Hasta aquí, nuestro amigo neurofisiólogo nos ha seguido fácilmente, pero ahora vamos a pedirle que confíe en nosotros por un momento. No creemos más que él en los “ fantasmas”, y le proponem os una tesis que da cuenta de ello. Así, adherimos al método hipotético deductivo según el cual somos conducidos a elaborar cierta hi pótesis para dar cuenta de hechos que él puede verificar al igual que nosotros. Por otra parte, también nosotros dudábamos de estas hipótesis que la neurofisiología corrobora hoy en día. Ereud mismo siempre consideró a la teoría de las pulsiones como el mito científico del psicoanálisis: hoy sale de su indeterminación.
El “c u e r p o p s íq u i c o” i m p u l s a e lc r e c i m i e n t o d e lc u e r p o
Se podría creer que las áreas corticales superponen dos territorios distintos: por un lado, el organismo y, por el otro, el cuerpo psíquico, cada uno dirigiendo sus pro- lúas actividades, con algunas interferencias ocasionales. Así, la mecánica orgánica avanzaría de forma lenta pero segura en el camino de su pequeño hombrecito,1 no sin experimentar, llegado el caso, algunos problemas a causa de las elucubraciones mentales de su compañero de ruta. Pero un fenómeno com o el desgaste tiende más bien a probar que el cuerpo psíquico antecede y modela al organismo. Sus exigencias insatisfechas empujan a hablar, a ponerse de pie, a realizar sueños que nos anteceden y de los que somos los niños a cada instante. Tirado hacia delante por un deseo que le antecede, el cuerpo crece y se humaniza: el crecimiento de un niño procede de lo
1. [En francés: suivre son pclil bonhomtne de chemiti. Expresión que significa “avanzar lentamen te pero con seguridad”, y que en este caso además juega con la figura del “pequeño hombrecito” que se dibuja en los esquemas del cerebro. N. de los T.)
Gé r a r d Po m m i e r
que se espera de él, de una imagen ideal de la que depende más allá de su voluntad, o incluso contra él.2 Bajo la tutela de esta imagen ideal, avanza, durante su vida, des igual a este otro él mismo, esta psyché que lo llama hacia adelante de él.3
Para medir el alcance de esto, se conjeturará que el cuerpo psíquico depende de la pulsión, modelada en sí misma por la demanda materna. El Otro materno desea idealmente que el cuerpo del niño colme su propia falta, y busca realizar este deseo apuntalándose en sus necesidades, primero las que pasan por la boca, luego las otras. Esta armazón deseante de las necesidades lanza la mecánica de la pulsión.4 Desde su nacimiento, los niños de pecho picotean la comida que sienten que les agarra el cuerpo por otros motivos que el “ bien” que confiesa.5
En pos de la claridad, resumamos en algunas líneas lo que diferencia al psiquis- m o humano en su relación primera con la percepción. ¿Qué percibe en primer lu gar el niño que llora? Si llora, es porque tiene hambre, se dirá. Y se pensará que su primera percepción privilegiada será el seno, que así será su primer objeto de de seo. Pero este seno es también el instrumento de realización del deseo de la madre: mediatiza su demanda de tener un pene, que sería este niño cebado con leche. Este seno quiere llenar, hinchar, hace del niño un falo en el lugar de la falta del pene ma terno: esta diferencia entre el falo y el pene da al seno un valor alucinatorio. El falo es el sím bolo de la falta materna, mientras que el pene y el clítoris son órganos que encarnan este símbolo. De m odo que el seno, destinado a hacer del niño un falo, sirve para realizar un objeto imposible, cuya única realización será alucinatoria. El seno se encuentra aureolado por más que sí mismo: este “más” antecede a la percep ción y vuelve un evento primero a la alucinación. El niño de pecho comienza por alucinar su objeto de deseo durante sus horas de sueño, alucinación de origen que orienta lo que percibe durante la vigilia. Quiere aquello que se quiere de él, y eso es lo que percibe: el resto del mundo se perfila a partir del seno, o más bien de la fal ta primera que representa. Es la alucinación de llenar este vacío lo que busca la pul sión oral, y luego las otras pulsiones.
Absorbido por este vacío, el primer dibujo del cuerpo pulsional en el córtex se calca, para comenzar, en la primera demanda materna oral, a la que se agregan pro-
2. Según estadísticas recientes de la OMS, sólo un niño de cada diez sobrevive a su abandono. 3. Aunque la etimología y la multiplicidad de sentidos no lo prueben, en francés la palabra psyché
remite al espejo, el alma y el psiquismo: esta psyché tira el organismo hacia delante gracias a las palabras de la demanda, materialidad con la cual basta con comenzar a jugar para identificarse. 4. El deseo de niño de la madre corresponde a su anhelo de tener un pene. La ecuación simbólica
de este deseo se escribe: falo = niño (según el penisneiil freudiano). Desde el punto de vista del padre, igualmente, el deseo de niño calma la angustia de la castración materna (de su madre). Ahí también, niño = falo. El deseo paterno corresponde al anhelo de dar el pene al mismo tiem po que legar el nombre del padre.
5. Jamás el instinto de los animales encuentra una paradoja parecida. Ellos no reprimen sus instin tos, ¡todo lo contrario!
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( Am o ia sn f.u r o c i e n c i a sd e m u e s t r a ne lp s ic o a n á l is is
gresivamente las diferentes pulsiones. El homúnculo cortical presenta labios enor mes, superficie que no es proporcional a la inervación labial, pero sí a la inmensidad de la demanda materna. Por su parte, la representación cerebral del sexo está reduci da, por lo que uno podría sorprenderse: es que la genitalidad encuentra su lugar en el cuerpo psíquico solamente al final, gracias a una inversión de la última oportuni dad. Por orden de aparición, el área sensorial oral toma una gran extensión, mien tras que la pequeña última, que corresponde al sexo, no cubre más que una superfi cie mínima. C om o objeto del Otro, el cuerpo pulsional es una boca y un ano en pri mer lugar, y nace com o sujeto de pleno derecho gracias al sexo. El goce genital so breviene tardíamente com o de emergencia de la demanda materna: la madre qui so al niño com o símbolo del falo, y este niño se defiende trastocando esta demanda del falo en goce de su pene (o de su clítoris). El sujeto se entrega al onanismo contra toda demanda exterior, y además en secreto la mayoría de las veces.6
Estas consideraciones neurofisiológicas sobre las traducciones corticales de la libido otorgan todo su alcance a la invención freudiana de la pulsión. La pulsión,
Trieb,7 fue para Freud en primer lugar una “ presuposición provisoria y un tanto obs
cura”. Aparece com o una fuerza psíquica apuntalada sobre las necesidades y los ori ficios correspondientes del cuerpo: la boca, el ano, los ojos, las orejas, etc. Lo “ inte rior” orgánico es modelado, pues, a partir de lo exterior: en otras palabras, com o se ha dicho, a partir de la interpretación de las necesidades corporales por parte de la madre en función de su propia falta.8 El cuerpo crece en este límite “psicosomáti- co” en constante extensión.9 La frontera pulsional constituye este límite,10 en el que el cuerpo psíquico se vuelve orgánico. Más allá de los medios que utiliza (el alimen-
6. Esta conversión, que va de una identificación con el falo al goce del pene, es el reverso de la per versión polimorfa del niño. El goce de la relación sexual se ofrece en esta torsión. Su erotismo debe continuar pagando un derecho de pasaje cada vez que se actualiza la relación sexual. 7. El término “pulsión” era parte del vocabulario de los románticos alemanes. Había sido utilizado
en filosofía por Fichte, en el sentido de un esfuerzo acompañado por el “aliento vital” del yo. Qui zá Freud se haya inspirado en este filósofo cuando distinguió las “pulsiones del yo” de las “pul siones sexuales”. Freud primero consideró a la pulsión como un motivo recurrente, pero vago, de la organización psíquica: la introdujo sin grandes preámbulos en Tres ensayos de teoría sexual
(1903), ante de sistematizarlo en los Trabajos sobre metapsicología (1914).
8. La pulsión así se define -para retomar una expresión de Lacan- como “el eco de una palabra en el cuerpo”.
9. Con una intrepidez increíble (porque no se tenían pruebas de ello en aquella época), Freud llegó a escribir: “ Entonces, tenemos derecho a inferir que ellas, las pulsiones, y no los estímulos exte riores, son los genuinos motores de los progresos que han llevado al sistema nervioso (cuya pro ductividad es infinita) a su actual nivel de desarrollo”. S. Freud, “Pulsiones y destinos de pulsión”,
en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu, vol. XIV, 1988.
10. Cuando Freud escribió que la pulsión es un “concepto límite entre lo somático y lo psíquico”, no es el concepto lo que sería límite: por el contrario, se trata del concepto del límite, de aquello que se produce en una frontera, si podemos llamar así la reversión de lo psíquico en somático, sin lo cual no habría lo psíquico.
GERARD POMMIl-R
to, el excremento, etc.)> la pulsión figura el enigma de lo que representa el cuerpo para que tal demanda le sea dirigida. Una demanda siempre más grande, aunque obscura, que ama el cuerpo exterior - “psíquicamente”, si se quiere-, mientras que su efecto se materializa “ físicamente”. El enigma de la pulsión aspira a que el cuer po a sea más grande que él, se desarrolle y se reproduzca. De m odo que las pulsio nes imponen una presión demasiado fuerte al organismo y son rechazadas por en cima de cierto umbral.
Cu a n d o elc u e r p o p s í q u i c o e x a g e r a, esr e c h a z a d o “a l e x t e r i o r”
Si la pulsión se pone en marcha a partir de lo que la madre espera del niño, esta perspectiva no resulta un placer para este último sino hasta cierto punto, más allá del cual este “ bien” incestuoso se transforma en su contrario." Este exceso genera una “ represión primordial”, más comprensible si se la concibe com o un “ rechazo”.12 Los cuidados proporcionados al niño por la madre son placenteros, hasta que el pun to en que se vuelven displacenteros (a causa de la tonalidad incestuosa que adquie ren). Este displacer latente en el placer cualifica al goce. Tan pronto com o el placer pulsional se transforma en una pesadilla, las pulsiones son rechazadas: así, invisten y animan el mundo de las sensaciones.13
En la velocidad crucero de las neurosis, el rechazo pulsional es ilustrado por los vómitos, la defecación, los llantos, las ganas brutales de orinar en ciertas situacio nes, etc.: tantas reacciones que están lejos de ser solamente un asunto de niños.14 Este rechazo se comprende fácilmente: por ejemplo, para la pulsión oral, cuando el asco genera vómitos. Pero, hecho mayor, lo mismo sucede con lo visual. El niño re chaza en el mundo el exceso de la pulsión escópica que lo instrumenta. De modo que el conjunto de lo que es visible es investido a continuación por aquello que ha sido rechazado, imponiendo una forma de antropomorfismo constante de la per cepción. Una especie de tapado de nuestro cuerpo viste el mundo. De esta manera,
11. Es el caso de la anorexia mental del recién nacido, de la que nuestro amigo neurofisiólogo no dis cutirá que demuestra el investimiento de la pulsión oral por parte de la demanda materna. 12. En 1917, Freud habla de una “represión” de la pulsión. Pero, cuatro años más tarde, en La nega
ción, precisa que se trata de un rechazo (Ausstofiung).
13. El fenómeno de las alucinaciones es incomprensible si no se concibe el collage permanente de la pulsión con las percepciones, o más exactamente con el sistema percepción-conciencia. La aluci nación se produce con motivo de una despegadura entre la percepción y la pulsión, que enton ces constituye una “falsa percepción” (normalmente es el caso de los sueños, cuando la percep ción se detiene).
14. La base orgánica pulsional ofrece al síntoma una posición de repliegue regresivo (por ejemplo, una mujer abandonad puede ponerse a vomitar, en conformidad con la teoría sexual infantil del embarazo oral, o bien ser presa de colitis, diarreas, etc.). Como estos síntomas resultan de un sue ño incestuoso, son autopunitivos y dolorosos, aunque ponen en juego un goce.
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( A m o i a s NUURotafiNi'iAS d h m u k s i r a n i i p s i c o a n á l i s i s
se comprende que la pulsión duplique el conjunto de los territorios sensoriales.15 Forma el armazón del cuerpo psíquico, y por medio de éste contamina el conjun to de lo que es percibido. Así, una fuerza anima las percepciones, la de una especie de un aparecido pulsional que corresponde al investimiento psíquico de lo que fue rechazado al exterior luego de la represión originaria (a causa de la demanda inces tuosa en exceso).
El sujeto rechaza al exterior la parte incestuosa del investimiento psíquico de su cuerpo, y su propio antropomorfismo inviste cada cosa. Esta “percepción falsa” da su base al animismo del pensamiento infantil o a las religiones llamadas primitivas. También es ella la que explica que, cuando el investimiento pulsional se desprende de la realidad de las percepciones, se desencadenen las alucinaciones. La parte ano nadante del goce ha sido rechazada, y esta película de nada [néant\, de “ nada” [rien], recubre la cosa percibida, fiel en ello a su etimología latina.16 Minada por su “ nada”
[rien], la verdad de la cosa permanece más allá de la percepción y da la impresión
de que resulta imposible conocer la “cosa en sí”.
Lo que fue rechazado al exterior atañe a una parte íntima que no permanece está tica y retorna, con toda la potencia de la falta: la de haber denegado lo que la madre demandaba. Es una especie de doble ideal que fue rechazado, es decir, matado psí quicamente, y funciona com o un aparecido. En efecto, un fantasma. La parte nues tra que rechazamos con la pulsión constituye una forma de asesinato de nuestro ge melo. La creencia universal en un mundo mágico y antropomórfico, la imaginación animista espontánea de los niños o la potencia del culto a los muertos en todas las culturas son otras tantas demostraciones de la colonización del mundo de las sen saciones por parte de las pulsiones rechazadas.17 Las alucinaciones son la prueba pa tológica de ello. Su propio antropomorfismo inviste cada percepción del hombre: la sensación hierve del goce pulsional en exceso que habría podido desbordarlo y en gullirlo si él no lo hubiese rechazado. El alma que percibe en cada cosa, es él mismo que retorna sobre sí y se arriesga a engullirse. Cualquier manifestación de esta par te rechazada “quiere decir algo”, le habla al sujeto de su falta.18 Vivimos en un mun-
15. Los dibujos de los niños muestran el investimiento pulsional de sus sensaciones. Los niños dibu jan los mismos cuerpos en todas las culturas, en función de sus edades. Sus grafitis antropomór- ficos deben sus imperfecciones no a la falta de habilidad, o a un dominio insuficiente, sino a las representaciones del cuerpo pulsional: siempre tendrán dos ojos y una boca.
16. Res, que quiere decir la “cosa” en latín, dió lugar en francés a la palabra “nada” [rien].
17. Entre las numerosas observaciones de Freud sobre el antropomorfismo del mundo, se desta ca, por ejemplo: “Bajo condiciones todavía no dilucidadas lo bastante, percepciones internas de procesos de sentimiento y de pensamiento son proyectadas hacia afuera como las percepciones sensoriales; son empleadas para la plasmación del mundo exterior, cuando en verdad debieron permanecer en el mundo interior”. S. Freud, “Tótem y tabú”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu, vol. XIII, 1988.
18. Esta parte que está fuera “habla” porque el inconsciente pulsional responde por la demanda del Otro: ella está “estructurada como un lenguaje”, como lo destacó Lacan.
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do que siempre nos dice algo. ¿Pero qué? Hablamos para responder a este universo habitado desde el origen por el símbolo.
En el transcurso de los terrores nocturnos, los niños temen el retorno de los de monios que habitan los círculos exteriores. La propia monstruosidad de su identi ficación con el falo les regresa del exterior. Las pulsiones producen las más modesta sensación que duplica una entidad que se nos parece. Es nuestro gemelo ideal que hemos rechazado, matado. Los niños temen que el espíritu del muerto surja de cada cosa. El ser vivo retorna al sitio mismo donde hay un muerto. Así, todo un mundo de aparecidos potenciales puebla el universo, desplegando su duplicación fóbica. La angustia de un retorno posible surge en todas partes donde se perpetró el asesinato de nuestro doble.19 En todas partes, la sensación del ser vivo, en primer lugar, llevó consigo una amenaza de más allá. El asesinato fue cometido en todas partes adon de la percepción se dirige, y en su lugar mismo podía surgir un aparecido, que era necesario exorcizar: tal es el primer sentido de las palabras.
Elc u k r p o p s íq u i c o se m o d e l a e n elt o r b e l l i n o p u l s io n a lq u e v a d e l
“i n t e r i o r” a l “e x t e r io r” (y v ic e v e r s a)
Ahora se pude situar más claramente el “ cuerpo psíquico”. En un principio, se presenta com o un encaje de cuerpos pulsionales discordantes, en constante lucha por el dom inio del organismo. El cuerpo psíquico se localiza en el recorte espacial de “lo que entra” y “ lo que sale” : entrecruza la violencia de las pulsiones que van del exterior al interior y (por ejemplo, la pulsión oral) con las que van del interior al exterior (por ejemplo, la pulsión anal). ¿No podría este cuerpo beligerante encon trar la paz gracias a una especie de imagen global de sí?20 Pero esta imagen es jus tamente la insoportable perfección de un ideal incestuoso, rechazado afuera inme diatamente.
De m odo que, calcado en las áreas del cuerpo orgánico, el cuerpo psíquico po see las particularidades extrañas de la pulsión, primero externa antes de ser inter na. ¡Este hermano falso toma sus órdenes por fuera! No recubre su área cortical por medio de conexiones nerviosas internas: transita por el exterior. Su homúnculo se dibuja en función de las sensaciones. Retorna del exterior siguiendo al revés el cami no de la represión originaria, que rechazó al m undo la significación fálica del cuer po. “ Interior rechazado” que regresa a toda costa al organismo, el cuerpo psíquico
19. La primera idea de la “ vida” fue la de una vida después de la muerte. Casi todos los pueblos pri mero comprendieron la vida como una vida en el más allá, hasta el punto que, durante milenios, esta segunda vida les pareció ser la vida verdadera, a la que debían sacrificarse.
20. Su formación existe de verdad: es la identificación con el falo materno (yo ideal). Pero entonces surge otro problema, el de la pertenencia de esta imagen, que objetiva a quien es su soporte.
CO M O I A S N I I IK IM U N C IA S n i í M l l E S I R A N I I l'N K O A N A l.lS IS
lo considera com o su presa.21 Algo interno al cuerpo, apuntado hacia el organismo, se encuentra en una relación especularen relación al exterior. Nuestro fantasma in terno responde al llamado de su gemelo externo, que se refleja en las sensaciones.22
Esta relación en espejo tiene una gran importancia teórica, ya que muestra “ físi