• No se han encontrado resultados

Aprender y educar con bienestar y empatia - Pere Dader Vidal (Coord) (Ed. Octaedro, 2012) (1).pdf

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Aprender y educar con bienestar y empatia - Pere Dader Vidal (Coord) (Ed. Octaedro, 2012) (1).pdf"

Copied!
181
0
0

Texto completo

(1)

(2)

(3) Aprender y educar con bienestar y empatía La formación emocional del profesorado.

(4)

(5) Pere Darder Vidal (coord.) Ferran Salmurri Trinxet, Mariano Royo Arpón Anna Carpena Casajuana, Josefina Sala Roca Lourdes Marzo Ruiz, Marta Albaladejo Mur. Aprender y educar con bienestar y empatía La formación emocional del profesorado.

(6) Colección Recursos, n.º 113 Aprender y educar con bienestar y empatía. La formación emocional del profesorado Título original: Aprendre i ensenyar amb benestar i empatia. La formació emocional del professorat (Ediciones Octaedro, 2012) Traducción del catalán por Manuel León Urrutia. La traducción de esta obra ha contado con una ayuda del Institut Ramon Llull.. Primera edición en papel: diciembre de 2013 Primera edición: mayo de 2014 ©P  ere Darder Vidal, Ferran Salmurri Trinxet, Mariano Royo Arpón, Anna Carpena Casajuana, Josefina Sala Roca, Lourdes Marzo Ruiz, Marta Albadalejo Mur © De esta edición: Ediciones OCTAEDRO, S.L. C/ Bailén, 5 – 08010 Barcelona Tel.: 93 246 40 02 - Fax: 93 231 18 68 octaedro.com – [email protected] Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.. ISBN: 978-84-9921-561-7 Diseño y producción: Editorial Octaedro.

(7) 5. Sumario. Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 7. Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 9. 1. Emociones y educación, una integración necesaria . . . . . . . . . . . . . . .. 11. 23. 45. 69. 103. 123. 143. Los conceptos clave en la educación de las emociones . . . . . . . . . . . . . .. 161. Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 165. Sobre los autores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 169. Ignacio Morgado. Pere Darder. 2. Educación de las emociones, salud psicológica y centro educativo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ferran Salmurri. 3. Centros emocionalmente inteligentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mariano Royo. 4. Crecimiento emocional en el aula . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Anna Carpena. 5. Emociones y procesos educativos: los estilos educativos y las emociones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Josefina Sala y Lourdes Marzo. 6. El coaching como recurso: herramientas para entrenar las competencias emocionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Marta Albaladejo. 7. Nuevas perspectivas en la formación inicial del profesorado . . . . Mariano Royo.

(8)

(9) 7. Prólogo. Si además de configurar y hacer posible nuestro bienestar cotidiano existe un territorio donde las emociones son especialmente importantes, ese no es otro que el de la educación, algo que siempre han sabido y tenido en cuenta los buenos maestros y educadores de todas las épocas. Las emociones son reacciones neuroendocrinas y conductuales, la mayoría inconscientes, que se dan en el cuerpo de las personas ante circunstancias o acontecimientos importantes. Los sentimientos son la percepción consciente de esas reacciones fisiológicas. Ambos, emociones y sentimientos, son el resultado de un largo proceso evolutivo orientado a potenciar la supervivencia y reproducción de los seres vivos. Son por tanto fenómenos biológicos, como la respiración y la fotosíntesis, que, utilizados convenientemente, proporcionan ventajas adaptativas a los individuos. Cuando el desarrollo progresivo de la corteza cerebral hizo posible el pensamiento racional en la mente de los primates, las emociones ya estaban allí desde hacía mucho tiempo y, lejos de quedar marginadas por ese progreso, se convirtieron en cómplices críticos del pensamiento y la racionalidad. Es decir, en el proceso evolutivo que va desde los mamíferos inferiores a los primates superiores, las emociones y los sentimientos se implicaron progresivamente en los procesos racionales para dirigir la atención hacia lo más importante, dar valor a las cosas, facilitar la comunicación entre individuos, seleccionar las memorias e influir críticamente en la toma de decisiones. A la neurociencia de hoy día le resulta muy difícil establecer la línea de separación entre el cerebro racional y el cerebro de las emociones y los sentimientos. Es difícil encontrar un proceso mental en el que las emociones y los sentimientos no estén implicados de una manera relevante. De ahí la importancia que siempre han tenido estos procesos en el mundo de la educación, un mundo destinado a promover comportamientos adaptativos y nobles. Actualmente es posible conjugar los nuevos conocimientos de la psicología y la neurociencia para comprender mejor que nunca cómo operan las emociones en el terreno de la enseñanza, el aprendizaje y la educación. Se trata de estimular y potenciar aquellos estilos y competencias educativas que mejor sintonizan con la manera de trabajar del cerebro a la hora de crear motiva-.

(10) 8. Aprender y educar con bienestar y empatía. ciones, controlar el comportamiento y mejorar los aprendizajes. Si, como dijo el gran Albert Einstein, la educación es lo que nos queda cuando olvidamos lo que hemos aprendido, es posible que las emociones y los sentimientos generados por la instrucción y sus métodos tengan un papel determinado en el establecimiento de ese legado educativo implícito y persistente que tanto influye en nuestro comportamiento. De todo eso trata precisamente una obra como la que el lector tiene en sus manos, orientada a la integración entre los nuevos conocimientos científicos y la experiencia acumulada en los nuevos y tecnificados escenarios de la docencia y el mundo de la educación. El largo trabajo en equipo de los autores sobre todas las dimensiones personales y sociales de la educación emocional y la reflexión, coordinación y experimentación continuadas ofrecen garantías de pertinencia y calidad en la organización de la obra y en la selección de sus contenidos. En ella, destacados profesores especialistas abordan aspectos tan importantes en el mundo educativo como el control y la gestión de las emociones; su papel en las relaciones intrapersonales e interpersonales; la comunicación emocional y la influencia de los sentimientos en los diferentes estilos educativos. Como no podía ser de otra manera, el trabajo realizado tiene además un enfoque bidireccional al reconocer que educadores y educados se influyen mutuamente a través de sus emociones y sentimientos. Los psicobiólogos y neurocientíficos asumimos e investigamos los procesos cerebrales y mentales que hacen posible el conocimiento y la educación, determinando sus características y su dinámica funcional. Pero son los propios profesionales de la educación los encargados de orientar el funcionamiento y el dinamismo de esos procesos hacia determinados valores individuales y sociales, preferentemente hacia aquellos que sean generadores de bienestar personal, sabiduría, entendimiento y cooperación entre individuos y grupos humanos. De ahí la gran responsabilidad de esos profesionales y su necesidad de mejorar continuamente su formación y sus competencias, motivos por los cuales una obra como esta les puede ser de gran ayuda. Un trabajo que ha sido fruto de la experiencia, la colaboración y los sentimientos de excelentes profesionales en el ámbito educativo. Ignacio Morgado Bernal Catedrático de Psicología del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona.

(11) 9. Presentación. Dos hechos consecutivos han sido el punto de partida próximo e incidental de la decisión de realizar esta publicación. En primer lugar, la participación de los autores en la introducción de la educación emocional en el Curs de Qualificació del Professorat (CQP) experimental, que ha continuado, una vez oficializado, en forma de máster. La labor de todos estos años nos ha ido confirmando en la urgencia de formar al colectivo docente en las dimensiones emocionales de la educación, ya desde la formación inicial de todo el profesorado. En segundo lugar, la petición por parte del director de la revista Perspectiva escolar, de redactar un monográfico sobre las emociones, también influyó en la determinación de llevar a cabo la publicación. Una vez confeccionado el monográfico, creímos que, partiendo de los contenidos ya elaborados, podíamos ampliar el marco de referencia a todo el profesorado y aportar más indicaciones y materiales prácticos. Pero hay un punto de partida más profundo y general: el descubrimiento que han hecho las neurociencias, a finales del siglo pasado, de la importancia y función de las emociones en el desarrollo personal y social, cosa que exige un cambio profundo, especialmente en la educación. De alguna manera, queremos hacernos más presentes comunicando a los lectores nuestras propuestas para la mejora de la formación del profesorado, como dimensión indispensable para el progreso de la educación y como muestra de nuestro interés por el desarrollo de las personas y de la sociedad. Partiendo del tratamiento científico, personas, colectivos e instituciones, con diferentes acentos, han ido impulsando lentamente la introducción de una nueva visión en el campo educativo. Como todos los cambios, este movimiento da lugar a incomprensiones, resistencias y aplicaciones parciales o de corta duración que influyen poco en su implantación. Pero, paralelamente, detectamos un despliegue de iniciativas de investigación, de formación y una extensión continuada del tema que nos ocupa. Como otros, los autores hemos participado en muchas de estas iniciativas. A través de las distintas acciones (conferencias, mesas.

(12) 10. Aprender y educar con bienestar y empatía. redondas, cursos, asesoramientos, congresos, intervenciones en grupos y centros, artículos, publicaciones, presencia en colectivos que trabajan en seminarios y aplican técnicas a nivel amplio o restringido…) realizadas individualmente o en colaboración, y también en el marco de una red informal muy activa, los autores hemos intercambiado puntos de vista sobre este tema. Todo eso nos ha llevado a acercar posturas, a valorar la necesidad de explicitar un marco teórico y a establecer una conexión permanente entre la teoría, la práctica y la experimentación de las diferentes técnicas dentro del marco del aula y del centro educativo. Y a hacerlo desde la vivencia del pensar, sentir y actuar de cada uno de nosotros, desde la propia singularidad, formación y dedicación profesional. Valoramos esta diversidad como un elemento altamente significativo en cuanto a aportar una visión diferenciada del mundo afectivo-emocional en su aplicación al sistema educativo. Nos ha parecido, también, que de esta forma podíamos facilitar que los lectores se orientasen mejor a la hora de emprender su propia formación como condición para ayudar a sus alumnos. Queremos acabar dando las gracias a todas las personas, los grupos, los centros educativos y las instituciones con las que hemos interactuado con respecto a las emociones. Todos nos han enseñado y nosotros hemos intentado aprender. Gracias. Deseamos continuar con todos el esfuerzo para mejorar la educación y el desarrollo personal y social de todos los ciudadanos. Los autores.

(13) 11. 1. Emociones y educación,. una integración necesaria Pere Darder. Introducción Progresivamente al cambio de siglo, se impuso la idea de la educación como herramienta fundamental para impulsar la formación y el progreso de los individuos y de la sociedad. Como consecuencia, se promueven una serie de iniciativas en el panorama internacional: mejorar y evaluar los sistemas educativos y adecuar la preparación de los profesionales de la educación, como base del cambio de expectativas de nuestra sociedad sobre la educación. Pensemos en el currículum por competencias, la autonomía de los centros, las pruebas internacionales (PISA, PIRLS y otras), el Plan Bolonia, la formación de los directores. Entre nosotros se ha concretado con la LEC (Ley de Educación de Cataluña), el nuevo currículum por competencias, el incremento de las evaluaciones, los nuevos estudios de Magisterio, el máster de Secundaria y el curso de directores. Hay muchas consideraciones y valoraciones que hacer sobre la idoneidad y las orientaciones de los diferentes cambios. A pesar de todo, hay que reconocer, por la importancia y cantidad de los cambios, que se trata de una oportunidad excepcional para exponer, profundizar e insistir en lo que supone para el profesional y todo el colectivo la introducción de la función de las emociones en la vida y el logro de los objetivos educativos propuestos para las personas y la sociedad. Paralelamente y a partir de aportaciones científicas, se ha producido un cambio en la consideración de las emociones y de su función en la vida individual y social, y en el logro de los objetivos educativos. De hecho, estamos asistiendo a una progresiva penetración de las dimensiones emocionales en diferentes campos (medicina, terapia, gestión y liderazgo, conducción de grupos, influencia sobre colectivos…) y también en el educativo (propuestas de formación, tutoría, programas para los diferentes niveles educativos, evaluación y otras). Aun así, estamos lejos todavía de una incorpo-.

(14) 12. Aprender y educar con bienestar y empatía. ración que pueda producir los efectos educativos esperados, muy especialmente en lo que se refiere a la formación del profesional de la educación. La cuestión es de máxima importancia en un momento de cambios sociales profundos y acelerados que presionan fuertemente sobre el equilibrio personal y la vida social. Pensemos en el incremento de los desajustes psicológicos (individuales: malestar, estrés, descontrol, depresión; y sociales: confrontación, descalificación, violencia, agresividad…). Además, hay que tener en cuenta el acuerdo generalizado a considerar que muchos de los problemas de aprendizaje tienen su origen en disfunciones emocionales y afectivas. La intención de este capítulo es aportar los elementos básicos para introducir al lector en el tema y para instar a incorporar las emociones en la labor educativa. Garantizar la presencia de la dimensión afectiva dentro de los cambios que se están realizando en los sistemas educativos significa poner el énfasis en el plan de desarrollo de las personas y en la construcción de una ciudadanía activa y emprendedora que busca la mejora de todo el colectivo. Significa optar por la corresponsabilidad en el ejercicio de la educación y en los objetivos que se persiguen.. 1. Dimensiones generales Antes de pasar a presentar la concepción actual de las emociones, queremos exponer algunas dimensiones que las enmarcan y dan una visión de conjunto y forman parte del marco humano, más amplio, donde se inscriben las distintas variables que se deben tener en cuenta y, por lo tanto, también las emociones. Son puntos de partida que nos influyen y se presentan como condicionantes y a la vez como posibilidades.. Los humanos como sistemas sociales abiertos La noción de sistema destaca la existencia de un conjunto de elementos que interactúan y que funcionan como un todo. Existe una articulación entre las partes y el todo que busca el equilibrio del conjunto. Este hecho reclama que la educación se centre en todas las dimensiones de la persona (salud, crecimiento, aprendizaje y convivencia) para impulsar el desarrollo del conjunto. Como consecuencia, nos sitúa en el concepto de la llamada educación integral. El carácter abierto del sistema indica que este mantiene un intercambio constante con el entorno, que nos va configurando e incide en nuestra educación. Todos influimos y somos influidos de forma permanente. El profesor siempre influye, se lo proponga o no, en las dimensiones personales de sus alumnos, a través de.

(15) 1. Emociones y educación, una integración necesaria. la materia y de las relaciones. La dimensión social recoge el hecho de que los humanos nos necesitamos para crecer y convertirnos en humanos. La ausencia de relación hipoteca la vida, como muestran los casos documentados de niños salvajes. Hay una interdependencia entre el yo y los otros. En la educación es indispensable velar por las relaciones personales y sociales positivas en el ámbito familiar y escolar para establecer las bases adecuadas para el desarrollo y el aprendizaje.. La supervivencia y el desarrollo Se trata de dos polos complementarios, necesarios para el desarrollo pleno del individuo. La acción educativa ha de atender la vida para garantizar todos los elementos que la conforman, para impulsar los hábitos básicos de respeto por el espacio y el tiempo, la salud y el entorno que nos acoge y ayuda. Paralelamente hemos de incentivar el desarrollo pleno de todas las capacidades para que cada individuo consiga lo mejor de lo que es capaz. Con nuestra actuación hemos de generar confianza en las fortalezas y posibilidades de las que dispone todo ser humano. Debemos ayudar, equilibrar, abrir caminos, ofrecer recursos, ser profundamente optimistas y contagiar ilusión para la mejora personal y social.. La conciencia de uno mismo y de la realidad Ser consciente significa percibir, tener conocimiento. Es lo que nos permite descubrir cómo somos y dónde estamos y sentirnos como sujeto en un entorno determinado. De hecho, es lo que nos sitúa en la realidad y nos permite participar y actuar asumiendo los retos de nuestra vida. En la educación es indispensable favorecer el nivel de conciencia (de nosotros mismos, del entorno, de los otros y del contexto y los vínculos establecidos), para que cada uno asuma el gobierno de sí mismo, Los cambios rápidos y profundos de nuestro momento (globalización, tecnologías de la comunicación, incertidumbres…) exigen un replanteamiento de los esquemas habituales para incorporar nuevos puntos de vista que sitúen y desarrollen adecuadamente las nuevas posibilidades en la línea de la empatía y la colaboración entre los humanos. Estos cambios afectan profundamente a toda la realidad escolar, desde el aprendizaje, hasta la orientación de la organización escolar y la cultura de los centros.. La complejidad de la vida, de la educación El reconocimiento de esta realidad nos debe llevar a huir de situaciones simplistas y simplificadas y a asumir que hay que armonizar los distintos elementos del conjunto en lo que se refiere a uno. 13.

(16) 14. Aprender y educar con bienestar y empatía. mismo y a los demás, y a los vínculos que se establecen. Desde el punto de vista de la complejidad de la educación, hay que favorecer por todos los medios la corresponsabilidad de todos los agentes educativos. Este aspecto ha de ser un objetivo fundamental de todo el profesorado. Si pensamos en el colectivo más amplio, eso nos conectará con la denominada ciudadanía planetaria, para que se asuma que todos compartimos la tierra, concebida como biosfera.. El desarrollo y el aprendizaje se producen a lo largo de la vida Los cambios acelerados de la sociedad (en lo que se refiere a las ciencias y las tecnologías, las formas y duración de la vida, la especialización y el desarrollo de nuevos trabajos y profesiones…) han contribuido a potenciar el aprendizaje a lo largo de la vida. Progresivamente, se ha arrinconado la concepción estática que parecía indicar que había un final del aprendizaje. La educación tiene que reflejar esta situación, dando paso a la innovación y orientando a los niños y jóvenes sobre la función del saber. En ese sentido, hay que potenciar la importancia de la competencia de «aprender a aprender» como motor y la capacidad para hacerlo habitual y autónomamente. La actitud y la práctica del profesorado respecto al aprendizaje y la renovación/innovación personal y profesional es imprescindible para incidir en los alumnos. Hay que atender a la vez el éxito de los estudios y la continuidad del aprendizaje.. 2. Las emociones, hoy: cambios de final de siglo De las emociones siempre se ha hablado. Todos los pensadores han hecho aportaciones, más o menos extensas, sobre el tema. Desde el humanismo, estas reflexiones se han ido revisando y en buena parte se han incorporado a la investigación actual. Nuestra cultura ha considerado de segundo orden las emociones desfavorables e incontrolables, distorsionando el pensamiento y la actuación. Oímos decir: «Se ha dejado llevar por sus emociones» en clara referencia a un comportamiento de sentido negativo. También hemos oído decir a menudo: «Son las que son». Se nace con unas emociones y con ellas nos toca vivir. La frase: «Tengo mal carácter, soy así» ejemplifica esta valoración. En consecuencia, se deben reprimir para evitar sus efectos negativos. Pero actuamos siempre con ellas, y la sociedad también. Pensemos en la publicidad, el consumismo y en la comunicación de contenidos culturales, políticos y religiosos, que quieren conducirnos a través de ellas. No nos preocupan las emociones, pero las sufrimos, especialmente si no conocemos las que nos mueven. Insistiendo en este hecho, se ha dicho que quien conoce las que orientan nuestra.

(17) 1. Emociones y educación, una integración necesaria. conducta puede influir más en nosotros. De hecho, las primeras emociones a las que se atendió desde la salud fueron las que decantaban negativamente el razonamiento y el desarrollo. En este sentido, la aportación de Freud representa un paso adelante fundamental porque abre la puesta al hecho de actuar sobre las emociones.. El tratamiento científico de final de siglo La investigación científica sobre las emociones produce el cambio de óptica sobre el papel que tienen y las posibilidades del sujeto de gestionarlas. Se destacan especialmente las aportaciones procedentes de tres ámbitos de investigación: • La teoría de las inteligencias múltiples, formulada por Howard Gardner. Distingue hasta ocho inteligencias. A partir de ahí se configura la inteligencia emocional. • El estudio del cerebro, desde las denominadas neurociencias, la fisiología, la biología, la química, la medicina, la psicología, la filosofía (Le Doux, Damasio…), pone de manifiesto la plasticidad del cerebro y la interrelación entre pensamiento y emoción. • La teoría de la complejidad (Priogine, Maturana, Morin…), según la cual simplificar la realidad es deformarla; por lo tanto, hay que considerar todos los elementos y su significación cuando se interrelacionan. Recordemos que el detonante a nivel internacional es la publicación de D. Goleman, Inteligencia emocional, en 1995, superventas mundial, traducido a la mayoría de idiomas. A través de las diferentes investigaciones, se afirma la función fundamental de las emociones y la capacidad de influir en ellas mediante la inteligencia emocional. Se aportan datos sobre su significación, su funcionamiento y sobre cómo hay que actuar.. Algunas afirmaciones fundamentales sobre el alcance de las emociones • La presencia permanente y activa de las emociones en todas las actividades humanas. Frente al predominio exclusivo del razonamiento, se afirma la influencia de las emociones en todo el proceso de desarrollo vital, desde el crecimiento y el aprendizaje, hasta el afecto y la estima. Se destaca su intervención en la toma de decisiones. • La conexión cerebral entre razón (lo que pienso y entiendo), emoción (lo que siento y deseo) y acción (lo que hago). Existe una relación permanente entre razón, emoción y acción, a través de las conexiones neuronales. Es lo que se denomina plasticidad del cerebro, lo que refuerza el aprendizaje a lo largo de la vida.. 15.

(18) 16. Aprender y educar con bienestar y empatía. • También existe una fuerte vinculación entre emociones y cuerpo. De hecho, no tenemos, sino que somos un cuerpo. De ahí la importancia de la biología en nuestra vida, que abarca desde la lucha por la supervivencia hasta el papel de las emociones en la salud. Nuestra realidad corporal nos aporta información sobre el estado emocional propio y el trabajo corporal es indispensable para la gestión de nuestras emociones. • Existe un intercambio permanente entre el interior (yo) y el exterior (los otros, el mundo, el universo). Se afirma, por lo tanto, la noción de sistema, que es la base de la dinámica del desarrollo y el aprendizaje de los seres vivos. • La afirmación anterior da lugar a la interdependencia entre yo y el otro o los otros, como la condición para ser humanos. El contacto humano nos instala en nuestra condición. Históricamente existen situaciones que avalan este hecho, que van de la supervivencia a la adaptación a formas de vida inferiores. La consecuencia de estas afirmaciones es que las emociones forman parte esencial de los humanos y afirman la unidad de la persona. Prescindir de las emociones es una simplificación que mutila la complejidad de la realidad y de la educación. Las vivencias emocionales y afectivas del sujeto intervienen y condicionan su desarrollo personal y, por lo tanto, el aprendizaje. La gestión de las emociones no ha penetrado suficientemente en la educación, aunque sí lo ha hecho en el campo de la terapia. Tendríamos que profundizar en la relación que puede haber entre los dos hechos. Un posible intercambio y trasvase podría ayudar a la educación y ahorrar situaciones posteriores no deseadas. Tras haber constatado el papel central de las emociones hay que ver qué elementos introducen las emociones, en qué línea actúan y, también, cómo podemos influir en ellas y gestionarlas. Es lo que aparecerá en los dos apartados siguientes y que tiene que permitirnos, a continuación, considerar globalmente la dinámica del desarrollo personal y social.. Caracterización de las emociones. ¿Qué nos aportan? Recogemos brevemente las dimensiones que tienen un amplio consenso. Las emociones nos aportan una valoración de uno mismo, de los demás y de la realidad. La manera en que nos vemos/valoramos nosotros y nos ve/valora el exterior influye en la confianza o inseguridad en nosotros mismos y en las relaciones que establecemos. Todos somos humanos, pero irrepetibles. Las emociones conforman la manera individual de vivir nuestra vida y son la base de la singularidad personal. La conciencia permite contrastarlo a través.

(19) 1. Emociones y educación, una integración necesaria. de la relación con el otro, que también se produce a partir de su singularidad. En función de la aceptación o rechazo del objeto focalizado se despierta el deseo de actuar para conseguirlo o desestimarlo. El impulso a la acción lleva a buscar lo que se desea o a alejarse del peligro. Representa la garantía de la supervivencia. Globalmente, las emociones se ven como mecanismos de regulación y adaptación a la realidad interna y externa. Actúan como censores de alerta sobre la situación de la persona («Lo deseo», «Estoy a gusto», «Estoy incómodo»). Permiten al sujeto orientar el desarrollo individual y social.. Podemos gestionar nuestras emociones La inteligencia emocional aparece como la competencia para gestionar las propias emociones, orientar y desarrollar la propia vida y, a la vez, establecer relaciones constructivas con los demás. La conexión entre pensar, sentir y actuar es la base de la educación emocional. Se distinguen dos dimensiones: • Las capacidades intrapersonales, referidas a uno mismo. Consisten en la vivencia de nuestras emociones y en el conocimiento de cuáles son, cuándo se inician, cómo se incrementan, se manifiestan o se desactivan. A partir de la conciencia de la propia realidad emocional se pueden aplicar las estrategias adecuadas. Este proceso fundamenta la autoestima como el sentimiento de sentirse digno, capaz, como los otros, para hacer frente a los obstáculos y dificultades de la vida. La presencia de la autoestima se manifiesta en la confianza, la resistencia/resiliencia, el reconocimiento del otro. Su ausencia, a través de la inseguridad, genera miedo, malestar, alejamiento o negación del otro. • Las capacidades interpersonales, referidas a los otros. Son las competencias que nos permiten tener relaciones positivas con los demás, convivir y trabajar juntos. Todas tienen una fuerte relación con la empatía, o sentimiento del otro, que nos acerca al otro bajo su condición de yo como yo, digno y humano, cada uno con sus fortalezas y carencias frente a su proyecto vital. En este campo se consideran las habilidades referidas a la convivencia (escucha, diálogo, apertura, confianza, asertividad) que apuntan directamente al intercambio y las habilidades referidas al trabajo conjunto (animación y conducción de grupos, resolución pacífica de conflictos, toma de decisiones, liderazgo…). Ambas dan lugar a la dimensión ética y social, que se resuelve en la dedicación a la mejora y transformación colectiva, a la cooperación en el incremento de la salud social y a lo que se denomina. 17.

(20) 18. Aprender y educar con bienestar y empatía. espiritualidad. Hay interdependencia entre autoestima y empatía, en la génesis y en el ejercicio. Porque la hay entre yo y el otro. Todos necesitamos reconocimiento y afecto. Consecuentemente, todo ello fundamenta la madurez personal. Hay que destacar la necesidad de profundizar en el desarrollo de las dos dimensiones. El sentirse digno y capaz de la autoestima garantiza la confianza en uno mismo para superar dificultades y para abrir nuevos caminos. La empatía es la base de la acción educativa que se vehicula mediante la relación y el intercambio entre todos los implicados. Ha de ser objeto de una atención continuada, dada su variedad por el número y la diversidad de interlocutores, y para garantizar la adecuada transferencia de contenidos, y de todos los elementos relacionales y afectivos de una buena comunicación. Por otro lado, y desde instancias diversas, se insiste en la función troncal de la empatía en la supervivencia y mejora de nuestra civilización. Es necesario decir que ambas dimensiones tienen correspondencia directa con las competencias personales y las competencias sociales del currículum de la Enseñanza Básica y se deberían introducir y trabajar explícitamente.. 3. La dinámica del desarrollo Hemos presentado las posibilidades que ofrecen la presencia y el tratamiento de las emociones y las aportaciones de la educación emocional en el desarrollo de la vida de las personas. Hay que avanzar en ese camino. No se trata de una formación adquirida de hoy para mañana, como sabemos los que nos dedicamos a la educación. Pero también nos consta que es posible mejorar si nos lo proponemos. La preparación, el esfuerzo, el convencimiento y la confianza nos lo garantizan. Hemos hablado de la noción de sistema de los seres vivos. Hemos insistido en el intercambio constante entre el yo, los otros y el entorno, que se produce a lo largo de la vida y que nos influye en función de la aceptación o rechazo que hace el sujeto. Y hemos destacado la función fundamental de la relación con los demás, como unidades que dan sentido a la realidad. La conciencia del hecho y las relaciones y decisiones del sujeto han de permitir que se vaya orientando el desarrollo. En definitiva, construir nuestra vida. La educación es una influencia intencional dirigida al desarrollo de los individuos, de ahí su importancia..

(21) 1. Emociones y educación, una integración necesaria. Ajuste y conflicto La vivencia interna de uno mismo y el intercambio con el exterior, especialmente con los demás, da lugar a dos situaciones contrarias, que pueden presentar muchos matices. El ajuste con uno mismo, con los demás y con el entorno genera satisfacción, equilibrio personal y mejora de la energía personal («Estoy animado, con fuerzas para vencer dificultades»). La situación contraria provoca malestar y, si es persistente, acaba desembocando en trastornos psíquicos, como hemos comentado antes. Detectado el conflicto a partir del malestar, es necesario analizarlo y buscar un nuevo equilibrio, actuando sobre el interior (la forma en que afronto las dificultades) y el exterior (modificar las relaciones y estrategias). El bienestar nos da fuerza para avanzar y el malestar nos aboca a cambiar para superarlo. Muy diferente, por cierto, de situaciones en las que se permanece en el malestar que nos perjudica sin que tomemos medidas de signo positivo. Nos hacen malvivir, enrarecen el ambiente, intoxican al colectivo y lo desmoralizan. De forma esquemática, estas situaciones ilustran la dinámica del desarrollo personal y social en el que el conflicto, los obstáculos y las dificultades representan una oportunidad y un reto para alcanzar un nuevo equilibrio. La vivencia de las afirmaciones que hemos presentado, así como de lo que aportan las emociones y las capacidades que envuelven la autoestima y la empatía, nos permite avanzar, si nos fijamos en cómo evoluciona nuestra vida, si somos conscientes de lo que nos pasa, por qué y cómo nos pasa.. Emociones positivas y negativas Hemos hablado de dos situaciones contrarias: el ajuste y el conflicto. Cada una de ellas está correlacionada con una de las clasificaciones en que se dividen las emociones: las positivas y las negativas. Hay que afirmar, antes de hablar de unas y otras, que todas son necesarias. Entre las primeras están: la esperanza, la alegría, la compasión y el amor, que nos posibilitan la identificación con el colectivo humano… Entre las negativas destacan la ira, la ansiedad, la tristeza, la envidia, el miedo, el disgusto… Indirectamente ya hemos destacado cómo las negativas deterioran la capacidad de reacción, mientras que las positivas mejoran la actitud y la energía para avanzar a través de las nuevas estrategias. No es lo mismo apostar y ejercer de forma continuada las unas o las otras, por encima de los episodios vitales (conflictos, pérdidas, fracasos…) que nos sitúan en las negativas y que hemos de reelaborar, reconducir y superar. Según la opción elegida como proyecto y estilo de vida, apostamos por vivir la vida desde las dimensiones que nos activan para mejorar y establecer relaciones positivas con los demás, o para vivir en el malestar permanente y. 19.

(22) 20. Aprender y educar con bienestar y empatía. tener una actitud individualista y despreciarlos. Y esta posición, a través de nuestra condición de sistemas sociales abiertos y del contagio emocional, influye en el predominio social de la actitud correspondiente.. Emociones positivas y eficacia educativa Si pensamos que se establece un paralelismo entre las emociones negativas, la supervivencia física y la continuidad de la vida del sujeto, y entre las positivas y la supervivencia y evolución de los humanos como humanos, entenderemos que instalarse en las positivas como opción de nuestro proyecto de vida es apostar por el desarrollo personal y social, por la mejora continuada, por la creatividad de todo el colectivo humano, cada uno según su singularidad. No es necesario destacar la importancia que supone para la educación lo que estamos diciendo. Esta opción representa presencia constructiva e ilusionada, actitud de aceptación de los otros, disposición a resolver con rigor las dificultades de la enseñanza-aprendizaje y a superar las incertidumbres, establecimiento de vínculos afectivos y de convivencia, esfuerzo continuado y apasionado por atender las demandas de toda clase que plantea la vida individual y colectiva, y llamada permanente a acercarse a la felicidad y al amor. La acción educativa en el centro se produce en un contexto que comprende desde la relación con el alumno y la conducción del grupo, hasta el intercambio y trabajo conjunto con los demás profesionales, los padres, la comunidad educativa y el territorio, pasando por las disposiciones y políticas administrativas y laborales, por el currículum, por el proyecto educativo, la enseñanza y la didáctica de las materias, las evaluaciones… y también la vida personal, familiar y el cúmulo de intereses del profesor. Todo ello en el marco de una situación de complejidad creciente, por los cambios sociales y la acumulación de elementos que hay que atender y armonizar en el acto educativo. Es lógico encontrar resistencias, inconvenientes, conflictos e intereses que soliciten nuevas soluciones. Pero solo se pueden encauzar desde la calma, la empatía y la convivencia colectiva orientada a la resolución pacífica de conflictos para crear un futuro mejor, y desde la atención y superación del presente real, lejos del llamado malestar docente, que con frecuencia otorga culpas en lugar de afrontar los retos. De ahí que se tenga que atender en profundidad la formación de los profesionales de la educación, más allá de «saber la materia», que es indispensable y se ha de revisar y renovar constantemente..

(23) 1. Emociones y educación, una integración necesaria. 4. Algunas consideraciones finales sobre la formación emocional del profesorado Hemos aportado los elementos fundamentales que permiten plantearse la formación emocional. Existen suficientes materiales prácticos, cuyo uso permite progresar y asumir la propia parte emocional e integrarla con el pensamiento y la acción. La asistencia a cursos o el trabajo en grupo de profesores ayudan a avanzar en la formación personal y social, favorecen la toma de conciencia y el contraste de información a través del intercambio y el compromiso colectivo. En cuanto a la necesidad de formarse, de gestionar nuestras emociones, ya hemos presentado y comentado los beneficios que comporta. Además de la mejora del bienestar, hay que destacar la orientación positiva de cara al trabajo y al desarrollo, y a las relaciones personales y la salud social del colectivo. En lo que respecta a la educación, se debe insistir en el hecho de que, como sistemas sociales abiertos y por contagio emocional, influimos por el hecho de relacionarnos. Instruimos y educamos a la vez. En cambio, prescindir de las emociones falsea la visión que se tiene del alumno y de sus necesidades y nos impide disponer de los recursos adecuados para ayudarlo a mejorar. Hay que adquirir progresivamente nuevas emociones, actitudes y competencias para instalarnos en un comportamiento global de signo positivo que determine nuestra influencia sobre los niños y los jóvenes. Como ejemplo, enumeramos algunas pautas de este comportamiento, que pueden añadirse a aquellas que cada uno ha comprobado, desde su singularidad, que le han resultado positivas: • Calma, acogida, calidad en la enseñanza y el trabajo, justicia. • Respeto y confianza en uno mismo y en los otros, comprensión, aceptación, ayuda continuada al alumno y al colectivo. • Comunicación, intercambio y trabajo individual y en grupo. • Comprensión de las situaciones, convencimiento entusiasta por los objetivos y finalidades, participación activa en el proceso. • Creación de complicidades, sinergias y sintonía afectiva. Actuar positivamente y desvelar emociones positivas. Asertividad y espíritu crítico. • Autoridad moral para impulsar la libertad del niño. • Exigencia, esfuerzo y rigor durante el proceso. Actitud facilitadora, estimulante, optimista, ilusionada. • Capacidad para conducir grupos, para tomar decisiones, liderazgo. • Iniciativa, investigación, innovación, eficacia.. 21.

(24) 22. Aprender y educar con bienestar y empatía. Todas han de partir de dos realidades básicas de la vida humana y estimularlas: nos necesitamos unos a otros, necesitamos reconocimiento, estima y disfrutar de la vida. En el caso de la educación, nuestra actuación tiene que estar presidida por el interés preeminente del niño, de acuerdo con la Convención de los Derechos de los Niños. La formación y el equilibrio emocional del profesorado le ayuda a conseguir satisfacción y eficacia en su labor y a desarrollar, con ilusión y optimismo, sus aspiraciones personales y profesionales, individuales y colectivas. Y esta situación tiene un efecto fundamental en el desarrollo de sus alumnos, del centro y del entorno: Genera confianza, deseo de mejora y espíritu de colaboración. Se dice que la utopía refuerza la acción educativa. El hecho de que siempre influimos y de que tenemos la posibilidad de evolucionar positivamente convierte esta utopía educativa en una opción realista y necesaria.. Bibliografía Bach, E.; Darder, P. (2002). Sedúcete para seducir. Vivir y educar las emociones. Barcelona: Paidós. —— (2004). Desedúcate. Una propuesta para vivir y convivir mejor. Barcelona: Paidós. Covey, S. R. (1997). Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Barcelona: Paidós. Damasio, A. (2005). En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos. Barcelona: Crítica. Darder, P.; Bach, E. (2006). «Aportaciones para repensar la teoría y la practica educativas desde las emociones». Teoría de la educación, vol. 18, pp. 55-84. Salamanca. Fernández-abascal, E. G. (coord.) (2010). Emociones positivas. Madrid: Pirámide. Fredrickson, B. L. (1998). «What good are positive emotions?» Review of General Psychology, 2 (3), pp. 300-319. G oleman, D. (2006). Inteligencia social. La nueva ciencia de las relaciones humanas. Barcelona: Kairós. Hué, C. (2008). Bienestar docente y pensamiento emocional. Madrid: Wolters Kluwer. Ledoux, J. (1999). El cerebro emocional. Barcelona: Planeta. Morgado, I. (2006). Emocions i intel·ligencia social. Una alianza entre els sentiments i la raó. Barcelona: Mina. Morin, E. (1999). Les sept savoirs nécessaires à l’éducation du futur. París: UNESCO. R ifkin, J. (2010). La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis. Barcelona: Paidós. Rogers, C. L. (1968). Le développement de la personne. París: Dunod. Vaillant, G. E. (2009). La ventaja evolutiva del amor. Un estudio científico de las emociones positivas. Barcelona: Rigden-Institut Gestalt..

(25) 23. 2. Educación de las emociones, salud psicológica y centro educativo Ferran Salmurri. 1. La vida cambiante y el necesario cambio de formación A menudo se oye decir que hay un exceso de visión psicopatológica de la vida y, probablemente, es cierto. Uno tiene la impresión de que cuando levantamos una piedra nos saldrán diez niños hiper­ activos. Al que se mueve en la clase se le envía al centro de salud mental o a la que está delgada se la califica de anoréxica. En muchos casos parece que hay un uso excesivo de diagnosticar comportamientos. A pesar de eso, por otro lado, no cabe duda de que entre la población infantil y juvenil han aumentado los casos de trastornos que requieren la intervención de los profesionales del ámbito de la salud mental. A veces se manifiestan cambios más o menos bruscos en las actitudes o los comportamientos de los jóvenes o de los niños. Estos cambios pueden observarse dentro del ámbito familiar, pero también en la escuela. A lo largo del tiempo, e incluso hoy, ha sido costumbre considerar a los niños hiperactivos «niños mal educados». De la misma manera, otros signos o síntomas psicopatológicos han sido ignorados y su importancia sistemáticamente tergiversada y/o valorada de forma errónea. Ciertamente, a los signos indicadores de dificultades psicológicas no se les ha prestado atención hasta hace bien poco. Durante muchos años se ha considerado que la psicopatología era casi exclusivamente de los adultos. Solo hay que recordar cómo los primeros estudios importantes sobre depresión infantil se remontan a los años sesenta y setenta del siglo pasado. Y la situación es muy similar con respecto a la descripción y elaboración de criterios diagnósticos, en todos los casos bastante recientes, como por ejemplo, en el campo de las manifestaciones de depresión de los recién nacidos (Spitz, 1965) y de depresión infantil (Puig-Antich y Chambers, 1978). Este hecho nos hace pensar que aparecerán nuevas informaciones a las que nos tendremos que adaptar. En todo caso, hoy conocemos algunos signos de alarma de los cuales es importante que los adultos este-.

(26) 24. Aprender y educar con bienestar y empatía. mos informados para facilitar la intervención de los profesionales adecuados. Si bien es cierto que hoy se diagnostica más y mejor, también se debe a que hay nuevos trastornos que pueden derivarse, al menos en parte, de las nuevas formas de vivir o de convivir y educar. Pensemos, por ejemplo, en los trastornos de la conducta alimentaria, que hace unos años eran prácticamente inexistentes, o en los trastornos por consumo de substancias tóxicas o en las adicciones a juegos en línea. A diario aparecen nuevas dificultades de adaptación de los niños y los jóvenes a las formas y maneras de vivir y convivir del mundo adulto. No es intención de quien esto subscribe entrar, en este punto, a analizar esos cambios y transformaciones, pero sí de constatar el hecho del aumento de la complejidad de la vida. El Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña informa hoy que los trastornos psicológicos graves en niños y adolescentes se han duplicado en los últimos años. También, recientemente, se ha hecho público que, según un estudio, la adicción a los juegos en línea entre nuestros menores y adolescentes es del 7%. Los datos están ahí. Ante el hecho de la maternidad o paternidad, los adultos hacemos a menudo una valoración un tanto simplista con el convencimiento de que tenemos un «angelito». Pocas veces somos conscientes de que estamos ante un ser humano, es decir, una persona que, como todas, es bastante imperfecta. Nuestra ingenuidad nos lleva con demasiada frecuencia a creer que lo educaremos de tal manera que lo convertiremos en un «óscar de Hollywood» y nos creamos expectativas fantasiosas más en nombre del deseo de que así sea que en razón de los argumentos racionales de los que disponemos para creerlo. Es del todo evidente que después, ante estas expectativas erróneas o excesivas, después, muchos padres y madres se sienten día a día decepcionados al comprobar que sus criaturas son de carne y hueso, es decir, ni angelitos ni óscares de Hollywood. Los lectores que ya tengan una cierta edad recordarán la anécdota. En los años sesenta del pasado siglo era frecuente leer, en los apartados de «cartas al director» de los diferentes diarios del país, quejas por la demora que a menudo tenía la única televisión del Estado a la hora de cerrar la emisión: «¿Cómo queremos que mejore la productividad de la gente cerrando la emisión a la una de la noche?», exclamaban algunas voces que presuponían que los seres humanos tenemos que irnos a dormir según la televisión. Eso hará sonreír a más de uno aunque es un recurso que se utiliza a menudo. Consiste en reclamar la prohibición en vez de preparar para la mejora de la educación del autocontrol. Evidentemente, que eso se puede aplicar en muchos casos y situaciones. Parece que reclamando volver a los manuales de disciplina ya es suficiente. Las medidas disciplinarias no pueden excluir una mejor formación emocional..

(27) 2. Educación de las emociones, salud psicológica y centro educativo. 2. Desde la prehistoria educativa Uno de los principales errores educativos de los adultos consiste en creer que cuando intervenimos educativamente, lo hacemos bajo el convencimiento de que las pautas y actitudes que tomamos se basan en principios de justicia, razón y conveniencia para el menor. Lo cierto es que esta creencia dista mucho de la realidad. No podemos dudar de la buena fe, pero sí tenemos que aceptar que el error es considerable. Todas nuestras decisiones están cargadas e influenciadas por las propias emociones: compramos golosinas a los niños porque nos hace ilusión verlos contentos; nos enfadamos y reñimos (incluso «rayamos») al adolescente cuando llega a casa con una nota de expulsión temporal de la escuela porque nos da rabia comprobar que no es el angelito que creíamos; nos metemos en las discusiones y peleas entre hermanos porque tenemos miedo a que se hagan daño o porque no soportamos que eso pase ante nosotros. Eso sí, siempre con el autoconvencimiento de que todo lo hacemos por el bien del menor. En muchos aspectos seguimos educando, tanto en casa como en la escuela, como lo hacían nuestros antepasados hace mil años. Convertimos la educación, y la vida entera, en un juicio permanente en el que nos otorgamos el papel de fiscal, juez y verdugo, todo al mismo tiempo, y actuamos premiando o castigando según unos criterios basados, en muchos casos, en nuestras emociones. Ante acontecimientos o comportamientos que consideramos inadecuados o indeseables, normalmente buscamos culpables. Vivimos inmersos en la cultura de la acusación y la culpabilidad sin darnos cuenta de que somos seres humanos, o lo que es lo mismo, seres bastante imperfectos. Habría que dejar juicios y culpas al sistema judicial y no convertir la vida en un continuo y gran juzgado. Por otro lado, toda persona que se dedique a la educación, es decir, tanto en casa como en un centro educativo, necesita aprender a educar basándose en lo que conviene al menor, más allá de la propia emocionalidad, lo que sin duda no quiere decir más allá de la afectividad. Por eso, el primer objetivo a tener en cuenta en este terreno ha de ser la mejora en la formación de los maestros y profesores.. 3. Educación y salud psicológica El principal objetivo de la educación es la formación de la personalidad del individuo. Y eso implica transmitir conocimientos instrumentales, enseñar y establecer rutinas y hábitos, pero también y principalmente, potenciar el correcto desarrollo emocional de. 25.

(28) 26. Aprender y educar con bienestar y empatía. quien se educa. A día de hoy no estamos cumpliendo de forma suficiente esta premisa. La diferencia entre la preparación emocional que ofrecemos al menor y la que necesita es cada día más abismal y, en gran parte, la causa del aumento de los problemas psicológicos que observamos día a día, tanto en cantidad como en calidad. Desde hace años hay muchos estudios que han demostrado la eficacia de los tratamientos psicológicos, basados en el aprendizaje y práctica de habilidades, estrategias y técnicas para la mejora de diversos trastornos psicopatológicos, tanto en pacientes adultos como en niños y jóvenes. Como ejemplo, en poblaciones infantiles y adolescentes, en relación con los trastornos de ansiedad hay estudios que muestran mejoras utilizando una o varias de estas técnicas (Straus, 1988; Kennedy, 1986; Ollendick, y Francis, 1988; Meichenbaun, 1985). En cuanto a los trastornos de comportamiento perturbador, también encontramos referencias (Hawkins, Catalano y Morrison, 1989; Kendall, 1991; Pepler y Rubin, 1991; Arnold y Forehand, 1978; Michelson, Sugai, Wood y Kazdin, 1983; Dodge y Frame, 1982; Ladd, 1981; Bornstein y Bellack, 1980). Es importante recordar la estrecha relación que existe entre conducta antisocial y abuso en el consumo de alcohol y drogas (Kellam y Brown, 1982). También hay referencias de resultados positivos en el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo, por medio de una o varias de estas técnicas (Peterson y Seligman, 1984; Seligman y Peterson, 1986; Reynolds y Coats, 1986; Lewinsohn, Muñoz y Youngreen, 1986). Todas estas referencias son estudios pioneros sobre la eficacia de los tratamientos psicológicos en la mejora de los trastornos más habituales. Pero también hay datos de mejoras en otros trastornos infantiles y juveniles de aparición más cercana, como es el caso de los trastornos de la conducta alimentaria (Bulik et al., 2007), las adicciones (Becoña et al., 2008) o el consumo de substancias tóxicas (Arbex, 2002). Asimismo, son numerosos los trabajos de investigación aplicados a población adulta, por ejemplo, en relación con los trastornos del estado de ánimo (Blaney, 1977; Thase, Simon y McGeary, 1992; Rosen, 1977; Becker, Heimberg y Bellack, 1987; Freeman y Oster, 1997). Como podemos ver, esta eficacia no se limita a unas patologías determinadas, sino que abarca la ansiedad excesiva y sus derivados, trastornos del estado de ánimo, de conducta, de la conducta alimentaria, de personalidad, trastornos relacionados con el consumo y abuso de sustancias tóxicas y, en resumen, casi todos los problemas psicopatológicos que se describen en los manuales de diagnóstico de uso actuales. Gran parte de las mejoras a las que hacen referencia estos estudios se basan en el aprendizaje y práctica de habilidades, técnicas y estrategias conductuales, cognitivas y de interacción social. Entonces, cabe plantearse si las habilidades y.

(29) 2. Educación de las emociones, salud psicológica y centro educativo. competencias que aprenden y practican los pacientes les ayudan a mejorar y a salir del sufrimiento, ¿aprenderlas y practicarlas antes, no tendría un efecto preventivo?. 4. Adivinar para qué sirve Desde esta perspectiva, en el año 1996 iniciamos, junto con un equipo de colaboradores, una investigación con el objetivo de desarrollar un programa, es decir, un conjunto de medidas, estrategias, habilidades, técnicas y valores que sirvieran para poder conseguir el cambio y la mejora emocional de los seres humanos. Era, y es, un programa para la prevención y mejora de la salud psicológica, el control del estrés laboral o académico y la educación emocional de adultos y niños. El punto de partida era el siguiente: si sabíamos que en la clínica se podía aprender a hacer las cosas de manera diferente y, también, en consecuencia, a ser diferentes, teníamos que demostrar científicamente que era posible y de qué manera generalizarlo para la población no clínica, es decir, para la población en general. No se trataba de lanzarnos a cualquier enseñanza sin saber antes si era realmente útil para lo que nos proponíamos. Hasta 1996 solo se habían elaborado unos cuantos estudios en relación con la utilización de algunas de esas habilidades en población infantojuvenil general, es decir, no clínica, y en todos los casos a partir del entrenamiento de unas habilidades muy concretas, es decir, unas precisas y no otras. Todos esos estudios aportan resultados que se pueden resumir en los siguientes puntos: • menor grado de iniciación en el consumo de substancias tóxicas, • menos grado de violencia y menos agresiones en la escuela, • menor grado de conducta antisocial, autodestructiva y socialmente desordenada, • menor número de suspendidos y expulsiones escolares, • mejor rendimiento académico y menor fracaso escolar, • mejor adaptación escolar, social y familiar, • mejora de la autoestima y el autocontrol, • mejor grado de interacción y comunicación con los demás, • disminución de la tristeza y de la sintomatología depresiva, • disminución del grado de ansiedad y aislamiento, • disminución del número de suicidios entre adolescentes y jóvenes, • mayor grado de empatía y espíritu solidario. Así pues, nuestra investigación partió de la hipótesis siguiente: la adquisición y el entrenamiento de habilidades conductuales,. 27.

(30) 28. Aprender y educar con bienestar y empatía. cognitivas, de interacción social y de autocontrol emocional, así como de determinados valores por parte de una población general, es decir, no clínica, actúa como agente mejorador de la salud psicológica de los individuos. Por lo tanto, en el contexto de una comunidad escolar mejorará la salud psicológica de profesores y alumnos y, además, prevendrá el desarrollo de determinadas psicopatologías. En primer lugar se trabajó el aprendizaje y la práctica del programa con el profesorado, y posteriormente con los alumnos. Durante cuatro años se evaluó la evolución y se hizo un seguimiento tanto del profesorado como de los alumnos. Los diferentes aspectos de la evolución estudiados confirmaron la validez del aprendizaje y el entrenamiento del programa. Los cambios positivos observados después de las sesiones se mantuvieron en los años posteriores. Entre los diversos resultados obtenidos destacaba la relación directa entre el mejor estado emocional de los profesores y el mejor estado emocional de los alumnos; resultado que podíamos esperar, pero igualmente importante, porque si hasta la fecha se había podido demostrar ese tipo de relación entre padres e hijos, no nos constaba que se hubiera demostrado entre profesores y alumnos. De todas formas, hay que destacar que en todos los aspectos estudiados con el profesorado hubo un cambio estadísticamente significativo y, siempre, una mejora. Asimismo, a lo largo de los cuatro años que duró el seguimiento de la investigación, se dio una disminución muy importante de los días de baja laboral del profesorado participante, circunstancia que no se produjo en el grupo de control, es decir, entre el profesorado no participante. Para poder revisar con más detalle este trabajo de investigación, el lector interesado puede consultar los artículos de Salmurri y Skoknic (2003 y 2005). En la actualidad tenemos los conocimientos necesarios para prevenir muchos de los problemas psicológicos y mejorar todos estos aspectos aprendiendo y enseñando este conjunto de habilidades, técnicas y estrategias que se ha englobado bajo el concepto de educación emocional. No hay que olvidar que los problemas humanos no se derivan tanto de cómo somos, sino de lo que no sabemos y, por lo tanto, se suelen solucionar o mejorar aprendiendo. Sin duda, somos lo que practicamos, lo que aprendemos y repetimos.. 5. La mejora personal Hoy sabemos de forma inequívoca que las personas cambiamos en función de lo que hacemos. O lo que es lo mismo, de lo que pensamos, sentimos y de cómo actuamos. Nuestro cerebro se modifica cada día en función de eso. Sin duda, podemos aprender a actuar,.

(31) 2. Educación de las emociones, salud psicológica y centro educativo. pensar y sentir de manera que, con cierta práctica, mejoremos la gestión de nuestras emociones e iniciemos el camino hacia el bienestar emocional. Dicho de otra manera, podemos aprender a ser más felices, que, al fin y al cabo, es el objetivo vital de los seres humanos. Enseñar no es aprender, pero para enseñar es necesario aprender. Antes de ponernos a enseñar a los menores es importante tener en cuenta una serie de aspectos que pasamos a describir. El primer obstáculo para llevar a cabo este trabajo es el propio miedo. Tener claras unas pautas previas de actuación nos facilita la labor educativa y así ayudar al menor a disponer de un mejor estado de ánimo y de un nivel más alto de bienestar emocional. Dicho de otra forma, nos ayuda a conseguir un mejor índice de bienestar emocional. Así pues, la mejora del propio bienestar de las emociones ha de ser el primer objetivo de maestros y profesores. Es donde, inicialmente, hay que centrar la atención y el esfuerzo. El primer punto que se debe tener en cuenta es la mentalidad con la que nos enfrentamos a diario a la tarea educativa. Hay personas que consideran que tener que trabajar es una desgracia que hay que soportar o un castigo que se debe cumplir. Se enfrentan al trabajo con una mentalidad negativa que, no solo les impide disponer de sentimientos de satisfacción, sino que incluso les afecta negativamente un día sí y otro también. Obviamente, no es lo mismo ir a trabajar pensando de esa manera que tener claro que el trabajo es la oportunidad que se nos ofrece cada día de hacer alguna cosa y, así, poder sentirnos mejor. Es evidente que si nunca hacemos nada es difícil poder generarnos sentimientos de satisfacción personal. El segundo punto importante en el trabajo personal que hemos de llevar a cabo es la autobservación de los sentimientos y las emociones positivas que podemos generar por medio del esfuerzo. Sin ningún tipo de duda, el trabajo dedicado a la promoción y mejora de otros seres humanos es el más gratificante, pero siempre tiene que existir una buena preparación personal. La práctica de percibir de forma positiva el esfuerzo nos proporciona importantes sentimientos de satisfacción personal. El aprendizaje y la práctica hasta su interiorización de los conceptos básicos de la educación emocional han de ser la constante que tienen que seguir los maestros y profesores. El bienestar perfecto de las emociones no es una meta, de la misma manera que tampoco lo es la felicidad. Es una actitud y un ideal que perseguimos. En los últimos años hemos desarrollado un cuestionario para evaluar el nivel de las habilidades emocionales. La Escala de Habilidades Emocionales (EHE-3) —así se denomina el cuestionario— está validado con población de profesores de primaria y secunda-. 29.

(32) 30. Aprender y educar con bienestar y empatía. ria. Es un cuestionario de autorrespuesta que consta de 64 ítems, diseñado para evaluar habilidades, actitudes y estrategias de interacción social, cognitivas y de conducta. Hay 26 ítems propuestos en forma positiva y 38 que toman una forma negativa. El lector interesado puede acceder tanto al cuestionario como a las tablas para su valoración al final de este capítulo.. 6. Prevención en el centro educativo Quizás sería bueno para los niños y jóvenes acceder a una mejor educación emocional en el seno de la familia. Pero de entrada nos encontramos con que, para enseñar algo, primero se ha de saber y, en muchos casos, los adultos de la sociedad actual no tenemos suficientes conocimientos, aunque cada día hay más familias que valoran y solicitan conocimiento en esa materia. A pesar de ello, vista la situación, parece que hoy por hoy la participación familiar tendría que servir como soporte de una instrucción iniciada en la escuela. Se podrá argumentar que solo le faltaba eso al profesor, o que parece que la escuela se tiene que encargar de todo. Pero es necesario que así sea, tanto por la mejora de la labor educativa como por la responsabilidad profesional. Muy posiblemente, la función de la escuela y del profesorado en los inicios del siglo xxi se tendría que replantear o, como mínimo, cuestionar si los objetivos profesionales deben ser los mismos que hasta ahora o bien podemos introducir modificaciones. En todo caso, las ventajas de empezar este cambio en la escuela son evidentes: • Las posibilidades prácticas de llevar a cabo un programa de educación emocional es, sin duda, un primer motivo para comenzar el proceso en la escuela. • Del entrenamiento y aprendizaje se pueden beneficiar tanto profesores como alumnos. • El entrenamiento en un grupo amplio facilita la generalización. • La preparación intelectual, académica y la experiencia en el terreno educativo de los profesores facilita la tarea de relacionar el aprendizaje con las dimensiones emocionales. • La gran motivación que encontrarán los profesionales en la educación emocional como fuente de ayuda personal y profesional, tanto en su faceta educativa como de autoformación y, en consecuencia, como prevención de un eventual estrés laboral. • Aunque inicialmente puede representar un esfuerzo adicional, el trabajo emocional llevado a cabo con alumnos hará que a la larga se obtengan beneficios. Por poner un ejemplo, solo hay que recordar la cantidad de tiempo y el esfuerzo que invierten los.

(33) 2. Educación de las emociones, salud psicológica y centro educativo. docentes para disponer de un mínimo de orden y de silencio en el aula para poder llevar a cabo su tarea. O, por poner otro ejemplo, lo que puede representar el simple hecho de que los alumnos sean más respetuosos, tolerantes y empáticos. Obviamente, no se trata de sustituir la labor de los docentes, es decir, dejar de enseñar contenidos con el objetivo de ensañar a educar las emociones, pero sí hacer compatible las dos facetas de la actividad docente. Así, se puede abordar el principal objetivo de la educación, que, como ya hemos apuntado antes, es la formación de la personalidad del individuo, también como potenciador del correcto desarrollo emocional del alumno. Se trata, pues, de iniciar el aprendizaje y el entrenamiento en la escuela con dos finalidades: la prevención y la mejora de la educación emocional y la salud psicológica tanto de profesores como de alumnos. Inicialmente, el objetivo es el aprendizaje y el entrenamiento del profesorado. Posteriormente, los profesores tienen que enseñarlo a sus alumnos y entrenarlos. La adquisición, o sea, el entrenamiento y la interiorización de nuevas estrategias y habilidades, actúan no solo como facilitadores del bienestar psicológico, sino también como factores de protección de la salud psicológica de la comunidad. Pero hay que decir que los beneficios que se obtienen de una adecuada educación de las emociones en la escuela van más allá de los descritos anteriormente. De esos cambios tiene que surgir un mejor funcionamiento general en las aulas y, por lo tanto, una mejora de todo el sistema educativo de nuestro país. También, sin duda, contribuirá a un más alto prestigio social del profesorado, tan necesario como conveniente. Pero aún podríamos añadir más expectativas, ya que podemos esperar un importante ahorro, en términos económicos, derivados de la mejor salud tanto física como psicológica de los niños y adolescentes que puede, al mismo tiempo, revertir en una mayor eficacia del propio sistema educativo. Y aún hay más. Como ya hemos demostrado en la investigación referida más arriba, también cabe esperar una mejora de la salud física y emocional del profesorado. Así pues, ha llegado el momento de introducir estos factores de protección de la salud psicológica y hay que hacerlo, también, en la escuela. Seguramente estaríamos de acuerdo en que tenemos que mejorar todos, siempre, en cualquier lugar y momento. Podemos y tenemos que ofrecer una mejor educación de las emociones en la etapa de educación infantil, en primaria, en secundaria, en la etapa universitaria, en las escuelas de magisterio y en los másteres de formación del profesorado de secundaria, en los cursos de capacitación, en la empresa y durante toda la vida, siempre que sea posible. Una nueva educación es posible; una educación que sea de utilidad. 31.

(34) 32. Aprender y educar con bienestar y empatía. para la mejora emocional y que a la vez prepare a nuestros menores con más recursos para hacer frente a los nuevos retos de adaptación a los cambios que día a día se producen y que, seguramente, se producirán. Una sociedad que se autodenomina civilizada no se puede permitir un silencio cómplice que lleve inevitablemente al sufrimiento y, en último término, a la decadencia. Hoy disponemos de conocimientos suficientes para revertir esta situación, herramientas útiles para que nuestros menores no sean esclavos de sus emociones más primarias.. 7. El índice de bienestar emocional o de felicidad La felicidad es un sentimiento, un estado de ánimo caracterizado por emociones de satisfacción, agrado y placer. Somos felices cuando nos sentimos bien con nosotros mismos y con nuestro entorno. La felicidad se puede considerar una situación psicológica que proporciona sensaciones agradables y que modula de manera placentera y positiva la recepción e interpretación de los impulsos recibidos del medio ambiente, del almacén de la memoria o de los propios receptores corporales. Entre las personas que suelen definirse como felices o relativamente felices y aquellas que no se autocalifican así, se observan algunas diferencias permanentes: • Las personas felices suelen tener más alta la autoestima. La autoestima es la estima, la consideración y la valoración que nos damos a nosotros mismos, a nuestra identidad. Querernos es, además, sentirnos responsables ante nosotros mismos, aceptar la responsabilidad de los propios actos y saber que nuestra conducta depende de las elecciones que hacemos y no de las circunstancias externas. Así, entendemos por autoestima el valor emocional que nos damos a nosotros mismos, a nuestra identidad. • Las personas más felices suelen tener un mejor autocontrol de la propia conducta. Autocontrol de conducta es la capacidad de dirigir la propia conducta hacia donde uno decida. Es la capacidad para realizar y llevar a la práctica los propios propósitos. Implica la cantidad y la calidad en el cumplimiento de aquello que nos proponemos y, por lo tanto, una mayor capacidad y constancia en el esfuerzo, sin que nos domine la pereza o la impulsividad. • Las personas más felices suelen disponer de un mejor autocontrol emocional. Disponer de un buen autocontrol de las emociones propias es tener la capacidad de dirigir nuestro estado de ánimo, los propios sentimientos y emociones. Es la capacidad.

Referencias

Documento similar

Como asunto menor, puede recomendarse que los órganos de participación social autonómicos se utilicen como un excelente cam- po de experiencias para innovar en materia de cauces

El principio general mencionado antes implica, evidentemente, que si la competencia autonómica es exclusiva y plena, las Comunidades Autónomas adoptarán las medidas de

Tras establecer un programa de trabajo (en el que se fijaban pre- visiones para las reuniones que se pretendían celebrar los posteriores 10 de julio —actual papel de los

Así, nos podemos encontrar ante una per- sona con mayor o menor competen- cia lingüística, competencia lectora, competencia matemática, capacidad intelectual… En todo caso,

En cuarto lugar, se establecen unos medios para la actuación de re- fuerzo de la Cohesión (conducción y coordinación de las políticas eco- nómicas nacionales, políticas y acciones

D) El equipamiento constitucional para la recepción de las Comisiones Reguladoras: a) La estructura de la administración nacional, b) La su- prema autoridad administrativa

b) El Tribunal Constitucional se encuadra dentro de una organiza- ción jurídico constitucional que asume la supremacía de los dere- chos fundamentales y que reconoce la separación

"No porque las dos, que vinieron de Valencia, no merecieran ese favor, pues eran entrambas de tan grande espíritu […] La razón porque no vió Coronas para ellas, sería