Los amo. Todo lo que tú haces es maravilloso.

Anima tenía una conexión emocional muy profunda con los pasteles de manzana. Su mera mención fue suficiente para inundarlo de dulces recuerdos. La primera vez que comió uno fue el día en que él y Luina compartieron su primer beso. Rápidamente se hizo evidente que él no era el único que tenía esa conexión, ya que Luina lo miraba con más cariño de lo habitual.

Aunque nunca fue bueno leyendo a las mujeres, ya había pasado más de medio año desde que se había mudado al orfanato con Luina y las niñas. Sabía exactamente lo que ella estaba esperando. Puso sus manos en sus pequeños hombros, se inclinó y le besó suavemente los labios.

—…¿Podemos hacer eso otra vez? —preguntó ella mientras él se inclinaba hacia atrás.

—Claro que podemos, —respondió él, y compartieron un largo y dulce beso— . ¿Cómo estuvo ese?

—Umm… Uno más, por favor.

—Te bañaré con besos si eso es lo que quieres.

Parados en el medio de la cocina, compartieron no menos de ocho besos. —Fueron muchos besos, y después de tanto tiempo desde el último. Siento como si mis labios pudieran hincharse en cualquier momento. ¿Cómo se sienten los tuyos?

—Yo estoy bien.

—Gracias a Dios. Ahora me pondré a coser, pero estoy deseando compartir muchos más besos contigo.

—Estoy deseando que eso suceda de todas formas. Iré a jugar con las niñas ahora, así que… ¿te gustaría que nos tomáramos de la mano en el camino?

—Oh, recordaste nuestra promesa.

Mano a mano, salieron de la cocina. Subieron al segundo piso, donde se separaron. Luina entró en el dormitorio para coser, mientras que Anima se dirigió a la soleada habitación al final del pasillo que era el cuarto de juegos de las niñas.

Tras el fallecimiento de sus padres, Luina había tenido que vender casi todo lo que poseía, por lo que la habitación quedó vacía durante mucho tiempo. Con la reciente afluencia de riqueza de la familia gracias al duro trabajo de Anima y Myuke,

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sin embargo, no tuvieron problemas para reformar gran parte de la casa, incluyendo el cuarto de juegos.

Sin querer interrumpir la diversión de las niñas, Anima se asomó por la puerta para ver cómo estaban. Dentro, las tres estaban sentadas alrededor de una mesa, charlando alegremente entre ellas.

—Myuke, dame el rojo cuando termines, ¿sí?

—Uh, claro, pero ahora tengo curiosidad… ¿Me estás dibujando a mí?

—¡Claro que sí! Estoy haciendo un dibujo de la vez que fuimos a la playa. Espero que no sea tan malo, ¿sí?

—No, en absoluto. ¡Se ve muy bien! —Tienes ojo para el arte, ¿sí?

—¡Yo también! ¡Yo también estoy diujando a Myukey! —¡Vaya, mira eso! Es muy lindo, Marie.

—Sólo las chicas grandes pueden dibujar tan bien, Marie. ¡Enorgullécete de ti misma, ¿sí?

—¡Ejeje! ¡Voy a diujar también a Brum! —No puedo esperar a verlo, ¿sí?

Cada una de ellas sostenía un lápiz de color del set que habían comprado el día anterior. Estaban dibujando, tal y como habían decidido en el desayuno.

—Chicas, parece que la están pasando bien.

Al oír la voz de Anima, las chicas levantaron rápidamente la cabeza. —¡Papi! ¡Papi, mia! ¡He diujado Myukey y Brum!

—Eso es genial, Marie. ¿Esto es cuando estabas jugando en el campo? —¡Si lo es! ¡Mira, son los dentes de león! ¡Y tú y Mami!

—Sí, aquí estamos. Ven y muéstrame de nuevo cuando todo esté hecho, ¿de acuerdo?

—¡Síii! ¡Te lo enseñaé!

Llena de sonrisas gracias al cumplido de Anima, volvió a trabajar en su obra maestra. Los colores que había usado para dibujar estaban en todos sus dedos, y su cara debió picarle en algún momento, porque también estaban en sus mejillas. Era una niña muy colorida; Anima no pudo evitar sonreír ante su lindo “maquillaje”.

—¿Cómo está mi dibujo? Es de esa vez en que fuimos a la playa, ¿sí?

—Es muy bueno. Todo el mundo está chapoteando tan felizmente. Qué encantador.

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—Podemos hacerlo.

—¡Yaaaay! Es una promesa, ¿sí? —Papi, ¿cómo está mi dibujo?

—Veamos… ¿Esto es de cuando cruzamos el puente de cuerdas?

—¡Sí! Bram no estaba con nosotros entonces, así que quería mostrarle lo genial que era ese lugar!

—Vaya, es muy amable de tu parte, —dijo Bram mientras bajaba los ojos tímidamente.

—Es lo menos que puedo hacer por mi hermanita… ¿Qué? —Myuke gritó mientras Bram se acurrucaba con ella y frotaba mejilla con mejilla.

—¡Tengo ganas de acurrucarme contigo porque te quiero tanto, tanto, tanto, ¿sí?!

—Aun así, ¡no saltes sobre mí de esa manera! ¡Me has dado un susto de muerte!

—Es hora de acurrucarse, ¿síiiii? —A pesar de las protestas de Myuke, la sonrisa de su cara no mentía. Y Marie, que normalmente habría sido rápida en acurrucarse con la familia, estaba demasiado preocupada con su dibujo como para darse cuenta. Fue sólo unos momentos antes de que Bram se apartara de Myuke—. Tengo que volver a mi dibujo. Te lo enseñaré de nuevo cuando termine, Anima. ¡Prepárate para ser sorprendido, ¿sí?!

—Lo haré. —Fue entonces cuando Anima tuvo una idea brillante. A las chicas les encantaba dibujar, y eso era doble para Marie, así que él podría dibujar algo para ella como su regalo de cumpleaños. Estaba seguro de que le encantaría recibir algo que él mismo hubiera dibujado—. ¿Puedo unirme a ustedes, chicas?

—¡Claro! Vamos, siéntate a mi lado. —Aquí hay un poco de papel, ¿sí? —Gracias.

Se sentó junto a Myuke y tomó un lápiz de color. Iba a dibujar el más bello de los dibujos para dárselo como regalo de cumpleaños a su preciosa hija. El único problema era que, en los más de cien años que llevaba vivo, nunca había hecho ni un solo dibujo. La duda nubló su mente y sus músculos se tensaron por la ansiedad, pero tenía que superarla. Devastaría a las chicas si partiera uno de sus lápices de colores por la mitad.

Dirigió su atención al papel y planificó su dibujo. El tema de su pieza había surgido en su cerebro en el momento en que se sentó: su amada familia. Dibujaría a los cinco, tomados de la mano y bailando en círculo, bañados por la suave luz de la luna que se filtraba por la ventana. Sabiendo que sería el regalo perfecto, concentró

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toda su energía en crear la pieza de arte más hermosa que su familia había visto y comenzó a dibujar.

—¡Ya está hecho!

Le había llevado algún tiempo, pero su primer dibujo estaba completo. Myuke y Bram se inclinaron hacia él, la curiosidad brillaba en sus ojos, y compartieron sus impresiones.

—¿Qué se supone que es exactamente? —Parece un ovillo de hilo, ¿sí?

Él estaba demasiado perdido en el proceso de dibujar para darse cuenta, pero tenían toda la razón. El idílico dibujo familiar que pretendía poner en el papel parecía más bien un ovillo de hilo.

Ouch…

Anima quería cerrar los ojos para no tener que mirar más su fracaso. Siendo la primera vez que dibujaba, no esperaba crear una obra maestra digna de un lugar en la galería personal del rey, pero lo que había creado estaba muy por debajo de sus expectativas. Consciente de su tristeza, Bram se acercó a él y le dio una palmadita en el hombro.

—¡Anímate! Yo siempre estaré aquí para ayudarte a dibujar, sólo dime, ¿sí? —Sí. Estamos aquí para ayudar, ¡así que pon ese ceño fruncido al revés! —Bram… Myuke… —Sus amables palabras le hicieron sonrojar. Quería darle un dibujo a Marie, pero su familia le dio calor en su lugar—. Gracias, chicas. Haré lo mejor que pueda.

A partir del día siguiente, él haría precisamente eso. Antes de eso, sin embargo, tenía algo mucho más importante que atender. No podía darle su dibujo a Marie, y hasta donde él sabía, no había pociones mágicas que lo hicieran un gran artista, así que tenía que encontrar algo más. Por suerte para él, Marie estaba demasiado centrada en su propio dibujo como para prestarle atención al suyo, así que aún tenía tiempo para asegurarse de que su creación nunca viera la luz del día. Pero eso significaba que estaría de vuelta a la mesa de dibujo para él. Tenía que conseguir un regalo para Marie, pero ¿qué?

No puedo cocinar, coser o dibujar, así que…

Tenía que ir a Garaat y comprar algo, y no tenía tiempo que perder. Saltando de la mesa, se preparó para salir.

—¿Adónde vas?

—No se preocupen por eso. ¿Pueden cuidar de Marie por un tiempo? Las chicas asintieron y le sonrieron.

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—Y yo cuidaré a Myuke, ¿sí? —Yo puedo cuidarme a mí misma.

—Yo te cuidaré mientras tú cuidas a Marie, ¿sí? —¡Te dije que eso no tiene sentido!

—De todos modos, me voy a ir ahora.

Con una caricia en las cabezas de las chicas, Anima salió de la habitación. Agarró su bolsa de dinero al salir de la casa y se dirigió a Garaat.

◆◆◆

En el momento en que Anima llegó a Garaat, se dirigió a la carretera principal, salpicada de varias tiendas y puestos. Recorrió la zona, buscando una familia, cualquier familia, que tuviera una hija de la misma edad que Marie. Quería pedirles ayuda para entender lo que les gustaba a las chicas de esa edad, pero su búsqueda no iba muy bien. No podía concentrarse en su tarea en absoluto, y rápidamente se dio cuenta de por qué era así.

Él estaba solo. Después de conocer a Myuke, todos sus viajes a Garaat habían sido con su familia. Habían estado a su lado todas y cada una de las veces. Era inimaginable para él que tuviera que caminar por las calles solo, pero allí estaba, torturado por la soledad. No quería nada más que ir a casa a abrazar a sus amadas hijas y besar a su hermosa esposa, así que tenía que encontrar una familia con una hija joven. Con su determinación reavivada, miró una vez más por la calle.

—¿Hmm?

Una niña pequeña estaba parada junto a la entrada de un callejón. Tenía más o menos la misma edad que Marie, tal vez un poco más joven. Mirando alrededor nerviosamente mientras se chupaba el pulgar, llamó la atención de Anima principalmente porque sus padres no estaban a la vista. Probablemente estaba perdida y asustada. Anima no podía ignorarla.

Comenzó a caminar hacia ella, pero se detuvo igual de rápido. Un par de años antes se había enfrentado a la misma situación. En ese momento, la chica había empezado a llorar en el momento en que lo vio. La imagen de su cara aterrorizada, el sonido de su grito desgarrador se grabó en su mente.

Afortunadamente, cualquier rumor horrible sobre él sólo circulaba en su mundo anterior, pero incluso entonces, a los niños se les enseñaba a no relacionarse con adultos que no conocían. Había una posibilidad de que él complicara las cosas hablando con ella, pero estaba ahí parada, asustada y sola. Imaginando su dolor tirando de las cuerdas del corazón de Anima. Empezó a caminar hacia ella una vez más, poniendo la sonrisa más cálida que pudo reunir.

—¿Estás bien? —Ella miró a Anima, que se agachó y la miró a los ojos—. ¿Te separaste de tus padres?

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—Vi un gatito… —dijo en voz baja, prácticamente susurrando. Anima asintió comprensivamente en respuesta.

—Debe haber sido un gatito muy lindo. Dime, ¿cómo te llamas?

—Soy Ena. El gatito era muy lido, pero levanté la vista y mamá se había ido… —Ya veo, ya veo. ¿Fuiste a por el gatito?

—Mmmm… Pero se escapó… Se metió ahí…

Señaló hacia el oscuro y estrecho callejón a su lado, pero se negó a mirarlo. Debía ser un lugar aterrador a los ojos de una niña tan pequeña. Anima la miró de nuevo y sonrió.

—No te preocupes. Mamá debe estar en algún lugar por aquí. —¡¿De verdad?! —preguntó, con los ojos brillantes de esperanza. —De verdad, de verdad.

No era una mentira para animarla. Anima razonó que Ena había perseguido al gato por el callejón, durante el cual su madre debe haber notado que estaba perdida. Esperando que su hija se dirigiera a un lugar que conociera, probablemente fue al lugar favorito de Ena en la ciudad. En otras palabras…

—Ena, ¿te gustan los juguetes?

—¡Mm-hmm! ¡Me encantan los juguetes!

—¡¿Entonces qué pasa si te digo que tu Mami está ahí dentro?! —Anima señaló un edificio de dos pisos al otro lado del callejón, la juguetería. No había ninguna otra tienda cerca que una niña de su edad pudiera disfrutar, así que su madre seguramente habría ido a esa—. ¿Deberíamos ir a ver a mamá?

—¡Vamo’!”

Anima extendió una mano, que Ena agarró con fuerza, y entraron juntos en la tienda. Estaba llena hasta el borde de juguetes, pero Ena los ignoró completamente. Estaba mirando frenéticamente alrededor del espacio en busca de su madre.

—¡Ena!

No pasó mucho tiempo antes de que una joven se les acercara. —¡Mami! ¡Mami!

La mujer se agachó y abrazó a la niña, que comenzó a llorar, fuertemente en sus brazos, acariciando suavemente su espalda.

—Estaba tan preocupada… ¿a dónde fuiste?

—Lo siento. Vi un gatito, y luego… tú no estaba’ allí, y… y luego el sheñor me trajo aquí…

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A través de los sollozos, Ena contó los eventos de los últimos diez minutos. Su madre le acarició suavemente la cabeza, luego se levantó y miró a Anima. No había ni una pizca de tristeza o de ira en sus ojos; estaban llenos de pura gratitud.

—¡Muchas gracias, Anima! —exclamó, tomando la mano de Ena—. Ni siquiera sé qué decir, sólo… Gracias.

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—¿Cómo sabes mi nombre?

—Trabajo en un pub donde Krain era un notorio alborotador. Era terrible, pero desde que lo echaron de la ciudad, he podido trabajar en paz.

—Ah, ya veo.

Gracias a su piedra de gólem, Krain había sido el hombre más poderoso de Garaat. Se había peleado con Anima unos seis meses antes, pero también había tratado de arrastrar a Myuke con él, lo que le hizo probar la ira de Anima. Le dio una paliza, y todos los transeúntes alabaron a Anima por darle lo que tanto se merecía.

La gente del pueblo tenía un profundo odio hacia Krain, como Anima había aprendido de cómo le habían alabado. No le importaban especialmente las razones de su odio, pero parecía que la madre de Ena había sufrido mucho por la mano de Krain.

—¡Gracias, sheñor!

Ena había logrado calmarse mientras estaba en el abrazo de su madre. Se volvió hacia Anima con una gran y brillante sonrisa y le agradeció por haberla salvado.

—De nada. Asegúrate de quedarte siempre con mamá, ¿de acuerdo? —¡Uh-huh!

Anima sonrió al ver que inmediatamente tomó la mano de su madre.

—De nuevo, muchas gracias por cuidar de mi hija. Me encantaría pagarte, pero… ¡Ah, ya sé! Es casi la hora de la comida, así que ¿por qué no visitas nuestro pub? ¡Yo invito!

—Me siento honrado, pero estoy seguro de que mi encantadora esposa ya ha hecho el almuerzo en casa, así que voy a tener que declinar. No hay una comida en este mundo o cualquier otro que se pueda comparar con las que ella hace.

—Oh, está bien entonces… —respondió en un tono abatido, pero Anima todavía tenía una pregunta que hacer.

—Esto puede sonar extraño, —le dijo—, pero ¿me dirías algunas de las cosas que le gustan a tu hija?

—¡A mí me gusta Mami y Papi! —Ena respondió—. ¡Y me gusta la comida de Mami!

—Se come todo lo que cocino. Apenas hay migas en el plato cuando termina de comer.

—Porque es deliciosho.

—Gracias, Ena. Seguiré cocinando para ti para que puedas crecer grande y fuerte, ¿de acuerdo?

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—¡Tengo hambre!

—Yo también. Prepararé algo en cuanto lleguemos a casa, ¿de acuerdo? —¡Yico!

La mujer abrazó a su hija antes de inclinarse ante Anima. —Gracias de nuevo, Anima.

—No te preocupes por eso. —¡Adiós, Sheñor!

—¡Cuídate!

Despidiéndose, las chicas movieron la mano, mientras que Anima se tomó un tiempo para visitar la juguetería. Inmediatamente se dio cuenta de que estaba llena de familias; los padres sonreían mientras veían a sus hijos perderse en el mar de juguetes. Entre todas esas familias, sin embargo, notó a un hombre mirando los juguetes él solo, con una expresión grave como si estuviera marchando a la batalla. El hombre barajó los juguetes uno tras otro, pero no seleccionó ninguno de ellos. Entonces, mientras se movía al siguiente juego de estantes, notó a Anima. Miró hacia otro lado por una fracción de segundo, y luego miró hacia atrás. Su mandíbula prácticamente golpeó el suelo, pero rápidamente se recompuso y se acercó a Anima. —Lo siento mucho, pero su pelo blanco y sus ojos rojos me llamaron la atención. ¿Es usted Anima, por casualidad?

—Sí, lo soy.

El hombre mostró una sonrisa de alivio.

—Soy un cazador de cinco estrellas, y me honraría ir a una búsqueda junto a usted.

—¿Por qué yo?

—Oh, creo que es natural que un cazador como yo trate de divertirse con un hombre tan estimado como usted, no mucha gente puede reclamar que se le ha ofrecido un contrato con el rey, después de todo. Podríamos afrontar la más difícil de las misiones, y verle luchar me ayudará a perfeccionar mis habilidades.

—¿Cómo sabes del contrato?

—La mayoría de la gente de este pueblo lo sabe. Sus hijas corrían por las calles, gritando a todo pulmón que su padre es el más fuerte y que rechazó un contrato del rey para cuidar de su familia.

Eso probablemente fue obra de Myuke y Bram. Esas dos a menudo hacían recados para Luina mientras ella y Anima estaban ocupados trabajando en el campo, así que habrían tenido mucho tiempo para presumir de su padre.

Una oferta de contrato del rey era rara en sí misma, pero rechazar una era completamente inaudito. Nadie en Garaat habría tomado en serio su reclamación si

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no fuera por el hecho de que Anima había dominado unilateralmente a Krain delante de sus narices. Por eso, el cuento de las chicas fue tomado como un hecho, pero eso no importaba.

—Lo siento, pero sería mejor que encontraras a alguien más con quien hacer las misiones. No haré ningún trabajo en el futuro inmediato.

La única razón por la que se convirtió en cazador fue para proteger a Myuke mientras ganaba un poco de dinero. Habiendo amasado una considerable suma de dinero entre la piedra de gólem que habían vendido y la recompensa que habían obtenido del rey, no había razón para que ninguno de ellos se pusiera en peligro.

—Entiendo. Trabajaré duro para algún día ser tan fuerte como usted, —dijo, inclinándose ante Anima antes de volver a mirar los juguetes. Estaba mirando a través de ellos muy atentamente a alguien que no tuviera un hijo con él. Sólo había una razón para ello.

—Um, disculpa, pero… —¿Sí?

—Veo que estás buscando un juguete. ¿Podría estar tratando de encontrar un regalo para alguien?

—Lo estoy, sí. ¿Usted está aquí para hacer lo mismo?

—Así es, pero honestamente, no tengo ni idea de qué comprar.

—Oh, ¿en serio? —El hombre mostró una sonrisa de alivio—. Esto es un poco extraño de admitir, pero puede que me haya cegado por sus hazañas. Ni siquiera se me había pasado por la cabeza que usted pudiera estar luchando con algo. Aun así, tiene mucho sentido que tenga problemas con esto. Elegir el regalo perfecto es difícil.

Anima asintió.

—Esto es más angustioso de lo que fue mi audiencia con Su Majestad. La posibilidad de elegir algo que no le guste me llena de un temor primario y existencial.

—Está claro que quiere mucho a sus hijas.

—Tú también. —El hombre se tomó muy en serio la búsqueda del regalo perfecto para su hijo; debía de amarlo muy profundamente—. ¿Qué edad tiene el tuyo?

—Cumple seis años la semana que viene, el pequeño bribón. —Debe tener mucha energía.

—Oh sí, mucha.

—¿Puedo preguntar qué le regalaste para su cuarto cumpleaños? Anima saltó directamente al punto.

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—Como cazador, a menudo estoy lejos de mi familia. Por eso, elegí darle algo que pudiera disfrutar por sí mismo. Pasé mucho tiempo eligiendo el regalo perfecto, y terminé asentándome en los bloques de construcción.

—Bloques de construcción, ¿eh? ¿Le gustaron?

—Los amó. Dicho esto, nunca lo he visto jugar con ellos. —¿Por qué no?

—Siempre juega conmigo cuando estoy en casa, —el hombre se rio. —Ya veo. Eso suena muy bien.

—Ciertamente así es. Normalmente llego a casa completamente agotado, pero su sonrisa animada es un estímulo increíble.

—Lo comprendo muy bien, —dijo Anima con un guiño—. A mis chicas les encanta jugar hasta tarde en la noche. No debería dejarlas, pero al ver sus sonrisas alegres me dan ganas de jugar con ellas hasta que salga el sol. Ayer mismo, nos tomamos de la mano y bailamos en círculos más allá de su hora de acostarse. Fue maravilloso.

—Estoy seguro de que sus hijas se divirtieron tanto como usted. Todo el mundo puede decir que le adoran, así que creo que les encantará cualquier cosa que les consiga. Sabrán que salió de su corazón, y eso es lo que más importa.

—Desde mi corazón…

El hombre tenía razón. El miedo a decepcionar a Marie y su terrible pesadilla habían llegado a Anima, pero nunca debieron molestarlo en primer lugar. Su familia era el grupo de gente más amable y acogedor que había conocido. Nunca lo odiarían por no darle a Marie un regalo de cumpleaños, ni él podría darle un regalo que no le gustara.

Aún así, no quería abusar de la amabilidad de su familia al no regalarle nada. Después de todo, amaba a Marie desde el fondo de su corazón; quería darle un regalo que representara ese amor. Necesitaba tomarse su tiempo y elegir su regalo con cuidado si quería lograr ese objetivo y ser recompensado con una adorable y cálida sonrisa y un pequeño, pero siempre precioso abrazo.

—Umm, ¿está todo bien?

Anima volvió a la realidad. Habían estado hablando durante mucho tiempo, era divertido para él compartir la feliz experiencia de la paternidad con otro hombre, y también había pasado bastante tiempo reflexionando sobre sus ideas actuales, o la falta de ellas. Era hora de que actuara.

—Gracias. Tu consejo es invaluable.

—Estoy feliz de haber podido ayudar, y fue muy divertido hablar con usted sobre nuestros hijos. La mejor de las suertes en su búsqueda de regalos.

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—Buena suerte para ti también.

Su charla ayudó a calmar finalmente sus nervios. Pasó un poco más de tiempo en la tienda, pero la abandonó poco después de separarse del hombre; nada allí había logrado llamar su atención. Sin embargo, estaba impertérrito. Estaba seguro de que el regalo perfecto le esperaba en una de las innumerables tiendas de Garaat, todo lo que necesitaba era encontrarlo.

Caminó por las calles y examinó las tiendas hasta que el sol alcanzó su punto más alto en el cielo. Tenía que encontrar algo muy pronto y volver a casa para que su encantadora esposa no se preocupara. Se devanó los sesos antes de tomar una decisión de último momento: lápices de colores. A las chicas les encantaba dibujar, y la tienda de artesanías estaba cerca, así que definitivamente llegaría allí antes de que cerraran.

Mientras se dirigía a la plaza del pueblo, notó que había más y más gente a medida que se acercaba. En la plaza misma encontró una gran multitud reunida alrededor de lo que probablemente eran los comerciantes que ocasionalmente se instalaban allí. Tal vez ofrecían baratijas raras de tierras lejanas, pero esas cosas no tenían ningún significado para Marie, así que siguió adelante, abriéndose camino entre la multitud. Cuando llegó al frente, encontró a un hombre corpulento sentado en una mesa, con un hombre mucho más delgado apoyado en el costado de un carro detrás de él. Aunque sus cuerpos eran polos opuestos, sus rostros eran bastante similares; probablemente eran hermanos. Anima se acercó a un hombre que estaba de pie entre la multitud.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó.

—Oh, pero si es Anima. Estos tipos llegaron a la plaza hoy temprano. Si vences al tipo de aspecto musculoso en un pulso, ganas un artículo de tu elección de su carro. El precio de entrada es sólo una moneda de cobre, así que la gente está ansiosa por intentarlo. Como puedes ver, se ha convertido en toda una atracción.

El hombre actuaba sorprendentemente amigable con Anima e incluso sabía su nombre, pero él decidió ignorarlo. En su lugar, echó un vistazo al carro de los hombres, que albergaba innumerables baratijas y curiosidades. Anillos, brazaletes, adornos, cosméticos, copas de licor hechas de varios metales preciosos, jarrones decorados, pergaminos de pared y varias piedras mágicas se ofrecían como premios. Era como una colección de cosas que no se podían perder, e incluso Anima podía decir que todos y cada uno de los objetos valían mucho más que una simple moneda de cobre.

Dentro del tesoro, un solo objeto le llamó la atención. Era una pequeña y discreta cosa escondida en la esquina del carro, pero sabía que sería el regalo perfecto en el momento en que lo vio. Tenía que conseguirlo, y la única manera de hacerlo era ganando su juego. Preparó su moneda de cobre y esperó su turno.

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La mano del retador se golpeó contra la mesa. Anima podía decir que el hombre corpulento estaba en una impresionante racha ganadora basada en los decepcionantes suspiros de los espectadores, pero eso no desanimó a los esperanzados aspirantes. Con un poco de suerte, podían recuperar su dinero al cien por cien. Anima, sin embargo, estaba mirando un artículo que probablemente tenía poco valor monetario; uno que se vendería por un par de piezas de cobre en el mejor de los casos, pero que traería una inmensa alegría a su pequeña cumpleañera. Sólo eso lo hacía más valioso para él que cualquiera de los otros tesoros que se ofrecían.

—¡Bueno, eso fue desafortunado, pero todo es por diversión! —anunció el hombre delgado—. ¡Ahora, reúnanse, todos, reúnanse! ¿Alguien tiene la fuerza para superar nuestro desafío? Pronto cerraremos la tienda, así que aceleremos las cosas, ¿sí? ¿Quién es el siguiente?

—Yo. —Anima se acercó a la mesa y golpeó con su moneda de cobre.

—Suba, suba, suba… Lo siento mucho, buen señor, pero debo pedirle que deje de usar esa piedra de minotauro. Mi hermano puede ser fuerte, pero ni siquiera él puede vencer a una bestia.

El hombre delgado, que era el hermano del hombre musculoso como Anima había adivinado, estaba mirando sus cuernos. Todos fuera de su familia los confundían con un efecto secundario de que usara una piedra de minotauro para reforzar sus habilidades físicas, pero no estaba usando nada de eso. No le habría importado arrancarse los cuernos de la cabeza si eso significaba que podía hacer feliz a Marie, pero hacerlo probablemente habría tenido el efecto contrario; ella definitivamente sollozaría incontrolablemente si se enterara de que sus cuernos ya no eran por ella. Tenía que encontrar otra manera de hacer que el hombre aceptara su desafío.

—Haz que tu hermano use una piedra de minotauro también, entonces. —¿Y por qué podría usted querer eso?

—Porque de esa manera es una pelea justa. Incluso le conseguiré una para él, sólo dame unos minutos.

Anima se dio la vuelta, pero el hombre lo detuvo antes de que pudiera dar un paso.

—¡Espere! ¡No hay necesidad de salir corriendo de nosotros! Ya tenemos una piedra de minotauro aquí; ¡no tiene que comprar una! —El hombre corpulento obviamente se enorgullecía de su fuerza, y como tal, una piedra de minotauro era la pareja perfecta para él. No fue una sorpresa que tuviera una propia—. Si puedo preguntar, buen señor, ¿es usted quizás un cazador?

—Así es.

—¿Y qué rango podría tener? —Una estrella.

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—¡Genial, entonces ya es suficiente de mí! ¡Pongamos este espectáculo en marcha!

Era fácil ver por qué eso no planteaba ningún problema a los hermanos. Los cazadores eran divididos en ocho rangos, y se les daba la habilidad de ascender a través de ellos completando misiones y estando junto con los cazadores de mayor rango. Un cazador de una estrella era aquel que no había hecho nada de gran importancia y probablemente tenía muy poco maná a su disposición. Una persona que usara una piedra de minotauro estaría a la par de un cazador entrenado y experimentado que hubiera completado la mitad de su rutina de calentamiento.

Anima se sentó y puso su codo sobre la mesa, mientras que el fornido hombre concentró su maná en su piedra de minotauro, invocando su poder. Como se había anunciado, un par de cuernos sorprendentemente similares a los de Anima brotaron de sus sienes. Era la primera vez que Anima veía a alguien usar esa piedra mágica en particular, pero ilustraba claramente la razón por la que todos asumían que estaba usando una constantemente.

Con ambos participantes listos para la batalla, el hombre delgado aclaró su garganta.

—¡De acuerdo, a la cuenta de tres! —anunció—. ¡Uno, dos… tres! ¡WHAM!

Un ligero empujón después, la mesa ya no estaba; fue rota por la mitad. El hombre corpulento, cuya mano tuvo el desafortunado destino de destrozar la mesa, yacía sobre sus restos. Anima, al darse cuenta de lo que había hecho, entró en pánico. Puede que sin querer haya puesto más fuerza en su brazo en ese momento que en la patada que había enviado a Malshan volando por el bosque.

—Lo siento, creo que me pasé un poco. ¿Estás bien? —Owww…

Todavía respiraba. Saber eso fue suficiente para que Anima se relajara de nuevo.

—Ahhh, supongo que tendremos que cerrar la tienda por un tiempo, —el hombre delgado suspiró al confirmar la victoria de Anima.

—Me disculpo.

—Está bien, —respondió con una sonrisa irónica—, de esto se tratan los pulsos; la mitad de la diversión está en el riesgo. Aún así, nunca esperé que mi hermano fuera noqueado. Dígame, ¿realmente es un una estrella?

—Sí.

—Bueno, entonces, con una estrellas como usted alrededor, me da lástima el tonto que se atreva a equivocarse en este lugar. De todos modos, ¡usted ganó! Elija lo que quiera, buen señor.

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Anima no dudó en hacer su selección, dejando al hombre delgado completamente confundido.

—¿Está seguro de eso? Si eso es lo que quiere, entonces, por supuesto, es suyo. Pero esa es la pieza más barata del montón. Vale más que una moneda de cobre, seguro, pero puede conseguir una suma considerable si cava un poco.

—Está bien, este es perfecto. Es para mi hija. El hombre soltó una risa sincera.

—¡Bueno, eso lo hace invaluable! ¡Gracias por detenerse, buen señor! Anima rápidamente se embolsó su regalo y se apresuró a volver a casa.

◆◆◆ —¡Papi! ¡Estás en casa!

Después de correr por las calles, Anima llegó a casa en un abrir y cerrar de ojos. En el momento en que abrió la puerta, Marie, con una gran sonrisa, trotó hasta la entrada y se abrazó fuertemente a sus piernas. El corazón de Anima empezó a acelerarse. Si esa adorable sonrisa se quedaría o no en su igualmente adorable cara dependía únicamente de su regalo.

—¿Papi, estás tiste? —Marie preguntó con preocupación—. ¿Te has hecho una nanai?

Los niños eran extraordinariamente receptivos a los sentimientos de los adultos. Anima tuvo que encogerse de hombros ante sus preocupaciones; no querría angustiar a Marie, especialmente no en su cumpleaños.

—No, estoy completamente bien. Incluso puedo levantarte si quieres. ¿Qué dices, quieres subir?

—¡Arriba! ¡Arriba! ¡Me encanta arriba! —¡Incluso puedo frotar tus mejillas!

—¡Eso da cosquillas! ¡Papi, te acaicio! ¡Saliste tú solito, así que te ganaste unas caicias!

Sentir su cálida y diminuta mano frotándole el pelo hacía que todas sus preocupaciones se desvanecieran. Justo cuando estaba disfrutando de esa dicha, escuchó varios pasos más que se le acercaban. Muy pronto, Luina, Myuke y Bram llegaron a la entrada.

—Bienvenido de nuevo, Anima. —Vaya que tardaste un poco.

—¿Adónde fuiste? Empezábamos a preocuparnos, ¿sí?

Aliviadas de que Anima llegara a casa, lo recibieron con cálidas sonrisas. Extrañamente, ese calor sólo hizo que su pecho se tensara. Se dio cuenta de que, si

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se iba sin decir una palabra, las haría pasar por un infierno. Nadie sabía dónde había ido, nadie sabía si estaba bien, nadie sabía cuándo o si volvería a casa. Todo lo que podían hacer era creer que volvería.

El fuerte abrazo de Marie debe haber sido porque temía que su querido Papi nunca volviera a casa. La creencia de que le había fallado se agolpó en él. Se suponía que su precioso cumpleaños era una ocasión feliz; él se las arregló para darle un regalo, pero ¿a qué precio? Tenía miedo de decirle la verdad a su familia, pero ese miedo no era nada comparado con la sensación de preocuparlas. Se aclaró la garganta y abrió la boca.

—Tengo que decirles algo, chicas. Fui a Garaat para… comprar un regalo para Marie.

No fue fácil para él, pero finalmente se abrió y les dijo lo que había hecho. En respuesta, Myuke se confundió visiblemente.

—Lo dices como si fuera algún tipo de crimen. —¿No estás enfadada…?

No entendía por qué no le regañaban. Miró a su alrededor, y no era sólo Myuke la que estaba confundida por su tono sombrío. Luina, Bram, e incluso Marie lo miraban como si tuviera seis cuernos. Necesitaba explicar su proceso de pensamiento para que pudieran entender completamente la gravedad de la situación.

—No quería que me vieran como un fracaso. Amo a Marie desde el fondo de mi corazón, de verdad que sí, por lo que no tuve más remedio que comprarle un regalo de cumpleaños. El problema es que la primera vez que oí hablar de esta costumbre fue ayer…

Anima les abrió su corazón, haciendo sonreír a Myuke. —¿De verdad te has puesto nervioso por algo así?

—Los regalos no son esenciales para los cumpleaños, ¿sí? —Bram explicó eso mientras le ponía una mano sobre su hombro.

—Exactamente, —dijo Luina—. Es la intención lo que cuenta. Todas sabemos cuánto amas a Marie, así que lo único que importa es que estás aquí para celebrarlo con ella.

—¿De verdad?

—De verdad, de verdad. Y además… —Luina se detuvo y miró a Marie con una cálida sonrisa—. El mejor regalo que podrías darle a este angelito es el tiempo que pasas con ella. Pasas mucho tiempo jugando con ella cada noche. ¿Eso te parece un fracaso? Porque ciertamente no lo es para mí… para nosotras. ¿No es así, Marie?

—¡Uh-huh! ¡Me encanta juga con Papi!

Esas palabras lo liberaron de toda culpa. Estaba completamente lleno de alegría, como lo demostraba la enorme sonrisa en su rostro.

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—¡Yo también, Marie! ¡Me encanta jugar contigo también! ¡Siempre jugaré contigo! ¡Hoy, mañana, pasado mañana… no me perderé ni un solo día, ¿sí?!

—¡Yaaaay!

—Yo también quiero jugar contigo, —añadió Luina. —¡Ni siquiera pienses que no voy a estar allí!

—¡Yo también me apunto, ¿sí?! ¡Pero quiero comer primero! Me muero de hambre, ¿sí? —Bram añadió, frotando su estómago. Eso fue todo lo que se necesitó para que todos se tomaran de la mano y entraran juntos al comedor.

Luina había pasado la mayor parte del día preparando un festín. En la mesa había un surtido de frutas, un buen estofado y una montaña de ensalada de verduras, todas las comidas favoritas de Marie. Para rematar la ocasión especial, en el centro de una ya increíble cena de cumpleaños estaba su joya de la corona: un decadente pastel de manzana.

—Esto debe haber sido difícil de hacer. Siento no haber estado aquí para ayudar, —se lamentó Anima.

—Oh, lo fue, especialmente porque estaba tan sola sin ti. —Luina lo miró con una mueca. No era frecuente que la viera actuar de forma infantil—. Espero que estés planeando pasar todo el día de mañana conmigo.

Anima se tomó su demanda juguetona muy en serio. —Lo haré. Incluso cocinaremos juntos. Lo prometo.

—Me alegro de oír eso, —respondió alegremente, y luego se sentó. Una vez que todos los demás también se sentaron, aclaró su garganta para llamar su atención—. Antes de comer, tengo algo para Marie. ¿Quieren verlo?

—Yo quieo. ¡Déjame ve, déjame ve! —¡Ta-dah! ¡Esto es para ti!

—¡Wow! ¡Wooow! ¡Es un conejito!

Los ojos de Marie brillaron con emoción cuando vio el conejo de felpa del tamaño de la palma de la mano de Luina. Saltó de su silla, trotó hacia Luina y abrazó fuertemente su regalo.

—¡Gacias, Mami!

—De nada. Oh, y mira, creo que tus hermanas tienen algo para ti también. —¡Yaaaay! ¿Qué es?

Se volvió hacia Myuke y Bram con una sonrisa expectante. Las chicas intercambiaron una rápida mirada, y luego miraron a Marie.

—Esto es de parte mía y de Bram. —Es nuestra obra maestra, ¿sí?

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Myuke sacó una hoja de papel de detrás de su espalda, que las dos presentaron juntas a la cumpleañera. Era un dibujo que habían hecho en secreto para sorprenderla. También era la primera vez que Anima lo veía.

—¡Ah! ¡Soy yo! ¡Mira, soy yo!

—Seguro que sí, —dijo Luina—. Es muy bonito. —¡Es tan lindo! ¡Gacias, Myukey y Brum!” —De nada.

—Atesóralo, ¿sí?

—¡Uh-huh! ¡Lo pondré en la habitación donde hago momir! —Eso sería genial, ¿sí?

—¡Debemos haber hecho un buen trabajo si quieres ponerlo ahí!

No podrían estar más felices de que a Marie le haya gustado su regalo. Le gustó tanto, de hecho, que se acercó a Anima para mostrarlo.

—¡Papi, mira! ¡Soy yo!

—Eso es maravilloso; estoy tan feliz por ti. Y mira, yo también tengo algo para ti.

—¿De vedad?

—Sí. Espero que te guste. —Anima metió la mano en su bolsillo. Afortunadamente, su pesadilla no se había hecho realidad, ya que su regalo aún estaba allí—. Feliz cumpleaños, Marie.

—¡Liiindo!

Marie sonrió de oreja a oreja cuando vio lo que Anima había puesto en sus manos. Abrazó el regalo en su pecho y comenzó a saltar en círculo. En sus diminutas manos había coleteros, pero no eran coleteros normales. Lo que Anima le había regalado eran coleteros de conejo.

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—Esos son muy lindos, Anima. Bien hecho. —¡Se verán muy bien en Marie!

—Eres bastante bueno encontrando regalos, ¿sí?

Su intuición era correcta; los coleteros eran un excelente regalo. —Continúa, Marie. ¿No hay algo que quieras decirle a Papi?

Recibir tantos regalos maravillosos la hizo la niña más feliz del mundo. Ella saltó a Anima y le dio un gran abrazo.

—¡Gracias, Papi! ¡Te quiero!

Ver la sonrisa encantada de su hija hizo que todas sus preocupaciones desaparecieran.

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