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R E V I S T A D E F I L O S O F I A. C O M X ANIVERSARIO #64

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Academic year: 2021

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R E V I S T A D E F I L O S O F I A . C O M

La selección de originales para publicación, se someten de manera sistemática a un informe de expertos externos a la entidad editora de la revista y a su consejo de editorial.

Estos informes son la base de la toma de decisiones sobre su publicación o no, que corresponde en última instancia al Consejo de Redacción de la revista y a la Dirección de la misma.

BIBLIOTEQUE NATIONALE DE FRANCE

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Fran Fdez Yebra

Director de la revista

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Presidente Consejo de redacción

Dr. Román García

Secretaría de redacción

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Relaciones Académicas e internacionales:

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SECCIÓN ESPECIAL

Ricardo Sánchez Ortíz de Urbina

Campo intencional y campo kinestésico como campo dual Pablo Posada Varela

¿Consonancia o distancia? La confrontación Husserl-Heidegger en torno al a priori de correlación fenomenológico Resumen/Abstract

Javier Arias Navarro

Preámbulo a un análisis de la relevancia de los estudios de Ernst Kummer sobre factorización para la historia de las teorías del lenguaje

Resumen/Abstract

ARTÍCULOS

Antoni Biosca Bas Origin of Virtuality María del Olmo

Javier Sádaba y la filosofía de la religión: ¿una cuestión existencial? Resumen/Abstract

Viviana Yaccuzzi Polisena

El cambio de paradigma es un cambio de continente Resumen/Abstract

David Coble Sarro

La concepción objetiva materialista dialéctica del valor en Marx (exposición y defensa rigurosa de la teoría del valor) Resumen/Abstract

María Garcia Pérez

Resistencia e insurrección en Gilles Deleuze. Una respuesta a Toni Negri Resumen/Abstract

Julia Expósito

Lógicas del acontecimiento. Alain Badiou como pensador de la crisis del Marxismo Resumen/Abstract

Pedro Lomba Falcon

Política y artificio. Sor Juana Inés de la Cruz y la alegoría barroca Resumen/Abstract

Gustavo P. Guille

Las aporías de la hospitalidad en el pensamiento de Jacques Derrida Resumen/Abstract 9 23 53 81 111 137 151 195 217 245 263 S U M A R I O | N Ú M E R O 6 4 | M A Y O 2 0 1 5

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R E V I S T A D E F I L O S O F I A . C O M

S U M A R I O | N Ú M E R O 6 4 | M A Y O 2 0 1 5

LÁSZLÓ TENGELYI IN MEMORIAM

(* Budapest,11 de Julio de 1954, † Wuppertal,19 de Julio de 2014) Noticia necrológica, pp. 277-278

Guillermo Ferrer

Sujet, infini et mort chez E. Husserl et E. Levinas, pp. 279-292 Resumen/Abstract

László Tengelyi

Las categorías de la experiencia y lo trascendental (Traducción del alemán por Guillermo Ferrer), pp. 293-306 Pablo Posada Varela

L'imprépensable et l'indisponible. Sens, expression et narrativité dans l'œuvre de László Tengelyi, pp. 307-330 Resumen/Abstract

Florian Forestier

Concevoir la vie et le monde à partir du sens. Hommage à Laszlo Tengelyi, pp. 331-356 Resumen/Abstract 277 279 293 307 331 R E V I S T A D E F I L O S O F I A . C O M

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ANIVERSARIO 2005 | 2015

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M A Y O 2 0 1 5 Campo intencional y campo kinestésico como campo dual | Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina

 

Campo  intencional  y  campo  kinestésico  como  campo  dual

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Ricardo  Sánchez  Ortiz  de  Urbina    

La “intencionalidad” fue la consigna con la que la fenomenología inició la revolución de la filosofía a principios del siglo pasado. La fenomenología se enfrentó al naturalismo positivista que, en connivencia con el simétrico exceso metafísico, habían definido la situación de la filosofía finisecular. Husserl frenó las interpretaciones naturalistas de lo humano y, al hacerlo, abrió el campo intencional.

El término acuñado para definir ese freno del naturalismo fue el de epokhê. El verbo epékhein significa “suspender”, “retener” pero no anular. El proceso de epokhê, de suspensión por detención del proceso natural, no anuló lo natural, pero lo detuvo e invirtió, y en esa inversión que pronto se convirtió en el programa de la reducción, se abrió el campo intencional. Esa detención, inversión y reducción suponía la renuncia a la actitud natural de considerar la realidad natural como algo dado en-sí, prescindiendo de la trastienda operatoria sin la que la realidad es muda.

Pero este descubrimiento de la intencionalidad llevaba aparejado un precio que Husserl no acertó a pagar: el reconocimiento de la escisión de la eidética y la intencionalidad, la aceptación de su origen diferenciado, de su inconmensurabilidad y de su posterior colaboración. En efecto, la fenomenología de Husserl, pese a su esfuerzo gigantesco por descifrar el campo intencional, tropezó con inmensos obstáculos porque, en su obsesión por asociar reducción fenomenológica y reducción eidética, los esfuerzos por explorar el campo intencional resultaron infructuosos. Si la fenomenología tenía que ser una ciencia, el campo intencional resultaba plano. Sólo admitiendo la escisión de eidética e intencionalidad, cabía la posibilidad de que el campo intencional abriera todas sus riquezas operatorias.

En la llamada “década prodigiosa” (el primer decenio del siglo), Husserl trabajó en dos frentes que van a dar lugar a dos grandes divisiones del campo de la intencionalidad.

                                                                                                               

1 Texto de la ponencia expuesta por el autor en la quinta sesión del curso sobre "Fenomenología de la

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Campo intencional y campo kinestésico como campo dual | Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina

 

 

En el primer frente, va a aparecer una estructura intencional abstracta y, en el segundo frente, una estructura intencional concreta. En la correlación intencional abstracta, hay sujetos que operan sobre unos contenidos para dar lugar a síntesis. Y se reconoce que este vector intencional (operaciones-contenidos-síntesis) tiene una dirección, que viene dada por algún significado, por alguna significatividad. Si no hay un sentido significante, las operaciones carecen de la dirección que encamina las operaciones hacia las síntesis pretendidas. Pero es evidente que esto no basta. Esta estructura de correlación intencional es abstracta porque está muerta. No basta la “animación” significativa, hace falta energía, fuerza, además de dirección. Y esa fuerza no existe todavía porque el sujeto de las operaciones es incorpóreo, angélico. Es el reproche que, durante mucho tiempo, se hizo a la fenomenología: la conciencia intencional no funciona porque “no tiene manos”. Al igual que se decía de los primeros iconos bizantinos que eran orgullosamente akheiropoiêtá, hechos sin manos por espíritus angélicos, una subjetividad operatoria fenomenológica abstracta es una conciencia sin manos, inoperante.

Pero este reproche no tenía en cuenta que Husserl, al tiempo que establecía el mecanismo de la animación significativa de la correlación intencional, reconocía la necesidad de una fuerza operatoria concreta, que sólo podía venir de un sujeto kinestésico, de una conciencia corpórea. Podríamos decir que, así, el Logos se hacía carne, como en un contexto teológico leemos al comienzo del evangelio de San Juan: Kaì ho Lógos sàrks egéneto (Juan 1, 14), “Y aquel verbo fue hecho carne”, en la antigua versión de Cipriano de Valera. El sujeto de la correlación intencional será, así, en este segundo frente, un sujeto corpóreo, con manos y pies, un cuerpo vivo, Leibkörper.

Resulta, de este modo, que el campo intencional aparece doblado en un campo propiamente intencional y un campo kinestésico. Campo intencional y campo kinestésico se manifiestan como dos campos conjugados. La conjugación de campos es un fenómeno que se da en muchos ámbitos. Pongamos el ejemplo más claro, tomado de las matemáticas. Antes del despliegue de los números complejos en lo que se llama un campo de Wessel, los números reales se representaban en una recta; pero, la admisión, por necesidades algebraicas, de los números imaginarios hace que esa recta real despliegue, a su derecha y a su izquierda, dos campos de números complejos. Son dos campos estrictamente conjugados. A cualquier punto o vector de uno de los campos, le corresponde el mismo punto o vector negativo en el otro. Así podemos escribir: z = x +i y, y también z* = x – i y, en coordenadas habituales; o bien

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z = r . eiɵ, y también z* = r . e-iɵ, en coordenadas polares. En este campo dual formal la conjugación es perfecta y la multiplicación de los dos campos, en las últimas fórmulas, da el cuadrado del módulo r, que es un número real.

El campo dual formal de los números complejos es, pues, un campo dual con conjugación exacta; es un campo dual eidético que nos puede servir de contraste para analizar el campo dual intencional-kinestésico. Las diferencias son evidentes. El campo dual eidético es formal; el campo dual intencional es material. La conjugación de los elementos del campo dual eidético es exacta; la conjugación de los elementos del campo dual intencional es aproximada. En el caso eidético, la conjugación es también uniforme; en el campo dual intencional, la conjugación está escalonada, de manera que, en su zona superior, los subcampos intencional y kinestésico están totalmente desajustados, es decir, las sensaciones que son contenidos de la intencionalidad, las darstellende Empfindungen, no se corresponden de modo ajustado con las sensaciones kinestésicas (aunque, evidentemente, haya una íntima asociación). En cambio, en la zona inferior del campo intencional dual, en la zona objetiva, el ajuste en la correspondencia de los dos tipos de sensaciones es mucho mayor. Y, por último, mientras que los campos conjugados del campo dual eidético son simétricos, conmutativos, en el caso del campo intencional dual, el orden importa y no hay simetría ni conmutación.

Todas estas diferencias provienen de la diversidad del punto de partida que existe entre el campo intencional, en el que las correlaciones intencionales están sólo orientadas significativamente pero no tienen ni fuerza ni energía, y el campo kinestésico, que es un campo energético. La intencionalidad sin kinestesias es abstracta porque no asume el tiempo. El análisis meramente intencional es correcto cuando establece intemporalmente que hay sujetos operatorios que elaboran contenidos de sensación y, de modo orientado, por animación significativa, producen síntesis trascendentes. Pero tal dispositivo, al excluir el devenir temporal, no explica la menor posibilidad de que se produzca realmente tal síntesis. Se requiere la reiteración temporal de las operaciones, y eso implica que el sujeto operatorio sea corpóreo, con sensaciones kinestésicas asociadas íntimamente a las sensaciones de “exposición”. Sólo en tal caso, el esquema explicativo será funcional, sólo entonces, la correlación intencional será una verdadera función en la que las operaciones de sujetos corpóreos, que han conseguido asociar sensaciones hyléticas y sensaciones kinestésicas, están

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en disposición de conseguir síntesis trascendentes de muy diverso tipo, según el análisis escalonado del campo.

Tal análisis es, evidentemente, fenomenológico porque no se da por supuesta ninguna síntesis real como ya dada, de modo natural. Se está describiendo la constitución de las unidades sintéticas; lo que significa que las funciones intencionales constitutivas del campo dual intencional-kinestésico son funciones últimas que no remiten a nada previo. Este carácter de “último” en el análisis es patente tanto en las sensaciones hyléticas como en las sensaciones kinestésiscas. Las sensaciones hyléticas son el contacto último con la realidad, son previas a toda síntesis, pero no son inmanentes; las sensaciones kinestésicas son constitutivas del cuerpo (Leib) y están localizadas en él, pero son irreductibles a la fisiología.

Toda la cuestión radica en el enlace asociativo entre lo hylético y lo kinestésico para configurar el fondo del campo dual intencional. En el cuerpo interno (Leib) confluyen los datos últimos de las sensaciones por las que se manifiestan las cosas y las sensaciones por las que se constituye el propio sujeto corpóreo, la conciencia incorporada. Lo que sólo puede ocurrir en el despliegue temporal completo en el que se aúnan las dos mitades del campo dual.

Las sensaciones kinestésicas se despliegan necesariamente en el tiempo e “imponen” ese despliegue a las sensaciones hyléticas que, de otro modo, permanecerían inertes. En esta imposición kinestésica radica la asimetría del campo dual no conmutativo. Es el campo kinestésico el que “amplía” energéticamente (fuerza y tiempo) el campo intencional de las meras correlaciones con dirección. Y es entonces cuando las correlaciones intencionales del campo dual, ya plenamente operativas y funcionales, se estratifican en niveles.

Este “dominio” de lo kinestésico sobre lo hylético es lo que Husserl denominó la “libertad kinestésica del yo puedo”. La libertad kinestésica significa que la operación de síntesis a partir de bases hyléticas de sensación está dirigida por intereses motivados, y que es en función de tales motivaciones kinestésicas por las que las apariciones de objetividades sintéticas se van configurando de un modo “óptimo”.

Las kinestesias se organizan en sistemas kinestésicos que se van superponiendo y convirtiendo en habituales. El “misterio” está en esa conexión última de las motivaciones kinestésicas y de los datos hyléticos, también últimos, de sensación. Como el campo dual está

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escalonado, tal asociación no es uniforme, y la capacidad de manifestación sintética está condicionada por la capacidad de efectuación kinestésica, que es la que motiva la índole de las síntesis que se manifiestan.

En resumen, la asociación del subcampo intencional y del subcampo kinestésico da lugar a un campo dual, verdaderamente funcional. Todo deriva de la asociación fáctica, profunda, entre sensaciones hyléticas y sensaciones kinestésicas. Las intenciones exponen sin motivo, las kinestesias motivan sin exposición. Su conexión no puede ser esencial, sino tan sólo un hecho definitivo. Ello hace que, aunque la organización de cada parte, la intencional y la kinestésica, por separado, sea férrea, su conexión sea variable y, en ocasiones, laxa; variable en función de las diversas correlaciones intencionales que se superponen en el campo dual. Se va pasando de la “libertad kinestésica”, que es evidente en la parte “superior” del campo (que después llamaremos el territorio de lo transposible), al ajuste kinestésico, casi mecánico, del territorio “inferior”, mucho más reglado, el territorio de lo posible.

En todo caso, es el “predominio” o la “iniciativa” de la mitad kinestésica sobre la mitad intencional lo que da lugar a los diversos tipos de síntesis, a los diversos niveles de correlación intencional. Y, sobre todo, es la asunción de la pálida conciencia intencional y sus actos por la corpórea subjetividad kinestésica y sus operaciones lo que establece que las correlaciones intencionales sean verdaderamente “funcionales”. Más adelante, procederé a cambiar la condición de la palabra “funcional” que pasará de ser un adjetivo a ser un sustantivo, como se ha hecho en las matemáticas contemporáneas. Las correlaciones intencionales del campo dual no serán sólo funcionales sino que serán “las funcionales”. Lo que, a su vez, exigirá unos “operadores lineales” del campo para discriminar tales “funcionales”.

La siguiente tarea evidente que se presentaba Husserl después de realizado el ajuste “vertical” del campo dual intencional fue acometer la indagación de su estructura horizontal. Había privilegiado el estrato inferior donde las correlaciones intencionales dan lugar a percepciones de objetos. Las percepciones de objetos o apercepciones perceptivas habían constituido para él el modelo epistemológico sobre el que había asentado el esquema de la intencionalidad, la constitución operativa de síntesis trascendentes. Es, como se sabe, un análisis que Husserl repetirá incansablemente a lo largo de todos sus escritos.

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Pero ahora se le abría una tierra incógnita o un mar desconocido. Si la zona inferior del campo intencional tenía una contextura objetiva, con todo lo que ello comportaba: operaciones intersubjetivas, esquicios hyléticos, significaciones direccionales, kinestesias asociadas, síntesis trascendentes… ¿qué ocurrirá en la zona “superior” del campo? Vamos a encontrar aquí a un Husserl desconocido, de una inmensa osadía intelectual. En la tercera parte de un curso que impartió en el semestre de invierno de 1904/1905, con el título neutro de Partes principales de la fenomenología y la teoría del conocimiento, se sacó de la manga, de un tirón, aunque con inevitables vacilaciones, toda una teoría sobre la estructura “intencional” y “kinestésica” de la zona “superior” de nuestro campo dual. Denominó a esta zona con el término, seguramente no muy afortunado, de Phantasie (phantasía), con el significado de “aparición originaria”. En el volumen XXIII de la Husserliana, de 1980, tenemos las 52 lecciones del curso, donde, contraponiendo la phantasía y la imagen, y armado con el recurso de lo que llamó modalización, indagó este misterioso territorio “intencional” originario, situado en el inconsciente fenomenológico, es decir, en una “degenerada” correlación intencional, donde la subjetividad no es todavía un ego y donde las síntesis no poseen todavía identidad.

Hay, en la fenomenología contemporánea, toda una corriente que piensa que se debe desposeer a este “nuevo mundo” del carácter de intencionalidad. Yo creo, por el contrario, que es la ocasión para “ampliar”, profundizando, la idea de intencionalidad. La razón es la siguiente. Una correlación intencional se establece cuando una subjetividad corpórea (kinestésica) opera sobre unos contenidos (en principio hyléticos) para dar lugar a síntesis con una cierta trascendencia. Pues bien, en este territorio nuevo denominado de la phantasía, se siguen dando las condiciones mínimas definitorias de la intencionalidad. Sigue habiendo operaciones de una subjetividad corpórea, aunque sólo sean transoperaciones de una comunidad de singulares no egoicos en interfacticidad. Sigue habiendo síntesis trascendentes, aunque tales síntesis no tengan identidad alguna y sean meramente esquemáticas. Y sigue habiendo contenidos hyléticos que, sorprendentemente, son los mismos contenidos hyléticos que en el resto de las correlaciones intencionales conocidas

Evidentemente la exploración de este territorio, la zona “superior” de nuestro campo dual, un territorio del que no hay conciencia explícita, es arriesgada. Husserl fue capaz, sin embargo, de establecer tempranamente el marco general de esta zona difusa que calificó de

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proteica. Estableció un límite en la investigación, sosteniendo que, en el territorio de la phantasía, “no hay variables ocultas”, pero que, sin embargo, hay en él conocimientos verdaderos. La razón está en que, en la phantasía, se producen auténticas síntesis distinguibles, aunque no posean identidad. Lo que trastorna todo el dispositivo usual de investigación, acostumbrado a que siempre tenga que haber variables a las que todavía no se ha llegado, y que parte de conocimientos sólidamente establecidos con identidad. Este dispositivo de “aproximación”, válido en la zona inferior objetiva, deja de serlo en la zona superior “originaria”. Es otro mundo. Husserl trabaja con un auxiliar que, más tarde, se revelará falso: es lo que llamó “modificación”. Lo que se de en la phantasía resultará de modificar lo que se dé en territorios conocidos, descontando el factor de la posicionalidad. Por ejemplo, lo que resulte del recuerdo cuando se elimine su componente de posición, de efectividad real, será phantasía. O también, si descontamos, en la apercepción objetiva, que es directa (no imaginamos la realidad duplicándola falsamente), lo que tiene de posicionalidad, será una aparición de phantasías, también dadas directamente, no imaginadas.

El marco al que llegó Husserl para delimitar el carácter de esta zona superior del campo dual, zona proteica pero originaria, en la que se juega la suerte del campo dual entero puede resumirse en los siguientes seis puntos:

1. El subcampo superior de la phantasía está enteramente separado del subcampo inferior de la objetividad. En consecuencia, no caben conflictos entre ellos; simplemente tienen un régimen distinto. Todo lo más pudiera decirse que el conflicto entre ellos es “global”, si se considerasen como entidades enteras, lo que no tiene mucho sentido. Cualquier conflicto parcial sería simplemente alucinatorio. 2. Tal separación se hace evidente porque la phantasía es un subcampo sin unidad. Carece del encadenamiento objetivo del territorio práctico, donde los objetos se van apareciendo sucesivamente en un juego de enlaces unitarios.

3. Como consecuencia de esta quiebra del encadenamiento objetivo, lo que aparece en la phantasía se da de modo proteico, discontinuo, fugaz, variable…

4. Sin embargo, esto que se da en la phantasía lo hace de modo directo. No hay una correlación intencional duplicada como en la imaginación; no es un subcampo imaginario. Es esta una condición estructural sorprendente, que reconoce un paralelo extraño entre los subcampos distantes de lo objetivo y lo fantástico.

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5. Hay otro rasgo que relaciona estas dos zonas tan distantes: en ambas las sensaciones son las mismas. Es decir, las sensaciones hyléticas, los esquicios de la percepción de objetos son los mismos que los phantásmata, las sensaciones de la phantasía, sólo que se dan de otra manera. Y sabemos que los phantásmata van asociados a las correspondientes kinestesias de phantasía.

6. Este otro modo de darse (y este es un rasgo diferencial decisivo) viene de la diversa temporalidad que rige en ambos subcampos. En la zona inferior de la intencionalidad objetiva se dan los objetos en un presente. En la phantasía falta por completo la relación con el presente. Lo que aparece no lo hace en un presente temporal.

Estos seis puntos definen, según el curso husserliano de 1905, el marco conceptual de este extraño territorio del que no tenemos percepción porque es rigurosamente inconsciente. Curiosamente, Husserl no se atuvo siempre a este planteamiento verdaderamente genial, aunque desconcertante. ¿Cómo concebir un tipo de correlación “intencional” tan extraño en el que no hay operaciones en sentido estricto, porque no hay sujetos con un ego ni un tú, sino tan sólo una comunidad de singulares en interfacticidad? ¿Cómo puede darse una correlación “intencional” en la que lo que se produce no tiene identidad, lo que implica que aparecen meras síntesis esquemáticas, dotadas, sin embargo, de una cierta trascendencia? ¿Cómo admitir que las sensaciones que se dan en esta phantasía sean las mismas que las sensaciones habituales?

La respuesta a estas paradojas sólo puede formularse admitiendo más paradojas aparentes.

Primera paradoja: el territorio “superior” denominado de la phantasía es una zona originaria porque, precisamente, es ahí donde se está haciendo el campo intencional. Y no sólo se hace ahí toda posible correlación intencional, sino que, por ello mismo, es ahí donde se hace la temporalidad, se hace la espacialidad, se hace toda posible subjetividad operatoria, y se hace toda posible síntesis de algo trascendente.

Segunda paradoja: en la phantasía no hay temporalidad porque hay un proceso de temporalización. No hay espacialidad sino sólo espacialización. No hay significatividad sino un proceso del hacerse del sentido, el sentido de lo que precisamente es humano.

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En resumen, en la phantasía, al hacerse el campo intencional, conexionando sensaciones de phantasía y sensaciones kinestésicas de phantasía, se está haciendo lo que entendemos como lo humano.

Si hacemos un alto en nuestra exploración del campo dual, vemos cómo, en una primera fase, el campo puramente intencional, inerte pese a su orientación vectorial, se aúna con la energía del campo kinestésico, dando lugar a correlaciones intencionales efectivas verdaderamente funcionales. En una segunda fase, el campo queda de nuevo dividido en una zona superior, la phantasía que, en rigor, más que una zona del campo dual es la zona donde el campo dual de las correlaciones intencionales funcionales se hace; y una zona inferior de correlaciones intencionales objetivadas. El territorio originario está separado y a enorme distancia del territorio familiar inferior de la intencionalidad objetiva, la zona privilegiada por Husserl, de la apercepción de objetos. Precisamente, al aunarse el campo dual, se producen correlaciones funcionales dispares que escinden el campo kinestésico intencional en dos regiones absolutamente separadas. Tal separación, efectiva so pena de alucinación, obligó a Husserl a diseñar una zona de intermediación que enlazase la phantasía y la objetividad. Este mecanismo de intermediación recibió la denominación de fantasía perceptiva.

Las fantasías perceptivas no son, según esta propuesta, fantasías puras, sin identidad, meramente esquemáticas, sino fantasías percibidas que conforman verdaderas síntesis de identidad. La noción de fantasía perceptiva de apariencia verdaderamente oximórica revela la capacidad analítica de Husserl, el potencial de la noción de intencionalidad, una vez que se ha disociado de la eidética. Mientras que en la filosofía clásica, de dominancia eidética, las verdades son síntesis de identidad que recubren operaciones sintéticas; en el análisis intencional, se distinguen, por una parte, síntesis que carecen de identidad (los esquematismos de la phantasía), por otra parte, síntesis objetivas con identidad (en la percepción de objetos) y, finalmente, como mediadoras, síntesis de identidad no objetivas.

Estas extrañas síntesis, que no son objetivas pero que pueden ser identificadas, son las fantasías perceptivas. Husserl las encontró en el arte, puesto que la actividad artística es una típica actividad humana de intermediación entre el reino de la praxis objetiva y el reino de la phantasía originaria, pero evidentemente no se reducen a las obras de arte. Las fantasías perceptivas constituyen la estructura básica de la zona horizontal de intermediación del campo dual funcional. Hay pues funcionales de intermediación, correlaciones intencionales funcionales de intermediación, constituidas por fantasías perceptivas que unifican la

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conciencia corpórea operativa, ascendiendo hasta el territorio transposible de la phantasía y descendiendo hasta el territorio posible de la objetividad. Las fantasías perceptivas constituyen el núcleo de la conciencia corpórea. Concilian los extremos separados sin caer en la alucinación. Por el lado subjetivo operatorio, gozan de la “libertad kinestésica” de la phantasía, donde, como sabemos, el nexo asociativo de las sensaciones de exposición y las sensaciones kinestésicas es laxo y flexible. Y, por el lado de las síntesis, gracias a su identidad, se aproximan al lugar donde la asociación de motivaciones kinestésicas y datos de sensación está irremediablemente fijada.

Dicho de otro modo, la libertad kinestésica de la phantasía ha quedado restringida, en esta zona de intermediación, por hábitos kinestésicos que encauzan la vida operatoria. Son kinestesias en forma de hábitos, identificadas y sedimentadas como hábitos y que gozan del acceso a la libertad kinestésica en el mundo libre de lo transposible, de lo no disponible, y del acceso al mundo de la praxis objetiva, definitivamente encauzada. El hiato o abismo insalvable entre la phantasía y la objetividad intencional queda, así, salvado. La indagación de esta zona de intermediación, constituida por fantasías perceptivas, es una de las tareas actuales de la fenomenología. Es un mundo de hábitos kinestésicos cuyo ejemplo más claro es el de los “signos lingüísticos”.

Un signo lingüístico, más que una señal con estructura simbólica, es precisamente un hábito kinestésico, una fantasía perceptiva de la que disponemos (puesto que posee identidad) pero con la flexibilidad de lo que todavía no ha accedido a su manifestación física, hablada o escrita. Pensamos pulsando las teclas de signos de lenguaje que son kinestesias habituales, capaces de expresar los arcanos del sentido que se hace en la phantasía sin las exigencias estrictas de la segunda expresión material. Los signos lingüísticos como fantasías perceptivas oscilan entre la laxitud del sentido y la coerción de la significación presta a incorporar las identificaciones eidéticas. Constituyen el discurso interior, que no es sino un transcurso relativamente libre, motivado, en tanto que encadenamiento de hábitos kinestésicos ligados a signos. Ello significa que este monólogo interior de fantasías perceptivas en tanto que hábitos kinestésicos se mantiene o retiene sin pasar al acto, es decir, sin la temporalidad de presentes propia de la temporalidad objetiva. La temporalidad propia de esta zona intermedia de fantasías perceptivas del campo es una temporalidad de mera sucesión, sin la tiranía del presente objetivo, pero sin las angustias de la irreversibilidad que se gestiona en la phantasía.

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Por último, la existencia de esta zona de correlaciones intencionales funcionales de intermediación muestra el dispositivo auxiliar utilizado por Husserl en su investigación, la llamada modificación. La elaboración de funcionales a partir del funcional privilegiado de la percepción, era innecesario. Hay más bien un mecanismo descendente de transposición por el que se pasa de las correlaciones intencionales originarias del territorio de la phantasía pura a las correlaciones intencionales como hábitos kinestésicos funcionales de la zona de intermediación y, finalmente, a las correlaciones intencionales funcionales, donde las kinestesias objetivas están definitivamente anudadas con las sensaciones hyléticas o esquicios.

Llegamos, así, al misterioso núcleo donde se articula la dualidad del campo intencional. El hecho es que la subjetividad constituyente a la que conduce la reducción fenomenológica al poner en cuarentena toda trascendencia naturalmente dada se asocia, primero, a unas sensaciones o impresiones que parecen puramente cualitativas, pero que insinúan una extensionalidad que podríamos llamar preempírica y asocia luego, de nuevo, estas sensaciones expositivas (darstellende) con unas sensaciones kinestésicas que acaban constituyendo la propia subjetividad. De este modo extraño, se cierra el campo dual sin que intervengan para nada mecanismos eidéticos.

Ni la “subjetividad absoluta” es un eidos ego en una comunidad eidética de corte leibniziano que, a veces Husserl insinuó, ni las síntesis necesitan ser apuntaladas eidéticamente, ni lo hylético puede ser considerado inmanente, cosa que haría imposible cualquier tipo de trascendencia.

La disociación de eidética e intencionalidad queda ahora claramente manifiesta porque, en el territorio superior del campo dual, no hay eidética posible. No cabe lo eidético ahí donde se hacen las conexiones fácticas originarias entre sensaciones hyléticas y sensaciones kinestésicas, ahí donde se establece la originaria intersubjetividad que, en rigor, es una inter-facticidad, y ahí donde se originan los primeros intentos de síntesis trascendentes todavía sin identidad. No se dan en la zona originaria los supuestos sobre los que pueda iniciarse una variación eidética.

Como se puede ver, el campo dual kinestésico intencional, exento de eidética, se escalona en niveles de correlación intencional precisamente porque no es un campo dual simétrico, conjugado conmutativamente, sino que la mitad kinestésica motivante impone sus condiciones a la mitad puramente intencional, y eso es lo que convierte las iniciales

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correlaciones intencionales, con dirección pero inertes, en verdaderas correlaciones intencionales con función, en correlaciones funcionales. De este modo, el análisis intencional clásico se convierte en un verdadero análisis funcional.

No es sorprendente entonces que la fenomenología se aproxime, incluso terminológicamente, a los últimos desarrollos científicos. Análisis funcional es el término que se ha impuesto en las matemáticas del s. XX para unificar múltiples desarrollos matemáticos que parecían inconexos y es, además, el aparato matemático que utiliza el último desarrollo de la física teórica: la física cuántica. Lo que fuero el cálculo diferencia e integral para el desarrollo de la física clásica en los ss. XVIII y XIX, lo está siendo el análisis funcional para la física actual.

Y la fenomenología coge, así también, el relevo de la filosofía clásica tradicional. Todo parte de una nueva concepción de las nociones de función y de integración. En las matemáticas se necesitaba ampliar la noción de función, todavía muy estricta y que no admitía casos que parecían evidentemente funcionales. Fue un matemático francés, Henri Lebesgue, quien planteó una estratagema para superar tal impasse. Propuso simplemente cambiar el dominio de definición de la función que clásicamente se adjudicaba al eje de abscisas por el dominio de valores de la función situado en el eje de ordenadas. Con este “truco” tan simple las funciones se ampliaban, se permitía, sin restricción, el paso al límite, y se abrían los espacios funcionales. En el análisis funcional, son las propias funciones del campo, que ahora se llaman autofunciones, las que aparecen como resultado de un operador lineal que actúa sobre el campo.

Del mismo modo, en la fenomenología, cuando las correlaciones intencionales se enriquecen kinestésicamente en el campo dual como funciones intencionales efectivas, es el propio campo dual el que se organiza en registros y niveles, no por modificaciones de un supuesto nivel privilegiado, el nivel clásico objetivo de la percepción de objetos, sino por la autoorganización operativa del campo a partir del territorio de la phantasía, donde el propio campo intencional se hace. Y este hacerse del campo dual intencional no es sino la primera conexión, de hecho, más o menos laxa, entre sensaciones hyléticas originarias y las primeras kinestesias que todavía no son sino kinestesias de phantasía, kinestesias del cuerpo interno (Leib).

La autonomía del campo dual intencional-kinestésico permite, así, un análisis funcional de su estructura de correlaciones operatorias sin el apoyo de la eidética. Es lo que,

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en otro lugar, he llamado estromatología. La intencionalidad no necesita organización científica, ni siquiera eidética, para explicar el campo descubierto mediante una simple descripción de lo que, en él, se da originariamente.

Hay también un sorprendente paralelismo entre lo que hace la fenomenología al plantear un campo dual intencional con predominio del componente kinestésico y lo que hizo la física cuántica cuando se desligó de los planteamientos clásicos.

Resumiendo una cuestión más sutil que compleja, podemos decir que el mismo enfrentamiento entre las dos partes del campo dual, lo intencional y lo kinestésico, y la misma solución por imposición de lo kinestésico que se dio en la fenomenología, se produjo también en la física. En vez de correlación intencional tenemos, en la física, vectores de estado, y, en lugar de kinestesias, tenemos, en la física, observables cuya energía podemos medir. El vector de estado nos dice todo lo cognoscible en esta escala fina en la que ahora trabaja la física y se supone que esto es todo, que no hay variables ocultas, pero que esos vectores de estado son claramente distinguibles entre sí aunque no posean identidad. Estamos en un impasse, como en la fenomenología. Frente a frente vectores de estado inertes, a los que no se puede hacer funcionar (evolucionar en el tiempo) y observables, que sí se pueden medir en sus niveles de energía (“kinestésicos”). Lo que hizo Schrödinger con su ecuación fue también una especie de “trampa”: proyectar (o expandir) los vectores de estado en términos de los niveles de energía que ahora se toman como base… y someterlos al tiempo. Y la ecuación funcionó. Es exactamente lo mismo que hace el fenomenólogo cuando pone en movimiento las correlaciones intencionales inertes, proyectándolas (o desarrollándolas) en los términos de la otra mitad, la energética, del campo dual, la mitad kinestésica, que los físicos llamarán hamiltoniana.

Como puede apreciarse, la fenomenología no es una especulación inútil de académicos ociosos y nostálgicos amparados en el prestigio de filósofos antecesores, sino un pensamiento vivo en connivencia con los más novedosos desarrollos científicos a los que inspira y por los que es estimulada.

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Post-scriptum

A la luz de los desarrollos de la física cuántica, se puede confirmar la tesis fenomenológica de la disociación entre eidética e intencionalidad y la no pertinencia de la eidética en el análisis del campo dual intencional.

En la física se descubrió que, si se admitía la divisibilidad in infinitum de la energía (infinito no enumerable de la eidética), si todo valor de energía, sin un mínimo, era posible… la materia era inestable. En la fenomenología se descubrió que, si se admitía la divisibilidad in infinitum de la energía kinestésica (infinito no enumerable de la eidética), las sensaciones kinestésicas no eran identificables ni podían asociarse a las sensaciones hyléticas para anudar el campo intencional.

En ambos caso, bastaba el infinito enumerable no eidético, bastaba lo intencional. Ni el espectro de energías físicas, ni el espectro kinestésico forman un conjunto denso (que pueda tomar cualquier valor), sino que basta la discriminación última de lo cuántico y de lo intencional. Con el predominio eidético, la física clásica quedaba “atascada” y, con el mismo predominio eidético, la fenomenología no superaba el naturalismo. Y, tanto en la física como en la fenomenología, la dificultad radicaba en articular lo intencional (los vectores de estado) con lo kinestésico (la medición de energía de lo observable).

Lo que parecían “trucos” en Lebesgue y en Schrödinger es, en la fenomenología, el cambio de la explicación por la descripción (en lo originario).

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¿Consonancia  o  distancia?  

La  confrontación  Husserl-­‐‑Heidegger  en  torno  al  a  priori  de  

correlación  fenomenológico  

Pablo  Posada  Varela  

Université  Paris  -­‐‑  Sorbonne.  Bergische  Universität  Wuppertal  

Resumen

Este artículo aporta elementos para pensar la matriz de la confrontación entre Husserl y Heidegger y, por ende, entre fenomenología transcendental y hermenéutica de la facticidad En un primer momento de nuestro texto expondremos la teoría de la significación y de la expresión del joven Heidegger apoyándonos en los cursos recogidos en los tomos 56/57, 58 y 59 de sus obras completas. Este tratamiento de la teoría heideggeriana de la expresión y del significar nos conducirá a la comprensión heideggeriana del a priori de correlación. En contraste con ello, apuntaremos hacia una interpretación del a priori de correlación en clave de fenomenología transcendental, y que en parte escapa al alcance de la crítica

heideggeriana. Llegaremos así a una

formulación clara de lo que tenemos por una de las claves de esta confrontación, a saber, precisamente la diferencia entre dos modos, el husserliano y el heideggeriano, de insertarse el sujeto filosofante en el hecho fenomenológico del a priori de correlación. Esta diferencia en el modo de insertarse el filosofar en el a priori de correlación dibujará la clave de esa misma

confrontación como clave de tipo

arquitectónico, es decir, no enteramente

reducible en términos puramente

fenomenológicos. Palabras clave

Heidegger, Husserl, a priori de correlación,

hermenéutica, facticidad, co-ejecución

(Mitvollziehung), consonancia, palidecimiento

(Verblassung), indicación formal,

arquitectónica

Consonance or distance?

On Heidegger's confrontation with Husserl pertaining the phenomenological correlation's a priori

Abstract

This paper reflects on the very nature of the confrontation between Husserl and Heidegger

and, therefore, between transcendental

phenomenology and hermeutics of facticity. In the first place, we expose the young Heidegger's theory of expression and meaning according to the volumes 56/57, 58 and 59 of its complete works (Gesamtausgabe). Dealing with the heideggerian theory of expression and meaning will lead us to the heideggerian understanding of the correlation's a priori. In contrast to Heidegger's position, we will point at an understanding of the correlation's a priori proper to transcendental phenomenology. We will then come to a clear formulation of what we consider a key to the understanding of the confrontation we are dealing with: the difference in the way the philosophical subject (by Husserl and by Heidegger) introduces itself or interleaves within the phenomenological fact of the correlation's a priori. The difference concerning these two ways of interleaving depicts the key of such a confrontation as an architectonical one, thus not entirely reducible in purely phenomenological terms.

Keywords

Heidegger, Husserl, Correlation's a priori,

Hermeneutics, Facticity, Mitvollziehung,

Consonance, Fading (Verblassung), Formal Indication, Architectonics.

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¿Consonancia  o  distancia?  

La  confrontación  Husserl-­‐‑Heidegger  en  torno  al  a  priori  de  

correlación  fenomenológico  

Pablo  Posada  Varela  

Université  Paris  -­‐‑  Sorbonne.  Bergische  Universität  Wuppertal  

 

SUMARIO INTRODUCCIÓN

1. REDUCCIÓN DE LA IDEALIDAD DEL SIGNIFICADO A LA EJECUTIVIDAD DEL SIGNIFICAR 1.1. Heidegger y Husserl ante el hecho de la expresión

1.2. Palidecimiento del vivir originario y reducción fenomenológica

2. LA COMPRENSIÓN HEIDEGGERIANA DEL A PRIORI DE CORRELACIÓN COMO FUNDAMENTO “FENOMENOLÓGICO” DE LA “DIRECCIÓN” DE LA INDICACIÓN FORMAL 2.1. La génesis del método de la indicación formal

2.2. Escorzo de "otra" indicación formal: la abstención de la reducción transcendental 2.3. El combate de Heidegger por la des-regionalización de la intencionalidad

3. LA REAPROPIACIÓN HEIDEGGERIANA DEL MÉTODO FENOMENOLÓGICO. EL SENTIDO DE UNA ONTOLOGÍA FENOMENOLÓGICA.

3.1. Las críticas de Heidegger a Natorp y Dilthey (GA59)

3.2. La reinterpretación heideggeriana del método fenomenológico (GA20) 3.3. La interpretación del nivel del vivir originario a la luz de GA56/57 y GA58

CONCLUSIÓN: EL JUEGO DE LA DIFERENCIA ARQUITECTÓNICA O LA DISTANCIA DEL FILOSOFAR RESPECTO DEL A PRIORI DE CORRELACIÓN

INTRODUCCIÓN

A la luz del curso de Heidegger del semestre de verano de 1920 titulado Phänomenologie der Anschauung und des Ausdrucks. Theorie der philosophischen Begriffsbildung y recogido en GA 59 me gustaría esbozar una virtual confrontación entre Husserl y Heidegger -y por ende entre fenomenología transcendental y hermenéutica de la facticidad– que nos dejaría en el umbral mismo de la continuación de este trabajo. Efectivamente, estas líneas tendrán una prolongación inmediata en una segunda parte que retomará dicha confrontación a la luz del tratamiento husserliano de las expresiones ocasionales y con significado vacilante. Me refiero al 3er capítulo de la primera investigación

lógica que, como veremos en un próximo artículo, aun desde el tratamiento rigurosamente husserliano del asunto, ofrece un claro espacio para la polémica que bien podría acabar de tensar una virtual orientación heideggeriana del problema de las expresiones ocasionales. Ahora bien, cumple, primero, establecer un previo marco de confrontación.

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En un primer momento de nuestro texto apenas si nos detendremos en las tesis de GA59, que ya habíamos examinado con detenimiento en un anterior trabajo1. Lo haremos tan sólo para dar una levísima idea del modo heideggeriano de comprender el fenómeno de la significación, y ello en explícita confrontacion con Husserl. El lector habrá de disculpar que en esta primera parte haga emerger filosofemas pertenecientes al curso Fenomenología de la intuición y de la expresión así como a otros relativamente contemporáneos (GA56/57, GA58) cuyo sentido daré por supuesto y en cuya explicitación no me detendré2.

Este tratamiento de la teoría heideggeriana de la expresión y del significar nos conducirá a la comprensión heideggeriana del a priori de correlación. Esta comprensión será la contracara de lo que, desde esta perspectiva, aparecerá, a todas luces, como una presunta tergiversación racionalista del a priori de correlación y un falseamiento de su auténtica comparecencia fenomenológica: nos referimos a la comprensión husserliana del a priori de correlación. Ahora bien, tras haber abogado por la opción heideggeriana (y su consiguiente crítica a Husserl; o, mejor dicho, al "Husserl-de-Heidegger"), apuntaremos también hacia una reinterpretación del a priori de correlación en clave de fenomenología transcendental que acaso escape a ese Husserl que Heidegger se fabrica. Así, confrontaremos esta nueva interpretación, en clave de contracrítica, a la crítica heideggeriana antes expuesta.

Llegaremos así a una formulación clara de lo que tenemos por una de las claves de esta confrontación, a saber, precisamente la diferencia entre dos modos, el husserliano y el heideggeriano, de comprender el a priori de correlación. Pues bien, esa diferencia en el modo de insertarse en el a priori de correlación constituye, a su vez, una diferencia propiamente arquitectónica, es decir, no enteramente reasumible (al menos no directamente) en el fenómeno mismo y, sin embargo, no exenta de importantísimas consecuencias en la

                                                                                                               

1 Cf. Pablo Posada Varela. Vida fáctica y significado. La teoría del significado del primer Heidegger a la luz del

curso Fenomenología de la intuición y de la expresión (GA 59), pp. 9-36. in Eikasia, nº63. Marzo de 2015. http://revistadefilosofia.com/63-01.pdf. Como era el caso del citado artículo, el presente trabajo retoma antiguas investigaciones presentadas, tiempo ha, en el seminario de fenomenología dirigido por Miguel García-Baró. He preferido no integrar demasiado resultados de trabajos más recientes por ver de no embrollar demasiado la argumentación y dar el mínimo de cosas por supuestas. Sólo más adelante, en ulteriores trabajos, explicitaré, a la vista de estos materiales, cierta crítica a la fenomenología de Heidegger que ya anunciaba en la introducción a este texto anterior (anunciando también la serie de trabajos sobre Heidegger que ahora publico): cf. Pablo Posada Varela Tiempos, espacios, abismos. Sobre la multiestratificación del vivir como arquitectónica fenomenológica en sentido pleno, pp.35-48. in Eikasia nº61, 2015. http://revistadefilosofia.com/61-02.pdf

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fenomenalización: pero es que no otra cosa era aquello que Husserl y Fink llamaban el "fenomenologizar".

Tras haber ganado un bagaje conceptual suficiente emprenderemos, en un siguiente trabajo que aquí anunciamos, lo que constituirá la continuación de este artículo. En él buscaremos un marco concreto para el esclarecimiento e implementación de la anunciada confrontación virtual entre Husserl y Heidegger. Este marco habrá de ser el mentado, y algo más técnico, de las expresiones ocasionales. Por lo demás, esta problemática interna a las Investigaciones Lógicas de Husserl constituye, a su vez, un extraordinario revelador del método heideggeriano de la indicación formal, cuya especificidad podrá así calibrarse a la luz de dicha problemática. Ello vendrá a confortar lo que en las líneas que siguen avanzaremos en punto al método heideggeriano de la indicación formal.

1. REDUCCIÓN DE LA IDEALIDAD DEL SIGNIFICADO A LA EJECUTIVIDAD DEL SIGNIFICAR

La fenomenología de la intuición y de la expresión que presenta el curso del semestre de verano de 1920 no peca de falta de ambición. Se trata nada más y nada menos que de la reconducción de las expresiones, en sus significados, a su originariedad. A este respecto, no es baladí recordar que también Husserl comienza sus Investigaciones Lógicas ocupándose de la temática de la expresión, y lo hace constatando el acontecimiento de la expresión, el Faktum de que existan algo así como proposiciones científicas.

1.1. Heidegger y Husserl ante el hecho de la expresión

Para Husserl, habérselas con el Faktum de la expresión puede entenderse, al menos en Investigaciones Lógicas, como una reconducción a la idealidad de la expresión, y como una supeditación del acontecimiento del significar como acontecimiento vivido a la idealidad que en dicho trance vivencial se expresa. Así, la intuición de lo expresado en la expresión se da a través de la facticidad del expresar, pero, en el fondo, a pesar de esa facticidad, o de tal modo que la ocasionalidad de esa facticidad o de ese acto de intuición en particular no incida en la idealidad que intuimos. En Heidegger, en cambio, observamos el movimiento inverso al que se produce en Husserl al tratar de la expresión. La expresión significa porque el expresar es fáctico, porque está en la facticidad; el pensar se abre a sí mismo porque se importa a sí

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mismo en tanto que fáctico. La recta plenificación de lo expreso en la expresión -su intuición– ya late en el hecho de que la expresión sea un acontecimiento fáctico. De hecho, la intuición no lo es de un contenido ideal, sino de un expresar originario, de una ejecución originaria del significar. Así, en Heidegger no hay intuición de contenidos ideales por una vivencia cualquiera, repetible, cuya situación fáctica fuera irrelevante, sino más bien un trabajo de plenificación entre actos de expresar cada vez más y más originarios, y así hasta desembocar en aquel modo vital del significar en el que lo significado halla su auténtico significado; significado que siempre amanece a sobrehaz de la facticidad del significar. El desvelamiento de la versión auténticamente concreta de un significado se produce cuando ese significado me es absolutamente significativo, me toca en lo más profundo de mi existencia. Formalmente expresadas, estas son las ideas fundamentales del curso Fenomenología de la Intuición y de la Expresión. La significatividad, en suma, sólo se da en situación, y un significado es tenido por un sujeto concretísimo para el que ese significado es importante, y es, precisamente, significativo. Así pues, y a la luz del capítulo 3º de la 1ª de las Investigaciones Lógicas, observaremos cómo, en rigor, Heidegger pretende una reducción de la idealidad del sentido, y del concepto de contenido del significar, a la densidad del expresar como acontecimiento.

Sin embargo, antes, y a modo de preliminar, nos permitiremos ilustrar cómo es algo así como la densidad ontológica inmediatamente significativa y propia del ser-en-el-mundo lo que a Heidegger le interesa capturar en la expresión; expresión que se entenderá entonces en su facticidad, es decir, como habla ejecutiva y situada (en un lugar, en una historia). Eso mismo revela un importante pasaje de Ser y Tiempo dedicado al lenguaje, y a la luz del cual, por lo demás, vemos prefigurarse el pensamiento posterior sobre el habla como decir poético3:

“Todo hablar “sobre...” y que comunica mediante lo hablado, tiene al par el carácter del ‘expresarse’. Hablando se expresa el “ser ahí”, no porque como algo “interno” empiece por estar recluso relativamente a un “afuera”, sino porque en cuanto “ser en el mundo” y comprendiendo es ya “afuera”. Lo expresado es justamente el “ser afuera”, es decir, el modo de encontrarse (del estado de ánimo) en el caso, y del encontrarse se mostró que concierne al íntegro “estado de abierto” del “ser en”.” (S&Z, § 34, GA2, pp. 215-216)4.

                                                                                                               

3 Para una exposición sobre la investigación sobre el habla del Heidegger posterior a S&Z cf. RODRÍGUEZ

GARCÍA, R. 1993. “El lenguaje como fenomenología”. En Hermenéutica y subjetividad. Madrid: Trotta.

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Desde un punto de vista formal, la maniobra de Heidegger conduce, hasta cierto punto, a un desleimiento de la diferencia entre acto y contenido que reduce o reconduce todo contenido a la ocasión de su significar, y que, en últimas, hace de toda expresión una expresión ocasional. Evidentemente, no representa Heidegger ni muchísimo menos una simple vuelta a las versiones de esa confusión que el propio Husserl critica. Por decirlo de otro modo: los antipsicologismos de Husserl y Heidegger son, si se quiere, perfectamente divergentes. Así, nos encontramos en Husserl, en cambio, con la tendencia contraria, que empujaría, ad limine, a la insensatez extrema de la reducción de la totalidad de la ocasión (del hablar) a la idealidad (de lo hablado)... a ello -nos dice– obliga la razón. Razón cuya vigencia, en el fondo, nunca declina en tanto que fuente de significatividad suya, diferente, y que vale por una suerte de vocación oculta del fenómeno, por la fenomenalidad de lo incondicional o, cuando menos, por la teleología de su entera fenomenalización, acaso nunca alcanza pero sí dispuesta (así sea a costa de la inminencia -nunca cumplida- de mi propia desaparición). ¿Diremos entonces que la maniobra de Heidegger es psicologismo, antropologismo? Como apuntábamos más arriba, si se trata de explicar bien a Heidegger, es especialmente interesante vislumbrar de qué modo éste opondría a esta pregunta o crítica un rotundísimo “no”.

¿Por qué puede decirse, en este caso, “no”? Sencillamente porque la facticidad no es cualquiera, no corresponde en absoluto a la vacía factualidad de las ciencias, sino que tiene un modo originario de vivirse, de serse a sí misma significativa: es originariamente hermenéutica es decir, es auto-hermenéutica o hermenéutica respecto de sí misma, incluso en la inmediatez de la Stimmung. La reducción "hermenéutica" de todo contenido de sentido a su ocasión no es pues una reducción a una ocasión vacía, sino la reducción a una ocasionalidad, a una forma de ocasionar el sentido significatividad, y de ocasionar yo la significatividad del mundo. Ahora bien, es crucial entender que esta forma de ocasionarse el sentido no resulta, a su vez, ocasional, sino que da lugar a que el significado expresado en una ocasión dada signifique originariamente. ¿Cómo se aplicaría este movimiento, una vez salvado el escollo del relativismo clásico, a aquello que, por contraste, parecía condenarlo a dicho relativismo, es decir, a lo que clásicamente se opone al relativismo, a saber, a la idealidad? En otras palabras: ¿Qué decir de la idealidad del sentido en el marco de una ontología inobjetual del ser ejecutivo (como ejecutividad hermenéutica)?

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La operación empezaría por una reducción de la significatividad de todo contenido de sentido a su significar fáctico. No hay significatividad alguna en la idealidad del significado, no hay hueco que abrirle a la idealidad en la facticidad de nuestra vivencia para hacer que aparezca del todo. Muy al contrario, si un contenido de idealidad importa, es porque, siquiera indirectamente, importa para el idear como ejecución fáctica, y si el idear importa es porque se da en la historia de una vida, en un vivir que en un preciso momento se pone a idear. Si una idealidad es significativa, no lo es porque a la vida le interesa en la vida la absolutez de una verdad objetiva, es decir, ser aquel sujeto que no es desde sí y que se des-vive por esa objetividad, en la incoación de un movimiento de fenomenalización de dicha idealidad que entrañaría, en inminencia, la desaparición de dicha subjetividad. Antes bien, la significatividad de una u otra idealidad ha de ser reducida, como toda significatividad, a lo que la sostiene: a la corriente vital de tendencias y motivaciones desde la que emerge; allí donde asimismo emerge el acto de idear como un acto más, un acto de la vida. Habríamos de oponernos pues, si seguimos aquí a Heidegger, a la tendencia de ciertos "contenidos objetivos" a desbordar su origen, a rebasar la autosuficiencia de la vida, desafiando eso mismo que el Heidegger de la 1ª época de Friburgo llamaba humilitas animi. Este desbordamiento se vería alentado por la presunta incondicionalidad de una idealidad. Se trata de uno de los modos de lo que el curso del SS1920 llama la Verblassung der Bedeutsammkeit o palidecimiento de la significatividad5. Y aún es más: se trata de una modalidad de Verblassung de una potencia extrema. Al decir y subrayar aquí “potencia extrema” apuntamos                                                                                                                

5 Nos permitimos en esta única ocasión referir un texto de GA59 en el que está especialmente bien definida la

llamada por Heidegger "Verblassung der Bedeutsamkeit": “Es ist das die Eigentümlichkeit, die ich als

Verblassen der Bedeutsamkeit bezeichne. Es ist kein Verschwinden, sondern ein Verblassen, d.h. ein Übergang

in das Stadium und in den Modus der Nicht-Ursprünglichkeit, wo die Echtheit des Vollzugs, vorab die Vollzugserneuerung fehlen, die Bezüge selbst sich abschleifen, und wo lediglich der selbst nicht mehr ursprünglich gehabte Gehalt “interessiert”. Verblassen hat nichts zu tun mit “aus dem Gedächtnis verlieren”, “vergessen” oder mit “kein Interesse mehr finden an”. Der Gehalt der faktischen Lebenserfahrung fällt ab aus dem Existenzbezug gegen andere Gehalte, der abfallende bleibt in Verfügbarkeit; diese selbst kann aber ihrerseits als Sinncharakter des Bezugs verblassen und in den der bloßen Verwendbarkeit ürbergehen. (“Verblassen”, “Übergang” usf. sind “existenzielle Begriffe”)”. (GA59, p. 37). En nuestro artículo, citado en la nota 1 del presente trabajo, proponíamos una traducción de dicho paaje, y que reproduciremos aquí también: "Se trata del carácter que denomino el palidecer de la significatividad. No se trata de una desaparición, sino de un palidecimiento o deslavazamiento, es decir, de un tránsito al estado y modo de la no originariedad, allí donde se echa en falta la autenticidad de la ejecución y, en primer término, la renovación de la ejecución, allí donde las relaciones mismas se alisan, y donde tan sólo 'interesa' un mero contenido adquirido, carente de toda originalidad. Palidecer nada tiene que ver con 'dejar escapar del recuerdo', 'olvidar', o 'no encontrar ya interés en'. El contenido y el acervo de la experiencia fáctica del vivir decae fuera de la relación de existencia en beneficio de otros contenidos; lo así decaído permanece en jaez de disponibilidad; ésta, a su vez, puede, en tanto que caracteriza el sentido de la relación, palidecer o marchitarse y convertirse en simple utilizabilidad. ('Palidecimiento', 'tránsito', etc., son 'conceptos existenciales')."

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hacia una sospecha: acaso la de que este desvivirse por la idealidad como incondicionalidad no sea reducible a los otros modos que tiene la vida de no ser su origen, de no estar en la proximidad de la -nos dirá Heidegger- "Zugespitzheit en el Selbstwelt"6, que es el modo en el que el vivir originario se entiende en estos cursos de la 1ª época de Friburgo. Ahora bien, el tipo de palidecimiento o Verblassung propio de la idealidad se antoja de una potencia extrema porque su fuerza enajenante parece venida de otro mundo o de una suerte de afuera que lo imantase. Es como si la fuerza del arrebato enajenante no se dejara, aquí, reconducir a una suerte de pliegue olvidado de la propia vida. Vayamos paso a paso.

La vida fáctica, en un comportamiento concretísimo, histórico y biográfico (como no podía ser de otro modo) ha rendido un contenido. Ese contenido tiene, en el lenguaje de Heidegger, un Gehaltssinn. Si forzamos un poco el sentido en la dirección de una extrema literalidad, dicho contenido es tenido, es portado. ¿Por quién? Por la vida. ¿Por qué aspecto o "parcela" de la vida? Por lo que en la vida primordialmente y preteóricamente tiene, sostiene o porta: comportamientos. Si es un comportamiento lo que tiene, porta al sentido, el Gehaltssinn tiene también, necesariamente, un Bezugssinn, un modo de la relación que es también modo de acceso a ese contenido, y que, por lo demás, resulta no darse de cualquier manera, sino según un modo de la relación que se ejecuta, que necesariamente ha lugar y se lleva a cabo. Así pues, todo comportamiento alberga también, nos dirá Heidegger, un Vollzugssinn. En todo caso, el comportarse no es una relación sin raigambre, no parte nunca desde un sujeto ideal o acósmico. Es siempre una relación concreta, y que se da en el contexto de una vida concreta. Pues bien, y por terminar de recapitular, a esta vida concreta amenaza una propiedad que tiene -y sufre- la vida en general, y que Heidegger llama, como decíamos más arriba, palidecimiento de la significatividad (Verblassung der Bedeutsamkeit). Llegados a este punto, no hemos limitado a llamar la atención sobre la fuerza de una Verblassung cuyo camino des-vivenciante recomponemos ahora:

La vida se relaciona de forma originariamente concreta con un contenido de comportamiento. El vivir originario le presta ser a un contenido cuya fenomenalidad reside en el modo en que una vida lo sostiene, lo engrana en sus Lebentendenzen7. Sin embargo, resulta que ese contenido toma vida propia. Una vida que le da la vida pero que no aparece como                                                                                                                

6 Cf. Pablo Posada Varela. Vida fáctica y significado. La teoría del significado del primer Heidegger a la luz del

curso Fenomenología de la intuición y de la expresión (GA 59), pp. 9-36. Art.cit.

Referencias

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