Cómo las neurociencias
demuestran el psicoanálisis
Traducción de
Gérard Pommier
Cómo las neurociencias
demuestran el psicoanálisis
Traducción de
Ag u s t í n Kr i p p e r y Lu c i a n o Lu t e r e a u
Pommier, Gérard
Cómo las neurociencias demuestran el psicoanálisis
- Ia ed. - Buenos Aires : Letra Viva, 2010. 262 p . ; 23 x 16 cm.
ISBN 978-950-649-301-1
1. Psicoanálisis. I. Kripper, Agustín; Lutereau, Luciano. Trad.
CDD 150.195
Edición al cuidado de Le a n d r o Sa l g a d o y Pa b l o Pl u s n f.r
© 2010, Letra Viva, Librería y Editorial
Av. Coronel Díaz 1837, (1425) C. A. de Buenos Aires, Argentina
e-m a i l: [email protected] / w e bp a g e: www.imagoagenda.com Traducción de Agustín Kripper y Luciano Lutereau
Ilustración de tapa: Academia de ciencias
Título original: Cotnent les neurociences demostrent la psychanalyse
Por la edición francesa: © 2004, Flamarion (París, Francia)
Primera edición: Octubre de 2010
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra bajo cualquier método, incluidos la reprografía, la fotocopia y el tratamiento digital, sin la previa y expresa autorización por escrito de los titulares del copyright.
índice
I n t r o d u c c i ó n . Lo q u e se p o n e e n ju e g o v e r d a d e r a m e n te en el d e b a te
entre las neurociencias y el psicoanálisis...
Primera parte.
El cu erpo crece con el im pu lso del lenguaje...C a p itu lo 1. Las neuronas se pagan de palabras: la lección del desgaste . . .
C a p itu lo 2. La sobremaduración nerviosa y la herencia filogenética. . . .
C a p itu lo 3. ¿Hay un piloto en el avión? El sujeto de los aprendizajes’ . . .
C a p itu lo 4. La humanización invierte la tiranía genética...
Segunda parte.
La influencia del cu erpo psíqu ico sobre el orga n ism o .C a p itu lo 5. El cuerpo psíquico recubre las áreas orgánicas del cerebro. . .
C a p itu lo 6. El organismo crece con el ir y venir de la pulsión...
C a p itu lo 7. Las sensaciones pulsionales son empujadas hacia el alambique del h a b la ... ...
C a p itu lo 8. El habla, trabajadora de izquierda, reprime la pulsión, vividora de d e r e c h a ...
C a p itu lo 9. Del cuerpo pulsional al cuerpo de las frases...
C a pitu lo 10. Las modificaciones corticales de la pulsión por acción del habla .
C a p itu lo 11. Las excepciones del lenguaje de los sordomudos y del japonés confirman la r e g la ...
Icreerá parte.
Si existe un inconsciente, ¿ c ó m o definir la conciencia? .C a p itu lo 12. ¿Puede funcionar la conciencia de la visión com o un modelo de la conciencia?... . 7 15 17 21 31 41 53 55 63 73 79 89 . 95 101 109 111
C a p itu lo 13. La memoria humana es organizada por el s ím b o lo ... 115
C a p ít u l o 14. La conciencia humana se distingue de la conciencia de los animales ... 127
Capítulo 15. L os m a le n t e n d id o s d e la p alab ra i n c o n s c i e n t e ...137
C a p it u lo 16. La batalla del sueño...149
C a p it u lo 17. ¿En qué condiciones se vuelve consciente un sujeto?... 157
C a p it u lo 18. La placa giratoria entre consciente e inconsciente ¿cuál es el rol del lóbulo prefrontal?... 163
C a p it u lo 19. La conciencia moral regula la conciencia de las percepciones . 175 C uarta parte. ¿Es el cerebro la com pu tadora de un cuerpo m áquina? . 179 C a p ít u lo 20. Los primeros pasos del cerebro c o m p u t a d o r a ...181
C a p it u lo 21. Al buscar el apoyo de las neurociencias, el cognitivismo busca mostrar que el cerebro es una com pu tadora...185
C a p itu lo 22. Las neurociencias muestran que el cerebro no es una c om p u ta d ora ...193
C a p it u lo 23. Computadoras discordantes y sin program a...199
Q u in ta p arte. Las ciencias en lucha contra su fantasma id e o ló g ico . . . 203
C a p ítu lo 24. El retorno de lo físico-matemático al cuerpo en la modernidad 205 C a p ít u lo 25. Una ciencia que produce “ ideas” capaces de contradecirla . . 217 Capi t u l o 26. Consecuencia paradojal: sobredosis farmacológica. Ahora es el cuerpo el que debería cuidar del alma... 225
C a p it u lo 27. El d o b le r o s tr o d el h o m b r e m á q u in a e n la literatura n e u r o c i e n t í f i c a ... 2 3 3 Capí t u l o 28. Desencuentros de la c ie n c ia y de su su je to ... 243
Bibliografía 255
I
n t r o d u c c i ó n
Lo que se p o n e en juego verdaderam ente
en el debate entre las neurociencias
y el psicoanálisis
¿Es el cuerpo nada más que una máquina, cuyos engranajes bastaría con desmon- lai para comprenderla? Del mismo m odo que la marcha se debe a la contracción de músculos, ¿no responden los comportamientos a un mecanismo interno, que a lo sumo sería un tanto más sofisticado? Todos los días se anuncia o se confirma el des- i abrimiento del gen de la psicosis maníaco-depresiva, de la homosexualidad, de la .morexia, del alcoholismo, etc. Solamente en la primera semana de ju nio del año 2004, por ejemplo, Antonio Damasio, director de investigación de la Universidad de lovva, ■ leí laraba a L'express: “ Sí, hay una biología de los sentimientos” ; y Lucy Vincent, doc- u >i a en neurociencias, anunciaba al Parisién l.ibéré'. “ Enamorarse es una cuestión de química”. En este sentido, las neurociencias a veces sirven de arma contra el psicoa nálisis.1 Sin embargo, en las últimas décadas, el descubrimiento freudiano afianzó su teoría y su método; su práctica prosperó y su cam po se expandió. Y aún así, no dejó de ser clasificado usualmente com o una creencia que tiene efectos carentes pruebas que los demuestren. Un cura, después de todo, ¡no prueba nada!2
I n este terreno, investigadores eminentes buscaron borrar la ruptura de Ereud con la neurofisiología. G. M. Edelman, premio Nobel en neurociencias, dedicó su libro
1 Según un sondeo publicado hace unos años en el diario l.e Monde, el 86 % de los mvestigado- les médicos más celebres del planeta predecían una margmalización definitiva del psicoanálisis para el año 2000.
' I lay que distinguir la cura que resulta de una sugestión no reproducible de la que se verifica en cualquier caso. Isabclle Stengers mostró que la medicina se volvió científica cuando distinguió el electo terapéutico por sugestión del que actúa sobre su causa ( 1 ‘ln v e n lio n des Sciences, Paris, Odile lacob, 1993).
Gf.RARI) PoMMIKH
de 1992 “a la memoria de Darwin y de Freud”. Su título: Biología de la m em oria, ¡no dejaba prever tal padrinazgo! El inconsciente cerebral de Marcel Gauchet3 desarrolló con el mismo espíritu las hipótesis que Freud abandonara al mismo tiempo que sus estudios sobre las neuronas y las cantidades nerviosas. Del mismo m odo, Jean-Pierre Changeux escribió en el prefacio de El hombre neuronal que la idea de su libro le había surgido luego de un encuentro con los redactores de la revista psicoanalítica
Ornicar?. Sin duda, teniendo en mente el inconsciente freudiano, los cognitivistas
bautizaron “ inconsciente cognitivo” a ciertos reflejos condicionados y procesos de aprendizaje que no ameritan tal denominación. Sin embargo, esta suerte de respeto por el psicoanálisis se parece mucho al que se tiene por una mujer anciana, cuyas opiniones serían obsoletas o se habrían desencaminado.4
Desde hace más de veinte años, y con el impulso de sus primeros grandes descubrimientos, muchos neurocientíficos invitan a los psicoanalistas a poner sobre el tapete el eterno debate del cuerpo y el espíritu, del alma y la materia, de lo orgánico y lo psíquico, del materialismo y el idealismo.5 ¡No hay duda de que tal repartición de roles habría dado com o ganador al neurocientífico por anticipado! Con la ayuda del genetista, aquél habría podido proseguir la obra de la Ilustración y del progreso contra el oscurantismo y los avalares psíquicos del animismo. Pero ningún psicoanalista -salvo error u om isión- se inmiscuyó en este penoso rem ake, a excepción de algunas cortesías envenenadas. ¿Por qué entrar en el debate mal plan teado de una pretendida división entre el alma y el cuerpo?6 Desde luego, existe una división entre el sujeto y el organismo en el que aquél aparece, aunque no por medio del alma, sino gracias a la materialidad del lenguaje: la palabra (parole]7 está, de al guna manera, “ tallada en el cuerpo”, y el organismo la mantiene en su memoria, por ejemplo, en forma de síntoma.
3. M. Gauchet, L’lnconscient cerebral, Paris, Senil, 1992.
4. En la introducción de L’Homme neuronal, J.-P. Changeux escribe, por ejemplo: “ Disciplinas fi- sicalistas en sus inicios, como el psicoanálisis, terminaron defendiendo, en el plano practico, el punto de vista de una autonomía casi completa del psiquismo, retornando a su cuerpo doctrinal la defensa de la división tradicional entre el alma y el cuerpo”.
5. La distinción idealismo/materialismo hoy en día ya no interesa más que a la filosofía. Sin embar go, en este debate que seguramente resurgirá algún día, este libro mostrará lo que esta biparti ción debe a la represión.
6. Independientemente del psicoanálisis, existe una concepción “materialista” del pensamiento que se niega a oponer la actividad mental y sus fines. Según Alain Prochiantz, por ejemplo, el pensa miento ya está siempre comprometido con la totalidad del organismo” (l.u ( 'onsiiui non tlu cer- veau, Paris, Hachette, 1 9 8 9 ). En este sentido, se piensa con las manos, e incluso con lo s pus, l.u- dwig Wittgenstein escribió que él pensaba con su tintero, porque sólo llegaba .i ti|ai sus pensa mientos al ponerlos por escrito.
7. [Adoptamos el siguiente criterio, arbitrario pero distinto: traducimos mol pot palalna y /wrole
por habla, excepto en el caso de que se especifique entre corchetes la expresión ni ip.mal en fran cés. N. de los T.]
8
G o m o ia sn ii i u o o i in c i a si u m i i f s t r a n ki i 's i o o a n a iis is
Desde sus comienzos, el psicoanálisis subvirtió esta oposición gracias a uno de sus mayores descubrimientos: el de la pulsión, que anima lo psíquico al mis mo tiempo que integra lo somático. Muchos conceptos psicoanalíticos no son ver daderas innovaciones. Una intuición del inconsciente, por ejemplo, existe desde la Antigüedad.8 En cambio, la pulsión introduce una novedad radical: dialectiza .ti punto de invalidar toda oposición entre lo mental y lo cerebral. El psicoanálisis tom ó su punto de partida apoyándose en este concepto bifronte, que subraya desde sus inicios que una oposición entre lo psíquico y lo somático no le concierne. ¿Cóm o podría la pulsión tomar partido por lo espiritual contra la carnal, al m odo de las iglesias que, durante siglos, mantuvieron el oscurantismo en nombre de esta oposición? Las razones para batirse en duelo con los neurocientíficos se reducen a partir del momento en que el psiquismo ya no se opone al cuerpo.9 Nadie duda de que los procesos psíquicos se articulen con lo orgánico. Indudablemente, algún día se pondrán en evidencia nuevos soportes cerebrales y conexiones inéditas. Pero esto nó explicará el funcionamiento psíquico, que no podría reducirse al del cerebro sin exponerse a errores en el m étodo10 y, por lo tanto, en los resultados.
Una vez aclarado este malentendido, los psicoanalistas podrían pensar que tienen poco que aprender de las neurociencias. Después de todo, estas últimas demuestran más bien laboriosamente procesos que son habituales en su práctica. G. M. Edelman y G. Tononi, por ejemplo, establecieron lo siguiente: “ La percepción consciente y la memoria deben ser tomadas com o dos aspectos de un único y mismo proceso”." Ahora bien, ¡desde hace m ucho tiempo la cura psicoanalítica funciona sobre el mismo principio, sin otro laboratorio que el habla! Su experimentación es incluso más elocuente, dado que se realiza según un proceso inverso, mostrando que la memorización discursiva genera el retorno de percepciones conscientes.
Asim ism o, algunos conceptos freudianos son som etidos a experimentos regularmente, mientras que se verifican fácilmente en la vida ordinaria. Estos experimentos son hechos, las más de las veces, partiendo de la base de una profunda incomprensión de las nociones psicoanalíticas (incomprensión que se explicitará
8. Véase, por ejemplo, el Gorgias o La República de Platón. En el mito de la caverna, los hombres no son conscientes de la realidad.
9. Hacia el final de su vida, Freud escribió al inicio del Esquema del psicoanálisis: “ De lo que llama mos nuestra psique (vida anímica), nos son consabidos dos términos: en primer lugar, el órga no corporal y escenario de ella el encéfalo (sistema nervioso) y, por otra parte, nuestros actos de conciencia, que son dados inmediatamente y que ninguna descripción nos podría trasmitir. No nos es consabido, en cambio, lo que haya en medio; no nos es dada una referencia directa entre ambos puntos terminales de nuestro saber. Si ella existiera, a lo sumo brindaría una localización precisa de los procesos de conciencia, sin contribuir en nada a su inteligencia”. En S. Freud, Obras
completas, Buenos Aires, Amorrortu, vol. XXIII, 1988.
10. Después de Cabanis, quien, hace más de un siglo, escribía que “el cerebro secreta pensamiento como el hígado secreta la bilis”. P. j. G. Cabanis, Rapport du physique et du moral, Paris, Bailliére, 1884. 11. G. M. Edelman, liiologie de la conscience, Paris, Odile Jacob, 1992, p. 209.
t if- R A K l) Pl I N IM II U
en el transcurso de estas páginas). A pesar de estos malentendidos, algunos neuropsicólogos de buena fe intentan salvar la herencia freudiana, según ellos en peligro: buscan mostrar que se podría -m irándolo bien - localizar en el cerebro algo com o el inconsciente. Así, el concepto de “ represión” mereció una publica ción en la prestigiosa revista Nature: “ Suppressing Unwanted Memories by Executi- ve Control” 12, en la pluma de Michael C. Anderson y Collin Creen. Su experimento del olvido podría, según ellos, “ proporcionar un modelo viable para la represión”. Todos lo sabemos: preferiríamos olvidar ciertos recuerdos (i. e. los reprimimos). Sin embargo, esta banalidad fue sometida a un experimento -p o r lo demás inade cuado, dado que se utilizaron ratas para verificarlo. Luego de un estudio estadísti co de importancia, se prueba que los primates reprimen ciertos recuerdos (en efec to, ¡puede imaginarse que los experimentos no deben ser algo que los divierta mu cho!). Los mismos investigadores reprodujeron enseguida la experiencia en hu manos y constataron que, en efecto, ciertos recuerdos asociados a acontecimientos desagradables son reprimidos. Martin Conway14 com entó en N ature los resultados de estos investigadores. Subraya “ la ubicuidad de los fenómenos de inhibición en la memoria humana’, recordando que del 20 al 25% de células del córtex tienen funciones inhibitorias y que “ tales redes neuronales podrían dar lugar al tipo de represión propuesta por Ereud com o el fundamento de las neurosis”. M. Conway es un hombre abierto y de buena voluntad, pero debería haber leído más atentamente a Freud: habría observado que la inhibición difiere de la represión.14 De cualquier modo, todo ocurre como si este artículo de Nature legitimase su cientificidad gracias a la colaboración de algunas ratas y una batería estadística. ¿Es esto necesario? ¿Por qué estos investigadores bien predispuestos se toman tantas molestias, cuando el sillón y el diván son suficientes?13
Se tiene la impresión de que las neurociencias, útiles en su campo, carecen de interés para el psicoanálisis. Solamente haría falta calmar las ambiciones de algunos neurocien tíficos (o más bien de sus zelotes) decididos a marginar el psicoanálisis en la universidad y los centros de salud. Pero esta posición defensiva desatiende el beneficio enorme que proporcionan las neurociencias, la cuales muestran a su pesar cóm o el lenguaje modela el cuerpo mucho más profundamente que lo que el síntoma histérico permitía presumirlo. Se leerá en este libro que, al mirarlas mejor, las neurociencias
12. Nature, n° 410,2001, p. 366-369. Michael C, Anderson y Collin Creen, especialistas de la memo
ria, trabajan en el depírtamento de psicología de la universidad de Oregon (Estados Unidos). 13. Martin Conway es director del departamento de psicología experimental de la universidad de
Hristol.
14. l a inhibición concierne a tina actividad consciente que un sujeto no consigue efectuar. La repre sión concierne a una representación de la que el sujeto no es consciente.
13. Desde luego, una curapsicoanalítica no es un experimento en el sentido en que los fisiólogos lo comprenden. Pero, retroactivamente, las lecciones obtenidas de varias curas proporcionan prue bas en el mismo sentido que las experiencias científicas.
10
C ó m o l a s n k u u o c i l n c i a s d l m u l s t k a n i.i i-s i c o a n a ii s i s
corroboran algunas teorías que el psicoanálisis había sido el único en conjeturar hasta ese momento. Ellas explicitan (aunque no era tal su objetivo) hipótesis que I i cutí había deducido de ciertas repeticiones sintomáticas. Ellas permiten asimismo podar el campo de las teorías psicoanalíticas, el cual se volvió demasiado frondoso. Ellas ponen fuera de juego a aquellos que utilizan el psicoanálisis con fines místicos 0 de dirección de conciencia indebida. Ellas obligan a los psicoanalistas a elegir su 1 ampo, porque hay que reconocer que algunos de ellos renunciaron a la naturaleza ( mitifica de su disciplina por preferir las delicias del amor de transferencia y las tertidumbres de la secta. Las clarificaciones que resulten de este debate tendrán consecuencias sobre la dirección misma de las curas.
Se verá que las neurociencias dan una profundidad de campo insospechada al trabajo del inconsciente. Tomemos un ejemplo: existe en el hipotálamo una zona estrecha considerada com o un centro de placer. Ésta puede ser auto-estimulada implantando micro-electrodos, com o lo demostraron los trabajos de J. Olds."' Las i alas bien educadas saben hacerlo. Al acostumbrarse a estos placeres solitarios en el secreto de su laboratorio, ya no paran de entregarse a ellos, incluso si les es necesario saltearse una comida. Al actuar de este m odo, estos animales se drogan con sus propias morfinas. Por otra parte, nosotros procedemos de la misma manera cada ve/ que algunas de nuestras actividades excitan esta parte del hipotálamo derecho. I sta excitación puede ser bloqueada a nivel de los receptores de dopamina1 por el antagonista adecuado (Pimozide, Haloperidol). Tenemos aquí una observación interesante, cuyo resultado no era buscado por los neurofisiólogos. En efecto, esto muestra que ciertas moléculas bloquean los neurotransmisores del goce: las mismas que son empleadas empíricamente por los psicofármacos desde hace mucho tiempo para regular la sintomatología de las psicosis (Haloperidol). Es un exceso de goce lo que engendra el sufrimiento psíquico, pudiendo conducir a la locura. ¡Qué coincidencia interesante! Desde hace varias décadas, los psicoanalistas conjeturan que estas psicosis proceden de una falta de interdicción del goce."1 Esta hipótesis quiza hacía sonreír a los organicistas, ¡pero hoy en día fue corroborada por las neurociencias! El exceso de goce no se activa a nivel del “supuesto” centro de placer (en el hipotálamo), sino que procede de una falta sim bólico,14 y el hipotálamo funciona solamente com o un relevador. Se medirá la importancia de esta experimentación
16 Desde la experiencia de ). Olds y P. Milner en 1954, el hipotálamo lateral es considerado como el centro del placer. Una rata a la que se implantan electrodos en esta región se autoestimula apo yándose sobre un pedal. Véase J. Olds, “Self-stimulation of the brain”, Science 127, p. 315-324; consúltese igualmente B. Cardo en Confmntations psychiatriques, 6, 1970
17 la dopamina es el neurotransmisor específico del placer.
IH Véase J. Lacan,“Deuna cuestión preliminara todo tratamiento posible de la psicosis”, Hscrm.i ir, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002.
19 Eso no impide, por otra parte, que algunos neurocientificos continúen buscando un gen de la psicosis, mientras que sus propios resultados indican que constituye un camino sin salida.
al evaluar, justamente, los lugares respectivos de los medicamentos y de la cura por la palabra \parole].
A un psicoanalista no se le ocurrirá minimizar tales descubrimientos. Pero es cla ro que una función no se explica por sus efectores. Un músculo determinado per mite, por ejemplo, realizar un movimiento dado, pero la intención de este movi miento es otra cosa. Lo mismo ocurre en el cerebro: el psicoanalista solamente o b serva que la causa que activa el aparataje neuronal no se encuentra en el aparataje mismo. Es su responsabilidad explicar cóm o funcionan las determinaciones de las que el organismo pareciera estar separado. Sin duda, las explicaciones disponibles al día de hoy ya no bastan: es necesario precisar los conceptos y mostrar lo que los diferencia de un chamanismo latente. Este esfuerzo se impone si se miden las es peranzas que despiertan las neurociencias (25.000 participantes en un congreso en los Estados Unidos en el 2001). También puede descontarse que, con un poco de paciencia, los neurocientíficos se darán cuenta de que la subjetividad -q u e no es la versión posmoderna del alm a- no se encuentra al cabo de la molécula. Asimismo, sobre todo se volverá evidente que cada vez más resultados de las neurociencias son incomprensibles sin el psicoanálisis. No será una victoria del hombre neuronal so bre el hombre psíquico, ni tam poco un triunfo del psicoanálisis, el cual, por otro lado, jamás intentó convencer a nadie.
Para hablar de un m odo aún más radical: no se trata solamente de distinguir el funcionamiento psíquico de la fisiología del cerebro. Aunque importe marcar esta di ferencia sin una querella inútil a propósito de su espíritu científico, del que nadie es propietario en el debate, no alcanza con afirmar que el psiquismo nunca será redu- cible a un funcionamiento biológico, o que la fisiología del organismo no se desarro llaría sin el psiquismo. Aún es necesario entrar en los detalles, mostrar cóm o la estra tificación de las áreas corticales (o la lateralización cerebral) marca esta construcción; aún es necesario apreciar hasta qué punto las características humanas de la conciencia son incomprensibles sin las del inconsciente freudiano, tributario del habla. Ocupados por recoger pruebas “orgánicas”, los neurocientíficos en efecto olvidan el habla, cuyo soporte, lejos de ser espiritual, también es material. Pareciera com o si rechazaran dar crédito a su valor, renunciando así al valor del sujeto que lo enuncia. Privados de este crédito, ¿cóm o podrían situar la conciencia? Esclarecer el problema de la conciencia, opaco hasta el día de hoy, es una apuesta importante de las páginas que siguen.
Llegará un día en el que el más pequeño átomo del cuerpo humano habrá sido analizado y, una vez examinado el conjunto de los engranajes, las moléculas y los cables de transmisión, se ignorará aún dónde se encuentra el centro de mando. La neurofisiología elucida problemas importantes de comunicación interiores al orga nismo, pero, cuando trata la cuestión del centro de decisión (el sujeto), plantea el problema en términos tales que impiden resolverlo: si existiese una “causa orgánica del sujeto”, este último sería objetivado y, por lo tanto, anulado.
1 2
Uno de los intereses del debate entre el psicoanálisis y las neurociencias es plan tear claramente la pregunta acerca de qué es un “ sujeto” y, al hacer esto, comenzar a responder dicha pregunta. Las neurociencias muestran la existencia de procesos que les cuesta mucho integrar sin recurrir a conceptos que no pertenecen a su campo ni a su experiencia. Son aquellos conceptos los que intentaremos evaluar. Se verá que muchos resultados no son interpretables en sus propios sistemas de referencia. Así, se comenzarán a tener algunas ideas más precisas sobre este cuerpo del que somos, tan conflictivamente, los curiosos locatarios.
P
r i m e r a
p a r t e
El cuerpo crece con
el im pulso del lenguaje
El ser humano crece. Franquea las etapas que lo conducen a la madurez sin pre guntarse qué fuerza lo empuja. En el fondo, ésta es una pregunta inútil para alcan zar dicho objetivo. Ulteriormente, cuando considere tanto el camino recorrido com o sus aptitudes y resultados, ya nada le permitirá establecer una jerarquía entre su ca pacidad para hablar, caminar, contar, escribir, trabajar, amar y reproducirse. La mis ma inteligencia mágica y la misma capacidad para aprender parecen obrar siempre y en todos lados, cambiando solamente de objetivo según los procesos de la madu ración y la edad.
Ahora bien, no sucede nada de eso. Existen condiciones de posibilidad del creci miento y el aprendizaje que hacen de la palabra [parole] oída, y luego pronunciada, la condición previa a esta expansión de las capacidades humanas. Las neurocien- cias proporcionan a este expediente documentos irrefutables. En principio, se exa minarán los resultados de las experiencias de involución del sistema nervioso cuan do éste entra en inactividad (fenómeno conocido con el nombre de desgaste). Las consecuencias son enormes en cuanto se trata de estas neuronas particulares que re gistran los sonidos, dado que es necesario que nazca el sujeto de la palabra [parole] antes de que este sujeto (en adelante identificado) se lance al aprendizaje. Esta con dición previa supone la existencia de un soporte orgánico en espera de estas poten cialidades. Al nacer, el material neurobiológico sobrepasa las necesidades fisiológi cas. Esta “ sobremaduración” es, por otro lado, simétrica a la prematuración, noción clásica a partir de Darwin. Estas constataciones conducen a una inversión comple ta de la perspectiva según la cual el genetismo (o epigenetismo) dirigiría, de alguna manera, la humanización del hombre.
Ca p ít u l o 1
Las n eu ro n as se pagan de p alabras
: 1
la lección del desgaste
Desde 1940, D. O. Hebb estudió el modelado de las sinapsis, notando su dege neración selectiva durante los aprendizajes.2 Las conexiones nerviosas se desarro llan proporcionalmente a su utilización. C om o Hebb lo demostró en el caso de la visión, cuanta más información circula en una vía nerviosa, más conexiones sináp- ticas se incrementan y devienen eficaces.3 Por el contrario, las capacidades sináp- licas se obliteran en los animales criados en la oscuridad, que muy pronto pierden toda posibilidad de aprendizaje de las formas visuales.4 La misma constatación vale para los ciegos de nacimiento operados en la madurez: ellos no recuperan su ca pacidad visual normal. Esta interacción entre el sistema nervioso y el medio exte rior muestra que el organismo se construye conform e a su actividad y que, lejos de ser el primero, el cerebro es tributario no solamente de la sensación, sino del modo
I [En francés: sepayer de mots. Expresión que significa contentarse con palabras vanas; hablar mu cho y hacer poco. Aunque constituye una expresión caída en desuso en español, “pagarse de” toda vía se conserva en algunas expresiones actuales como, p. ej„ “pagarse de sí mismo”. N. de los T.)
I. Más recientemente, la eliminación de estructuras redundantes fue verificada en el curso del modela do epigenético del sistema nervioso y de la zona de unión neurona!. Véase J.-P. Changeux, P. Courré- ge y A. Danchin, “A Theory of the Epigénesis of Neural Works by Selective Stabilization of Synaps- es”, Proceedings o f the National Academy of Science, USA 70, 1973, p. 2974-2978; J.-P. Changeux y A. Danchin, “Selective Stabilization o f Developing Synapses as a Mechanism for the Specification of Neuronal Networks”, Nature, 264, 1976, p. 705-712. Asimismo, se observó el nacimiento de redes nerviosas transitorias durante las modificaciones neonatales de la visión (Ramva et al., 1987). I. D. O. Hebb, La Psychologie du coniportenient [ 1949], París, PUF, 1958.
I Véase M . Jeannerod y F. Vital-Durand, “Les deux étapes du développement visuel moteur”, Lyon
medical, 236,1975, p. 725-734. La privación de sensaciones genera un efecto máximo si no se pro
duce durante un período crítico luego de nacer (dos meses en el gato, cuatro meses en el mono). Más allá de este período, los efectos de la privación son irreversibles.
de reaccionar a ella.’ Las neuronas presentes al nacer degeneran si no son utilizadas antes de una fecha límite. Este fenómeno, llamado desgaste, fue estudiado por Jean- Pierrc Changeux y Antonio Danchin en ciertos nervios durante la actividad mus cular animal. Ellos mostraron que la actividad muscular reduce las fibras nervio sas a una sola por músculo (mientras que este último se encuentra poli-inervado al nacer)." Este desgaste funciona en un bucle cerrado: el individuo construye él mis mo su sistema neuronal en función de su propia actividad. Esta auto-organización conviene a una teoría organicista según la cual el bagaje innato se modela en fun ción de las circunstancias.
Sin embargo, el desgaste toma otra dimensión cuando se trata del aprendizaje de una lengua. Los psicolingüistas destacaron que ciertas neuronas especializadas en el registro de sonidos específicos degeneran si no se las utiliza a tiempo duran te el aprendizaje. Si un niño no escucha ciertos sonidos durante sus primeros me ses, no sólo los distinguirá mal a partir de entonces, sino que no los podrá pronun ciar. Las posibilidades de audición y de fonación de los niños sobrepasan lo que su lengua materna seleccionará efectivamente7. Un niño puede escuchar y reproducir una gran variedad de sonidos. Si las potencialidades del lenguaje ofrecidas de ante mano por el sistema nervioso no son utilizadas, se instala un desgaste para las so noridades que no forman parte de la lengua concernida.
Este fenómeno demuestra la importancia de los efectos del lenguaje sobre el cuer po. En efecto, en función de los sonidos escuchados, algunas neuronas prosperarán, mientras que aquéllas que habrían podido recibir sonidos ausentes caen en desu so. Este desgaste varía durante el compromiso en la lengua. El japonés proporciona un bello ejemplo de esto: esta lengua no contiene los fonemas “ ra” y “ la”, a diferen cia de lenguas occidentales com o el inglés o el francés8. De m odo que los japone ses adultos difícilmente distinguen estas sonoridades. Hecho mayor: no solamente no las han aprendido, sino que no pueden escucharlas. Los japoneses no solamente aprenden ciertos fonemas excluyendo otros, sino que, sobre todo, las áreas percep tivas y fonatorias de los sonidos faltantes involucionan. Ellos ya no pueden pronun ciar activamente ciertos fonemas, porque las áreas corticales sensoriales concernidas
5. Esta necesidad de la interactividad fue demostrada por R. Held en el Massachussets Institute of Technology, gracias a la desconexión viso-motriz de gatos jóvenes que podían ver normalmente a su alrededor, a excepción de sus patas (basta con colocarles alrededor del cuello una especie de prenda en forma de embudo). Estos animales no pudieron adquirir una coordinación viso-mo triz normal. El acto coordina la intención motriz y el control visual. El cerebro se desarrolla con la condición de esta interacción con el medio exterior.
(i. Véase J.-P. Changeux y A. Danchin, “Selective Stabilization o f Developing Synapses as a Mecha- nism for the Specification o f Neuronal Networks”, op. al.
7. Véase M. Piatelli-Palmarini, “ Evolution, Selection and Cognition: from ‘ Learning’ to Parameter Setting in Biology and in the Study o f Language”, Cognition, 31, 1989, p. I 44.
8. | No es el caso del español con el fonema “ra”, que comparte con el japonés. Por ejemplo: haraki-ri. N. de los T.j
IK
fueron reabsorbidas pasivamente. En cambio, inmersos en otro contexto lingüísti i o, los niños de pecho japoneses de dos o tres meses reproducen fácilmente dichos lonemas, com o sus jóvenes amigos occidentales.
I ojos de ser innata, la razón de existir de la neurona se encuentra fuera del cuerpo.
Se dirá que la función crea el órgano. Esta observación, en apariencia banal, no debe ocultar su alcance: no se trata de una función fisiológica, sino de una función relativa al lenguaje, extracorporal. El sonido posee una materialidad que tiene la misma efi cacia que la actividad para un músculo. Sin embargo, las modalidades de esta efica cia difieren totalmente. Cuando una función crea un órgano (por ejemplo, un mús culo que se atrofia o se hipertrofia según su utilización), un trabajo mecánico va del cuerpo al cuerpo. En el desgaste vocal, por el contrario, la materialidad de los sonidos tiene efecto sobre las neuronas:9 pareciera com o si el lenguaje instrumentase los ner vios y los hiciese prosperar en el mismo sentido que el ejercicio expande la muscula- i ión. Si se hace esta comparación, se debe considerar que las neuronas se comportan como músculos con los sonidos de la lengua. No sobreviven si no hacen su ejercicio con el peso de las palabras: fracasan por más que estén perfectamente “alimentadas” e insertas en la anatomía (y siempre que no sufran ninguna lesión).
Finalmente, en lo que concierne al lenguaje, el desgaste de ciertas neuronas es tri butario de una condición suplementaria. Comparado con otros fenómenos de des gaste, el problema se eleva a la segunda potencia cuando se trata del habla. El soni- ilo de las palabras comporta -a l igual que la visión - una cara sensorial cuyo ejerci cio desarrolla la red sináptica concernida. Pero esta percepción sonora sólo adquie re una significación gracias a un intercambio con el entorno, que reconoce el senti do de las palabras empleadas (sin relación con su sonoridad). En el aprendizaje de una lengua, lo que cuenta es el valor del intercambio de los sonidos, y en este res pecto el m odo de interactividad entre el sujeto que aprende y el que enseña impide emplear el término de “ auto-organización” : los sonidos útiles son, sin duda, selec cionados en función de las capacidades de la audición, al igual que para el modelo de la actividad muscular. Pero la significación de los sonidos depende de un sentido ilado por una instancia exterior: ella rompe el m odelo organicista de la auto-orga nización. Esta ruptura de la autarquía organizacional se distingue del modelo mus cular. El organicismo no puede dar cuenta del modelado de la neurona, porque las únicas sonoridades eficaces son aquellas que significan algo para el O tro."’
9. El lenguaje pone bajo presión el crecimiento del organismo, para parafrasear lo que lacques Mo nod describe en Le Hasard el la Nécessité: “La presión intensa de selección que debía empujar al desarrollo del poder de estimulación y del lenguaje que explícita sus operaciones”.
10. El concepto de Otro define el conjunto de las determinaciones que ayudan al nacimiento de un sujeto. Subsume el deseo de la madre y del padre, pero también las relaciones de esta mujer y este hombre con sus propios padres. Es una noción transgeneracional que será más explicitada en las siguientes páginas.
Sin haberlo buscado, las neurociencias muestran que no solamente el lenguaje posee una materialidad sonora (la física ya lo había probado), sino que además en gendra y alimenta el crecimiento de ciertos conjuntos de neuronas que, sin la mú sica verbal, fracasarían. Puede deducirse que, si no se habla a un niño en absoluto, el desgaste es global: se deteriora. Hasta la aparición del hombre, los sistemas de in
formación fueron innatos. A partir del hombre, el sistema de información que ac tualiza a los otros viene del exterior. En adelante, es innato que no sea innato. ¿Acaso existe un alegato más convincente a favor de la materialidad del lenguaje? Las pala bras parecieran pertenecer a un dominio “espiritual”. ¡Pero no! Ellas comienzan por construir estas neuronas, más tarde irremplazables para la identificación, los apren dizajes y el desarrollo del cuerpo humano.
Ca p í t u l o 2
La so b rem ad u ració n nerviosa
y la herencia filogenética
I.A p r e m a t u r a c i ó n, s im é t r i c a d e u n a s o b r e m a d u r a c i ó n
Al nacer, el sistema nervioso humano está inacabado. La vaina de nervios (la mielinización de los axones) aún va a desarrollarse durante varios meses. Este de lecto acarrea cierto grado de incoordinación motriz.1 La mielinogénesis cortical no se completa antes de la edad de los cinco años, prosiguiendo luego durante décadas. Este retardo neurológico distingue al ser humano de casi todos los animales, funcio nales desde sus primeros días.2 A esta maduración incompleta se añaden la incapa cidad para andar y una proporción relativa de la cabeza y los miembros que impide la autonomía. Estas características imponen la idea de una “prematuración” del ser humano. Pero este término escamotea otra desproporción: el sistema nervioso del hombre está sobredimensionado en relación a sus necesidades fisiológicas. Desde luego, se necesitarán varios meses para acabar el enfundado de las neuronas, y aún muchos otros antes de adquirir una autonomía motriz. Pero estos hechos cuentan menos que la sobredimensión del sistema nervioso.
A la prematuración fisiológica corresponde una sobremaduración neurológica, notable a primera vista: basta con atender a las proporciones de un niño de pecho para comprender que el tamaño de su cerebro no corresponde a la de su organismo. A esta desarmonía corresponde una desproporción del material presente, ya que los
I. Una vez constituido, este enfundado será interrumpido en intervalos regulares por los nudos de Ranvier, particularidad que acelera la propagación del influjo nervioso.
Los pandas, por ejemplo, son una excepción a esta regla.
I iP U ARD l'< íM M I I K
conjuntos de neuronas disponibles al nacer exceden por mucho las que serán em pleadas. El excedente desaparecerá. La exuberancia frondosa de conexiones se vol verá rala, com o si la humanización la desbrozara. La existencia de órganos motores aún inactivos, cuyo funcionamiento habría que prever, no explica la importancia extraordinaria de esta masa nerviosa dispuesta a ser empleada. Ocurre más bien lo contrario, ¡el cuerpo humano no es muy competente! Las capacidades de integra ción neurológica sobrepasan las aptitudes fisiológicas. Por ser “orgánico”, este exceso no corresponde a futuras funciones orgánicas: queda a la espera de lo que va a venir a activarlo desde el exterior. La sobrepoblación de neuronas llama a una conexión hacia fuera sin la cual fracasa. El lenguaje actualiza este exceso cuantitativo.
La sobremaduración corresponde a una inversión de la distribución de informa ción entre el interior y el exterior: sin su conexión externa, el organismo no sobrevive a la degeneración de este excedente aparente. Para disponer de una metáfora adapta da a esta particularidad humana, sería necesario trastocar el concepto de neotenia.’ Según la tesis neoténica, el hombre no sería más que un chimpancé muy disminuido: las neuronas de este fracasado habrían trabajado por cuatro para subsanar su retar do. La debilidad (y no el lenguaje) sería entonces la causa de la humanización. ¡Pero ocurre todo lo contrario! Es de sobremaduración que conviene hablar. ¡La neotenia quiere dar cuenta de la necesidad de una adaptación a causa de una fragilidad, mien tras que la sobredimensión neurológica potencia un progreso constante!
Puede considerarse el lugar del sistema nervioso de los humanos en la escala de los seres vivientes desde el punto de vista de su incremento cuantitativo.4 También puede notarse que el porcentaje del volumen del cerebro humano se multiplica por cuatro en el transcurso de su crecimiento. Pero, si uno se contenta con evaluar estos datos, se oblitera lo más importante: en el hombre, las nueve décimas partes de las conexiones no están aún instauradas cuando viene al mundo. La sobremaduración es innata, pero las conexiones sinápticas no lo son. No solamente una sobremadura ción espera ser valorizada, sino que además sus enormes potencialidades no progra man ninguna actividad precisa. Su devenir depende de la cultura que la potencia.’ La hominización del cerebro no resulta de un simple incremento cuantitativo, com o si cien mil millones de neuronas hiciesen la diferencia con los monos. En efec to, esta superioridad solamente depende de una reducida diferencia genética (entre el hombre y el chimpancé, el 2% del conjunto del genoma). En realidad, esta
dife-3. 1.a tesis neoténica sostenida por líe Beer postula una prematuración del ser humano: éste no po dría sobrevivir sin unos esfuerzos de adaptación inmensos que finalmente asegurarían su supe rioridad.
4. A! nacer, el cerebro de un macaco representa el 65% de su tamaño adulto. Esta proporción dis minuye a 40% en el chimpancé, 30 % en el australopiteco, y, finalmente, 23°/» en el hombre. 5. Los aprendizajes no corresponden a la "epigénesis”, término que los neurofisiólogos prefieren em
plear. Este término tiene el inconveniente de emparejarse con los genes, los cuales (listamente no tienen ninguna relación con este proceso.
2 2
Co m o l a sn k d k o c i k n c i a sd u m u k s t i i a n i;i p s i c o a n á l i s i s
inicia cuantitativa sólo se vuelve funcional con la condición de una diferencia cua- litativa previa: un nuevo sistema de información que genera enseguida un aumen to de la masa neuronal, con sus localizaciones hemisféricas disimétricas y un cór lex prefrontal sobredimensionado. A esta diferencia macroscópica se añaden distin- t iones a nivel celular. Por ejemplo, las células piramidales" son más numerosas en el neo-córtex humano, y sobre todo presentan la particularidad de asociarse según i onexiones córtico-corticales. El número de fibras que se proyectan hacia los estra
t o s subcorticales es mucho menor. Este tipo de conexión lateral, necesaria para el
ti atamiento de la información, refleja la importancia de las relaciones significantes humanas, que forman un mundo por sí solas. El córtex asociativo representa cer-
úi del 90% del córtex humano. Para una información proveniente del exterior, una carpeta de información córtico-cortical nueve veces más voluminoso está abierta y, en estas condiciones, la realidad psíquica prevalece sobre lo real. Las conexiones de esta “ neo-realidad” con el mundo “ real” se vuelven en cierto m odo secundarias, y asintóticas. Las informaciones de las interconexiones de la superficie poseen un gradiente de verdad superior a aquellas que vienen de las aferencias subcorticales del otro mundo “ real”.7 La diferencia cualitativa que distingue al hombre del animal no se encuentra en el cuerpo en sí mismo, y el “ psiquismo” se apoya primero sobre esta diferencia. Por “ psiquismo” se entiende, en principio, la inmensidad del mun do onírico de los bebés de pecho, que sueñan muchas horas por día. No consagran lo esencial de sus vidas a la percepción, sino a su mundo privado. Este psiquismo de icpresentaciones-cosa será relevado por las representaciones-palabra del lenguaje.
El sistema nervioso central del ser humano está sobredimensionado en relación ,il organismo, porque de antemano está provisto de una función que no es ni m o lí i/ ni sensitiva: la del lenguaje. En efecto, la masa neuronal supernumeraria no tie ne un programa preestablecido. La gimnástica impuesta por la construcción sig nificante, y sobre todo los aprendizajes que dirige, utilizan una sobremaduración enorme no contactada que deja el campo libre no sólo a la capacidad de compren der y de hablar, sino a la de obrar en consecuencia. El ser humano hereda una can- lidad supernumeraria de neuronas no conectadas, y esto con anticipación al inves timiento en sistema de comunicación que las adquisiciones relativas al lenguaje y
s u s consecuencias van a provocar.
Última característica fisiológica de la sobremaduración: el incremento de co nexiones. Los músculos estriados se incrementan en proporción al ejercicio, pero
(i Las células piramidales, que deben su nombre a su forma característica, está ubicadas en la su perficie del cerebro. Ramón y Cajal las denominó “células psíquicas”, demostrando una intuición sorprendente.
7, Por ejemplo, tuvieron que pasar milenios para que el hombre concediera que el universo no esta ba animado por Espíritus. Por otra parte, no es seguro que se haya liberado de esta creencia ver daderamente.
C iF.KA K I) F O M M I I U
sus conexiones permanecen inmutables. El sistema nervioso también crece en fun ción de un trabajo suplementario, pero además posee una cualidad única: el núme ro de sus conexiones se incrementa, y esto no importa a qué edad de la vida. Las ca pacidades fisiológicas pueden aumentar cuantitativamente, mientras que las capa cidades neurológicas pueden incrementarse no solamente cuantitativamente, sino también cualitativamente.
Fl e x ib il i d a dy c r e c i m i e n t o, c u a l id a d e s d e l a s o b r e m a d u r a c i ó n
La hipótesis de una sobremaduración requiere tres condiciones: que el siste ma nervioso no esté conectado al nacer, que pueda incrementarse en el transcur so de la existencia, y que este aumento sea transmisible. Las investigaciones actua les muestran una gran plasticidad del sistema nervioso, que no se compara con el crecimiento relativamente programado de los otros tejidos. Único en su género, el tejido neuronal se modifica durante toda la vida. La flexibilidad del tejido nervio so en el transcurso de la vida embrionaria es conocida mejor hoy en día.8 El siste ma nervioso crece a petición.
En el pasado, el sistema nervioso tuvo una reputación de rigidez: se pensaba que una neurona destruida no se reemplazaba, que al cableado le faltaba flexibilidad y que la degeneración comenzaba muy pronto. ¡No ocurre nada de eso! En realidad, nuevas neuronas aparecen mucho después del nacimiento, en particular en las áreas cruciales para el aprendizaje y la memoria. La hipótesis de un cerebro adulto sin neurogénesis y presa de una degeneración constante ya no es pertinente.9 Contra riamente a su reputación de inmutabilidad, y según Alain Prochiantz:10 “Todos los días se desarrollan nuevas fibras nerviosas, se deshacen sinapsis y se forman otras
8. La diferenciación de los embriones se lleva a cabo a partir de puntos organizadores: cuando las cé lulas inician una especialización, sus vecinas buscan imitarlas. Lo mismo sucede en las mini-redes de neuronas: cuando un acontecimiento confiere a una de ellas la arquitectura de cierta función, la mini-red vecina la copia, de modo que se constituye un conjunto de neuronas con una funcio nalidad determinada. Este mecanismo de inducción neural, puesto en evidencia en 1930 por Hans Spemann, es activado por un neurotransmisor químico, por un simple contacto. También se desta ca, durante el desarrollo embrionario, el fenómeno de muerte neuronal: del 10 al 80% de las neu ronas mueren, según las regiones, en el transcurso de la embriogénesis cerebral. Esta muerte de las neuronas resultaría de una selección epigenética. Durante el desarrollo del embrión, los efec tos de la inducción son reversibles por algún tiempo, luego se vuelven irreversibles.
9. Véase I. Rosenfield, Ülnvention de la métnoire, Paris, Flammarion, 1994. Esta flexibilidad fue estu diada primero en los animales. Robert Sperry, conocido especialmente por sus trabajos sobre el
split brain, trabajó antes sobre la plasticidad del sistema nervioso, más grande que la de los otros
tejidos: por ejemplo, experimentó las transferencias de aprendizaje de un lado al otro del cere bro de los peces, o las duplicaciones de los sistemas mnésicos en los gatos y los monos.
10. La Construction da cerveau, op. en.
2 4
Có m o ia sn i í u r o c i i-.n c.i a sd k m u h s t k a n ii p s i c o a n á l i s i s
nuevas”. Asimismo: “ ( ...) algunos factores de crecimiento que aseguran la madu tación de neuronas siguen estando presentes en el organismo adulto igualmente, ilondc están implicados en el mantenimiento y la plasticidad del sistema nervioso” 1'
I sle autor observa también que: “ En sus detalles, el desarrollo cerebral no obedece .i ningún automatismo, a ninguna fatalidad (más que a la del ambiente sensorial, •i lectivo o cultural)”. Hoy en día, las imágenes de diagnóstico médico muestran una neurona viva y más plástica que cualquier otra célula, y áreas cerebrales de la ma- yor plasticidad. El cerebro se modifica permanentemente bajo el efecto de las exci- Itu iones recibidas.12
(Cuando algunos niños sufren de algunas anomalías congénitas, si la función de- lu lente se vuelve efectiva después de una operación, el área cortical correspondien le crece en el cerebro. Por ejemplo, los niños que sufren de sindactilia nacen con los dedos empalmados. Cuando estas malformaciones son operadas, las manos reco- | >■ ,in su funcionalidad y los territorios corticales se desarrollan en algunas semanas en los sitios aferentes de los diferentes dedos. Las imágenes de diagnóstico médico muestran, en promedio veinticuatro horas después de la operación, una distinción metical de las representaciones del pulgar y el índice.13
A medida que se acumulan más experiencias, más se comprueba que, en la pri mera infancia, pareciera com o si no existiese ninguna distribución innata de las ,u cas cerebrales: ellas son utilizadas por la primera función que las ocupe. Más aún, l.is zonas corticales del adulto ya no están más reservadas estrictamente: las neuro- n.is pueden reconectarse según las circunstancias, modificar sus funciones e inter- i .nublarlas.14 Se pueden observar resultados incluso luego del condicionamiento de un,) sola neurona.15 A la plasticidad del sistema nervioso, confirmada a partir de los li.ibajos de Eric Kandel, recientemente premio Nobel de medicina, se añade una p.u licularidad excepcional de este tejido. Al contrario de los otros sistemas, el apa- i ,iio nervioso conserva las capacidades de desarrollo del embrión a lo largo de toda
II Ibiil., p. 67.
I P u r a efectuar el misino gesto mental, dos individuos apelan a conjuntos de neuronas diferentes. I )e la misma manera, un individuo no recurre a los mismos grupos de neuronas según las épocas de su vida. Las actividades ejercidas modifican la estructura del cerebro, que presenta una gran variabilidad y una plasticidad intensa.
I V Véase B. Renault, L. Carnero, “L’exploration du cortex par son activité électromagnétique”, Pour
la si ience, 302, décembre 2002.
II I II {uman Brain Project del Nacional Institute of Mental Health (Estados Unidos) se propone es tablecer un mapa del cerebro a partir de las investigaciones de H. Eox, profesor de neurología en el I le.ilth Science Center de la universidad de Texas, y de Jack L. Lancaster, responsable del diagnósti- in por imágenes biomédico del Research Imaging Center of San Antonio, todavía inacabada, esta . .litografía ya muestra que cada uno posee su propio cerebro, que no se parece ni siquiera al de su hermano, aunque fuese un verdadero gemelo. Los cerebros humanos difieren desde el nacimten lo, mucho más que el rostro o las huellas digitales, y sus divergencias se acentúan con la edad. 11 Véase especialmente J. C. Eccles, Évolution du cerveau et création de la conscience, Paris, Fayard, 1992.
< ll KAKI * IJIIM M II K
la vida.1" Múltiples experimentos muestran que el medio y los aprendizajes modi fican las neuronas. Varios equipos de neurofisiólogos constataron que, cuando los ratones son sometidos a ciertos ejercicios, esta gimnástica conlleva una madura ción de las capacidades neuronales correspondientes, y sobre todo un incremento del número de células.17
¿Es T R A N S M IS IB L E EL IN C R E M E N T O N E U R O N A L ?
Un último problema permanece irresuelto: ¿se transmite el incremento de las ad quisiciones neuronales a la generación siguiente? La herencia de los excedentes no fue probada aún. Pero, ¿acaso no existen fuertes presunciones de ella? Si se conside ra a los humanos después de un siglo, su tamaño y su peso se incrementan regular mente de una generación a la otra, y esta progresión se transmite (yo soy más gran de que mi padre, y más pequeño que mi hijo). ¿Por qué no ocurriría lo mismo con el tejido nervioso, por lo demás tan flexible y adaptable cualitativamente y en sus co nexiones? Tal argumento no supone una modificación genética: simplemente pone al tejido nervioso a la altura de lo que se espera de él. El fenómeno de desgaste hace pensar que el incremento cuantitativo del sistema nervioso se transmite. Si al nacer existen células que podrían ser utilizadas, y que se deterioran si 1 1 0 lo son, es porque son heredadas de generaciones anteriores que han legado esa reserva supernumera ria. El desgaste demuestra que el incremento cuantitativo de la reserva neuronal se transmite hereditariamente. Cada generación hereda un material neurológico pro porcionalmente más importante que sus capacidades fisiológicas en conjunto, las cuales no tienen que responder por este incremento y permanecen inmutables.
Nacemos más grandes que aquello nos volvemos. El cerebro del niño de pecho se prepara para eventualidades que nunca se presentarán. ¿Por qué tal exceso de
neu-16. “ Una de las grandes innovaciones de los vertebrados es haber conservado un sistema nervioso embrionario en el adulto”. Así, la epigénesis ( ...) es 1111 proceso de adaptación que prosigue du rante toda la vida” (Alain Prochiantz, “I.e développement et l’évolution du systéme nerveux”, in
Y. Michaux (dir.), Le Cerveau, le langage, le sens, Paris, Odile Jacob, 2002, p. 33). “ El desarrollo embrionario prosigue, pues, en forma silenciosa en el adulto por la generación de nuevas células raíces que migrarán, se diferenciarán y se insertarán en las nuevas redes neuronales, desde el na cimiento hasta la muerte” llbui., p. 35).
17. Véase el artículo de N. Toni el al. (“ LTP Promotes Formation of Múltiple Spine Synapses Bet ween a Single Axon Terminal and a Dendrite”, Nalure, 402, 1999, p. 421-425), que va más lejos que los trabajos ya conocidos del equipo de Dominique Muller (Génova). Algunas neuronas de rata hiperest i muladas presentan una red mucho más rica y enmarañada que la de una rata poco estimulada. Una enzima, la CAM-Kinasa, es activada a nivel de lassinapsis durante potencializa ciones a largo plazo. Implica la duplicación de las sinapsis de algunas neuronas, un incremento de su numero y una complejización de sus enmarañamientos. F.stas experiencias realizadas con ratones muestran un incremento neuronal.
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Co m o i,a sn i s u r o c i i í n c i a su k m u k s t k a n w k s i c o a n a iis is
roñas? Quizá porque los aprendizajes, los ejercicios concretos de inteligencia y la so- Itic ion de nuevos problemas no son los únicos que engendran una proliferación si- uaplica y el nacimiento de nuevas conexiones. Quizá la actividad onírica desembo- 1 . 1 en el mismo resultado: después de todo, los sueños son una experiencia, al igual que los aprendizajes. ¿Por qué no engendrarían ellos también una proliferación de .1 sones? Así, se comprendería por qué los conjuntos de neuronas poseen tal exce dente al nacer, com o si los millares de sueños que son los exploradores de una vida también hubiesen engendrado su propia proliferación neuronal, su jungla de den- di ilas y conexiones. Sobre la pantalla en blanco de sus neuronas, cada hombre debe hacer sus propios sueños.
¿( T A I ES EL APARATO DE LA HERENCIA FILOGFNETICA?
Si la proliferación de la masa neuronal se transmite, termina representando una
herencia Jilogenética, porque, ¿cóm o comprender de otro m odo el nacimiento de un
m i humano provisto de un sistema nervioso central sobredimensionado en relación a las capacidades de su cuerpo? Cuando, en Moisés y la religión m onoteísta, Preud evoca una herencia filogenética, escribe: “ La subrogación simbólica de un asunto por otro - l o mismo vale en el caso de los desempeños— es cosa corriente, por asi decir natural, en todos nuestros niños. No podemos pesquisarles cóm o la aprendieron, y en muchos casos tenemos que admitir que un aprendizaje fue imposible."1 ¿Cómo 1 omprender esta explicación por la “ filogénesis”, a la que Freud hubo recurrido con
liecuencia para dar cuenta de ciertos aspectos de la transmisión cultural?
¿Qué índices se poseen de este “ tesoro filogenético”, sino esta masa de neuronas supernumerarias que exceden las necesidades fisiológicas? Pero, para que estas neu- 1 unas tomen vida y se animen, es necesario que escuchen la música de las frases: bas ta con que los niños balbuceen y comiencen a jugar con los sonidos para que ense guida se orienten en la arquitectura sintáctica interna de la herencia cultural, que hace proliferar este paquete de nervios y esta maleza de axones en barbecho. De esto se deduce que el “ tesoro filogenético” es incomprensible si se consideran
únicamen-18 S. Freud, “ Moisés y la religión monoteísta”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorroriu, vol. XXIV, 1988. Asimismo: “ Entretanto, la investigación analítica arrojó algunos resultados que nos dan que pensar. Tenemos, en primer término, la universalidad del simbolismo del lenguaje". Igual mente, se lee en la misma página: “Además, el simbolismo se abre paso por encima de la diversidad de las lenguas; si se emprendieran indagaciones, probablemente su resultado seria que es ubicuo, el mismo en todos los pueblos. Al parecer, pues, estaríamos frente a un caso seguro de herencia arcaica, del tiempo en que se desarrolló el lenguaje. Sin embargo, se podria ensayar otra explica ción. En efecto, acaso alguien diría que se trata de unos vínculos cognitivos entre representacio nes, establecidos durante el desarrollo histórico del lenguaje, y que ahora no podrían menos que ser repetidos cada vez que un individuo recorre su desarrollo lingüístico”.
GP.UARD P o M M IflI
te las neuronas o el lenguaje. Es necesario relacionar estas dos mitades, la una con la otra. F,1 excedente de neuronas es actualizado por la gramática, los símbolos y las palabras que moldean. Este bagaje relativo al lenguaje parece encontrarse en el exte rior, com o una especie de bolsa de herramientas que hay que recoger y utilizar. Pero recogerla implica hacer de ella una parte del cuerpo, porque de inmediato toma p o sesión de los axones supernumerarios, a los que considera com o su hogar.
Desde el nacimiento, esta herencia no se enrosca sobre la espiral de un crom o soma, porque no es pasiva. ¡Basta con ver crecer un niño para constatar que el pe queño diablo no está hecho de aquélla cera blanda y maleable, tan cara a Locke y Condillac! No, el diablillo se desenvuelve activamente, ¡con otra cosa que aquello que se le enseña! Desde el comienzo, posee un material propio: la brújula y el sex tante, pero también el timón, las velas y todo lo necesario para que la embarcación avance, incluso con viento en contra, con tal que sople. Con tal que sople el habla. Esta herencia filogenética da más de lo que cualquiera pueda gastar. Es más gran de que el legado de cada cultura, porque el bosque de axones en espera podría re cibir todas las lenguas sin excepción. Un niño de pecho ama a la humanidad en tera. El acto ligero que gramaticaliza la música vocal transforma la materia sono ra inerte en un instrumento de conquista del mundo. Quien haya sabido dominar bien pronto una cosa tan salvaje com o la voz, igualmente sabrá domesticar el mun do que esta voz nombra.
ÍNDICES DE LA HERENCIA FILOGENÉTICA
Si existe una transmisión filogenética, debe encontrarse su marca en dos pun tos: por una parte, del lado del sistema nervioso, com o lo muestra la sobremadu ración. Y, por otra parte, en la lengua misma. Una memoria filogenética, ¿se trans mite al mismo tiempo que la sintaxis, que ordena las palabras en frases? El estudio comparado de gramáticas verificó la hipótesis de los gramáticos de Port-Royal, ami gos de Descartes: las reglas de la sintaxis son universales y, a la vez, atemporales. En este sentido, la gramática no lleva la marca de la herencia filogenética de un pueblo en particular, sino que vale para todos los seres hablantes. En la vida de una lengua, sin embargo, se puede notar una simplificación de las reglas que, en sus principios, permanecen idénticas. Por ejemplo, se destaca la mayor complejidad gramatical de las lenguas antiguas y de las lenguas “ madres”, que se simplifican a medida que en gendran nuevos dialectos. No se trata de una especie de degeneración de la lengua, dado que se aplican las mismas reglas, aunque de manera flexibilizada.
Esta simplificación puede ponerse en paralelo con una evolución religiosa que, de manera universal, conduce desde el animismo al totemismo, y del totemismo al
Co m o l a sn k u k o c i i í n c i a si i l m u k s t u a n u i, p s ic o a n á l is is
monoteísmo. El animismo de las múltiples religiones individuales se simplifica cuan do reagrupa un número más grande de familias, de clanes, de tribus, y se globaliza más aún cuando las religiones pretenden hablar en nombre de la humanidad ente- i ,i I o s exorcismos y los ritos privados se simplifican en este trayecto. Ahora bien, existe una relación entre los usos religiosos y los m odos de hablar. Existen reglas y
lubúes que presiden lo que se dice y lo que no se dice.
I a relación entre las reglas del totemismo y el uso de la lengua aún se observa en algunas tribus amazónicas. Cuando el jefe muere, no se deben pronunciar palabras que evoquen su tótem durante cierto tiempo. Así, la lengua es modificada por los liaumatismos psíquicos de los que guarda memoria. Estas modificaciones lingüís- licas se regulan al mismo tiempo que las prescripciones relativas a los intercambios matrimoniales.19 Así, la estructura de la lengua se encuentra regida al mismo tiempo por los ritos mortuorios y matrimoniales, que se vuelven complejos en pocas gene- i ai iones. Esta estructura se simplifica conforme a la evolución de las leyes del tote mismo, y aún más cuando evoluciona del totemismo al monoteísmo.
lom em os otro ejemplo, relativo a la transmisión de un estilo. Los sinólogos y los especialistas en literatura china señalaron una característica de la retórica chi na: el uso de la “ vía indirecta”.20 Conviene no evocar directamente aquello de lo que se quiere hablar, sino emplear ciertas fórmulas, metáforas y digresiones destinadas ,i decir sin decir. Por supuesto, lo propio del habla es permanecer aproximativa y acumular rodeos para describir un objeto. Pero los letrados chinos empujaron este arte más lejos que cualquier otra civilización, hasta el punto de que una novela a veces concluye dando la impresión de que aún no ha comenzado. Este estilo espe- i lal afecta por igual a la realización del caligrama chino, conciso e inmutable desde hace milenios. Quizá haya que atribuir a la naturaleza de la escritura china este gus to por la “ vía indirecta” y el rodeo: el caligrama, contrariamente a la escritura alfa bética, conserva una potencialidad pictórica y, en consecuencia, pulsional, que exi ge tener cuidado y usarla únicamente con precaución (ocurre lo mismo con los je roglíficos egipcios, cuyo uso se exigía en toda clase de rituales).21 El gesto que traza la letra adquiere por sí mismo un valor de encantamiento. El estilo traduce silencio samente una determinada relación con el mundo.
Para concluir, se evocarán algunos ejemplos donde la marca de la historia es le gible en el habla. Algunas lenguas llevan marcas directas de violencias sufridas por
19. Véase L’Anihropologie structurale (Paris, Plon, 1958), de Claude Lévi-Strauss, donde se describen las leyes puntillosas que presidían, hasta hace poco aún, el intercambio de mujeres en esas tribus. ¿0. Véase R. Lanselle,“Sur le mode de l’indirect: d’un art chinois de la lecture”, in T. Marchaisse (éd.),
Dépayser la pensée. Dialogues hétérotopiques avec Franfois lullien sur son usage philosophique de la
Chine, Paris, Les Empécheurs de penser en rond, 2003, p. 171-210.
21. El escriba, que era parte de la jerarquía religiosa, debía librarse a toda clase de actos propiciato rios antes de escribir. El ka (“espíritu” ) de algunos letrados demandaba, en efecto, precaucio nes particulares.
Cifl(ARI) PoMMII-K
el pueblo que las habla, y estos monumentos traumáticos influyen en su cultura. Las grandes migraciones de poblaciones de los siglos pasados significaron impactos psíquicos para aquellos que dejaban su país, aún cuando lo hacían con un espíritu de conquista. En Quebec, e incluso hoy en día en Luisiana, el francés ha conserva do la forma del siglo XVIII, fijado por el abandono de la madre patria. En los Esta dos Unidos, muchas comunidades de Nueva Inglaterra continúan no solamente ha blando la lengua del exilio, sino también llevando las vestimentas y plegándose a las costumbres de aquellos tiempos, com o si todo se hubiese detenido con el desarrai go. Los españoles que colonizaron América del Sur aún hablan, en algunos países, la lengua del exilio. Muchos giros lingüísticos, com o el empleo de vos (para decir tú), todavía prevalecen en Argentina, com o en el siglo XVIII. En este mismo país, una in terpelación afectuosa: Che, que corresponde al tú (en el caso de “Pues dim e, tú ... ”), es de uso corriente.22 ¿De dónde proviene? Era utilizada para decir tú por los indios guaraníes que habitaban la Argentina antes de la llegada de los inmigrantes. Fueron vencidos, sino completamente exterminados. La interpelación afectuosa Che evoca el tiempo detenido de la masacre. Los españoles matan a los guaraníes y luego di cen tú del mismo m odo que ellos. El lugar del origen, conquistado sobre el enemi go, permaneció com o el de la mayor familiaridad: la del tuteo.
En la España de Isabel la Católica, la expulsión violenta de los judíos y de los mu sulmanes fue acompañada por muchas fijaciones lingüísticas. Los judíos sefardíes, en exilio en el contorno del Mediterráneo, continúan, aún hoy, hablando en ladino, una lengua castellana conform e a la de aquella época. En la misma época, mientras que a fuerza de armas los moros eran cazados en España, la lengua castellana inte gró sonoridades verbales tomadas del enemigo. El dulce sonido [j] se transformó en una especie de [r] gutural, la jota, que debe mucho a una sonoridad arábiga. La lengua de estos ocupantes musulmanes, que finalmente habían gobernado con to lerancia durante mucho siglos una gran civilización “judeo-islamo-cristiana”, deja ba así la marca del vencido en el castellano. De manera significativa, el latino de los sefardíes no pronuncia la jota, dado que el exilio de los judíos antecedió a la inte gración de esta sonoridad al castellano. Sin duda, estos pocos ejemplos son simple mente alusivos. No obstante, indican que una lengua transporta la historia de quie nes la hablan, com o el testimonio ciego de sus traumatismos.
22. Ella sirvió de sobrenombre al argentino “Che” Guevara.
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Ca p ít u l o 3
¿Hay u n piloto en el avión?
El sujeto de los aprendizajes
I >1 I.A IMITACIÓN A LA IDENTIFICACIÓN
El niño de pecho imita ciertas mímicas de los adultos: es al otro a quien ve an tes que a sí mismo.1 Quizá esta imitación ya da forma al organismo en alguna me dula.2 Más tarde, cuando comienza a jugar con los sonidos, el niño los articula si guiendo los movimientos del rostro familiar que le habla y que ya sabe imitar. Bal buceará tanto más rápido si se balbucea y se canturrea con él. Al principio, los pri meros balbuceos no designan ningún objeto en particular, y su significación es sola mente la de una expresividad que acompaña la presencia de alguien. Antes de enun- i lar frases comprensibles, un niño pronuncia pseudo-frases que no quieren decir nada. ¿Para qué sirven? Ponen en acto lo que es primero, es decir, el sujeto de una enunciación (independientemente de lo que signifique). Mientras que la significa- i ion de las palabras le es incierta, el niño hace com o si hablara. La imitación sirve de rampa de lanzamiento. Pero, al imitar fielmente, el acto elocutivo va más lejos y traiciona lo que imita. Se desdobla bruscamente, porque de repente la voz permite hacer mucho más que imitar. Un rostro que imita al otro lo duplica, y eso es todo. Pero, cuando una voz imita la melodía de una voz, sabe fabricar enseguida una me lodía que ya no es imitativa. El imitador se embarca en su propia máquina vocal: el
1. 1 lenri Wallon considera que ciertos actos “primeros” no corresponden a ningún aprendizaje: es lo que sucede con el hecho de chupar, de seguir un objeto con mirada, de acercar la mano a este objeto o incluso de imitar las mímicas de un adulto. Pero en este conjunto de hechos verificables, existe una profunda heterogeneidad: el acto de imitar aliena en primer lugar al niño de pecho al deseo del Otro. ;EI resto se sigue!
2, A veces sucede que los niños adoptados se parecen mucho a sus padres adoptivos.