Quizás sería bueno para los niños y jóvenes acceder a una mejor educación emocional en el seno de la familia. Pero de entrada nos encontramos con que, para enseñar algo, primero se ha de saber y, en muchos casos, los adultos de la sociedad actual no tenemos suficientes conocimientos, aunque cada día hay más familias que valoran y solicitan conocimiento en esa materia. A pesar de ello, vista la situación, parece que hoy por hoy la participación familiar tendría que servir como soporte de una instrucción iniciada en la escuela. Se podrá argumentar que solo le faltaba eso al profesor, o que parece que la escuela se tiene que encargar de todo. Pero es ne- cesario que así sea, tanto por la mejora de la labor educativa como por la responsabilidad profesional. Muy posiblemente, la función de la escuela y del profesorado en los inicios del siglo xxI se tendría
que replantear o, como mínimo, cuestionar si los objetivos profe- sionales deben ser los mismos que hasta ahora o bien podemos in- troducir modificaciones. En todo caso, las ventajas de empezar este cambio en la escuela son evidentes:
• Las posibilidades prácticas de llevar a cabo un programa de educación emocional es, sin duda, un primer motivo para co- menzar el proceso en la escuela.
• Del entrenamiento y aprendizaje se pueden beneficiar tanto pro- fesores como alumnos.
• El entrenamiento en un grupo amplio facilita la generalización. • La preparación intelectual, académica y la experiencia en el te-
rreno educativo de los profesores facilita la tarea de relacionar el aprendizaje con las dimensiones emocionales.
• La gran motivación que encontrarán los profesionales en la edu- cación emocional como fuente de ayuda personal y profesional, tanto en su faceta educativa como de autoformación y, en conse- cuencia, como prevención de un eventual estrés laboral.
• Aunque inicialmente puede representar un esfuerzo adicional, el trabajo emocional llevado a cabo con alumnos hará que a la larga se obtengan beneficios. Por poner un ejemplo, solo hay que recordar la cantidad de tiempo y el esfuerzo que invierten los
31 2. Educación de las emociones, salud psicológica y centro educativo
docentes para disponer de un mínimo de orden y de silencio en el aula para poder llevar a cabo su tarea. O, por poner otro ejemplo, lo que puede representar el simple hecho de que los alumnos sean más respetuosos, tolerantes y empáticos.
Obviamente, no se trata de sustituir la labor de los docentes, es decir, dejar de enseñar contenidos con el objetivo de ensañar a edu- car las emociones, pero sí hacer compatible las dos facetas de la actividad docente. Así, se puede abordar el principal objetivo de la educación, que, como ya hemos apuntado antes, es la formación de la personalidad del individuo, también como potenciador del co- rrecto desarrollo emocional del alumno. Se trata, pues, de iniciar el aprendizaje y el entrenamiento en la escuela con dos finalida- des: la prevención y la mejora de la educación emocional y la salud psicológica tanto de profesores como de alumnos. Inicialmente, el objetivo es el aprendizaje y el entrenamiento del profesorado. Pos- teriormente, los profesores tienen que enseñarlo a sus alumnos y entrenarlos. La adquisición, o sea, el entrenamiento y la interio- rización de nuevas estrategias y habilidades, actúan no solo como facilitadores del bienestar psicológico, sino también como factores de protección de la salud psicológica de la comunidad.
Pero hay que decir que los beneficios que se obtienen de una adecuada educación de las emociones en la escuela van más allá de los descritos anteriormente. De esos cambios tiene que surgir un mejor funcionamiento general en las aulas y, por lo tanto, una mejora de todo el sistema educativo de nuestro país. También, sin duda, contribuirá a un más alto prestigio social del profesora- do, tan necesario como conveniente. Pero aún podríamos añadir más expectativas, ya que podemos esperar un importante ahorro, en términos económicos, derivados de la mejor salud tanto física como psicológica de los niños y adolescentes que puede, al mismo tiempo, revertir en una mayor eficacia del propio sistema educati- vo. Y aún hay más. Como ya hemos demostrado en la investigación referida más arriba, también cabe esperar una mejora de la salud física y emocional del profesorado.
Así pues, ha llegado el momento de introducir estos factores de protección de la salud psicológica y hay que hacerlo, también, en la escuela. Seguramente estaríamos de acuerdo en que tenemos que mejorar todos, siempre, en cualquier lugar y momento. Podemos y tenemos que ofrecer una mejor educación de las emociones en la etapa de educación infantil, en primaria, en secundaria, en la etapa universitaria, en las escuelas de magisterio y en los másteres de formación del profesorado de secundaria, en los cursos de capacita- ción, en la empresa y durante toda la vida, siempre que sea posible. Una nueva educación es posible; una educación que sea de utilidad
para la mejora emocional y que a la vez prepare a nuestros menores con más recursos para hacer frente a los nuevos retos de adapta- ción a los cambios que día a día se producen y que, seguramente, se producirán. Una sociedad que se autodenomina civilizada no se puede permitir un silencio cómplice que lleve inevitablemente al sufrimiento y, en último término, a la decadencia. Hoy disponemos de conocimientos suficientes para revertir esta situación, herra- mientas útiles para que nuestros menores no sean esclavos de sus emociones más primarias.