María Camila Borja Mena, [email protected] Alexandra Cardona Zuluaga, [email protected] Daniela Durango Rojas, [email protected]
Artículo de revisión presentado para optar al título de Psicólogo
Asesor: Liliam Patricia Blair David Magíster (MSc) en Psicología y Salud Mental.
Universidad de San Buenaventura Facultad de Psicología (Medellín)
Psicología Medellín, Colombia
2021
Estilo/Style:
APA 7ma ed. (2020)
pérdida de la libertad en el contexto carcelario [Trabajo de grado profesional]. Universidad de San Buenaventura Medellín.
Grupo de Investigación Estudios Clínicos y Sociales en Psicología (Medellín) Grupo de Investigación Psicología y Neurociencias (Medellín)
Grupo de Investigación Salud Comportamental y Organizacional (Medellín)
Línea de investigación ciclo vital (Medellín) Línea de investigación estudios clínicos (Medellín) Línea de investigación psicología de la salud (Medellín)
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Resumen
El presente artículo de revisión teórica constituye una recolección sistemática mediante varias fuentes bibliográficas sobre las pérdidas, generalidades del duelo y estrategias de afrontamiento en las personas privadas de la libertad. Inicialmente se aborda las generalidades del duelo desde diferentes perspectivas de autores y teorías, para posteriormente pasar al duelo en las personas privadas de la libertad. Este artículo es de corte cualitativo y de tipo descriptivo, la recopilación de la información se realizó a través de 50 fichas bibliográficas de artículos teóricos, de reflexión y de revisión, comprendidos entre los años 1915 a 2020. Además, se realiza con el objetivo de describir los procesos de duelo en personas privadas de la libertad, sus estrategias de afrontamiento y el impacto en su calidad de vida, como aporte a la investigación: Duelo, estrategias de afrontamiento, calidad de vida en el contexto carcelario. Con dicho ejercicio se concluye que las pérdidas y el proceso de duelo se ven altamente afectados por el contexto de prisionización.
Palabras claves: duelo, pérdidas, proceso de duelo, tipos de duelos, pérdida de la libertad, etapas del duelo por pérdida de la libertad.
Abstract
This theoretical review article constitutes a systematic collection through various bibliographic sources on losses, generalities of grief and coping strategies in persons deprived of liberty. Initially, the generalities of mourning are approached from different perspectives of authors and theories, to later move on to mourning in people deprived of liberty. This article is qualitative and descriptive.
The information was collected through 50 bibliographic records of theoretical articles, also reflection and review articles, between the years 1915 and 2020. In addition, it is carried out with the objective of describing the grieving processes in people deprived of liberty, their coping strategies and the impact on their quality of life, as a contribution to research: bereavement, coping strategies, quality of life in the prison context. With this exercise it is concluded that the losses and the grieving process are highly affected by the context of imprisonment.
Keywords: bereavement, losses, grief process, types of grief, loss of freedom, stages of grief due to loss of freedom.
1 Introducción
El duelo es un estado inherente al hombre, que vivencia a partir de situaciones estresantes como lo es perder la libertad, el interés que subyace este ejercicio investigativo es identificar el curso que puede tomar el proceso de duelo en el contexto carcelario, a pesar de contar con variables como son los rasgos de personalidad, y las herramientas de afrontamiento, es indiscutible la hostilidad del ambiente carcelario y el reto que propone la elaboración de un duelo, convirtiendo esta experiencia en un proceso doloroso y penoso para los reclusos. El proceso de duelo ante la pérdida de libertad implica una serie de cambios que van más allá del encierro y cuyas consecuencias afectan múltiples dimensiones del sujeto recluido y de otras personas como familiares y allegados.
Inicialmente, Erich Lindenmann en 1944, aporta la primera descripción de los síntomas físicos y mentales del duelo agudo, además de identificar que las maneras de reaccionar de las personas eran muy similares. Planteaba que el duelo es un conjunto de síntomas, los cuales podrían variar según el tipo de pérdida y de circunstancias previas de dicho proceso, logrando así, concretar algunas características del duelo normal: 1) Malestar corporal, 2) preocupación por la imagen del fallecido, 3) Sentimiento de culpa relacionado con el fallecido o con las circunstancias del fallecimiento, 4) reacciones hostiles, y 5) adquisición de algunos rasgos del fallecido en la propia conducta (Guillem, Romero, & Oliete, s.f).
Así mismo, Gómez del Campo (1994), O’Connor (1990), Piña (1994) y Viorts (1990) citados por (Tovar, 2004), consideran que las personas reaccionan de manera distinta ante la noticia de una pérdida significativa. Factores como las creencias e interpretaciones que cada persona tenga acerca de las pérdidas influyen en la manera de reaccionar a la misma, por otra parte, es importante tener en cuenta el contexto social en que suscitó la pérdida, y las normas sociales que rigen a quien experimenta la ausencia, ya que de esto depende igualmente la forma en que se expresa o no el dolor.
Debido a los factores que median el proceso de prisionización junto con el proceso de duelo por la pérdida de la libertad, es común encontrar en la literatura cómo se priva al recluso y se le niega el derecho a la elaboración de un duelo normal, es por esto que el objetivo de este ejercicio es describir el proceso de duelo en personas privadas de la libertad y sus posibles detractores, sus estrategias de afrontamiento y el impacto en su calidad de vida, como aporte a la investigación:
Duelo, estrategias de afrontamiento, calidad de vida en el contexto carcelario, de los grupos de investigación: Salud Comportamental y Organizacional, Psicología y Neurociencias, Estudios Clínicos y Sociales en Psicología, de la Universidad de San Buenaventura seccional Medellín.
2 Metodología
El presente ejercicio investigativo es de corte cualitativo y de tipo descriptivo ya que por medio de la búsqueda de información bibliográfica se encontraron artículos de investigación sobre las generalidades del duelo y el proceso de duelo que enfrentan las personas recluidas ante otro tipo de pérdidas, sean estas tangibles o intangibles. Dicho ejercicio se dio en dos momentos, en el primero se realizó una búsqueda de información en bases de datos como: EBSCO, Dialnet, Redalyc, Scielo, ScienceDirect, Sage Journals, Academia.edu, Google Scholar, Medigraphic, Revista Redes, Repositorio Institucional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y de la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC); luego se realizó un filtro de artículos de investigación, que estuvieran relacionados con el tema del duelo y sus generalidades, para posteriormente pasar a la información referente al tema del proceso de duelo en contexto carcelario y el proceso duelo ante la pérdida de la libertad en éste, e igualmente en el contexto colombiano.
Toda la recopilación de la información se realizó en 50 fichas bibliográficas de artículos teóricos, de reflexión y teóricos comprendidos entre los años 1915 a 2020, debido a la escasez de información actual sobre los temas anteriormente mencionados. Al condensar toda esta información, se dio paso al segundo momento, que consistió en elaborar un ejercicio de Estado del arte entregado como material de apoyo bibliográfico para la investigación: Duelo, estrategias de afrontamiento, calidad de vida en el contexto carcelario, de los grupos de investigación: Salud Comportamental y Organizacional, Psicología y Neurociencias y Estudios Clínicos y Sociales en Psicología, dando paso al producto final, que es el presente artículo de revisión teórica.
3 Texto descriptivo
3.1 El duelo
“La pérdida y el duelo son inherentes a la vida, propias del proceso evolutivo y factores constituyentes del sujeto” (Pelegrí & Romeu, 2011, p. 137), debido a esto, se puede experienciar
un estado de duelo en cualquier momento. El médico paliativista Gómez Sancho (1998) citado por (Cabodevilla, 2007), corrobora esta idea y señala que, la muerte no está ligada a la pérdida de manera fortuita, está se encuentra estrechamente relacionada como carácter particular del duelo debido a su radicalidad y universalidad. Un ejemplo claro de esto son los vínculos afectivos, al momento de estos romperse por algún motivo, surge un periodo de intensidad emocional conocida como duelo. En relación con el aporte de Gómez Sancho, al presentarse la pérdida del vínculo en una situación de radicalidad, como lo es la muerte significando una pérdida definitiva, surge un desequilibrio en las dimensiones que conforman al sujeto (física, cognitiva, social, emocional y espiritual), que de no ser atendido dicho desequilibrio podría enrutarse hacia un duelo patológico, el cual deberá ser intervenido por un profesional. Donde se tiene en cuenta, que son muy variados los factores que intervienen en el establecimiento del tipo de duelo, ejemplo de estos son:
circunstancias de la muerte, la relación con la persona fallecida, los rasgos de la personalidad, estrategias de afrontamiento utilizadas en el pasado, el contexto social y familiar, entre otros, es por esto que todo duelo es distinto para cada persona, a pesar de transcurrir el proceso de duelo a través de una serie de fases y alcanzar el logro de 4 tareas fundamentales: 1. Aceptar la perdida, 2.
Expresar el dolor, 3. Adaptación a la ausencia del ser querido, 4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo. (Cabodevilla, 2007). Adicional a lo anteriormente planteado, Battista propone que el duelo esta transversalizado por lo simbólico y lo imaginario, respondiendo a lo ausente o en la lógica de lo simbólico, a un agujero en la realidad (Battista, 2011).
Según Parada (2007), citado por (López & Rodríguez, 2018), a partir del dolor sufrido por la pérdida y la experimentación de sucesos adversos, se generan reacciones físicas, cognitivas y emocionales comprendidas como duelo; este es un proceso natural que se presenta en el momento en el cual, el equilibrio del sistema se ve alterado por la ausencia de un objeto amado, en el que es necesario que el individuo asimile, acepte y se adapte a la nueva realidad en la que no se cuenta con la presencia de dicho elemento.
Los autores Ángel María Pascual y Juan Luis Santamaría (2009), definen el duelo como:
una reacción psicológica esperable ante la pérdida de un ser querido, dicha reacción puede manifestarse antes, durante y después del acontecimiento, considerándola como una experiencia de sufrimiento total, con respuesta a nivel emocional, cognitivo, conductual, físico, social y espiritual. (Pascual & Santamaría, 2009).
Engel (1960) citado por (Alonso, Ramos, Barreto, & Pérez, 2019) hace uso de una similitud para la compresión del duelo, entre la herida emocional al perder a un ser querido y una herida física, lo cual implica un proceso de sanación tal cual con una herida física, es decir, propone que el duelo no debe ser tomado como una enfermedad, aunque implique la sanación psicológica, y que en este proceso existen variables de persona a persona, que permitirán una curación permanente de su duelo, o la presencia de secuelas ya sean leves o permanentes (Guillem, Romero,
& Oliete, s.f).
Desde el psicoanálisis, Lacan señala que el duelo corresponde a la privación, entendida como un hueco a lo real, considera de gran importancia la subjetividad de quién experiencia el duelo debido al impacto que deja la pérdida que implica que se pierda algo de sí mismo en este proceso. Este autor aportará elementos que permiten pensar el duelo como una recomposición de significantes, ante dicho vacío en lo real. Es por esto que Lacan y Freud, sostienen que existen duelos normales y duelos patológicos, exponen que la muerte confronta al deudo en un estado de indefensión, con el vacío de la inexistencia del otro (Pelegrí & Romeu, 2011).
Siguiendo con Freud, en 1915 este autor aborda la melancolía, concibiéndola:
Como una respuesta patológica ante la pérdida del objeto amado. Establece un contraste entre la melancolía y el duelo, como la reacción normal del sujeto ante la pérdida de aquello que su psique considere preciado, entiéndase no sólo los objetos amados, sino las abstracciones o ideales con contenido afectivo (Díaz & Ruiz, 2011, p. 167)
Por lo tanto, el duelo se traducirá en respuestas emocionales y comportamentales que se sostendrán en el tiempo necesario para la elaboración de la falta, con consecuencias tanto fisiológicas como sociales (Pelegrí & Romeu, 2011). En conclusión, para Freud el proceso de duelo es un trabajo de desapego de las características de objetivo perdido integradas a la subjetividad, “esos rasgos conferidos al objeto de amor son privilegios narcisistas. Una vez que este trabajo largo y difícil se concluye, el objeto puede ser sustituido, la movilidad completa de la libido es recuperada y el yo se muestra de nuevo libre y desinhibido”. (León, 2011, p. 69).
3.2 Dimensiones y pérdidas
Flórez Mesa (2002) enfatiza que: cuando se habla de duelo no se hace referencia a un trastorno mental, sino a un proceso que tiende a ser doloroso y fortuito como respuesta ante la muerte de una persona significativa. Es menester tener conocimiento de que en todos los duelos no se logran desarrollar de manera normal (sin inconvenientes) y satisfactoriamente.
Algunos de los términos referentes a las reacciones psicológicas ante las personas que viven y experimentan la pérdida de una persona significativa son: el duelo, el luto y el sentimiento de vacío, dicho sentimiento es subjetivo a causa de la muerte del ser querido. Cuando se habla del término luto, suele ser utilizado por muchos como sinónimo y que en su sentido estricto se refiere al proceso por el cual la persona puede resolver el duelo, a la expresión social de la conducta y las prácticas posteriores a la pérdida. Adicional a esto, el sentimiento de pérdida se refiere a un estado donde la persona se siente privado de ese ser querido a consecuencia de la muerte (Flórez, 2002).
De acuerdo con el autor, en el proceso de duelo por el que tiende a transitar la persona, se deben tener presente las siguientes perspectivas: la perspectiva psicológica, en la cual no es posible evitar los duelos, pero si las formas de reaccionar ante ellos ya que varían, también teniendo presente que, desde esta visión psicológica, la no elaboración de un duelo predispone hacia dificultades con otros duelos. Cuando se habla de dificultades en la elaboración del duelo, es importante tener en cuenta que pueden llegar a cronificarse en diferentes formas psicopatológicas, así mismo, puede generar recaída en la persona en una psicopatología ya existente. Otra de las perspectivas es la psicosocial;
como forma de elaboración del duelo y cambios psicosociales, entendiéndose como componente fundamental para la adaptación a su entorno. Es por esto que puede tener implicaciones en el desencadenamiento de las llamadas “transiciones o crisis psicosociales, ya que existen situaciones que prácticamente en todos los individuos desencadenan duelos de cierta importancia” (Flórez, 2002, p. 79).
Flórez Mesa (2002), menciona que el periodo de duelo, tradicionalmente se da en un término de tiempo entre seis meses a un año, en el cual la persona que está viviendo dicho proceso, experimenta signos y síntomas de forma persistente, estas manifestaciones pueden variar según sea el caso, igualmente se pueden presentar sentimientos y conductas relacionados con el duelo que pueden de manera normal perdurar toda la vida. Aun así, actualmente se tiene conocimiento de
que la duración del duelo puede variar y este no demarca una patología por su duración, si no por otras condiciones presentes en la persona.
Losu Cabodevilla Eraso (2007), a partir de sus investigaciones plantea las siguientes dimensiones del duelo: La dimensión físicas cuyas manifestaciones pueden aparecer en la persona:
molestias físicas corporales, resequedad de boca, sensación de “vacío” en el estómago en algunos casos la persona manifiesta dolor, “alteraciones del hábito intestinal, agobio en el pecho y molestias en la garganta, hipersensibilidad a los ruidos, falta de energía, tensión muscular, alteraciones del sueño, pérdida del apetito, pérdida de peso y mareos” (p. 168), entre otros síntomas. Otra es la Dimensión emocional: en ésta la persona en duelo experimenta sentimientos de tristeza, vacío, enfado, culpa, miedo, soledad, abandono, impotencia, ansiedad, anhelo, cansancio existencial, desesperanza, abatimiento, amargura, alivio, liberación, estos sentimientos como puede que se experimentó uno de estos pueden aparecer varios al mismo tiempo. Adicional a esto, está la Dimensión cognitiva: es todo lo relacionado a lo mental. En la Dimensión conductual: se refiere a cambios percibidos en el comportamiento con respecto a patrones previos. En la Dimensión social:
la persona experimenta resentimiento hacia los demás y toma distanciamiento social. Por último, en “la Dimensión espiritual: la persona se replantea las propias creencias, se formula preguntas sobre el sentido de la muerte y de la vida” (Cabodevilla, 2007, p. 169).
3.3 Los tipos de pérdidas asociados al duelo
Según Tizón (2004) citado por (Morer, Alonso, & Oblanca, 2017), cuando las personas están viviendo un proceso de duelo se tiende a presentar diversas pérdidas, como lo son: la muerte de un ser querido en donde el vínculo pudo haber sido de manera ambivalente, consecuencias relacionales como separaciones y conflictos, abandonos, situaciones de privación afectiva en la infancia, abuso físico y/o sexual, entre otras, todas estas pérdidas hacen referencia a la categoría de pérdidas relacionales. Otra de las dimensiones de pérdidas mencionadas por este autor son las Pérdidas intrapersonales: estas tienen que ver con pérdidas y cambios de aspectos del Self (la identidad de la persona), la cual es una parte relevante en los procesos de duelo, que tienden a generar un sufrimiento en la persona y en ocasiones hace difícil su elaboración. En toda pérdida significativa ocurren pérdidas corporales (enfermedades limitantes), belleza, fortaleza, sexual, mental, capacidades cognitivas, profesionales, etc. Las pérdidas que tienden a pasar por
desapercibidas son las evolutivas que hacen parte del ciclo vital. Finalmente, las pérdidas materiales: son objetos que logran adquirir un valor significativo depositado (herencias, objetos tesoro), con un simbolismo (identidad individual, familiar o social) que adquiere en el mundo interno del sujeto (Morer, Alonso, & Oblanca,2017).
Adicionalmente, autores como Pangrazzi (1993), citado por (Cabodevilla, 2007) enumera una gran cantidad de tipos de pérdidas que ha condensado en cinco bloques, las cuales tiene que ver con diferentes pérdidas no relacionadas a la pérdida de un objeto significativo o de un ser querido si no, que son; Pérdida de la vida: la cual es la pérdida total de la propia vida o de otra persona en casos de enfermedades que llevan a enfrentarse al final de la vida, también Pérdidas de aspectos de sí mismo, que tienen que ver con la salud (pérdidas físicas del propio cuerpo,
“capacidades sensoriales, cognitivas, motoras y psicológicas por ejemplo, la autoestima, o valores, ideales, ilusiones, etc). Las Pérdidas de objetos externos: que tienen que ver directamente con las pérdidas materiales” (Cabodevilla, 2007, p. 164). Las Pérdidas emocionales: que tienen que ver con rupturas de vínculos. Y finalmente, las Pérdidas ligadas con el desarrollo: “como puede ser el paso por las distintas etapas o edades evolutivas, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc” (Cabodevilla, 2007, p. 165).
3.4 Proceso de duelo
Distintos autores han abordado el proceso de duelo desde la importancia de la elaboración de este, como es el caso de Bucay quien expresa que la persona que atraviesa por un duelo, es claro, le otorga un sentido o significado equivalente a la importancia que representa en su realidad, es por eso que se convierte en algo fundamental el sentir y manifestar el dolor de la pérdida, para que así, posteriormente a un tiempo considerable, reajuste su vida a la nueva realidad, sin la presencia de dicha pérdida, de modo que, si la persona logra esto se dará cuenta de que elaboró y resolvió el duelo (León-Amenero & Huarcaya-Victoria, 2019). De igual manera el autor Castro (2007), propone: al ser humano le duele lo que ama, es por esto que el duelo duele, no existe una manera evadir el encuentro con el dolor, es por esto que la manera de elaborarlo es permitiéndose sentir, el objetivo del duelo es resignificar la vida frente a lo perdido, de no ser así podría desembocar en un duelo patológico (Castro, 2007).
Desde distintas perspectivas se ha enfatizado en la variabilidad que puede presentarse en la elaboración del proceso de duelo, aunque a través de lo abstraído en la búsqueda bibliográfica que se realizó, se identifica que comúnmente como consecuencia del proceso de duelo es posible que se presenten reacciones emocionales tales como: sentimiento de culpa hacia los demás y hacia sí mismo, irritabilidad, ansiedad, baja autoestima, ira, frustración, miedo a volver a experimentar un suceso similar y/o a no poder superar la pérdida que está atravesando, negación, alteración o ruptura de vínculos emocionales con la familia o amigos, deseos de venganza, pérdida de interés, problemas en la interacción con las personas, dificultades para el establecimiento de nuevos vínculos afectivos, fobias, conductas autolesivas, dificultades para comprender y controlar las emociones, sensación de abandono y vulnerabilidad, pérdida de sentido con relación a la vida, al mundo y al futuro, pensamientos intrusivos y deseos sobre el objeto amado poco realistas (García y Suárez, (2007) citados por López y Rodríguez, (2018). En algunos casos se hacen presentes síntomas de depresión, ansiedad, dificultades en los autoesquemas, entre otras (Monroy & Amador, 2018). Igualmente, algunos casos en los que se pierden familiares con los que se estableció un vínculo fuerte, se puede ser más propenso a cometer un suicidio Romero y Cruzado, (2016) citados por (Monroy & Amador, 2018), así mismo se pueden presentar problemáticas familiares y contantes pensamientos negativos.
Otros autores han abordado el proceso de duelo proponiendo las etapas transitorias que deben ser superadas para lograr la elaboración de este, algunas son:
Según Bogza citado por (López & Rodríguez, 2018), las etapas del duelo consisten en:
Shock o estupor: en esta etapa tienen lugar las primeras reacciones frente a conocer el suceso, se es invadido por un sentimiento de desconcierto, acompañado de incredulidad frente a lo acontecido e incluso un adormecimiento de las emociones, la persona es incapaz de expresar lo que siente y de aceptar la realidad, de aceptar la pérdida, esto puede tornarse para el individuo como una conducta adaptativa que lo protege y lo prepara para asimilar la noticia. Rabia o agresividad:
durante esta se siente coraje hacia los demás o así sí mismo, por considerar que pueden ser causante de la pérdida de la persona o el objeto amado, todo esto ligado al sentimiento de culpa, durante esta etapa se comienzan a presentar algunas afectaciones fisiológicas, además de algunas emocionales como la vulnerabilidad y la baja autoestima. Desorganización o desesperanza: en la cual el sujeto debe afrontar la realidad frente la pérdida, asumir que su vida se ha cambiado y que no existe la posibilidad de retornar al estado anterior, en esta etapa se presentan sentimientos de tristeza, apatía,
pérdida de interés por actividades que anteriormente se disfrutaban, desorganización, desorientación, el doliente no logra darle sentido a su vida al no contar con esa persona u objeto, se le dificulta continuar su vida laboral, familiar y social, siente que ha perdido el control sobre su propia vida, siente que no cuenta con las mismas habilidades para realizar sus actividades, en esta fase el individuo puede generar grandes y abruptos cambios en su vida. La reorganización: aquí tiene lugar la aceptación de la pérdida, la persona es capaz de darle un nuevo significado a los sucesos, logra darles un mejor manejo a sus emociones, tiene la capacidad de transformar el dolor, la ira y el desconcierto en aprendizaje, y a partir de eso evoluciona y mejora como ser humano.
Elisabeth Kübler-Ross (1969) citado por (León-Amenero & Huarcaya-Victoria, 2019) gracias a sus estudios realizados a pacientes con enfermedades terminales, logró por medio de la observación directa estudiar las etapas de la muerte, de modo que, propuso el “Modelo Kübler- Ross” que comprende cinco momentos de aceptación de la muerte, el cual consiste en: Negación (defensa temporal ante la noticia de la pérdida) como incapacidad de reconocer y aceptar la enfermedad como real. Ira: usualmente se presenta en contra de quien se considera como responsable de la pérdida, se manifiesta con rabia, envidia, hostilidad y resentimiento, muchas veces se culpa a sí mismo por dicha pérdida provocando conductas de riesgo autodestructivas.
Negociación y /o pacto: (trueque ante lo perdido) acción imaginaria o real de afrontar la culpa con aquellos hacia los que se dirige la ira, en esta fase no se perciben como culpables sino comprometidos con las metas terapéuticas de supervivencia, por otra parte, se eliminan las conductas autodestructivas y se comienza una fase comprometida con la recuperación. Depresión:
siendo esta la etapa más complicada y muchas veces la más prolongada, se entiende como los sentimientos de profundo vacío y dolor de la persona ante la pérdida, por ser la fase más compleja de todas, en algunos casos la persona puede abandonar todo tratamiento comenzado. Aceptación:
consiste en aceptar completamente la pérdida e iniciar, aceptando el cambio, el funcionamiento con uno mismo y su entorno y poder dar nuevos significados a la situación que se vivencia.
De Acuerdo con el autor Bowlby (1986) citado por (Gómez, 2017) sobre su teoría del apego y perdida, el proceso que se realiza del duelo se logra desarrollar por medio de cuatro principales fases las cuales son: Fase de embotamiento de la sensibilidad: ocurre inmediatamente después de la pérdida, los dolientes suelen sentir aturdimiento, ante la noticia que provoca una reacción de impacto, también denominada fase de shock (Horowitz, 1984 citado por Gómez, 2017). Esa primera reacción se origina con el objetivo de regular y equilibrar las emociones ante la noticia.
Sin embargo, a medida del desarrollo del duelo, la negación disminuye (Casado, (2001); Freud, (1915); Madoz, (2000); Orozco & Castiblanco, (2014); Worden, (1997) citados por Gómez, 2017).
Según Pereira (2010) citado por (Gómez, 2017), el doliente alcanza a reaccionar de forma emocional (intenso llanto crónico) y verborrea sobre la muerte, entre otras o la ausencia de reacción.
Fase de anhelo y búsqueda de la figura perdida: Según Bowlby (1986) se puede presentar dos o tres semanas después de la pérdida, la persona tiene pensamientos o comportamientos, con los cuales busca tener algún contacto con el ser querido. Fase de desorganización y desesperanza:
en esta fase puede variar la durabilidad en el tiempo, se puede dar desde horas, hasta meses después de la pérdida. Aquí se puede dar al inicio del proceso de aceptación con presencia de una sintomatología que “se caracteriza por un estado ánimo presidido por sentimientos de abatimiento, tristeza, desánimo, desilusión e infelicidad” (Gómez, 2017, p. 51), además la persona se percibe a sí misma con sentimientos de impotencia, inutilidad, crítica o auto- descalificación, por ende, ésta se muestra pesimista, culpable o arrepentida en dicha etapa, también puede presentarse intensificación de las reacciones como el dolor, tristeza, soledad, angustia, rabia y desesperanza.
Fase de reorganización o etapa de recuperación: esta es la fase final del duelo. Según Bowlby cuando la persona ha pasado por una pérdida puede llegar a darse esta fase después de transcurrido un tiempo de seis meses a 1 años. Es esta, la persona aceptará que la persona perdida no estará, por ende, el vínculo que tenía establecido se transforma causando en la persona doliente una aceptación por completo.
Por otra parte, desde una perspectiva psicoanalítica se puede dar cuenta también de tres fases sobre el proceso: Fase de evitación: shock o el embotamiento con la negación del reconocimiento inicial de la pérdida (del objeto).
Fase de confrontación: en esta fase es donde se intensifican más las emociones; se desborda la culpa y la rabia como manifestación ante lo perdido, e incluso al recordar (fantasía) el dolor con cierto goce, se podría decir, que la persona satisface inconscientemente lo vivenciado. Adicional a esto, se pueden presentar algunas manifestaciones “(síntomas depresivos, la angustia) y hasta pueden dar lugar a visiones o la sensación de sentir la presencia de la persona perdida, las alucinaciones se pueden dar como una forma de adaptarse de la pérdida que la realidad impone”
(Pelegrí & Romeu, 2011, p. 136).
Restablecimiento: cierto desapego con menos afecto. Es lo que la cotidianidad suele conocerse con la típica frase “el tiempo va borrando las heridas” (Pelegrí & Romeu, 2011).
Fonnegra (2001) citado por (León-Amenero & Huarcaya-Victoria, 2019) propone las etapas del duelo: “Evitación-choque; que en pocas palabras se refiere a un estado de aturdimiento y anestesia emocional. La Confrontación-enfrentando la ausencia; fase aguda. Y, el Restablecimiento-volver a la vida (reorganización y restablecimiento)” (p. 87).
Autores como Rando (1993) y Worden (1997) citados por (Morer, Alonso, & Oblanca, 2017) propone una asociación de las fases del duelo con una tarea psicológica en específica, la cual deberán llevar a cabo las personas, para así lograr la elaboración del duelo. A continuación, se describe el modelo de las Seis R del proceso de duelo de Rando (1993): Fase de negación: el objetivo de dicha fase es el reconocimiento de la pérdida, afectiva y cognitivamente, de no cumplirse, podría acarrear un duelo con problemas, esto hace referencia a los duelos comúnmente llamados como duelo ausente, retardado, etc. Fase de confrontación: es posible que se presente en la reacción ante la separación, está directamente relacionada con el permitirse sentir el dolor. En esta etapa se dan distintas reexperimentaciones de la relación, es decir, revivir momentos de la relación con lo que se perdió y esto lleva al doliente a renunciar y distanciarse del vínculo que tenía con la persona u objeto amado, de no cumplirse pueden presentarse duelos conflictuados, distorsionados o desviados. Fase de acomodación: tiene el objetivo de la readaptación y el revestimiento de los afectos, de no cumplirse puede acarrear un duelo crónico o duelo congelado.
En cuanto a las propuestas relacionadas con la elaboración exitosa del duelo se encuentran las tareas del duelo por Worden:
William Wonder (1997) citado por (Guillén, Gordillo, & Gordillo, 2015) plantea que de forma consciente o inconsciente se realizan una serie de tareas para la elaboración del duelo, las cuales exigen un compromiso de voluntad y acción para el proceso de superación.
Tarea I: Aceptar la realidad de la pérdida: Siempre hay cierta sensación de que la muerte no es real, por ello la primera tarea del duelo es enfrentar la realidad de que la persona ha muerto, se ha marchado y no va a volver. Lo contrario de aceptar la realidad de la pérdida es no creérsela mediante la negación, evadir la realidad, su significado o la irreversibilidad de ésta. La negación de la realidad de la pérdida puede ir desde una mínima alteración hasta un engaño total. La creencia y la
incredulidad se alternan mientras se intenta resolver esta tarea. Realizar la primera tarea lleva tiempo, por lo que, realizar rituales tradicionales y/o simbólicos, ayudan a las personas a acercarse a la aceptación.
Tarea II: Elaborar la realidad de la pérdida: Si este dolor no se reconoce y no se resuelve, se manifestará con síntomas físicos o mediante alguna forma de conducta anormal. La negación de la segunda tarea tiene como consecuencia no sentir. La más evidente es bloquear los sentimientos y negar el dolor.
Tarea III: Adaptarse a un mundo sin el fallecido: Hay tres áreas de adaptación que se deben abordar tras la pérdida de un ser querido: 1. Adaptaciones externas:
consiste en adaptarse a un entorno nuevo sin el fallecido, supone cosas diferentes para distintas personas en función de cómo era la relación con él y de los distintos roles que el fallecido desempeña. 2. Adaptaciones internas: es adaptarse a la propia identidad personal, es decir, cómo influye la muerte en la definición que hacen de sí mismas, en su amor propio y en su sensación de eficacia personal. 3. Adaptaciones espirituales: se refiere al sentido que la persona tiene del mundo, trata de buscar un significado y su vida cambia para dotar de sentido la pérdida que tuvo y recuperar cierto control.
Tarea IV: Hallar una conexión perdurable con el fallecido al embarcarse en una vida nueva: Encontrar maneras de recordar a los seres queridos que han fallecido, llevándolos con nosotros, pero siguiendo con nuestra vida. Según Worden, no llevar a cabo esta tarea de recolocación del fallecido, supone detenerse con la pérdida (p.
471).
3.5 Tipos de duelo
Los tipos de duelo han sido clasificados desde diferentes perspectivas, sin embargo, es indiscutible los puntos en común entre ellos, como lo es en un primer momento el aturdimiento por la pérdida y al cabo del tiempo, el proceso que se va generando para la aceptación de ésta.
El Duelo normal entendido como un proceso natural, el cual se desarrolla en un periodo de tiempo no mayor a los dos años y el cual no desencadena trastornos psiquiátricos (Bogza, s.f citado por (López & Rodríguez, 2018). El Duelo exagerado se presenta cuando se intensifica más de lo
esperado sus manifestaciones y emociones en las dos o tres primeras fases del duelo normal, la persona sabe que éstas se dan a causa de la pérdida del ser querido y puede sobrellevarlo buscando ayuda de un profesional. Otros duelos exagerados suelen estar acompañados de ansiedad excesiva, fóbico-evitativas (Morer, Alonso & Oblanca, 2017) citado por (López & Rodríguez, 2018). Ahora bien, el Duelo patológico o complicado, consiste en que el duelo se agrava al punto en que la persona está desbordada, tiene comportamientos desadaptativos o puede quedarse estancada en dicho proceso, lo cual no la deja avanzar en la elaboración satisfactoria del duelo. Algunos factores que indican un duelo patológico son: cuando el dolor de la persona perdura más de lo normal en el tiempo estipulado del proceso de duelo; cuando su intensidad no coincide con la personalidad del que está sufriendo y /o si la persona demuestra poco afecto o interés por los que están a su alrededor y siente que no capaz de retornar a las actividades de su vida cotidiana. (Bogza, s.f,) citado por López & Rodríguez, 2018). En el Duelo anticipado el doliente tiene la posibilidad de elaborar el duelo y vivir las diferentes etapas de este, contando con la presencia de la persona o el objeto amado, preparándose de esta manera para cuando se presente la pérdida real, generalmente este tipo de duelos se presentan en los casos de diagnósticos de enfermedad incurables o terminales (Meza et al., 2008) citado por (López & Rodríguez, 2018). El Duelo Crónico se conoce como aquel que perdura exageradamente en el tiempo, imposibilitando que se termine adecuadamente y puede durar años en la vida del doliente (Meza et al., 2008) citado por (López & Rodríguez, 2018). En este caso las reacciones generadas por el duelo nunca desaparecen, por lo que, también es posible que se manifieste el Duelo enmascarado en este, “el paciente experimenta síntomas que le causan dificultades, pero no los relaciona conscientemente con la pérdida. Se suele enmascarar tras síntomas o quejas somatomorfas o través de comportamientos aberrantes o desadaptativos” (Morer, Alonso y Oblanca, 2017, p.19) citado por (López & Rodríguez, 2018). El Duelo retrasado, suprimido, pospuesto: durante el proceso el individuo tuvo emociones y sentimientos hacia lo que perdió, pero no fue suficiente para elaborarlo. Suele suceder “en casos de muerte por suicidio u homicidio”. (Morer, Alonso y Oblanca, 2017, p.19) citado por (López & Rodríguez, 2018). Por consiguiente, se entiende el duelo como un mecanismo de defensa para aceptar o no una pérdida, esto da paso para entender el Duelo inhibido o negado, en el cual el doliente no permite la expresión de este, porque niega la realidad de lo que perdió. En todo este proceso de duelo y las fases que implica, también se puede dar una forma diferente al duelo anticipado y este es el Preduelo: Este
“es un duelo completo en sí mismo que consiste en creer que el ser humano ha muerto
definitivamente “en estado de salud” (Gómez-Sancho, 2004, p. 30), es decir, que la persona lo ha transformado su enfermedad a tal punto de verse irreconocible (Meza & García, 2008). El Duelo congelado: este se puede manifestar en distintas formas: conductas de inhibición, retraimiento, reacciones esquizoides o con síntomas obsesivos. (Tizon, 2004) citado por (Morer, Alonso, &
Oblanca, 2017). Finalmente, Fonnegra (2001) y O’Connor (1990) proponen el Duelo Secreto y lo describen como un duelo inconfesable, ya que se debe dejar bajo secreto por diferentes situaciones que hayan sucedido, por lo que, la persona debe pasar su duelo sola y en silencio. Este duelo puede ocurrir por situaciones como: suicidio, abortos voluntarios y pérdida de pareja clandestina u homosexual entre otros (Tovar, 2004).
Ahora bien, después de una mirada amplia que ofrecen diversos autores sobre el duelo en general, es importante conocer los aspectos que se dan en el contexto carcelario de personas privadas de la libertad, ya que como manifiesta Díaz (2013) citado por (Cáceres, Rodríguez, &
Rojas, 2017) durante el proceso de reclusión se pueden presentar diferentes pérdidas como la familia, el empleo, la dignidad, los amigos, el territorio, la cultura, la identidad, entre otras, de las cuales goza una persona en libertad y que al ser privada de la misma, se genera un desbalance en sus áreas de ajuste, por lo que, de acuerdo con la revisión bibliográfica de los antecedentes de investigación, se consideró importante realizar la clasificación de las siguientes categorías:
3.6 Prisionización
De acuerdo con el autor según González (2001) citado por (Escaff, Estévez, Feliú, &
Torrealba, 2013), el término de prisionización fue acuñado por Clemmer con la idea de dar a conocer las repercusiones que dejan las subculturas en el contexto carcelario en las personas que se encuentran en éste. Según este autor, se entiende por prisionización como un proceso en el que los individuos privados de la libertad, al ingresar a este contexto
Adquieren códigos, normas sociales y formas de comportarse para poder sobrevivir y convivir. Este proceso, propio de la subcultura carcelaria se va adquiriendo de manera inconsciente por estas personas. Además, la adaptación a este nuevo ambiente variará según la persona y sus recursos personales, donde algunos logran
una mayor y/o mejor adaptación” (Echeverri, 2010) citado por (Escaff, Estévez, Feliú, & Torrealba, 2013, p. 296).
Desde la perspectiva del autor Acosta, la subcultura carcelaria es la que le permite a la persona privada de la libertad adaptarse al medio adverso; y, sin embargo, puede influir en la
“desintegración de la personalidad, ya que al dejar los códigos con los cuales se relacionaba antes de su ingreso a la cárcel, debe acomodarse bruscamente a las nuevas normas de la realidad intramuros” (Acosta, 2008) citado por (Escaff, Estévez, Feliú, & Torrealba, 2013, p. 296).
En los efectos más destacados de la prisionización se encuentran: “un aumento del grado de dependencia de las personas encarceladas, debido al control conductual al que se ven sometidos.
La mayoría de las decisiones que afectan a su vida diaria son impuestas” (Pérez y Redondo, 1991;
Rotter, 1966) citado por (Herrera & Expósito, 2010, p. 236). “Devaluación de la propia imagen y disminución de la autoestima, concebidas como la valoración que el individuo realiza y mantiene respecto de sí mismo como consecuencia de los efectos negativos del contexto penitenciario”
(Coopersmith,1959) citado por (Herrera & Expósito, 2010, p. 236).
3.7 Duelo en contexto carcelario
En concordancia con lo mencionado en los apartados anteriores, el duelo podría entenderse como un proceso inevitable en la vida de todo ser humano, el cual puede tener variables que determinan su desarrollo, como es el caso en particular de las personas que se encuentran recluidas en un centro penitenciario. En la revisión de antecedentes autores como (Olson & McEwen, 2004) concuerdan con que muy poca información puede ser encontrada en la literatura sobre prisioneros en duelo, y parece que su dolor puede no ser de gran preocupación para los demás. Cuando la pena no es reconocida como válida, los sentimientos de ira, culpa e impotencia pueden resultar en una complicada respuesta de duelo. (Rando, 1993 citado por Ferszt, 2002). Así mismo Doka (1989) citado por (Ferszt, 2002) propone que cuando una persona sufre una pérdida que no puede ser abiertamente reconocida, públicamente llorada, o no se le presta apoyo social, a menudo se describe como privado de la posibilidad de duelo, lo que por lo general resulta en un duelo más complicado.
Se puede perder el derecho al duelo o de representación en situaciones en las que la relación no es reconocida o socialmente sancionada, negando así a los individuos la experiencia de duelo. No solo
las personas son excluidas del proceso de duelo de muchas maneras, las relaciones, las pérdidas también pueden quedar privados del derecho al proceso de duelo; es decir, no reconocidos o apoyados por la sociedad. Los reclusos y sus relaciones a menudo no son bien vistas por los demás.
Se consideran dolientes privados del proceso de duelo, porque son eliminados de sus sistemas de apoyo naturales. Las pérdidas secundarias resultantes de su encarcelamiento, como la pérdida de libertad, privacidad y contacto con la familia son pérdidas sin derecho a elaborar su duelo. Es así como según Doka (1989) y Schneider (1994) citados por (Ferszt, 2002), la falta de posibilidad del duelo puede crear problemas adicionales para el doliente. Pérdidas significativas que son privadas de reconocimiento y validación, minimizan el apoyo social y la oportunidad de participar en importantes rituales de curación. A menudo se deja al doliente solo, en aislamiento. Sin seguridad, validación y apoyo, un individuo puede quedar "atrapado" en su dolor" (Schneider 1994 citado por (Ferszt, 2002). Las reacciones emocionales pueden intensificarse, y una complicada reacción de duelo puede resultar (Doka 1989; Schneider 1994 citados por (Ferszt, 2002).
Pesek (2002) citado por (Ferszt, 2002) sugirió que los grupos de apoyo benefician a los privados del duelo “porque brindan la oportunidad de que el doliente haga público lo que considera que debe permanecer privado en otro lugar” (p. 92). Muchos reclusos han experimentado pérdidas significativas antes y durante su encarcelamiento. Tal vez no se les considera "con derecho" a llorar, porque se les castiga por infringir las leyes de la sociedad. Incluso el privilegio básico de llorar a un ser querido perdido tal vez les sea arrebatado.
A pesar de la falta de reconocimiento y apoyo que se presenta en los procesos de duelo en contexto carcelario, las personas tienen distintas formas o métodos para hacerle cara a la situación, es así como Mikulic y Crespi (2004) citados por (Cáceres, Rodríguez, & Rojas, 2017) proponen las siguientes estrategias de afrontamiento que usan las personas privadas de la libertad en la elaboración del duelo: 1. Respuesta de afrontamiento por aproximación: Se compone del Análisis Lógico, el cual hace referencia a los intentos de comprender y prepararse mentalmente (proceso cognitivo) para enfrentar un estresor y sus efectos. Mikulic (1995) citado por (Cáceres, Rodríguez, Rojas, & Salcedo, 2017). La revalorización cognitiva, es decir, la forma de construir y reestructurar un problema por medio de la resignificación positiva, que en muchos es el camino por el que opta las personas privadas de la libertad (Valverde Molina, 1991 citado por Cáceres, Rodríguez, &
Rojas, 2017).
2. Respuesta de afrontamiento por evitación: Contiene elementos como la evitación cognitiva, la cual hace referencia a evadir el tener que razonar el problema de forma realista, para que esta situación se vuelva menos estresante, se busca negar la situación (Cáceres, Rodríguez, &
Rojas, 2017).
3. La aceptación o resignación, “la situación de encarcelamiento excede las posibilidades del individuo de buscar estrategias para la resolución de éste, por lo que, tiende a predominar una actitud de desesperanza” (Cáceres, Rodríguez, & Rojas, 2017, p.8). La búsqueda de gratificaciones o alternativas hace referencia a la forma de involucrarse en actividades sustitutivas y crear nuevas fuentes de satisfacción ya que el tiempo de ocio es extremadamente amplio e improductivo.
Retomando la propuesta de la pérdida del derecho al duelo de Doka en su trabajo
“Disenfranchised grief: Recognizing hidden sorrow” citado por (Olson & McEwen, 2004), se puede relacionar directamente con el tipo de duelo silente, donde en ambas situaciones se genera una angustia constante debido a la falta de aceptación y de apoyo tanto social, familiar como personal, creyendo que debido a las circunstancias que atañen a la situación que genera el duelo, la persona no tiene por lo tanto derecho a resolver o emprender un proceso de duelo, creyéndose entonces no merecedor de la aceptación o liberación del dolor. Es así como retomando el duelo silente, anteriormente mencionado en los tipos de duelo, se dice que: al ser reconocida socialmente la pérdida, se da de manera adecuada la expresión abierta de sentimientos y se encuentra la manera de compartir el dolor, lo cual es considerado sano y constructivo para el proceso, ya que a través de las formas narrativas se permite el aprendizaje individual y social de la experiencia. El duelo desautorizado o silente, tiene un escenario contrario, al no ser reconocida la pérdida se caracteriza por la imposibilidad de expresada abiertamente ante la sociedad lo que siente, ocultando su dolor evitando pasar por la discriminación, vergüenza, desprecio o humillación.
Berthely (2014) menciona que ciertas normas sociales tácticas orientan sobre quién puede enrutarse en el proceso de duelo y específicamente por cuánto tiempo en las pérdidas. Algunas personas al condicionarse con dichas normas, sufren en soledad y sin apoyo considerando que no tienen la autorización social para expresar su dolor. Es así como los duelos silentes o desautorizados se traducen en algunas ocasiones en procesos complejos y dolorosos, formando una sensación de soledad, frustración y dolor. Con una fuerte posibilidad de convertirse en un duelo complicado.
El duelo por pérdida de la libertad hace parte del tipo de duelo silente, la autora plantea que el proceso de duelo abarca distintos tipos de pérdidas, como ya se ha mencionado, incluso una tan
importante y valiosa como lo es la libertad. De acuerdo con la Real Academia Española (2001) se define a la libertad como:
Facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad. Estado o condición de la persona que es libre, que no está en la cárcel ni sometida a la voluntad de otro, ni está constreñida por una obligación, deber, disciplina (Berthely, 2014, p. 22).
En este caso la realidad se vive de manera más cruda, al estar encerrados la persona se vuelve consciente de lo valioso y preciado de cada momento, lo que al fin de cuentas produce un intenso dolor y sufrimiento, el cual es inevitable, aunque se esfuercen por hacerlo, es allí cuando lo instintivo como lo es la supervivencia lleva a entender que la pérdida de la libertad es irreversible y dependerá solo de ellos salir a adelante. Tantos factores estresantes pueden desencadenar reacciones consideradas desadaptativas con posible sintomatología depresiva y manifestaciones de índole emocional, como el llanto, la sensación de desesperanza, la impotencia, rabia y posible culpa. Y por supuesto estas reacciones se vivencian de manera silente, ya que en dichas circunstancias no se les permite compartir su dolor.
3.8 Privación de la libertad
Al hablar de privación de la libertad, los autores Galán y Moraleda (2018) se refieren a ésta como:
Un proceso que de manera ineludible afecta en todos los aspectos de la vida de un sujeto que pierde su libertad. También se debe tener presente que en el interior de una cárcel se cohabita con individuos con características diversas, lo que origina un ambiente de conflictividad inevitable. Esto tiende a generar en estas personas con relación a la convivencia basada en acatar normas e indicaciones sin posibilidad de réplica, en un espacio congestionado, que genera dificultad en la autonomía personal y que además, el recluso no tiene capacidad de decisión sobre el exterior, por lo que
desarrolla un sentimiento de frustración por no poder manejar las situaciones que se le presentan (p. 236).
3.9 Pérdida de la libertad
Cuando se habla de pérdida de la libertad autores como Calderón & Salcedo (2018) hacen mención a que esta trae consigo una gran cantidad de desafíos y acarrea múltiples pérdidas tanto para la persona que ingresa al establecimiento como para sus familiares y allegados, aunque para los primeros, los cambios suelen ser más notorios y directos. La llegada al establecimiento penitenciario o carcelario implica desprenderse de objetos personales, perder la intimidad y el espacio personal, adaptarse a la comida, los olores y ruidos, entre otros aspectos que, al observar detalladamente, constituyen una forma de duelo de difícil manejo cuya fallida resolución puede constituir un riesgo para todos los actores involucrados, incluso la misma sociedad.
Rojas (2011) concuerda lo anteriormente mencionado indicando “que la cantidad de años es un factor que influye en el proceso de duelo, sin embargo, no es un determinante directo para desarrollar el mismo” (p.154). La persona detenida cuando le dan su veredicto judicial, empieza un proceso de duelo que puede generar: un deterioro en la comunicación familiar o si hay una comunicación y apoyo adecuado entre sus familiares y conocidos, esto le ayuda a soportar el proceso de duelo y el de prisionización durante el cumplimiento de su sentencia.
Ibarra (2013) citado por (Arellano, Serrano, & Matos, 2018) expresa que las primeras pérdidas por las que tienen que pasar los reclusos son: la libertad, la dignidad, su espacio y vida privada, su familia, empleo, entre otros, por lo que, un posible sentimiento y actitud que se dé en dichas personas es la desesperanza. Castro (2011) citado por (Arellano, Serrano, & Matos, 2018), habla:
Sobre cinco actitudes que hacen frente a la falta de esperanza: la primera la omisión de lo real o lo positivo; la segunda, la sensación de víctimas; como tercera actitud es la carencia de la responsabilidad; la cuarta, la renuncia a la proactividad y la última es la eliminación de la esperanza. (p. 198)
La persona privada de su libertad al pasar por pérdidas simultáneas atraviesa las siguientes cinco etapas del duelo, según Orozco (2013): Etapa de negación o etapa de impacto empieza cuando la persona es detenida para ser recluida, la persona piensa que la vida se paraliza, bloquea sus emociones y puede presentar insomnio, además se hace cuestionamientos en torno a la pregunta: ¿por qué me está pasando esto? (Orozco, 2013 citado por Arellano, Serrano, & Matos, 2018). Para tener en cuenta, es que gran parte de los internos no recuerdan cómo fue que los detuvieron, ya que utilizan como mecanismo de defensa el bloqueo de dicha experiencia, debido a la sensación de pérdida que experimentaron en ese momento. Luego de la negación, aparece la Etapa de ira, este sentimiento se presenta en contra de la vida, de Dios, la familia o el sistema penitenciario. En la etapa de la negociación, la persona hace justificaciones por el “delito” que realizó y posiblemente jura que no lo vuelve a cometer. Otros de los aspectos en esta etapa, es que la persona plantea diversos desenlaces de la situación, empleando en su discurso el “pudo ser diferente” o “hubiera”. La cuarta etapa es la depresión, la cual aparece cuando el prisionero ya no puede seguir negando la pérdida, de tal manera que, es indispensable el apoyo de su familia y amigos. La última etapa es la aceptación, se da cuando el interno acepta la situación en la que se encuentra y comienza a entender que necesita participar activamente en su vida, por ende, crea una rutina para su día a día en prisión (Orozco, 2013 citado por Arellano, Serrano, & Matos, 2018).
De esta manera, Calderón & Salcedo (2018) hacen referencia a que cuando se habla de duelo por pérdida de la libertad se debe tener en cuenta que la vida en prisión plantea una gran cantidad de cambios los cuales se afianzan con el tiempo, la adaptación al nuevo entorno implica ciertos costos psicológicos y crea hábitos de pensamiento y conducta que pueden resultar altamente disfuncionales durante el período de ajuste posterior a la prisión. Entre los elementos más representativos del duelo por pérdida de libertad este autor relaciona: dependencia de la estructura institucional y contingencias; hipervigilancia, desconfianza interpersonal y sospecha; sobre control emocional, alienación y distanciamiento psicológico; retirada y aislamiento social; incorporación de normas de exploración de cultura de la prisión; disminución del sentido de autoestima y valor personal y reacciones de estrés postraumático. Además de lo ya mencionado, las pérdidas continúan aún tras recuperar la libertad. La estigmatización, la exclusión y el aislamiento son algunos de los efectos sociales que se experimentan tras la salida de prisión, la pérdida de identidad, de valores e incluso roles, son algunas consecuencias que trascienden los muros de los establecimientos penitenciarios y carcelarios (Escaff, Estévez, Feliú, & Torrealba, 2013).
Adicionalmente si se habla de Duelo por la pérdida de libertad, hay que tener presente que la vida cotidiana antes de entrar a prisión ha muerto y lo que sigue es un proceso de duelo por múltiples pérdidas, los reclusos sienten que esto es una “muerte en vida”, y lo que experimentan es una larga etapa de depresión, apatía, angustia y rebeldía. “¿Cómo sobrellevar la pérdida y soportar la angustia de esta nueva realidad que ni siquiera logra constituirse como tal para la persona?”, de modo que, los reclusos hacen uso de sus mecanismos de defensa con el fin de mantenerse autoprotegidos, los más frecuentes son: las negaciones, las racionalizaciones y las proyecciones (Calandra, Faber, Fraguas, Friedman, Hauser & Nari, 2000 citados por Herrera, 2019). Es importante pensar sobre el proceso emocional que experimentan los reclusos al ingresar a un instituto correccional o cárcel. El duelo por prisión puede ocasionar notables consecuencias, tanto en la conducta del interno, como en sus pensamientos e ideas, de modo que, las actividades de ocio y dispersión son espacios de tranquilidad y esparcimiento para los internos, logrando olvidar por algunas horas el contexto violento que viven en prisión.
3.10 Etapas del duelo por pérdida de la libertad
Desde el modelo de las etapas del proceso de duelo de la autora Kübler-Ross (2012) citado por (Cáceres, Rodríguez, & Rojas, 2017), ya mencionado con anterioridad, pero en esta ocasión enfocado en el duelo por pérdida de la libertad debido al encarcelamiento, se proponen 5 etapas que no necesariamente se presentan en orden, sino que forman parte del proceso de aprendizaje y asimilación de la pérdida.
1)Aceptación: En esta etapa la persona ha aceptado su realidad y el proceso por el cual está pasando, volviendo su vida algo productivo que lo prepare para la libertad, sin embargo, no es una etapa de bienestar general, es vista más como una resignación a la idea de la prisión. Aquí también los reclusos suelen manifestar constantemente que la experiencia carcelaria es algo de lo deben de aprender para sobrevivir en su vida cotidiana.
2) Negación: Ante la posibilidad de ir a prisión, las personas manifiestan sentimientos de incredulidad, impotencia y confusión, también congelan sus emociones, difícilmente se concentran para realizar las funciones del día a día, presentan insomnio y pérdida de apetito.
3) Ira: Esta ira se manifiesta cuando la persona acepta su situación, enfrentándose a una suspensión temporal de su proyecto de vida a largo, mediano o corto plazo. Y en muchos casos
dependiendo el tiempo de condena y la relación con el individuo, las familias no suspenden su cotidianidad y lo que buscan es salir adelante en este caso sin la presencia del condenado.
4) Negociación: En esta etapa las personas ya han superado la ira y ahora entran en un proceso de negociar, prometen nunca más volver a cometer el acto que los llevó a prisión. Kübler- Ross (2012) menciona que “psicológicamente, las promesas pueden relacionarse con una sensación de culpabilidad oculta” (p. 7), Es en ese momento que muchos individuos entran a formar parte de iglesias o movimientos religiosos dentro de la cárcel con el fin de cambiar su perspectiva.
5) Depresión: Según Kübler-Ross (2012) Esta etapa se da cuando la persona no puede negar más su realidad. El recluso comienza a sufrir de malnutrición, insomnio, hacinamiento e incomodidad, y se muestra negativo ante su realidad. “La ira se sustituye por una gran sensación de pérdida” (p. 7). El interno se percata de que el apoyo familiar que recibe se desgasta y disminuye a medida que pasa el tiempo.
4 Discusión
El desconocimiento de la totalidad del término pérdida ha llevado a la mayoría de seres humanos a afirmar que jamás han tenido que hacer un duelo porque nadie verdaderamente significativo de su círculo más cercano ha llegado a morir aún, y es porque desconocen que todas estas pérdidas tangibles o intangibles “implican una renuncia, un abandonar algo conocido y seguro, como experiencias universales, y sean o no reconocidas como pérdidas, de todas maneras generan una reacción emocional de deprivación” (Fonnegra, 2001, p. 164) y duelo como es el caso de los que están en proceso de prisionización, donde los sentimientos de ira, culpa e impotencia pueden resultar en una complicada respuesta de duelo por el mismo contexto. Hay factores diversos que intervienen en los procesos de adaptación de la vida tras las rejas, autores como Isa Fonnegra mencionan que el duelo es proporcional a la dimensión de la pérdida que se experimenta.
En los hallazgos de este ejercicio investigativo es importante destacar que Colombia a nivel de contexto carcelario no ha tenido un acercamiento al tema del duelo relacionado con la pérdida de la libertad, parándose exclusivamente desde el rol burocrático y punitivo pretendiendo el cumplimiento de la ley ante quienes irrumpen contra esta, dejando a un lado las dimensiones que componen al hombre, las cuales se ven profundamente afectadas al pasar de ser categorizado como persona libre a persona privada de su libertad, que ingresa al proceso de prisionización.
Se podría decir que al parecer la sociedad colombiana niega el dolor simbólico que representa la pérdida de la libertad y por ende, de las distintas pérdidas que se vivencian en el proceso, las ignoran como vivencias significativas, por las que todas las personas ineludiblemente tendrán que pasar, por lo que, no se le da importancia a las manifestaciones emocionales por la que pasa la persona y a las cuales corresponde llevar una buena atención integral, lo cual no es relevante para el contexto colombiano, el hacinamiento es terrible, se pierde privacidad, contacto con la familia, las pérdidas significativas son privadas de reconocimiento y validación, minimizan el apoyo social y la oportunidad de participar en importantes rituales simbólicos y significativos que sean semejantes a una posible aceptación de la pérdida. Muchos reclusos han experimentado pérdidas significativas antes y durante su encarcelamiento. Tal vez no se les considera “con derecho” a llorar, porque se les castiga por infringir las leyes de la sociedad, ejemplo de esto, es como en el año 2020 al inicio de la pandemia Covid-19 “a cinco meses del primer caso de coronavirus en Colombia, se registraron más de 3.000 casos positivos por COVID-19 en cuarenta centros penitenciarios de todo el país, correspondiente a población privada de la libertad”
(Universidad de los Andes Colombia, 2020, párr. 2). Este virus demostró a mayor escala todas las fallas del sistema penitenciario de Colombia, las cuales son: el hacinamiento de las cárceles y sus infraestructuras deplorables, debido al poco presupuesto asignado por el Estado y también la poca prestación de servicios y recursos humanos para la salud física y mental de los internos, en donde algunos optaron por escapar, otros por atentar contra su propia vida y otros en hacer protesta, por lo que, se llega a la reflexión de que si no hay lugar para trabajar sobre la salud física de estas personas, mucho menos para la salud mental, es por esto que actualmente en el año 2021 hay poca información de procesos de duelo en contexto colombiano a diferencia de otros países donde hay información relacionada y la cual fue abordada en este ejercicio investigativo al proceso de duelo en contexto carcelario.
Por otra parte, desde el modelo de las 5 etapas del proceso de duelo de la autora Kübler- Ross (2012) citado por (Cáceres, Rodríguez, & Rojas, 2017) no necesariamente se presentan en orden, sino que forman parte del proceso de aprendizaje y asimilación de la pérdida. Desde los hallazgos de este ejercicio se considera que el proceso de duelo se presenta de la siguiente manera:
Inicialmente no existe tal aceptación, los reclusos no asimilan la pérdida de su libertad física, por lo que, en ocasiones no hacen uso de las estrategias de afrontamiento, ya que al ser una situación tan estresante puede llegar a ser abrumante emocionalmente sesgando su sentido de
realidad. En relación con la segunda etapa, 2) Negación: Ante la posibilidad de ir a prisión, las personas manifiestan sentimientos de incredulidad, impotencia y confusión. “Se bloquean las emociones y es difícil concentrarse en las tareas diarias. Cuesta conciliar el sueño y se pierde el apetito” (Cáceres, Rodríguez, & Rojas, 2017, p. 7). Tiene más sentido que se presente cómo primera etapa debido a las reacciones que tienen estas personas, relacionadas con la negación;
posteriormente aparece la 3) Ira: Esta ira se manifiesta cuando la persona acepta su situación, enfrentándose a una suspensión temporal de su proyecto de vida a largo, mediano o corto plazo.
En esta etapa el reajuste a la realidad se traduce en la etapa de 5) Depresión: Esta etapa llega cuando la persona no puede seguir negando la realidad. “Cuando el interno empieza a sufrir los síntomas de una mala alimentación, hacinamiento, incomodidad e imposibilidad de descanso nocturno, etc., no puede seguir mostrándose positivo frente a su realidad. “La ira se sustituye por una gran sensación de pérdida” (Cáceres, Rodríguez, & Rojas, 2017, p. 7). El interno se percata de que el apoyo familiar que recibe se desgasta y disminuye a medida que pasa el tiempo. A medida que se familiarizan y se adaptan poco a poco a la nueva realidad se presenta la etapa de la 4) Negociación:
En esta etapa las personas ya han superado la ira y ahora entran en un proceso de negociar, prometen nunca más volver a cometer el acto que los llevó a prisión. En esta etapa se vivencia la resignación y el establecimiento de nuevas metas de vida con relación a la realidad carcelaria para darle paso a la verdadera 1) Aceptación, En esta etapa la persona ha aceptado su realidad y el proceso por el cual está pasando, volviendo su vida algo productivo que lo prepare para la libertad, sin embargo, no es una etapa de bienestar general, es vista más como una resignación a la idea de la prisión. En “esta etapa se suele mencionar mucho por parte de los presos que es una experiencia de la cual deben aprender” (Cáceres, Rodríguez, & Rojas, 2017, p. 8).
5 Conclusiones
A lo largo de la revisión de varias fuentes bibliográficas, se logró reconocer la importancia de investigar acerca del proceso de duelo por pérdida de la libertad de la población carcelaria, ya que se evidencia la escasez de contenido relacionado con la temática, más aún en contexto colombiano, ya que las investigaciones que se hallaron han sido realizadas en países que cuentan con condiciones diferentes a la que se presentan a nivel nacional. En el contexto colombiano hay muy poca o casi nula información relevante con relación a esta temática expuesta, ya que los
reclusos al vivir en las cárceles con infraestructuras tan penosas, con el poco o casi nulo trato humano hacia estos, dejan mucho qué pensar sobre la atención que el Estado tiene hacia ellos, como principal entidad que garantice los derechos fundamentales de éstos.
Por otro lado, se identificó que las pérdidas más comunes entre los prisioneros son: la familia, el empleo, la dignidad, los amigos, el territorio, la cultura, la identidad, la privacidad, entre otras, de las cuales goza una persona en libertad y que cuando es privada de la misma, se genera un desequilibrio en sus áreas de ajuste y que debido a las circunstancias dichas pérdidas no se tramitan de la manera adecuada dificultando de gran manera la posibilidad de elaboración del duelo en estas personas, desembocando en el duelo silente o desautorizado donde se experimenta una pérdida que no puede ser manifestada tranquilamente ante la sociedad, de modo que, los presos por miedo a sufrir discriminación, a ser vistos como vulnerables o ser una vergüenza, han de ocultar su dolor llevando a posibles procesos personales complejos y dolorosos desencadenantes a comportamientos desadaptativos.
En el caso de Colombia no se hace evidente la elaboración, manifestación y estrategias de afrontamiento ante duelos en personas privadas de la libertad, puede ser por la falta de personal profesional e interdisciplinario que ayuden a estas, o la falta de espacios adecuados donde se pueda trabajar en ello, como también la poca o nula importancia del Estado al tratar este tema como prioritario.
De igual manera que el trabajo de duelo en prisión, a menudo se realiza sin apoyo familiar, bajos ingresos económicos y otro factor que dificulta la elaboración del duelo ante la pérdida de la libertad en estas personas es el no mostrarse vulnerables, ya que el demostrar por medio del llanto u otra manifestación afectiva y emocional ante los demás presos es estar expuestos a agresiones físicas, verbales y fuertes críticas, en donde se hace evidente que la privacidad es imposible de obtener causando un encubrimiento del dolor para así evitar vivenciar el proceso de duelo, enrutándose a un posible duelo no resuelto.