Navidad-Enero, 2017 ¡Feliz Navidad! El milagro y la bendición de la encarnación nos llenan de
admiración y asombro. Tanto es así que la Navidad no es simplemente un día, ni siquiera una temporada litúrgica. La realidad de que Dios está con nosotros y llegó a ser uno con nosotros en Jesucristo debe impactar nuestras vidas a lo largo del año. Este es el enfoque de esta edición de Navidad-Enero de Impacto. — Leisa Anslinger
Conexiones Homiléticas
Enero 1: Los pastores se apresuraron a encontrar a Cristo-Niño, mientras María guardaba todas estas cosas en su corazón. ¿Cómo nosotros, como los pastores, nos apresuramos a encontrar a Cristo hoy en nuestras vidas? ¿Nos tomamos el tiempo para reflexionar sobre estas cosas en nuestros corazones, preguntándonos cómo estamos llamados a responder a la realidad del amor de Dios por nosotros?
Conectando con la vida diaria: Hace años, un sacerdote compartió una visión interesante que me ha sido útil desde entonces. Dijo que a menudo tenemos dificultad para diferenciar el asombro del miedo.
Hay momentos en los que percibimos la presencia de Dios y sentimos miedo, cuando en realidad nuestra respuesta emocional es de asombro. Nuestra cultura circundante rara vez reconoce el asombro y la conversión que resulta de una experiencia de lo divino, inicialmente puede causar temor a lo desconocido o al cambio, en vez de reconocer el asombro de una respuesta natural a tal experiencia.
Nuestra perícopa del Evangelio de hoy sigue la narración en la que oímos que los pastores estaban
“atemorizados” conforme la gloria del Señor se mostraba alrededor de ellos. Sin embargo, como escuchamos hoy, ellos vencieron su temor y se apresuraron a Belén.
María guardó “todas estas cosas” en su corazón. Sólo podemos imaginar el asombro y el
sobrecogimiento que María experimentó con el nacimiento de Jesús. Sería comprensible pensar que ella también sentía miedo, percibiendo la magnitud de lo que aguardaría a su niño conforme creciera y cumpliera la misión para la cual vino. Su confianza en la providencia de Dios nos da mucho para reflexionar.
Enero 8: El ser administradores de la gracia de Dios nos llama a reconocer las muchas maneras en que Dios nos bendice, creciendo en gratitud por estos abundantes dones, y compartiéndolos libremente con otros, conforme Dios nos los da libre y generosamente. Los magos recorrieron una gran distancia para llevar sus regalos al Cristo-Niño. ¿Cómo reconocemos nuestros dones? ¿Cómo los llevamos a Cristo
compartiéndolos con otros? ¿Cómo, la administración de esos dones, es nuestra participación de la gracia de Dios, a través de la cual compartimos la Buena Nueva de Cristo con todos?
Conectando con la vida diaria: En ocasiones es difícil para nosotros reconocer el impacto que nuestro servicio, compartir o preocupación puede tener en las personas o nuestra parroquia. Hoy es un buen día para reflexionar sobre las maneras en que llevamos nuestros dones a Cristo reconociendo nuestras bendiciones y compartiéndolas con otros. La reflexión de Teresa de Ávila sobre las manos y los pies de Cristo nos viene a la mente hoy. No sólo estamos actuando como miembros del Cuerpo de Cristo a través de las maneras en que nos damos a otros, dando a conocer la vida de Cristo y la salvación a través de ese compartir — por lo tanto, nuestra corresponsabilidad se convierte en evangelización.
Enero 15: El testimonio de Juan llevó a la gente a conocer a Jesús como el Hijo de Dios. ¿Cómo decimos?: “Aquí estoy, Señor; vengo a hacer tu voluntad”. ¿Cómo son nuestras vidas y acciones un testimonio del amor de Dios en Jesucristo?
Conectando con la vida diaria: Mientras que el Tiempo Ordinario es indudablemente contado, tiempo, ordinario, podríamos tomar eso para pensar hoy en cómo el discipulado ordinario se ve en la vida cotidiana. ¿Cómo es cada momento del día una oportunidad para decir “Aquí estoy, Señor?” ¿De qué manera cada día es una nueva oportunidad para comprometernos a ser testigos del amor de Cristo?
Enero 22: Simón y Andrés, Santiago y Juan dejaron sus redes y siguieron a Jesús. ¿Qué “redes” nos impiden vivir como discípulos?
Conectando con la vida diaria: Debemos admitir que vivir como seguidor de Jesús no siempre es fácil.
Hay muchas cosas que nos detienen: la confianza en la riqueza material o la seguridad; un enfoque en el yo o la familia y la exclusión de las necesidades de los demás; la comodidad en el status quo, por
ejemplo. ¿Qué “redes” cada uno de nosotros necesita dejar atrás para seguir a Jesús hoy?
Enero 29: La semana pasada pensamos en el “discipulado ordinario”. Hoy, todas las lecturas nos invitan a pensar en el discipulado humilde pero extraordinario: “un pueblo humilde y sumiso, que se refugia en el nombre del Señor”, “Bienaventurados los pobres de espíritu”, “Dios escogió a los débiles del mundo para avergonzar a los fuertes, y Dios escogió a los humildes y despreciados del mundo, los que no cuentan para nada, para reducir a nada a los que son algo”. Bienaventurados son…” Miremos hoy, profundamente dentro de nosotros mismos, busquemos la verdadera humildad en la que reconocemos nuestra total dependencia de Dios, y nos encontraremos bendecidos.
Conectando con la vida diaria: No importa qué tan a menudo escuchemos o leamos las
Bienaventuranzas, nos impresiona nuevamente escuchar o leer sobre aquellos a quienes Jesús llama bienaventurados: los pobres de espíritu, los que lloran, son mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz, los que son perseguidos e insultados por su fe en Cristo. Las Bienaventuranzas se encuentran en marcado contraste con los valores del mundo, que premia la temeridad y la autosuficiencia. Hoy puede ser un buen día para hacer una meditación guiada en la que invitemos unos a otros a reconocer y afirmar los momentos en los que hemos sido pobres en espíritu, misericordiosos, etc. Estos son los valores que son apreciados por Cristo y dentro de la comunidad cristiana.
Para usarse en reuniones parroquiales o en la formación en la fe para adultos este mes
Oración inicial
¡Que el Señor te bendiga y te guarde!
¡Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y te mire con buenos ojos!
¡El Señor vuelva hacia ti su rostro y te dé la paz! (Números 6: 22-27) Amado Dios, te pedimos que tu rostro brille sobre nosotros hoy,
Muéstranos las maneras en que podemos compartir tu presencia amorosa con otros a través de nuestro compartir de las muchas formas en que nos bendices y nos guardas.
Tú que vives y reinas con el Hijo y el Espíritu Santo. Un solo Dios por siempre y para siempre. Amén.
Escucha las Sagradas Escrituras: Lucas 2: 16-21 (Evangelio, Octava de Navidad)
Lee: “Cada uno tiene algo especial que dar” de la edición de navidad-enero de Impacto Comparte: tus pensamientos, usando estas preguntas para guiar tu reflexión:
¿De qué dones estás especialmente consciente en este momento?
¿Cómo das tus dones a la Iglesia mediante el compartimiento de tu servicio, presencia, y cuidado?
Compromiso: Haz el compromiso de vivir y crecer como discípulo e Jesús siendo un buen administrador de tus muchos dones este año que comienza.
Ofrezcamos unos a otros el signo de la paz de Cristo.
¿De qué trata la navidad?
“Luces por favor” Nos podemos imaginar la escena en nuestra mente: Linus se mueve al centro del escenario y recita la historia de memoria, terminando simplemente con “De esto es de lo que trata la Navidad, Charlie Brown”. El pasaje que Linus relata en “Una Navidad de Charlie Brown” es del Evangelio de Lucas. Lo escuchamos cada año en la misa de Navidad durante la noche (a menudo, por la tarde o en la misa de medianoche).
¿Qué es la Navidad?
La Navidad es sobre el amor de Dios por nosotros. Jesús viene a ser uno con nosotros, abrazando a la humanidad como somos. La encarnación nos muestra que no tenemos que ocultar nuestros
pensamientos, sentimientos, preguntas y luchas. Dios está con nosotros en todos los tiempos y estaciones de nuestras vidas.
La Navidad es sobre la misericordia de Dios. El mismo nombre de Jesús significa “Dios salva”. En Cristo, sabemos que ningún pecado está más allá del perdón, ninguna acción está más allá de la redención.
La Navidad es acerca de la compasión de Dios. El nacimiento de Jesús como bebé en Belén nos muestra las profundidades de la unidad de Cristo con los pobres y vulnerables. “Belén” significa “casa de pan”.
Desde el mismo momento del nacimiento de Jesús, se nos muestra que es el Pan de Vida, para todos.
La Navidad nos ayuda a tomar en serio la verdad de que el amor de Dios es real. Cuando vemos y experimentamos el amor, conocemos a Dios. Cuando nuestros corazones anhelan la paz, la bondad y la buena voluntad entre la gente, miramos a Cristo, cuya luz brilla en las tinieblas.
La Navidad nos llama a ser para los demás. Como personas que conocen el amor salvador de Dios,
¿cómo no podemos compartir este amor con aquellos que lo necesitan? Cuando cuidamos de la familia, compartimos nuestro tiempo en el servicio, nuestra atención y oración con los que se encuentran solos o enfermos, nuestros recursos con los pobres, estamos compartiendo el verdadero significado de la Navidad, no importa la época del año.
La Navidad es más que un día o una temporada. La Navidad es un modo de vida. Conociendo las profundidades del amor de Dios por nosotros en esta época de Navidad, y nos esforzamos por vivir como el pueblo de Cristo, todos los días.
¿Qué es la Navidad para ti?
Cada uno tiene algo especial que dar
¿Puedes imaginar la historia de la natividad de nuestro Señor sin los ángeles y los pastores, o los magos, o María o José? Cada uno tenía algo que dar: su presencia; sus oraciones de alabanza y gloria a Dios;
oro, incienso y mirra, su sí al plan de Dios, aún cuando no comprendieran plenamente lo que se les estaba pidiendo. Y, como resultado, obtenemos esperanza en el amor de Cristo.
Las cosas que hacemos pueden parecer insignificantes para nosotros, pero los pastores pueden haber sentido lo mismo cuando se apresuraron a ver al bebé en el pesebre. Sin embargo, falta algo sin nuestra presencia y acción, nuestro compartir de nuestro tiempo, nuestros talentos y recursos, el ser personas para los demás en amor y servicio. La historia de la Navidad no sería la misma sin los pastores y los ángeles, los magos y los santos, y nuestra experiencia de la historia de la Navidad no sería la misma sin el don de la escena de la natividad de San Francisco. Como ellos, nosotros también tenemos algo especial que dar.
©Catholic Life and Faith, 2016
Un nuevo año para vivir y crecer en la fe
La mayoría de nosotros haremos una resolución de Año Nuevo a medida que comenzamos el 2017. Las estadísticas muestran que la mayoría de nosotros no viviremos nuestra resolución más allá de las primeras semanas del año. Tenemos que preguntarnos si lo haríamos si fuéramos razonables en lo que prometemos hacer, ¡o si realmente estuviéramos comprometidos con la resolución que queremos empezar!
Tal vez este año, nuestro objetivo debe ser realista, tener un impacto duradero en nuestras vidas, y las vidas de aquellos con quienes interactuamos. Tal vez este sea el año en que debemos enfocarnos en vivir y crecer en la fe. La fe es un don de Dios, ofrecido a cada uno de nosotros. La fe, también, requiere una apertura a Aquel que nos conoce y nos ama más de lo que nos conocemos a nosotros mismos.
Quizá nuestra resolución de este año pudiera ser sencilla: hagamos una promesa de estar abiertos a Jesús y su llamado a vivir como su pueblo. ¡Esta es una resolución que vale la pena llevar a cabo!
“Invito a todos los cristianos, en todas partes, en este mismo momento, a un renovado encuentro personal con Jesucristo, o por lo menos a una apertura para permitirle
encontrarlos; les pido a todos ustedes que hagan esto indefectiblemente cada día”. (Papa Francisco, La Alegría del Evangelio, 3)
©Catholic Life and Faith, 2016
Impacta este mes
Espera espiritual
Sé como María. Di sí a la invitación de Dios a llevar a Cristo a través de tus acciones. Está atento y reflexiona sobre el amor de Dios, mostrado en los sacramentos y en las acciones de otros.
Sé como José. Confía en Dios, incluso cuando no estés seguro. Ábrete a las sorpresas. Ten fe que Dios está contigo, y siempre quiere lo que es mejor para ti y para toda la humanidad.
Sé como Jesús. Se humilde y busca la voluntad de Dios. Date por el bien de los demás. Reconoce que tienes un propósito que está profundamente conectado con las esperanzas de Dios para el mundo.