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Terrorismo y Medios de Comunicación: un debate contemporáneo

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Academic year: 2021

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Introducción

Laidentificación del terrorismo como un autént i-co problema contemporáneo, no es arbitraria. Sin duda, este fenómeno es uno delos temas centrales de nuestro tiempo y constituye un desafío, desdelo intelectual ylo práctico, alas capacidades concretas delosindividuos y del sistema mundial.

Representa un problema en el más estricto sent i-do del término, pues actualmente, en lo que se ha denominadola post-Guerra Fría,las preguntas exce-den alas respuestas y muchas delas pautas conlas que selo analizara hasta 1989, han perdido su sign i-ficado, o al menos ya no son útiles para explicarlo. Ciertamente el bipolarismo ha finalizado, pero el te-rrorismo persiste y parece necesario encontrar nue-vas vías -desdela teoría yla praxis- para hacer frente a sus desafíos.

El terrorismo es un problemainternacional que se ha diversificado asumiendo múltiples formas e inva-diendo a muchos Estados y sociedades actuales. En efecto, la creciente internacionalización política y social,los avances tecnológicos y el rebrote de con-flictos nacionalistas y separatistas, constituyen est í-mulos importantes para que su despliegue se haga cada vez más inquietante. Su prevención y los me-dios para enfrentarlo figuran entrelas prioridades de las agendas políticas delos Estados y delas cumbres

internacionales y su estudio ha superadolos ámbitos políticos y militares parainstalarse en universidades, centros deinvestigación, eincluso en tema de deba-te paralos medios masivos de comunicación yla op i-nión pública.

Este trabajo pretende examinar -de manera s inté-tica pero crítica-los vínculos existentes entre el terro-rismo ylos medios de comunicación, a fin de suscitar la reflexión y el debate sobre los roles y las compe-tencias delos canales deinformación antela opinión pública. Argentina no vive aislada del mundo, y si bien esta problemática no nos afecta directamente, tampoco no es ajena. Forma parte de nuestro com-promiso intelectual y académico, involucrarnos en estos temas porlejanos que puedan parecernos.

Es importante entender que el terrorismo no es sinónimo de irracionalidad o psicopatía; por repug-nantes que nos resulten sus actos, no hay gratuidad en su sistema operativo. El terrorismo no es ni acc i-dente nilocura, sino un medio deliberado parallegar a un fin; tiene sus objetivos y porlo tanto no es for -tuito. Es ejecutado como una estrategia deliberada, en un determinado marco de situación.

Estas afirmaciones exigen profundizar nuestro conocimiento sobrelos actos ylos protagonistas del terrorismo. Internarse en la práctica del fenómeno, analizar cómo, por qué y para qué operan sus acto-res, constituye una necesidad esencial en un momento

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histórico particular, en el cual este problema ha co-brado una dimensión verdaderamente inquietante. El debate sobre el terrorismo se ha centrado, enlas últimas décadas, en la discusión de su naturaleza como estrategia y como táctica, enla consideración de sulógica y dinámica operativas, y en el valor as ig-nado a los corpus ideológicos, los estímulos y los objetivos que lo impulsan. A fin de examinar ade-cuadamente estas cuestiones, y en virtud dela temá-tica específica de este congreso,la hipótesis central de este trabajo sostiene que: El terrorismo no es sólo violencia o amenaza de violencia; es también; propa-ganda armada; dirigida contra una; audiencia-b lan-co, y está motivada por razones políticas.

Efectivamente,la profusa y adecuada difusión de sus actos es un componente vital dela estrategia te-rrorista; lo cual hace que los medios de comun ica-ción, se conviertan en uninstrumento especialmente valorado porlos terroristas para alcanzar sus metas. I. El terrorismo como violencia simbólica

Efectivamente,la estrategia terrorista es violencia simbólica; violencia simbólica que funciona como una estrategia indirecta sobre dos planos operativos. El plano político, que trazalaslíneas fundamentales de acción para mantener su coherencia intrínseca, y el plano psicológico -mucho más complejo- que se dir i-ge simultáneamente alos militantes y ala población amiga y enemiga. En otras palabras, se trata de una estrategia cuyos únicos éxitos reales son de orden psicológico y enla cual,las acciones materiales sólo tieneninterés paralevantarla moral o el prestigio de sus actores y para, simultáneamente, desmoronarlos de sus adversarios.

El terrorismo va dirigido contrala gente que mira, no contra las víctimas; su función es claramente comunicativa. El terrorismo es teatro.

En este teatro,la manipulación delos medios de comunicación, es relevante. Ya en 1969 Carlos Marighella describió esta estrategia de manipulación

delos medios como una técnica agresiva de guerra psicológica que intenta poner al gobierno en una posición en la cual siempre tenga que defenderse. En su obra Manual del guerrillero urbano sostiene que esta estrategia manipulativa se divide en tres fa-ses. Enla primera,los objetivos tácticosincluyen ata-ques en pequeña escala a fin de presentar al grupo y a su causa ante el público. Enla segunda, el objetivo es hacer quelos medios de comunicación proyecten ala sociedadlos reclamosideológicos dela organ i-zación, a fin de obtener apoyo extenso. La tercera fase,intentalograrla adhesión completa del pueblo para arribar ala meta final.

A través del tiempo, los terroristas han ganado experiencia táctica, han mejorado sus armas y han aprendido - cada vez más - a usarlos medios de co-municación.

Queda claro que el terrorismo es sólo comprens i-ble desde esta dimensión psicológica, como vio len-cia simbólica y quelos actos terroristas devienen, ala luz de estos planteamientos, gestos y mensajes. Los terroristas necesitan difundir sus acciones para crear una profundainseguridad enla población; para ello planean sus actuaciones, en el sentido más teatral del término, cuidando exquisitamentelos ritmos tem-porales yla puesta en escena.

II. Terrorismo y Medios de Comunicación

Existe una amplia coincidencia entrelos espec ia-listas con respecto al análisis y al tratamiento de esta conflictiva relación entre el terrorismo y los medios de comunicación, y son muchos los temas que se involucran en su debate. A fin de exponerlos problemáticamente,intentaremos abordarlos en or -den a su significación.

En primer término, existe una hipótesis según la cual, terrorismo y medios de comunicación compar -ten una verdadera relación simbiótica, que descansa sobrelaidea delinterésrecíproco. Según ésta,loste -rroristas dan alos medios de comunicación el espec

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-táculo que ellos necesitan para satisfacer su audien -cia, ylos mediosles proporcionan, a su vez,la publici -dad y difusión de sus actos, demandas y objetivos; convierten a sus actores en personajes públicos y con -tribuyen a difundirlostemas quelesinteresa.

Esta dinámica configuraría, una suerte de deman-da de consumo de violencia a distancia por parte de los espectadores y una poderosa satisfacción para sus actores. Indudablemente, los medios de comun ica-ción son un factor consustancial paralos terroristas, quienes son plenamente concientes de ello, conocen perfectamente sus efectos y diseñan sus actuaciones a partir de elaboradas estrategiasinformativas. Para el estudio de este tema, por ejemplo, son valiosaslas contribuciones de Kayne Layne Oats, quien sugiere que el terrorismo puede ser objeto de aprendizaje o deimitación.

Efectivamente, y a través de la difusión de not i-cias, otros terroristas aprenden eimitan acciones que ven por televisión. Los medios deben darles enton-ces,la menor cantidad de oportunidades parallevar a cabo estos aprendizajes y limitar, todo lo posible, los excesos deinformación ylas referencias que pue-dan beneficiarlos. La televisión, sobre todo, produce sensaciones engañosas deinmediatez, neutralidad y, en definitiva, de veracidad que pueden convertirla en una arma potencialmente peligrosa. Estos análisis han originado diversaslíneas deinvestigación y fuer -tes debates sobrelas funciones delos medios y sus capacidades para informar, sobre el terrorismo, de manera adecuada.

En definitiva, y parala mayoría delos autores, el acto terrorista por sí solo no es prácticamente nada; la publicidad lo es todo, y el verdadero riesgo que correnlos terroristas eslaindiferencia, el desinterés, la falta de publicidad y la pérdida de su imagen de luchadores porlalibertad o de salvadores de una c la-se o una sociedad íntegra. Para evitarlo, intentan generalizarla angustia y el terror, atacando objetivos de alto valor simbólico. Así pretenden demostrar, s i-multáneamente, su propia fuerza y la debilidad de

las autoridades y del sistema.Incluso algunos auto-res norteamericanos, han llegado a afirmar que el terrorista es una creación delos medios de comun i-cación. Esta postura parece realmente exagerada y creemos que no responde ala realidad pero, es cier -to que, muchas veces,laimagen delos activistas ha sido magnificada o incluso dulcificada por algunos medios que han caído, voluntariamente o no, enla trampa de su propaganda. Y es que, desde cierto punto de vista, propaganda y terrorismo sonidént i-cos; ambos buscaninfluir en una audiencia masiva a fin de beneficiar a sus patrocinadores. Como ya lo proclamabanlos anarquistas del siglo XIX, el terro-rismo es: propaganda porla acción.

Uno de los temas más fuertes de este debate se centra enla acusación que hanrecibidolos medios de generartodos, o algunos delos siguientes efectos:

1) Proporcionar una plataforma desdela cual se expresanideas extremistas que provocan violencia y socavanla autoridad del Estado.

2) Publicitar actos terroristas espectaculares, lo cual produce un efecto contagioso que aumentala probabilidad de que otros grupos emulenla vio len-cia que se difunde.

3) Entorpecerlas operaciones policiales proporcio -nandoinformación de unincidente en curso y poner en peligrola vida derehenes yfuerzas del orden.

4) Presionar a las autoridades de manera inapropiada,lo cuallimita su capacidad para tomar decisiones.

5) Otorgar espacios de poder a los terroristas a través de la cobertura informativa y reforzar su autovaloración, contribuyendo a prolongar elincidente o a aumentarla gravedad de sus consecuencias.

6) Favorecer el sensacionalismo y convertir a la violencia terrorista en una forma de entretenim ien-to, más que enla obligación pública deinformar.

7) Involucrar al periodismo como protagonista directo del acto terrorista mediante un sistema pel i-groso de recolección de noticias,limitandola facu l-tad de los medios de comunicación para informar

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con objetividad. La respuesta a estas acusaciones, se ha focalizado en la destacada función que los me-dios cumplen en un sistema democrático: informar adecuadamente al público. Pero también es cierto que, en la práctica, no es menos importante para ellos entretener, asombrar, divertir o influir de cua l-quier otro modo enlas emociones dela audiencia.

Al respecto, Wardlaw plantea un dilema intere-sante: de todos los fundamentos de una sociedad democráticalibre, uno delos másimportantes -lal i-bertad de conocer y de estar informado- ha hecho posible quelos fanáticos puedan moldear el conoc i-miento y la información, a través de los ojos de los medios. Sin embargo, no se puede cerrar esos ojos sin erosionar un derecho esencial; y no hacerlo, pue-de conducir a matanzas futuras y a la comisión de mayor cantidad de actos terroristas.

En casi todos los países que han experimentado actosimportantes deterrorismo, ha sidola policíala que critica con másfuerzala participación mediática, y ello por dos razones fundamentales. La primera, porque la información de la violencia terrorista es, a veces, excesiva, sensacionalista y desequilibrada,lo cual que puede crear un efecto contagioso. La segunda acusación sostiene que ciertas prácticas de acopio de noticias obstaculizanla efectividad delas acciones con -tra-terroristas, sobretodo cuando existenrehenes.In -cluso en algunas ocasioneslos medios hanfacilitado -involuntariamente- datos importantes a los terroris -tas, difundiendo información directa sobre los movi -mientos dela policía, posiblesrespuestastácticas, etc. Efectivamente, las modernas técnicas de acopio de información también plantean problemas por otras razones: el frecuente uso de instrumentos portátiles deiluminación puede crear peligros, ylo mismo suce -de con el uso de cámarasligeras, grabadores y correc -tores de base de tiempo; elementos con los que se pueden hacertransmisiones en directo desde cualquier parte y que pueden producir situaciones de alarma -pública o delos propios gruposterroristas- oreaccio -nes peligrosas oindeseables.

Por todo lo dicho, la información de noticias so-bre acciones terroristas, constituye un verdadero pro-blema para los medios. Actualmente, el terrorismo es un dossier muy delicado en las redacciones, que incluye decisiones, compromisos y posiciones difíc i-les para quienes tienen queinformar sobre él. Ade-más, y contrariamente alo que se piensa, el terror is-mo no hace vender mucho, o en todo caso vende menos que el sexo, o el dinero. Plantea serios prob le-mas alos medios -que no siempre pueden ayudar al público a entender lo que sucede- y concentra las críticas sobre la tarea informativa. Sin embargo es arbitrario hacer de la prensa su chivo expiatorio e imputarle o transferirlela responsabilidad delas ac-ciones del terrorismo.

En este sentido,lasrelaciones entre el gobierno yla prensa nunca se hanresuelto satisfactoriamente debi -do a que elterrorismo provoca una aparente colisión entre dos principios democráticos fundamentales: la libertad de expresión yla seguridad del Estado.

Muchos hombres de prensa creen quelalibertad deinformar es un valor absoluto que debe preva le-cer siempre y aún cuando se enfrente con otros va lo-res comolaintimidad, el respeto alaley ola segur i-dadindividual. Argumentan que no es su responsa-bilidad evitarla violencia y que su función se reduce a proporcionar información y garantizar el derecho del público a conocer y decidirlibremente sobrelos acontecimientos. Así para el presidente de la CBS News, Richard Salant.

Los Mass Media no están para darideas; nosotros nos limitamos a presentar hechos reales - ya sean políticos, económicos o terroristas- para quela gente saque sus propias conclusiones y no es de nuestra competencia cubrir solamentelas erupciones vo lcá-nicas ylos desastres naturales. No tengolaintención de dármelas de sabio y decir quéideas son buenas o cuales malas.

Por otro lado, están quienes opinan que la ética periodísticaincluye el respeto de otros valores y con-ductas civiles que muchas veces pueden exigir -nola

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omisión ola tergiversación dela noticia sino-la pre-servación de algunos aspectosinformativos olalim i-tación del suministro de datos específicos y e lemen-tos determinados.

Actualmente, el centro dela polémica se sitúa en torno a la postura de neutralidad del periodismo el cual, como uno delosinstrumentos más fuertes del sistema democrático de derecho, también debe con-denar a los violentos que atentan contra la pob la-ción. A pesar de que no se han logrado soluciones permanentes, sí se han conseguido esporádicos acuer -dos, que suelen coincidir con períodos en los que recrudece el fenómeno. En definitiva, todo lo que gira en torno alainformación y al terrorismo repre-senta inevitablemente un problema ético, que se mantieneirresuelto.

Como sostiene Juan Jáudenes Jordano, el terro-rismo es, esencialmente, un arma psicológica y un gran generador de efectos: destruye valores comun i-tarios,inhibe responsabilidades ciudadanas, fomen-talas valoraciones utilitarias dela violencia, encona relaciones políticas, dificultala actividad económica, contagia respuestas de violencia y genera descre i-miento del sistema de seguridad y dela efectividad del sistemajurídico. Tal vezla difícil situación del País Vasco o de Irlanda del Norte en la actualidad, sean claros ejemplos delo dicho.

III. Sugerencias y recomendaciones para el tratamiento de este tema

A fin de poder regular de algún modo esta com-pleja y peligrosa situación, muchos Estados han esta-blecido sistemas legales que incluyen distintos pro-cedimientos paralimitarlainformación de actos te-rroristas. Estas propuestas incluyen orientaciones y sugerencias operativas, einclusola promulgación de estrictas legislaciones específicas. Un ejemplo de lo dicho sería el informe del grupo de trabajo sobre Desórdenes y Terrorismo dependiente del Congreso de los EEUU, que publicó las Recomendaciones de

intrusión mínima y tratamiento completo einadver -tido. He aquí algunas de sus sugerencias.

1) Usar una agrupación de periodistas para in-formar de la situación en representación de todas las agencias de noticias. No deberá darse alos ac-tos terroristas másimportancia dela que realmente tienen ylainformación debe basarse en hechos rea-les.

2) Restringir el uso de la iluminación, cámaras y otras tecnologías especiales.

3) Limitarlas entrevistas directas con quienes re-tienen rehenes. Será necesario también evitarla util i-zación del discurso y ellenguaje delos terroristas.

4) Evitar revelarinformaciones tácticas que per ju-diquenlas operaciones policiales.

5) Diferirlainformación de detalles que pudieran empeorar la situación. Las autoridades deberán ser siempre consultadas antes deimplementar cualquier acción queinterfiera conlaslabores policiales.

6) En ningún caso se contribuirá a hacer efectiva su propaganda; las informaciones sobre las fuerzas de seguridad deberán ser cautas, exactas y evitarán, en todoslos casos, el sensacionalismo. Es necesario quelos medios confíen enlos portavoces delas au-toridades.

7) Equilibrar y contrastarla difusión de propagan-da que hacenlos terroristas, conlas fuentes oficiales. En suma, la información que proporcionan los me-dios de comunicación social, debe ajustarse a tres elementos clásicos: el contenido,las fuentes yla for -ma expresiva, pues el terrorismo también está sujeto a un proceso de semantización que abarca una com-pleja trama de operaciones meta-comunicacionales las cuales, enlas distintas fases del proceso informa-tivo, participan dela transformación de los hechos, en noticias. Los medios delas sociedades democrát i-cas, no pueden ser neutrales ante el terrorismo. Por su parte,los periodistas deben estudiar y conocer el fenómeno a fin de tratarlo dela mejor manera pos i-ble. El periodismo sobre el terrorismo debe ser un periodismo de precisión.

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Como sostiene Richard Clutterbuck, la televisión ha hecho que el antiguo proverbio chino: matas a uno y aterrorizas a mil, pueda modificarse como: matas a uno y aterrorizas a diez millones.

Algunas conclusiones sobre este tema

El tratamiento quelos medios hacen del terror is-mo apunta, no sólo a una cuestiónlegal, sino sobre todo a un problema moral. Silos periodistas co labo-ran conlos terroristas -sabiéndolo o no- mayores se-ránlos riesgos y temores dela comunidad y más fre-cuentes las imposiciones legales de las autoridades para limitar estas actuaciones. El periodismo debe crear una nueva postura ética que regule su partic i-pación enlos sucesos sin bloquear su deber deinfor -mar. Pues, ...en muchos casos son nuestras propias reacciones frente al terrorismolo que puede const i-tuir el peligro principal, y no sólo el terrorismo en sí.

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