D esencuentros de la ciencia y de su sujeto
22. Freud evoca esta negación por medio del llanto en el Proyecto Desarrolla el mismo punto de vista
en La negación, al mostrar cómo el rechazo de las pulsiones encamina el juicio y el pensamiento.
C iK K A H I) lJi I M M I I 'K
com pleto a su organismo, del cual permanece separado por el espesor del lenguaje. Iguales a sí mismos, los animales son más libres que los hombres.23
¿Existe alguna otra libertad que la de negar los deterninismos? Este problema no tiene salida sin el concepto de sobredeterminación. Muchos filósofos evalúan mal la diferencia entre determinación y sobredeterminación.24 Los filósofos de la conciencia consideran a la conciencia intencional com o una trascendencia: no per tenece al mundo, puesto que lo constituye. Para ellos, el sujeto de la conciencia se localiza en el exterior de aquello de lo que él es consciente. Desde Kant (y filósofo tras filósofo), el sujeto trascendental afirma contra la evidencia la gratuidad de la libertad (aunque tenga un precio). El Ego trascendental (que designa aquello que escapa a la experiencia, pero que permite su realización) no sabría obedecer a las leyes de la causalidad: no se lo puede estudiar con los métodos de las ciencias de la naturaleza, y resiste al determinismo psíquico, a la desviación objetivista que, se gún Husserl, habría sido el “ fatal error de apreciación” de Freud. Si el sujeto estu viese determinado, sería un objeto, y no se podría hablar de sujeto ni de sujeto de la conciencia.
¡Pero Freud nunca habló de determinismo inconsciente! Por el contrario, intro dujo el concepto de sobredeterminación.25 Sobredeterminación no significa una cau salidad múltiple, sino una causación que contiene en su interior su propia contra dicción. Es, por ejemplo, el caso del trauma sexual que se produce cuando el amor genera el miedo de ser violado (o violada) por la persona amada. La causalidad de un síntoma resulta de determinismos contradictorios que, tomados por separado, no explican nada. Es por eso que no se lo puede curar por m edio de explicaciones. La libertad sólo comienza con determinaciones tan contradictorias entre sí que obli gan al sujeto a elegir. Esta libertad forzada y paradojal del hombre reconoce al mis m o tiempo su alienación. El inconsciente funciona con la sobredeterminación, que obliga al sujeto a elegir entre varias posibilidades. La causalidad y la libertad son así igualmente inevitables. Es, por lo demás, dar cuenta de la experiencia: el sujeto no solamente sabe reaccionar, sino que actúa. Lejos de ser pasivo, este diablo bueno y pequeño, a pesar de todo, se encuentra en el puesto de mando tanto de lo conscien te com o de lo inconsciente. Fabrica su prisión con la llave de la contradicción.
23. Auguste Compte evoca “ la espontaneidad animal que consiste sobre todo en estar determinado por motivos interiores” (Systéme de potinque positive, op. al.,1.1, p. 578-580). Sin duda, es a cau sa de esta plenitud que las religiones politeístas los presentan como dioses.
24. La sobredeterminación difiere de las determinaciones. Por otra parte, a causa del enigma que ella plantea, los hombres se lanzan a la búsqueda de las determinaciones. Esta causalidad subjetiva en verdad los desconcierta: les gustaría liberase de la responsabilidad que implica, que los hace sen tir culpables de casi todo lo que les sucede, incluso cuando no lo son en absoluto.
25. Freud introdujo el concepto de sobredeterminación en la Traumdeutung, cuando pareció nece sario salir de la lógica aristotélica para desenredar el nudo formado por varios hilos de pensa mientos contradictorios a menudo producidos por una sola imagen del sueño
C o m o ia s N K U K o u t t N U A S d h m u h s t r a n r:i p s i c o a n á l i s i s
Por consiguiente, su libertad se afirma en dos tiempos: por una parte, gracias a la negación, y, por otra parte, gracias a la elección que califica su libertad forzada. El acto de decir no da inicio a una libertad que permanece entrampada en aquello con tra lo que el sujeto lucha. Ya no es el mismo caso cuando hay que elegir. No obstante, dicha sobredeterminación no se libera de la causalidad, puesto que se decide a partir de las determinaciones. Por lo tanto, se trata de una libertad relativa, y sin embargo entera. El sujeto no reniega de los determinismos (¿cómo podría?), sino que entre dos términos será elegido uno, mientras que el otro persistirá en forma denegada. A una causalidad contradictoria el sujeto opone una denegación: no se somete a los determinismos, que, sin embargo, su rebelión reconoce a través de la denegación. Por ejemplo, el padre es a la vez amado y odiado. Si el sujeto elige conscientemente el amor, la parte odiada volverá a salir a la superficie en la forma de un objeto fóbico, presentación denegada del odio del padre. La denegación mantiene la contradicción al realizar una elección: es el índice gramatical de la sobredeterminación.
Se habría podido pensar que los juegos son jugados desde la infancia y que, cuan do el sujeto actúa alegremente, la libertad es solamente el afecto eufórico de su incons ciente. Esta libertad se vuelve menos divertida cuando corresponde a una elección. La subjetividad renueva así el problema de la causalidad y el determinismo. Las deter minaciones psíquicas son dialécticamente contradictorias (a diferencia de las deter minaciones naturales) y lo que causa el deseo humano no se sitúa en el orden de una respuesta a aquello que se encontraría inscrito desde siempre, sino, por el contrario, en una innovación más allá de toda determinación. Esta diferencia entre una causali dad siempre futura del sujeto y los determinismos sitúa al psicoanálisis en relación a otras ciencias. Naturalmente, en calidad de ciencia, el psicoanálisis trata de determi nismos: ¡pero el sujeto humano no quiere estos determinismos que reprime! Actúa, y lo que reprime al mismo tiempo causa un deseo que lo llama delante de él.
En oposición a las tesis del hombre máquina, los sensualistas comparaban el ce rebro con un mármol en bruto esculpido por una mano exterior. No obstante, esta metáfora poética olvida la sobredeterminación subjetiva: ya que apenas el mármol comienza a ser modelado, éste se anima, entra él mismo en escena, se despliega, ac túa, hasta el punto que su actividad dispone de otro m odo el plan pretendido para él, es decir, las determinaciones. El sujeto dice no a aquello que lo determina, a esta mano de escultor que ama y de la que reniega. El mármol toma forma por efecto de este amor renegado. La estructura psíquica procede de la manera en que un sujeto dice no al deseo del Otro. Estas modalidades de la negación en relación al determi nismo se resumen en la represión para las neurosis, la desmentida para las perver siones y la forclusión para las psicosis. El sujeto mismo es más grande que las coac ciones a las que resiste. N o se reduce a ninguna determinación. En efecto, com o amo de la negación, antecede forzosamente a aquello en lo que se encuentra com prom e tido. Sin esta libertad del sujeto, el psicoanálisis no tendría ningún sentido y, com o
mucho, constituiría un ejercicio reeducativo sin esperanza. Por el contrario, tiene un sentido gracias a esta libre posición del sujeto, que regula una estructura a la cual escapa: la cura psicoanalítica resulta útil a aquello que la rebasa.
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