Ejército — Revisto ilustrado de las Armas y Servicios
suma rIo
Junio 1967 - Año XXVIII - Número 329
NUESTRA PORTADA ES EL EMBLEMA OFIIAL DEL EJERCITO En él están representados en los colores de la Bandera: La espada de Santiago (Patrón de España) c o m o símbolo de catolicidad y un Aguila Impe rial, recuerdo de las grande zas de lo Patria conseguidas
en todos los Continentes.
Carta abierto al Mayor General Cas sidy
La subversión comunista.
—
obUn¡etivo. — Las Fuerzas Armodas (III y último). (La réplica a la- acción subversiva)
Notas de Sociología Militor. — Ofi ciales procedentes de la 2. época de lo Academia General Militar
Los Oficiales españoles de •su Estado Mayor
Comandante de Caballería F. Quintero Moren te
Capitán d& Ingenieros J. Busquets Bro guiar
3
7
13
El Procedimiento Administrativo
‘Las Transmisiones al día. Televisión de Campaña
Estadística Militar. — Primeros es calones
Qué es y cómo se confecciono un ca tálogo de Abastecimiento
La Escuela Superior de Intendencia de París
Los accidentes de tráfico y su inves tigación
Qué es la Radioafición
La Brigada de Infantería de defensa operativa del territorio
Desarrollo de la población
Información e Ideas y Reflexiones
Coronel C. de Echavorría
Capitán de Ingenieros E. Martin Gar cía
Capitán de Caballería J. Pérez Medina
Comandante de Infantería L. Serrano Gil
Capitán de Intendencia F. Fernández Alvarez
Comandante de Artillería A. González Rodríguez
Teniente Ayudante de Ingenieros de la Construcción y Electricidad J. Doblas Ríos
Comandantes de Artillería F. Bendala Vega y E. Ugarte García
21
25 31
35
39’
43
51
55
Capitán de Artillería L. García García 61
Cozacarros de lo frontera
El Monitor de Promoc;ón Protesio n& en el Ejercito
De la publicación alemana «Spiegel»
(Traducción del Comandante de In
fantería F. Murillo.) 67
Capitán S. Borges Hernández, 68
ej ército
REVISTA iLUSTRADA Dl (AS ARMAS
YSERVICIOS
Madrid, Junio 1967
-Año XXVIII
-Núm. 329
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General de Brigada, Excmo. Sr. D. Gonzalo Peña Muñoz.
General de Brigada, Excmo. Sr. D. José Otaolaurruchi 1 oa, General de Brigada, Excmo. Sr. D. Narciso Ariza García.
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a tietta
al Mauor genral CassidiJ, Co mandante Jefe de la
8.División del jército norteamericano
jde
la Joint Task Force para el Ejer cicio Pathfinder-Express.
Mi querido y respetado General:
Al despedirnos nos pidió usted que le hiciéra mos un informe corto pero sincero, desde nues-
tro punto de vista, sobre el Ejercicio, aunque aquél fuera con carácter «informal».
La importancia que ha tenido el Ejércicio, el interés que ha suscitado en todos los medios mi litares españoles e incluso en nuestra población civil, y los resultados tan altamente satisfactorios que por todos conceptos se han obtenido, nos ha hecho pensar que quizá fuera útil que conociera nuestros comentarios el mayor número posible de gente.
Por ello, mi General, nos hemos permitido diri girle esta carta utilizando nuestra «Revista», con lo que habremos conseguido la difusión déseada y, al misno tiempo, servirá a modo de cordial saludo por parte de todo el Ejército Español.
Mi General, en nuestra opinión, el Ejercicio Pathfinder ha sido un éxito que será muy difícil superar en el futuro. Y tenía que ser así, entre otras cosas por el alto valor militar y humano que poseen tódas las fuerzas americanas que for maron parte de la «Joint Task», que obligaron a las fuerzas españolas a «echar el resto», como aquí se dice, para no quedar mal.
Creemos que se han logrado muchas cosas en todos los aspectos.
En el militar, sus fuerzas han conseguido rea lizar un ejercicio de lanzamiento y aefotranspor te, apoyándose en unas bases que, como usted nos explicó, reunían las óptimas condiciones para una óperación de esta clase y envergadura tras superar la fase de transporte desde Alemania, que no era cosa fácil.
La llegada exacta cada veinte minutos de los 3
C-130 del General McLaughlin a la base de Morón fue verdaderamente impresionante. El «Briefing»
de las Fuerzas Aéreas, presidido por el General Shaeffers, fue un modelo de eficacia sencillez.
Las medidas logísticas para alojar, alimentar y atender en todas sus necesidades a las fuerzas que transportaban y tripulaciones fueron tan, perfec tas que si no hubiera sido por la alegría creciente que se notaba en los Campamentos se diríque no estaba pasando nada.
La fase de espera preparando la ejecución, que da definida por la frase sacramental repetida en todos los «briefings» por su J-4 que tan bien sue na al Mando: «En el aspecto logístico, no pro biems; víveres, carburantes, vehículos, cooperati vas, duchas, etc., siempre estuvieron ,a punto.
Ef enemigo, como usted sabe, nos alarmó al principio, sobre todo con el barco que señalaba el 3-2, que sospechábamos se dirigía a uno de sus puertos con un número importante de cazas, pe ro... acabamos fácilmente con él, y se pudo ha cer el lanzamiento, en uno de los días más favora bles que han existido en el extremado clima za ragozano. Bueno, en este puntQ todos sabemos que jugó usted con ventaja, pues hubo ciertas visitas por su parte a una Excelsa Abogada que no le podía abandonar.
El espectáculo en el aire de la totalidad de las fuerzas ya lanzadas, con dos Generales saltando en cabeza, no se olvidará nunca pór parte de to dos los que lo vieron en aquella maravillosa ma drugada del 22.
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El lanzamiento de las cargas pesadas, desconoci do para nosotros en cuanto a ejecución, fue, se guro, uno de los momentos más agrad,ables de la vida préfesional de sus hombres de ]a «gorra roja».
El «más difícil todavía», a cargo de los heroi cos artistas, aunque también soldados, de la caí da libre con el cruce de bastones, hombres ame ricanos y españoles, empañó nuestra alegría y en aquellos segundos la oración de todos los que allí estábamos salió de nuestros corazones, prepa rando la llegada ante el Señor del único caído de la operación «Pathfinder», tributo doloroso pero corriente en nuestro quehacer guerrero, pero que sirvió para explicar al mundo la categoría y el riesgo de estas operaciones.
Los nuevos métodos de lanzamiento de cargas pesadas salieron tan perfectos que parecía que no tenían mérito alguno; pero si el abastecimiento hubiera sido necesario para unas Unidades en combate en situación, difícil, qué hubieran dicho éstas al verse así apoyadas y en aquella magni tud, como suponía la llegada de cada avión que afeitaba el suelo (dos metros) para darles los su ministros necesarios.
Los reactores eran amigos afortunadamente, pues, «se arrimaron» muy bien; aquí, en España, mi General, también saben hacerlo los «azules’>
nqestros, y vimós en muchas caras anias de in tervenir no para competir, sino ‘para que ustedes sepap que, si hace falta, en este punto también nosótros podemos decir «no problems».
Aunque sin aviación; el enemigo, que también era combinado, empezó a molestarnos desde que
ocupamos la cabeza de desembarco; eran pocos pero mu activos, y con sus alfilerazos continuos nos dieron bastante lata. Oímos decir al Teniente Coronel que mandaba sus fuerzas, españolas y americanas, y que aunque señalado como «Wan ted» en los carteles ha sido uno de los jefes ame ricanos que mejor recuerdo ha dejado entre to dos nosotros, algo que nos llenó de orgullo; decía algo así como «las mejores tropas..: en ,su vida...».
Usted se lo figura, mi Genéral; siempre han sido muy buenas nuestras Tropas de Montaña.
No fueron uno, sino tres los C-130 que tomaron tierra en Alfamén llevando los refuerzos siempre combinados que solicitaba la Bandera Española.
Ya sabe usted que hubo «soldados» voluntarios para comprobar el aterrizaje y éste fue perfecto en pequeñísimo’ espacio y mejor que algunos de los ‘que hacen las más famosas compañías aéreas internacionales en las grandes pistas asfaltadas.
Los refuerzos llegaron, pues, a tiempo, y a los quince minutos los heridos de aspecto muy gra ve, pero felizmente sólo actores en este caso, fue ron instalados én confortables camillas y evacua dos a la retaguardia, con despegues de campeona to por parte de estas «avionetas» un poco grandes.
Ocuparon las tropas los objetivos finales, y el ejercicio hubo que terminarlo. Los helicópteros españoles y americanos hicieron también su pa pel; cadá vez son más útiles estos aparatos. Los nuestros son la primera unidad que tenemos, pero esperamos pronto tener más. Los rostros de. todos, un oco cansados pero alegres, hablaban bien cla ramente del éxito de la operación, en la que no
‘hubo el menor incidente, antes biei, parece que
‘el concepto de la paella y de las judías con cho rizo deben ser tenidos en cuenta por el Mando americano para la confección de las raciones C, y creemos que ha habido intercambio de recuer
dos y direcciones muy amistosos a pesar de la dificultad del idioma.
Del desfile, para qué vamos a hablar: dos rit mos, dos países, dos caracteres, pero unidos y con un ideal común y todos imponentes, marciales,
orgullosos de lo hecho y de usted, mi General, que ha dirigido esta Operación. El detalle del General Bennet, «su brazo derecho y parte del izquierdo»
desfilando a las ó’denes del General Jefe de nues
tra Brigada Paracaidista fue un detalle que emo cionó a todos los españoles; así como el del trans porte desde Zaragoza a Torrejón de la Bandera española en nueve aparatos C-130 para evitarle fatigas y que pudiera desfilar en Madrid al día siguiente. Sus soldados han agradecido intensa mente este gesto a los generales Mac, Dick y Co ronel Ike.
Pero ha habido defectos, mi General; no sé si sabe que al abastecer las tropas de la Muela los aviones de transporte que venían desde Alemania llegaron coñ algunos segundos de retraso. Bueno, y algunos más, como los habría habido en la rea lidad, pero el saldo ha sido enormemente positivo.
Los V. 1. P. y observadores creemos que se fue ron contentos, y los esfuerzos del equipo mixto encargado de ellos han sido, imposibles de su pérar.
La Prensa creemos que lo vio todo bien, y ya conoce usted la importancia que han dado al asun
to; usted sabe lo listos que son, y desde el primer momento captaron que, el Ejercicio iba a ser muy interesante. Ya vio cómo preguntaban por todo, y en cambio nosotros vimos cómo usted respon
día; hemos pensado que si tendrá usted algún an tepasadó gallego.
En el aspecto humano creemos que también se
han cubierto plenamente los objetivos; nuestras Autoridades les han dispensado sus más cordia les atenciones y hospitalidad, y no sólo las mili tares, sino las civiles y la población entera, y no sotros sabemos que ustedes se han ido muy ale gres y que no lo olvidarán.
Que no se pierda todo esto, mi General. No le ha dado tiempo a conocer España, pero ha tenido usted suerte en las muestras que le hemos podido enseñar: uno de los barrios más bellos del mun do —el de Santa Cruz— dentro de una población impar, Sevilla, y un ciudad leal y heroica, orgu llo de España, Zaragoza, aparte de Madrid, que es... Madrid. Esperamos que vuelva pronto, así como sus soldados, y con sus familias, no como turistas, sino como se va a la casa de unos viejos y seguros amigos.
Sólo le pedimos una cosa: Que cuente lo que ha visto y oído en este viejo país que tiene mu c.hos defectos, pero también algunas cualidades, y entre ellas la lealtad y el agradecimiento, y que
cuando la causa es justa sabe responder a la voz de «GO», como usted comprobó el. 22 de mayo, y luchar hasta el fin.
Respetuosamente y con todo afecto, mi General, LOS OFICIALES ESPAÑOLES DE SU ESTADO
- , MAYOR
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La suIbversion comunista
l/no6jetivo. las fuerias arinadas
(32yiiItiino)
(La réplica a la acción subersiva)
Comandante de Caballería dci 9v E. M. Federico QUINTERO MORENTE, de la Escuela Superior del Ejército.
1. Finalidad alcanzada.
Con este artículo damos fin a nuestro trabajo iniciado en los dos artículos anteriormente publi cados. Pedimos perdón por la extensión del mismo Jas.
y nuestra incapacidad para ofrecer en apretada síntesis cuanto verdaderamente interesa conocer o recordar de este tema.
Hemos reservado para la parte final esa modali dad de acción —la propaganda— tan unida a la acción psicológica, porque su importancia lo reque
ría, y no hemos querido cerrar la puerta a la con-
- fianza porque, como ya dijimos en nuestro ante rior artículo, seríamos njustos y haríamos el jue go a la Subversión si no nos permitiésemos dar la vuelta a la moneda y conocer su reverso.
De este conocimiento, de la potencialidad laten te de valores, ideas y açtuaciones que las Fuerzas Armadas pueden aportar a sus compatriotas en la defensa de la seguridad interior de su patria co mún, trataremos también en esta ocasión.
Nada de cuanto aquí se ha comentado puede ex trañar a nadie, como tampoco puede sorprender que en gran parte de los Ejércitos (sea cual fuere la ideología oficial del país) existan verdaderos centros militares o cursos especializados donde se dediquen o desarrollen planes de estudios enca minados al conocimiento de esta amenaza y al empleo de los medios más eficaces para cómba tiria.
2. La Propaganda.
Llegamos a la última y más poderosa de las -ac
ciones, la propaganda comunista, alimentada dia riamente del vivir humano, pero explotando éste en sus contradicciones, errores, fracasos y parado- La propaganda insidiosa, formidable plataforma que vocea en plazas y calles, se adentra en los hogares y cuarteles, alcanza hasta-los últimos rin cones de la Patria y ofrece el escándalo o lo sen sacional a la curiosidad despertada de la gente.
En todos los países existen- factores extremos que potencialmente presentan unas posibilidades grandes de ser utilizados por la propaganda como tema de amplia resonancia, con los cuales, en su vocerfo desorbitado, intentan aturdir a la pobla
ción y al Ejército confundiéndolos y negándoles la facultad de recapacitar serena y reflexivamen te sobre el asunto planteado.
Desde nuestro particular punto de vista, los hombres de mando que forman las Unidades com batientes, el oficial, que fue educado, instruido y
entrenado a través de un programa de enseñanza que le capacitaba para la lucha en el campo de batalla, ¿está preparado para afrontar con éxito toda esta inquietante serie de alternativas en las que puede que no tenga que hacer uso de las ar mas?
Recordamos que hablamos en sentido general y apuntamos ahora hacia todos aquellos países en los que el militar profesional está tomando desde hace relativamente poco tiempo una parte muy activa en la tarea de reconstrucción o reestructu ración y fortalecimiento cívico.político-militar de su Patria.
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2.1. ¿De qué medio de influencia se puede valer el comunismo para atraerlo a su causa o eli minarlo?
Cada nación, de acuerdo con su situación geo gráfica, su posición internacional, sus problemas fronterizos, económicos, sociales y religiosos, y el grado de evolución y madurez que preseñta en su
- desarrollo, posee una verdadera e interesante co lección de problemas que exigen, en muchos ca sos, una pronta y efectiva solución.
Al militar no se le puede cónsiderar desconecta do, de espalda o indiferente ante las dificultades de sus compatriotas. Precisamente, la índole y el carácter de su educación le hace sentir con ma yor agudeza la gravedad de aquellas dificultades e intenta predecir cuál será el futuro de su Patria si los problemas no se resuelven. Eso no quiere decir que el militar deba emplear sus energías en el campo de la política; lo que pretendemos decir es que no se puede ni debe estar aislado de la rea
lidad en que vive, desconociendo las aspiraciones de la población y sus inquietudes.
La tarea del comunismo en este aspecto que tra tamos será,, bien de atraer la atención y forzar o impulsar la actuación militar en el ambiente po lémico de los partidos políticos, aprovechando principalmente el saludable entusiasmo de sus cua dros más jóvenes, o, por el contrario, intentar des ilusionarlo para así separarlo y distanciarlo del verdadero conocimiento de los problemas nacio nales.
2.2. Sin pretender agotar los temas que podrán ser seleccionados por los comunistas o sus aliados para su utilización en cualquier cam pafia difamatoria o dirigida contra la uni dad de las Fuerzas Armadas, buscando ais larlas o enfrentarlas con el resto del país, se ofrece la siguiente lista extraída del estudio de la prensa extranjera en Ios últimos años:
— Presupuestos de las Fuerzas Armadas (com
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paración del mismo con el de otros’ministe nos. Presentarán la actitud «militarista» del Gobierno, sus apetencias «imperialistas’>, la aplicación, «como solución», de utilizar o de dicar gran parte de dicho presupuestd a cobras nacionales, acción social, intentando
crear un clima «pacifista», neutralista).
— Si los gastos- presupuestarios asignados a cada uno de lbs tres Ejércitos no son equi librados, las mejoras de tipo económico no afectan a todos por igual, destacadas prefe rencias en dotar de material moderno atien
• den a un determinado Ejército, se emplean sistemas diferentes de ascenso y retiros, o
- una mayor difusión de sus tareas aparece en la Prensa, si algo de esto ocurre servirá para Seguir engrosando la larga lista de orígenes de discusión y controversia base o punto de partIda (si se pierde la ecuanimidad) de in contables e inesperados o e1igrosos derro teros.
— Subidas de sueldos al personal de los Ejér citos. Señalarán las «Ventajas económicas»
(fiscales, aduaneras, etc.) de que gozan (rea les o ficticias). Utilizarán todos los adjeti vos que se piensen: explotadores, capitalis tas, burócratas, élite, privilegiados, etc. Dirán que es mejor atender a otras profesiones más «beneficiosas» para el desarrollo de la Nación.
— Acción social (Viviendas, Residencias, Hospi tales, Vacaciones, Becas, etc.) (Todo será mo dificado, alterado, silenciado en su verdadero sentido, para dar la sensación de que el Ejército vive del pueblo, al cual explota sin reparos.)
- — Régimen de ascensos. Carreras brillantes de•
determinados mandos logradas por indiscu- - tibles méritos.
(Comentarios sobre partidismos, apoyo de determinados miembros del Gobierno o. su periores jerárquicos, rivalidades ficticias-que
intentarán crear, impopularidad á través de una desfigurada biografía.)
— Ayuda extranjera en materia nfilitar. Pactos.
Acuerdos. (Resaltarán la esclavitud del país,
— la subordinación servil del Ejército propio,
su nivel de preparación profesional, las• gran des diferencias en potencial industrial, etc.;
el peligro que supone el establecimiento de bases militares conjuntas, etc.).
Influencia de los partidos políticos sobre los mandos de las Fuerzas Armadas. (Intentardn demostrar cómo algún partido «domina» al Ejército tachando de tendencias totalitaris tas a aquél; cómo las Fuerzas Armadas se encuentran «divididas» por los partidos polí ticos, el «desconcierto» que reina entre sus filas, el «encono latente» entre los mandos de
los diferentes escalones, etc.).
La serena actitud de la Superioridad, el estudio concienzudo y a fondo de los problems militares con la vista tuesta en un solo objetivo nacional claramente definido, el cuidadoso análisis de las repercusiones que cada décisión traerá consigo, la conservación del más absoluto secreto en todas aquellas actividades, proyectos, planes, etc., que así lo requieran, la más estrecha y flexible coope ración en altos organismos para tratar ‘de proble mas que afecten a la totalidad de las Fuerzas Ar madas, el uso de la prensa, radio y televisión para dar a cónocer exactamente, sin desviaciones ni tergiversaciones, cuáles son -los fundamentos o ra zones, objetivos o metas, de determinados progra
mas, y sobre todo el conocimiento exacto de cuan to el comunismo o «sus amigos» esperan extraer, de la menor fisura que observen (existente o no) para vocearla en la prensa, estableciendo compara ciones, enfrentando presupuestos, proyectos, etc., serán las mejores armas que los militares de todos los países podremos-emplear contra las fuerzas de la desunión y desconcierto.
3. La réplica a la acción subversiva.
Como es lógico, nos vamos a circunscribir a aquellas que realizadas por las Fuerzas Armadas tendrá que ser estructurada dentro del conjunto de medidas que el Gobierno dicte para lá conser vación de la seguridad y bienestar interior de la
Nación.
Para no hacer excesivamente largo este comen tario nos hemos ceñido a la rigurosidad fría de un esquema, que encerrará en sus cortas líneas
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materia densa y suficiente para trabajos de ponen cias, seminarios o estudios.
3.1. Las medidas o decisiones a adoptar poi cual quier Ejército creemos pueden agruparse en dos grandes núcleos:
A) Aquellas encaminadas al fortalecimiento de las propias Fuerzas Armadas para preservarlas e
•inmunizarlas del contagio comunista.
B) Aquellas que se orientan al fortalecimiento de la unidad entre los Ejércitos y los ciudadanos de la misma Nación.
Dentro del primer grupo(A) cabe distinguir dos subgrupos:
— De orden formativo.
— De orden práctico.
Comencemos, pues, por el primer grupo. Entre las de orden formativo interesa destacar:
— Preparación o formación moral y patriótica iniciada en las Academias Militares y conti nuada en las Escuelas de Aplicación y demás Centros de Enseñanza de los Ejércitos.
— Los objetivos á alcanzar serán:
— Profunda convicción religiosa.
— Arraigada solidez en el valor moral de la profesión militar.
— Conocimiento acertado de las leyes constitutivas del Estádo.
— Idem de la política general del Gobier..
bierno. Planes de desarrollo o de inte rés nacional.
Claridad acerca de la doctrina comu nista, su ideología, objetivos y planes.
— Legislación oficial acerca de medidas
- . y cooperación con otros Ministerios en
caso de excepción o de guerra.
Estas serán sus armas, las que le darán un con tenido base para sustentar sus convicciones, re batir argumentos, superar crisis, mantener entu siasmo e ilusión.
Sobre las Tropas se realizará similar labor eli minando los tópicos manoseados que destruyen en vez de construir, buscando que el paso del joven por el Ejército sea decisivo y formativo. Al Ejér cito, la juventud viene ahora, en gran parte, in fluenciada por tendencias de muy diversa índole.
El Soldado ha de estar fortalecido, ideológica y físicamente, para luchar contra la subversión.
En eÍ osden práctico se resaltarán y practicarán:
— Modalidades de actuación de los Ejércitos en los casos especiales de apoyo a las fuerzas de seguridad y de Orden Público (disturbios, huelgas, calamidades públicas, prestación de servicios públicos).
— El empleo de equipo y armamento adaptado a la lucha callejera y de guerrillas.
— El empleo de Unidades Especiales.
Con todo ello se tenderá a evitar la desorienta ción, la incompetencia, las vacilaciones, la diver sidad de criterios de empleo, las indecisiones, en suma. Se tenderá a crear una fuerza coherente para la paz y la guerra capaz de ser empleada, si la gravedad y las leyes así lo determinan, en ac ciones efectivas.
En el grupo (B), que se reúnen aquellas medidas o actividades que el Ejército desarrollará en co nexión directa, con influencia acusada sobre la población civil, podemos señalar:
— Una vida privada y oficial austera y ejemplar dedicada al servicio de la Patria, que dará prestigio y respeto hacia los hombres mili
tares.
— Una calidad en el trato con la población que atestigüen el concepto recíproco de entendi miento y respeto. -
— Participación eficaz e interesada en los pla nes gubernamentales.a través de:
— Cursos de formación profesional.
— Campailas de analfabetismo.
— Formación de conductores y tractoristas.
— Formación de esp3cialistas.
— Creación de un espíritu de cooperación que incremente la unión de todus al ayudar efi cazmente al restablecimiento de la normali dad en el caso de calamidades públicas.
— Aportación de hombres, técnicos y medios en obras estatales, en apoyo de regiones aisla das, con medidas sanitarias o de otro orden.
— Una atención especial hacia la juventud uni versitaria en su calidad de potenciales man dos, directores, jefes, etc., de la Nación. Tras cendencia ‘i repercusión de los criterios y
lo
opiniones que sobre las Fuerzas Ármadas ex traiga y conserve esa juventud en su paso por las filas militares.
— Colaboración con las Universidades y otros Centros de Investigación y Estudio a través de Cátedras Militares, Seminarios y Congre sos aportando entusia.smo, experiencia y nue vos puntos de vista.
— Divulgación a través de la prensa, radio y te levisión, a iravés de campañas o programas bien unificados (paraO los tres Ejércitos) del papel de las Fuerzas Armadas, su prepara ción y necesidad vital de su presencia, de sus presupuestos, de la permanencia de las fuer zas militares, de su valor social y educativo.
4. Conclusiones finales.
Como puede apreciarse, del tema arrancan una compleja red de consecuencias que apuntan direc tamente a los Ejércitos. Como es lógico, es impo sible agotar ni tratar con el detalle que la grave dad requiere todas las facetas o caras de este com plicado y quebradizo cristal.
No queremos que se crea debemos vivir y obrar
obsesionados hasta un extremo patológico con esta amenaza. Sólo pretendemos colaborar en desper tar la inquietud hacia ellos, en avivar el continuo alerta.
Inmerso, como ya decíamos anteriormente, en la sociedad, el militar recibe sus influjos y reacciona como cualqiuer otro individuo de aquélla. Los co mentarios, editoriales, grandes titulares, campañas difamatorias, huelgas, manifestaciones estudian ti- les, elevación del nivel de vida, crisis de sucesivos gobiernos, corrupción manifiesta, bajo nivel mo ral, frialdad religiosa,, críticas insultantes hacia la política del gobierno, etc., producen sobre él un saludable o mortífero efecto que puede desequili brar sus más profundas convicciones
Si en la población o campamento en que vive,
- en las calles que recorre habitualmente, en los si
tios públicos que frecuenta, en el cuartel donde su Unidad está estacionada, e incluso en el hogar círculo de sus amistade&, los temas que escucha o discute están siempre impregnados, de forma
- discreta o acentuada, de un marcado sabor des tructivo hacia determinado partido, persona, pro grama o creencia, tendrá que poseer una acusada personalidad, una profunda convicción en sus idea-
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les y fe políticas y religiosas para no claudicar, poco a poco, en lo más fácil y expedito: la citada crítica destructiva.
La desorientación de los cuadros de mando acer ca de la verdadera situación de su propio país es una de las más poderosas tácticas que el comunis m6 emplea.
Cuando el comunismo logra que el Ejército no tenga un objetivo claro, neto y definido y los in dividuos que viven en sus filas no posean un co nocimiento ponderado de la situación, delimitan do con certeza y nitidez los contornos del enemi go, dr su despliegue e intenciones y el titubeo y la vacilación sean normas de conducta entre los manc’.os, entonces habrá obtenido una señalada, aunque a veces oculta, victoria.
Es misión primordial de la Superioridad la difu sión y explicación delos más importantes puntos del programa político - social - económico que des arrolla el Gobierno, así como de las dificultades que en el desarrollo de ese programa encontrase al aplicarlo en determinados sectores de la pobla ción o zonas da la Nación.
Desde el soldado hasta la más alta jerarquía (cada uno de acuerdo con su puesto en la escala) deben tener un unificado criterio acerca de cuan to acabamos de exponer, sin silenciar fracasos
que, como toda obra humana, está sujeto a elijs;
pero determinando en cada caso las causas más directas de aquéllos.
Desde las naciones jóvenes que se esfuerzan, en ensayos tras ensayos, a veces de sangrienta re presentación, en alcanzar rápidamente una madu rez difícil de lograr en una marcha contra el tiem po que requiere rebasar períodos de adaptación y reajuste, hasta la cadena de naciones en su ma yoría agitadas por convulsiones internas, acciones terroristas, de bandolerismo, inestabilidad políti co-social, que cubren gran parte de la tierra, en todas ellas el militar, las Fuerzas del Ejército, se ven envueltas, afectadas por las gravas circuns tancias que se van creando, reproduciendo o in crementndo según el grado de infección subver siva que padezca el país.
Conservar la calma que se requiere para razonar sin barreras ni corhpromisos, evitar la ceguera, el apasionamiento en que el grupo de ideología mar xista intentará hacer caer a la clase militar en nombre del pueblo, de la revolución, de la inde pendencia, de la libertad social, de la ruptura de cadenas monopolisias, es decir, en nombre de la tan conocida estela de valores verdaderamente dig nos de mejor y más noble causa, será la más dura y difícil posición que los militares tienen y ten drán que mantener a toda costa.
iVo tas de ocJoJoglitr
Oficiales procedentes de la 2 época ae la
-
Acadeiia General Mi]ita
Julio BUSQUETS BRAGULAT, Capitán de Ingenieros, Diplomado de Estado Mayor, Doctor eñ Ciencias Políticas
no destacado y primer general de la anterior A.
G. M.—, se alentó el desarrollo de este centro. El mismo asistió personalmente a su inauguración, acompañado de su Ministro de la Guerra, Gene ral Martínez Anido, y a ella cudieron en visita oficial la mayoría de los prohombres del país y todos los ilustres visitantes extranjeros que ppr aquellas fechas venían a España. Entre estos des tacó, por los encendidos elogiós que hizo, el fa moso general Maginot, creador de la línea de su nombre. Todos estos hechos crearon un ambiente
favorable al centro y contribuyeron a elevar el nú
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tares, explican el que en mayo de 1928 se presen tasen para ingresar en la recién creada Acade mia 785 aspirantes. El examen fue duro, y pese a haberse convocado 250 plazas sólo ingresaron 215 alumnos, los cuales se incorporaron a la Acade mia el día 3 de octubre de aquel año. Después, y mientras gobernó España Primo de Rivera —alum
Este artículo forma pfirte de Ja ttsI doaoral en ciencias políticas qu’° el autor á escrito, gracias a los datos proporcionados por el Ministerío del Ejército, y a los documentos personales prestados por el Oeneral Pérez de Eulate.
o
La vocación militar
Cuando el 20 de febrero de 1927 un Decreto de Alfonso XIII ordenó reorganizar la Academia Ge neral Militar, el Ejército gozaba de un elevado prestigio debido a que aún estaba reciente el des embarco de Alhucemas y la pacificación de Ma rruecos, y a que la Dictadura había detenido el desarrollo de las ideologías políticas antimilita ristas. Todas estas circunstancias, y sobre todo el que desde 1926 no se habían convocado exáme nes para itgreso en las antiguas Academias Mili-Y
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mero de vocaciones militares, llegando a presen tarsi en la teicera convocatoria un millar largo de aspirantes.
Los casi cuarenta años pasados entonces impi den averiguar hoy la motivación exacta de estas vocaciones militares, pero estableciendo una ana logía con las actuales se puede suponer que la tra
dición familiar, los ideales patriótico y bélico y el afán de superación técnica estaban en las raíces de ellas. Pero es precisamente aquí, en el análisis de la motivación, en donde se descubren dos ma tices dentro de la vocación militar: el• militar-téc.
nico que deseaba ingresar en los Cuerpos Faculta
‘tivos (Artillería e Ingenieros) y el militar-puro, movido sólo por ideales de tipo militar y patrió tico, y que en general prefería las llamadas Armas Generales (Caballería e Infantería-). Es preciso te ner en cuenta que en aquella época estos dos ti pos de militar estaban más diferenciados que aho ra, y en consecuencia los deseos de pertenecer a un Arma de terminada eran más fuertes y concretos.
Los Cuerpos Facultativos no sólo gozaban de gran prestigio, sino -que, además, tenían convalidada su categoría militar por títulos civiles, considerándo se a todos los efectos a los oficiales de Ingenieros como Ingenieros de Caminos, y a.los de Artillería como Ingenieros Industriales, entre otras cosas porque los Ingeñieros tenían a su cargo las cons trucciones militares y los Artilleros las fábricas de Armas. En consecuencia, los estudios en las Academias especiales de estos Cuerpos eran bas tante más fuertes, y conscientes de ello sólo eran solicitadas por los alumnos que obtenían mayores puntuaciones. La preferencia de los alumnos más estudiosos por los Cuerpos técnicos se puede afir mar al observ-r que de los 30 primeros alumnos ingresados en la Academia (los 10 primeros de cada una de las tres promociones), 23 solicitaron Ingenieros o Artillería (el 76 por 100), y de los nueve primeros (los tres primeros de cada una de las tres promociones) ocho eligieron las cita das Armas.
A los dos años de estar en la A. G. M. los ca detes ascendían a alféreces .y elegían el Arma que deseaban. Como normalmente eran pocas las pla zas que ofrecían los Cuerpos técnicos y muchós los alumnos que las solicitaban, se permitía a los que no obtenían plaza para el Arma por ellos so licitada repetir el segundo curso y elegir al año siguiente el Arma que quisieran. De esta forma, el que tenía gran interés en pertenecer a un Arma determinada podía siempre lograrlo sin más sa crificio que prolongar un año su estancia en la A. G. M. Algunos de los cadetes de la primera pro moción se acogieron a los beneficios de esta ley y fueron llamados «repetidores voluntarios». Pero los de las otras promociones no pudieron hacerlo, ya que en 1931 la República cerró la Academia;
sin embargo, al pasar a Toledo o Segovia se les permitió el cambio de Arma y lo hicieron unos 95 entre las tres promociones, de los cuales 53 se pasaron a Ingenieros, 40 a Artillería y 21 a Caba llería, datos estos que parecen reafirmar la exis tencia de distintos matices —técnico y táctico—
dentro de la vocación militar. En este sentido, y hechas las lógicas salvedades de tiempo y espacio, es particularmente interesante el estudio heeho por el Comandante médico Brisson sobre la mo tivación de los candidatos a las escuelas milita res francesas, en el que llega a conclusiones pa recidas a las que aquí se han enunciado.
La vida en la Academia General Militar Aunque la A. G. M. había estado ubicada en su primera etapa en el Alcázar de Toledo, el Decre to de Alfonso XIII ordenando su reorganización conci etaba que debía establecerse en el campo de
BAJAS POR ARMAS
ClJddra n91-
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Of/CM/lS DIII 16’. /1 EN 1936 231 121221 91 30
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ROJOSMuERTOS EA’ COAIBIFTE Ah/Tu IDOS PERMÁNENTES TOT.4L DE BIJIhS //4C/O//4/fS
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TOTIL DE 811,IS
1 98
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8 11
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22 246 QOEDÁN EN EL EJERCITO EN 1932 13?80 150 61 24 454 TINTO POR CIENTO DE &IJÁS- 4 32,132,020,0 35,1
(Y) ¿E 4<iOS, ¿w0 :t HIBM Pñ54’O 4 4/l.iC/ON
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L UC/MROA’ EN ZONA NACIONAL LAUREADAS
MEDALLAS M/LIT.4R.S
ASCENSOS POR MERI TOS DE GUERRA
TOTAL DE RECOMPENSAS
TANTO POR CIENTO DE RECOMPENSAS O) Df PIaS, ¿‘NO SE /IIB/I PIERDO .4 IV/IC/Od’
(2)- - D8S -
maniobras de San Gregorio (Zaragoza). Este cam po de maniobras está en una zona algo inhóspita.
Ciertamente, el futuro oficjal debe endurecerse y este criterio justificaba la elección. Desgraciada
mente, cuando comenzó el primer curso escolar la Academia aún no estaba construida y los cadetes tuvieron que alojarse en un cuartel de tropa que ya existía allí, lo que hizo aún más duros los pri meros tiempos al carecerse de las comodidades ncrmales en un centro de enseñanza.
De la dureza antes citada és índice el que 16 ca detes no fueron capaces de superar los dos años de vida en la Academia y pidieron la baja. Si a estos 16 se añaden un mutilado y dos que murie ron durante la carrera tendremos un total de 19 alumnos que no lograron acabarla. Los que ascen dieron a tenientes fueron, pues, 709 de los 728 in gresados entre las tres promociones.
Esta cifra quizá parecerá excesiva; sin embar go debe considerarse que la profesión militar no
está centrada en torno al saber científico, sino a un género de vida concreto que se apoya en cos tumbres, hábitos y virtudes castrenses, los cuales pueden ser adquiridos por todas las inteligencias (excepto aquellas mediocres que ya no son capa ces de superar la oposición de ingreso) y, por tanto, es fácil acabar la carrera militar, excepto para aquellos que al vivir la vida militar se dan cuenta que no están llamados a ella, los cuales
—como los 16 antes citados— suelen pedir la baja.
Los razonamientos anteriores son válidos tam bién para explicar el escaso número de alumnps que .repiten curso en las Academias Militares. En este caso, el número de los que repitieron curso por estudios fue aproximadamente 52.
Los años de guerra
Cuando en 1936 estalló la guerra, los 709 tenien tes salidos de la A. G. M.entre 1931 y 1933 se ha bían reducido a 700.
El dilema de España dividió a estos oficiales, co mo a los hombres de cualquier colectividad, si bien
>qul el nacionalismo y el amor al orden que toda vocación militar entraña hicieron a estos hombres inclinarse masivamente hacia las filas nacionales.
Los que al acabar la guerra causaron baja en el Ejército como consecuencia de las depuraciones parece ser que fueron entre 22 y 30, de los cuales cuatro fueron fusilados. No es posible dar la cifra exacta, porque aunque en las fichas que se han utilizado en este trabajo figuran 22 nombres, hay además otros 10 que fueron separados del Ejército por motivos .que el autor de este artículo no ha llegado a conocer, pero que quizá en algunos cásos tuvieron relación cón las actitudes políticas. En el cuadro número 1 se especifica su distribución por Armas.
Los oficiales nacionales que en 1936 quedaron en la España revolucionaria fueron muy perse guidos. En el cuadro antes citado puede obser varse que los fusilados fueron 84. En el gráfico
número 1, al detallar los lugares en donde murie ron, se observa que Madrid, Barcelona y Mahón fueron los lugares de más asesinatos. La «Cárcel Modelo», «El Castillo de Montjuich» y el de «La Mola». fueron tristemente çélebres. Sumadas las muertes de estas tres ciudades, totalizan 59,
ro
que parece indicar que el extremismo se impuso en ellas con particular dureza.Si los muertos en las cárceles fueron 84, no fue menor la cifra de los muertos en combate: 134 de los 700 tenientes antes citados murieron com batiendo en distintos puntos de España, y dejan do plasmada sobre el mapa con exactitud mate mática la dureza de las batallas. En el gráfico nú mero 1 se han señalado estos lugares, y de él se deduce que la batalla de Madrid, Brunete, El Ja- rama, El Alto de los Leones, Huesca, Teruel, El Ebro y Oviedo fueron los lugares donde se com batió más durámente. En cifras absolutas, las ba jas habidas en el trienio 36-39 totalizan 246 ofi ciales, con lo que en 1939 el número de oficiales
EFECTO LEYES RESERVA
Cuadro-—• 11• 4
1139
RECOMPENSAS OR ARMAS
1.936 - 39
Cuadro fi;o
NF. CAS. ART.
LEY 17-VI/-53 -4 LEY 22-V//-58 ro TAL
22
!1
8
3144
16 18 33 12
139
4 80
HABlAN EN 1.939 TINTO POR CIENTO DE ÁCO OIDOSAES TAS LEYES /118/IAL EN 1.965
150 61
83 454 24
it
75 22
52 TANTO POR cIENTO cñtcu-J
MIO SOBRF/MIfA7UAIES 22 33
28
82
38 19
36
34
16
13
28
18
258 32
15
BAJAS DESPUES DE LA GUERRACaa’o’o ft.1
M O T y O iJii IltiG.IRJ
[Nf ERUÍDÁD O ‘II/TI? TE ,V4Tu/RIL 10 3 10 5 2 30 - 30 84.114 PErI ION Pf?OPM 5 - 4 3 2 1 13 EXPUISION POR i4i1 ONDu/M 3 1 2 1 - 1 1 8 Ali/ER TOS EN ICTO DE SERVICIO 2 1 1 - - 4 8 12
MUT/LIliOS 1 - -. - - 1 - 1
84.14 SIN CONOCER EL MOTIVO 3 - 3 - 1
- 1 - 4
- 7
PISE II CRUDO fi POR E/lID 3 - - 4
[3(114 C0MPLEMENTÁRM 3 - 1 - - 4 - 4
1(0 CID 081146 LEYES DE RESERVA 16 $833 12 4 83 - 83
CAN&’O DE ARMA 18 5 14 1 44 - -
TOMÉ 84.113 (jy 65) IRlA’ EN 1936
34 28
2571121
¡68 2 221 9
5 11 -
1 30 700 - 700 ERAN EN É939
PER/4dVEcERfN 1965 ‘IDEtNERO,)
139180
75 52
150 I 24 454 82 36 13 2581
procedentes de la segunda etapa de la A. G.
M.
se ha reducido a 454.
El analizar las recompensas por Armas (cua dro núm. 2) permite ver una gran homogeneidad en todas ellas si exceptuamos Inteidencia, que por ser Servicio tiene lógicamente menos oportu
PASADOS A AVIACION Cuó’dro ,7?5 1 —,.
ARMA DE ORIGEN
: Z° a E -;;--
13
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—.3.
INEÁN TEN/A
C18411ER/Á l
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INGENIEROS
1 3 1 2 1 1 2 2 1
1 1
4 4 2 3 4 5 2 2
9 6 10
5 70T.JL 23l1 ?& 212 14 30
¿DIMIR 1/Ir OTRO FROCEOENTE DE //ITENDENCI4 Y P48100 1 /NTTNDENC/1 DEL I,’qE QUE ERO CORONEL EL 1-1-65
nidades. En realidad fueron los oficiales que hi cieron la guerra en Aviación los más recompensa dos, obtiendo cuatro medallas militares y dos as censos por méritos de guerra. Las recompensas más importantes, las cuatro laureadas, fueron con cedidas a los oficiales de las Armas Tácticas: tres a Infantería y una a Caballería. A 10 de estos ofi ciales se les concedieron, por excepcionales actos de .valor, ascensos por méritos de guerra, y acaba ron la campaña de comandantes. El resto de sus compañeros en 1939 eran capitanes.
Las leyes de reserva
Es un fenómeno universal el que al acabar las guerras los ejércitos se encuentran con un exceso de personal. En España, en 1939, este problema era muy grave. Aunque los oficiales profesionales,
16
procedentes de la A. G. M. o de las Academias Es peciale que existían antes de la guerra, eran po cos, una importante proporción de los 29.023 alfé reces provisionales, que aún seguía en el Ejército, representaba un importante capítulo para el era
rio español. -
Fue pues preciso hacer una primera ley de re serva que desgraciñdamente no se promulgó has ta el 17 de julio de 1953, cuando ya hacía catorce años que había acabado la guerra y, en consecuen cia, los oficiales que la hicieron con veinte años frisaban ya los treinta y cinco, edad en la que re sulta difícil abrirse un nuevo camino. La ley, de bida a la iniciativa del Ministro del Ejército, crea ba una nueva situación militar que se titulaba «de reserva». En el preámbulo de la ley se explicaba que era preciso tomar esta medida porque existían tres problemas: las escalas estaban estancadas, no había -posibilidad de ascensos, y en consecuencia, disminuía la eficacia de las unidades. A fin de conjuntar el interés del Ejército, de la Hacienda y de los oficiales, se creaba esta ley para el per sonal de las cuatro Armas Combatientes e Inten dencia que estuviese en activo y hubiese ingresado en el Ejército antes del 1 •de abril de 1939. Las condiciones que se ofrecían a este personal no podían ser más ventajosas: seguiría cobrando prácticamente el sueldo íntegro (sueldo base, trie nios, cruces, diplomas, indemnización familiar, gratificación de destino y gratificación de vivien das), se seguiría beneficiando de los aumentos de
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