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TEMA 7 LAS LENGUAS DE ESPAÑA (CEDE).pdf

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Las lenguas de España.

Formación y evolución.

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GUIÓN - ÍNDICE

1. FORMACIÓN Y EVOLUCIÓN DE LAS LENGUAS Y DIALECTOS DE ES-PAÑA

1.1. Etapas

1.1.1. El latín, base de las lenguas hispánicas 1.1.2. Sustratos Peninsulares: el Vasco

1.1.3. El Latín hablado en España: toponimia y préstamos 1.1.4. Cristianismo y España visigoda

1.1.5. El mundo árabe y la lengua romance 1.1.6. Lenguas y dialectos peninsulares 1.1.7. El castellano primitivo

1.1.8. Castellano Alfonsí y Lengua escrita 1.1.9. El español de los siglos XIV y XV

1.1.10. El español en el siglo de oro: estructura y consolidación 1.1.11. El español moderno: La Academia

1.1.12. El español de los siglos XIX y XX 1.1.13. Rasgos innovadores del español 1.2. Dialectos romances de la Península

1.2.1. Estructura y homogeneidad de los dialectos hispánicos 1.2.2. Homogeneidad de los dialectos portugueses

1.2.3. El dialecto astur-leonés 1.2.4. El dialecto aragonés 1.3. La lengua catalana

1.3.1. El catalán, lengua románica 1.3.2. Dialectos del catalán

1.3.3. Breve bosquejo histórico 1.4. La lengua gallega

1.4.1. Orígenes, romanización e influencia árabe 1.4.2. El gallego-portugués y la Reconquista 1.4.3. Diversificación de lenguas. La decadencia 1.4.4. Rexurdimento y fragmentación dialectal

1.4.5. Fechas claves en el desarrollo cultural gallego 1.5. La lengua vasca

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2. LAS LENGUAS Y DIALECTOS DE LA ESPAÑA ACTUAL 2.1. Dialectos del castellano

2.1.1. El andaluz 2.1.2. El canario 2.2. Hablas de tránsito 2.2.1. El extremeño 2.2.2. El riojano 2.2.3. El murciano 2.3. Dialectos románicos 2.3.1. El leonés 2.3.2. El aragonés 2.4. El catalán 2.4.1. El catalán oriental 2.4.2. El catalán occidental 2.4.3. El valenciano y balear 2.5. El gallego 2.5.1. Gallego occidental 2.5.2. Gallego oriental 2.6. El vasco

2.6.1. El vasco y sus dialectos 2.6.2. Sistema fonológico

2.6.3. El verbo: pasividad y recipiente 2.6.4. El sustantivo: caso y morfemas 2.6.5. Partículas del vasco

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BIBLIOGRAFÍA

ALVAR, M. Dialectología española. Variedad y unidad del español. Ed. Prensa

Española. Madrid, 1979.

CANO AGUILAR, R. El español a través de los tiempos. Arco-Libros. Madrid, 1988.

CATALÁN, D. Las lenguas circunvecinas del castellano. Ed. Paraninfo. Madrid,

1989.

COLÓN, G. El español y el catalán, juntos y en contraste. Ed. Ariel. Barcelona,

1989.

ENTWISTLE, W. Las lenguas de España: castellano, catalán, vasco y gallego. Ed.

Itsmo. Madrid, 1978.

GILI GAYA, S. Nociones de gramática histórica. Vox. Barcelona, 1980, 2ª.

LAPESA, R. Historia de la lengua española. Ed. Gredos. Madrid, 1980.

LORENZO, E. de El español de hoy, lengua en ebullición. Ed. Gredos. Madrid, 1980.

SALVADOR, G. Estudios dialectológicos. Ed. Paraninfo. Madrid, 1990.

VALLVERDU, F. Sociología y lengua en la literatura catalana. Ed. Cuadernos para el

diálogo. Madrid, 1981.

VALLVERDU, F. Aproximación crítica a la sociolingüística catalana. Ediciones 62.

Barcelona, 1980.

VARIOS AUTORES Las lenguas de España. Servicio de Publicaciones del M.E.C. Madrid,

1977.

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COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO

La obras clásicas de Alvar, Entwistle y Zamora Vicente son clásicas para la preparación de este tema, ya que estudian todas las variedades del español y de otras lenguas peninsulares. La obra de Catalán es más actualizada que las anteriores y también es-tá más referida a lenguas que a variedades dialectales.

Para la situación actual de la lengua catalana puede acudirse a los tra-bajos de Vallverdu y sobre el vasco, su lengua y cultura son importantes los tratra-bajos de Anto-nio Tovar, López García, y Michelena, de fácil consulta en bibliotecas especializadas. Recien-temente la Editorial Paraninfo ha publicado un trabajo sobre la lingüística vasco-románica de Mª Teresa Echenique, de fácil lectura para los ya iniciados.

El volumen de Rafael Lapesa debe ser un libro de cabecera para la preparación no sólo de este tema, sino de toda la Oposición que estamos preparando. Ade-más, puede manejarse el compendio de Cano Aguilar, de la colección Arco-Libros, de carácter didáctico (en su segunda parte, pp. 269-319, presenta ejercicios prácticos sobre los anteceden-tes históricos, morfosintaxis histórica y léxico; incluye también una serie de textos).

Otro manual básico es el de Zamora Vicente. Estudia el Mozárabe (pp. 15-83); el Leonés (pp. 84-210); el Aragonés (pp. 211-286); el Andaluz (pp. 287-329), las hablas de tránsito (Extremeño, p. 332; Riojano, p. 336; Murciano, p. 339; y Canario, p. 345), el Ju-deoespañol (pp. 349-377); el Español de América (pp. 378-447), y el Español de Filipinas (pp. 448-454). La guía bibliográfica y los índices etimológicos y de topónimos son imprescindibles.

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1. FORMACIÓN Y EVOLUCIÓN DE LAS LENGUAS Y

DIA-LECTOS DE ESPAÑA

1.1. ETAPAS

1.1.1. El latín, base de las lenguas hispánicas

Todos los países que hoy constituyen la Romania hablan lenguas derivadas del latín: portugués, gallego, español, catalán, provenzal, francés, retorromano, italiano, rumano, sardo, etc. El origen de esta gran familia de lenguas, tan distantes geográficamente, se debe a la ex-pansión del Imperio romano, que llevó consigo su lengua a todos los territorios conquistados. La historia de Roma es producto de un vasto sistema de integración y desintegración.

El Lacio era un pequeño rincón (como el rincón de la “Castilla” primitiva) entre el Tíber y los Apeninos. Este pueblo va incorporando los territorios que lo rodean: primero son los volscos y los faliscos, luego los osco-umbros; más tarde los etruscos, pueblo no indoeuropeo que fue una constante amenaza para los latinos. Roma llegó a depender de él. Lo que se ha llamado la fundación de Roma no es más que la independencia del Lacio del dominio etrusco. Cuando vence a todos estos pueblos, la política romana sigue un sentido de hegemonía y absorción.

Aparece, ante Roma, Cartago, un pueblo de lengua y cultura completamente diferen-tes, situado en la costa opuesta del Mediterráneo. Este pueblo aspira a la misma hegemonía que Roma. La lucha entre ambos pueblos era evidentemente inevitable y el mundo se iba a decidir por uno o por otro. Este es el motivo de que Roma suspenda su avance hacia el norte. Sobrevienen las guerras púnicas. Al final de la primera, 264 a. J.C., Roma conquista Sicilia, después Córcega y Cerdeña, formando, de este modo, una defensa de islas frente a sus cos-tas. Entre la primera y la segunda guerra púnica, Roma conquista la cosa dálmata y asegura así la retaguardia de su ejército.

En la segunda guerra púnica, llega a las costas de la Península hispánica, en el año 218 a. J.C., desembarcan los Escipiones en Ampurias y empieza la romanización de España. El último enclave cartaginés, Gades, cae en poder de Roma en el año 206 a. J.C. El peligro cartaginés ha desaparecido. Si hubiera vencido Cartago, la lengua del Mediterráneo occidental hubiera sido completamente distinta.

Ahora Roma da nuevos avances, conquista el mundo helénico y domina la llanura del Po. la conquista de España terminó en el 19 a. J.C. Después conquista Iliria, la Retia, la Dacia, etc. Esta incorporación de diversos territorios al Imperio romano dura cinco siglos.

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Los romanos no impusieron nunca su lengua por la fuerza, sino por estas dos causas: a) Por el prestigio del pueblo colonizador que poseía una técnica superior (construccio-nes de calzadas, acueductos, teatros, etc.), una legislación jurídica perfectamente es-tructurada, una experiencia comercial nada despreciable; en resumen, una cultura muy superior a la de los pueblos conquistados.

b) Porque no hubo una voluntad decisiva por parte del los habitantes de las regiones conquistadas de conservar su lengua: era muy difícil substraerse a la corriente cultural que inundaba todo el Imperio. La creación de escuelas, con su acción de enseñanza de la lengua oficial, la necesidad de hablar la misma lengua para la comunicación con la Metrópoli y otras áreas del territorio fueron otros tantos fermentos que contribuyeron al proceso de latinización.

Hubo un período en que las lenguas autóctonas de los territorios convivieron con el la-tín. Este período de bilingüismo duró hasta que las lenguas indígenas desaparecieron, dejando leves muestras de su existencia en la toponimia y en el léxico. Esta capa lingüística que quedó por debajo del latín recibe el nombre de sustrato.

El latín difundido por el Imperio era una lengua eminentemente oral que difería −aun en su estrato social culto− de la lengua literaria. Las diferencias corrían paralelas con el nivel cultu-ral de los conquistadores. Esta lengua hablada, de la que han quedado escasos testimonios escritos, recibe el nombre de latín vulgar.

Las diferencias geográficas y sociales, la inexistencia de medios de difusión de la len-gua (compárese con la época actual): prensa, radio y televisión que tienden a mantener su uni-dad) hicieron del latín vulgar una lengua poco uniforme, con diferencias que fueron aumentan-do en el tiempo y que se hicieron abismales al desintegrarse el Imperio Romano.

Roma vivió siempre con el peligro acechante de las tribus germánicas. En el s. III se lanzan por el norte y por el este al asalto del Imperio y lo dividen políticamente. Esta división política acentúa las diferencias lingüísticas que poco a poco irán dando lugar a las nuevas len-guas.

1.1.2. Sustratos peninsulares: el vasco

Antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica, habían llegado otros pueblos que, con mayor o menor extensión temporal y superficial, ocupaban el territorio. A un lado y otro del Pirineo se encontraban los vascos. En Levante estaban los iberos, que dieron el

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nom-bre de Ibérica a la Península. En el sur de España y de Portugal se asentaban los tartesios o turdetanos.

Los fenicios y griegos atraídos por las riquezas localizadas en la zona turdetana funda-ron colonias en las riberas del Mediterráneo. La lucha entre estos dos pueblos acabó con el desplazamiento de los griegos hacia Levante. Más tarde, los cartagineses llegan también a nuestro territorio y fundan su capital Cartago Nova (Cartagena). En el centro y noroeste de la Península habitan los ligures, hipótesis basada en la concordancia de algunos topónimos de esta zona con los de Piamonte y Lombardía y en la frecuencia de aparición de sufijos -asco, -osco, -usco.

En el siglo VII a. J.C. invaden la Península los celtas, que, procedentes del sur de Ale-mania, ocupan la Galia y se instalan en Galicia, sur de Portugal, regiones altas del Centro y de sierra Morena. En el Centro y Bajo Aragón se mezclaron con los iberos y constituyen el pueblo de los celtíberos.

Esta diversidad de pueblos origina un mosaico de lenguas cuyas huellas quedan en la toponimia o en inscripciones que se van descifrando poco a poco. Por un lado estaban las len-guas precélticas y célticas, como resultado de las emigraciones indoeuropeas, localizadas en el norte, noroeste, centro y oeste. Por otro lado, en el sur, se conservó la lengua púnico-fenicia hasta la romanización.

A ambos lados del Pirineo el pueblo vasco, que no fue latinizado, conservó su lengua. El origen de la lengua vasca es objeto de discusiones: para unos, el vascuence es de proce-dencia africana, porque tiene significativas coinciproce-dencias con las lenguas camíticas; para otros, es de procedencia caucásica, porque su estructura gramatical presenta semejanzas con la de aquellas lenguas. Esta segunda hipótesis es la que va cobrando más fuerza. Para algunos au-tores son los descendientes directos de los iberos; para otros, iberos y vascos son dos ramas de la misma procedencia caucásica. Es muy difícil dilucidar esta cuestión. Indudablemente, los vascos, si no eran descendientes de los iberos, recibirían su influencia, como recibieron la del latín.

1.1.3. El latín hablado en España: toponimia y préstamos

Tras doscientos años de lucha, los romanos acabaron conquistando la Península, por lo que en el siglo I estaba latinizada; fue de los primeros pueblos que aprendió la lengua latina. Hacia el año 80 a. J.C. Sertorio fundó en Huesca una escuela de Gramática para los hispanos. De este modo, Julio César pudo hablar públicamente a sevillanos y cordobeses mientras que en las Galias tenía que servirse de intérpretes.

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Muchos pueblos adoptaron nombres latinos para evocar a sus emperadores: Augusta Emérita (Mérida), Caesar Augusta (Zaragoza), Lucus Augusti (Lugo), Servilius Caepio (Chipio-na), Triana, en Sevilla, ha sido derivado de Trajana, por alusión a Trajano. Las personas recibí-an también apelativos romrecibí-anos que pasaron después a la toponimia: Oreja, Colmenar de Ore-ja, Orejana, Orellán, Orejo derivan de Aurelius o Aurelia, etc. La asimilación de la lengua y la cultura latinas en España fue tal que algunos de sus emperadores (Galba, Adriano, Trajano, etcétera) nacieron en la Península, así como algunos de sus más insignes filósofos y escritores (Séneca, Marcial, Quintiliano, Prudencio, etc.).

El latín hablado en España tenía su acento peculiar, reflejado tanto en algunas caracte-rísticas fónicas (entonación, pronunciación de sonidos) como léxicas. Estos rasgos eran debi-dos, sin duda, al influjo del sustrato prerrománico. Cicerón encontraba en la dicción de nuestros poetas de Córdoba “un no sé qué grueso y extraño”. A. Gelio se refiere al retórico español An-tonio Juliano con estas palabras: “maestro de elocución con escuela pública, hombre de facun-dia..., pero con un modo de hablar a la española” (hispano ore), y Adriano, cuando era cuestor, habló a los senadores con pronunciación tan campesina, que suscitó risa.

El fonema f- inicial de las palabras latinas (farina) se sustituyó en español por /h/ (aspi-ración laríngea) y luego se perdió; lo mismo ocurrió, al otro lado del Pirineo, en Gascón. Al pa-recer, la dificultad en la pronunciación de este fonema es debida a un hábito de substrato pre-rromano. A la misma causa se atribuyó la ausencia de /v/ en español.

En el plano morfológico, sólo algunos sufijos pasaron al latín hispánico: -arro, -urro (ca-chorro, baturro), -eco (muñeco), -iego (pasiego, andariego), etc. Al léxico pasaron palabras co-mo vega, páraco-mo, balsa, losa, manteca.

Pero el latín que llegó a nosotros traía ya otros elementos léxicos, de distinta proce-dencia, que había recogido de su amplio contacto con otros pueblos. Del celta recogió camisa, cabaña, cerveza, legua, abedul, salmón, alondra. De la cultura griega, fantasía, filosofía, poe-sía, matemáticas, atleta, coro, pedagogo, escuela, etc.

1.1.4. Cristianismo y España visigoda

El cristianismo consiguió la unidad espiritual del Imperio y ayudó eficazmente a la total difusión del latín a través del proceso de evangelización y enseñanza.

Este proceso de cristianización deja hondas huellas en la toponimia, que refleja la de-voción a determinados santos: Sant Yago (>Santiago); (Eclesia) Santi Joanis (>Seoane); Santa

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Eulalia (>Santalla, Santa Olaja, Santolalla); (Eclesia) Sancti Emeterii (>Santander), San Mede-ro, San Medere, etc...

En esta etapa pasan al latín y él las divulga, la última serie de helenismos, que había adoptado al estar la mayoría de los textos del Nuevo Testamento escritos en esa lengua: evan-gelio, ángel, apóstol, diablo, mártir, monasterio, cementerio, etc.

En el año 409, invaden la Península diversos pueblos germánicos: los suevos se esta-blecen en Galicia, los vándalos en la Bética y los alanos en la Lusitania y la Cartaginense; su paso fue fugaz. En el 413 entra otro pueblo germano; el visigodo, que funda su capital en Tole-do y logra la fusión de su raza con la hispánica (con RecareTole-do, en el siglo VI). Este pueblo, más culto que los tres anteriores, se hispaniza poco a poco, aprendiendo el naciente romance castellano.

Este romance hispánico estaba muy poco evolucionado: aún conservaba /f/ en posición inicial, diciendo fazer (<facere) aparecía /y/ como primera evolución del /g/ latino vulgar: yer-mano (<germanum); convertirían en ll el grupo li o c'l latinos: fillo (<filium), uello (<oculum); apa-recía it procedente de ot o ut latinos: noite (<noctem), muito (<multum); y, sobre todo, dipton-gaban /e/ y /o/ breves en sílaba trabada: puerta (<portam), siete (<septem). De la época ante-rior a la fusión quedan topónimos que reflejan la distinta agrupación de hispánicos (romanos) y visigodos: a los primeros pertenecen los topónimos del tipo, Romanos, Romanillos, Romano-nes, Romancos, etc.; de las colonias visigodas son reflejo Gude, Vilagude, Aldegode (“aldea del godo”) Valgote, etc.

Con ellos entran también nuevos nombres de persona: Alfonso, Alvaro, Ramiro, Ramón o Raimundo, Elvira, etc. Además, dejan abundante léxico: guardia, espía, espuela, parra, aspa, rueca, etc.

1.1.5. El mundo árabe y la lengua romance

En el año 711 pasa a la península el pueblo árabe. Procedente de oriente, este pueblo, enardecido por Mahoma, emprende una “guerra santa” contra los pueblos idólatras para impo-ner su nueva religión. En menos de medio siglo formaron un gran Imperio que se extendía des-de la India hasta el Magreb (Marruecos) y, durante seis siglos, poseyó la hegemonía política y científica del mundo conocido. Trajeron a España una nueva cultura que abarcaba desde el mundo artístico hasta el agrícola, pasando por las matemáticas, la química, la medicina, etc. A través de España principalmente, pasará esta nueva ciencia a toda Europa. Toda esta cultura traía nuevos nombres que unas veces venían con la “cosa” nueva que importaban y otras se daban a las que ya existían. Más de cuatro mil palabras del léxico total español se deben al

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árabe; es, por lo tanto, la lengua que más influjo ha ejercido en el español. De estos arabismos, muchos han desaparecido por completo del uso, otros quedan refugiados en zonas dialectales, pero muchísimos son los que todavía hoy se emplean en la lengua cotidiana.

El influjo árabe se deja sentir, igualmente, en la toponimia: los ríos y los valles por don-de corren, se llaman guad: Guadalajara (“río don-de piedras”), Guadalquivir (“río don-de la ciudad”). Guadalaviar (“río blanco”); los nombres de pueblos formados con ben (hijo de) son intermina-bles: Benicasim, Benidorm, Benaguacil, etc; topónimos que evocan al arte de las construccio-nes: Alcázar, Alcazarén, Alcocer; calat en Calatayud (Castillo de Ayub), Calatañazor (Castillo de Águilas). En la onomástica quedaron: indefinidos fulano y mengano; las partículas de balde, hasta; las interjecciones de hala, arre, ojalá, ya.

1.1.6. Lenguas y dialectos peninsulares

Los árabes conquistaron prácticamente todo el territorio español, con la excepción de unos pequeños núcleos en el Norte, que resistieron a la invasión. Queda, pues, España dividi-da en dos partes: una al norte, refugio de los cristianos que deseaban emprender la Reconquis-ta; otra al sur, con capital en Córdoba, que era el mundo árabe.

Desde el siglo VIII, los cristianos empiezan a organizarse poco a poco en tres núcleos: el primero, formado alrededor de Oviedo, se organiza en León, después de extenderse por Ga-licia; el segundo, lo constituyó Castilla; el tercero, Navarra, Aragón y Cataluña. Esta fragmenta-ción política lleva consigo una peculiaridad lingüística, que va dando origen, poco a poco, a diferentes dialectos: por un lado, el asturiano, el gallego y el leonés; por otro, el navarro-aragonés y el catalán; en el centro, el castellano.

Durante todo este tiempo, la comunicación de la España cristiana con Europa fue muy escasa. Hay que hacer la salvedad del catalán que estuvo en constante contacto con el sur de Francia y con la lengua provenzal.

En los siglos VIII al X el dialecto que predomina es el leonés, dialecto conservador que se encuentra influido por un lado por el gallego, más conservador aún y, por otro, por el mozá-rabe, cuyos hablantes huyen del dominio árabe y se refugian en el reino leonés.

Castilla estaba circunscrita a la antigua Cantabria. Ocupaba la región del alto Ebro y del alto Pisuerga, y en el siglo X se ensancha y llega hasta el Duero. En este territorio el romance evoluciona con más rapidez que en el resto peninsular.

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Navarra comienza su expansión en el siglo X, reconquistando la Rioja, pero queda ais-lada en su reducido territorio. Aragón comienza a extenderse hacia el sur en el siglo XI. Este castellano primitivo poseía características peculiares que lo distinguían de los demás dialectos: el paso de /F/ inicial latina a /H/, debido al influjo del substrato prerromano; ausencia de /V/; monoptongación en carrera y soto, etc.

Al sur de la España cristiana, los españoles hispanogodos conservaron su religión y el romance naciente anterior a la invasión árabe: eran los mozárabes y su dialecto, el mozárabe. Su característica peculiar era el arcaísmo, por lo que enlazaban con los dialectos extremos (ga-llego y catalán), también arcaizantes: los tres tenían muchas semejanzas. Sus peculiaridades eran: conservación de los diptongos ai o ei: baiga, frente al castellano vega (al pie de Sierra Nevada, cerca de Lanjarón y Orgiva, existen unos pueblecitos que, por la conservación del dip-tongo ei, parecen gallegos, pero son mozárabes: Pampaneira, Capileira, etc.); conservación de los diptongos au y ou: tauro (gallego touro) frente al castellano toro; el grupo consonántico mb no se había reducido a m: palumba por paloma; conservan el grupo pl inicial: plorar como el catalán, por llorar; el grupo latino ct>it: lacte dio en mozárabe laite, en gallego leite, frente al castellano leche, etc. En este dialecto, se escriben los primeros textos conservados de la lírica española. La convivencia de hispano-godos, árabes y judíos dio origen a un tipo de canción lírica, la muwassaha, que escrita en árabe o hebreo, incrustaba palabras romances; y termina-ba, en general, con un verso o versos, jarcha, en lengua mozárabe, escritos también con carac-teres hebreos o arábigos).

1.1.7. El castellano primitivo

En el siglo XI se divide el Califato árabe en varios reinos pequeños. Esta desmembra-ción es aprovechada por la España cristiana para comenzar su obra de reconquista. Pero en los reinos cristianos, el que mantiene un lugar predominante es Castilla, y ella realiza la expan-sión. Fernando I anexiona León a Castilla, su hijo Alfonso VI amplía sus territorios por la Rioja y llega hasta Toledo (1085). El Cid Campeador, llega en su conquista a Almería, Cádiz y Jerez. Con la expansión política de Castilla, su lengua va avanzando. Quedan como dominios lingüís-ticos independientes los extremos peninsulares.

En esta época (1107) se escribe el Poema del Mío Cid, que narra las conquistas del héroe castellano. Este castellano adquiere unas determinadas peculiaridades fonológicas, mor-fosintácticas, y léxicas.

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Peculiaridades fonológicas

El sistema vocálico tiene cinco fonemas vocálicos, al igual que hoy: /i, e, a, o, u/. El la-tín clásico poseía un sistema vocálico de diez fonemas, cuyo rasgo distintivo era la cantidad. Posteriormente lo pertinente fue el timbre. El esquema es el siguiente:

i i e e a a o o u u

i e ie a ue o u

ejemplos: v i tem>vid; timet>teme; pl e num>lleno; bene>bien; p a trem>padre; annum>año; bonum>bueno; t o tum>todo; buccam>boca; c u pam>cuba.

Los diptongos latinos monoptongan en español: ai > e, laicum > lego; au > o, causam > cosa; paucum > poco; aurum >oro; ae tónico (= e abierta) > ie, caelum > cielo; oe > e, poenam > pena.

El sistema consonántico es el siguiente:

Labial Dental Ap. Alv. Palatal Velar

Oclusivas sordas p t ts k

Oclusivas sonoras orales b d dz dž g

Oclusivas sonoras nasales m n n

Fricativas sonoras v ç z

Fricativas sordas f š

Líquidas r r l λ

Este sistema contiene fonemas desconocidos hoy: /ts/ (ortográficamente c + e, i o ç): braco/bratso/; /dz/ (ortográficamente z): fazer /fadzer/; /dz/, africado, semejante al del inglés actual “gentle” (ortográficamente g, j o i): jamás /dzamás/, gentil /dzentíl/ oreja y oreia /orédza/; /v/ que en las regiones lindantes con el País Vasco se pronunciaba ya bilabial; /s/ (ortográfica-mente x) exido /esído/. Además existían d, g fricativas, frente a d, g oclusivas, y en donde v no se pronunciaba; también b fricativa.

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Peculiaridades morfosintácticas

La morfología presentaba muchas irregularidades. Por ejemplo, en el pretérito, alterna-ban formas como feziste, fizieste, fiziste, fizist, fezieste, etc. Igual en el sintagma nominal: aquest y aqueste, est y este, etc.

Los verbos intransitivos se auxilian con ser: “una estrella es nacida”, “son idos”, “son entrados”, pero comienza a emplearse también aver (haber) “a Valencia an entrado”.

El régimen precede al regente: “el agua nos han vedado”.

El pronombre átono no puede situarse ante el verbo después de pausa: “partiós de la puerta” (partióse). Lo mismo ocurre con aver y ser con participio: “Dexado ha heredades”, etc.

Peculiaridades léxicas

Hay latinismos como vigilia, vocación, voluntad, laudar. Coexisten formas sinonímicas que hoy han desaparecido: cabeça y tiesta (compárese con el francés tête y con el italiano tes-ta), pierna y camba, tomar y aprender, salir y exir, etc.

1.1.8. Castellano alfonsí y lengua escrita

El centro de esta época es Alfonso X “el Sabio” (1252-1284). Su padre, San Fernando, había conquistado Córdoba, Jaén y Sevilla, y el rey Sabio se encuentra ante un vasto reino que regir y educar. Para esta tarea no posee una lengua escrita, práctica y eficiente: se hablaba en castellano, pero la prosa, y más la prosa oficial, se seguía escribiendo en latín. La decisión de Alfonso X es la de hacer del castellano también una lengua escrita, que sustituya al latín, en-tendido por pocos, para unificar su dominio y para verter a esta lengua los avances científicos y culturales del mundo árabe y hebreo. Reúne en su palacio toledano árabes y judíos que tradu-cen, juglares que narran la épica nacional, y el rey va corrigiendo el estilo en que se redacta aquel castellano, sustituyendo latinismos por palabras populares, precisando las frases, acu-ñando en definitiva la prosa de las Siete Partidas (código jurídico), de la Primera Crónica

Gene-ral o de la GeneGene-ral Estoria. La poesía castellana existía sólo en boca de los juglares y era

fun-damentalmente oral (el Poema de Mío Cid). La intención de escribirla surge en Gonzalo de Berceo: “Voy a fer una prosa en roman paladino / en la cual suele el pueblo fablar a su vecino”, y en esta lengua escribe los Milagros.

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Peculiaridades fonológicas

El sistema fonológico se estabiliza y se mantiene hasta el siglo XVI. Las consonantes se distribuyen del siguiente modo:

Ápico Dorso

Labial Dental Alveol. Dental Palat. Velar Lar.

Oclusivas sordas p t ts ˆc k

Oclusivas sonoras orales b d dz dž g Oclusivas sonoras nasales m n n

Fricativas sonoras v z

Fricativas f s š /'/(h)

Las líquidas se mantienen como en el esquema del S. XII. Lo nuevo en este cuadro es la aparición de la palatal oclusiva sorda / ˆc / (gráficamente ch) y de la aspirada /'/ (gráficamente

h) que va ganando terreno a /f/. En el sistema vocálico, hay que señalar la pérdida de la /e/ final

de palabra: trist, pued, recib, dim.

Peculiaridades morfosintácticas

Se incrementa la interpolación de palabras entre el pronombre y el verbo: “que me non den”. Repetición de las conjunciones que y et.

Peculiaridades léxicas

Se forman derivados de palabras ya existentes para dar nombre a conceptos que hasta entonces sólo habían recibido denominaciones latinas o árabes: de lado, “ancho”, se forma la-deza, “anchura”; de luengo se forma longueza, “longitud”, de asmar, “creer”, se forma asmanza, “opinión, creencia”.

1.1.9. El español de los siglos XIV y XV

En el siglo XIV el Infante Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X y nieto de San Fer-nando, sigue las directrices de su tío para afirmar y pulir la prosa castellana. Juan Ruiz, el Arci-preste de Hita, es un eximio representante de la poesía de esta época.

En el siglo XV, renace la antigüedad clásica y surge la admiración por Roma. La lengua castellana toma nuevo rumbo. El romance claro, llano, plagado de voces y giros populares no va a satisfacer a los nuevos humanistas que lo encontrarán “rudo” y “desierto”, “humilde” y

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“ba-jo”, como lo calificaba Juan de Mena. Aumenta el número de latinismos, tanto léxicos como sin-tácticos. Esta latinización exagerada no podía durar mucho porque la utilizaban únicamente un reducido grupo de cultos. Por eso, cuando aparece El Corbacho, del Arcipreste de Talavera (1438), la lengua popular triunfa nuevamente.

A finales del siglo XV van a ocurrir dos hechos transcendentales para la lengua: uno, el descubrimiento de América, que va a dar lugar a la expansión del castellano por aquellos ex-tensos territorios; otro es la aparición de la Gramática Castellana de Antonio de Nebrija que pretendía unificar lingüísticamente la Península y dotar a los nuevos pueblos de Ultramar del elemento indispensable para aprender bien esta lengua. El equívoco de Nebrija es que toma como modelo la Gramática Latina para explicar las estructuras del castellano cuando eran ya distintas.

Características de la lengua en el siglo XIV

1. Se van regulando las vacilaciones del fonetismo: se recupera la pérdida de la -e final. 2. Se propaga el paso de f>h, que aparece en documentos oficiales, aunque perdure en la lengua literaria.

3. Se generaliza el diminutivo -illo en la lengua literaria. 4. Aumenta el uso de nosotros, vosotros, sobre nos, vos. 5. Comienzan a penetrar latinismos en el léxico.

Características de la lengua en el siglo XV

1. En la lengua literaria predomina h sobre f en los textos; es decir, la aspiración de la f- inicial latina que temporalmente se pierde: /f/>/'/>/cero/.

2. Alternan d y t finales: edad y edat, voluntad y voluntat, pero poco a poco va impo-niéndose la dental sonora d.

3. Las vocales átonas alteran frecuentemente su timbre: sofrir “sufrir”, vevir “vivir”. 4. Se recupera totalmente la -e, aunque quedan restos como fiz “hice”, nol “no le”, etc. 5. Se calcan construcciones sintácticas latinas: “pocos hallo que de las mías se paguen obras”.

6. En lugar de la oración de relativo, se adopta el participio de presente: “¡Oh vos, dubi-tantes, creed las estorias!”.

7. Colocación del verbo al final de la frase, a imitación latina.

8. Aumenta su frecuencia, la adjetivación de sustantivos en forma de epítetos.

9. Aumentan los latinismos, los galicismos y los italianismos, por ese fervor desmedido por la cultura y el mundo clásico.

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1.1.10. El español en el Siglo de Oro: estructura y consolidación

El español de esta época experimentará muchos cambios en su estructura que conlle-varán su purificación y fijación. Los grandes escritores de nuestra literatura inmortalizarán la lengua escrita de la época.

Los principales fenómenos lingüísticos de la época se pueden agrupar por sus rasgos fonológicos, morfosintácticos y léxico-semánticos.

Peculiaridades fonológicas

1. Las vacilaciones en el timbre de las vocales átonas que señalábamos en la época anterior, van desapareciendo poco a poco.

2. El sistema consonántico sufre una gran transformación, sobre todo en la serie de sus sibilantes. El fonema inicial latino /f/ pasó a aspiración, pero convivieron durante algún tiempo los dos, debido a los dialectismos con /f/ inicial que pasan al castellano. La anti-gua /f/ inicial latina > /cero/, como hoy (conservándose la aspirada en zonas dialectales extremas), y sobreviviendo /f/ en otros casos: ferrum>hierro; focum>fuego. Las sibilan-tes sorda y sonora quedan reducidas a la sorda:

s ts z

s>/S/ ts>/θ/(ç) s>/X/(j)

z dz s

Estas tres consonantes van a dar en el castellano moderno:

/s/>/s/; /ts/>/θ/; /s/ > /x/ (grafías s, c/z, j respectivamente), creándose la distinción s/θ en el castellano peninsular.

Pero, en Andalucía, van a confluir /s/ y /ts/ en /s/ en unas zonas, que son las del seseo, mientras que en otras confluirán en /θ/ (semejante a la castellana, pero no igual): zonas de ceceo.

3. Hay vacilación en el empleo de los grupos consonánticos: doctor y dotor, columna y coluna, conceto y concepto.

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Peculiaridades morfosintácticas

1. En la conjugación, alternaban formas como amáis y amás, tenéis y tenés, sois y sos; las formas segundas pronto desaparecieron, quedando como formas verbales del vo-seo.

2. El imperativo perdió su d final, y alternaban cantad y cantá, salid y salí.

3. El sufijo diminutivo más extendido era, desde tiempos atrás, -illo. En esta época co-mienza a alternar con -uelo, -ito, -ico.

4. Se generaliza el superlativo -ísimo.

5. Los verbos haber y tener eran sinónimos al comienzo de esta época. Poco a poco, haber va dejando de ser transitivo y va ampliando sus funciones como auxiliar.

6. Ser y estar van adoptando la significación que tienen hoy.

7. El tiempo verbal cantara perdió su valor de pluscuamperfecto de indicativo. 8. Aparece el leísmo en su forma singular.

9. Aparece la preposición a ante el objeto directo de persona. Peculiaridades léxicas

En esta época penetran en el español muchos italianismos, lusismos y galicismos. Ci-temos, a modo de ejemplo, dos préstamos de cada una de estas lenguas: Ital.: “piloto”, “ban-ca”; Port.: “pago”, “mermelada”; fran.: “servilleta”, “batallón”. También hay que señalar el paso al español de léxico procedente de las lenguas indígenas de América: “patata”, “chocolate”, “tiburón”, “jauja”,...

1.1.11. El español moderno: La Academia

En el siglo XVIII, Francia se impone culturalmente a Europa. En España, surge la imita-ción por lo francés, lo que nos lleva a despreciar nuestra literatura de los siglos pasados y a buscar nuevos caminos que desembocan en una decadencia de estilo y en un empobrecimien-to del uso de la lengua.

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Para luchar contra esta decadencia surge la Academia de la Lengua Española que, a imitación de la francesa, aunque siempre mucho más liberal que ella, se empeñó en la tarea de codificar nuestra lengua. Publica inmediatamente su primer Diccionario de la Lengua

Castella-na (1726-1739) llamado también DiccioCastella-nario de Autoridades porque cada palabra está

autori-zada por el uso que de ella hizo un autor clásico de nuestra literatura. Después publica la

Orto-grafía (1741) y, por último, la Gramática (1771). Estas obras gozan, desde su nacimiento, de

protección oficial, y las dos últimas se implantan en la enseñanza escolar, como método didác-tico normativo.

Surge el interés por estudiar la historia de la lengua, por cuidar y purificar el idioma; así, eruditos como Mayans y Siscar, Valdés y Capmany publican obras sobre el origen y formación de nuestra lengua. La ortografía académica fija el uso de los grafemas, que habían cambiado de valor con la transformación fonológica de la época anterior. La sintaxis se va deshaciendo de toda la carga de hipérbatos, de circunloquios; desaparecen las metáforas chabacanas de la época, y la lengua se va haciendo más simple, más sencilla y más precisa. Se impone la lucha contra el mal gusto, bajo el lema académico de limpiar, fijar y dar esplendor.

1.1.12. El español de los siglos XIX y XX

La Real Academia Española sigue siendo salvaguardadora del idioma durante los dos últimos siglos. Una ley del Estado de 1887, en su art. 88, declaraba que su Gramática era texto obligatorio y único en las escuelas de enseñanza pública. Ante esta responsabilidad didáctica reformará en varias ocasiones su Ortografía y reeditará una y otra vez su Gramática.

Las reformas se harán siempre por partes y de forma sucesiva a fin de no perjudicar el carácter doctrinal y pedagógico de la misma. Y se basará en los textos literarios de escritores españoles de siglos precedentes.

Se fijan las grafías, dando paso a la moderna escritura, quedando en la actualidad, tras las nuevas normas académicas en doble posibilidad gráfica para ciertos términos (psicología, sicología, substantivo, sustantivo). La R.A.E. intentará acercar la escritura a la pronunciación; sin embargo, todavía existen varios desajustes en grafías tales como b y v; g y j (ante e, i); la h que no corresponde a ningún fonema o sonido del español, etc.

Del país vecino, Francia, se introducen varios galicismos que provocan una infructuosa polémica entre “puristas” e “innovadores”. También entran algunos anglicismos, antecedentes de la gran cantidad de préstamos que en nuestros días vamos a recibir del inglés.

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El léxico científico y técnico va a estar dominado en todo el mundo por el inglés, de ahí que nuestra lengua también reciba abundante número de anglicismos, modificando en ciertos casos la estructura morfológica y sintáctica de nuestro idioma.

1.1.13. Rasgos innovadores del español

− Diptongación de e y o breves latinas en posición tónica, dando ie y ue respectivamen-te.

− Pérdida de la f- inicial latina.

− Las consonantes latinas por influencia de la yod desarrollan la interdental /θ/, la velar /X/ y la palatal africada / ˆc /.

− Palatalización de las consonantes iniciales latinas cl-, fl- y pl-.

− Simplificación de vocales geminadas: ns>ss>s; rs>ss>s; pt>tt>t; vu>uu>o.

En la actualidad el castellano tiene unas características y tendencias que son comunes a casi todas las hablas o dialectos:

− Neutralización de los fonemas /y/-/ll/ con predominio del primero. Fenómeno conocido como yeísmo.

− Debilitación de la consonante intervocálica ado>ao. − Pérdida de la -s implosiva en final de la sílaba. − Simplificación de los grupos de consonantes. − Abundancia de siglas.

− Neologismos con terminaciones anómalas.

− Simplificaciones morfológicas: plurales de préstamos en forma de vocal tónica + s o consonante + s.

− Léxico extranjero que no termina en vocal o en consonantes r, l, n, s, d, z. − Los nombres propios se pronuncian con su valor fonético de origen. − Uso del adjetivo en función adverbial: hora punta, verlo claro, etc.

− Uso de las formas impersonales y de formas pasivas en el lenguaje periodístico. − Simplificación de las formas verbales: el imperfecto sustituye al condicional.

El castellano anula a las demás lenguas y dialectos por ser el idioma de las ciudades, de la escuela y del servicio militar.

1.2. DIALECTOS ROMANCES DE LA PENÍNSULA

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Al Norte: gallego-portugués, leonés, castellano, navarro-aragonés y catalán; y al sur es-taban los dialectos mozárabes, con dominio árabe, pero influenciados por el habla de los reinos cristianos.

1.2.1. Estructura y homogeneidad de los dialectos hispánicos

Si se compara la estructura de los dialectos hispánicos con la de los de la Galia o Italia, aparecen dos hechos. Primero, que en tres cuartas partes del territorio peninsular faltan dialec-tos, dándose sólo en la parte septentrional de España y, por tanto, la estructura dialectal del español es mucho más pobre y uniforme que la del francés y del italiano. Segundo, que en Francia e Italia se hace una neta distinción entre dialecto y Lengua literaria, distinción que ge-neralmente no existe aquí. En español, en comparación con el francés y el italiano, sus hablas son más homogéneas y más ricas en características dialectales; dicho de otro modo, el roman-ce medieval, con apariencia de unidad lingüística, es un complejo mosaico de dialectos, que se quiebra a consecuencia de la invasión árabe y de la sucesiva reconquista bajo la supremacía de Castilla y la expansión del castellano de Norte a Sur. He aquí las razones de esa uniformi-dad de los dialectos españoles en el Centro y en el Sur, las tres cuartas partes del territorio lin-güístico español.

No sólo la organización dialectal del español, sino también la del portugués y del cata-lán han sido determinadas por el indicado movimiento de Norte a Sur. Se trata de un fenómeno realizado a plena luz de la historia, teniendo especial interés la tesis de Menéndez Pidal sobre el movimiento lingüístico de Norte a Sur en la Península Ibérica.

El mozárabe tiene un carácter conservador, arcaico y ciertas correspondencias con los dialectos españoles, que no han participado en los notables cambios fonéticos que experimen-tó el castellano de Castilla.

− Los grupos latinos -CL- y -Ll- palatizan como en otras lenguas y dialectos iberorro-mánicos y en la mayor parte de las lenguas romances; en español, se cambia primero en z y después en j: Lat. cuniculus > moz. conelyo; arag. conello; gall. -por. coenllo; catl. conill; en español, conejo.

− Se conserva en el mozárabe la T del grupo latino CT, como en las demás lenguas y dialectos iberorrománicos; mientras el español cambia CT en CH; Lat. lacte > moz. lai-te; gall, leilai-te; arag. y león. leilai-te; cat. llet; port. leilai-te; en español, leche.

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− El tratamiento de la j inicial latina es igual en mozárabe y en las otras lenguas ibero-rrománicas y las lenguas romances occidentales. En español la j desaparece. Lat. ie-nuariu > moz. jenair; león. y arag. jenero; cat. gener; fr. janvier; en español, enero. En la diptongación de o y f:e ante una palatal el mozárabe concuerda con los otros dia-lectos españoles; el español es diferente. Lat. oculum > moz. uelyo; león. uello; cat. ull; en es-pañol, ojo. Todo esto indica que debió de haber inicialmente cierta unidad lingüística iberorro-mánica que más tarde ha sido rota por el castellano. En efecto, se sabe que después de la ocupación de Toledo (capital del reino godo) por los árabes, un pequeño grupo de fugitivos cristianos se refugiaron en Asturias. Allá arriba, primero Oviedo y después León fueron los con-tinuadores de la monarquía visigoda. Pero en el siglo IX, una región que va desde la parte oriental de Galicia al curso superior del Ebro y del Pisuerga, acapara la hegemonía política y origina el castellano con sus estridentes desviaciones respecto a los demás dialectos y lenguas iberorrománicas. Esta tierra se conoce con el nombre de Castilla.

La segunda mitad del siglo XI trae a España el más radical cambio político y lingüístico: la debilitación del reino de Navarra, la decadencia de León y la expansión del poder de Castilla.

Con la supremacía política, cultural y literaria de Castilla la expansión del castellano avanza en forma de cuña hacia el Sur, desaloja los dialectos mozárabes, interrumpe el lazo lingüístico que existe entre los extremos oriental y occidental de la Península y conquista el sur de España, formándose nuevos dialectos meridionales que acaban con los dialectos mozára-bes.

1.2.2. Homogeneidad de los dialectos portugueses

El portugués parece ser la lengua más homogénea del continente; también aquí el mo-vimiento, de Norte a Sur, determinó la estructura de los dialectos lusitanos. El portugués ha surgido del latín vulgar de la Lusitania, el llamado gallego-portugués. Al mismo tiempo, en el resto de la Lusitania, surgió un idioma románico del cual tenemos escasísimo conocimiento, llamado “romanço moçarábico”. El portugués del Norte se ha propagado hacia el Sur a conse-cuencia de las victorias del rey Don Alfonso Henriques (en 1147 ocupa Lisboa, la futura capital) absorbiendo el romance que allí se hablaba.

Sin la expansión del gallego-portugués, de Norte a Sur, la situación lingüística habría tomado un carácter completamente distinto del actual. Dos rasgos típicos del portugués: la caí-da de -L- y la -N- intervocálicas (lat. caelum. salire, bona, tenere; port. ceu, sair, boa, ter) que se encontraba en el Norte, no existían en el Sur a juzgar por los topónimos Mértola, Baselga,

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Odiana. Así, pues, también Portugal propagó sus dialectos desde el Norte al Sur y determinó las respectivas estructuras dialectales.

1.2.3. El dialecto astur-leonés

Se origina en el reino astur-leonés; procede de la descomposición del latín en esta zo-na de la Península. Está influido por el gallego, el más conservador entre los dialectos del nor-te, y por el mozárabe. Entre sus rasgos más notables, figuran los siguientes:

− De carácter general (por toda la zona dialectal):

• Vocales finales -i, -u, o bien e, o, muy cerradas. P.e. mediu, estimontis. • Conservación de la -i en desinencias. P.e. matancia, corría.

• Conservación del grupo MB. P.e. palombu, llamber.

• Paso a L de B y D finales de sílaba interior. P.e. mayorazgo > mayoralgu.

• Pérdida de la R final del infinitivo seguido de cualquier pronombre. P.e. matalú, matáte.

• Los imperativos son normalmente así: guardai, ponei, salí. − De carácter regional (dentro de la zona dialectal):

1. La parte más septentrional conserva elementos que se perdieron fuera de ella (región de la montaña, norte y oeste de León, Sanabria).

• La palatización de la L- inicial (llobu, lluna).

• La palatización (más escasa) de la L medial (baillar). • La Ñ- inicial por la N- inicial (ñalga).

• Se usan NOS y VOS en lugar de nosotros y vosotros.

• La diptongación de e y o ante yod (vienga, tiengo, nuechin, fueya (hoja). • No se redujo el diptongo IE, a diferencia del castellano: amariello, costie-lla, aviespa.

2. La región más aislada por las montañas y la más rica en tradición folclórica, As-turias, posee rasgos dialectales privativos suyos:

• En lugar del grupo -MBR- se usa -M- (llume, home, fame).

• La vocal tónica se cierra ante -u final (pirru, se opone a perra; sentu a santa y santos).

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3. Unos caracteres propios lingüísticos tiene el habla de los vaqueiros, que carac-teriza a la faja más occidental del dialecto (Luarca, Cangas de Narcea, Somiedo), el sur de Asturias y la parte colindante de la provincia de León (valle del Sil en el Bierzo, Laciana, Babiana, Luna y los Argüellos).

4. La zona más arcaizante está constituida por el occidente de Asturias y León, Astorga, Sanabria y Miranda.

• Coinciden con el gallego-portugués vecino en la conservación de los dip-tongos EI-OU (cantei, caldeiro, roubar).

• Conserva la -E final en rede, tenere, zagale.

• CH resultante de los grupos iniciales PL, CL, FL (chano, cheno).

• La F- inicial latina que se perdió en castellano aquí se mantenía: forno (horno), (formiga), figadu (higado).

1.2.4. El dialecto aragonés

Procedente de la desmembración del latín en el reino de Navarra y Aragón. El dialecto navarro-aragonés se asemeja mucho al de León: pero es más tosco, acaso por la ausencia de una corte refinada como la leonesa, y más enérgico, quizá por el primitivo fondo vasco de la región pirenaica; está menos ligado que el leonés a tradiciones lingüísticas pasadas y más a particularidades locales. En este dialecto están escritas las Glosas Emilianenses y Silenses. Estos son algunos de sus rasgos lingüísticos:

− Persistencia de algunas oclusivas sordas intervocálicas: suco (jugo), rete (red), fora-tar (horadar).

− Mantenimiento de la F- inicial latina: fata, farina.

− G- y J- inicial se conservan con valor palatal; chinebro, enebro.

− De CT latino conserva IT o T, en lugar de CH castellana: dito, feito, muito. − Como en leonés el diptongo IE no se reduce a I: castiello.

− Diptonga las vocales e y o ante yod: tiengo, fuella.

− La diptongación UE, IE lucha con UO, UA, IA: puorta, puarta, fuogo, fuaca.

− Conserva los grupos iniciales PL, CL, FL: plan-plano; clamar (llamar); flamarada (lla-marada).

− Caen frecuentemente E y O finales (fuent. fornaz). 1.3. LA LENGUA CATALANA

Es el resultado de la evolución del latín en la región Nordeste de la Península. El cata-lán es una de las nueve lenguas románicas que se han mantenido hasta la actualidad. Su foco

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originario es la llamada Cataluña Vieja (de los Pirineos al mar, por las cuencas del Ter, Llobre-gat y Fluvia) y desde allí se fue extendiendo hacia el Sur. A grandes rasgos se puede decir que el dominio catalán comprende: El Principado de Cataluña (menos el Valle de Arán, que habla el gascón), el Reino de Valencia, Baleares, Departamentos franceses de los Pirineos Orientales, Andorra, Alguer (Cerdeña) y zona fronteriza con Aragón. Los límites son bastante precisos. En la zona de Ribagorza parece ser que se fraguó la lengua. Cada rasgo tiene en esta región su límite propio.

Según Menéndez Pidal el trazado de la frontera en Ribagorza se puede hacer fijándose en el límite de la diptongación. Si diptongan las vocales abiertas es castellano o aragonés, si no diptongan es catalán.

1.3.1. El catalán, lengua románica

En un tiempo se la consideraba como un dialecto provenzal, que con la retirada de los árabes de España había sido traído desde el Rosellón, la antigua Septimania de los visigodos. El gramático Diez así lo manifestó en la primera edición de su Grammatik aparecida en 1836: “el catalán es considerado como un dialecto provenzal”; en la segunda edición (1856) como una lengua independiente, pero ligada al provenzal. En la tercera edición se lee:

La lengua catalana está respecto al provenzal no propiamente en relación de un dialec-to; es más bien un idioma independiente, emparentando de cerca con aquel.

En 1925 la independencia del catalán es reconocida ya por Meyer-Lübke, si bien con la afirmación de que permite concordancias más estrechas con el provenzal que con el español, y por lo tanto, pertenece al galorrománico. De esta misma manera piensan los lingüistas españo-les Milá y Fontanals, Antonio M. Alcover, Antonio Griera. Los motivos lingüísticos por los cuaespaño-les el catalán ha sido considerado una lengua galorrománica deberían ser las estrechas corres-pondencias que presenta más con el provenzal que con el español.

Las principales correspondencias entre el catalán y el provenzal son las siguientes: 1. El español diptonga la e y la o latinas tónicas indiferentemente en sílaba abierta o ce-rrada, y en cambio el catalán y el provenzal no las diptongan: lat. pedem, septem, mola, porta, y en provenzal pe, set, mola, porta.

2. La e y la o tónicas ante palatal no se diptongan en español, y se diptongan en cata-lán y provenzal; lat. pectum, folia > esp. pecho, hoja; mientras que en catacata-lán pit, fulla; y en provenzal, pieit, fuela.

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3. Las vocales -o y -e átonas en final de palabra se conservan en español, mientras que en su mayor parte desaparecen en catalán y provenzal: lat. caballum, partem > esp. caballo, parte; pero en catalán y provenzal cavall, part.

4. La F- en español se aspira, excepto ante R y UE, mientras que en catalán y proven-zal no se aspiran: lat. femina, formiga > esp. hembra, hormiga; y en cambio catalán fembre, formiga y provenzal, fempna, formiga.

5. Los grupos CL y LI se convierten en z en español antiguo (y español moderno “j”) mientras que en catalán y provenzal se palatalizan en L: lat: veclum, palea > español, viejo, paja; pero en catalán vell, palla; y en provenzal vielh, palha.

En cuanto al léxico, el catalán tiene cierto número de elementos gálicos comunes con el provenzal, que no se encuentran en el español, y al contrario, éste posee muchos elementos visigodos que no aparecen ni en el catalán ni en el provenzal.

¿Galorrománica o iberorrománica?

Sin embargo, esta tesis respecto a la posición galorrománica del catalán, fundada en la comparación de esta lengua con el provenzal y el español resulta insostenible después de las investigaciones realizadas por Menéndez Pidal. El error de método en la tesis de Meyer-Lübke estriba en que, al determinar la posición del catalán, no ha tenido en cuenta los dialectos espa-ñoles, (aragonés, leonés y dialectos mozárabes) ni los de gallego-portugués y cuando conside-ra el dialecto aconside-ragonés, y encuentconside-ra en él los mismos fenómenos que en el catalán, los consi-dera como procedentes de aquél. En resumen, no tiene suficientemente en cuenta la totalidad de los dialectos hablados en la Península Ibérica: el paniberorrománico.

El catalán tiene cierto número de correspondencias con el español, en las cuales no participa el provenzal. La principal es que la u latina permanece inalterable como en español mientras que en el provenzal cambia la u por ü, por ejemplo, en murum > esp. muro; cat, mur; prov, mür. Así también van juntos el español y el catalán en lo referente a la palatización de NN en N, mientras que el provenzal no palatiza: lat.: pinna, annu; cat. penya, any; esp. peña, año; pero el prov. pena, an. También sucede este parecido en el cambio del diptongo AU en O: lat. causa- > cat. cosa; esp. cosa; pero en prov. causa. En lo que se refiere a la morfología, ni en catalán ni en español existe el sistema de declinación con dos casos que es tan característico del provenzal y del antiguo francés.

En esta misma posición encontramos a lingüistas como Amado Alonso, García de Die-go, Morel Fatio, Saroïhandy y Wartburg. Afirma Amado Alonso:

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Decir que el catalán es una lengua galorrománica tiene la misma falta de sentido que afirmar el iberorrománico del provenzal. Son dos lenguas independientes, formadas cada una en su propio territorio, es decir, sin interrelación genética. El catalán “se pare-ce” al provenzal como se parece a las hablas aragonesas y pirenaicas. Y como éstas se parecen al bearnés y al leonés. La realidad de afinidades lingüísticas no puede es-tablecerse comparando dos lenguas en su manifestación literaria y culta, como son el provenzal y el catalán, sino observando el mapa como un conjunto geográfico de hablas locales y de dialectos vecinos, con parecidos recíprocos. El catalán y el arago-nés son conjuntos de hablas por las cuales el complejo lingüístico iberorrománico se aproxima al galorrománico pero es igualmente lícito presentar la cuestión al revés y de-cir que el provenzal y el bearnés son conjuntos de hablas por las cuales el complejo lingüístico galorrománico se acerca al hispánico.

En conclusión, añade Alonso,

el catalán es una lengua iberorrománica porque se formó en territorio peninsular y por-que comparte esenciales rasgos con las demás lenguas hispánicas. Si comparte otros con el provenzal es porque es vecina suya en el mosaico continuado que forman las hablas románicas.

El catalán, lengua puente

Con la reconstrucción de la situación lingüística en la Península Ibérica en el siglo X, Menéndez Pidal ha demostrado, con evidencia, la continuidad lingüística desde Cataluña y Aragón hasta León, Galicia y Portugal. En esta continuidad la preeminencia lingüística del cas-tellano, partiendo del ángulo septentrional de España, lanzó una cuña hacia el sur y, de esta manera, se separaron aparentemente el Oriente del Occidente. Así se determinó la posición del catalán: es originariamente y en última instancia una lengua iberorrománica, pero su suerte fue ulteriormente decidida por la historia. Posteriormente, el territorio catalán está orientado en to-dos los aspectos hacia el territorio situado al norte de los Pirineos, o sea, la Galia. Se trata, pues de una lengua iberorrománica, que presenta íntimas correspondencias con las lenguas románicas de ambos lados del Pirineo; se trata de una lengua “hispánica pirenaica”. Este viene a ser el punto de vista de Tagliavini, Baldinger y Badía Margarit. Señalan que el catalán es una lengua iberorrománica, pero como lengua “puente” entre el dominio galorrománico y el ibero-rrománico; se ponen en claro sus estrechas concordancias con las demás lenguas romances de ambos lados del Pirineo, con el aragonés y con otros dialectos y lenguas iberorrománicas por una parte, y con el gascón y el provenzal, por otra.

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1.3.2. Dialectos del catalán

Existen dos grandes áreas de dialectos, la oriental y la occidental, que se distribuyen en cuatro dialectos la primera, y dos la segunda.

− Dialectos orientales:

1. El central (ocupa la provincia de Barcelona, Gerona y parte Este de Tarragona). 2. El Balear (con los dialectos mallorquín, menorquín e ibicenco).

3. El Rosellonés (el territorio de habla catalán en Francia y parte norte de la pro-vincia de Gerona).

4. Alguerés (en Alguer-Cerdeña). − Dialectos occidentales:

1. El dialectal propiamente dicho (con los subdialectos andorrano, pallarés, riba-gorzano y tortosiano).

2. Valenciano (comprende el central, castellonense y alicantino). Los rasgos diferenciales que separan a estos dialectos son:

1. La evolución de la e que permanece cerrada en catalán occidental mientras que en oriente se modifica.

2. El tratamiento de las vocales átonas que permanecen sin confusión en Occidente

a/e, mientras que el origen se confunde en la llamada vocal neutra e relajada. Ahora

bien, ninguno de estos rasgos diferenciadores lo es mucho. El catalán medieval era una lengua bastante unitaria, unidad que volvemos a encontrar en el catalán literario moderno, pues sólo hay una lengua escrita, común a todos los catalanohablantes. 1.3.3. Breve bosquejo histórico

Orígenes, primeros escritos en catalán y Edad Media

Resulta difícil de establecer sus orígenes, dado que el paso del latín a las lenguas ro-mances fue lento y progresivo, siempre enmascarado en textos latinos. Hacia el siglo X los co-pistas latinos dejan aparecer alguna palabra en lengua vulgar y un siglo después tenemos do-cumentados pasajes enteros en catalán.

De la segunda mitad del siglo XII son las traducciones del Forum Judicum y la Homilies

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castellana. Esta última obra representa el tipo medio del catalán preliterario de la alta edad me-dia.

En el siglo XII el primitivo artículo es (<ipse), sa (<ipsa), es todavía frecuente, pero un siglo después alternan ya con las formas el, la y en el siglo XIV desaparece la forma arcaica.

Durante el siglo XV desaparece la -r final de palabras acentuadas en la última sílaba y en los infinitivos, aunque siga conservándose en grafías. La lírica primitiva catalana depende en sus formas y contenido de la poesía provenzal o lengua d'oc hasta el siglo XV que se inde-pendiza. La prosa alcanza cotas de originalidad con Ramón Llull y Arnau de Vilanova.

Decadencia y localismo hasta el siglo XIX

Con la unión de las coronas de Castilla y de Aragón a finales del siglo XV el catalán iba a ser invadido por la cultura castellana dándose el bilingüismo en la mayoría de escritores cata-lanes y valencianos de esta época. Ante la fuerza y el impacto del castellano, el catalán se vuelve más localista y de uso familiar.

Su uso es cada vez más limitado, llegando casi a desaparecer literalmente en el siglo XVII. Las ciudades eran bilingües. Sociolingüísticamente la usaban como lengua familiar, pero no en la calle, en la administración o en los textos literarios. Serán los clérigos en las iglesias quienes más la conserven y difundan para que no se extinga.

El momento más crítico para la lengua catalana fue el siglo XVIII, al ser objeto de su li-mitación por parte de la monarquía española que convierte a todos los ciudadanos catalanes en hispanohablantes, por imperativo de la ley. Época en la que el español influye en la lengua local de tal modo que modifica sus estructuras morfológicas: los verbos adoptan en la 1ª perso-na del presente del indicativo la desinencia -o (porto por port) y el pronombre persoperso-nal de cor-tesía usted (en lugar del voste catalán).

La renaixença del siglo XIX

Con el movimiento romántico y la exaltación de todos los nacionalismos europeos, el catalán experimenta un nuevo resurgimiento en su lengua y literatura. Despierta con una fuerte reacción contra el superestrato castellano, del que ha recibido numerosos préstamos, lo que sin duda ha servido para su enriquecimiento en el campo léxico-semántico.

Se inicia un proceso de reconstrucción con obras de exaltación como la Oda a la Pàtria de Aribau y la Gramática i aplogia de la llengua catalana de Pau Ballot.

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Escritores como Rubió i Ors defienden el catalán como “único instrumento de expresión literaria”, que se ampliará a otros escritores catalanes, valencianos e insulares, también pre-sentes en los juegos florales en favor de la lengua y la cultura catalana de 1859.

Tras la obra de Marià Aguiló, en torno a la polémica catalán-popular y catalán-culto, aparece la ingente obra de Jacinto Verdaguer, quien resuelve la fuerte polémica surgida entre los defensores del catalán popular hablado y los partidarios de la tradición escrita.

El catalán en el siglo XX

Para el estudio y la defensa del idioma se crea el Institut d'Estudis Catalans siendo su máximo exponente Prat de la Riba. Ingente es el trabajo de Pompeu Fabra y Milá i Fontanals.

La dictadura del general Primo de Rivera es un paréntesis similar a la que representa el régimen de Franco sobre la lengua y la cultura catalana.

La segunda república aprueba el Estatuto de Autonomía que consideraba al catalán y al castellano lenguas cooficiales. Concedidas ciertas prerrogativas en materia escolar y univer-sitaria.

Tras la guerra civil que deroga el Estatuto, se prohíbe cualquier manifestación pública, tanto administrativa como literaria. No obstante, en la práctica, el catalán familiar y de calle per-vive y a partir de 1950 comienzan a publicarse libros en catalán.

Con la llegada de la Democracia a España y el Estatuto de Autonomía a Cataluña “la normalización lingüística del catalán” entra en las instituciones, en los textos legales (“el catalán es la lengua oficial de Cataluña junto con el castellano, lengua oficial del Estado”) y los medios de comunicación difunden el catalán a través de radio, prensa y televisión hecha por y para catalanohablantes, a veces con discriminación para los hispanohablantes que residen en esa parte de España llamada Cataluña.

1.4. LA LENGUA GALLEGA

1.4.1. Orígenes, romanización e influencia árabe

El gallego, lengua del dominio iberorrománico, es el resultado de la evolución del latín vulgar en el noroeste de la Península Ibérica. Un latín vulgar tardíamente aprendido y pronun-ciado de forma peculiar por sus hablantes.

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La romanización de “Gallaecia” sucede en tiempos del Emperador Augusto (19 a.C.) y se constituye en provincia romana en tiempo de Caracalla. Antes de la romanización ligures y celtas se asientan en esa zona por lo que sus lenguas actuaron como substrato del latín vulgar, tras un período de bilingüismo.

El latín que se impone en Galicia es el que llevaron los soldados de la Bética, más con-servador que el hablado en el resto de la Península, de ahí el carácter concon-servador del gallego-portugués en sus orígenes y en su evolución posterior, así como la abundancia de términos célticos: lousa (losa), veiga (vega), amieiro (álamo), berro (grito), etc.

La influencia de los sucesos y de los árabes es escasa, dada la autonomía del noroeste peninsular, que abarcaba Galicia, norte de Portugal y Oeste de Asturias y León. Los arabismos que entran y perduran en el gallego se deben más a la influencia que a través del castellano tuvo el mozárabe.

1.4.2. El gallego-portugués y la reconquista

El gallego-portugués moderno surge del romance medieval románico hablado al norte y sur del río Miño, tierras que fueron conquistadas por los reyes asturianos y posteriormente por las coronas de León y Castilla. Alfonso VI en 1147 convierte a Galicia en condado y se lo trega a su hija Umeca (hasta la frontera del río Miño). Las tierras entre el Miño y Tajo se la en-trega a su otra hija Teresa. En este reparto buscan los portugueses su independencia política y lingüística: gallego al norte del Miño, portugués al sur de este río.

Estas comunidades lingüísticas comienzan a diferenciarse a partir del siglo XV como consecuencia de sus distintos destinos históricos, pero desde el siglo XIII existen documentos públicos y textos literarios, al norte y al sur del Miño, que prueban la existencia de una lengua común: el gallego-portugués con los siguientes rasgos comunes:

1. Pérdida de la -l- intervocálica y de la l- inicial en el artículo (o, a, os, as) y en el pro-nombre enclítico.

2. Pérdida de la -n- intervocálica con nasalización de la vocal precedente y alargamien-to de la misma.

3. Palatalización de las consonantes iniciales pl-, cl-, fl- en /c/ grafía ch. 4. Uso de desinencias personales en los infinitivos.

Estos cuatro rasgos son comunes al gallego-portugués hasta el siglo XV y aparecen documentados en las Cantigas de Alfonso X y otros documentos públicos. Rasgos atribuidos al sustrato prerromano y a su aislamiento marginal.

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La lengua escrita se mantiene bastante unificada y los trovadores la difundirán por las Cortes de Castilla y de León, introduciendo en el gallego-portugués galicismos y provenzalis-mos que más tarde desaparecen.

1.4.3. Diversificación de lenguas. La decadencia

La diferenciación del gallego y del portugués comienza a notarse en la prosa de princi-pios del siglo XV y, posteriormente, con la decadencia de la lírica trovadoresca que servía de unificadora en la lengua literaria. Estos son algunos de los rasgos que los diferencian:

1. Siete vocales del gallego, frente a nueve del portugués.

2. El gallego no diferenciaba b/v, frente al portugués que mantiene ambos fonemas. 3. Mantiene el gallego la palatal fricativa sorda s, perdida en el portugués.

4. La dentoalveolar /θ/ es préstamo del castellano al gallego, frente al portugués que coloca en su lugar la alveolar /s/.

5. Las grafías también son diferentes. Para representar las palatales los gallegos adop-tan las letras castellanas ñ y ll; los portugueses usarán las grafías provenzales nh y lh, respectivamente.

A partir de la unificación de los reinos de España, los Reyes Católicos prohiben el uso del gallego en documentos oficiales por lo que su uso queda relegado al habla familiar y de aldea. La influencia que ejerce el castellano como lengua de superestrato inicia el bilingüismo y, consecuentemente su decadencia en el Siglo XVI que perdurará hasta el Siglo XIX. La pasi-vidad del gallegohablante frente a la oleada de castellanismos que se introducen en el idioma, la falta de conciencia de su propia lengua, reduce su uso y empleo a ámbitos muy reducidos, con ausencia de escritores y literatos.

1.4.4. Rexurdimento y fragmentación dialectal

Con el movimiento romántico el gallego despierta de su letargo de tres siglos y comien-za su uso en el ámbito cultural. A este afán por dignificar el idioma y su cultivo en el ámbito lite-rario contribuyen escritores que interpretan el sentimiento nacionalista de su pueblo: Eduardo Pondal, Curros Enríquez, Rosalía de Castro y Lamas Carbajal. La celebración de los Juegos Florales en 1861 afianza el cultivo del gallego como lengua literaria. No obstante, a diferencia de Cataluña, resulta lento el despertar cultural de una región económicamente pobre, de clase social humilde y poco letrada (marineros y campesinos). El pueblo es el depositario de una len-gua que considera arcaica o variante dialectal de la lenlen-gua culta: el castellano. Pocos son los que tienen conciencia de pueblo y de idiomas, de ahí que escritores y ensayistas traten de ex-altar en este siglo el sentimiento nacionalista.

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1.4.5. Fechas claves en el desarrollo cultural gallego

1843 Asamblea de Lugo. Debate el problema de la Independencia. Revuelta ahogada en sangre.

1861 Juegos Florales en la Coruña, paralelos a los de Cataluña, dos años antes. 1885 Fundación de la Biblioteca gallega que publica las obras de escritores del

Siglo XIX.

1906 Real Academia Gallega, preocupada por los problemas del lenguaje en ge-neral (fonética, léxico y grafías).

1916 “Irmandades da fala”. Teoría del atlantismo, sandismo y enxebre (puro), es decir, lo autóctono y lo popular.

1933 Proclamación de la Segunda República.

1965 Polémica entre “aislacionistas” y reintegracionistas.

1978 Proclamación de la Constitución Española que reconoce el gallego como Lengua Nacional.

1980 Estatuto de autonomía de Galicia que reconoce la lengua gallega como co-oficial con la castellana o lengua española.

Uno de los mayores obstáculos para el desarrollo del gallego actual es la polémica de enfrentamiento entre los “aislacionistas”, defensores de mantener un gallego independiente de las otras lenguas colindantes y los “reintegracionistas” que desean regresar a la normativa de la lengua portuguesa. No existe unificación de las hablas (fragmentación dialectal) ni normativa en la escritura (varias grafías), pese a lo cual la literatura gallega ha seguido ofreciendo autores de gran valor literario (Castelao), historiadores (Martínez Padín, José Varea), gramáticos (Francisco Rodríguez, Juan Cuveiro y Juan Antonio Saco).

1.5. LA LENGUA VASCA

Cuando las legiones de Escipión el Africano penetraron en la Península por su extremo nordeste, para terminar incorporando a los hispanos a los dominios de Roma, se encontraron con que la tierra estaba ocupada por ciertos pueblos, algunos de los cuales eran inmigrantes, como los propios invasores.

Los griegos habían establecido puestos comerciales en las costas del Este; más al sur se sabía del florecimiento de factorías fenicias; los cartagineses habían conseguido el dominio sobre toda la parte meridional y central de la Península, y se hallaban en contacto con las tri-bus “celtíberas”, poderosas cuando actuaban unidas. Estas tritri-bus, por el primer componente de su nombre, testimonian la presencia de los celtas, mencionados por Heródoto ya en el Siglo V a. de C. En cuanto al segundo componente, “iberos”, posee un valor menos definido: significa,

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