INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE MONTERREY ESCUELA DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
CAMPUS MONTERREY
H ABITAR APROPIANDO : IDENTIDAD Y APEGO EN LA VIVIENDA POPULAR DE LA Z ONA M ETROPOLITANA
DE M ONTERREY (1967-2020)
TESIS PRESENTADA POR
L
UCÍAE
LIZONDOJ
IMÉNEZPARA OBTENER EL GRADO DE
D
OCTORA ENE
STUDIOSH
UMANÍSTICOSDICIEMBRE 2021
T ECNOLÓGICO DE M ONTERREY
HABITAR APROPIADO: IDENTIDAD Y APEGO EN LA VIVIENDA POPULAR DE LA ZONA METROPOLITANA DE MONTERREY (1967-2020)
Tesis presentada por Lucía Elizondo Jiménez
como uno de los requisitos para obtener el grado de Doctora en Estudios Humanísticos
Comité de tesis:
Dra. Eva Luisa Rivas Sada - Tecnológico de Monterrey Dr. Rubén Garnica Monroy - Tecnológico de Monterrey Dra. Anne Fouquet Guerineau - Tecnológico de Monterrey Dr. Rodolfo Manuel Barragán Delgado - Tecnológico de Monterrey
Dr. Pablo Landa Ruiloba - Universidad Nacional Autónoma de México
Diciembre de 2021
T ECNOLÓGICO DE M ONTERREY
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Escuela de Humanidades y Educación
Los miembros del comité aquí citados certificamos que hemos leído la disertación doctoral presentada por Lucía Elizondo Jiménez y consideramos que es adecuada en alcance y calidad como un requisito parcial para obtener el grado de Doctora en Estudios Humanísticos.
Dra. Eva Luisa Rivas Sada Dr. Maximiliano Maza Pérez
Tecnológico de Monterrey Director del Doctorado en Estudios Humanísticos Asesor principal Escuela de Humanidades y Educación
Tecnológico de Monterrey
Dr. Rubén Garnica Monroy Dr. Roberto Domínguez Cáceres Tecnológico de Monterrey Decano Asociado de Posgrados
Coasesor Escuela de Humanidades y Educación
Tecnológico de Monterrey
Dra. Anne Fouquet Guerineau Tecnológico de Monterrey Miembro del comité
Dr. Rodolfo Manuel Barragán Delgado Tecnológico de Monterrey
Miembro del comité
Dr. Pablo Landa Ruiloba
Universidad Nacional Autónoma de México Miembro externo del comité
Para Emilia, Pablo, Lorenzo y Lalo,
mi habitar más querido lo he forjado junto a ustedes
AGRADECIMIENTOS
Tras emprender este sendero hace cinco años, más que nunca me queda claro que lo que importa es el caminar, no el destino. Este recorrido – que tanto disfrute - no lo camine sola, sino que conté con el apoyo y cariño de muchas personas e instituciones que lo hicieron posible.
Eva Rivas, mi primera compañera del paseo, ¡cómo agradecerte! Gracias por compartirme tu mirada inquisitiva e histórica, tu experiencia, tu tiempo, tu claridad conceptual, tu enfoque en los detalles, en el lenguaje y sobretodo, por darme unos lentes nuevos con los cuales puedo observar de una manera más amplia la realidad. Rubén Garnica, me llegaste a acompañar ya iniciado el recorrido, pero me apresuraste el paso, de manera certera y contundente, y tus consejos me dieron claridad en el momento que más los necesitaba. Anne Fouquet, Rodolfo Barragán y Pablo Landa, mis estimados lectores, gracias por este largo acompañamiento que con sus distintos enfoques y caminos recorridos enriquecieron mi investigación y la hicieron más sólida.
Quisiera agardecer también a mi alma mater, el Tecnológico de Monterrey, en el que encontré un conducto a través de su programa de Doctorado en Estudios Humanísticos para canalizar mi deseo de seguir aprendiendo de manera más profunda y métodica. En el camino conocí a personas maravillosas que me abrieron los ojos a una realidad mas vasta. Gracias a todos y cada uno de mis maestros con los que me tocó coincidir. A mis amigos cómplices con los que me encontré en el camino, Malinalli y David, gracias por su compañía, su ayuda y sus palabras alicientes cuando más se requerían. En relación a todo el apoyo adminstrativo, de manera especial agradezco a Maximiliano Maza y a Fátima Martínez por su disposición y motivación constante.
Esta investigación no hubiera sido posible sin el apoyo de Vía Educación, a través de Armando Estrada, Betzabé Triana y sobre todo, Cynthya Solís, mi fiel compañera de campo.
Gracias por abrirme las puertas a su territorio y guiarme en el camino. En la misma línea quiero agradecer a Zacarías Méndez, por su tiempo y facilidad para acceder a uno de sus desarrollos. No tengo palabras para agradecer a cada uno de los entrevistados de los que aprendí tanto, y quiénes generosamente me abrieron las puertas de sus casas y me compartieron su habitar. Este trabajo sólo fue posible junto a ustedes.
Por último, quiero agardecer de manera especial a mis personas más cercanas. Papá, gracias por enseñarme el maravilloso camino de amor al conocimiento. Mamá, gracias por enseñarme a perseguir mis sueños y no rendirme. Mane Licha, gracias por hacerme sentir que todo lo puedo. Emilia, Pablo y Lorenzo, gracias por su cariñoso interés y curiosidad en lo que estaba haciendo. Y finalmente, a mi fiel y querido compañero y cimiento, Lalo, gracias por compartirte en tantas conversaciones, este proyecto sin duda lleva un pedazo de ti.
INDICE
Índice de tablas y figuras viii
Acerca de este trabajo xiii
Capítulo 1. Introducción 1
I. Antecedentes del fenómeno: el deshumanizante ideal del orden colectivo 2
II. Enmarcando el problema desde las humanidades 4
i. Consideraciones esencialistas hacia los habitantes 4 ii. Falta de consideración del sujeto posmoderno 6
III. ¿Cómo se ha estudiado la vivienda? 8
IV. Posición epistemológica 11
V. Enfoque, objetivo y pregunta de investigación 12
VI. Justificación de la investigación 14
VII. Estructura de la tesis 15
VIII. Vinculación con PRONACES y EHE 16
Capítulo 2. La apropiación: relación entre el ser
humano y su casa 18
Introducción 18
I. La co-constitución del individuo y su medio ambiente 19 i. El medio ambiente construido y su entorno social desde un
enfoque parcial 19
ii. El medio ambiente construido y su entorno social desde un
enfoque dinámico: una aproximación ecológica 23
iii. Affordances o posibilidades de acción 25
iv. Teoría de la congruencia del individuo-medio ambiente 29
II. La vivienda es un medio 31
i. El propósito de la vivienda 32
ii. ¿La vivienda como medio para qué? 33
iii. La vivienda como medio en la historia 34
iv. El ideal de la casa propia: vivienda e individualismo 38 en el siglo XX
III. Habitar es un proceso 40
i. Habitar la casa 41
ii. Habitar como proceso 43
IV. La apropiación: la aventura de habitar 45
i. Objetivos o intenciones de la apropiación 48
ii. Tipos de apropiación 49
1. Apropiación material y económica 49
2. Apropiación social 50
3. Apropiación espacial 50
4. Apropiación simbólica 50
iii. Posibilidades de apropiación 51
iv. Resultados de la apropiación: identidad y apego 53
1. Identidad 53
2. Apego 54
v. Modelo de apropiación 56
V. La ciudad apropiada: poder, sociedad y responsabilidad 57
i. Apropiación y poder 57
ii. Apropiación y contexto social 58
iii. Apropiación y hacer ciudad 59
Conclusión 61
Capítulo 3. Desarrollo de la vivienda popular del siglo
XX-XXI en Monterrey: una historia de dos ciudades 64
Introducción 64
I. Antecedentes: Industrialización y urbanización 66
II. Primera etapa: La continuidad del paternalismo industrial y sublevación
migrante (1940-1972) 70
a. A nivel federal 71
b. A nivel local 74
III. Segunda etapa: Institucionalización del habitar (1972-1992) 81
a. El INFONAVIT 85
i. Financiamiento del Infonavit y líneas de crédito ofertadas 86
ii. Suelo, promoción y construcción 87
iii. El diseño 88
b. Respuesta a presiones sociales e institucionalización en Monterrey
(1972-1992) 93
IV. Tercera etapa: Desregulación, expansión y mercanitlización (1992-2015) 99
a. La reforma al Infonavit 1992 101
b. Efectos de la reforma al Infonavit en el suelo, diseño y el
surgimiento del promotor inmobiliario 106
i. El suelo urbano 106
ii. El diseño habitacional 106
iii. Los promotores inmobiliarios 107
c. Impacto de la reforma al Infonavit 109
d. Monterrey, líder en oferta de vivienda y créditos 110
i. El despegue de la oferta 110
ii. Consecuencias territoriales 117
Conclusión 122
Capítulo 4. Marco metodológico, estrategia de investigación, desarrollo de trabajo de campo,
recolección de datos y análisis 124
Introducción 124
I. Aproximación metodológica 124
II. Diseño de la investigación 125
a. Estudio de caso 125
b. Estudios de caso: la muestra 127
i. Colonias Infonavit 128
ii. Colonias de Producción social de vivienda (PSV) 131
iii. Perfil de los habitantes 134
c. Métodos de investigación empleados 136
i. Cuestionario 136
ii. Entrevista a profundidad 137
iii. Documentación fotográfica 137
iv. Documentación gráfica 138
v. Observación directa de la colonia 139
vi. Diario de campo 140
d. Almacenamiento de datos 140
e. Cuestiones de ética y seguridad 140
f. Poder y posicionamiento 141
g. Análisis de los datos 141
III. Construcción del modelo “habitar apropiando” 141
Capítulo 5. Resultados 148
Introducción 148
I. Casa propia, ¿por qué? 149
a. Adultos mayores 149
b. Adultos 150
II. Habitar edificando 151
a. Selección: primera forma de apropiación 151
b. ¿Cómo se lleva a cabo? 154
i. Mano de obra 154
ii. Recursos económicos 156
iii. Tiempo 157
c. Formas de apropiación 159
i. Delimitación 159
ii. Transformación 162
1. Infonavit 162
2. Producción social de vivienda 169
iii. Negociación 174
d. Aspiraciones 177
e. Construcción de la identidad a través de la casa 178
i. Distinción 178
ii. Continuidad 181
iii. Autoestima 185
iv. Autoeficacia 187
f. Habitar pasivo 192
III. Habitar apreciando 192
a. Manifestaciones del apego 193
i. Apego positivo: afecto 193
ii. Apego positivo: cognición 194
iii. Apego positivo: comportamiento 194
iv. Apego negativo: apego por posesión 195
v. No apego 196
b. Proceso de formación de lugares a través del apego 196
i. Interacción en el lugar 196
ii. Identidad del lugar 197
iii. Encuentros fortuitos 199
iv. Realización del lugar 200
v. Creación de lugares 200
c. Significado de la casa 203
i. Esfuerzo 204
ii. Memoria 205
iii. Estabilidad 205
iv. Progreso 206
v. Medio de integración familiar 206
vi. Patrimonio 207
vii. Emprendimiento doméstico 207
d. Habitar desprendido 208
IV. Habitar socializando 208
a. Formación de comunidad 209
i. Definición 209
ii. Lo que los identifica 209
iii. Lo que los distingue 211
iv. Confianza 213
b. Relaciones “buenos días, buenas tardes” 216
c. Habitar socio-fóbico 216
V. Conclusión: recapitulando 217
Capítulo 6. Conclusiones: Habitar apropiando, ¿una
discusión posible? 221
Introducción 221
I. Los resultados y su discusión 222
a. Casa propia 224
b. Habitar edificando 224
i. Autonomía 225
ii. Ideales de los productores vs. necesidades de los habitantes 226
iii. Capital social 229
c. Habitar apreciando 229
d. Habitar socializando 232
II. Resultados inesperados 235
III. Aciertos, limitaciones y posibles líneas de investigación futuras 236
IV. Reflexiones finales y propuestas 237
a. Invertir en las personas: espacio + tiempo + microcrédito +
infraestructura para construir 239
b. Decisiones críticas de vivienda a cargo del habitante 242
c. Enfoque en el “cómo”: de abajo hacia arriba 245
V. Relación de los resultados y las propuestas a la luz de contexto actual 247 a. ¿Cómo se explican los resultados de habitar edificando a la luz del
contexto actual y por qué es relevante invertir en las personas? 247 b. ¿Cómo se explican los resultados de habitar apreciando a la luz del
contexto actual y por qué es relevante dejar que las decisiones
críticas estén a cargo del habitante? 248
c. ¿Cómo se explican los resultados de habitar socializando a la luz del contexto actual y por qué es relevante propiciar proyectos
enfocados en el “cómo”? 249
VI. El regreso a casa: buscando la dignidad de la persona, no sólo de la vivienda 251
Referencias 253
Anexos 267
INDICE DE TABLAS Y FIGURAS
TABLAS
Tabla 1. Relación de la arquitectura y su entorno social en el tiempo Tabla 2. Comparación de modelos de ciudad
Tabla 3. Algunos de los fraccionamientos aprobados entre 1955-1966 Tabla 4. Paternalismo industrial y sublevación migrante (1940-1972) Tabla 5. Superficie promedio de vivienda por año
Tabla 6. Institucionalización del habitar (1972-1992) Tabla 7. Programas Nacionales de Vivienda 1984-2001
Tabla 8. Distribución porcentual de los distintos tipos ofrecidos de vivienda vs. demanda establecida por el Plan Sectorial de Vivienda 2001-2006 a nivel nacional
Tabla 9. Cambios efectuados en el INFONAVIT tras la reforma de 1992.
Tabla 10. Créditos otorgados por estado 2015-2020.
Tabla 11. Créditos por tipo de vivienda en Nuevo León (porcentaje) Tabla 12. Porcentaje de crecimiento de la mancha urbana.
Tabla 13. Parque Habitacional de la ZMM 2010
Tabla 14. Reforma al Infonavit y vivienda de mercado (1992 - a la fecha) Tabla 15. Información general de colonias seleccionadas
Tabla 16. Listado completo de viviendas y datos sociodemográficos de entrevistados (lo dejo aquí o lo mando a anexo?)
Tabla 17. Perfil de los habitantes de las colonias de Infonavit y de las colonias de PSV.
Tabla 18. Materializando la casa Tabla 19. Formas de apropiación
Tabla 20. Proceso de apropiación en vivienda de INFONAVIT Tabla 21. Aspiraciones en torno a la vivienda
Tabla 22. Construcción de la identidad a través de la casa Tabla 23. Resultados Apego
Tabla 24. Procesos generativos del apego al lugar en Infonavit y PSV Tabla 25. Comunidad
FIGURAS
Figura 1. Propiedades de los affordances: faceta relacional Figura 2. Propiedades de los affordances: Polaridad Figura 3. Propiedades de los affordances: Multiplicidad Figura 4. Propiedades de los affordances: Calidad
Figura 5. Propiedades de los affordances: Dependiente de la forma Figura 6. Modelo de apropiación
Figura 7. Vivienda de empleados de La Fama en el municipio de Santa Catarina Figura 8. Plano de Monterrey 1930
Figura 9. Juan Legarreta, conjunto de vivienda obrera en Balbuena, 1932-1934.
Figura 10. Mario Pani, Centro Urbano Presidente Alemán, 1947-1949.
Figura 11. Plan general y obra de la Colonia Cuauhtémoc 1957.
Figura 12. Plano del Área Metropolitana de Monterrey de 1967.
Figura 13. Imagen parcial del Fraccionamiento Buenos Aires, 1953.
Figura 14. Imagen parcial del Fraccionamiento Asarco, 1953.
Figura 15. Tasa de crecimiento en costo por unidad, monto de crédito y número de créditos en la línea I a nivel nacional 1974-1992.
Figura 16. Cartel de INFONAVIT “Estamos en 66 Ciudades de la república”
Figura 17. Manuales de diseño del Infonavit (1974-1976) para viviendas y conjuntos habitacionales
Figura 18. Manuales de normas de diseño que el Infonavit ofrecía a los constructores Figura 19. Valle de Infonavit, primer conjunto habitacional del Instituto en la ciudad Figura 20. Posesionarios del Frente Tierra y Libertad trabajando en conjunto
Figura 21. Créditos otorgados a derechohabientes de hasta 2 salarios mínimos 1975-2015 Figura 22. Conjuntos habitacionales financiados por el INFONAVIT
Figura 23. Proceso de desarrollo de un conjunto de viviendas por parte de los desarrolladores y el Infonavit.
Figura 24. Número de viviendas ofertadas en la ZMM 2006-2020 según la Comisión Nacional de Vivienda
Figura 25. Créditos por tipo de vivienda en Nuevo León (porcentaje)
Figura 26. Población ocupada según ingreso salarial en Nuevo León 2010-2020 (número de personas)
Figura 27. Créditos por rango salarial en Nuevo León (salarios mínimos)
Figura 28. Conjunto habitacional Las Anacuas, en el municipio de Santa Catarina.
Figura 29. Terreno baldío destinado al uso común de la colonia Riberas de Capellanía, García.
Figura 30. Mapa de la Zona Metropolitana de Monterrey con las colonias seleccionadas
Figura 31. Vista aérea colonia Constituyentes de Querétaro I y III Sector, planta baja típica e imagen vivienda CQ-5.
Figura 32. Vista aérea colonia Colinas del Río, planta baja e imagen viviendas típicas.
Figura 33. Vista aérea colonia Los Encinos, planta baja típica e imagen viviendas típicas.
Figura 34. Vista aérea colonia Lázaro Cárdenas, en las faldas del Cerro del Topo Chico y vista vivienda LC-1 y vivienda vecina.
Figura 35. Vista aérea colonia Ciudad CROC y vista vivienda CC-5
Figura 36. Vista aérea colonia La Ermita y vista vivienda LE-5 y poste de luz apropiado por los fans del equipo de futbol Rayado.
Figura 37. Dibujo EN-3 Figura 38. Dibujo LE-2
Figura 39. Observación directa de la colonia I Figura 40. Observación directa de la colonia II Figura 41. Transiciones del primer al tercer modelo Figura 42. Modelo “habitar apropiando”
Figura 43. Municipio de residencia según forma de producción y municipio de residencia previa
Figura 44. Consolidación irregular.
Figura 45. Mezcla, cimbra, escombro… evidencias de la vivienda como proceso en La Ermita (izquierda) y en Ciudad CROC (derecha)
Figura 46. Vivienda CQ5 antes y después de ser delimitada Figura 47. Delimitación EN-4
Figura 48. Viviendas PSV abiertas a la calle, Figura 49. Casa de Imelda, CQ5
Figura 50. Casa de Leticia, CR1 Figura 51. Casa de Luisa, CR3
Figura 52. Fonda en el porche de casa de Sabina CQ5.
Figura 53. Fonda en la cochera de casa de Lupita CR2.
Figura 54. Papelería en casa de Candelaria EN3.
Figura 55. Casa de Antonio y Mary CQ5.
Figura 56. Evolución de casa de Sotera LC1 Figura 57. Casa de Cecilia LE2
Figura 58. Ejemplos de viviendas de PSV dónde los espacios se articulan directamente unos con otros.
Figura 59. Porche en viviendas.
Figura 60. Versatilidad de funciones en terrenos, Casa de Asunción LC3.
Figura 61. Versatilidad de funciones en terrenos, Casa de Cecilia, LE2.
Figura 62. Versatilidad de funciones en terrenos, Casa de Ismael CC2.
Figura 63. Calle en colonia Lázaro Cárdenas como extensión de la propiedad.
Figura 64. Cierre de accesos Figura 65. Distinción en PSV Figura 66. Distinción en Infonavit
Figura 67. Continuidad. Tradiciones del campo incorporadas a la vivienda.
Figura 68. Continuidad. Mural en memoria a víctimas del narcotráfico en colonia Ciudad CROC Figura 69. Continuidad. Mural en colonia Lázaro Cárdenas
Figura 70. Continuidad en memoria a familia fallecida, casa de María Elena CC4 Figura 71. Continuidad en memoria a familia fallecida, casa de Norma LE4 Figura 72. Autoestima: Sandra y Oscar.
Figura 73. Autoestima: plantas.
Figura 74. Autoestima: Acabados.
Figura 75. Área de cochera transformada a porche/terraza para funciones lúdicas y sociales, Casa de Luisa CR3.
Figura 76. Máquina de coser industrial ocupando la mitad del área social de casa de Miguel (EN1).
Figura 77. Autoeficacia en diseño.
Figura 78. Autoeficacia en recolección y reciclaje.
Figura 79. Autoeficacia: Asunción LC3.
Figura 80. Seguridad en Los Encinos
Figura 81. Monotonía y desolación en Colinas del Río Figura 82. Identidad en Lázaro Cárdenas
Figura 83. Identidad en La Ermita
Figura 84. Proyectos comunitarios no exitosos gestionados por los municipios Figura 85. Proyectos comunitarios exitosos gestionados por los habitantes Figura 86. Centro Comunitario Los Encinos
Figura 87. Espacios apropiados frente a sus casas en Constituyentes de Querétaro Figura 88. Clasificación de significados de la casa de acuerdo con los entrevistados Figura 89. Confianza entre vecinos
Figura 90. Síntesis de resultados empíricos de cada una de las prácticas Figura 91. Resultados y propuestas
ACERCA DE ESTE TRABAJO
En los últimos cincuenta años, el Estado mexicano ha considerado a la vivienda como un fin en sí mismo enfocándose en su dotación, soslayando que es un medio para otros fines privados, como el desarrollo y la realización personal. Las apropiaciones de estos conjuntos habitacionales en el tiempo son evidencia de lo que los habitantes han considerado necesario para compensarlo. Esta investigación se pregunta la relación que existe entre la apropiación de la vivienda y la identidad, el apego y el sentido comunitario de sus habitantes. Se utilizó un enfoque cualitativo de aproximación ecológica que considera al habitante y su casa en una relación de co-constitución. Se tomaron seis colonias como casos de estudios, tres financiadas por el estado y tres producidas socialmente (autoconstruidas) – porque en ellas la apropiación es inherente – y se contrastaron. Se encontró que los habitantes de las viviendas producidas socialmente muestran mayor orgullo y satisfacción por su casa, muestran más autoestima y autoeficacia junto con mayor confianza en sus vecinos. Finalmente, a raíz de lo recogido en campo, se construyó un modelo de un habitar apropiando, que recoge las prácticas que conducen a este estilo de vida y que abren la posibilidad de un tejido urbano y social más solidario y
robusto.
1
INTRODUCCIÓN
La casa siempre ha sido importante para mí. Ha sido así desde pequeña, en el que mi cuarto era mi mundo por transformar y en el cual soñar hasta la que habito hoy en día, y que tuve la oportunidad de diseñar, construir y gozar con mi familia. Recuerdo con claridad todas las casas que he habitado, son parte de quién soy. Comparto con Bachelard la creencia de que la casa es “nuestra esquina del mundo” y con Böllnow que “somos nuestras casas”. Tal vez sea por esta pasión personal que al elegir tema de investigación para el doctorado me volqué a observar la de los demás. Tal vez sea, porque al ser arquitecta, soy cómplice en suponer los habitares ajenos. O simplemente sea, tal vez, por observar con asombro y tristeza lo que la Revolución Industrial y el capitalismo han hecho con ella: un producto estandarizado, de producción masiva y despersonalizado. Lo que me queda claro tras este viaje hacia el interior del habitar de otros – que espero que este escrito logre comunicar – es la emergencia en recuperar el habitar la casa, de manera activa y consciente, como algo esencial que conduce, cuida y arraiga nuestro transitar por el espacio y el tiempo.
Inicialmente, esta era una investigación sólo sobre la historia y las repercusiones de la
“deshumanizada” vivienda social que se aprecia en las periferias de las ciudades y la agencia de sus habitantes buscando sublevarla a través de sus apropiaciones. Durante el camino, descubrí otra historia paralela – la de la vivienda de autoconstrucción – ahora denominada vivienda de producción social. Descubrí que en estas viviendas la apropiación es intrínseca y guía cada paso en su materialización. Tenía por lo tanto, los dos polos opuestos en soluciones habitacionales:
una vivienda llave en mano entregada finalizada, la del Infonavit, y otra materializada en el tiempo bajo las posibilidades y deseos de sus habitantes, la de producción social de vivienda (PSV). Sin detectarlo en ese momento, algo se respiraba distinto en las colonias de estas últimas. Mi sospecha es que la apropiación tenía algo que ver. Y así se trazó un nuevo destino en la investigación que me condujo hasta aquí.
Antecedentes del fenómeno: el deshumanizante ideal del orden colectivo
¿Cuándo se podría decir que comenzó a caracterizarse la vivienda como un problema? Seneca afirmaría que, desde la antigua Roma, en las llamadas tipologías de vivienda colectivas de varios niveles y construidas precariamente llamadas insulae, de las que reclamaba:
¿Fue la filosofía la que erigió todas estas imponentes viviendas, tan peligrosas para las personas que las habitan? ¿No bastaba con que el hombre se proveyera de un techo que lo cubriera al azar y se inventara algún retiro en la naturaleza sin la ayuda del arte y sin problemas? Créame, esa fue una época feliz, antes de la época de los arquitectos, antes de la época de los constructores. (Seneca, n.d., Vol. 2, Carta 90)
Ahora bien, una respuesta más cercana a nuestros tiempos sería afirmar que se constituyó como problema desde el momento que la comenzamos a denominar como tal, en lugar de llamarle “casa”. ¿Y por qué el surgimiento de dicha denominación? Pues porque va ligada al surgimiento de los que llamamos “vivienda social”. La vivienda social surge en las sociedades industrializadas del siglo XIX en respuesta al crecimiento poblacional debido a la gran migración a las ciudades del campo, generándose por primera vez en la historia como un producto de la ciencia y no como un producto ligado a la vida y al acontecer humano. Los antecedentes a esta tipología los podemos encontrar en los modelos de vivienda colectiva que ofrecieron reformistas sociales como el galés Robert Owen (1771-1858) y el francés Charles Fourier (1772-1837) quienes proponían comunidades ideales que compartían vivienda, trabajo y servicios comunes (Frampton 2002). Cómo ejemplo de este modelo materializado tenemos el Familisterio de Guise que Jean Baptiste Godin construye en 1859 junto a su fábrica y que sigue en pie a la fecha1.
La preocupación inicial por el rezago habitacional que las grandes metrópolis enfrentaban con la migración del campo a la ciudad justificaba, en cierto sentido y dado su urgencia, en la dotación de vivienda unifamiliar de construcción rápida y económica. La vivienda fue producida bajo el modelo Taylorista – el cual se basa en la separación de funciones, el uso del tiempo para medir dichas funciones y el dinero como incentivo (Barker &
Jane, 2016) – y con el estandarte del progreso, reflejo del paradigma positivista. El modelo de producción industrial era el ideal para trasladar a la construcción de vivienda y solucionar el rezago. El mecanizar la producción de la vivienda, responde al paradigma del modernismo monolítico y al régimen de la sociedad disciplinaria (G Lipovetsky, 1994). No sólo es esto evidente en los métodos constructivos empleados sino en la configuración espacial de las
1 Para información más detallada ver video en: https://youtu.be/C5_hu0UipeE
viviendas y los conjuntos habitacionales. No existe tanta diferencia entre la configuración espacial de un campo de concentración o una línea de producción y un conjunto habitacional de vivienda social. Ambos tienen un orden rígido, monótono, estándar y militar: largas enfiladas de casas uniformadas, sometidas a una retícula ajena al contexto geográfico, diseñadas para responder a las funciones básicas del día a día: aseo, la comida y el descanso. El sueño funcionalista fue consumado en el triunfo de la vivienda social, orgulloso producto de la modernidad.
Los primeros experimentos con vivienda de este tipo y bajo este paradigma los encontramos en Alemania, dónde a la par se desarrolla el modelo del Existenzminimum – la unidad mínima para la existencia – objeto de estudio del segundo Congreso de Arquitectura Moderna (CIAM) de 1929 en Frankfurt. Las premisas básicas de este modelo según Borden (1995) son dirigir el diseño no a los deseos individuales sino a los básicos, prescribir el funcionalismo por encima de las idiosincrasias de los arquitectos fijando los usos de cada espacio, y racionalizando los métodos constructivos para disminuir costos. Esta actividad se acrecentó y domino el paisaje urbano durante la etapa de posguerra con la necesidad de otorgar vivienda durante la reconstrucción y la política de los estados de bienestar que imperaba en las décadas de los sesentas y setentas, la llamada Edad de Oro, en la que los principios fordistas fueron aplicados a nuevas formas de producción desde la casa hasta la comida chatarra (Hobsbawn, 2014, p.265).
Los conjuntos habitacionales europeos se distinguieron por ser conjuntos verticales de alta densidad, mientras que en el continente americano, donde el emplazamiento era más generoso, se optó por el modelo burgués de vivienda unifamiliar. El paradigma detrás de estas iniciativas no es más que una voluntad al orden. En otras palabras, la vivienda social es un síntoma de la modernidad que busca controlar, que busca ordenar, que busca reprimir todas las contingencias que las recién formadas metrópolis del siglo XX estaban generando. Cómo bien remarca Bauman que, de todas las tareas que la modernidad se autoimpuso, la tarea del orden es de las más destacadas (1990).
Ahora bien, mientras el problema del rezago habitacional se disminuyó con este enfoque de política habitacional, su entrada en la ciudad trajo consigo y generó otros problemas, como bien establece Kerr, “el diseño de la vivienda colectiva generalmente refleja los intereses de los productores más bien que el de los habitantes” (1995, p.268) y esta falta de atención en el habitar de las personas produjo cajas blancas anónimas, impersonales, homogéneas y a gran escala en el tejido urbano. Hecho que el historiador del siglo XX Eric Hobsbawm confirma al señalar que la década de los setenta probablemente pase a la historia como “el decenio más nefasto del urbanismo humano” (2014, p. 265) dado que tanto las autoridades del este como del oeste descubrieron que los métodos industriales eran muy benéficos para la construcción de vivienda pública.
Mas de cien años han pasado desde que la humanidad soluciono la dotación de la vivienda a través de la mecanización, respondiendo a un contexto histórico que en su momento parecía así demandarlo, ahora bien, ¿cómo es que la vivienda social actual se siga
reproduciendo en nuestros tiempos y en nuestro país bajo este mismo modelo? Es evidente que el contexto social del siglo XX experimentó muchísimos cambios, de la mano de los avances tecnológicos que se fueron suscitando, y la realidad es que la vivienda sigue repitiendo un modelo que ya no responde a las necesidades actuales. Como bien establece Montaner,
“pensar en la vivienda de principios del siglo XXI significa replantear los supuestos que le dieron forma” (2011, p.29). El producto no ha cambiado, aunque “los supuestos que le dieron forma” (circunstancias sociales, políticas y económicas) lo han hecho. En México, la arquitectura de la vivienda social y sus conjuntos sigue respondiendo al antiguo régimen de la sociedad disciplinaria de la modernidad.
Enmarcando el problema de la vivienda desde las humanidades
Para comprender mejor esta problemática es conveniente enmarcarla desde los estudios humanísticos. Nos centraremos en dos de las vertientes que se derivan de lo expuesto en la sección anterior. La primera vertiente es el gran soslayo que se le ha dado al habitante que desemboca en la manera en que se ha aplicado un esencialismo al habitante al construir una política de vivienda, y la segunda, consecuencia de la anterior, es la poca consideración en la oferta de soluciones habitacionales.
Consideraciones esencialistas hacia los habitantes
Como lo pudimos ver en el apartado anterior, dado que la vivienda social responde al paradigma de la modernidad, uno de los problemas que presenta es el esencialismo con el que se analiza a los habitantes y el emplazamiento de sus viviendas. De acuerdo a Dovey, esencialismo es “ver el sentido del lugar como profundamente enraizado en modos estabilizados de habitar que no se pueden cambiar” (2010, p.4). Podemos encontrar aproximaciones esencialistas al lugar en el concepto de estar-en-el-mundo de Heidegger y el concepto de genius loci de Norberg-Schulz, quienes según Dovey, ignoran la construcción social de la identidad del lugar. Estos intentos por fijar el significado de los lugares construyen identidades singulares y estáticas definidas por lo que excluyen.
Podemos encontrar la presencia de este esencialismo en primera instancia en la Constitución Mexicana. El primer artículo que garantizaba un derecho a la vivienda, el artículo 123 fracción XII obligaba a las empresas a proporcionar a los trabajadores “habitaciones cómodas e higiénicas” (Constitución Mexicana, 1917). Como se puede observar la población a la que se dirige esta legislación es a los trabajadores, excluyendo al resto de la población no trabajadora: mujeres, adultos mayores y niños entre otros. En febrero 7 de 1983, se establece más claramente el derecho a la vivienda y se añade al artículo cuarto lo siguiente: “Toda familia tiene derecho a disfrutar de vivienda digna y decorosa. La ley establecerá́ los instrumentos y apoyos necesarios a fin de alcanzar tal objetivo” (reforma constitucional 7/II/1983, DOF). De
nuevo, observamos que la ley va dirigida a un grupo particular, el de la familia, y por eso encontramos inscrito en el diseño de la vivienda social un supuesto núcleo familiar que habitará esos hogares. Pero la realidad mexicana es muy distinta. Gran parte de la composición demográfica no lo constituyen familias per se, sino madres solteras, compañeros o familias extendidas dentro de una sola vivienda. El 28 de julio de 1999 en otra reforma constitucional al artículo 4 finalmente se enmienda este soslayo y el artículo declara que: “Toda persona tiene derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar” (reforma constitucional 28/VI/1999, DOF). Ahora bien, aunque parecería que finalmente la política pública tiene un carácter antiesencialista, en la práctica la realidad es muy distinta. Los derechohabientes a la vivienda siguen siendo sólo los trabajadores formales y más del 60% de la población de México necesita autoproducir su casa para consumar lo que debería de ser un derecho (Coulomb, 2010, p. 560).
También encontramos la presencia del esencialismo en el diseño de la vivienda misma.
Mientras en que los proyectos de posguerra en Francia, como la unidad habitacional de Marsella del arquitecto Le Corbusier, concebía 23 tipos de apartamentos distintos, en México encontramos a lo mucho tres modelos de vivienda por conjunto habitacional. Aunado a lo anterior, se fija a la vivienda sólo para las funciones básicas del habitar como el aseo, la cocina y el descanso sin prever espacios flexibles que pudieran tomar una vocación distinta como lo pudiera ser un área de trabajo o de servicio.
Ahora bien, Dovey nos advierte que más allá de que el esencialismo del diseño y emplazamiento de la vivienda repercuta en una construcción de identidad estática, el problema radica en lo que Dovey denomina “forgotten-ness” o capacidad de olvido: “La potencia del lugar radica en la manera en que se da por hecho como un contexto neutral para el día a día, su forgotten-ness” (Dovey, 2010, p.7). Un lugar que se ignora y que neutraliza es un lugar que niega la capacidad de convertirnos en algo más. Y es aquí donde este discurso se liga a los estudios poscoloniales de Homi K. Bhaba (2008).
Bhabha (2008) concibe la nación como un conjunto de narrativas temporales que en consecuencia, le otorgan un carácter híbrido, plural y heterogéneo. El concepto de nación que tenemos no será el mismo dentro de algunos años. Sin embargo, la vivienda en la que vivimos, vivienda diseñada bajo una legislación y un paradigma de nación particular sí lo será, no sólo por la duración de su materialidad sino también por la deuda a la que se someten los habitantes por más de veinte años. Tanto el diseño de la vivienda, su conjunto y su ubicación son una imposición de la voluntad dominante que supone el habitar de otros. De cierta manera, podemos afirmar que esto es un tipo de extensión de formas de colonialismo que en lugar de ser antiesencialista y permitir que los habitantes se desarrollen, bajo el esquema legislativo de hoy en día, se promueve un modo de habitar esencialista y estático que responde a una narrativa de nación homogénea que pretende mantener a todos en su lugar. Encontramos afinidad de esta postura con la de Alva (1995) para quien el esencialismo es un tipo de colonialismo que no permite el desarrollo de la gente. En otras palabras, el caso de la vivienda social en México es una colonización económica que no permite la movilidad social.
Ahora bien, el problema no termina aquí. Según Giddens la modernidad trajo consigo una separación del tiempo y el espacio que provoca un proceso de desanclaje que lo define como
“el despegar las relaciones sociales de sus contextos locales de interacción y reestructurarlas en indefinidos espacio-temporales” (2015, p.32)(Giddens, 2015). Uno de los mecanismos de desanclaje son los sistemas expertos “sistemas de logros técnicos o de experiencia profesional que organizan grandes área del entorno material y social en el que vivimos” (2015, p.37). La vivienda social es un ejemplo de sistema experto del cual los habitantes no les queda más que fiarse, y se fían porqué su incapacidad en esa área de conocimiento no les permite cuestionarlo.
Si sumamos el concepto de sistemas expertos al del esencialismo podemos concluir que los habitantes no sólo son víctimas de la capacidad de olvido (forgotten-ness) al que el lugar esencialista los somete, sino que además lo hacen de manera incuestionable depositando su fiabilidad en el sistema experto de la vivienda por la cual pagan un gran costo.
Ahora bien, supeditados a la lógica del mercado, la educación y la profesión de la arquitectura han sido cómplices en contribuir al deterioro medioambiental que los conjuntos habitacionales han ocasionado. La educación profesional de la disciplina de la arquitectura no ha puesto atención a las bases de la población y sus necesidades, a la par que no se ha enfocado en estudiar el medio ambiente construido una vez que ha sido habitado – ese rol ha sido relegado a los psicólogos medioambientales – soslayando la dinámica co-constitutiva del ser humano y su entorno. Por otra parte, la producción de vivienda por parte de los profesionales se ha solucionado de una manera muy eficiente produciendo modelos, que se copian incesantemente por todo el país, independientemente de la ubicación y cultura local dónde se emplazan. Pallasmaa lo deja muy claro:
Many of us architects seem to have developed a kind of Split personality: as designers and as dwellers we apply different sets of values to the environment. We build dwellings that perhaps satisfy most of our physical needs, but which does not house our minds. 2 (1992, 2)
Falta de consideración del sujeto posmoderno (o diversidad en la oferta de soluciones habitacionales)
Gilles Lipovetsky (1994) nos presenta unos puntos de partida interesantes para “replantear los supuestos” de los que Montaner habla e imaginarnos como la arquitectura de la vivienda social está en falta con la posmodernidad en que nos encontramos. Para Lipovetsky “la edad
2 “Muchos de nosotros, los arquitectos, parece que hemos desarrollado una especie de personalidad dividida: como diseñadores y como habitantes, aplicamos diferentes conjuntos de valores al medio ambiente.
Construimos viviendas que quizás satisfagan la mayoría de nuestras necesidades físicas, pero que no albergan nuestras mentes.”
moderna está obsesionada con la producción mientras que la edad posmoderna lo está por la información y la expresión” (p.14). Mientras que la producción de vivienda sigue bajo una lógica económica y técnica de la cantidad (moderna) – que es más cuantitativa que cualitativa – en otros productos la producción ha cedido el paso a una lógica de la multiplicación de la variedad (posmoderna) (2007), tal como la siguiente cita lo aclara:
La cultura posmoderna es un vector de ampliación del individualismo; al diversificar las posibilidades de elección, al anular los puntos de referencia, al destruir los sentidos únicos y los valores superiores de la modernidad pone en marcha una cultura personalizada o hecha a la medida que permite al átomo social emanciparse del balizaje disciplinario-revolucionario (1994, p.11).
Tras esta definición de la cultura posmoderna, Lipovetsky deja claro todo lo que la vivienda social no es. Más bien se distingue por las pocas posibilidades de elección, por una individualidad difícil de conseguir en conjuntos masivos, densos y homogéneos reflejos de los valores de una modernidad de antaño. Lejos de promover una cultura hecha a la medida, la vivienda social promueve comportamientos normalizantes: diseños de vivienda resultado de un esencialismo del usuario para el cual será difícil emanciparse de balizaje material en el que habita. En el territorio de la vivienda social “el ideal moderno de subordinación de lo individual…[no ]… ha sido pulverizado” (1994, p.7).
A su vez, la vivienda que se oferta para las clases más desfavorecidas no es reflejo del concepto que Lipovetsky denomina proceso de personalización que distingue al contexto posmoderno: “vivir libremente sin represiones, escoger íntegramente el modo de existencia de cada uno” (1994, p.8), ya que escoger el modo de existencia se complica cuando los compradores no cuentan con muchas opciones de modelos de vivienda y su localización está restringida a la periferia. Sin embargo, aunque la vivienda se produce bajo el paradigma moderno, sus habitantes responden a la cultura posmoderna que Lipovetsky describe y por lo tanto es inevitable que, aún en estas circunstancias, manifiesten su proceso de personalización, proceso que actúa como estrategia para destruir los efectos del modernismo monolítico (Lipovetsky, 1994, p.10). Por lo tanto, encontramos que después de ser habitadas las viviendas son transformadas para acomodar las necesidades heterogéneas que los productores de vivienda no contemplaron. Aparecen terceros pisos, cambio de colores, construcción de bardas, negocios y demás actividades que resultan de las apropiaciones que los habitantes hacen de su vivienda en serie. La obsesión posmoderna por la expresión se traslada también a la vivienda, a la necesidad de diferenciarse en esas islas de interminables filas de cubos blancos que flotan en el mar desértico de la periferia. Adentrarnos a analizar los significados que estas apropiaciones tienen para sus habitantes es darles voz a aquellos “usuarios” desconocidos que el paradigma moderno soslayó. Sociedades silenciadas que aun cuando hablan con sus apropiaciones nos son escuchadas en su diferencia (Mignolo, 2000, p.71).
¿Cómo se ha estudiado la vivienda?
La vivienda social ha sido estudiada desde muchas disciplinas, sin embargo, la compartimentalización ha sido su característica, dada la complejidad y lo multidimensional de la problemática. Tras un ejericio biliométrico en las bases de datos de Scopus y Redalyc se reveló que su estudio adquirió preeminencia en el campo académico a partir de los años noventa y con repunte en los últimos diez años, aunque cabe aclarar que se cuenta con antecedentes a finales de la decáda de los sesenta y setenta. La vivienda ha sido abordada principalmente desde las ciencias sociales (59.1%), seguido de las ciencias medioambientales (25.2%), la ingeniería (16.3%), las artes y humanidades (6.9%) y los negocios (6.6%) entre otros de menor relevancia. Inglaterra, Estados Unidos, Holanda y Australia son los países cuyos cuerpos de investigación han mostrado el mayor interés respecto al tema.
Ahora bien, las principales publicaciones académicas que han impulsado el campo de estudio en los últimos años son: Housing Studies, Journal of Housing and the Built Environment, Housing Theory and Society, Urban Studies, Habitat International e INVI (este último en Latinoamérica).
En esta revisión encontramos seis grandes campos de estudio de la vivienda social: los estudios políticos, económicos, sociológicos, de diseño, antropológicos3 y en menor medida, desde los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad. A continuación, se detalla cuáles son los problemas de investigación que cada campo atiende y sus contribuciones.
Los estudios epistemológicos abordan, en primer lugar, el problema de la construcción y la definición sobre la problemática de vivienda. Jacobs, Kemeny and Manzi (2003) muestran que la política de vivienda es un campo de batalla en donde los grupos de interés compiten por definir los problemas de vivienda y cómo éstos se deben solucionar. Ello representa en sí un problema epistemológico, tal como lo establece O’Neill (2009), ya que los estudiosos del tema no se cuestionan la construcción y definición de estos problemas sobre la vivienda elaboradas por los grupos de interés, debido a las fuertes presiones que se generan en el ámbito académico para la obtención de fondos para la investigación de la vivienda misma. A su vez, Peter King (2009) enfatiza la necesidad de abordar la vivienda social desde el concepto de habitar. Esta línea de investigación resulta pertinente para esta propuesta, ya que comprender las formas con las cuales se definió el problema de vivienda ayuda a comprender el resultante diseño arquitectónico de la vivienda actual.
En los estudios sobre la política de la vivienda social, cabe aclarar que el ejercicio realizado se focalizó en las publicaciones que contextualizaron el tema en la realidad mexicana.
Tales estudios concluyen que la política de vivienda social en los últimos años no ha logrado generar un mayor nivel de bienestar en la población reproduciendo la inequitativa y
3 Cabe aclarar que los estudios antropológicos no se limitan a la vivienda social sino al habitar en sí.
fragmentada política social (Velázquez Leyer, 2015), favoreciendo al desarrollo económico a costa del desenfrenado desarrollo territorial (Correa López, 2014) y sin resolver el problema para la población de mayor pobreza (Bredenoord & Verkoren, 2010). Otros estudios han analizado las políticas entorno a la sostenibilidad de la vivienda (Higuera Zimbrón & Rubio Toledo, 2011) y han analizado históricamente la evolución del paso de la vivienda del Estado a la vivienda de mercado (Puebla, 2002)
Por otra parte, la mayoría de los estudios económicos enfocados en la vivienda se centran en la problemática del financiamiento de la vivienda para los sectores más vulnerables (Blessing, 2016; Renaud, 1999; Shimbo, 2012) y los que estudian alternativas de financiamiento para los mismos (Blessing, 2012; Gilmour & Milligan, 2012; Kadi, 2015) incluido el financiamiento de la autoconstrucción (Obeng-Odoom, 2009). Sin embargo, también se encuentran quienes relacionan la economía y las causas de la expansión geográfica (Lau, 2010;
Sousa, 2010) y sobre la factibilidad de la vivienda en tenencia (Malpass, 2008).
El campo de estudio más amplio sobre la vivienda social es el sociológico, y dentro de él podemos distinguir dos grandes líneas: la que se concentran en el impacto a nivel comunidad y la referente al capital simbólico de la vivienda social. Dentro de los estudios de vivienda desde el enfoque social relacionado a la comunidad, a su vez, encontramos tres vertientes: el estigma (Hastings, 2004) (Blokland, 2008), el abandono (Keenan, Lowe, & Spencer, 1999) y la segregación (Andersen, 2002; Aparicio et al., 2011). El capital simbólico también ha sido abordado desde los estudios sociales para la vivienda (Flint & Rowlands, 2003; Jacobs &
Manzi, 2014), y una forma en la que la vivienda refleja dicho capital simbólico ha sido a través de la apropiación de la misma. El proceso de apropiación de la vivienda ha sido estudiada desde la óptica de los migrantes (Boccagni, 2014), a partir de la agencia de sus habitantes para recrear sus espacios a sus gustos y necesidades (Trabalzi, 2010) y la apropiación de formas con significados previos y ciertos valores de capital cultural (C. King, 2009). Hamzah y Adnan (2016) hablan de apropiación emocional de las viviendas resultado de las actividades familiares dentro del espacio comunitario y en el hogar. Tendencias contrarias a lo anterior encontramos en Australia, como el caso de algunos habitantes que no se apropian de sus viviendas por miedo al desalojo, como lo establece Van Gelder (2007). En México, encontramos diferentes estudios sobre la apropiación de la vivienda: Zamorano (2013) y Tamés (2004) en la ciudad de México, y a Pérez (2016) en Mazatlán. En Latinoamérica destacan el estudio de la experiencia del Proyecto Experimental de Vivienda (PREVI)4 a través del tiempo, situado en Lima (García- Huidobro et al., 2010) y el de Sanín Santamaría (2018) en Medellín.
De los pocos estudios de diseño sobre vivienda social se pueden clasificar en dos
4El proyecto experimental PREVI de vivienda progresiva de alta densidad realizado en Lima entre 1968 y 1973 “reunió la experiencia internacional y la colaboración de algunos de los mejores arquitectos de la época, que se concentraron en el diseño de casas, métodos de construcción y planeación de barrios de viviendas y urbanismo económicos…[ y ] durante estos años se empezó a reconocer que la arquitectura en general y el concepto de vivienda económica en particular tenían una responsabilidad social.” (Land, 2015)
tendencias, aquellos que abordan el diseño y la satisfacción residencial, por otra parte. En cuanto a diseño, algunos se enfocan en el estudio de vivienda en serie (Mohit et al., 2010;
Wong, 2010) y otros, en sus posibles modificaciones por los habitantes (Noguchi &
Hernández-Velasco, 2005; Stojanovic & Stamenovic, 2015). Sobre los estudios de satisfacción de la vivienda misma, se indica que existe una relación entre el diseño y la habitabilidad (Hernández-Cariilo & Velázquez-Rodríguez, 2014)(Tibesigwa et al., 2017).
De los estudios antropológicos se rescata el habitar de la vivienda. Muchos de ellos se centran en el significado de la casa, desde los clásicos (Douglas, 1991; Mallett, 2004; J. Moore, 2000) hasta los que aplican perspectivas nuevas al mismo fenómeno – como la ecológica (Coolen, 2006; Meesters, 2009). Otros estudian la cultura material de la vivienda (Clarke, 2001;
Garvey, 2001; Miller, 2001; Sanín Santamaría, 2018), las marcas del habitar (Rose, 2012;
Schelley, 2014), la relación del habitar y el territorio (Wise, 2000) y el habitar en la periferia urbana (Espinosa Ortiz, Vieyra, & Garibay Orozco, 2015; Lindón Villoria, 2002). Por último, un estudio completo sobre la vivienda del siglo XXI y su habitar es el de Montaner, Muxi y Falagán (2011) Herramientas para habitar el presente, en el cual, a partir de una combinación teórica-metodológica sugerente, se analiza la situación actual de la vivienda vis a vis la sociedad, los recursos, la tecnología y la ciudad. Se destaca que una de las estrategias más apremiantes para resolver el dilema de la realidad compleja, cambiante y diversa radica en desarrollar mecanismos de flexibilidad.
Finalmente, bajo los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (STS por sus siglas en inglés), se aborda la relación entre el objeto construido y los actores tanto en su realización y/o durante su uso. Sin embargo de vivienda social y STS hay pocos estudios, destaca uno realizado por Priemus y Kroes (2008) titulado “Technical artefacts as physical and social constructions:
The case of Cite de la Muette” dónde establecen que los factores sociales afectan las características físicas y materiales del objeto tecnológico, pero también afectan sus características funcionales y su significado simbólico.
Ahora bien, en cuanto a los estudios habitacionales en México, destaca la labor, de más de 30 años, de Rene Coulomb y Martha Schteingart (Coulomb, 2010; Coulomb & Schteingart, 2006; Schteingart, 2015) quienes han contribuido ampliamente a los estudios urbanos del país.
A partir de los años noventa, Schteingart pone especial énfasis en “los problemas que implicaba el retiro del Estado en la producción habitacional para los sectores más necesitados de la sociedad” (2015a, p.18). Sin embargo, aunque sus investigaciones han sido de beneficio para el avance de la disciplina, la mayoría de las investigaciones ha estado enfocada en la ciudad de México. En cuanto al campo de estudio de la producción social de vivienda (PSV), cabe destacar la labor por más de cinco décadas del arquitecto Enrique Ortiz Flores con múltiples publicaciones sobre el tema a través de la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC-AL) (Ortiz Flores, 2002, 2007, 2012, 2017). Así como también los arquitectos Jorge Andrade (1981, 2016) y Gustavo Romero (2002) quiénes han narrado sus experiencias en proyectos participativos de producción social durante varias décadas. En el contexto regiomontano, encontramos estudios
sobre el hábitat deseable de vivienda social de los noventas (Zuñiga, 1993) y sobre el fenómeno de expansión ligado a la vivienda de 1940-2005 (Sousa, 2010).
Recapitulando, esta revisión sobre la producción académica sobre la vivienda, el habitar y la apropiación ha servido para obtener una mayor caracterización del objeto de estudio, y comprenderlo como un fenómeno complejo que ha sido abordado de forma fragmentada, y cuyo abordaje parcial repercute en la definición del problema de vivienda y las políticas de vivienda que se producen. Como se puede observar, existe un gran vacío sobre el estudio de la vivienda en los países no anglosajones – por ende, en México – a la par que muchos de los estudios en el país sólo se centran sobre las políticas y producción de la vivienda, pero no de su ocupación una vez construida la casa. Es evidente que en este campo de estudio la relación entre la vivienda y su habitante se ha visualizado de manera dicotómica y no se ha privilegiado la voz de sus habitantes.
Posición epistemológica
Esta investigación se sustenta en un enfoque humanista bajo el telos de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (STS por sus siglas en inglés). La vivienda social ha sido estudiada desde diversos campos como se expuso en la sección anterior. Ahora bien, todos estos estudios han sido pertinentes en mejorar la producción de la vivienda en sí, sin embargo, han soslayado una parte muy importante de ella: su habitar. Por lo tanto, una visión humanística a este objeto de estudio es pertinente, no sólo por considerar lo que otros han dejado a un lado, sino también porqué nos revelara aquellas condiciones en las que estas son habitadas.
Los resultados de una visión desde esta perspectiva contribuyen a un mejor entendimiento de la realidad de la vivienda en una dimensión más humana y profunda, evidenciando los esencialismos con los que se configura, las alternativas paralelas que espontáneamente surgen al no estar adaptada la oferta a la demanda posmoderna, y los desafíos que se oponen al sistema experto de la construcción de vivienda. En suma, un enfoque humanístico en torno a la vivienda otorga voz a aquellos que la modernidad ha silenciado – sus habitantes.
Por otra parte, los estudios de STS permiten romper la dicotomía arquitectura/sociedad, ruptura necesaria dado que la relación entre el ser humano y su casa es relacional y dinámica. Desde el campo de la arquitectura, se ha visualizado y se ha entendido a la misma como un producto de un contexto espaciotemporal y social específico y situado: la arquitectura como espejo de lo social. Desde el campo de los estudios sociales se ha entendido a esta materialidad intencional como un fondo testigo y silencioso, sin agencia alguna en las relaciones sociales. Sin embargo, la realidad, material y social, lo confirman distinto, ya que no podemos considerar ni a la arquitectura ni a la sociedad como dominios independientes, sino más bien como mutuamente constitutivos en un proceso de constante resignificación.
Por lo tanto, los estudios de la ciencia, tecnología y sociedad, por su naturaleza interdisciplinaria, permiten aplicar varios lentes para abordar tanto a la arquitectura como a lo social como fenómenos interrelacionados. En los últimos años han mostrado resultados relevantes al respecto, partiendo de una descripción compleja y dinámica de la realidad, es decir, desde una perspectiva no reduccionista. Esta línea de investigación presenta una oportunidad de estudio para la vivienda, no sólo porque ha sido poco abordada desde este enfoque, sino también porque abarca múltiples dimensiones, reconoce el dinamismo de la relación habitante/casa y permite explorar al objeto de estudio desde un lente más amplio, permitiendo una mayor comprensión de las dinámicas y relaciones que se generan entre ambos, en una particular forma de ensamblaje.
Enfoque, objetivo y pregunta de investigación
En las secciones anteriores se describieron los antecedentes a la problemática de la vivienda social y cómo se enmarca desde las humanidades, a la par que se expuso su estado del arte.
Subsecuentemente se expuso la decisión de arraigar este estudio en las humanidades, porque una caracterización desde ese enfoque visualiza problemas antes no revelados, y específicamente, en la línea de Ciencia, Tecnología y Sociedad porque permiten observar al sujeto y al objeto de manera interrelacionada.
Ahora bien, esta investigación se inserta en la Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM en adelante) en un marco temporal que abarca desde que se acentúa el problema de los conjuntos irregulares a finales de los sesenta, seguido por la creación del Infonavit en 1972, hasta el año 2020. Desde ese entonces, dos formas de producción de vivienda han sido dominantes: la primera, a través del Infonavit como promotor, constructor y facilitador de crédito hasta 1992 y posteriormente sólo como facilitador de crédito; y la segunda, a través de la autoconstrucción o Producción Social de Vivienda (PSV) como se le denomina hoy en día.
La PSV ha sido la forma sobresaliente de producción de vivienda cubriendo más del 60% de la demanda de vivienda total. La forma de producción del Infonavit se distingue por entregar un producto terminado, llave en mano, con todos los servicios presentes en su mayoría, en colonias de gran escala con casas estandarizadas. Por otra parte, la vivienda de la PSV es progresiva, heterogénea y en su mayoría en colonias irregulares, más pequeñas y en en general carentes de servicios.
El Estado a lo largo de los años ha favorecido una política pública que promueve la propiedad privada y ha centrado sus esfuerzos en mitigar el déficit habitacional, mediante la dotación de vivienda terminada. Sin embargo, a pesar de serias dificultades para su desarrollo y al paso de los años, como el presente lo evidencia, algunas colonias de la PSV en la ZMM presentan más identidad y arraigo de sus habitantes y menos deterioro y abandono que aquellas que han sido promovidas por el Infonavit. ¿A qué se debe este resultado?
Es bien reconocido que los procesos de autoproducción de la vivienda permiten un control sobre las decisiones tomadas dentro del proceso de construcción de la misma, y este conjunto más variado de prioridades (a diferencia de la vivienda como producto terminado que ofrece el Infonavit) conduce a medio-ambientes más adecuados (Turner, 1976). En la PSV la apropiación es inherente al proceso de construcción y es específica a la unidad doméstica y su territorio (Tames, 2004). Dicho de otro modo, la posibilidad de apropiación permite la construcción de medio ambientes más adecuados a las necesidades de sus habitantes y, por ende, se sienten más identificados con su vivienda. En contraste, la vivienda que el Infonavit ha dotado, parte de una definición del habitar que se impone desde arriba y son los habitantes los que se deben adecuar a ella. A pesar de lo anterior, con el paso del tiempo también podemos observar procesos de transformación y personalización en las viviendas.
Contrastar el proceso de apropiación, en las dos formas de producción de vivienda en la ZMM puede revelar si este proceso conduce a una mayor identidad y apego en los conjuntos habitacionales. Por lo tanto, la pregunta que esta investigación se hace es:
¿Cómo se relaciona la apropiación de la vivienda con la identidad y el apego de sus habitantes en los conjuntos habitacionales de la ZMM?
La hipótesis planteada es que a mayor apropiación de la vivienda mayor será su apego e identidad en la comunidad fortaleciendo el tejido social y transformando la urbanización en ciudad. Dado que la apropiación es inherente al proceso de construcción en la PSV, podríamos suponer que encontraríamos mayor apego e identidad en estos conjuntos, en teoría.
De esta pregunta se desbordan varios objetivos específicos:
§ Describir las apropiaciones hechas en las viviendas tanto en conjuntos del INFONAVIT como de Producción Social de Vivienda (PSV)
§ Derivar el significado de estas apropiaciones
§ Contrastar el significado que tienen hacia la vivienda los habitantes de INFONAVIT vs. PSV
§ Analizar la relación entre la apropiación de la vivienda y su contexto mayor en las dimensiones de identidad, apego e identificación simbólica y cognitiva.
§ Contrastar dichas relaciones en las viviendas tanto en conjuntos del INFONAVIT como de Producción Social de Vivienda (PSV)
La aproximación a este estudio es una ecológica, la cual considera la relación entre el individuo y su entorno como dinámica (Gibson, 2015), y como mutuamente constitutiva (Yaneva, 2016) en línea con los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad. Bajo un enfoque cualitativo y el estudio de caso como método se estudiaron las apropiaciones (espacial,
material, social, y económica) que se llevaron a cabo al habitar la vivienda popular – tanto de Infonavit como de autoconstrucción (PSV) – de la Zona Metropolitana de Monterrey desde 1967 a la fecha y su relación con la identificación, el apego, la identidad y el significado de sus viviendas y de sus conjuntos habitacionales (ver Capítulo 4 para el completo desarrollo metodológico).
Justificación de la investigación
La investigación está anclada en los estudios de la Ciencia, Tecnología y Sociedad (STS) por la forma en que reconoce la materialidad construida como un actor más de la red de relaciones y a lo social como algo emergente, reensamblado en cada ocasión. Por ende, lo que presenta de original es, por una parte, su manera en que la vivienda y su habitante son caracterizados y estudiados – como fenómenos interrelacionados y co-constitutivos – lo que permite discernir relaciones que de otro modo no se podrían tejer. Por otra parte, se debe reconocer que lo estudios STS se limitan a describir la lógica conducente en la producción de la vivienda, sin abarcar los fenómenos sociales suscitados tras su producción y comercialización, es decir, el habitar que apropia y resignifica ese producto, omisión que esta investigación aprovecha para estudiar.
Ahora bien, dado que la muestra de estudio abarca tanto vivienda producida y financiada por el Infonavit y vivienda autoconstruida, se pueden valorar y contrastar las diferentes expresiones de orden social y cultural asociadas a cada forma de producción, característica que también denota su originalidad. Por último, es una aportación para la comprensión del contexto de vivienda de la ZMM dado que sus conjuntos no han sido estudiados así recientemente y se permite visualizar como se ha habitado la ciudad en los últimos cincuenta años y la manera en que este habitar ha repercutido en el tejido urbano y sus espacios públicos.
Nuestros medios ambientes construidos no acomodarán las necesidades de las personas hasta que no integren en su diseño y composición lo que sabemos y estamos aprendiendo de la experiencia humana. (Goldhagen, 2017: xxix)
Tal idea ha fungido como punto de partida al brindarle rumbo a esta propuesta de investigación. Los arquitectos, como los físicos clásicos, se han dedicado a darle forma a la materia sin tomar en cuenta las dimensiones más sutiles, como las emocionales y aquellas que provocan imaginación, empatía y contacto social (Robinson, 2015). Esto se hace mucho más evidente en los proyectos de vivienda social en México. Por lo tanto, es relevante una investigación como la presente ya que podrá arrojar conclusiones directas de la experiencia de