1. Evangelización de las islas Filipinas
El descubrimiento de las Filipinas tuvo lugar en 1521 por el explorador portugués Fernando Magallanes, que les puso este nombre en honor de Felipe II, Rey de España. Sin embargo, la obra de evangelización y de colonización sistemática comenzó en 1565, cuando Miguel López de Legazpi, junto con algunos monjes agustinos, fundó asentamientos en Cebú y Manila. Desde estos lugares, ellos comenzaron a enviar soldados y misioneros a las demás partes del archipiélago, e incluso tan lejos como algunos de los países vecinos.
Es interesante notar que tanto la cristianización como la conquista de las islas se han realizado en un corto espacio de tiempo. Es de destacar que hubo menos derramamiento de sangre que en Latinoamérica. Unos 70 años después de la llegada de Magallanes, el número de cristianos había crecido ya hasta cerca de medio millón. Según el historiador L. Gutiérrez, “la conquista de Filipinas se debió más a la Cruz del misionero que a la espada del conquistador”1.
La nación filipina está ciertamente agradecida a España por su obra de evangelización. Puede decirse que las Filipinas tienen ya cuatro siglos de historia cristiana. Hasta hoy sigue siendo la única nación de Asia predominantemente cristiana. “Cuando en la revolución del siglo XIX nos rebelamos contra la Espada, no lo hicimos quitándonos de encima la Cruz”2.
La inculturación llevada a cabo por los misioneros españoles no fue hecha en vano, antes al contrario, ella dio fruto, ya que ciertas costumbres cristianas se han enraizado profundamente en la sociedad y en la cultura filipina.
ABEL VILLAROJO
1. L. Gutiérrez, Historia de la Iglesia en Filipinas (1565-1900), Editorial Mapfre, S. A., Madrid 1992, p. 43.
2. Second Plenary Council of the Philippines, Part I, par. 11, Acts and Decrees, Catholic Bishops’ Conference of the Philippines, Manila 1992.
2. El crecimiento de la semilla de la fe
Al intentar mostrar algo de la religiosidad y de la vida de piedad de Filipinas, es necesario tener siempre en cuenta la devoción popular al Niño Jesús (Santo Niño) y al Nazareno Negro (Cristo con la Cruz), debido a su gran significado. Sin embargo, es innegable que la Madre de Dios tiene un lugar especial en el corazón de los filipinos. Completamente cierto; los misioneros españoles pusieron su tarea evangelizadora bajo la guía y protección de la Bienaventurada Virgen María. Esto se ve con claridad observando el gran número de títulos y santuarios marianos que pueden encontrarse en todas las islas Filipinas. A lo largo de todos estos siglos, multitudes de cientos y cientos de filipinos van cada año a los lugares de peregrinación para expresar su devoción hacia su amado patrón de muchas maneras, como por ejemplo, oír las nueve misas consecutivas (comúnmente conocidas en la piedad popular como “Novena”) como preparación para el día de la fiesta; muchos devotos se reunirán en la procesión con cierto ambiente penitencial, mientras que otros encenderán sencillamente una vela mientras pronuncian una ferviente oración ante la imagen de Nuestra Señora.
Algunos teólogos filipinos llegarán a decir que la importancia de estas prácticas tradicionales es tanta que sirven no sólo como instrumentos para la catequesis ordinaria del pueblo en la fe cristiana, sino que se han convertido también en signos que manifiestan la afinidad entre el alma filipina y ciertos aspectos del misterio cristiano3.
El primer empeño de la obra evangelizadora en Filipinas en los primeros estadios de la colonización española consistió principalmente en hacer inteligible para los nativos el mensaje del Evangelio. El impacto de otras religiones no cristianas fue menor en Filipinas, si se le compara con otros países. La hostilidad contra los misioneros cristianos fue pequeña (si exceptuamos algunas áreas musulmanas en la parte sur del archipiélago). Así, en vez de tener que hacer apologética, los misioneros se concentraron en la pacífica y positiva tarea de explicar la Buena Nueva a los nativos. Las primeras obras religiosas publicadas en el país fueron folletos catequéticos y devocionales, escritos o bien en español o en alguno de los dialectos locales4.
3. Dindo Rei M. Tesoro, Joselito Alviar José, The Rise of Filipino Theology, Paulines Publishing House, Pasay City 2004, p. 33.
3. Nuestra Señora de Regla de la isla de Mactán, Cebú
5La imagen de Nuestra Señora de Regla llegó por primera vez a Cebú, Filipinas en el siglo XVIII. En torno al año 1735, fray Francisco Avalle fue el primer sacerdote agustino en administrar la nueva parroquia de Opon, la isla llamada Mactán cuando Magallanes y sus compañeros murieron en
Nuestra Señora de Regla. Virgen venerada en el Santuario de Cebú.
5. Nota: Diócesis del Santísimo Nombre de Jesús de Cebú (1595). Fue erigida en la ciudad que los españoles llamaron El Santísimo Nombre de Jesús, más conocida a través de la historia de Cebú, bajo la invocación del Ángel Custodio, tal y como el rey Felipe II había pedido a su embajador en Roma.
la batalla contra una tribu capitaneada por Lapulapu, considerado como el primer héroe filipino. Como verdadero hijo de san Agustín y habiendo vivido diez años en el Monasterio de Nuestra Señora de Regla, en Chipiona, el nuevo párroco trajo un hermoso cuadro de Nuestra Señora que se venera en el monasterio y que con el tiempo lo mostró a la gente de Opon. Los hechos históricos de cuyos datos disponemos son que el monasterio de Nuestra Señora de Regla –nombre de una bahía que hay en Chipiona– fue fundado en 1399. A este fin, el viejo fuerte fue donado por el Duque de Arcos, don Pedro Ponce de León, a los agustinos, que permanecieron allí hasta 1835. Desde entonces, el monasterio ha estado ocupado por los franciscanos, que son ahora los custodios del Santuario6.
Tras haber informado a los habitantes de la milagrosa historia de la imagen de Nuestra Señora, venerada durante mucho tiempo en Andalucía, y de los muchos milagros de Nuestra Señora que él atestiguaba, ellos se arrodillaron con fervor. Inmediatamente decidieron que se hiciese un gran cuadro de Nuestra Señora y así fuese colocada en la Iglesia para veneración pública. Enseguida tuvieron lugar algunos sucesos milagrosos.
4. La materna protección de Nuestra Señora
Un texto escrito en español en un cuadro de Nuestra Señora que está en el interior de la Iglesia narra la historia de una persona prominente de la ciudad, Cruz Lauron, que estaba en aquel tiempo en situación terminal de su enfermedad, agonizante de hecho, y sin esperanza de recobrarla debido a copiosos vómitos de sangre; ordenó que se encendiesen dos velas ante la imagen de Nuestra Señora. Este acto de fe consiguió el milagro de que cesase la hemorragia; poco después él quedó totalmente curado de su enfermedad. Desde entonces, el gesto de encender velas se convirtió en una parte importante del modo en el que la gente expresaba su veneración. No pasó mucho tiempo hasta que Nuestra Señora de Regla se ganase los corazones de los fieles de la ciudad de Opon. La historia del hombre que
6. Novena sa Mahal nga Birhen sa Santos nga Regla, Cebu Star Press, p. 6. Nota: en este devocionario no aparece la fecha de la edición, sin embargo, está anotado el año de la aprobación eclesiástica de esta imprenta en 1991.
alcanzó la curación se extendió a lo largo y a lo ancho, hasta el punto de que la devoción a Nuestra Señora comenzó a tener raíces profundas no sólo entre los habitantes de la ciudad de Opon, sino también entre quienes vivían en las islas vecinas de Cebú desde donde comenzó un buen número de peregrinaciones. La primera novena en su honor se celebró un año después. Inmediatamente después, los alcaldes mayores del pueblo ordenaron que se hiciese una imagen de Nuestra Señora inspirada en el cuadro traído por el fraile español. Ésta es la tradicional estatua que nosotros contemplamos ahora en su santuario: la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos. Se dice que es copia de una que veneró el mismo san Agustín. Es alrededor de dos pies y medio de alta y su rostro es completamente negro. Desde entonces, la imagen tallada de Nuestra Señora fue adornada profusamente por los devotos y decidieron que Ella fuese la Patrona titular de la iglesia. El pueblo, no sólo el de la isla de Mactán, sino de todas las islas vecinas tienen una gran devoción a esta imagen que ha hecho famosa a Opon entre las islas de Visayas y Mindanao. Hasta este día, la fiesta de Nuestra Señora de Regla se celebra cada 21 de noviembre, que es actualmente la fiesta universal de la Presentación de María en el calendario romano. Miles de peregrinos de diferentes lugares vienen al santuario para celebrar su fiesta anual. Todos los días del año, gente de todos los lugares persevera haciendo cola detrás de la iglesia para besar y orar ante la imagen de Nuestra Señora. Así, de un modo sencillo, expresan su amor y su devoción a la Bienaventurada Virgen María7.
5. Nuestra Señora de Regla a lo largo del tiempo
Aunque no han quedado testimonios del crecimiento de la isla, dos siglos después los Padres Redentoristas que vinieron a Opon en 1906, pudieron escribir: “La iglesia de Opon tiene un santuario de la Bienaventurada Virgen María muy famoso bajo la advocación de Nuestra Señora de Regla, Our Lady of the Rule”. Desde el 1929 hasta hoy, el santuario ha estado bajo la custodia de los Padres Misioneros del Sagrado Corazón.
7. Novena to Our Lady of the Rule, Nuestra Señora de Regla Parish, p. 8. Nota: la versión inglesa de este devocionario fue aprobada en 1987.
Durante la Segunda Guerra Mundial (1941-1945), Nuestra Señora de Regla ha manifestado por caminos muy diversos su amor maternal y su protección hacia sus hijos. Sólo en la isla de Mactán se han contado muchas historias de sucesos milagrosos que han tenido lugar. Uno de los testimonios más impactantes es el de una joven que era conocida por su profunda piedad y devoción hacia Nuestra Señora de Regla. A causa del constante riesgo de un posible bombardeo de las iglesias, se decidió que la imagen de Nuestra Señora de Regla estuviese en una casa para garantizar su seguridad. Un día, la joven y su familia estaban al mismo tiempo en esta casa particular donde se guardadaba la imagen, cuando de improviso llegaron dos soldados japoneses armados y cogieron a la joven por el cuello y la sacaron fuera de casa. (Uno de los horrores durante la ocupación japonesa de Filipinas fue que muchas mujeres fueron víctimas de acosos y abusos sexuales por parte de los soldados japoneses). Y así la pobre joven comenzó a gritar pidiendo auxilio, pero las demás personas que estaban en la casa no podían hacer nada
en absoluto, pues se encontraban indefensas en medio de esta situación, pero se arrodillaron ante la imagen de Nuestra Señora de Regla pidiéndole su ayuda fervorosamente. Una mujer abrazó la imagen de Nuestra Señora y la apretó contra su pecho gritando y pidiéndole a la Bienaventurada Virgen que hiciese algo para salvar a la joven. Fue ciertamente sorprendente el que de forma totalmente imprevista, después de que la joven luchase con fuerza, los soldados la dejaron sin producirle más daños. Para la gente de Opon, este incidente fue una vez más una clara prueba de cómo la Bienaventurada Virgen viene en ayuda de quienes le encomiendan la virtud de la santa pureza. La Virgen de Regla ha sido siempre invocada por muchos, especialmente en tiempos de adversidades y tentaciones contra la santa pureza8.
En la celebración del año mariano de 1954, cien años después de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción, se tributó un honor especial al Santuario de Nuestra Señora de Regla cuando el arzobispo de Cebú, el Cardenal Julio Rosales, lo designó como lugar oficial de peregrinación y al mismo tiempo urgió a todas las parroquias de Cebú a hacer una peregrinación oficial al Santuario al menos una vez en este año. Como punto culminante de la mencionada celebración, la imagen de Nuestra Señora de Regla fue coronada canónicamente por el arzobispo de Cebú, el 27 de noviembre de 1954 con ocasión del Congreso Mariano Archidiocesano.
Al celebrarse el Año Mariano Nacional en 1988, la imagen de Nuestra Señora de Regla fue venerada como la imagen oficial. Su Eminencia el Cardenal Ricardo Vidal en esta celebración ofreció en honor a la Virgen un cetro de oro; un gesto que significaba la entrega en la protección materna de la Señora la provincia de Cebú. El 24 de mayo de 2004, Bodas de Oro de la Coronación Canónica, el Cardenal Vidal “recoronó” la misma imagen de la Virgen en la catedral de la archidiócesis de Cebú en medio de los aplausos e inmensa alegría del pueblo cristiano. En el año 2007, la parroquia de Nuestra Señora de Regla fue proclamada Santuario Nacional por el mismo arzobispo de Cebú en una Misa de Pontifical.
Gracias a la amable presencia de la Bienaventurada Madre en esta isla, el lugar que una vez fue el primer campo de batalla entre españoles y nativos desde hace ya más de 400 años, se ha convertido en santuario de paz, donde
los devotos experimentan constantemente el amor maternal y la protección de Nuestra Señora de Regla. Hasta ahora, muchos fieles continúan yendo en peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Regla, algunas de estas peregrinaciones por tierra, utilizando los dos puentes que unen la capital Cebú a la isla de Mactán; otros optan por el modo tradicional, que es subido en pequeñas embarcaciones.
Se ha convertido en parte de muchas tradiciones de Cebú hacer una procesión fluvial de nuestra Señora de Regla, pero con mayor frecuencia aún la imagen del santo Niño de Cebú (según la tradición de la Iglesia local de Cebú fue la primera imagen venerada por los Filipinos, porque fue un regalo dado por Magallanes a los primeros nativos que recibieron el bautismo, en particular a la esposa del “reyezuelo” de la Isla). Los fieles que viven en estas islas han honrado siempre a Nuestra Señora de Regla, Madre del santo Niño de Cebú. De hecho, se puede ver cómo la imagen del santo Niño que está en los brazos de Nuestra Señora está vestida para ser una réplica de la imagen del santo Niño venerada por los filipinos en la basílica custodiada por los agustinos en la ciudad de Cebú.
La parte folklórica juega una gran relevancia en la religiosidad del pueblo de Cebú. Los obispos destinados en Filipinas, en sus relaciones anuales a Roma en el siglo XIX, hablan de la religiosidad profunda de este pueblo. Los filipinos son buenos, amables, responden bien a sus pastores. Son amantes de grandes procesiones, celebraciones largas y vistosas. El obispo Romualdo Jimeno escribirá desde Cebú: “Aunque los indios son bastante inconstantes, son por otra parte dóciles, piadosos y muy adictos a las funciones religiosas para las que manifiestan un gran entusiasmo. Aquí se podría conseguir mucho fruto”9. Una de las tradiciones religiosas de Cebú es la procesión fluvial que se
celebra por el pueblo para conmemorar de este modo la llegada de la primera imagen de la Bienaventurada Madre junto con los misioneros que llegaron en los galeones. También pertenece a la tradición que las islas de Cebú estuvieron siempre expuestas a sufrir ataques imprevistos por los “moros” del Sur del archipiélago. “No hay que olvidar la extensión de esta diócesis, sin duda alguna la más grande de todas. Incluía todas las islas que hoy llamamos de Las Visayas y que los españoles llamaron de los Pintados, las Islas Palaos y, sobre todo, la
gran isla de Mindanao. A lo largo de su historia, esta diócesis ha estado expuesta a las depredaciones de los moros. Miles y miles de fieles fueron violentamente sacados de sus pueblos, trasladados a tierra de moros y vendidos como esclavos en los mercados de Joló, archipiélago de Sulú, Macasar y Borneo. Los peligros de la navegación, siempre presentes en Filipinas, no eran quizá los principales si los comparamos con el aislamiento de las islas y el peligro de caer en manos de los piratas moros en aquella época”10. La Bienaventurada Virgen ha sido siempre
el refugio y protección de la gente de estas islas, especialmente en tiempos de peligro. Se puede entender fácilmente que una de las razones por las que la procesión fluvial de la imagen de la Virgen por las aguas ha sido parte de la manera de expresar la devoción popular de esta gente, es que desde tiempo inmemorial el viaje marítimo como medio de transporte ha sido lo normal entre los filipinos ya que este archipiélago consiste en 7.107 islas. Teniendo presente que el Santuario de Nuestra Señora mira hacia el mar (el canal de Mactán), embarcaciones grandes y pequeñas usan el sonido de las sirenas cuando pasan, para mostrar su saludo y su recuerdo a la Bienaventurada Virgen junto con una oración por la seguridad de la jornada en aguas profundas.
Como el Papa Benedicto XVI subrayó hermosamente en su carta encíclica
Spe Salvi, “Con un himno del siglo VIII/IX, por tanto de hace más de mil
años, la Iglesia saluda María, la Madre de Dios, como “estrella del mar”:
Ave maris stella. La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo
encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta… ¿quién mejor que María podría ser para nosotros una estrella de esperanza, Ella que con su “sí” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cfr. Jn 1,14)?”11.
Ciertamente en la fe y en la esperanza del pueblo de Cebú y de muchos filipinos, Nuestra Señora de la Regla sigue siendo la Estrella del Mar que guía y protege a cada uno en la jornada cotidiana. Mirando atrás, hacia la historia del país, se ve que el pueblo filipino ha sufrido por circunstancias
10. L. Gutiérrez, Historia de la Iglesia en Filipinas, pp. 75-76.
inevitables como la supresión y los abusos de normas (circunstancias) internacionales. La más devastadora fue la de la Segunda Guerra Mundial cuando los filipinos estuvieron entre Estados Unidos y Japón. Más de un millón de filipinos muertos; muchos pueblos y muchas ciudades quedaron en ruinas, sin mencionar las catedrales e iglesias que fueron pulverizadas.
Desde tiempo inmemorial, las islas Filipinas han tenido enfrente el desafío de varias calamidades naturales que acontecen casi cada año, causando muertes y dejando detrás daños en los bienes. Sin embargo, en medio de todas estas circunstancias, los filipinos continúan anclando su esperanza en Dios. Las iglesias están constantemente llenas de gente durante la celebración de la Misa, no sólo los domingos, sino también los días de entre semana. La tradicional celebración de la Navidad, Semana Santa, y las fiestas de Nuestra Señora y de los santos no sólo dan color a la vida de los filipinos, sino que sobre todo los sostiene y les permite considerar siempre la vida desde el lado positivo, mirando con los ojos de la fe.
La amable mirada de la Bienaventurada Virgen a la que ellos pueden volverse en las alegrías y en las penas les anima a permanecer firmes en la Fe
que ellos han recibido agradecidamente en el amanecer de la evangelización de Filipinas: “Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, a esperar, a amar contigo. ¡Muéstranos el camino de su Reino! ¡Estrella del Mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino!”12.
Extracto de los tradicionales “Gozos” (en dialecto Cebuano) a Nuestra Señora de Regla de Opon, Cebú:
Maria, ikaw nga gilauman ug malig-ong dalangpanan. Bitoon sa kadagatan! Sa magsasakay dunggoanan! Himaya sa kalibutan! Paraisong binulakan!
Sa ngatanan kadaut imo kaming panlabanan!
12. Ibidem, p. 87.
María, tú eres nuestra esperanza y nuestro refugio seguro. ¡Estrella del mar!
¡Puerto de los marineros! ¡Gloria de la tierra! ¡Paraíso lleno de flores!
De todos los males, ¡protégenos!
Gibuhat kang saliganan sa among mga kagul-anan. Salamin nga pagpaminawan sa maayong pamatasan; aron unya among hiaguman ang langit sa kahimayaan.
Has sido creado para ser nuestra fortaleza en medio de los dolores. Tú eres el espejo de todas las virtudes; que imitándote a ti, también nosotros un día podamos experimentar la gloria del Cielo.
Abel Villarojo Archidiócesis de Cebú