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Academic year: 2021

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Y apareciste tú

-: ¡¡¡¡¡¡Como quieras!!!!!! (decía muy enfadada) me voy... pero no volveré más, olvídate

que existo, bórrame de tu vida porque yo acabo de hacerlo de la mía en este preciso momento...

-: ¡Ven aquí ahora mismo!... (decía con la intención de hacerla reaccionar) y cálmate, a

ver si no voy a poder decirte que esta no es forma de vivir, no puedes pensar más que en ti, aquí hay alguien más y no lo respetas

-: Se acabó. Me voy y esta vez no pienso volver. Ya recogeré mis cosas en otro

momento (dijo cerrando la puerta)

Andrea: Parece que hoy no va a venir. Ayer me llamó que no se encontraba bien Juan: Pues ya van dos días y de momento no ha llamado para decir nada, así que si

mañana no da señales de vida, tendré que informar a la directora y aunque no la conocemos aun... me da que es un rato borde

Andrea: Después la llamaré a ver qué coño le pasa, últimamente estaba muy rarita. Se

ha mudado a un pequeño apartamento que le ha dejado un amigo mientras él está fuera

Juan: Lo sé, me dijo que tenía problemas personales y anda insoportable

Andrea: ¡Lola! (dijo alzando la voz) ¡espera!... Bueno voy a ver si hago algo antes que

se dé cuenta la nueva, que como decías creo que no congeniará con ninguno de nosotros...

Juan: Pero recuerda que esto es suyo, así que o nos adaptamos a ella... o tendremos que

coger puerta

Andrea: Pues si sigue tan estirada se quedará sola y excluida de todos. Pero dado como

es, debe importarle una mierda todo... lo que sí te digo (dijo girándose hacia él) es que esto ya no será igual con ella aquí

Juan: Estoy completamente seguro

El Instituto de investigación, no era excesivamente grande, por lo que se conocían perfectamente todos los que allí trabajaban. Tras el fallecimiento del director, se hizo cargo de la dirección del centro la nieta del dueño, que hasta entonces se dedicaba a la investigación de nuevas formulas para ataviar algunas de las principales y más temidas enfermedades en Estados Unidos. Fue su propio padre quien le indicó que había llegado el momento de hacerse cargo de la empresa familiar que heredó tras el fallecimiento de su abuelo materno, quien se encargó de educarla y prepararla concienzudamente para esta labor

Se encontraba tumbada e inclinada, en una cama completamente mojada por el sudor. Habían pasado tres días y la fiebre no remitía. El teléfono sonaba incansable a cada momento, pero las fuerzas le fallaban y ni para alcanzar el aparato le llegaban. Tras

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algunos minutos después de oír repetidamente el timbre de la puerta, llegó casi sin fuerzas. Abrió el automático y dejó la puerta del piso semiabierta. Débilmente volvió a su cama para adoptar la misma posición. Entre tinieblas oyó como se cerraba la puerta, dando por hecho que llegaría a ella en unos segundos

-: ¡No veas como tienes el cortijo nena!... ¿Por qué no me dijiste que no puedes ni

levantarte?... ¡joder! (dijo tocando su frente) ¡estás hirviendo!

-: ¡Estoy literalmente muerta! (dijo en un susurro) -: ¿Dónde tienes un termómetro?

-: No sé (contesto sin ganas)

Salió decidida hasta encontrar el baño. Lo miró todo, sintiendo pena. “¡Joder! (pensó) ¡no hay más que mucha mierda por todos lados!”... Llenó la bañera con agua templada y se dirigió a la habitación nuevamente...

-: ¡Ven! (dijo destapándola) dame la mano... -: No... solo necesito descansar (dijo débilmente)

-: Tienes que tener mucha fiebre cariño. Venga, vas a darte un baño, de alguna manera

hay que bajar la temperatura ¡¡estás hirviendo!!

-: No voy a moverme de aquí...

-: Muy bien... como quieras, entonces llamare al médico -: ¡Ni se te ocurra! (dijo con los ojos cerrados)

-: ¡¡Pues a la bañera!! (amenazante con el dedo) y ahora mismo...

-: Te juro que no tengo fuerzas para levantarme, es mejor que descanse y mañana estaré

mejor

-: Yo te ayudo (entregando su mano para ayudarla a levantar)

Casi sin fuerzas hizo el intento de levantarse vanamente y cuando casi lo tenía

conseguido, se derrumbó completamente cayendo irremediablemente sobre el colchón. Su amiga hacía el intento de hacer que volviera en sí, pero no daba señales de vida. Dejó el cuerpo inerte y sin perderla de vista llamo al 112

A las ocho de la mañana llegaba al centro de investigación, con signos evidentes de no haber dormido casi nada. Se cambió y se dirigió al despacho de Juan

Andrea: Tenemos a nuestra niña enferma. De hecho se ha quedado ingresada, y aquí te

traigo el parte médico (mientras extendía su brazo para entregarle el papel)

Juan: Pues ahora se lo llevaré a la señora, que no anda más que preguntando qué le

pasa... ¿qué dónde está?... que si está enferma quiere la baja... bueno pues le llevo el parte y que se quede tranquila... ya le traeremos la baja. No veas el carácter que se gasta la gachona...

Andrea: Pues que no se cruce conmigo hoy, que no he dormido y ando de muy mala

leche, así que por su bien que no se ponga tonta...

Juan: Y dime... ¿Qué tiene para haberse quedado ingresada?

Andrea: Pulmonía Juan, y no está nada bien. No sé... la han sedado, estaba muy

nerviosa. Han tenido que ponerle respiración mecánica y me preocupa eso mucho...

Juan: ¡Joder! Eso quiere decir que no es una broma... ¿Irás luego a verla? Andrea: En cuanto salga de aquí. No tiene a nadie desde que se fue de casa

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Juan: Pues iremos juntos si te parece ¿vale? Quiero informarme de su estado

directamente del especialista

Andrea: Vale. He visto el antro en el que vive ahora y ni te imaginas como está todo...

(dijo con pena)

Juan: ¡Sí! El menda que le dejó el piso no se ocupa demasiado de tenerlo

medianamente visible. Estará ahí hasta encontrar un piso compartido

Andrea: Le dije que se viniera al mío pero se negó. Dice que no quiere romper mi

intimidad... ¿de qué intimidad me hablaría?

Juan: Yo también se lo dije, que le iría bien irse contigo y me supo raro que no quisiera

siendo tan amigas como sois...

Andrea: Ya ves

Juan: Voy a llevarle esto a la señora (dijo cogiendo el papel) para cerrarle la boca

Tras casi dos semanas seguía sin acudir al trabajo. Andrea la visitaba a diario

quedándose con ella hasta altas horas de la madrugada, marchándose cuando la veía descansar plácidamente. Juan, prestigioso médico investigador muy bueno en la materia a pesar de su juventud, se encargó de hablar con el médico que la llevaba, para

interesarse por la evolución de la paciente

Juan: ¿Cuánto tiempo más vas a tenerla ingresada?

Doctor: Le haremos una placa y si todo está bien, podrá irse a casa. La mancha

disminuyó su tamaño pero no desapareció completamente. Afortunadamente respira sin problemas, pero tendrá que hacer unos ejercicios

Juan: Nosotros nos ocuparemos de todo. Nos la llevaremos a casa

Doctor: ¿Se irá contigo? Me contó el otro día que vive sola y dado que aun está muy

débil no sería conveniente que se quedara sola

Juan: Se la llevará una amiga a su casa hasta que esté totalmente recuperada

Doctor: Pues en cuanto tengamos el resultado de los análisis y las placas, si está todo

bien podrá marcharse

Juan regresaba al centro y una vez puesta su bata fue al despacho de la directora

Juan: Buenos días (dijo abriendo la puerta después de tocar en ella) traigo la baja de

esta semana

-: Déjala sobre la mesa (dijo sin apartar la mirada de ese microscopio que tenía en una

mesita delante de un gran ventanal)

Juan: Muy bien (mientras depositaba el papel sobre la mesa) voy a laboratorio. ¿Eso

que mira es la muestra nueva?

No hubo respuesta. Juan se quedó pensativo sin saber si volver a preguntar o marcharse directamente. Tras unos segundos de pensar, optó por salir de ese austero despacho, que a pesar de la luminosidad de que disponía, daba la apariencia estar entre tinieblas. Abrió la puerta y antes de salir oyó como lo llamaba...

-: ¿Tiene para mucho tiempo aun? (dijo sin mirarlo)

Juan: Es posible que le den el alta hoy o mañana si las últimas pruebas salen bien -: ¿Cuándo se incorporará de nuevo?

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-: ¿Y eso va a tardar mucho? (preguntó irónica)

Juan: ¡No lo sé! (dijo enfadado) pero una pulmonía no se cura en dos días. Esa chica

está muy débil aun...

-: Si le dan el alta hospitalaria es porque está ya bien ¿no? (dijo cortándolo) De todos

modos ya me informaré personalmente, hablaré con el especialista que la está tratando. Se nos está acumulando el trabajo y no podemos retrasarnos mucho más para entregar los resultados...

Juan: ¡Muy bien! Vaya al hospital e infórmese usted misma -: Dos semanas... lleva sin trabajar dos semanas...

Juan: ¿Y?..

-: ¿Cómo que y?... ¿quién te crees que eres? Aquí pago yo, llevo más de dos semanas al

frente de este centro y aun no se ha dignado ni a llamar para informar de su estado...

Juan: ¡Por favor!... esa chica ha estado muy grave. Se le nota preocupada por su estado

de salud y por su trabajo. Es una de las mejores que tenemos en estos momentos y no es justo que hable así de ella... Soy yo quien la informo puntualmente, quien le trae la baja cada semana. ¿Va a decirme que piensa que se ha montado una película?

-: ¡No he dicho eso! Pero podría haberse preocupado de llamar cuando se puso mejor Juan: Vuelvo al trabajo. No es justo ¿vale?... no está siendo nada justa (dijo saliendo) -: ¡¡¡¡Aquí mando yo ehhhhh!!!!... ¡¡¡¡¡¡joooooder!!!!!...

El pasillo lo guiaba a la zona del laboratorio donde estaba trabajando. Llegó malhumorado, sin dirigirle la palabra a nadie de los que allí había

Cris: ¡Buenos días maleducado! (dijo con sorna) Juan: ¡Esa tía necesita un buen polvo!...

Cris: ¿Quién?

Juan: ¡Tu jefa! (dijo enfadado)

Cris: Pues ya sabes, te la trajinas y le haces un buen trabajo, que eso se te da de lujo... a

ver si le cambia el carácter, que vaya cabrona está hecha la bicha...

Juan: A esa no me la tiraba yo ni borracho...

Cris: Bueno borracho quizás no llegarías, pero con un puntito lo mismo le lo

suavizabas. Nos corren malas si sigue en ese plan. ¿Qué te ha hecho para que vengas tan cabreado?

Juan: A mí no... ya es que no podemos ni ponernos enfermos... venga a ver ¿por dónde

vas?

Cris: Está aun en el congelador, esperaba a que vinieras...

Rodeada de papeles y microscopio en mano seguía metida de lleno en su trabajo, cuando el sonido del teléfono la sacó de su estado

-: ¡Sí!... Pues yo de momento no puedo ir... podrías intentarlo ¿no? (contestó seria)

¡ya!... ¿y no puedes hacer nada por evitarlo?... yo no puedo ir ahora por más que quiera y deberías saberlo, este no es mi sitio, tuve que venir por obligación, pero veo que no quieres entenderlo... ¿eso es seguro? Pensado y decidido ¿verdad?... mira hacemos una cosa, yo intentaré ir lo antes posible pero no podrá ser más de una semana, lo que sí tendrías que ir pensando es en venirte tú aquí, ya te lo dije, esto es importante y es nuestro futuro. Piénsalo ¿vale?... ¡qué quieres decir!... ¡dime una cosa!... ¿tan claro lo tienes? Y... ¿es definitivo?... Mas lo siento yo (dijo retirando el teléfono de su oído mientras las lágrimas corrían con desespero mejilla abajo...)

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Tras varios días de descanso y recuperada casi en su totalidad, llegaba al centro de investigación a su hora habitual

Juan: Buenos días preciosa, ahora este sitio volverá a tener la alegría de antes (dijo

acercándose para recibirla con un efusivo abrazo)

Andrea: ¿Para mí no hay un recibimiento como ese? (dijo mirándolo)

Juan: ¡A ti te tengo muy vista ya! Pero vamos, que te doy los que haga falta ahora

mismo (acercándose a ella)

Andrea: ¡Vete por ahí! (mientras fichaba con su tarjeta laboral) Venga vamos que

todavía viene el ogro y nos da el primer disgusto del día o el primer bocado que a ti (dijo mirándola) te tiene muchas ganas

-: Pues aquí me tiene para lo que quiera, hasta para darle una hostia si fuera necesario.

Que no me toque mucho los huevos porque la lío... ya me importa una mierda todo

Andrea: ¡Venga valiente! Vamos, que cuando la conozcas ya verás... -: ¡¡¡Que miedo!!!! (dijo pasando su pase)

La mañana pasaba entre los saludos de bienvenida y los comentarios típicos de cada día a cerca de su directora, que a medida que pasaban los días, su carácter se agriaba un poco más

Más tarde de lo habitual, llegaba en su Audi tt y a toda velocidad la directora. Una vez aparcado en su plaza de parking salió del auto, cogió su bolso y su carpeta, cerró con el cierre automático, miró hacia arriba intuyendo que pudieran estar viéndola y con decisión se encaminó al edificio. Desde la cafetería, donde a esa hora desayunaba el personal, compartiendo un rato y olvidándose por unos minutos del trabajo, observaron desde la ventana la llegada de su superiora

Lola: ¡Ahí llega!... así que cuidadín (dijo desviando la mirada) ¡A ver como tiene hoy el

día!

Andrea: ¡Mosqueada cómo cada día guapa! Esto ya es lo habitual en ella. Así que

espabilando...

-: ¡Que venga! Al menos yo, no pienso irme de aquí hasta no acabar mi desayuno, a ver

si tiene cojones de decirme algo

Juan: Veo que no cambias tus formas. Pero déjame decirte que ella no es como nosotros -: ¡Ya! Y aparte de ser una borde, una amargada, y una estirada... ¿Qué más calificativos

tiene? Porque se me han olvidado la mitad, porque hay más ¿verdad?

Llegaba a su despacho saludando a su secretaria, quien la informaba de algunas llamadas que había recibido en su ausencia

-: Necesito que me saques un billete de avión para mañana Secretaria: ¿A qué hora quiere salir?

-: Cualquier hora de la tarde me irá bien. ¿Tú has desayunado ya? (preguntó segura) Secretaria: ¡Sí! (contestó escuetamente)

-: ¿En la cafetería?

Secretaria: ¡Claro como todos! -: ¿Hace mucho que estás aquí?..

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Secretaria: Pues no lo sé muy bien, no suelo mirar el reloj -: Sabéis que tenéis media hora para eso ¿verdad?

Secretaria: Sí, media hora, pero tampoco pasa nada porque nos pasemos cinco minutos

¿no? Cuando nos pasamos de la hora de salida por terminar algún trabajo no lo ve ¿verdad? Si nos pasamos unos minutos en el desayuno sí ¿no? Eso es ser injusta (dijo arrepintiéndose al momento)

-: Los he visto desde el exterior arriba y por la hora que es, se pasan bastante más de

cinco minutos

Cerró la puerta tras salir, y con paso seguro se encaminó al ascensor. Pasó por uno de los laboratorios donde algunos ya se habían puesto en marcha en sus respectivos

trabajos. Se dirigió al despacho de Juan y tras tocar a la puerta abrió lentamente, cuando por detrás aparecía...

Juan: Ya puede pasar (dijo ofreciéndole paso) ¿En qué puedo ayudarle? -: Tengo que salir mañana de viaje. Me ausentaré unos días, me gustaría (dijo

acercándose a la ventana) que el ritmo de trabajo no notara mi ausencia. Tú serás el responsable de ello (dijo mirándolo) Te dejaré mi teléfono privado, por si tuvieras que ponerte en contacto conmigo por cualquier causa laboral

Juan: No se preocupe por nada, todos los que trabajan aquí son suficientemente

responsables y el trabajo seguirá adelante

-: Bueno, ya te dejaré una documentación que tengo lista para entregar a los laboratorios

“Causa”. Ahora voy a ver si veo a... ¿Cómo la llamáis aquí?... ah sí... la niña, se reincorporaba hoy ¿no? (dijo saliendo sin despedirse)

Juan: Eh... ¡Sí!... nuestra niña (dijo una vez la puerta se había cerrado. “¡Vaya futuro

tienes guapa!” pensó enfadado)

Decidida se encamino a la zona donde hacían las pruebas pertinentes a unos roedores. Abrió sin avisar, miro hacia ambos lados y solo vio a dos chicos, uno mirando una de las jaulas donde estaban dichos animalitos, el otro sentado al microscopio, que al oír la puerta levantó su mirada para ver de quien se trataba

Chico: Buenos días

-: Buenos días (contesto mirando hacia todos lados) Chico: Me faltan unos datos y lo llevo a laboratorio

-: Muy bien. ¡Dime!... la que se ha reincorporado hoy ¿Dónde está? Chico: Ha ido a llevar unos documentos a Andrea

Sin despedirse cerró la puerta y fue en su busca. Paso por uno de los laboratorios sin localizarla. Se acercó a la zona de los ensayos y ni rastro. A lo lejos diviso a Andrea y se acerco a ella...

Andrea: Vengo de dejarle unas fichas para que las firme en su despacho (dijo cuando la

tuvo a su lado)

-: ¿Dónde está? ¡Me han dicho que estaba contigo! Andrea: ¡Estaba!... pero ya se fue

-: ¿Y puede saberse dónde? Andrea: Estará trabajando ¿no?

-: Eso debería, pero no consigo encontrarla (contestó mientras a lo lejos se oían una

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Andrea: ¡Pues ahí está! (dijo mirándola como salía de la cafetería)

Andrea vio como se alejaba de ella para ir a su encuentro

-: ¿Este es tu puesto de trabajo?

-: ¡Hola! Buenos días (dijo tras despedirse de la camarera) Tú debes ser mi nueva jefa

¿no? Y no... no es mi puesto de trabajo ¿tengo que explicarte a que vine? Y mi nombre es Esther... Esther García, para más datos...

M: Se perfectamente quien eres y aquí se viene a lo que se viene. Y yo no te pago para

que estés una hora de relax, entreteniendo a la gente de aquí

E: ¡Qué lástima! (dijo mirándola) tan buena como estás y que borde eres... me tienes

ganas ¿verdad?... ponerme enferma ha sido un punto negativo para mi puesto de trabajo ¡eh!... pues si quieres ya sabes lo que tienes que hacer bonita. Lo tienes facilísimo

M: Pues sí... mira tan fácil como que si no te disculpas por tus formas, te firmo la carta

de despido ahora mismo (dijo enfadada)

E: No me toques lo que no suena, que no estoy de humor ¿vale? Y total... ya tengo

muchos problemas así que otro más, ¡qué más da!... ¡Y ahora que! ¿Firmo? (dijo amenazante)

M: Te espero en mi despacho dentro de una hora... (con especial dureza) E: ¡Allí estaré guapa!

M: ¿Con todo el mundo eres tan mal educada?

E: Soy como soy, y a quien no le interese que se joda... Mira es mejor que lo deje, en

una hora estoy allí (dijo marchándose a toda prisa)

Fue a buscar a Andrea para contarle. La ira le impedía llorar. Los puños totalmente cerrados y un nudo en el pecho le provocaba un dolor especial. Llegó y al verla al fondo de aquella inmensa sala, rompió a llorar...

E: ¿Quién coño se cree que es? ¡Eh! (decía sollozando una vez a su lado) ¿De qué va

esta tía?

Andrea la miraba sin saber a que era debido ese estado en el que llegaba. Se acercó a ella y la abrazó

Andrea: ¡A ver! ¿Qué ha pasado cariño?

E: ¡Que he estado a punto de mandarla a la mierda! Andrea: ¿Cómo?... Esther que es la jefa...

E: ¡No tranqui! Ella ha sido quien me ha mandado a mí

Andrea: A ver tranquilízate ¿sí? Toma un poco de agua (dijo acercándole una botella)

venga y ahora cuéntame ¿Qué coño ha pasado? Sé que te buscaba...

E: Y me encontró. No ha aceptado que me pusiera enferma. No sé de qué coño va o

quién demonios se cree que es. ¿Tiene dinero y por ello presume?... ¡que se lo meta por el culo!

Andrea: Venga cálmate, estás muy nerviosa. Dime... ¿Qué ha pasado? E: Iba buscándome ¿no?..

Andrea: Si fue a preguntarme por ti E: Pues me encontró en la cafetería Andrea: Lo sé. Yo estaba con ella

E: Pues parece ser que le jodió verme allí. Vamos que se pensaba que estaba allí desde

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Andrea: ¡Ya!... fuiste a llevarle personalmente el resultado ¿no?

E: Pues claro que sí y a felicitarla. Tenía muchas ganas y ya lo ha conseguido. A ver si

se marca una cenita nos nosotros para celebrarlo ¿no?

Andrea: ¿Tú crees que lo hará?... pues no sé yo ¡eh!... Ahora tendrán que ajustarse el

cinturón. Una criatura en estos tiempos es un gasto extremado los primeros años, pañales, leche, etc...

E: ¿Solo los primeros años?... no guapa, un niño es un gasto siempre. Cuando son bebes

tienen un gasto, cuando son niños la cosa cambia poco, pero cuando llegan a adolescentes el gasto se dispara

Andrea: Eso se evita poniendo límites, pero claro es que tú caso fue especial. Tu padre

quiso darte lo mejor y lo dejó todo bien amarrado...

E: Ese tema fuera. Prohibido ¿lo entiendes? Perdona Andy pero sabes que prefiero no

hablar de eso

Andrea: Tú padre fue la mejor persona

E: Sí... pero no supo elegir a la persona adecuada y ese fue un fallo grande... Muy

grande (dijo resignada)

Andrea: Bueno cariño y dime... ¿no le has dicho porque estabas en cafetería a la jefa? E: Yo no tengo que darle explicaciones a nadie y menos a ella...

Andrea: Ella es tu jefa, no lo olvides

E: ¿Y qué pasa, que si voy a cagar también tiene que saberlo?... ¡venga Andy!

Andrea: Esther, cariño, te estás jugando el puesto de trabajo con esta tipeja y ahora no

estás como para tontear con el curro

E: No te preocupes. ¡Que me despida!... ya me buscaré yo algo y pagaremos los gastos

a medias...

Andrea: No lo digo por eso gili, eso es lo de menos. En casa estarás mientras tú

quieras. Y como veo que con tu madre no piensas volver ¿Por qué no piensas volver verdad?... así que mi casa es tuya hasta que quieras

E: ¡Ya dije muy claro que a casa de mi madre no pienso volver nunca! Andrea: Ya te pasará el cabreo. Te conozco y lo olvidarás

E: Esta vez no (dijo segura) ahora es distinto...

Andrea: ¿Distinto?... ¡no cariño! Ahora es como otras veces. Es tu madre y cuando lo

olvides, será como antes

E: ¡No!... ¡Te equivocas Andrea! Se acabó todo. Hace dos días fui a recogerlo ya todo.

Aproveche que no estaba por no discutir

Andrea: ¿Estás enfadada eh?.. E: Estoy cansada

Andrea: Lo digo por mi nombre

E: Ah... como ves estoy hablando muy en serio Andrea: Pues sí. Ese Andrea ha sonado uhmmm

E: Vale Andy. Mira Ella que viva su vida. De la manera que quiera. No acepta la mía,

pues listo

Andrea: ¿Tan dura?... nunca lo fuiste tanto con ella...

E: A las buenas no pudo ser, pues será a las malas. Así lo quería y ya lo tiene. Ya me

perdió

Andrea: ¡Pues fíjate que yo no creo eso!

E: Piensa lo que quieras. El tema de mi madre queda zanjado

Andrea: Esther... de sobras sabes cuánto hizo por ti. ¿O vas a decirme que ya lo

olvidaste?

E: No. No lo he olvidado y nunca pasará eso. Pero es mejor así Andy. Ella... bueno será

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Andrea: Esther, ella fue quien te crió... te sacó adelante siendo todo tan reciente y

siempre miró por tu bienestar...

E: Hasta que todo cambio cuando crecí Andy, y eso es algo que nunca olvidaré. Puedo

entender que no acepte mi condición, puedo entender que quisiera mi bienestar... pero lo que no entenderé nunca es que me dijera que estaba enferma. Mira, fueron muchas peleas, discusiones a diario últimamente, quiso ponerme en contra de todos mis amigos y eso no se lo permitiré jamás

Andrea: De esto tendrías que hablar más adelante cariño. Yo sé que ella te quiere... E: ¡No coño! Ya está todo pensado y no la quiero en mi vida. Me crió sí... pero porque

no le quedó otra alternativa. Déjala, así se ve tan sola (dijo bajando la mirada) Si le jodió cuando decidí estudiar medicina no puedes hacerte una idea como cambió cuando me negué a casarme con aquel individuo que solo mirarlo me daba asco...

Andrea: Cálmate Esther, venga vamos a olvidar el tema que se que te pone de muy

mala leche

E: No quiero saber nada ni de inmuebles, ni de empresa ni de nada en lo que ella tenga

que ver hasta que llegue el momento

Andrea: Va, venga olvidamos el tema... E: Sí, será mejor porque me dan ganas de... Andrea: ¿Rencor Esther? nunca fuiste así...

E: Dolor (dijo serena) impotencia, tengo... bueno podría tener una vida fácil, cómoda y

mírame...

Andrea: Cambiará y lo sabes, aunque... también podrías ir y hacerte cargo de todo.

Todo es tuyo cariño, otra en tu lugar no lo habría dejado

E: Mientras viva todo es suyo y yo accedí a eso. No haré nada hasta que llegue el

momento

Andrea: Vales un imperio. Ven aquí y déjame decirte cuanto te quiero (dijo

estrechándola fuertemente en un gran abrazo)

E: Yo también te quiero y algún día te recompensaré por tu saber estar conmigo... Andrea: Eso no tienes que hacerlo, no me debes nada. Lo que si podrías hacer (dijo

mirándola) es hablar con ella y contarle la razón que te llevó a la cafetería...

E: Sabes que eso nunca voy a hacerlo... que piense lo que le dé la gana, total... ya nada

importa...

Maca leía el documento que su secretaria le acababa de redactar. Se movía lentamente por el despacho. Se acercaba a la ventana y volvía a alejarse. Sacó su teléfono del bolso. Marcó un número y esperó... La secretaria la observaba, intuía que algo pasaba y no acertaba a saber de qué se trataba. Se metió de lleno en sus papales aunque con la intención de intentar oír esa conversación, algo que nunca solía hacer, pero que en esta ocasión estaba dispuesta por saber que misterio encerraba la nueva jefa de la que ningún miembro del personal sabía nada fuera del trabajo. Maca seguía en el intento de hacer esa llamada hasta que por fin la oyó saludar...

M: ¿Esquivas mis llamadas?

-: No, pero ya te dije lo que había ¿no?

M: Solo te llamo para decirte que salgo esta misma tarde -: ¿Y?..

M: Será la última vez que nos veamos, pero quiero que me digas mirándome a los ojos

lo que me dijiste el otro día

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M: No quieres que hablemos ¿no?

Desde su sillón, veía como Maca limpiaba sus mejillas... “¿está llorando? ¡Qué fuerte! ¡si resulta que la dura también tiene sentimientos!” pensaba mientras intentaba hacer ver que leía algún documento. Después de unos minutos colgaba el teléfono y lo tiraba sobre la mesa. Apoyaba sus codos sobre ella, para descansar su barbilla sobre sus manos. Los sollozos llegaban irremediablemente. No quería flaquear ante su secretaria, pero no conseguía mantener esa actitud de persona fría y distante ante ellos. Ana, se sentía mal al verla de esa manera. Se levantó sin saber demasiado bien la razón para acercarse a ella...

Ana: ¿Se encuentra bien?

M: ¡Sí gracias! (dijo queriendo evitar sollozar) Ana: Si puedo ayudarla en algo no lo dude ¿vale? M: ¿Acaso te he pedido ayuda?

Ana: Perdone. No debí meterme. Es que aquí intentamos ayudarnos todos. Pero veo que

usted no es de los nuestros (dijo mientras cogía unos papeles y salía del despacho) Maca se levantaba para acercarse a la ventana. Perdió su mirada en el horizonte rompiendo a llorar...

La secretaria salía del despacho topándose de lleno con una Esther más que seria...

E: Podías mirar por dónde vas ¿no?... (dijo enfadada) Ana: ¡O tú! ¿No crees?...

E: ¿Está la señora en su despacho?

Ana: ¡Yo que tú, esperaría para entrar! Está de bajón (dijo mirándola) bueno, ¡es que

sabe hasta llorar!...

E: ¡Ah!... ¿pero tiene sentimientos también? ¡¡Y yo que pensaba que era tan dura!! Que

era una insensible y mira tú...

Ana: Ya ves, no es tan fiero el león como lo pintan... E: ¡No jodas que vas a defenderla y todo!

Ana: Pues mira no, no la defiendo. Sé que es una borde y estúpida cuando quiere... pero

también tiene su lado bueno. Pocos... pero los tiene

E: Pues será contigo bonita... Bueno yo solo vengo a firmar y a perderla de vista para

siempre, así que me da lo mismo que esté de mal humor, que ladre y hasta que muerda... y fíjate si me muerde... lo mismo me dejo...

Ana: No he dicho que esté de mal humor Esther, he dicho que está de bajón. No se tía...

pero algo le pasa

E: ¡Ya se le pasará! Es más, que se joda. Seguramente se lo habrá merecido Ana: ¿Y no será que tiene al marido allí y por eso anda siempre de mala leche? E: Pues pierde el marido. Porque esta potente la tía... lástima que sea tan borde que si

no...

Ana: ¿Tú serías capaz de?..

E: Vamos. Y de más... sobre todo ahora, ya no será mi jefa. La muy cabrona me ha

despedido...

Ana: ¿Qué?...

E: ¡Como lo oyes guapa! Ana: ¿Y cómo ha sido eso?

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E: No me soporta, es más... no puede ni verme. Lástima, porque a mí me gustaría verla

todos los días y hasta le hacía algún favorcillo... bueno que Dios me acompañe. Si oyes gritos entra a socorrerme ¡eh!

Ana: ¿Socorrerte a ti? Jajajajaja en todo caso tendría que salir al rescate de ella ¿no?

jajajaja porque tú cuando quieres no veas guapa. Ella será borde, pero tú... en fin que la mala leche te corre por las venas si te buscan

E: ¿Eso piensas de mí a estas alturas?

Ana: Lo dejo en el aire... (dijo mientras echaba a caminar) suerte con la fiera (dijo

mirando hacia atrás) aunque la fiera se topara con otra fierecilla jajajajaja

E: Graciosa...

Esther tocaba levemente la puerta esperando respuesta para poder pasar. Volvía a tocar nuevamente y viendo que no contestaba abrió lentamente asomando la cabeza con algo de miedo a la reacción, ya que la vio sentada de espalda a la puerta y mirando a través de la ventana

E: ¿Puedo pasar?

M: Vuelve más tarde (contestó sin mirarla) vuelve al trabajo

E: Quedamos en que viniera en una hora y ya ha pasado... así que venga, que tengo

prisa, firmo y te quedas tranquila ya

M: Mira (dijo girando su sillón para mirarla de frente) salgo de viaje esta tarde...

“¡Pues sabe llorar y todo!” pensó sin quitarle la vista de encima

E: Eso me da igual. Dame ese papel que lo firme M: ¿No prefieres pensarlo?

E: ¡Pues va a ser que no! mira (dijo acercándose) estuve enferma ¿sabes?... muy

enferma, llegué a pensar que podría ser el final. Jamás he faltado al trabajo. He venido en ocasiones hasta con fiebre. Pero en esta ocasión me tumbó y no conseguía

mantenerme en pie y tú... (dijo señalándola con su dedo índice) no has dejado de pensar que todo era rollo. Llevas toda la mañana preguntando por mi... ¿Qué pasa?... ¿que no te fías?

M: Mira haremos una cosa. Tengo que salir de viaje y a mi vuelta lo hablamos ¿te

parece?

E: ¿Estás siendo buena ahora?

M: No Esther, sigo siendo mala y borde, pero lo dejaremos hasta mi vuelta. Solo serán

unos días

E: Oye... (dijo algo insegura) se comenta por ahí que vas para divorciarte M: Se dicen tantas cosas...

E: Pues sí, pero si me dices la verdad, me pienso si me quedo estos días o me largo y

vuelvo para firmar cuando vuelvas

M: ¿Vas a seguir tuteándome?

E: Pues claro, ya me dijiste que soy una mal educada ¿no? y los mal educados no

sabemos de respeto al prójimo

M: Te diré algo... E: ¡Dime!

M: En su día fui informada de tu eficacia en el trabajo. También sé que eres parte muy

importante en una determinada investigación y triunfas con tus compañeros

E: ¡Joder!... pues qué bien ¿no? Si al final verás que hasta te caeré bien... vamos que

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Venga jefa... (decía girándose hacia la puerta) prepara eso y a tu vuelta lo firmaré... Cuídate guapa y buen viaje para ese reencuentro al que vas...

M: ¡No puedo entender que con el nivel cultural que tienes, llegues a ser tan mal

educada!

Esther paró sus pasos. No quería contestarle mal, pero se mordía la lengua para evitar hacerlo. Lentamente se giró. Se acercó a ella y la miró fijamente...

E: ¡No tienes ni puta idea! Es verdad... puedo llegar a ser muy mal educada cuando me

da la gana y si me incitan a ello, y tú lo has hecho desde el día que llegaste aun sin conocerme. Pero mi educación no tiene nada que envidiarle a la tuya niña pija. ¡Mírate!... ni amigos tienes... procura ser más respetuosa con la gente, que nadie tiene culpa que estés tan amargada. Aquí estábamos de lujo hasta que llegaste tú dándotelas de superioridad. Pues aquí el que más y el que menos tiene la misma carrera que tienes tú. Piénsalo, recapacita y sobre todo y al menos en las horas de trabajo, no seas tan borde con la gente. Todos ellos saben perfectamente desempeñar su labor. Aquí nadie es mejor ni peor que nadie, aquí somos todos iguales, pero sobre todo... somos amigos. No rompas este lazo que un día creamos aquí. No le llegas ni a la suela del zapato a tu tío y digo tu tío porque fue quien estuvo al frente de todo esto hasta que su padre murió Se encaminaba hacia la puerta, giró el pomo y antes de abrir, se volvió con la intención de decirle algo más. Lo pensó, pero nuevamente se giró para salir. A sus espaldas oyó un leve susurro...

M: No soy lo que parece...

E: Eres peor (dijo cerrando la puerta)

La mirada de Maca se humedecía considerablemente. Sus pupilas brillaban. No quería parpadear, se había propuesto que no corriera mejilla abajo una sola lágrima provocada por el malestar que estaba sintiendo. Pegó su frente al frío cristal, cerrando sus puños fuertemente. Sollozaba aun negándose a ello. Aquel día que la vio a lo lejos, algo fuerte nació en ella. Se negó a cualquier tipo de sentimiento que quisiera adueñarse de ella... Eso no podía ser, menos ahora. Ahora no era el momento. Debía zanjar el tema de Jeny, aunque hacía tiempo ya estaba casi rota su relación con ella. Despedirse de diez años compartidos sería una dura tarea y difícil de olvidar. El llanto la hizo flaquear. Se sentó en su sillón, apoyó sus brazos sobre la mesa dejando caer la cabeza sobre ellos...No sabía exactamente cuánto tiempo había pasado, si era mucho... si era poco, oyó como se abría la puerta. Por unos segundos pensó que pudiera ser ella, pero no, levantó la mirada y allí estaba Ana observándola desde la entrada. Se acercó silenciosamente rodeando la mesa hasta ponerse junto a ella

Ana: ¿Está bien? (preguntó con temor de recibir una respuesta inadecuada, como otras

tantas veces)

M: ¡No!... pero ya pasará (dijo mientras se limpiaba esas lagrimas que con desespero

corrían mejilla abajo)

Ana: ¿Puedo ayudarla en algo? M: Podrías...

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Esther estaba metida de lleno en el estudio de unas células madre. Notó como alguien se acercaba a ella y automáticamente se giro para ver de quien se trataba

Andrea: Me lo ha contado Ana (dijo pasando la mano sobre su cabeza en un acto de

amor) ¿Cómo estás?

E: Pues mira ¿sabes algo? Andrea: ¡Dime!

E: Que le pueden dar... tiene que darme el despido, así que podré tirar una temporada

bastante buena mientras busco algo que valga la pena

Andrea: ¡No seas así cariño! Se le pasará. He estado hablando con Ana y quizás tenga

motivos para comportarse de la forma que lo hace. Y es muy posible que hasta acabe cayéndonos bien...

E: No ocurrirá ese milagro...

Andrea: No vas a firmar nada ¿verdad? (preguntó con algo de temor)

E: Ya está decidido. Cuando ya no me encuentro bien en un sitio, se me hace

insoportable aguantar y antes que meter la pata más... me las piro

Andrea: ¡Esther por favor!

E: No hay vuelta a tras Andy. La situación iría de mal en peor y bastante tengo ya, como

para más ¡Que le den!..

Pasaban los días y Esther no volvió a su lugar de trabajo. Las llamadas de Maca eran continuas. Intentó vanamente ponerse en contacto con ella, tras enterarse por su secretaria que no había vuelto a ir a trabajar desde su partida. Se dio cuenta que no podía dejar de pensar un solo segundo en ella, y no entendía por qué. No era de su posición social y aun así esa chica por su forma de ver las cosas y ese punto de locura que tenía se había adueñado de algo importante en su interior. Después de recoger todas sus pertenencias, hizo un par de llamadas para dejar todo arreglado sin la necesidad de tener que volver. El ático se lo quedaría Jeny, pagando la parte que le pertenecía. Era su última noche en un lujoso hotel. Sentía un enorme vacío por acabar esa bonita historia tan drásticamente. Pensó que le dolería más, pero se alegraba por no sentirse tan mal como debería ser tras una ruptura. La convivencia en los últimos meses se había

deteriorado demasiado y eso solo les conducía a más dolor. Desde que supo que tendría que cambiar su residencia después de tantos años, hizo que se alejaran y le dolió

profundamente el comportamiento de la que hasta entonces había sido su pareja, que desde un principio le dejó bien claro que ella no estaba dispuesta a vivir lejos de su país, poniendo una gran barrera en la relación y empezando a vivir su propia vida. Hizo un último intento para ponerse en contacto con Esther y buscó el número en la guía de su teléfono proporcionado por Ana. Marcó algo recelosa y esperó contestación...

Esther disfrutaba de la noche con la compañía de una chica que conoció en un lugar de alterne. Desde que rompiera definitivamente con Noe, su vida había dado un gran giro. Su madre seguía sin entenderla y estaba viendo que su mundo la hacía cada día un poco más pequeña. Esa noche estaba dispuesta a romper con todo y disfrutar cuanto pudiera. Se sentía tremendamente sola por lo que esa noche necesitaba algo especial. Se situó en una esquina de la gran barra de aquel lugar. Pidió una copa y miró a su alrededor. Vio acercarse una chica rubia. Pensó... esta noche serás para mi guapa... entablaron conversación y la noche se adueño de ellas. Después de compartir un par de bailes cambiaron su taburete de la barra por un cómodo sofá en una de las esquinas. Fue la

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chica quien tomó la iniciativa y atacó sus labios directamente. La luz tenue del lugar hacia más íntimo ese rincón. La chica se adueñó del cuerpo contrario dirigiendo sus manos que corrían veloz por la espalda, hasta llegar directamente a su entrepierna. Esther facilitó ese contacto entregándose completamente. Sin pretenderlo de pronto le vino la imagen de la que había sido su jefa hasta entonces. Tuvo que parpadear seguidamente para borrarla en ese preciso momento. Seguía aferrándose a ese cuerpo sin conseguir quitar esa imagen de sus ojos, sin entender que hacía ahí. No tuvo que pensar mucho en el por qué... simplemente y a pesar de su carácter se sintió atraída por ella, no como pareja pero si para un momento como el que estaba viviendo en los brazos de otra

Eran más de las tres de la madrugada cuando en silencio entraban en el piso. No estaba sola por lo que le había dicho que irían con sumo cuidado para no despertar a Andy. Su teléfono sonó y rápidamente accionó la tecla para contestar sin ver previamente de quien provenía esa llamada...

E: Sí... (contestó en un susurro para no llamar la atención de Andy, que descansaba en

su habitación unos metros más allá)

M: ¡Hola Esther! (dijo levemente) Soy Maca

E: ¡¡¡¡Ehhh!!!! (dijo aturdida) ¿y qué quieres a estas horas?... ¿Tú sabes la hora que

es?... (dijo enfadada)

M: Sí, lo siento, sé que ahí es tarde

E: ¿Tarde?... son más de las tres de la madrugada bonita...

M: Lo siento. No debí molestarte. Ya hablaremos a mi vuelta. Perdona si te he

despertado

E: A tu vuelta no hablaremos, así que olvídate de mí y borra mi número de tu teléfono

¿te queda claro?... además... ¿qué sabes tú si dormía o estaba dándome un revolcón, que tú precisamente has interrumpido?..

Maca colgó sintiéndose tremendamente mal. Quería arreglar la situación con ella y no le daba la oportunidad. Por más que lo intentaba no conseguía dejar de pensar en ella. Pasó el día sumida en una gran tristeza. No sabía que iba a hacer con su vida, no sabía si seguiría en la empresa o decidiría contratar un director que la llevara. Estaba segura que su vida en Madrid no sería la deseada por ella y se sentía más hundida a cada minuto que pasaba. Recordó el día que vio a Jeny de la mano de alguien a quien no conocía, en un parque desde la ventana de su despacho en el hospital y un profundo pinchazo recorrió su pecho hasta el límite de impedirle respirar. Se sintió desdichada y la tristeza se apoderó de ella. Era la persona que más había amado, pero también quien más daño llegó a hacerle. Pensó el día que recibió esa llamada que cambiaría su vida

completamente. Sin ganas salía a respirar aire... sentía que se ahogaba, y necesitaba sentir como el aire puro acariciaba su piel. Sus pasos la guiaron a aquel centro

hospitalario. Tuvo miedo de entrar... de encontrarse frente a frente con ella, pero sentía la necesidad de recorrer aquellos pasillos por los que tantas veces se movió, pero sobre todo quería despedirse de quien durante muchos años fueron sus compañeros y algunos grandes amigos. Tras la definitiva despedida miró hacia atrás. No volvería a aquel lugar por lo que quería llevárselo grabado en su retina, cuando a lo lejos oyó una voz que la llamaba...

Jeny: ¡Maca! (dijo llegando a ella) Me han dicho que habías venido y quiero que sepas

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pedirte perdón por el daño que te causé y quiero que sepas que la historia con aquella chica no funcionó... Dejaste una huella muy profunda en mí, dejaste el listón muy alto y eso será imposible de olvidar. Yo... (dijo tristemente) no encontraré a nadie como tú... nadie que me ame con la intensidad que lo hacías tú, pero... las cosas cambian Maca, y con ellas los sentimientos. Quiero que sepas que si algún día necesitas algo me lo hagas saber, por nada del mundo me gustaría perderte definitivamente, pero este es mi lugar Maca y tú lo sabías...

M: ¿Fue por eso que dejaste de quererme?

Jeny: Yo... lo siento mucho Maca y quizás me duela más que a ti, pero mi lugar está

aquí, en mi país con mi gente. Y siempre te lo dije Maca, jamás te lo oculté...

M: Sí, siempre me lo dijiste, pero siempre te dije que en un futuro... Jeny: Lo sé, pero eso no va a ser posible

M: Pues aquí se acaba nuestro camino juntas. Solo deseo que puedas ser feliz (dijo

iniciando su marcha en dirección al aparcamiento donde tenía el coche)

No miró hacia atrás. No quería que la viera llorar y por mucho que le doliera su historia con ella acababa en ese preciso instante. Puso rumbo al aeropuerto donde en unas horas saldría con destino a Madrid, abandonando la ciudad de los rascacielos triste por lo vivido esos años donde conoció gente maravillosa y donde creyó encontrar esa persona que caminaría de la mano junto a ella por el resto de sus días. Comprendió y se daba cuenta que no había tanto amor por parte de Jeny como suponía. El tema de la marcha algún día a España lo habían hablado en muchas ocasiones y aunque la veía reacia, nunca pensó que fuera capaz de renunciar al amor. Le dolía... le dolía profundamente pero decidió pasar página y afrontar su futuro sin ella, rompiendo así tantas promesas como se hicieron y tantas esperanzas por ese futuro en común donde no faltarían los hijos. Marchaba ilusionada de emprender una nueva vida fuera de esa ciudad en la que había pasado sus últimos doce años. Pretendía pasar primero por el centro de

Investigación, pero en el último momento cambió de opinión y decidió pasar primero por casa y tomar una reconfortante ducha, que reparara las marcas del largo y cansado viaje. Alrededor de las once de la mañana llegaba a su empresa. La esperaba Juan, que previamente lo había informado de su llegada

M: ¿Qué tal Juan? (dijo extendiendo su mano para saludarlo) ¿Todo bien? Juan: ¡Todo en orden! (contestando al saludo) ¿El viaje bien?

M: Demasiado largo y pesado, pero bien, gracias. ¿Algo nuevo desde que hablamos

ayer?

Juan: ¡No Maca! Seguimos con el estudio de los tejidos blandos, y hay algunas cosas

muy interesantes de las que ya te pondré al corriente. La pena es que no está Esther, lo hace francamente bien, pero bueno, ahora es Marta la que se ocupa de eso

M: Y tú no podrías hacer algo al respecto, sois muy amigos y quizás podrías

convencerla ¿no? o... en todo caso Andrea

Juan: A Esther hay que conocerla, yo la conozco aunque quien más sabe de ella es

Andy, pero sé que no volverá

M: ¿Puedes ponerme en contacto con ella? Lo he intentado después de hablar con ella

un día y no hay forma que me coja el teléfono

Juan: ¿En contacto con ella?... ¿Para qué Maca?

M: Me gustaría hablar con ella y disculparme por mi forma de tratarla Juan: No creo que quiera

M: Bueno eso me gustaría comprobarlo por mi misma... reconozco que me pasé. El

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Me gustaría empezar de cero si ella me lo permite porque con vosotros ya lo experimenté...

Juan: Intentaré hablar con ella, pero no te aseguro nada

M: Tendrá que venir a firmar su baja de la empresa y supongo querrá cobrar ¿no? Juan: A ese respecto tendrás que hablar con Andy

M: ¿Por?

Juan: Bueno, ella está al corriente de lo que piensa sobre todo. Está en el laboratorio

central, por si quieres hablar con ella ahora

M: ¡Después iré! Me apetece un café ahora. ¿Quieres uno? Juan: Eh... ¡pues no sé si debo!

M: Eso dependerá de si te apetece ¿no? (dijo con una mirada nueva para Juan)

¿Vamos?... ¡invito yo!..

Juan le cedió paso para que pudiera salir. No terminaba de entender ese cambio en su jefa, pero le gustaba. Había un notable cambio hasta en su mirada, pero prefería no adelantar nada, por si ese cambio solo era debido al cansancio del largo viaje y el cambio horario

Andrea: ¡¡¡Juan!!!... (gritó)

Juan: ¡Dime preciosa! (dijo girándose hacia ella)

Maca paro sus pasos y decidió esperarlo

Andrea: Tengo un problema con una de las formulas y no consigo coordinar los genes... Juan: ¿Te viene de cinco minutos?

Andrea: Llevo casi una hora dándole vueltas, así que qué son cinco minutos ¿no? M: ¡Andrea! (dijo acercándose a ella) ¿te tomas un café con nosotros? Íbamos a eso y lo

mismo un tiempo de relax haría que pudieras resolver el problema después de un descanso ¿no?

Andrea: (“¿y a esta que le pasa?... (pensaba) ¿a qué viene este cambio?” mientras

buscaba la mirada de Juan, por si veía alguna señal en ella que pudiera ayudarla a encontrar la respuesta) ¡Eh!... Pues casi es mejor que me quede aquí

Juan: Va, tómate un respiro Andy Andrea: Creo que sería mejor que no...

M: ¡Solo serán cinco minutos! (dijo mirándola)

Andrea: ¡Ya! Y... ¿tendré que recuperarlos a la hora de salir? (dijo irónicamente) no

sé... para ti es una pérdida de tiempo ¿verdad?

Juan: Venga Andy, tantas horas delante de esa pantalla y del microscopio están

haciendo mella en ti

Andrea: No y lo sabes. Mi mejor amiga y la mejor compañera que podíamos tener se

fue por culpa de ella, y ahora... (dijo mirándola) puedes despedirme a mí también, yo no tengo dos caras, así que eso es lo que hay y no hay café...

Para Maca eso fue un golpe bajo. Sintió un gran nudo en su interior y le vinieron unas inmensas ganas de llorar... Juan pudo comprobar cómo el rostro de su jefa se tensaba y como brillaba su mirada, en su lucha por no derramar una sola lágrima. Andrea sintió la mirada penetrante sobre ella y lentamente volvió a su trabajo

Juan: No se lo tomes en cuenta Maca. Siente devoción por Esther y su marcha la ha

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M: No voy a firmar la baja de la empresa, así que si la ves puedes decírselo o mejor...

¿Puedo usar tu teléfono?

Juan: Maca por favor...

M: Solo será una llamada, sería la única forma de poder comunicarme con ella y ha de

ser por sorpresa (dijo totalmente decidida)

Juan: ¡No me pidas esto Maca por favor! (insistía)

M: Juan, conoce mi número y sé que no contestará. Por favor, nunca te he pedido nada,

me equivoqué con ella y solo pretendo rectificar si es que me da la oportunidad

Juan giraba sobre si mismo, bajando la mirada sin saber qué hacer... dudaba... se jugaba su amistad con Esther. La conocía perfectamente dando por hecho que sería el final de esos años de amistad. La penetrante mirada de su jefa lo estaba poniendo muy nervioso. Sintió el deseo de marcharse pero decidió no dejarse llevar. Llevaba sus manos a los bolsillos de su pantalón, para sacarlas al segundo y volverlas a meter. Sentía un frío sudor en su rostro. Pensaba en su amistad con Esther y en el cambio experimentado por su jefa. Se movía nervioso ante la penetrante mirada de Maca sin saber qué hacer. Lo estaba poniendo en una situación extrema y sintió miedo...

M: Mira, haremos una cosa (dijo al verlo indeciso y sumamente nervioso) déjame

intentarlo y...

Juan: Maca ¡no te das cuenta que puede pensar que la traicione!... ¡que puede

acarrearme serios problemas con ella!, es más... conociéndola podría ser el final y yo no quiero eso (la interrumpió)

M: Escucha, si no consigo nada o lo único que logro es que se enfade contigo... me iré

de aquí. Tú llevarás el peso de la empresa bajo mi tutela, pero prometo no aparecer por aquí en ningún momento, si consigo que ella vuelva

Juan: ¿Por qué Maca?... ¿Por qué haces esto?

M: Pues realmente no lo sé. Esta empresa, mi vuelta al país, han dado un giro total a mi

vida y ahora ya todo me da igual. Solo aspiro a vivir en paz donde quiera que sea

Juan: ¡Dame una sola razón y quizás acceda!...

M: Todo me da igual ya. Lo he perdido todo así que qué más da, pero al menos estaréis

como antes, se positivamente que sois un gran equipo. Quizás mi llegada no fue en el mejor momento de mi vida y nadie tiene la culpa de nada y actué indebidamente con todo el equipo. Yo no soy así... tenéis una visión equivocada de mí, porque fui una arrogante cuando me reincorporé al centro, pero es que pasaba por momentos muy delicados. Lo único que pretendo es que esto vuelva a ser lo que era y a poder ser sin que falte ni un solo miembro de esta pequeña empresa

Juan: ¿Insinúas que me quedaría de director?

M: Lo afirmo Juan. Me marchare de aquí y solo tú sabrás de mi Juan: ¡Sin importarte que pueda tener problemas! ¿verdad?...

M: Tengo clarísimo que se enfadará y no poco, pero... también estoy segura que sabrá

entenderlo...

Juan: ¿Sabes?... no sé ni porque lo hago, pero toma (dijo acercándole su teléfono) y no

hará falta que te marches, esto es tuyo, es tu futuro, ya me las arreglaré yo con Esther y con Andy, sé que a ella también le fallaré. Si consigues que vuelva me daré por

satisfecho. A Esther le gusta trabajar aquí, es muy buena en el trabajo, no le importa quedarse hasta la hora que haga falta con tal de acabar algo que urja, la mejor en su técnica diría yo y si esto me causa algún problema... ya veré que hago, cógelo (dijo insistiendo)

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Maca tomó el aparato que previamente Juan había buscado el numero y pulso la tecla de llamada...

Esther deambulaba por el casco antiguo de la ciudad recordando su niñez...

imaginándose correteando por las calles o esperando la llegada de su padre, por el que sentía adoración, a pesar de recordar poco. El fallecimiento, prematuramente la dejó huérfana a los nueve años y a partir de entonces su vida cambió considerablemente. Hacía un sol esplendido e invitaba a sentarse en una terracita que conocía perfectamente a pesar de los años pasados. Pidió una cerveza de la que bebió largamente directamente de la botella como a ella gustaba hacerlo. Miró al frente, donde seguía estando el jardín por el que pasaba a diario donde se columpiaba antes de subir a casa. Al sol se hallaba sentada una señora que recoció al instante. Dejó el importe de la cerveza sobre la mesa. La bebió de un trago y cruzó al otro lado de la calle...

E: ¿Manuela?

Manuela: ¡Sí hija, así me llamo! ¿Quién eres? (preguntó) mi memoria me falla ya un

poco (dijo dulcemente)

E: Soy Esther (dijo con suma ternura) Manuela: ¿Esther?...

E: García, Manuela... Esther García, la hija de Francisco. ¿Se acuerda de él? (preguntó) Manuela: ¿El de la fábrica?

E: El mismo (dijo sonriente)

Manuela: Han pasado muchos años, pero a la gente buena no se la olvida (dijo en el

intento de levantarse)

E: ¡Quédese sentada! (mientras se inclinaba hacia ella para besarla con amor) Manuela: ¿Qué fue de tu vida hija?

E: Pues estudié medicina y hasta hace muy poquito me iba muy bien... Manuela: ¿Eres médico?

E: ¡Sí!... pero no ejerzo

Manuela: Pues deberías aconsejarme si debo o no operarme de la cadera hija E: Trabajo en un centro de Investigación. Bueno... trabajaba (dijo triste)

Manuela: Se te ha oscurecido la mirada hija, hasta ahora tenías la misma de tu infancia,

siempre corriendo feliz y te recuerdo con tu padre mientras te balanceabas en el

columpio impulsada por él. Más... más fuerte papi, decías insistentemente. Lástima que se fuera tan pronto. Dime hija, ¿Qué te pasa? Esa mirada no es la tuya...

E: Bueno (bajando la mirada) algún día se lo contaré, pienso volver a menudo por aquí.

Me había olvidado por completo de este lugar, y hoy sin pretenderlo aquí estoy

Manuela: ¿La familia bien? (preguntó) E: ¿Mi madre?...

Manuela: ¿Volvió a casarse?

E: ¡No! se dedicó a sacar la fábrica adelante. Cuando le dije lo que quería estudiar

cambió radicalmente conmigo

Manuela: ¿Problemas?

E: Bueno, su carácter es especial... y a partir de mi adolescencia chocábamos mucho... Manuela: ¡Pero no era mala!

E: Ya no tenemos relación...

El sonido de su teléfono salía del interior del bolso que llevaba colgado en bandolera insistentemente. Lo sacó y miró la pantalla comprobando de quien se trataba...

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E: ¡Espera un momento cariño!... (dijo retirando el aparato de su rostro)

Maca sintió un escalofrío al oír esas palabras que la recorrió de arriba abajo, sabiendo que cuando supiera de quien se trataba, esas cariñosas palabras quedarían en el olvido apareciendo su otra personalidad...

Esther se despidió de Manuela con un cariñoso abrazo prometiendo que volvería en otra ocasión. Y volvió a llevarse el teléfono al oído con una gran sonrisa

E: ¡Dime Juanito!... ¿Cómo va todo? O tendría que preguntar... ¿Cuánto me echáis de

menos?

Maca la escuchaba como ausente. No sabía la razón, pero su cuerpo se tensaba con solo oír su voz. Tenía muy claro que no empezaría ninguna relación con nadie, menos con ella sabiendo perfectamente que no soportaba su presencia, pero desde el primer día que la vio y muy a pesar de su mala educación, esa chica llamó su atención de una manera especial, sin conseguir saber la razón

E: ¡Bueno dime!... o es que te ha comido la lengua el gato guapo jajaja

Maca sentía un nerviosismo especial que no la dejaba articular palabra alguna

¿miedo?... ¿incertidumbre? ¿Temor a una mala contestación? Sabía que se enfadaría y mucho, aun así se decidió

M: Hola Esther (dijo atropelladamente) Soy Maca E: ¡Que!... ¿Dónde está Juan?

M: Esther tenemos que hablar

E: Yo no tengo nada que decir y menos a ti, así que adiós ¡y dile al traicionero que se

ponga que se le va a caer el pelo!

M: ¡Esther! por favor...

E: ¡Esther nada! Y dile a ese cabrito que se ponga. Aunque también podría ser que se lo

hubieras quitado sin su consentimiento, ya que sería lo mejor para él, venga que se ponga, contigo no quiero ni compartir el aire que respiro

M: Escúchame solo un minuto por favor

E: Ni un segundo y no olvides preparar ese documento mío, que pienso mandaros a la

mierda a ti y a la empresa en cuanto lo tenga firmado... (dijo colgando)

“Que se habrá creído la tipa esta... ¿Quién coño se cree que es?” Pensaba mientras perdía la mirada sobre la pantalla del teléfono que vio como volvía a iluminarse, señal de una nueva llamada. Vio en letras mayúsculas el nombre de Juan sin saber muy bien qué hacer...

E: ¿Juan? (preguntó interrogante)

M: ¡Eh!... no (dijo segura) soy yo otra vez

E: ¿Vas a seguir tocándome los cataplines mucho tiempo?

Ante esta expresión Maca se destenso y sonrió...

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E: ¡Ya lo veo! Escucha no quiero nada de ti. No quiero nada tuyo, así que pásale el

teléfono al capullo de Juan y déjame en paz...

M: Dame solo unos minutos, aunque preferiría hablarlo personalmente E: ¿Qué coño quieres? ¡Eh!... ¿joderme más todavía?... ¿te parece poco? M: ¡No quiero joderte!... quiero verte (dijo sin pensar)

E: ¿Que qué?... lo que tienes que hacer es pagarme el despido y perderme de vista de

una vez...

M: No pienso hacer nada de eso mientras no hablemos E: Así que quieres que nos veamos ¿no?

M: Sería lo mejor, hablar cara a cara...

E: ¿Y qué tendría que hacer para poder firmar mi despido? M: He dicho que no firmarás nada

E: ¿Qué coño quieres de mi?...

M: Que te quedes en la empresa (dijo segura) E: Negativo (contesto escuetamente)

M: Eres muy cabezota ¿no?

E: Vete a la mierda y déjame en paz... a menos que... M: ¡Dime!

E: Que lo que estés buscando sea un revolcón... así probarías cositas nuevas, es eso

¿verdad?...

M: Ya es la segunda vez que te lo oigo decir. ¿De veras crees que es eso lo que quiero? E: ¡No sé tía!... venga pásame con el traicionero y déjame en paz

M: ¿Quieres que te deje en paz? E: Afirmativo

M: ¿Quieres el despido sin intentar llegar a un acuerdo?... ¿Sabes algo? Quería pedirte

disculpas por cómo me comporte contigo desde que llegué, pero me lo estás poniendo demasiado difícil... Así que si es lo que quieres, pásate por la empresa por la mañana que lo tendré todo listo

E: Me parece perfecto (dijo colgando para volver a marcar ese mismo número...)

Maca quedo aturdida. Devolvió el teléfono a Juan y cogió la taza humeante aun, para llevarla a sus labios dando un gran sorbo de ese café degustando su sabor larga y pausadamente. Miro a Juan profundamente...

M: Juan... ¿Esther tiene pareja?

Juan: ¡No Maca! Tenía una relación que se rompió hace algunos meses ¿Por?... M: ¡Tu!... ¿Y tú?...

Juan: ¿Yo?... pues no sé a qué viene esto ahora, pero no... ni tengo pareja, ni estoy

comprometido con nadie aunque sí hay alguien especial...

M: Estoy pensando que no sé nada de vosotros, que solo me ocupé de venir dando

órdenes, sin preocuparme antes de cómo y quiénes eran las personas que tenía trabajando para mí...

El sonido del teléfono volvía a sonar. Maca se tensaba y decidido Juan se disponía a contestar, no sin antes mirar de quien se trataba...

Mientras oía como Juan intentaba calmar a Esther, Maca se ponía más nerviosa, dándose cuenta que por una cabezonería suya pudiera tener serios problemas, dado el carácter de Esther. Vio como ponía el teléfono sobre la mesa y como cogía mientras la miraba su taza para llevársela a los labios. Juan había quedado algo serio tras esa

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llamada y sentía la necesidad de saber que había pasado o si realmente se había enfadado tanto como parecía...

M: Lo siento Juan (dijo escuetamente)

Vio como le brillaba la mirada y sintió pena. Llevó su mano hasta la de él rozándola en un acto de ternura que hizo sin saber muy bien porque

Juan: No te preocupes, se le pasará... tiene un pronto especialmente peligroso, pero

cuando lo piense detenidamente se que rectificará

M: De veras que lo siento, no pensé que se lo fuera a tomar así. Y ¿dime? ¿Siempre

tiene tan mal carácter?

Juan: ¡Qué va! Y no es lo que parece, solo que intenta esconderse tras un muro

infranqueable. ¿Sabes algo?

M: Dime

Juan: Cuando llegaste estuvo francamente mal. Una pulmonía severa que según el

especialista de no haber sido joven no lo habría superado y la verdad es que tú no estuviste muy acertada. Si hubieras reaccionado de otra forma, créeme que la reacción de ella hubiera sido totalmente contraria de como lo hizo

M: Pues sí... pero bueno eso ya está hecho, como también sé que nadie tiene la culpa de

nuestros problemas. Reconozco que me pasé, pero ella con su mala educación también puso su granito de arena

Juan: Bueno, ahora ya está. Viene mañana ¿verdad?

M: Eso parece, y si no llegamos a un acuerdo decidiré que hacer

Juan: Esther es una gran mujer, pero... bueno ha tenido algunos problemas y... en fin

que se pone como una moto, pero si la llegaras a conocer... te darías cuenta que es una persona increíble...

M: Quizás la culpa fue mía. Llegué queriéndome comer el mundo y hasta propuesta a

romper la perfecta unión que aquí teníais...Yo también llegué en un momento delicado de mi vida personal y no hice las cosas bien, algo mal por mi parte, porque no teníais ninguna culpa de lo que pasara en mi vida en esos momentos...

Juan: ¿Problemas confesables?... no sé, ya puestos quizás me ayude a conocerte un

poco más. ¿Sabes algo?... todos los comentarios a cerca de ti eran idénticos y no demasiado buenos y eso es porque no sabemos nada de ti. Aquí nos conocemos todos tanto... que con solo vernos llegar por la mañana sabemos hasta con el pie que nos hemos levantado

M: Bueno pues cuando recibí la noticia que debía volver a España, empezaron serios

problemas con mi pareja

Juan: ¿Estás casada?...

M: No, casada no, pero llevábamos más de doce años viviendo en pareja. Hubo una

gran crisis y lo dejamos... bueno, me dejó. Ya lo sabes, llevaba fuera del país más de quince años. Allí acabé la carrera y allí me afinqué hasta que recibí la fatal noticia

Juan: ¿Por qué fatal?

M: Porque mi intención no era la de volver... mi vida no ha sido nada fácil, y ahora si

me permites voy al despacho a redactar un informe que urge bastante...

Juan: Espera, entonces... ¿por qué volviste?

M: Me habría quedado pero después de algunos problemas personales decidí volver

sola y bueno, ahora estoy aquí y quiero empezar una nueva vida y la quiero empezar de cero. Y ahora si me perdonas...

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M: No Juan, eso es cuenta mía

Eran las siete de la mañana cuando aparcaba su audi en su plaza de parking. Cerraba el coche y accedió al edificio por primera vez sin mirar hacia las ventanas como era su costumbre. Saludó cordialmente al miembro de seguridad, ocupado del servicio nocturno. Generalmente su hora de llegada era alrededor de las nueve de la mañana, pero después de una noche larga y tensa, en la que el sueño no quería hacer acto de presencia, decidió adelantar su entrada, siendo la primera ese día. Se situó en su sillón, que previamente había girado para poder contemplar el amanecer, viendo como

lentamente aparecía la luminosidad y el brillante sol que anunciaba una nueva

primavera. Abrió su maletín y extrajo un documento perfectamente redactado con dos puntos claves y definidos, en el que dejaba claro el cese voluntario donde hasta ahora prestaba sus servicios Esther García, y que leyó repetidamente varias veces. Salió de su despacho para encaminarse al laboratorio donde Andrea trabaja en la investigación de unos nuevos genes. Tras dar un pequeño golpe sobre la puerta como aviso que llegaba, abrió para acercarse...

M: ¡Buenos días!

Se giró para comprobar de quien era esa voz que ya conocía perfectamente. Fijó su mirada en la pantalla del ordenador donde estaba trabajando, después de contestar con un frío saludo

M: ¿Conseguiste extraer los genes ayer? Andrea: Me costó, pero al final pude hacerlo

M: Me alegro, se nota las ganas que le ponéis y lo eficaces que sois de lo que me siento

muy orgullosa

Andrea: ¿Cómo tengo que tomarme eso? (preguntó mirándola)

M: ¡Como quieras! pero quiero que sepas que me siento muy orgullosa del equipo

humano tan bueno que tengo trabajando aquí

Andrea: ¡¡¡Vaya!!!

M: ¿Sabes si ha llegado Esther ya?

Andrea: No estés tan segura que venga. Esta mañana la vi reacia y si viene será una

excepción que me haga caso, porque últimamente no me hace ninguno...

M: ¿Hace mucho que la conoces?

Andrea: De toda la vida. Y no se merece el trato que le diste. Es de las mejores de la

empresa. Le gustaba trabajar aquí ¿sabes?... se desvivía por todo esto (dijo mirando a su alrededor...) y ahora mira... ¡ves que has conseguido! Pues has conseguido que se vaya

M: Intentaré que eso no pase...

Andrea: Ya te digo yo que no se quedará... M: Con tu ayuda sería posible

Andrea: Después del numerito de ayer con el teléfono, no creo que nadie pueda

convencerla y menos tú...

M: Aun así pienso intentarlo. Andrea, Abel está trabajando en unos cromosomas ¿te

importa echarle una mano cuando puedas? Anda algo liado y bastante nervioso

Andrea: ¡Ves!... Si estuviera aquí Esther (dijo arrepintiéndose) ¡Sí!... cuando acabe con

esto iré a ver cómo va...

(23)

Andrea: No, gracias. No podemos perder el tiempo en cafetería y yo ya desayuné a mi

hora...

M: ¡Por favor Andrea! ¿quieres olvidar todo aquello y darme la oportunidad de

rectificar?...

Una vez supo que no habría contestación, salió a toda prisa...

Eran sobre las doce cuando Esther llegaba al centro y se paraba en recepción a saludar...

-: ¡Ya está aquí la alegría de la casa! E: ¡Era cariño!... alguien jodió eso

Tras unos minutos de charla subía directamente al despacho de la directora, que después de tocar suavemente la puerta entro...

M: ¡Buenos días! (dijo mirándola) E: ¿Dónde está mi despido? M: Buenos días ¿no?

E: Para mi hace tiempo que ya no son... venga déjate de chorradas

M: ¿No quieres pensarlo? Esta ha sido tu segunda casa varios años ¿no? ¿Cómo ocho?

(preguntó)

E: Ya no, aquí ya nada es igual desde que llegaste con tus aires de superioridad... M: ¿Y si intentamos que sea lo que era?...

E: Que te dejes de sandeces y dame el papel ya de una pu... Por favor terminemos

cuanto antes...

M: ¡Bueno!... ¡si sabe pedir las cosas por favor y todo!

E: ¿Por qué no te vas un poquito a la mierda? firmo y entonces me iré yo... M: ¿A la mierda?... (dijo con sorna)

Ester la miraba duramente sin saber si contestar

M: Aunque también podrías ir a darte un revolcón ¿no? llevamos algunos minutos

hablando y aun no lo has dicho y eso es todo un logro...

E: Venga Maca, por favor, dame ese documento que lo firme, y acabemos cuanto

antes...

Maca la miró intensamente. Esas palabras le llegaron de forma especial. Miró sus ojos para pasar a sus labios y algo en su interior se removió. Fue a su mesa y sacó el documento del cajón

M: ¡Toma! Léelo y si estás de acuerdo lo firmas. Pero... también podrías pensarlo unos

minutos y mi consejo es que lo hagas. Es más, te hago un trato. ¿El problema soy yo no?...

E: ¡Pues mira sí! Y un problema grande M: Ya... incompatibles ¿no?...

E: ¿Qué quieres?... ¿o qué es lo que intentas conmigo eh?

M: Quiero que te quedes trabajando aquí y contigo no tengo absolutamente nada, es

(24)

E: ¿Contigo? ¿Llevarme bien contigo? Eso es imposible y ahora dame eso (dijo

cogiendo el documento)

Tomó asiento mientras fijaba la vista en el papel. Maca se acercaba al gran ventanal perdiendo su mirada sobre los edificios situados delante

El rostro de Esther cambiaba a medida que iba leyendo. Su mirada se tornaba dura en cada renglón que avanzaba. Se sentía engañada al comprobar la sucia jugada a la que la había llevado, estallando en cólera...

E: ¿Qué es esto eh?... (dijo tirando de malas formas el documento) M: Tú cese voluntario. Está bien descrito ¿no?

E: ¿Mi cese voluntario?... ¿Y si te vas a tomar viento fresco? (dijo alterada) Voy a

recordarte que fue idea tuya la de despedirme, porque en ningún momento dije que fuera a irme voluntariamente

M: ¡Primero sé un poquito menos grosera! Sé que no eres así. Mira, aquello pasó ya. Te

gusta trabajar aquí, formáis un equipo de trabajo excepcional y no vale la pena perder un trabajo que amas por una cabezonería...

E: ¿Eso crees?

M: ¡Sí!... eso creo. ¿No quieres verme?... pues bien... no me verás, de eso me ocupo yo,

pero este documento está redactado de forma que entiendas que no quiero que te marches

E: ¡Ya!... ahora no quieres que me marche ¿Pues sabes que haré?... firmar y te metes tu

empresa por donde mejor te quepa (dijo como un huracán) Cogió un bolígrafo y estampó su firma en él...

E: ¡Toma!... ahí lo tienes y me voy, pero no sin antes decirte que desde que llegaste este

gran equipo ya no trabaja con la ilusión y las ganas de antes, y eso lo has conseguido tú sola, así que date por satisfecha que al final te quedarás sola

Maca la dejaba hablar con su mirada fija al frente a través del cristal

E: Que es lo que te mereces...

M: ¿Estás segura? Luego no habrá vuelta atrás E: ¡Vete al infierno!

M: ¡Esther!... ¿Todo esto por una equivocación mía? E: ¡Ah!... que ahora resulta que fue un error tuyo ¿no?

M: Sí, mío y lo siento. Siento mi comportamiento hacia ti cuando estuviste enferma. No

pasaba por mis mejores momentos y no actué en consecuencia. Estoy intentando solucionar todo este enredo de la mejor manera. Y ahora si aceptas mis disculpas, rompemos ese documento y empezamos de nuevo ¿te parece?

E: Pues mira, no me parece, así que puedes irte y hacer lo que te dé la gana. No quiero

nada tuyo. Lo único que quiero es perderte de vista cuanto antes (dijo saliendo) ¡Ah!... (girándose) lo que me pertenece de mi sueldo se los das a Andy

Maca cerraba los puños en un acto de derrota, mientras levantaba el auricular y marcaba un digito

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